El cuarteto de amigos llego a reencontrarse después de terminadas las clases. Todos de alguna manera contentos por el día que ya terminaba.
III había contado como es que fue la reunión con su hermano y con Kaito. Ambos hombres después informarían la situación ante el panorama actual y cuales eran las estrategias que tenían que seguirse para terminar de una buena vez con aquel Villano, que más que parecerlo, daba la impresión de solo ser una constante piedra en el zapato.
Astral asentía satisfecho ante la ayuda prestada, Yuma de igual manera, agradecía por todo el esfuerzo que estaban poniendo ese par de hombres a la situación, eso les dejaba el pase libre a él y a el mayor para cuidar lo que les importaba, su bebé.
Vector, por lo contrario, saboreaba la victoria futura ante un Villano de pacotilla como lo era ese sujeto afeminado.
Aquellos amigos, sin prisa ni presión, llegaron a buena hora a la casa del menor, quien no dudo en dejarlos entrar, pues estaba seguro que la cena pronto estaría lista, por tanto, todos podían descansar un poco antes de seguir hablando del problema que se les estaba presentando.
Akari, al ver a los jóvenes llegar, atino a saludarlos más por cortesía, dejándoles de poner atención a los pocos minutos, pues un hombre de cabello azul, la acompañaba en la sala, sentado cómodamente en uno de los sillones.
III saludo a los miembros de la familia, que lo envolvieron en un cálido ambiente, mientras Vector solo atinaba a sentarse de una vez en el comedor a la espera de los manjares que preparaba la bella mujer de Kazuma.
Astral entonces al sentirse un poco más cómodo, fue entonces que noto a aquel hombre.
Ese cabello azul largo y bien cuidado, esas ropas de marca exclusiva que alguna vez Yuma le explico, y esa sonrisa depredadora, utilizada frecuentemente en los negocios, provocaron que Astral rememorara lo ocurrido.
Y mirando con detenimiento aquel hombre, dudo si ir y saludarle como era debido, o solo ignorarlo como lo hacia con Vector.
Después de todo, aun sentía a ese hombre colgando de su pierna, y eso le desagrado, claro además de rememorar todo su acoso.
Yuma noto la atención del peliblanco en aquel hombre, y sintiéndose confundido, no dudo en preguntarle.
-¿Pasa algo Astral? ¿Está todo bien? - Cuestiono preocupado, y logrando su objetivo, Astral le miro ausente, confuso y cansado.
-No... nada malo realmente solo...-Volvió a desviar su mirada a aquel hombre- Recuerdo cierto capítulo de mi vida que prefiero olvidar por lo fastidioso que llego a ser...
Yuma no supo como responder a eso, pero de igual manera asintió. Y al igual que Astral comenzó a mirar al novio de Akari. Ese sujeto que llegaba a ser presumido y vanidoso a puntos insospechados, además de ser un usurpador de hermanas.
El menor le miro levemente molesto, aun no se ganaba su confianza del todo, aunque sabia que era buena persona... A su manera, pero lo era.
Entonces como un flash, veloz y directo, fue que recordó alguna anécdota que le conto Astral a detalle en sus momentos de ocio. ¡Aquel hombre de cabello azul bien parecido, con el orgullo más alto que el monte Everest, pero no tanto como el de Vector! ¡Y esas ropas exclusivas que no son capaces de ser conseguidas por algún mortal a la velocidad de la luz! ¡No podía ser cierto! ¡Aquellas vagas descripciones por alguna manera calzaban con lo que era el novio de Akari! Pues en lo que él sabía, Kaito era dueño de una empresa de modelaje y mercadotecnia. ¡Tenia que ser él! Porque, si no, ¿Qué otro tipo te secuestra para hacer de las suyas en medio de la calle?
(Vector estornudo)
La mueca de Yuma paso de molestia, a incrédulo, para, por último, sonreír con burla. Su carcajada no salió de él, porque la contuvo con demasiado esfuerzo, Astral entonces le miro, y pregunto por medio de sus corazones el porque de ese comportamiento tan repentino, quería estar seguro de que el bebe no estuviera haciendo de las suyas en el cuerpo de Yuma.
El menor le dijo que no se preocupara, pero que ahora lo entendía. Kaito era el estúpido hombre que cayo confundido a las garras de Astral. (Aunque primeramente fue al revés). Entonces el mayor al entender lo que pasaba, sonrió.
Fue cuando Kaito, sintiendo la mirada acosadora de ambos jóvenes, volteo a verlos.
¡No podía ser cierto! ¡Aquel joven con contacto con la mafia estaba justo a unos pasos de él!
Su cara se puso pálida, sudor frio comenzó a recorrerle la espalda, y justo cuando su novia estaba por preguntar, ¿por qué de pronto se mostraba tan mal?, Con voz temerosa, dio sus saludos respetuosos a aquel al que alguna vez ofendió.
-¡Astral-sama! Que placer tan grande contar con su presencia... No, tenía idea que conocía a la familia Tsukumo... (A pesar de tener el mismo Apellido)-Susurro lo último.
Fue entonces que Akari le miro de extraña manera, tratando de encontrar alguna coherente explicación a tal situación. Yuma por otro lado, solo giro su cuerpo en un esfuerzo de tapar su sonrisa burlona y la creciente carajada que estaba por soltar, mientras Astral solo rodaba sus ojos a señal de fastidio. No necesitaba esas atenciones ahora, quería descansar, no volverse el centro de atención. Si así fuera, él ya se habría ido junto al menor al mundo Astral.
Los demás miembros de la familia solo ignoraron tal hecho como todos los demás con una sonrisa, pues a sus ojos solo era Kaito mostrándose tan respetuosos como siempre. III miro curioso el intercambio de palabras, mientras Vector solo miraba el fuego que era utilizado para cocinar, contando los segundos para que aquel sabroso festín ya estuviese listo.
Astral después de pensarlo mucho, solo suspiro, pero respondió de igual manera.
-Un placer volverlo a ver tan bien, Kaito-san, y si, en efecto. Conozco a la familia Tsukumo, pues ahora soy parte de ella, hace no mucho oficialmente. Nos estaremos viendo ocasionalmente de vez en cuando.
Kaito por otro lado, solo entro más en pánico, pero haciendo uso de sus habilidades adquiridas por estar al frente de una industria tan demandante como lo era la suya, dio una sonrisa torcida, y un asentimiento con su cabeza.
-¡Por-Por supuesto Astral-sama! Eso-Eso estaría bien para mí-Tartamudeó.
-Digo lo mismo...-Y con una reverencia por parte de Astral a manera de respeto, fue que aquel hombre dejo caerse en el sofá una vez más.
Akari le miraba de la misma manera, y preguntando preocupada, le dijo.
-¿Seguro esta todo bien? ¿Quieres ir a recostarte un poco? Parece que tu presión bajo, quizá te falta azúcar...
Kaito sonrió, sintiéndose bendecido por tan perfecto ángel, y negando levemente con su cabeza, le contesto.
-No... no es necesario, creo que, solo es el efecto del cansancio. Sabes bien que hoy tuve que trabajar unas horas extras por el mal arreglo de la iluminación para las fotografías de la reciente revista que será lanzara al público. Así que no te preocupes, Kari-chan, estoy bien. No te preocupes...
La mencionada solo le miro, no totalmente convencida, pero asintió. Hasta que recordó una cierta anécdota que le devolvió una sonrisa, era verdad, aun no le contaba acerca del idiota que se encontró Astral. Y estaba a punto de hacerlo hasta que escucho la voz cantarina de su madre a sus espaldas.
-¡Muchachos la cena esta lista! Por favor acérquense...
Y como si fueran palabras mágicas, Kaito se relajó, mientras Akari decidía dejar la anécdota para algún otro día, ahora si prometiéndose a si misma que se la contaría a su dulce e inteligente novio.
Astral por otro lado, sonrió con alivio al escuchar a la bella dama dar ese anuncio, y tomando a Yuma de la mano, ambos se acercaron hasta su respectivo lugar en la mesa.
La escena de la mañana volvió a repetirse, esta vez dando un ambiente ameno y alegre, dejando claramente de lado, aquellas miradas nerviosas del novio de Akari.
Astral solo conversaba con Yuma de cosas triviales, alternando una que otra opinión a los de su alrededor, Haru solo sonreía ante la bella familia que se estaba formando, mientras Vector y Michael tenían su propia conversación, de cosas extrañas y oscuras, pero que de igual manera lograban sacar de alguna manera una sonrisa al pelirosa. Kazuma y Mira se sonreían y conversaban como una pareja recién casada, el amor brotaba de ambos, a la vez que Akari contaba de manera alegre a su novio su día, Kaito mirando alternadamente a su novia y a su mayor riesgo, le asentía tratando de verse lo más normal del mundo.
El tintineo de los tenedores y palillos chocando con la vajilla era lo que sonaba de vez en vez, y ya cuando los integrantes de festín estaban a punto de terminar aquel manjar, algo llamo poderosamente la atención del peliblanco. Cosa que no paso desapercibida para su perspicaz prometido.
-¿Pasa algo Astral?
El mencionado le miro seriamente, para después desviar su mirada a la Llave del Emperador. Él pudo sentirlo. Su invitado inesperado había despertado, el Caballero de la Avaricia estaba listo para hablar.
-Es la hora...-Respondió en un tono frio. Pero eso fue suficiente para hacerle entender al menor acerca de lo que estaba hablando.
-¿Entonces? ¿Ya ha despertado?
-Cuestiono el menor tomando la llave entre sus dedos nerviosamente.
-Eso me temo... Necesitamos hablar con él lo más rápido posible... De otra forma no nos compartirá nada-Menciono en susurro, para después mirar al pelirosa, que sabía le había escuchado, pues ahora le veía seriamente.
-¿Es la hora Astral?-Cuestiono mirando como el mencionado asentía a sus palabras, entonces suspiro-Entiendo, llamaré a Kaito-san, deberá llegar en poco tiempo...-Dijo levantándose de la mesa, dando sus respectivos respetos a sus anfitriones, quienes le sonrieron con confianza.
Vector lo miro, para después sonreír con satisfacción. La tortura pronto comenzaría.
El novio de Akari por otro lado, solo se sintió extraño al ver tal intercambio de palabras, y sintiéndose en peligro, solo se acercó más a la pelirosa, no quería quedar en medio de una pelea de mafias o pandillas, o mucho menos de familias tan poderosas que podrían desaparecerlo junto a su empresa si gustaban. No señor, él aún tenía que vivir mucho. Tenia que dejar descendencia con su amada Akari, y lo que es mejor, tenia que dejar un poderoso y reconocido imperio comercial a su hijo no nato. Pero por ahora tenia que sobrevivir. ¡De eso se aseguraba él!
Akari solo le miro extrañada, pero de igual manera abrazo uno de los brazos de su novio, sintiéndose querida y feliz.
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Aquel ser no tenia mucho tiempo de haber nacido como lo era ahora. O eso es lo que le había dicho ese día su amo.
Ese ser de un bello parecer, su apariencia etérea e intimidante lo hizo caer de rodillas al siguiente segundo. Don Zausando se mostraba ante él en todo su esplendor.
Fue entonces que recibió aquel nombre.
¡Caballero de la Avaricia!
Él se sintió de alguna manera reconfortado, pues ahora tenia un nombre, y eso fue como un bálsamo para su aturdida mente. Pues había algo que aun hacia bastante ruido dentro de ella. Algo que de alguna manera le decía que eso no estaba bien.
¿Pero qué era bueno? ¿Qué era malo?
El no alcanzaba a entender bien los términos, quizá sus definiciones, pero no en donde podrían ser aplicados.
Le restó importancia cuando uno de los ocho elegidos, fue mandado de nuevo a ese sueño eterno. Pues se atrevió a hacer aquello que él consideraba un sacrilegio.
Tratar de golpear a Don Zausando.
Esa escena solo mostro lo cruel que podía llegar a ser aquel ser. Entonces todos bajaron la cabeza en sumisión y no dijeron nada al respecto.
Pero aquellas palabras dichas por el último de los caballeros. El que se supone sería el eslabón más fuerte entre ellos, hizo ruido en sus corazones. De alguna manera ellos sabían algo que lograban ignorar, Pero ¿qué?
-Huyan de este lugar mis hermanos, ¡Huyan hasta donde la oscuridad sea rechazada! ¡Vuelvan al paraíso de donde fuimos arrebatados! ¡vuelvan al mundo prometido! No escuchen al falso Dios. ¡No escuchen a Don Zausando! Es un impostor. ¡Es un impostor! ¡El Rey prometido no es él! ¡Y no lo reconoceré como tal! ¡Luchen mis hermanos! ¡Por nuestra libertad! ¡Por la verdad!
¿Qué significaba aquello? ¿Por qué lo recordaba justo ahora que estaba en un lugar desconocido atado por las cadenas doradas?
Maldijo en susurro, mientras trataba de acomodar su confusa mente.
¿Qué pecado estaba pagando? Quizá el no hacer llevado a cabo la tarea encomendada por su señor como era debido, después de todo aquel tipo de lentes raros solo era una pantalla. Una falsa cortina de humo que servía como el preludio.
Trato de mover su cuerpo una vez más, pero de alguna manera eso no ayudo en nada a su actual situación. Aquel sujeto de blanco era bastante bueno en hacer sellos aprisionadores.
Suspiro de nueva cuenta, miro entonces su armadura, estaba tremendamente dañada, heridas se veían por todas partes, que por suerte eran solo algo superficiales, aunque no podía decir lo mismo de sus heridas internas. Pues de vez en cuando su saliva dejaba saborearle el sabor de la sangre.
Rio rendido, volvió a caer en la misma situación que aquella vez que tan solo se atrevió a contradecir a su Amo. Solo que su contexto era diferente. Ya que las cadenas de su señor lo habían dejado bastante malherido y al borde de la muerte. Las cadenas doradas que era portador ahora, parecían más ser solo eso.
Cadenas que evitaban su escape, y eso era todo. Pues aquel lugar no tenia bestias que le atacaran, al contrario, ahora mismo estaba viendo un desierto a su alrededor, y un cielo sin luna o sol. Aquel lugar brillaba por si mismo. Pues pequeñas partículas de luz nacían y se desvanecían en el aire.
¿Por qué entonces si se supone estaba atrapado? ¿Por qué se sentía en casa?
Una nueva vorágine de emociones llegó a su estómago y pecho.
¿Por qué se supone qué él tenia que pasar por esto? ¿Por qué?
Y antes de que se viera sumergido de nuevo en sus pocos o nulos recuerdos, fue cuando los vio.
Aquel joven de cabello blanco, junto al chico de cabello negro y rosa. Sus miradas solo le hacían ver la desconfianza que le tenían, y sinceramente no los culpaba.
Fue entonces que escucho una risa tan siniestra, que lo único que hizo fue mirar en esa dirección.
Un joven de cabello naranja, acompañado por otro de cabello rosa y un sujeto envuelto en un traje de cazador blanco, fueron los que ocuparon su atención.
En ese momento lo supo.
El ya no saldría libre de ahí.
Devolvió su mirada al cielo oscuro del lugar, y con una sonrisa amarga, se despidió de aquellos a los que llamo hermanos.
Los caballeros de la Traición.
