Lo que Nadie le(s) Dijo
Por: Escarlata
Precure pertenece a Toei, el plot es mío
~o~o~o~o~o~
Parte 3 La Luz Verde es para Avanzar
"Oh, ya veo, entonces por eso entraste al gimnasio", dijo Shougo luego de darle un último trago a su soda, ya casi se había terminado su pasta al igual que su compañero.
"Desde que tengo memoria, puedes quedarte mucho tiempo quieta leyendo y observando cosas, es normal que la espalda comenzara a molestarte más temprano que tarde", comentó Kimata. A la mente le llegaba cuando eran niños y Honoka se quedaba horas enteras viendo flores e insectos en la ribera del río, perfectamente quieta, sin moverse. También leyendo, que era su actividad favorita, mientras ellos correteaban de un lado a otro con el balón.
Honoka sólo pudo asentir a ambos.
"Admito que los resultados han sido positivos. Mi cuerpo se siente más fuerte y soy más productiva en el taller", informó con una sonrisa. Ella ya había terminado de comer su emparedado y su café, sólo esperaba a que ellos terminaran.
Los tres estaban en una linda cafetería en la zona comercial del centro de la ciudad, el domingo les quedó bien para reunirse luego de tantos años y, además, ese día los chicos no tenían partido ni entrenamientos, eran libres de disfrutar su día y decidieron pasarlo con su querida hermanita. A dicha hermanita, por cierto, le alegraba mucho que ellos aún le tuvieran esa ciega confianza como para contarle a detalle cómo estaban las cosas entre ellos dos luego de esos años de no verse.
Honoka no era nadie para juzgar y por supuesto que nunca lo haría, mucho menos cuando, graciosamente, los tres estaban en el mismo camino. Por supuesto que se los hizo saber apenas ellos le confesaron que estaban saliendo juntos.
"Me alegra escuchar eso, ya verás cómo irás ganando más fuerza con el tiempo y nada podrá detenerte de construir un cohete por ti misma", comentó Fujimura con una risa que no pudo contener. Honoka era una chica llena de ideas y bastaba con que tuviera las herramientas para hacerlas. Algo que sin duda le faltaba era la fuerza y la estaba ganando al fin.
"¿Y hay algo más que todos esos accidentes de laboratorio de los que nos has contado?" Preguntó Kimata con una sonrisa amplia. "¿Alguien que te llame la atención luego de esa chica Yuriko?" Se notaba muy curioso al respecto, su sonrisa lo decía.
El par de chicos sonrió al ver que Honoka se ruborizaba y no tenía manera de esconderlo.
"Justo ahora me estoy concentrando en mis proyectos, la verdad no… Bueno", Honoka suspiró hondo. "Sí, me llama la atención alguien pero no haré nada, a ella le gustan los chicos y lo último que haría sería molestarla", no había necesidad de decir quién era, ¿verdad? Por suerte, sus hermanos lo entendieron y no pidieron más detalles.
"Esas cosas pasan", dijo Fujimura con una sonrisa comprensiva. Le dio un cariño en la cabeza a su hermana. "Si alguna vez necesitas hablar, puedes llamarnos, ¿de acuerdo?"
"De acuerdo", respondió Honoka con una sonrisa, no le molestaban esos cariños. "¿Y ustedes no han tenido problemas?" Estaba curiosa, era totalmente consciente de la situación de personas como ellos tres en su hermoso y conservador país.
"Nos la arreglamos bien", fueron las calmadas palabras de Kimata. "Somos discretos y lo seremos hasta que llegue el momento", eso lo dijo con voz más bien seria. "Haremos bien lo que nos toque hacer, y no es asunto de nadie más lo que hacemos nosotros puertas adentro".
"Comprendo", dijo Honoka con una sonrisa pequeña. "Me alegro por ustedes". Ser discretos era lo mejor, sobre todo si serían figuras mucho más públicas a futuro, ya podía imaginarlos en alguno de los más populares equipos de la liga de fútbol nipona. Por cierto, que sabía de fútbol por simple ósmosis gracias a ellos. No estaba al tanto de los mejores equipos y jugadores actuales, pero al menos ya estaba actualizada en cuanto quiénes eran los jugadores y equipos favoritos de sus amigos de la infancia.
Pensar que ellos llegarían a ser los jugadores favoritos de los niños la hacía sonreír.
"Ya terminamos aquí, ¿quieren ir a otro lado?" Preguntó Fujimura apenas ambos terminaron su comida y bebidas.
"Vayamos al parque, hace un lindo día", respondió Honoka y sus acompañantes asintieron. Ya habían platicado de casi todo lo que creían relevante hasta el momento, pero querían pasar un rato más juntos mientras seguían conversando de otros temas quizá menos serios.
Aunque los tres habían cambiado a lo largo de esos años, Honoka encontró a su par de hermanos igual de tontos, molestos y adorables como lo eran de niños. Tenían las mismas sonrisas, los mismos gestos, les seguían gustando las mismas comidas y su pasión por el fútbol era una realidad en la que estaban trabajando juntos. Lo que notó, sin embargo, era que Shougo seguía teniendo esa vena infantil de niño travieso al que le gustaba jugar y ser menos serio, mientras que Kimata quería verse más adulto y maduro.
A su parecer, hacían una gran combinación.
Por su lado, los chicos a momentos veían a su pequeña Honoka como lo hacían cuando eran niños: siendo una niña reservada pero entusiasta, que se concentraba en lo que le gustaba y era dulce en general. Pero ahora era más grande y hermosa, atrevida de muchas maneras y con mucho temperamento. Inteligente y práctica, un poco torpe para socializar pero en la que uno encontraría una amiga incondicional si se ganaba su confianza. Su pequeña Honoka mencionaba a una persona solamente, a su ex, no necesitaban que nadie les dijera que seguían siendo pocos los que lograban acercarse lo suficiente a su hermanita. Tampoco podían hacer más, mientras Honoka se sintiera bien, ellos estaban conformes.
"¿Ahora sí jugarás fútbol con nosotros?" Preguntó Fujimura con una sonrisa.
"Tal vez después, no tengo el calzado adecuado", respondió Honoka de manera cómica.
"La próxima no te salvas", dijo Kimata y los tres rieron antes de seguir con su paseo.
~o~o~o~
Nagisa miraba el papel en sus manos como si del mapa de un tesoro se tratase. Estaba bastante arrugado a esas alturas y por eso mismo lo sujetaba con mucho cuidado, su pulso temblaba y se sentía como tonta por estar así, pero no podía evitarlo. El día que los chicos anotaron sus números de teléfono, Honoka simplemente los registró en su móvil pero en ningún momento le pidió el papel. Nagisa aún lo tenía y ganas no le faltaban de guardar el número de Fujimura Shougo pero eso no era adecuado porque no eran conocidos propiamente hablando y mucho menos amigos, ¡tampoco se atrevía a hacerlo por simple capricho!
Estaba tan frustrada e indecisa que volvió a guardar el papel doblado en su cartera, y su cartera a su vez la guardó en su mochila. Esperaba a Hasekura en una zona de mesas de la universidad, los estudiantes solían reunirse ahí para comer, estudiar o simplemente relajarse. Estaba ahí porque se vería con Kazuki de nuevo, el chico la invitó a dar un paseo y Nagisa no pudo negarse, no cuando el equipo de fútbol tuvo un descanso y no podría verlos practicar en las canchas. No tenía nada qué hacer ese domingo, tampoco trabajo, el gimnasio no abría los domingos.
Estaba un poco aburrida a decir verdad pero tampoco tenía ganas de mandarle mensaje a sus amistades, sus compañeras de equipo y de clase disfrutaban su día libre por cuenta propia, sabía que ella misma debía hacer lo mismo. Nagisa suspiró hondo y decidió jugar alguno de sus juegos de móvil para pasar el rato, pero no hubo necesidad.
"¡Nagisa!" Le llamó un animado Kazuki mientras corría hacia ella. "Lamento la espera".
"Llegaste justo a tiempo", respondió Nagisa con una sonrisa y guardó su teléfono. "¿Nos vamos?" Ya que no tenía otra cosa por hacer, salir con el animado jugador de baloncesto era mejor que aburrirse en su dormitorio. "¿Adónde vamos a ir?"
"Pensaba en ir al cine, tengo algunos pases que nos regala el capitán, trabaja medio tiempo en un cine y se los dan", dijo Kazuki, alegre, mientras sacaba un par de pases precisamente de su bolsillo y se los mostraba, incluso había un cupón para dulcería.
La sonrisa de Nagisa fue automática, ¿quién no se pondría de buen humor si podía ir al cine gastando lo mínimo? Además, en días pasados vio que iban a pasar algunas de sus películas favoritas de samuráis, ¡podría ver alguna de esas! La idea la ponía contenta.
"¿Y qué estamos esperando, eh? ¡Andando!" Exclamó una feliz Nagisa y ambos salieron de la universidad con los ánimos en alto. Imposible que pasaran desapercibidos para quienes los conocían al menos de vista.
Podían llegar a la zona centro de la ciudad a pie, así que lo hicieron. En el camino, Kazuki bromeaba y señalaba tal o cual local que le gustaba, Nagisa hacía lo mismo y era gracioso que ambos señalaran la comida la mayoría de las veces. Nagisa no podía evitar sonreír a momentos, siempre era cómodo estar con alguien que compartía sus mismos gustos.
Otra de las razones por las que no estaba mucho en su dormitorio con Katsuko era porque su compañera prefería el silencio. Katsuko era lista y tenía mejores notas que Nagisa, no era del tipo estudiosa y tampoco la mejor de toda la escuela a en cuanto a notas, pero se defendía bien. Su compañera prefería películas de arte que veía en su computadora, gustaba mucho de ver partidos y videos sobre la vida de deportistas; cuando se alocaba era posible verla disfrutar un anime deportivo. Una vez a Nagisa se le ocurrió mostrarle un video de gatos y Katsuko apenas si hizo gesto alguno.
Fue bastante incómodo y decidió no volver a repetirlo.
Desde entonces procuraba mantener una relación neutral con su compañera de cuarto. Había pocas pláticas entre ellas a decir verdad, pero al menos eran momentos relativamente agradables. No había necesidad de profundizar demasiado, sólo mantener todo en un ambiente agradable.
Sí, así estaba bien. Era mejor pasar el rato con alguien similar, ¿verdad?
Llegaron al cine y la primera parada fue la cartelera. Estaba la película romántica en turno, dos de acción, un par de los animes de temporada, una de terror (Nagisa la descartó de inmediato) y la película de época de samuráis que tanto quería ver; era una remasterización de su película favorita. Le brillaron los ojos y estuvo a punto de sugerirla, pero su acompañante tenía otra idea en mente.
"¡Veamos esa!" Dijo el chico señalando una de acción. El cartel mostraba al musculado protagonista con un arma en una mano y su interés amoroso a un lado, al fondo se podían apreciar explosiones y a los tipos malos posando. Nagisa torció los labios un poco pero no dijo nada. Y qué bueno que no lo hizo, Kazuki siguió hablando. "Un compañero me dijo que esa", la de romance, "es muy cursi".
La película romántica no hubiera estado mal, eso pensó Nagisa.
"Y no somos un par de ancianos como para ver esa, ¿verdad?" Comentó alegremente, señalando el póster de la película de samuráis.
Nagisa sintió la pedrada justo en la cabeza y rió con nervios apenas disimulados.
"Debemos ir por los boletos y los dulces si queremos llegar a tiempo a la película", fue lo único que pudo decir una incómoda Nagisa. Agradeció que Kazuki no lo notara, pero ganas no le faltaron de darle un verdadero discurso de porqué las películas de época eran verdaderas joyas repletas de drama y protagonistas que nada le pedían a los musculados héroes de acción modernos.
Fueron a la dulcería por sus palomitas de maíz, refrescos y algunos extras por los que Nagisa sí pagó y fueron a la sala. Estaba casi llena y todos parecían emocionados por la película, incluso Kazuki; Nagisa no tuvo más remedio que tomar aire, disfrutar sus dulces y apagar su cerebro como solía ser en ese tipo de películas. ¿Tampoco tenía que esforzarse demasiado en pasarla mal, verdad?
Optó por la paz y dejarse llevar, muchas opciones no tenía. Aunque sí era una lástima dejar pasar la película que sí quería ver. La quitarían en los próximos días seguramente para dejarle espacio a otra película de acción. Suspiró discretamente y la función comenzó.
Algo que ciertamente no esperaba, era que Kazuki tomara su mano con ayuda de la clásica maniobra de buscar una roseta de maíz y que sus manos se rozaran. El chico le dedicó una sonrisa enorme mientras estrechaba su mano. Nagisa se quedó quieta un momento antes de ceder. Sí, eso era lo esperado cuando él ya había dejado sus intenciones en claro. Después de todo tenían mucho en común, ¿verdad? Un detalle como el de sus diferidos gustos por las películas no debía arruinar el momento.
Decidió no arruinarlo y dejarlo ser, al menos hasta que terminó la película y ella misma recogió su mano. No estuvo mal la función, eso pensó Nagisa, pero hubiera estado mejor.
"¡Fue fantástico! Me gustó", comentó Kazuki con una sonrisa mientras salían de la sala y hacían una pequeña parada en la amplia zona frente al cine.
"Sí, no estuvo mal", comentó Nagisa con una sonrisa quizá no muy amplia pero sí conciliadora. "Gracias por traerme, fue divertido", agradeció de buena manera antes de echar otro vistazo a la cartelera, la película de samuráis aún tenía una función más para ese día dentro de hora y media. Entre semana no tendría tiempo de darse una escapada al cine y a saber si aún estaría en cartelera para la siguiente semana. Una idea le pasó por la cabeza: dar su cita por terminada.
¿Pero cómo hacerlo sin sonar ruda o grosera? Kazuki fue muy amable en invitarla, quizá él querría llevarla a otro lado. Barajaba sus posibilidades, debía hacerlo rápido antes de que el chico abriera la boca de nuevo.
Nadie le dijo que llegaría a su rescate un inesperado salvavidas.
"¿Nagisa?" Una suave voz la llamó.
La deportista volteó de inmediato al reconocer esa voz, fue como ver un rayo de sol en un día nublado. O mejor dicho, la brillante luna en una noche oscura. Su sonrisa fue automática al girarse y encararla.
"¡Honoka! ¿Qué haces aquí?" Preguntó una sonriente Nagisa.
Por su lado, Kazuki miró a la recién llegada y no tardó en reconocerla, era una de las chicas que asistía al gimnasio y era cliente de Nagisa. Puso un buen gesto, era un chico amistoso.
"Salí con Shougo y Kimata. Ellos ya volvieron a la escuela, tienen tarea pendiente, yo decidí pasear un poco más antes de volver a casa", explicó brevemente. Miró a la pareja. Reconocía al chico al menos de vista, asistía al gimnasio también. Nagisa y él estaban juntos. Rápidamente llegó a un plan de acción: una retirada táctica. Si esa era una cita, no quería estorbar.
"Tarea", murmuró Kazuki antes de que algo se activara dentro de él y entrara en pánico. "¡La tarea!" Ésta vez lo gritó. "¡Olvidé algo que debo entregar mañana en la primera clase!" Se llevó las manos a la cabeza y miró a Nagisa, enseguida juntó sus palmas a manera de disculpa. "¡Lo siento, debo irme, tengo que terminar ese trabajo o estaré en problemas! ¡Prometo compensarte después!"
Nagisa intentó calmarlo con su mejor sonrisa. Por suerte para ella, ya había terminado su tarea y no tenía pendiente alguno. O eso esperaba. Hizo memoria tan rápido como pudo, pero no, no tenía nada pendiente.
"Ve y termina, anda, no te preocupes por mí", dijo Nagisa con un gesto inesperadamente aliviado. Al parecer no tuvo que buscar alguna excusa para terminar esa cita, la terminaron por ella y de una buena manera.
"¡Muchas gracias por recordármelo!" Exclamó Kazuki con graciosa seriedad mirando a Honoka, se inclinó a manera de agradecimiento.
"Me alegra haber ayudado. Estás a tiempo de terminar, ve", le animó Honoka, contenta por más de una razón. Una de esas razones era el haber sido de ayuda a alguien.
Pero Kazuki no se fue sin más, se dejó llevar por uno de sus inesperados arrebatos y su sincera atracción por su cita. Se acercó a Nagisa y besó su mejilla antes de salir corriendo. Nagisa no tuvo tiempo de reaccionar, Honoka se guardó un suspiro, así como cualquier comentario al respecto, y simplemente sonrió. Lo que no esperaba era la reacción de Nagisa.
"N-No… ¡No puedo creer esto! ¡En serio lo hizo!" Reclamó al aire una ruborizada Nagisa. "¡Ese tonto! ¡Ni siquiera estamos saliendo!"
Todas las intenciones de Honoka de ser discreta y reservada se dispersaron en el aire, miró a Nagisa con sorpresa.
"¿No están saliendo?" Preguntó, más curiosa que sorprendida.
"Es un conocido de mi universidad, pero no compartimos clases, y también asiste al gimnasio", explicó la atleta mientras se llevaba ambas manos al rostro. ¡Estaba tan avergonzada! ¡Kazuki ni siquiera le gustaba, sólo le agradaba lo suficiente como para estar cerca de él! ¡La persona que le gustaba era otra!
A Honoka le pareció curioso que lo mencionara como 'conocido' y no como 'amigo', no por ello la interrumpió, al parecer Nagisa necesitaba sacarlo o iba a explotar.
"Yo… No sé bien si pueda decir algo o no, pero si me permites algunas palabras, creo que deberías aclarar las cosas con él en cuanto te sea posible", dijo Honoka con un tono más bien calmo y suave, no quería alterarla más de lo que ya estaba.
"Lo haré, créeme", respondió Nagisa luego de un profundo suspiro y miró a Honoka. Finalmente pudo sonreír, algo en la chica la relajaba. "Lamento que tuvieras que ver esto".
"No es tu culpa lo que pasó, así que no tienes razón para disculparte", respondió Honoka con una sonrisa bastante gentil. Lo mejor era aligerar el ambiente con un muy necesario cambio de tema. "¿Vienen del cine?"
"Sí, vimos esa película", respondió Nagisa, señalando la de acción de la que no recordaba nada memorable a pesar de haberla visto hace minutos. Suspiró hondo, su vista se fue a la película de época. Estaba sola al fin… Bueno, Honoka estaba con ella, pero tampoco había razón para retenerla y no tenía nada de malo ir al cine sin compañía, ¿verdad? Miró a Honoka. "Pero la que tengo ganas de ver es esa", se arriesgó, señalando el cartel de la vieja película de samuráis.
Honoka miró a donde señalaba Nagisa, se acercó un par de pasos e incluso se puso sus gafas para leer bien el título. A mencionar que era la primera vez que Nagisa la veía con gafas, y en su opinión se veía bastante bien, sólo atinó a sonreír.
"El Amanecer de la Espada", leyó Honoka en voz alta y pareció curiosa. "Ahí dice que es una versión remasterizada de una película de época", murmuró un poco para sí misma mientras hacía memoria de lo que sabía del tema. "Debe referirse a las películas de los años 30 a los 70, esa es del año 68, es bastante antigua por lo que veo".
Nagisa estaba lista para escuchar las palabras de siempre, ese 'son películas para ancianos', pero Honoka siguió hablando y no escuchó nada de lo que esperaba.
"Nunca he visto una de esas", comentó Honoka luego de quitarse las gafas.
"¿No?" Ésta vez Nagisa era la sorprendida. "¿No vienes al cine a ver películas?" Preguntó casi con horror.
"No. Tampoco suelo ver mucho la televisión, solo las noticias, a veces. De niña veía algunos dibujos animados pero ya no los recuerdo, y actualmente veo documentales", explicó Honoka antes de sonreír ante el gracioso gesto de Nagisa. "¿Es tan raro?"
"Sí, lo es", dijo Nagisa con una risa pequeña. Y entonces vio su oportunidad. Se llevó una mano a la nuca y se aclaró la garganta. "Oye, Honoka. Si tienes tiempo… Bueno… Yo… ¿Te gustaría ver esa película conmigo? ¿Ahora mismo?"
Honoka abrió los ojos con sorpresa. Esa definitivamente era una actividad que nunca hubiera imaginado compartir con su monitora de gimnasio. Pero en ese momento no estaban en el gimnasio y no tenía razón alguna para negarse, ¿verdad? Además tenía tiempo.
Cada segundo de silencio hacía que los nervios de Nagisa se incrementaran. Estaba a nada de retroceder y disculparse, pero una sonrisa de Honoka le devolvió el alma al cuerpo.
"Me encantaría", respondió Honoka con una sonrisa visiblemente emocionada.
"¡Genial! Aún falta como una hora para la siguiente función, ¿está bien si compramos los boletos y hacemos algo de tiempo?" Preguntó una entusiasmada Nagisa.
"¿Uh? De acuerdo, no tengo problema con eso", esa idea le gustaba mucho a Honoka a decir verdad. "¿Me acompañas a comprar un libro?" Y antes de que Nagisa pudiera responderle, obviamente era un 'sí' por el gesto que tenía en la cara, su estómago soltó un verdadero rugido de hambre. Eso la sorprendió.
Nagisa se sonrojó, se echó a reír mientras se sobaba el estómago con ambas manos.
"¿Y tú me acompañas a comer algo?" Respondió su pregunta con otra.
Honoka le miró largamente antes de echarse a reír, una linda y dulce risa que apenas si se escuchaba, propia de alguien femenina como ella, o al menos eso pensó Nagisa. No pudo evitar sonreír, se veía bastante linda, lo admitía.
"¿Eso es un sí?"
"Yo comí hace rato con mis amigos, pero con gusto te acompaño, vamos a que comas algo".
"¡Genial, vamos!"
Y ambas universitarias caminaron en dirección a donde Nagisa quería. Terminaron en un lindo local que veía hamburguesas, patatas fritas y comida del estilo. Y también había café, que fue lo que Honoka eligió mientras Nagisa devoraba una de doble carne acompañada con una orden grande de papas. Nagisa no se quejaba del dinero que ganaba, podía permitirse esos gustos.
"¿Segura que estás bien sólo con el café?" Preguntó Nagisa por mera cortesía.
"Sí, no te preocupes, tú come", respondió Honoka con un gesto de contento. Era la primera vez que veía a alguien comer con ese gusto y esas ganas, además Nagisa hacía suficiente ejercicio para quemar todas esas calorías. Eso y que no sabía cómo alguien podía comer tanto, ella se sintió llena de sólo ver lo que pidió. No dijo nada más al respecto, lo importante era que disfrutara su comida.
Eso y que se sentía contenta de haber coincidido con ella de la más inesperada manera.
"Me siento un poco mal por ser sólo yo quien come, así que", Nagisa tomó una de sus patatas y se la ofreció con un poco de cátsup. "¿Sólo una?"
Honoka miró a Nagisa, luego el bocado que ella le ofrecía, una vez más a Nagisa y comió la patata aunque la mitad quedase fuera de su boca. Hizo un lindo gesto tratando de comer el bocado entero. Nagisa rió un poco. Honoka se tomó su tiempo saboreando el bocado y miró a Nagisa con sorpresa.
"No es muy salada, sabe bien", dijo, sorprendida.
"Éste es mi sitio favorito para comer esto. ¿No sueles comer hamburguesas?" Preguntó Nagisa, ofreciéndole otra papa, pero ya no insistió cuando Honoka amablemente se negó. Ya había logrado que comiera una, estaba contenta con eso.
"No muy seguido, pero sí. Y creo que he elegido malos sitios para comer, porque las patatas aquí saben muy bien", dijo, sintiendo todavía en su boca el sabor de la papa.
Nagisa le miró un poco antes de ofrecerle un bocado de su hamburguesa. "Sólo una probada, así podrás confirmar si la comida es buena y no sólo las papas".
Honoka no lo pensó. Se levantó ligeramente de su asiento para inclinarse hacia Nagisa, se acomodó un mechón de cabello hacia atrás de su oreja y dio una mordida pequeña a la hamburguesa, procurando abarcar todos los ingredientes posibles. Regresó a su asiento y masticó de manera analítica. Por su lado, Nagisa encontró ese gesto innecesariamente lindo. Se sonrojó sin querer y decidió seguir comiendo mientras esperaba la opinión de Honoka. Mordió del lado donde Honoka mordió, por cierto.
"Está deliciosa", dijo finalmente y eso hizo sonreír a Nagisa. "Vendré a comer aquí cuando venga de paseo".
"Me alegra que te gustara, me gusta el sitio porque usa buenos ingredientes, es un poco caro, pero son más saludables y, como acabas de comprobar, lo vale", una alegre Nagisa siguió comiendo. "Cuando acabe aquí, vamos por tu libro. ¿Lo necesitas para alguna clase?"
"No. Me gusta leer, es todo. Veré cuáles están disponibles y compraré el que más me llame la atención", comentó Honoka con la sonrisa de un niño que iba a ir a una dulcería.
Nagisa puso un gesto de desagrado, no por ello dejó de comer. "Leer no es lo mío, me basta y me sobra con los textos de las clases".
Y entonces Honoka se animó a preguntar más.
"¿Qué estudias?"
"Teoría de la Educación Física en la Universidad Deportiva Hakushoku", respondió, pero no esperaba el gesto de asombro de Honoka.
"La misma escuela a donde van mis hermanos. Es una gran escuela, muchos de los estudiantes de ahí llegan reclutados", comentó con viva emoción.
"Sí, fui reclutada para el equipo femenil de lacrosse", continuó Nagisa, estaba contenta e incluso orgullosa de ver el gesto de sorpresa y emoción en su acompañante.
"Con razón estás en tan buena forma", dijo una alegre Honoka.
"Gracias… Ah… Bueno, lo que estudio además me ayudará a ser profesora de educación física a futuro. Quiero jugar lacrosse tanto como me sea posible, y luego de eso, seré maestra", agregó, sonrojada. Muchas veces se metía tanto en lo del equipo, que olvidaba de lo que verdaderamente trataba su carrera universitaria.
"Eso suena a un futuro muy prometedor, me alegro mucho por ti, Nagisa", sus palabras salieron llenas de dulzura.
Nagisa se sonrojó más y sólo atinó a llenarse la boca con papas fritas.
"¿Y tú qué estudias?"
"Justo ahora estoy estudiando Química e Ingeniería en Materiales en la Universidad Tecnológica de Tokio", respondió Honoka con mucha casualidad.
Nagisa puso un gesto de graciosa confusión.
"Eso… Eso suena complicado…" Lo que sí sabía, era que no cualquiera lograba entrar a una escuela como esa.
"Pero es muy emocionante, créeme… Te pondré un ejemplo", rápidamente pensó en algo. "El asfalto de las calles, por ejemplo. Personas que estudian lo que yo estudio, pueden lograr un asfalto resistente al agua y a la presión de los automóviles, lo que ahorra costos en mantenimiento y evita los baches. Constantemente se siguen mejorando materiales para las carreteras y evitar el deterioro, o por lo menos hacerlo más lento", explicó con vehemencia.
Nagisa la miró largamente antes de echarse a reír, una carcajada limpia, ruidosa y alegre. Poco le importó que los demás comensales le miraran. Incluso se limpió una lagrimilla que alcanzó a escapar. Miró a Honoka de buena gana, bastante contenta.
"No entendí mucho de lo que dijiste, pero suena genial. Ya decía yo que eras una chica lista, pero no imaginé cuánto", dijo, terminándose su hamburguesa y papas.
"Gracias, creo", respondió Honoka, sonriendo. Ya se había terminado su café. "¿Vamos por mi libro?"
"Sí, y después al cine. Espero que te guste la película", dijo con una sonrisa que Honoka correspondió.
CONTINUARÁ…
