Snape era un hombre que no tenía ningún problema a llegar a admitir cuando alguien es mejor que uno. Sabía que existían muchos magos poderosos, e inclusos varias brujas poderosas. Bellatrix Lestrange era un ejemplo de ello, era una bruja muy poderosa, estaba completamente loca, pero nadie podía negar que ella era poderoso.
Se podía decir que incluso era la bruja más poderosa de toda su familia, nadie nunca se hubiera atrevido a decir que Narcisa o a Andrómeda eran más fuertes que Bellatrix. Pero ya habían pasado varias semanas y nadie; ni mortífagos o aurores, había sido capaz de encontrar rastro o siquiera señal de Narcisa y los demás chicos.
Ni Nott o Parkinson habían denunciado la desaparición de sus hijos, aunque el ministerio solo necesito el reporte de Dumbledore para empezar la búsqueda, ellos están más que molestos al no haber podido encontrar a sus hijos.
Aunque nadie estaba más molesto con todo ello que el mismo Señor Oscuro, él ya tenía planes para el heredero de los Malfoy. Pensaba castigar a Draco por los fracasos de su padre, pero Narcisa se le había adelantado considerable. Por si eso no fuera suficiente, se había asegurado que nadie pudiera ingresar a ninguna de las propiedades de los Malfoy.
El Señor Oscuro no solo había perdido la forma como cobrar venganza contra los Malfoy, sino que encima todos los recursos que obtenía de ellos habían sido cerrados.
La primera vez que Bella trato de ingresar a la mansión de los Malfoy había sido repelido por los elfos de la casa. Narcisa había sido más que clara y especificadas en sus órdenes, nadie y por lo visto sobre todo su hermana, podían ingresar ahí y los elfos están cumpliendo las ordenes de su ama.
—¿Qué es lo que Dumbledore sabe? —Pregunto Parkinson molesto.
—Él no sabe nada, nadie en la orden los están escondiendo. Te aseguro que incluso ellos han dirigido recursos para saber de su paradero. —Dijo Snape por quinta en la noche.
—Pues es imposible que sola una bruja, sin ninguna ayuda fuera capaz de esconderse ella y cuatro personas más sin que nadie sepa nada. —Grito Nott.
Todavía nadie era capaz de admitir que Narcisa había hecho ello, y mucho más. Quizás la única persona capaz de contrarrestar las órdenes de Narcisa era Lucius, pero estaba ahora en Azkaban, y no parecía que fuera a salir pronto de ese lugar.
—Traían a la Sra. Zabini, ella debe de saber dónde está su hijo. —Hablo Voldemort.
Si Blaise había huido por precaución, su madre había escapado por cobardía. Ella y su nuevo esposo había corrió a América ni bien le información la desaparición de su hijo. La mujer solo se había preocupado por su propia vida, dudaba que regresara a Londres, así que era imposible que alguien la encontrara.
—Dejo Londres, fue la primera persona que busque. Mi señor. —Hablo Nott.
—Asegúrese que regrese, y cuando lo haga, asegúrense que el Sr. Zabini salga del agujero donde está. —Dijo molesto.
Un buen plan, la Sra. Zabini no parecía ser una buena madre, pero Blaise parecía ser un buen hijo. Más valía que esa mujer no regresara o cualquiera que fuera el plan que Narcisa había ideado, iba a arruinarse por completo.
—Por supuesto mi señor, va a ser todo un placer. —Hablo Nott.
—Retírense todos.
Me sacudí la capa y desaparecí, la reunión no había sido muy informativa, pero mientras Nott y Parkinson estuvieron ocupados persiguiendo a la Sra. Zabini, no había nada de qué preocuparse. Esa mujer ha sobrevivido a muchos esposos, dudaba que pudieran hacerle regresar.
Dumbledore todavía seguía sentado en su silla esperando, estaba pasando tanto tiempo en este colegio, que a veces realmente me preguntaba porque todavía tenía un casa propia.
—¿Qué fue esta vez? —Pregunto Dumbledore.
—El señor Oscuro quiere encontrar a Malfoy, dudo que cualquier castigo que tuviera preparado ahora importa. Narcisa se burló de él y ha estado escondido por tanto tiempo, que ahora solo desea cobrarse la humillación que sus acciones provocaron. —Hablo Snape paseándose por la habitación.
—Nunca imagine que Narcisa pudiera ser una aliada tan importante, esperemos que nosotros podemos dar con ella, antes de que los otros lo haga. —Dijo Dumbledore mientras desenvolvía un caramelo.
Dudaba que pudieran dar con ella, quizás ella no iba a aparecer hasta que esta guerra llegara a su fin.
—Parkinson y Nott van a tratar de hacer que la Sra. Zabini regrese a Londres, dudo que consigan algo, pero siempre es bueno ser precavido.
—Me encargare de ello, ahora hay asuntos más apremiantes que tratar.
Fue trágico que ninguno de los dos hombres hubiera llegado a considerar que la ambición de la que era característica en la Sra. Zabini iba a hacerle cometer el peor error de su vida.
Cuando Harry llego a pasar las vacaciones a la madriguera no esperaba encontrar a Fleur, y menos saber que iba a casarse con Bill. Aunque eso no se comparaba al hecho de que estaba aburrido de estar todo el día encerrado en la madriguera.
—¿Jugamos Harry? —Pregunto Ron colocando un juego de ajedrez en la mesa.
—Bueno, no tenemos mucho que hacer. —Dijo Harry.
Estuvieron jugando un par de minutos antes de que se aburrieran y se dedicaran a la mover las piezas sin ninguna razón. Estaban por acabar el juego y bajar a la sala, cuando Hermione y Ginny entraron corriendo y cerraron la puerta con llave.
—¿Qué hacen? —Pregunto Ron extrañado.
—Logramos tomar uno de los periódicos del profeta, mi mamá no lo ha visto así que no tenemos mucho tiempo para leerlo y devolverlo. —Dijo Ginny.
—Menciona algo de ustedes ya saben. —Pregunto Ron.
—Algo así, habla sobre la madre de Zabini. —Dijo Hermione leyendo el diario.
—¿La arrestaron? —Pregunto Harry quitándole el diario a Hermione.
Un ataque más a nuestra comunidad
La noche de ayer ocurrió un ataque más que horrible, nadie en el ministerio ha confirmado nada, pero atacaron a la Sra. Sayre, antiguamente Zabini, en su casa luego de llegar de su luna de miel. La cual curiosamente se había extendido luego de la repentina desaparición de su hijo (información completa página 6).
Nadie sabe cuando llego o porque lo hicieron, pero todos sospechan de quienes fueron. El ministerio no dijo nada, pero tampoco negó nada. Aunque algunas personas dicen que la marca tenebrosa estaba encima de la casa antes de que los aurores la desaparecieran.
Todo el mundo espera que ahora el Sr. Blaise Zabini aparezca para encargarse de los arreglos del entierro de su madre. Con suerte él y los otros herederos aparezcan pronto.
Eso no era lo que estaba esperando, el artículo era pequeño, pero era lo suficientemente para que despertara muchas dudas.
—¿Por qué los mortífagos atacarían a uno de los suyos? —Pregunto Ron.
—Quizás ya no lo es. —Dijo Hermione.
—¿Por qué escondieron esto? —Pregunto Harry.
—Ni idea, el periódico es de hace dos días. —Hablo Ginny. —Anoche escuche por casualidad a mi mamá hablando a escondidas con Tonks sobre Malfoy y Zabini. No entendí nada, pero parecían preocupados por ellos.
Harry no entendía nada de esto, en un primer momento pensaba que Draco y su amigos se habían ido para unir a Voldemort, pero el matar a la madre de Zabini despertaba varias dudas.
—Eso es raro, quizás Zabini quiso irse y no lo dejaron. —Hablo con duda Harry.
—No lo sé, pero cuando Zabini aparezca quizás sepan algo. —Dijo Ginny.
—Si es que lo hace, si dejo al que-no-debe-ser-nombrado, y esta es una venganza por ello, dudo que aparezca para arreglar los arreglos para su madre. —Dijo Hermione.
—Pues tendremos que esperar, ya que nadie nos ha querido decir nada sobre ellos.
—Mejor devuelvo el periódico, no quiero que mi mamá se dé cuenta de que tome el periódico sin su permiso. —Dijo Ginny dejando la habitación.
—Quizás Malfoy no se fue con los mortífagos. —Dijo Hermione.
—Lo dudo, su padre está en Azkaban, él debe de estar siguiendo sus pasos. —Dijo Harry.
—Como sea pero, pero si alguien como Malfoy ha podido darse cuenta que-no-debe-ser-nombrado es el mal personificado, quizás más personas puedan verlo de la misma manera. —Hablo Hermione.
—Pues yo no confiaría en Malfoy, ya saben cómo es. —Dijo Ron cruzándose de brazos.
—Tal vez, pero solo queda esperar. Además no podemos hacer mucho, no nos van a dejar salir de la madriguera. —Dijo Hermione.
Las suposiciones de Hermione fueran ciertas, hasta que la lista de Hogwarts no llego, nadie pudo dejar la madriguera. Aunque el viaje fue cómodo a Harry le gusto que fuera Hagrid quienes les acompañaran y no un ejercicito completo de aurores como pensaba en un primer momento.
El callejón Diagon había cambiado: los llamativos y destellantes escaparates donde se exhibían libros de hechizos, ingredientes para pociones y calderos, ahora quedaban ocultos detrás de los enormes carteles de color morado del Ministerio de Magia que había pegados en los cristales (en su mayoría, copias ampliadas de los consejos de seguridad detallados en los folletos que el ministerio había distribuido en verano).
Algunos carteles tenían fotografías animadas en blanco y negro de mortífagos que andaban sueltos: Bellatrix Lestrange, por ejemplo, miraba con desdén desde el escaparate de la botica más cercano. Varias ventanas estaban cegadas con tablones, entre ellas las de la Heladería Florean Fortescue. Por lo demás, en diversos puntos de la calle habían surgido tenderetes destartalados; en uno de ellos, instalado enfrente de Flourish y Blotts bajo un sucio toldo a rayas, un letrero rezaba: «Eficaces amuletos contra hombres lobo, dementores e inferi.»
Para poder terminar más pronto, Hagrid se llevó a Hermione, Ron y Harry a comprar túnicas a Madame Malkin mientras la Sra Weasley se dirigía a Flourish y Blotts con su marido y Ginny. Hagrid no quiso entrar con ellos, así que se quedó afuera esperando a los chicos terminaran sus compras.
La tienda estaba llena, así que decidieron esperar a que Madame Malkin se desocupara un poco antes de que los atendiera. Harry estaba viendo alrededor, así que cuando dos personas aparecieron mágicamente detrás de unos escaparates pudo verlos.
Ambas personas estaban con capas negras lo que se les hacía imposible el poder verles el rostro, no parecían mortífagos, pero nunca estaba de más comprobar. Las dos personas se dirigieron apresuradamente a la salida y abandonaron la tienda rápidamente.
Harry sabía lo peligroso que era estar solo, pero sentí que conocía a esas personas y que debía de seguirlas. Hagrid estaba parado a un lado, y si se ponía la capa de invisibilidad no iba a darse cuenta de nada.
—Chicos voy a irme un rato. —Dijo Harry llamando la atención de sus amigos.
—No puedes hacer eso, Hagrid nos está vigilando. —Hablo Hermione.
Hermione está más que preocupada por todo lo que estaba pasando, había muchos mortífagos sueltos, y con todo lo que estaba pasando últimamente era suficiente para poner nervioso a alguien.
—Vi a dos personas sospechosas, tengo que seguirlos chicos, no pienso demorarme. —Hablo Harry sacando la capa de invisibilidad.
—Vamos contigo Harry, si vas solo mi madre puede matarnos por dejarte hacer ello. —Dijo Ron rápidamente.
—No quiero que tengan problemas. —Dijo Harry.
—Si vas a ir, vamos contigo. —Dijo Hermione.
—Está bien, hay que apurarnos, lo último que queremos es perderlos entre toda la gente.
Harry no tuvo que usar la capa de invisibilidad después de todo, Hagrid estaba distraído hablando con alguien, así que los tres chicos pudieron escabullirse fácilmente. Hermione dijo que lo mejor era que usaran también capas, así la gente no podía reconocerlos y les iba a resultar mucho más fácil moverse.
Ella tuvo razón como siempre, nadie pareció darse cuenta que el niño-que-vivió, pasó a su lado. Encontrar a las personas que buscaban no resulto tan difícil, ambos estaban parados en el banco Gringotts. Era claro que ninguno de ellos sabía sobre las nuevas políticas que los duendes estaban usando ahora.
Uno de los magos parecía estar más que alterado por todo ello, se alejó de su compañero e ingreso al banco. Una corriente de aire pasó cuando abrió la puerta, así que la capucha de su capa termino cayendo. Aunque se acomodó de nuevo la ropa, el trío de oro pudo ver que se trataba de Blaise Zabini.
El trio había esperado que en el profeta apareciera el momento en que apareciera para liberar el cuerpo de su madre, pero pasaron las semanas y eso nunca paso. Dado los constantes ataques sufridos por todas partes, lo que le paso a la madre de Zabini simplemente pasó a formar una larga lista de crímenes cometidos por los mortífagos.
—¿Era Zabini? —Pregunto Hermione.
—Sí, aunque no esperaba verlo por acá. —Dijo Harry también sorprendido.
—¿Quién creen que sea la otra persona? —Dijo Ron señalando a donde el acompañante de Zabini estaba esperando.
—No lo sé, quizás Nott o alguien más. —Especulo Hermione con la duda.
—Pero porque vino a Gringotts y no fue al ministerio para saber lo que le pasó a su madre. —Hablo Hermione.
—Quizás ya no tenga dinero, además tiene que tomar posesión de las cuentas de su madre. Por lo que se dice, la Sra. Zabini tenía mucho dinero, todo de sus ex esposos. —Hablo Ron.
—Creen que vaya ir a Hogwarts, no creo que tenga muchos lugares a donde ir. —Comento Hermione preocupada.
Nadie tuvo tiempo de comentar nada más, una maldición salió de la puerta del banco y provoco que todas las personas empezaran a correr, huyendo del obvio enfrentamiento que se estaba dando dentro del banco.
Los chicos trataron de ir en dirección del banco, pero el tumulto de las personas no les permitió avanzar y solo lograron refugiarse en un callejón para no ser aplastados por las personas. La persona que acompañaba a Zabini no tuve ningún problema y lanzo un hechizo a la puerta del banco haciendo explotar y provocando que la gente saliera corriendo del lugar.
El trío vio como Zabini salía corriendo del banco lanzando hechizos, a presumiblemente mortífagos, y escapaban aprovechando la conmoción que obviamente se había desatado en todo el lugar. El trío no perdió tiempo y empezó a seguirlos a punta de codazos y muchos empujones para poder llegar hasta donde habían visto que corrieron.
Los aurores empezaron a aparecer por todos lados y se ponían a luchar contra los mortífagos, que también parecer había sido llamados. Lograron llegar al final de la calle justo a tiempo va ver como Zabini lanzaba un hechizo y se refugiaba en una de las tiendas que estaban más que abandonadas.
—Tenemos que ir a ayudarlos. —Dijo Hermione.
—Podría ser una trampa. —Exclamo Ron.
—Fueron atacados por mortífagos, necesitan ayuda y la Orden puede dárselas. —Exclamo Hermione más que molesta.
Harry estaba en duda, pero Ron tenía razón, aunque dudaba mucho que los mortífagos hicieron todo este espectáculo por nada. Quizás necesitaban ayuda, pero Zabini también podía responder muchas de las preguntas que a Harry le habían estado molesto desde que todo empezó.
—Vamos a preguntarle, si él no quiere nuestra ayuda lo dejamos solo. —Dijo Harry.
—Gracias Harry. —Dijo Hermione.
Entraron a la tienda también abriendo la puerta la fuerza, pero Zabini no se veía por ningún lado. Se pusieron a investigar y encontraron una habitación al fondo, la cual obviamente también había sido más que violentada para poder entrar.
Los tres chicos sacaron sus varitas y entraron preparados para defenderse si era necesario. Aunque no necesitaron hacerlo, solamente estaba Zabini y tenía su varita fuertemente sujetada con una mano mientras estaba sangrando de un brazo recostado en una silla vieja a un extremo de la habitación.
—Vaya hoy si es mi día de suerte, Harry Potter y sus amigos vinieron a ayudarme. —Dijo Zabini sin bajar su varita.
—Necesitas que un medimago te vea ahora mismo. —Dijo Hermione bajando su varita y tratando de acercarse a Zabini.
—Detente ahí Granger, tal vez este herido, pero aun puedo atacarte si te acercas más. —Gruño Zabini parándose de la silla con dificultad,
—Déjalo Mione, Zabini preferiría morir que dejar que lo ayudes. —Dijo Ron sin bajar su varita.
—Solo queremos ayudarte Zabini. —Hablo Harry bajando su varita como una muestra de confianza. —Vimos cómo te atacaban, y más mortífagos llegaban después, es obvio que te buscan, la Orden puede ayudarte a esconderte.
Zabini hizo una mueca de burla y siguió caminando rodeando la habitación sin bajar su varita, era claro que quería llegar a la puerta e irse del lugar. Harry en cualquier otra situación lo hubiera permitido, pero Zabini tenía respuestas así que Harry se movió adelante e evito que Zabini siguiera moviéndose.
—Es más que obvio que no he tenido ningún problema este tiempo escondiéndome de los mortífagos, como tú acabas de señalar. —Hablo Zabini mirando a la puerta.
—Te encontraron hoy, y pueden hacerlo de nuevo. —Dijo Harry.
—Lo de hoy es culpa mía, necesita asegurar un documento y esos malditos duendes demoraron más de lo que debían en entregarme lo que quería. —Gruño Zabini. —Te aseguro que no pienso cometer el mismo error.
Lo que sea que Zabini estaba buscando tenía que ser muy importante, lo suficiente como para arriesgarse a salir, cuando era obvio que sabía que iban a estar buscándolo.
—La Orden está dispuesto a ayudarte. —Dijo Hermione. —Solo debes de aceptar venir con nosotros y tendrás ayuda.
La puerta que estaba detrás del trío de oro se cerró golpe y todos apuntaron sus varitas a las personas que acababan de llegar. Draco Malfoy y Theodore Nott, ambos estaban con sus varitas levantadas y se veían más que molestos.
—Zabini no le has respondido a Granger, piensas unirte a ella y sus amigos. —Gruño Malfoy.
Zabini se veía sorprendido, pero solamente bajo su varita con resignación. No sabía que estaba pasando, pero no pensaba bajar la guardia con Malfoy cerca.
—¿Cómo me encontraron? Pensé que me había asegurado de no dejar ningún rastro. —Dijo Zabini acomodándose de nuevo la túnica.
—No te rastreábamos a ti. ¿Dónde está? —Pregunto Nott.
No hubo necesidad de que Zabini respondiera nada, al lado de la habitación había otra puerta, que nadie parecía haber notado y por la que acaba de entrar otro Theodore Nott.
—¿Nott tiene un hermano gemelo? —Pregunto Ron sorprendido.
—Poción multijugos, bastante inteligente Zabini. —Dijo Draco viendo al recién llegado.
—Los duendes no iban a darme nada si yo la tomaba, pero supuse que Nott llamaría menos la atención que un Malfoy. Además tenía una fuente limitada de opciones, dudaba que Pansy hubiera accedido a convertirse en un gato. —Dijo Zabini refiriéndose al recién llegado.
En todo caso, a la recién llegada que era Pansy Parkinson y estaba disfrazada de Theodore Nott. Por las palabras de Zabini, era claro que los cuatro estaban juntos, y donde ello fuera no tenían ningún contacto con cualquier otro mago.
—Es hora de irnos, están llegando más aurores a cada minuto. —Dijo Draco.
—Esperen. —Dijo Harry apresuradamente. —Ninguno de ustedes puede irse todavía, tienen que hablar con los aurores.
—¿Por qué no Potter? —Hablo Draco Malfoy moviendo su varita. —Acaso planeas impedirnos, en primero nosotros somos cuatro y ustedes tres. Además ninguno de nosotros ha cometido ningún delito para tener que ver a los aurores, hasta donde sé, abandonar el colegio no es algo que a los aurores o al ministerio les importe.
—No puedes hechizarnos, el ministerio lo sabrá si hacen algo. Todos somos menores de edad aún. —Hablo Hermione.
—Ninguno de los cuatro tiene ya el rastro, el ministerio o nadie puede saber cuándo hacemos magia. Tal vez somos menores de edad, pero nos hemos asegurado de quitarnos el rastro.
Harry pocas veces había visto a Hermione quedarse sin palabras, pero las palabras de Malfoy lo habían logrado. Como para demostrar lo que había dicho, Malfoy lanzo un hechizo al techo y el trío apenas pudo refugiarse y evitar que les pasara algo.
Lastimosamente cuando el polvo y la tierra se terminaron de asentar en la habitación, el trío dorado se dio cuenta de que estaba solos y Draco, Zabini y los dos Theodore habían desaparecido mientras tanto.
Harry iba a estar en tantos problemas, y todo iba a ser por nada. Zabini no les había dicho nada, y aparte de confirmar, pero los cuatro slytherin todavía seguían juntos, no habían descubierto nada nuevo.
