Lo que Nadie le(s) Dijo

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío

~o~o~o~o~o~

Parte 4 Lo que Callan cuando se Miran

Nagisa esperaba de nuevo, hacía algo de tiempo que no esperaba a alguien pero ésta vez la espera era más urgente. Tenía una o dos cosas que arreglar con cierta personita que le debía una. Le quedaba algo de tiempo antes de ir a su trabajo, si Kazuki no se aparecía en los siguientes quince minutos, se iría. Quizá lo vería en el gimnasio, pero decidió no pensar demasiado en ello.

En cambio, lo que le llegaba a la cabeza y la hacía sonreír con singular alegría era un mensaje en su teléfono. Un mensaje de Honoka.

Nunca imaginó ver una emoción tan sincera en alguien, la reacción alegre y eufórica de Honoka durante y luego de la película la tomó por sorpresa. Para Nagisa era el heroísmo de los protagonistas y ese increíble ambiente lo que más la atrapaba, en cambio, Honoka habló de manera casi poética de ese mismo heroísmo pero desde un lado más espiritual, mencionó, también, la increíble cinematografía de toda la obra.

En conclusión, la película le gustó tanto que quería ver más.

Justo cuando Honoka se lamentaba que no las pasaran mucho en el cine, Nagisa alegremente le mencionó sobre su extensa colección de películas que prometió prestarle. Honoka aceptó con tanta o más alegría. Nagisa en serio se sentía feliz de encontrar a alguien que pudiera compartir un interés tan particular como ese con ella.

Tan contentas quedaron la una con la otra, que dieron un verdadero paso de confianza: intercambiar números. Los mensajes no tardaron en viajar de un teléfono al otro ni bien se despidieron tan sólo el día anterior. Justamente el mensaje recién llegado hizo reír a Nagisa de buena gana. Honoka le envió una foto de una sustancia que estaba fabricando e incluso anotó parte de la fórmula química en proceso de ésta junto con una explicación de su función, de la que sólo entendió dos palabras.

[No entendí nada pero suerte. No explotes.]

Fue la única respuesta que pudo dar antes de revisar la hora y dirigirse a su trabajo. A decir verdad, Nagisa no pensó en Hasekura si no hasta esa misma mañana y sólo porque Honoka lo mencionó en un mensaje de texto. Un 'espero que puedas arreglar las cosas con ese chico' hizo que los engranes en su cabeza giraran hacia lo sucedido tan sólo el día anterior y justo antes de toparse con Honoka. Suspiró hondo.

"Mejor lo veo luego, tampoco que sea tan urgente", se dijo a sí misma mientras se encaminaba a la salida principal. Era cierto, si se le olvidó por completo tampoco era tan terriblemente urgente ni ese beso había sido tan importante, ¿verdad? Le echaba la culpa a Honoka, algo tenía esa chica que la hacía olvidar las cosas.

A medio camino a la salida, mientras buscaba sus auriculares para escuchar música en su teléfono, alguien la tomó por el hombro. Se sobresaltó un poco y giró de inmediato. Era justo al que esperaba pero no precisamente con emoción. Kazuki, desde luego, era todo sonrisas, brillante y lleno de ánimos como era costumbre verlo.

"¡Hola, Nagisa!" Saludó el alegre chico.

"Hola, Kazuki, ¿vas al gimnasio?" Preguntó Nagisa en afán de comenzar su plática de la manera menos tosca posible. No era fanática de los conflictos a decir verdad.

"Sí. Necesito trabajar más en mis piernas para mejorar mis saltos", dijo y enseguida sonrió de manera más amplia. "Y se me ocurrió que podríamos ir juntos. Me divertí mucho ayer", comentó mientras buscaba cerrar la distancia entre ambos. "Gracias por salir conmigo".

En otras circunstancias Nagisa lo hubiera permitido, pero que Kazuki se tomara muchas confianzas y que en realidad el chico no le atrajera demasiado, ni siquiera por el mero aspecto físico, hizo que Nagisa volviera a poner distancia que tenían. No le desagradaba pero tampoco estaba del todo cómoda.

"Gracias por invitarme. Y sí, podemos ir juntos al gimnasio, es la misma dirección", respondió Nagisa y notó de reojo que el chico pareció confundido por su reacción. Suspiró hondo, tampoco quería tenerlo en ascuas todo el tiempo por sus comportamientos, eso sería cruel. Le miró sin dejar de caminar. "Pero no vuelvas a besarme así, ¿de acuerdo? Apenas nos estamos conociendo mejor", dijo con voz segura y sin dejar de mirarlo.

Kazuki se sorprendió dos segundos antes de sonrojarse de manera intensa. Parecía apenado y eso le dio una sensación de alivio a Nagisa. Eso quería decir que Kazuki estaba reflexionando sobre sus actos, ¿verdad?

"Lo siento mucho, es que realmente me gustas y podría volver a hacerlo ahora mismo", dijo, rojo todavía. "Tampoco que quiera enfadarte, pero no puedo evitarlo".

Nagisa suspiró. Al parecer se equivocó por completo al pensar que él se arrepentiría de algo.

Por otro lado, ella sí se sintió apenada al escuchar esas palabras dichas con tanta seguridad. Al parecer, la atracción de Kazuki hacia ella era sincera y en serio hacía tiempo que eso no le pasaba a Nagisa. ¿Quizá estaba siendo demasiado dura? Tampoco es como si hubiera insultado a su familia o algo, y además sólo fue un beso en la mejilla. Estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua como era su buena costumbre. Suspiró de nuevo.

"De acuerdo, vayamos con calma pero no te emociones demasiado", advirtió Nagisa con una sonrisa más calmada.

"¡Entendido! La próxima vez te preguntaré".

Bueno, eso ya era un buen paso, eso pensó Nagisa. Notó que Kazuki le ofrecía su mano y Nagisa de inmediato adivinó lo que quería. Le miró un poco y el chico sonrió más.

"¿Podemos?" Preguntó Kazuki.

Nagisa no pudo luchar contra ese gesto. Tampoco le estaba pidiendo algo fuera de lo normal, ir de la mano era lo normal entre un chico y una chica que comenzaban a tener un asunto entre ellos, ¿verdad? Se encogió de hombros y tomó su mano. A partir de ese instante, un feliz Kazuki se dedicó a guiar el camino y marcar el paso, una marcha no muy veloz pero que ambos podían resistir bien.

"Lástima que no eres tú mi entrenadora", comentó Kazuki de buen humor.

"No tengo permiso de acercarme a los jugadores de ningún equipo", dijo Nagisa con una risa pequeña, su nivel de conocimiento no era el suficiente como para trabajar con atletas más avanzados. "Para eso están los demás entrenadores, pero tampoco quiero llegar tan lejos, el trabajo en el gimnasio es temporal".

Al menos mientras guardaba más dinero hasta conseguir lo necesario para un piso propio. Un sueño muy, muy lejano, pero que quería hacer realidad para aliviar la carga financiera de sus padres. Incluso con beca, sus padres tenían que cubrir una parte de su estancia en los dormitorios. Debió haber desocupado el suyo desde principios de año.

Pensar en ello por un momento le hizo olvidar que iba de la mano con el chico. Le miró pero no dijo nada, tampoco era tan terriblemente malo. Era una mano grande, justo como la mano de un chico debía ser. Era fuerte, cálido de alguna manera, la sujetaba con firmeza y prácticamente Nagisa se dejaba llevar. No era la primera mano que tomaba, posiblemente tampoco sería la última, porque él no le gustaba y no llegarían muy lejos.

Lo que tampoco sabía era porqué le estaba dando la oportunidad de acercarse… Y luego recordó que no era como si tuviera una fila de chicos esperando su turno para ir a por ella. Nagisa no era fanática del dicho 'más vale solo que mal acompañado' porque a Nagisa no le gustaba estar sola. Lo aceptaba. Tenía agradables amistades, pero todas sus amigas tenían sus propios asuntos y sus propios amores. Nagisa debía hacerse cargo de sus propios asuntos y sus propios amores, era una universitaria funcional y con un futuro por delante.

Asintió para sí misma con firmeza y siguió su camino con el parlanchín chico.

─… También debo trabajar los brazos, tengo buena potencia de tiro, pero el entrenador dice que aún puedo mejorar ─decía Kazuki casi sin pausa.

¿Acaso estuvo hablando todo ese tiempo? La verdad no lo escuchó pero él no pareció percatar que no le había puesto atención. Nagisa suspiró de alivio, tampoco que estuviera hablando de esas ciencias complicadas como Honoka.

Honoka.

Se preguntó qué estaría haciendo Honoka en ese momento. Le dijo que no estaba segura de sí iría al gimnasio ese día porque tenía un trabajo pendiente, de todos modos llevó el DVD de la primera película que quería prestarle, no pasaba nada si se presentaba ese día o no, podría dársela a la primera oportunidad.

La verdad sí quería que se presentara.

~o~o~o~

Honoka se secó el sudor de la frente, estaba nerviosa, atenta y expectante. Y también ligeramente cansada por el trabajo en el taller. Su proyecto era un pegamento de secado rápido base vegetal para muebles. Estaba presentando sus avances al profesor y para ello estaba armando una mesa desde cero, no debía usar clavos ni ningún otro apoyo. Todos sus compañeros estaban en las mismas. Ya había terminado de cortar la madera y era hora de usar su pegamento para dejar el mueble lo más sólido y firme posible. No tenía que quedar perfecto, simplemente mostrar sus avances y mostrar que su pegamento era funcional.

Dejó la mesa armada y lista. Debía esperar a que secara, tenía suficiente tiempo mientras el profesor revisaba los otros trabajos.

Todos los que no recibieran el visto bueno debían quedarse después de la presentación con el profesor para revisar los errores. Por eso mismo le mandó mensaje a Nagisa, para que pudiera ocuparse en algún otro cliente y no la esperara en caso de que tuviera que quedarse. Quería ir al gimnasio, sí, le era divertido hacer ejercicio y además ver a Nagisa era lindo, pero sabía priorizar sus estudios y por ello estaba ahí, de pie y mirando su mesa recién armada, esperando que su fórmula funcionara.

Pasado un rato no muy largo pero que Honoka no supo medir por mirar fijamente su mesa, finalmente el profesor se detuvo frente a ella y su mueble. Honoka parpadeó un par de veces y recuperó su gesto seguro. Era hora.

"Veamos cómo funciona tu pegamento, Yukishiro", dijo el profesor y miró la mesa, luego de eso puso ambas manos en la superficie de la misma e hizo fuerza para poner a prueba la integridad del mueble.

Al ver que ninguna pieza se movió de su sitio y que el profesor no se fue de cara contra la mesa, pudo soltar un suspiro de alivio. En serio sintió que le regresó el alma al cuerpo. El profesor meneó y cargó la pequeña mesa y hasta ese momento una de las patas comenzó a flaquear, pero sin duda había pasado la prueba.

"Buen trabajo, te falta comprobar el tiempo ideal de secado y probar otras combinaciones del químico base", indicó el profesor mientras revisaba las anotaciones de la brillante alumna. "Pero es un buen trabajo, Yukishiro, sigue trabajando".

Honoka no pudo evitar una sonrisa inmensa cuando el profesor la anotó en la lista de los que habían pasado la prueba.

"Lo haré, muchas gracias".

"Puedes irte. Y llévate tu mesa".

Honoka asintió y suspiró de alivio. Miró a su alrededor, la mitad de la clase tenía que quedarse a revisar los fallos y notó a más de uno desanimado por eso mismo. Honoka ya había estado en las mismas, sólo que ella no se desanimaba. Aunque de haber sucedido en esos días sí habría sido el caso por una simple razón: quería ver a Nagisa.

Miró su mesa, sabía que ya no la iba a ocupar pero tampoco quería llevarla a la bodega donde guardaban toda la chatarra y los materiales próximos a reciclar. Además los cortes habían quedado bastante bien y sería una perfecta mesa de casa con un poco de trabajo extra. Si había algo que a Honoka le gustaba era trabajar, y trabajaba mucho mejor desde que estaba ganando fuerza, eso sin duda la hacía pensar de nuevo en Nagisa.

Le tomó una foto a su mesa y se la envió a Nagisa acompañada de un mensaje.

[Mira, es mi proyecto de hoy, la convertiré en una mesa de té.]

Guardó su teléfono así como el resto de sus cosas antes de limpiar su espacio y desarmar su mesa. Se la llevaría a casa y trabajaría en ella en sus ratos libres. Tenía espacio para el mueble en la pequeña sala de estar de su apartamento. Ya con todo asegurado, y las piezas de su mueble embaladas para poder llevarlas consigo, Honoka se fue directo a casa para dejar sus cosas, tomar aire por cinco minutos e ir al gimnasio. Estaba contenta, se le notaba. Salir bien en su taller le dio un poco más de tiempo libre esa tarde.

A medio camino escuchó la alerta de texto de su teléfono, pero gracias al sonido personalizado que programó, sabía que era un mensaje de Nagisa y no de los grupos de chat de la escuela donde debía estar al pendiente sí o sí. Yuriko también tenía su propio sonido personalizado, por cierto.

Revisó el mensaje y casi se echó a reír. El texto venía acompañado de varios emoticones divertidos y apropiados, podía imaginarse a Nagisa reír al escribir su respuesta.

[Honoka, se supone que hagas un cohete o algo así, no una mesa.]

De hecho no pudo resistirse y sí se rió. Se detuvo un momento bajo una sombra para responder su mensaje.

[Te cuento después de qué va el proyecto en realidad, ¿de acuerdo?]

[Por cierto, podré ir al gimnasio. Nos vemos al rato.]

Nagisa estaba en línea, así que la respuesta llegó de inmediato.

[¡Genial! Te espero.]

Honoka no lo sabía, pero su mensaje le dio una inesperada pero bienvenida excusa a Nagisa para soltar al chico que la acompañaba. Tampoco necesitaba saberlo, la misma Honoka estaba feliz de ver esas simples palabras en su teléfono. Quizá se emocionaba demasiado pero tenía derecho a emocionarse, ¿o no? No se le iba a ir encima a Nagisa de todos modos, se contentaba con compartir un poco más de tiempo con ella fuera del gimnasio.

Después de todo, Nagisa le hizo saber que podrían ir al cine juntas si pasaban alguna película que le llamase la atención.

Una contenta Honoka siguió con sus planes de esa tarde antes de tomar su mochila de gimnasia e ir a hacer ejercicio. Iba aún más contenta, se le notaba. Lo que Honoka no notaba era que la gente a su alrededor notaba los cambios en ella. Honoka era una chica hermosa, atractiva de muchas maneras y a ojos tanto de compañeros como de compañeras. Lo único que alejaba a los chicos eran esos rumores de que la chica era lesbiana, y lo que impedía que las chicas se acercaran más era la personalidad severa de Yukishiro. Eso y que socializar no era la pasión de Honoka.

Admirarla de lejos era lo mejor y lo más sano para sus fans.

Y era imposible no admirar que estaba más llena de energía, que algo en Honoka lucía distinto tan sólo desde su andar. Sólo Yuriko lo sabía, era el ejercicio que estaba haciendo y que estaba volviendo su cuerpo más fuerte. Una persona que no era Yuriko, decidió no callar apenas la vio.

"¡Hey, Honoka!"

Honoka sonrió, conocía esa voz. Su sonrisa fue automática y bajó lo suficiente el paso para que ésta le alcanzara. Se trataba de Odajima Yuka, una chica de grado superior con la que compartía el honor de ser las estudiantes más sobresalientes de sus respectivos grados, y de la escuela en general.

"Señorita Yuka, buenas tardes", saludó una alegre Honoka. Admitía admirarla más que nada por sus increíbles proyectos y sus ideas innovadoras. Y además era hermosa, increíblemente hermosa y elegante. La admiraba de sana manera y, a decir verdad, no le coquetearía. Honoka conocía su lugar.

"¿Hacia dónde vas?" Preguntó Yuka con un buen gesto. La joven le agradaba bastante.

"Voy al gimnasio. He estado yendo desde hace unas semanas", explicó.

"¿Gimnasio?" La mayor sonrió de manera juguetona. "Eso explica muchas cosas".

"¿Uh?"

"Últimamente te he notado algo distinto y ya sé qué es", dijo Yuka sin cambiar su gesto. "Y luces más bonita que nunca, si me permites decirlo".

Honoka se sonrojó sin querer, rió de manera nerviosa. Recibir un halago de alguien a quien admiraba mucho era lindo. "Muchas gracias. Me he estado esforzando, quería ganar más fuerza y resistencia y creo que lo estoy logrando", explicó con su voz ligeramente tímida.

"Sigue como vas, lo estás haciendo bien", le felicitó. "Debe ser un buen sitio si los resultados se te notan. ¿Luego me permites acompañarte? Algo de ejercicio me vendría bien", dijo mientras se acomodaba el cabello con un elegante movimiento.

"Por supuesto, cuando quieras y tengas oportunidad", respondió una contenta Honoka.

"De acuerdo. Yo me separo aquí. ¡Hasta luego, Honoka!"

"¡Adiós!"

~o~

Nagisa de momento estaba atenta a los clientes que tenía pero que ya eran más avanzados y que sabían lo que hacían, iba con ellos cuando estos le pedían consejo para trabajar otros músculos. Estaba relativamente libre, cosa que su pretendiente aprovechaba de la más descarada manera. Nagisa se preguntaba si Kazuki se escuchaba al hablar, o por lo menos si se quedaba sin aire luego de hablar tanto. Aparentemente no si podía hablar hasta por los codos. Suspiró hondo.

Ese era el problema cuando los atletas tenían permiso de ejercitarse libremente, nadie los tenía ocupados ni en control.

"Mira, estoy trabajando justo aquí", presumió Kazuki mientras flexionaba sus brazos. Lo que nadie podía negar es que se trataba de un muchacho realmente atlético y fanáticas no le faltaban.

De hecho varias chicas presentes no lo perdían de vista. Nagisa lo notó y realmente esperaba que alguna de ellas le fuera a hacer plática, pero Kazuki platicaba sólo. Suspiró. Ganas no le faltaban de decirle que estaba trabajando y que tenía cosas por hacer… Y justamente le llegó el trabajo en forma de esa nueva amiga que estaba haciendo. Honoka llegó, pudo escuchar cuando saludó a la recepcionista y a su hijo.

"¡Honoka!" Una feliz Nagisa la recibió con una sonrisa amplia. Miró a Kazuki. "Debo trabajar", fue lo único que le dijo antes de ir felizmente con Honoka. "Me alegra que pudieras venir. Traje la película".

"¡Perfecto, la veré ésta misma noche!" Dijo Honoka con contento. "Iré a cambiarme, enseguida regreso".

"Voy contigo, te doy la película de una vez para que no se me olvide y puedas guardarla".

"De acuerdo".

Eso Nagisa lo hizo a propósito para alejarse un poco del ruidoso chico. Fue directo al cuarto del personal donde tenía sus cosas, sacó el DVD y se dirigió a los vestidores de chicas a alcanzar a Honoka. Y siendo el vestidor de chicas, no tenía nada de malo pasar sin tocar, nadie lo hacía. Quizá debió hacerlo.

"La película te va a encantar, Honoka", dijo una contenta Nagisa mientras pasaba y tenía los ojos fijos en la carátula de la caja, miró a Honoka y su gesto casi se descompuso. La topó de espaldas, en ropa interior. Ver a una chica en ropa interior no era nuevo, incluso desnudas. Sucedía con su compañera de cuarto, con sus compañeras de equipo, incluso en el gimnasio.

Pero algo en Honoka hizo que casi se atragantara con su propia saliva. Su piel clara y a vista suave, todas y cada una de sus curvas en su lugar. Nunca había visto algo tan bonito en toda su vida. Además la lencería que llevaba puesta era elegante, se ajustaba perfectamente bien a ella. Se llevó la mano al cabello y volvió su vista de inmediato a lo que tenía en las manos en cuanto Honoka se giró para mirarla.

Por su lado, Honoka tenía en manos el short que iba a ponerse. El uniforme que más le gustaba era el blanco con azul. Miró a Nagisa mientras se sentaba en el banco para colocarse el short sin irse de cara al piso.

"Muchas gracias, Nagisa. La guardaré en mi mochila de una vez, así no se nos olvida, tienes razón", dijo Honoka con esa dulce sonrisa suya. Notó rara a Nagisa pero no supo interpretar su gesto.

"Ten", Nagisa se acercó, levantó la vista pero casi de inmediato la bajó mientras se acercaba a Honoka y le daba la película. No le ayudó que Honoka dejara su prenda a un lado para tomar la caja y guardarla. El breve momento en que le dio la espalda, Nagisa volvió a mirarla, como si algo en esa piel la obligara a no apartar su mirada. "Dura dos horas con diez minutos, así que toma tu tiempo para que no te duermas tarde. El material extra son otros treinta minutos", dijo con rapidez, apenas respirando entre frases. Bajaba y subía la mirada con torpeza. "No necesitas devolvérmela tan rápido, toma tu tiempo".

"De acuerdo, muchas gracias, Nagisa", respondió Honoka de buena gana. Una vez acomodó la película en su mochila, terminó de vestirse. Cabía mencionar que aunque no era cliente frecuente de los baños públicos y tampoco tenía alguna actividad que la obligara a ducharse con más gente presente, no le daba pena cambiarse frente a otra chica. No era la primera vez que lo hacía, sobre todo con sus ex.

Ya con su ropa acomodada y los tenis bien atados, se puso de pie con bastante energía.

"Estoy lista", anunció Honoka mientras caminaba hacia Nagisa.

Nagisa tuvo que suspirar hondo para calmarse. Lo que sea que le pasara, por suerte pasó pronto. La sonrisa de Honoka la calmó. "Genial, vamos, seguiremos trabajando en tu abdomen. Y me tienes que platicar porqué estás haciendo una mesa".

"Esa mesa me ayudó a llegar temprano, verás"…

Y Honoka comenzó uno de sus famosos discursos llenos de explicaciones detalladas en un lenguaje científico. A veces olvidaba que sólo la gente de su escuela podía entenderla. Y todo lo explicaba mientras hacía los ejercicios que Nagisa le indicaba. Graciosamente, conversar mientras se hacía alguna actividad física ayudaba mucho a mejorar el control de la respiración.

Nagisa tenía un gesto de indescriptible horror, fascinación y sorpresa.

No había entendido absolutamente nada de lo que Honoka dijo. En sus propias clases aprendía muchas cosas sobre las partes del cuerpo, las reacciones de éste tanto físicas como a nivel químico, también sobre nutrientes. Pero todo eso quedaba reducido a nada ante todo lo que Honoka le explicaba. Se echó a reír apenas Honoka terminó de hablar, al mismo tiempo que finalizó su ejercicio en turno.

"Y eso es lo que estuve haciendo", finalizó una contenta Honoka.

Nagisa rió de manera nerviosa. "Lo siento, no entendí nada", confesó, aún a riesgo de quedar como una tonta ante semejante genio. Para sorpresa suya, Honoka sonrió de manera más bien gentil. Bastante linda. Se sintió sonrojar.

"Mi proyecto es un pegamento con ingredientes vegetales y lo usé para armar esa mesa, de la que te mandé la foto. Sin clavos ni ningún otro apoyo", resumió con dulce voz. "Mi pegamento funcionó como esperaba y obtuve el visto bueno del profesor".

Nagisa tuvo que reírse, fuerte, para sacudir ese rubor de su cara. "¡Haber empezado por ahí! Te gusta usar palabras complicadas, ¿verdad?"

"Sí", respondió la muy pilla. Rió junto con Nagisa.

"Y a lo que me preguntaste… Sí, quedaría como una buena mesa si trabajas en ella. Seguro que haces algo genial, me mandas foto de cómo queda".

"De acuerdo".

Una vez que Honoka bebió un poco de agua y se secó el sudor del rostro y el cuello, siguieron con la rutina programada. Honoka estaba tan contenta que no podía dejar de sonreír. Nagisa estaba tan contenta que olvidó por completo que se olvidó de la presencia de Kazuki, quien se lucía de más para tratar de llamar la atención de Nagisa, sin lograrlo. Aunque sí logró que las otras chicas presentes le miraran con más atención. Por lo menos no interrumpió a Nagisa mientras trabajaba, eso sí lo sabía respetar.

La hora de ejercicio se pasó volando y Honoka terminó agotada pero bastante satisfecha consigo misma. Estaba lista para ir a casa. Por cierto, optó por la discreción y no le preguntó a Nagisa cómo siguió el asunto con ese chico que constantemente miraba en su dirección.

"Muchas gracias, Nagisa. Y gracias por la película, muero por verla".

"Me dices qué te parece. Aunque sería divertida verla juntas", comentó una contenta Nagisa. "Te invitaría, pero no debemos meter personas que no son de la escuela", dijo a manera de broma. Y era cierto, no podían meter personas ajenas al instinto. Tampoco era buena idea molestar a su compañera de cuarto con visitas inesperadas incluso de la misma escuela. Ya le había pasado antes.

"Entonces yo puedo invitarte a ti, vivo sola en mi piso y no molestaremos a nadie ni romperemos ninguna regla", propuso Honoka totalmente en serio. La idea de invitarla realmente le emocionaba. La idea de volver a pasar tiempo de calidad con Nagisa era maravillosa. La sola idea la hizo sonrojarse, se pasó la toalla por la cara para calmarse.

"Ah… ¿Vives sola?"

"Sí, rento un pequeño apartamento cerca de mi escuela, y de hecho está cerca de aquí. Por eso elegí éste gimnasio, porque me queda cerca. Si alguna vez quieres que veamos tu colección de películas, puedes venir", le miró con cierta dulzura. "Hablo en serio."

"Te creo", dijo Nagisa entre risas nerviosas. Por un momento le llegaron a la cabeza las imágenes de lo que vio en los vestidores. Se aclaró la garganta, debía dejar de pensar en esas cosas y concentrarse en lo importante. ¡Compartir y ver sus películas favoritas con alguien! ¡Al fin! Terminó por asentir. "Me encantaría, pero eso mejor lo discutimos después, ¿de acuerdo?" No que quisiera, pero debía atender a su clienta de esa hora.

Honoka notó esto último y sonrió. Asintió a Nagisa. "De acuerdo. Iré a las duchas".

"Adelante, ve. Buen trabajo, Honoka, lo hiciste bien".

La felicitación hizo sonreír más a Honoka y fue a ducharse y cambiarse. Había sido un buen día para ambas.

Nagisa siguió a Honoka con la mirada hasta que la chica desapareció de vista. No pudo evitar un suspiro, y tampoco su siguiente pensamiento. Es linda, se dijo a sí misma entre labios. Era la primera vez que pensaba que una chica era linda de una manera en la que no estaba familiarizada. Era raro, pero no se sintió mal.

CONTINUARÁ…