Mira era una persona que se podía caracterizar de distintas formas. Una de ellas, era su infinita paciencia y conocimientos. Podías ver la sabiduría relucir en sus bellos ojos, y podías admirarla tan solo al moverse. Ella era alguien gentil y amable. Era extraño verla molesta o verdaderamente furiosa.
Sus vecinos agradecían tener a tan bella y compasiva persona viviendo en el vecindario. Su marido de igual manera, la presumía cada vez que podía. Siempre ella el tema de conversación que salía en sus reuniones anuales de buscadores de tesoros o historiadores.
No había ser en la tierra que temiera a tan bella Dama y Madre.
Hasta ahora.
Pues aquella Dama pisaba el acelerador como si no hubiera mañana. Su marido quien iba de copiloto, solo atinaba a aferrarse al asiento del auto. Rezando internamente a cada Dios que podía recordar, había visto y conocido. Acelerando, fue que comenzó a rebasar a todo aquel que la bella Dama creía un estorbo. Su objetivo yacía en el hospital de Heart City. Y dando un volantazo, el auto dio un ligero salto a la vez que cambiaba de ruta. Pasándose el semáforo en rojo.
Kazuma entonces tomo con fuerza el cinturón de seguridad, el cual ahora ya estaba enrollado en su cintura y torso. Él era alguien de peligro. Cosas tan simples como esa no deberían atemorizarlo. Pero quién iba manejando era quién le aterraba. Pues calles atrás, ya había arrasado con algunos vendedores ambulantes y puestos callejeros. Al igual que algunas mesas de restaurantes o cafés. La que era su mujer, en este preciso momento, era quien no media el peligro de sus acciones.
Su lindo seño fruncido y sus labios apretados hasta casi hacer una línea era prueba de la desesperación y el enojo que sentía. Hace poco, uno de los amigos de su hijo y yerno le hablo, notificándole el percance que ambos tuvieron. Ella entonces recuerda haber votado el teléfono y haber jalado a su marido al auto. Y de ahí, solo tontas personas estorbándole el camino.
Un nuevo volantazo hizo que el auto se ladeara por un momento. Y a su marido casi le da un infarto por tan pequeño movimiento. Ella solo rodo los ojos a señal de fastidio. Y tomando de nuevo su velocidad, fue que por fin vislumbro el hospital a lo lejos. Su semblante entonces pareció recuperar un poco de la tranquilidad, pero eso duro poco. Pues aun tenía que asegurar la seguridad de su hijo, yerno y su nieto.
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III se la paso todo el camino mirando a la pareja. La cual hacia lado a lado en aquellas frías camillas. Cada uno ahora tenía puestos oxígeno y otras cosas que apenas podía distinguir, pues los paramédicos no habían dejado que observara demasiado, ya que se mantenían tratando de estabilizar a los jóvenes.
El diagnóstico rápido fue un Shock eléctrico. Algún accidente tuvieron que haber tenido para que tal magnitud de fuerza en electricidad pudiera noquearlos, y por suerte, no matarlos. Sus pulsos eran débiles, pero constantes. Ellos al parecer no se habían rendido. Y eso le agrado al pelirosa.
Más y más cosas fueron conectados a ambos, y en ese pequeño trayecto. Un presentimiento negativo se hizo presente. Así que sin perder el tiempo, fue que saco su celular, y llamando a la madre de Yuma, fue que apenas y tal presentimiento pudo disiparse un poco de su corazón. Aun así, había algo que le gritaba con fuerza. Algo no estaba bien. Y no iba a estarlo hasta que sus amigos se despertaran.
-.-.-.-.-
Kaito yacía preparando el posible escenario que estaba seguro se presentaría. Ya había deshabilitado salas enteras en aquel hospital, a la vez que reservaba el posible quirófano que Yuma o Astral podría ocupar. Hubieron muchas quejas de parte de los pacientes ya antes instalados, pero no lo intereso.
Preparo a los médicos más aptos y capaces que tenía el hospital, y esperando en la entrada de emergencia, fue que después de unos minutos, la ambulancia que trasladaba a sus amigos llego.
Dos minutos fue el tiempo total que tardaron en bajarlos y adentrarlos. Cada uno siempre manteniéndose al lado del contrario. Sus ojos cerrados y su piel antes brillante, ahora estaba pálida. Ambos parecían fantasmas. Más el peliblanco por su color de cabello.
Y supervisando que todo fluyera como debería fue que Kaito fue sacado de la sala de emergencia, ya que como estaba, podía contaminar el aire solo con su presencia. El equipo que preparo con antelación fue que puso manos a la obra y comenzaron a buscar la razón de el desvanecimiento de ambos jóvenes. A la vez que comenzaban a cortar aquellas prendas y cambiar algunos aparatos por otros.
Kaito entonces se encontró con III afuera en la sala de espera. Ambos hombres solo se miraron. Uno pedía explicaciones, el otro solo miraba con culpabilidad al otro. ¿Cómo había sido posible que una tarde tranquila terminara por convertirse en una pesadilla? El mayor entonces solo suspiro, y sentándose en uno de los tantos sillones, fue que señalo el de a lado para que el pelirosa se sentara. Lo cual, hizo en seguida, dejando salir un par de lagrimas mudas.
Se escuchaba afuera algunos truenos y relámpagos. III entonces rogo de que su compañero llegara con bien al hospital, junto a la ángel responsable de tal incidente. Y después de unos minutos en silencio, fue que Kaito hablo.
-No fue su culpa... III, no sabían que algo así iba a suceder...-Intento consolar al pelirosa. El cual le miro levemente molesto.
-¿Qué no fue nuestra culpa? ¿De que hablas? ¡Es obvio que fue nuestra culpa! Si no nos hubiéramos confiado nada de esto hubiese pasado... Si tan solo, hubiéramos estado atentos... Yuma y Astral no... Oh Dios mío-Menciono colocando sus manos en su rostro. Hundiéndose en aquel asiento. Pequeños sollozos apenas eran audibles para el mayor, quien suspiro de nueva cuenta.
-Sí estamos para echar culpas, entonces por favor contémplame en ella...-Pidió al pelirosa, el cual parecía ignorarlo- También era mi deber detectar que algo así no pasara. Mi deber era mantenerlos fuera de peligro... ¡Vaya que en algún momento no tuvieran que preocuparse de nada! ¡Ellos ya han tenido sus batallas! ¡No necesitaba nada que esto pasara! ¡Ellos no...! ...-Su voz fue apagándose, mientras descubría que un par de lágrimas rodaban por sus mejillas- No es justo... Simplemente no es justo...
Kaito entonces se paro de aquel sillón y miro al techo, tratando de que sus sentimientos no nublaran o ganaran esta pelea. Y apenas lográndolo con gran esfuerzo y un par de respiraciones, fue que se coloco enfrente del menor. El cual seguía aferrado a su propio rostro.
-Se qué te sientes mal... Yo también Michael... Pero ahora nuestros amigos que luchan por su vida están ahí dentro-Señalo la sala de urgencias- Y nos necesitan. Más ahora que nunca. ¿Puedes entender eso III?
El pelirosa entonces solo asintió. Y después de un par de minutos se digno a mirar al mayor. El cual lucía derrotado, cansado. Más mentalmente que físicamente. Y retirando sus manos de su rostro, fue que poco a poco comenzó a limpiar sus lágrimas.
-Tienes razón...-Menciono débilmente al mayor- Lo... Lo lamento Kaito... Pero-Sus ojos volvieron a amenazar con derramar mas lágrimas-Pero yo estaba ahí. ¿¡Qué no se supone que hicimos todo esto por ellos!? ¿Es qué acaso de verdad somos unos inútiles ante los peligros que acechan?
Kaito se vio afectado de ver tan alterado al menor. Pues le recordaba a su propio hermano, y armándose de valor. Le abrazo. El menor se sorprendió, más al final dejo hacerse, escondiendo su cara en el pecho del mayor. Quien ahora le acariciaba como una madre a su hijo.
-No eres tu quien habla...- Mencionó casi en susurro al pelirosa-Es normal que sientas impotencia. ¡Maldición yo también la siento! Pero debemos ser fuertes y prepararnos ante lo que se venga junto a esos dos. Somos sus amigos, y como tales. Debemos asegurarnos de que ellos estén bien. Se los debemos. Y ellos se lo ganaron justamente-Alejo un poco al menor, tomándolo de los hombros- ¡No somos inútiles! Solo no vemos más allá de lo que podría ser evidente... Y eso podemos corregirlo. Que esto nos sirva como una lección de que no debemos confiarnos. Ante nada, y ante nadie.
Michael entonces asintió. Triste y abatido. Kaito entonces le sonrió con tristeza. Ambos entonces cerraron sus ojos ante el momento. Aguantando las ganas de derrumbar la puerta para ver a sus amigos. Pero como si fuera el destino. Un par de voces se hicieron presentes.
-¡¿Donde están mis Señores?! ¿Dónde es que se encuentran? Tú- Señalo la recién llegada al mayor-¡Dime donde es que están! ¡Debo protegerlos! ¡Debo de...!-Estaba por seguir exigiendo hasta que la voz a sus espaldas la detuvo.
-Oye, ¿Qué acaso no te enseñaron modales mocosa? No se grita en un hospital...-III entonces levanto su mirada esperanzado.
Vector hacía acto de presencia en aquella sala. Y sonriéndole de vuelta, fue que se dirigió al menor.
-¿Ya tan rápido me cambias por un nuevo compañero? De verdad que no puedo dejarte solo por un momento...-Menciono, dejando atrás a la ángel. La cual se mordía los labios con impotencia. Después de todo le había prometido que no haría ninguna estupidez. Y dirigiéndose a una esquina, se sentó en el suelo, esperando respuestas de aquellos que estaban con sus Señores.
III entonces, se levanto de aquel asiento y fue en busca de su compañero, quien lo recibió con los brazos abiertos. Y susurrándole le consoló.
-Tranquilo... Calma. Ellos estarán bien. Ya verás. Esto solo fue un pequeño descuido. Un desliz de lo que pronto reiremos... -III asintió escondiendo su rostro en el cuello del mayor. Quien solo atino a abrazarle más fuerte, apegándolo más a su cuerpo.
Kaito vio aquella escena, y decidió mejor mirar a la ángel. Pues sentía que interrumpía un momento bastante íntimo, de quizá, muy probablemente, próxima pareja.
Y encaminándose a su nueva informante, fue que se agacho a la altura de aquella ángel. La cual, le miro con desconfianza.
-¿Qué es lo que quieres? ¿Vas a decirme sobre mis Señores? ¿Están en este extraño lugar verdad?-Cuestiono la bella Dama aquel chico. El cual solo le sonrió con tranquilidad. Manteniendo su distancia.
-Sí y no... Estoy aquí para que puedas ilustrarme que paso con ellos...-Aquella ángel le miro con molestia, Kaito entonces se percato que debía de cambiar de estrategia- Ok. Hagamos algo. Tú me dices que paso y yo te daré informes sobre tus Señores. ¿Qué te parece?-La ángel le siguió mirando igual- Bien, Bien tu ganas. ¿Qué te parece si tu me das lo que busco y yo te doy lo que buscas? Eso incluye dejarte estar a su lado una vez salgan de peligro. ¿Qué dices?
Entonces aquella ángel sonrió asistiendo brillantemente. Eso si le parecía un trato justo. Kaito quedo embelesado por un momento ante la imagen mostrada por aquella Dama. Pero fingiendo toser, disipo aquélla escena de su mente.
-Bien. Entonces, ¿Que le parece si comienza señorita...?
-Ema... Mi nombre es Ema...
-Señorita Ema. ¿Puede decirme que paso exactamente?-Cuestiono sentándose delante de ella en el suelo. La ángel solo asintió en respuesta.
-Sí. Verá joven...
-Kaito...
-Joven Kaito. Cuando mi Señor. Mi Rey Astral termino aquel ritual de Unión. Algo malo paso con ello...
-¿Algo malo?-Cuestiono con interés el mayor.
-Sí. Algo realmente malo. Pues ambos no sabíamos que yo tenía un sello oscuro en mis recuerdos... Lo cual ocasiono una colisión entre magias y energías en su cuerpo...
-¿Sello? ¿Si quiera es posible hacer eso?-Cuestiono Kaito recordando todo lo que sabía de manipular memorias y recuerdos a su antojo. Pero por más que trata de encontrar algo que se pareciera aunque sea un poco. Esto simplemente no coincidía. Pues sus métodos no recurrían a la magia, si no más bien a corrientes y métodos psicológicos y filosóficos.
-Sí en efecto-Respondió seriamente aquella ángel- Es imposible si quiera hacer algo así... Al menos para ustedes...
-¿Para nosotros?
-Humanos. Los humanos no pueden hacerlo. Más si un ser Astral... Son los únicos que poseen una gran habilidad para hacerlo. Aunque debo aclarar que en todo el mundo Astral, solo hay unas cuantas personas que pueden hacerlo. Una de ellas de hecho, deserto hace millones de años... Él es el autor intelectual de esto...
-¿Él?-Kaito esperaba que no mencionara el nombre en su mente.
-Sí. Tu debes conocerlo como Don Milenario... -Kaito sintió por un momento su mente irse. Eso terminaba de confirmar lo que menciono Erí-Pero nosotros lo conocemos como Don Sauzando... Él ahora es un ser lleno de maldad y podredumbre. Ha traicionado sus principios y ahora busca hasta el cansancio deshacerse de alguien en especial. Alguien que interfiere en sus planes...
-¡Yuma!-Menciono alterándose momentáneamente. Atrayendo la atención de los compañeros a lo lejos. Los cuales al escuchar ese nombre se acercaron para escuchar.
-En efecto. El Reina Yuma... Don Sauzando busca deshacerse de él lo más pronto posible. Ya que interrumpe sus planes...
-¿Qué planes?-Pregunto el pelirosa, atrayendo la mirada de la ángel.
-No lo sé...-Bajo su cabeza por unos segundos antes de volver a mirarlo- Él no compartía nada además de lo que nos toca a nosotros...
-¿Ustedes?-Cuestiono el pelinaranja.
-Sí. Nosotros. Los antiguos Guerreros de la Esperanza. Los más cercanos a los antiguos y prometidos Monarcas. Nuestra misión es velar por la Familia Real Astraliana, así como de nuestros ciudadanos. Es nuestra principal razón de existir... Pero... Ahora nuestra noble tarea a sido mancillada por aquel sujeto. Y por eso es que...-Miro a la puerta de la sala de emergencias-Nuestros actuales Monarcas están en peligro-Sus ojos comenzaron a derramar lágrimas- Se supone debemos protegerlos. Y ahora por mi culpa están así... ¡Ja! Soy una inútil...
Los oyentes le miraron de distinta manera. Kaito y III le miraron con compasión y culpa. Mientras Vector solo rodaba los ojos en fastidio. Más no dijo nada.
-Te entendemos-Menciono el pelirosa. Agachándose a la altura de la ángel. Y colocando una de sus manos suavemente en uno de los hombros de Ema, continuó- Nosotros se supone que les protegeríamos aquí en la Tierra. Pero... Puedes ver que fallamos miserablemente. Ni si quiera pudimos acercarnos a tiempo para detener aunque sea a Yuma...
La ángel les miro con interés. Y apenas sonriendo tenuemente, hablo.
-No... Ustedes no son culpables... Hicieron lo que pudieron. Digo, lograron detenerme cuando apenas era un Caballero...-Los oyentes le miraron confundidos, pero asintieron- Así que... Dejemos que esto solo así. Nosotros los Guerreros vivimos para ellos. Y aun así les fallamos. Ustedes de manera distinta aunque similar les ha pasado lo mismo. Asumamos que ahora somos unos inútiles hasta que despierten...
-No. No puedo permitirme sentir así-Menciono Vector medianamente molesto- Nosotros hicimos lo que pudimos. Hicimos nuestro esfuerzo. Que los hayan tomado por sorpresa es otra cuestión. Sí. Es verdad. Nosotros debemos protegerlos. Pero también debemos asumir que no estaremos ahí todo el tiempo. Fue solo un error. Y estoy seguro, que ellos lo verán así. Ellos no nos culparan por algo que en un principio no sabíamos que llegaría. Nadie estaba preparado. Ni el idiota de blanco lo supo hasta que fue tarde... Así que, ¡No soy un inútil! Pues hice lo que pude...-Desvió su mirada al pelirosa-Hicimos lo que pudimos... Y no me convencerán de lo contrario...
Kaito estaba asombrado. Pasmado con lo dicho por Vector. La ángel estaba de igual manera. Pues le consideraba un tipo malo. III por otro lado le miraba soñador y orgulloso. Ese era su Vector.
-Así que dejen de lamerse las heridas y comiencen a actuar como lo que Yuma y el Astraliano necesitan. Ellos nos necesitan ahora. Fuertes y decididos. No a un montón de tontos que lamentan algo que no pueden cambiar...-III sentía estar en el paraíso. Kaito y Ema solo sonrieron en acuerdo.
Que buen motivador era ese peligro andante. Y tanto el pelirosa como Kaito, seguido de la ángel, se pararon del rincón. Ahora llenándose a sentar en los cómodos sillones. Vector les siguió momentos después, sentándose a un lado de Michael.
La ángel entonces fue que por fin decidió curarse así misma. Pues consideraba que eso era su castigo por no cuidar como se debe a sus Señores. Pero como el pelinaranja menciono. Ellos los necesitaban fuertes y en su mejor versión.
Kaito vio el momento de seguir interrogándola.
-Volviendo al tema... Señorita Ema...
-Ema... Solo Ema. Esta bien-Permitió la ángel terminando sus curaciones, mirando al mayor. Kaito asintió con una sonrisa.
-Ema. ¿Podrás hablarme más acerca del sello que nos ha llevado a todo esto?
-Por supuesto- Sus oyentes entonces colocaron la atención debida- El sello oscuro de Mahad. Así es como se llama. Ese sello es tan antiguo que hasta sus orígenes no se saben muy bien. Pero se cree que lo hizo un poderoso hechicero de algún mundo o Tierra lejana. Para ayudar a sus semejantes o algún poderoso Rey. A ciencia cierta no lo sabemos. Pero aquel sello fue encontrado por nosotros hace millones de años. Su uso solo fue permitido para proteger a nuestros Reyes y Reinas. Y nuestros Monarcas lo usaron para crear paz y tranquilidad. Sin embargo, por lo visto. Ahora a caído en manos equivocadas...
-¿Es ese sello tan poderoso?-Cuestiono el pelirosa intrigado.
-No es de que sea por sí mismo peligroso. Lo que hace que sea un peligro es la manera en como y en quién lo uses. Nuestros Reyes tenían un uso prohibido y limitado. Usualmente siempre pedían permiso a quien debían colocarlo y esta parte debía estar de acuerdo en su uso. Aunque... Este puede ser puesto a quien sea y por cuanto tiempo se desee... Mis señores sufrieron las consecuencias de quitarlo sin precaución y sin el cuidado y ritual necesario... Y Don Sauzando tiene un conocimiento peligroso sobre eso...
-Así que el imbécil sabe demasiado ¿No?-Menciono Vector a lo cual, solo la ángel asintió.
-Eso me temo. El después de todo fue un Astraliano...
-¡¿Fue un Astraliano?!-Cuestiono de nuevo el pelinaranja sorprendido por aquella revelación. Los otros dos también estaban asombrados por ese hecho.
-Sí. Así es. Pero, eso fue hace millones de Años más atrás... Ahora él es un Varian en toda regla y forma... Y no creo que haya manera de regresarlo a su verdadero origen...
Eso puso a pensar a los oyentes. ¿Acaso su enemigo desde un principio era así? No podían creerlo. Era demasiado malo para ser un ser puro como Astral. Pero tampoco debían olvidar. Que entre mundos muchas cosas pueden pasar. Hay historias que no eran dichas, palabras y secretos que no eran revelados hasta mucho tiempo después. Así que queriendo seguir con aquel interrogatorio, fue que volvieron a mirar a la ángel. Más fueron interrumpidos por un par de tacones que sonaban a toda prisa en su dirección.
La bella madre de Yuma hizo acto de presencia siendo seguida de su marido en un estado decadente y visiblemente traumado. Pues por alguna razón sostenía un cinturón de seguridad en sus manos.
Mira entonces miro aquéllos en la sala de espera. Sorprendiéndose momentáneamente de la ángel sentada junto a los jóvenes varones. Más recordando que ella venía del mundo Astral. Solo atino a sonreírle, y pasándolos de largo fue que se acerco a la puerta de emergencias. Más fue detenida por un Kaito levemente alterado.
-¡Señora Tsukumo! ¡Deténgase por favor! ¡No debe entrar sin autorización!- Y como si fueran palabras mágicas. Aquella bella Dama se transformó en un peligro andante. Y mirando fríamente a quien se atrevió a detenerla. Hablo.
-¿Que dices? Kaito-san. Ten por seguro que si algo le pasa a mi bebé. Me asegurare de que tú y tu maldita compañía caiga en picada al suelo. Entonces no tendrás lugar a donde ir y esconderte de la miseria que te hare pasar después de ello. ¿Me has escuchado?
El mencionado solo atino a asentir con rapidez. Sorprendido de que aquella bella Dama haya hecho una amenaza tan alarmante. Y Mira, sintiéndose satisfecha, entró sin ningun cuidado aquella sala de Emergencias. Dejando atrás a su marido, quien le miraba con ojos soñadores. ¡Esa era su esposa!
Los demás solo le veían incrédulos.
¡Esa mujer daba miedo!
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Dentro de aquella sala se mostraron distintas camillas. Las cuales justo ahora estaba desocupadas. Mira observo con detenimiento aquellas que tuvieron algo desordenado o fuera de lugar. Ubicándolas rápidamente.
Se acerco hasta las que creía habían sido ocupadas, y leyó los nombres puestos con rapidez en las pizarras al pie de la cama. Yuma Tsukumo. Astral Tsukumo. Era lo que se alcanzaba a leer. Y entonces leyendo supo donde encontrarlos. Alarmándose al momento. Pues ambos jóvenes habían sido mandados a Rayos X. Y eso sabía de antemano, era perjudicial para el bebé que ahora cargaba su bello hijo.
Y tomando una postura como si fuese a entrar a una Guerra. Fue que corrió a las salas descritas.
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Aquellos doctores, después de una larga lucha para estabilizar a ambos jóvenes fue que decidieron pasarlos a Rayos X, para buscar mas a fondo si había algún daño o problema que perjudicara a sus pacientes.
Colocaron entonces aquel peliblanco en aquel aparato y procedieron a quitarle su arete. Pues eso impediría funcionar como se debe al escáner. Una enfermera noto que de igual manera el joven pelinegro y rosa también tenia un arete. Así que evitando futuros desastres procedió a quitarlo.
Astral entonces fue sometido con rapidez a tomar aquella radiografía. Láseres de luces comenzaron a rodearlo y en menos de dos minutos ya había terminado el procedimiento. Mostrando sus órganos internos así como sus venas y sus huesos. Los cuales se separaron virtualmente para la comodidad de los especialistas. Y notando como es que algunos de sus músculos y órganos parecían estar levemente dañados. Fue que comenzaron con un procedimiento diferente. Tratando de atender aquellas heridas internas que parecían no querer cerrarse. Fue llevado a quirófano de emergencia. Mientras mandaban traer bolsas de su tipo de sangre. O positivo. (La sangre de Astral cambia a la humana cada que cambia de forma a ella)
Por otro lado. Apenas comenzaba a preparar aquel joven de cabello que desafiaba la gravedad. Hasta que un grito se escuchó en la puerta.
-¡¿Qué diablos creen que hacen?!
Una Bella Dama estaba parada en la entrada. Su seño fruncido y sus ojos tan fríos como el hielo solo denotaban su furia. Aquellos doctores entonces se miraron entre sí, no sabiendo que hacer exactamente. Pues el Señor Kaito había sido específico en ayudar como sea y de cualquier manera a ambos jóvenes. Y que aquella Dama llegara a exigirles otra cosa. Eso los ponía entre la espada y la pared.
Una enfermera levemente molesta, se acerco aquella Dama y le indicó con amabilidad que saliera. Más como si hubieran echado gasolina al fuego, aquella Dama explotó en furia.
-¡No! ¡No me moveré de aquí hasta que me entreguen a mi hijo intacto! ¿Es que acaso no lo saben? ¡Él es susceptible a entrar en gravedad si tan solo se expone a tan fuertes radiaciones de los láseres y Rayos X! ¿Acaso quieren matarlo?...
Fue entonces que los Doctores entraron en pánico. Pues el expediente del joven no tenía nada de aquello que la Dama gritaba. Pero por otro lado, si la Dama lo decía con tanto fervor. Entonces debía ser cierto. Y con temor a ser demandados por alguna negligencia. Fue que sacaron al menor de ahí. Anotando en las siguientes ordenes proceder con estudios que no tuviesen nada que ver con radiación o más Rayos X.
Mira sonrió entonces con triunfó. Y siguió de cerca lo que venía para su hijo, asegurándose de siempre estar a su lado mientras Astral estaba en quirófano. Rezaba por que su operación saliera bien.
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Horas angustiantes pasaron para aquella pobre madre que ahora por fin descansaba a un lado de la cama de su hijo en una silla acolchonada y cómoda.
Yuma ya había salido de peligro y fue mandado a terapia intensiva, a la espera de su despertar. Mientras esperaban a su compañero de cuarto, el cual por suerte, apenas entraba en camilla siendo custodiado por un sequito de enfermeras y especialistas. Los cuales después de instalar lo necesario. Le pasaron a la cama ya antes preparada. Dejándolo suavemente y cómodamente acostado en la mullida cama situada a un lado de la de su compañero. Y dando los resultados a la angustiada madre. Fue que con una reverencia daban por concluido su labor.
El reloj marcaba las 3 de la mañana.
Mira entonces supuso que los visitantes ya estaban por ser avisados. Y tomando la mano de su hijo, fue que la acarició. Susurrando palabras de aliento.
-Eres fuerte Yuma. Muy fuerte... Esto no va a detenerte. Te conozco. Y se perfectamente que los tres lograrán salir de lo que sea que haya pasado... Tú y mi bello nieto o nieta, saldrán vencedores de esto. Lo sé...
Y depositando un suave beso en la mano de su hijo, fue que ahora se traslado a un lado de Astral. El cual lucía cansado. Y de igual manera como lo hizo con Yuma, le susurro.
-Astral... Mi bello yerno Astral. Se qué no estas acostumbrado a esto. Se que es nuevo para ti. Pero debes ser fuerte. Por ti, por ellos. Por tu familia que esta esperando a que despiertes. Por Yuma. Por tu hijo o hija... Debes ser fuerte. Por todos nosotros. Por que nosotros, sin duda te apoyaremos... Los apoyaremos. Pero por favor. Despierten pronto...
Unas lágrimas mudas rodaron por sus mejillas. Mientras tomaba con cuidado la mano de Astral para poder unirla a la de Yuma. Ambos tocándose mutuamente. Fue que aquel ritual de energía se presento. Para la maravilla de aquella madre. Quien observó como una sombra salía del cuerpo del mayor. Solo para ser remplazada por una energía pura y celeste.
La pareja entonces pareció sonreír levemente.
Mira entonces supo. Que todo estaría bien. Y encaminándose a la salida. Fue que menciono unas buenas noches, antes de ir a encontrarse a su esposo. Y a aquellos amigos valiosos que ayudaron a sus hijos en su mas grande momento de necesidad. Unas alas parecieran salir de su espalda. Soltando plumas blancas en los pasillos.
Una Bella Dama por fin encontraba paz. Pues su Guardián innato en ella, sonreía al mundo calmado.
La Bella Madre por fin calmaba sus lágrimas. Y su corazón. En espera que aquellos jóvenes hicieran lo mismo al abrir sus ojos.
