Lo que Nadie le(s) Dijo

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío

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Parte 5 Parece fácil Olvidar

"¡Corran, vamos! ¡Cinco vueltas más y terminamos!" Gritó la entrenadora Matsumoto mientras el equipo femenil de lacrosse completo, titulares y suplentes, corrían alrededor de la cancha. Muchas estaban algo atrás con la lengua de fuera, otras tenían mejor ritmo e iban en mitad de la fila a un paso cómodo pero que a su vez les permitiera disfrutar y terminar el ejercicio sin acabar en el suelo. No era una carrera después de todo… Y luego estaban Nagisa y Katsuko, que lideraban el grupo a una velocidad que causaba más de un gesto de asombro, incluso entre las jugadoras de grados superiores.

El par gozaba de una grandiosa condición física, corrían a la par y se acomodaban muy bien en las jugadas, pero sin duda era curioso para el equipo que ellas se llevaran más bien regular, un respeto mutuo y compañerismo puro y nada más. Nagisa había escuchado esos comentarios más de una vez, pero sería cansado explicar (más de una vez) que era porque Katsuko y ella no tenían mucho en común fuera del asunto del equipo de lacrosse. Por lo menos se entendían bien, eso la tenía tranquila.

"Necesitas trabajar más en tus tiempos de reacción", dijo Katsuko de repente pero sin voltear a verla, su vista se mantenía fija al frente.

"¿Uh?" Nagisa se sorprendió un poco y puso un gesto de cansancio. "Tus tiros son demasiado exactos y es complicado llegar a la zona cuando la defensa es buena", replicó de inmediato Nagisa. Últimamente se dejaba someter menos por la severa estratega y eso era algo que de alguna manera enfadaba a ésta última.

"Por eso mismo te digo que trabajes en tus tiempos de reacción, yo sé que eres buena esquivando, sobre todo a las jugadoras más altas", explicó con seriedad, la chica tenía un buen control de su respiración y no tenía problema en explicar el porqué de sus palabras. Lo hacía con dureza, por cierto.

Nagisa no estaba muy segura si la estaba halagando a su brusca manera o no, optó por lo primero. "De acuerdo, trabajaré en mi tiempo de reacción mientras tú trabajas en tu velocidad", dijo Nagisa a manera de no quedarse como la única regañada ahí.

"¿Eh?" Eso sorprendió a Katsuko. "¿De qué hablas?"

"Debes ser más rápida, para cuando llegas a la zona desde donde vas a tirar, yo ya llevo unos segundos donde debo recibir y eso hace que me marquen y no pueda atrapar bien tus tiros", dijo una digna Nagisa.

"¡Tengo una buena velocidad!" Se defendió Katsuko de inmediato.

"Lo sé", Nagisa sonrió un poco antes de acelerar y dejarla atrás.

Eso hizo enfadar a Katsuko, que de inmediato hizo lo mismo que Nagisa. Ambas dejaron al grupo principal atrás por una vuelta completa, pero Nagisa dejó a Katsuko atrás por media vuelta. Por supuesto, su presunción le costó quedarse sin aliento apenas llegó a la línea de meta con la entrenadora. Quedó de cara contra el suelo, pero no podía dejar de sonreír. Dudaba mucho lograr algo más con Katsuko además de una sana rivalidad, pero era lo normal con dos personas que no tenían mucho en común, ¿verdad?

No le sorprendió que Katsuko se enojara y apenas si le dirigiera la mirada luego de finalizado el entrenamiento. Tampoco le habló mucho durante la ducha, pero Nagisa sabía que para la noche se le pasaría el enfado, más porque no había dicho ninguna mentira y sabía que Katsuko era consciente de sus palabras. Se sintió bien pelear un poco ésta vez.

Ya que no podían ser amigas propiamente hablando, al menos sería una buena rival.

Nagisa se despidió del resto de las chicas del equipo apenas terminó de arreglarse, chicas con quienes definitivamente se llevaba mejor y a quienes podía considerar amigas, y todas le desearon suerte en su trabajo y también suerte con su novio.

"¿Novio?" Preguntó la chica más con horror que con sorpresa.

"¡Oh, vamos, Nagisa! Sabes de quién hablamos, de ese lindo chico del equipo de baloncesto", dijo una de las alumnas superiores mientras le daba una palmada en la espalda.

"Él no es mi novio", aclaró de inmediato.

"Pero los vi de la mano hace unos días", comentó rápidamente otra de las chicas.

Nagisa se sonrojó. "Eso… Bueno, eso es un asunto aparte, pero no somos novios", repitió, apenada. "Sólo íbamos juntos y él pidió tomar mi mano y… Es lo normal, ¿o no?" Preguntó. ¡Por supuesto que era lo normal! Además sólo había sido una vez, no coincidió con Kazuki luego de la escuela después de esa tarde y en parte lo agradeció.

"Si tomaste su mano es porque te gusta al menos un poco", comentó la capitana, más atenta a la conversación de lo que debería.

Eso sin duda acorraló a Nagisa. Decir que tomó su mano porque no tenía otra mano a la cual aferrarse la haría sonar como si estuviera desesperada por afecto, ¿verdad? Se aclaró la garganta. "Apenas estamos comenzando, pero no es nada serio todavía", explicó con el rostro aún rojo. "Y prometo no distraerme en mis entrenamientos ni en mis estudios por lo que sea que llegue a pasar con él", lo último lo dijo con mucha seriedad.

Eso ayudó a que dejaran de mirarla con tanta curiosidad. Al menos su entrega al equipo era apreciada. Recibió un par de bruscos cariños antes de que la dejaran ir al fin. Tenía algo de tarea pero podría hacerla en la noche luego de cenar, de momento debía comer algo ligero antes de ir al gimnasio a trabajar. No estaría mal comer una o dos órdenes de yakitori en el camino.

De pronto Kazuki le llegó a la mente al recordar las palabras de sus compañeras. A decir verdad no quería llegar a nada más con él, pero…

"¡Nagisa!"

El basquetbolista le dio alcance cuando estaba por salir de la escuela. Nagisa suspiró hondo. Claramente él estaba empecinado en seguir cortejándola y Nagisa seguía sin saber por qué no lo detenía. Quizá sí había algo que le gustaba un poco del asunto y era el saberse deseada de alguna manera. Detestaba reconocer que esa era la razón, también detestaba no poder conformarse y disfrutar su soltería como lo hacía Katsuko. ¿O ella tendría novio y no estaba enterada? Luego le preguntaría… Cuando estuviera menos enojada, claro.

"¿Vas al gimnasio?" Preguntó Nagisa con el gesto más calmo que pudo.

"Sí, quiero aprovechar para llegar temprano y trabajar por mi cuenta", respondió Kazuki.

"Recuerda no forzarte mucho, si te lesionas no podrás jugar, los torneos serán pronto", advirtió Nagisa con tono serio, era un asunto serio después de todo. Antes de que alguno de los dos pudiera agregar algo, Nagisa vio lo que esperaba ver, el local de yakitori. Con una sonrisa inmensa fue directo a comprar. Moría de hambre. Comer y caminar no era precisamente la mejor muestra de modales, pero a Nagisa le importaba más bien poco.

Un alegre Kazuki también pidió una orden y ambos comieron durante el camino. Nagisa estaba cómoda platicando con él mientras no sacara a la luz el asunto de cortejarla, asunto que pasó más pronto que tarde, de hecho pasó en cuanto ambos terminaron de comer.

"Te eché de menos, ¿podemos?" Pidió Kazuki mientras extendía su mano hacia Nagisa.

Nagisa miró la mano del chico, luego a él y claramente le llegó a la cabeza eso de si eran novios. No quería seguir alimentando los rumores, pero tampoco quería ser cruel con alguien que tenía una atracción sincera hacia ella. Y de nuevo llegó una inesperada ayuda, una ayuda que casi hizo que su corazón se parara de la sorpresa y la más pura emoción.

"¡Hey, Hasekura!" Llamó una voz masculina que obligó a ambos a detenerse y voltear.

La voz de Fujimura Shougo.

Kazuki de momento bajó su mano y se concentró en el par de mayores que les dio alcance. Fujimura y Kimata, los inseparables. Los tres chicos se saludaron con ánimos, de hecho todos los presentes iban al mismo sitio. Nagisa apenas si pudo mover la cabeza y murmurar algo que a duras penas sonó a un saludo cuando se dirigieron a ella. Bastó con ver a Fujimura para saber por qué su corazón no estaba listo para recibir a alguien más. La dulce mirada de Fujimura Shougo, su semblante gentil, todo en combinación con su varonil figura.

Tan ocupada estaba admirándolo que no escuchó cuando se dirigieron a ella. Fujimura, precisamente él, la llamó al menos un par de veces. Nagisa respingó.

"Nagisa, ¿verdad?" Preguntó el futbolista sólo por confirmar. Ella asintió. "Gracias por hacerte cargo de nuestra pequeña Honoka, se ha hecho muy fuerte", dijo, contento.

Honoka…

¡Por supuesto, Honoka!

Nagisa tenía un tema del cuál podía hablar con Fujimura Shougo y era Honoka. Pensar en la chica fue suficiente para calmarla, podía hablar libremente de Honoka, sí. Recuperó su sonrisa y se dirigió al mayor con más calma.

"Es muy entusiasta en el ejercicio incluso cuando le cuesta trabajo hacerlo. Me gusta que sea terca y no se rinda hasta terminar lo que le pido hacer", dijo Nagisa con un gesto de visible alegría. Sí, hablar de Honoka era muy fácil. Además, ganas no le faltaron de agregar que le estaban gustando las mismas películas que a ella.

Fujimura y Kimata sonrieron de manera amplia.

"Nuestra Honoka siempre ha sido terca incluso desde pequeña, no sabe rendirse", comentó Kimata con una sonrisa inmensa.

Nagisa tomó aire, se animó a preguntar más, después de todo era una conversación muy normal, ¿verdad? Hablaban de una amiga en común. "¿Siempre ha sido así desde pequeña?"

"Sí, aunque nunca la imaginamos haciendo tanto ejercicio, nunca fue del tipo atlética", contó Fujimura. "Cuando estábamos en primaria ella nunca participó en los festivales deportivos, prefería ayudar con la organización y, bueno, de los ejercicios en grupo no se salvaba, pero tampoco se esforzaba demasiado. Hasta ahora", miró a Nagisa con esa brillante sonrisa tan suya. "Gracias por animarla tanto".

Nagisa se puso roja hasta las orejas, el ataque de Fujimura fue 100% efectivo, comenzó a reír de manera nerviosa y miró al frente aún entre risas. Se llevó una mano a la nuca. ¡No puedo creerlo! ¡Me sonrió! Nagisa estaba tan feliz que no podía ocultarlo.

"Yo sólo la guío, ella hace todo el trabajo, y lo hace muy bien", dijo Nagisa, aún nerviosa pero muy contenta. "La dejaré fuerte, lo prometo".

"¿Sabes si irá hoy al gimnasio?" Preguntó Kimata. Por supuesto que notó la reacción en la chica, y por supuesto que su tonto novio no. Mejor no alborotar las aguas. "No podemos verla mucho porque no coincidimos en horarios".

"Oh, me dijo que sí, que vendría apenas terminara una tarea que tiene pendiente", respondió Nagisa, de hecho sacó su teléfono y les mostró el último mensaje de Honoka donde precisamente comentaba un asunto de una tarea. Ambos chicos asintieron. "Espero que puedan saludarla y ver por ustedes mismos cómo ha mejorado en estos días".

La plática estaba tan animada que Nagisa se olvidó por completo de Hasekura. No lo notó sino hasta que chocó ligeramente con él en un pequeño descuido. Se disculpó de inmediato y el chico negó con la sonrisa de costumbre, pero sí se le notaba un poco raro. De hecho los tres lo notaron y los mayores rápidamente tomaron control de la situación.

"¿Estás listo para el torneo, Hasekura?" Preguntó Kimata al chico y éste recuperó los ánimos casi de inmediato. "Es dentro de dos semanas, ¿verdad? Al igual que el nuestro".

"¡Sí, es en domingo! Me eligieron para la alineación principal y daré mi mejor esfuerzo", en serio Hasekura estaba animado con ese dato.

"Mucha suerte en tu partido", le animó Fujimura. Ya casi llegaban al gimnasio, estaban a un par de calles solamente. "Recuerda divertirte".

"¡Lo haré! ¡Muchas gracias!" Kazuki enseguida miró a Nagisa con un gesto amplio y emocionado. "Me gustaría mucho que pudieras asistir al partido a verme".

"¿Eh?" La chica se sorprendió bastante. ¡Esa fue una invitación hecha con alevosía y ventaja aprovechando que los mayores estaban presentes! ¡No podía creerlo! Suspiró hondo. "También tengo partido ese domingo. Media escuela tiene partidos y competencias ese fin de semana", señaló Nagisa con desgano.

"¿Entonces no puedes ir?" Preguntó el insistente chico con un gesto dolido.

Nagisa estuvo a punto de enfadarse pero resistió, ¿acaso Kazuki no escuchó lo que le dijo? Sólo volvió a suspirar ante la atenta mirada de los mayores. "Haré lo que pueda pero no prometo nada, tengo mi propio partido y debo concentrarme en él", y no por ello le iba a insistir a nadie para que asistiera.

Quizá a Honoka sí ahora que lo pensaba. No era mala idea en realidad. Era una gran idea de hecho. No pudo evitar sonreír para sí misma, sabía que Honoka tenía los domingos libres.

Fujimura y Kimata se miraron entre sí pero no dijeron nada. Todo mejoró para bien cuando finalmente llegaron al gimnasio. Nagisa fue firmar su entrada de turno y los chicos fueron directo a cambiarse para comenzar con sus ejercicios. Pero hubo algo que ninguno de los mayores iba a dejar pasar. Kimata habló primero apenas terminó de atarse bien el calzado.

"Oye, Hasekura", le llamó y el animado chico volteó de inmediato. "No es asunto nuestro, pero te aconsejo escuchar mejor a los demás y pensar más en los sentimientos de las personas", continuó Kimata con tono serio.

"Yo… No entiendo de qué hablan", y por la cara que Kazuki tenía, hablaba en serio.

"Tus asuntos con Misumi Nagisa son tuyos y de ella, pero procura no imponer tus deseos de esa manera", continuó Fujimura. "Ella estaba incómoda y nosotros pudimos notarlo".

Lo que nadie podía decirle a Fujimura era que él definitivamente no notaba cuando una chica prácticamente se desmayaba ante su presencia, mucho menos Kimata, que conocía al cabeza hueca de su novio. Sonrió al ver el gesto confundido de Hasekura. "Toma las cosas con calma y escúchala con más atención, ¿de acuerdo?"

"Yo… Ella en serio me gusta", dijo Kazuki con un gesto de niño regañado. "Sólo quiero compartir cosas con Nagisa".

"Para compartir algo se necesita que la otra persona esté dispuesta a recibir lo que le ofreces", dijo Kimata mientras le alborotaba el cabello. "Piensa en ello, ¿de acuerdo?" Soltó al basquetbolista cuando éste asintió. "Eres un buen chico, no lo olvides".

"Ahora vamos a hacer ejercicio, que para eso estamos pagando", finalizó Fujimura en afán de dar el tema por terminado. Al ser los mayores presentes, su deber era guiar a los más jóvenes. Para cuando salieron del vestidor de hombres, ya Nagisa estaba trabajando con algunos de los clientes que ya estaban ahí. Los tres simplemente se dedicaron a lo suyo.

~o~

Honoka se estiró mientras no dejaba de sonreír. Había terminado de redactar un ensayo en el que había trabajado con bastante tiempo de anticipación y que quedó más extenso de lo necesario porque se emocionó con el tema. Ya sólo era cuestión de revisarlo con calma los siguientes días. Estaba en una de las computadoras de la biblioteca de la universidad. Yuriko hacía un rato se había despedido de ella a causa de sus propias tareas.

Miró la hora en la misma pantalla de la computadora mientras respaldaba su documento y lo guardaba al menos en tres sitios distintos, incluso en su propio teléfono. Estaba un poco entumida por culpa de la posición, pero era menos molesto cada vez gracias a su mejorada condición física. Podría llegar al gimnasio a la hora de costumbre.

"Es hora", se dijo a sí misma. No le iba a dar tiempo de comer algo pero su cuerpo funcionaba bien con poca comida, y podría comer con más apetito luego del ejercicio. Guardó todas sus cosas con cierta prisa y salió de la biblioteca. Por suerte llevaba su mochila extra con su ropa deportiva, no tendría que volver a casa. Se le notaba animada y con prisa, y con la misma prisa alguien le alcanzó y caminó a su paso.

"¡Hey, Honoka!"

"¡Ah, señorita Yuka!"

"¿Vas al gimnasio?"

"Sí, voy directo allá".

Yuka se acomodó el cabello mientras le sonreía a la más joven. No pensaba negar que los gestos de encanto de Honoka eran lindos, era obvio que le provocaba algunas cosas a la chica pero nada pasaba de un inocente jugueteo. Ambas eran conscientes de ello y así debía ser. "¿Está bien si te acompaño? Quiero conocer el sitio, no es mala idea comenzar con una sana rutina de ejercicios, veo que te está funcionando muy bien". No estaba de más mencionar que la misma Yuka llevaba una pequeña mochila extra.

El gesto de Honoka pareció iluminarse. "El gimnasio está muy bien equipado y tienen entrenadores para todos los niveles. El precio de la membresía lo vale, pero la primera clase es gratis si quieres hacer una prueba antes de inscribirte".

"Oh, vaya que sabes hacer publicidad", dijo Yuka con una risa pequeña y elegante. "Me estás convenciendo. Continúa".

Honoka también rió. "Queda cerca a pie, no necesitas tomar el autobús, el negocio pertenece a una familia muy amable y también venden suplementos alimenticios para complementar nutricionalmente la rutina de ejercicios", agregó con graciosa seriedad. "Así tu cuerpo no se descompensa de ninguna manera".

"De acuerdo, ya casi estoy inscrita, todo depende de cómo vaya la clase de hoy, ¿verdad?"

"Sí, sé que irá bastante bien, sobre todo para ti, recuerdo que en preparatoria asistías a muchos clubes deportivos", mencionó Honoka. "Estás en mucho mejor condición física que yo cuando comencé".

"Admito que no he podido hacer mucho ejercicio desde que ingresé a la universidad, así que me hace falta moverme un poco más", comentó Yuka con un suspiro. Miró a Honoka con curiosidad. "¿Y Yuriko no te ha acompañado al gimnasio?"

"La invité pero no quiere, y no creo que lo necesite, ella definitivamente está en mejor condición física, no para de correr a todos lados y siempre ha cargado más cosas que yo. En preparatoria Yuriko hacía mucho del trabajo de ensamblaje de los proyectos".

"Lo recuerdo, sí, y tú te encargabas de escribir la teoría y también de la programación y la parte electrónica", comentó Yuka. "Hacían un gran equipo", agregó. Estaba al tanto de que pasó algo entre ellas y no hubo necesidad de que alguien se lo dijera, eran de esas cosas que podía notar. No mencionó nada, había asuntos en los que era mejor no meterse demasiado.

"Aún lo hacemos", dijo Honoka con una sonrisa pequeña.

Yuka también sonrió.

La plática entre ambas continuó con un tono más bien casual, hablaban de sus proyectos y de cómo iban las cosas en sus respectivas carreras y clases. Mientras que Honoka decidió comenzar con materiales, Yuka estaba más metida en programas computacionales así que ambas tenían mucho conocimiento para intercambiar.

Para Honoka siempre era agradable y emocionante pasar el tiempo con alguien a quien admiraba mucho. Fueron a la misma preparatoria y aunque Odajima Yuka oficialmente estaba en el Club de Ciencias, asistía a clubes tanto deportivos como artísticos y culturales si se lo pedían. En un momento se le veía ayudando al equipo de voleibol porque les faltaba una jugadora, y al siguiente tocaba el piano para un recital del coro de la escuela. En las pocas veces que se presentaba en el laboratorio siempre ayudaba con propuestas e ideas que encantaban a todas. Yuka en su momento confió muchas de sus ideas a Honoka para que las hiciera realidad en los proyectos del club. Ambas se tenían en buena estima.

No tardaron demasiado en llegar al gimnasio, a Yuka le pareció cómoda la distancia a caminar. Desde afuera el local lucía bien, incluso podían verse los equipos y ya había gente adentro haciendo ejercicio. También pudo notar a más de una persona uniformada de manera muy específica, seguramente el personal del que Honoka habló.

"Oh, has llegado", saludó Sakura, la recepcionista, a Honoka apenas la vio entrar. La chica era una de sus clientes frecuentes y de esas personas difíciles de olvidar. "Y tienes compañía", hizo un educado gesto a la otra chica. "Bienvenida, señorita".

"Es mi superior, va en la misma universidad que yo y quiere tomar la clase de prueba gratuita", informó Honoka con mucha propiedad.

"Oh, de acuerdo, señorita, anote su nombre aquí, por favor, y pase a los vestidores. La entrenadora de Honoka se encargará de usted", dijo Sakura con bastante contento. Siempre era motivo de alegría que sus clientes trajeran a otros.

"Por aquí, señorita Yuka", indicó Honoka apenas la mayor firmó en el registro. La guió al interior del sitio.

"Gracias", respondió Yuka y entonces miró a Honoka con cierta gracia. "Sólo dime 'Yuka', ¿de acuerdo?"

"Ah, de acuerdo", respondió una contenta Honoka. Llegaron a la zona principal y Honoka guió a Nagisa al interior. Pudo ver a su par de amigos y les saludó brevemente para no interrumpir sus ejercicios, los chicos correspondieron el saludo. "Mi entrenadora es ella", Honoka señaló a Nagisa, que de momento instruía a una chica en la manera correcta de usar uno de los aparatos.

Bastó que Nagisa se girara completa y se acercara al par de recién llegadas para que Yuka sintiera que el aire se le escapaba del cuerpo. Esa chica… ¡Misumi Nagisa! ¡Era ella! Su corazón comenzó a acelerarse. Tuvo que esforzarse bastante para mantener el decoro.

"¡Honoka!" Una contenta Nagisa se acercó al par. A Honoka le mandó una sonrisa agradable, pero a quien miró con sorpresa fue a la acompañante de ésta. "¡Eres tú! ¡Odajima Yuka! ¡No puedo creerlo, te veo de nuevo!" Exclamó, feliz.

"¿Se conocen?" Honoka se sentía curiosa. Miró primero a Nagisa y después a Yuka.

"Ah, sí, estuvimos juntas en secundaria", explicó Yuka con su tono calmado de costumbre, se mostraba serena aunque por dentro sintiera un carnaval en el estómago. Eso no evitó que le sonriera a Nagisa con sincera alegría. "Mírate, estás más grande que nunca, creciste bien, Nagisa. ¿Sigues practicando lacrosse?"

"¡Sí, asisto a una universidad deportiva! Estoy en el equipo femenil de lacrosse y participo en los torneos interuniversitarios", informó con orgullo. "Y también estudio para ser maestra", continuó. "¡Ah, entonces tú estás en la misma escuela que Honoka!"

"Sí, así es", respondió Yuka. Era imposible no sentirse bien al ver ese gesto de Nagisa. No había perdido esa sonrisa llena de energía y mucho menos su brillante aura. Esa presencia capaz de iluminar un estadio entero. Como pudo se guardó un suspiro. "Y si tú te has hecho cargo de entrenamiento de Honoka, entonces puedo esperar el mismo buen trato, ¿verdad?"

"¡Por supuesto!" Respondió Nagisa y miró a Honoka con una sonrisa inmensa. "Vayan a cambiarse y comenzaremos".

"Los vestidores están por aquí, sígueme", indicó Honoka, contenta. ¡En serio estaba contenta! Miró a Nagisa. "Enseguida regresamos".

Ya en la privacidad del vestidor ambas se cambiaron. Yuka estaba emocionada pero hacía un buen trabajo ocultándolo. Miró a Honoka. "Honoka, esos chicos a los que saludaste…"

"¿Ellos? Son mis amigos de la infancia, Fujimura y Kimata, ¿los conoces?"

"Nunca hablamos pero sí los conozco de vista, íbamos en la misma secundaria, la misma que Nagisa de hecho", explicó Yuka y terminó de cambiarse. Enseguida notó que tenía encima la mirada de Honoka. Sonrió de manera coqueta. "¿Ves algo que te guste?"

Honoka se sonrojó y rió con nervios apenas contenidos. No podía evitarlo, era natural para cualquiera admirar a semejante belleza. Asintió. "Siempre has sido muy hermosa".

"Lo sé. Gracias", le guiñó un ojo al decir eso. "Pero si me permites decirlo, tú eres muy linda también, no te quites méritos, Honoka", enseguida miró de arriba abajo a la chica, analítica, apenas ésta se puso de pie. "Es raro verte con ropa deportiva, pero no te ves para nada mal".

"Gracias", respondió Honoka con el mismo sonrojo. "¿Vamos?"

"Vamos".

Salieron del vestidor, Nagisa les esperaba. La rutina con Honoka ya estaba establecida, así que sólo le indicó con qué ejercicios comenzar. Enseguida puso atención a Yuka.

"¿Hay alguna parte de tu cuerpo que te moleste o que quieras mejorar?" Preguntó Nagisa como indicaba el protocolo. Ganas no le faltaban de mencionar que sabía que Yuka siempre estuvo en forma, pero eso no sería profesional.

"He estado inactiva desde que empecé la universidad. Así que quiero recuperar mi condición física", Yuka miró sus propios brazos. "Y después no me vendría mal tonificar".

Honoka rió un poco desde su sitio, hacía ejercicio de pesas con peso ligero pero imposible de ignorar. "¿Acaso quieres que toda la universidad se desmaye ante ti?"

Yuka rió. "No estaría mal". Miró a Nagisa con diversión. "Si pudiste hacer que Honoka levante eso, sé que podrás conmigo, Nagisa", dijo Yuka con un tono más bien suave.

La sonrisa de Nagisa se volvió enorme. Quería ser profesional pero no admirar a Yuka Odajima podía ser considerado delito. Asintió muchas veces. "¡Te dejaré en forma! Primero revisaré en qué condición está tu cuerpo y te pondré los ejercicios adecuados, ¿de acuerdo?"

"De acuerdo, estoy en tus manos".

La tarde se fue de manera agradable, incluso Nagisa despidió con buena cara a Kazuki y los chicos. Fujimura y Kimata felicitaron a Honoka por mejorar tanto, saludaron a Yuka, a quien sólo conocían de vista, y se retiraron. Yuka quedó tan conforme con el servicio que de inmediato se volvió miembro del gimnasio, aunque tuvo que irse antes por asuntos personales. Para cuando Honoka terminó de ducharse y arreglarse, sólo quedaba ella.

"Gracias por traer a Yuka, Honoka", agradeció Nagisa sin poder dejar de sonreír.

"Me sorprendió que se conocieran, eso hizo muy agradable la rutina de hoy. Además ella es fantástica, ¿verdad?" Honoka no las perdió de vista, lo admitía. En verdad quería que Yuka se inscribiera también y así fue.

"Lo es", Nagisa asintió. "Para no estar en forma lo hizo increíble".

Honoka estaba por decir algo, pero su estómago habló primero con un lindo rugido de hambre. Nagisa rió mientras Honoka se sonrojaba por la pena. Ésta última tomó aire antes de mirar a Nagisa con una sonrisa apenada que pronto se compuso a la dulce de siempre.

"¿Te gustaría ir a cenar algo? Yo invito. Puedo esperarte", propuso Honoka.

Nagisa sintió una linda sensación en su estómago y pecho al escucharla, sólo pudo sonreír. "Me encantaría". También había muchas cosas que quería platicar con Honoka.

No tenía nada de malo salir juntas como amigas, ¿verdad? Eso pensaron las dos.

CONTINUARÁ…