Lo que Nadie le(s) Dijo

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío

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Parte 10 La Ansiedad por Abrazarte

Yuka escuchó pacientemente todos y cada uno de los síntomas de Nagisa, le dedicaría el resto de su tiempo disponible. Entre más hablaba Nagisa, más ternura sentía Yuka. No sabía si darle un golpe en la cabeza o un gran abrazo, ambas opciones serían las correctas porque Nagisa tenía la respuesta a su problema en la punta de la lengua, pero la pasaba totalmente de largo por una razón que para Nagisa era más poderosa de lo que debería ser. Le dio un cariño en el cabello a una desesperada Nagisa apenas ésta paró para respirar.

"No es normal, en serio no es normal", murmuró Nagisa mientras se cubría el rostro con ambas manos. "A mí me gustan los chicos, no debería estar pensando en Honoka de la misma manera en que pienso en un chico", continuó, decaída.

Yuka se llevó una mano al mentón, necesitaba unos cuantos datos más antes de dar su profesional opinión. "¿Últimamente has sentido estos mismos síntomas por alguien más?" Hizo memoria. "Recuerdo que hablas mucho con un chico castaño en el gimnasio".

"Ah, él", Nagisa se aclaró la garganta, ya sabía a quién se refería. "No, él y yo no tenemos nada", no había necesidad de traer a la mesa todo el asunto de Kazuki. "Pero sí, he sentido todo esto por alguien más", no tenía nada de malo contarle sobre su crush por el futbolista a Yuka. "La emoción, los nervios y todo eso en mi pecho y mi estómago ya lo siento por alguien más", ligeramente roja, miró a un lado. "Por Fujimura Shougo".

"¿Fujimura Shougo?" Yuka levantó una ceja, "me sorprende que sientas todo eso aunque él ya esté saliendo con alguien", comentó casualmente. "Aunque ahora que lo pienso, él y su novio son muy discretos, en realidad no se nota que salen".

Nagisa quedó hecha piedra. "¿Perdón?" Su cabeza hizo corto circuito.

Al ver la cara de Nagisa, Yuka de inmediato supo qué pasaba. "Ah… ¿No lo sabías?" La pobre Nagisa alcanzó a negar torpemente. "Oh, vaya, esto es vergonzoso, pensé que lo sabías, ya veo que no", se acomodó el cabello de nuevo pero en señal de pena. "Verás, Shougo Fujimura es gay, sale con un chico, ya lo conoces, el que siempre anda a su lado".

Kimata, Yuka hablaba de Kimata. Nagisa sintió como si le hubieran vaciado la sangre del cuerpo. Abrió la boca pero no pudo decir nada los primeros segundos. ¿Cómo fue que no se dio cuenta? Volvió a recordar lo que pasó cuando Honoka le contó que era lesbiana, pensó que las personas gay tendrían un algo que los distinguiera, ¡como en la televisión! Su forma de hablar, de caminar, de vestir, una etiqueta visible, pero resultó que lucían tan normales como cualquier persona. De hecho miró a Yuka y no pudo contener su curiosidad.

"¿A ti te gustan las chicas?" Preguntó Nagisa, aun resintiendo el golpe de semejante noticia.

"Es una pregunta complicada", Yuka se llevó una mano al mentón. "A mí sólo me atraen las personas que tienen un algo especial, me da igual que se trate de un hombre, mujer o lo que sea, pero deben tener ese algo", miró a Nagisa. "Tú lo tienes". Y en todo caso también lo tenía la persona que le dio el anillo matrimonial, pero no había necesidad de mencionarlo.

Nagisa tragó saliva. Era mucha información, resultó que estaba rodeada de todo tipo de personas con distintos gustos. Se sentía apenada de repente. "Pensé que… Que lo normal era que sólo un chico y una chica pudieran enamorarse y salir juntos".

"No es que sea normal, Nagisa", dijo Yuka mientras se encogía de hombros. "En realidad es lo más habitual, es a lo que se nos acostumbró. Y ya debes darte una idea del porqué todos prefieren ser discretos", no había necesidad de entrar en incómodos detalles.

"Comprendo, lo comprendo", Nagisa tomó aire. Sacudió la cabeza. "¿Entonces tú ya sabes que a Honoka le gustan las chicas?"

"Sí, estoy al tanto de eso", respondió de inmediato. "Y ya que regresamos al tema de Honoka, todo eso que me cuentas es porque tienes un sentimiento romántico por Honoka, estás enamorada, estás experimentando una atracción física y sentimental por ella", usó todos los términos que le llegaron a la cabeza para darle la respuesta a Nagisa, la que tanto le urgía. "Y ahora que sabes que dos chicas o dos chicos pueden quererse, ¿qué vas a hacer?"

Nagisa bajó el rostro, estaba demasiado roja y caliente como para pensar correctamente. Repasó en su cabeza las palabras de Yuka: Honoka le gustaba, Nagisa estaba enamorada de Honoka. ¡En serio era una locura! Pero después de todo lo que escuchó ya no sonaba tan loco. Tomó aire. "Aún no estoy segura", respondió con sinceridad. "Pero sí quiero decirle a Honoka lo que siento. Necesito decírselo o haré alguna estupidez, me conozco".

Yuka sonrió de manera dulce, le dio un cariño en la cabeza. "No me sorprendería que también le gustes, Honoka no es precisamente el tipo de chica que se apegue a alguien sólo porque sí, debes tener algo que la atrae. No pierdes nada con confesarle lo que sientes".

Nagisa recordó que esa noche cenaría con Honoka. La nerviosa atleta tragó saliva, esa era su oportunidad. Aún no estaba del todo recuperada, se enteró de muchas cosas en cuestión de minutos, pero sí estaba segura de algo: necesitaba hablar con Honoka o en serio iba a enloquecer. Además, las palabras de Yuka la hicieron sentir un poco mejor, que hubiera aunque sea una pequeña oportunidad de que le gustara a Honoka la ponía feliz.

Y de nuevo pensó en sus labios, en el beso que vio la noche anterior. Ahora sabía qué era lo que le molestó de la escena: que ese beso lo quería ella, quería un beso de Honoka. Suspiró hondo de nuevo y miró a Yuka, se notaba más calmada. "Gracias".

"Por nada", respondió la mayor, bastante satisfecha y agradecida por esa tarde.

Ambas sonrieron. Era hora de terminar su paseo.

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"¿Entonces tenía unos lindos labios?" Preguntó Yuriko al otro lado de la línea.

"Sí. Y aunque la cita no terminó como esperaba, recibí la ayuda que no esperaba", respondió Honoka mientras estaba sentada en el sofá. Tenía un libro de tapas duras en las manos e hizo una pausa a su lectura para hablar con Yuriko acerca de su nueva resolución. "Debí pedirle su número de teléfono y presentártela", dijo con tono jocoso.

Yuriko se echó a reír. "Agradezco que pienses en mí, pero me preocupas más tú en éste momento", fueron las sinceras palabras de Yuriko. "Espero que todo salga bien, Honoka".

"Yo también", suspiró hondo luego de responderle. "Ella tiene razón, debo hacer que las cosas sucedan. Lo que sea que vaya a pasar, lo aceptaré".

"Si necesitas algo puedes llamarme, ¿de acuerdo?" No estaba de más pensar en todos los escenarios, hasta en los malos. Yuriko sonrió al escuchar a Honoka suspirar. "Lo que sí puedo decir a tu favor, es que una vez que alguien te conoce mejor y no sale despavorido, es porque esa persona ya está al tanto de todos tus encantos", agregó con una risa pequeña.

"Gracias por decirme que asusto a la gente", reprochó Honoka con un cómico gesto infantil.

"Hey, son hechos científicos comprobables", alegó Yuriko con picardía. "Como sea, si esa chica Nagisa no salió corriendo a la primera de conocerte mejor, entonces definitivamente te tiene en buena estima. Incluso si no puede corresponder tus sentimientos, apuesto a que no se alejará de ti, mucho menos te tratará mal", o eso quería pensar. "Digo, no cambió tu relación con ella después de que le dijiste que eras lesbiana".

"Tienes razón, incluso nos acercamos más que antes", anotó Honoka. Miró el reloj en el muro, en un rato más sería la hora de cenar, de hecho la cena ya estaba lista: arroz con curry. Receta especial de la abuela, una mezcla entre dulzor y picante cuidadosamente balanceado, con unos generosos trozos de carne de pollo. "Te contaré todo lo que pase".

"Hecho", ésta vez Yuriko suspiró hondo. En serio quería que todo saliera bien para Honoka. "Debo irme", sonrió aunque Honoka no pudiera verla. "Suerte".

"Gracias". La llamada terminó.

Honoka suspiró hondo y dejó el teléfono en la mesa a su costado, precisamente la mesa que hizo en el taller. Sonrió al ver el mueble y recordar lo mucho que le gustó a Nagisa. Y seguramente a Nagisa también le gustaría el curry que preparó, pensaba en enviarle una ración a su compañera de cuarto, seguramente la conocería en el partido. Si todo salía bien, entonces al menos podría ir a ver a Nagisa a su partido como tanto lo deseaba.

Al percatarse de que su mente estaba divagando, se dio un pequeño tope en la frente con el libro y decidió seguir con su lectura. Esa era la mejor manera de relajarse y de ordenar sus pensamientos. Nada mejor para calmar su mente que con ayuda de ese libro sobre la geografía de África que pidió prestado en la biblioteca, tenía que devolverlo el miércoles. Tan entretenida estaba en su lectura que no notó cuando el día oscureció, ¿cuánto pasó? ¿Una hora? No lo percató, estaba a media lectura cuando sonó el timbre de la puerta.

Respingó y miró el reloj. Ya era hora de cenar y obviamente quien esperaba en la puerta era Nagisa. Se levantó como impulsada por un resorte, dejó el libro en la mesa y se acomodó la ropa antes de ir a abrir la puerta. Tenía una sonrisa en el rostro y el corazón emocionado.

"Nagisa, buenas noches", saludó una contenta Honoka.

"Bu-Buenas noches", respondió Nagisa ligeramente nerviosa. Luego de despedirse de Yuka, se quedó en el parque un rato más y luego dio vueltas por el centro de la ciudad hasta que dio la hora. Se dio su tiempo para pasar el trago amargo que significó el final de su enamoramiento con Shougo Fujimura. No que buscara demasiado, ni siquiera concretarlo, pero la manera en que terminó era tan definitiva que no había manera de que se sintiera peor. "Oh… Oye, huele genial", dijo en cuanto sintió el aroma en el ambiente. El olor de la comida fue suficiente para devolverle la sonrisa y entró al apartamento.

"Lávate las manos, calentaré la cena. Hice curry de pollo, receta de mi abuela", dijo Honoka y sonrió al ver a Nagisa saltando de emoción.

"Apuesto a que sabe mejor que el curry del comedor de la universidad. Digo, el de la escuela no está mal, pero tú cocinas muy bien", comentó una alegre Nagisa y fue directo a lavarse las manos. De momento estaba tranquila y optó por mantenerse así hasta que debiera abrir la boca en serio. Tenía que sincerarse esa misma noche porque no estaba segura de resistir más. Regresó al comedor y ayudó a sacar los platos y servir té helado para ambas. No perdía de vista a Honoka. "¿Sabes? Hoy me topé con Yuka y paseamos un rato".

Honoka le miró un momento para sonreírle antes de volver su atención a la estufa. "Seguramente la pasaste bien, Yuka es una gran acompañante", dijo, ella misma se debía una salida con Yuka a la primera oportunidad, pero estaba al tanto de la ocupada vida de la mayor. Se lamió los labios discretamente al considerar la idea de comentar sobre lo hecho ese fin de semana. "Yo también salí con alguien ayer. En realidad fueron dos citas, una con mis amigos y la otra con una chica que conocí esa misma tarde", pero tampoco que hubiera necesidad de entrar en detalles. "Fue sólo una cita casual pero me divertí".

Fue el turno de Nagisa de ponerse un poco tensa. Había una cosa que quería confirmar, pero no con respecto a la chica. "Es genial que pases más tiempo con los chicos, en el gimnasio no pueden platicar mucho porque sólo los ves cuando entrena todo el equipo de fútbol", dijo casualmente, "no tienen mucho tiempo para platicar", escuchó a Honoka asentir. Ella misma suspiró discretamente. "Oye, Honoka, ¿puedo preguntarte algo sobre tus amigos?"

"¿Uh? Por supuesto", respondió Honoka y apagó la estufa y la arrocera, era hora de servir el curry, pero antes de tomar los platos, le puso atención a Nagisa.

"¿Salen juntos?" Preguntó y enseguida aclaró. "Digo, Fujimura y Kimata, ¿son novios?"

Honoka abrió un poco los ojos antes de sonreír suavemente. "Sí, desde preparatoria", respondió de inmediato, "aunque ya comenzaban a experimentar algunos sentimientos en secundaria", agregó. "A decir verdad, me enteré de todo luego de que nos reencontramos en el gimnasio", no estaba segura de cómo se había enterado Nagisa, pero apostaba que lo supo gracias a Yuka Odajima, ella conocía a los chicos después de todo.

Nagisa rápidamente ayudó a Honoka a servir los platos y acomodar la mesa, sentía que si no se mantenía ocupada en algo haría alguna estupidez. "Ya veo. Es genial que estén juntos y puedan cumplir su sueño juntos, me dan un poco de envidia", dijo mientras Honoka le daba los platos ya servidos para acomodarlos en la mesa.

"Desde niños querían ser futbolistas profesionales, me sentí muy feliz al verlos porque lo están logrando juntos como siempre lo desearon", y su sonrisa lo confirmaba, en serio estaba feliz por ellos dos. "Déjame adivinar, Yuka te lo contó".

"Sí, lo comentó mientras platicábamos y me sorprendió mucho, la verdad soy mala para notar ciertas cosas, pero a decir verdad los dos son muy discretos", comentó Nagisa, tratando de no sonar insensible ni grosera.

Honoka le sonrió mientras se sentaban frente a frente. "Lo son, así debe ser", juntó sus manos. "Espero que te guste la comida, Nagisa. Buen provecho".

"¡Buen provecho!" Como era de esperarse, la comida caliente y dispuesta en la mesa bastó para llenar la cabeza de Nagisa y de inmediato comenzó a comer. "¿Mmm?" Abrió los ojos como platos por culpa del primer bocado. ¡El curry estaba delicioso! Todo su gesto brilló y comenzó a comer con más ganas. La comida de Honoka era la mejor. "¡Está delicioso! ¡Me encanta!" Exclamó entre bocados. "¡Tengo que llevarle un poco a Katsuko! ¿Puedo?"

Honoka rió dulcemente y asintió. "Preparé suficiente para la cena, podemos reservarle su ración ahora mismo y el resto es tuyo".

"¿En serio?" Nagisa se puso más feliz y devoró su plato rápidamente. "Yo guardaré su parte y me serviré más, tú no te levantes, Honoka", dijo y de inmediato sacó un tupper de la alacena, tenía permiso de tomar lo que necesitara. "¡En serio me gustaría comer tu comida diario!" Exclamó, contenta. Reservó la ración de Katsuko y se sirvió lo suyo para enseguida volver a la mesa con Honoka. "Sería más fácil si viviera contigo", comentó casualmente. Y al darse cuenta de sus propias palabras, se quedó con la cuchara en la boca.

Estaba roja, ahora sí fue consciente de sus propias palabras.

Honoka la escuchó perfectamente bien. Pasó su bocado y bebió un poco de té. La bebida fría le ayudó a recuperar los sentidos. Miró a Nagisa. "Me gusta que disfrutes lo que cocino", tomó aire, al menos quería esperar a que terminaran de comer para poder hablar. "¿Debes quedarte en el dormitorio hasta que acabe el año escolar?" Preguntó sólo por saber.

Nagisa negó pero al menos pudo seguir comiendo. "Como estoy becada, la escuela me cobra menos por la estancia en los dormitorios, mis padres cubren el restante. El pago es mensual. De hecho tengo éste mes cubierto", sus bocados eran un poco más pausados mientras hablaba. "La beca me cubre el equipamiento que necesito para mis prácticas, útiles escolares y también transporte, pero yo cubro el resto de mis gastos, como la comida", continuó. "Gano bien en el gimnasio, pero si ganara más, mis padres ya no tendrían que apoyarme con dinero". Lamentablemente no tenía el tiempo ni la experiencia para trabajar en algún sitio que le pagara un mejor salario para al menos anular el gasto de sus padres.

Honoka asintió en total acuerdo. "Los precios en las zonas para estudiantes son muy altos", comentó. "También me gustaría ser independiente en gastos, pero es complicado", su acompañante asintió y ambas siguieron comiendo en silencio como si se hubieran puesto de acuerdo. Ella misma ya casi acababa su comida y Nagisa ya iba por su tercera ración.

Terminaron de cenar quince minutos después y Nagisa se ofreció a lavar los platos mientras Honoka limpiaba la mesa. Las dos se sentaron en el sofá luego de eso, tomaron aire al mismo tiempo y se miraron. Estaban sonrojadas, lo sentían y lo notaban en la otra.

"Honoka… Yo… Necesito decirte algo".

"Yo también".

"De acuerdo, te escucharé, pero deja que hable primero o se me van a olvidar las palabras", Nagisa se frotó el rostro y se palmeó las mejillas para llenarse de valor, "¿Puedo?"

Honoka asintió, ahora se sentía preocupada por Nagisa. "Claro, te escucho", se giró lo suficiente para poder encararla. Había poca distancia entre ambas.

Nagisa tomó aire. También se giró para quedar de frente a Honoka, aunque para ello tuviera que subir las piernas al sofá y acomodarse mejor. Sus manos estaban sobre su propio regazo, sus dedos jugaban entre sí, presa de los nervios mientras balbuceaba cosas ininteligibles. Estaba nerviosa y con el rostro bajo, pero sus nervios se esfumaron casi de golpe cuando las manos de Honoka acunaron las suyas. Miró a Honoka, ese gesto gentil y dulce que le regalaba mientras presionaba sus manos. Todo el calor se le subió a la cara.

"Yo… Yo no sé cómo llegué a esto", dijo finalmente. La pobre Nagisa hablaba con torpeza. "Yo… A mí no me gustan las chicas pero tampoco puedo dejar de pensar en ti", confesó. "Me… Me gusta estar contigo… Pasar tiempo contigo. No me gustan las chicas", repitió, un poco desesperada. "Pero me dijeron que todo esto es porque tú me gustas", declaró mientras la miraba a los ojos, mientras su voz se sumía palabra a palabra en la desesperación. "Me gustas… Creo", sacudió la cabeza, nerviosa. "Pero no como a una amiga".

Honoka escuchó a Nagisa atentamente y a cada palabra su cara adquiría un nivel más intenso de rojo, todo mientras su sonrisa se hacía más dulce. Se notaba feliz como nunca al escucharla, sobre todo con esa última frase. ¡Nagisa era un desastre! ¡Justo como ella! Al parecer ambas siempre estuvieron en la misma sintonía y se estaban volviendo locas por su cuenta. Lo único que atinó a hacer fue cumplir el primero de sus caprichos, el que le hacía temblar las manos y los brazos a momentos. La abrazó.

Nagisa gritó de manera aguda, bastante linda mientras caía de espaldas al sofá y con Honoka encima. Sus brazos, pese a la sorpresa, correspondieron el abrazo en automático, con fuerza. Era como si Honoka le hubiera leído la mente. Ciertamente había muchas cosas que Nagisa quería hacer con Honoka, pero la que más ansiedad le daba al cuerpo era la necesidad de un abrazo, sentirla de nuevo como ya lo había hecho. Contagiarse de su calor, sentir su aroma encima incluso después del abrazo, oler su cabello mientras sus brazos se sujetaban con fuerza, como si no quisieran soltarse. Como si sus vidas dependieran de ello.

"También me gustas", confesó Honoka, sus palabras fueron directamente al oído de Nagisa. "Me gustas desde la primera vez que te vi. Me gustas mucho, Nagisa".

La confesión provocó una erupción en Nagisa, la pobre casi queda fulminada, pero la fuerza en los brazos de Honoka evitaba que colapsara por la emoción. "Yo… Honoka", Nagisa tragó saliva, se sintió derretir en los brazos de Honoka. "A mí nunca me ha gustado una chica, estoy confundida", confesó. "Pero tú me gustaste". Se aferró a su espalda. "Dime que esto que siento es de verdad, quiero que sea de verdad".

Nagisa estaba tan desesperada que Honoka tuvo la necesidad de abrazarla más fuerte, como si quisiera sacarle el aire del cuerpo y exprimir con fuerza toda la desesperación que la pobre tenía dentro. "Cierra los ojos y cuéntame lo que puedas percibir, anda", le dijo al oído.

"¿Eh?" Nagisa no comprendió del todo la instrucción. Mejor dicho, no entendía la intención, pero un pequeño apretón de parte de Honoka la hizo ceder. "De acuerdo", respiró hondo y cerró los ojos. Se quedó callada luego de eso, Honoka también, por cierto.

Pasados un par de minutos, Honoka insistió de nuevo. "Cuéntame lo que sientes", su voz sonaba dulce, el abrazo se relajaba poco a poco porque percibía a su acompañante relajada.

Nagisa suspiró. "Me abrazas fuerte… Bueno, ya no tan fuerte como hace un momento, pero siento tus brazos", otro respiro hondo. Nagisa se sintió arder. "Tu perfume, también siento tu perfume y el aroma de tu champú. Hueles a flores", continuó. "Me gusta".

"¿Qué más?" Honoka la animó a seguir, no podía dejar de sonreír.

"Siento tu cara caliente", eso lo dijo con una risa pequeña, seguramente Honoka estaba tan roja como ella. "Y siento… Siento tu aliento cerca de mi oreja cuando hablas", y eso definitivamente se sentía muy bien. "Siento tu cabello", una de sus manos había quedado enredada entre el cabello de Honoka, ¡era tan suave! Tragó saliva. "Y siento… Siento que mi corazón late fuerte, o no sé si sea el tuyo, pero es fuerte", suspiró hondo. "Eso siento".

"Ahora te diré lo que yo percibo", dijo Honoka mientras la apretujaba con cariño. No quería soltarla. "Siento el aroma de tu jabón, también el calor en tu piel, siento tu cuerpo fuerte entre mis brazos y cómo respiras para calmarte. Aunque ya te siento un poco más calmada", comentó y escuchó a Nagisa reír. "Siento tu mano en mi cabello", enseguida rió de manera linda, suave, melodiosa a oídos ajenos. "Y creo que debo sacar mis manos de donde están porque la sangre ya no me está circulando", rió un poco más cuando Nagisa le facilitó sacar sus manos de debajo de su cuerpo, se estaban aplastando. "Yo siento las manos dormidas y la sensación es muy real", le sonrió a Nagisa. "¿Y tú? ¿Ya sientes que es real?"

Nagisa tragó saliva. "Creo que sí". Todo lo que pasaba parecía el más hermoso sueño.

Honoka amplió su sonrisa antes de besar dulcemente la mejilla de Nagisa. "¿Y ahora?"

La pobre atleta soltó otro gritito y se aferró con fuerza al cuerpo de Honoka. Ese beso fue lindo. Miró a la chica encima de su cuerpo, estaba roja pero igualmente sonrió con torpeza. "Tal vez si me das otro pueda sentirlo mejor", y eso recibió, un segundo beso pero ahora en la otra mejilla. Sintió un lindo escalofrío en todo el cuerpo. "¿Uno más?"

"Uno más", dijo Honoka luego de un largo suspiro, no podía dejar de ver el lindo rostro de Nagisa, de hecho la sostuvo gentilmente por las mejillas. "Todos los que quieras", dicho eso, la besó en la boca con toda la propiedad, cariño y dulzura posible. Ella también quería confirmar que todo eso no fuera otra linda ensoñación suya. Procuró un beso suave, y se felicitó a sí misma por hacerlo porque sintió a Nagisa respingar apenas sus labios hicieron contacto. Acarició sus mejillas usando apenas las yemas de sus dedos.

Ese beso hizo que Nagisa casi se quedara sin aire. Los labios de Honoka eran suaves, las caricias en su rostro (no) ayudaban y en serio se sentía a punto de desmayar de alegría. Se entregó al dulce beso. De momento era un beso sencillo, tiernas caricias entre sus labios mientras se dejaba llenar por el cariño y la calma de Honoka.

El beso finalizó y fue Honoka la que se quedó recargada en el hombro de Nagisa. Ambas cerraron los ojos, se quedaron en silencio para permitir que sus cabezas se hicieran a la idea de lo que acababa de pasar. En serio confesaron sus sentimientos mutuos y se dieron un primer beso dulce y memorable. Honoka sonrió por lo bajo mientras se acomodaba en el cuello de Nagisa. Por su lado, Nagisa no podía dejar de sonreír mientras aprisionaba a Honoka entre sus brazos con firmeza.

"Ahora… Ahora lo entiendo, Honoka", dijo Nagisa luego de ese cómodo silencio. "Ya entiendo mucho mejor lo que me explicaste aquella vez".

"¿Uh?" Honoka no se movió de su sitio, simplemente sonrió mientras acariciaba el cabello y una de las mejillas de Nagisa con una mano. "¿Cuál vez?"

"Cuando dijiste que esto se sentía normal, como si todo estuviera en su lugar. Al fin lo siento", dijo entre risas pequeñas, ligeramente nerviosa. "Al fin puedo sentirlo".

Honoka mantuvo su sonrisa y siguió prodigando dulces cariños en el rostro y el cabello de Nagisa. "Yo también lo siento desde hace tiempo, contigo", tomó aire. "Quiero salir más contigo, pasar más tiempo contigo, quiero hacer muchas cosas a tu lado, Nagisa".

La pobre Nagisa apenas si podía soportar todo el cariño con el que Honoka le hablaba. Era la primera vez que la trataban así. Tragó saliva. "Yo también, Honoka". Apretó los ojos y se aferró de nuevo a su cuerpo. "No puedo creerlo, en serio está pasando". Y justamente recordó algo, lo que vio la noche anterior. Eso bastó para hacerla poner un gesto infantil de vergüenza. "Oye, Honoka… Yo… Debo confesarte algo, no te enfades, ¿de acuerdo?"

Honoka no estaba muy segura del porqué del cambio de actitud en Nagisa, pero asintió. "De acuerdo, te escucho. No me enfadaré".

Nagisa miró a un lado, se notaba bastante apenada por lo que estaba por confesar. La pobre era un desastre. "Anoche te vi con esa chica. No escuché su conversación, lo juro, pero si vi cuando la besaste. No fue a propósito, yo…" Miró a Honoka y su gesto se deshizo por completo al verla roja hasta las orejas. "¿Honoka?" Estaba confundida.

"Yo", Honoka en serio no sabía qué decir. "Fue sólo una cita casual y ella me ayudó mucho a poner mis pensamientos en orden. Gracias a ella me decidí a confesar lo que sentía por ti", explicó rápidamente, "No tengo ningún amorío con nadie más, te lo aseguro", aclaró de inmediato. ¡Estaba tan avergonzada! "Lamento eso".

Fue el turno de Nagisa de apenarse. ¡No era un reproche! Al menos no del todo, sólo quería comentar algo respecto al beso. "¡No es lo que quise decir! ¡Sólo lo dije porque...!" Lanzó un gracioso lamento. "No es un reclamo, lo juro. Lo que quiero decir es que", ésta vez la tomó por las mejillas para calmarla. "Lo que necesito decirte es que quiero tus besos sólo para mí. Cuando te vi besarla no pude dejar de pensar en tus labios. Te juro que no estoy enfadada ni te estoy reclamando nada". Como pudo, rió. "Aunque ver tu cara toda roja es muy lindo", dijo mientras sentía las mejillas calientes de Honoka contra sus palmas.

"Oh", la pobre sintió que sus mejillas ardían más, pero fue por las últimas palabras de Nagisa. "Yo también debo ser sincera", dijo enseguida, "tenía en mente salir con alguien más porque no quería forzar mis sentimientos en ti. Me estaba volviendo loca. Mi cita con ella no fue planeada, pero al final no pude hacer nada porque", tomó la mano de Nagisa en su mejilla. Cerró los ojos para disfrutar mejor del cálido tacto, "sólo podía pensar en ti".

Fue el turno de Nagisa de estallar. "¡No puedo creerlo!" Tuvo que abrazar de nuevo a Honoka para calmarse. "Yo también sentía que debía salir con alguien, porque pensé que era raro sentir todo esto por ti, ni siquiera sabía lo que sentía y me estaba volviendo loca", suspiró hondo. "Por eso estaba dejando que Kazuki se me acercara un poco aunque yo realmente no lo quisiera", admitirlo no la dejaba bien parada pero al menos era sincera. Era liberador poder confesar todo. "Estábamos en las mismas, ¿verdad?"

"Éramos un desastre", dijo Honoka con una risa pequeña, para enseguida hablar al oído de Nagisa. "Seamos un desastre juntas, ¿qué dices?" Besó su mejilla. "¿Me dejas ser tu novia?"

Nagisa tragó saliva. "Sólo si me dejas ser la tuya", respondió con un hilo de voz.

"De acuerdo. Ah… ¿No peso?" Preguntó Honoka al percatar una vez más su posición.

"No, no pesas. Podemos quedarnos así un rato más", dijo Nagisa con una recuperada sonrisa, seguía ruborizada pero más tranquila. "No quiero soltarte todavía".

"Yo tampoco".

Ambas sonrieron y se abrazaron bien, sus cuerpos supieron encontrar una posición cómoda y eso sorprendió un poco al par. Nagisa y Honoka encajaban bien, como si sus cuerpos ya se conocieran de alguna manera. Era una sensación difícil de explicar, tan difícil que no valía la pena pensar demasiado, lo mejor era simplemente dejarse llevar. Las dos sabían que Nagisa tenía que volver a los dormitorios a tiempo, pero aún tenían un rato para disfrutar del inicio de esa relación que por tanto tiempo se hizo esperar, o al menos así lo sentían.

Honoka sonrió sin poder evitarlo, estar con Nagisa se sentía bien. Había muchas cosas que quería hacer con ella, pero ese comienzo era perfecto, mejor a como pudo imaginarlo. Por su parte, Nagisa nunca pensó que esa sensación que siempre sintió que hacía falta en sus relaciones anteriores, como la pieza perdida de un rompecabezas, la encontraría en Honoka. Todo se sentía en su lugar, había emoción, sus corazones latían como locos, pero la paz era notoria, la calma, la normalidad. No necesitaban decir más en ese momento, ambas lo sabían. La mano derecha de Honoka la que buscó la de Nagisa. Sus manos juntas se sentían tan bien, sus cuerpos pegados también. Todo estaba en su lugar.

Pasó un agradable rato así, ambas disfrutando del momento. Y justo pasó lo que a Nagisa más de una vez le pasó por la cabeza, que Honoka debería tener a alguien ahí, a su lado, que pudiera besar cuando ella quisiera. Honoka levantó el rostro para besarla una vez más y Nagisa recibió el beso con gusto. Los dulces y cálidos labios de Honoka en serio se sentían bien, a momentos sentía besos en sus mejillas antes de que su boca fuera atendida de nuevo.

Honoka disfrutaba el beso, disfrutaba besarla y lo hacía como lo imaginó más de una vez. Sus deseos de comérsela a besos seguían bien despiertos y ganas no le faltaban de profundizar el beso, pero no era necesario apresurarse, no era una carrera. Se contentaba con humedecer sus propios labios entre pausas y poder sentir mejor los labios de Nagisa. Lo que nadie le dijo a Honoka era que Nagisa sí tenía un poco de prisa.

CONTINUARÁ…