Lo que Nadie le(s) Dijo
Por: Escarlata
Precure pertenece a Toei, el plot es mío
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Parte 8 Evidentemente Preocupante
Definitivamente el café era lo mejor de la cafetería del Tecnológico, eso pensaba Honoka y en eso trataba de concentrarse, en todo menos en la intensa mirada que le echaba Yuriko. De alguna manera su plática se desvió cuando Honoka accidentalmente mencionó lo sucedido tan sólo un par de días antes y, sobretodo, lo lindo que fue poder abrazar a Nagisa. Sin entrar en detalles del problema que atravesó Nagisa, claro. Yuriko supo leerla y toda la plática se deformó hasta convertirse en un interrogatorio en toda regla. Honoka estaba demasiado roja como para levantar la cara, se puso en evidencia sola y sin ayuda. Bebió el resto de su café más rápido que de costumbre y finalmente miró a su amiga.
"De acuerdo, lo confieso. Nagisa me gusta. Pero no la cortejaré", aclaró de inmediato. "A ella le gustan los chicos", aunque últimamente Nagisa le decía cosas que la descolocaban un poco. Nagisa era juguetona y quizá decía todo eso sin ninguna otra intención más allá de bromear amistosamente. "Lo último que quiero es ponerla incómoda y alejarla".
Yuriko se acomodó las gafas. Era lindo ver a Honoka enamorada de nuevo, pero siempre era un asunto complicado enamorarse de alguien dentro de la norma. Sonrió de manera suave. "El problema aquí es que tus sentimientos por ella siguen creciendo, Honoka", comentó. "Y te conozco lo suficiente como para saber que harás algo tonto por impulso".
"Lo sé", respondió Honoka con un suspiro cansado. "Estoy pensando seriamente en concentrarme en alguien más para que no crezcan estos sentimientos", miró su vaso, "así podré seguir portándome como una amiga para Nagisa. Es decir", jugó el vaso de café vacío entre sus manos, "me gusta mucho ser su amiga y compartir cosas con ella, sé que debería disfrutar lo que tenemos y enfocar mi mente en eso", no en caer hechizada por lo encantadora que era Nagisa. "Pero salir con alguien más sólo para distraerme de lo que verdaderamente siento es caer demasiado bajo".
"Según recuerdo antes tenías citas ocasionales hasta con perfectas extrañas", comentó Yuriko mientras hacía memoria. Ninguna de esas citas pasaba a más, muchas eran cosa de una noche. No era quién para juzgar a Honoka. "Antes de que tú y yo saliéramos, claro".
"Ese es un punto importante, que por ese entonces mis sentimientos por ti no estaban despiertos y podía salir con alguien más, pero cuando comenzamos el cortejo mutuo dejé de hacerlo porque sentía respeto por lo que estábamos construyendo juntas", Honoka le sonrió de manera amplia. "Aún tengo ese respeto por ti y por lo que tenemos ahora, Yuriko".
"Lo sé. Gracias, Honoka", respondió Yuriko con sincera alegría. "Y ahí hay otro punto clave", señaló enseguida, "que las dos sabíamos lo que estábamos haciendo, era un asunto totalmente bilateral y decidiste concentrarte sólo en mí porque estábamos correspondiendo los avances mutuos", debatió Yuriko de inmediato. No quería que Honoka la pasara mal dando vueltas en el mismo sitio cuando el camino lo tenía cerrado desde el inicio. No conocía a la chica de la que Honoka se estaba enamorando perdidamente, así que no podía elaborar demasiado y mucho menos ofrecer palabras más adecuadas a su atribulada amiga. "Si lo tuyo es unilateral y ella te ve como a una buena amiga, entonces no tienes razón para sentirte culpable si necesitas distraerte con citas ocasionales," finalizó Yuriko con firmeza.
Honoka lo pensó un momento. La simple idea de poner a Nagisa en una ecuación y hacerla responsable de alguna manera por sus sentimientos, cuando ella no tenía ni idea de lo que le pasaba a Honoka por el corazón, era totalmente injusto. Suspiró hondo. "Tienes razón, además no puedo darle a Nagisa una carga que no pidió y de la que no sabe nada".
"Eres demasiado noble, Honoka, es una de tus mejores cualidades, pero no dejes que te juegue en contra", dijo Yuriko con un gesto suave. Que Honoka pusiera los sentimientos de esa chica antes que los propios era la inequívoca señal de que su cariño por ella era sincero.
Honoka rió suavemente y enseguida tomó aire de manera honda. Debía poner sus pensamientos en orden para no hacer alguna tontería, era su mejor plan de acción y se apegaría a él. "Lo intentaré", fue lo único que pudo decir. "¿Nos vamos?" Revisó la hora en su móvil. Aún les faltaba una clase, la tomaban juntas dos veces por semana.
"Vamos", Yuriko no tuvo más opción que sonreírle a Honoka y salir junto con ella de la cafetería. Lo único que podía hacer por Honoka ya estaba hecho, no podía ni debía meterse más. Esperaba que su querida amiga saliera de ese lío de la mejor manera posible. Esa chica, Misumi Nagisa, debía ser realmente especial como para atrapar el corazón de alguien como Yukishiro Honoka sin aparente esfuerzo. No quería entrometerse más pero tampoco negaba que estaba realmente curiosa por conocer a esa chica, quizá después se daría la oportunidad.
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El resto de la semana pasó tranquila para Nagisa y lo agradecía mucho a las personas que tanto le ayudaron, a Katsuko por mantener a raya al basquetbolista y a Honoka por darle calma y seguridad cuando más lo necesitaba. Kazuki había ido al gimnasio junto con su equipo como marcaba su entrenamiento, pero para Nagisa fue tranquilizador que el chico ni siquiera le dirigiera la mirada. Katsuko le dijo que él se iba a disculpar con ella pero primero le daría tiempo, Nagisa aceptó, tampoco tenía tanta prisa por hablar con él de nuevo.
Nadie le dijo a Nagisa que algo que en apariencia era normal y que los chicos y las chicas hacían, podría convertirse en algo tan incómodo. Es decir, Kazuki no era el primer chico que se le acercaba, había tenido más de un novio en su haber desde secundaria, pero era el primer chico que trataba de forzar su avance de esa manera tan invasiva, los demás chicos fueron más bien dulces y bastante lindos y no pasó de una relación más allá de unos meses, pero a todos los recordaba con cariño. Y ya que repasaba a sus antiguos novios, recordó las palabras de Honoka, ese 'cuando las cosas comienzan a estar de más', tenía razón.
Nagisa no negaba que si Kazuki hubiera actuado de una manera totalmente distinta y hubiera procurado un tiempo más adecuado y un avance menos intenso e invasivo, quizá habrían salido juntos y eventualmente tenido un romance, pero no fue así. Él sólo se buscó su rechazo. Por suerte, al ya no tener motivos para preocuparse por el basquetbolista, podría concentrarse mejor en sus entrenamientos, el equipo pulía sus mejores jugadas y todas estaban confiadas en dar todo de sí para su primer partido de la temporada.
"¡Corre, Nagisa!" Gritó la capitana apenas vio que la chica atrapaba un preciso pase de Katsuko. No pasó mucho para que Nagisa anotara el tiro final del partido de práctica. "¡Bien hecho!" Todas celebraron el punto y también el final del entrenamiento. Con una señal reunió a todas y primero miró a Nagisa y a Katsuko. "Quiero que ustedes dos sigan practicando juntas, pero como tampoco podemos depender exclusivamente de sus ataques, el resto de la semana nos concentraremos en la defensa y un contra-ataque desde media cancha, ¿entendido?" Todas gritaron un sí. "¡Bien! ¡Ahora vamos a las duchas!"
Todas estaban sudadas, cubiertas de césped y un poco de lodo, un aspecto por demás habitual en los alumnos que practicaban deportes de contacto en exteriores. Mientras todas se daban una merecida y fresca ducha, Katsuko, que estaba en la ducha al lado de la de Nagisa, pudo platicar con ella. Últimamente tenían una mejor comunicación, a su modo, claro, y se acoplaban mucho mejor en las jugadas.
"No olvides el tupper de tu amiga, ya lo lavé, y dale las gracias de mi parte, la comida estuvo deliciosa", dijo Katsuko mientras se lavaba bien el cabello, tenía pasto luego de que una defensa la hiciera rodar por el suelo con un poderoso tacleo.
"Se lo diré", respondió una feliz Nagisa. La noche anterior cenó con Honoka y, cuando le comentó que a su amiga le gustó mucho el estofado de carne de la vez anterior, Honoka le mandó parte de lo que habían cenado. A Nagisa le gustaba mucho que Honoka fuera tan compartida. Además el gesto de encanto de Katsuko al comer algo casero era digno de fotografía. "O se lo podrías decir tú misma, la invité al partido y me dijo que vendría".
Katsuko asintió. "Se lo diré". Según lo que Nagisa le había contado de esa nueva amiga suya, se trataba de una estudiante del Tecnológico de Tokio, un sitio reservado exclusivamente para los genios del país. También le dijo que era una persona amable y reservada pero con su propio carácter. La parte sorprendente de todo eso era que Nagisa hablase con tanto cariño de la chica, que se llevara bien con alguien que para nada se movía en los mismos espacios que Nagisa y mucho menos era similar a sus amigas habituales de la escuela, todas y cada una de ellas personas activas y llenas de energía.
Ni siquiera tenían los deportes en común, porque la chica asistía al gimnasio no por amor a las actividades físicas ni tampoco para ser más atractiva, una razón muy respetable, si no para estar saludable y no tener problemas físicos por culpa de sus horas de intenso estudio, justo eso le contó Nagisa. Sólo por confirmar, decidió poner a prueba a su compañera.
"Aunque ya no quiero que la molestemos con ese asunto de la comida, ni siquiera me conoce y tú eres una glotona. Le vas a vaciar la alacena así como vas".
Nagisa se echó a reír de buena gana. "Honoka no tiene problema con mandarte comida, al contrario. Y también dice que le gusta mucho que yo sea glotona, que por eso hace la comida con gusto, porque yo me la como con gusto", no dejaba de lavarse mientras hablaba, tenía que apresurarse para comer e ir al gimnasio a trabajar. "No le doy problemas, te lo aseguro, de hecho compraré todo para la comida de hoy, tampoco quiero abusar".
Sí, definitivamente Nagisa apreciaba mucho a la chica, más que a sus compañeras y amigas de la escuela. Se sintió feliz por ella aunque no lo demostrara, al parecer alguien podía soportar los modos tan especiales y desastrosos de Nagisa y lidiar bien con ellos. "De acuerdo, acepto la comida que me quiera enviar".
"¡Se lo diré!" Respondió y terminó de ducharse. Se arregló tan rápido como pudo y se despidió de todas antes de salir corriendo. Iba a comer con Honoka, por cierto, comenzaba a hacerse una linda costumbre. Además llevaba sus cosas para hacer su tarea, Honoka dijo que estaba bien. Le tomó la palabra. Se sentía muy contenta en ese momento.
~o~
Una de las ventajas que tenía Honoka, y de la que era ampliamente consciente, era que su atractivo físico atraía a las personas a primera vista. Le pasó desde secundaria cuando recibía cartas y confesiones de chicos, y para cuando su verdadera sexualidad era un secreto a voces en preparatoria, eran las chicas las que se le acercaban. Varios de sus noviazgos fueron breves, en más de una ocasión fue una simple etapa de experimentación y exploración de sus novias en turno. Algunas descubrieron que sus sentimientos eran simple admiración fuera de control y regresaban a los brazos de los muchachos, otras descubrieron que sí les gustaban las chicas pero Honoka no era la elegida final y eso nunca le molestó a ésta, al contrario. Encontraba fascinante cómo las personas se descubrían a sí mismas.
Aunque tuvo un sentimiento sincero por todas, al final no se apegó a ninguna. Culpa de su propia personalidad, lo admitía. Muchos de sus compañeros y compañeras la creían alguien difícil de alcanzar, demasiado recatada y elegante; estaban increíblemente lejos de la realidad. Todo se trataba de la encantadora personalidad de Honoka, una que daba tanto como pedía, que se atrevía a exigir cuando veía el potencial de las personas y que le gustaba moverse a su propio ritmo, un ritmo difícil de seguir para personas más normales. Esa era la razón por la que sólo tenía un puñado de amistades y personas cercanas hasta la fecha.
Para suerte de Honoka, conoció chicas que sólo deseaban pasar un buen rato sin nada serio de por medio, un simple asunto carnal. Honoka lo aceptó de buena manera porque la rareza no siempre era bienvenida y eso era todo lo que podía permitirse sin darse a conocer más.
Pocas personas aceptaron su rareza: sus amigos de la infancia, desde luego, Yuriko también, pero con ella las cosas se fueron en otra dirección y estaba feliz de que Yuriko siguiera a su lado como una buena amiga. Y ahora Nagisa estaba ahí, exponiéndose a su rareza, sintiéndose cómoda con ella y reprochándole sin miedo lo rara que era, pero no por ello se alejaba, al contrario. ¿Y si todo ese sentimiento dentro del pecho de Honoka sólo era porque alguien más la aceptaba como era? Sólo tenía una manera de confirmarlo. El método no terminaba de convencerla, pero tiempos desesperados requerían medidas desesperadas.
Imposible no desesperarse cuando Nagisa le mandaba esas lindas sonrisas.
"Debo ir a trabajar, ¿entonces te veo en el gimnasio?" Preguntó Nagisa sólo por confirmar, terminaba de lavar los platos. Ya había comido y adelantado parte de su tarea.
"Sí, llegaré a la hora de costumbre, tengo que trabajar en un ensayo que debo entregar la semana que viene", respondió Honoka. "¿Quieres venir a cenar? Prepararé omurice, después de todo trajiste bastantes huevos y mucho arroz", que le duraría varias semanas.
"Estaban en oferta", respondió Nagisa entre risas. Tuvo que pelear con una turba de amas de casa para conseguir un par de docenas de huevos. "Debo irme, te veo al rato entonces".
"Nos vemos, Nagisa, ve con cuidado".
El par se despidió y Honoka todavía esperó unos segundos más para finalmente derrumbarse en el sofá. En serio esa chica iba a matarla, aún tenía la imagen fresca de una feliz Nagisa cargando en un hombro un pequeño costal de arroz y dos cartones de huevo en la otra mano. Una imagen bastante linda. Honoka pensaba conseguir una cita para el sábado, la necesitaba con urgencia o iba a enloquecer. Entre más se desesperaba menos culpa sentía por buscar a alguien para desfogarse y nada más.
Por su lado, Nagisa era toda sonrisa y con esa misma alegría llegó al gimnasio, con su ánimo en alto y con la energía a tope gracias a la comida de Honoka. El omurice sonaba perfecto, y a Katsuko le encantaría comerlo, de eso estaba segura. Tan sólo imaginarse la cena hizo que Nagisa quisiera terminar su jornada de trabajo pronto, así que de inmediato se puso a trabajar. Los clientes y sus jefes le recibieron con una enorme sonrisa y con esa misma sonrisa se quedó el resto del día.
Incluso hasta el fin de semana
Ya sabía que el tiempo se iba volando cuando uno se divertía, pero nadie le dijo que podría divertirse tanto y sentirse tan a gusto con una persona. Era sábado y Nagisa tenía que hacer su lavandería y terminar todos sus pendientes académicos para las clases de la semana siguiente, así que no tenía en planes visitar a Honoka ese día y Honoka tampoco mencionó nada, aunque sin duda sería lindo. Tampoco que quisiera molestarla mucho pero en verdad le gustaba pasar tiempo con ella. Si le quedaba tiempo ese día, entonces iría a verla por la tarde-noche luego de su trabajo. Quería prestarle otra película y llevarse las que Honoka ya había visto. Además Honoka le dijo que siempre sería bienvenida en su casa, ¿o no?
Sólo tenía una clase y entrenamiento el sábado por la mañana, así que para mediodía estaba libre de llevar su ropa a la lavandería de los dormitorios, muchos aprovechaban ese rato para leer y repasar sus notas de las clases, otros preferían jugar en sus teléfonos y escuchar música, o no faltaban los que esperaban juntos y entre pláticas. Nagisa en especial prefería platicar con quien se prestara.
La joven jugadora de lacrosse justo salía de la sala de su equipo donde había dejado algunas prendas sucias, estaba alistando todo para ir directo a la lavandería cuando alguien la alcanzó. Una voz que casi había olvidado pero que tampoco la tensó como hasta hace relativamente poco, todo gracias a la ayuda de Katsuko y Honoka. Se trataba de Kazuki, que aún estaba usando su uniforme del equipo de baloncesto, era obvio que acababa de entrenar, tenía el cabello húmedo por el sudor y una toalla alrededor del cuello.
"Hey", saludó el chico con pena pero con marcada firmeza.
Nagisa tomó aire de manera honda y encaró de frente al chico. Al parecer ya era momento de que hablaran. Se sentía confiada, se sentía con fuerza como para verlo a los ojos. "Hey".
Pero fue Kazuki el que no soportó la mirada de Nagisa y apretó los párpados un momento antes de palmearse el rostro con ambas manos e inclinarse todo lo posible, un poco más y se iba de cara al suelo. "Nagisa, lamento mucho el mal rato que te hice pasar, nunca fue mi intención pero lo hice y en serio me disculpo por eso", dijo sin levantar el rostro y con una sola bocanada de aire. "No te escuché y fui un idiota, perdóname".
Nagisa le miró con los ojos bien abiertos, esa disculpa fue efusiva pero se sintió bien escucharlo. Eso era todo lo que necesitaba escuchar de ese chico. Suspiró de nuevo gracias a una sensación de alivio y sonrió. "Te perdono", sus palabras bastaron para que Kazuki se pusiera en pie de nuevo, se notaba aliviado también. "Por tú culpa la pasé bastante mal, no voy a mentirte, fue muy incómodo", se encogió de hombros. "Quizá debí ser más firme contigo y dejar las cosas en claro desde el principio".
El chico suspiró hondo. "Lo siento en serio, no lo volveré a hacer, te lo aseguro", se llevó una mano a la nuca. "Tú fuiste bastante clara desde el principio, fui yo quien no te escuchó porque pensé que… Bueno… Si seguía junto a ti también terminaría gustándote, pero en lugar de eso te asusté. No volveré a acercarme a ti si no lo deseas, sólo quería disculparme", dijo Kazuki de inmediato. Hablaba totalmente en serio.
"Escucha, todavía no me siento cómoda con la idea de pasar tiempo contigo, mucho menos a solas, pero dame tiempo, ¿de acuerdo? Quizá podamos ser amigos si de verdad quieres que lo seamos, y si no, tampoco pasará nada", Nagisa admitía que Kazuki no era un mal chico, sólo un tonto, pero al parecer ésta vez escarmentó en serio y aprendió de la experiencia. Se alegraba por él de cierta manera, le ayudaría para sus futuras relaciones.
Kazuki sonrió de manera amplia. "¡Toma el tiempo que necesites! Puedo esperar".
Nagisa rió, que alguien tan impaciente estuviera dispuesto a esperar era un buen paso. Asintió al chico. "De acuerdo, dame tiempo. Además, primero tengo que calmar a Katsuko para que no te rompa la cara y… Ah, también a otra amiga que ese día me ayudó, ella parece más peligrosa así que debo decirle que ya no eres una amenaza para mí", volvió a reír. "Por cierto, la única en la escuela que sabe lo que pasó es Katsuko, no quiero escándalo sobre esto, ¿de acuerdo?" Katsuko precisamente le contó sobre meter un reporte y eso sería mucho problema para los tres. Podían arreglar el problema como adultos sin la necesidad de que las autoridades escolares tuvieran qué intervenir. Finalmente le sonrió al muchacho.
Kazuki asintió, bastante apenado por eso último pero supo encontrar el humor en las palabras de Nagisa. Sonrió por unos segundos. "Gracias por perdonarme, Nagisa. Ah… Debo volver con mi equipo. Adiós", se despidió con torpeza antes de irse corriendo.
Nagisa soltó un gran suspiro, uno lleno de alivio, antes de seguir su camino a la lavandería. El día iba bastante bien y ya tenía la disculpa que se le prometió y que al parecer sí necesitaba. Se sentía tan ligera que aceleró el paso a los dormitorios, y también estaba tan contenta que no podía dejar de sonreír. Fue como quitarse un peso de encima. No sabía explicar por completo todos sus síntomas, pero se sentía extremadamente bien. Y se sentiría mejor avisando a las demás implicadas que las cosas ya estaban en paz. Les avisaría primero por mensaje y ya después les daría los detalles en persona.
Luego de lavar su ropa, ordenar todo, comer bien en la cafetería y hacer sus tareas pendientes, la joven jugadora de lacrosse pudo ir a su trabajo, Nagisa era toda sonrisa y su energía siempre era bienvenida y la mejor para un gran ambiente en su trabajo.
Por su lado, Honoka esperaba en la plaza comercial, sus hermanos le mandaron un mensaje para salir juntos y Honoka felizmente aceptó. Si tenía que elegir entre una cita aleatoria con una desconocida y sus tontos hermanos, sus tontos hermanos siempre saldrían ganando. La distracción y una plática ayudarían mucho a Honoka a sentirse mejor. No había hecho planes con Nagisa para ese sábado y tampoco iba a ir al gimnasio, decidió descansar.
Puntuales como era su buena costumbre, Shougo y Kimata llegaron al sitio de encuentro. Y también como era su buena costumbre, apretujaron a Honoka entre sus brazos hasta que ésta los amenazó para que la soltaran. Ésta vez los tres fueron a comer hamburguesas en el mismo sitio donde Honoka acompañó a Nagisa a comer la vez que fueron al cine juntas, la misma Honoka fue la que sugirió ese sitio y a los chicos les encantó.
"¿Entonces irás al partido de Nagisa?" Preguntó Kimata mientras se llenaba la boca con papas. Podía hacer preguntas más específicas ahora que los tres ya estaban al tanto de lo que pasaba con sus vidas últimamente. Ni a Kimata ni a Fujimura les sorprendió que Honoka estuviera enamorada de Nagisa. La chica tenía su encanto. "Los partidos comienzan el siguiente fin de semana", comentó. "El nuestro también es en domingo".
"Y sé que ustedes dos lo harán muy bien, están entrenando mucho", dijo Honoka con una sonrisa feliz. A comparación de ese par de grandulones que pidieron una hamburguesa enorme como Nagisa en aquella ocasión, deportistas, vaya, la joven científica se contentó con una hamburguesa sencilla y su obligatoria orden de papas fritas. "Nagisa no me ha dicho a qué hora será su partido, aún no tiene el dato, pero me gustaría verlos a ustedes también", tenía años que no los veía jugar fútbol y en serio quería estar en un partido.
"No te preocupes por eso, Honoka, tú ve al partido de Nagisa. Nosotros jugaremos como visitantes, no estaremos en la escuela de todos modos", dijo Shougo de inmediato. "Pero te mandaremos mensaje si ganamos, o si perdemos", que también era una posibilidad, el primer consejo era buscar la victoria pero nunca confiarse ni darla por sentada.
"Ustedes jueguen como suelen hacerlo, diviértanse y todo saldrá bien, lo sé", era lo único que Honoka podía decirles. Quizá la próxima vez podría verlos.
Siguieron comiendo hasta quedar satisfechos y continuaron su paseo. Honoka incluso respondió un mensaje que Nagisa le envió avisando que el chico se había disculpado con ella, estaba feliz por ella. Nagisa prometió darle los detalles luego y Honoka respondió afirmativamente. No le comentó de ese asunto a sus hermanos, por cierto.
Aunque los tres estaban divertidos y ocupados pasándola bien, no les pasó desapercibido que constantemente les miraban, chicos y chicas por igual. Los chicos miraban a Honoka, o al menos la mayoría, estadísticamente algún joven varón podría estarlos mirando a ellos. Mientras que las chicas miraban al par de muchachos altos y fuertes vestidos de casual manera, y seguramente alguna chica pasaba de los futbolistas para ver a su linda acompañante femenina.
Los tres tuvieron que aprender a ignorar esas miradas con el tiempo, así les era más sencillo pasar sus días y sus vidas con sus propios asuntos. Terminaron en un lindo café con mesas exteriores, se sentaron en una mesa exterior precisamente y decidieron que finalizarían su día con un buen café. Lo que nadie les dijo fue que la estadística y la probabilidad ésta vez jugarían a su favor. Kimata lo notó primero, una linda chica de cabello castaño a dos mesas de distancia miraba en su dirección. Codeó discretamente a Shougo y éste también lo notó.
La chica no los miraba a ellos, miraba a Honoka.
Honoka fue la última en notarlo y miró hacia la chica, que en lugar de evadir su mirada, le sonrió sin pena alguna. Honoka se sorprendió pero sólo por un instante, no tardó más que dos segundos en corresponder el gesto con una amable y dulce sonrisa suya.
Shougo se aclaró la garganta. "Nos comentaste que necesitas un poco más de tiempo para ti y tus asuntos, ¿verdad?" También estaban al tanto de que el enamoramiento de Honoka no tenía futuro alguno cuando Misumi Nagisa estaba dentro de la norma y gustaba de los chicos como una chica normal. "Tal vez justo ahora tengas la oportunidad".
"Y no seremos nosotros los que te estorbemos", dijo Kimata de buena gana y se terminó su café con un largo trago. Shougo hizo lo mismo. "Nosotros pagamos ésta, tú diviértete".
Honoka se sonrojó pero sólo por un instante, esos dos la estaban provocando, los conocía. Pero tampoco pensaba negarse a la oportunidad que la casualidad y la simple estadística le regalaron. Después de todo era lo que estaba buscando, ¿o no? Esa señorita a dos mesas de distancia claramente sabía lo que estaba buscando. Sólo pudo asentir a sus acompañantes.
"Gracias. Me encargaré de mis propios asuntos".
"Suerte", fue la breve despedida de ambos chicos.
El par se retiró, pero no sin antes pagar la cuenta de los tres. Apenas los chicos desaparecieron de vista, la señorita de lindo cabello se le acercó. Honoka tomó aire de manera honda. Sabía hacer eso, no era la primera vez, pero era imposible no encontrar la gracia cuando sus hermanos prácticamente la dejaron a merced de una desconocida. Pensar en eso la hizo reír por lo bajo. Definitivamente les invitaría algo la siguiente vez que salieran.
"Hola, disculpa, veo que tus acompañantes se fueron, ¿no hay problema si te hago compañía?" Preguntó la señorita con una voz clara, firme pero dulce. Sabía lo que hacía.
Honoka no tardó en recuperar la confianza. "En lo absoluto, adelante", educadamente señaló el asiento de al lado. "Yukishiro Honoka a tu servicio. Estudiante de segundo año del Tecnológico", también sabía acortar las cortesías usando datos básicos. Y bastó que la desconocida se presentara para saber que ella también sabía navegar en esas aguas.
"Tanaka Sakura, un gusto conocerte. Recién entré a trabajar en una oficina cerca de aquí y salí temprano", respondió la joven. Honoka rápidamente calculó que sería dos o tres años mayor que ella. Se trataba de una joven mujer graduada, una oficinista con un salario fijo, ciudadana miembro de la sociedad nipona que daba todo de sí detrás de un escritorio.
La sonrisa fue mutua.
"Ya no tengo espacio para más café y no tiene mucho que comí, ¿está bien si damos un paseo?" Preguntó Honoka con cortesía. "Pero sí quieres comer algo, puedo acompañarte".
"Oh, también comí hace rato, el paseo me parece bien". La oficinista se puso de pie y le sonrió de una manera bastante especial. Una sonrisa en la que Honoka pudo leer todas y cada una de sus intenciones. "¿Vamos, Honoka?" Buscaban lo mismo. Le ofreció la mano.
Honoka aceptó sin siquiera pensarlo y tomó su mano. Tomar otra mano le ayudaría a quitarse de las palmas el dulce tacto que conocía de Nagisa. Sí, así debía ser si no quería alejar a Nagisa con un arrebato como bien Yuriko le dijo. "Vamos".
~o~
Tarde, casi noche, Nagisa terminó su jornada del día y se despidió de todos con bastante entusiasmo. Revisó su teléfono, Honoka leyó su mensaje y lo respondió. Katsuko también y a ambas les prometió los detalles, se los daría. Katsuko se tomaba los sábados y domingos para sus propios asuntos y no la veía sino hasta el anochecer. No sabía qué hacía su compañera en esos días y tampoco preguntaba mucho, así estaba bien.
Por otro lado, a quien sí moría por contarle todo era a Honoka, así que fue directo a su apartamento. Después de todo, Honoka le dijo que podía ir cuando quisiera, ¿verdad? Mandó un mensaje avisando que iba en camino pero no obtuvo respuesta. Por un momento pensó en llamarla pero quizá no tenía el teléfono a la mano o no lo podía revisar en ese momento, decidió no insistir. Si Honoka no estaba en casa entonces no la molestaría, ella también tenía derecho a hacer sus propias cosas. Sin embargo, Nagisa en serio quería verla, aunque fuera por un momento, o al menos escucharla. No sabía de dónde salía esa extraña necesidad, pero no podía controlarla.
Se preguntó si Kazuki sentía eso en su momento cuando la buscaba, pero de inmediato descartó la idea. Lo que Kazuki sentía por ella, no sabía si aún tenía el sentimiento despierto luego de todo lo sucedido, era atracción. Una atracción en un sentido totalmente romántico y sexual. Nagisa sacudió la cabeza. ¡No puedo creerlo! ¡¿En qué diablos estoy pensando?! ¡Yo no siento esa atracción por Honoka, a mí me gustan los chicos! Se despeinó un poco y miró el suelo mientras caminaba. Sentía la cara roja y más caliente de lo habitual.
Admitía querer verla, podía decir que le parecía hermosa, algo muy normal, ¿verdad? ¡Cualquiera podía apreciar la belleza de una amiga! Además le gustó cuando la abrazó aquella vez, sus brazos eran suaves y cómodos, y ni qué decir de su aroma floral, fresco, como flores de río. Honoka en serio olía bien… ¡Pero nada de eso tenía que ver con una atracción romántica! Admiración seguro que sí, pero sólo eso. Estaba enloqueciendo.
¡Argh, necesito un novio! Suspiró hondo y se frotó el rostro con ambas manos. Estaba tentada a darle una oportunidad a alguna aplicación de citas, no era normal que pensara tanto en Honoka y no quería molestarla, pero… ¿A Honoka le gustaban las chicas, verdad?
Su mente lentamente se encaminaba a un sitio totalmente desconocido, pero no pudo llegar a su destino. No percató el momento en que subió las escaleras para ir al piso donde vivía Honoka, el segundo, cuando escuchó algunas voces al final de la escalera, sobre el pasillo. Una de esas voces era de Honoka, la otra era una voz femenina desconocida. No podía entender del todo lo que decían, pero por alguna razón se le aceleró el corazón.
No pudo resistir su siguiente movimiento, lentamente se acercó al muro y se asomó al pasillo. Y entonces las vio. La chica desconocida, una castaña de cabello ondulado, tenía a Honoka acorralada en el muro con ambos brazos, parecía decirle algo al oído, no podía escucharla pero sí ver que Honoka estaba roja, se notaba muy apenada. La chica se le despegó lo suficiente para verla a los ojos y ambas se sonrieron.
"Podrás hacerlo, preciosa", dijo la chica con un tono dulce. Eso sí lo pudo escuchar Nagisa.
"Gracias", fue la suave pero audible respuesta de Honoka. Cerró los ojos un momento para suspirar hondo y la encaró de nuevo. "Ahora creo que te debo esto", y dicho eso, la besó.
Algo se activó en Nagisa al ver eso. Algo que no conocía pero que aceleró su corazón como nunca antes. Sólo atinó a aferrarse al muro mientras veía a Honoka besar a una chica. No podía apartar su mirada de la escena.
CONTINUARÁ…
