Lo que Nadie le(s) Dijo
Por: Escarlata
Precure pertenece a Toei, el plot es mío
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Parte 11 Como Nadie en éste Mundo te Besó
Nagisa se sentía flotar como en un sueño, el más hermoso de todos. La mejor parte era que eso no era un sueño y lo que tenía encima era a Honoka mientras las dos se besaban. Que admitiera su deseo por sentir un beso de Honoka no quería decir que alguna vez lo imaginara, ella misma detenía esas fantasías porque en su momento parecían inapropiadas y totalmente fuera de lugar. Pero nunca lo fueron y Nagisa estaba justo donde debía estar, debajo de Honoka recibiendo sus dulces besos, abrazándola y sin deseos de soltarla.
De hecho deseaba más.
Sin poder contenerse, Nagisa usó ambos brazos para sujetar a Honoka por la cintura y la espalda, la pegó un poco más a su cuerpo mientras era ella la que pedía entrada a la boca de Honoka usando su lengua. Honoka lo notó y no se negó, no había razón para ello, sus labios se abrieron ligeramente para permitirle el paso a Nagisa. Un suave gemido sonó al unísono mientras ambas se permitían disfrutar del ahora beso francés. Honoka sujetó a Nagisa por una mejilla y el cuello mientras Nagisa apretaba más a Honoka entre sus brazos.
Honoka, que al principio creyó que irían con calma al menos en los asuntos físicos porque Nagisa nunca había salido con una chica, dejó toda delicadeza de lado para soltarse tanto como Nagisa se lo permitía. Sus lenguas se enredaban de manera pecaminosa, el deseo era intenso, difícil no notarlo y más aún controlarlo. Honoka se aferraba al poco sentido común que Nagisa le estaba dejando por culpa de ese beso, pero cada segundo que pasaba se perdía, se entregaba, se ahogaba en el incendio que Nagisa provocaba en sus entrañas.
Por su lado, Nagisa estaba fuera de control. Su mente de nuevo se preguntó cómo era posible que terminara ahí, besándose con la más improbable de las personas, abrazándola como si su vida dependiera de ello y disfrutando de la más plena sensación que nunca jamás había experimentado. La pasión la consumía, el deseo también, no sabía por qué estaba tan descontrolada pero tampoco luchaba por entrar en razón.
No podían dejar de besarse, no se soltaban, apenas hacían pausa alguna para recuperar el aliento. Honoka no tardaba casi nada en volver a los labios de Nagisa en un hambriento beso, para dejar que su lengua se encontrara con la de Nagisa y pudieran sentir el mutuo sabor de su saliva. Nagisa, por su lado, entendía a la perfección por qué esa chica dijo que Honoka sabía besar bien. ¡Honoka sí que sabía besar!
Pasado un rato, no estaban seguras cuánto, una Honoka poseída por la pasión y cegada por el deseo coló una de sus manos bajo la blusa de Nagisa, justo sobre su abdomen. Eso fue suficiente para hacer respingar a Nagisa, incluso gritó de manera aguda, eso obligó a Honoka a hacer espacio entre ambas aunque para ello tuviera que escapar ligeramente de los fuertes brazos de Nagisa. Ambas tenían los labios mojados y los rostros ardiendo.
"¿Ho-Honoka?" Nagisa de repente se sintió tímida, la caricia la tomó por sorpresa. Un pequeño beso en los labios de parte de Honoka la hizo cerrar los ojos un instante.
"¿Quieres que me detenga? Lo haré si me lo pides", dijo Honoka enseguida. No quitó su mano de donde estaba pero tampoco siguió moviéndola. En serio se detendría si Nagisa no estaba segura, no fallaría a su voto de confianza. "¿Me detengo?"
Nagisa ciertamente también estaba sorprendida por su propia reacción y se sintió tonta por ello. No era la primera vez que estaba con alguien, aunque esas otras personas fueran varones. Podía sentir la pasión en el aire, los cuerpos de ambas ardiendo y también la tranquilizadora mirada de Honoka. Su deseo era sincero y sabía que el de Honoka también. Cerró los ojos y abrazó a Honoka una vez más, pegándola de nuevo a su cuerpo.
Honoka aceptó y correspondió el abrazo, estaba en espera de su respuesta. Ambas seguían encendidas, el roce mutuo de sus cuerpos poco ayudaba. Honoka suspiró y sonrió por dentro cuando escuchó a Nagisa suspirar también, de hecho sonrió más al escuchar la voz de su novia directo a su oído. Era la respuesta que deseaba oír.
"No. Sigue".
Honoka volvió a besarla y su mano se coló una vez más bajo la blusa ajena. Nagisa respingó de nuevo por culpa de la caricia pero no por ello se separó de Honoka, al contrario, hizo lo mismo que ella, su mano buscó la espalda de su chica bajo la blusa. Ambas sonrieron por dentro al sentir un escalofrío en la piel ajena. Honoka tentaba con gusto, acariciaba con firmeza el abdomen de Nagisa, admitía que siempre quiso hacer eso, al fin podía sentir en la palma de sus manos el lindo y definido abdomen de Nagisa.
Por su lado, Nagisa se dedicó a acariciar a manos llenas la espalda de Honoka. El bra le estorbaba pero estaba demasiado aturdida como para prestarle atención a la prenda. Suspiraba constantemente entre el beso por culpa de las caricias, pero no pudo evitar arquear su espalda cuando la mano de Honoka comenzó a escalar por su piel hasta posarse debajo de su pecho. Tembló de manera visible, Honoka siguió con un ataque más letal.
La futura científica se alejó de los labios de Nagisa sólo para besar su cuello con hambre, como si en verdad quisiera devorarla. Lamía, besaba, chupaba y mordía suavemente la piel de Nagisa, procurando no hacer daño pero sí hacerse sentir. Seguramente dejaría una marca, pero su hambre por ella no la dejaba pensar del todo en ese detalle. Sonrió por dentro, triunfante, al escuchar los lindos sonidos que escapaban de la boca de Nagisa.
"Honoka… Honoka", era todo lo que Nagisa podía decir entre suspiros y suaves gemidos. Su piel temblaba por completo, las caricias en su estómago y costados se sentían bien, ¿en qué momento Honoka coló su otra mano? No importaba, le gustaba todo lo que le estaba haciendo. Sus propias manos se aferraban a la espalda de Honoka cual náufrago a una orilla. Admitía que era la primera vez que se sentía así. "Honoka…"
"Aquí estoy", murmuró Honoka entre labios, con una sonrisa complacida y sin descuidar lo que hacía. Fue la misma Honoka la que tomó aire por la nariz antes de hacer su siguiente movimiento. Quería darle seguridad a Nagisa y qué mejor que mostrar su disponibilidad con iniciativa propia. Luego de asegurarse de recorrer de norte a sur ese lindo cuello como si fuera una fiera marcando territorio con sus garras, se incorporó lo suficiente para quedar sentada sobre las piernas de Nagisa. No le pasó desapercibido cuando ésta tragó saliva.
Nadie podía culpar a la pobre atleta por quedarse como tonta mirando a Honoka encima de su cuerpo, era tan hermosa que no podía describirla. Nagisa respiró torpemente mientras la piel de su cuello aún palpitaba, no perdía de vista a Honoka, ni siquiera se atrevía a parpadear, mucho menos cuando vio que Honoka se quitó su blusa sin mayor ceremonia. Su sostén era de un lindo color blanco con encajes azules, bastante femenino. Ella misma llevaba un top deportivo por mera costumbre y comodidad, pero nunca negó que siempre quiso verse así de bien con una prenda como esa. Honoka era guapa. Hermosa.
"Te ves preciosa", dijo Nagisa entre labios mientras acariciaba el estómago de Honoka. Pudo sonreír, aunque sea torpemente. "Se siente la diferencia, ya no eres un lindo malvavisco", dijo mientras presionaba su abdomen. ¡Su piel era tan suave, no podía creerlo!
Honoka también sonrió de manera linda. "Todo gracias a mi entrenadora, no me puedo quejar del servicio", respondió juguetonamente. Suspiró hondo y acarició la mejilla de Nagisa, luego su cuello, su mano directamente se dirigió a la orilla de su blusa. "¿Puedo?"
Nagisa casi se atragantaba con su saliva, asintió torpemente. "Pero antes… Ah… Yo… ¿Puedo?" No fue capaz de concretar la pregunta, pero que sus manos alcanzaran a tocar el bra de Honoka fue suficiente para que ésta comprendiera lo que Nagisa quería. Al verla asentir, Nagisa sonrió más. Estiró ambos brazos y fue Honoka la que se inclinó lo suficiente para que Nagisa pudiera rodear su espalda hasta alcanzar el broche de la prenda. No tuvo problema en retirarla y tampoco en notar que la piel de Honoka se erizó al momento de retirar el bra por el frente. Nagisa abrió más los ojos cuando Honoka volvió a enderezarse. "En serio… En serio eres preciosa", fue todo lo que pudo decir.
Honoka se sonrojó bastante al sentir la mirada de Nagisa encima. Admitía que era la primera vez que alguien la miraba con ese embeleso, con esa admiración. Fue su turno de tragar saliva. "Gracias", suspiró hondo para recuperar el control de sí misma. "Me toca, ¿puedo?"
"¡Sí!" Exclamó con torpeza y pronto percató en qué posición seguía. Decidió incorporarse lo suficiente para al menos poder sentarse. Honoka oficialmente quedó sobre su regazo. Por cierto, su cara terminó justo frente al lindo par de pechos ajenos y, al darse cuenta de ello, se puso roja hasta las orejas. "Oh", tragó saliva una vez más y no pudo resistirlo, se abrazó al torso de Honoka y hundió su rostro en su pecho. ¡Era tan suave!
Un segundo escalofrío de cuerpo completo invadió a Honoka en cuanto Nagisa hizo eso. Tuvo que apretar los dientes para no dejar salir ningún sonido raro de su boca, en cambio, abrazó a Nagisa por la cabeza. Fue lo único que se le ocurrió hacer, la blusa podía esperar.
"¿Cómoda?" Se animó a preguntar Honoka mientras acariciaba el cabello de Nagisa. En serio era suave. Se dedicó a darle cariños en la cabeza, se sentía bien tenerla ahí y así.
"Bastante", respondió Nagisa con un tono alegre. "¿Puedo quedarme aquí un poco más?"
"De acuerdo", imposible no consentirla. Honoka se recargó cómodamente en Nagisa mientras ambas disfrutaban de la posición. Sus corazones seguían acelerados, la pasión aún flotaba en el aire, pero el simple hecho de poder estar así era lindo. Se sentía tan bien.
Las dos suspiraron de contento al mismo tiempo. Nagisa movió ligeramente el rostro y su nariz fue la que rozó uno de los pechos de Honoka. Sin poder resistirse, depositó un beso en el canal entre sus pechos. Escuchó un lindo ruido ahogado en Honoka y eso la hizo sonreír bastante, más cuando vio su piel erizarse una vez más. Ser espectadora en primera fila de lo bien que podía hacer sentir a alguien con un sencillo beso hizo que su pecho se inflara de orgullo. Le dio un segundo beso pero el tercero ya no pudo concretarse.
Ambas respingaron y casi cayeron del sillón cuando el teléfono de Honoka sonó de golpe. La ruidosa alerta de un mensaje de texto. Se quedaron fuertemente abrazadas mientras miraban el teléfono sobre la mesa. Honoka suspiró, Nagisa dio un hondo respiro pero no por ello se soltó de su ahora novia. Le echó un rápido vistazo al reloj en el muro.
"Debo irme o llegaré tarde al trabajo", se quejó Nagisa y se aferró más a Honoka. "No es justo", se les fue el tiempo sólo besándose, nunca le había pasado algo así antes.
Honoka rió de manera dulce y suave mientras acariciaba el cabello de Nagisa a dos manos. Miró al techo mientras sentía sus orejas arder. "Sería lindo si vivieras conmigo" dijo sin más.
Nagisa abrió los ojos, grandes, y se aferró más al cuerpo de Honoka. "Sería lindo, sí".
Y luego de eso se quedaron calladas unos minutos más. La simple idea de compartir techo era algo que más de una vez habían imaginado y comentado en son de broma, pero que pudiera ser posible las tenía emocionadas. Honoka fue la que recuperó el control primero.
"Tenemos tiempo para organizarnos", comentó. "Dijiste que ya tenías éste mes cubierto en el dormitorio, ¿verdad?" Preguntó y Nagisa asintió. "Entonces múdate aquí".
La pobre Nagisa casi se quedó sin aire. "Honoka… Esto… ¿Es en serio? ¿Puedo vivir contigo?" No podía creerlo. Era tan repentino pero a su vez la idea le gustaba tanto. Estaba temblando, se le notaba en los nerviosos movimientos de sus manos en la espalda ajena.
"Sí, hablo en serio", la tomó por el rostro para verla a los ojos. "Desde hace tiempo que deseo tenerte conmigo, aquí, en mi apartamento", Honoka también estaba temblando. "Sé que es repentino y pueden pasar muchas cosas, pero sé lo que quiero y te quiero a ti".
Nagisa se sintió a punto de estallar. "Yo también", tuvo que volver a pegar su cara al suave pecho de Honoka. Estar así la relajó una vez más, era la primera vez que sentía tanta paz en un pecho desnudo. El de los chicos era firme pero Honoka era más suave y más cálida. "¿Sabes? Así mis padres ya no tendrán que mandarme dinero. Pagaré la mitad del alquiler".
"Y si yo consigo un trabajo de medio tiempo, las dos podremos ser totalmente independientes", agregó Honoka sin dejar de acariciar la cabeza de Nagisa con cariño. "Tenemos el resto del mes para organizar todo", sonrió. "Debo avisarle al administrador que tendré compañera de piso para comenzar con el papeleo".
"Y yo debo avisarle a Katsuko que se quedará sin compañera de cuarto", agregó Nagisa con una risa pequeña. "¿Puedo contarle que salgo contigo?"
"Puedes contárselo a quien creas necesario, Nagisa", sonrió. "En mi caso, tengo que avisarle al menos a cuatro personas", dijo entre risas pequeñas. Y esas personas eran Yuriko, Shougo, Kimata y Yuka. A sus padres los pondría al tanto cuando los viera en unos meses. Eso sí, como ellos eran su aval, les contaría de su nueva compañera de cuarto, sin detalles.
Por su lado, Nagisa pensaba contárselo a Katsuko y también a Yuka. No veía la necesidad de contárselo al resto de sus amigas de la escuela y tampoco al equipo de lacrosse. Y ni qué decir de sus padres. Al menos no de momento. No podía ni debía olvidar que uno tenía que ser discreto en esos casos. Nagisa sentía raro no poder decir abiertamente que estaba en una relación con alguien como cuando salía con chicos. Miró a Honoka. "¿Estaremos bien?"
"Estaremos como nosotras queramos estarlo, Nagisa", respondió Honoka mientras le acariciaba una mejilla. "Sólo dejemos que las cosas pasen, nos las arreglaremos".
Nagisa asintió obedientemente y buscó un breve beso de Honoka antes de finalmente separarse. Aunque no podía dejar de mirar a su novia mientras ésta se vestía, refunfuñó un poco mientras se arreglaba la ropa, se le había desacomodado. "Yo quería seguir, pero olvidé por completo la hora", hablaba en serio, quería hacer mucho más. No fue posible.
Honoka se echó a reír y besó la mejilla de Nagisa antes de revisar su teléfono. El mensaje era de uno de los grupos de chat de sus clases, un mensaje del profesor recordándoles que debían entregar sus tareas antes del tiempo límite. Honoka ya tenía esa tarea terminada desde antes y ya la había entregado, de todos modos mandó un mensaje confirmando que había leído el aviso, al igual que el resto del grupo.
"Tendremos tiempo, ya verás", una feliz Honoka señaló el cuello de Nagisa. "Creo que yo hice más que suficiente por hoy", comentó de manera traviesa y volvió a reír cuando Nagisa respingó. Luego la vio correr al baño, para enseguida escuchar un lindo grito de horror.
"¡Honoka!" Exclamó una avergonzada Nagisa, salió del baño para enfrentarla mientras se señalaba el cuello con graciosa desesperación. "¡No es justo, yo no pude hacer nada! ¡Y ahora tendré que responder muchas preguntas mañana! ¡No puedo creerlo!" Se llevó las manos a la cabeza a falta de una mejor reacción.
Honoka no pudo evitar una linda carcajada, tan melodiosa que Nagisa olvidó su pánico casi de inmediato para admirar a Honoka. En serio que era linda.
"Si quieres inventarles alguna historia, hazlo", dijo Honoka a sabiendas que Nagisa podría sentirse en conflicto con ese asunto de salir con una chica. "La siguiente procuraré no dejarte tantas marcas en la piel", miró con detenimiento el cuello de la atleta.
Nagisa negó de inmediato. "Hazlo, no tengo problema. Me gustó", dijo mientras sentía que le faltaba el aire con tan sólo confesar eso. "Yo… No sé cómo decirles que salgo con una chica", por obvias razones. Miró a Honoka una vez más cuando ésta tomó sus manos con un gesto suave y comprensivo. La sonrisa en el rostro de su linda novia le ablandó por completo el corazón. "Pero tampoco quiero negarte", agregó con angustia.
"No pasa nada si no se los quieres decir, es complicado y no quiero que te topes con comentarios o reacciones desagradables", al menos no tan pronto. "No me tomaré personal si les inventas algo", en serio no reprocharía nada, Honoka sabía en qué tipo de situación había metido a Nagisa. No la culparía incluso si negaba estar saliendo. "Debes culpar a alguien por esto", agregó con diversión mientras tocaba el cuello de Nagisa.
"¿Entonces les digo que me topé con un tipo pervertido que no podía quitarme las manos de encima?" Preguntó Nagisa con una sonrisa ladina, repentinamente divertida por la idea.
Honoka soltó otra linda carcajada. "¿Pervertido? Lo acepto", besó la mejilla de Nagisa. "Tendremos tiempo", enseguida le habló al oído. "Y cuando lo tengamos, no te quitaré las manos de encima", y no era una amenaza, era una promesa. "Así no serán mentiras".
"Ah", Nagisa se puso roja de nuevo, tan roja que su cara ardía en serio. "De acuerdo", miró de nuevo la hora en el reloj, se hacía tarde. "Debo irme", dijo y suspiró hondo, pero no podía irse sin hacer lo siguiente. Antes de que Honoka pudiera agregar algo, la tomó por las mejillas y fue ella quien la besó con fuerza, con ese deseo que no pudo desfogar.
Honoka sólo logró sostenerse de la blusa de Nagisa porque sentía las piernas hechas gelatina por culpa de ese beso. Fue Nagisa la que forzó su lengua en la boca de su novia y dominó el beso mientras Honoka se limitaba a corresponder, casi sentía desmayarse. Para cuando se separaron, Honoka era la que más ardía y Nagisa era la del gesto triunfante.
"¡Ahora sí me voy!" Exclamó una feliz Nagisa. Fue por su mochila, guardó el tupper con la ración de curry de Katsuko, corrió a la puerta y se puso los zapatos sin siquiera esperar a Honoka; quería irse con la victoria en sus manos antes de que Honoka contraatacar. Porque era obvio quién estuvo en control todo el tiempo. "¡Hasta mañana, te veo en el gimnasio!"
"Ah", a Honoka sólo le dio tiempo de ver a Nagisa y despedirse torpemente con una mano. "¡Hasta mañana!" Y Nagisa se fue. Se quedó quieta unos segundos antes de desplomarse en el sofá mientras se cubría la cara. "No puedo creerlo", murmuró, toda su piel estaba erizada por culpa de ese beso. Tuvo que tomarse unos minutos para recuperarse antes de hacer los respectivos avisos a su círculo personal. Tenía mucho por contarles.
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Katsuko parpadeó un par de veces mientras escuchaba a Nagisa. Cuando ésta le dijo que platicaría con ella de algo importante luego de clases, no imaginó que fuera algo como… Eso. Notó a Nagisa nerviosa mientras le explicaba el por qué ya no renovaría su estadía en el dormitorio para el mes entrante. Katsuko sólo atinó a sonreír como pocas veces lo hacía.
"Tenía que contarte todo a detalle", dijo Nagisa, después de todo llevaba año y medio en el mismo cuarto con esa seria chica. Nunca tuvieron una amistad profunda, apenas la básica, pero la conocía lo suficiente como para apreciarla. De alguna manera temía su reacción en cuanto al tema de que salía con una chica. "Yo…" Tenía el rostro bajo, así que se sorprendió un poco al levantar la mirada y ver a su compañera sonreír.
"Te gusta mucho, ¿verdad?" Preguntó Katsuko con esa misma sonrisa, una bastante suave.
Nagisa pudo sonreír al ver ese gesto, asintió. "No pensé que alguien podría gustarme así, mucho menos una chica. Me tiene vuelta loca desde hace tiempo y… Y al fin pude".
"Creo que la que pudo más fue ella", dijo de manera malvada mientras señalaba el cuello de Nagisa. No pudo evitar una risa al ver que Nagisa pegaba un salto y se cubría el cuello. "Y también creo que te conquistó por el estómago, eres una glotona", no estaba de más mencionar que el curry de anoche le encantó, sabía mejor que el de la cafetería.
"Eso tampoco voy a negarlo", murmuró Nagisa sin descubrirse el cuello. Fue vergonzoso mantener el cuento del tipo mano larga a cuanta amiga la interrogó. Suspiró hondo. "La verdad es que a momentos no puedo creer que de verdad pasó, pero tampoco puedo gritarlo a todo mundo aunque quiera. No sé si decirle a mis padres", confesó.
"No tienes que hacerlo ahora si no quieres", dijo Katsuko mientras se encogía de hombros. "Sólo diles que encontraste una compañera de piso y ya. Tendrás otras oportunidades de decirles si quieres". Comprendía que Nagisa se sintiera nerviosa a momentos. "No busques problemas donde todavía no los tienes".
Nagisa rió, tuvo que suspirar hondo para recuperar el piso. Se llevó una mano a la nuca. "No voy a mentir, voy a extrañarte aunque sea un poco".
Katsuko levantó una ceja. "Yo también, aunque sea un poco, y espero que esa chica Honoka adore que dejes tus calcetas en todos lados".
Nagisa se sonrojó de golpe. "¡Oye!"
"Por cierto, tienes que hacer los trámites en Administración, ya sabes, para que registren la cama como disponible para alguien más apenas te mudes", dijo de inmediato. "Y debes avisar a tus padres de una vez, sé que a veces mandan el dinero por adelantado", una de las ventajas de tenerla de compañera, conocía al pie de la letra cuando renovaba su estadía.
Era cierto, tenía que hacer un montón de papeleo. Ser adulta comprendía seguir una serie de protocolos que todos debían respetar si es que querían tener un sitio seguro dónde vivir. Una vez que anunciara su mudanza, la escuela actualizaría sus datos, y para ello necesitaba los documentos que Honoka seguramente ya tramitaba con el Administrador del edificio. Ser un adulto responsable era complicado pero a su vez la hacía sentir madura.
"Honoka me mandó mensaje avisándome que ya estaba viendo unos documentos con el casero, ese es el que necesito para ir a la Administración de la escuela", dijo Nagisa más para sí misma que para su compañera.
"¿Quieres que te ayude con el papeleo?" Preguntó Katsuko y no pudo evitar sonreír cuando Nagisa negó. A decir verdad esa era la respuesta que esperaba, aunque tampoco se hubiera negado si ella le hubiera dicho que sí.
"No, yo me encargaré de todo. Esto es en serio y lo haré por mí misma, ya soy una adulta", dijo Nagisa con firmeza, para enseguida suspirar hondo. En serio lo estaba haciendo, se iba a mudar con alguien, sin la ayuda de mamá y papá, trabajando con la que ahora era su novia. No podía creerlo. "¿Todo va a funcionar, verdad?" Preguntó de repente.
Katsuko le dio una palmada en la espalda. "No te busques problemas donde todavía no los tienes", repitió con firmeza antes de sonreírle. "Sólo has lo tuyo. Si esa chica Honoka puede con el pozo sin fondo que tienes por estómago, te quiere en serio".
Nagisa se echó a reír y asintió varias veces. "Lo haré. Ya verás que lo haré", volvió a suspirar. Como siguiera suspirando se iba a desinflar. "También debo avisar en el gimnasio para que actualicen mis datos". Poco a poco comenzaba a llenarse de emoción por esa nueva aventura, se notaba en su semblante. Los nervios eran normales, eso pensó. "Debo irme, tengo tiempo de comer antes de ir a trabajar".
"Anda, ve, tienes mucho por hacer".
Nagisa asintió varias veces, tomó su mochila pequeña con su teléfono y el resto de sus objetos personales y salió corriendo ni bien se despidió. Katsuko se sentía feliz por ella, en serio iba a extrañar a Nagisa cuando se mudara, pero se sentía más feliz por saber que estaría con alguien a quien quería tanto. Podía saber eso último por el semblante que tenía Nagisa desde que se topó a esa chica. Nunca la había visto tan feliz. Moría por conocer a Honoka.
Por su lado, Honoka avisó a todos desde la noche anterior vía mensaje de texto, a Yuriko le dio los detalles a la hora del almuerzo, mientras que Yuka le pidió salir a tomar un café alguno de esos días donde ambas descansaban del gimnasio para poder platicar con más calma. Sus hermanos, por su lado, se sintieron contentos por las buenas nuevas, aunque con ellos tardaría un poco más en poder reunirse apropiadamente. Su partido era el domingo e iban a estar en concentración y con entrenamientos toda esa semana y hasta el sábado. Gajes de estar en el equipo del que la universidad deportiva esperaba sólo lo mejor.
Honoka terminó la jornada escolar del día, comió algo ligero y adelantó parte de la tarea que tenía pendiente para poder ir al gimnasio. La noche anterior estuvo buscando trabajos donde podría trabajar a medio tiempo, pero resultó que había un mercado bastante amplio para trabajadores FreeLancer desde casa. Le llamó poderosamente la atención el servicio de Asistente Virtual y Data Entry. Requería poca experiencia y tenía todas las herramientas que necesitaba: conexión a internet, una buena computadora y atención al detalle. Saber inglés era un plus importante que le aseguraría una mejor paga. Revisaría con más calma por la noche para poder gestionar bien su tiempo. Si todo salía bien ganaría una decente cantidad de dinero que podría complementar con lo que recibía de su beca. Y con Nagisa pagando la mitad de la renta, podrían llegar a fin de mes sin morir de hambre.
Todo sonaba tan divertido. Debía ser sincera, era la primera vez que pensaba en su futuro y veía a una persona en éste. Nagisa simplemente la atrapó. Antes de poder compartir el mismo techo tenían cosas por hacer, así que desde temprano mandó un mensaje al administrador del edificio para ponerle al tanto de su nueva compañera. Les esperaba una montaña de papeleo pero Honoka no tenía problema con ello, podrían hacerlo juntas, estaba segura.
Pensaba en ello y en el partido de lacrosse del domingo, tenía muchas ganas de ir y ver a Nagisa en acción. Nadie le dijo que podría encontrar a alguien tan afín a ella a pesar de ser tan distintas. No podía dejar de sonreír desde la noche anterior. Lo mejor era tomar aire y hacer las cosas conforme el tiempo lo marcara, la paciencia era una de sus mejores virtudes.
Ya entrada la tarde tomó sus cosas para ir directo al gimnasio. Ganas no le faltaban de besar a Nagisa apenas la viera, pero Honoka sabía respetar los espacios de trabajo, nunca molestaría a Nagisa en medio de su jornada laboral. De hecho Nagisa le regaló una enorme sonrisa apenas la vio llegar, la misma sonrisa que conquistó a Honoka desde la primera vez.
"¡Bienvenida!" Le recibió como de costumbre. "Anda, ve a cambiarte".
"A la orden", respondió una contenta Honoka y fue directo al vestidor. Regresó con Nagisa unos minutos después y al llegar la vio atendiendo a un par de clientas, les daba unas rutinas a seguir con uno de los aparatos y enseguida fue con ella apenas la vio. Trabajo era trabajo y eso Honoka lo respetaba desde su apellido. "Estoy lista para comenzar, entrenadora".
"¡Así me gusta! ¡Comencemos!" Exclamó una animada Nagisa. Ganas no le faltaban de abrazarla, pero Nagisa sabía ser profesional en su trabajo. De hecho, llegando al gimnasio les comentó a sus jefes que planeaba mudarse un poco más cerca y estos la felicitaron mucho y sólo le pidieron un documento para confirmar su nueva dirección y actualizar sus datos. También tenía muchas cosas por platicar con Honoka, pero estando donde estaban, les tocaba trabajar. Nagisa podía saborear la agradable normalidad de la que Honoka le habló.
La rutina de Honoka pasó como de costumbre, aunque sí se paró un momento en la recepción para confirmarle a los dueños que sí, que efectivamente Nagisa sería su compañera de piso y tenían planeada la mudanza a finales de ese mismo mes. Honoka quedó al tanto de los papeles que necesitaban y ellos a su vez le dieron a Honoka un documento que confirmaba que Nagisa tenía ingresos fijos, para ésta a su vez darle dicho documento al Administrador. Los trámites podrían sonar pesados, pero tanto Nagisa como Honoka estaban disfrutando cada paso. Se despidieron con un sencillo gesto luego de eso y Nagisa volvió a su trabajo y Honoka al apartamento.
Para la noche ambas cenaban una comida "sencilla" con verduras hervidas y huevo como acompañamiento para el arroz, pero para Nagisa era un festín digno de alabanza. "¡Honoka, está delicioso! ¿Le pusiste algo a la verdura?" Preguntó Nagisa entre bocados.
"Unos sazonadores que mi abuela me dio en mi última visita, aún tengo suficientes, pero creo que necesitaré más", dijo una feliz Honoka. "Por cierto, el administrador me dijo que ésta misma semana me manda el documento que vas a necesitar para la escuela", comentó Honoka, le sirvió bastante el papel que le dieron en el gimnasio. "Me dará tu llave después".
Nagisa tragó su bocado, estaba emocionada, se le notaba. "Entonces… Entonces debería empezar a traer mis cosas poco a poco, ¿verdad?" Pensar en ello era maravilloso. "No tengo mucho a decir verdad. Mi colección de películas será lo primero", se rascó la nuca. "Aunque me da pena llegar a un sitio que ya tiene todo lo necesario".
"La estufa y todo lo demás ya estaba aquí, no tienes porqué sentirte mal", Honoka le ofreció un trozo de zanahoria a Nagisa y ésta felizmente la comió. "Es un apartamento pequeño para estudiantes, así que ya tiene todo. Sería un caso muy distinto si ambas nos fuéramos a un sitio nuevo y tuviéramos que comprar nuestras propias cosas", comentó Honoka, ese escenario estaba demasiado lejos aún. "Por cierto, ¿qué dijo tu compañera de cuarto?"
"Que no dejara mis calcetas tiradas en todos lados", dijo Nagisa e hizo reír a Honoka. "Está contenta por mí". Sonrió al recordar algo. "¿Sabes? Creo que apenas si somos amigas, nunca nos entendimos del todo y siempre pensé que dos personas distintas nunca tendrían algo en común", miró a Honoka con sus ojos llenos de amor y un gesto perdido. "Pero llegaste tú y derribaste esa idea… Sigo sin saber por qué te quiero tanto a pesar de que no entiendo ni la mitad de lo que me explicas, ni siquiera nos gusta lo mismo y justo ahora podría besarte".
Semejante declaración hizo que a Honoka se le cayeran los palillos de la mano. Se puso roja hasta las orejas y miró a un lado, estaba demasiado apenada y la enorme sonrisa de Nagisa no la ayudaba para nada. "Después de cenar", fue lo único que pudo decir. Nagisa asintió.
CONTINUARÁ…
