Lo que Nadie le(s) Dijo

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío

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Parte 2 Los Días de Ellas

Yuriko no sabía sin sentir pena o reírse a todo pulmón, sobre todo al saber que a Honoka no le molestaría ninguna de las dos acciones. No cuando era Honoka quien caminaba como si le hubieran dado una paliza. Estaba adolorida pero al menos podía andar por sí misma sin quejarse tanto. De no haber tomado la proteína que Nagisa le recomendó, quizá estaría peor y no habría podido levantarse de la cama.

Pasó su jornada escolar con toda la dignidad que pudo. Sólo algunos de sus compañeros le preguntaron si estaba bien al ver su raro andar y Honoka respondió que sí. Sólo Yuriko sabía el por qué y no podía dejar de sonreír a falta de una mejor reacción.

"Puedes reír si quieres, todo lo que quieras, es obvio que te has resistido a hacerlo", dijo Honoka mientras ambas iban a comer algo a la cafetería. El que las dos ya no estuvieran en una relación romántica no quería decir que no pudieran pasar el rato como amigas.

Yuriko le tomó la palabra y se echó a reír a carcajada limpia y abierta, incluso se retiró las gafas un momento para secarse un par de lágrimas fugitivas. "Lo siento, en verdad lo siento, es que te ves muy graciosa caminando así".

"Lo imagino, me siento rara caminando así, nunca había tenido dolor muscular", confesó Honoka con un suspiro y fue ella misma quien se retiró sus propias gafas. Sólo las usaba para leer después de todo.

"¿Irás hoy al gimnasio?" Preguntó una curiosa Yuriko.

"Me gustaría", porque podría ver a Nagisa. Enseguida negó con todo el dolor de su corazón… Y de su cuerpo. "Pero no lo haré, no estoy en condiciones de hacer ejercicio. Me recomendaron no asistir si sentía mucha molestia en el cuerpo y haré caso. Aunque sí me recomendaron una caminata para no sufrir demasiado lo que estoy sufriendo ahora mismo".

"Oh, comprendo", Yuriko se acomodó las gafas una vez más y ambas entraron a la cafetería. La comida no era del todo buena pero el café era fantástico y la elección segura siempre era el ramen.

Honoka estaba lo suficientemente hambrienta como para pedir un ramen en lugar de esperar a llegar a casa y cocinar algo más trabajado. La cocina la reservaría para la cena. Ya con sus tazones de ramen en manos, fueron a una mesa para comer y charlar de manera pausada. Así solía ser desde que se conocieron y para Honoka era agradable la compañía de Yuriko, eso nunca lo negaría. Además eran excelentes compañeras de estudios al menos en las clases que compartían.

"¿No te gustaría inscribirte también al gimnasio?" Preguntó Honoka a media comida.

"A decir verdad… No, gracias. No quiero terminar como tú ahora", respondió Yuriko con una sonrisa divertida. "Estoy en mi peso y tengo mejor posición que tú cuando me siento. Pero si llego a necesitarlo, te acompañaré", agregó.

Honoka rió un poco, ciertamente Yuriko era más activa que ella y la veía correr de un lado a otro por la universidad. Honoka caminaba más bien con calma, no solía andar con prisas. Y hablando de caminar, debía hacer lo que Nagisa le recomendó y dar una caminata. Había un parque cerca del edificio de apartamentos donde vivía, no le vendría mal un paseo por ahí y leer en una banca cuando terminara. No era un mal plan.

Ambas terminaron su comida en silencio. Yuriko tenía que algunos pendientes por terminar en la biblioteca. Yuriko se quedaba en los dormitorios de la universidad, así que se despidió de Honoka al menos por ese día.

Honoka y su manía de estudiar de más y hacer sus trabajos por adelantado cuando la oportunidad se lo permitía, le dejaba un tiempo libre bastante disfrutable varias veces por semana. En serio no le faltaban ganas de ir al gimnasio pero tampoco quería lastimarse y quedar inutilizada hasta para ir a clases sin morir a cada paso. Lo mejor era controlarse un poco. Que se sintiera atraída a primera vista por su entrenadora no sería raro, Honoka solía encontrar el atractivo de las personas según el momento.

En Yuriko lo encontró en su brillante mente llena de ideas y en su actitud repleta de ánimos, además de sus incansables ganas de trabajar y dar lo mejor de sí. Primero se hicieron amigas y luego dieron un paso más, pero las cosas no salieron del todo bien luego de un tiempo, y no precisamente por falta de amor. Más bien, todo lo que se trataban de profesar la una a la otra a veces se sentía más por compromiso que por realmente sentirlo. Ambas lo percataron y decidieron dar un paso atrás antes de terminar de mala manera. Ser amigas de nuevo se sentía muy bien.

Por otro lado, Honoka admitía que fueron la sonrisa y el atractivo físico de Misumi Nagisa lo que la hizo caer fulminada desde el primer momento. Tenía permitido admirarla, ¿verdad? No era como si fuera a lanzarse sobre su entrenadora de la nada, no, no lo haría. Volverse amigas no sería mala idea, pero se estaba yendo demasiado lejos cuando claramente lo que había ahí era relación profesional.

Rió un poco, sus pensamientos se estaban proyectando demasiado lejos, pero nadie podía culparla, tenía la mente clara y el corazón libre. Tenía derecho a pasarla bien al menos por cuenta propia.

Entre esos y otros pensamientos, Honoka dio su caminata planeada por el parque pero decidió volver a casa y leer más cómodamente cuando la tarde casi se hizo noche. Tenía algunas cosas más por hacer antes de terminar el día.

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Nagisa estaba lista para finalizar su jornada laboral. Como era de esperarse, su nueva clienta no se apareció en el gimnasio ese día pero el que ya tuviera asegurado su bono extra le decía que ella iba a volver pronto. Mientras, atender a sus otras clientas como la profesional que podía llegar a ser era divertido a momentos, también cuando éstas señalaban a tal o cual chico de los que estaban entrenando.

A la joven entrenadora no le sorprendía que el más popular de todos los jóvenes varones presentes al momento fuera el futbolista Fujimura Shougo, justamente al que ella admiraba de lejos y al que no se podía acercar por más de una razón. Después de todo, él era parte del equipo de fútbol del que toda la universidad estaba orgullosa. Los jugadores debían dar todo de sí, y todos lo hacían, eso le constaba. Para ellos en especial se requería de entrenadores más capacitados, un par de ellos precisamente exfutbolistas graduados de la misma universidad que sabían qué consejo darle a cada jugador para maximizar sus puntos fuertes, y también mejorar sus lados débiles.

Nagisa aprendía mucho escuchándolos, pero no podía aplicar esos conocimientos en sus clientes cuyo nivel de entrenamiento estaba en el básico.

Con mirar le bastaba, eso pensó.

Lo que no pensó fue que un rostro conocido se le acercara. Hasekura Kazuki, un jugador de baloncesto que conoció propiamente en el gimnasio, no compartían clases. Lo saludó de buena gana, era bastante amigable después de todo.

"Hey, Nagisa, ¿qué tal todo?" Preguntó el chico con una sonrisa inmensa.

"Ya terminé mi turno y estoy lista para volver a casa. Estoy muerta", respondió Nagisa con un suspiro cansado pero con una sonrisa visible. "Buen trabajo en tu entrenamiento", no que le hubiera puesto demasiada atención, sólo la necesaria que merecía todo cliente del gimnasio. Y también para vigilar que los chicos no hicieran el tonto con los aparatos y las pesas, a algunos se les salía de las manos el juego rudo y nadie quería una lesión.

"Muchas gracias. Estoy preparándome para el torneo", dijo el alegre Kazuki. "Muero de hambre", y con la misma sonrisa, hizo un gesto que claramente invitaba a acompañarlo. "Iré a mi local de ramen favorito, ¿te gustaría ir conmigo? Yo invito".

Nagisa parpadeó un par de veces. Ya había pasado un tiempo desde que un chico la invitó aunque fuera a una salida casual y amistosa. No lo pensó demasiado, el chico no le desagradaba y además la iban a invitar, su sonrisa fue automática.

"¿Ramen? ¡De acuerdo! Deja que me duche rápido y me cambie", respondió Nagisa de inmediato, ya podía saborear su cena por adelantado.

"Yo debo hacer lo mismo, nos vemos en la entrada", dijo Kazuki y fue rápido a los vestidores/duchas para hombres.

Unos veinte minutos después, ambos se reunieron en el sitio acordado. Nagisa se despidió de sus jefes y se retiró del gimnasio al lado de Kazuki. Para las fanáticas de Nagisa que seguían ahí, la imagen de la entrenadora junto a un alto y guapo muchacho era de ensueño. Para Nagisa no era para tanto, Kazuki era un agradable conocido, puede que no tan cercano pero si algo le gustaba a Nagisa era socializar.

Llegaron al local de ramen prometido, estaba un poco fuera de su ruta habitual así que a la universitaria le resultaba nuevo el sitio. No era demasiado grande, apenas tenía media docena de mesas pequeñas además de la barra, los que cocinaban eran dos ancianos y era una chica quien servía las mesas. De hecho saludaron a Kazuki, lo que quería decir que era un cliente habitual de ahí.

Nagisa aceptó el especial del día y comenzó a comer de buena gana ni bien le dejaron enfrente el enorme tazón de ramen.

"¡Buen provecho!" Fue todo lo que dijo antes de atacar el platillo.

Kazuki soltó una alegre risa y también comió, pero era complicado seguirle el paso a Nagisa. Lo intentaba pero no podía. "¿Está delicioso, verdad?" Preguntó y su acompañante sólo asintió entre bocados.

"Sabe genial", dijo, preocupándose poco por hablar con la boca llena. "Gracias por traerme".

"La verdad tenía planeado invitarte desde antes", respondió el basquetbolista con un ligero gesto de pena y una sonrisa nerviosa.

Sus palabras obligaron a Nagisa a hacer una pequeña pausa, de hecho tragó con fuerza su bocado y le miró sin levantar del todo el rostro. Claro que sabía lo que Kazuki trataba de decir, y tampoco era como si algo le impidiera permitirle avanzar más. Es decir, eran un chico y una chica que se agradaban y que tenían muchos intereses en común, ¿o no?

A sabiendas que una invitación como esa nunca la iba recibir de la única persona que la hacía suspirar, y que además estaba soltera y sin compromisos, sólo atinó a sonreír. Su sonrisa no era enorme, estaba algo avergonzada pero no por ello se mostraba incómoda… No tanto. Kazuki sonrió ampliamente al ver su gesto.

"Claro, podamos venir otro día que ambos estemos libres, sabes que apenas si tenemos tiempo", dijo Nagisa mientras regresaba su atención al ramen aún caliente.

"¡Genial! Aprovechemos la siguiente oportunidad, ¿de acuerdo?"

"De acuerdo".

Compartieron una sonrisa y siguieron cenando. Nagisa pidió un par de tazones más pero esas los pagó de su propio bolsillo, tampoco quería abusar de la invitación de Kazuki. Pidieron un par de latas de cerveza ligera, lo tenían permitido siempre y cuando no bebieran demasiado, y luego de una agradable cena ambos regresaron juntos a la universidad. El chico también se quedaba en los dormitorios después de todo.

¿Lo único malo que sucedió? Olvidó las galletas de arroz prometidas. ¿Lo bueno dentro de lo malo? Katsuko estaba dormida para cuando llegó y procuró no hacer nada de ruido para no molestarla, y mucho menos despertarla. Hizo su tarea faltante en su cama usando la luz de su teléfono.

No fue un mal día.

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Honoka iba camino al gimnasio, estaba confiada porque se sentía físicamente capaz de hacer los ejercicios que le pusieran. También iba contenta, podría ver a su atractiva entrenadora de nuevo y eso francamente la emocionaba. Aprovechó ese par de días de descanso para ir de compras y tener al menos un par de mudas más de ropa deportiva. Ésta vez eligió prendas de licra, algo ajustado para estar más cómoda. O eso pensaba, todas las demás chicas que vio en el gimnasio usaban ese tipo de prendas y se movían con bastante soltura.

Esperaba confirmar su teoría apenas llegara al gimnasio y se pusiera a trabajar.

Mientras, en el gimnasio, Nagisa despedía a una de sus clientas y aprovechaba para limpiar y ordenar los aparatos que habían ocupado. No había mucho escándalo, ésta vez no estaban los futbolistas ni muchos de los jugadores habituales, seguramente entrenaban en las canchas de la universidad. Estaba al tanto de éste último dato porque antes de conseguir trabajo le gustaba ver entrenar a Fujimura luego de clases… Desde lejos, claro, no quería quedar en evidencia y tampoco estar con el resto de chicas de su club de fans. Le gustaba admirarlo por cuenta propia y disfrutar del momento.

Ahora sus momentos se limitaban a verlo en el gimnasio, pero sólo cuando podía y no estaba muy ocupada haciendo el trabajo por el que le pagaban una decente cantidad de dinero.

Y hablando de trabajo, Nagisa sonrió ampliamente al ver a su más reciente clienta. Era imposible pasar por alto ni olvidar a alguien tan bonita como esa chica. Yukishiro Honoka, sí, por supuesto que recordaba su nombre. La recibió con una sonrisa.

"¡Hola, Honoka! ¿Cómo te sientes, eh?" Preguntó Nagisa con un amplio gesto de contento.

"Ya me siento mejor, gracias. Hice lo que me dijiste, di unas caminatas en un parque que me queda cerca y ya no siento que mi cuerpo está hecho de concreto", comentó Honoka de manera casi cómica. Casi, porque su gesto estaba un poco serio, tanto como podía.

Nagisa de todos modos se echó a reír.

"Me alegra mucho. De acuerdo, ve a cambiarte y te pondremos a trabajar", dijo Nagisa con una sonrisa más amplia. "Nos desharemos de tu lindo cuerpo de malvavisco", comentó con una risa pequeña. "Eres bastante guapa, créeme, pero te verás mucho mejor cuando termine contigo", agregó de manera bastante gratuita.

Honoka tuvo que esforzarse mucho en no sonrojarse, pudo sentir cómo sus mejillas comenzaban a calentarse. Se apresuró a ir a los vestidores de chicas. "Enseguida regreso", fue lo único que pudo decir antes de escapar de manera más bien lamentable.

Pero el sonrojo no pasó desapercibido para Nagisa. Se sintió un poco apenada y se llevó una mano a la nuca. Quizá estaba hablando un poco de más. Solía dedicarle uno o dos cumplidos a sus clientas habituales, pero ésta vez se sintió algo extraño que no pudo explicar pero que pronto dejó de lado. No tenía tiempo de comerse la cabeza con temas complicados cuando tenía que vigilar al resto de los clientes cerca de ella. Justamente eso sucedió.

Rápidamente fue a auxiliar a una chica que tenía problemas para levantar unas pesas. Estaba cargando más de lo que debería y rápidamente la corrigió para evitar que sucediera algo feo. Apenas arregló ese problema, regresó con Honoka, que ya estaba cambiada y lista. Lo que no esperaba era que se viera bastante bien en esa ropa que llevaba.

Por su lado, Honoka encontró la ropa bastante cómoda para moverse pero rara de usar, no solía vestir prendas tan ajustadas. Mallas de licra a la rodilla y una camisa para dama del mismo material. Tenía su toalla de mano lista e incluso su calzado nuevo combinaba bien. Iba de blanco y azul. Hizo algunos movimientos y, sí, era cómodo moverse.

Nagisa se aclaró la garganta de manera ruidosa. Cualquier cosa le servía para no sentirse rara al ver a Honoka.

"¿Estás cómoda? La vez pasada traías algo más holgado", comentó Nagisa a manera de mantener su profesionalidad en alto.

"Sí, me puedo mover bien. No es mi tipo de ropa, pero es la adecuada. Supongo que pronto dejaré de ponerle tanta atención", comentó Honoka. Aunque sin duda llamaba la atención, atrajo más de una mirada de los chicos que estaban no muy lejos con sus propios ejercicios.

Era de esperarse, eso pensó Nagisa, pero no pensaba permitir que algo interrumpiera su trabajo y mucho menos el ejercicio de Honoka. No tardó en recuperar su sonrisa habitual. "De acuerdo, harás el mismo calentamiento que la vez anterior. Cuando termines, irás a la barra. Otra vez sin peso", indicó Nagisa, ya recuperada.

"De acuerdo, lo que tú digas", dijo Honoka con una sonrisa y comenzó con su calentamiento. Había aprendido los ejercicios de memoria y agradecía que su cuerpo ya no le doliera tanto. Le molestaba un poco pero estaba en un rango tolerable y podía moverse sin demasiados problemas.

Y con eso, el entrenamiento del día comenzó oficialmente.

La tarde se fue como agua, esa y las siguientes tardes que Honoka fue al gimnasio.

Conforme pasaban los días hasta convertirse en semanas, Honoka sentía la diferencia. Los ejercicios le estaban ayudando mucho, incluso le facilitaban a conciliar el sueño por las noches. No sabía que lo que tenía era un exceso de energía que sus horas de estudio no quemaban por completo. Además, podía manejar mejor las herramientas y maquinarias de su curso, incluso sin ayuda. Tomó a pecho todas las indicaciones de Nagisa e incluso sus manos eran más fuertes. Estaba contenta con ese cambio.

Mención aparte, hablaba de manera más suelta con Nagisa, incluso bromeaban y se trataban con bastante naturalidad.

Podrían no tener una relación puertas afuera del gimnasio, pero no se quejaba. Podía ver a su crush de tres a cuatro veces por semana. Y todo debía quedar en una simple admiración luego de lo pasado el día anterior… ¡Nadie le dijo que sus amigos de la infancia asistían a ese gimnasio! ¡Hacía años que no sabía de ellos, habían perdido por completo el contacto!

Fue gracioso en parte, sobre todo al saber que su crush tenía un masivo crush con uno de sus queridos amigos de la infancia. Imposible no darse cuenta y mucho menos olvidarlo.

Sucedió un jueves. Llegó al gimnasio un poco más temprano que de costumbre. Tenía que atender un taller nocturno y no llegaría a tiempo si iba al gimnasio a la hora de siempre. Llegó una hora antes y grande fue su sorpresa al toparse con el sitio casi a tope. Había muchos chicos, todos enfundados en un mismo uniforme, pero las personas que de inmediato le llamaron la atención fueron dos.

Apenas si pudo saludar a Nagisa y decir un par de cosas, una de ellas fue que le esperara un momento.

Para Nagisa fue una enorme sorpresa que Honoka se acercara a los futbolistas. Más precisamente a él.

"¡Honoka! ¡Qué sorpresa verte aquí!" Exclamó Fujimura Shougo con sumo contento.

Quien también estaba contento era Kimata, que de inmediato comenzó a revolverle el cabello a la chica. "¡Pero si es nuestra pequeña Honoka! ¡Qué alegría verte!"

"También estoy sorprendida de verlos", dijo Honoka mientras se dejaba abrazar por ese par de bruscos, que incluso la levantaron un poco en el abrazo. De inmediato notó que el resto de sus acompañantes les miraban. Le sonrió de nuevo al par. "No quiero quitarles mucho tiempo, seguro que están ocupados. Terminen lo suyo primero".

"No nos iremos de aquí hasta que intercambiemos números", dijo un feliz Fujimura.

"Definitivamente tenemos que celebrar esto", agregó Kimata y finalmente la soltaron. "Nosotros estaremos por acá".

"Y yo por allá con mi entrenadora", señaló Honoka y con un gesto apuntó hacia Nagisa.

Por su lado, Nagisa estaba entre sorprendida y emocionada. Nunca le había visto ese gesto al chico que le gustaba. Esa sonrisa era galante y bastante linda, si debía calificarla de alguna manera… ¡Y además era amigo de Honoka! ¡Nadie le dijo que podría haber tantas coincidencias en ese mundo tan grande!

Además, era claro que solamente tenían una relación amistosa, pero de ser sólo eso, ¿por qué se sintió extraña al verlos así? Seguramente por la sorpresa. Dejó todos esos pensamientos de lado, al menos por el momento, y de inmediato volvió a su humor habitual cuando Honoka regresó con ella.

"Iré a cambiarme, no tardo", dijo y de inmediato fue al vestidor.

"De acuerdo", respondió Nagisa y siguió con la mirada a Honoka hasta que ésta desapareció de vista. Lo que no esperaba pero que le cayó como un regalo directo de los dioses, fue cuando Fujimura Shougo se dirigió directamente a ella.

"Te la encargamos, por favor, es nuestra hermanita", dijo el chico con alegre voz y esa sonrisa amplia. Kimata a su lado asintió.

Nagisa sintió que todo su sistema colapsaba. No pudo evitar un intenso sonrojo mientras su cuerpo temblaba, se llevó una mano a la nuca en clara señal de nerviosismo. Como mejor pudo le devolvió el gesto.

"¡Déjenmela a mí!" Respondió con voz aguda, al menos la que le pudo salir de la garganta. Toda ella era una fiesta por dentro, ¡mejor dicho un carnaval! Estaba tan feliz que la sonrisa no se le borraba de la cara.

Para cuando Honoka regresó, notó el gesto de Nagisa y cómo miraba de reojo precisamente hacia donde estaban sus hermanos postizos, sus tontos y queridos amigos de la infancia.

"Estoy lista", dijo Honoka apenas revisó las agujetas de su calzado.

Al momento de escucharla, Nagisa sacudió la cabeza. Fueron el gesto y la voz de Honoka las que de alguna manera le devolvieron el piso y la ayudaron a recuperar su sinapsis. La joven entrenadora suspiró hondo y asintió a Honoka.

"De acuerdo, comencemos con el ejercicio. Me sorprende que llegaras una hora antes".

"Tengo que ir a un taller nocturno y debo estar a tiempo. Tuve suerte de alcanzar lugar", informó Honoka mientras hacía el debido calentamiento.

"Genial, entonces comencemos de una buena vez", dijo Nagisa con los ánimos bastante en alto. Y justamente se animó a preguntar un poco más sobre lo que acababa de ver. "Por cierto, no sabía que conocías a esos chicos, van a mi universidad también", dijo con un tono muy casual.

"Shougo y Kimata, sí, son mis amigos desde que tengo memoria. Más como hermanos en realidad, crecimos juntos pero les perdí el rastro cuando nos graduamos de secundaria", contó Honoka con la misma voz casual. No era necesario preguntar demasiado cuando las miradas fugaces de Nagisa decían todo, Honoka era buena observadora, justo como una futura científica debía ser. Sonrió de todos modos, así eran las cosas.

"Oh, ya veo, comprendo, con razón se pusieron tan contentos de verte", dijo Nagisa en afán de continuar con el tema. Y por mucho que estuviera interesada en el chico, no descuidaba lo que hacía Honoka, incluso corrigió un par de veces su posición. "Y tú también te pusiste muy contenta", tampoco le pasó desapercibida la enorme sonrisa y alegría de Honoka.

"Son mis hermanos, qué puedo decir".

Ambas compartieron una sonrisa y siguieron con el entrenamiento. Pasado un rato, Nagisa y Honoka no notaron cuando el entrenador del equipo de fútbol dio por finalizado el entrenamiento y mandó a todos a las duchas. Fujimura y Kimata pidieron un momento para ir en dirección a Honoka. Ésta precisamente estaba en una máquina para aumentar la fuerza y firmeza de sus piernas, estaba en su último set de repeticiones y se notaba su esfuerzo.

"¡Vamos, Honoka, puedes darme las diez que faltan, hazlo con calma!" Nagisa le animaba de buena gana. "Toma tu tiempo, no te apresures y sigue respirando. Puedes terminar con las repeticiones".

"De acuerdo", respondió Honoka, resintiendo el esfuerzo de su cuerpo, sudando como buena mortal y sintiendo cómo los ánimos de Nagisa de alguna manera le daban la fuerza para seguir levantando las piernas con ese ligero peso extra que lo hacía desafiante. Estaba llegando a su límite mientras Nagisa hacía la cuenta regresiva de las repeticiones restantes, pero pronto escuchó cuando dos voces más se unieron.

"¡Vamos, Honoka! ¡Ya casi terminas!" Le animó Shougo con mucho contento. Nunca, ni en su más loca imaginación, se hubiera imaginado a Honoka en un gimnasio. Ni de niños consiguieron que ella jugara fútbol con ellos.

"¡Anda, Honoka, sólo unas pocas más!" Fue el turno de Kimata de animarla de ruidosa manera. "¡Puedes hacerlo!"

Mientras Honoka daba todo de sí gracias a esos ánimos. Nagisa estaba roja hasta las orejas. Precisamente él se acercó y eso la puso lo suficientemente nerviosa como para no levantar la cara, en cambio, le ayudaba mucho concentrarse en Honoka para mantenerse en pie.

"Cuatro… ¡Vamos, Honoka! Tres… Dos… ¡Uno!" Siempre se sentía como un pequeño logro cuando lograba que sus clientes mostraran sus avances. "¡Buen trabajo!"

"Gra-gracias", respondió Honoka entre grandes respiraciones. "Y gracias a ustedes también", enseguida se dirigió a los chicos.

"Lo estás haciendo genial, Honoka", dijo Fujimura con una sonrisa. "Nosotros debemos irnos con nuestro equipo, pero quedamos en intercambiar números".

"Ah, dejé mi teléfono en los vestidores. Y seguro que ustedes tienen prisa, voy a…"

Y entonces sucedió, Nagisa se atrevió a lo imposible. Se aclaró la garganta. "Yo… Perdón por interrumpir. Tienes las piernas cansadas, te irás de boca a piso si te levantas ahora. Deja que yo anote y te paso los números cuando terminemos", dijo casi sin respirar, enseguida miró al par de chicos. "Si está bien para ustedes, claro", agregó con un tono nervioso y tímido.

"¡Eso sería genial, gracias!" Exclamó Kimata.

"Muchas gracias", dijo Fujimura con una sonrisa bastante linda a ojos ajenos.

Nagisa corrió al mostrador por hoja y pluma y regresó en cuestión de segundos. Los chicos anotaron sus respectivos números y le devolvieron la hoja a la entrenadora. Después de todo, Nagisa usaba una chaqueta deportiva con bolsillos, mientras que Honoka no.

"Debemos ir con los demás o el entrenador va a gritarnos", dijo Shougo apenas Nagisa guardó la hoja de papel. "No olvides mandarnos un mensaje, ¿de acuerdo?"

"De acuerdo. Me alegra mucho verlos de nuevo", respondió Honoka, aun recuperaba el aire.

"Nos vemos pronto", Kimata fue el primero el despedirse. Enseguida miró a Nagisa. "Y gracias por el favor".

"N-no fue nada", aunque nerviosa, pudo hablar.

"¡Hasta pronto!" Exclamó Fujimura. Kimata le pasó el brazo por el cuello de manera juguetona y ambos fueron al vestidor de chicos entre risas.

Nagisa y Honoka los siguieron con la mirada hasta que desaparecieron de vista. Fue la entrenadora la que sacudió la cabeza para recuperar el piso, incluso se aclaró la garganta. Honoka, pese a su agotamiento físico, no pudo evitar una sonrisa al ver el gesto de su entrenadora. Por supuesto, era de esperarse.

"Sigamos", dijo Nagisa, ya más recuperada.

"De acuerdo".

CONTINUARÁ…