Lo que Nadie le(s) Dijo

Por: Escarlata

Precure pertenece a Toei, el plot es mío

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Parte 14 El Tiempo no fue Bastante

Si había alguien que conocía bien a Honoka era Yuriko, y era imposible para ésta no notar lo feliz que estaba Honoka desde hacía unos días. Los chupones rojos en su cuello y esa sonrisa soñadora eran suficientes pistas para saber lo que Honoka ya había hecho con su novia. Yuriko se sentía contenta por su amiga y también bastante sorprendida, nunca había visto a Honoka con un semblante como ese. No sabía explicarlo pero sí era obvio lo mucho que Honoka quería esa chica Nagisa. Le miró largamente mientras estaban en la cafetería en su hora del almuerzo, bebían jugo y comían arroz con curry.

"¿De verdad puedo ir contigo a ver su partido?" Preguntó Yuriko con una sonrisa.

"Sí, necesito presentarte a Nagisa y qué mejor que en el sitio donde mejor se desenvuelve", dijo Honoka con una sonrisa pequeña y entusiasta. Comió algo de arroz y pasó su bocado para seguir conversando. "Admito que también lo hago para que veas sus mejores habilidades y te impresiones". Porque Nagisa en serio se lucía en el campo de juego.

"Es válido. De acuerdo, vayamos. Será divertido y de verdad quiero saber cómo es la chica que conquistó tú corazón", comentó con una sonrisa pícara. En serio estaba contenta que Honoka tuviera a una pareja a la que quería tanto. ¿Celos? En lo absoluto. Quería lo suficiente a Honoka para desearle sinceramente la felicidad que merecía.

"Te va a agradar, te lo aseguro", Honoka comió un poco más y miró su reloj, aún tenían tiempo antes de la siguiente clase. "Le comenté que iba a invitarte y muere por conocerte", agregó con visible alegría. "Luego del partido iremos a comer algo para celebrar", y aunque uno de los principios fundamentales de un investigador era nunca dar un resultado por asegurado, en su corazón sabía que Nagisa y el equipo ganarían. Incluso si no ganaban, una buena comida siempre ayudaba a levantar los ánimos, ¿verdad?

"Sabes que nunca me metería en tus asuntos monetarios, ¿pero estarán bien pagando un banquete?" Preguntó Yuriko con curiosidad. Estaba más que al tanto del estado financiero de Honoka y también del acuerdo que hizo con Nagisa para cuando se mudara al apartamento. Honoka le confiaba muchos detalles de su vida y era algo que Yuriko agradecía mucho. Le gustaba mucho ser su confidente. "Puedo cooperar si quieres y…"

En respuesta, Honoka sacó su teléfono, buscó y enseguida le dejó ver a Yuriko una conversación con sus padres. Ésta tomó el teléfono y entre más leía, más ganas tenía de reír. Eventualmente lo hizo, directamente se carcajeó mientras le devolvía su teléfono a Honoka. Los padres de Honoka felizmente la mantendrían a ella y a todas las personas que quisiera si se los pidiera, estaba completamente segura de eso. Ella misma gozaba de los beneficios de ser parte del círculo más íntimo de Honoka. Dejó de reír pasados unos segundos.

"Quieren darte todo el dinero posible antes de que ya no los necesites, ¿verdad?" Preguntó Yuriko con tono jocoso. Además nadie iba a ignorar el hecho de que los padres de Honoka compensaban su ausencia con dinero y regalos, Honoka la primera de todos.

"Ésta vez lo tomaré. Nagisa come bastante y quiero que tengamos un buen banquete en un lindo lugar", dijo Honoka con una sonrisa llena de alegría. A su modo, claro, sus gestos no eran enormes sino más bien suaves, fáciles de leer para quien la conocía mejor. "También quiero que tú comas bien", agregó con un gracioso gesto serio.

"Y yo tomaré toda la amabilidad de tus padres, Honoka, no te preocupes", dijo entre juguetonas sonrisas. Ambas terminaron su comida y su bebida casi al mismo tiempo, ambas comían más o menos a la misma velocidad. "Ya casi es hora de la siguiente clase, ¿vamos?"

"Vamos", Honoka se puso de pie primero. Tenía taller y era imposible no recordar, y con bastante cariño, que fue precisamente gracias a ese taller que decidió ejercitarse y todo terminó en Nagisa y ella conociéndose. Las cosas simplemente se dieron y pensar en las infinitas posibilidades, las variables y cómo una idea simple al final derivó en algo tan grande, era fascinante: en unos cuántos días más tendría a Nagisa en su casa.

~o~

Nagisa podía decir que estaba bien hablando con Kazuki una vez más. Hacía varios días que no se veían después de la disculpa del chico y sus caminos hacia el gimnasio finalmente coincidieron. En cuanto se toparon Kazuki estuvo a nada de adelantarse, pero un gesto de Nagisa le dio a saber que estaba bien que fueran juntos. Era la misma ruta después de todo.

"¿Entonces te mudas a fin de mes?" Preguntó Kazuki durante su caminata. "Las noticias sobre tu salida de los dormitorios se esparcieron rápido", agregó.

"Lo noté, créeme", dijo Nagisa con una sonrisa nerviosa tan sólo de recordar a su club de fans diciendo lo mucho que la extrañarían. ¡Tampoco que fuera a irse a otro lado a estudiar! Pero al parecer ellas disfrutaban mucho verla andar por la escuela fuera de clases. "Tampoco viviré tan lejos, es una distancia cómoda para venir incluso caminando".

"Comprendo. Me alegro por ti", respondió Kazuki con una sonrisa, pero no podía dejar de ver a Nagisa. No creía ser el adecuado en señalarlo, pero quienquiera fuera la persona con la que estaba saliendo Nagisa, no era la más discreta, su cuello tenía un chupón rojo muy llamativo aunque la camisa la cubriera a momentos. Giró el rostro de inmediato. Aún era día que no podía olvidar que Nagisa le gustaba. El sentimiento no estaba completamente enterrado, pero de alguna manera era de "ayuda" el saber que alguien más estaba haciendo feliz a Nagisa. Tomó aire de manera discreta. "Si es cerca, el alquiler debe ser una locura".

"Lo es, pero tengo por compañera de piso a alguien bastante ordenada en sus gastos, iremos por mitades y eso hará todo más fácil", explicó Nagisa. "Ya la conoces, es una de mis clientes frecuentes del gimnasio, la chica bonita de cabello oscuro y largo".

"¡Oh, ella!" Imposible confundirla con alguien más, Kazuki conocía a la chica de vista y de vez en cuando intercambiaban silenciosos saludos. "Sí, sé de quién hablas", también admitía que esa chica de la que Nagisa hablaba era bastante atractiva. Estuvo a nada de preguntar por la persona con la que Nagisa obviamente estaba saliendo, pero lo mejor era controlarse, lo último que quería era meter la pata de nuevo.

"Por cierto, escuché que el equipo de baloncesto ganó su primer partido. ¡Felicidades!" Se enteró porque una de sus compañeras de equipo tenía un novio basquetbolista y lo comentó.

"¡Sí, lo hicimos bastante bien! Yo anoté como quince puntos", anunció con alegría. "Y yo escuché que tu equipo también ganó, felicidades", dijo enseguida, animado.

"¡Yo anoté dos goles!" Informó una emocionada Nagisa. Ciertamente Kazuki era un buen chico, hablar con él así era divertido, tenerlo como amigo era una idea que desde el principio le gustó, y ahora que por fin lo estaban logrando, se sintió contenta. "Suerte en tu siguiente partido", deseó Nagisa de manera sincera.

"Igualmente. Ustedes también lo harán genial, lo sé", respondió el chico, animado.

Y con amplias sonrisas en los rostros y entre una plática casual, ambos llegaron al gimnasio. Aunque los dos no coincidieron el resto de la semana luego de ese breve encuentro, fue una manera muy agradable y sana de recuperar los trazos de amistad que tenían antes de que todo se torciera. Kazuki no era un mal chico y Nagisa lo sabía, siempre lo supo. Podrían ser amigos y él a futuro podría tener una linda novia que apreciara sus ánimos y su exceso de energía, Nagisa estaba segura de ello.

~o~

"¿Entonces por fin podré conocer a tu amiga Yuriko?" Preguntó una feliz Nagisa. Imposible no estar extremadamente contenta porque Honoka se tomó en serio la petición de Katsuko de asistir a todos los partidos. Y otra cosa para sentirse feliz era abrazar a Honoka por la espalda mientras ésta cocinaba, procuraba no estorbarle para que no se cortara o se quemara, pero sí tenía la cintura de su novia entre sus brazos, por debajo de la blusa.

"Sí, me ayudará con un almuerzo para ustedes, saldremos juntas e iremos directo a la universidad deportiva", respondió Honoka, igualmente contenta por todo, más por sentir a Nagisa aferrada a su cuerpo. Era tan cálida y esos fuertes brazos parecían no querer dejarla ir. Le gustaba mucho esa sensación. Nagisa en especial buscaba mucho el contacto físico cuando estaban a solas. No le molestaba en lo absoluto dárselo.

"¡Oh, cierto! Mis padres me enviaron un mensaje por la mañana, dicen que les encantaría conocerte y… Creo que una video-llamada sería lo adecuado, a menos que quieras viajar un par de horas para conocerlos en persona", dijo Nagisa, repentinamente nerviosa por la idea. ¡No debería pero no podía evitarlo! No era como si fuera a decirles que salía con ella, pero la sensación de que les ocultaba algo de semejante importancia a sus padres era inevitable. Se sujetó con más fuerza al cuerpo de Honoka, fue un movimiento instintivo.

Honoka supo leerla.

"Haremos la video-llamada, ¿y te parece que me presente con ellos en persona en vacaciones de verano?" Preguntó Honoka con una sonrisa aunque Nagisa no la viera, ya casi estaba la cena y la preparaba con todo el cariño que Nagisa le provocaba. "En mi caso, te puedo presentar a mis padres hasta el año entrante, vienen a verme por mi cumpleaños pero a quien sí puedo presentarte es a mi abuela, ¿qué dices?" Propuso Honoka y enseguida habló con un tono más bajo. "A mi abuela le encantará conocer a mi novia con la que comparto piso, y a mis padres no les molestará conocerte pero sin duda te harán muchas preguntas", rió un poco al sentir respingar a Nagisa. No podía verle la cara pero no era complicado saber que estaba en pánico. ¡La adoraba tanto!

"¿Eeeeh? ¿Crees que les agrade a tus padres también? Bueno, yo… Ah", tragó saliva y enterró su cara en el cabello de Honoka, en pánico.

"Te garantizo que a mi abuela le vas a encantar, y en cuanto a mis padres, bastará que me vean feliz para saber que estoy con la persona que realmente quiero", dijo Honoka con voz confidente, cálida. "Y tú diles a tus padres cuando mejor lo consideres. Si quieres que mantenga en secreto lo nuestro ante ellos, lo haré".

Nagisa tragó saliva, no supo qué decir a eso. Tenía una muy buena relación con su familia y no solía ocultarles cosas, al menos nada de gravedad. El sólo pensar en alguna mala reacción de parte de ellos cuando les dijera que estaba saliendo con una chica la tenía nerviosa. Suspiró hondo, no pudo contenerse. Lo que tampoco podía contener era que su corazón se acelerara cuando sentía el aroma de Honoka justo en las narices. Cerró los ojos.

"No quiero negarte, Honoka. Si hay alguien que quiero que sepa de esto, son mis padres, mi familia", dijo Nagisa con voz pequeña. Sintió cuando Honoka le acarició un brazo.

"Entonces estaré a tu lado si me necesitas, Nagisa", fue la única respuesta que pudo darle Honoka. La apoyaría en todo lo que necesitara.

"Gracias", Nagisa suspiró una vez más. "Por cierto, huele delicioso, muero de hambre".

"Hay que dejar que se sazone por unos diez minutos más y estará listo, aguanta un poco más, ¿sí?" juguetona, se recargó cariñosamente en ella. "Vamos al sofá por mientras".

Nagisa asintió en silencio y sin despegarse de su novia, caminó y se sentó con ella en el sofá, Honoka quedó acomodada en medio de sus piernas. La posición era cómoda y bastante adecuada para lo que Nagisa quería hacer. Honoka se estiró lo suficiente para alcanzar el control remoto de la televisión y la prendió. Estaba bastante cómoda con Nagisa, además estaban pasando una película de acción y esas eran perfectas para pasar el tiempo sin necesidad de pensar demasiado ni analizar. Para eso eran ese tipo de películas.

"¿Diez minutos?" Preguntó Nagisa mientras pegaba su nariz a la cabeza de Honoka. Le encantaba el aroma de su champú de flores. Sonrió. "Genial", fijó su mirada en la televisión. La trepidante escena de persecución entre automóviles de alta gama era emocionante a su modo y puso toda su atención a la pantalla. "Lástima que no tenemos tiempo para alguna de las películas que nos gustan", decir eso sonaba tan bien que no pudo evitar sonreír.

Honoka, cómoda en el abrazo y contra el pecho de Nagisa, acariciaba sus brazos mientras disfrutaba del cerrado contacto. "Todas duran al menos dos horas, no tenemos tanto tiempo todavía, pero lo tendremos cuando te mudes, ya falta menos", comentó mientras seguía con las suaves caricias en los fuertes brazos de Nagisa, le gustaba usar sólo las yemas de sus dedos y no pudo evitar una sonrisa al sentir que la piel de Nagisa se erizaba. Sonrió.

Nagisa frunció el ceño mientras se sonrojaba. Al parecer Honoka quería jugar y Nagisa estaba dispuesta a seguir el juego. Además, se sabía en una posición de ventaja. Usaría esa ventaja. Su rostro dibujó una sonrisa mientras copiaba el movimiento de su novia, usando sólo sus dedos se dedicó a acariciar la linda y suave barriga de Honoka. ¡Era tan suave! Casi caía víctima de su propio sonrojo pero resistió como campeona, más al sentir a Honoka tensarse por un segundo para enseguida sentir cómo su piel se erizaba. Pese a eso, Honoka no hizo un solo ruido. ¿Y qué hizo Nagisa después? Se detuvo.

Honoka suspiró de la más discreta manera posible. Eso se sintió bien. Decidió dejar sus manos quietas un momento mientras ambas se distraían con la película, la escena de persecución seguía, había disparos, movimientos vertiginosos imposibles y explosiones innecesarias justo como debía ser en una buena película de acción. Ambas estaban entretenidas. Y de nuevo las manos de Nagisa se movieron.

Suaves caricias en su abdomen hicieron tragar saliva a Honoka, el toque de las yemas de los dedos de Nagisa, los roces ligeros que provocaban más estragos en su piel a comparación de una caricia completa. Honoka tuvo que morderse el labio inferior, de nuevo sintió estremecerse de pies a cabeza y estaba segura que Nagisa se dio cuenta. Confirmó esto último cuando Nagisa detuvo la caricia de nuevo. Frunció el ceño. Era su turno. Por la posición estaba en desventaja pero sí tenía algo disponible para atacar. Lo hizo.

Nagisa se sentía satisfecha con su pequeña travesura hasta que sintió una de las manos de Honoka en su pierna derecha. Una amplia y cálida caricia justo donde terminaba sus shorts la hizo tragar saliva. Sólo eran los dedos de Honoka haciendo dibujos invisibles sobre su piel, rozando suavemente su rodilla pero sin hacerle cosquillas, subiendo nuevamente su mano y amenazando con meterla bajo la prenda, pero sin hacerlo al final. Honoka sonrió, triunfante, al sentir que la piel de Nagisa se erizaba de nuevo. Fue su turno de detenerse y sonreír con bastante autosuficiencia cuando percibió a Nagisa suspirar contra su cuello.

La película seguía.

Se quedaron quietas un par de minutos más, suficientes para que Nagisa se recuperara y tomara su turno. Bien, aprovecharía cada ventaja que le daba su posición. Echó un vistazo rápido al reloj, tenía unos minutos todavía. Tomó aire y atacó. Volvió a mover sus dedos sobre el abdomen de Honoka, ¡por todos los dioses, era tan suave! Decidió atreverse a más y subir sus manos lentamente, centímetro a centímetro, hasta llegar a los pechos de Honoka. La sintió respingar y se detuvo, pero sólo unos segundos para seguir la escalada por debajo de su bra. Escuchar que la respiración de Honoka se agitaba hizo que el rostro se le calentara y, pese a eso, ninguna de las dos dejaba de ver la televisión. Sus manos tampoco se detenían, era como si tuvieran vida y consciencia propia.

Honoka se vio obligada a tragar saliva, la sensación era molesta, era delirante, era excitante, era más de lo que podía explicar en esos momentos. El jugueteo mutuo, que Nagisa dejara sus manos sobre sus pechos y le desacomodara la ropa podría ser motivo más que suficiente para girarse y comérsela a besos, pero el juego era lindo, le gustaba, se sentía bien. Por supuesto, sus pezones endurecidos contra las cálidas palmas de Nagisa eran un asunto totalmente aparte. Suspiró sin poder contenerse cuando su novia comenzó a mover las manos en suave y lenta caricia. Tuvo que morderse un labio.

"Na… Nagisa…"

"Aquí estoy", dijo la aludida mientras le daba un beso en la nuca. Cada vez se sentía más acalorada, estaba completamente lista para dejar el juego de lado e ir en serio, incluso se sintió salivar ante la idea de girar a Honoka para besarla como tanto se lo pedía su corazón. Estuvo a nada de lanzarse a los brazos del deseo cuando las manos de Honoka detuvieron las suyas. Eso la sacó de inmediato del trance.

"Diez minutos, hora de cenar", dijo Honoka con un tono juguetón para enseguida sacar las manos de su novia y acomodarse la ropa. Todo sin girarse, tenía una sonrisa malvada en el rostro. Una sonrisa triunfante. "Ve a lavarte las manos, anda", remató.

"Ah…" Nagisa se quedó mirando como tonta a su novia por dos segundos, parpadeó y finalmente reaccionó. Se puso roja como tomate y se levantó del sofá hecha una furia. "¡Honoka!" Había perdido el juego, era obvio y eso la frustró de graciosa manera. "¡Eres mala!" Se quejó mientras obedecía cual niña buena e iba a lavarse las manos.

"Tú empezaste", respondió Honoka con marcada diversión. No pensaba admitir que tuvo que resistir todos sus deseos de írsele encima y que casi se arrepintió de detenerla.

"¡No es justo! ¡Y ya no tenemos tiempo!" Se quejó Nagisa mientras alcanzaba a Honoka para ayudarla a servir la cena. Ya que no cocinaba ni aunque su vida dependiera de ello, felizmente podría encargarse de la limpieza. Ya las dos tenían en mente una equitativa repartición de los quehaceres del hogar. "Lo bueno es que podré quedarme contigo el resto del sábado y todo el domingo", dijo con una sonrisa emocionada.

"¿Quieres que nos quedemos en cama hasta tarde?" Preguntó Honoka a pesar de saber la respuesta por anticipado. Le gustaba ver los gestos de Nagisa.

"¡Sí! ¡Eso me encantaría!" Respondió Nagisa con visible alegría. "¡Podremos ver películas hasta tarde en el sofá!"

"Quiero ver esa serie de películas que tanto mencionas, las de los samuráis gemelos Jin y Gin", dijo Honoka con el mismo entusiasmo. "Me he contenido de verlas por mi cuenta y de buscar datos por internet, quiero sorprenderme", continuó, emocionada.

"¡Te van a encantar, te lo garantizo!" Declaró Nagisa con seguridad. "Compremos rosetas de maíz y golosinas para ese día, ¿sí?"

"Podemos pedir una pizza si lo deseas. No podemos preparar una porque no tenemos horno, pero pidamos una, ¿qué opinas?" Honoka cada vez estaba más a la par del eufórico estado de Nagisa. Juntó sus manos apenas dejaron todo listo en la mesa. "Gracias por la comida".

"Gracias por la comida", dijo Nagisa enseguida y ambas comenzaron a cenar. A la atleta casi se le llenaron los ojos de lágrimas por culpa del delicioso sabor de la cena. "Gracias, Honoka, ¡me encanta!" Comió rápidos bocados. "Me emociona mucho la idea de que pronto dormiré y despertaré contigo todos los días", dijo con un suspiro tonto enamorado.

"Lo mismo digo, sólo es cuestión de esperar un poco más, prácticamente ya todas tus cosas están aquí", comentó Honoka con una suave sonrisa. "Quiero ver si es cierto que dejas tus calcetas en todos lados", agregó a manera de broma.

Nagisa respingó. "¡No lo haré, ya verás!" Roja hasta las orejas, siguió comiendo. ¡Katsuko, deja de decirle cosas raras a mi novia! Ya se las pagaría apenas la viera. Por suerte, el sabor de la comida la regresó a la mesa y pudo seguir disfrutando de su cena. Luego de eso tendría que irse para llegar a tiempo a los dormitorios, pero no se iría sin antes lavar los platos. "Por cierto, sobre la video-llamada con mis padres… Quieren que sea el día que ya esté viviendo aquí, ¿está bien para ti?"

"Por supuesto, Nagisa", respondió enseguida con mucha seguridad. "Necesito decirles que cuidaré bien de su querida hija, que estará totalmente a salvo conmigo y que veré por ella casi como si fuera propia", dijo sólo por provocar un poco a Nagisa.

Lo logró.

"¡Honoka!" Una ruborizada Nagisa se tapó la cara con ambas manos. "¡Ni se te ocurra decirle eso a mis padres!" Sobre todo porque sabía que ellos felizmente le seguirían la corriente a Honoka sólo para molestarla. Ya podía verlos por anticipado, así era la amorosa y unida familia Misumi. ¡Nagisa los amaba tanto!

Honoka se echó a reír sin poder contenerse, esa risa linda, clara, como el murmullo de un arroyo. Nagisa la escuchó, vio ese precioso gesto entre dedos y se sonrojó mucho más. Esa visión era demasiado linda como para ignorarla, Honoka era demasiado hermosa, tanto que no conocía más palabras para describirla. Y la mejor parte es que Honoka era suya, suya y de nadie más, suya para abrazar, suya para besar. Y eso hizo. Sin poder resistir más el deseo, se levantó de la silla, se inclinó hacia adelante y gentilmente tomó a Honoka por el cuello de su ropa para hacer que se incorporara lo suficiente para besarla.

Un obligado beso apasionado, profundo, lleno de amor. Un beso que Honoka correspondió de inmediato. Pese al firme agarre de Nagisa, en realidad era gentil. Honoka estaba fascinada, entregada a ese beso. La sujetó por las mejillas, sintió que algo cayó en la mesa pero no puso atención, el beso tenía más prioridad. Se escuchó que algo escurrió al piso, fue un vaso con agua el que cayó víctima de su arrebato de amor. El beso siguió unos segundos más, fue la misma Nagisa la que lo terminó… Antes de echarse a reír.

"El agua me cayó en las piernas", dijo mientras no podía dejar de reír, ¡estaba tan feliz!

"Espera, iré por una toalla", Honoka también rió y buscó algo para secar a Nagisa y también a la mesa. Ninguna de las dos podía dejar de sonreír ni de reír constantemente. "¿Quieres que te preste una falda? O alguno de mis pants deportivos", propuso al notar que sí se había mojado sus shorts. No podía volver así a la universidad.

"Un pants está bien, gracias", dijo Nagisa mientras se quitaba la prenda. "¿Puedo quedarme así hasta que acabemos de cenar? No quiero que se enfríe la comida".

"De acuerdo, te la daré algo para que te vistas antes de que te vayas", respondió Honoka y se llevó la prenda de Nagisa al canasto de la ropa sucia.

Volvieron a su cena en menos de dos minutos aunque ésta vez no tontearon, no querían que a Nagisa se le hiciera tarde, ella en especial tenía un historial intachable de buena conducta. Por su lado, Honoka tenía un respetable historial de accidentes y experimentos fuera de control en sus casi dos años de universidad, y los que faltaban. Terminaron de cenar cerca de veinte minutos después y Nagisa le dio el gusto a Honoka de quedar con sus fuertes piernas al aire mientras lavaba los platos. Ninguna de las dos se quejaba.

A la hora de costumbre y con el pants de Honoka puesto, Nagisa estaba lista para despedirse. De hecho se despedían en la puerta con un largo y bien merecido beso. Se abrazaban, se pegaban la una a la otra tanto como les era posible, se daban besos profundos y lindos picos, sólo eso, sus besos, sus brazos alrededor del cuerpo ajeno.

"Hasta mañana, Honoka", dijo Nagisa entre besos juguetones, dulces, amorosos.

"Hasta mañana, Nagisa. Descansa bien, ¿de acuerdo?" Honoka no se quedaba atrás.

"De acuerdo", Nagisa suspiró hondo mientras acomodaba el cabello de su novia.

Un beso más, sólo uno más antes de despedirse y Nagisa finalmente se pusiera en camino a su universidad, a los dormitorios. Pronto llegaría el día en que sólo se despedirían para ir a clases y se darían las buenas noches en la misma cama. Pronto, muy pronto, ambas ansiaban ese día como ningún otro antes. Un sueño no planeado, un deseo puro en sus corazones, el amor brotando de sus poros como nunca antes. Quien las viera podría decir sin temor a equivocarse que ambas estaban viviendo su vida y su amor al máximo.

~o~

Viernes en la noche.

Nagisa estaba en su cama descansando para el partido como la entrenadora había indicado. Ese día sí fue a trabajar pero procuró no cansarse, simplemente daba indicaciones a sus clientes y asesoraba a quien lo necesitara. Honoka asistió al gimnasio pero no regresaron juntas a su departamento, ella quería que Nagisa descansara bien y le dio una caja de comida para que cenara. Y una para Katsuko, desde luego, era la promesa antes de cada partido: mandarles algo delicioso y nutritivo para cenar. Katsuko ya estaba dormida luego de una ducha y de cenar, Nagisa se entretenía con su teléfono mientras esperaba a que le ganara el sueño, esperaba que fuera pronto. El dormitorio ya estaba a oscuras.

La habitación lucía rara con la ausencia de tantas cosas, Nagisa sólo tenía ropa para cambiarse y sus útiles de la semana, su uniforme de lacrosse estaba en los lockers de la sala del equipo. El 90% de sus pertenencias ya se encontraban en su futuro apartamento con su futura compañera de piso. Todas estaban felices por Nagisa, la notaban más animada que nunca, sobre todo en los entrenamientos. El equipo confiaba en superar el siguiente partido, incluso si perdían no quedarían fuera del torneo, pero preferían no pensar en esa opción.

Ganar era su única opción.

Nagisa sonrió gracias a una foto que le envió Honoka, era ella misma con una taza de té en la mano sentada en el sofá. Gracias a los mensajes sabía que leía uno de sus libros de texto de sus clases mientras tenía una película de samuráis de fondo. Suspiró hondo, de contento.

Quien también suspiró fue Honoka, con un último mensaje mandó a dormir a Nagisa para que estuviera descansada, sabía que estaba nerviosa, como en todo buen partido, pero lo único que podía hacer por ella a distancia era tratar de relajarla con mensajes y fotos. Honoka sabía que con besos y muchos cariños podría relajarla mejor, pero para ello tendrían que esperar un poco más, sólo un poco más, hasta entonces a Nagisa le tocaba ir a dormir como una niña buena. La misma Honoka se levantaría temprano para prepararles de comer a Nagisa y a Katsuko. Desayunaría con Yuriko antes de ir a la universidad deportiva.

Iba a la mitad de su lectura del capítulo en turno cuando recibió otro mensaje de Nagisa. Un [no puedo dormir] que hizo reír a Honoka. Sabía que los nervios y la emoción la tenían en ese estado, lo importante era avivar la emoción de su novia pero sin dejar que se consumiera por los nervios. Pensó un poco, alguna opción debía tener para hacer que Nagisa se durmiera a consciencia pero que tampoco diera vueltas en la cama por los nervios.

Pensaba en ello cuando Nagisa le mandó otro mensaje con una foto adjunta de ella en su cama y con una sonrisa en la cara. [Me gustaría un beso antes de dormir] era el texto que acompañaba el nuevo mensaje. Honoka sonrió. A lo más podría mandarle una foto, ¿pero qué necesitaba hacer para que la foto quedara cargada del amor y el afecto que obviamente Nagisa necesitaba en esos momentos? Honoka no era fanática de tomarse selfies, al menos no a consciencia, todas eran fotos más bien simples. Pensando seriamente en ello, dejó su libro a un lado y respondió a Nagisa un [Veré qué puedo hacer] para enseguida buscar ejemplos de fotografías con las características que necesitaba para ese justo momento.

Honoka no estaba metida en las redes sociales, pero sí tenía una cuenta bastante abandonada en Insta donde solamente seguía cuentas que publicaban fotos de flores, paisajes y el espacio, su perfil estaba bastante vacío y su imagen de usuario era una flor Cosmos y nada más. Se tomó un momento para ver selfies y muchas de ellas eran chicas bastante lindas, lo admitía, pero ella misma no se veía poniendo gestos así. Entendía la finalidad de las luces, el maquillaje cargado y los efectos de fotografía, pero no era lo que necesitaba. ¿Qué podría hacer para avivar los ánimos de Nagisa pero apagar sus nervios?

El algoritmo le dio la respuesta que buscaba entre foto y foto, su gesto pareció brillar al encontrar lo que necesitaba. ¡Podía hacerlo, podía hacer algo tan simple como eso sin necesidad de filtros, maquillaje y luces! Además la idea era… Emocionante de alguna manera. Nunca había hecho algo así pero no se sentía nerviosa. Después de todo era un regalo para Nagisa, y la misma Honoka era una persona que gustaba aventurarse en experiencias nuevas. Eso que estaba por hacer sin duda era nuevo.

Por su lado, Nagisa casi rió al leer el último mensaje de Honoka, ¿qué pensaba hacer? ¿Mandarle algún video o algo? Por alguna razón pensó que sería gracioso y muy lindo si se tomaba una selfie mandándole un beso o algo. No dejaba de ver el mensajero a cada rato. Trataba de no moverse demasiado para no despertar a Katsuko, pero los nervios estaban ahí, el rival que les esperaba era uno de los mejores equipos del distrito, esas chicas eran unas verdaderas gorilas, bastante fuertes, jugaban limpio pero eran bruscas. Corrían los rumores de brazos y piernas rotas. Respiró hondo, necesitaba calmarse.

Miraba el techo en silencio mientras tenía el teléfono contra el pecho, cuando el dispositivo vibró avisando de un mensaje nuevo. Una torpe pero ansiosa Nagisa de inmediato lo revisó y casi se le fue el aire al ver lo que era. Tal como sospechaba se trataba de una foto de Honoka, pero no de las que normalmente le enviaba, para nada, era una foto de Honoka con el torso desnudo, con un brazo se cubría el pecho y con la otra mano obviamente sujetaba el teléfono para sacarse la foto. La luz que tenía era la de la televisión, el libro estaba en el reposabrazos, incluso pudo ver el vapor del té. Todo el cuadro era sencillo pero hermoso.

Nagisa tragó saliva al leer el texto. Honoka en serio buscaba la manera de superarse a sí misma. ¡Amaba tanto a esa chica!

[Ya ve a dormir y mañana tendrás esto luego del partido.]

Fue todo lo que Nagisa necesitó para sentir que temblaba por algo que no fueran los nervios por el duro partido que le esperaba al amanecer. Ahora temblaba de emoción, de locura, de deseo ante la promesa de tal recompensa apenas terminara su partido. ¿Y qué mejor que llegar ante Honoka con una victoria en las manos, verdad? Gracias a eso pudo dormir. Honoka lo supo al no recibir respuesta, sólo la marca de Leído en la foto.

CONTINUARÁ…