Perdido. Así es como se sentía el actual soberano del Mundo Astral. Y no era para menos. Pues lo que sus ojos le mostraban, era una broma de mal gusto. ¿De verdad? ¿De verdad todo eso era cierto? ¿De verdad aquel lunático era y siempre será su progenitor? No. No podía ser cierto. ¡Eso no podía ser verídico!... Pero. Ahí estaba. Aquel loco al que enfrento cargando aquel bebé tan tierna y maternalmente que era imposible ahora negar ese hecho.

Su mente estaba hecha un caos. Ya que aquella imagen ahora quitaba con fuerza su creencia que daba por sentada. Él no tenía padres. Él nació por necesidad del Mundo Astral. Él nació por decisión del Mundo Astral. Esas palabras. Lo que creía había sido su pasado. Ahora estaba roto.

No. No podía creerlo.

No supo en que momento había salido de la habitación. Ni de los gritos que Yuma le dio, llamándolo preocupado. El solo quería salir. Quería irse. Quería alejarse de aquello que se le fue restregado con fuerza. Su corazón se sentía estallar. Su cuerpo comenzó a temblar severamente. Y sin darse cuenta un par de lágrimas salieron de sus tristes ojos. Corrió. Corrió lo más que pudo, ni si quiera se atrevió a mirar hacia atrás. Sentía que si lo hacía esa escena iba a golpearlo una vez más con fuerza.

Sus piernas lo llevaron hasta la salida de aquel Palacio. En donde ahora cientos de personas, tanto seres Astrales como Varians estaban reunidos, a la espera de algo. De qué, eso ahora lo ignoraba.

Y deteniéndose un momento. Fue donde se dejo caer. Sus rodillas impactando contra el duro suelo. Y sus esquemas y creencias ahora rotas. Por más que lo pensaba, menos podía asimilarlo. ¿Cómo era posible que aquello tan importante se le fuera ocultado? ¿¡Por qué nadie se lo había dicho?! ¡¿Por qué?!

Su corazón y mente exigían explicaciones. Muchas. Explicaciones y razones largas y extendidas. Por que por más que deseara. Su mente poderosa y casi inquebrantable. Estaba sufriendo un colapso. Se negaba a creerlo. Se negaba a ser el hijo de ese sujeto.

Sus manos pasaron a su rostro. Ocultándolo. Más lágrimas de furia y frustración se hacían presentes. ¿Por qué pasaba eso cuando más feliz se sentía? ¿Cuál era la verdadera razón detrás de toda esa verdad? Aunque ahora que lo veía. ¿Qué era verdad?

No. No era momento para pensar algo que justo ahora negaba. No podía. No... Simplemente... No.

-.-.-.-

Yuma quiso correr detrás de su amado. Más una mano le detuvo. Ese era Erí. Quien le negó levemente con su cabeza.

-No mi Reina. No vaya...

-¡Pero Astral! ¡Él...!

-No mi Reina... Él ahora necesita estar solo... Procesar lo que acaba de ver... Ha sido un golpe demasiado duro. Ya que por lo que vi antes, él no recordaba nada de esto...-Menciono Erí viendo a su alrededor. Posando su mirada en el antiguo Reina, quien mecía con lentitud a un tierno Astral. Susurrándole palabras cariñosas y llenas de amor. Para después cantarle una bella canción de cuna.

Yuma entonces solo se tranquilizó. Para él también había sido una fuerte revelación, ya que, como el mayor, él también dio por sentado la cero existencia de los padres de Astral. Aunque la diferencia radicaba en que él, no era Astral. Así que solo podía imaginar lo que su amado estaba sintiendo justo ahora.

Debía ser doloroso. Chocante. Y hasta cierto punto aterrador... Fijo su vista en aquel ser que alguna vez quiso matarlo. Y le observo.

Aren ahora cantaba en voz afinada una bella canción de cuna a su hijo. En su mirada no había otra cosa que devoción y amor dirigida al pequeño bebé en sus brazos, al cual acunaba tan tiernamente que hizo dirigir sus brazos a su propio vientre.

Se sintió extraño. Ajeno a lo que le rodeaba. Por más que veía esa escena, había algo que no podía encontrar. Y eso era a Don Milenario. No podía dar con ese ser maligno en aquel sitio. Lo único que podía ver era a un padre bastante feliz con su hijo. Y eso era todo. Aren. Como lo llamo Erí. Era el único en la habitación.

¿Pero por qué?

Un par de lágrimas bajaron por sus mejillas. Se sentía aterrado. Se sentía tan fuera de lugar. Se sentía... Solo. Giro su vista a su lado. No había nadie. Sus ojos comenzaron a derramar más lágrimas de tristeza.

¿Por qué estaba llorando?

No lo sabía. Ni supo el momento en el que sus piernas comenzaron a sacarlo de ahí. Dirigiéndose lentamente a otro sitio. Cualquiera ahora estaría bien... Cualquiera... Si Astral estaba ahí.

Astral...

Entonces corrió. Corrió con todas sus fuerzas. Su corazón llamando al contrario. Sus ojos llorosos y su visión borrosa no fue impedimento para salir al exterior. La luz del lugar le deslumbró, lo cual le obligó a cerrar sus ojos. Más al abrirlos de nueva cuenta pudo verlo. Aquel ser que tanto amaba.

Derrotado en el suelo.

Sus lágrimas se intensificaron. Le dolía lo que descubrió. Pero lo que rebasaba ese dolor era ver a su amado en tal estado.

Se acerco con rapidez. Y con sus brazos entonces le envolvió. Su rostro pegándose a la espalda del contrario. Ahogando sus sollozos. Astral al sentir como era envuelto en un abrazo solo giro poco a poco su cabeza, como temiendo ver algo realmente malo. Fue un alivió ver a su amando Yuma. Y entonces suspiró. Dejando salir todo aquello que estaba atorado en su garganta.

Aquel mundo que estaba en pleno apogeo, en ese momento ignoraba tal escena. A excepción de aquel Guerrero que no dudo en seguir a su Reina. Y que ahora, dejaba ser aquellos dos jóvenes en shock. Una lágrima muda rodo por su mejilla. El dolor era tan grande que incluso con su vínculo de Unión, podía sentirlo como propio. Sin embargo él sabía que todo aquello era necesario para lo que venía. Aun faltaban muchas cosas por recorrer. Y él procuraría estar ahí. Esta vez. Sin fallar.

-.-.-.-

¿Cuánto tiempo es que había pasado desde aquello? No lo sabia con exactitud. Pero ahora su mente estaba más calmada. Más alerta a su alrededor. Más clara.

Giro de nuevo su cabeza y vio a un bello Yuma abrazándole con fuerza, soltando apenas pequeños hipeos. Y esa fue razón suficiente para hacerlo sonreír. Era verdad.

Todo aquello llegaba a parecerle chocante. Odioso. Pero... Sí Yuma estaba ahí. ¿Qué tan malo podría ser? No. No podía ser tan malo... Y si lo era, estaba seguro que el menor le seguiría con decisión. Él... Ahora no estaba solo.

Dirigió su mano hasta las de Yuma, las cuales descansaban en su pecho. Y dando un ligero apretón, fue que el menor reacciono.

-Astral... Astral...-Llamo en un susurro dolido.

-Estoy aquí...Yuma no me he ido. Estoy aquí...

-Astral...-Menciono subiendo el volumen de su voz, hasta gritar- ¡Tonto! ¡¿Acaso no me escuchas?! ¡Dije que iba a estar contigo para siempre! ¡No me importa lo demás si estoy a tu lado! ¡Astral no me dejes! ¡No te vayas! ¡Astral!...

El mayor sonrió. Y girando sobre sí mismo. Tomo al menor en brazos. El menor solo no le soltó, ni en ningun momento le dejo de abrazar. Su cara ahora enterrándose en el pecho del contrario.

-Perdóname... No lo volveré hacer... Ni en mis más locos sueños-Susurro acercando mucho más al menor.

Yuma solo dejo salir un par de lágrimas más. Y asintió.

-¡Es una promesa!

-¡Promesa!-Respondió el mayor.

Y después de unos minutos, ambos poco a poco se separaron. Mirándose a los ojos supieron algo. Todo estaría bien. Si ellos estaban juntos. Astral sonrió con leve tristeza, Yuma le imitó. Y acercándose, sellaron aquella escena con un beso. Uno triste. Con un ligero sabor a sal.

El Guerrero solo sonrió ante lo que veía. Sin duda un amor como ese llegaría muy lejos. Y el trataría de protegerlo para ambos seres.

Yuma se separó poco a poco del mayor. Y sintiéndose protegido y reconfortado. Habló.

-Astral... ¿Estas bien?-Cuestiono seriamente con preocupación.

-...No...-El mayor se sincero, más volvió a sonreír al menor- Pero se que si estas aquí... Lo que venga... Lo que sea, estará bien para mi... Debo admitir que me siento perdido. Descolocado. Lo que creía... Justo ahora se ha esfumado. Y el hecho de que uno de mis mayores rivales sea...-Suspiro- Sabes a lo que me refiero...

-Sí... Te entiendo. Estaré aquí para lo que necesites... Aférrate a mi tanto como gustes... Que yo me aferrare a ti tanto como pueda...

-...Gracias... Yuma eres sin duda un bello tesoro... Tu y...-Dirigió sus manos al vientre del menor- Nuestro pequeño...

Yuma sonrió esta vez con ligera vergüenza. Pero acepto todo aquello.

Ambos ahora se sentían mal. Más el mayor. Pero sabían tenían un soporte, en el cual recargarse sin sentirse una carga.

-Yuma...-Llamo el mayor devolviendo sus manos alrededor del menor- Estaré bien...-Aseguro- Así que no te preocupes...

-¿Seguro?- Astral asintió con una sonrisa- Bien. Entonces no vuelvas a dejarme de esa manera...-Reclamo suavemente dando un pequeño golpe al pecho del mayor.

-Lo prometo. No lo haré...

Ambos entonces limpiaron con cuidado las lágrimas del otro. Y suspirando, tomando el aire y la fuerza que necesitaban. Se separaron, para después tomarse de la mano. Dirigiéndose al Guerrero, que tenía un pañuelo en su mano, limpiando sus ojos.

Ambos jóvenes solo sonrieron con tranquilidad al verle. Pero ahora más seguros que al principio, y estando al tanto de lo que verían de ahora en adelante. Mencionaron al unísono.

-Vamos Erí...

El Guerrero asintió en respuesta con una sonrisa.

-¡Como digan sus Majestades!

-.-.-.-

Aquella habitación se mostraba ante ellos una vez más. Astral tomaba con ligera fuerza la mano del menor, el cual devolvió el gesto. Ambos un poco tensos. El Guerrero el ver esto, tomo la palabra.

-Entremos de nuevo...-Y con ello atravesó la pared. Siendo seguido por la pareja.

Lo que vieron entonces, esta vez casi hace que vuelvan a salir. Pues una escena romántica estaba dándose en el lugar. Aquel ser que llamaban Aren, sosteniendo a un lindo Astral en brazos, con cuidado de no dañar al más pequeño. Apegaba su cuerpo al que parecía ser su pareja. Nada más y nada menos que el antiguo Rey del mundo Astral.

Elifas estaba en escena.

Y la cordura de los actuales monarcas casi salta por el ventanal.

-E-E-Erí... ¿Puedes explicarnos qué es lo que esta pasando?-Cuestiono en tartamudeo el mayor.

-Por supuesto su Majestad...-Respondió con simpleza el mencionado- Aquellos que ven tan melosos. Son los antiguos monarcas... El Rey Elifas y el Reina Aren... Sus padres mi Señor...

Astral quedo en Shock nuevamente. ¿Acaso más noticias del mismo calibre descubriría el día de hoy? No. Su mente no daba para tanto. Un apretón en su mano le hizo voltear a ver a su pareja, el cual veía de igual manera sorprendido tal escena. Un pequeño sonrojo podía apreciarse en su rostro.

Quería salir nuevamente del lugar, pero esta vez para tomar un poco de aire fresco y quizá rescatar a su cordura que estaba por querer suicidarse.

Más la voz de aquel Guerrero le detuvo de toda acción que quizá estaba pensando.

-Sus Majestades... Les pido que mantengan su mente abierta de ahora en adelante. Cualquier cosa puede pasar ahora. Así que si en algún momento llegan a perderse en sí mismos. Por favor, traten de no olvidar que para eso estoy aquí... Para traerlos a la realidad... Esto es el pasado. Esto ya ha pasado. Y esto no tiene por que repercutir en sus actuales vidas... Ustedes tienen ya a un niño o niña en espera. El futuro heredero del Reino Astral... Piensen en ello toda nuestra estadía...

La pareja paso saliva sonoramente. Pero decididos aunque incomodos, asintieron. Eso era verdad. Y entonces Erí continuó donde se quedó.

-Ellos...-Dirigió su mirada a la antigua pareja- Fueron los Monarcas de este mundo antes de que fuese separado... Aren, el Reina. En esta época hace no mucho dio a luz a un bello niño de piel azul y ojos heterocromos. Su esposo, el Rey Elifas, orgulloso pudo llegar a casa después de asistir a detener una revuelta en la frontera del Reino... De hecho. Llegamos a tiempo para asistir al anuncio del heredero... -Menciono viendo como aquellos monarcas salían de la habitación. Atravesando sin saber a los actuales Reyes del mundo Astral.

Astral se sintió extraño. Yuma de igual manera. Ambos tenían muchas. Demasiadas preguntas. Más como había mencionado Erí. Callaron por el momento y dejaron volar su mente y cordura.

El trio siguió con cautela a los antiguos Reyes, quienes caminaban a lado del otro orgullosos. Elifas portando una armadura levemente diferente a la usual. Y Aren portando una túnica de bellos colores oscuros, adornado con exquisitas joyas y tesoros. Aquel bebé había sido vestido para la ocasión, con la más pura y delicada seda que se pudo encontrar en el Reino. Y después de un giro a la esquina y un largo pasillo. Se toparon con un hermoso balcón de mármol blanco. Adornado con rosas de distintos tonos oscuros y blancos.

Los Monarcas salieron. Y al momento de hacerlo. La multitud que ya esperaba afuera explotaba en alabanzas y júbilo. Astral y Yuma sintieron un ligero Deja Vu. Más lo ignoraron por su propio bien. Y escuchando a Erí, siguieron viendo la escena.

-Los Monarcas dieron a conocer la apariencia y el título del heredero. Un príncipe había nacido para seguir con el legado de su Reinado... El futuro parecía tan cercano y prometedor... No sabíamos a que nos estábamos por enfrentar... Pero ingenuos seguíamos pensando que todo iría bien... No notamos las señales...-Menciono con tristeza.

Entonces el escenario cambio de repente. Pues el trío fue alzado en al aire antes de que todo fuera engullido en una luz cegadora blanca. Astral cubrió a su amado con sus brazos, Yuma lo abrazo con rapidez. Cerrando sus ojos. El Guerrero se mantuvo firme hasta que aquello termino.

Y después de unos minutos, ahora estaban en el patio del Palacio. Flotando en las alturas. Erí entonces continuó.

-Veo que hemos sido teletransportados más adelante... Mmm justo en el momento...-Menciono viendo a su alrededor.

Yuma abrió sus ojos, al igual que Astral. Ambos asombrados por lo que percibían. Pues un bello jardín les daba la bienvenida. Flores de distinta forma adornaban los alrededores. Una fuente a lo lejos resaltaba por su bello arte y estructura. Su material siendo un blanco y puro mármol. Al igual que a un pequeño kiosco en medio del lugar, en el cual se encontraba un bello niño de piel azul junto a su "mamá" el cual, al parecer le enseñaba cosas básicas de conocimiento general.

-No. No querido Astral... Vuelve a leer el capítulo, esta vez despacito y con detenimiento...-Instruyo al pequeño, el cual asintió con decisión.

-Sí mami...

-Cariño... He dicho que me digas Papá... Hasta papi estaría bien...-Menciono con cansancio aquel hombre que leía otro libro de tapa roja. Mirando a su pequeño en forma de ruego.

-Pero...-El pequeño bajo por un momento aquel libro y dejo ver su tierno rostro. El cual desprendía un aire infantil- Me has dicho que tu fuiste quien me trajo al mundo. Y yo he preguntado a los profesores acerca de eso. Ellos me han dicho que las personas que traen a los niños al mundo son las mamás... Y por eso he llegado a la gran conclusión de que entonces debo llamarte mamá... Papá es papá. Y tú, tu eres mi mami, por que tu me trajiste al mundo...-Explico seriamente el infante. Aren entonces solo suspiro. Derrotado.

-B-Bueno... Supongo que tienes razón... Pero Astral...

-¡No! ¡He dicho que eres mi mami y eso eres!-Menciono el infante volviendo a la lectura de aquel libro.

El mayor entonces solo sonrió. Y girando su vista fue que a lo lejos vio a un bello ángel caminar hasta él.

-¡Oh! Ema... ¡Qué bueno que has llegado!-Saludo. La ángel se inclinó en respeto.

-Mi Señor Aren, Joven Amo... Que las estrellas les guíen hasta la fortuna. ¡Vengo a avisarles que pronto llegará la hora de que abran el Observatorio! Yo seré su escolta mientras el Rey no esta.

-¿El Observatorio?-Cuestiono el pequeño niño con ojos brillantes, dejando en la mesa aquel libro de gruesa tapa negra.

-¡Así es Joven Amo! Mi Señor Aren me ha dicho que le avisara cuando fuese la hora de la apertura del lugar...-Menciono la ángel orgullosa con pequeños brillos en los ojos.

-Oh, ¿De verdad mami?-Preguntó el infante al mayor.

-Sí... Es un pequeño obsequió para ti. Se que te gustan mucho las estrellas, así que pensé en llevarte al menos un rato al Observatorio-Menciono Aren sonriéndole al pequeño- Pero... Antes de partir. Dime que es lo que has aprendido del libro cariño...

El niño entonces paso de estar enormemente feliz a estar totalmente serio. Con su lindo seño fruncido. Parecía más un niño yendo a la Guerra.

-Sí... El libro me enseño que, la cultura de nuestro Reino es basta y rica en leyendas, tradiciones, mitos y costumbres. Las cuales fueron formándose gracias a nuestros ciudadanos que cada día aportan algo importante a las mismas. Además de que han sido pauta importante para que nuestra historia siga su curso en dirección a la paz y la prosperidad. Aunque ciertamente a veces eso ha provocado peleas entre ciudades lejanas a la capital. Las cuales están cerca de nuestras fronteras. Por eso papá tiene que ir a detenerlos y solucionar esos problemas a través del dialogo y otros planes de acción con distintos objetivos y metas...-Termino el pequeño. Dejando a un muy satisfecho padre, y a una impresionada ángel.

-¡Es exactamente eso cariño!-Festejo el mayor acercando a su hijo para abrazarlo-Eres tan inteligente, de seguro en el futuro cuando me des nietos serán muy inteligentes también. Me atrevo a decir que incluso mi yerno o mi nuera, será igual o más inteligente que tú...

Una risa burlona se escuchó a lo lejos. Más aquel Reina y príncipe jamás lo escucharon.

La ángel después de salir del asombro entonces siguió con su protocolo.

-Como se esperaba de sus Majestades y el pequeño Príncipe. Sin duda son los monarcas prometidos para que dirijan el Reino...-Dio una inclinación en respeto- Pero debemos irnos ya. El Observatorio abrirá sus puertas dentro de pocos minutos...

-Entiendo. Vamos cariño-Menciono el mayor tomando la mano de su pequeño hijo. El cual reía con felicidad.

De esa manera fueron saliendo del lugar, dejando atrás a los actuales monarcas del Mundo Astral y al Guerrero que veía con cierta melancolía la escena que se presento.

-No puedo creerlo... Me siento un poco ofendido con eso-Menciono Yuma con un leve puchero. Astral solo reía en silencio.

-Oh vamos. Eres inteligente a tu manera. Usualmente colgando de alguna trampa... Pero lo eres... No te ofendas cariño-Dijo el mayor abrazando a su amado.

-Mis señores...-Llamo aquel Guerrero- Debemos movernos...-Astral y Yuma asintieron de nueva cuenta serios. Separándose.

Y esta vez flotando siguieron a los protagonistas de la historia. Los cuales ya estaban en camino al lugar arriba de un carruaje. El cual era jalado por extraños y exóticos caballos. Pues estos eran de un color verde esmeralda, con alas grandes y bellas, y un cuerno que adornaba su cabeza. Un Pegaso podría ser la descripción más apegada a tan extravagantes animales.

Aquel Guerrero solo mantenía un semblante agrio y triste. Y con voz apagada anunció. Llamando la atención de la pareja.

-Me temo sus Majestades... Que aquí comienza el declive de nuestra historia...

-¿Por qué lo dices Erí?-Cuestiono el mayor.

-Porque lo que esta apunto de suceder, se conoció como el Día trágico...

-¿Día trágico?-Preguntó el menor levemente preocupado.

-El día en el que la Reina sucumbió a la derrota... Aquí comienza su declive a la oscuridad... Donde fue atacado y vencido... Por ende, el inicio del hundimiento de nuestro Reino. Los días contados de Gea... Donde recibió la maldición que hasta el día de hoy porta... La Oscuridad del Alma...