Contiene OoC

Recuerden que letras cursivas son Flashback

Death Note no me pertenece


Tomorrow

La música sonaba fuerte y eso no le molestaba a Misa Amane. Después de todo, sus gustos musicales eran tan variados como sus constantes cambios de ánimo en los últimos días. Lo único realmente molesto en ese momento era tener que estar escuchándolo en ese lugar, atrapada en un probador dentro de una tienda de ropa "GothLoli" desde hacía más de 45 minutos.

-¿Se… se encuentra bien, señorita Amane?- decía una de las empleadas de la tienda desde afuera, casi sintiendo lástima por la situación en la que una de sus ídolos favoritas estaba

-¡Quiero salir de aquí ya!- chilló con desesperación. Tenía hambre y estaba visiblemente cansada. Se maldito mentalmente y luego suspiró- ¿Siguen ahí afuera?

-Sí, ahí siguen… han pasado como 4 veces ya-respondió- ¿No hay alguien a quien pueda llamar? A su representante, por ejemplo…

Misa tragó grueso. La verdad de todo era que ella misma estaba evitando responder los tres celulares con los que siempre salía, y los cuales ya tenían registradas más de 125 llamadas en conjunto. Quería evitar ser regañada aunque sabía que eso era imposible, después de todo, escaparse del hotel dejando a sus dos hijos al cuidado de su futuro esposo y su mayordomo había sido un completo error.

-Si quiere yo puedo llamar por usted

-No, no, está bien. Yo llamaré… -ladeó la boca no viendo otra salida. Luego, suspiró y abrió su celular rojo revisando el historial: 28 llamadas perdidas de Ryuuzaki y otras tantas de Watari. Misa remarcó uno de esos números y esperó a que fuera respondido.

Fuera del lugar, una turba de fanáticos se había repartido en grupos para buscar a su ídolo después de enterarse por un paparazzi, ese mismo día, que Misa Amane no sólo había regresado a Japón, sino que portaba en su mano un lujoso anillo de compromiso. Las fotos no se habían hecho esperar y, tras dos meses de su parto y ninguna declaración oficial por parte de ella o su (inexistente) representante, era normal que sus más grandes admiradores buscaran respuestas por ellos mismos.

-Sí, esperaré- colgó, no antes de ser regañada "suavemente" por el mayordomo de su prometido. Ella no buscaba hacerle mal a nadie. Inocentemente, lo único que quería era comprarse ropa nueva y algunos tratamientos faciales para mejorar su denigrante estado físico producto de las constantes desveladas.

-¿Necesita algo?- volvió a preguntar la empleada- ¿Un poco de agua?

-No, gracias, ¡qué linda!... Tengo prohibido recibir cosas de extraños, pero puedes hacerme compañía mientras llegan por mí

-Sí, me imagino que siendo famosa no puede confiar en muchas personas… si no es indiscreción… ¿por qué no quiere salir a enfrentar a sus fans?, sé que muchas veces se los encuentra en lugares públicos y no duda en darles autógrafos y tomarse fotos…

-Bueno... creí que eras fan de Misa-Misa, ¿acaso no lo sabes? Las fotos están por toda la red–mencionó alargando algunas palabras.

Dudó en si debía decirle a esa mujer que aunque se había sorprendido al inicio, no se había aprovechado de ella como cualquier otra persona lo habría hecho, al contrario, se había limitado a "ignorar" su estancia en el cambiador y mentirle a los fanáticos que entraban preguntando por el paradero de la rubia.

-Es que… yo trabajo todos los días y por al salir asisto a cursos nocturnos, no ocupo la red tan seguido por lo mismo. Aunque sí sé que usted estaba en otro país

-Sí, volví hace un par de días y quise salir a comprar algo de ropa y maquillaje… Dime sinceramente- abrió la puerta y la jaló de la mano tan rápido que no pudiera ser vista- ¿Me veo muy mal? – Misa Amane quitó los lentes de color que portaba desde que había salido de su habitación de hotel y esperó a la respuesta de su fan, que al instante abrió la boca presionando los dientes, en una mueca de indecisión – Ya sé, ya sé… ¿pero sabes?... no es ni por trabajo

La de ojos castaños se sentó en el piso del pequeño cubículo y señaló un pedazo a su lado para que su ahora compañera hiciera lo mismo.

-No sé si lo sepas, pero hace casi dos meses Misa tuvo un par de gemelos… ¡Son tan adorables! ¿Quieres verlos? – sin esperar una respuesta sacó uno de sus celulares y le mostró un par de fotos donde sólo aparecían ella y sus dos hijos- ¡pero no sabía que sería tan cansado cuidar de ellos!

-¡Son muy bonitos!

-¿Verdad que sí? ¡Misa-Misa está feliz!, aunque fue difícil al principio. ¿Sabes qué hacen los bebés?... ¡Nada! No hablan, ni caminan. Tú tienes que hacer todo por ellos y su vida se basa en comer, llorar, dormir, comer, llorar, dormir… ¡y ensuciarse!... ¡Es horrible!...

Misa comenzó a recordar sus primeros días como madre. A pesar de que sabía algunas cosas sobre los cuidados indispensables para un recién nacido, dejar su vida de diva era difícil, sobre todo si el padre de sus hijos se rehusaba a compartir responsabilidades.

Todo tenía que hacerlo ella, desde alimentarlos, hasta atenderlos cuando despertaban a media noche. Incluso recordaba cómo había tardado casi media hora en tomar valor para cambiarle por primera vez los pañales al gemelo menor.

-¿No es un poco excesivo que quieran perseguirla para saber de tu vida de madre?

-Supongo que no. Estoy acostumbrada a que los reporteros me pregunten cosas personales o incómodas… La verdadera razón es que voy a casarme y ellos lo saben, un estúpido paparazzi me descubrió viendo vestidos y se dio cuenta de mi anillo… ¿Quieres verlo? Mira - Sin esperar respuesta una vez más, colocó su mano izquierda frente a la cara de la chica castaña- Están celosos porque no podrán tener un anillo tan bonito como el de Misa

-¡Vaya! ¡Muchas felicidades, Señorita Misa!

-¡Muchas gracias!

-¿Quién es el afortunado? ¿Es un actor famoso? ¿Vivirán en Hollywood?... ¿Quiero suponer que esa persona es el padre de tus hijos, no? Debe ser muy guapo porque tus hijos son muy bonitos… -inspiró- ¡No me diga que es el bombón con el que salía en las fotos del café de Inglaterra!... ¡Ese pelinegro estaba tan guapo!... creo que lo vi en la televisión la otra vez, en las noticias de economía... Mmm creo que era el señor… Nakimura…

-Namikawa-corrigió- no, no es él… Perdón pero no puedo revelar información de mi futuro esposo, decidimos que lo mejor sería mantener nuestra relación fuera de todo escándalo con la prensa- comenzó a mentir- la verdad es que él no es famoso y no quiero meterlo en todo esto, ni a él ni a mis pequeños

Pero sabía a la perfección que no podía ir por las calles diciéndole a cada extraño que veía que había logrado seducir y enamorar al legendario y misterioso L, aquel que había vencido al todopoderoso Kira.

La plática continuó entre anécdotas y preguntas de nuevos proyectos hasta que alrededor de 15 minutos después, la puerta del vestidor fue golpeada con fuerza tal que pudiera ser oída por sobre la música.

-Está ocupado- respondió la empleada-

-Disculpe- comenzó la voz masculina que fue reconocida al instante por Misa-

-¡Watari-san! – gritó la rubia parándose al instante-

-Señorita Misa, ¿está bien? ¿Quién está con usted ahí adentro?

-¡Misa está bien! ¡Naomi-san ha cuidado a Misa de todos los reporteros y fans que hay afuera!

El anciano suspiró aliviado y pidió que abrieran la puerta para otorgarle ropa y una peluca, de esa forma, Misa podría burlar a su fanaticada.

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Ryuuzaki estaba molesto. Su rostro lo reflejaba y eso, por muy increíble que le pareciera a las personas, era su expresión habitual. Parecía estar eternamente enojado o fastidiado, inclusive parecía que todo el tiempo pensaba en la ineptitud de las personas con las que se encontraba, sin que fuera del todo verdad. Sin embargo aquella vez el gesto era genuino.

Apretaba los dientes y sus puños con fuerza. ¿Cómo era posible que esa mujer fuera tan irresponsable con sus propios hijos de apenas unas cuantas semanas de nacidos?

Chasqueó la lengua, después de todo no podía esperar mucho de la modelo. Según lo que le había dicho su tutor, la escapada de la mujer no tardaría más de un par de horas en las que compraría unos cuantos productos para la cara y ropa que le quedara a simple vista, pero aquello, mirara por donde mirara, había sido una completa estupidez.

-Oye, quédate quieta- ordenaba a su hija como si ella pudiera entenderla.

Había pasado más de diez minutos intentando cambiar el pañal sucio de la gemela mayor, entre desidia y asco. No le agradaba la idea de tener que distraerse de sus investigaciones por motivos como esos y mucho menos ensuciarse los dedos con los que comía, pero era preferible enfrentar los hechos que soportar los chillidos y el olor de la escandalosa bebé.

-Basta- volvió a ordenar. Después de haberse despertado el sueño había desaparecido en la pequeña, por lo que él había optado por cargarla mientras escribía en la computadora. A pesar de su corta edad y su diminuta fuerza, había logrado atrapar uno de sus mechones azabaches, enredándolo en su diminuto y regordete puño izquierdo.- He dicho que me dejes

Ryuuzaki se zafó del agarre de su pequeña hija y eso, sumado a la forma tan poco delicada de cargarla, hizo que inmediatamente ella comenzara a llorar, despertando a su hermano en el proceso.

-Esto no puede ser… ¿Ves lo que hiciste?-rodó los ojos sosteniéndola de las axilas, frente a él con brazos estirados. Su inmutable rostro se transformó en una mueca de hastío- también has hecho llorar a tu hermano

L, sin pensarlo dos veces, subió a la cama destinada para él y su pareja y se acomodó acunando a los gemelos en cada uno de sus brazos, luego, comenzó a mecerlos lentamente.

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-¿Está seguro de esto, Watari?- preguntó la mujer rubia frente a la puerta de su habitación de hotel-

-No le garantizo una tarde placentera, señorita Amane, pero debe hablar con Ryuuzaki cuanto antes

-Pero… ¿y si mejor dejamos que se le pase el enojo?- Misa mordió su labio, su corazón latía muy rápido-

-Tendrá que enfrentarse a él tarde o temprano si lo que desea es arreglar las cosas. Será su esposa en unas cuantas semanas y todo problema debe ser resuelto con rapidez. Además, no en mucho tiempo será hora de que alimente a los pequeños

-Supongo que tiene razón… gracias por salvarme de los fans…

-No fue nada

-Bien… Watari, si muero, por favor dígale a mis fans que los amo- Watari la observó y sonrió enternecido por el miedo que la rubia estaba demostrando tener a su futuro esposo. Pareciera que ella ignorara por completo el hecho de que a Ryuuzaki extraña vez lo dominaban los impulsos por más impotente o enojado que estuviera

-El joven Ryuuzaki no es un monstruo, Señorita Misa

Ella asintió confiando en el hombre de la sonrisa y entró a la habitación casi cerrando los ojos. Al no recibir gritos, buscó con la mirada a su prometido encontrándolo en la cama con ambos bebés en brazos, observándola fijamente.

-Acércate, Amane Misa

La mirada de L le heló la sangre.

./././.

La noche había caído en San Diego y aun así el calor era abrumador. El viento frío, sin embargo, compensaba a la perfección el bochornoso clima que se estaba viviendo y que llegaba hasta el último piso del hotel.

Sentado en los hombros de Ryuuzaki, Ren miraba a la nada. Estaba cansado. No había tomado su siesta diaria en aquella ocasión, pero sentía que había valido la pena. Le había costado mucho, pero la experiencia de estar cerca y dentro del mar le había encantado. Quería hablar, preguntar a su padre "¿Recuerdas cuando nos mojamos los pies en la playa y lloré?", "¿Recuerdas cuando nos metimos en el mar?", pero las palabras no salían, lo único que lo mantenía despierto era el movimiento de su padre al caminar.

Luego dirigió una mirada hacia abajo aunque su mejilla se abultaba impidiéndole ver del todo. Ahí estaba Ayumi, su hermana gemela, tan fresca y feliz como él no lo estaba. Pensaba que el hecho de ir caminando a lado de Near era la razón de aquella reacción tan extraña en ella.

Los hombres cruzaban el lobby del hotel, ignorando por completo murmullos de los empleados. Desde que habían llegado a San Diego, esa mañana, los chismes entre los trabajadores del hotel no habían cesado. Todos, sin excepción alguna, conversaban acerca de la extraña familia que había pagado por todas las habitaciones del último piso por dos noches. No sólo eran las más grandes, sino también las más costosas y exclusivas y aquellas personas no se veían como verdaderos famosos o ejecutivos importantes.

"Suertudos", decían con envidia, pero eso no era algo que les preocupara a los prodigios.

Subieron en completo silencio escuchando solamente las palabras de la pequeña niña que parecía haber recobrado todas las energías tras la broma que le había hecho a su enemigo rubio. Ayumi brincaba parloteando cosas que Matt codificaba como una secuencia de "bla, bla", hasta que un comentario llamó su atención:

-Ni, te daré las fotos del castillo de arena que hacías con Ren- confesó. Matt creyó que la última palabra había salido como un pequeño "Lem".

-Suena bien- respondió el albino mirando hacia el frente. Luego, sintió el peso de la niña colgándose de su brazo derecho. Él la miró con duda.

-Pero… sólo si me das un beso aquí –señaló su mejilla, ligeramente ruborizada

Matt ahogó una pequeña risa, pensó que si Misa Amane era igual de "aventada" que su propia hija, podría formular una teoría más perfecta sobre cómo terminó enamorando a un ser tan poco interesado en las relaciones humanas como Ryuuzaki

-Yo creo que no- respondió Ryuuzaki por Near mirando a este último. El elevador había llegado a su destino-

-Pero papi… -lo miró con ojos suplicantes

-Ayumi- Sonó firme, luego extendió su mano para que fuera tomada por la de la niña y comenzaron a caminar hacia sus respectivas habitaciones. No se dejaría convencer por una mirada tan básica de chantaje… No esa ocasión.

Ryuuzaki intuía, por los pequeños ruidos de la garganta de Matt, que estaría carcajeándose en su interior al notar en sus acciones un ligero rastro de celos que no podía evitar. Aunque el amor platónico de su hija fuera aquel chico prodigio, no le gustaba que su hija de tan solo 4 años tuviera ese tipo de ideas en la cabeza. Además, ¿¡quién se creía Near para robarle la atención de su pequeña!? El cariño de aquella persona que, sin quererlo ni obligarlo, lo había cautivado con la ternura propia de su infancia.

Claro estaba que, a pesar de ser pequeña, ella sabía muy bien lo que quería y cómo lograrlo. Después de todo, eso lo había sacado de él…

-Y luego mi papá se puso celoso porque le pedí un beso a Ni- …y la imprudencia la había sacado de su madre

Después de todo, los niños generalmente decían la verdad.

-Ya es hora de que duerman-sentenció subiéndose a un sofá en su pose de pensar. Estuvo tentado a encender el ordenador y ordenar un par de litros de café al restaurante, pero se detuvo en cuanto escuchó a su pequeña hija pedir con ojos de ternura, aquello que nunca antes:

-Mami, ¿puedes contarme un cuento?

-Un… ¿Un cuento?- pensó ella ladeando la cabeza- nunca antes me habías pedido un cuento antes de dormir

-¡Cuento!- ordenó la niña golpeando ligeramente la cama, con una gran sonrisa en rostro- ¡Que sea de aventuras y amor!

-Es muy noche para cuentos- replicó Ryuuzaki con calma mientras destapaba una barra de chocolate, pero a su hija pareció no convencerle la respuesta.

-Bien-

Misa se acomodó a su lado, pensando un poco en lo que podría contarle a su hija y una idea llegó a su cabeza. Miró a su esposo observándola atentamente. Y sonrió con malicia. Desde que ella había hablado con Ayumi sobre Light Yagami, su esposo había estado distante, ¿por qué habría de hacerle caso en esa ocasión?

-Había una vez un enorme reino lleno de paz y tranquilidad. Todas las personas reían y cantaban cuando, desde el castillo, se podía ver a la hermosa princesa bajar hacia el pueblo. Todos sabían que, tras la muerte de los dos reyes a manos de un malvado monstruo, la princesa debería tomar posesión del trono y era por eso que noche con noche, ella pedía al cielo que le enviara al príncipe más maravilloso del mundo, aquel que pudiera gobernar a su lado y la hiciera muy feliz.

Ella visitaba al pueblo con esperanza de encontrar a aquel hombre, pero nunca encontraba nada y ella no lo entendía, porque era una rubia joven, hermosa, fascinante, talentosa, inteligente, preciosa…

-Te faltó decir molesta, obsesiva y presumida- interrumpió Ryuuzaki. Ella frunció el ceño un momento-

-Un buen día, la princesa paseaba por su reino, siendo adorada por lo bonita que era y entonces, a lo lejos, vio a un chico que no era para nada un príncipe, pero que parecía uno. Su cabello castaño estaba peinado a la perfección y sus ojos resplandecían con grandeza. Él era un caballero muy popular del pueblo vecino y como tal, había ayudado a mantener el orden de su reino. La princesa se enamoró a simple vista y supo que él podía ser una buena opción para gobernar a su lado, puesto que era guapo, galante, inteligente…

-Un hipócrita, más bien- volvió a interrumpir azabache un poco molesto por la forma en la que Misa hablaba, luego, al recibir una nueva mirada furiosa de la pelinegra temporal, mordió un poco más de chocolate y decidió continuar con la historia- La princesa no temía nada y tenía muy poca vergüenza, así que caminó hacia aquel caballero que proclamaba justicia por todo lugar que pisaba y le propuso convertirse en su novio. Él, naturalmente, no quiso porque su inteligencia era superior a la de la princesa y sabía que de aceptar, estaría ligado a ella por toda la eternidad. Ella lloró pero él no se inmutó.

-Pero ella no se iba a dar por vencida- retomó Misa, un tanto molesta por el comentario de Ryuuzaki- ya que ella era muy decidida e inteligente, y el caballero no pudo resistirse a ella. Ella era muy feliz con él y sabía que sería un rey excelente, que la cuidaría y la defendería de todo monstruo, así que quedaron en verse al día siguiente, pero cuando ella volvía a su castillo, fue secuestrada por un grupo de monstruos que parecían simios y que la trataron muy mal. La tuvieron encerrada pero su caballero la rescató. Sin embargo, cuando iba saliendo, el simio mayor los atrapó y los obligó a quedarse con él…

-Porque la princesa era sospechosa de realizar actos de brujería.

-Sí, eso… ¡Oye!

-Lo que la futura reina no sabía, princesa- continuó Ryuuzaki sin percatarse de la forma en que había llamado a su primogénita. Había abandonado su estado de reposo para acercarse a ella con lentitud- Es que aquel simio, como le decía, en realidad era el comandante de la guardia real del reino más grande del continente, y se le había encomendado encontrar al asesino más despiadado de todo el mundo, ya que todos los intentos sobrehumanos que habían realizado cada uno de los hombres al servicio de Su Majestad, no habían funcionado. Él era el hombre más capaz e inteligente sobre la faz de la tierra y sólo él podría librar a todos de…

-La libertad, porque era un maldito secuestrador pervertido- mencionó poniendo los brazos en jarras

-Héroe es la palabra más indicada. Como decía, el comandante descubrió que el supuesto caballero era en realidad el asesino que buscaba y sin dar oportunidad alguna a que él cobrara más vidas, llamó a la guardia de Su Majestad y ellos se encargaron de mantenerlo encerrado para toda la eternidad

-La princesa se sentía destrozada, se había quedado completamente sola, sin sus padres y sin el amor de su vida

-¡Qué feo!- exclamó la niña- ¿pero volvió a enamorarse?

-Claro que sí, porque era muy hermosa y cualquiera querría estar con ella por siempre. Cualquiera incluyendo el simio grosero que cayó rendido a sus pies…

-Porque ella lanzó un hechizo en él

-¿Y se enamoraron?- interrumpió la niña. Los dos se dirigieron miradas de complicidad

-Sí- respondió el hombre

-¿Y tuvieron hijos?

-Seguramente- respondió la ex - rubia en esa ocasión

-¿Cuántos?

-¿Cuántos te gustaría, mi amor?-

-¡Dos! Así como Ren y yo

-Entonces que así sea- Misa rió enternecida. –pero ya debes dormir- Luego, dio un beso en la frente de su pequeña y la arropó.

Ella posó su mirada en sus dos hijos mientras acariciaba la cabellera larga de la pelinegra.

.

Su boca sabía a cereza, aquella noche había consumido decenas de caramelos que le habían quitado el sueño lentamente. Frente a él, el mar se mecía en calma por la ligereza con la que el viento soplaba. Si sus deducciones eran correctas, habría pasado 3 horas sentado a la orilla de la playa con rodillas juntas, dejando que sus pies se mojaran con las pequeñas olas.

-¿Ryuuzaki?- escuchó decir tras de él. Era su esposa- ¿Qué haces aquí? ¿No tienes sueño?

-No- respondió secamente sin despegar su vista del horizonte

Ella lo sintió distante, más que de costumbre. Desde la tarde pasada, en la que se le había ocurrido hablar de Light con Ayumi, Ryuuzaki se había apartado de ella y la había estado ignorando, habían incluso tenido una breve discusión que había terminado en lágrimas para ella, pero creyó que todo se relajaría en cuestión de horas, cosa que no había pasado, sino al contrario, había terminado en una ronda de ataques durante la historia narrada a su hija ojigris.

-Misa… Amh… -ella dudó, colocó los brazos detrás de su espalda y comenzó a formar círculos en la arena con los dedos de sus pies. Pensaba en disculparse y pedir perdón, pero no podía y no entendía cómo comenzar una disculpa por algo que no sabía con exactitud qué era. La modelo se mordió el labio y apretó los dientes antes de tirarse de rodillas tras de él y abrazarlo por la espalda con vigor y luego continuó:-¡Gracias por haber defendido a Misa esta tarde!

Él se tensó por unos cuantos segundos, había sido sacado de su transe por aquellas manos que rodeaban su torso con suavidad. Inconscientemente llevó una de sus palmas hasta las de la chica tras de él y las acarició para verificar que eran reales.

-Ese tipo estaba lastimando a Misa, pero tú me salvaste, eres mi héroe. ¡Gracias, gracias, gracias!-repitió entre besos en la mejilla

-Sí-

-¿Sí? ¿Sólo responderás eso? – Misa deshizo el abrazo con dolor en su pecho y se sentó junto a él, dándole la espalda al mar- ¿Qué pasa? ¿Misa hizo algo malo?- preguntó tratando de acercarse al rostro de su esposo, pero Ryuuzaki no se dignaba a dirigirle la mirada. Después de un par de minutos, llegó la respuesta

-La maldad es relativa, Su Majestad

Así que era eso, no se había enojado por haber mencionado a Light en más de una ocasión el día anterior, ¡él se sentía celoso! Después de todo, ¿de qué otra forma podría sentirse un simio pervertido escuchando a la princesa hablar del galante caballero?

-¡Ryuuzaki está celoso! – se burló abrazando el rostro del aludido. Ella disfrutaba mucho sintiendo el interés de su pareja y, creía que el que estuviera celoso, sólo significaba que realmente le importaba... ¡Pero mi amor, no tienes por qué estar así! Light está muerto y nosotros estamos juntos, ¿no?... ¡Ja, ja, ay Ryuuzaki eres un bobo! ¡¿Cómo se te ocurre que…?!

Misa no pudo terminar la frase. De un momento a otro sintió sus labios ser apresados por los del pelinegro con brusquedad tal que terminó recostada en la arena. Ella quiso seguir el beso y comenzar a mover sus labios, pero él lo impidió despegándose unos cuantos milímetros de su rostro, suficientes para poder observarla.

-Será mejor que no se vuelva a mencionar a ese asesino- y sin más, recuperó su posición inicial, esta vez, abrazando sus rodillas contra su pecho

Misa contrajo los parpados, aquella acción había terminado de despertarla. Asintió a la petición de Ryuuzaki y luego se reincorporó para posar sobre él un beso más suave y tierno que respondieron por un par de segundos. Después se giró dándole la cara al mar y recargó su cabeza en uno de los brazos de su amado, observando el horizonte con él, con sólo una cosa más que decir:

-¿Mi amor…?

-¿Nh?

-¿No crees que deberías desenterrar a Mello ya?


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¿Saben cuál es mi problema? Se me olvida que esto es un OoC y que se necesita fanservice para avanzar! Todo lo quiero hacer tan serio que… me desmotivo. U.U he estado deprimida estos días. No tengo inspiración, no tengo reviews, el fandom está medio muerto… pero poco a poco recupero las ganas de escribir, espero pueda lograrlo pronto y terminar con mis proyectos antes del nuevo semestre… Por cierto, si les interesa, hice un pequeño Misa x Matsuda, pueden encontrarlo con el nombre "Serenidad", sólo tiene un ligero toque de romanticismo y no pasa de un abrazo. Espero les interese.

Gracias a Bel-808, Rox, Valeria, La diosa Atenas y yomii20 por sus comentarios