Juraría que la noche anterior me acosté en buen estado. Pero las fiestas en el Bronx son tan desenfrenadas como su nombre lo permite. Y esa mañana, si no hubiese sido por el insistente retumbar de mi celular seguro no despierto. Con una resaca de los mil demonios, palpé a duras penas el velador de mi derecha. ¿Quién osa en molestar a estas horas de la mañana? Es muy temprano aún. Solo alcancé a notar con uno de mis ojos, el nombre que centellaba en la pantalla de mi móvil. "Audrey Bourgeois"
—Marinette —advirtió Tikki; su inseparable Kwami del cual jamás se apartó incluso luego de haber dejado de lado su papel de heroína— Despierta.
—Mhn… —balbuceó a regañadientes. Logró cubrirse hasta la cabeza con las sábanas, dándose media vuelta para ignorarle— Basta…es demasiado temprano aún.
—Pero Marinette…—cuestionó la criatura— Son las 2:00 de la tarde…
—Pero es domingo —bostezó, removiéndome bajo las sábanas— Da lo mismo…
—Es lunes…—le alcanzó.
—Es lunes —murmuró pesarosa, cerrando nuevamente los parpados. Ah. Esperen un momento…— ¡¿Es lunes?!
De un brinco, salté de la cama como si me llevara el diablo. ¡¿Era lunes y encima las 2:00 de la tarde?! ¡Mi jefa iba a matarme!
—¡No puede ser, Tikki! —chilló Dupain-Cheng, corriendo hacia el baño— ¡¿Por qué no me despertaste?!
—Eh…eso intenté. Pero estabas en coma —le regañó— Pensé incluso que estabas muerta. Pero sentí tu respiración y me calmé. Además de que roncas como una vaca.
—¡No ronco como una vaca! —se quejó desde el interior del baño, saliendo a saltos para ponerse los zapatos— ¡Me va a matar!
—Bueno, como una vaca o un burro —bufó— Como sea —la pequeña se desplazó por el apartamento, sirviéndole una taza de café para el camino— No es tan malo. Solo estás retrasada una hora.
—¡No es la primera vez que llego tarde! —aulló desesperada. Esta vez si se había pasado de vergas— ¡En verdad esto es serio!
—Vamos —flotó hacia ella, entregándole un Mug de viaje color rosa con su brebaje matutino listo— No exageres. ¿Qué es lo peor que podría pasar?
—¿Qué me despida por ejemplo? —Marinette corrió por las escalinatas como un escupo, echando carrera hacia la planta baja— ¡No pued-…! —y rodó por los escalones, cayendo como un duro saco de papas al suelo— Dios…ahora si me quebré algo —un esguince es lo de menos a esas alturas.
—¡Nah! —exhaló Tikki con despreocupación— Eres la mejor diseñadora de toda su agencia. No puede despedirte.
[…]
Estudio de moda Deviant-Vichy. Centro de Nueva York. 2:30 PM:
—¡Estás despedida! —vociferó.
—Ah…—Marinette se deformó apenas escuchó las palabras de Audrey. Era su fin. ¡¿Por qué siempre tenía que llegar tarde?! — Por favor. Deme otra oportunidad. ¡Prometo que será la ultima vez que llegue tarde! ¡Lo juro!
—Marinette —la mujer de cabellera rubia se giró en su silla, hojeando unos papeles que tenía encima. Parecían mas bien un calendario— Me dijiste lo mismo el año pasado.
—¡El año pasado! —rio nerviosa, rascándose la nuca— ¡Pero vera! ¡Este año es distinto al pasado! ¿Para que remembrar cosas tan feas? Ya sabe lo que dicen: Pasado, pisado. ¡Jajaja!
—Estamos a 2 de enero del 2022 —arqueó una ceja con obviedad— El año pasado, fue antes de ayer.
—¡Ya! ¡Ya sé! —se excusó como pudo, casi tirándose al suelo— ¡Por favor! En verdad necesito este empleo —le rogó.
—Mh…ya estoy harta — Bourgeois se levantó de su asiento, encaminándose hacia la muchacha para darle un golpe en la nuca a modo de regaño— Si no fuera porque tus vestidos del mes de Julio, permanecieron en la vitrina de Le Rouje hasta finales de año, créeme que te tendría comiendo de la arena sucia de mi gato —explicó con petulancia— ¡Desaparece de mi maldita vista y no vuelvas hasta que yo te llame! ¡¿Queda claro?!
—¡Si señora! —asintió automáticamente, retozando hacia la salida. Vale, la puerta estaba cerrada. ¿Cómo no la vio venir? — ¡Ouch! Jeje… ¡Lo siento!
Era mi fin. ¡Arg! ¡¿Por qué me tuve que quedar hasta la madrugada en esa tonta celebración de año nuevo?! Me lamenté todo el día por mi estupidez. En verdad me vi a mi misma en el abismo del desempleo, comiendo la arena de su gato. ¿Qué dirías mis padres al respecto? Esperaba que al menos el felino comiera Purina.
Hace un año que vivía en Nueva York, alquilando un departamentucho bien austero; pero acogedor a las afueras de Manhattan. A pesar de todas mis exitosas creaciones como diseñadora de modas, siempre supe que Audrey no me pagaba lo suficiente. Si bien había aceptado su propuesta en cuanto logré graduarme del colegio, de haber sabido que estudiar en su filial me costaría mi estabilidad emocional de seguro le hubiera rechazado. Abatida, me senté en los primeros peldaños del edificio. Estaba hecha una maraña. Ni si quiera me había bañado para llegar a tiempo.
Alguien tocó mi hombro. Era Zoe Lee, la hija de mi jefa. Como siempre cargaba una sonrisa afable en su rostro. Una forma de disimular los malos augurios.
—¿Mamá volvió a regañarte? —consultó la rubia.
—Lo de siempre, Zoe —exhaló la pelinegra— Soy un fracaso.
—No seas tan dura contigo misma, Marinette —le alentó, acariciando su hombro derecho— Has venido desde muy lejos para alcanzar tus sueños. Se que lo lograrás.
—Gracias…—respondió de vuelta con dejo de esperanza— Tu siempre tan atenta conmigo.
—Eres una gran diseñadora —agregó Lee— Aunque no te bañes todos los días.
—Eres un amor.
—No. En serio —se cubrió la nariz— Apestas. Ve a casa mejor.
¿Qué pasa? ¿En serio creen que los franceses no nos bañamos? Tikki, quien permanecía entre medio de mi blusa me observó preocupada. Al final del dia ella es la única que me quiere como soy y se preocupa por mí.
—Tikki —suspiró desganada— Tu no piensas que apesto, ¿verdad? —le consultó con ternura a su Kwami.
—Ni idea. No tengo nariz —se encogió de hombros con vergüenza ajena.
—No seas mentirosa —chistó, sacando su celular para pedir un Uber— Será mejor que le hagamos caso a Audrey y volvamos a casa. No saco nada con quedarme aquí en medio de la calle…
[…]
Esa tarde me despreocupé de mi celular, totalmente confiada de que mi jefa me llamaría. Porque…claro. Me va a llamar ¿No? ¡Me tengo fe! Así que me metí a la ducha muy relajada…con un ojo puesto en la pantalla del aparato. Por si las moscas…digo. Uff. ¿A quién quiero engañar? Necesito el empleo. Cualquier cosa que hiciera en mi casa, el me acompañaba. Almorcé con él, vi televisión con él, incluso si tomaba una siesta despertaba cada dos por tres para chequearlo. Ningún misero mensaje. ¿Estaba destinada a sumarme a las filas de la pobreza eterna? Que tragedia…
Con más ganas de morir que otra cosa, me zampé un litro de helado en lo que veía el programa matiné en la tv del living. Maldición. En cualquier canal que pasara, todos transmitían lo mismo. "Señoras desempleadas". "Como matar a tu jefa con cloro". "10 consejos para saber si valiste verga en la vida" ¡¿Qué pasa en este país?!
—Tikki…—confesó desanimada, abrazando sus piernas con las pupilas humedecidas— ¿Y si me equivoqué y esto no es lo mío?
—¡Por supuesto que te equivocaste, Marinette! —exclamó con una sonrisa la chiquita— Pero eso no quiere decir que no sea lo tuyo.
—Ya no me siento bien aquí…—sollozó, cubriéndose el rostro con ambas manos— Ya puedo escuchar el sonido de la desgracia viniendo a mi —algo vibraba cerca de ella— ¿Lo ves? Es un presagio. Ya que me lleve diosito.
—No, Marinette…—una gota rodó por su sien— Creo que alguien te está llamando.
—¡¿Audrey?! —despabiló de golpe, cogiendo su móvil para contestar. Ni si quiera se molestó en verificar el numero— ¡Estoy lista y a su servicio!
—Cielos, chica —Alya Césaire contestó del otro lado— ¿Ahora ofreces servicios privados?
—¡Arg! ¡Alya! ¡Eres tú! —negó con la cabeza de la vergüenza— ¡Jamás! Nunca tan desesperada.
—¿Te sientes bien…? —parpadeó del otro lado la morena.
En el transcurso de lo que quedaba del día, hice una videollamada con Alya quien se encontraba en Francia terminando una gran primicia. Ella había tomado el camino del periodismo y vaya que era buena en lo que hacía. En los últimos meses, había logrado desbaratar dos bandas de trafico de hámster, publicó tres columnas sobre políticos infieles y mas de ocho documentales sobre que hacer en caso de que te atores con un trozo de HandRoll. Ella si sabía del tema.
Le expresé con inquietud mi angustia respecto a lo laboral. Era la única que me entendía por esas fechas. No tenia cara para contarle a todos mis amigos las peripecias que había pasado viviendo en Estados Unidos. Ni si quiera a…
—Adrien volvió ayer de su gira por China —expresó su amiga al frente de la pantalla— ¿Te has comunicado ya con él?
—No he hablado con el desde año nuevo…—Marinette desvió la mirada con aires de culpa. Últimamente las cosas estaban algo tirantes entre ambos. Y todo por…haberle hecho una ridícula escena de celos— Se que estaba con Lila Rossi. Y eso me puso de mal humor…
—Marinette —suspiró la periodista— ¿Hace cuanto ya que conoces a Adrien? Incluso luego de revelar sus identidades secretas. ¿Aun no confías en él? Sabes muy bien que jamás te sería infiel. Mucho menos con una mitómana trastocada como Lila.
—¡Ya lo sé! —se exculpó— ¡Pero es que-…! —calló de golpe, tratando de entender el propio caos que sufría en su corazón— La estúpida subió una foto a sus redes sociales, dándole la mano.
—Uy…le dio la mano —se mofó su amiga— ¿No le habrá dejado embarazada en el proceso?
—¡Esto es serio, Alya! —farfulló la ojiazul— ¡¿Te das cuenta de lo zorra que es?!
—Lo sé —bufó en una carcajada muy sonora— Por algo se apodó a sí misma como "Volpina".
—¡No es gracioso!
—¡Jajaja! —se echó a reír— Ya va. Me calmo —hizo una pausa, reanudando de forma mas seria la conversación— Amiga…en serio. ¿De quién es novio, Adrien?
—Es mío…—confesó, ruborizada.
—¿Entonces? —rodó los ojos— Deja ya las tonterías. Desde que llegó de Asia no ha parado de preguntar por ti —alzó las manos— Está loco por llamarte. Pero sabe que estás molesta y me da pena verlo tan desamparado.
—Adrien siempre suele dar esa impresión…
—¿Es una broma? —arqueó una ceja con asombro— ¿Desde cuando te refieres así de el?
—Yo…—tragó saliva. Vale…en verdad si había llegado demasiado lejos. ¿Cómo era posible que desconfiara a esas alturas? Hasta se sintió un saco de bosta por hacerle justicia a sus sentimientos.
La ojiazul aún era muy susceptible a la relación con el rubio. No se trataba solo de madurar, si no que las circunstancias de la vida les alejaban demasiado de la realidad como para llevar una vida de noviazgo plena. Ella se había mudado a Estados Unidos para alcanzar sus sueños. Y Adrien Agreste había tomado otro camino. El de la arquitectura. Sus estudios le llevaban gran renombre y por mas que quisiera negarlo, era un chico talentosísimo en lo que hacía. Un año antes habían conversado el tema y ninguno de los dos se opuso. Su prometido era muy complaciente con ella, al punto de aguantarle incluso las mañas que se cargaba. Pero le conocía como la palma de su mano. Cuando su pareja se molestaba…era armas de tomar. El también tenía su carácter y una que otra "Red Flag".
Ya el simple hecho de pasar su primer año nuevo separados, era motivo suficiente como para encabronarle. Tenía el dinero, la facha y las agallas de viajar desde el otro lado del mundo solo para estar con ella. Pero Marinette se había rehusado a la idea. Tampoco buscaba atarle a su estilo de vida tan mundano.
—Marinette —declaró Alya, con la mirada templada y la voz aterciopelada— Necesito que ordenes tus prioridades. No te noto bien. Y en verdad me preocupan tu y Adrien.
Asentí, comprometiéndome de corazón con Alya a que lograría de alguna forma solucionar mis problemas. ¿Qué tan difícil podía ser? Siendo Ladybug, siempre. Repito, siempre encontré una solución a los problemas. Pero esa era mi vida como super heroína. ¿Qué tan complicada era la existencia real de un adulto responsable al borde del colapso mental? Colgué optimista, dándome ánimos con la certeza de una ex Ladybug empoderada.
—¡Ahora sí, Tikki! —alardeó, empuñando sus manos— ¡A partir de ahora, solo actitud positiva!
—¡Así se habla, Marinette! —le alentó— ¡Ya verás que todo saldrá bien!
—¡Exacto! —chilló con júbilo— ¡Ahora mismo me va a llamar mi jefa y me pedirá perdón por toda la humillación que me hizo pasar hoy!
—¡Si! —bramó Tikki.
Su celular tintineó. ¡Que rápido funciona el universo para esta milagrosa muchacha!
—¡¿Alo?! —contestó mamadisima.
—Estimado cliente. Le estamos llamando de Entelcom por su deuda vencida del mes pasado. Pague ahora o su plan será suspendido.
—¡Claro que voy a pagar! —cortó de sopetón— La concha de tu pu-…
[…]
Paris. 11:45PM. Mansión Agreste.
—¡Soy Marinette! ¡Deja un mensaje! Jijij…—pip.
—Marinette me tiene bloqueado aún…—reveló Adrien con melancolía, colgando el teléfono. Claro que le había llamado todo el día.
—Vamos, amigo —le alentó Nino a su lado— No te desanimes. Seguro se le pasará luego y te desbloquea.
—Odio cuando hace esto, Nino —gruñó el ojiverde, tirándose con violencia sobre el sofá de su habitación— No me agrada.
—Lo sé. No hay que ser adivino para notarlo —exhaló el moreno, sentándose a su lado para prender la consola de videojuegos— Pero llevas toda la tarde molesto. ¿No podríamos relajarnos ahora mismo?
—No puedo simplemente obviarlo —se alzó de su asiento dando una pirueta— Creí que luego de dejar eso de ser super héroes todo sería normal entre ambos…—se abrazó a si mismo con sensible dolor— Pero ella sigue siendo tan escueta conmigo con algunos asuntos… como lo era siendo Ladybug. Ocultándome cosas…
—Hey…no te pongas así —intentó animarle Lahiffe, dándole palmadas sinceras en su espalda— Las chicas son un tanto complicadas a veces. Eso no tiene nada que ver con ser una heroína. Las mujeres son así.
—Para ti es fácil decirlo —desvió la mirada— Alya jamás te ocultó nada.
—Lo sé —admitió su camarada— Pero Alya y Marinette no son la misma persona ¿O sí?
—No…ciertamente no son la misma persona —admitió Adrien con pena— Pero llega un punto en donde no sé que hacer. En verdad la amo mucho. Y me preocupa desde que se fue a Estados Unidos. Siento que…algo me oculta —juntó el ceño.
—¡Wow! ¡Wow! —le detuvo— Calma ahí, tigre. ¿Qué insinúas? —Nino intuía algo muy malo en su amigo— ¿No estarás pensando en que…?
—¿Qué tiene a otro? —rezongó colérico en respuesta. Y por supuesto que ya comenzaba a pensarlo— Si. ¿Por qué no? Digo…no soy la gran cosa.
—Carajo —bufó el moreno— Nunca pensé que escucharía algo así de ti. ¿Y que pasó con el engreído de Chat Noir? ¿No eras tu él confianzudo de siempre?
—Eso es distinto —confesó— Chat Noir era lo máximo.
—¿Me van a dar una medalla por el cumplido? —exclamó Plagg, saltando hacia los muchachos con un trozo de camembert en las patas— ¡Te dije que no confiaras en las chicas! El queso es más confiable.
—El queso se pudre —ironizó Adrien con cara de asco.
—Al igual que tu relación —carcajeó el Kwami, antes de que le dieran un golpe— ¡Hey! ¡¿Y el respeto por ser el Kwami de la destrucción?!
—Destruye lo que quieras —espetó Agreste, saliendo de su habitación tras dar un portazo impulsivo— ¡Estoy harto!
—Me da igual —expresó Plagg, zampándose el queso de lleno en el hocico— Sigo siendo el personaje favorito de los niños.
—Vale…pero te buscaste ese golpe —admitió Nino, burlesco.
—Lo sé. Soy experto en ello —se encogió de hombros el pequeño.
No. Pero hablando en términos reales, en verdad Adrien estaba cansado de las actitudes peyorativas de su pareja. Desde un tiempo a esta parte Marinette actuaba muy errática con él. Como si le ocultara algo realmente grave. ¿Y si de verdad tenía a otro? Enumeró una lista de posibles candidatos amorosos de antaño y ninguno cabía en la lista. Ni si quiera Luka Couffaine, quien ahora se dedicaba a dar clases de música como profesor en la Universidad de Versalles. Pero era su ex ¿No? ¿Y si aún mantenían contacto en secreto? Se golpeó la cabeza un montón de veces intentando apaciguar sus malos pensamientos. No hubo caso…algo no andaba bien y no descansaría hasta averiguarlo.
Entre tanto, Nino se entusiasmaba cada vez mas
Entre que se daba de flagelos y asaltaba el refrigerador de la cocina como un vil ladrón, recibió un mensaje de texto por parte de quien menos esperaba. Félix.
—¿Y esto…?
El texto citaba:
"Mamá y yo estamos en París. Mañana volamos hacia Estados Unidos. Ha visto el nuevo conjunto de primavera que diseñó Marinette y está entusiasmada por comprarlo. Si quieres darle algún mensaje, dímelo ahora para transmitírselo"
¿Su primo Félix iría a ver a Marinette? Era una excelente oportunidad para encargarle la tarea de ponerle al corriente. Sus grandes orbes esmeralda se encendieron como dos focos de media noche en medio de la penumbra. De inmediato no dudó en marcarle de vuelta.
—Salut, Félix —le habló al móvil— He visto tu mensaje.
—¿Mh? —contestó Félix del otro lado del teléfono.
—Lamento mucho haberlo leído tan tarde —se disculpó Adrien.
—Mh…si —se quejó su familiar.
—Se que no es el horario preciso —murmuró apenado en lo que se masajeaba la parte posterior del cuello— Pero no lo haría so no fuese importante…
—Está bien…lo haces bien —jadeó.
—Verás…quisiera pedirte un gran favor —y rehuyó con la mirada tras observar el microondas de su cocina— Pero si estás ocupado y no puedes, lo entenderé.
—No pares. Sigue…—gruñó.
—Bueno —Adrien carcajeó incomodo, ya que para el mismo le sonaba una real locura— Hasta me da vergüenza admitirlo…pero creo que estoy celoso.
—¿Te gusta? —siseó.
—No. Por supuesto que no —contestó Agreste apenado— Pero en verdad quisiera dejar de sentirme así —A pesar de que no era la primera vez que tenía esa clase de pensamientos turbios, ahora la situación era mas distinta. Nunca en todos los años como héroes salvando parís se había alejado tanto de su lady, porque nunca dejó territorio nacional— Es por eso que quisiera ver la posibilidad de que averigües un poco mas de ella, estando en Nueva York —listo. Lo dijo. Si. Le estaba pidiendo desesperadamente que la espiara por el— ¿Puede ser?
—Ya-Ya me voy…
—¡N-no! —titubeó Adrien— ¡Espera! ¡Félix no te vayas! —mierda. ¡Sabía que era una mala idea! Seguramente su primo se había molestado— Lo siento. No quis-…
—Ngh…—Graham de Vanily soltó un ultimo gruñido varonil, acallando de sopetón tras el movil— For god sake. Adrien, eres un estúpido aguafiestas.
—¿Félix…—tragó saliva. De pronto su temperatura corporal se elevaba cual volcán a punto de ebullir— que demonios estabas haciendo?
—Límpiate la boca, cariño —le habló a otra persona. Tosió para recobrar la capacidad del habla, tras haberse visto interrumpido de muy mala forma— Escucha. Estoy en parís ahora mismo. Aquí siempre tendrás con quien pasarla bien ¿Ok? —aclaró— Además, me pareces de lo mas ridículo andar desconfiando de la gente.
—Eres un…—Adrien tembló de la impotencia y el apocamiento— ¡Eres un maldito obsceno! ¡Me hubieras avisado y yo no te seguía hablando como imbécil!
—No te hagas el mormón ahora, primito —bufó el rubio— a poco no te gusta.
—¡No te voy a contar mi vida privada! —estaba fermentando de la furia. Le costaba trabajo creer lo que había escuchado. Y al mismo tiempo, se le removieron las tripas— Tengo nauseas…
—Entonces ¿Cómo es la cosa? —Félix se frotó la sien, recapitulando la información que claramente no tomó demasiado en cuenta— ¿Quieres que le saque información a Mariana?
—Marinette —espetó Adrien.
—Claro —rodó los ojos como si le importara un carajo— Vale. Veré que puedo hacer. Cualquier extraña que note de María te lo haré saber.
—Marinette, Félix —redundó ya mosqueado— ¡Su nombre es Marinette!
—¿Sabes? —resopló hastiado el inglés— Ahora mismo te voy a cortar. Me repugna escucharte. Bye.
¿Por qué demonios era así? Adrien Agreste dejó el teléfono sobre la cubierta de cocina y estiró los brazos sobre ella para mirarse los pies. Era un idiota. Sentimientos encontrados le tenían la cabeza convertida en una maraña. Encima que ahora mismo tenía unas ganas horribles de vomitar. Nauseabundo, caminó de regreso a su habitación para encontrarse con su amigo quien aullaba a los mil demonios por haber perdido una partida.
—¿Qué te pasó, amigo? —el chico de anteojos parecía desconcertado— ¿Tienes diarrea?
—Félix irá a Nueva York y le pedí ayuda con Marinette —se dejó caer sobre el sofá— Dios…no sé qué me pasa…
—¿No era mejor que fueras tu en persona? —balbuceó Lahiffe, masticando un pedazo de Sandwich— Quiero decir, Félix tiene fama de ser un maldito embustero. Sin mencionar lo de mujeriego adicto a las apuestas.
—Basta Nino —confesó el rubio arrastrando las palabras en lo que se tiraba de las mechas— ¡Estoy enloqueciendo!
—Será mejor que te vayas a dormir —negó con la cabeza. Ya le conocía y sabía lo obsesivo que era a veces su camarada. Sobre todo, cuando algo se le metía en la mollera. Era tan terco, que seguro llegaría al fin del mundo con tal de averiguar algo.
—No necesito dormir. Necesito respuestas —expresó Adrien.
—¿No quieres un poco de mi pancito mejor? —le ofreció el moreno— Tal vez estas molesto porque tienes hambre.
—¿De qué es?
—Salchicha inglesa con queso crema blanco —dijo Nino re normal.
—Maldita sea, Félix. Voy a vomitar…—De solo verle el aspecto que traía ese pedazo de mal oliente sándwich, salió disparado al baño. Lahiffe y Plagg se observaron entre si con semblante circunspecto. No entendían un carajo.
—¿Estará embarazado? —bromeó Nino.
—A mi no me mires. No tengo aparato reproductor —Plagg se estaba entubando un queso, el doble de grande que su cuerpo.
Moriremos todos antes de saber donde demonios le cabe tanta comida a esa barriga tan chiquita. Aunque en general los Kwamis si son medios panzones todos ¿No? Alv. Que no nos escuche Tikki o seguro se emputa y crea un tsunami para que te ahogues en tu mierda.
A la mañana siguiente, Marinette Dupain-Cheng rompió el récord guinness de su vida: Levantarse temprano y a la hora. Esta vez sí se bañó. Si desayunó. Y no se puso la ropa interior al revés. Aunque…otra vez olvidó las llaves del apartamento.
Con toda la fe del mundo, se desplazó en su bicicleta rumbo al centro de la ciudad. Tenía tanto tiempo de sobra, que maravillada pudo pasar por un café de grano en Starbucks. Si. Nada como un café recién hecho por alguien mas que no seas tu. Y se apostó cual soldado en trinchera a las afueras de Deviant-Vichy, justo cruzando la calle. Aguardó en el parque a que Audrey le llamara tal y como se lo había dicho el día anterior.
Zoe Lee la mano derecha de la empresaria, notó como la pelinegra inventaba amagos de espía detrás de una cubeta de basura. Era demasiado notorio. ¿Por qué seguía humillándose así? Su madre era muy cruel y si no tenía compasión ni con ella…menos lo sería con alguien tan talentosa como su compañera. Las horas pasaron lánguidas en el estudio y con cada sospechoso movimiento que emitía la puerta giratoria de la entrada al edificio, Marinette más se desengañaba. El cielo esta tarde comenzó a dar sus primeros atisbos de lluvia. Nublado y con aires grises, acabó sentándose en una banca en compañía de palomas y una que otra ardilla. Su Kwami le observó impotente, urdiendo algún plan para poder ayudarle. ¿Pero cómo? Los humanos eran seres tan complejos entre sí.
—No va a llamarme… ¿Verdad? —se dijo para sí misma, devastada. Entonces realmente le había despedido— Será mejor que me vaya a casa a empacar.
—Marinette, no hace falta que vuelvas a Francia —le interceptó Tikki entre sus ropas— ¿Por qué no buscas otro empleo?
—¿Quién podría contratarme, Tikki? —explicó la chica— Se supone que estoy estudiando aún. Audrey estaba pagándome la beca incluso
—Si, pero-…
—¡Mírame! —ladró, con las escleróticas de sus ojos humedecidas— ¡Soy torpe y sin talento! ¡¿Quién querría contratar a una maraña de fracaso como yo?! —y desvió la mirada— al menos yo no invertiría en mi…
Ah. Pero por esas horas de la tarde, los trabajadores de Deviant-Vichy corrían en llamas por todos lados; pues habían recibido una visita para nada esperada: Los Graham de Vanily.
Tras la muerte de su padre, el magnate de la industria cinematográfica, era reconocido a nivel mundial por sus talentosas producciones. Con tan solo 22 años y un futuro prometedor, logró absorber la marca de muchos diseñadores de moda. Entre ellas, la marca Gabriel Agreste. Su madre Amelie, era una de las pocas talentosas actrices del cine Británico. Y que, sin lugar alguna, veneraba usar las prendas que su retoño le proporcionaba en todos sus estrenos. En su último Film: "Ayuda, mi hijo es una pluma" rompió récords de taquilla, única y exclusivamente por un traje ceñido de cuero negro que usó en la escena del clímax.
Audrey perdió los estribos, saltando en una pata para recibirles. Cada vez que los Graham de Vanily usaban alguna creación de su piloto de modas, las ventas crecían un 50% mas en tan solo semanas.
—Oh my god —Lee estaba maravillada con la presencia del rubio. Era muy apuesto— ¿Eres Félix? ¿El de la película? —no podía creerlo— Solo quería decirte…que eres una pluma muy guapa. Soy tu fan.
—Solo para aclarar, no soy cualquier pluma —acotó Félix con destemple petulante— Soy una pluma muy refinada de pavo real, turquesa himalayo.
—Claro. Conozco el himalaya —rio Zoe con voz embrollada— Uso sal de allá para mis comidas —viva la sal del Himalaya.
—¡Audrey, querida! —le saludó Amelie con un beso en ambas mejillas— ¡Tanto tiempo sin verte! Estás maravillosa.
—Mis preciados amigos —carcajeó con el signo peso dibujado en los ojos— El placer es todo mío. ¿A que se debe su vista tan…inesperada? — Me hubieran avisado antes, maldita sea.
—Mi madre está interesada en un diseño en particular. El vestido de Dupain-Cheng —reveló el ojiverde. Aunque fisgonear por los pasillos y cada rincón del cuarto, la muchacha no se encontraba ahí— Pero no está aquí por lo que veo.
—¡Ah! Dupain-Cheng —se mofó frenética— ¡¿Qué?! ¡¿Por qué esa mocosa?! — Marinette salió por café. Pero ya vuelve —mintió con descaro— Aunque… ¿Están seguros de que quieren ese diseño en particular? Teniendo un sinfín de los míos.
—Estoy rodando una escena de los años 70 —susurró Amelie con un guiño picaresco— y que mejor que los puntos para eso ¿No crees? —pues el vestido de Marinette constaba de pliegues y puntos muy llamativos.
—¡Ridículo! ¡Totalmente ridículo! No puedo creer que esto esté pasando. ¡¿Qué hice para merecer esto?! —Zoe le observaba de reojo con atisbo inquisitivo— Vale, Ya lo sé ¿Ok? —Bien…la llamaré de inmediato. Por favor pasen a mi despacho mientras tanto. Les serviré un café —agregó, chasqueando los dedos para llamar a uno de sus esclavos. Luego de ordenarle ir a la cafetería, Bourgeois emplazó a su hija para la solución al problema— Vale. Llama a Dupain-Cheng. Dile que la quiero aquí en 5 minutos. ¿Me oyes? 5 minutos.
—Pe-pero…—dudó— usted la despidió…
—¡Pues recontrátala, inútil! —chilló la mayor— ¡Si no quieres que te despida a ti en su lugar!
La muchacha casi se cae de culo con la noticia. Pero de la felicidad porque, estaba muy contenta de que su madre hubiese recapacitado sobre su amiga. Zoe quería muchísimo a Marinette. Y no de un punto de vista lésbico, aunque a veces si sintiera ganas de agarrarla a besotes. Si no como la hermana que nunca llegó a tener. Por supuesto que Chloé no cuenta. Ella debió haber sido abortada.
No tuvo necesidad de llamarle por teléfono. Fue cosa de cruzar la calle para alcanzarle. Casi le atropellan en el intento, pero al menos valió la pena. La ojiazul estaba marchándose muy desanimada cuando le atajó.
—¡Marinette! —la interceptó Lee, bosquejando una expresión afectuosa— Mi madre te necesita. Estás oficialmente contratada otra vez.
—¿Zoe? —Marinette brincó repetidas veces con la noticia, abrazándole una y otra vez— ¡Que bien! ¡Estoy contratada otra vez! ¡Qué bien! —Paren todo. ¿Entonces me habían despedido…? —Comprendió el por qué no le habían llamado. Tampoco pretendían hacerlo…— Ah.
—¡De prisa, no hay tiempo que perder! —manifestó con regocijo la rubia; que en pocos momentos le arrancaría el brazo de tanto jalárselo— ¡Alguien te espera!
Vale. Esto si que era inesperado. No mucho por el hecho de haber sido despedida y al siguiente día recontratada; lo cual en verdad agradecía en el alma porque debía pagar el plan telefónico y comprar toallas intimas. Pero… ¿Ahora alguien aguardaba por ella? "Audrey y esperar" no iban juntos jamás en una sola oración. Así que probablemente no era ella quien la citaba. Y si no era ella ni la increíble Meryl Streep. ¿Quién más podría ser?
—¿A-Adrien…? —pestañeó atónita al verle ahí sentado. Re normales todos, bebían café y charlaban a gusto. En cuanto mi jefa me vio entrar, corrió a abrazarme la muy sínica. Ganas de matarla no me faltaron.
—¡Dupain-Cheng! —carcajeó Bourgeois con desbordante hipocresía— ¡Aquí está mi talentosa diseñadora favorita! ¿Cómo te fue con esos cafés?
—¿Cafés? —Marinette ladeó la cabeza, completamente pasmada— ¿Qué caf-…? —¡Auch! ¡¿La maldita acaba de pisarme?! —hizo un mohín adolorido, disimulando la mentira. No supo a ciencia cierta que tramaba, pero si no le seguía el juego, seguramente no saldría viva de su oficina— ¡Ah! Si. Ya traje los cafés. Los dejé sobre la mesa.
—Pero si es la novia de mi sobrino favorito —proveyó Amelie en tono amigable, depositando un beso a cada lado de su carita— Siempre es un placer verte.
—Cuanto tiempo sin vernos, Marinette —aclaró Félix, estrechando su mano con seriedad. Lo que sería un simple saludo de conocidos, de pronto se transformó en algo más. El rubio había besado el dorso de su mano como solía hacerlo su pareja— Estás más grande…
Hacía mas de cinco años desde que no se veían y claramente, ahora ambos eran mucho más maduros que en aquellos tiempos. El parecido con Adrien por un lado seguía resultándole sumamente fascinante y por el otro, bastante incomodo. Hay que tener cuidado con llegar a confundirles. Porque si bien constaban en apariencia, en personalidad eran polos íntegramente opuestos. Y fue lo primero que llegó a notar tras ese beso ligeramente coqueto. ¿Por qué de pronto parecía embelesado con ella?
—Marinette —explicó Audrey— Los Graham de Vanily desean comprar tu diseño de primavera-verano.
—¿De-De verdad? —no lo podía creer. ¡Pero que maravillosa noticia!
—Es hermoso —aclaró la madre del multimillonario— Quiero usarlo sin duda para mi estreno la próxima semana.
—Pone el precio y lo pagaré —decretó el ojiverde, en lo que extraía de su chaqueta un lápiz y una chequera—
—¿El…precio? —una gota de sudor se deslizó por la sien. Dupain-Cheng estaba en shock. Desde que había comenzado a trabajar para Deviant-Vichy jamás vio pasar un misero centavo por parte de las ganancias obtenidas. Todo se lo llevaba la rata de su jefa.
—¡Wow! —interrumpió la diseñadora, calmando las aguas— Marinette y yo tenemos un contrato de por medio. En cuanto a temas de precios, lo veo yo.
—Marinette —ignorando olímpicamente a la petulante mujer, Félix le clavó una mirada penetrante a la espera de su respuesta— Dispara un valor. El que quieras.
—Pe-pero…—tartamudeó la ojiazul, ruborizada.
—¿Cuánto crees que vale tu talento? —y frunció el ceño con recelo. Era una prueba a su inteligencia y capacidad creativa. En el fondo la pregunta hubiese sido: ¿Cuánto vales tu? Porque como profesional de medio tiempo, se estaba muriendo de hambre. Así que pretendió creerse el cuento tan solo por unos momentos e inflar el pecho.
—Es una fortuna —murmuró bajito— No creo que puedas pagarlo —Ay…a poco si me mandé una cagada.
—Lo pagaré —volvió a repetir.
¿Así que la familia mas influyente de Inglaterra estaba dispuesta a pagar un enorme capital por mis creaciones? Esto si que no me lo creía. ¡Demonio! Soy buena para cortar y crear cosas, no para los negocios. Agudizando mis sentidos le presté atención al colgador que permanecía detrás de la vitrina. Era mi vestido original. No las copias baratas vendiéndose en Zara. Dios que era precioso no andemos con tonterías. Una joyita en bruto. Audrey lo sabía muy bien y sin embargo parecía ser la única que no apreciaba mi verdadero talento. Eso me encabronó mucho durante meses. A pesar de haber aumentado su patrimonio a costa de él, el porcentaje de mis ganancias nunca fue suficiente. ¡Yo tenía que llevarme el crédito! ¡No ella! Me harté y sin pensarlo, disparé una cifra ridícula de la cual estaba segura Félix rechazaría.
—¡Cuesta veinte mil dólares! —aulló.
—¡¿Qué?! —la empresaria casi se desmaya por el valor. ¡¿Acaso había perdido la cabeza?! — ¡Es-esperen! ¡Marinette no puede poner ese precio. Eso es-…
—Listo —aceptó Félix, firmando el cheque para entregárselo a la muchacha en sus propias manos. Tan pronto lo entregó, se aproximó a su oído para susurrar con lascivia— Querida…hubiera pagado cien mil por él, de ser necesario.
—¿C-Cien mil dólares por un vestido? —Marinette se estremeció de los pies a la cabeza— ¿Es broma? ¿Qué hace…?
El aliento de Félix en mi oído me despojó de respiración por unos instantes. ¿Qué significa esto? Pude notar como a Zoe se le había caído la cara de la impresión. Y por supuesto que mas atrás, una Audrey en llamas. Si las miradas hubiesen matado, yo estaría durmiendo con los peces.
—Bueno madre —aclaró la voz el rubio— Es todo tuyo —le entregó una tarjeta a la secretaria— Por favor envuélvanlo en papel de seda y envíenlo a esta dirección.
Yo seguía hecha una piedra con el documento en mis manos. Jamás vi tantos ceros en unas minúsculas casillas. ¿Eso quería decir que ahora era millonaria?
—¡Ni en tus sueños te encariñes demasiado! —la dueña de la agencia le quitó de golpe el cheque— Tu y yo tenemos un acuerdo. Y solo verás un porcentaje de esto.
—¡Hey! ¡Eso es mío! —chilló Dupain-Cheng— Vieja bruja — ¡No es justo!
—¿Acaso olvidas quien te paga las pilchas que vistes? —argumentó con petulancia la empresaria— ¿Quién te alimenta y te paga los estudios?
—¡Pero si tú me despediste! —berreó.
—Es verdad, mamá —espetó Zoe Lee, mostrándole en la pantalla de su tableta la carta de despido de Marinette— Ya no existe el contrato.
—¿Que? —Félix se detuvo en el marco de la puerta, observando a Marinette con los ojos afilados cual cuchillo a punto de rebanar un trozo de carne. ¿La chica estaba desempleada? —¿Estás buscando trabajo, Marinette?
—¡Dame eso! —le quitó de las garras su precioso dinero, frotándose la cara con él— Ah…—apremió— Ya que lo mencionas. Si, Félix. Estoy en busca de nuevo empleo ahora que estoy desempleada —cargó la voz para asegurarse de que la mujer le escuchara. Bourgeois disparaba humos por la cabeza de la furia.
—Estabas —corrigió el caucásico— A partir de hoy, trabajas para mí.
—¿Qué…?
—¡Ay, que emoción! —Amelie le regaló un apretón amistoso a la muchacha— ¿No es genial, Marinette? Ahora diseñaras para nosotros. ¡Yo estaré encantadísima de usar tus creaciones!
—Quiero comprar tu marca —explicó sin mayores tapujos— Trabajarás para los Graham de Vanily. Y pagaré tus estudios de diseño. Al menos, los que te van quedando.
—Eh…es-esperen un poco…—trató de bajarle los humos al asunto. Ni si quiera le habían preguntado si quería aceptar el puesto. ¡¿Y por qué de pronto tanto interés en ella?! — No puedo aceptar esto…
Para exponer un poco el contexto. En el pasado, Adrien también le había ofrecido todo eso. Pero obvio que lo rechazaría. Marinette amaba ser una joven libre. No andar dependiendo del novio "millonario". Si debía esforzarse y sudar como todo hacendoso trabajador promedio lo haría con gusto. Y aceptar la oferta de los ingleses era…prácticamente dejar todo en familia. No deseaba para nada involucrarse tan a fondo. No era orgullo. Tan solo las ganas de sentir la independencia de sus propias creaciones.
—Me agrada la idea, Félix. Pero…me temo que debo objetar —aclaró la ojiazul, con la mirada abatida— Me gusta mucho diseñar…pero esos trabajos son míos. Y deben llevar mi propio sello y marca.
—Ya veo. ¿Así que es eso? —se encogió de hombros— Entonces la patente permanecerá contigo, Dupain-Cheng. Mientras diseñes para mí empresa, todo bien. Quédate con la mitad del dinero.
—Suena demasiado bueno para ser cierto —Marinette parpadeó dubitativa— ¿Me estás queriendo decir que puedo seguir siendo yo misma…?
—Tienes libre potestad de hacer lo que gustes —expuso Félix, esbozando una sonrisa ladina de confianza— Siempre y cuando hagas que mi madre use todos tus futuros proyectos —y siseó finalmente— Y te entregues a mi en cuerpo y alma. Me gusta la fidelidad de mis trabajadores. Si me entiendes.
Ok. Eso ultimo me dio algo de miedito. ¿Qué habrá querido decir con eso? Bueno, de alguien tan extravagante como el primo de Adrien no se podía esperar nada coherente. El era el chico del dominio aquí. Tenía todas las de ganar, incluso si tiraba todo su arsenal sobre la mesa. Acepté sin más. Nos estrechamos la mano y cuando ya se me estaban empezando a relajar los glúteos…nuevamente esa maldita mirada como si me estuviera desnudando con ella. Yo creo que me dio un mini infarto cerebral y mas de alguna neurona se me quemó.
En lo que restaba de tarde, pesqué mis cosas y me largué a la mierda feliz de la vida. Audrey intentó manipularme con argucias suspicaces para que me quedara. "Ridículo. Totalmente ridículo" le respondí, despidiéndome con un abrazo amistoso de Zoe antes de desvanecerme por la puerta principal del edificio. Tikki y yo nos fuimos saltando alegremente hasta el metro subterráneo, ignorando que también dejé mi bicicleta en el parque. Pude haber tomado un auto hasta Manhattan, pero primero debía cobrar mi premio. Me sudaron las manos al pasar el trozo de papel por el lector del cajero. Introduje mi tarjeta de crédito que ya llevaba días en saldo negativo y validé mi identidad con mi huella y el iris de mi ojo derecho. Me encomendé a San Benito y a cuanto santo se me ocurrió de que todo saliera bien. Cuando la maquina me devolvió el plástico, tragué saliva con el corazón a mil por hora.
—Muy bien, Tikki…aquí vamos…
La volví a encajar en la ranura y tecleé mi contraseña de cuatro dígitos.
"Usted tiene: $19.589 dólares disponibles"
—Esta pequeña parte de mi vida se llama…—Recordé la película de Will Smith y me largué a llorar de la emoción.
—Pagar cuentas —entorpeció Tikki.
—Exacto —le guiñó el ojo, retirando algo de efectivo— ¡Hora de pagar como condenadas!
Pero incluso luego de llegar a casa y saldar todas mis deudas, mi cuenta seguía en números verdes. En ese preciso momento descubrí que el dinero me excitaba sexualmente hablando. Literal. Me dieron unas ganas horribles de ir a la casa de Adrien y cogérmelo a lo maldita desquiciada. Lástima estábamos lejos y encima peleados por su culpa. Obvio, porque es su culpa. ¿Quién lo manda a ser tan jodidamente rico? Debería pedirme perdón por ello. Por el momento solo debía conformarme con la fotografía que tenía de el en mi velador. La tomé entre mis dedos y le di muchos besitos. Ay…mi Adrien. Tan lindo siempre. Y con tanta paciencia que me tiene. No me lo merezco…
—Mghn…—farfulló la pelinegra, acariciando con la yema de sus dedos los labios del retrato— ¿No te duele la cara de ser tan lindo?
Tikki me observaba con ojos fisgones.
—¿Qué pasa? —consultó Marinette, ligeramente extrañada.
—Por favor…no otra vez —la Kwami se cubrió los ojos, traumatizada— La última vez que tomaste su fotografía, corriste al baño y terminaste haciendo ruidos raros con la boca.
—¡¿T-tu no estabas durmiendo?! —se defendió, con el rostro entumecido de lo colorado que estaba.
—Despiertas a cualquiera ¿Sabías? —se encogió de hombros— Además olvidaste quitarte los aretes.
Que exagerada, ni que fuera tan escandalosa. Bueno…que vergüenza. Había olvidado ese pequeño detalle. Dejé respirar la imagen de mi novio un momento para concentrarme en hablar con el real. ¿Cómo empezar una conversación así? Lo primero era desbloquearle. Inhalé profundamente y exhalé de vuelta, armándome de valor. Me tomé mi tiempo en alinear mis chackras antes de marcar. Cuando finalmente repiqueó el número, su buzón de voz me atendió del otro lado. ¿No estaba disponible? Volví a intentarlo y lo mismo.
¿Qué demonios?
La tercera vez si me contestó. Escuchar su voz me removió las tripas. Sobre todo, ahora que estaba más sensible por la estúpida discusión. Pero… ¿Por qué sonaba tan agitado?
—¿Marinette? —murmuró con alivio el ojiverde— Que bien que al fin logras llamarme. Me tenías bloqueado desde año nuevo.
—Aquí vamos otra vez…—Adrien —protestó Marinette con aire malicioso— ¿Por qué no atendías el teléfono?
—¿Eh? —jadeó Adrien, limpiándose el sudor de la frente— Estaba en el gimnasio. Sabes que los martes por la noche entreno con Nino.
—¿Es martes? —Dupain-Cheng hizo una pausa y verificó la información. Es cierto— Aun así…
—¿Pasa algo…? —exclamó el rubio, ligeramente acongojado— Escucha…tú te conoces mis horarios desde que íbamos a la secundaria. ¿Por qué de pronto…?
Silencio desagradable en la línea.
—Mi lady…
—Mándame una foto —exigió con voz metálica.
—¿Qué?
—Que me mandes una foto —redundó.
—¿Estás segura de eso? Ahora mismo estoy muy transpirado —Agreste se rascó la nuca, echándole un vistazo a Nino quien un poco mas allá, hacia pesas en una máquina. Era algo bastante raro, pero ya que no tenía nada que ocultar, le mandó una selfie— ¿Te llegó?
—Si…—exhaló mas calmada al ver que era verdad— Dios… ¿Por qué le pedí eso…? ¿Qué me pasa? —cerró los parpados con melancolía.
—Marinette…—consultó el rubio en tono ansioso— Creo que tú y yo deberíamos hablar. ¿Si sabes que yo jamás te sería infiel? ¿Verdad? —lo debatió. Pero tras no recibir respuesta automática, insistió en el tema— ¿Lo sabes?
—Lo sé…—admitió la ojiazul, cubriéndose la boca para no llorar— Lo siento. No sé que me pasa últimamente. No estoy siendo yo misma.
—Se que es complicado. Pero por favor no te cierres a mí. Sabes que no nos ocultamos nada. Puedes confiar en mi —expresó Adrien, transmitiéndole energías positivas a través de su voz— ¿Cuándo volverás a Francia? Te extraño, bichito.
—Yo también te extraño, mi gatito —admitió abatida la muchacha— Perdóname…pero es justamente por eso que te llamo —acalló unos momentos, reanudando la platica con mas soltura esta vez— Me voy a Londres.
—¿Qué? ¿A Londres? —Agreste quedó boquiabierto— ¿Pe-pero…por qué? ¿Y ese cambio? —bueno, al menos Londres no quedaba tan lejos. Un par de horas en tren serían suficientes. O podía tomar un avión y el cambio horario no sería tan complicado. Los benditos Jet Lag lo ponían muy estreñido.
—Audrey me despidió —confesó Dupain-Cheng, confiando en que esta vez se sentía segura de la información que transmitía y que el lo tomaría como siempre— Félix vino a la agencia esta tarde y compró un vestido mio para su madre. Le gustó tanto que…decisión contratarme para su marca. Ahora trabajaré para él —¿Ya les dije que pensé que iba a reaccionar normal? Bueno, me equivoqué.
—¡No puedes hacer eso! —aulló, golpeando el saco de box frente a él. Eso había sido demasiado impulsivo, muy típico de su temperamento. ¡¿Por qué Félix la contrataría?! ¡Ese no había sido el maldito trato! — Es no fue lo que acordamos —pensó— Tch…lo siento. Pero no estoy de acuerdo esta vez. Félix es un chico muy quisquilloso. Con el nunca sabes cómo lo vas a pillar un día.
—Lo tengo presente, cariño —consintió Marinette. Al mismo tiempo que hablaba con él, se miraba un artículo en el periódico de Alya sobre la biografía del británico— Se que tiene una reputación un tanto indiscreta. Pero no debes juzgar a las personas solo por un par de chismes.
—¿Chismes? ¿Por qué era tan inocente? — Lamento informarte que esta vez te equivocas —endosó el rubio, frunciendo el ceño— Félix es-…
—Es tu familia —le interrumpió con actitud hosca— Deberías confiar en tu familia.
—No vayas —redundó— No quiero que vayas. No aceptes.
—Adrien. Ya es demasiado tarde —suspiró dócil— Ni si quiera te llamaba para pedirte permiso. Solo te quería avisar.
—Pues deberías. Somos una pareja —instó, palatinamente aumentando el tono de voz— Deberíamos poder discutir estas decisiones juntos. ¡Juntos!
—Eres mi novio, Adrien —refunfuñó Marinette, apretando el celular entre sus dedos— No mi marido. Ni mucho menos mi dueño.
—No vayas —le amenazó, ya con dos venas hinchadas en la frente— Te lo advierto.
—Te llamaré cuando esté instalada en Londres —cortó.
—¿Marinette? —le llamó— ¡¿Marinette?!
Pi-pi-pi-pi-pi.
—¡ARGH! —de un certero arrebato, Adrien azotó el teléfono contra el suelo; partiéndolo en mil pedazos. Los congregados del gimnasio se intimidaron un poco con el rugido del rubio, encogiéndose en sus posiciones. Poseído por una fuerza incontrolable, cogió dos guantes de combate y comenzó a apalear desenfrenadamente el saco que colgaba del techo, al punto de rajarlo y sacarle todo el relleno. Nino Lahiffe se acercó a el a pasos sigilosos, percatándose de lo enajenado que se encontraba.
—¿Por qué siempre tienes que reaccionar así? —emitió el moreno— Si dijeras las cosas que sientes en el minuto, esto no pasaría. Pero tu dale con guardártelas y bancarte todo en silencio.
—Porque ya no me aguanto ni un minuto mas que me vean la cara de estúpido. ¿Ok? —masculló colérico, dejando ver sus colmillos— Tengo un puto carácter de mierda. Pero si no me hincharan las pelotas, no tendría estas actitudes.
—Los del gimnasio al menos lo notaron.
—Esto es culpa de Marinette —tembló con furia, notando como su celular hecho trizas lanzaba chispas— Todo el tiempo minimizando mis sentimientos, como si yo no importara.
—¿Vas a…romper con Marinette? —consultó temeroso el compañero.
—Supongo que es lo mejor —confesó, tirando la toalla. Si, literalmente tiró la toalla al suelo. Nino permaneció impactado por su declaración. ¿Quién lo diría? ¿En serio estaba tan harto como para rendirse y terminar con Marinette?
—Tengo que hacer algo al respecto…
[…]
Siempre vi en el mapa del colegio que la isla de Reino Unido era un trozo pequeño en el tiempo espacio. Pero tras volar sobre ella, me di cuenta que no se parecía en nada al pedazo de tierra que imaginé. Era enorme. Sobre todo, su capital, Londres. Lo primero que noté al bajar del avión, fue un anuncio promocional de la familia Graham de Vanily. Era como volver al pasado y ver París repleto de carteles con fotos de la marca Agreste; siendo el rostro de Adrien como figura principal. Afortunadamente se había retirado del modelaje. Así que ya no debía lidiar con su fama ni las locas fans.
Sin duda este era un país demasiado distinto a Estados Unidos. Y nada parecido a Francia. Partiendo por la base de que los vehículos aquí están todos al revés. Muchas de las calles no tienen ninguna señalética. Y los londinenses no hacen picnics en las plazas públicas, ni beben vino en ellas. Algo que realmente añoraba de su parís querido. Ah, pero no todo era aburrido. La vida nocturna por estos lares era una de las mejores. Félix me advirtió de un par de bares que si o si tenía que visitar si andaba por acá. Lo genial de ellos era que estaban en sótanos. Podías entrar gratis hasta las 19:00 horas si eras mujer y además te regalaban una champaña de bienvenida. Adoro el espumante.
Creí que la familia Graham de Vanily vivía en la ciudad misma como Adrien. Pero acá las cosas se vivían a otro nivel. Luego de recorrer unos 7 kilómetros a las afueras de la capital, llegamos a una frondosa campiña que literal, alzaba una mansión el doble de grande que la de los Agreste. ¿Qué esperaban?
—¿Te gusta?
—Es increíble, Félix —comentó Marinette, maravillada.
—Es la casa de mamá —explicó como si nada.
—Espera… ¿No vives aquí? —pestañeó estupefacta— ¿Una mansión completa para una sola mujer?
—No. Aburrido —se encogió de hombros, esbozando una sonrisa diablesca— Vivo en un Pent-house en Londres. Allá es donde pasa lo bueno.
Uno de los mayordomos me invitó a conocer mi recamara. Pasaría la noche en casa de la mamá de Félix primero antes de poder reubicarme en la urbe. El rubio se había encargado personalmente de conseguirme un alquiler en el mismo edificio en el que el vivía. Solo que un piso mas abajo. Lamentablemente no estaba del todo remodelado para habitarlo así que, por ahora, esta sería mi habitación. De habitación tenía bien poco les diré…era mas bien una cancha de tenis.
—Es…demasiado grande para mi —Marinette se amedrentó un tanto. Y ella apenas cargaba una maletita con un par de chucherías.
Félix me explicó que en la mansión Graham jamás se pasaba en silencio. Amelie era afamada entre su gente por dar grandes fiestas casi todos los días. El desplante, la gallardía y el pampanoso mundo de la moda y los actores de Hollywood cobraban vida tras caer la noche. He ahí el por qué de tantas habitaciones, baños y servidumbre. Ya me estaba imaginando otras cosas…
Esa noche intenté contactar a Adrien por teléfono. Pero este lo había apagado. Seguramente seguía molesto por la pelea del día anterior. Seguía preguntándose por qué no confiar en Félix si era un chico tan sincero y bueno con ella. Tan dulce y amble. Sobre todo, caballeroso, al punto de dejarle un chofer personal para trasladarme libremente por donde quisiera ir. Abrí mi laptop para escribirle por las redes sociales, pero también había cerrado todo. ¿Qué rayos?
—Vale…creo que este es un nuevo nivel de berrinche que desconocía…
—No creo que sea solo un berrinche común y corriente. ¿Tal vez hablaba en serio con lo de la advertencia? —se asomó Tikki, mirando la pantalla del artefacto electrónico— Hasta dio de baja su correo.
—No sé que habrá pasado, Tikki…—la ojiazul tragó saliva con dificultad. Le olía realmente muy mal todo— Pero creo que esta vez…Adrien si se enojó de verdad.
—Dale espacio. Ya conoces como era como Chat Noir ¿Recuerdas? Solía renunciar cada dos minutos de su Miraculous —la pequeña criatura sobrevoló la habitación con júbilo— ¡Pero mira que lugar tan grande!
—Es verdad…Adrien es muy pasional para sus cosas —se dijo así misma, tratando de no perder la calma— Pero aún así…nunca había cerrado sus cuentas. Me pregunto si todo estará bien…—buscó el numero de Nino en su teléfono con la esperanza de llamarle. Pero se retractó para pensarlo mejor. Le haría caso a Tikki esta vez. Seguro se le pasaba luego. Para su suerte, Adrien enojado duraba menos que un hielo al sol.
—¡Marinette, mira! —Tikki abrió un mini refrigerador que tenía la habitación— Hay…Galette.
—¡Tikki no empieces!
[…]
A la mañana siguiente, el magnate me llevó a conocer mi nuevo hogar. Era mucho mas espacioso que el cuchitril que tenía en Nueva York y la cama era de dos plazas. ¡Hasta Jacuzzi tenía! ¡Y una oficina de diseño solo para mí! Con máquinas de coser, artículos de costura y una enorme pantalla Led. ¿Cómo no enamorarme de este lugar? Sin duda era la mejor decisión jamás tomada en mi vida. Félix me entregó las llaves. Que no eran llaves en sí. Si no, una tarjeta de entrada. ¡Cuánta tecnología para ser un simple apartamento! ME sentí empequeñecida de tantas regalías. ¿En verdad el rubio era algo así como un ángel caído del cielo?
Maravillada a mas no poder, esa tarde me dediqué a desempacar mis cosas, que ni si quiera alcanzaron a llenar la mitad del closet. Era un gigantesco Walking-Closet con espejo, tocador y todo. Increíble. Casi me desmayo. Ya instalada, me dispuse a llamar por video a mis padres para contarles la noticia. Mi mamá y mi papá saltaban de gozo por mis logros. Hasta mi abuelo y mi abuela se sumaron a la charla. Quería contarle a Alya con tantas ganas sobre mis nuevas aventuras. Y también a mi novio Adrien…pero no apareció en todo el día y ya eran más de las 21:00 pm. Comencé a sospechar ligeramente que no se le quitaría tan rápido esta vez. Ahora si que iba en serio. Y si alguien podía ayudarme a llegar a él, era sin duda su primo. Probablemente algo sabía del asunto.
En cuanto me puse los zapatos para salir de casa, Félix reapareció como un espectro en la entrada. Vestía un traje de Chat Noir de tela cuerina y me apuntaba con un bastón similar al real. ¿Qué mierda? Ok. Eso fue mórbido. Encima que se parecía demasiado al real…mas turbio me pareció.
—¡Alto ahí! —le atajó— ¡Estás Akumatizada!
—¿Qué…? —una gotita de sudor bajó por mi mejilla— ¿Estás bien…? —Creo que si fumó algo…
—¡Jaja! Es una broma —le dio un codazo de forma amistosa. Sus glóbulos oculares estaban desorbitados, sutilmente enrojecidos. ¿Habría fumado algo? — Solo vine para invitarte a una fiesta en mi Pent-House. Es una fiesta de disfraces, antes de comenzar con los preparativos para la gala de la película.
—¿Una fiesta de disfraces? —se intimidó por unos segundos, desviando la mirada— Pe-pero…no tengo ningún traje.
—¡Ah! ¿Cómo que no? —apuntó directamente a sus aretes— ¡Hazme el honor!
—Ah. No…no creo que sea una buena idea —¿Acaso está loco? Jamás me prestaría para algo como eso —negó con la cabeza— No. Me rehúso.
—¡Vamos, Marinette! ¡No seas así! —aulló eufórico— Solo estamos con un par de amigos piolas. No es nada fuera de lo común —suplicó— Además, ya les prometí que les presentaría a la verdadera Ladybug. ¡Anda di que sí!
—¡¿Qué hiciste, que?! —chilló en respuesta, con el rostro febril— ¡No!
—¡Vamos! ¡Di que sí! ¡Es una estupenda idea!
—Yo creo que el Akumatizado eres tu —se mofó de vuelta, cruzándose de brazos— No, Félix. Creo que es una pésima idea.
—Por favor. Prometo que será breve —insistió, acercándose a escasos centímetros de su rostro; casi respirándole en la nariz— Solo dales un par de autógrafos y te juro que no te vuelvo a molestar nunca más con esto —se explicó— Sabes que soy una persona influyente aquí. Si quedo como mentiroso…se decepcionarán mucho.
—¿Por qué de pronto Félix actuaba de esa forma tan…entusiasta conmigo? Siempre pensé que era un chico demasiado compuestito…—Marinette observó los ojos de gato con botas que le había puesto y no pudo. Simplemente no pudo…rechazar la oferta. Suspiró rendida— Está bien. Pero que conste que será la primera y ultima vez.
—¡Excelente idea! —bramó al aire como un lobo salvaje al acecho. Acto seguido, le extendió la mano con humildad— ¿Sería tan amable de ser la Ladybug de este humilde gatito, mi lady?
—Mierda. No hagas eso…—Dupain-Cheng frunció el ceño con recelo— Por favor no me llames así…solo Adrien tiene permitido hacerlo.
—¡Lo que usted diga, mi lady! —bromeó— ¿O debería decirte…bichito?
—¡¿Me estás escuchando?! —protestó enardecida.
Aish. ¿Para qué seguir discutiendo? A todas luces, el chico había consumido algún estupefaciente y quizás otra cosa más porque vamos…no era normal verle así. Ese sería el ultimo favor que le pediría a Tikki. Aunque la astuta me terminó chantajeando con un pedazo de Galette prometiendo ser una dama…y no enloquecer como la ultima vez.
Me transformé una vez mas en Ladybug y subí el ascensor con mi compañero. Lo haría muy rápido. Mi plan era entrar, saludar a todos, darles el autógrafo y salir invicta por la ventana. Pero cuando llegamos al apartamento de Félix…la música electrónica me pegó en toda la cara. ¡Habían mas de 50 personas ahí dentro! ¡Y todos disfrazados encima!
—¡¿Unos amigos piolas?! —berreó Marinette, dispuesta a regresar por el ascensor— Me largo.
—¡Oh por dios! —bramó una muchacha disfrazada de Rena Rouge— ¡Pero si es Ladybug en persona!
Fue imposible detener la estampida que casi me atropella. El rubio me jaló hacia el interior y de ahí en adelante…no pude escapar más. ¡Invadieron mi espacio personal mas de lo debido! Pero logré contenerles a escasos metros. Está bien. Les daría el vendito autógrafo. Formaron primero una fila en orden y con un plumón negro, rayé sus trajes, sus manos y uno que otro papel. No habían pasado ni diez minutos, que Félix me ofreció un trago.
—¡Este no era el trato! —se quejó.
—¡No seas tan amargada, Ladybug! —le increpó un chico mas atrás, con traje de Caparazón— ¡Pásala bien con nosotros!
Que distorsión…
Ok. ¿Qué tan malo podía ser? Los muchachos se veían todos de mi edad y al parecer, solo buscaban pasar un rato agradable al ritmo de la música, la comida y el calor de un buen trago.
—¿Has probado alguna vez el Whisky con energética, Ladybug? —indagó un muchacho, con el traje falsificado de Pegaso.
—Eh…la verdad es que no —admitió Dupain-Cheng, sutilmente atemorizada. Aquí todos eran demasiado cariñosos y no estaba tan acostumbrada a tratos como esos siendo una super heroína a menos que salvara el día de un villano. Pero…no había villanos en el apartamento ¿Verdad? —Me gusta el espumante.
—¡Pero eres Ladybug! —alertó otra chica, imitando a Pigella— ¡Animo, animo, animo! —que ridiculez. Claro que era el cerdo del optimismo— ¡One, two! ¡One, two, three, four, five!
—¿Cómo acabé aquí? —se dio una palmada en el rostro. Comenzaba a sentir mucha vergüenza ajena.
—¡¿Quién quiere Akumas?! —un chico disfrazado de Shadow Moth comenzó a lanzar mariposas de colores. A lo que todos reaccionaron en desenfreno, saltando al ritmo de la música.
—¡Miren esto, chicos! ¡Soy Poliratón! —alzó las manos detrás de la barra— ¡Multiplicidad! —misteriosamente hizo aparecer muchos vasos de whisky con energética.
¡BASTA!
—Ya no puedo más…
Completamente turbada, Marinette huyó hacia la salida como la cobarde que no era. Pero justo antes de salir por el marco de la puerta, su celular vibró. Si. Su celular real que guardaba en su bolsito rosa. En la pantalla divisó una notificación de Facebook. Era del perfil de Adrien Agreste.
—Adrien reabrió su Facebook —se alegró la ojiazul, tecleando para chequear el aviso. Eso significaba una cosa. ¡Su enojo había desaparecido!
Pero estaba bien lejos de ser algo parecido. En realidad, le habían notificado de un cambio de estado en su perfil.
"Adrien Agreste a cambiado su situación sentimental de comprometido a soltero"
Se paralizó en seco. Una punzada descerraja le flageló el pecho. Como una estaca en el corazón, Adrien…le había terminado. Permaneció inmóvil por varios minutos, sin saber bien como tomarse la noticia. Ni si quiera se había dignado a llamarla para al menos dar cara y hacerlo de forma oficial. ¿Cómo podía ser tan canalla? ¿Qué pasaba ahora? ¿Debía llorar o alegrarse? Sus ojos se humedecieron al instante, bajando la cabeza malograda. ¿Adrien ya no le amaba más…?
—¿Qué pasa, Ladybug? —le alcanzó Viperión— ¿Por qué tienes esa carita? ¿No te diviertes?
—Creo…—balbuceó con dolor, tocándose el pecho— Creo que mi novio acaba de romper conmigo…
—¡¿Pero de qué hablas?! —le animó el joven, apuntando hacia el Jacuzzi— ¡Tu novio está ahí, Ladybug!
—¿Qué…?
¿Era una broma? Un poco más allá, notó a Félix con el traje de Chat Noir riendo y bebiendo whisky de lo mas normal. Por la mierda…ese no es Chat Noir. Ese no es Adrien. ¿Qué carajos?
—Perdóname…pero no me causa risa —desvió la mirada, desarmada en su plenitud.
—¡Siempre se puede solucionar! —carcajeó el chico, mostrándole su pulsera— ¡Solo…pídele una segunda oportunidad!
—Basta…no es gracioso —le apartó, sollozando. ¿Por qué me haces esto, Adrien…? Justo ahora que estoy enderezando mi vida y esforzándome por hacerte sentir orgulloso de mis logros…— Me voy a casa…
—Bichito —le llamó Chat Noir.
—¡Arg! ¡¿Otra vez con lo mismo?! —se giró a verle, convertida en una maraña de ira— ¡¿Hasta cuando te tengo que repetir que no me llames así?! —Que…raro. En serio. Totalmente fuera de sí. De pronto…Félix no parece Félix. ¿Adrien…? No…— Félix. Adrien acaba de romper conmigo.
—En serio lamento oír eso —le murmuró en son de consuelo. Pasó su brazo derecho detrás de sus hombros y le ofreció un trago— Pero no sacas nada con ponerte a llorar ahora. Después de todo, eres Ladybug ¿No? Tu siempre encuentras una solución a tus problemas.
—S-si…pero…esto no es lo mismo —observó tentada el vaso con aquel liquido amarillo. ¿Y si bebía una copa…? —Yo…
—Mira. No tengo las respuestas a todas tus dudas —le sonrió afable— Pero ¿Aceptas un consejo de amigos? Solo por esta noche…olvídate de Adrien. Disfruta. Bebe con nosotros y gózalo. Por la mañana podremos buscar alguna respuesta.
—¿D-de verdad lo dices…? —titubeó Marinette, sujetando el vaso entre sus dedos— Quizás tenga razón…
—Se mi lady esta noche —una sonrisa increíblemente maravillosa se dibujó en los labios de Félix— ¡Vamos a bailar!
Arg…que diablos. Ya está. Tal vez llevaba demasiados años detrás de una ilusión tonta por querer demostrarme a mi misma que valía la pena para alguien tan perfecto como Adrien Agreste. De un solo golpe, bebí del brebaje. Me quemó hasta el culo. Pero tras un par de segundos, mágicamente logró adormecer cada una de mis células.
—¿Qu-que acabas de darme…? —parpadeó atónita la ojiazul.
—¡Es un Lucky Charm para los tristes! —carcajeó Chat Noir— ¡Se llama Whisky! ¡Y vamos a pasarla de maravilla! ¡Vamos, vamos! —y la jaló hasta la pista de baile— ¡Mayura! ¡Créate un sentimounstruo y súbele a ese temazo por todos los dioses!
—¡A la orden gatito! —consintió la DJ.
Y comenzó a sonar: Party In Flames de Dj E.R.E.S (solo por si quieren oírla, búsquenla en Youtube. Son 8 minutos de distorsión total)
En cuanto la música comenzó a retumbar en mis oídos, me sentí totalmente fuera de sí. Ese licor llamado Whisky era extremadamente fuerte. Y con lo sensible que me sentía por esas horas…hizo estragos en mí. A los diez minutos ya me había descontrolado, haciendo piruetas junto a ChatNoir y los demás integrantes de la fiesta en una maldita barra de Pool Dance.
—¡Baila! ¡Baila! ¡Baila Ladybug! ¡Baila! —gritaban al unísono.
Era la primera vez en mis cortos 22 años que lograba un estado etílico tan alto. Siempre creí que mi mayor fortaleza era el autocontrol. Pero ahora mismo me importaba una real mierda. Solo quería olvidarme un momento de mis problemas laborales, de Adrien y de mis jodidos sentimientos. Corrimos hasta la azotea, en donde Félix tenía una piscina temperada exquisita.
¿Por qué de pronto todos parecían verse borrosos? Al cabo de varios sorbos de Whisky, mis extremidades se movían por inercia. Chat Noir me daba mas y mas alcohol y ni si quiera parecía ebrio, a pesar de beber la misma cantidad que yo. ¡¿Este chico era una maquina?! Hicimos Karaoke. Saltamos en sobre una cama elástica, nadamos en la piscina con traje y todo. Jugamos mentira por verdad y me tocó besar a Chat Noir un montón de veces. Dentro de mi locura y mi mente distorsionada, yo ya estaba convencida de que era mi principe. Y es que, aunque parezca una tontería, Félix era experto en imitarle. Como dos malditas gotas de agua. ¡Hasta hacían las mismas bromas!
A eso de las 5:00 de la madrugada, nos tocó bailar una lenta. Curiosamente pusieron mi canción favorita. Félix no paraba de arrimarse a mí, tomándome de la cintura para seguir besándome. Algo se encendió en mí, como de antaño mi ahora ex novio, me provocaba. Con la cabeza apagada y los sentidos entumecidos, di riendas sueltas a mis instintos y me entregué en apasionados ósculos en medio de la penumbra y la luz tenue. Hacía tanto que mi alma pedía a gritos sensaciones como esas…que llegué a cuestionar el amor que sentía por Adrien. La mayoría de los invitados se habían ido y los pocos que quedaban estaban demasiado ebrios como para notarnos en medio del salón.
—Mhn…—murmuró Marinette, entre labios— Chat Noir…estás enterrándome tu bastón...
—Mi lady…—respondió en un jadeo caliente— Ese no es mi bastón…
—A la mierda…—se aferró a él, pasando sus manos por el cuello de su compañero— No me importa nada. Vamos a la pieza…
—¿Estás segura…bichito? —consultó, introduciendo su lengua en el interior de su boca con total descaro.
—Cállate —se le montó encima, como un Koala a un árbol— Sácame de aquí antes de que me arrepienta.
—Como usted ordene, mi lady —acató obedientemente, tomándole en brazos para perderse en el interior de la recamara principal.
…
….
…..
Ya fue, ¿no?
[…]
—Marinette —murmuró Tikki, a un costado de la cama. Sus ojitos denostaban preocupación y mucha nostalgia— ¿Qué pasó…?
La ojiazul permanecía en la esquina de su lecho abrazada a sus piernas. Escondía su rostro entre ellas, hipando en un sollozo silencioso.
—Tikki…creo que me he mandado una cagada descomunal…—admitió con voz ahogada.
—¿Me quieres contar? —incursionó la Kwami.
—Anoche…—masculló entre labios, con la vergüenza marcada en sus rojizas mejillas— Anoche me acosté con Félix.
—iiihhhh…—la criatura se cubrió la boca de la impresión. Entendía perfectamente el vocabulario humano sobre "dormir" con un hombre— ¿El primo de Adrien…?
—¿Y sabes que es lo peor…? —asintió, aún mas injuriada— Es que me ha encantado…
—¿C-como…? —parpadeó estupefacta la pequeña.
—Fue…increíble…
—Marinette —le trató de consolar, acariciando su nuca con cariño— Vamos. No has dejado de llorar toda la mañana. ¿No quieres darte una ducha? Hoy es tu primer día de trabajo.
—No puedo…moverme…—admitió con culpa, sintiéndose desfallecer— Me duele todo por dentro…
¿Y ahora qué demonios voy a hacer? Le fui infiel a Adrien…
