¡Holiiiii!

Ya estoy por aquí, como cada fin de semana. Os traigo un capítulo un poquito corto porque es un capítulo de transición, pero a cambio, os tengo una sorpresa: ya está publicado el primer capítulo de Parte de tu mundo, el segundo fic bakudeku que he empezado a escribir hace poco. Lo podéis encontrar en mi perfil. Os dejo aquí el resumen por si os llama la atención:

Izuku tiene apenas seis años cuando conoce al amor de su vida, Katsuki Bakugo, pero todo un mundo lo separa de él. Al fin y al cabo, Izuku es un dios y Katsuki, un humano.

¿Suena bien? Es un universo alternativo, por lo que será diferente a El hilo rojo, pero igualmente espero que os guste si decidís darle una oportunidad. En principio no tengo pensado que sea un fic muy largo, pero quién sabe... Ya está en marcha el capítulo 2 y seguramente lo tenga en pocos días, dependiendo del volumen de trabajo que tenga.

Dicho esto, os dejo leer y nos vemos en el próximo capítulo de El hilo rojo o de Parte de tu mundo. ¡Saludos!


CAPÍTULO 18: Una nueva vida

Pocos días después, All Might se encargó de todo lo necesario para llevar a Izuku, Katsuki y a los demás de vuelta hacia Musutafu. Fueron recogidos justo en la puerta de la casa de Caos por una furgoneta de cristales tintados. Finalmente, habían descartado la idea de regresar a Musutafu en avión. Había hombres de Arata por todas partes y lo más fáciles sería escapar directamente por carretera.

Izuku se encontraba totalmente recuperado a excepción de su brazo, pero no era algo que le preocupara. Con la ayuda de Recovery girl sanaría mucho antes y podría empezar con la rehabilitación.

Durante el viaje de regreso, All Might les habló mediante una videollamada a través de una pantalla que había en el coche. Tranquilizó a Izuku explicándole que habían recogido a su madre días antes y ya estaba a salvo en unas instalaciones secretas del Gobierno. También habían llevado allí a las familias de todos los implicados, incluyendo la de Katsuki, para evitar que Arata volviera a tener la oportunidad de amenazarlos de la misma manera.

—¿Cómo están mis padres? —había preguntado Katsuki.

—Confundidos —respondió All Might—. Los padres de Kirishima, Jiro, Sero, Kaminari y Ashido han recuperado sus recuerdos sobre ellos y han comprendido la situación tan pronto como se la hemos contado. Pero tus padres todavía no han recuperado su memoria del todo.

—¿Les habéis contado que tienen un hijo?

All Might negó con la cabeza.

—Pensamos que lo mejor sería esperar a que recordaran algo más para que no se sintieran tan perdidos. Simplemente les dijimos que debíamos ponerles bajo protección por una amenaza de seguridad local.

Katsuki asintió con una sensación amarga en el pecho. Al llegar a Musutafu, todos podrían reunirse con sus familias, abrazarlos, hablar… Todos menos él.

Lo único que recordaría Mitsuki Bakugo sería cómo, en algún momento de su vida, había llevado a un niño en sus brazos hasta la bañera para bajarle la fiebre: el único recuerdo que había vuelto a su memoria después de tanto tiempo.

Izuku le tomó la mano y se la apretó con firmeza. Sus ojos decían que todo iba a ir bien, y él quería creerlo. Tan pronto como Izuku recuperara la movilidad y la fuerza de su brazo derecho, volverían a Shinjuku. Sus antiguos profesores tenían preparado para todos ellos un entrenamiento intensivo. Izuku se había puesto en contacto con decenas de héroes que estaban dispuestos a colaborar para que Arata no pudiera volver a romper familias nunca más. Lo tenían todo planeado. Solo tenía que ser paciente y esperar que todo saliera según sus planes.


—¡Izuku!

Inko corrió hacia él tan pronto como lo vio entrar en las instalaciones.

—¡Mamá!

Madre e hijo de abrazaron al borde de las lágrimas.

—¿Estás bien? ¡Estaba tan preocupada!

—Estoy bien, mamá. ¿Cómo estás tú?

—Muy bien, hijo. Me han tratado muy bien durante este tiempo.

Inko se dio cuenta de que Katsuki venía justo detrás de Izuku, a un paso un poco más lento. Soltó a su hijo y corrió hacia él con los brazos en alto.

—¡Katsuki-kun! —exclamó, abrazándolo con fuerza—. Gracias por cuidar de Izuku. Gracias por venir a salvarnos a los dos. ¿Cómo podré pagártelo?

—No me lo tiene que pagar —respondió el rubio—. Además, ya me había dado las gracias.

—Nunca podré agradecértelo lo suficiente.

Izuku se adelantó y tomó a Katsuki de la mano.

—Mamá, queríamos contarte que Kacchan y yo…

Inko vio sus manos unidas y comenzó a emocionarse. Se llevó las manos a la boca para reprimir un gemido de felicidad y después se lanzó hacia ambos para abrazarlos una vez más.

—¡Oh, gracias a Dios! ¡Lo supe en cuanto os vi! ¡Sabía que estabas hechos el uno para el otro! ¡Oh, Katsuki-kun, te encargo que cuides mucho a Izuku!

—Por supuesto —respondió Katsuki.

El joven estaba un poco avergonzado. Era la primera vez que alguien le presentaba como su pareja formal. Nunca había imaginado que ocurriría, pero mucho menos que su suegra tuviera una reacción tan exagerada y feliz. Tal vez cambiaría de opinión si supiera a lo que se había estado dedicando durante todo aquel tiempo.

—¡Izuku-kun! —se escuchó una voz.

Mitsuki Bakugo corría hacia ellos a toda velocidad. Inko se apartó en el momento justo para que su mejor amiga abrazara a su hijo. Mitsuki lo tomó por la cabeza y lo apretó contra su pecho con fuerza como si fuera un niño. Katsuki retrocedió un par de pasos con el corazón en la garganta.

—¡Izuku-kun, estábamos tan preocupados por ti! Tu madre nos contó el infierno por el que habéis pasado. ¡Menos mal que os encontráis bien! —le dijo. Después, dirigió su mirada a Katsuki. Soltó al chico de ojos verdes y se acercó a él con una sonrisa—. Y tú debes de ser su salvador, ¿no es así? ¡Eres un héroe, mocoso! Tus padres estarán muy orgullosos.

Los labios de Katsuki temblaron y sus manos se cerraron en puños mientras intentaba por todos los medios mantener la compostura. Pero sus ojos empezaban a humedecerse y Mitsuki se dio cuenta de ello.

—¿Qué ocurre, chico?

—Ummm, Mitsuki-san —la interpeló Izuku—, creo que hay algo que debes saber. Tú y el tío Masaru.


La tarde transcurrió entre historias y hechos. Mitsuki y Masaru Bakugo escuchaban a Izuku con atención mientras sus miradas se dirigían a él y a Katsuki alternativamente. El rubio permanecía a un lado con la cabeza gacha, totalmente incapaz de mirarlos a los ojos. Inko también se encontraba allí. Katsuki se preguntaba si seguiría estando orgullosa de que su hijo saliera con él. Al fin y al cabo, si Izuku y él no se hubieran reencontrado, jamás habrían tenido lugar los últimos acontecimientos.

Mitsuki hacía algunas preguntas, intentando comprender todo lo que estaba ocurriendo. De vez en cuando, una lágrima caía por su mejilla y volvía a mirar a Katsuki. Si alguien hubiese dudado de la historia de Izuku, solo tenía que mirarlos. El joven era la viva imagen de su madre, con su cabello rubio y sus ojos rojos. Y sin embargo, Mitsuki no entendía cómo alguien había sido capaz de borrar a lo más importante de su vida de su mente de una manera tan fácil.

—Hace poco —habló de repente, cuando Izuku hubo terminado de relatar su historia— tuve un sueño. Soñé que tenía un niño pequeño en brazos que era igualito a mí. El niño ardía de fiebre, así que lo metía en una bañera de agua tibia para que le bajara la temperatura. Fue tan real… Cuando desperté, me llevé una gran decepción porque me di cuenta de que todo había sido un sueño. Porque yo nunca había sido capaz de engendrar a un hijo. Y ahora… ahora me estáis diciendo que el chico que está frente a mí es mi hijo y que un desalmado se lo llevó de mi lado para utilizarlo en sus actividades delictivas.

—Mitsuki… —dijo Masaru, pero Mitsuki levantó la mano para continuar hablando.

—¿Sabéis lo doloroso que es todo esto? —preguntó, con lágrimas en los ojos.

Katsuki se levantó de golpe con pinchazos en el corazón. Tenía que irse. No quería estar ahí cuando su propia madre renegara de él.

—¡Espera! —le dijo Masaru.

—¡Mocoso! —exclamó Mitsuki—. ¡Ni se te ocurra! ¡Ni se te ocurra volver a abandonarme o te mataré!

Katsuki se dio la vuelta y la enfrentó.

—¿Ehhh? ¡Yo no te abandoné, vieja bruja!

—¡La culpa fue tuya, por dejarte secuestrar, niñato!

—¡O tuya por no proteger a tu único hijo!

—¡A lo mejor es que eras muy débil! Así, ¿cómo ibas a convertirte en un héroe?

—¡Ni siquiera recuerdas lo que pasó!

—¡Ni tú!

—¡Por favor, no peleéis! —intentaba calmarlos Masaru.

Izuku e Inko se miraban incómodos. Katsuki y Mitsuki echaban chispas mientras Masaru intentaba controlarlos a ambos. El ceño fruncido de Mitsuki se suavizó y una sonrisa nerviosa apareció en su cara.

—Sí… Sí que eres mi hijo —murmuró.

Katsuki también mostró una pequeña sonrisa.

—Eso parece.

Mitsuki envolvió al joven con sus brazos. Katsuki era mucho más alto que ella.

—Maldito mocoso… —sollozó—. Te has hecho muy fuerte, ¿verdad?

Los labios de Katsuki volvieron a temblar. Abrazó a su madre y hundió su cabeza en el hueco de su cuello para que no lo vieran llorar. Mitsuki acarició su cabello puntiagudo.

—No dejes que te vuelvan a separar de mí, ¿vale? Ven, Masaru.

Masaru se unió a ellos abrazando a su mujer y a su hijo al mismo tiempo. Izuku e Inko veían la escena desde lejos con un nudo en la garganta.

—Izuku —le dijo su madre—, cuida tú también a Katsuki. Ese chico ha sufrido mucho.

—Sí, mamá.


Pasaron dos meses entre entrenamientos y planificaciones. Tal y como habían supuesto, tan pronto como Recovery Girl utilizó su poder sobre Izuku, su brazo se recuperó rápidamente. El héroe estuvo trabajando para recuperar la movilidad y la fuerza mientras Katsuki y sus amigos entrenaban para recordar todo lo que habían aprendido durante su tiempo en la UA.

Al entrar en contacto con sus padres, Katsuki también recordó algunos momentos junto a ellos y parecía que su memoria comenzaba a regresar poco a poco.

La fecha marcada para la misión se acercaba y Katsuki estaba cada vez más nervioso. La noche anterior, apenas comió. Todos hablaban del plan y repasaban los detalles del mismo, pero él estaba harto. Llevaba dos meses en los que su vida giraba en torno al día en que se enfrentaría a Arata y su cabeza estaba a punto de estallar. Se levantó el primero de la mesa y se fue al baño comunitario. Lavó su cabello y su cuerpo frente a un gran espejo y se enjuagó antes de meterse en la gran bañera, que en ese momento estaba vacía.

Escuchó cómo se abría la puerta y maldijo su suerte por no poder estar un rato más a solas. Afortunadamente, era Izuku el que había entrado en el baño. Se acercó a él descalzo y se sentó en el filo de la bañera aún con la ropa puesta.

—¿Qué tal está el agua? —le preguntó.

—Tiene la temperatura perfecta.

—Es decir, horriblemente caliente —adivinó Izuku.

—¿No vas a bañarte?

Izuku asintió.

—Sí, pero quería preguntarte si te encuentras bien antes de que llegue toda la tropa. Kirishima y los demás están terminando de recoger la mesa.

Katsuki lo agarró del cuello de la camiseta para poder besarlo.

—Estoy bien —le dijo justo antes de mostrar una sonrisa traviesa y arrojarlo al agua de un tirón.

—¡Kacchan! —se quejó Izuku—. ¡Podrías haber esperado a que me quitara la ropa! ¡Mira cómo me has puesto!

Katsuki rio a carcajadas, tomándolo por la cintura para abrazarlo.

—Sí, pero entonces no habría sido tan divertido.

—¡Eres un…!

La boca de Katsuki le impidió continuar. El rubio había aprovechado para introducir su lengua entre los labios de su novio. Izuku estaba acostumbrado a los impulsos de Kacchan, a los besos inesperados, a las caricias furtivas, pero esa vez sus labios parecían mucho más desesperados que usualmente. Se deshizo de la camiseta empapada de Izuku y recorrió su cuerpo con sus manos callosas de tanto entrenamiento. El chico de ojos verdes suspiró cuando sintió los dientes de Katsuki en su cuello.

—Kacchan, los demás están a punto de venir —le advirtió cuando le arrancó también los pantalones y su ropa interior.

—Solo un poco más —murmuró Katsuki, llevando sus manos a las nalgas de Izuku y sentándolo encima de él como la primera vez que se habían besado.

—Si sigues así, me va a ser muy difícil parar —le suplicó Izuku, totalmente entregado a sus caricias.

Katsuki mordió la línea de su mandíbula y la lamió lentamente hasta llegar a su oreja.

—Esto me recuerda a ese día… —le susurró mientras sus dedos recorrían su espalda—. No te puedes ni imaginar lo que me costó controlarme. No sabes cuánto deseaba arrancarte los pantalones y hacerlo contigo en ese jodido sofá.

—Yo también lo deseaba… —suspiró Izuku, extasiado.

—Y sin embargo, dejaste que me fuera con el calentón, maldito nerd —recordó, divertido.

La mano derecha de Katsuki recorrió su cintura y rodeó el pene de Izuku. El chico no pudo evitar gemir cuando sintió los sensuales movimientos que realizaba el rubio.

—Esa noche tuve que conformarme con masturbarme en la ducha —le dijo con un tono que hizo temblar al joven—, pero ya no tengo por qué contenerme, ¿verdad?

Izuku clavó las uñas en los hombros de Katsuki y cerró los ojos. La cara le ardía. Sentía la necesidad de tapársela con las manos, pero estaba seguro de que su chico no se lo permitiría. De vez en cuando, miraba hacia la puerta. Alguien podría entrar en cualquier momento. Y sin embargo, a Katsuki eso no le parecía motivo suficiente para parar.

—Kacchan… tengo calor.

Katsuki lo agarró de las nalgas y lo sentó sobre el filo de piedra de la bañera. Él se colocó de pie frente a Izuku y mientras su mano derecha seguía masturbándolo, introdujo los dedos de la izquierda entre sus rizos y tiró suavemente de ellos para obligarlo a alzar su boca y jugar con su lengua. Izuku se sentía mareado entre el calor del baño y el que le producía Katsuki con su cuerpo.

Se escucharon unas voces lejanas y se iban acercando poco a poco.

—Kacchan, viene gente.

Katsuki había pensado que Izuku lo empujaría, que se aparataría de él varios metros y que correría a ocultarse debajo de algún chorro de agua al oír las voces de sus amigos, pero el chico no se había movido ni un centímetro y continuaba totalmente extasiado ante sus caricias. Katsuki lo observó con sus ojos húmedos y sus mejillas sonrojadas, y decidió que no podía dejar el asunto como estaba.

La puerta del baño comenzó a abrirse y Katsuki lanzó una explosión controlada que volvió a cerrarla de golpe. Las voces comenzaron a comentar entre sí el extraño suceso. Alguien llamó a la puerta.

—¿Bakugo? —Era Kirishima.

—¡Ni se os ocurra entrar, pelo de mierda! —le espetó.

—¿Por qué? ¿qué ocurre?

—Tengo un asunto entre manos.

Kirishima no pareció entenderlo en un primer momento, pero la risa estridente de Kaminari les dio a todos la clave sobre lo que estaba ocurriendo.

—¡Tío, que ahí nos bañamos todos! —se quejó Sero.

—¡Ánimo, campeón! —exclamó Kaminari—. ¡No lo dejes insatisfecho!

—¡Que te jodan, Kaminari! —respondió Katsuki.

—Eso quisiera yo, tío —rio el rubio—, pero me parece a mí que los únicos que vais a pillar cacho esta noche sois Midoriya y tú.

—¡Largaos de una vez!

Las voces y los pasos volvieron a alejarse. Izuku se llevó las manos a la cara.

—¡Qué vergüenza! —exclamó.

Katsuki le quitó las manos de la cara y volvió a besarlo.

—Ya tendrás tiempo de tener vergüenza más tarde.


Un par de horas más tarde, cuando ambos se metieron en la cama, Izuku abrazó a Katsuki y, con la cabeza en su pecho, escuchó los latidos de su corazón.

—Estás preocupado, ¿verdad? Puedo verlo… Has estado muy callado todo el día y apenas has comido.

Katsuki suspiró y besó la frente de Izuku.

—Hace días que llevó dándole vueltas a algo… —confesó.

—¿A qué?

—Durante estos dos meses muchas veces lo he pensado: ¿qué pasaría si simplemente dejásemos las cosas estar? Al fin y al cabo, estamos juntos, nuestras familias están a salvo… Pero entonces recuerdo lo que te hicieron. Recuerdo que no estamos seguros con Arata en libertad… Y me pregunto qué clase de futuro tendríamos si no hiciéramos nada al respecto. Sin embargo, lo he pensado tantas veces… ¿Acaso soy un cobarde?

—Es normal estar asustado ante algo tan grande como lo que va a suceder mañana.

Katsuki apretó a Izuku aún más contra sí.

—No quiero ni pensar que te pueda pasar algo…

—Es el mismo miedo que tengo yo —admitió Izuku—, pero dudo que Arata te hiciera daño siendo tan valioso como eres para él.

—Izuku…, mañana, pase lo que pase, no te separes de mi lado. Si te pierdo de vista, aunque sea durante un segundo, me volveré loco.

—No lo haré. Pero, Kacchan, si llegara a pasar algo…

—No digas eso.

—No, escúchame —le pidió—. Si llegase a pasar cualquier cosa, si llegásemos a separarnos, sigue adelante sin mí. No pierdas el tiempo en buscarme. Estaré bien. Te lo prometo. Lo más importante es detener a Arata.

—Si algo te pasara…

—Nada me va a pasar —aclaró—. Ni a ti tampoco. Vamos a hacer esto juntos —dijo con voz rota— para poder tener ese futuro que ambos deseamos.

—Lo tendremos. Haré lo que sea, Izuku. Es la primera vez que tengo algo por lo que luchar y pienso aferrarme a ello para dar lo mejor de mí.

—Todo estará bien —dijo Izuku, intentando convencerse a sí mismo—. Te quiero.

Izuku sintió cómo el corazón de Kacchan se aceleraba. El rubio se alzó y lo miró con ansiedad.

—No digas eso.

—¿Por qué? Si es verdad…

—Parece que te estuvieras despidiendo.

—No, no, Kacchan. Te quiero. No me estoy despidiendo. Yo solo… quería decirlo.

Los labios de Katsuki temblaron. Estaba aterrado. Había estado a punto de perder a Izuku hacía apenas dos meses y la idea de que algo pudiera sucederle lo enloquecía.

—Yo también te quiero —dijo, besándolo en los labios—. No quiero que llegue mañana —confesó.

—Yo sí —Katsuki enarcó una ceja—. Porque mañana será el día en que por fin seas libre. Mañana todo habrá terminado y comenzará una nueva vida para ti. Mañana, Kacchan. Si hace falta, daré mi vida para que consigas tu libertad. Es el mejor regalo que podría hacerte…

—No, el mejor regalo que podrías hacerme es seguir vivo… y entero a ser posible. Así que no hagas tonterías, maldito nerd.

Izuku rio y volvió a besar a su novio.

—Te lo prometo, Kacchan.

Continuará...