Tensión y silencio. Eso era lo que caracterizaba la ala medica del Mundo Varian. Pues de un momento a otro, aquellos especialistas habían recibido al paciente más importante que alguna vez atendieron. Y ese era ni más ni menos que el mismísimo Rey Astral.

Vector había llegado pateando la puerta con el Rey en brazos, y ordenando/exigiendo que se le atenderá de inmediato, hizo que los especialistas lo tomaran de sus brazos. Pasándolo de inmediato a una camilla bien preparada. Donde quisieron aplicar los primeros auxilios, siendo detenidos por el mismo Emperador. Gritándoles y haciéndoles saber que eso estaba rotundamente prohibido. Y que mejor ocuparan la capsula de regeneración. Ya que el Rey debía sanarse por si mismo y no por agentes externos que lo único que harían sería empeorar la situación.

Los especialistas le miraron con duda. Más un grito de su Rey Ryoga les hizo reaccionar atendiendo lo pedido por el Emperador. Quitando entonces aquellas finas ropas manchadas en sangre y cambiándolas a un par de túnicas color oscuro. Colocando vendajes si era necesario en ciertas zonas. Alistándolo para colocarlo en la capsula de auto-regeneración. La cual ya estaba siendo configurada para atender al Rey del Mundo Astral. Cambiando su color rojo a uno azul.

Vector mismo se encargo de ayudar a pasar al peliblanco a aquella capsula. Donde paso a estar en auto-suspensión. Y en donde el Rey después de luchar entre la consciencia y la inconsciencia, fue que cayo dormido ante los rayos de distinta gama que aceleraban su recuperación. Perdiéndose en un mundo oscuro y vacío.

Shark y los demás miraban esto de manera preocupada y angustiada. Pues ahora uno de sud amigos estaba en una situación delicada, mientras el otro estaba en una situación similar o peor. ¡¿Qué rayos estaba pasando en la Tierra?! ¿Qué fue lo suficientemente poderoso para hacer caer al peliblanco? ¿Yuma estará bien si acaso Astral recibió todo el daño?

Esas y muchas preguntas similares rondaban en las mentes de los presentes. Aquellos especialistas siendo ájenos, pues mantenían en orden constante aquella capsula. Tecleando sobre una consola y revisando cada vez la misma. Moviéndose de un lado a otro.

III derramo un par de lágrimas ante tal escena. Su corazón sintiéndose angustiado por el destino de sus amigos. Vector lo noto, y acercandose a él, quiso abrazarlo. Más se detuvo al ver la sangre que manchaba sus manos y ropa. Vaya manera de interrumpir sus actos. Y molestándose por esto, arranco sin duda sus propias ropas, quedando solo con su pantalón. Dejando al descubierto su pecho.

Byron miro esto de manera chocante. Pues no veía necesaria esa acción. Y estuvo a punto de entrar en cólera una vez más cuando observo como Vector envolvía sin miramientos a su hijo en un protector abrazo. Acallando de esa manera sus sollozos.

Rio que había salido en cuanto vio a Astral ser atendido fue que volvió junto a los dos Guerreros que cuidaban a su Señor. Los cuales al enterarse de la situación, de inmediato abandonaron sus puestos en las sombras para ir a lado de su Rey.

-¿Astral-sama menciono algo sobre un hechizo?-Cuestiono Erí, mientras se acercaba a aquella capsula. Posando una de sus manos en el fino cristal que le separaba de su Señor.

-Sí...-Respondió Shark mirando a aquellos enigmáticos Guerreros.

-Yo intente sanarle-Hablo de pronto Durbe. Acercándose a un lado de Ryoga, el cual de inmediato le dejo un espacio para que se mantuviera a su lado- Pero Astral me detuvo... Dijo que era un hechizo de protección. Que todo lo que le hicieran a Yuma pasaría a él...

Erí y Rem al escuchar esto fue que sus ojos se abrieron de golpe. Estupefactos. Pues ambos sabían la peligrosidad de ese hechizo que tanto hablaban los Varians. Dirigieron su mirada a su Rey, quien parecía sereno y ajeno al mundo. Feliz en su mundo inconsciente. Y acercandose fue que ambos se miraron antes de mirar de vuelta a los demás. Sí su Rey les confiaba la vida a esos Varians. Ellos podían entonces decirles que estaba pasando respecto a ese hechizo.

-¿Qué pasa? ¿Es malo?-Preguntó Mizael. Mientras se acercaba un poco más.

Los Guerreros se vieron antes de negar levemente con su cabeza. Siendo Rem quien tomo la palabra esta vez.

-No... Y sí... El hechizo que ha aplicado nuestro Rey Astral es sin duda uno que demuestra muchas cosas...

-¿Demuestra muchas cosas? ¿A que te refieres?-Cuestiono Alito mientras cruzaba sus brazos.

-...-Rem dudo un poco. Más suspirando para calmar su propia ansiedad creciente fue que volvió a hablar- Es el hechizo del Destino. Ese hechizo solo se usa en casos de emergencia. Es... Algo sumamente peligroso, pues a veces suele ser contraproducente. El hechizo ata los destinos de quienes lo usan, haciéndolos cambiar de lugar por así decirlo. Ustedes lo han visto. Pues el destino de Yuma paso a ser de Astral...

-Y el destino de Astral... Pasaría a ser de Yuma ¿Cierto?-Menciono Gilag. Mientras posaba una de sus manos en su mentón. Ganándose un asentimiento del Guerrero.

-Exactamente... El hechizo en si mismo se vuelve una espada de doble filo. Pues ahora ya lo han percibido. Astral-sama esta en grave peligro. Jugándose la vida en aquella capsula... Aunque... También eso demuestra lo loco que esta...

Los presentes se extrañaron por esas palabras. Byron no quiso quedarse con la duda.

-¿A que te refieres con "loco"?-Preguntó seriamente. A lo que el Guerrero paso su mirada a él y de ahí de nuevo a su Señor.

-Rem se refiere a que ninguna persona cuerda usaría ese hechizo...-Interrumpió Erí sin dejar de mirar a su Rey. Atrayendo las miradas de los presentes.

-Explícate... Por favor-Menciono Shark al verse confundido. A lo que Erí les miro de nueva cuenta.

-Es eso. Simple y sencillo. Solo un loco o demente usaría ese hechizo en sí mismo y en otra persona. Es... Curioso, ya que el hechizo estaba destinado a enemigos o batallas. El que lo haya usado en el Reina Yuma, eso hace que cambie de perspectiva... Pues esto se ve más como un sacrificio que una bendición... Pero al mismo tiempo. Demuestra hasta donde esta dispuesto a llegar por el amor de su vida...

-Astral...-Susurro III, mientras era acunado más profundamente por el pelinaranja. Quien veía expectante la situación.

Los demás al escuchar esto fue que se tensaron. Pues si eso era así. ¿Cuál era el límite para las acciones de Astral? Esto sin duda les provocó un escalofrío, más apartando esos pensamientos de su cabeza fue que Shark comenzó a dar ordenes a sus Emperadores.

-¡Alito, Gilag! ¡Vayan a la Tierra! Necesito que avisen de esta situación y que investiguen que esta pasando allá. ¡Quiero un informe lo más rápido que puedan!-Los mencionados asintieron con seriedad. Saliendo del lugar dejando atrás un fuerte y sincero.

-¡Sí!

Shark entonces paso su mirada a Mizael y Durbe. Y de la misma manera fue que les hizo saber que les tocaba a ellos.

-¡Mizael, Durbe! Tomaran el liderazgo del Reino Varian hasta que esta situación sea controlada. Vayan y hablen con los soldados vecinos y háganles saber que todo estará bien, pero que se mantengan alerta por cualquier cosa o suceso que pueda emerger...-Ambos hombres viendo a su Rey fue que asintieron. Rápidamente saliendo del lugar. No sin antes que Durbe diera una mirada preocupada a su líder. Esperaba que nada malo pasará con esto.

Ryoga entonces miro a los demás. Y hablándole al pelirosa fue que dio su siguiente orden.

-III ve a apoyar a Durbe y Mizael. Te necesitaran para dar la noticia y evitar mal entendidos...

-¿Eh? Sí. En seguida- Menciono el pelirosa, separándose del pelinaranja. Limpiando sus lágrimas con brusquedad.

-Te acompaño-Dijo Vector de pronto. A lo que Byron le miro de manera molesta. Alzando su voz fue que también dio a conocer su decisión.

-Yo también iré. Soy el Guardia personal del Embajador. Sería malo si lo dejo solo...

-Entendido. Vayan-Hablo Shark al ver esto.

III no necesito más pasa salir corriendo del lugar. Siendo seguido por el pelinaranja y el niño hombre. Dejando atrás al soberano, a la única Emperadora y al par de Guerreros. Los cuales de inmediato se dispusieron a ayudar a los especialistas, los cuales no dejaban de moverse. La preocupación notándose en su mirada.

-.-.-.-

Ema había visto demasiadas cosas justo ahora como para quedarse quieta. Incluso cuando el edificio cayo a su alrededor, eso no basto para detenerla. Pues batiendo sus alas fue que se aproximó al lugar exacto en el que su Reina desapareció. Buscando signos o magia que delatara el paradero de su Señor. Pero por más que tentaba el suelo. Eso simplemente no era perceptible.

Sus manos astillándose ante los escombros y vidrios que estaban en el suelo. Al igual que sus rodillas. ¡Ella no podía detenerse ahí! ¡No podía darse por vencida! ¡No ahora que su Reina estaba en peligro! ¡Debía hacer algo! ¡Tenía que!

Tan concentrada estaba en su tarea que jamás noto como una espada se alzaba en su contra. Espada que termino por atravesar su espalda hasta su pecho. Un corte limpio sin duda alguna.

Su boca de pronto botando sangre dorada, así como su herida. Manchando aquel suelo contaminado. Ante la horrorizada vista de Kaito y Mira, quiénes apenas regresaban al lugar de los hechos. El Caballero de la Traición alzándose con arrogancia ante su contrincante.

El cuerpo de Ema se sacudió violentamente. Y retomando su consciencia, fue que tomo aquella arma entre sus manos, empujándola por su herida. Sacándola con éxito, ante la atónita mirada del Caballero. Quien de inmediato volvió a alzar la espada en su contra. Siendo detenida ahora por un látigo blanco con puntas afiladas.

Ema logró lo imposible. Resistir aquel ataque, y además contraatacar al siguiente. Sus brazos extendidos a causa de su látigo. El cual en horizontal detenía el filo de la espada. Sus rodillas manchadas de sangre ahora trataban de alzarse al igual que su herido cuerpo. Su mirada dando una determinación inagotable. ¡Ella no perecería ahí! Y dando un grito de Guerra fue que logro alejar aquel Caballero aún en pie. La batalla aun no terminaba.

Kaito y Mira se detuvieron en seco al ver aquello. Pues la Guerrera no estaba dando su brazo a torcer. Más viendo como la Caballero que causo más problemas aún estaba entre escombros fue que de inmediato procedieron a llevársela. Asegurándose de esta manera que la ángel no tuviese otro contrincante interviniendo.

Aquel Caballero miraba con furia a su víctima, se suponía que nadie sobrevivía al corte de su espada. Y si era así, ¡¿Por qué la Guerrera no parecía?! ¡¿Por qué seguía luchando?!

Ema entonces. Con toda la voluntad que pudo juntar, fue que dio un golpe al suelo con su mano. Ocasionando que un extraño sello apareciera, el cual con rapidez subía por su cuerpo. Sanándola al instante. Ante la mirada sorprendida de los presentes. Y dando un nuevo grito, fue que se abalanzo contra su rival. Dando un golpe limpio a la cara del contrario. Mandándolo a volar una vez más contra los escombros.

Aquel Caballero con agilidad fue que pudo evitar dañarse la mayor parte, y alzando de nuevo su espada, se dirigió una vez más a su víctima, quien le esperaba con valentía. Su armadura rota y sus cabellos revueltos.

Una estocada fue lo que recibió de nueva cuenta. Haciéndola sangrar de nuevo. Más bruscamente esta vez. Mientras el Caballero reía casi con triunfo. Sin embargo Ema no podía dejarse vencer así de fácil. Y usando sus habilidades de lucha, fue que pudo asestar un par de golpes al Caballero, quien aturdido se alejo por inercia. Quitando su espada de aquella piel. Provocando un grito de dolor.

Más Ema siguiendo con lo anterior, fue que dio un nuevo golpe al suelo. Un nuevo sello sanándola. Esa era su habilidad innata. Uno que impedía la muerte. Y uno que alargaba el sufrimiento.

Un grito se escucho de ella. Y una vez se abalanzo en contra de aquel Caballero, quien más furioso recuperando su postura, fue que la recibió. El golpe de los metales chocando se escucho de pronto. Provocando ráfagas de energía, las cuales chocaron a los alrededores, destrozando aun más aquellos escombros o las últimas paredes en pie.

Ema vatio sus alas una vez más, y alzando en vuelo, fue que tomo al caballero con su látigo, arrojándolo al suelo. Provocando un cráter en el mismo. Y no contenta con ello, fue en su encuentro. Golpeando todo a su alcance. Haciendo sangrar a su contrincante. Manchando el suelo de un rojo brillante. Hasta que una vez más aquella espada le atravesó parte de su cara y su cabeza, alejándola al instante. Lanzando un grito agónico.

Kaito y Mira ya arriba del monstruo As del cazador junto a la Caballero inconsciente. Fue que vieron esto con horror. Kaito siendo el mas afectado. Y estando a punto de lanzarse a la batalla, fue que algo inédito paso. Pues como se esperaba de una herida de esa magnitud, Ema ya debería estar en el suelo. Muerta. Más ella seguía en pie. Mirando con su ahora único ojo a su contrincante. La determinación siendo su punto de apoyo.

Aquel Caballero le miro. Y después de un par de segundos le sonrió. No como lo hace un rival. No como lo hace un enemigo al verse triunfar. Sino más bien, como lo hace un amigo. Un compañero. Admirando esa fuerza que poseía aquella Guerrera para mantenerse en pie. Para seguir luchando por sus ideales. Por la gente que tanto se esforzaba en proteger.

Ema al ver esto, procedió a quitarse aquella espada de su rostro. Arrancando sin querer pedazos de piel. Provocando que gritara de dolor. Y siguiendo con el ritual interminable. Golpeó una vez más el suelo. Un nuevo sello alzándose, curándola al instante. Su rostro intacto. Al igual que la zona dañada anteriormente. Alzando su látigo en contra de su enemigo, fue una vez más que se abalanzo en su contra. Empujándose así misma a su límite. Más allá de sus sentidos. El calor de la batalla siendo su valentía y su fuerza de voluntad. ¡Ella era la única que quedaba en pie! ¡Ella era la única que podía proteger lo que le quedaba a su Reina! ¡Ella protegería a la bella Dama y al Cazador!

Y contra todo pronóstico. Aquel Caballero retomo su espada, haciéndola volar hasta su mano. Recibiendo de nuevo a su rival. A esa bella ángel que no conocía la palabra "No Puedo" ni la palabra "Derrota".

Un nuevo choque nació entre los metales. El Caballero dejando salir un aura oscura fue que dio un grito de Guerra, mientras Ema dejaba salir su propia aura azulada. Imitando el grito del Caballero. Ondas de energía saliera de ellos, las cuales chocaban con lo que tocaban, destruyéndolo al instante. Kaito y Mira al ver esto, fue que hicieron alzar al dragón. El cual les protegió de aquel furioso encuentro.

Ambos contrincantes viéndose sin dar tregua al otro. Determinación era lo que se veía en sus miradas. Hasta que Ema sonrió. Aquel Caballero entonces tarde entendió algo. Esa fuerza en su aura no era normal. Ni mucho menos débil. Si la comparaba con la de hace un rato esta era mucho más poderosa. Más aplastante. Y viendo a la ángel, fue que pregunto exaltado.

-¡¿Qué mierda hiciste?!

Ema sonrió aun más ampliamente. Y forzando su látigo en contra de la espada, fue que pudo lograr romperla por la mitad. Para bendición de ella, para mala suerte de él. Quien ahora recibió de lleno toda la furia contenida de la bella ángel. Mandándolo a volar un par de metros hacia atrás. Inconsciente. Su espada ahora siendo aplastada por las botas de Ema. La cual orgullosa no dudo en contestar a su desmayado rival.

-Cada que recibo una herida mortal. Mi habilidad me permite volverme más fuerte. Una herida más es lo que me acerca a mi victoria... Tu error conmigo fue tan solo atreverte a levantar tu espada en mi contra...-Menciono. Dando por terminada aquella batalla. Dando fin a una larga lucha, abriendo cabida a una pérdida. Y mirando al cielo fue que hablo una vez más- Mi Señor Astral... Mi Señor Yuma... Que las estrellas sean su camino a seguir en esta oscuridad... Lo siento mis señores...-Lagrimas comenzaron a bajar por sus mejillas. Al tiempo que dejaba caerse sobre los escombros. Estaba agotada.

Y mirando de soslayo a su lado, fue que noto a un preocupado cazador correr a su lado.

-¡Ema! ¡Ema resis...! ¡E...!

El mundo de la inconsciencia le recibió una vez más. Era cierto. Su habilidad la hacia fuerte. Pero no quitaba el agotamiento ni el cansancio.

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Después de cruzar el portal que se abrió debajo de sus pies. Fue que con esfuerzo pudo hacer aquello que Astral le enseño. Y apenas notando como era rodeado por un lugar en construcción, y metales, fue que aquel aura azul que le rodeaba comenzó a cristalizarse a su alrededor. Ante la mirada molesta de Hotarando. Quien intento detenerlo.

-¡No! ¡No maldición! ¡No! ¡Tsukumo Yuma! ¡Detente!- El embarazado solo le sonrió, y cerrando sus ojos fue que se dejo envolver por aquel cristal que le sello. Protegiéndolo del mundo exterior. A la espera de su amado.

El antiguo Sr. Hearland al ver como el cristal dejaba de brillar, fue que comenzó a golpearlo. Tratando de romperlo. Sin éxito alguno. Ese cristal se asemejaba al más duro metal conocido por el hombre. Era casi... Indestructible. Y eso le hizo gritar de la frustración. ¡Estaba tan cerca! ¡Tan cerca! ¡¿Por qué tenía que haber siempre un algo que los protegiera?! ¡¿Por qué?!

El lugar se torno más oscuro. Y entonces dejándose caer al suelo de metal, fue que regreso a su forma humana. Cayendo inconsciente al instante. Sin notar una mariposa color rojo volar cerca suyo. Burlándose del resultado. Y posándose en uno de los barandales, fue que un extraño sello comenzó a envolver el lugar. Desapareciendo una ves que termino de activarse. Dejando solo una leve marca en el suelo. Provocando apenas una pequeña grieta en el cristal que mantenía a Yuma a salvo.

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III y los demás apenas y pudieron contener la furia de los soldados. Pues estos estallaron una vez le escucharon decir el estado de su adorado Rey. Alzando sus armas queriendo entrar a la fuerza a querer comprobar que de verdad estaban ayudándolo. Hasta que el pelirosa, con voz autoritaria les detuvo. Dejando impresionado a más de uno.

-¡Basta! ¡Si entran a la fuerza lo único que lograran será molestar al Rey Astral! ¡Por favor pido que confíen en él! ¡El Rey se pondrá bien si esperamos aquí! ¡Sucumbió por terribles causas, y es momento de mostrarle que podemos seguir aunque sea unos momentos sin él! ¡¿No es acaso lo que él quiere de nosotros?!

Los soldados se detuvieron por un momento antes de mirarse los unos a los otros. Siendo el comandante quien dio un paso al frente.

-En ese caso, solicito verlo con mis propios ojos. De esta manera podre bajar la preocupación y la paranoia a mis hombres...-Pidió sin miramientos. A lo que III miro al par de Emperadores que le acompañaban. Los cuales le asintieron en acuerdo. Y girando una vez más su cabeza al comandante fue que asintió.

-Esta bien... Será solo usted quien pase a verle... ¡Vamos!-Menciono dándole la espalda. Sirviendo entonces como guía, mientras Mizael y Durbe junto a Byron, se quedaban atrás. A la espera de la resolución del Comandante. Mientras Vector comenzaba a seguirlos de cerca. Atento a cualquier movimiento sospechoso. Dirigiéndose a grandes zancadas a donde estaba el Rey Astral.

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En el ala médica después de batallar para que la capsula se mantuviese estable para el Rey, fue entonces que los ayudantes se permitieron respirar. Eso había representado uno de los mayores retos que se habían topado. Pues en la historia de su mundo. Era el primer ser Astral atendido por ellos.

Los Guerreros se mantuvieron a cada lado de la capsula. A la espera a que su Rey despertara. Cada uno perdido en sus propios pensamientos. Mientras Shark y Rio pasaban a sentarse en un par de sillas cerca de un escritorio. Visiblemente agotados y cansados. Había sido una prueba contra reloj después de todo. Y aún así no había garantía de que Astral despertara pronto.

Ryoga se mantenía sereno. Angustiado y preocupado. ¿Cómo fue posible que todo esto terminara en una tragedia? Rio le miro. Y sabiendo más o menos cuales eran sus pensamientos, fue que le abrazo. En silencio. Tratando de reconfortarlo.

El ambiente seguía mayormente tenso y frío. Nadie se atrevía a decir palabras. Hasta que unos golpes a la puerta se escucharon. Los presentes pasaron su mirada a la puerta. La cual fue abierta por un par de asistentes. Recibiendo entonces a un pelirosa, un soldado y a un pelinaranja. Sus semblantes serios daban mucho de que hablar.

III quitándose del camino fue que mostro a Astral. Quien se mantenía en suspensión dentro de aquella extraña capsula. Sus ojos cerrados y su semblante cansado. Esa fue la imagen que recibió aquel soldado. El cual apenas pudo contener una exclamación de angustia. Era terrible. Algo sumamente fatídico para el gran día que estaba por terminar. Sus pasos lo llevaron hacia donde moraba su Rey. Y topándose con los Guerreros de la Esperanza fue que se detuvo. Mirándolos en busca de respuestas. Más ellos negaron en seguida. Sus rostros mostraron tristeza y decepción. Ellos apenas sabían algo.

-Si preguntas por lo que paso... Debemos admitir que estamos igual de confundidos que tú...-Hablo Erí. Casi en susurro para no perturbar la recuperación de su Señor.

-...-El soldado entonces volvió a mirar a su Rey, y con voz temblorosa pregunto- ¿Se recuperará?

Ambos Guerreros se miraron entre sí, antes de asentir al soldado. Quien les sonrió un poco más aliviado, pero no tan convencido.

-Estará bien... El Rey Astral es fuerte... Algo como esto no lo matara... De otra forma... Debemos admitir que moriríamos de la tristeza sin él y sin el Reina-Admitió Rem. Manteniendo vista en el soldado- Nuestros destinos... De alguna forma están unidos a nuestros Señores... Así que. Si aun estamos aquí, quiere decir que ellos lo seguirán... Confía en tu Rey...

Y con aquellas palabras, basto para tambalear la ira dentro del soldado. Quien miro una vez más a su Rey. De alguna forma, manteniéndose fuerte. Luchando por su vida y la de Yuma-sama. Demostrándole que aun no había sido vencido. Recordándole quién fue alguna vez. Pues Astral era el antiguo comandante de las fuerzas Astralianas. Su superior hace un par de años atrás. Su gobernante en el presente.

Aquel soldado entonces dio una profunda reverencia. Y agradeciendo con la mirada al par de Guerreros retomo su camino de regreso. No sin antes dejar una reverencia más al Embajador. Quien le sonrió de manera tranquilizadora con un atisbo de tristeza en su mirada. El Emperador Vector estando a su lado. Cuidándole como una fiel sombra.

Y encaminándose a la puerta fue que sonrió. Derrotado y triste. Para después salir en silencio. Debía ir a decirles aquello a sus soldados. Su Rey había caído.

-.-.-.-

Kaito hizo y deshizo su comando. Pues volvió a llamar a sus soldados. Los cuales de inmediato se desplegaron una vez más en el lugar. Alejando a los curiosos. Alejando a la prensa que ya se acercaba. Siendo la única en pasar una pelirosa en motoneta. Quien busco de inmediato a su hermano.

-¡Yuma! ¡Yuma! ¿Estas por aquí? ¡Yuma!-Exclamo mientras se detenía por completo. Bajando de la moto y quitando su casco. Buscando con la mirada algún rastro del pelinegro con mechas rosas. Pero por más que buscaba. No encontraba nada- ¡Yuma!-Grito una vez más. Atrayendo la mirada del cazador. Quien estaba cerca de los escombros. Siendo atendido de emergencia. Pues había varias heridas internas que debían tratarse.

Mira por otro lado. Estaba cerca de un helicóptero. Siendo atendida en primeros auxilios. Su semblante triste y decaído daba mucho a entender. Pues esa era una imagen de perdida. Una madre que perdió a uno de sus hijos. Hijo que se le fue arrebatado de sus brazos. Sin que ella hubiese podido hacer algo.

Levantando su vista fue entonces que la vio. A su primogénita. Esa chica enérgica de cabello rosa y sonrisa bella. Esa chica... Que ahora mismo venía en su dirección. Visiblemente preocupada.

-¡Mamá!- Llamó con angustia. Pues la bella Dama ahora tenia más de un par de vendajes.

Mira le miro expectante. Y entonces, dejando salir todo aquello que contuvo durante tanto tiempo. Fue que corrió en su encuentro. Derramando lágrimas de dolor y sufrimiento. Alejando a los paramédicos que apenas terminaban de darle los auxilios finales.

-¡Akari!

-¡Mamá!-Exclamo la mencionada al tomar a su madre en brazos. La cual se dejo caer de rodillas al suelo. Lastimándose un poco más. Alertando a su hija. La cual no dudo en preguntar- ¡¿Qué paso aquí?! ¡Mamá estas herida! ¿Dónde esta Yuma?

Mira solo negaba con su cabeza una y otra vez, mientras con esfuerzo daba a entender lo acontecido.

-Se lo llevaron... ¡Se llevaron a Yuma! ¡Nos atacaron!

-¡¿Qué?! Yuma... ¿Yuma esta bien?-Cuestiono Akari comenzando a asustarse. A lo que Mira le tomo de los hombros. Mirándola a los ojos, los cuales dejaban ver su dolor.

-¡Se llevaron a Yuma! ¡Nos atacaron y se llevaron a Yuma! Mi hijo... ¡Perdí a mi hijo!-Exclamo aquella bella Dama, mientras volvía a soltarse en llanto. Uno desgarrador. Uno que entristeció a los presentes. Uno que impacto a la pelirosa. Quien negó con su cabeza.

-¡No! ¡No puede ser! ¡Yuma no...! ¡Yuma no...! ¡Él... Esta apunto de tener un hijo! No... No puede... No-Se lamentó la mayor. Comenzando a llorar de manera amarga junto a su madre. Quien ahora era obligada a subirse al helicóptero. Necesitaba ir al hospital. Al igual que el cazador y los damnificados.

Akari subió junto a su madre. Dejando atrás los vestigios de una batalla. Notando apenas a una ángel siendo atendida. Al igual que dos capsulas contenedoras. Las cuales solo mostraban a dos sujetos mal heridos.

El panorama siendo desolador... Pues su propio llanto apenas y se calmaba. Contrario a su madre. Quien sollozaba con fuerza. Tomando entre sus manos una pequeña ropita que logro salvar de los escombros con antelación.

Sufriendo la amargura de la derrota.