Lo que Nadie le(s) Dijo
Por: Escarlata
Precure pertenece a Toei, el plot es mío
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Parte 7 Un Abrazo que Cura
Honoka ya se había imaginado a sí misma abrazando a Nagisa, en su mente tenía la esperanza de sentir otro abrazo de ella y poder corresponderlo como su corazón se lo pedía. Lo que nunca le pasó por la cabeza fue que su deseo se cumpliría pero por una razón que para nada se acercaba a la alegría. Nagisa estaba aferrada a su cuerpo y Honoka la sostenía con una fuerza que no sabía que tenía. Hacía tan sólo unos minutos Nagisa había dejado de llorar, de momento sufría un hipo ligero y suspiraba cada dos o tres minutos.
Estaban en silencio, era lo mejor, porque no había más que Nagisa quisiera decir y Honoka ya estaba al tanto de todo lo que necesitaba saber. De hecho, Honoka enfureció al momento de escuchar que Kazuki besó a Nagisa contra su voluntad luego de básicamente perseguirla y no escucharla en lo absoluto, pero esa furia momentáneamente se apagó al ver que Nagisa necesitaba calma y paz, no furia vengativa.
Ambas estaban en su departamento, Honoka no supo a dónde más llevarla a decir verdad. De hecho alcanzó al mismo taxista que la llevó a la universidad de Nagisa ni bien ésta se le abrazó hecha un mar de lágrimas en cuanto se vieron. La explicación de Nagisa fue breve y Honoka se dedicó a abrazarla fuerte, muy fuerte, para calmar a la pobre. Se sentó con ella en el sofá de la pequeña sala-comedor y no se le separó.
No tenía el corazón para recordarle que en un rato más debía ir a trabajar, no estaba segura si Nagisa estaría en condiciones de ir al gimnasio, después de todo ese chico también asistía al sitio de manera regular. Nunca había intercambiado palabra alguna con él, sólo fugaces pero educados saludos con la cabeza, era normal verlo sonriente y animado, agradable incluso. Resultó que detrás de esa sonrisa había un muchacho que no entendía un simple 'no'. Si seguía pensando en el chico se iba a enfadar y tensa no le ayudaría a Nagisa. Decidió concentrarse en la chica en sus brazos y no en el chico al que quería romperle la cara.
Se escuchó un último suspiro salir de Nagisa antes de animarse a hablar, su voz ya no sonaba tan quebrada. "Vives bastante cerca del gimnasio, con razón lo elegiste", comentó Nagisa con tono bajo pero que al menos daba a saber que ya estaba mejorando.
"También hay un supermercado cerca, una lavandería y unos baños públicos, pero sólo voy ahí cuando falla el agua caliente en el edificio", contó Honoka en afán de ayudarla con una simple conversación. "No quieres saber lo elevada que es la renta simplemente por esas tres ubicaciones, a veces me siento culpable de que mis padres me ayuden a pagar el alquiler".
"¿No has pensado en conseguir un compañero de cuarto?" Preguntó Nagisa mientras respiraba hondo. El fresco y floral aroma de Honoka hacía magia, era como un analgésico.
"A decir verdad… No", respondió con una pequeña risa. "Me gusta mi privacidad y hacer mis cosas a mi modo, pero tampoco descarto la posibilidad de compartir el techo con una persona si la situación realmente me lo pidiera", explicó con graciosa seriedad.
"¿Y qué situación sería esa?" Preguntó una curiosa Nagisa. Honoka siempre se expresaba de una manera bastante divertida.
"Que por alguna razón mis padres ya no pudieran ayudarme con los gastos, o que yo decidiera tomar todos los gastos por mi cuenta", comenzó a enumerar una seria Honoka. "A decir verdad últimamente he pensado en encargarme de todos mis gastos pero ya hice las cuentas y difícilmente llegaría a fin de mes incluso tomando un trabajo de medio tiempo", explicó sin dejar de darle cariños a Nagisa en el cabello, tampoco la soltaba. "Mi beca ya es completa y sólo podría aspirar a tener fondos extra en uno o dos años si me inscribo a programas patrocinados por empresas o laboratorios, pero si acepto alguno de esos fondos, entonces prácticamente estaría firmando un contrato con esas empresas porque les debería dinero. No quiero atarme a un solo sitio tan rápido y…"
Por su lado, Nagisa no pudo evitar sonreír aunque fuera un poco mientras Honoka hablaba, era relajante escucharla, estar ahí con ella y protegida en sus brazos, Honoka la hacía sentir segura como nunca antes lo había experimentado. No negaba que las caricias en su cabello a momentos la hacían suspirar. ¿Por qué todo se sentía tan bien con Honoka?
"Oye, Honoka", Nagisa tuvo que interrumpirla.
"¿Qué pasa?" Honoka dejó el discurso de lado para ponerle atención.
"Eres rara", dijo para enseguida echarse a reír.
Honoka se sonrojó al sentir a Nagisa reír contra su cuello, tuvo que tragar saliva para controlarse y no pensar en cómo el aliento de Nagisa chocaba en su piel. Sólo atinó a reír nerviosamente, pero no por las razones que su acompañante creería. "No soy rara".
"Lo eres, pensé que dirías otra cosa, como invitar a alguna novia a vivir contigo, o incluso a alguna amistad, pero comenzaste a decir todo eso y ahora me siento como una tonta", por alguna razón Nagisa no podía parar de reír.
Honoka sonrió y ésta vez acarició su espalda. No pudo percibir el súbito escalofrío en Nagisa cuando hizo eso porque estaba muy ocupada controlando sus propias reacciones involuntarias. "Lo siento", dijo con un suspiro, "esos también son posibles escenarios, pero están al final de la lista si te soy sincera. Supongo que sí soy un poco rara".
"Lo eres, pero eso te hace genial. Me gusta que seas así", esas palabras salieron antes de que Nagisa supiera lo que estaba diciendo. Y al darse cuenta, tragó saliva. Sabía que a veces su boca era más rápida que sus pensamientos, pero tampoco estaba mintiendo. Tampoco se podía concentrar mucho si Honoka le prodigaba todos esos cariños.
"Gracias", fue todo lo que Honoka pudo responder.
"Soy yo quien debería agradecerte, Honoka. Gracias a ti me siento mejor", y fue la misma Nagisa la que deshizo el abrazo. Estaba demasiado cómoda pero no quería molestar a Honoka, no más de lo que ya lo había hecho. "Debo ir a trabajar". Miró el reloj en el muro, estaba a buena hora de llegar a su trabajo, incluso podría comer algo rápido en el camino.
Honoka sintió los brazos raros luego de que Nagisa se alejó, pero pronto sacudió ese pensamiento de su cabeza. Miró a Nagisa aún con preocupación. "¿Estarás bien? ¿Quieres que te acompañe?"
Nagisa negó. "Ya me ayudaste mucho y debes descansar, seguro que tienes mucho por hacer hoy", le sonrió. "Estaré bien, en serio, si él se aparece y me molesta, le puedo decir a mi jefe… Aunque", Nagisa apretó un poco los labios. "Yo… Bueno…"
"¿No quieres hacer el asunto más grande, verdad?" Preguntó Honoka y Nagisa le miró con sorpresa. "Lo supuse porque me llamaste a mí, no acudiste a tus conocidas de la escuela".
Nagisa volvió a reír, ahora con pena, mientras se rascaba la nuca. "¿Acaso sabes leer la mente o algo?" Pero no la dejó responder, suspiró fuerte y se puso de pie para estirarse todo lo posible. Aún sentía el cuerpo tibio por culpa del abrazo. "No puedo dejar que esto me derribe, tengo muchas cosas qué hacer y ese idiota no me lo va a arruinar".
Honoka sonrió ampliamente y asintió. "Así es, nadie debe arruinarte el día, no así", le echó una mirada al reloj y volvió su atención a Nagisa. "¿Estás a tiempo, verdad?"
"Más que a tiempo, podré comer algo en el camino", y para confirmar sus palabras, su estómago gruñó de manera ruidosa. Nagisa se sonrojó. "Creo que llorar mucho me dio más hambre de la normal".
"Si aún tienes tiempo quédate a comer, puedo preparar algo rápido", dijo Honoka de inmediato. "¿Qué dices?"
Nagisa sentía que ya había molestado mucho a Honoka y estuvo a punto de negarse, pero su estómago aceptó la invitación con otro rugido digno de una fiera hambrienta, incluso la pobre sintió un dolor que la obligó a sujetarse el estómago. "Acepto, muchas gracias".
Honoka sonrió, feliz como pocas veces. "No tardaré nada", dijo y dio los pocos pasos que la separaban de la cocina. Por supuesto, su apartamento era compacto, el espacio apenas era suficiente, pero así eran todos los apartamentos en renta pensados para estudiantes y personas solteras. Viviendas apenas suficientes para dos personas, no más. Honoka tomó el delantal que tenía colgado en el muro y se lo puso, era de flores, un regalo de su abuela.
Nagisa no perdió de vista a Honoka. Se ve linda con ese delantal, pensó por un instante, para enseguida imaginarse lo lindo que sería vivir ahí, con ella, y verla cocinar mientras usaba ese mismo y lindo delantal. Pero no pasaron ni dos segundos antes de que entrara en pánico por culpa de su propia imaginación. ¡¿Qué diablos estoy pensando?! ¡No puedo creerlo! Se cubrió los ojos y le dio la espalda a Honoka. ¡Ella es mi amiga! Aunque… Podríamos compartir techo como amigas, pero a Honoka le gustan las chicas, seguro que preferiría pasar el tiempo con alguien a quien ella pueda abrazar y besar y…
Y hablando de abrazos, los brazos de Honoka se sintieron bien. Por un instante tuvo el deseo de volver a tenerlos alrededor de su cuerpo, pero rápidamente sacó esa idea de su cabeza. No era correcto ni algo que pudiera pedirle de la nada. Suspiró hondo y decidió concentrarse en algo que no fuera Honoka. Optó por echarle un vistazo al apartamento. Era agradable, la pintura blanca le daba mucha luz, los muebles eran lindos, incluso reconoció la mesa que Honoka armó, parecía comprada. Sonrió. El sitio estaba limpio, olía bien, tenía flores en macetas en varios sitios, pero aún en ese orden pudo ver el pequeño caos. Había libros en más de un mueble, su escritorio estaba lleno de papeles sueltos, también vio frascos de contenido desconocido, había un pequeño librero anclado en el muro con más libros. Pudo ver fotos en los muros y se acercó a verlas mejor. Vio fotos de Honoka de pequeña y también de adolescente posando con una señora mayor, seguramente su abuela, también la vio con un perro labrador muy lindo y con una pareja que claramente eran sus padres. Sabía poco de Honoka, pero gracias a esas fotos se podía adivinar que era hija única. Sonrió más, no pudo contenerse.
Mientras Nagisa estaba en lo suyo, Honoka calentaba lo que le había quedado de su desayuno. Tenía suficiente para recalentar, pero si no fuera porque tenía el tiempo contado y la despensa casi vacía podría cocinar algo más trabajado. Arroz, filete de pescado, sopa de miso y verdura que le quedó, eso debería ser suficiente. Procuró que la ración de Nagisa fuera más grande que la propia. Y hablando de Nagisa, la miró de reojo y vio que exploraba un poco el apartamento.
Seguía pensando en el asunto de tener una compañera de piso. Si no se lo propuso a Yuriko en su momento, fue porque ambas tenían la cabeza llenas de sus proyectos y todo lo que aprendían juntas. Admitía haberla invitado a su cama en más de una ocasión para pasar un rato de calidad más íntimo, incluso hizo lo mismo con citas ocasionales antes de Yuriko que no llegó a más por acuerdo mutuo. Pero ahora que lo pensaba de nuevo, la idea de tener ahí a Nagisa era linda pero que no podría cumplir ni siquiera en son de amigas. ¿La razón? Cada día le gustaba más y no quería molestarla o hacer algo inapropiado en un arrebato.
No podía, no debía, mucho menos cuando Nagisa acababa de demostrarle que confiaba en ella al grado de poder mostrarse totalmente débil y vulnerable. No podía fallar a esa confianza y no lo haría. Pensar en ello la hizo sonreír al fin y terminar la comida para ambas.
Por su lado, Nagisa sólo pudo pensar en lo lindo que era el dormitorio de Honoka. En serio olía muy bien, olía a flores, olía fresco. Olía a Honoka. Eso o que por culpa del abrazo aún tenía su aroma en las narices. Pudo ver una pijama en una silla, seguramente no le dio tiempo de guardarla, vio más libros en la cama, su laptop. Sonrió. Ese apartamento en serio era de Honoka, era como Honoka. A primera vista lucía ordenado, propio, ejemplar incluso, pero bastaba un vistazo más de cerca para ver los pequeños detalles. ¿Acaso eso en la alfombra era una marca de quemadura? Rió por lo bajo. Ese caos también era Honoka.
Ese espacio era de ella y de nadie más y por un instante, por un momento, se imaginó a sí misma en ese cuarto, tumbada en la misma cama junto a Honoka, ésta leyendo y Nagisa jugando sus juegos de vídeo. La imagen le gustó pero enseguida se sacudió la misma de la cabeza. Compartir una cama de esa manera requería subir muchos escalones de confianza aún. Además, Honoka seguramente preferiría compartir su cama con alguien con quien no solamente pudiera estar tumbada cómodamente, si no con alguien a quien pudiera besar si la ocasión y el deseo lo pedían.
Y entonces se preguntó cómo se sentirían los labios de Honoka.
La idea hizo que la cabeza le estallara. Se sintió caliente hasta las orejas, entró en pánico y se cubrió la cara. "¡Ah, no puedo creerlo! ¿¡En qué estoy pensando!?" Gritó, aún en pánico.
"¿Nagisa?" Honoka estuvo a punto de dejar lo que estaba haciendo, pero vio a Nagisa acercarse, no levantaba la cara. No pudo decir nada.
"Estoy bien, en serio lo estoy. ¿Puedo usar el baño?" Preguntó Nagisa sin destaparse la cara.
"Justamente iba a decirte que te lavaras las manos, ya voy a servir la comida", dijo Honoka y señaló la puerta azulada a un costado. "Adelante".
"Gracias", Nagisa entró corriendo al baño y cerró la puerta tras de sí. ¿Cómo se le ocurrió pensar siquiera en esa posibilidad? Quizá porque era un escenario posible, después de todo a Honoka le gustaban las chicas y Nagisa, precisamente, era una chica. Eso pensó y ganas no le faltaron de darse un golpe a sí misma. Estaba pensando tonterías. Decidió usar el baño, lavarse las manos y comer como su estómago tanto se lo pedía.
Aprovechó para mojarse bien la cara, ya casi no tenía rastros del llanto, sus ojos seguían ligeramente hinchados pero con un poco de aire fresco se sentiría mejor y recuperaría su buena cara. Todo gracias a Honoka. Salió del baño y lo primero que la asaltó fue el golpe aromático en toda la nariz, tragó saliva. Olía delicioso. Fue corriendo a la mesa y miró todo, Honoka ya se había quitado el delantal y servía un par de vasos de té con hielo.
"Lamento no poder preparar algo más trabajado, espero que te llenes con esto", dijo Honoka con algo de pena mientras se sentaba.
"¿Bromeas? ¡Todo se ve delicioso! ¡Hace mucho que no como comida casera! Sólo puedo comerla cuando voy a visitar a mis padres", dijo una feliz Nagisa. Se sentó frente a Honoka, dio las gracias por la comida junto con ella y de inmediato comenzó a comer. De nuevo le salieron lágrimas de los ojos, pero ahora de la más pura felicidad. "¡Y está delicioso! ¡Honoka, cocinas genial! ¡Gracias!" Exclamó entre bocados, no podía dejar de comer. La comida de la cafetería de la escuela no era mala, además era económica gracias a su posición como alumna becada, lo que comía el resto del día era comida de calle, así que su nutrición, aunque relativamente balanceada, carecía del toque hogareño.
Honoka se quedó sorprendida al verla tan emocionada y tan feliz. Sólo sus padres se emocionaron así la primera vez que cocinó para ellos, sola y sin ayuda. Ver a alguien más genuinamente feliz por algo que ella hizo la puso contenta. Comió también y, sí, por alguna razón el estofado sabía mejor que de costumbre.
Nagisa terminó primero que ella, comía mucho más rápido.
"No quiero dejarte sola en la mesa, pero debo irme ahora si quiero llegar a tiempo al gimnasio", dijo Nagisa mirando nuevamente el reloj en el muro. Enseguida le sonrió a Honoka. "Gracias por todo, estaré bien".
"¿Segura que no quieres que te acompañe?" Preguntó Honoka mientras se ponía de pie para al menos acompañarla a la puerta.
"Ya hiciste mucho por mi hoy, me las sabré arreglar si me lo topo, te lo prometo", dijo Nagisa mientras se aseguraba de no olvidar nada y se colocaba los zapatos. Miró a Honoka con una sonrisa enorme, inmensa. Brillante incluso. "Gracias por la comida, Honoka. Invítame de nuevo a comer, ¿sí?"
Honoka no pudo evitar sonrojarse. "Cuando quieras. Me alegra que te gustara. Ve con cuidado a tu trabajo".
"Gracias. Te mando mensaje al rato contándote si pasó algo o no, ¿de acuerdo?"
"De acuerdo".
Nagisa respiró hondo, por alguna razón se ruborizó también pero no supo identificar la razón. Prefirió no pensar en ello y hacer lo que mejor sabía hacer: seguir los impulsos de su corazón. Abrazó a Honoka, fuerte, la apretó un poco en sus brazos. "Gracias". Hundió su rostro en el cuello de Honoka, no pudo evitarlo. Hueles tan bien, me gusta.
Ésta vez Honoka se permitió a sí misma corresponder el abrazo y apretarla con la misma fuerza, con cariño, con algo más de libertad. Sonrió. "Por nada. Ánimo en tu trabajo".
Nagisa sonrió de manera amplia y asintió antes de soltar a Honoka y finalmente irse. Ninguna de las dos dejó de sonreír, sus sonrojos tardaron un rato en desaparecer.
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Katsuko no despegaba su severa mirada del basquetbolista, tampoco tenía planeado dejarlo ir, pero más pronto que tarde percató que el chico no tenía fuerzas ni para moverse. Seguía enfadada pero no por ello le pasó por alto que ese chico en serio estaba avergonzado. Se cruzó de brazos, ganas no le faltaban de romperle la cara, pero si se hacía el problema muy grande, Nagisa no podría jugar en el inicio de la temporada de juegos, ella misma tampoco podría y ganas no le faltaban que ese chico tampoco pudiera, pero debía mantener la cabeza fría. Sabía mantener la cabeza fría, era una de sus mejores cualidades como jugadora.
"¿Y bien?" Le cuestionó sin más. "¿Qué diablos pensabas hacerle a Nagisa, idiota?"
"Sólo quería demostrarle lo mucho que me gusta, pero lo hice todo mal, soy un estúpido", se lamentó Kazuki mientras se tapaba el rostro con ambas manos.
Katsuko tensó la quijada. "¡Sí, hiciste todo mal, eres un estúpido!" Notó cuando el chico ponía un gesto más dolido aún. "Ella te pidió que la dejarás en paz y tú no lo hiciste, claramente eres estúpido", recalcó. "¡Y encima la besas a la fuerza! ¡Debería romperte la boca ahora mismo!" Ésta vez lo gritó.
Kazuki se encogió más en sí mismo. "Ella me gusta mucho, de verdad me gusta", repitió el chico, pero en ese momento esas palabras tenían un mal sabor en su boca. Apretó los ojos. "Sólo quería gustarle también, sólo quería estar con ella".
La jugadora de lacrosse se llevó la mano a la frente mientras su ceño se fruncía más. "¿Y? ¿Pensaste que si le insistías sin descanso ella caería rendida a tus pies?" Le miró y, por el gesto que el chico puso, era obvio que iba a responder que sí. "Pues no le gustas y, por lo poco que escuché, ella ya te lo ha dejado en claro más de una vez, ¿o no?"
Kazuki no tuvo más remedio que darle la razón, asintió. "Pensé que podría llegar a gustarle si sabía que ella ya me gusta a mí".
"No funciona así, no sé de dónde sacaste esa idea pero si no le gustas a alguien, no le gustas y ya, y ella no te debe una razón para no gustarte", negó con la cabeza. "Forzar tus sentimientos en alguien que no los pidió es insensible y cruel, y hacer sentir a esa persona responsable por ellos es peor".
El joven basquetbolista no supo qué decir. Y de hecho recordó, hasta ese momento, las palabras de sus superiores del equipo de fútbol: Para compartir algo se necesita que la otra persona esté dispuesta a recibir lo que le ofreces. Desde antes ellos notaron que algo estaba mal con sus acercamientos a Nagisa, intentaron advertirle sin parecer tan entrometidos y hubiera agradecido que lo hubieran hecho con más fuerza, pero algo le decía que tampoco les hubiera puesto atención y mucho menos hecho caso.
"No volveré a molestarla, pero en serio me duele no poder hablar con ella", dijo, triste. "Me dolió verla así, en serio la estaba pasando mal y todo es mi culpa".
"Así es, es culpa tuya y de nadie más, lo hubieras pensado mejor. Además no sé por qué te sientes triste y dolido si la que se fue llorando fue ella, ¡deberías estar enojado contigo mismo!" Katsuko no podía olvidar ese gesto en Nagisa. También le dolió y sobre todo le enfureció mucho ver todo lo que pasó. Tan sólo recordarlo reavivó su deseo de romperle la boca a ese idiota. "Más te vale que la dejes en paz, ¿escuchaste?"
"¡Al menos quiero disculparme con Nagisa! ¡No puedes impedir que me acerque a ella!" Reclamó el basquetbolista, bastante alterado.
"Sí puedo", recalcó la chica y puso un gesto genuinamente amenazador. "Si te le vuelves a acercar, si la molestas de nuevo, tendré que meter un reporte en tu contra por conducta inapropiada. Les haré saber a todos que pusiste en juego el desempeño de una atleta prometedora, les diré que abusaste de su confianza, haré tal escándalo que no podrás pisar ninguna cancha mientras te investigan", advirtió con voz tensa, segura.
Kazuki ésta vez puso un gesto asustado. Por la cara que tenía esa chica, hablaba muy en serio. "Yo…" Un reporte de conducta inapropiada era algo muy serio.
"Aunque tienes razón en parte, lo menos que merece Nagisa es una disculpa de verdad", se cruzó de brazos. "Has lo correcto ésta vez, discúlpate pero sólo si harás lo correcto y no rogarle que te ponga atención", suspiró. "Y si veo que la estás molestando de nuevo, no lo dejaré pasar. Dime tu nombre".
"Hasekura Kazuki", respondió de inmediato. "Jugador del equipo de basquetbol".
"Mi nombre es Nagasawa Katsuko, miembro del equipo femenil de lacrosse, compañera de equipo y de cuarto de Nagisa", respondió, seria. "Con tu permiso, tengo cosas qué hacer. Y no olvides lo que te advertí", el chico negó y Katsuko asintió. "Me retiro", fue lo último que dijo antes de bajar las escaleras y salir del edificio a paso rápido.
Katsuko no estaba segura de la hora en la que Nagisa regresaría al dormitorio, últimamente pasaba el rato con una chica que había conocido en el gimnasio, o al menos eso fue lo que Nagisa le comentó en días pasados. Siempre regresaba antes del toque de queda, eso sí. Sólo atinó a enviarle un mensaje de texto para que le avisara cuando estuviera a punto de llegar a la escuela. Quería asegurarse que estuviera bien y que el chico no la topara a solas, al menos no tan pronto. Lo primero era asegurarse que ella se encontrara mejor.
Por su lado, Kazuki simplemente se fue a su dormitorio. Ir al gimnasio a buscarla era mala idea, no quería molestar a Nagisa, en serio no quería ser un idiota de nuevo. Lo mejor era tomar las cosas con calma justo como sus superiores lo sugirieron. Debía darle tiempo a Nagisa para tranquilizarse antes de poder disculparse con ella. Ésta vez lo haría bien.
El resto de la tarde pasó. Nagisa pudo llegar al gimnasio con relativa calma, aunque más de una vez miró a la puerta principal por si a Kazuki le daba por ir. Para suerte suya, Yuka Odajima llegó y su sola y elegante presencia bastó para que Nagisa se concentrara al 100% en su labor al menos mientras trabajaba con ella. Durante ese rato recibió un mensaje de Katsuko y le pareció un poco raro, ¿algún asunto del dormitorio o del equipo del que no se enteró? No estaba segura pero respondió afirmativamente a su compañera. El otro mensaje que la hizo sonreír fue el de Honoka invitándola a cenar. También le respondió que sí sin siquiera pensarlo. La comida de Honoka era algo que sin duda podría comer todos los días.
"Pareces bastante contenta", comentó Yuka apenas terminó su última sesión de ejercicios, se secaba el sudor del cuello y el rostro. Le gustaba mucho trabajar con Nagisa y, admitía con cierta pena, que le gustaba recibir toda la atención de Nagisa para ella sola. Agradecía tanto a Honoka por haberla llevado ahí que pensaba invitarla a tomar un café apenas pudiera, se la debía. A la que no estaba segura de atreverse a invitarle un café era a Nagisa.
"¿Yo? ¿Contenta?" Preguntó Nagisa con cierta sorpresa. Tuvo que guardarse un suspiro, a momentos se le olvidada lo mal que la había pasado tan sólo unas horas antes. Gracias a Honoka se sentía bien, pudo seguir con su día. Le sonrió a Yuka. "Sí, lo estoy", enseguida pensó en algo. "Yuka, disculpa… ¿Puedo preguntarte algo?"
"Por supuesto que sí. Te escucho".
"¿Sabes cuándo es el cumpleaños de Honoka?"
Yuka hizo memoria y, sí, sí sabía. Yuka miró a Nagisa con cierta ternura, y también con algo de sorpresa, porque a Yukishiro Honoka le conocía solamente un puñado de conocidos, ella misma entre estos. Que Honoka hiciera amistad con una chica tan opuesta a ella como lo era Nagisa era de sorprenderse. "Cumple años el 4 de abril, lamentablemente la fecha ya pasó".
"Oh, comprendo", y era bastante tarde como para un regalo atrasado de cumpleaños, pero al menos ya tenía el dato. Igualmente le sonrió a Yuka. "¡Gracias!" Rápidamente regresó a su papel de entrenadora. "Hiciste un gran trabajo hoy, en cuestión de un par de semanas comenzaremos a reafirmar tus músculos".
"Seguiré esforzándome, gracias por tu servicio", dijo Yuka con singular alegría. De nuevo le pasó por la cabeza la idea de invitarla a tomar un café, pero rápidamente negó por lo bajo. Respiró hondo. "Gracias. Iré a los vestidores". No podía invitarla a salir de la nada, ni siquiera eran amigas. Al menos no todavía.
"¡No olvides pasar por tu proteína!" Le recordó Nagisa en cuanto la vio apresurarse a los vestidores, después de todo Yuka había pagado un paquete de servicio más completo que el de Honoka, que incluía un suplemento alimenticio preparado a su elección al final de cada sesión. Sonrió con bastante satisfacción y siguió el resto de su jornada laboral.
Por su lado, Honoka hizo lo que tenía planeado hacer ese día, al menos lo prioritario, de la limpieza podría encargarse después, lo primero que hizo fue ir por su despensa y luego encargarse de su ropa sucia. Lo hacía con prisa pero con emoción, después de todo Nagisa había aceptado su invitación para cenar y pensaba preparar uno de los platillos que más le gustaba y que su abuela solía cocinarle en cada visita, todo para hacerla sentir en casa: estofado de carne. Nagisa decía que extrañaba la comida casera, ¿verdad? Bien, le prepararía un estofado de la abuela con todo el cariño que se permitía a sí misma profesar.
Para Honoka el resto de la tarde pasó relativamente tranquila, seguía con el apuro de que ese chico fuese a buscar a Nagisa al gimnasio cuando ésta saliera del trabajo. Decidió no arriesgar nada y esperar a Nagisa, llegó justo a la hora que ésta terminó su turno.
Por el gesto que Nagisa tenía cuando se vieron, Honoka supo que no había pasado nada fuera de lo normal. Volvieron al apartamento juntas y Nagisa disfrutó la cena, le gustó tanto que ella sola vació la olla de estofado. No que Honoka preparara mucho, pero a ésta le fue sorpresivo y lindo a su modo que Nagisa se devorara hasta el último trozo de verdura.
"¿Segura que no tienes que te acompañe a tu escuela?" Preguntó Honoka mientras Nagisa se alistaba para irse. Le entregó una porción del estofado que Nagisa le pidió para llevar.
"Honoka, ya hiciste mucho por mí, más de lo que podrías imaginar", respondió Nagisa y le sonrió a Honoka con esa enorme sonrisa suya. Tomó las manos de su amiga con cariño. "Si sigues haciendo más, no querré irme de aquí", dijo, disfrutando de la calidez de ese par de manos en las suyas. "Gracias a tu ayuda podría encarar a Kazuki justo ahora si pudiera".
Honoka rió suavemente y correspondió el gesto, las manos de Nagisa eran tibias, le gustaba ese tacto. "¿No quieres que le rompa la nariz? No sería la primera vez que lo hago", rió.
Nagisa rió más fuerte. "No, no te metas en líos, todo estará bien, en serio", suspiró hondo y estrechó un poco más las manos de Honoka. "Debo irme, nos vemos luego".
"Ve con cuidado".
Finalmente se soltaron y Nagisa salió del apartamento pero no sin antes hacer lo que su corazón le pidió, miró una vez más a Honoka antes de salir de su vista. "¡En serio te pediría salir conmigo, eres fantástica!" Y corrió. Más bien dicho huyó mientras sentía la cara arder. Se distrajo respondiendo el mensaje de Katsuko y avisando que ya iba en camino.
Honoka tuvo que lavarse la cara con agua fría para no sufrir un colapso. Nagisa iba a matarla un día de esos. "No puedo creerlo", murmuró una feliz pero exasperada Honoka.
Por otro lado, Nagisa en serio se sentía segura de enfrentar a Kazuki si lo viera en ese momento, no que pensara buscarlo pero se estaba segura de lograrlo. En cambio, a quien encontró en la entrada principal fue a Katsuko. ¿La estuvo esperando? No entendía lo que pasaba. Su compañera de cuarto le indicó con un gesto que caminaran juntas. Nagisa la siguió. Antes de que pudiera preguntar algo, Katsuko habló primero.
"Lo que pasó en la tarde con ese chico", dijo y notó el sobresalto en Nagisa. "Lo vi sin querer. No pude intervenir antes pero ya lo puse en su lugar. No te molestará por un rato", explicó sin más, miró a Nagisa con el ceño fruncido. "¡No puedo dejar que un idiota altere a mi mejor compañera de equipo! ¡Te necesito entera para el inicio de la temporada!"
Nagisa no supo cómo reaccionar, pero no tardó en sonreír con mucha alegría. Abrazó bruscamente a Katsuko por los hombros con un brazo. "Gracias", sonrió más al ver que Katsuko no hizo nada por separarse de ella. "Te traje estofado de carne. Es casero."
"Gracias", respondió Katsuko con graciosa seriedad y ambas fueron al dormitorio.
CONTINUARÁ…
