Lo que Nadie le(s) Dijo

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío

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Parte 13 Hasta que salga el Alba, Vida Mía

Nagisa no se dio cuenta en qué momento quedó contra la cama con Honoka encima, sus manos estaban apresadas por las manos de ésta, por encima de su cabeza. Se besaban sin prisa, con pasión, profundamente, mientras sus lenguas se atacaban sin cuartel. Ésta vez no había hora que las limitara ni nadie que las molestara. No estaba de más decir que Nagisa silenció su teléfono también. Eran sólo ellas dos en esa habitación a media luz. Sus respiraciones se escuchaban profundas, agitadas a momentos según el nivel de pasión en el beso, apenas si hacían pausa alguna para respirar.

Nagisa con trabajo podía mantener el ritmo del beso, era como si Honoka se quedara con todo el aire de su cuerpo. ¡Honoka sí que sabía besar! Imposible cansarse de esos besos. En el momento que Honoka la sujetó por las mejillas y se vio libre, Nagisa de inmediato puso sus manos a trabajar. Férvidas caricias atacaron la suave piel de Honoka, ésta tuvo que hacer una pequeña pausa para gemir y recuperar el aliento. Nagisa sonrió al sentir que Honoka no llevaba bra, así que podía acariciar su espalda a manos llenas. Honoka no la detuvo pero tampoco se quedó quieta.

Confiada en que su peso era nada para su fuerte novia, Honoka se recostó sobre el cuerpo de Nagisa para poder besar su cuello. A Nagisa se le olvidó por completo de su petición de no dejarle marcas en su cuello, no le importaba. Quería que Honoka la hiciera suya, que desfogara todos sus deseos contenidos, que la amara como ella lo deseara. Fue el turno de Nagisa de gemir suavemente sin que nada la callara ni la contuviera.

"Honoka", murmuró Nagisa mientras se aferraba a la espalda de su novia, de hecho comenzó a jalar su camisa y Honoka hizo una breve pausa para moverse lo suficiente y permitir que Nagisa le quitara la estorbosa prenda. Su camisa quedó en el suelo y las manos de Nagisa siguieron acariciando la espalda ajena. "No… No te detengas".

"No lo haré", respondió Honoka entre besos y ésta vez ella decidió que las prendas de Nagisa estorbaban. Recordó que esa sería la primera vez que desnudaba por completo a Nagisa, lo mejor era darle seguridad a su novia, por lo que decidió dar el primer paso. Por supuesto, Honoka era de las que predicaban con el ejemplo. Paró momentáneamente su ataque al cuello de Nagisa y se sentó para que ésta pudiera verla bien. Sonrió.

Nagisa correspondió la sonrisa con un gesto de lindos nervios, apenas se estaba recuperando de los besos en su boca y cuello. Aunque el siguiente ataque de Honoka fue más letal. Vio cuando su novia se levantó apenas para poder quitarse la otra prenda y quedar desnuda ante sus ojos. A Nagisa casi se le fue el aire. Honoka en serio era preciosa, hermosa como nada que hubiera conocido en su vida. Sus manos temblorosas se acercaron al cuerpo de su novia, pero no la tocaron. No pudo, no se atrevió. Era como si no tuviera permitido tocar algo tan hermoso, como si se fuera a desvanecer al momento del contacto.

Honoka supo leer el gesto de Nagisa y fue ella misma la que volvió a sentarse sobre su regazo para tomar su mano derecha y dejarla sobre su costado derecho. Bastó sentirla para que Nagisa recuperara la suficiente cordura y control de su cuerpo, su otra mano se aventuró a tocarla también. Sintió a Honoka temblar cuando su mano cubrió su pecho izquierdo. La sensación del pezón endurecido contra su palma hizo que Nagisa casi se atragantara con su propia saliva. Nunca se había sentido así antes. La cabeza no le funcionaba, no podía pensar, sólo actuar. Sólo podía seguir una orden: siéntela.

Nagisa se sentó como cuando quería descansar en el pecho de Honoka. La sujetó bien por la cintura con su brazo mientras su mano libre comenzó a acariciar lentamente su pecho y su boca fue al otro para devorarlo. Honoka soltó un lindo gemido ahogado mientras se abrazaba de la cabeza de Nagisa. Fue una descarga de sensaciones que no pudo resistir del todo. Honoka estaba más sensible que de costumbre, o quizá era que Nagisa sabía dónde tocar aunque lo hiciera torpemente y con pulso tembloroso.

"¡Nagisa…!" Gimió Honoka contra el cabello de su novia. Sintió cuando la mano de Nagisa bajó por su cintura hasta su cadera, para enseguida acariciar hasta donde alcanzara. Era como si Nagisa quisiera abarcar cada espacio posible. Aún en su eufórico estado de éxtasis, Honoka no podía evitar pensar que Nagisa lo hacía muy bien a pesar de nunca haber estado antes con una chica, sus caricias se hacían sentir, su tacto era caliente. Estaba al tanto de que Nagisa no era nueva en asuntos íntimos, lo que no sabía eran los detalles y tampoco interrogaría a Nagisa al respecto. Decidió no pensar demasiado en ello, menos al recordar que las prendas de su linda novia comenzaban a estorbarle en serio. Recuperó el control de sí misma lo suficiente para jalar al menos la camiseta de Nagisa. "¿Puedo?"

Nagisa escuchó y no la escuchó, pero al menos entendió lo que Honoka quería y fue ella misma quien se quitó la blusa con prisa para lanzarla al suelo, enseguida volvió a lo que estaba haciendo. Le gustaba mucho devorar sus pechos, su propia lengua se sentía bien por culpa de un cosquilleo, todo era mucho mejor cuando escuchaba a Honoka gemir y la sentía respingar entre sus brazos. Nagisa estaba poseída por el deseo, así de simple.

Honoka le dejó ser, se dejó querer como Nagisa lo deseaba, como le nacía, como mejor podía. Las torpes caricias pronto se volvieron más firmes, más cálidas, más posesivas, lo sintió con claridad cuando Nagisa clavó sus dedos en su glúteo derecho y la acercó más a su cuerpo. El calor estaba subiendo y Nagisa no dejaba sus pechos en paz. Lo hacía bien. De pronto sintió una suave mordida en uno de sus pezones y ésta vez no pudo contenerse.

"¡Aaah…!" Gritó, pero antes de que Nagisa pudiera reaccionar, fue ella la que la mantuvo pegada a su pecho para darle a saber que le gustó lo que hizo. No pudo decírselo con palabras, la boca no le servía para algo más que no fuera gemir.

Nagisa lo entendió de inmediato, pero no estaba de más decir que sí estuvo a punto de separarse para confirmar si la había lastimado o no. Obviamente no fue el caso, Honoka se lo dio a saber mientras la tenía fuertemente sujeta por el cabello. Volvió a hacerlo y sonrió por dentro al sentir otro tirón de cabello y escuchar otro lindo grito ahogado en Honoka. Lo estaba haciendo bien, se sentía poderosa, se sentía increíble en esos momentos.

Honoka estaba ocupada dejándose querer por Nagisa cuando, sin aviso, ésta la dejó de espaldas al colchón y la acorraló con sus brazos. Al ver la cara de Nagisa sintió que su corazón casi explotaba de felicidad. Nagisa estaba roja, sus ojos se mantenían bien abiertos, se notaba sorprendida y de pronto nerviosa, sus labios estaban hinchados y temblorosos, húmedos por su propia saliva. No dejaban de mirarse la una a la otra.

Nagisa estaba absorta, admiraba a Honoka con embeleso. Su lindo rostro sonrojado, sus ojos que brillaban débilmente por la luz de la lámpara, su tersa piel de crema, sus lindos pechos, cada curva de su cuerpo, su mirada siguió bajando hasta el vientre de Honoka, luego un poco más abajo y… De repente ya no supo qué hacer. Todos los colores se le subieron a la cara mientras los brazos le temblaban, subió la mirada de inmediato y encaró a Honoka mientras tragaba saliva de manera visible.

Honoka le sonrió de manera suave, para enseguida abrazarla por el cuello y acercarla. La besó dulcemente, dejando que su lengua explorara a fondo, lo hacía lento con el afán no sólo de disfrutar el beso, sino de calmar a Nagisa. Sintió cuando Nagisa se rindió por completo y se dejó caer sobre su cuerpo. No pesaba. La futura científica sonrió por dentro y fue su turno de dejar a Nagisa contra el colchón. No pudo evitar una sonrisa llena de amor al ver el tímido gesto de su novia. Nagisa se veía tan preciosa que no resistió el impulso de llenar su rostro de juguetones y lindos besos.

"¡Espera, me haces cosquillas! ¡Ja, ja, ja!" Nagisa se retorció un poco y abrazó a Honoka con contento, con mucha alegría. Los besos no paraban y sus risas tampoco.

"No pude evitarlo, te ves muy linda", dijo Honoka con una sonrisa feliz y le dio un juguetón beso en la boca. "Nagisa, ¿puedo quitar el resto de tu ropa?" Preguntó Honoka y una nerviosa Nagisa asintió. Para darle confianza, la futura científica volvió a besar a su novia mientras sostenía su propio peso con un brazo y con su otra mano acariciaba su cuello, luego su hombro y brazo para ir directo a la cadera. Sus dedos trazaron la orilla de su pantalón pijama y a puro tacto notó que era la única prenda que vestía, no llevaba puesta ropa interior. Fue su turno de tragar saliva de la pura emoción. Usando una sola mano y bastante destreza, fue bajando la prenda. No soltaba los labios de Nagisa, aunque sí la animó a levantar la cadera y mover las piernas para poder quitarle la estorbosa prenda.

El calor pareció dispararse y Honoka abrazó a Nagisa por completo, entre besos, entre suaves gemidos al unísono mientras sus cuerpos se sentían por primera vez en ese apretado abrazo. Para Nagisa la sensación era como nueva, esa suavidad y ese aroma floral en mezcla con el ambiente la tomaron con la guardia baja, tuvo que aferrarse a Honoka para recuperar los sentidos. Admitía que no se comparaba a estar con un chico. La sensación era más… Cálida de alguna manera. No podía describirlo, no encontraba las palabras, no estaba segura pero tampoco que quisiera quemarse las neuronas pensando demasiado, de hecho no estaba haciendo sinapsis la pobre.

Honoka mantuvo el control del beso por un rato más, al menos hasta que sintió que Nagisa dejaba de apretarla como si quisiera sacarle el aire del cuerpo. Besó su frente y le sonrió. "Si algo no te gusta, dímelo, ¿de acuerdo?"

"De acuerdo", respondió Nagisa con un hilo de voz, de hecho se lamía los labios, los sentía hinchados por culpa de los apasionados besos. Ya se sentía fuera de sí y apenas estaban empezando. No estaba segura de cómo iba a sobrevivir la noche si seguía así, debía recuperar el control de sí misma de alguna forma. Sintió unos besos más en el rostro que la hicieron sonreír, los besos de Honoka siguieron el camino hasta su cuello y luego camino al sur. Nagisa respingó cuando sintió las manos de Honoka en sus pechos, en ambos, mientras besaba su cuello y oreja. Fue demasiado. Soltó un largo gemido mientras arqueaba la espalda y su piel se erizaba. Fue como una descarga eléctrica. Sentir las firmes caricias y cómo sus pezones se rozaban en las palmas de Honoka, en mezcla con las atenciones que recibía sobre todo en su oreja, fue mucho para sus sentidos.

Honoka, por su lado, supo que podía seguir con el dulce asalto porque Nagisa no la soltaba, de hecho le sujetó la cabeza con una mano y jalaba su cabello a momentos, nada que la lastimara, desde luego, era la simple respuesta a las sensaciones que experimentaba. Mordió suavemente el lóbulo de su oreja mientras dejaba que sus dedos jugaran a capricho con los pezones de Nagisa. Que ésta sólo pudiera gemir de manera entrecortada y respirar torpemente le decía todo lo que necesitaba saber, dónde tocar más, cómo y con qué intensidad. Admitía tener experiencia previa gracias a sus otras novias, pero Nagisa en especial le era fácil de leer por una razón que seguía sin descubrir.

"Honoka… Honoka…" Nagisa sólo podía repetir su nombre como si esa fuera la única palabra en su vocabulario.

"Aquí estoy… Aquí me tienes", respondió Honoka con una voz dulce, sensual. Regresó al cuello de Nagisa y mordió un poco. Ya había hecho algunas marcas y eso la dejó bastante conforme, era hora de seguir. Sus labios bajaron por su cuello hasta su clavícula donde depositó unos besos. No pudo resistir más la tentación y fue su turno de devorar los pechos de Nagisa. La sintió respingar, luego un tirón en su cabello y un grito agudo de placer. Sonrió por dentro mientras disfrutaba de ese lindo par de frutos maduros en su boca. Ésta vez usaba ambos brazos para sostenerse y tener espacio para maniobrar.

La atleta tuvo que taparse la boca con la otra mano, escucharse a sí misma la apenó mucho por alguna razón que no sabía, quizá porque nunca se había escuchado así misma de esa manera. La boca de Honoka se sentía bien, le gustaba lo que hacía y cómo lo hacía, su cuerpo a momentos se tensaba, temblaba y se encogía por culpa de todas las sensaciones que Honoka le regalaba con su boca. Unas suaves mordidas en sus pezones la obligaron a pegar más a Honoka a su pecho. Adoraba que ella entendiera sus mudas señales y le diera lo que quería. Tuvo que destaparse la boca pasados unos minutos, le costaba respirar.

Nagisa pudo recuperar el aliento cuando el ataque bajó un poco su intensidad, sintió los labios de Honoka besar su abdomen y sus costados. Su piel aún se erizaba y las sensaciones eran maravillosas, pero nada tan intenso como lo de hace un momento y eso lo agradeció. Y de pronto la sintió bajar más. Tragó saliva y se incorporó lo suficiente para verla. De pronto sintió mucha pena por alguna razón que no entendía. ¿Quizá porque con sus parejas anteriores iban a lo que iban y nunca había prestado atención a todas las posibilidades? ¿Quizá porque Honoka precisamente no era un hombre y tenía que usar otros métodos para hacerla sentir bien? Posiblemente eran todas las opciones. Un lametón por encima de su ombligo la hizo temblar y suspirar, sintió unas lindas mordidas en su vientre. Honoka no dejaba de descender por su cuerpo, ya sabía hacia dónde quería ir.

"Relájate, Nagisa, yo me encargo de todo", le dijo Honoka con dulzura y, a manera de darle más seguridad, le ofreció una de sus manos. Sonrió cuando Nagisa asintió y se sujetó a ella de inmediato. Estrechó la mano de Nagisa con dulzura, con firmeza, mientras finalmente se acomodaba entre sus muslos. Se saboreó por anticipado al verla. "Si algo no te gusta, no dudes en decírmelo, ¿de acuerdo?" Le recordó de nuevo con un tono tan sensual que pudo sentir cuando Nagisa tembló.

"De-de acuerdo", respondió Nagisa, se sentía sobrepasada. La voz de Honoka llegó directo a su corazón. ¡Imposible no amar más a esa chica!

Honoka besó sus muslos antes de devorar propiamente a Nagisa. Primero lento, tentando, explorando con su lengua, midiendo las reacciones de Nagisa y ajustando sus movimientos en base a éstas. Su pobre novia no podía decir nada entendible, sólo gemir y gritar de manera linda, aguda, muy femenina a comparación de los gritos de batalla que pegaba en la cancha. Sus más íntimos sonidos eran solamente para los oídos de Honoka, le gustaron y quería sacar más, así que dejó que su lengua actuara a capricho y devorara a Nagisa.

"¡Aaaah! ¡Honoka!" Nagisa tuvo que aferrarse a las sábanas ésta vez, nunca se había sentido así, nunca había experimentado el amor físico de esa manera. ¿Por qué se sentía tan tibio? ¿Por qué con Honoka tenía un calor distinto? Seguramente porque ese sentimiento entre ellas era un sentimiento más profundo. Nagisa no lo entendía por completo pero no que pudiera pensar mucho en ese momento, no cuando la lengua de Honoka entró en su cuerpo y encima puso sus dedos a trabajar. Volvió a gritar del más puro y sincero placer. "¡Honoka…!"

Honoka se sentía plena, feliz y eufórica. Ya que había medido las reacciones de Nagisa, pudo soltarse más en sus movimientos, además, saber que Nagisa no era nueva en los asuntos íntimos la animó a usar sus dedos con más confianza. Su propio cuerpo se sentía hambriento por cariño, pero podía aguantar, la llenaba más saber que Nagisa la estaba pasando bien, que la estaba haciendo sentir bien. Y ese pensamiento se confirmó cuando usó un par de sus dedos para entrar en su cuerpo y Nagisa gritó de nuevo mientras la sujetaba por la cabeza una de nuevo. Obviamente Nagisa quería más y pensaba dárselo.

Conforme pasaban los minutos, el cuerpo de Nagisa comenzó a tensarse, su piel se erizó de pies a cabeza, incluso sus entrañas comenzó a resentir todo ese placer creciente. Ya sabía lo que iba a pasar, pero era la primera vez que lo sentía con tanta intensidad. No tuvo tiempo de pensar, sólo de sujetarse fuerte del cabello de Honoka con una mano y de la sábana de la cama con la otra. Su espalda se arqueó y dejó escapar un largo gemido, un grito de placer en forma del nombre de Honoka. Se quedó así por largos segundos, no supo cuántos, sólo sintió cuándo cayó de nuevo sobre el colchón. Estaba agitada, su corazón se sentía en paz por alguna razón y sus pensamientos estaban en blanco.

Abrió los ojos y lo primero que vio fue a Honoka. Su Honoka. Estaba sonriendo. La misma Nagisa sonrió y abrazó a Honoka por el cuello para acercarla a su cuerpo y poder besarla. El beso era duro, apasionado, quería demostrarle a Honoka todo lo que le provocaba. Y al parecer lo estaba haciendo bien, porque Honoka se abrazó de ella con fuerza. El roce mutuo de sus cuerpos era agradable. Fue la misma Nagisa la que detuvo el beso por falta de aire.

"Honoka, eso fue… Ah, no puedo creerlo. Nunca me había sentido así", dijo Nagisa mientras terminaba de recuperar el aliento. Un pequeño escalofrío la recorrió cuando sintió unas lindas mordidas en el cuello. "Me… Me gustó".

"Me alegra haberte hecho sentir bien, era lo que quería", respondió Honoka con voz amorosa, sin dejar de besar el cuello de Nagisa y obviamente planeando su siguiente movimiento, a menos que Nagisa le diera a entender lo contrario. "Te quiero tanto…"

Nagisa de nuevo se sintió temblar toda, Honoka le dijo esas palabras directo al oído para enseguida morderlo. ¡Esa chica iba a matarla! Sujetó a Honoka por el cabello, procuraba no ser brusca, sólo firme, y con esa misma firmeza la acercó una vez más a su rostro para besarla. Necesitaba sentir los dulces labios de Honoka.

"Honoka", Nagisa hacía breves pausas en el beso para poder hablar. "Yo… Nunca", más besos, "nunca me había sentido así", confesó. "Todo se siente mejor contigo", un largo beso ahora. "Dime porqué. Tú eres más lista, dime porqué se siente mejor".

Honoka sonrió y no pudo evitar el deseo de tomar el control del beso. La sujetó por las mejillas mientras le llenaba el rostro de lindos besos. "La verdad me estaba preguntando lo mismo", dijo mientras le daba un pico en la punta de la nariz. "Es como si supiera cómo hacerlo, como si cada parte de mí sólo estuviera esperando por ti", dijo y volvió a sus labios, le gustaba mucho rozarlos con los suyos. "es lo único que te puedo decir, espero que mi respuesta te sirva", y volvió a besarla. Por supuesto, su propio cuerpo ansioso le pedía sentir a Nagisa, así que mientras ésta se decidía a tomar el control, Honoka felizmente se serviría un poco de su linda novia. "Nagisa… Quiero sentirte más", dijo antes de besarla y acomodar sus piernas con las de Nagisa. "¿Puedo?" Más besos.

Nagisa estaba demasiado ocupada con esos besos hasta que sintió algo húmedo contra su muslo, algo que no era su propia humedad. Se trataba de Honoka. Eso la hizo abrir los ojos y de pronto fue Honoka la que gimió contra su boca, entre el beso. Claramente adivinó lo que estaba haciendo, porque enseguida lo sintió. ¿Acaso se estaban rozando mutuamente? ¡Seguía sensible por lo de hace rato! ¡No voy a sobrevivir para mañana! La abrazó con fuerza y puso de su parte para que ambas pudieran sentirse bien, movía suavemente su pelvis y, justo como Honoka lo dijo, era como si supiera qué hacer. Nagisa no pudo evitar un gemido que Honoka de inmediato calló con su boca. Eso le gustó, que hiciera eso le gustó, la volvió a abrazar por el cuello para disfrutar de lo que estaban haciendo.

Sus cuerpos estaban calientes, su piel ya a esas alturas brillaba a causa de una fina capa de sudor, las sábanas de la cama estaban hechas un desastre y el par no se despegaba en lo absoluto, sus gemidos se ahogaban entre sus bocas, no paraban. Nagisa sintió cuando Honoka hizo más intenso el movimiento entre sus centros, así que se animó a hacer algo y no sólo recibir las atenciones de su novia. Liberó una de sus manos y se animó a tocarla ella misma, por alguna razón no fue difícil encontrar el punto exacto. Usó un poco de fuerza para meter su mano entre sus cuerpos y sus dedos llegaron al justo centro de Honoka, estaba húmeda, cálida. Nagisa tragó saliva, nunca había sentido algo así y eso la emocionó.

"¡Ah!" Honoka definitivamente no esperaba que hiciera eso, por lo que su primera reacción fue abrazarse de Nagisa mientras sentía que el placer en su cuerpo se disparaba, ¿en serio estaba tan sensible? ¿O se debía a que era Nagisa quien la tocaba? ¡Si sigue así voy a…! Apretó los dientes y se quedó quieta, tensa, mientras una maravillada Nagisa dejaba que sus dedos resbalaran gracias a la cálida humedad entre sus muslos. "Nagisa… ¡Nagisa!"

No resistió más, no pudo. Un potente orgasmo atacó a Honoka. Sólo pudo abrazarse al cuerpo de Nagisa entre temblores, espasmos y un ahogado grito de placer contra la oreja de su novia. Nagisa abrió los ojos como platos, eso no se parecía a nada que hubiera experimentado antes. Los momentos que compartió con sus anteriores parejas fueron momentos emocionantes, eso nunca lo negaría, y en su psique quedó grabada la idea de que así eran las cosas, pero ahora que disfrutaba de los más íntimos placeres con una chica a la que quería, el asunto tomaba otro color. Honoka era gentil pero apasionada, obviamente le gustaba estar en control pero bastaba encontrar el momento adecuado para poder sentirla así como la estaba sintiendo: rendida, respirando con fuerza contra su oreja y temblando contra su cuerpo.

"Wow, eso fue rápido", comentó Nagisa con una sonrisa amplia, juguetona.

Honoka se sonrojó bastante y la encaró con un gesto que para nada se parecía a la furia. Se veía lindísima a ojos ajenos. "Sólo me tomaste por sorpresa… Además ya estaba sensible desde antes", intentó defenderse, pero la mirada de Nagisa y sus manos acariciando su cuerpo no ayudaba nada. Finalmente suspiró. "Me rindo, supiste dónde tocarme".

Nagisa se echó a reír y fue su turno de poner a Honoka contra el colchón mientras la llenaba de besos. "Eres increíble, Honoka, lo eres", dijo Nagisa entre risas y sin dejar de besuquearla. "Tú lo dijiste, es como si mi cuerpo sólo esperara al tuyo", más besos, era lindo escuchar a Honoka reír. Por otro lado, a Nagisa le era nuevo tanto jugueteo en la cama, estaba acostumbrada a terminar el asunto con su novio en turno y seguir con su tarde o dormir, pero ésta vez no quería levantarse de esa cama, no quería despegarse de Honoka, no quería terminar todavía, todavía tenía mucha energía gracias a la comida y el descanso. "¿Me dejas intentar ésta vez? Aunque tendrás que guiarme un poco".

Honoka le regaló una sonrisa suave a Nagisa y asintió. "Por supuesto, sólo dame un momento, necesito un poco de agua, ¿quieres que te traiga un vaso?" Se quitó de debajo del cuerpo de Nagisa, pero no sin darle algunos besos y más cariños. "O si prefieres leche".

"Agua está bien, gracias, aquí te espero", respondió Nagisa y se tumbó en la cama mientras miraba a Honoka caminar. No despegaba su mirada de la espalda de su novia, no pudo evitar sonrojarse ante la linda vista de su trasero. Rió para sí misma y se abrazó a la almohada, estaba tan feliz que no podía creerlo. "Huele a ella", murmuró Nagisa, tenía su cara contra la almohada. Su felicidad era tal que pataleó en la cama y dio un par de vueltas. ¿Por qué nadie le dijo que estar con alguien podía ser tan divertido? ¿Por qué nadie le dijo que podía hacer tanto sólo con sus manos? Podría seguir con ese ritmo hasta el amanecer si quisieran, pero desvelarse no era buena idea, mucho menos a inicio de semana, ¿verdad?

Por su lado, Honoka bebió un vaso completo de agua y volvió a llenarlo. Estaba acalorada, seguía sudando, obviamente necesitaba reponer líquidos. Frunció el ceño al sentir eso que no era sudor, sus muslos aún húmedos le hicieron recordar que Nagisa la hizo llegar al clímax con poco. Se sintió algo avergonzada, sentimiento que se fue así como llegó porque Nagisa estaba esperándola en su cama, dispuesta a seguir sintiéndose la una a la otra.

Regresó con Nagisa apenas se compuso y sonrió al ver a su novia tumbada en la cama mientras abrazaba una de las almohadas. Nagisa recibió a Honoka con una sonrisa amplia, se sentó para poder beber toda el agua de dos tragos y luego dejó el vaso en la cómoda junto a la cama. Nagisa no podía dejar de mirar a Honoka con embeleso, su cuerpo era precioso, toda ella era hermosa. Suspiró hondo y le ofreció la mano a Honoka, ésta aceptó.

"Gracias, lo necesitaba", dijo Nagisa, aún hechizada por la visión del cuerpo desnudo de Honoka. "¿Seguimos?" Preguntó con la mirada brillante de entusiasmo en cuanto su novia bebió la mitad de su vaso y lo dejó en la cómoda junto al vaso de Nagisa.

"Todo lo que quieras, Nagisa, o al menos hasta que nos gane el cansancio", la verdad era que aún no se sentía cansada. Agitada sí, cansada aún no. Le echó un vistazo al reloj, no era tan tarde pero se tomaron su tiempo en ese primer asalto. Al sentir que Nagisa la jalaba gentilmente de regreso a la cama, cedió. Se sentó en sus piernas una vez más y Nagisa aprovechó para pegar su cara a los pechos de Honoka. Fácil adivinar que ese sitio en especial se convirtió en su favorito. Abrazó a Nagisa por la cabeza, se dedicó a acariciar su cabello mientras disfrutaban del simple silencio y la comodidad mutua. "Eres cálida".

"Tú también", respondió Nagisa con un tono ahogado, no se quería despegar de su cómodo sitio, pero eventualmente recordó exactamente dónde estaba y qué era lo que deseaba hacer. Lamió lentamente uno de los pezones de Honoka y sonrió por dentro, triunfante, al sentirla temblar y escucharla gemir. "Me toca, recuerda decirme si hago algo raro".

Honoka de repente terminó de espaldas contra la cama, tenía a Nagisa encima. Sonrojada, asintió a su novia. "De acuerdo, siéntete libre de hacer lo que quieras", dijo Honoka y en respuesta Nagisa la besó. Ésta vez procuraría quedarse quieta aunque su instinto le pidiera tomar el control. No ésta vez, dejaría que Nagisa hiciera lo que quisiera, y lo primero que ésta hizo fue comenzar a besar su cuello mientras usaba ambas manos para acariciar sus pechos. Un largo gemido salió de la boca de Honoka. Se sentía tanto, se sentía tan bien.

Por su lado, Nagisa poco a poco perdía el piso. La piel de Honoka era suave como pocas cosas que conociera, era imposible que se cansara de besar y acariciar su piel, pero antes de devorar ese par de lindos pechos, había otra zona que anhelaba más, quería ser ella la que sacara los mejores y más lindos sonidos de la boca de Honoka. Sus besos bajaron por el abdomen ajeno, sonrió al sentir los músculos de su novia tensarse y temblar, definitivamente ya no era un lindo malvavisco, pero en cambio era tan cálida. Le dio besos juguetones alrededor del ombligo que hicieron reír a Honoka, la misma Nagisa rió un poco antes de bajar más. Sin mayor ceremonia, se metió entre las piernas de Honoka y echó un vistazo rápido para saber con exactitud dónde estaba. Tragó saliva.

"¡Aaah! ¡Nagisa…!" Honoka sintió la lengua de Nagisa atacarla sin aviso alguno. Los movimientos de su novia eran torpes, intensos, desordenados, claramente faltos de experiencia y por alguna razón todo se sentía tan bien. ¿Cómo era eso posible? No había nada que le incomodara en ese momento, simplemente le gustaba, lo disfrutaba y quería más. Comenzó a jalar el cabello de Nagisa a manera de darle a saber con algo que no fueran palabras que quería más. A partir de ese momento sólo pudo gimotear cual animal herido, pero era todo por culpa del más puro placer que nunca había experimentado antes. También le echaba la culpa a los cálidos sentimientos de amor que sentía por Nagisa, hacía que todo se sintiera mucho más intenso de lo normal.

Por su lado, Nagisa se comportaba como una fiera hambrienta, sedienta, y Honoka era su presa. Estaba fuera de sí misma, los muslos de Honoka le apretaban las mejillas y sentía que ardía, toda ella ardía, la piel de Honoka parecía estar al rojo vivo. Saber que podía hacer gritar a Honoka de esa manera le llenó el pecho de orgullo, de energía, de un calor que le tenía el corazón cual carbón encendido. Honoka era deliciosa y seguiría devorándola hasta hacerla sentir otro clímax. No estaba muy segura de qué hacer con sus manos en ese momento, así que las ocupaba para afianzar las piernas de Honoka. Se sujetaba con fuerza, tanta que dejaría sus manos marcadas.

Nagisa se tomó su tiempo y Honoka no podía hacer más que retorcerse de placer al ritmo que le marcaba su novia. Y de nuevo lo sintió, sin aviso, tuvo que aferrarse a las sábanas con ambas manos mientras su espalda se arqueaba y su boca dejaba salir un lindo y agudo sonido de placer, uno que entró directo a la cabeza de Nagisa y la obligó a incorporarse de inmediato, había algo que quería ver: el gesto de Honoka. La visión de su novia empapada en sudor, con su piel y sus mejillas enrojecidas, sus labios rojos por tantos besos, su cabello húmedo desperdigado sobre el colchón, sus manos débilmente sujetas a la sábana, sus pechos subiendo y bajando al ritmo de su respiración. La atleta quedó embelesada, congelada de pura admiración ante semejante cuadro. Suspiró hondo.

"Por todos los dioses, eres preciosa", murmuró Nagisa antes de buscar los brazos de Honoka y volver a acomodarse en su pecho. Pudo escuchar los latidos de su corazón y eso la hizo sonreír como tonta. Ese corazón latía así por ella, para ella. "Te amo tanto".

Honoka abrazó a Nagisa con la fuerza y el control que pudo recuperar. Tuvo que respirar hondo mientras las palabras de Nagisa hacían eco en su cabeza. Sonrió con sumo contento mientras abrazaba a su novia con cariño. "También te amo, Nagisa", dijo con un suspiro mientras acariciaba su cabeza. Sonrió. "Tienes el cabello mojado".

"Creo que sí tendremos que ducharnos mañana temprano", comentó Nagisa, muy contenta donde estaba. Se acurrucó en Honoka todo lo que pudo. Pese a estar desnudas y sin manta alguna encima, ninguna tenía frío, de hecho el cuarto tenía una agradable temperatura.

"Pondré la alarma antes de dormir", dijo Honoka. Tenía los ojos cerrados y disfrutaba del simple momento, su cuerpo poco a poco volvió a la calma. Era consciente del cóctel hormonal que tenía asaltadas a ambas por culpa de la actividad que llevaban a cabo, y también sabía que sus sentimientos recíprocos les daba un aditivo extra a los químicos que corrían por sus venas en esos momentos. Apretujó más a Nagisa entre sus brazos y la escuchó reír, la misma Honoka rió pero con un tono más dulce, más bajo.

"¿Lo hice bien?" Preguntó Nagisa con tono expectante.

"Lo hiciste muy bien, me escuchaste, ¿o no?", respondió Honoka mientras le daba un beso en la cabeza a Nagisa. "Te adaptas rápido".

"Genial", dijo una contenta Nagisa mientras se acomodaba a manera de poder encarar a Honoka. "Ahora me gustaría aprender a usar mejor mis dedos, así como lo hiciste tú".

"Te enseñaré y aprenderás con el tiempo", y dicho eso le dio un lindo beso en los labios. "Nagisa, dime… ¿Todo esto fue como lo imaginaste?"

Nagisa negó para enseguida llenar a su novia de besos. "No. Fue mucho mejor", respondió con una sonrisa inmensa, para enseguida ponerse un poco nerviosa. "La verdad no imaginé mucho porque sólo sé cómo son éstas cosas entre un chico y una chica, así que me esperaba más o menos lo mismo, pero… Fue mejor, fue mucho mejor. Y por alguna razón fue más divertido", detalle que la tomó por sorpresa, no fue simple deseo y lujuria, fue algo más.

Honoka sonrió. "Fue divertido porque la estábamos pasando bien", dijo Honoka. "Personalmente creo que divertirte con la persona con la que compartes cama es importante", comentó mientras peinaba el cabello de Nagisa con sus dedos. "Y si además hay un sentimiento de amor recíproco, todo es mucho mejor".

"Por algo eres la lista, ¿verdad?" Nagisa no pudo evitar una risa pequeña mientras escondía su rostro en el cuello de su novia. Se sintió feliz al notar unas amorosas marcas en la piel de Honoka. Lo logró, en serio pudo dejar su marca en ese hermoso y delgado cuello.

"Digamos que me gusta entender a consciencia lo que me rodea", Honoka volvió a acariciar la cabeza de Nagisa, besó su frente con mucho cariño. Respiró hondo para enseguida contener el aliento al sentir unos besos en su cuello. "Nagisa…"

"¿Seguimos?" Preguntó la atleta entre besos y juguetonas mordidas.

"Hasta que amanezca", fue lo único que Honoka pudo decir antes de tomar el cabello de Nagisa y darle un obligado beso.

CONTINUARÁ…