¡Holiiiii!

Ya estoy por aquí, como cada fin de semana. En este capítulo me apetecía algo un poco dulzón (¿quizás demasiado?). Lo siento, pero Kacchan cuidando de Izuku es mi debilidad. En fin, no haré muchos spoiler. Solo decir que para escribir la escena del baño me he basado en algo que me hacía mi madre a mí cuando era pequeña y tenía mucha fiebre. Jajajaja. No diré más. Os dejo para que leáis.

A todo esto, he estado practicando con el dibujo digital y he hecho un dibujo de una de las escenas de este capítulo. Como no se pueden insertar imágenes, os dejo la cuenta de Twitter por si queréis echarle un vistazo (BNHABkdk). He intentado por todos los medios meter el link (incluso separado), pero Fanfiction tampoco deja poner links (se está quedando anticuado esto, eh... Si alguien tiene AO3, también escribo ahí el fic).

¡Nos vemos en la próxima y que tengáis un buen inicio de semana!


CAPÍTULO 17: UN FUTURO JUNTOS

Eran cerca de las dos de la madrugada cuando los golpes resonaron en la puerta de la casa de Caos. Por suerte, el hacker apenas dormía por las noches y no tardó en abrir con expresión desconfiada. Pronto, se vio arrastrado por una marea de personas que no conocía de nada y que seguían a un héroe enmascarado que sostenía entre sus brazos a otro héroe medio desmayado.

—¿Quiénes sois? ¿Qué queréis? —preguntó el treintañero, que a pesar de su altura y su volumen, era inofensivo y un completo cobarde.

—Soy yo, Caos —dijo Katsuki, levantándose la máscara.

—Joder, Bakugo. Siempre que vienes estás a punto de provocarme un ataque al corazón. ¿Qué haces aquí a esta hora? ¿Quién es toda esta gente?

Katsuki lo apartó de un pequeño empujón y avanzó por el pasillo de la casa sin pudor. Sabía que Caos tenía un par de habitaciones libres que podrían utilizar. Abrió la puerta de una de ellas con la espalda y depositó a Izuku sobre la cama. Caos lo había seguido hasta la habitación y había corrido a bajar las persianas antes de encender la luz. Conocía demasiado bien a Bakugo y sabía que siempre acudía a él cuando estaba metido en algún asunto turbio.

—Estoy… estamos jodidos —fue lo primero que le dijo Katsuki—. La historia es larga de explicar. Te lo puedo resumir en que los hombres de Arata nos están persiguiendo. Sé que te juegas el cuello teniéndonos aquí, pero no se me ocurría ningún lugar más al que ir.

—Tranquilo, tío —lo calmó Caos—. Arata no me conoce. No se le ocurrirá pensar que estáis aquí. Supongo que él le ha hecho eso —dijo señalando hacia Deku con la cabeza.

Katsuki asintió.

—Ese hijo de puta no se anda con tonterías —masculló.

—Diles a tus amigos que pueden pasar —dijo Caos—. Se han quedado en la entrada.

La casa de Caos era bastante grande para una sola persona. Decía que la había heredado de sus padres, pero Katsuki estaba seguro de que la había comprado con el dinero que había sacado con sus trabajos ilegales como hacker.

Katsuki reunió a todos en la habitación donde había dejado a Izuku y los instó a pensar posibles soluciones a su situación actual. Mientras, le quitaba las botas, el cinturón y los guantes a Izuku y le acomodaba la almohada. Inko, mientras tanto, le había pedido a Caos un barreño de agua fría y una toalla para refrescar la frente de su hijo y bajarle la fiebre.

—Kacchan —dijo Izuku mientras Inko se encontraba fuera de la habitación. Su voz sonaba débil y cansada—, no quiero que mi madre permanezca más tiempo con nosotros. La ponemos en riesgo.

—¿Qué más opción tenemos?

—Has mencionado que tu amigo es hacker, ¿verdad? Dile que busque el número de teléfono de mi compañera Gossip.

Caos no necesitó más que eso para encontrar todos los datos de Suzuki Akina en el mismo registro donde había encontrado todos los datos de Deku la vez que Katsuki le había pedido información sobre él. Marcó su número de teléfono y se lo pasó a Izuku. El joven hizo acopio de las pocas fuerzas que tenía para explicarle a su compañera de trabajo por qué la llamaba a esas horas, qué es lo que había pasado y qué es lo que necesitaba de ella.

—Lo único que quiero es que os llevéis a mi madre y la pongáis bajo protección —le pidió—. Llamaré a mi antiguo mentor para que se ponga en contacto con vosotros y se la lleve de Shinjuku… Sí, lo sé, nosotros también saldremos de aquí tan pronto como podamos… Gracias, Suzuki… No, no necesito nada más. Ahora mismo te digo la dirección de la casa y…

Katsuki le quitó el teléfono de las manos y se lo llevó a la oreja.

—Oi, sí que necesitamos algo más —le dijo, sin siquiera saludarla—. ¿Podrías mandar a un médico?


Gossip trabajaba rápido, es lo que pensó Katsuki cuando, una hora más tarde, unos agentes encubiertos llamaron a la puerta. Venían con un médico que examinó a Izuku con expresión impasible. Comprobó su temperatura, examinó sus pupilas y su garganta y toqueteó su brazo derecho. Con su visión de rayos X, confirmó que tenía el brazo roto y lo escayoló con cuidado mientras Izuku contenía sus expresiones de dolor. Finalmente, le pidió al héroe que se quitara la parte de arriba de su uniforme para poder auscultarlo. Cuando el joven se bajó la cremallera y mostró un pecho lleno de hematomas, Inko no pudo reprimir un sollozo.

—Tiene una fiebre muy alta, seguramente provocada por una infección de alguno de los hematomas que tiene en el cuerpo —les informó el doctor a Inko y a Katsuki—. Le he administrado un antipirético para que le baje la temperatura y un antibiótico.

El doctor sacó de su maletín tres cajas y se las entregó a Katsuki.

—La caja amarilla contiene antibióticos. Debe tomarse uno cada ocho horas. La caja más grande contiene antinflamatorios y antipiréticos. También cada ocho horas. Y esto es una pomada para los hematomas. Se la puede aplicar hasta cuatro veces al día.

—Gracias por venir, doctor —dijo Inko.

Fue difícil convencer a Inko de que se marchara con los agentes tan pronto como el médico terminó de examinar y tratar a Izuku. La preocupada madre no quería separarse de su hijo. Katsuki tuvo que prometerle que cuidaría de él y se encargaría de mantenerlo a salvo.

—Si usted está aquí, Izuku estará preocupado y no podrá recuperarse debidamente —le decía para convencerla.

Finalmente, Inko abrazó a su hijo y se fue con los agentes entre lágrimas. Izuku tuvo que mirar hacia otro lado para hacer más fácil la tarea de reprimir sus lágrimas y calmar el nudo que se había formado en su garganta.

—Tranquilo, ella estará bien —le dijo Katsuki—. Ahora debes descansar.

—Llama a All Might, Kacchan. Le diré que venga a buscarnos tan pronto como pueda.

—Primero debes recuperarte.

—Tardarán unos días en prepararlo todo para sacarnos de aquí de incógnito. Es mejor que lo avisemos cuanto antes —insistió.

—En unas horas —le prometió Katsuki. El reloj marcaba las cuatro de la mañana y todos estaban agotados.

Habían decidido que Mina y Jiro se quedarían con la otra habitación libre, mientras que los chicos descansarían en los sofás que se encontraban en el salón. Katsuki apagó la luz y se tumbó junto a Izuku, pero no pudo pegar ojo en lo que quedaba de noche.


Fue Kirishima el que se encargó de hablar con All Might. Su antiguo profesor había recuperado sus recuerdos sobre todos menos Katsuki, y el rubio pensó que sería mucho mejor que tratara el tema con uno de ellos. Izuku insistió en hablar con su mentor, pero Katsuki estaba más preocupado por su recuperación. Después del antipirético que le había administrado el doctor, la fiebre de Izuku había bajado durante la noche, pero tan pronto como el efecto de la medicina había pasado, la temperatura de su cuerpo se había vuelto a elevar.

—All Might dice que pondrá todo en marcha —anunció Kirishima, después de llamar a la puerta—. En unos días mandará a varios héroes a recogernos y a llevarnos a Musutafu. Pero primero quiere asegurarse de que Midoriya se encuentre mejor. El viaje es largo y podría ser complicado llevarlo de incógnito en su estado.

Katsuki asintió, pero ni siquiera lo miró. Sus ojos estaban fijos en Izuku, que dormía con una toalla mojada encima de la frente y respiraba pesadamente.

—¿No mejora?

—Ha vuelto a subirle la fiebre.

—Tranquilo, aún es pronto. Las medicinas que te dejó el doctor deberían hacerle efecto en breve.

Katsuki lo sabía. Sabía que estaba siendo impaciente, pero era la primera vez desde que tenía memoria que alguien le importaba de verdad. Al descubrir el magullado cuerpo del héroe había sentido rabia e impotencia. Pero sobre todo había sentido odio. No había podido evitar imaginar sus manos alrededor del cuello de Arata. Había disfrutado con la imagen de ese viejo hijo de puta tosiendo y suplicando clemencia. Y sabía que el día que lo tuviera a su merced, recordaría una y otra vez el estado en el que sus hombres habían dejado a Izuku por orden suya. Pero en ese momento nada de eso importaba. Solo quería que Izuku se recuperara lo antes posible, y por ello los minutos y las horas se le antojaban eternos.

Pasó todo el día junto a él. Le aplicó la pomada en los hematomas, se aseguró de que tomara cada una de sus pastillas y remojaba cada poco tiempo la toalla de su cabeza. Izuku se estremecía al contacto de la tela fría y sonreía a Katsuki, pero no decía nada. La fiebre lo dejaba sin fuerzas.

Por la noche, Katsuki le llevó un tazón de arroz hervido. Izuku apenas había comido un trozo de pan blanco por la mañana y se había bebido un vaso de leche. No había querido comer nada más en todo el día y eso solo hacía que el rubio se preocupara aún más. Estaba seguro de que Izuku llevaba dos días sin comer. Arata no solía ser compasivo con sus rehenes. Y si no comía adecuadamente, no podría recuperarse.

Izuku suspiró cuando lo vio llegar con la comida, pero Katsuki no le permitiría negarse una vez más, por lo que se incorporó y apoyó la espalda contra la pared. Se sonrojó el rubio acercó la primera cucharada a su boca.

—Puedo comer yo solo, Kacchan.

—Eres diestro. Lo pondrás todo perdido si intentas comer con la izquierda.

Ante esos argumentos no tuvo más que decir. Abrió la boca y dejó que Katsuki lo alimentara. Solo había comido tres cucharadas cuando levanto la mano para frenar la siguiente.

—Tienes que comer un poco más. Estás tomando unos medicamentos muy fuertes. Te harás daño en el estómago.

Izuku asintió de forma sumisa y permitió que Katsuki le diera una cucharada más. Después, se tomó las pastillas y volvió a tumbarse. Katsuki colocó la mano en su frente. Volvía a estar ardiendo. Mojó la toalla en el barreño de agua fresca y la pasó por las mejillas rojas del héroe, por su cuello, y finalmente por su frente. Izuku suspiró aliviado.

—Gracias, Kacchan —murmuró antes de volver a dormirse.


Katsuki abrió los ojos en mitad de la noche. Todos dormían y había un silencio que contrastaba con los quejidos delirantes de Izuku. Katsuki volvió a tomarle la temperatura mientras lo llamaba por su nombre, pero esta vez el joven ni siquiera abrió los ojos. El termómetro marcaba 41 de fiebre. Katsuki dio vueltas por la habitación, preocupado. Parecía que Izuku no hacía más que empeorar. ¿Por qué las medicinas no estaban haciendo efecto?

Pensó en avisar a Kirishima para transmitirle su preocupación, pero sabía lo que diría: estaba siendo impaciente. Izuku acababa de empezar con el tratamiento y tardaría en hacer efecto. Las fiebres altas son normales en caso de infecciones. Mientras continuara con los antibióticos, todo estaría bien. Y sin embargo…

El corazón de Katsuki se encogía cada vez que veía a Izuku retorciéndose en sueños. No podía dejarlo así. Tenía que bajarle la temperatura.

Se dirigió hacia el baño, tropezando con las botas y los guanteletes que había dejado tirados en el suelo, y se dispuso a llenar la bañera. Fue controlando el agua para que tuviera una temperatura temblada, y mientras lo hacía, un recuerdo regresó a su mente. Se vio a sí mismo de pequeño siendo llevado a la bañera entre los brazos de una mujer. Recordó la sensación de frío cuando le introducía en el baño y cómo su cuerpo, ardiendo en fiebre, comenzaba a temblar.

«Tranquilo, Katsuki, pronto te sentirás mejor», le decía esa mujer.

Katsuki sonrió. Solo recordaba la sonrisa de esa mujer y su cabello rubio, pero no hacía falta mucho más. La había tenido frente a frente gracias a Izuku, y por nada del mundo volvería a olvidar su cara.

Regresó a la habitación y tomó a Izuku en brazos para llevarlo al baño. Lo sentó encima de la taza del retrete y el chico por fin abrió los ojos.

—¿Kacchan?

—Tranquilo, pronto te sentirás mejor —le dijo, recordando las palabras de su madre.

Le quitó la camiseta, que más bien parecía una carpa, que le había prestado Caos para que estuviera más cómodo y examinó por un segundo sus hematomas. Tenían un color violáceo oscuro y cubrían gran parte del torso de Izuku. Katsuki reprimió una expresión de preocupación y terminó de desnudar al héroe. Después, lo volvió a tomar en brazos y lo introdujo poco a poco en la tina.

Izuku soltó un quejido y comenzó a temblar con el cambio de temperatura. Katsuki se arrodilló junto a la bañera. Con la mano izquierda, esparció agua poco a poco por cada parte del cuerpo de chico de ojos verdes a excepción del brazo escayolado. Con la mano derecha, le acariciaba la cara.

—Lo sé. No es agradable —le decía—. Aguanta un poco más, ¿vale?

—¿Hoy no… no v-vas a… m-meterte en la… bañera… c-conmigo?

Katsuki sonrió por primera vez.

—Nerd calenturiento. ¿No me digas que toda esta fiebre es por mí? ¿Me has estado engañando?

Izuku rio. El rubio tomó un poco de agua y le lavó la cara, acariciando las mejillas pecosas y la pequeña nariz del chico.

—Suficiente. Vamos a sacarte de aquí.

Envolvió a Izuku en una toalla grande y volvió a llevarlo hasta la habitación. Sentado en la cama, Izuku miraba cómo Katsuki, arrodillado frente a él, le secaba las piernas y los pies con gran delicadeza. Después prosiguió con sus brazos y su torso, poniendo especial cuidado en él. Cuando llegó a su cara, no pudo evitar besarlo en los labios ante la mirada enamorada y febril de su chico.

Antes de volver a vestirlo, cogió la pomada y la untó en cada uno de sus golpes, depositando previamente un beso en ellos. Cuando su cuerpo hubo absorbido la crema, volvió a ponerle la ropa y lo ayudó a acostarse. No pudo reprimir un suspiro cuando comprobó que el termómetro marcaba 39 grados. Sabiendo que Izuku había empezado a mejorar, se permitió tumbarse a su lado y cerrar los ojos un rato.


Empezaba a amanecer cuando Izuku abrió los ojos. Al incorporarse, la toalla que se encontraba en su frente cayó encima de sus piernas. Le dolía la espalda de estar tanto tiempo tumbado, pero se sentía mucho mejor.

Miró a su alrededor, siendo consciente por primera vez de la habitación en la que se encontraba: una habitación espaciosa con una cama individual junto a una mesilla de noche y un escritorio en el que podía ver su traje de héroe bien doblado junto a sus guantes y su cinturón. Sin embargo, los guanteletes, el cinturón y las botas de Kacchan se hallaban tiradas por el suelo de cualquier manera. Lo único que había dejado sobre la mesa era la máscara picuda.

El rubio dormía profundamente a su lado. Aún llevaba puesto su traje de héroe. Izuku acarició su cabello, fijándose en las oscuras ojeras que acunaban sus ojos. Kacchan había estado cuidando de él sin preocuparse un ápice por su propio bienestar. Izuku se preguntó si podría llegar a estar más enamorado de lo que él lo estaba en ese momento de Katsuki.

Su estómago gruñó y sintió la boca seca. Pronto tendría que tomarse sus medicinas y debía comer algo, pero de ninguna manera pensaba despertar a Kacchan.

Se bajó de la cama con cuidado y salió de la habitación en silencio. Todo el mundo dormía, así que tuvo que investigar por su cuenta dónde se encontraba la cocina. Llenó un vaso con agua y bebió con ganas antes de volver a rellenarlo. Se sentía un poco torpe con un solo brazo, pero había entrenado lo suficiente con ambas manos como para no causar desastres.

—¿Qué haces fuera de la cama? —la voz de Katsuki le hizo respingar. El joven acababa de aparecer por la puerta de la cocina—. Y descalzo…

—Tenía hambre, Kacchan. Y no tengo zapatillas… Tú también vas descalzo.

—Sí, pero yo no estoy enfermo —contestó con voz adormilada.

Se acercó hasta él y colocó su frente sobre la de Izuku mientras pasaba una mano por su cuello y mejillas.

—Parece que te ha bajado la fiebre.

—Me siento mucho mejor —sonrió Izuku.

—Que tengas hambre es una buena señal.

Katsuki lo tomó por la cintura y lo sentó sobre la encimera. Después cogió una manzana del frutero, la lavó bajo el grifo y se la tendió al joven. Katsuki lo observó dar el primer bocado mientras el jugo de la fruta escapaba de sus labios. Había adelgazado un poco en los últimos días. La enorme camiseta de Caos, que caía hacia un lado dejando el hombro izquierdo al descubierto, solo hacía que el chico pareciera más pequeño e indefenso.

Katsuki sonrió mientras limpiaba los labios de Izuku con su dedo pulgar. Qué tontería, pensó. Izuku era la persona más fuerte que conocía.

Izuku le devolvió la sonrisa y le ofreció la manzana. Katsuki colocó ambas manos en la encimera y le propinó un bocado a la fruta sin separar su mirada de aquellos ojos verdes.

Cuando Izuku terminó la manzana, Katsuki volvió a tomarlo en sus brazos y lo llevó hasta la habitación una vez más. Izuku se sentó en la cama colocando su espalda contra la pared. El rubio lo ayudó a acomodarse colocando detrás varias almohadas.

—¿Estás bien? —le preguntó.

—Ahora sí… —resopló Izuku—. Gracias por venir a por mí, Kacchan.

—Idiota, ¿creías que te dejaría allí?

—La verdad, pensaba que nunca te enterarías de que estaba allí.

—Adivina quién me lo dijo —le dijo, mientras peinaba sus rizos para que no cayeran directamente sobre sus ojos.

—¿Ese chico? ¿El de la casa de campo? —preguntó, claramente avergonzado.

—Sí, Yukio. Me dijo que Arata tenía a mi novio.

Izuku pegó su cara contra la mano de Katsuki, que seguía jugando con su pelo.

—Novio… —repitió en un murmullo—. Eso suena muy bien.

—Sí que suena bien —confirmó Katsuki, besándolo en los labios.

—¿Sabes? He estado soñando.

—¿Con qué?

—Con nosotros. Con… nuestro futuro juntos.

Katsuki se mostró claramente interesado en esos sueños.

—¿Y cómo era ese futuro?

—Montábamos nuestra propia agencia de héroes —respondió—. Y… nos íbamos a vivir juntos. Tú te encargabas de preparar la comida y ponerla en bentos para los dos, y yo hacía la cena al regresar a casa.

—¿Tú cocinarás? Entonces no viviré mucho… —dramatizó Katsuki.

—¡No cocino tan mal! —se quejó—. ¿Por qué eres tan malo conmigo?

Katsuki sonrió de lado y le susurró al oído:

—Porque me gusta la cara que pones.

Después, volvió a besarlo, pero esta vez en la mejilla. Izuku se estremeció.

—Si haces eso, me voy a enamorar más de ti —susurró.

—No sabía que el enamoramiento tenía grados —rio Katsuki.

—Debe tenerlos, porque lo que siento hoy por ti no tiene comparación a lo que sentía hace una semana —confesó—. Me gusta el Kacchan gruñón, chulo y engreído…, pero me gusta aún más el Kacchan que cuida de mí, juega con mi pelo y me habla suave.

—Ni sueñes con que deje de ser un gruñón. Volveré a serlo en cuanto estés totalmente recuperado —lo amenazó.

Izuku rio y después lo miró a los ojos.

—Te quiero, Kacchan.

Katsuki se acercó a sus labios y, justo antes de besarlos, murmuró:

—Te quiero.

Pero el beso solo duró un par de segundos. Tan pronto como escucharon un gimoteo que provenía de entrada de la habitación ambos se separaron. La puerta estaba entreabierta y cinco caras asomaban por ella y los observaban. Mina había delatado su presencia con un sollozo de emoción.

—¿Qué mierda…? ¿Nos habéis estado espiando? —dijo Katsuki frunciendo el ceño.

—¡Tío, eso ha sido como estar viendo una novela en directo! —dijo Kirishima.

—Nunca imaginé que nuestro Bakugo podría llegar enamorarse —comentó, divertida, Jiro.

—Definitivamente, no es nuestro Bakugo de siempre —dijo Sero.

—¡Es mejor! ¡Quizás así tenga un carácter un poco menos agrio! —exclamó Kaminari—. ¡A partir de hoy, seré un fan del Bakudeku!

—¡Déjate de gilipolleces, imbécil! —gritó Katsuki.

—¿Otro besito para nosotros? —preguntó Kaminari.

—¡Te mataré!

Mina corrió hasta la cama y abrazó a Izuku.

—¡Midoriya-kun, me alegro mucho de que ya te encuentres mejor! ¡Siento mucho haberme olvidado de ti durante tanto tiempo!

—Ashido-san, me alegro mucho de verte. En realidad, me alegro mucho de veros a todos, chicos —dijo Izuku.

—Había olvidado que Midoriya era un encanto —comentó Sero.

—Y por esa razón a encantado a nuestro querido Kacchan —se burló Kaminari, frunciendo los labios para mandarle besos imaginarios al rubio.

—Hoy no sales vivo de aquí —volvió a amenazarlo Katsuki.

—Ahora que estamos todos juntos no habrá quien nos pare —intervino Kirishima—. Vamos a acabar con ese maldito Arata de una vez por todas. All Might ya está poniendo en marcha todos los preparativos.

—Pondremos marcha al plan tan pronto como recupere la movilidad del brazo —dijo Izuku—. ¿All Might se ha puesto en contacto con Recovery girl?

—Sí, te estará esperando tan pronto como lleguemos a Musutafu para ayudar a que te recuperes cuanto antes.

Izuku asintió y miró a Katsuki. Estaba ansioso por terminar con todo ese asunto. Quería liberarlo de todas sus cadenas para que pudiera ser feliz. Quería verlo reencontrarse con sus padres, con sus amigos, con su vida pasada. Quería verlo convertido en un gran héroe del que se sintiera orgulloso. Y sobre todo, quería empezar la vida que había visto en sus sueños junto a él. Quería dormir y despertarse a su lado, caminar de la mano por la calle, besarse en cualquier rincón sin miedo. Quería trabajar junto a él codo con codo, bañarse juntos y ver películas por las noches. Quería todo eso con él y mucho más.

—No puedo esperar.

Continuará…