Lo que Nadie le(s) Dijo
Por: Escarlata
Precure pertenece a Toei, el plot es mío
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Parte 12 Poco a Poco, lentamente
Era sábado en la noche y Nagisa estaba tumbada en su cama, en su dormitorio de la universidad. Llevaba casi todo el día descansando porque esa había sido la indicación de la entrenadora, de hecho no fue a trabajar, pidió permiso y en el gimnasio no tenían empacho en darle el día libre a tan diligente trabajadora y prometedora atleta. Además estaba el pequeño detalle de que ese gimnasio era uno de los tantos establecimientos afiliados a la universidad deportiva. Nagisa descansaba a consciencia, ya llevaba tres siestas y entre siestas comía lo que Honoka le dio para llevar la noche anterior. También le tocó comida a Katsuko, quien en ese momento dormía tranquilamente con sus auriculares puestos.
Nagisa podía ser bastante holgazana si se le permitía, y ya que tenía la orden de serlo, lo aprovechaba. Le mandaba mensajes a Honoka, le preguntaba qué hacía y Honoka respondía con textos breves y fotos de sus quehaceres del día. Y también de sus tareas. Nagisa estaba particularmente contenta porque en las fotos que Honoka le enviaba podía verla usando ropa de casa. De hecho llevaba puesta una camiseta de un equipo de fútbol, regalo de sus hermanos (ella misma se lo contó), y era muchas tallas más grandes a propósito.
Que Honoka únicamente estuviera usando esa camiseta tenía a Nagisa con las mejillas permanentemente rojas y una sonrisa tonta en la cara.
Aún faltaban un par de semanas para que terminara el mes, pero Nagisa en serio quería pasar una noche en el apartamento de Honoka antes de mudarse oficialmente. Una de sus más anheladas fantasías era estar en la misma cama con Honoka y verla dormir. Besarse mientras estaban en la cama aderezaba la fantasía. Podía esperar, de momento se mantenía feliz y contenta con los besos que se daban en el sofá antes de despedirse por la noche. Ambas quedaron en intimar debidamente hasta que el tiempo estuviera de su lado, a Nagisa siempre le enfadaba que el reloj constantemente le recordara que debía volver al dormitorio. Al menos podía disfrutar un rato descansando en el pecho de Honoka.
Un bostezo le recordó a Nagisa que aún podía tomar una siesta más pero decidió esperar un poco más para poder dormir bien y estar perfectamente descansada para mañana. Platicó con Honoka el resto de la tarde y durmió bien esa noche. No podía esperar a que llegara el día de mañana, quería que Honoka la viera jugar. Quería mostrarle lo mejor de sí.
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Honoka iba camino a la universidad deportiva a la hora que acordó con Nagisa. Estaba emocionada porque podría platicar un poco con su novia antes del gran partido. Llevaba una mochila con algunas cosas que pensaba darle a Nagisa, además podría conocer al fin a su compañera de cuarto, se notaba animada. Percató que en el último tramo de calle para llegar a su destino muchas personas caminaban a la par de ella, seguramente para ver los partidos también. Fácil adivinar que esas personas eran familiares y amistades de los alumnos, familias completas en más de un caso. Sonrió al ver eso, podía sentirse un ambiente festivo.
La futura científica se detuvo justamente junto a la placa de la entrada de la escuela y envió un mensaje a Nagisa avisando que ya estaba ahí, en eso quedaron la noche anterior. Honoka no esperó demasiado, pasaron dos minutos a reloj desde que su mensaje se marcó como leído cuando vio a Nagisa correr hacia ella mientras la llamaba a grandes voces. La sonrisa de Honoka se hizo enorme y recibió a Nagisa con un apretado y cariñoso abrazo. Podían permitirse un abrazo en público, muchos lo hacían al ver a sus familias y conocidos.
"¡Estás aquí!" Exclamó Nagisa con contento y su rostro brillante de alegría. Al soltarla notó la mochila que llevaba, ella misma la cargó y la sintió pesada. Rió. "¿Traes piedras?"
"En realidad traje la comida que prometí. Aún queda mucho arroz del que trajiste", dijo Honoka, que no podía dejar de ver a Nagisa de pies a cabeza. Su uniforme la hacía lucir extremadamente atractiva e innecesariamente genial. Era un uniforme color negro con líneas en un color rosa bastante intenso, ella era la número siete del equipo, la camisa no tenía mangas, la falda era corta y debajo usaba un short de licra, su calzado también era negro, a juego con el uniforme. Hasta donde sabía, Nagisa también debía usar equipo extra de protección, pero ya la vería cuando saliera al campo de juego. Decidió mirar a otro lado o caería en la tentación de besar a Nagisa por culpa de lo bien que lucía. "Por dentro es enorme", comentó mientras miraba a todos lados con mucha curiosidad.
"Es como una pequeña ciudad, sí", dijo una alegre Nagisa. "¿Ves aquellos edificios?" Señaló a la izquierda, Honoka asintió. "Ahí están los dormitorios y cerca está la cafetería, de aquel lado están los salones de clases, y hay varias canchas y pistas para correr".
"Es la primera vez que veo tantas sudaderas deportivas juntas", dijo Honoka de manera divertida. "Ah, Nagisa, ¿puedes comer antes de tu partido? No quiero que te duela el estómago", había preparado el equivalente a un pequeño día de campo.
"¿Bromeas? Tu comida me dará energía y podré jugar mejor", respondió Nagisa con mucho entusiasmo. Avanzaron un par de minutos más y llegaron a la cancha de lacrosse. Las bancas estaban casi llenas tanto por locales como por visitantes y animadores del equipo rival. Las porras y los ánimos ya se hacían escuchar a pesar de que aún faltaba para el partido. Una feliz Nagisa tomó Honoka por el brazo y la llevó a la parte de atrás de la banca de su equipo. Le había reservado un lugar ahí. "Aquí verás bien todo".
"Muchas gracias, Nagisa", Honoka se notaba contenta por el sitio preferente, podría ver bien toda la acción en la cancha. Notó que varias jugadoras hablaban con personas del público, sus familias y amistades seguramente. "¿Quieres ver lo que te traje de comer?"
"Lo que quiero es comer lo que me trajiste, pero antes", miró a todos lados y fue un momento a la entrada que daba a los vestidores. "¡Katsuko, Honoka está aquí!"
La aludida salió mientras terminaba de atarse el cabello en una coleta. Miró a Honoka y su gesto sorprendido lo dijo todo. Nagisa le había mostrado una foto de la chica, pero en vivo era como cien veces más linda. Además, esa salvaje de Nagisa se diferenciaba de inmediato junto a la elegante chica. ¿En serio eran novias? Negó un poco y se acercó, para enseguida inclinarse educadamente, su gesto serio como solía ser pero nunca grosera. "Un gusto conocerte al fin, soy Nagasawa Katsuko, compañera de cuarto y de equipo de Nagisa".
"El gusto es todo mío", respondió Honoka con amabilidad y mucha educación. "Yukishiro Honoka a tu servicio", fue su sencilla pero adecuada presentación.
Katsuko se incorporó de inmediato. "Y muchas gracias por la comida que me mandas, espero no sea mucha molestia y", volteó para ver a Nagisa, que había estado sospechosamente callada, sólo para descubrirla sentada junto a la mochila abierta y con una caja de almuerzo en manos. Ya estaba comiendo la muy descarada. "¡Oye! ¡Debiste esperarme al menos!" Reclamó enseguida.
"Tengo hambre y quiero comer bien antes de que nos llamen", dijo Nagisa con la boca llena, para enseguida atorarse con su bocado.
Honoka de inmediato la auxilió e incluso le acercó una botella de agua que sacó de la misma mochila. Katsuko fue testigo en primera fila cómo esa chica Honoka ayudaba a Nagisa con mucha amabilidad y una dulzura casi empalagosa, incluso le limpió el rostro con su pañuelo.
"Ten más cuidado, Nagisa", dijo Honoka con un gesto que pasó de preocupado a sonriente en cuanto la misma Nagisa sonrió.
"Lo siento, es que está delicioso", respondió Nagisa de buena gana y siguió comiendo.
Una Honoka feliz buscó en la mochila y sacó otra caja de almuerzo envuelta en un pañuelo azul floreado, se lo extendió a Katsuko. "Ten, éste es el tuyo. Nagisa me ha contado sobre lo mucho que entrenan y lo físicamente exigentes que son estos partidos, así que procuré una comida nutritiva que las llene de energía".
Katsuko miró a Honoka dos segundos antes de finalmente sonreír y tomar la caja. "Muchas gracias". ¡Esa chica Honoka era tan dulce! Se rindió de inmediato ante ella. Ahora comprendía un poco porqué Nagisa tenía esa cara de tonta cada que hablaba de su novia. Se sentó junto a Nagisa y puso la caja en su regazo, se notaba con un marcado buen humor. Dio gracias por la comida y comenzó a comer. Su gesto pareció iluminarse al primer bocado.
Honoka estaba contenta de ver a ambas atletas comer con tanto gusto. Agradecía tener cuatro juegos de cajas de almuerzo que sus padres le compraron. Admitía no usarlos mucho porque compraba comida en la cafetería de su escuela, pero apenas Nagisa se mudara, lo mejor era preparar sus propios almuerzos, sería más barato y sin duda más saludable.
"Ten", dijo Honoka y le dio a Nagisa una segunda caja. Ésta felizmente la recibió y comenzó a comerla casi de inmediato. Era lo bueno de estar al tanto de su inmenso apetito. Enseguida miró a Katsuko. "Tengo otra ración para ti si quieres".
Katsuko amablemente negó con un gesto. "Gracias, pero a comparación de Nagisa, mi estómago es normal", dijo mientras miraba a Nagisa comer como si fuera su primera ración. "Mejor guárdala para ella, después del partido se le vacía el tanque".
"Es porque corro bastante y gasto mucha energía", se defendió Nagisa entre bocados.
Honoka no pudo evitar una linda risa que se ganó la atención de ambas jugadoras. "Coman lo que necesiten entonces. Oh, hay té en la mochila y jugos", avisó y miró a Nagisa. "Nagisa, ¿me podrías decir dónde están los sanitarios?"
"Por aquel lado, solo sal y ve a la derecha, los vas a ver de inmediato", indicó Nagisa y siguió con la mirada a Honoka apenas ésta se disculpó para ir a refrescarse un poco. Nagisa suspiró discretamente, no dejaba de mirar en dirección por donde su novia se fue.
"Es una chica muy linda", comentó Katsuko en voz baja, entre bocados.
"Lo sé, es preciosa", respondió Nagisa mientras comía un poco más lento, también hablaba en voz baja. "No puedo creer que en serio voy a mudarme con ella", y mucho menos que eran novias, pero ahí estaba Nagisa, suspirando como tonta por una chica muchísimo más linda y femenina que ella, a la más opuesta de las personas que jamás había conocido. Con Katsuko al menos compartía su gusto y la pasión por los deportes, pero con Honoka el asunto escaló a alturas que nunca imaginó alcanzar.
"Se nota que te quiere mucho, Nagisa. Estarán bien", dijo Katsuko con un tono de voz bastante amable, como pocas veces solía hablarle. "Cuídala mucho, ¿de acuerdo?"
"No tienes qué decirlo, la cuidaré bien", asintió Nagisa con un gesto serio.
Veinte minutos después, Nagisa y Katsuko ya habían terminado de comer el almuerzo que Honoka les llevó, Nagisa incluso la presentó con sus compañeras y amigas del equipo y todos saludaron a la visitante de buena manera y se enteraron que era con ella con quien se mudaría. Efectivamente, la noticia de la próxima mudanza de Nagisa se esparció como pólvora encendida entre su círculo más cercano. Le encargaron mucho a Nagisa y Honoka les aseguró que cuidaría de ella. Todas las chicas del equipo estaban llenas de energía y ánimos, se notaba el aura de los deportistas de inmediato, tenían mucho vigor y Honoka no dejó de sonreír en ningún momento. Mucho menos cuando la entrenadora llamó a todas, el partido estaba por comenzar. Nagisa miró a Honoka con una sonrisa amplia.
"Nos vemos en un rato", dijo una animada Nagisa.
"Ve y diviértete", respondió Honoka con una sonrisa llena de cariño. Miró discretamente a su alrededor y notó que nadie les ponía atención, aprovechó el momento, besó sus propios dedos medio e índice y luego los puso sobre los labios de Nagisa. "Ánimo, Nagisa".
Nagisa no pudo reaccionar los primeros dos segundos. ¡Un beso indirecto! ¡Lo hizo, en serio lo hizo, no podía creerlo! Sonrió tanto que la sonrisa apenas le cabía en la cara, estaba tan roja y tan feliz que se notaba a leguas. Asintió muchas veces y echó a correr con su equipo. ¿Por qué nadie le dijo que un beso como ese podía darle tanta energía? Por supuesto, supo controlarse mientras el equipo recibía las instrucciones de la capitana y la entrenadora.
Honoka nunca había sentido tanta emoción, seguramente era el ambiente que se contagiaba en el pequeño estadio. Todos gritaban y animaban a sus equipos favoritos, además descubrió, con marcada gracia, que Nagisa tenía un club de fans que justamente la animaban a todo pulmón, con banderas y todo. No las culpaba, Nagisa se veía grandiosa en ese uniforme y con su equipo de seguridad puesto. No pudo evitar un par de suspiros.
Ambos equipos, el local y el visitante, fueron al centro de la cancha e hicieron el saludo ceremonial y el voto de un juego limpio y honorable. Con un silbatazo el partido oficialmente comenzó. Honoka sintió la emoción trepar hasta su pecho, las jugadoras de ambos equipos corrían cual bólidos, pero Nagisa corría como nunca había visto a nadie correr. Era tan rápida, tan hábil y tan fuerte, que ni siquiera el violento tacleo de una jugadora de inmensa estatura la dejó en el suelo. Ya se daba una idea de lo fuerte que era Nagisa, pero verla en acción, en vivo y a todo color, finalmente le daba el cuadro completo. Nagisa era fantástica, maravillosa. Nadie podía culpar a Honoka por caer ante su encanto.
Lo que nadie le dijo a Honoka, era que Nagisa tenía como 300% más energía de lo habitual y eso lo notaron sus compañeras de equipo. Sólo Katsuko sabía la verdadera razón detrás de su bestial desempeño: Yukishiro Honoka. De hecho estaba satisfecha de que Nagisa aprovechara ese extra para jugar mejor que nunca, se situaba a tiempo para atrapar sus pases, se quitaba pronto a las defensas rivales y para los primeros cinco minutos de partido, Nagisa anotó el primer punto con un tiro que pareció disparado por un cañón. El público celebró el primer punto con una gran ovación y gritos de emoción. Honoka celebró a su modo cuando Nagisa la miró directamente a ella después de anotar y levantó su red. Honoka supo interpretar la señal: el punto se lo había dedicado a ella y nadie más.
El partido siguió su curso durante una hora completa y para el final de los cuatro cuartos del partido el puntaje fue de 4 ─ 1 a favor del equipo local. Prácticamente barrieron el suelo con sus oponentes. Nagisa anotó dos de esos cuatro puntos y ambos goles se los dedicó a Honoka. Luego de celebrar con su equipo y que todas la felicitaran por su gran trabajo, Nagisa fue corriendo con Honoka mientras se quitaba los googles protectores, que era el único equipo que usaba además de las hombreras y los guantes.
"¡Honoka! ¿Me viste?" Preguntó con la misma emoción de un infante a pesar de saber que le habían estado viendo todo el tiempo. "¿Viste cómo jugué?"
"Te vi, estuviste fantástica, Nagisa", le felicitó Honoka con una sonrisa amplia y llena de dulzura. Le acomodó el cabello de la frente y sujetó brevemente sus mejillas antes de soltarla. Se sonrojó sin poder evitarlo, admitía que esa imagen casi salvaje de Nagisa llena de pasto y tierra, con su piel y cabello empapados de sudor, era una imagen demasiado poderosa. Tuvo que tragar saliva. "Me gustó mucho verte jugar, gracias por invitarme".
"Gracias a ti por venir, me llenaste de energía y tu comida me ayudó mucho", dijo Nagisa con contento. Escuchó cuando la llamaban. "Ah, debo ir con mi equipo, ¿me esperas en lo que me ducho y me cambio? No tardaré mucho", le pidió sin poder dejar de sonreír.
"Aquí te espero, Nagisa, ve a hacer lo que debas hacer", respondió Honoka. Volvió a acomodar un mechón húmedo de su cabello y la dejó ir. Suspiró sin poder evitarlo. Notó cuando Katsuko se le acercó. A ella también le regaló una sonrisa. "Buen trabajo, tus estrategias y tus pases son excelsos, eres justo como Nagisa me contó".
"Muchas gracias", respondió Katsuko con suavidad, luego le miró con graciosa seriedad. "Por favor, ven a todos los partidos", dijo y se fue a los vestidores con el resto del equipo.
Honoka no pudo evitar una risa pequeña. Se quedó sentada justo donde estaba mientras el pequeño estadio se vaciaba poco a poco. Mientras, en los vestidores, las chicas celebraban por su aplastante victoria. Tendrían otro partido para el sábado siguiente y sería como visitantes, pero tendrían que esperar un poco para saber contra qué equipo jugarían. La entrenadora Matsumoto tomó la palabra apenas las chicas guardaron silencio.
"Hicieron un gran trabajo, se merecen una buena comida y un buen descanso", dijo y todas gritaron de alegría. "Las que quieran ir por un bufete de comida tailandesa, las espero en una hora en la entrada principal", por supuesto que eso alborotó más a las chicas, con un gesto de mano las calmó, al menos para terminar de dar la información pertinente. "Y las que están en los dormitorios", al menos la mitad del equipo, "hoy no tienen toque de queda, tienen la noche libre pero no se alboroten demasiado, ¿de acuerdo? Mañana tienen clases".
Eso hizo que dicha mitad del equipo celebrara de manera ruidosa. Katsuko, por supuesto, sabía la razón por la que Nagisa estaba particularmente contenta por la noticia. Apenas se dieron el resto de las indicaciones, todas se fueron a duchar, Nagisa lo hacía con prisa, por cierto, no quería hacer esperar demasiado a Honoka. Rápidamente fue a su locker a sacar su ropa limpia para cambiarse. Podría lavar el uniforme después, tenía un poco de prisa. Katsuko la alcanzó, también tenía planes para el resto de su domingo.
"Lo hiciste bien, Nagisa", dijo Katsuko mientras sacaba su ropa limpia también.
"Y tú estuviste genial con los pases", respondió Nagisa y chocó su puño con el de Katsuko. "Esforcémonos más para el partido del sábado", dijo y Katsuko asintió. "Por cierto, hoy no voy a regresar al dormitorio, te veo hasta mañana".
Katsuko ya lo esperaba, sólo asintió. "Diviértete", y sin cambiar su rostro serio, el resto lo agregó en voz baja. "Y dile que ésta vez no te deje el cuello tan marcado", sonrió de manera malvada al escuchar a Nagisa gritar en pánico y casi saltar. "Pásala bien".
"Lo haré", respondió una nerviosa Nagisa. El saber que tendría esa noche para poder quedarse con Honoka antes de la mudanza oficial era un sueño hecho realidad. Aunque estaba agotada por el intenso partido, por alguna razón aún tenía fuerzas para incluso salir a pasear si Honoka se lo pedía. Moría por disfrutar ese día con ella, y de la noche también.
Apenas terminó de arreglarse, se despidió de todas y salió corriendo de los vestidores. El pequeño estadio estaba vacío salvo por una persona: Honoka, que leía tranquilamente en el mismo sitio donde Nagisa la dejó. Sonrió con alegría al verla, llevaba sus gafas puestas.
"¡Honoka, ya estoy lista!" Avisó Nagisa mientras corría hacia ella. "Vámonos. ¿Adónde quieres ir?" Preguntó, feliz y aún llena de ánimos. Y con hambre, su estómago rugió.
"Tengamos un pequeño picnic en el parque, ¿qué dices?" Sugirió Honoka y Nagisa asintió.
Fueron al parque y por simple instinto y sin planeación previa, caminaron al mismo sitio donde Nagisa habló con Yuka sobre lo que sentía por Honoka, donde Honoka habló con Sakura sobre el intenso sentimiento que tenía por Nagisa. Se sentaron en la larga banca y ya ahí Nagisa se terminó el resto de la comida de la mochila, Honoka comió lo que Nagisa le ofrecía, ambas se notaban contentas mientras platicaban sobre el partido.
"Por cierto, hoy tenemos la noche libre las que estamos como internas y… Ah", una nerviosa Nagisa se llevó la mano a la nuca. "¿Puedo quedarme contigo ésta noche?"
Honoka sonrió ante la pregunta. "Sabes que sí, no tienes porqué preguntar", sacó su pañuelo y limpió unas migas cerca de los labios de su novia. "¿Tienes tareas pendientes?"
Nagisa negó. "Terminé todo en estos días para estar relajada para el partido", enseguida su sonrisa se hizo enorme. "¡Podemos hacer lo que queramos hoy!" Al decir eso levantó los brazos con ánimo, pero de inmediato se quejó. Su cuerpo finalmente estaba resintiendo el esfuerzo del partido, además había recibido unos buenos golpes y su cuerpo se lo recordó.
Honoka le miró largamente antes de sonreír, tenía una buena idea. Se levantó y tomó la mano de Nagisa. "Ven", con la otra mano se llevó la mochila que ya pesaba menos.
"¿Uh?" A Nagisa no le quedó más opción que dejarse llevar por Honoka. Notó que entraban propiamente a la arboleda del parque, llegaron a un sitio con una cantidad equilibrada de luz y sombra y Honoka se sentó contra un árbol, hizo que Nagisa se sentara a su lado, pero sólo para que se recostara de costado sobre sus piernas. Nagisa se sintió derretir en esa posición, que Honoka comenzara a acariciar su cabello fue la cereza del pastel. Era la primera vez que podía rendirse al cansancio ante alguien, ni siquiera con su equipo mostraba esa debilidad. "Esto… Esto se siente genial, gracias", dijo una feliz Nagisa, incluso suspiró.
"Te esforzaste mucho hoy, mereces un descanso", la voz de Honoka sonaba dulce, suave, cariñosa. Acarició la mejilla de Nagisa, juguetona, incluso le dio unas palmadas en la espalda y hombro. "De hecho, necesito que descanses todo lo que puedas", dijo enseguida.
"¿Ah, sí? ¿Por qué?" Preguntó Nagisa, perdida en las dulces atenciones de Honoka y la comodidad de sus piernas. Sintió cuando Honoka se inclinó un poco sobre ella y al momento de girarse para verla, sus rostros quedaron frente a frente. Nagisa se sonrojó de inmediato, Honoka también pero ella mantuvo mejor el decoro a comparación de Nagisa, que puso un gracioso gesto de nervios. "Honoka…"
"Necesito que descanses por si ésta noche no quieres dormir mucho, es todo", susurró sólo para ella, besó su frente y volvió a incorporarse. Todo lo que quiso decir con esas palabras finalmente la hicieron sonrojar más, tuvo que mirar al cielo para evadir a la pobre Nagisa en pánico. De hecho sintió cuando ella volvió a acomodarse en su regazo, pero ésta vez pegando su rostro a su estómago. Pudo sentir el calor en su piel. "Descansa, Nagisa".
"Lo haré", respondió Nagisa con un hilo de voz. ¡Por supuesto que entendió todo lo que Honoka quiso decir! ¡Ambas acordaron aventurarse un poco más en sus afectos físicos cuando no tuvieran el tiempo en contra! Finalmente había llegado tan ansiada oportunidad. Admitía que esperaba ese momento con muchas ansias, sabía que Honoka también por la manera en que la abrazaba antes de despedirse por las noches. Ésta vez tenían la noche para ellas y la sola idea de aprovecharla en lo que deseaban era emocionante.
Por fortuna para Nagisa, el cansancio del intenso partido y la comodidad del regazo de su novia fueron suficientes para hacerla dormir en cuestión de minutos. Honoka lo notó y le dio un cariño más en el cabello antes de sacar su libro y sus gafas para leer mientras Nagisa recuperaba fuerzas. Estaba feliz. Incluso si esa noche no hacían más que besarse hasta dormir, estaría muy feliz. Más que pasar la noche con ella en el más íntimo sentido de la palabra, admitía que algo que deseaba desde hace tiempo era amanecer con Nagisa. Sólo eso y nada más. Nagisa se mudaría pronto con ella, era simple cuestión de esperar, pero poder verla antes de lo planeado era más emocionante. De hecho planeaba pedir algo de comer. Sus padres le mandaron un extra, de hecho lo hacían seguido y ésta vez pensaba aprovechar cada uno de esos yenes para hacer un pequeño banquete para la cena. Para Nagisa, claro.
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"¿Segura que no necesitas ayuda? No quiero que seas tú quien haga todo", dijo Nagisa mientras miraba a Honoka cocinar, enseguida recordó que la cocina no era precisamente su mejor zona de juego, puso mala cara. "Olvídalo, si yo cocino nos enfermaré del estómago", avisó de inmediato. "Yo me encargaré de los platos sucios, ¿trato?"
"Trato", respondió Honoka con una sonrisa. "Por mientras puedes poner la mesa, ya casi está listo, cenaremos bien. Tomaré una ducha luego de comer", agregó, había sido un día caluroso y ésta vez sí tenía hambre. Nagisa durmió casi cuatro horas y Honoka no se movió de su sitio en lo absoluto, no era el único libro que llevaba y el tiempo se le fue volando.
Nagisa descansó bien y se le notaba, pero también parecía arrepentida por haber dormido tanto. Que Honoka le dijera que le gustó mucho poder cuidarla mientras dormía le quitó algo de culpa, decidió invitarle un helado para compensarla y dar un pequeño paseo antes de ir de compras por los ingredientes para la cena. Ya se había metido el sol para cuando llegaron al apartamento con las compras en manos. Nagisa tampoco pudo decirle nada a Honoka al ver que pagó las compras, Honoka le aseguró que todo estaba bien.
"En la semana traeré el resto de mis cosas, sólo me dejaré algunas mudas de ropa", comentó Nagisa mientras acomodaba la cena. "Te dije que no tenía demasiado", y sus películas ya estaban a salvo en el apartamento y era obvio que Honoka ya las estaba viendo, había varias películas apartadas, eran las que ya había visto. "Para cuando venga sólo traeré una maleta y una caja", con sus útiles escolares y el resto de su ropa.
"Y yo te recibiré con los brazos abiertos", contestó Honoka y le dio un breve beso en los labios. "Ahora vamos a cenar, toma asiento. Hoy quiero consentirte, hiciste un buen trabajo en el partido", dijo mientras servía la cena. Hizo bastantes platillos, tenía hambre porque ninguna de las dos comió, un helado no era comida. Sonrió al ver a Nagisa salivar por anticipado. Tomó y abrió un par de latas de cerveza clara y le dio una a Nagisa. "Salud por tu victoria de hoy", brindó y una feliz Nagisa chocó su lata con la de ella.
"¡Salud!" Nagisa, contenta y animada, le dio un buen trago a su lata, luego la dejó para juntar sus manos y dar gracias por la comida. De inmediato comenzó a comer. "¡Honoka, está delicioso! ¡Me encanta! ¡Muchas gracias!" No paraba de hablar mientras comía y casi enseguida pasaba lo de costumbre: se atragantó un poco y ella sola se salvó con un gran trago de jugo, para enseguida seguir comiendo con gusto y ganas.
Honoka igualmente comía con ánimos pero con más modales, disfrutaba su cena pero sin duda disfrutaba más ver a Nagisa comer todo lo que había preparado con tanto amor para ella. No dejaba de sonreír entre bocados y tragos de cerveza, sólo bebería un par de latas. Poco hablaron durante el resto de la cena pero el silencio no era incómodo en lo absoluto. Honoka constantemente le ofrecía bocados en la boca a Nagisa y ésta los aceptaba.
Terminaron de cenar media hora después y Honoka fue la primera en levantarse de la mesa. "Iré a ducharme, no tardaré".
Nagisa negó un par de veces. "Toma tu tiempo mientras yo limpio, después me ducharé yo", enseguida pareció pensarlo mejor. "Pero me bañé luego del partido… No sería mala idea bañarme mañana temprano, aunque sólo sea en la regadera", murmuró.
"No pasa nada si te aseas de nuevo, paseamos bastante luego de tu siesta en el parque e hizo mucho calor, dormirás fresca y no tendrás que levantarte tan temprano", comentó Honoka.
"De acuerdo, iré después de ti", respondió Nagisa con una sonrisa.
Honoka entró al baño mientras Nagisa se apresuraba a limpiar la mesa y lavar los platos. Estaba tan contenta y emocionada que las manos le temblaban, tuvo que tomar aire un par de veces, sobre todo al saber lo que podría pasar apenas ambas estuvieran limpias y listas para acostarse. Entre más pensaba en eso, más se sonrojaba. Tragó saliva un par de veces. Lo mejor era concentrarse en lo que hacía para no romper ningún plato.
Por su lado, Honoka se aseó a consciencia a sabiendas de lo que podían hacer si las cosas se daban. No, de hecho quería hacerlo y sabía que Nagisa también. Quería más de Nagisa y era consciente que Nagisa se quedaba con ganas de más cada que se despedían. Ella misma también, para qué mentirse. Ninguna de las dos quería que su primera vez juntas fuera algo rápido y con prisa, no, querían disfrutar del momento, tomarse su tiempo y pasarla bien. Nagisa, por supuesto, pensaba dejarse guiar por Honoka al menos en lo que aprendía esos asuntos de estar con otra chica. Honoka felizmente amaría a Nagisa como su corazón le dijera y como Nagisa se lo permitiera. Tan sólo pensar en todo eso les aceleraba el corazón.
Honoka se tomó su tiempo duchándose como Nagisa lo sugirió, luego salió del minúsculo cuarto de baño y Nagisa entró enseguida. Honoka se puso un pijama bastante simple, un short y una camiseta, ambas prendas holgadas y frescas, perfectas para la temporada de calor. Fue a su cama y simplemente se puso a leer luego de revisar que no tuviera ningún mensaje en su teléfono. De hecho silenció su teléfono, no quería que nada las interrumpiera.
Eran cerca de las nueve cuando Nagisa salió de la ducha, de hecho ya estaba vestida con su ropa de dormir: una camisa y un pantalón corto. Terminó de secarse bien el cabello y pasó sus dedos por éste para peinarse un poco, o al menos estar "presentable", fue con Honoka y la imagen de ella leyendo sin duda era linda. Honoka notó a Nagisa y dejó su libro y lentes sobre el buró junto a la cama. La única luz en el apartamento era el de la lámpara del buró.
Nagisa trepó a la cama y su emoción y nervios hicieron que se lanzara sobre Honoka con una sonrisa nerviosa, de hecho terminó abrazada de su cintura, su rostro estaba sobre el abdomen de Honoka. Sonrió más al sentir unos cariños en el cabello y la espalda.
"Me gusta cómo huele tu jabón", murmuró Nagisa contra el estómago de Honoka.
"Y ahora hueles como yo, usaste mi jabón y mi champú", respondió Honoka sin dejar de prodigarle cariños. "Me alegra que tuvieras ésta noche libre para quedarte".
Nagisa refregaba su rostro en el estómago de Honoka. ¡Eres tan suave! "Y estoy segura que lo estaré para el sábado luego del partido. Tendremos todo el domingo para nosotras".
"Y cuando te mudes, tendremos todo el tiempo para nosotras", dijo Honoka y finalmente se rindió. Sujetó a Nagisa por las mejillas e hizo que se incorporara lo suficiente para poder hablar contra sus labios. "Cuando te acercaste a mi luego de tu partido tenía muchas ganas de besarte, te veías preciosa". Ambas temblaron por culpa del roce. "En serio te veías bien".
"¿De verdad?" A Nagisa casi se le salía el corazón por la emoción. Tragó saliva. "Entonces… Entonces bésame como querías hacerlo allá", pidió con un hilo de voz. "Bésame, Honoka". Y Honoka la besó.
CONTINUARÁ…
