Epilogo

siete años después…

- ¡SHINICHIRO! –

El pequeño de siete años se encontraba mirándose al espejo. Era rubio, delgado y con los ojos café. Hoy era su cumpleaños número siete y aún no estaba preparado para bajar. No se sentía cómodo con todas esas personas esperando por él. Habría preferido estar solo, sobre todo después de que su madre se negara a comprarle la última consola del mercado como regalo. No quería nada más.

- Shin… - dijo un joven de cabello negro tocando la puerta para entrar. Ya estaba abierta, pero era por educación- te he llamado todo el rato y me ignoras-

- Keisuke – lo saludó el rubio y se alejó del espejo- ¿Qué pasa? –

- ¡Hombre! – le dijo su amigo, imitando a los mayores, frunciendo el ceño - ¿Cómo qué pasa? ¡Todos están esperándote abajo! –

- Ah… - asintió y se sentó en su cama- No quiero bajar. No me dan ganas-

De la nada, su madre apareció en la puerta. Odette había envejecido, pero seguía siendo igual de atractiva. Su cabello estaba medio largo y llevaba un vestido azul claro. Keisuke tosió levemente por la incomodidad.

- Matsuno – lo llamó la mayor y el chico asintió, entendiendo que debía irse- tu papá te está llamando abajo…-

- Eres un traidor… - le susurró Shinichiro a su amigo y este se encogió de hombros. Keisuke bajó corriendo la escalera-

- Shin, mi amor – comenzó su madre y se sentó a su lado- ¿Realmente no bajarás? La familia y tus amigos están abajo esperando por ti-

- No mamá, no quiero ir – reclamó el chico, escondiendo su rostro en una almohada. Odette suspiró y le acarició el cabello-

- Shinichiro…- dijo una voz grabe y el rubio alzó la vista, para luego lanzar un suave reclamo-

- ¡No puede ser! –

Miró y su padre se encontraba en la puerta de la habitación con los brazos cruzados, mientras comía una paleta.

- ¿Por qué no quieres bajar? – preguntó Mikey extrañado- Mamá te ha preparado una fiesta maravillosa Shin –

- Mikey – le dijo Odette frunciendo el ceño- Si Shin no quiere bajar, no pasa nada. Fue mi error invitar a todos. Cancelaremos la fiesta y cada quién se irá a su casa-

- Uy… - Fingió tristeza el mayor- Eso será una lástima. Justo cuando compramos tu tarta favorita… ¿cuál era cariño? –

La castaña lo miró negando con la cabeza. Sabia perfectamente lo que Mikey quería hacer.

- ¡ya lo recordé! Pistacho, caramelo, bizcocho… - comenzó a nombrar y los ojos del niño se iluminaron con fuerza. Era igual a su padre. Podría estar haciendo el mayor berrinche de su vida, pero si le hablaban de comida, todo pasaba-

- ¡MAZAPAN CREMA! – gritó y Mikey asintió con fuerza, moviéndose hacía un lado. Lo conocía- ¡KEISUKE! – gritó y salió corriendo por la puerta de su habitación hacía abajo-

Manjiro sonrío y entró al cuarto, cerrando la puerta y sentándose al lado de su esposa. Habían pasado siete años desde su reencuentro y nada lo había hecho más feliz.

- Ese mocoso es un consentido. Jamás te perdonaré haberlo criado así- le dijo, haciéndose el ofendido, mientras tomaba la mano de su mujer y acariciaba en donde se encontraba su anillo de matrimonio-

- ¿Crie? Criamos – lo corrigió y beso su mejilla- no es consentido. Simplemente es un niño aún…-

- A su edad yo ya peleaba con mayores y les ganaba – sonrío triunfante-

- A esa edad hacías los mismos berrinches que hace Shin, no lo olvides-

- El y Keisuke deberían formar una banda como nosotros a su edad… –

- Ay, Mikey, no digas estupideces – sonrío ella y le limpió la mejilla. Su labial le había dejado una marca- Al menos podrás sentirte orgulloso de Emma –

- ¿eh? ¿por qué? – dijo y Odette frunció el ceño- ¿Más aún de lo que ya estoy? – le respondió rápidamente, intentando arreglar su error-

- Ayer me llamaron de la escuela. les rompió la nariz a dos de sus compañeritos-

- ¿A DOS? Esa niña si merece si respeto –

- Está bien – la castaña alzo ambas manos en señal de que era suficiente y se levantó- me voy –

Mikey fue más rápido y le tomó el brazo, quedando él sentado a la altura del estomago de ella. Lo besó con cariño y ella le acarició el cabello. A esas alturas de la vida, corto.

- ¿No quieres ir un rato a nuestro cuarto? Te follo rápido y luego bajamos a la fiesta – le susurró contra su barriga. Ella comenzó a reír-

- Tus amigos estaban esperándote. No puedes dejarlos solos Mikey. Fuera de bromas, Draken quiere hablar contigo sobre una moto que quiere regalarle a Shin…-

- Uno rapidito… - le dijo, haciendo ojos de cachorro y ella negó con la cabeza- ¿y si te follo la boca? –

- Está bien, pero rápido – le dijo, tomándole la mano y ambos caminaron hacía el baño-

Odette se tiró al piso y Mikey se bajó el pantalón rápidamente. Su erección era notoria. A pesar de los años, seguían teniendo la misma química de antes.

- chúpame el pene, Odie – le ordenó, con voz ronca, tomándole el cabello y haciendo una especie de coleta con una mano y con la otra guiando su pene a la boca de la castaña-

Ella hizo lo que mandaba, llevando el miembro del rubio directamente a su garganta. Produciendo una sensación exquisita en él. Mikey gimió y agarrándola del cabello con fuerza, como le gustaba a la castaña, comenzó su vaivén de caderas.

- Cómetela toda…- masculló bombeando con fuerza. Apretándole el cabello y gimiendo sin controlarse. Por suerte se encontraban en el segundo piso y todos estaban abajo-

Odette se tomó el trabajo en serio. Acariciándole la pelotas con una mano y mientras lo chupaba, masturbándolo al mismo tiempo con la otra. Con los ojos cerrados y la vagina mojada se la llevaba hasta la campanilla.

- Ven, ven –

De la nada, Mikey la levantó bruscamente. La apoyó contra la pared de espaldas y le subió el vestido. Corriendo su calzón al lado, la besó, buscando aprobación y al tenerla entró en ella de un golpe.

- Te mentí – le dijo serio, tomándole nuevamente el cabello y empezando a mover sus caderas- necesito follarte duro, cariño –

- Si, si – asintió Odette, aferrándose a la muralla y gimiendo contra ella. Opacando con su aliento el azulejo-

Se hundió con fuerza dentro de su vagina, generando un sonido húmedo de sus dos puntos al chocar, lo cual les causaba más placer a ambos.

De pronto, la puerta comenzó a sonar con fuerza y contrario a lo que se creería, Mikey aceleró sus embestidas.

- Me voy a correr Mikey… - gimió Odette masturbándose bruscamente. El rubio le tapó la boca y siguió moviéndose contra su culo-

Se corrió ahogando un gemido ronco en la cabellera de la castaña. Disminuyendo las embestidas de apoco. La chica se tiró al piso del agotamiento.

- ¡Mikey! – gritaron detrás de la puerta. Era Draken- ¿Ya dejaste de coger? Te estamos esperando –

Odette alzó la vista con signo de sorpresa y Manjiro solo sonrío negando, mientras se limpiaba el pene para salir. Una vez listo, se agacho a la altura de ella y le besó los labios.

- Kenchin es un tonto – le dijo y volvió a besarla- límpiate. Esto no ha acabado, solo es una previa de lo que te espera – sonrío- te espero abajo, mi amor-

Mikey abrió la puerta y se escucharon unos murmullos. Luego unos pasos alejándose, caminando hacía las escaleras y bajando por las mismas.

Odette sonrío y se acercó a la bañera, para darse una pequeña ducha en sus genitales. Luego, entró a su cuarto para cambiar su ropa y volver a arreglarse.

Mientras se colocaba los aretes, miró por la ventana de la pieza, la cual daba al patio y podía ver a todos interactuar.

Siete años habían pasado desde que todo se aclaró y Mikey había decido tomar terapia. Su vida no había sido un cuento de hadas, pero se sentía agradecida de lo logrado.

Manjiro había comenzado a tratarse mentalmente y junto a eso, la criminalidad de Boten había disminuido con el tiempo, alejando a cierto personal, como Sanzu y los hermanos Haitani y trayendo a nuevos también, como Inui. No era una organización completamente limpia, pero al menos no dañaban a los necesitados.

Odette comenzó a acercarse a su familia y logró un trato cordial con ellos. nada era como antes, pero al menos tampoco se odiaban.

Mikey había vuelto a hablar con sus antiguos colegas. Algunos lo aceptaron y otros no. Entre los que no lo habían aceptado estaba Mitsuya, el cual no podía vivir una vida junto a ellos luego de todo lo que había pasado. Hakkai y los Kawata tampoco. Por otro lado, entre los que los aceptaron estaban Draken, Chifuyu y Takemichi, los cuales habían formado sus propias familias al poco tiempo que Mikey y Odette.

Ninguno había podido olvidar a las personas que los habían acompañado y no sabían lo que el destino les depararía, pero si sabían que no podían cambiar el pasado y de alguna forma, todos habían podido seguir adelante con eso, esperando, algún día, poder reencontrarse con quienes habían quedado atrás.

- Mamá…- una pequeña rubia entró por la puerta, dando saltitos y sacándola de su trance-

- ¿sí? – la castaña se giró, quitándose unas lagrimas que tenia en los ojos- ¿qué pasa mi amor? –

- Papá me pidió que te viniera a buscar – dijo, con su vocecita infantil- ¡Van a cantar cumpleaños feliz! ¡comeremos pastel! –

- Está bien. Vamos – le dijo sonriendo y tomó la mano de su hija-

Al fin y al cabo, lo único que se podía hacer, era seguir adelante.

Fin