Elifas se consideraba así mismo un hombre preparado y bien capacitado para cualquier área que se le fuese asignada o el consideraba digna de poder manejar. Él era un hombre culto y reservado. Sabía muchas cosas y otras podía aprenderlas gracias a su propio trabajo y curiosidad. Su conocimiento no tenía límites y era apenas rebasado por el Rey en turno.
Ese peliblanco que con anterioridad se mantenía a su mando, hasta que conoció a otra raza y aprendió de ella. Cambiando su perspectiva, creencias y metas, que, para bien o para mal. Afectaron al Mundo Astral con creces. Llevándolo a una era de paz y tranquilidad. Una era nueva llena de libertad y esperanza. Muy diferente a como el mantenía el mando. Porque sí. Aún lo recuerda. Recuerda cuando después de que Astral desapareciera en el otro Mundo llamado Tierra, llego triunfante ante él. Dispuesto a arrebatarle el trono.
El duelo fue elegido como ceremonia ante aquello. Esto siendo visto por todos los habitantes. Él hizo todo lo que pudo. Incluso fue un gran reto para el peliblanco. Pero al final. El volvió a conocer la derrota de una manera contundente y cruda. Ese mismo día Astral fue coronado como el nuevo gobernante. Dejándolo a él a un lado. A la sombra de un pasado que fue.
Al principio no supo cómo tomar esto. Pues desde que él tenía memoria es lo único que ha conocido. Lo que ha hecho. Así que fue un cambio bastante duro. Hasta que pudo adaptarse a las nuevas normas y reglas del nuevo Rey. Sabiendo entonces. Que el hecho de que se le arrebatara el trono había sido lo mejor que pudo haber pasado al Mundo Astral. Su pueblo volvía a reír. A soñar. A ser felices. Aun cuando todo lo que quería hacer era protegerlos ante la Guerra. Guerra que el mismo peliblanco se encargó de terminar. Y de qué manera. La paz entre ambos mundos volvía después de millones de años.
Eso fue algo que le ayudo a aceptar que su tiempo como Rey había terminado. Así de fácil, así de simple. Entonces él paso a ser el líder de las fuerzas del Mundo Astral. Puesto que pertenecía antes de Astral. Bien parecía que solo cambiaron de papeles. Pero esto era más complicado de lo que parecía. El tiempo paso. Y ahora él podía percibir lo bueno del cambio a su vida. Tenía tiempo para si mismo. Tenía tiempo para conocer su propio ambiente. A su propia gente. La cual después de tanto tiempo, volvían a verle de manera tranquila. De manera amable y confiada. Dejando atrás el miedo que antes le tenían. Una nueva etapa comenzaba para él y para su alrededor.
Comenzó a sonreír. A ver las cosas de manera diferente. A ser mucho más amable. A relajarse ante las situaciones. Debía admitir que no sabía lo atado que se sentía hasta que fue liberado a la fuerza de aquel puesto que ahora entendía. Ya no era para él. Así que comenzó a dejar fluir lo demás. Que el tiempo pasara para actuar en él y en su alrededor. Se sorprendió al saber más adelante que Astral ya tenía pareja, sobre todo al ver quien era. Ese chico que llego a retarlo para liberar al peliblanco por medio de una ceremonia en duelo. Ganándole por poco. La primera persona que le hizo chocar con sus propias ideas. Con sus costumbres. Quizá de ahí vino su declive.
Sin embargo. El pasado, pasado se queda. Al menos hasta ahora. Pues una vez más Astral se posaba ante él, para después hacerle saber un hecho sin precedentes. Algo por lo que ahora se encontraba en ese espacio oscuro. Y eso era que el peliblanco le llamo padre. Algo que el no recordaba. Mucho menos pensaba que fuese cierto. Pero eso lo llevaba a esta situación. En donde por más que caminaba no lograba dar con algo que no sea oscuridad.
Dio un suspiro cuando conto más de veinte minutos de andar deambulando de ahí allá. Sin un rumbo fijo al cual seguir. Mirando a lo que sería el techo del lugar. ¿Por qué tenía que pasar por esta experiencia nada gratificante? Oh sí. Por culpa de su Rey. Su... Lo que sea que fuese de él. Detuvo sus pasos cuando logro escuchar un leve llamado. Uno muy bajo. Realmente bien podía pasar por ser solo un susurro.
Miro detrás de él, volviendo a encontrar aquella infinita oscuridad. Percatándose que, de hecho. No había nada. Esto tensándolo un poco. Su rostro hizo una mueca extraña. Más ignorando lo que llamo su atención, fue que retomo sus pasos. Volviendo a escuchar ese suave sonido. Distinguiendo esta vez su nombre.
Alguien le llamaba. ¿Quien?
Volvió a detenerse. Esperando encontrar algo, obteniendo el mismo resultado. Aquello ya estaba volviéndose extraño. Un susurro más se escuchó detrás de él. Sin embargo, esta vez no volteo. El sonido volvía. El susurro volviéndose más fuerte. Hasta que pudo escucharlo con claridad. Era un hombre. Era la voz dulce de un hombre. ¿Pero de quién? Parecía llamarlo con delicadeza a un punto de aquel vacío.
Miro a sus lados. Después arriba y abajo. ¿De dónde provenía esa voz? No lograba dar con el origen de ella. Esto estaba comenzando a ser un poco molesto. Retomo sus pasos a una velocidad mayor. Escuchando detrás de él su nombre. Aquella voz haciendo eco en el sitio. En su mente. ¿Qué es lo que quería esa voz? ¿Por qué le llamaba así? Paso sus manos a sus oídos, cubriéndolos con fuerza. Tratando de ya no escuchar más. Sin embargo, fue realmente inútil. Podía seguir escuchándolo.
-Elifas...
Eso era lo que oía, una y otra vez. Detuvo su andar. Dejándose caer de rodillas al suelo. Sus manos aun en sus oídos. Quería callarlo. Quería que dejara de hacer aquello, pues parecía que su cabeza le estaba torturando. Llegando a un punto en el que aquel susurro paso a ser una voz fuerte y clara. Retumbando en la oscuridad. Cerro sus ojos con fuerza. Y sintiendo que se perdía a sí mismo. Fue cuando una luz le envolvió. Una cálida. Una que le consolaba. Dejando entonces de escuchar aquella voz.
Lo que sintió después le descoloco de muchas maneras. Pues ahora sus ojos le mostraban que se encontraba en otro lugar. Uno que no conocía, pero que le transmitía familiaridad. La suave cama en la que estaba recostado le hacía pensar muchas cosas. Entre ellas, estaba el hecho de que no dormía. El techo del dosel que alcanzaba a ver le resultó curioso. Pues en una de sus esquinas colgaba un extraño adorno. Uno que era largo. Lo suficiente para que él estando acostado pudiese tocarlo sin problemas.
Giro su cabeza a su lado. Encontrándose con un hecho impactante. Esto haciéndolo caer casi del lugar. Pues a su lado yacían dos seres. Uno que conocía bien por tantos ataques a su mundo. Y otro que le recordaba a cierto peliblanco. Ambos envueltos en la sabana violeta de aquella cama. Bien tapados ante el frío que se coló entre sus dedos. Los cuales temblaban al ver aquello.
Poso sus manos en su cabeza. Dándose un par de golpes. ¡Esto debía ser una mala broma! ¡Un mal chiste de Astral que lo noqueo! ¡Aquello no podía ser cierto! ¿Por qué rayos Don Milenario estaba acostado a su lado junto a un bebé de cabello blanco? ¡Esto no era cierto! Era inaudito. ¡Esperen! Ahora que lo pensaba. ¿No esto es traición? ¡Acaba de dormir con el enemigo! Oh Dios. Iban a mandarlo a ejecutar.
Su pánico creció cuando aquella figura oscura se removió poco a poco. Mostrando signos de querer despertar. Abriendo sus ojos. Mostrando un bello color azul y rojo. Los cuales de inmediato buscaron, al contrario. Sonriéndole cuando lo encontró.
-Buenos días Elifas... ¿Has dormido bien? -Cuestiono aquel hombre mientras se sentaba cómodamente en la cama. Cargando al poco tiempo al pequeño que comenzaba a removerse también. Esto dejando pasmado al nombrado. ¿Acababa de preguntarle si durmió bien? ¿Qué diablos estaba pasando?
-Yo... Em... Sí. Sí. Por supuesto-Contesto más por inercia que por que le agradara hacerlo. Su cara aun mostrando un leve shock. Esto siendo notado rápidamente, por el contrario.
-¿Seguro estas bien? Te vez un poco pálido. Más de lo normal. Incluso estas temblando-Menciono, mirando detalladamente al mayor, acercándose para tomar su mano. Está siendo rechazada casi de inmediato, extrañándose por la repentina acción fue que le miro expectante antes de decidirse a actuar- Sabes qué, toma a Astral. Iré por el curandero-Informo rápidamente mientras dejaba al bebé en brazos de Elifas. Tomando una bata que estaba a un lado de su lugar. Tapándose y alistándose rápidamente para salir. Dejando con la palabra en la boca al mayor. Quien ahora veía estupefacto al niño que le observaba de manera adorable. Topándose con un par de ojos heterocromos.
¿Qué estaba pasando?
-¿A que soy adorable?-Se escuchó de pronto a sus espaldas. Provocando que se moviera bruscamente. Encarando al responsable. Nada más ni nada menos que el Rey actual del Mundo Astral.
-¿Qué?-Fue lo primero que su mente y boca pudieron formular.
-Que soy adorable...- Volvió a decir Astral. Acercándose a su otra versión. Dejando en blanco a Elifas. Quien esperaba respuestas. Muchas.
-¿Qué significa esto? ¿Astral qué es esto? -Cuestiono de manera agitada. Un poco agresiva. Parándose de la cama. Dejando en ella al menor. El cual paso a jugar con sus manos y pies. Moviéndonos de arriba abajo. Divirtiéndose con eso.
-Lo que es. Lo que ves... No te preocupes yo reaccione más o menos igual-Respondió el peliblanco. Encarando al mayor- Sin embargo, no sé qué es lo que veras y yo veré. Soy solo un invasor en tu mente. La cual yacía sellada. Así que solo removí el sello y hemos aquí... Relájate. Yo no veré todo. Y para serte sincero prefiero no hacerlo. No quiero meterme en la vida privada de mis padres...
-Espera. Espera. ¿Padres? ¿A qué te refieres? -Cuestiono Elifas. Mirando de reojo al bebé. El cual reía ante las cosquillas que se provocaba al morder sus dedos.
-Eso... Aquí veremos algunas cosas que tu apenas recordaras y que yo quizá recuerde. Estamos en tus recuerdos... Así que observaremos hasta dónde llega esto...-Menciono el peliblanco. Alejándose de Elifas. Caminando a la salida- Buena suerte. Ya hablaremos al final que nos encontremos- Se despidió. Atravesando la puerta. Desapareciendo ante la vista del mayor. Quien solo se encontraba en pelea consigo mismo. Esto debía ser una mala broma. Una de mal gusto. Una que... Una que... Esperaba no fuese cierta. Por qué de ser así... Él solo se sentiría más culpable con respecto a Astral.
La habitación paso a solo escucharse el débil sonido del bebé en aquella gran cama. Sus risas siendo algo que llego a conmover el confundido corazón de Elifas. ¿Qué estaba pasando? ¿Su mente? ¿Recuerdos? ¿Sello? ¿Cuándo fue que paso todo esto? Tantas preguntas. Tan pocas respuestas.
-¿Qué es lo que debería hacer?-Fue la pregunta que llego a soltar. En un leve susurro.
Sus pasos se dirigieron a la puerta. Queriendo imitar lo que hizo Astral. Más fue detenido bruscamente por la misma madera. Él. No podía atravesar las paredes... Mucho menos las puertas. En otras palabras. Debía de actuar como se supone lo haría el en un pasado... ¡¿Pero, cómo?! Él no recordaba nada de esto. ¡¿Cómo debía actuar?! Su mente volviendo a colapsar ante su situación. ¿En dónde lo fueron a meter?
Sobo su frente. La cual tenía una leve marca lila. Y encaminándose de nuevo a la cama, fue que miro al pequeño niño sobre ella. Su piel azul como la suya. Sus joyas incrustadas. Adornándolo con una belleza natural. Acerco su mano. Acariciando con gentileza aquel bebé. Quien rio al tacto. Seguía tan confundido. Mucho. Pero... Hacer aquello despertó algo en su interior. ¿Qué será esa cálida sensación?
Dio un nuevo suspiro. Y pasando a sentarse en la mullida cama. Tomo aquel infante en sus brazos. Ambos mirándose mutuamente. Uno con inocencia. El otro con ligero miedo. ¿Esto de verdad era su pasado? El recordaba solo haber encontrado a Astral. Haberle enseñado a defenderse y pulir sus habilidades. De ahí nombrarlo líder Guerrero de las fuerzas Astralianas. Técnicamente lo convirtió en un escudo hasta que la Guerra termino. En ningún momento recordaba haberlo criado. O si quiera... Concebido.
Oh. Hablando de concepción. Eso quería decir que la persona que estaba a su lado... Y él... ¡Oh Dios! ¡No, No, No, No, No! ¡Eso no podía ser verdad! ¡Aquello no sucedió entre ellos! ¿O sí? ¡Por todos los Dioses! ¡No!
Los colores subieron a su rostro. ¿Aquello no paso verdad? Estaba a punto de soltar una carcajada nerviosa. Hasta que vio como la puerta dejaba ver a un angustiado Don Milenario junto a otro hombre. Este siendo todo un desconocido para él. Portaba un par de túnicas color blancas y moradas. Símbolos de medicina reluciendo en sus ropas. Supuso que era el curandero que el otro mencionó antes de salir.
-Buenos días mi Señor. Aren-sama ha ido por mí en persona. ¿Se siente mal? ¿Ha pasado algo? ¿Su energía se siente inestable? -Cuestiono el curandero. Entrando libremente a los aposentos. Dejando un par de materiales que usaría sobre la cómoda al lado de la cama. Dejando expectante a Elifas. Quien no sabía que responder. ¿Quién diablos era Aren? ¿Acaso...?
-¿Quizá sufre alguna enfermedad? Acaba de regresar de la frontera. Ayer estaba muy cansado...-Menciono de pronto aquel ser que el conocía como Don Milenario. Acercándose a él. Tomando suavemente su frente. Posando una de sus manos en ella. Checando algo que él no sabía que era. Mientras el bebé en sus brazos solo alzaba sus brazos en busca del contrario.
Ok. Definitivamente esto ya estaba rayando la locura. ¡Él no recordaba nada de esto!
-¿Majestad? ¿Le duele algo? No ha dicho palabra desde que llegué-Llamo el curandero. Quien se acercaba a él. Usando su energía para analizarlo rápidamente. A la vez que Aren tomaba a su bebé de vuelta. Alejándose para que aquel curandero hiciese su trabajo.
Elifas se mantuvo expectante. Temeroso en cierta manera. Abrumado por los hechos y las emociones.
-Ya veo... Aren-sama-Llamo el curandero- Veo que tiene razón. La fatiga ha causado en él una cierta confusión... Alterando un poco su mente y energía. Me temo que tendrá que ayudarlo hasta que la fatiga pase y su energía vuelva a estabilizarse...
-¿A qué se refiere?-Cuestiono el mencionado antes de acercarse a su marido. Tomándolo suavemente de su mano. Alterando al otro.
-Es algo común después de tantas peleas. La energía que se usa en la Guerra es bastante desgastante. Elifas-sama debió usarla hasta agotarse física y mentalmente. Eso debió provocar secuelas en su cuerpo. Afectando a su mente... En pocas palabras... Es como un mini lapso de pérdida de memoria... Se repondrá en menos de una semana. Pero hasta entonces. Será mejor que este con él...
Aren solo paso su mirada angustiada al mayor. Quien le miro de distinta manera. Ajeno a él. Suspirando fue que asintió al curandero.
-Entiendo... Haré lo que pueda...-Menciono apenas en voz baja. Provocando un sentimiento de culpa en Elifas.
-Bien...-Dijo el curandero antes de seguir con su labor. Atendiendo con eficiencia a su Rey. El cual solo se dejaba hacer. Manteniéndose mirando al hombre llamado Aren. Quien le tomo de la mano mientras era revisado a detalle. Cargando al pequeño Astral con la otra.
Esto era confuso. ¿Qué diablos pasaba con sus sentimientos? ¿Acaso será por sus recuerdos? Bien lo había mencionado Astral antes de desaparecer por la puerta. Atravesándola sin más. ¿Por qué el peliblanco si podía atravesar las puertas y él no? Mmm cuando le volviera a ver le cuestionaría.
Aquel curandero al paso de unos minutos, dejo de hacer su trabajo. Dando el mismo diagnóstico. Al final, dejando a ambos monarcas con la esperanza de que todo aquello era temporal. Así que por ahora no tenía que fingir algo que no recordaba. Sin embargo, al ver a su "esposo" supo que serían largos. Muy largos días.
Astral después de atravesar las puertas fue que se topó con su "madre" en el pasillo. Este atravesando sin que se diese cuenta. Dejándole en claro que papel era el que jugaba en el lugar. Y eso era solo de espectador. Pues a pesar de existir en Gea. Él decidió no participar en el recuerdo, usando un par de hechizos para mantenerse así.
Dio un nuevo suspiro. Y siguiendo con su camino. Comenzó a dirigirse fuera del lugar. Deseaba conocer un poco más la antigua Gea. Elifas por otro lado debía hacerse cargo de sus recuerdos. Los cuales llegarían a el poco a poco. Y cada cierto tiempo. Le deseaba buena suerte... Aún le era incómodo todo aquello.
Aren paso a sentarse a un lado de su marido. Quien le rehuía. Pues se alejó al él acercarse. Esto dejando un leve sentimiento de rechazo. Algo que le dolió. Más motivándose en que pronto lo recordaría, fue que comenzó a poner todo su empeño. Tomando con un poco más de fuerza a su bebé, fue que comenzó a hablarle de él.
-Elifas...-Llamo, al contrario. El cual solo le miro- ¿Lo recuerdas? Sé que apenas acaban de decirnos lo que te pasa. Pero... Hasta yo sé, que un padre jamás olvida a su propio hijo-Menciono acercando el infante a los brazos del mencionado- Tú decidiste su nombre... Incluso hasta los tutores que tendría dentro de seis años... Su primera palabra fue "papá"... No puedes olvidar el sentimiento que han causado esos hechos... ¿Lo recuerdas? -Volvió a cuestionar. Tocando levemente el pecho del contrario. Justo a la altura del corazón. Dejando confundido al mayor. Quien negó. Cansado de todo aquello.
-No... No puedo recordarlo...-Admitió. Provocando que un par de lágrimas bajaran por las mejillas de aquel que llamaban Aren. Esto haciéndolo sentir aún más culpable. Pues la mirada que recibió fue una honesta. Dolida.
-Ya-Ya veo... En ese caso. Pasemos a otra cosa... ¿Por qué mejor no vamos a vestirnos para el día?-Se excusó Aren. Alejándose de Elifas. Ocultando su rostro. Tomando a su bebé. Acunándolo aún más. Antes de salir por la habitación por una puerta conjunta. Dejando solo al mayor. Quien suspiro. Esto iba a ser más difícil de lo que pensó.
Las siguientes horas fueron tensas. Desgastantes a partes iguales. Aren insistía en mencionarle un sin fin de cosas a Elifas. El cual solo asentía o desviaba la mirada. Lastimando sin querer al menor. El cual, al ver a su hijo, volvía de nueva cuenta al lado de su marido. Insistiendo casi sin parar. De cierta manera desesperado. Hasta que llego a fastidiar, al contrario.
-¡Basta!-Exclamo Elifas de pronto. Alzando la voz sin querer. Asustando momentáneamente a Aren. El cual paro de hablar.
-Lo-Lo siento...
-...-Elifas le miro. Expectante. Y de cierta manera curioso y culpable a partes iguales. Una vez más sus sentimientos se ponían en contra de él- No. No. Perdóname tu a mí... No fue la mejor manera de pararte...
-No. Está bien... Yo fui el que te molesto... Quizá solo deba dejar fluir las cosas...-Menciono Aren. Alejándose un poco. Desviando la mirada.
-Insisto... Pero... Hay algo que me causa curiosidad...-Admitió el mayor. Atrayendo la mirada del otro. Quien le miro con leve esperanza- ¿Por qué quieres que recuerde con tanto empeño?
-...-Aren se sonrojo levemente. Antes de bajar su cabeza. Mirando a su hijo, el cual le tomo de su mano. Apretando levemente sus dedos, ocasionado una sonrisa de su parte-Bueno... En un par de días será la apertura de una nueva atracción... Quiero estar contigo en la ceremonia...
-Ya veo... Así que es eso... -Susurro Elifas. Llamando la atención de Aren. Quien de inmediato revelo sus otras intenciones.
-E-Eso no es todo... Es que yo... Sonará egoísta. Pero... Quiero que me recuerdes... A mí y a Astral... Hace un año que no te veo... Así que... Yo... Bueno...-Termino en un ligero susurro. Apenas dejando escuchar al mayor. Quien levanto una de sus cejas. ¿Acaso... Aren quería estar con él?
El ambiente paso a estar incómodo para el mayor. Quien al no saber que hacer. Solo dio media vuelta. Alejándose del menor. Lastimándolo severamente.
-...Al parecer... Aún no nos recuerda...-Aren menciono con tristeza. Acercando a su hijo a su rostro. Acariciándolo. Él no se rendirá.
Las horas siguieron pasando. Poco a poco. Mientras Elifas solo se mantenía vagando de aquí allá por todo el Palacio. Recorriendo el lugar. Tratando de reconocer toda Gea. Pues solo recordaba pasajes que hablaban de la mística ciudad. Deteniéndose en el jardín principal. Las bellas flores de tantos colores recibiéndole, encontrando en el centro del lugar al peliblanco. Quien estaba sentado cómodamente en el centro del lugar.
Elifas miro a su alrededor. Y observando que no había nadie. Fue que se acercó al menor. El cual le miro una vez sintió su presencia.
-Hola. Hola. ¿Cómo va todo? -Cuestiono con ligera burla Astral. Señalando el asiento frente a él. Invitando al otro a sentarse.
-Nada de Hola. ¿Qué se supone que haces aquí? ¿No deberías estar ayudándome a recordar?-Cuestiono con dureza. Llamando la atención del menor. Quien solo le miro. Ligeramente aburrido.
-Quizá...- Fue la respuesta corta que dio. Haciendo enojar más al otro.
-¿Qué se supone que debo recordar? ¿Qué se supone que debo estar haciendo ahora?
-Eso solo lo decides tú... Yo solo soy un espectador... ¿Recuerdas? -Astral paso a levantarse lentamente de aquel lugar. Caminando lejos de Elifas- Esta es tu mente. Puedes hacer con ella lo que deseas... Incluso si es recordar algo... ¿Por qué no inicias recordando tu infancia? -Menciono. Levantando su mano a manera de despedida. Perdiéndose entre las flores. Dejando atrás a su padre.
Quien paso a suspirar. Tratando de sacar su frustración. Bien. Si eso era cierto. Entonces él podría hacer eso. Paso a sentarse en donde antes estaba Astral. Y cerrando sus ojos fue que dejo sus pensamientos fluir. Pidiendo internamente aquello que no podía ver con claridad. Su pasado. El ambiente cambiando poco a poco para él. Despertando ahora flotando en un lugar desconocido. Y mirando abajo, fue que se percató de dos niños. Uno de piel oscura y gemas en su cuerpo. Al igual que el otro. Un niño de cabello dorado y azul. Ese era él. Podía sentirlo. ¿Qué estaba pasando?
Ambos niños corrían cerca de un lago. Uno realmente bello. Sus colores como el arcoíris siendo su atractivo. Los infantes riendo como si no les importara nada. Subiendo y bajando una pequeña colina cerca de ahí. Jugando entre ellos. Uno llamando al otro.
Aquella escena le causó cierta tranquilidad. Comenzaba a reconocer los alrededores. Hasta que un presentimiento le ataco. Uno malo. Uno que hizo estirar una de sus manos a los infantes. Algo estaba por pasar.
El niño de piel azul tomo entonces al otro. Tirándolo al suelo. Ambos riendo por aquello. Ajenos a quienes se acercaban al lugar.
-¡Elifas! Eres divertido. ¿Vendrás a jugar conmigo otro día?-Cuestiono el niño de piel oscura. Viendo a su amigo. Quien le asintió. Acostándose a su lado. Mirando el cielo raso.
-¡Por supuesto Aren! ¡Lo prometo! Vendré a jugar contigo todo lo que pueda. Incluso si mis padres me regañan. Yo vendré a verte...-Menciono el mayor. Tomando de la mano al contrario. Sellando su promesa de esa manera. Pasando su mirada a él.
-¡Eres increíble Elifas! Te esperaré aquí mañana...
-Sí. Tenlo por hecho...
Ambos niños rieron con inocencia. Sin percibir al guardia que ya se acercaba. El cual tomo al mayor. Jalándolo bruscamente de la mano. Separándolo del menor. Quien miro un poco asustado la escena.
-¡Aléjate del Joven Amo! ¡Maldito plebeyo!-Exclamo aquel Guardia. Era un ser Neran. Mirando con molestia a Aren. El cual dio un par de pasos atrás acatando sin querer la demanda del adulto.
-Pero...-
-¡Los plebeyos no pueden juntarse con la realeza! Entiende eso... Vayamos joven Amo. Sus padres los esperan en el Palacio... Esta es la quinta vez que se escapa... No espere que le ayude esta vez...-Termino de decir el Guardia antes de arrastrar al mayor con él. Lastimándolo en el proceso. Cosa que alerto a Aren. Quien con miedo y valentía. Intento acercarse a ayudar a su amigo. Hasta que un golpe le detuvo. Uno proveniente de aquel Neran. El cual le alejo rápidamente de Elifas.
-¡Aren!-Grito el mayor al ver a su amigo sangrar de su nariz.
-No se tiene que preocupar por el plebeyo. Puede conseguir a otro igual...-Menciono con desprecio aquel adulto. Jalando sin piedad al infante. Alejándolo de aquel lago. Dejando atrás a su amigo.
-¡Elifas!-Exclamo el menor. Corriendo de nuevo detrás de su amigo. Tapando su nariz con su mano. Manchándose de sangre. Más el Guardia al verle solo bufo antes de tomar al príncipe y caminar más rápido. Ganándole en velocidad al pobre niño Astral de tan solo cinco años.
Oh. Por supuesto. Ya lo recordaba. Recordaba esa escena. Elifas que se mantenía flotando dio una sonrisa amarga. Pues aún sentía la angustia que vivió ese día. Fue horrible pensar que algo malo le hubiese sucedido a su amigo. Ese amigo que ahora había tomado otro papel. Uno malo.
El escenario cambio. Y ahora podía ver como su otra versión, era regañando por sus padres. Quienes se mostraban molestos al enterarse de nuevo de su desaparición. Sintió incluso la bofetada de su padre y la mirada decepcionada de su madre. Poso su mano en su mejilla por inercia. Antes de que el escenario volviese a cambiar. Ahora mostrando al infante en su habitación. La cual fue encerrada con candado. Estaba encerrado. Estaba castigado.
Hn. Ya estaba recordando. Su vida no era exactamente buena. De hecho. Su vida era solo reglas y normas que seguir al pie de la letra. Sin importar si era joven o no. Conoció a Aren como el hijo de un sirviente de Palacio. Al principio él era cruel y frío. Sin embargo, por alguna razón aquel niño jamás se rindió para hacerle sonreír. Sí. Su primera sonrisa fue gracias a él, después de un duro día de entrenamiento y estudios. Eso fue el primer paso para unirlos.
El escenario volvió a cambiar. Esta vez mostrando como un lindo niño de piel oscura caminaba con lentitud a casa. Una muy humilde. Donde fue recibido por unos amorosos brazos. Su madre limpiando su rostro. Aquello logrando incomodar a Elifas. Una ligera envidia le envolvió. ¿Por qué recordaba aquello? Eso era algo que sí quería olvidar.
Suspiró una vez más. Viendo como el escenario cambiaba. Esta vez mostrando como el escapaba de su habitación. Corriendo en silencio para llegar a uno de los muros de Palacio. Donde escalo sin problemas. Logrando salir fuera. La noche cubriendo sus huellas.
Cierto. Esa vez fue cuando visito a Aren para pedir disculpas. Aun temiendo lo que sus padres le harían si tan solo lo descubrían. El miedo llenando su cuerpo. El cual aún era impulsado por la valentía. Él era un Guerrero después de todo. A su tierna edad de 6 años ya sabía sobre esas sensaciones. Que más daba lo demás. Su amigo Aren lo necesitaba. Le requería. Era después de todo el único que lo comprendía.
Elifas cerro sus ojos la ver como lograba llegar al hogar de su amigo. Sorprendiéndole de estar ahí. Abrazándose a manera de disculpa. Algo comenzaba a crecer en ellos. Algo que el actual Elifas estaba recordando. Comenzando a sentirlo. Esa era su historia. Esa era su vivencia. Y eso era el inició de un camino lleno de lágrimas y sangre.
Era el tiempo de recordar.
