Lo que Nadie le(s) Dijo

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío

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Parte 9 Un Poco de Ti

El paseo era agradable y la compañía mucho más, Honoka disfrutaba la plática de la oficinista y ésta a su vez la pasaba bien escuchando anécdotas universitarias, quizá rememorando tiempos propios cuando todavía era una estudiante. Ninguna de las dos tenía espacio para más comida ni bebidas, pero la oficinista sí se animó a pedir un helado que Honoka no tuvo empacho en invitarle. Honoka le contó que hasta hacía relativamente poco había estado en una relación que al final terminó en una buena amistad, mientras que Sakura confesó todavía no tener novia alguna por culpa de su trabajo y que su última relación fue en su último año de universidad, su ahora exnovia trabajaba en otro distrito.

No estaba de más mencionar que iban de la mano a ratos y Honoka constantemente miraba sus manos unidas. El calor era agradable, lo admitía, Sakura era linda y no perdía el tiempo, demostraba sus intenciones con discretos roces y su sonrisa que se marcaba más por culpa de su labial color rojo intenso. Honoka no era ajena a las miradas que invitaban ni a las sonrisas que decían más que mil palabras. Admitía que la sensación de escalofríos en su piel era agradable cada que Sakura le hablaba al oído.

"¿Así que sueles pasear por aquí?" Preguntó la oficinista mientras ambas caminaban por un pequeño parque ubicado a cinco minutos del centro comercial. Casi nadie les ponía atención porque las personas que pasaban por ahí se concentraban en sus propios asuntos. Además sólo iban de la mano, nada que fuera demasiado escandaloso. "Es muy tranquilo", ya casi se metía el sol, no había muchas personas alrededor de todos modos.

"No vengo muy seguido pero es agradable para estudiar un rato al aire libre", respondió Honoka e invitó a Sakura a sentarse en un lado poco poblado del parque. Las farolas se encendieron y le dieron una linda iluminación a la zona. Sonrió y suspiró hondo. Se preguntó si a Nagisa le gustaría ese lugar y si le gustaría ir en alguna ocasión.

No era la primera vez durante su paseo que Nagisa asaltaba sus pensamientos con escenarios imaginarios. Le pasó con el heladero y en más de un sitio donde paró con su cita de esa tarde. Tuvo que sacudir su cabeza de manera poco discreta en todas las ocasiones, Nagisa le seguía llegando a la cabeza incluso sin proponérselo. Tenía que hacer algo al respecto y para eso tenía a esa linda señorita a su lado. No había nadie alrededor, miró a Sakura y, para sorpresa y susto propio, ésta le miraba de manera divertida. Honoka respingó y Sakura rió.

"Lo siento", se disculpó Honoka de inmediato. "¿Decías algo?"

"No, pero debería ser yo la que pregunte qué es lo que pasa por tu cabeza, ya van varias veces que parece que sueñas despierta", le miró de manera traviesa. "¿Con quién sueñas?"

Honoka tragó saliva y miró al frente, se notaba bastante apenada. "No es nada, en serio, no te preocupes", se compuso tan pronto como pudo y decidió fijar su mirada en los ojos de su acompañante. Sus ojos eran lindos, toda ella era linda, Sakura en serio era atractiva pero lo que más atraía de ella eran sus labios vestidos de carmín. "Lamento estar tan distraída. Si no te estoy poniendo la atención adecuada, te compensaré", dijo con un tono suave de voz, bajo, casi secreto. "Si me lo permites, lo haré ahora mismo".

La nueva sonrisa en Sakura y ese brillo en sus ojos le dieron a saber que estaba de acuerdo con lo que iba a hacer. Sonrió y se inclinó hacia adelante para besarla, pero un dedo en sus labios la detuvo. Miró a Sakura con sorpresa, ésta parecía bastante divertida.

"Creo que ese beso no es para mí", dijo la oficinista y rió cuando Honoka se sonrojó de manera tan violenta que su rostro parecía a punto de explotar.

Honoka de inmediato miró a un lado, demasiado avergonzada como para mirarla de nuevo a los ojos. "Lo lamento, estoy un poco fuera de mi", suspiró hondo mientras se cubría el rostro. Ya no sabía si se sentía avergonzada o claramente desesperada, pero era obvio que la pobre estaba hecha un desastre. "En realidad es el beso que deseo darle a alguien más. En serio quería dártelo a ti, pero al parecer no estoy en condiciones".

"¿Un amor complicado?" Preguntó Sakura, animando a Honoka con una suave palmada en la espalda. Le parecía casi tierna la manera en la que esa chica se hundía en sí misma.

"Más bien imposible, a ella le gustan los chicos", respondió de inmediato. "Además es una buena amiga mía, no quiero alejarla ni dejar de verla, en serio la quiero".

"Deberías decírselo", fueron las firmes palabras de Sakura. Con eso logró que Honoka levantara el rostro y le mirara con sorpresa, casi con horror. Vio que abría la boca pero no le dejó decir nada, de nuevo le cerró los labios con su índice. "¿Ella sabe que te gustan las chicas?" Honoka asintió. "¿No te ha mostrado rechazo o incomodidad?" Y la más joven negó. Sakura sonrió. "Entonces díselo, realmente no pierdes nada".

Honoka tuvo que escapar del delicado dedo de la oficinista, seguía roja. "No quiero que se ponga incómoda o se aleje si le confieso lo que siento", dijo casi sin respirar.

"Si eso pasa entonces sería lo mejor, ¿no lo crees?" Comentó Sakura con mucha casualidad. "Si se pone incómoda con tus palabras y ya no quiere estar cerca de ti, entonces no era la persona para ti, ni siquiera como amistad. En realidad no perderías nada", se cruzó de brazos. "Seguro que te dolerá si eso pasa, pero es mejor que ahogarte sola por lo que sólo crees que podría pasar", le sonrió con bastante dulzura, mostrando la clara diferencia de madurez entre ambas. "Lo mejor es hacer que las cosas pasen y no perder el tiempo".

Honoka abrió los ojos con sorpresa. Hasta el momento había escuchado todo lo contrario, que si no quería que eso que tanto temía pasara, que fuera precavida. Y ahora tenía ahí a esa señorita asalariada de hermosos labios carmín y un lindo trabajo de manicura diciéndole que fuera valiente, que hiciera que todo pasara. Nada mejor que un buen golpe de realidad para devolverle los pies a la tierra.

La universitaria echó su cabeza hacia atrás y rió, quizá presa de los nervios, o probablemente porque se le había olvidado que era una investigadora, una futura científica, alguien cuyo trabajo era hacer que las cosas pasaran, seguir adelante con lo que saliera bien y arreglar lo que resultara mal. Así de simple. Suspiró hondo y miró a Sakura, más compuesta.

"Tienes razón, debo hacer que las cosas pasen", dijo Honoka y miró el cielo. "Gracias, en serio necesitaba escucharlo", la miró de reojo, aún apenada pero por otra razón. "Lamento lo de hace un momento, lo del beso".

"Puedes besarme cuando estés más calmada", dijo Sakura con una sonrisa agradable.

"Y también lamento que perdieras tu tiempo conmigo", agregó de inmediato mientras jugaba con un mechón de su propio cabello, "no pude ofrecerte nada y soy yo la que terminó necesitando tu ayuda", no pudo darle ni el aspecto físico de una salida casual.

"Eso puedo perdonarlo cuando me beses, supongo que todo pasa por algo y tú necesitabas ayuda", le dio un cariño en el cabello. "Además fuiste una agradable compañía", le sonrió más. "Lástima que no te topé antes y con el corazón libre".

Honoka se sonrojó y sólo atinó a mirar a Sakura con un gesto más compuesto. "Y yo espero que encuentres a alguien que sólo pueda pensar en tus lindos labios".

Compartieron una sonrisa y fue la oficinista la que se puso en pie. "Se hace tarde y creo que necesitas tiempo para aclarar tu mente, ¿me dejas acompañarte a casa?" Y con ello Sakura no daba a entender nada inapropiado, simplemente acompañarla.

Honoka supo leerla y asintió. "Muchas gracias, creo que sí necesito un descanso y pensar bien las cosas, han sido días complicados", también se puso de pie. Se estiró todo lo que pudo y nuevamente guió el camino de ambas ahora en dirección a su apartamento. Necesitaba descansar y estar en buenas condiciones para encarar a Nagisa y darle a saber todo lo que necesitaba decirle. Sí, debía hacer que pasara algo más y no simplemente quedarse atascada sin hacer nada y desesperando por nada.

La caminata fue más bien silenciosa y Honoka lo agradeció mucho, pero en serio pensaba compensar la inesperada ayuda que recibió. No podía despedirse de ella sin antes probar esos labios vestidos de carmín. Llegaron al complejo de apartamentos, subieron las escaleras y justo en el pasillo ambas se detuvieron.

"Ese es mi apartamento", Honoka señaló una de las puertas. Miró a Sakura con una sonrisa. "Gracias por lo de hoy, en serio necesitaba ayuda".

"Todos la necesitamos alguna vez", dijo Sakura de buena gana. "Será mejor que me vaya".

"No puedes irte aún, todavía te debo algo", ésta vez Honoka se mostraba más segura y más juguetona, como solía ser con sus citas, vaya.

"No creas que lo he olvidado, preciosa", dicho eso, Sakura la acorraló contra el muro y se acercó para hablarle al oído. Palabras para ese corazón enamorado y nada más. "Has que pasen las cosas. Que temas perderla es normal, pero hay algo más importante que estás perdiendo por no hacer nada".

"Sí, estoy perdiendo el tiempo", dijo Honoka con una sonrisa pequeña, igualmente le hablaba en voz baja, al oído. Suspiró hondo. "Y es algo que no puedo recuperar".

"Espero que todo salga bien con esa chica", le deseó Sakura con todo su corazón. "Y si funciona, entonces ámala y no te contengas", sonrió al sentir el rostro ajeno arder. Se separó lo suficiente de Honoka y habló en un tono de voz más normal. "Podrás hacerlo, preciosa".

"Gracias", respondió Honoka, suspiró hondo y la miró de nuevo. "Ahora creo que te debo esto". Sin dudarlo siquiera, con sus pensamientos despejados y en paz, la besó justo como esos hermosos labios debían ser besados. Siendo la oficinista un poco más alta que ella, se pudo abrazar de su cuello. La besó como sabía y podía hacerlo, entregó sus labios de manera sincera y Sakura los recibió.

Pasados quizá dos o tres minutos, finalmente se soltaron. Honoka se lamió los labios y Sakura estaba sonrojada ésta vez. Ambas sonrieron. "Tal vez no nos volvamos a ver, pero fue lindo conocerte", dijo Sakura, lista para irse.

"Lo mismo digo. Y muchas gracias por todo", respondió Honoka, contenta.

"No tienes nada qué agradecer… ¡Oh, por cierto! Sí que sabes besar", comentó con una risa pequeña y se despidió con un gesto de mano. "Adiós, preciosa".

"Adiós", se despidió Honoka y fue directo a su apartamento a finalizar el día en paz. Por cierto, tenía que enviarle un mensaje a sus hermanos contándoles acerca de su nueva resolución y lo bien que resultó la cita, pero de una manera inesperada. Lo que nadie le dijo a Honoka fue que Nagisa salió corriendo a toda velocidad apenas se despidió de Sakura.

~o~

¡No puedo creerlo! ¡Aaah! ¡Soy una tonta! ¡No debí ir! Se reprochaba Nagisa a sí misma mientras caminaba casi sin ver al frente. Estaba en la zona centro de la ciudad aprovechando su domingo libre. Estaba muy apenada a pesar de que Honoka no la descubrió. ¡Ni siquiera sabía por qué se sentía apenada! Ya sabía que Honoka era lesbiana y que salía con chicas, pero no podía quitarse una extraña sensación del cuerpo. Tragó saliva mientras se miraba el brazo derecho un momento, ¡tenía la piel erizada! ¡Ni siquiera la presencia de Fujimura Shougo la ponía tan mal! ¡Algo ahí estaba mal!

Tan sólo recordar el gesto de Honoka y la manera en que besaba a la otra chica hacía que su corazón se acelerara. No sabía con exactitud qué era lo que la tenía tan ansiosa, pero por alguna razón sentía ganas de salir corriendo hasta cansarse. Estaba tentada a volver a la escuela y correr hasta caerse. También había otra sensación en su pecho que sí podía reconocer: molestia. ¿Pero qué era lo que le molestaba? Su cabeza torpe no le daba la respuesta y toda la situación era tan extraña que no la podía platicar con alguien sin el riesgo a quedar como una completa loca.

Algo a mencionar, era que los mensajes que Honoka le envió desde la noche anterior eran muy normales. Un saludo de buenos días, una foto de su desayuno y una invitación a cenar. Nagisa respondió un sí a lo último por mero instinto. Ni siquiera la idea de cenar la deliciosa comida de Honoka la tranquilizaba.

La pobre no sabía qué pensar o qué hacer al respecto, pero no era como si Nagisa tuviera que hacer algo, ¿verdad? Estaba enloqueciendo en serio. Justo cuando pensaba en darle un par de cabezazos a algo duro para ver si con eso se arreglaba las ideas, una elegante y femenina voz la hizo voltear.

"¿Nagisa?"

Era Yuka Odajima.

Nagisa sintió como si alguien le hubiera tirado un salvavidas en medio de una tormenta. Su sonrisa fue automática, su alivio también y hasta recuperó la sonrisa. "¡Yuka!" Su gesto se llenó de sincera emoción. "¿Estás de paseo también?"

"Sí, decidí darme éste domingo para despejarme", le miró con curiosidad. "Hoy no abre el gimnasio, ¿verdad?" Preguntó con bastante interés. La verdad era que Yuka nunca esperó topársela de la nada. ¡Era su oportunidad! ¡No podía desaprovecharla! Se acomodó el cabello procurando naturalidad. "Si tienes el día libre… ¿Te gustaría salir un rato conmigo?"

"¡Sí!" Nagisa ni siquiera lo pensó, necesitaba distraerse de esos pensamientos tontos y además iba a estar en compañía de alguien tan madura e increíble como Yuka Odajima. Tragó saliva, quizá ella tendría una respuesta para su problema, después de todo era una chica lista también. Tan lista como Honoka.

Honoka.

¿Qué estaría haciendo Honoka en ese momento? Según lo que escuchó después del beso no iba a verse de nuevo con esa chica. ¿Alguna cita casual? Bueno, Honoka tenía el derecho de salir con alguien como ella, alguien a quien pudiera besar. Al ser consciente de que estaba a punto de tropezarse con sus propios pensamientos, sacudió su cabeza y miró a Yuka.

"¿Quieres ir a comer una hamburguesa? Conozco un sitio genial", propuso de inmediato.

"¿Hamburguesa?" A Yuka le daba un poco de pena admitir que no solía comer comida chatarra, pero estaba dispuesta a comerla si con ello podía ver un poco más de la vida civil de Nagisa, incluso más que cuando fueron a la misma escuela. "Claro, vamos. Si es un sitio que te gusta, entonces la comida debe ser buena".

Nagisa asintió varias veces. "¡Lo es, te va a encantar! ¡Vamos!"

El par caminó en dirección a la plaza comercial mientras platicaban de varias temas. Nagisa le decía sobre sus días en la escuela y sus amistades, Yuka procuró no hablar demasiado de sus proyectos y materias luego de ver la cara de confusión de Nagisa, optó por temas más sencillos. Nagisa era tan simple pero a su vez tan natural que Yuka no podía evitar discretos suspiros entre plática y plática. Llegaron a su destino.

"¿Entonces hace tiempo que no practicas algún deporte?" Preguntó Nagisa mientras comían. Pidió su hamburguesa jumbo de costumbre y le causó gracia que Yuka no supiera qué pedir, así que ordenó por ella: una hamburguesa sencilla, papas y soda.

"No me ha dado tiempo, de no ser por el ejercicio que hago en el gimnasio, tendría el cuerpo tieso", respondió Yuka entre bocados. "Tengo energía extra gracias a eso, pero ahora no sé en qué gastarla", dijo. La verdad era que estar junto a Nagisa siempre la llenó de energía por aquel entonces, y también luego de reencontrarla en el gimnasio gracias a Honoka.

"Hay un boliche aquí, podemos pasar si quieres", propuso Nagisa. Graciosamente, ella también tenía energía para quemar por una razón que aún no identificaba. "Una amiga de mi clase trabaja ahí y siempre me regala cupones de descuento para la comida que venden", agregó con una alegre sonrisa.

"Vaya que eres una glotona". Yuka a veces olvidaba que el apetito de Nagisa era inmenso, rió de manera elegante y asintió. "¿Boliche? De acuerdo, cuenta como actividad física, suena divertido. Nunca he jugado boliche, pero no puede ser tan complicado, ¿verdad?"

"No lo es", dijo Nagisa de inmediato. "Te mostraré cuando lleguemos. Soy bastante buena, por cierto", agregó la muy presumida con una sonrisa amplia.

"Oh, así que estás confiada", Yuka no pudo evitar sonreír. "De acuerdo, juguemos lo que quieres jugar, tú contra mí. ¿Quieres apostar?" Propuso de inmediato. "No tiene que ser dinero. La que gane puede pedirle algo a la otra. Nada monetario", propuso y esperó la respuesta de Nagisa con gesto esperanzador. Procuraba mostrarse neutral y tranquila, pero por dentro estaba demasiado emocionada.

"¡Eso suena bien! ¡De acuerdo, trato hecho! Terminemos aquí y vayamos al boliche". Siguió comiendo con recuperado entusiasmo. Ahora que lo pensaba, podría invitar a Honoka a los bolos, seguro que le gustarían y además ya tenía la fuerza para cargar las pesadas bolas. Pero tuvo que sacudir su cabeza de inmediato, pensar en Honoka hacía que su mente automáticamente viajara a la escena que vio la noche anterior.

Y hasta ese momento percató que en lo que más pensaba eran los labios de Honoka. Se comió su hamburguesa a prisa mientras se sonrojaba, tuvo que bajar el rostro. Yuka notó eso y no se quedó con la duda. El gesto que más le conocía era su animada sonrisa, no esos.

"¿Qué pasa, Nagisa?"

"No, nada, no es nada, en serio", respondió Nagisa con voz nerviosa y se apresuró a terminar su hamburguesa, aunque se atoró un poco con los últimos bocados. Un trago de soda le salvó la vida, todo ante la sorprendida mirada de Yuka. "¡Listo! Te espero".

"Ah, de acuerdo", la mayor también se terminó su comida y cinco minutos después las dos subían al siguiente piso del centro comercial. Todo estaba lleno de gente que disfrutaba el domingo, pero sin duda Yuka lo disfrutaba más porque era la primera vez que pasaba tiempo real con Nagisa, algo fuera de la escuela y actualmente del gimnasio. Podía contar con los dedos de una mano las veces que socializó con Nagisa mientras fueron a la escuela, pero todo en un ámbito más bien competitivo. Era lindo pasear así con ella, pero había costumbres que uno no podía evitar. Competir contra Nagisa era una de esas costumbres.

Llegaron a los bolos donde precisamente la amiga de Nagisa las recibió. A Yuka le causó gracia que lo de los cupones de descuento fuera cierto. El local tenía una pequeña tienda de bocadillos y Nagisa de inmediato hizo uso de los cupones para acompañar su juego con golosinas y bebidas. Yuka aún tenía un poco de espacio en el estómago pero no sabía cómo era que a Nagisa aún le cabía comida luego de todo lo que ya había comido.

"De acuerdo, primero te mostraré cómo tirar la bola", dijo Nagisa con una sonrisa enorme y se colocó en la posición adecuada. "Usa todo el brazo, la bola es un poco pesada, pero podemos pedir una más ligera si quieres, a mí no me molesta que sean pesadas", eso lo dijo casi presumiendo. Miró a Yuka con una sonrisa amplia antes de mirar al frente, directo a los pinos en fila y lanzó la bola con firmeza, con potencia. La bola rodó por todo el carril hasta derribar casi todos los pinos, sólo un par quedaron en pie. "¿Ves? ¡Justo así!"

"Nada mal, Nagisa", Yuka estaba impresionada. Mientras la máquina ponía los pinos en su sitio una vez más, Yuka tomó la bola que dispensó la máquina. Era un poco pesada pero podía maniobrarla, colocó los dedos como vio que Nagisa lo hizo y acomodó bien la pesada bola en sus manos. "Entonces debo tomar una buena posición, mantengo el brazo firme…"

"Mira al frente y ten cuidado con tus pasos", dijo Nagisa y se colocó cerca de ella para ayudarla a corregir su postura. "Mantente así, no quiero que te lastimes".

Yuka se sonrojó pero no por ello dejó de mirar al frente, no quería que Nagisa viera su rostro ruborizado. "Entendido. Estoy lista", indicó y tomó aire apenas Nagisa se hizo a un lado. Y siendo Yuka Odajima la talentosa Madonna de cuánta escuela se veía agraciada por su presencia, hizo un tiro soberbio que rayaba en lo perfecto y derribó todos los pinos. Una chuza perfecta. No pudo evitar sonreír con visible alegría.

"¡Los tiraste todos, eres increíble!" Celebró Nagisa de buena gana. "¡Eres una genio para los deportes!" Eso era lo que Nagisa más admiraba de Yuka, que todo se le diera tan bien. "¿En serio nunca has jugado esto antes?" Ese tiro en serio fue fantástico.

"No, te aseguro que es la primera vez que piso un boliche", dijo Yuka de inmediato. No dejaba de sonreír de manera alegre, se notaba la confianza en su gesto. "Creo que podemos comenzar con el juego y con nuestra apuesta. ¿Cuáles son las reglas?"

"Cada una tendrá diez turnos y en cada turno dos tiros", explicó Nagisa mientras programaba la máquina para el match. "Excepto en el décimo turno, ahí tendremos tres tiros", continuó. "Y en cuanto a los puntos, la máquina los contará por nosotras, cada pino es un punto y si tiras todos hay puntos extras, pero como te digo, la máquina hace todo el trabajo, así que tú lanza la bola sin presionarte". Eso lo decía más bien por ella misma, le costaba mantener la suma a memoria cuando salía con sus amigas. Bendita tecnología.

Yuka rió un poco. "Entendido, son reglas simples. ¿Comenzamos?"

"¡Sí!"

Y el juego dio inicio. Nagisa en el primer turno y el segundo era de Yuka.

A sabiendas que enfrentaba a una oponente de cuidado, Nagisa hizo uso de toda su concentración. No era como si hubiera algo en concreto que le quisiera pedir a Yuka Odajima, con su presencia era más que suficiente a decir verdad, pero… Ya que lo pensaba mejor, Yuka era mayor y mucho más lista que ella. Podría pedirle algo ahora que lo pensaba. Podría pedirle un consejo sobre Honoka y cómo lidiar con esos sentimientos tan confusos. Por supuesto, la pasaba bien y su espíritu deportivo disfrutaba de la sana competencia.

Por su lado, Yuka estaba concentrada en serio, ella sí quería ganar y pedirle algo muy específico a Nagisa. Algo atrevido incluso, pero esa era la apuesta, ¿o no? Era legal pedirle lo que quisiera, lo que más deseaba en ese momento por una razón muy especial. No perdía de vista a Nagisa cuando le tocaba tirar y no podía evitar pensar en esa presencia y energía que le gustaba tanto de ella… Y a su vez, lo ridículo que era que supiera poco y nada de Nagisa y aun así tuviera tanto efecto en ella. Yuka no era tonta, sabía exactamente lo que quería y necesitaba de Nagisa y lo iba a conseguir.

Si Nagisa estaba de acuerdo, claro, tampoco pensaba obligarla a nada.

Para cuando iban a medio duelo ya tenían un importante público alrededor, observando su juego y aplaudiendo los increíbles tiros de cada una. Finalmente llegó la ronda número diez. Nagisa hizo sus tres tiros y sumó una buena cantidad de puntos, pese a no tirar todos los pinos. Si Yuka hacía al menos una chuza, perdería. Y justo eso pasó, Yuka hizo de sus tres tiros tres chuzas perfectas y todos aplaudieron. Ella también. Perder ante Yuka Odajima era más un honor que una derrota en sí misma, aunque en serio le hubiera venido bien el incentivo de la victoria para poder hablar de eso que la distraía y la tenía tan desesperada.

"¡Eres fantástica!" Exclamó Nagisa con sincera alegría y asombro.

"Tú también lo hiciste muy bien, no te quites méritos", dijo Yuka con toda la humildad que pudo, pero no ayudaba que incluso se acomodara el cabello mientras lo hacía y su piel brillara por culpa de una leve capa de sudor. Se secó con su pañuelo. Estaba muy contenta por haber ganado. Miró su teléfono y sonrió. "¿Nos vamos? Te diré lo que quiero pedirte en el camino", ya casi era hora de irse, tenía algunos compromisos familiares más al rato.

"Claro, vamos", respondió Nagisa y ambas salieron del local y del centro comercial hasta llegar al parque más cercano. Ahora la deportista se sentía curiosa por el súbito silencio de Yuka. Sonrió. "¿Y qué es lo que quieres pedirme? No has dicho nada en los últimos diez minutos", comentó mientras ambas se sentaban en una banca de una zona tranquila.

Yuka tomó aire de manera profunda y miró a Nagisa. "Hay algo que debo decirte antes que nada", dijo Yuka, ya envalentonada. "Si lo que te digo te hace sentir incómoda, entonces no te diré más ni te pediré más", advirtió pero enseguida buscó suavizar el asunto al ver que Nagisa ponía un gesto agravado. "No es nada malo, ¿de acuerdo? Sólo escúchame".

Por alguna razón Nagisa comenzó a sentirse nerviosa, la mirada de Yuka era rara y además estaba sonrojada. Sus palabras de alguna manera la ayudaron y asintió. "Te escucho".

"Me gustas", dijo sin más, mirándola a los ojos. "Me gustas desde la primera vez que te vi", repitió ante la asombrada mirada de Nagisa. "Sé que no hemos pasado tiempo juntas y lo que tenemos ni siquiera es una amistad propiamente hablando, pero me gusta lo que conozco de ti", cerró los ojos y tomó aire de nuevo, profundo, lento. "No necesito que me correspondas porque sé lo que sientes por mí, tampoco busco más en todo caso", porque Nagisa sin duda era la chica más transparente que había conocido, sincera en todo momento. Le miró de nuevo a los ojos, ruborizada pero firme como soldado. "Sólo hay una cosa que quiero pedirte. Si no quieres hacerlo, está bien, no debes hacerlo".

Nagisa tragó saliva. Su rostro se puso de todos los colores, siendo el rojo el más vistoso, mientras su corazón se aceleraba como nunca antes. ¿A Yuka Odajima le gustaban las chicas como a Honoka? No lo habría adivinado a decir verdad. Se cubrió el rostro mientras digería la declaración y obligaba a sus neuronas a dejar su pánico y pensar algo sensato. ¿Qué se supone que diga en ese momento? No estaba segura, pero sí sabía que debía decirle algo a Yuka, ella la tenía más complicada, esa confesión seguramente tomó mucho de ella. Suspiró hondo. Aún estaba roja pero pudo encararla y, más importante, hablar.

"No sé qué decirte, lo siento", al menos en eso era sincera.

"No tienes porqué", dijo Yuka con un gesto suave. "Tampoco te obligues a pensar demasiado, esa no es mi intención, sólo quería darle un cierre a esto que siento por ti desde hace mucho", le ofreció su mano. "¿Me dejas cumplir ese deseo egoísta a expensas de ti?"

Nagisa sacudió la cabeza antes de tomar torpemente la mano de Yuka, no lo pensó demasiado, no quería dejar esa mano ahí, esperando. Asintió a la mayor. "¿Qué es lo que quieres pedirme?" No estaba segura de qué era lo que Yuka quería, un noviazgo seguro que no, se lo dejó en claro. Y ya que era consciente de en qué situación estaba, entonces Yuka podría ayudarla con su problema. "A… A cambio de eso, yo… ¿te puedo preguntar algo? Necesito una respuesta o en serio me volveré loca", eso prácticamente lo rogó.

Una confundida Yuka asintió antes de componerse, "haré lo que pueda por ti", respondió enseguida. A mencionar que estaba contenta con la reacción de Nagisa, fue mejor de lo que imaginó. Le sonrió. "Un beso. Sólo quiero un beso", su sonrisa se hizo más suave. "Pero si no quieres, lo comprenderé, en serio. No te sientas obligada".

Nagisa se sonrojó más. Justamente su problema era con un beso que ni siquiera era de ella, si no de Honoka. Yuka Odajima quería un beso pero los nervios no la dejaban responder nada, en cambio, se aferró más a la mano de Yuka. Tragó saliva de nuevo, de repente sintió la boca seca. Notó que Yuka puso un gesto decaído y estaba a punto de decir algo, no la dejó. Lo mejor que podía y sabía hacer era dejarse llevar por su corazón, normalmente eso le funcionaba bien. Cerró los ojos y se acercó a ella sin aviso alguno, simplemente besó la comisura de su boca por dos segundos antes de hacer espacio de nuevo, sin soltarla.

Yuka abrió los ojos como platos mientras su rostro se ponía completamente rojo, para enseguida sonreír por lo bajo.

"Yo…" Nagisa apenas si podía hilar idea alguna.

"Gracias, Nagisa", agradeció Yuka con todo su corazón, estaba contenta como nunca antes. Podía seguir adelante, consiguió el cierre que quería. Al fin podría tomar ese anillo de compromiso que le esperaba en el cajón de su cómoda. "Me gustó".

Nagisa miró a Yuka con marcada vergüenza, apenada por un beso tan básico y pobre como ese, pero al ver la cara de la chica, su gesto de sincero contento y ese sonrojo, pudo sonreír. "Quizá lo querías en los labios pero no pude, lo siento".

"No, no digas eso, estuvo bien, fue perfecto porque es lo que te nació darme", dijo Yuka de inmediato. Estaba tan contenta que podría llorar en ese momento, pero se contuvo. En cambio, miró a Nagisa con curiosidad. "¿Qué es lo que quieres preguntarme?"

Nagisa se ruborizó más y miró a la mayor, rindiéndose por completo a su propia desesperación. "Verás… A mí me gustan los chicos. He tenido novios muy lindos y justo ahora me gustaría mucho tener uno, pero desde hace un tiempo, yo…"

"Nagisa, no estás respirando", dijo Yuka mientras la tomaba por el hombro. "Respira".

Y eso hizo, Nagisa respiró antes de decir eso que tanto la enloquecía. "Esto no es nada normal, pero desde hace un tiempo no puedo dejar de pensar en Honoka y no sé por qué".

Yuka sonrió. Ella sí sabía por qué.

CONTINUARÁ…