Sé que no tengo perdón. No daré explicaciones, sino que se los compensaré con un capítulo lo más pronto posible, pues ya tengo bastante escrito. Además, este capítulo tiene flashback, que hace mucho no había.

Gracias a todas las personas que me han apoyado en este momento difícil, a quienes me envían mensajes en Facebook, los que me apoyan en mi página y los que comentan este fic. Ustedes me devuelven la vida.


Tomorrow


La taza con café que tenía en frente se había enfriado sin siquiera habérsela acercado a los labios. Misa la observaba, como buscando respuestas en el líquido que sólo había aceptado por cortesía.

-Lamento la tardanza, Misa-Misa- llamó Matsuda. Entre sus manos llevaba una bandeja de plástico blanco con dos tazones de Udon que repartió una vez en el kotatsu- oh, pero no tomaste nada de tu café, ¿me quedó tan mal?

-No- dijo tajante, luego intentó endulzar más su voz- me distraje por un momento y ya está frío.

-Puedo calentar más agua si quieres

-No, en serio, así estoy bien. No quiero causar más molestias. De por sí aparecer así de la nada fue poco educado.

-No te preocupes por eso, mejor cuéntame, ¿qué sucedió? ¿Por qué estás así?

Misa guardó silencio mientras sorbía un poco de su sopa. Aunque ella había sido quien lo había buscado para desahogarse, en ese momento las ganas que tenía de emitir palabra alguna eran casi inexistentes. No obstante, la culpa que le producía la mirada de genuina preocupación por parte de su anfitrión la hizo resignarse.

-Creo que mi matrimonio no está funcionando

-¡¿Qué?! -Exclamó Matsuda derramando un poco de sopa en el kotatsu, Misa dio un pequeño brinco en su lugar- Pero… pero si te acabas de casar

-Pues no lo parece-sentenció inmediatamente, desviando la mirada hacia la puerta corrediza que separaba la sala de la habitación donde descansaban sus pequeños hijos-Verás, desde la boda Ryuuzaki y yo casi no nos vemos, él siempre está encerrado investigando y de mi ni se acuerda. Es más, desde que los niños nacieron, él rara vez se hace cargo de ellos… Hoy le pedí que saliera conmigo y mis bebés y aceptó. Sin embargo...

-No te puso atención, ¿cierto?

Ella suspiró.

-No, no lo hizo. Lo único que hacía era ver su celular. Si entrábamos a una tienda, estaba viendo su celular, si íbamos a comer, estaba viendo su celular, si estábamos tomando un helado, veía su celular. Pensé que estando fuera de casa podría dejar sus casos a un lado por un par de horas, pero parece que no fue así.

Misa le contó lo sucedido tan sólo un par de horas antes. Con cada palabra podía sentir cómo las ganas de quebrarse se convertían en coraje y cómo sus mejillas comenzaban a arder sólo de pensar en la la idea del fracaso. Pronto, no pudo resistirlo, el intenso calor de su piel contrastó con el frío de las lágrimas involuntarias.

-¿Es mucho pedir que Misa tenga la atención de su esposo?

-No, no lo creo, Misa-Misa- respondió con seguridad mientras le ofrecía una caja de pañuelos

-¿Entonces por qué no puede entender que Misa necesita un poco de amor? ¿Por qué no…? ¿Por qué no puede aparentar que le importamos?

-Bueno, L no es muy afectivo y tampoco creo que entienda de estas cosas... ¿Tú le has dicho?... el que lo necesitas, digo.

-¡Claro que sí! He hecho de todo para que me ponga un poquito de atención, pero parece que nada de eso sirve. ¡Ah! Pero que no lo amenace con irme con Namikawa porque ahí sí se enoja.

Ella tomó la taza de café frío que aún tenía frente a ella y se lo tomó de forma ansiosa. Al terminar, posó sus codos en la mesa y barrió sus manos por toda la cara. De su garganta salió un gruñido de exasperación que calmó cuando azotó la cabeza contra la madera.

Matsuda nunca la había visto así. Se había enterado de que habían tenido un drama amoroso cuando ella estaba embarazada, pero cualquier imagen telenovelesca que se le cruzara por su mente era muy diferente a lo que estaba viendo con sus propios ojos. Él no sabía qué decir, ni siquiera sabía si debía decir algo. Entendía que él no era la mejor compañía a la hora de hablar de temas serios, pero si Misa lo había ido a buscar a él y no a otro, tenía que esforzarse por honrar aquella confianza depositada.

Se levantó de su cojín y recogió los trastos sucios de la mesa. Aprovechando que estaba por la cocina pensó en llevar la cafetera y dejar que se desahogara, sin embargo, antes de incluso rozar sus manos con el asa de plástico, su delicada voz lo detuvo.

-Matsu…

-¿Mh?

-Creo que me separaré de L

Y con eso Matsuda supo que el café no sería suficiente en esa ocasión.

. . .

El llanto había pasado a ser una sonora colección de risas a la que, sin saber exactamente porqué, él también se había sumado. Sabía que era su culpa pues las botellas de vino, whisky y sake no habían salido solas de la estantería, pero si alguien les estuviera reclamando en ese momento, estaba seguro de que ambos se lavarían las manos ante irresponsable idea.

Matsuda tomó un poco más de su vaso mientras escuchaba a Misa cantar a todo volumen una de sus canciones de despecho favoritas al tiempo que bailaba agitando su suéter cual látigo. A esas alturas, su cuerpo parecía necesitar más de ese líquido que corroía las paredes de su garganta para sentirse a gusto.

-¡Matsu, Matsu! ¡Salud! ¡Salud por…!, por…¡Salud por los que no somos amados!

-Eso es muy cruel, Misa-Misa- rió el azabache mientras levantaba su vaso-

-No te sientas mal, Matsu bebé. A ti no te quieren por tonto, pero a mi ni casada ni hermosa me aman. Así que… ¡fondo!

Y entre el vigésimo brindis que hacían en un lapso de dos horas, el sonido del timbre se mezcló con el bit de la música.

Sonó una vez, y ellos lo ignoraron.

Sonó dos veces, y al ruido se le sumó el llanto de dos bebés.

Sonó tres veces y entonces Misa se dirigió a la puerta, tambaleándose con diversión.

Sonó una cuarta vez, y la puerta se abrió escasos centímetros.

-No estamos, vuelva más tarde- avisó Misa con los ánimos en alto antes de intentar cerrar la puerta. No obstante, la fuerza de las personas que habían tocado era superior a la de Misa en ese momento y con un leve empujón, la puerta se abrió en su totalidad.

-¡Hey, Watari, Aizawa entren! ¡Adelante, adelante! ¿Quieren un poco? Tenemos sake y whisky y vino y… y...y creo que en la alacena hay una cerveza que compré hace dos semanas… ¡Ustedes agarren con confianza!

-¿Qué hacen aquí?- siguió Misa- no me digan que los mandó L

-Señora Misa-Llamó Watari, tratando de mantener su tono sereno- será mejor que nos vayamos de aquí ¿dónde están los gemelos?

-¿Qué gemelos? -cuestionó, pero cuando lo hizo, el anciano ya se había guiado por el sonido del llanto.

-Tus hijos, Amane. Los que están llorando- respondió esta vez el policía

-¡Ah, yo sé! Están en mi habitación, allá, al fondo.

-Bueno, que les vaya bien

-Amane, no hagas esto más difícil

-No quiero irme. Quiero quedarme aquí con Matsuda porque es el único que quiere a Misa.

Y con esa sentencia, Misa volvió a tirarse sobre el cojín y se llevó la botella de whisky a sus labios. Aizawa se talló el tabique de la nariz, esa mujer lo sacaba de sus casillas con sus reacciones tan infantiles.

-Bien, Amane, si vas a actuar como una niña, te trataré como una niña

Lo último que se escuchó fue a Misa gritando, siendo llevada sobre el hombro de Aizawa hacia la puerta.

. . .

L se llevó una galleta a la boca, incapaz de poder concentrarse en aquella llamada online que entraba a su laptop colocada en la mesa de la sala. Se había colocado especialmente ahí, con dirección a la entrada de la puerta, para que él fuera lo primero que Misa viera al entrar a la casa.

No podía evitarlo, estaba preocupado por no tener noticias de su esposa y sus hijos en un par de horas, sobre todo si consideraba que última vez que ella había salido huyendo de una cita con él, las cosas no habían terminado nada bien para ella.

Entonces vino la llamada. La voz de Watari sonaba frustrada por primera vez desde que lo había conocido y al fondo podía escuchar a Shuichi Aizawa discutiendo con la modelo. Un poco de paz albergó su cuerpo, pero pronto fue sustituida por una suerte de enojo y decepción que se incrementó cuando la tuvo frente a sí: despeinada, maloliente, incapaz de mantenerse en pie y riendo de algo invisible que parecía ser muy gracioso.

-Gracias por su ayuda, Señor Aizawa. Lamento las molestias ocasionadas- dijo, tajante-Yo me encargaré del resto.

Pronto quedaron a solas en su habitación, Misa lo miraba sin animos al saber que seguramente recibiría un sermón que la haría sentir como niña pequeña, pero que al final terminaría por ignorar , tal vez porque esa era una de las ventajas de ser su esposa.

Sin embargo, lo que recibió no fue un sermón. Sin aviso alguno, L la tomó del brazo con fuerza y la jaló hasta colocarla bajo el agua fría de la regadera.

-¡¿Qué te pasa?!-gritó ella, intentando salir con desesperación.

-Amane-san, ¿te sería muy difícil actuar como adulto por una vez en tu vida?

-¡¿Disculpa?! ¡¿Qué tiene que ver eso con esto?! ¡Quítate!

Él metió las manos en los bolsillos de sus vaqueros y le cedió el paso hacia la habitación.

-¿Consideras de personas pensantes el venir completamente ebria?

-¡Ah!, ¿ya vas a empezar a regañarme? Pero si tú tienes la culpa de que yo esté así

-Yo no te di alcohol, Amane. Lo único que yo hice fue buscarte.

-¿Y querer ahogarme bajo la regadera, qué?

-Escucha, no tengo ánimos de discutir, es tarde y tengo poco tiempo, pero por la mañana hablaremos de esto. Sólo te digo que si quieres que esto funcione, tendrás que dejar de tomar de esa forma.

-¿Si quiero que esto funcione?...¡¿en serio?!- Misa guardó silencio, mirándolo con incredulidad. L, quien ya estaba por cruzar la puerta, volvió sobre sus pasos para mirarla- ¡Si quieres que esto funcione, deja de ignorarnos!

-Yo no los ignoro

-¡Ah! ¿No nos ignoras? Te recuerdo que en toda nuestra cita el día de hoy no hubo ni un momento en el que me pusieras atención a mi ni a lo que decía.

-Sabías de sobra que tenía casos importantes que tenía que atender.

-¡Ya sé! Ya sé tus prioridades… pero tú no tienes una idea de lo que pasa en la vida de tus hijos ni en la mia, L. Estoy segura de que no sabías que a Ayumi y a Ren ya le están saliendo sus primeros dientes y que a mi los haters me están comiendo viva en redes sociales. Hoy quería que habláramos, por fin, para decirte que mis propios fans me están criticando porque un imbécil subió una estúpida foto que me tomaron en el gimnasio, entrenando con Namikawa. Me están llamando infiel, mentirosa y además de todo, gorda. ¡Ah, pero a tí no te importó!

-...¿Qué foto?... Misa yo no sabía que…

-No, claro que no. ¿cómo lo sabrías? Si ni siquiera un "hola" nos decimos.

-...Misa...

-¡Cállate! ¡Misa está hablando! No estás conmigo al despertar ni al anochecer. No nos vemos en el desayuno, ni en la comida, ni en la cena. Estamos en la misma casa, a pocos metros de distancia y me siento más sola que cuando me encerraste en Inglaterra.

-Escúchame...

-¡Ya no lo soporto! ¡Misa te necesita, L! Necesito verte, tocarte, saber que eres real y no un fantasma existiendo bajo el mismo techo…

Hubo silencio. Ella se desmoronó sobre la alfombra de la habitación. Al decir todo aquello, un gran peso liberó a su cuerpo y debilitó sus piernas. L no pudo más que escuchar sus sollozos, mientras un gran dolor provocado por lo que reconoció como culpa albergó su pecho. Quería hablar y decirle que todo aquello que estaba diciendo eran exageraciones provocadas por el alcohol en su organismo, pero por alguna razón, fuera intriga o consideración, prefirió callar y terminar de escucharla.

-…Misa te ama, L...

-Yo..

-Pero...-interrumpió- Misa sabe que una relación no se sostiene con el amor de una persona. Tú me lo hiciste ver cuando Misa amaba a Light y ya basta, Misa ya no puede más con esto...

Ella volvió a callar, pero esta vez para tomar valentía. Empuñó sus manos sobre su ropa mojada y apretó los labios. Las palabras se atoraban en su garganta, pero tenía que hacerlo, tenía que decirlo.

-Misa, ahora escúchame…

-L...Quiero el divorcio.


-¡Esta estúpida cosa se apagó!-gritó Misa a todo pulmón mientras azotaba el celular contra el sofá.

Estaba adolorida por el golpe que se había dado, pero eso no le impedía correr por todo el camerino en busca de sus cosas. Después de todo, si aquella mujer que la había encontrado cumplía su promesa de volver con ayuda, se retrasaría más de lo necesario y eso para ella era completamente impensable en ese momento.

-Misa, deberías tranquilizarte-pidió la Shinigami al verla moverse de forma desorientada

-¿Cómo puedes pensar tal tontería en este momento? Lo que necesito es irme ya a Inglaterra. Mientras ese tipo esté en el mismo país que mis niños y mi esposo, Misa no se va a quedar tranquila.

Rem sólo la observaba ir de aquí para allá a pasos apresurados y movimientos ansiosos, pero completamente decidida de lo que planeaba hacer.

-Eso es peligroso, Misa. Si Kira te ve…

-Ah, pero por eso te tengo a ti, mi querida Rem. Kira debe tener un shinigami y si tú lo ves, me puedes decir

-Eso no está permitido, Misa. Los shinigamis también tenemos reglas y eso ya lo sabías. Ni siquiera debería estar aquí.

-Umh… Bueno, entonces no importa. Soy famosa, mi nombre y mi rostro está en todos lados, así que si Kira quisiera matarme ya lo hubiera hecho, ¿no?

-Tal vez no sabe japonés

-Tal vez no…-paró de inmediato- ¡ESO ES! Debo decirle a Mello eso, tal vez sea importante

-No entiendo

-Yo tampoco. No del todo, pero el japonés es complicado ¿no lo crees? Y mi nombre está en ese idioma y se escribe con los kanjis de arena y mar, si esa persona lo escribiera con otros o si los trazos no fueran los correctos, no tendría efecto. Eso debería ser una pista

-Pero Yagami Light puede enseñarle

-Pero no lo ha hecho… Tal vez tenga otra cosa en mente y Mello pueda averiguarlo. Por lo mientras, tengo que perder el menor tiempo posible, irme a Inglaterra, aprovechar que Light no puede usar la Death Note y que gracias a la muerte de la esposa del director, la producción se detendrá unos cuantos días.

Misa sonrió triunfal y se miró al espejo, aunque la muerte de una persona inocente no estaba en sus planes, ahora tenía una oportunidad de deslindarse de sus obligaciones en Estados Unidos por un par de días y contarle en persona a Mello aquella deducción con la que se veía bastante contenta.

-¡Vámonos a Inglaterra!-mencionó en inglés y sin dudar un segundo más tomó sus cosas y se dirigió a la puerta que lo separaba del bullicio del staff, pero esta se abrió antes de que pudiera llegar a ella. La idea de que fuera la persona que la había encontrado en el suelo pasó por su cabeza como un hecho desafortunado y una pérdida de tiempo, sin embargo quien entró no fue una mujer.

-¡Eddie! Hola.

-Misa, ¿estás sola? -preguntó mirando toda la habitación al entrar-

-Claro, ¿por qué?

-Juraría que estabas charlando con alguien en japonés. Bueno, me enteré de que habías tenido un desmayo, ¿estás bien?

-Yo estoy muy bien, ¿dónde escuchaste eso?

-Lo dijo una maquillista.

-Ah, sí, es que en realidad Misa tropezó y quedó inconsciente un momento. No es nada grave

-Aún así deberías esperar a que un doctor venga y te revise, ya lo llamaron.

-Pero no puedo esperar, tengo que irme, en serio. Quiero… aprovechar que tenemos el día libre y hacer algunas cosas

-Ah, pues puedo acompañarte y así cuido de ti. Podemos ir a comer, tal vez no te has alimentado bien y por eso te desmayaste, porque no creas que me trago la excusa de que te caíste.

-No hace falta. Quiero hacerlo sola, así que si me permites…

Misa atravesó el marco de la puerta con intenciones de dejarlo atrás. Aunque lo conocía desde hacía poco tiempo, su actitud tan entrometida comenzaba a molestarla. Ese mismo día, incluso, se había llevado la mala experiencia de darse cuenta de que su compañero la investigaba en internet. Lo dejó pasar, era famosa a fin de cuentas, pero el hecho de ser su compañero de trabajo volvía aquella situación más que incómoda.

Por un momento llegó a verse a ella hacía unos años atrás, mientras insistía a Light por estar a su lado. ¿Así de molesta era? No, no podía, la comparación le parecía ridícula. Ella lo había hecho por amor. Él, sin embargo, parecía un acosador.

-¿Es por la Death Note?

Ella frenó de pronto y por inercia miró a su alrededor para asegurarse de que no lo hubieran escuchado.

-¿A qué te refieres con eso?

-Puede que no entienda japonés, pero es bastante fácil saber cuando un asiático menciona palabras en inglés y esas dos lo están. ¿Qué tal si me cuentas qué es?

-No es nada que te interese

-¿Es la razón por la que quieres irte a Inglaterra?

-Ya te dije que no es de tu incumbencia

-Lo es, porque eres mi pareja en esta película y si te vas, harás que perdamos mucho tiempo. Así que, ¿qué tal si entras y hablamos con más calma?

Eddie la invitó a pasar con un ademán y una sonrisa cínica en los labios, en sus ojos, Misa reconoció coraje por no haber aceptado su invitación.

Ella no pudo más que aceptar de mala gana y regresar al sofá de donde había se había levantado momentos antes. Él tampoco tardó mucho en ocupar un lugar a su lado.

-¿Qué es lo que quieres?- cuestionó molesta

-Voy a ser claro. Ya que tu esposo y tú están separados, podríamos aprovechar para salir a comer y, no sé… volvernos la pareja del momento aunque sea fingido.

-Olvídalo

-Piénsalo un momento, nos conviene que nos vean juntos -señaló a ambos. El tono de voz que utilizaba hacía sentir a Misa que él la trataba como una ignorante del medio- imagínalo: noticias en primera plana, nuestros nombres en la cima de la agenda setting de Hollywood, páginas de fans, memes de nosotros, fanfics pésimos que tardan meses en continuar…

-Soy una mujer ca-sa-da, Edward.

-¡Con mayor razón! El escándalo sería aún más caliente. Ya después de un rato, vendemos una entrevista exclusiva y terminamos con todo esto

-Definitivamente no. Qué simple para ti, pero yo me metería en muchos problemas. Además tengo dos hijos.

-Bueno, entonces no tengo otra opción más que decirle a todos que piensas incumplir con tu contrato.

-¿Piensas que caiga ante ese chantaje de telenovela? ¿Crees que me interesa?

-¿De telenovela, dices? ¿lo crees poca cosa? Tú no sabes cómo es la industria del cine en este país, hermosa. Aquí los americanos hacemos películas con americanos, nadie querrá contratar a una japonesa que por más bonita que sea. No es atractivo. Si se enteran de tu irresponsabilidad, ni siquiera querrán arriesgarse y tu carrera terminará antes de iniciar.

-Pues no me importa

-Sin contar el hecho de que las personas sabrán de la Death Note.

-Tú no sabes qué es

-No hace falta. La prensa se pinta sola para especulaciones

Misa apretó los dientes en un incómodo silencio que no tardó más de un minuto. Él se veía bastante convencido de su victoria.

-Tú… ¿Por qué? ¿Por qué eres tan malo con Misa?

-No soy malo, Misa- negó en un tono más relajado. Una de sus manos acarició brevemente una de las mejillas de la rubia- Me encantas, lo sabes, pero intento negociar y tú no te dejas.

La modelo suspiró, realmente no tenía tiempo para seguir discutiendo, pero tampoco podría irse sin llegar a un acuerdo. La sonrisa del actor también la incomodaba, se veía confiado y emanaba un aire de pésimo villano. A Misa se le antojaba que el lugar de Eddie estaba como guionista de serie de bajo presupuesto y no frente a las cámaras.

-Entiendo, pero… ¿no podríamos llegar a otro trato? Uno sin cámaras

Él lo pensó un momento.

-Bueno, sí hay otra forma.

-¿Y…? ¿Qué quieres? ¿Dinero?

-No, no es eso

-¿Entonces?...

Él comenzó a tocar su muslo con cautela, tentando el territorio, acción que Misa comprendió al instante.

-¿No puedes imaginarlo?-

Ella quiso gruñir y alejarlo de una patada, pero no le convenía. Rem, al darse cuenta de la incómoda situación se vio tentada a sacar su Death Note, pero un pequeño ademán por parte de su antigua acompañante se lo impidió. Después de todo, si él moría ahí, ella sería señalada culpable. Eso atrasaría más los planes de Misa y eso no le convenía en absoluto.

La rubia entonces se mordió un labio y se tragó el asco que estaba sintiendo sólo para acariciar la pierna del chico con la suya. El juego sería de dos y ella no pretendía perder.

-Misa… Lo sabía, no podías resistirte

-Entonces -se levantó de su lugar sólo para acercarse con lentitud hasta el estadounidense y sentarse en sus piernas. Fue entonces que ante su parálisis, ella se atrevió a besar la comisura de sus labios y recorrer su mejilla hasta su oreja. - Podríamos llegar a ese acuerdo y olvidarnos del otro...

Eddie titubeó por la rapidez con la que todo había sucedido, sobre todo porque el escote tipo V de la rubia estaba al nivel de sus ojos, llenándole la mente una buena idea de lo que podría hacer en ese momento.

-¿Quieres? -susurró acercando de sus labios, antes de alejarse lentamente por el asentimiento del otro- entonces vamos al hotel donde me estoy quedando, te aseguro a que serán muy discretos

-Muy lista, Misa. -Habló con cierto deje de enojo, sin dejarla alejarse de él-Pero yo aún tengo que ir por mis cosas, ¿Cómo sé que no escaparás?

Ella le sonrió con falsedad, ¿cómo alguien tan aparentemente adorable podía ser tan molesto?

-Confía un poco en mi ¿quieres? -

Y sin más, besó su cuello con lentitud tortuosa. Él no pudo reprimir la serie de gemidos que vino después. Su respiración comenzó a agitarse conforme sus movimientos también se hacían más ansiosos. La tomó de la cadera y guió el movimiento sobre su entrepierna por unos segundos, hasta que ella lo obligó a separarse

-Aquí no, ve por tus cosas.

-Aún no confío en ti- masculló mientras era dirigido a la puerta.

-Vamos, ¿qué puede pasar? Después de todo, hace meses que mi marido no me toca...

-Sabía que había una razón tan patética como esa para que estuvieran separados, no tardaré. No se te ocurra irte, preciosa.

-Te espero aquí, pero no tardes, ¿de acuerdo? Estoy ansiosa

Eddie corrió por el pasillo esquivando a las personas del staff que por fortuna no lo habían visto salir del camerino de la rubia. Si Misa hacía cuentas, no tardaría ni 5 minutos en regresar y si perdía más tiempo del necesario, tendría que seguir con aquel juego que para nada le hacía sentir cómoda. Cerró la puerta de su pequeño espacio de 4x4 metros y se recargó sobre ella con la mirada fija al techo.

-¿No pensabas irte?- habló Rem al ver que no se movía de su lugar-

-Sí, pero no ahora.

-¿Piensas irte con él?

-¡Claro que no!, qué asco…

-¿Entonces?

Rem, viste su nombre, ¿no? Escríbelo

-Misa…

-¿Qué?

-Pensé que no volverías a matar

-Ay, pero no lo haré yo, tú lo harás. Además nos conviene a ambas, tú no puedes estar en el mundo humano sin propósito y yo no puedo arriesgarme. Así que escríbelo en la Death Note y ponle una descripción bonita, algo que se vea natural y que no me involucre.

-Está bien, pero… ¿qué?

-Bueno, no sé. Light controlaba a las personas por un tiempo, podemos hacer que tenga algún accidente una vez yo me haya ido al aeropuerto o...no, no, no, ya sé, tengo una idea.

Tras pasar por sus pocas pertenencias partió al aeropuerto. La aparición de Kira era tan notable que las posibilidades de encontrar un lugar libre a Inglaterra habían sido absurdamente altas, incluso sobre las nubes le costaba trabajo creer que un vuelo como el suyo fuera tan vacío. Para cualquier persona aquello sería un sinónimo de comodidad y paz, sin embargo a ella aquello la ponía nerviosa por alguna razón. Supuso que gran parte de ello se debía a las cientos de películas de terror donde cosas malas sucedían cuando había pocas personas en un sólo lugar, o tal vez por las noticias de vuelos secuestrados.

Sacudió su cabeza.

Era ridículo que ella se preocupara por cosas claramente ficticias e imposibles cuando tenía a un Dios de la muerte y a una persona con una libreta mágica acechándola a ella, a su familia y al mundo entero.

Tomó su celular ya cargado y se dispuso a conectarlo al pésimo wi-fi que la aerolínea ofrecía. Esperaba encontrarse las redes estadounidenses estallando por la terrible noticia de la muerte "accidental" de su insoportable compañero, sin embargo su sorpresa fue otra. En todos los portales de noticias abundaban las notas que hablaban del fallecimiento de varios mandatarios del mundo y del mensaje de L.

Al ver aquella sola letra en Old Times un destello de esperanza surgió tan rápido como se apagó en ella. Pensar en la sola idea de que su esposo estuviera despierto la llenaba de emoción, pero dadas las circunstancias, lo más seguro era que el mensaje fuera de Mello.

-Rem-susurró- mira esto

Ella obedeció.

-¿Crees que esto haya sido obra del propietario o de Light Yagami?

Misa levantó los hombros, realmente no entendía la gravedad del asunto pues para ella, eso sólo significaba que aquellas personalidades habían hecho algo malo ante los ojos de Kira.

Ignoró todas aquellas notas, si no se trataba del verdadero L, podría esperar un poco más para escuchar aquel importante mensaje que tanto provocaba a las redes sociales.

Abrió el buscador y tecleó el nombre de su compañero de filmación. Las pocas notas que encontró le hicieron reír en sus adentros. Según los portales digitales, Eddie había salido del set, había parado en un restaurante que visitaba con frecuencia y se había ahogado con la comida.

Ella estaba satisfecha, ¿qué mejor muerte que una simple? Si hubiera optado por un accidente de auto, por un ataque al corazón o un suicidio, la policía se daría a la tarea de investigar, no sólo a él, sino a todos con los que habían tenido contacto antes de su muerte, y el hecho de haber huido a otro país la habría convertido en la primera sospechosa.

-Los humanos son tan frágiles- comentó Rem inocentemente y en ese momento, la sonrisa de Misa desapareció.

Rem tenía razón.

¿Qué tan idiota tenía que ser para pensar que un humano era un ser invencible? Tomaba como ejempl Kira: El primero, L, tan enigmático y poderoso, capaz de mover a los líderes de los países más importantes con sólo aparecer una letra en sus computadoras. Había recolectado tantos frutos, se había ganado tanta fama y odio, que sólo mencionar su nombre imponía respeto. Pero tanto mito y tanto esfuerzo por mantenerse oculto no lo volvía inmortal y ahora estaba postrado en una cama, lastimado y posiblemente sin poder despertar algún día.

El segundo se autoproclamó Dios por tener el poder de matar con sólo un movimiento de su pluma en mano. Y ella… ella no había sido menos que él. Sin temor a alabarse a sí misma, diría que había sido incluso más poderosa que Light Yagami.

Los dos habían subido tan alto que la caída fue súmamente dolorosa. Él había muerto y ella se había encargado de ello, y ahora, 5 años después de aquella dramática muerte, Misa ya no tenía a su familia junta. Su vida ideal había durado tan poco que ya no recordaba cómo era.

Todo se pagaba y entendía muy bien que las personas que usaban la Death Note serían infelices, pero nunca había tomado importancia de ello hasta ese momento en que su vida se iba derrumbando poco a poco frente a sus propios ojos.

-¿Qué sucede? ¿Fue algo que dije?

Ella negó con la cabeza, era lo único que podía hacer en ese lugar si no quería ser tomada como loca. Bajando del avión se pondría hermosa, iría a ver a su esposo- posiblemente por última vez- y luego ayudaría a buscar a Kira. Sabía que moriría en el intento, pero lo aceptaba. Recibiría con gusto todo el sufrimiento y la penumbra traída por la Death Note, si con eso lograba que sus hijos y L estuvieran a salvo y vivieran felices.

Lo único que necesitaba era robarle un beso que le diera fuerza.


Hoy hubo mucho de Misa, pero consideraba justo que ella apareciera. En el siguiente capítulo viene ya el encuentro /0/