Astral solo recuerda haber sido secuestrado por aquel extraño humano de nombre Kaito. El cual solo parloteaba palabras que no llegaba a entender del todo, pues el no sabía de qué tipo de contexto hablaban.

El lujoso complejo departamental se lucia ante él. Había muchas luces en casi todos lados, al igual que demás personas que solo le miraban de extraña manera, apenas deteniéndose de, Astral suponía era su trabajo. Aunque solo notará cómo es que diversas personas posaban ante lo que el conocía, era una cámara (aunque muy extraña).

Siguió por inercia aquel hombre que, para su mala suerte, no tenia botón de apagado. Apenas prestándole atención. Y entre parloteos, llegaron a lo que parecía una oficina, pues estaba llena de posters de distintas personas que él apenas veía en la televisión o un voluminoso anuncio para vender algún producto (según Yuma le explicó).

Aquel hombre lo invito amablemente a pasar, Astral dudó. Pero de igual manera entro, debía admitir que tenia curiosidad acerca de qué le hablaría ese extraño sujeto.

Kaito sonrió. ¡Estaba tan cerca de hacer crecer su empresa! ¡Y que mejor que debutar con una belleza natural de un bello hombre como lo era aquel joven! Lo supo desde que lo vio pasar acompañado de un joven de cabello rosado y negro, por aquella cafetería en la que él estaba.

Flash Back

Esa mañana, él como de costumbre, revisaba su itinerario para él día. Además de varias sesiones de fotos con modelos las cuales, él debía coordinar, y de administrar, revisando minuciosamente sus vestuarios.

Y checando con minuciosidad todos los correos pendientes en su bandeja de entrada para comenzar, fue al levantar la vista que lo vio.

Ahí estaba un joven de cabello blanco. Reía junto a su amigo que le acompañaba. Ambos entrados en su conversación. Aquel chico de piel pálida era lo que su corazón sabía que buscaba.

Su empresa estaba en crecimiento, ya colaborando con muchas otras más, ya era conocida, pero le faltaba debutar a un nivel internacional. Y por ende, necesitaba un rostro para que acompañara a lo que venía. Así que al verlo.

A ese bello adonis.

Fue donde supo que no debía dejarlo ir. Su vida entera, su mundo, dependía de ese joven. Rogaba al cielo que no trabajara para una empresa competidora. Y entre tropezones, dejo de lado su tableta y ahora su derramado café, saliendo con reclamos de la cafetería.

Miro a ambos lados. Aquel joven no se veía por ningún lado, así que comenzó a preguntar a los que estaban alrededor. Siendo las señoritas quienes le dieron información, ahora sabía por donde había ido.

Regreso de nuevo a la cafetería, y pagando con billetes de más, tomando su tableta, salió corriendo del local.

Chocando con diversos objetos que se le atravesaban, por fin volvía a ver aquel joven, ahora sabía donde se dirigía. Pues aquella escuela era bastante famosa. Se preguntó si estudiaba en el lugar, pero inmediatamente lo descarto. Ya preguntaría a su debido momento.

Corrió detrás de él. Más un pensamiento fugaz le detuvo. Parecía todo un acosador. Y él no era aquello. ¡No señor! El ya tenía una bella novia con la cual mantenía una relación estable. Su cabello ligeramente rojizo y rosa, además de su forma tan peculiar del mismo. Eran para él su perdición.

Que alguien le viera persiguiendo como un depredador a un jovencito que no rebasaba la mayoría de edad, sin duda dañaría la reputación de su empresa.

Debía esperar. Aunque él no quisiera, pues la emoción era demasiada.

Sospecho que volvería por donde vino, aunque no sabía cuanto tiempo le tomaría aquello, pero no le importo. Su destino ahora se debía a ese jovencito. Y arreglando sus ropas, y peinando de nuevo su largo cabello, se sentó cerca de una plaza a esperar.

Un minuto.

Dos minutos.

Cinco minutos.

Diez minutos.

Treinta minutos.

Una hora.

Hora y media pasaron, y Kaito estaba entrando en desesperación. ¿Acaso se equivocó? Quizá si tenia un lugar al cual ir. ¿Volvería a verlo si quiera? No lo sabía. Y con ahora el animo en el suelo, se dispuso a caminar de regreso, hasta que escucho suspiros de una jovencita que estaba casi a su lado.

Dios le bendijo ese momento.

¡Allí estaba! Aquel joven de piel pálida y cabello tan blanco y azul como la nieve, volvía a parecer ante él.

Sus ojos se iluminaron. Y entonces corrió en búsqueda de aquel joven. Hoy era su día de suerte. Para ambos, eso es lo que Kaito esperaba.

End Flash Back

Astral se sentó en aquella silla negra en espera a que el dueño por fin dejara de sonreírle y comenzará a hablar. ¿Acaso estuvo mal que lo siguiera? Esperaba que no. Aunque conociendo a Yuma quizá le replicaría algo como:

¿Qué estabas pensando?

No todo el mundo es de buenas intenciones.

Si no estas conmigo, deberías irte directamente a casa. Sigues siendo un inexperto en este mundo de todas formas, no quiero ver que algo malo te pase.

O ese tipo de cosas. Astral entonces sonrió. Yuma se preocupaba mucho por él. Era alguien tremendamente afortunado por tenerlo a su lado. Se aseguraría de agradecerle después.

Kaito miro como es que Astral sonreía. Quizá ya le estaría diciendo que sí, con discreción saco aquel documento que aquel muchacho le firmaría muy pronto. Y cambiando un poco su postura a una más sería, hablo.

-Discúlpame por tomarte de sorpresa, pero sé que tu tienes un destino aquí. Conmigo y mi labor...-Comenzó con una sonrisa tranquila. Astral le miro con duda.

-No creo...

-Por supuesto que sí-Entrelazo sus manos, apoyándolas en su escritorio- veras, como te he estado explicando en el camino. Yo trabajo haciendo los deseos realidad de muchas personas.

-¿Deseos realidad?

-Claro. ¡Y tú no eres la excepción! Dime muchacho, ¿no te gustaría ganar mucho dinero y tener la vida resuelta?

-...-Astral lo pensó. ¿Ganar dinero? ¿Tener la vida resuelta? Pero si el ya era un Rey. Técnicamente ya tenía eso y más. Aunque no en este mundo-No, la verdad no. Y no me interesa...

Kaito quedo en blanco. ¿Acaso escucho bien? A ese joven no le interesaba su propuesta. Debía estar loco para rechazar algo así. Pero él no se sabía dar por vencido. No cuando aún tenia muchas cartas bajo la manga.

-Bu-Bueno, supongo que eso también esta bien. Pero dime, ¿Acaso no tienes ningun otro deseo? Quizá viajar, explorar muchos lugares con las mejores comodidades. O pagar tu colegiatura y no preocuparte por si reprobaras o no...

-...-Astral volvió a pensar. ¿Viajar? A ningún lado sin Yuma. De hecho si quería viajar, solo tendría que utilizar la nave de la llave del emperador. No necesitaba lo que el hombre le ofreciera-No, tampoco me interesa...

Kaito entonces pareció cambiar su postura a una mas rígida. ¡No se daría por vencido! ¡Ese joven debía estar entre sus filas! Eso o no sabría como mirar a su amada Akari a los ojos.

-Ya-Ya veo-Tosió falsamente-O quizá quieras fama, ser reconocido a cualquier parte que vayas, que todo ser humano sepa tu nombre y qué es lo que haces. ¡Serías famoso entre muchas chicas! O si lo prefieres, ¡Entre muchos varones!

Astral le miró. ¿Estar con demás extraños? No gracias. El ya tenía a Yuma, y eso era más que suficiente.

-No... Reiteró, no me interesa-Dijo fríamente.

Kaito se tenso. ¿Quién era en realidad este joven? No parecía ser atraído por los placeres o necesidades mas mundanos. ¡No quería nada de eso! Pero entonces, ¿Qué es lo que deseaba?

-Joven... ¿He?-Dudo. Estaba demasiado emocionado para preguntar incluso por lo más básico. Su nombre.

-...-Astral dudo por un momento qué contestar. Podía dar solo su nombre real y ya. Pero había un detalle. No tenía apellido. Se puso nervioso por un momento hasta que la respuesta llego por si sola a él, y con una sonrisa, lo dijo-Mi nombre es Tsukumo Astral. Un gusto.

-¿Tsukumo?... Astral...-Kaito parecía asombrado por un momento. ¿Acaso era el mismo apellido que él conocía? Acaso ese chico era alguien cercano a su amada novia.

-Sí, Tsukumo Astral. Y si me permite, me retirare de una vez...-Astral menciono levantándose, y camino hasta la puerta más una mano le detuvo.

-¡Es-Espera por favor!-Kaito se movió demasiado rápido incluso para él, logrando detener al joven peliblanco por uno de sus hombros.

-...-Astral le miro fríamente, odiaba que lo tocaran sin su consentimiento, pero de todas formas pregunto-¿Qué es lo que quiere?

-...-Kaito se sintió intimidado, por alguna extraña razón, más no iba a abandonar sus sueños- Espera, Astral. Dime... ¿Qué es lo que deseas? Haré lo posible para que suceda...

-...¿Lo qué deseo?

-¡Sí! ¡Por favor dímelo y haré que suceda!

-...- ¿Qué es lo qué el deseaba? ¿Poder, dinero? No. Nada de eso. Lo único que deseaba, amaba y quería, era a Yuma y a su bebé. Eso era todo. Aún si perdiera su reinado o sus títulos, seguían siendo cosas sin importancia. Hacia lo posible para que Yuma fuese recibido con agrado y amor, por que el menor se lo merecía. Pero si de verdad incluso llegara a ser expulsado de su mundo y la Tierra, no le importaría si estaba con Yuma. Eso no podía dárselo aquel hombre, que le veía con suplica.

Se sintió por un momento culpable. Pero sabía que ese no era su lugar. Ni mucho menos algo que debería estar haciendo. Yuma se enojaría si llegaba tarde a recogerlo. Aunque aun había un par de horas para eso. Él debía estar al pendiente. Y quitando la mano de aquel hombre se dispuso a salir.

-¡Por favor espera!-Fue lo que escucho a sus espaldas. Más lo ignoro, y comenzó a caminar a la salida. O eso pretendía hasta que sintió un peso extra en una de sus piernas. Miro hacía abajo y con sorpresa noto que era ese hombre, tratando de detenerlo.

-¡Señor Kaito! ¡No haga esto más difícil!-Astral comenzó a jalonear su pierna, moviéndola con dificultad. Miradas de los modelos y trabajadores no esperaron.

Ellos sabían que su jefe era un hombre honesto y capaz de muchas cosas. Pero verlo de esa manera. Solo provocaba miradas de extrañeza y lástima, una gotita de sudor estilo anime bajaba por sus cabezas, mientras el panorama se volvía de un tono azul y sombrío. Ese era su jefe. Ese jefe que amaban. Y ese jefe que suplicaba a alguien menor que él.

Astral seguía batallando, pero Kaito seguía aferrado a él como si su vida dependerá de ello. Todos los miraban e hicieron de la vista gorda ignorándolos. Aunque sinceramente apenas y podían.

-¡Señor Kaito suélteme! ¡O juro que lo golpeare!

-¡No! ¡Por favor no me dejes!

-¡¿De qué diablos habla?! ¡Apenas y lo conozco!

-¡Astral por favor! ¡Trabaja para mí o no podre ver a mi linda Akari a la cara!

Astral se detuvo por un momento ante el nombre mencionado. Y miro con molestia aquel hombre. ¿Acaso sabía de Akari? ¿Era esa misma Akari que su bello hijo noqueo en la mañana? ¿O era otra que desconocía? Quería estar seguro, y decidió no quedarse con esa duda.

-¿Akari? ¿Akari Tsukumo?

-¿He?...-Kaito dejo de abrazar un momento la delgada pierna y miro a su dueño- Sí, Akari Tsukumo. ¿La conoces?

-...- "Sí", es lo que quería responder, pero se delataría a si mismo. Pues él se agrego sin el consentimiento de la familia. Y que le preguntara a Akari, era un arma de doble filo.

Kaito noto esto, y decidió a preguntar.

-¿Pasa algo malo joven Astral?

Astral solo le miraba. No podía creer la situación en la que se metió. Debió haber noqueado aquel hombre cuando pudo. Pero no. Su curiosidad lo llevo a esto. Pero por suerte él era mucho más inteligente. Y si entro de alguna manera, de otra saldría.

-No...No realmente...-Miro al hombre aún aferrado a su pierna y habló con cansancio-...Escuche Señor Kaito. Sé que desea enormemente que trabaje para usted en el mundo de la farándula. Pero me temo que por razones de seguridad no podré hacerlo...

-¿Qué?

-Se que es difícil, pero esa es la verdad. No quisiera exponer a ninguno de mis familiares con este trabajo. Ni colocarlos en peligro, pues aunque no lo crea, tengo bastantes enemigos ahí afuera-Explico dándole una mano al hombre, el cual la aceptó ahora con cautela.

¿De qué hablaba ese jovencito? ¿Enemigos afuera? ¿Pues en donde se había metido a tan corta edad? Lo medito por un segundo. Meterse con la mafia japonesa, no lo creía. Era demasiado joven... A menos qué...

¡Fuera el heredero de una familia igual de peligrosa que una mafia! ¡Esa era una buena explicación! Pues una belleza como él, no pasaría desapercibido a menos que tuviera contactos muy, repito, muy peligrosos. Y además, Akari jamás le hablo de un familiar como él.

Ahora Kaito le veía con miedo. Su empresa podía peligrar si tan solo le hiciera enojar más. No. Definitivamente no quería eso. Y entonces, se inclinó en respeto. Astral solo le miraba extrañado.

-Discúlpeme joven Astral. No medí mis consecuencias como debía, espero me perdone...

Todos le miraban extrañados. Astral de igual manera, solo asintió.

-Como prueba de mi arrepentimiento, por favor, venga conmigo. Se lo devolveré en un obsequió por soportarme...Por favor siéntase libre de seguirme-Kaito entonces comenzó a guiarlo a un lugar desconocido.

Astral dudaba de la sanidad mental del hombre. Pero de todas formas le siguió. Seguía a Yuma después de todo. Seguir aquel hombre no haría la diferencia.

-.-.-.-

Una.

Dos.

Tres

Cinco.

Ocho caídas. Fue lo que le costo a Astral controlar aquella cosa en la que los humanos se trasladaban.

Esa moto color negra de ultimo modelo, era lo que ahora era suya. Todo por la amabilidad de aquel extraño hombre.

Astral no sabía exactamente por qué, pero no le tomo más importancia. Y después de que sus ropas fueron cambiadas a un atuendo respecto al color de la moto y la misma. Recibió aquella licencia de conducir improvisada.

Colocando su casco. Se despidió de aquel hombre que le miraba con nerviosismo. Salió conduciendo de aquel lugar. Por suerte se sabía las reglas de transito de ese mundo, más por un programa de televisión que por el mismo Yuma.

Fijo su vista en el retrovisor lateral derecho. Y pudo observar como es que quedaba atrás aquel lujoso lugar. Y con una sonrisa divertida se dirigió a donde su amado le esperaba.

Después de todo, ya tenía al menos quince minutos de retraso.