Las primeras imágenes destellaron en mi cabeza como flashes intermitentes de lo ocurrido, la noche anterior. Lo primero que atiné a hacer apenas desperté, fue correr al baño y vomitar hasta el alma. Punzadas insistentes en mi sien provocaron una jaqueca magistral. ¿Qué demonios hice…?
Observé a mi alrededor indiscutiblemente desatendida del espacio tiempo. Por unos minutos juzgué estar en Francia.
—¿Tikki…?
Le llamé. Toqué ambos lóbulos de mis orejas y reparé que mis aretes no estaban. Ese mini paro cardiaco que te da cuando pierdes tu celular, me avivó a regresar al cuarto y registrar mi cartera. Con el espanto de haber extraviado mi Miraculous, vacié mi bolsito sobre la cama y de entre el tumulto de cosas, reaparecieron mágicamente. Me volvió el alma al cuerpo. Me los acomodé, percibiendo que el Kwami me estaba comiendo con la mirada. Probablemente estaba molesta por haberme transformado en Ladybug sin la necesidad de salvar el día. Y mas aún, sabiendo que casi pierdo las preciadas joyas.
Le abracé enérgica, disculpándome en reiteradas ocasiones. Juré que no volvería a hacer algo tan estúpido como usarla para fines egoístas. Ella era parte de mi familia. Mucho mas que una simple amiga. Como siempre entendió mi falta y me perdonó de inmediato. Pero ahora la que debía perdonarse…era yo misma. Sabía perfectamente lo que había hecho. Lo que desconocía era el proceso detrás de ello. Lo que sucedió antes y después. Aunque con esa información era suficiente como para querer matarme, la verdad del asunto era que le había sido infiel a Adrien.
Se lo que muchos pensarían. "Pero Marinette, Adrien te dejó. Así que no es infidelidad". ¿Creerían algo tan banal como eso? Mi fidelidad hacia el era intrínseca. No solo física y, por tanto, no me permitiría jamás traicionar mis sentimientos. Mancharlos con algo tan feo…tan sucio…tan…tan…
Me mordí el labio inferior. Mis manos comenzaron a transpirar en cuanto remembré un lujurioso acontecimiento. Era yo misma de rodillas y manos sobre la cama de Félix; con la cabeza plantada en la almohada cual animal salvaje. Salivaba con una maestría de actriz porno, en lo que el chico arremetía contra mí sin dar cuartel. Dios…soy un monstruo. Soy un monstruo porque aparte de las obscenidades que hice, lo había gozado como nunca. No recordaba haber intimado de esa forma con Adrien. Él siempre fue muy amable conmigo. Pero ese chico…tan fogoso, enajenado y lleno de apetito no era él. Si no su primo.
Ahora mismo me dolía todo el interior. ¿En qué momento nos habíamos quitado los trajes? Todo era tan nebuloso. Recordé el beso en la pista, Félix cargándome hasta la habitación y luego…una carcajada sagaz por su parte, entrando al baño. Acto seguido ya habíamos acabado y de pronto desperté aquí.
—Un momento. ¿Quién me trajo hasta mi apartamento? ¿El? —se cuestionó en voz alta, notando que traía ropa de dormir—Y además… ¿Quién demonios me puso el pijama…? ¿El?
—Lo siento, Marinette —se disculpó la pequeña criatura— Pero no puedo ayudarte con eso. Si no te hubieras quitado los aros, de seguro te respondería.
—N-no…descuida —rio la ojiazul, restándole importancia al asunto— Todo está bien — Caliente y todo nadie me quita la astucia…
Pero entonces divisé la foto de Adrien en mi velador e inmortalicé el hecho de que habíamos acabado. Fue un balde de agua fría volver a la realidad. Lloré como una magdalena a partir de ese momento, haciéndome una bolita entre las colchas. Todo recobró sentido y finalizó con una arrepentida mujer…desleal y para colmo mas soltera que el papa.
El kwami se inquietó en exceso a penas le vio lloriquear. En un intento por reconfortarla, le acarició las mejillas haciendo que se levantara. Pero Marinette estaba abstraída en su propio sufrimiento y envolviendo sus rodillas, explicó la situación.
—Encima me duele todo el cuerpo…—agregó, desviando la mirada.
Alguien llamó a la puerta.
—Buenas tardes, señorita —era su chofer personal, asignado anteriormente por el millonario— He venido por usted para llevarla a la agencia de Míster Graham.
—Eh… ¿"Buenas tardes"? —repitió, viendo la hora en su teléfono— ¡¿Buenas tar-…?! ¡¿Son las 16:30?! —se espantó, entrando en colapso mental como de costumbre. ¿Por qué era así?
—No se preocupe. No hay prisa —le calmó el hombre— El señorito ya sabía de su demora, así que me ordenó que le esperara todo lo que fuese necesario. Dijo que despertaría tarde…si es que despertaba.
—¿Félix ya sabía que dormiría hasta tarde? Que engreído…—Marinette gesticuló un mohín, aceptando la propuesta de su asistente— Está bien. En un momento bajo. Voy a ducharme.
[…]
Empresas Graham Films. Barrio de Westminster. 17:19PM.
Era un edificio formidable. Con puertas de cristal ionizado que se abrían al contacto visual. Las oficinas se ubicaban en el ultimo piso. Siendo las primeras plantas set de estudios y rodajes. Admito que estaba nerviosa. Y no por ser mi primer día de trabajo. Si no por el simple hecho de tener que verme en la obligación de verle la cara a mis patas negras. ¿Cómo lo tomaría? ¿Se estaría preguntando las mismas cosas que yo? ¿Estaría pensando en mí? No soy tan mala en la cama… ¿O sí? Demonios. Nunca se lo pregunté a Adrien. Me había preocupado de llevar mi mejor vestido de verano para su impresión. Algo dentro de mí, una parte muy ególatra por lo demás, supuraba alaridos de: "Soy lo mejor. Nadie me supera".
Apenas se abrieron las compuertas del ascensor, me dio de lleno con un par de ojitos esmeralda muy familiares.
—¿Marc? —exclamó anonadada.
—¿Marinette? —respondió el pelinegro, sujetando entre sus brazos una libreta.
—¿Trabajas para los Graham de Vanily? —parpadeó estupefacta— Que chico el mundo…
—Claro. Desde que me gradué —le expresó en tono calmado— ¿Qué estás haciendo aquí? Había escuchado que una diseñadora francesa en práctica vendría, pero…
—Bueno. ¿Te he decepcionado al saber que era yo? —se mofó.
—¡No, no! Para nada. Al contrario —esbozó una sonrisa afable— Me alegra tener una cara conocida por aquí.
—Déjame adivinar —la ojiazul le cerró un ojo cual bribonada— Eres guionista.
—Así es —le manifestó, levemente abochornado— Soy el encargado de la comedia por estos lados.
—¡Que maravilloso trabajo! —chilló, saltando a sus brazos como una niña pequeña— No sabes cuanto me alegra tenerte aquí conmigo. Ahora todo será un poco más ameno.
—Es cierto —carcajeó con ternura su compañero, correspondiendo su apretón de brazos— Vamos, te llevaré a recorrer las oficinas y luego te mostraré tu estudio.
Marc era todo un caballero conmigo. Me mostró las instalaciones de diseño, la sala de efectos especiales 3D. Incluso me reveló la cafetería. Café y donas gratis. Qué maravilla. Fue un tour gratis nivel exprés por la empresa. Al menos por el noveno y último piso.
—Y esta es tu oficina —apuntó.
Mi espacio de trabajo era mas o menos parecido al que tenía en Nueva York. La diferencia estaba en que aquí, todas las oficinas eran más bien cubículos de cristal transparentes. Lo bauticé como la pecera. Porque así me sentía, básicamente. Como un pez en el agua. Tenía un tablero de diseño digital, un computador de última generación, un teléfono inalámbrico de mesa, un mueble para guardar cosas y una plantita. Algo bastante sobrio.
Era la primera vez que me tocaba trabajar en esta modalidad tan "expuesta". Desde mi pecera podía ver a todos mis otros colegas. Y ellos a mí también. Aunque nadie se prestaba atención en realidad. Estaban muy embutidos en sus labores y el ruido ambiente era muy escaso si cerrabas la puerta, que también era de vidrio; pero uno mucho más grueso. Marc me comentó que su puesto estaba una pecera mas allá. Así que, si necesitaba alguna cosa, era cuestión de levantarle la mano y el vendría. Un amor de persona ¿No creen?
Me instalé a gusto, ordenando mis cosas sobre el escritorio. En un pos-it anaranjado había una contraseña escrita. Así que supuse que era para iniciar sesión en el ordenador. Me quedé un momento sentada, mirando la pantalla sin saber mucho que hacer. Lo mejor era esperar a que Félix llegara para darme las nuevas instrucciones de trabajo. No pasó mucho tiempo, que el retornó por el ascensor con un grupo de dos hombres y una chica un tanto retraída. Hablaba por teléfono, gesticulando las manos en son de desprecio. Parecía encabronado con algo. Lo suficiente como para pasar de mi y entrar a su oficina. Que también era una pecera, pero muchísimo más grande que las demás. Al menos él tenía vista panorámica hacia la calle. Le observé unos instantes en completo silencio a través del cristalino. Se veía realmente muy atractivo haciendo su trabajo ¿Saben? Ahora entendía mejor ese dicho sobre "no es bueno salir con compañero de laburo".
El director de la compañía se paseó por su cuarto un montón de veces al teléfono. Tecleó en su computadora, asistió a dos video conferencias, bebió dos cafés y fumó un cigarrillo electrónico. ¿En verdad nadie le había dado el aviso que estaba ahí? ¿O en el fondo sabía que con lo irresponsable que soy, llegaría tarde? No me agradaba la idea de que tuviera esa tan mala impresión sobre mí. Comencé a impacientarme. Con cada maldito minuto que pasaba sin hablarme o mirarme, me agitaba aún más.
A eso de las 19:20PM me clavó una mirada penetrante, llamándome por fin a su oficina con un gesto de dedos. ¡Ya era hora!
—Marinette —expuso Graham de Vanily; en lo que escribía en su ordenador— Te he dejado los modelos que necesito para el viernes, en esta carpeta que está aquí —apuntó con la mirada— A tu correo te haré llegar la propuesta del cliente y las directrices. Es todo por el momento.
—¿Eso era todo? —La fémina arrugó el entrecejo bastante molesta con su actitud. A pesar de lo ocurrido la noche anterior, se comportaba inepto. ¿Los hombres son así? ¿Te cogen y luego se hacen los desentendidos? — ¿No vas a preguntarme si quiera como estoy? —vale. Tenía que hacerle saber que me sentía una inepta.
—Bueno —se detuvo de golpe, inclinándose hacia atrás en su gran silla de cuero negra— Tienes razón, Marinette. Me alegra que puedas caminar.
—¿Es broma? —gruñó de vuelta.
—Para nada —sonrió burlesco.
—Casi quedo invalida —protestó, con el rostro enrojecido de la vergüenza— y me sales con estas tonterías.
—A mí no me culpes. Yo no tengo nada que ver en esto —comenzó a balancearse de adelante hacia atrás, cruzando una pierna sobre la otra con mucha elegancia— Eso te pasa por estar tan deliciosa, Ladybug. Haces que algunos hombres pierdan la cabeza.
—¡¿Q-que me dijo?! —tragó saliva, con el corazón a dos manos— ¿Q-que estoy, que?
—No hace falta que nos pongamos así ¿Sabes? —Félix se levantó de su asiento, caminando hacia la muchacha para entregarle la carpeta en las manos— No me cabe duda alguna que lo disfrutaste. Y ahora que trabajas para mí, nos vamos a ir viendo mas seguido por estos lares. Así que te aconsejo no hacerme enfadar —finalizó, pasando sus dedos por los rosados labios de su compañera en un gesto libidinoso— Mi lady…
—Félix…no —detuvo su mano, contra todas sus fuerzas y voluntades para evitar caer en tentación nuevamente— Yo estoy enamorada de Adrien. ¿Sabes?
—Lo sé —se encogió de hombros sin mostrar un ápice de arrepentimiento— No parabas de decir su nombre. Me pregunto si realmente te gusta mi primo o solo es la forma en la que se le marca el bulto en traje de gato —se mofó.
—¡Félix, no es gracioso! —se defendió enérgica, dando un taconazo al suelo— ¡Te estoy diciendo la verdad! ¡Yo amo a Adrien! ¡Y le soy fiel a el!
—¡Jajaja! —se echó a reír de manera disonante ante su declaración— Eres una exquisitez, Marinette Dupain-Cheng. Tan ingenua…y a la vez tan sagaz. Ahora entiendo por qué mi primo está loco por ti.
—Estaba…—le corrigió la ojiazul, tomando los documentos entre sus dedos.
—Cierto. Te ha terminado —el rubio se sobó el mentón, arqueando una ceja con suspicacia— Ahora nada nos impedirá pasarla fenomenal. ¿No crees?
—No cantes victoria —sentenció Marinette— Pretendo recuperarlo ¿OK? Fue mi error esta vez. Yo debí haber tomado en cuenta su palabra. A veces…paso por alto sus sentimientos.
—No deberías ser tan egoísta —Félix se tiró a su asiento, regresando a su computadora— Pero me alegra que al menos ahora aprendas de tus errores. Ahora, si me disculpas debo terminar este informe.
—Félix —le atajó de lleno, plasmando sus palmas sobre su escritorio. Sus palabras eran transmitidas desde lo mas profundo de su corazón— Adrien cerró sus cuentas y apagó su teléfono. O quizás solo me bloqueó el numero…—le dolía tener que admitirlo, pero era una posibilidad muy real. Ella solía bloquearlo también. Tal vez se estaba vengando— Pero yo sé que tú tienes contacto con él.
—La verdad es que no hablo con mi primo desde Navidad, Marinette —confesó si más.
—No te creo —insistió— Sé que sabes dónde está.
—En serio —el rubio alzó los hombros restándose de dicha declaración— ¿Por qué te mentiría?
—Para protegerlo.
—Adrien sabe cuidarse solo —rezongó Graham de Vanily— No tengo que protegerlo de nada.
—Pero es tu familia…
—¿Y? —alzó una ceja sin preocupación ninguna.
—Y…—suspiró sometida. Mierda. El muchacho era como un impenetrable bunker de titanio. No le notaba para nada entusiasmado con la idea de ayudarle a reconciliarse con su ex—No…nada. Olvidalo.
—Marinette —dictaminó— Será mejor comiences a concentrarte en la tarea que te he encomendado Quiero esos diseños para el viernes —el jefe estaba comportándose como era debido acorde a su estatuto laboral— Hazme sentir orgulloso.
A escasos metros de la puerta, la pelinegra detuvo su andar.
—¿Crees que Adrien ya no me ame? —consultó cabizbaja.
—Yo creo que eres tu la que ya no lo ama —respondió el ojiverde con frialdad— Pero no te has dado cuenta aún. Mas bien, no quieres verlo.
Su declaración me partió el alma. ¿Acaso era posible? ¿Yo ya no amaba a Adrien? Bueno…algo de razón tienen sus palabras, porque mas que mal, me acosté con su primo hermano. Y una persona enamorada de verdad no hace esas cosas. Aunque el maldito sea idéntico al original.
Comprendí que no contaría con su ayuda pero que tampoco se entrometería en mis problemas amorosos. Después de todo, el magnate era un soltero libertino, autónomo de hacer lo que se le cantara. Este era su territorio. Su campo de batallas. Y yo estaba invadiéndolo. Lo normal era caer de vez en cuando en sus trampas y manipulaciones visuales.
Decidí emprender una búsqueda implacable con la red de mis relaciones, para localizar a mi ex. Al primero que llamé fue a Nino. Pero este se manifestó ignorante sobre su paradero, sugiriéndome contactar a Alya. Dentro de sus herramientas investigativas y el chisme de viejas rancias, mi audaz amiga me confesó que Adrien no estaba en Francia. De hecho, estaba de gira por los Emiratos Árabes.
—¿Y que demonios anda haciendo por allá? —cuestionó Marinette, en una videollamada.
—No puedo ser tan especifica en la información —declaró la morena al otro lado de la pantalla— Lo escuché de Chloé. Que lo escuchó de Sabrina, porque se lo contó Juleka, que se lo dijo Rose, quien lo reveló de Mylene, porque se lo confesó Lila. Dijo que "Adrikins" había viajado para perfeccionar la arquitectura de rascacielos en Dubái.
—¿Adrien diseñará rascacielos ahora? —la pelinegra dudó unos instantes— Que extraño. Creí que le gustaba más las construcciones japonesas.
—Es cierto. Tuvo mucha influencia por parte de Kagami ¿Recuerdas? —acotó la periodista— Pero ya sabes como es Adrien. Pasa una brisa y cambia de opinión.
—Cierto —Los hombres son peores que las mujeres a veces…— Eso significa que no volverá hasta dentro de un tiempo a Francia.
—Me temo que no, amiga —negó con la cabeza en aires de desazón— Por el momento toca esperar…—los orbes de Marinette se humedecieron casi al instante— Hey, pero no te desanimes —le alentó con una sonrisa afable— Vas a encontrar una solución. Ya lo verás. Después de todo… ¡Eres Ladybug! ¡Ladybug siempre resuelve todo!
—Eres la segunda persona que me dice lo mismo ¿Sabías? —empequeñeció los ojos con recelo— ¿Por qué la gente insiste con eso?
—Pues…porque es verdad, chica —declaró Césaire, acomodando sus anteojos— Desde que te graduaste de la secundaria y decidiste estudiar diseño de modas…siento que de alguna forma has perdido tu esencia.
—Eso es porque maduré, Alya —argumentó con decisión— Soy un adulto ahora.
—Ser Ladybug no tiene nada que ver con la edad o la madurez —resopló su compañera con obviedad— ¿Acaso olvidas que los Miraculous están hechos para tener portadores adultos? Lo nuestro fue un caso aislado.
—Yo…—touché. Alya tenía razón. ¿Pero que tenía que ver su esencia con el discutir con Adrien y que este le terminara? — Alya preciso que averigües donde está realmente Adrien y algún numero para contactarlo. En verdad necesito hablar con él.
—No te preocupes. Haré todo lo que esté a mi alcance —finalizó la llamada.
Vale. No le iba a contar lo de su "pequeño desliz".
Que extraña sensación invadió su corazón. ¿Había sido un error colgar el traje de super héroe? Miró a Tikki mas confundida que desdichada. De pronto el mundo parecía confabular en su contra.
—Pero fue lo correcto ¿No?
—Eres una mujer en proceso de ordenar sus prioridades, Marinette —le sonrió la Kwami— Seas o no, Ladybug. Nunca dejes de ser tu.
Tikki como siempre tan adorable la maldita roedora. Pero tenía razón. ¿Tal vez si estaba media perdida? Oh la la. Que problemático era crecer. Y demonios que, si le dio vueltas al asunto una y otra vez, eh. Ya que resultado de aquella fiesta desenfrenada en el apartamento de Félix de alguna manera le había encendido una chispa que creyó muerta desde hacía un par de años: Aventura por más.
[…]
Crecer y ser un adulto responsable no tenía para que ser trágico. Al contrario. Había sacrificado demasiado para alcanzar mis sueños y ahora que tenía la oportunidad de la vida, estaba a punto de tirarla por la borda, solo por tener un caos en mi corazón. Me armé de valor y limpié mi mente, enfocándome al 100% en la tarea encomendada por Félix. Manos a la obra.
Los diseños fueron una inspiración sublime para mí. Concentrada en mis futuros logros y confiada de mis habilidades, acabé el trabajo mucho antes del día pactado. Mi jefe estaba satisfecho con el resultado. Y tras la aprobación del consejo empresarial, mis conjuntos tomaron forma para la gala de esa misma noche. Amelie Graham de Vanily se lució con desplante escénico en la pasarela, captando las miradas fisgonas de críticos, editores columnas y periodistas del espectáculo. Las siguientes semanas, se publicaron reseñas sobre mis creaciones en la mayoría de las revistas de moda mundial. Poco a poco la fama de la agencia Graham resurgió de sobremanera.
Si bien Félix estaba abocado al mundo del cine por su madre, ahora mismo era mas comentado por los atuendos que se usaban en sus películas, mas que por las interpretaciones protagónicas.
Todo iba como miel sobre hojuelas. Conseguí ordenar mis horarios y nunca mas llegué tarde a ningún lado. De hecho, los ingleses de por si son extremadamente ordenados. Lo que me dio un plus tras vivir el primer mes ahí; pues si algo había aprendido de la cultura era la puntualidad. Por las mañanas asistía a las reuniones del comité, daba una que otra entrevista escueta y subía mis diseños a la pagina oficial de la empresa. Gané mucho mas dinero de lo que creí en un comienzo y logré comprarme ropa nueva. Hasta adquirí un automóvil ultimo modelo. Mi vida laboral era ajetreada pero satisfactoria dentro de todo.
Sin embargo, en lo sentimental…
Mi corazón comenzaba a dar vuelcos inesperados, como una tormenta cambiando de rumbo constantemente. Mientras más tiempo pasaba con Félix, más encandilada me dejaba. Rendida a la idea de que Adrien no quería saber nada sobre mi persona, al cabo de dos meses dejé de buscarle y me encaucé netamente en mí.
Ensimismada en mi buena fortuna, una tarde de verano noté que mis compañeros de trabajo se aglutinaban en una de las peceras, como si organizaran una reunión secreta a expensas del jefe. Con la curiosidad de un gato, me arrimé para sumarme a la contienda.
—¿Vienes, Marinette? —le comentó Anciel— Estamos organizando una fiesta sorpresa en honor al cumpleaños del director.
—¿Félix está de cumpleaños? —me percaté tarde, pero no lo suficiente. Ni si quiera le tenía preparado un regalo.
—¡Si! —aulló una de las muchachas de vestuario— Aunque…es la primera vez que lo haríamos. Porque él no suele hablar mucho sobre esa fecha.
—Me di la molestia de averiguarlo —explicó Marc, revelándole a sus compañeros que en su tableta urdía un plan maestro para sorprenderle— Fue idea de su madre, la señora Ghram de Vanily. Y creo que si deberías ir como invitada de honor.
Félix se mostraba como un chico que realmente disfrutaba de las fiestas. Sobre todo, si estas contenían alcohol o sustancia ilícitas. ¿Pero era buena idea a tan poco de conocerle y con lo escueto que era, celebrarle su cumpleaños? Mas aún si el no lo había pedido. Si había algo de lo que había aprendido de el en el corto tiempo de ser su empleada es: Jamás hagas nada sin que te lo pida primero. No estaba convencida. Pero con mas dudas que respuestas acepté de igual forma, embarcándome en un método silencioso de loar el día de su nacimiento.
Amelie, una rubia platinada increíblemente guapa, nos prestó su mansión para organizar el festejo. El problema no era asistir a la fiesta en sí. Si no, que rayos obsequiarle. ¿Qué le regalas a un chico que básicamente lo tiene todo? Es complicado. Sobre todo, cuando sabes que mantiene gustos muy extravagantes. Lo único que se me vino a la mente era darle lo que mejor sabía hacer: Diseñar.
De seguro el rubio tendría muchas carteras masculinas; costosas y novedosas. Pero de un tiempo a esta parte me había fascinado la idea de emprender en el mundo de los accesorios. Inclusive los lazos para smokings y betones de vestidos de novia. Por lo que esta vez, me lancé al vació con un modelo único hecho por mi: Una billetera. Firmada con mi nombre, a base de cuero teñido en negro con terminaciones varoniles. Nada muy romántico, pero si muy elegante. Félix era mi jefe después de todo. Era el presente ideal no solo para demostrar devoción y gratitud, si no también afecto por su trabajo en el cargo.
[…]
Todo acabó siendo un desastre. En el instante en que saltamos al vestíbulo con la sorpresa, el rostro del director se desfiguró como si le hubiesen metido una sanguijuela en el trasero. A partir de ese momento…nuestra relación dio un giro inesperado; pues había cosas que sin duda desconocía de él. Y una de ellas, era un muy buen secreto y solapado lado sensible.
—Todos. Largo —soltó Félix. Esperó por unos momentos notando la expresión desconcertada de sus trabajadores. Y tras no recibir respuesta, bramó— ¡¿Que no me escucharon?! ¡He dicho largo! ¡Lárguense a la mierda!
Todos salieron corriendo. Ni si quiera tuve la misera oportunidad de al menos explicarle el contexto de como sucedieron las cosas. En mis manos cargaba el regalo con un envoltorio dorado. Y por esas horas no sabía donde demonios metérmelo. La fiesta estaba arruinada y Félix estaba encabronadisimo. ¿Por qué tanto odio de la nada…?
—¡Excepto tú, Marinette! —le apuntó, desde lo alto de la gran escalera principal— Tú te quedas.
—¿Y-yo? —se observó así misma, perpleja con la orden exigida— ¿Yo por qué?
Debo reconocer que si me aterré en demasía. Con cada paso certero que daba el ojiverde, más me retraía en mi lugar. Traía muy mal aspecto. ¿Acaso era posible que a Félix le gustaran las fiestas, pero no específicamente del tipo sorpresas? ¡Lo intuí tantas veces! ¡Arg! Debí haberme hecho caso cuando en mi mente resonaba esa vocecita con el tono de Tikki: Marinette, es una pésima idea. Oh, no. ¿Félix iba a despedirme? ¡¿Quedaría nuevamente cesante?! ¡Oh la la! ¡¿MORIRÉ EN LA SOLTERÍA Y EL DESEMPLEO?!
Graham de Vanily se detuvo de cara a mí, sacándome el aire de cuajo a los pulmones. Me paralicé. Desvió los ojos hacia lo que sostenía en mis manos y me lo arrebató con suavidad. Rasgó el papel y descubrió el contenido con amago de suspicacia. Me clavó la mirada en señal tentativa de querer decirme algo. Pero tardó su tiempo antes de dialogar. ¿Qué demonios sucedía de pronto…? Pude percibir claro como el agua, el ritmo cardiaco errático de mi corazón. En un par de segundos más, esclarecería el meollo del asunto.
—No celebro mi cumpleaños desde que tengo 14 años —desentrañó Félix palpando la billetera. Le dio una ojeada rápida a todo el diseño, guardándola dentro del bolsillo interior de su refinada chaqueta— Supongo que esto fue idea de mi mamá.
Un momento. ¿Eso quiere decir que si le gustó el regalo?
—Ah. Y-yo…lo siento mucho, Félix —se disculpó la ojiazul, muy apenada— No tenía la más mínima idea de eso —¿Si Amelie lo sabía, por qué lo hizo…? ¿Tal vez intentaba ayudar a su hijo a salir de ese…aura oscura? — Si hubiera sabido…—bajó la cabeza.
—No es tu culpa, Marinette —expresó Graham de Vanily, esta vez llevando sus dedos al mentón de la chica para elevarlo con gracia. Deseaba que le mirara directamente a los ojos al hablar— Tu no tenías por qué saberlo.
—¿Por qué de pronto…Félix me trata tan bien?
Estaba muy confundida. Pero también preocupada. ¿La razón? El aura melancólico y desalentado que se cargaba mi jefe. Era la primera vez que se mostraba tan sensible. Lo cual no tenía relación con ser débil. Para nada.
—¿Te quedarías a cenar conmigo esta noche? —examinó el magnate— Seré sincero contigo esta vez.
Félix me estaba invitando a cenar con el y encima prometía ser honesto conmigo sobre varias cosas de su vida. ¿Cómo decirle que no? Además de que ya me había bañado y arreglado para el momento. Y mi vestido no era para nada barato, eh.
Acepté con gusto y me quedé un poco mas a su lado. Esa noche comimos en el salón principal y luego nos trasladamos a la sala de tertulias en donde permanecían varios cuadros y sillones antiguos. El director de la compañía desentrañó un ajedrez, instigándome a unirnos en una partida amigable y sin mayores adeudos. Con la única condición, de que en cada jugada bebiéramos un poco de vino dulce.
Acepté con gusto, oyendo las razones detrás de su violenta reacción. Claro, tenía sentido. El día en que Féliz cumplió 14 años su padre falleció. Desde entonces no deseaba conmemorar una fecha tan trágica para él. Lo había decidido para protegerse de sus propios sentimientos
—Los chicos de la empresa no lo sabían —comentó Marinette— Tenían ganas de…
—Ya lo sé, coño —rezongó— Eso pasa porque la gente no me conoce. Me juzgan sin si quiera conocerme.
—Tal vez sería bueno si te abrieras un poquito al mundo… ¿No crees? —sugirió Dupain-Cheng, moviendo la reina al peón de la casilla dos— Eres algo complicado poder entender.
—No. Realmente no soy un chico complicado —se masajeó la parte posterior del cuello— Solo quiero sentirme comprendido…—agregó, moviendo el caballo a la casilla 18— Soy un estúpido inseguro a veces. Suelo dudar de mi cuando menos lo espero y eso me juega en contra.
—¿Félix está mostrando su lado más sensible? ¿Tenía un lado así? — No tenía la menor idea de que también desconfiabas de ti mismo. Quiero decir…—exhaló sorprendida en una risita suave— No te ofendas, pero pensé que eras muy decidido.
Félix calló de golpe, esperando una de mis jugadas. Torpemente pasé a regalar mi reina. No dudó en comerme la pieza. ¡Me distraje! Aunque ahora mismo poco y nada le estaba prestando atención al juego. La mirada circunspecta de mi compañero empezaba a turbarme de sobremanera.
—Félix… ¿Por qué has decidido contarme esto a mí? —consultó nerviosa la muchacha.
—Porque creo que me gustas, Marinette —confesó.
—¿Q-que…? —Marinette se tomó el pecho, ruborizándose al instante— Basta…Félix. Por favor…no me hagas esto.
—Creí que debía contártelo, porque quisiera ser suficiente para ti, Marinette —declaró sin más, tomando un sorbo de su copa de vino— Y transmitirte todo mi amor sin dudarlo jamás.
Vale. Esto ya había tomado otro rumbo mucho más subido de tono. No atiné a nada. ¿Qué debía decirle? ¿Qué estaba enamorada de Adrien y no de el? ¿Pero que al mismo tiempo…me traía con las hormonas sumamente revueltas? Estaba confundida. Guardé silencio el aire se tornó espeso entre ambos. Como si una muralla invisible nos separara. Ante aquel mutis, el chico reaccionó.
—Se que estas enamorada de mi primo. Y él te terminó —reveló Félix con voz apagada— Es por eso que he tomado la decisión de sustituirlo esta vez —y se levantó de la silla
Dios santo…eran idénticos. Mi corazón palpitaba a mil por horas. Sentí como iba a estallarme el pecho.
—Pero…Félix —titubeó Dupain-Cheng, con el rostro en llamas.
—¿Qué cosas te gustan de el? —preguntó curioso, ahora sentándose a su lado— ¿Me hablarías un poco de ello?
—¿Por qué querrías saber algo como eso? —espetó la fémina, deslizándose por el sofá para apartarse de él.
—Quisiera entender. Solo un poco.
—Creí que te valía madres Adrien.
—Me vale —sentenció, pasando uno de sus brazos por detrás de sus hombros— Pero tú no me vales.
Titubeé al principio. ¿Era sano abrirme a él estando en estas circunstancias? Aunque…no perdiera mucho ahora mismo que estaba soltera.
Le conté nuestra historia y el cómo nos habíamos conocidos. Las peripecias que pasamos juntos salvando parís. El cómo me hacía reír y al mismo tiempo que cosas me molestaban de mi ex. Le explique lo mucho que lo apreciaba. Adrien era un excelente amigo. Fiel, valiente y sincero. Tenía un corazón de oro que valía la pena atesorar. Y tras varios minutos de plática, Felix enmudeció. A pesar de que yo le recalcaba una y otra vez que no era sano compararse con su primo, insistentemente indagaba más y más. Sus preguntas eran muy indiscretas. Pero para nada fuera de contexto. De pronto sentí que Felix compartía la misma sensibilidad que Adrien. ¿Quizás porque eran familiares cercanos? Más allá de su increíble parecido…
—No me arrepiento de lo que hicimos esa noche en el Pent-House —confesó Félix, a escasos centímetros de sus labios.
—Ay Dios… ¿Pero que dice? —le rebatió la diseñadora, sin ánimos de alejarlo del todo. De cierta forma, Félix lograba encender todos sus botones— Por favor…no sigas más…
—Lamento mucho no haberte demostrado antes la pasión que siento por ti.
—¿Pero de que habla este chico…? —se estremeció— Estoy…temblando de la ansiedad…—Graham de Vanily se arrimó a ella, esta vez entregándole un abrazo cálido y compasivo —Félix…te pareces tanto a Adrien a veces…incluso ahora…—susurró bajito, llevando una de sus manos tras su nuca. En ella, acarició sus hebras doradas sin dudarlo dos veces— Solo que eres mucho más vigoroso que el…
—Tal vez, él también es vigoroso…—susurró, posando la yema de sus dedos sobre sus labios— pero nunca te lo mencionó.
—Es cierto…puede ser…—admitió Dupain-Cheng— Adrien es muy tímido a veces. Me encantaría que fuese más osado conmigo. Que de vez en cuando me faltara el respeto (en el buen sentido de la palabra) como tú lo haces a veces.
—¿Es eso? —el rubio alzó una ceja con incertidumbre— ¿Es lo que quieres?
—Ha decir verdad…nuestra relación estaba muy apagada —confesó la jovencita, separándose de el para tomar su rostro con astucia— Tampoco soy del todo divertida, sexy o graciosa como él. Soy torpe, mañosa y muchas veces no mido mis palabras. Sé que muchas veces no tomo en cuenta sus sentimientos y paso por alto el hecho de que el me ama muchísimo —desvió la mirada con los ojos humedecidos, a punto de romper en llanto— No lo merezco…es demasiado bueno para mí —si el primo de su ex había tomado la postura de sincerarse con ella. ¿Por qué ella no podía hacer lo mismo? — Tengo mucha pena, Félix. Y en verdad lo extraño muchísimo…
Tras lo conversado, el rubio daba luces ni en lo más mínimo de sentirse apocado por lo sentimientos que mantenía la joven por su enamorado. Al contrario. Se mostraba muy confiado en que podría tomar ventaja de la situación. Depositando un beso casto en su frente, se levantó en dirección al baño, con la excusa de ir a orinar. Mientras tanto, Marinette evaluó el tablero de ajedrez sobre la mesa con la sospecha de llevarlo a la realidad. Las piezas de su contrincante le tenían en un Jaque Mate desde hacía 10 minutos y ella no lo vio venir. ¿Era posible que su vida también tuviera similitud con el juego? Cogió el pedazo del Rey entre sus dedos y la acarició con el dedo pulgar; repasando una vez mas los errores de su vida. Lo mejor para acabar esa noche, era marcharse a casa. El alcohol en su cuerpo ya comenzaba a adormecerle.
No obstante, sus planes serían truncados por la reaparición de Félix…en las ropas de Adrien.
—¿Félix…que estás…?
— ¿Si me visto como el, te gustaría aún más? —siseó— Quiero ser tú Adrien esta noche. Si tú me lo permites, claro.
No puedo creerlo…díganme que es una broma. ¿Otra vez volví a caer? ¡Son idénticos! Mi cabeza era una bomba atómica a punto de estallar; arrasando todo a su paso. Les juro que quise negarme. Se los juro por mi madre. Pero al verlo ahí parado, en una pose tan similiar a la de el…la misma vestimenta. El mismo peinado. Esos ojos verdosos, galanes que me hacían perder la cordura. Sumado al hecho de que lo extrañaba a muerte…me hicieron caer nuevamente en sus redes. Me levanté del sofá y caminé hasta el, rodeando mis brazos por su cuello.
—No lo hagas…
—Es necesario —susurró su compañero, posando su diestra en su cintura para jalarle con ímpetu dominante contra su anatomía— ¿No es esto lo que querías?
—A-Adrien… ¡Quiero decir! Félix…yo no…—tembló.
—Llámame como quieras, mi lady —esbozó a escasos centímetros de sus labios.
Presa de un placer culposo que me desbordaba por los poros, dejé que Félix Graham de Vanily me cargara en sus brazos. Pero en vez de llevarme a su habitación, me trasladó directo contra la pared del living. Con fiereza, rasgó parte de la tela de mi vestido. Ni si quiera se molestó en quitarse la ropa. Tan solo se deshizo de mis bragas que con mucha destreza deslizó por mi muslo izquierdo
—Por favor…—pidió Marinette, totalmente entregada.
Me abrió las piernas.
—¿No es esto lo que querías? —decretó el ojiverde, bajando el cierre de su pantalón— ¿Qué te faltara el respeto?
No puede ser. Díganme que es una broma. ¿Es una pesadilla o una maldita película de adultos? Nuevamente fui víctima de sus encantos. Y para más remate…no me arrepentí de nada…
Obvio que me quité los aretes…por si a alguien le cabe duda. Pobre Tikki, luego pasarán otros 5.000 años con su trauma.
[…]
A la mañana siguiente, me encontré a mí misma en la habitación de Félix. Tras parpadear varias veces acostumbrándome a la luz, noté que permanecía al borde de la cama con expresión templada. Me lanzó una blusa en el rostro con total vanidad, sin si quiera mostrar un ápice de respeto. ¿Este chico sufre de doble personalidad o qué? No era ni las sombras de lo que la noche anterior me había demostrado. Me había tratado como una real reina, incluso jactándose de mucha pasión y afecto. ¿Por qué ahora reaccionaba así?
—Vístete —exclamó Félix— Debes ir a casa.
—¿Podrías ser más amable conmigo por favor? —se quejó Marinette, cubriéndose entre las sábanas con encogimiento— Estoy desnuda y post-orgasmica.
—Eso intento —determinó.
—Félix —cuestionó la diseñadora— ¿Por qué cada vez que te abres conmigo, luego me tratas con indiferencia? No logro comprenderlo.
—No me culpes. Está fuera de mi alcance.
—¿Que dices…? —se removió— No te entiendo.
—Es inevitable, Marinette —explicó, encogiéndose de hombros— Lo siento. Soy un hijo de puta. Ya deberías saberlo.
—Vale —se defendió con impotencia— Pero entonces si eres un hijo de puta con tanto orgullo… ¿Para qué mierda me coges si luego te molestas por hacerlo? —juntó el entrecejo— Eres un enfermo. ¿Lo sabias?
—Escucha. Si fuera por mí, de verdad te cogería con gusto —expresó el director— Pero no lo tengo permitido.
—¡¿No lo tienes permitido?! —Está bien. Pero ya estaba sumamente molesta— ¡Pero entonces si no lo haces por gusto, que es?!
—No lo entenderías…—desvió la mirada.
—¡Pero quiero hacerlo, maldito egocéntrico! —bramó— ¡Ya dime qué te pasa!
—¡Marinette! —se defendió en un aullido— ¡El que te ha estado haciendo el amor es Adrien, no yo!
—¡¿Y ahora de que mierda hablas?! —protestó colérica la ojiazul.
—Dios…—recapacitó por unos segundos, callando de golpe antes de soltar algo de lo cual se arrepentiría— Me refiero a que…cada vez que estás conmigo, solo lo estás viendo a él.
—¡Pero si sabes que lo amo! ¿Eres alguna clase de masoquista o algo así? —decretó— Vale. Ya está. ¿Sabes qué? Me tienes harta. Tú y tú estúpida bipolaridad —tomó su vestido— Me largo.
—¡Marinette! —le detuvo de golpe, guardando silencio en el instante en que captó su atención— Permíteme llevarte a tu apartamento por favor…
Dios… ¿En qué me llegué a meter? Félix tiene graves problemas. Y en el fondo no soy quien para criticarlo. Digo…yo también en el pasado fui una bipolar con problemas paternales. Pero en serio el se pasaba de vergas. Esa mañana dejé que me llevara hasta mi apartamento, pero no estaba satisfecha con su trato. Les voy a contar…
Había días en los que Félix se comportaba como un maldito perro desalmado conmigo. Y otro más en donde me trataba como una suave rosa en primavera; casi como si estuviera enamorado de mí. Recordé las palabras de Adrien al teléfono, advirtiéndome sobre la personalidad bipolar del muchacho. Mierda. Continuaba arrepentida de no haberle hecho caso. "Con Félix nada es certero. Nunca sabes cómo te lo vas a pillar". ¡¿Pero en serio era para tanto?!
Le plantee el tema a mi mejor amiga, Alya, por videollamada. Pero hasta ella parecía restarle importancia. ¿Es que nadie se daba cuenta? Me dijo: "Adrien solía decir que su primo era un caso especial luego de la muerte de su padre. Quizás solo quiera compañía"
Pero esto rayaba en la locura. Era mas que solo pretender entender a un crío con complicaciones indulgentes, con sus padres. Por mi sanidad mental y mi cuidado espiritual, decidí hacer a un lado el problema de su temperamento. Si quería regresar con Adrien, tratar de concebir como a Félix Graham de Vanily un sustituto, no era la solución. Me vencí a la imagen de que el era así y no cambiaría. Y era algo que no rebuscaba en mi vida afectuosa. Yo era una chica muy afectiva. Pero no tenía tiempo ni ganas de lidiar con sus cambios de humor. Suficiente tenía con los míos; que de hecho ya eran muchos altibajos.
No me rendí jamás a la idea de averiguar el paradero de mi ex novio. Continue llamándole, investigando, incursionando en el mundo de la arquitectura con tal de encontrarle y poder charlar a gusto sobre nuestra ruptura. Me rehusaba dentro de mi a dejarle ir tan fácilmente luego de tanta agua bajo el puente. Y en eso…se me pasó medio año en un abrir y cerrar de ojos. Las ganancias de Graham Films iban viento en popa con nuestros proyectos. De los cuales, obvio me incluyo dándome créditos. Félix estaba orgulloso con los resultados de un primer semestre fructífero en cuanto a lucros. Así que, para finales de verano, decidió pagarle a todo su equipo de producción, incluyéndome a mí, unas merecidas vacaciones.
Los muchachos y yo nos fuimos a relajar al sur de Inglaterra. Las playas de Bournemouth. Famosas por su paisaje un tanto caribeño y con importantes resorts de lujo. Cuando llegamos, lo primero que hice fue salir a recorrer el lugar en compañía de Tikki. Algunos lugareños ya tenían instaladas sus tiendas de artesanía. Era chistoso curiosear figuras ironizando a la Reina. Se ve que en este país la respetan mucho. Incluso como para reírse de ella. Me instalé en uno de los cuartitos del hotel, disfrutando del paradisiaco paisaje. A pesar de los roces constantes que tenia con mi jefe, este se mostraba indulgente conmigo. Y tuvo la decencia de reservarme la mejor habitación. Como si de alguna forma sintiera culpa por lo que me había hecho en la mansión de su madre. Menos mal…o pasaría el resto de mis ocios tramando como acabar con su vida.
Una mañana de neblina, alguien llamó a mi puerta.
—Marinette.
Félix apareció delante de mí, con una camisa de verano color rosa; semi abierta, traje de baño ceñido y sandalias rojas. Portaba anteojos de sol así que no logré distinguir qué expresión tenía realmente. Pero me extendió la mano, incitándome a ir con él. Como siempre, acepté su invitación sin mayores remordimientos. Me dijo que era una forma de compensar sus malos hábitos de antaño.
Me condujo hasta la costa, con total normalidad. Acabamos subiéndonos a un bote pequeño, en donde el rubio se encargó de conducir mar adentro. Nuestro destino final: Un enorme Yate de lujo, anclado en medio de las tranquilas aguas.
—¿Y esto…? —cuestionó Marinette, perpleja de lo que veía.
—¿Te gusta? —consultó, tirando de las amarras para sujetar la lancha a la popa— era de mi padre antes de fallecer. Ahora es mío —aclaró el rubio— Pero le hice un par de arreglos. Por ejemplo, le agregué una sala de cine y un jacuzzi.
En cuanto puse un pie encima del barco, Marc y algunos de mis camaradas me recibieron descorchando una champaña que me empapó por completo. ¿Qué significaba todo eso?
—¡Feliz cumpleaños, Marinette!
Mierda… ¿Era mi cumpleaños? ¡Lo había olvidado por completo! Estando familiarizada con mi entorno por abrazos y saludos afectuosos, la música comenzó a retumbar en toda la embarcación. Era la primera vez que me montaba a un barco así. Bueno, si lo comparamos con la casa de Luka en el rio Senna que básicamente también es un barco. ¡Pero este es otra onda!
Me sentí complacida solo por unos momentos. En cuanto mi teléfono comenzó a repicar y tanto mis padres como mis amigos se agolparon a hacerme videollamada felicitándome por mi día. ¿Félix se había puesto en contacto con todos mis cercanos para que me saludaran? Eso fue…muy amable de su parte. ¡Estaban todos! Alya con Nino, Juleka con Rose, incluso Mylene e Iván. ¡Luka también!
Me apuré por cambiarme al trajo de baño y en el proceso me quité los aretes excusándome con Tikki; saltando hacia el mar dando piruetas rápidas. Era fantástico. Tragué como condenada toda la fruta que pude y baile con Félix la mayor parte de la tarde. Estuvimos haciendo bromas y bebiendo whisky. Que como de costumbre hacía estragos en mi cuerpo. Lo curioso que tiene este brebaje es que, si lo bebes mucho, al cabo de un rato ya lo tragas como agua. Por lo que era imposible no caer rendida a sus sensaciones.
—¿Nadamos? —sugirió Graham de Vanily, jalándole de la muñeca.
—Pero he bebido mucho… ¿Será bueno nadar ebrio?
—No te preocupes ¡Eres Ladybug! Además, yo te protejo —se quitó los anteojos de sol, dejando ver sus maravillosos orbes esmeralda— ¡Vamos!
Me encanta este chico…pero ¿Otra vez con eso de Ladybug? No había necesidad.
Está claro que me encontraba en estado etílico. El solo hecho de ver cómo se quitaba la camisa y desordenaba sus cabellos antes de saltar, me dejó húmeda como una jodida babosa. ¿Como decirle que no? Hazme lo que quieras baby. Mi jefe se había dado un chapuzón olímpico. Una clavada digna de él.
Me paré al borde de la proa, con intenciones de copiarle y quedar como reina. Pero lamentablemente me tocó ser plebeya, porque resbalé torpemente y caí de espalda al agua. Me di una gran bocanada de agua salada, haciendo arcadas en la superficie. Félix fue en mi encuentro socorriéndome como todo un guardia de la bahía. Me sentí derretida entre sus brazos. Y fue esa la sensación de sentirme nuevamente acunada entre sus fuertes brazos, lo que me impulsó a robarle un beso. Por supuesto que la idea lo encendió de sobremanera, devolviéndome este con mucha mas intensidad.
Para el final de la tarde, acabamos besándonos bajo el toldo de la proa del Yate, encubiertos de todos como unos pequeños ladronzuelos. La idea de pasar mi cumpleaños con el primo de mi ex era descabellada para algunos. Pero para mí, era un consuelo de soledad y desamor muy aceptable.
La semana aconteció lánguida y llena de emociones nuevas. Al lado de Félix, volví a sentir lo que era estar enamorada de Adrien. Esas sensaciones de quinceañera removiéndome las tripas. La falta de aire. La timidez en cada gesto perfectamente esculpido en su rostro, la forma en la que me hacía reír y me sacaba carcajadas con sus bromas tontas. Las características semejantes que ambos compartían me hicieron inmortalizar las palabras de amor idílico que en algún momento le juré a mi acaramelado ex novio. "Prometo siempre estar a tu lado, incluso si la distancia nos separa. Permanecerás siempre en mi corazón"
Volvimos a Londres como recién casados llegando de su luna de miel. Los mejores días de mi vida.
[…]
Cineworld Leicester Square, Londres. 20 de agosto de ese mismo año.
—Esa película ha estado realmente mala —bufó Félix, saliendo del cine— Recuerdo haberla visto cuando era mas chico. "Shark Tank vs Meca Tigre".
—¿Tu también viste esa película? —curioseó Marinette, remembrando una escena de antaño— Fui a verla con Chat Noir una vez…
—Ah… ¿De verdad? —el rubio se rascó la mejilla, haciéndose el desentendido— No tenía idea de que ibas al cine con Chat Noir.
—En realidad fui al cine con Adrien —suspiró— Pero por esos años lo desconocía por completo. Éramos medio ciegos.
—La verdad es que Chat Noir siempre supo que tú, eras Ladybug —confesó Graham de Vanily.
—¿Y tú como sabes eso? —arqueó una ceja.
—Pues…—desvió la mirada un tanto nervioso— porque el me lo contó. De hecho, Adrien me reveló su identidad mucho antes de que te la revelara a ti.
—¿De verdad? —Dupain-Cheng hizo una pausa, asimilando muy bien sus palabras— Entonces Adrien si confiaba en ti lo suficiente como para hacerlo ¿No?
—No es tan así…digamos que las cosas se pusieron tensas entre ambos y todo se fue al carajo…—se resguardó, disimulando notoriamente su incomodidad. ¿Estaba ocultando algo innecesariamente tonto? Vertiginoso como un felino de montaña, le tomó de la cintura para robarle un piquito. Era tan fácil distraerla— Mejor vamos por un helado al muelle. ¿Qué dices?
—Ah…Félix. No hagas eso —se estremeció febril, percatándose de un cartel justo por sobre el hombro de su compañero— ¿Luka…?
Sorprendentemente, era Luka. Mas bien, un afiche promocional de la banda de Luka. ¿Estaban en Londres dando una gira? Que increíble noticia. No pude evitar alegrarme. Hacía tanto que no le veía, que no dudé en contactarme de inmediato con él.
—Félix. Quiero presentarte a alguien —esbozó la modista— ¿Me acompañarías?
—Si no es Benedict Cumberbatch, no gracias —negó. Aunque igual fue arrastrado contra su voluntad.
[…]
Esa mañana, conseguí que Luka lograra escaparse unos minutos de su representante, mientras Iván le cubría las espaldas (porque era su baterista). Félix se mostró reacio a la idea de juntarnos con alguien desconocido. Y cuando por fin logramos reunirnos en una cafetería a las afueras de Londres; toda la buena vibra se vino abajo. El rubio había optado una posición muy defensiva al ver a mi amigo. ¿Estaba celoso quizás?
—Marinette. Si querías presentarme a tu ex, era cosa de mostrarme una foto —farfulló´´o molesto.
—¿Cómo sabes que Luka es mi ex novio?
—…Adrien me lo contó —murmuró bajito.
—Adrien te contaba muchas cosas, por lo que veo —chistó Marinette, lanzándose a los brazos del peliazul con mucho jubilo— ¡Luka! ¡Tantas lunas sin vernos!
—Marinette —le abrazó de vuelta, gesticulando una sonrisa afable en respuesta. Couffaine se sintió satisfecho con dicha bienvenida. Tras enterarse de que había dejado París, supuso que no le volvería a ver en un buen tiempo. Pero aquí estaban otra vez, tan amigos como siempre— Estás tan linda como siempre.
—Ay, Luka…tu siempre tan tierno conmigo —halagó Dupain-Cheng, con una sonrisa de mejilla a mejilla— Ah. Cierto. Quiero presentarte a alguien…—se paró hacia un costado para dejarle pasar. El ojiverde dio un paso hacia adelante y en cuanto cruzaron miradas, se interrumpieron.
—¿Adrien…? —preguntó el musico, bastante asombrado. Todo esto a raíz de que no conocía a su primo hermano, claro.
Félix soltó un gruñido endeble, estirándole la mano derecha para estrecharla a modo de saludo.
—No, Luka —rio Marinette con mucha inocencia— Él es Félix. Félix Graham de Vanily. Es mi jefe. Y es primo de Adrien.
—¿El primo de Adrien…? —redundó el ojiazul, frunciendo el ceño con total desconfianza— Mhm…
Pero Couffaine aún no se apremiaba a constreñir su mano. ¿Por qué de improviso titubeaba tanto en saludarle? La muchacha comenzó a percibir el ambiente tenso entre ambos jóvenes. Vamos…Luka llevaba años guardando las identidades secretas de los chicos, incluso luego de haberse revelado sus nombres. Tenía un sentido agudo de la visión y una capacidad analítica extraordinaria. Graham se le arrimó primero, forzando el apretón con mirada templada. Quería mostrarse seguro y confiado.
—Un placer, Lucas —asintió Félix
—Gracias. Pero es "Luka" —le aclaró, empequeñeciendo los parpados— ¿Félix, huh?
—Así es —murmuró el rubio, llevando ambas manos a su espalda para imponer pecho delante de su contrincante. Esa actitud altanera era muy propia de él. ¿Pero mostrarla ahora delante del musico? — No sabía que Marinette y tu eran tan amigos. Jamás habla de ti —sí. Estaba intentando ponerle incomodo.
—Am…Marinette —siseó Luka, tomando a la chica por el brazo para alejarla unos momentos— ¿Podemos hablar un segundo?
—¿Sucede algo malo? —parpadeó un tanto confundida.
—¿Estás segura de que ese es Félix Graham de Vanily? —susurró.
—¿De qué hablas?
—Bueno. El primo de Adrien —Luka rodó los ojos con obviedad.
—Si…se lo que estás pensando —resopló Marinette, dándole una palmadita en la espalda a su amigo— Pero créeme, es Félix. Lo que pasa es que se parecen muchísimo. Son casi idénticos —bufó— ¿Recuerdas lo que ocurrió cuando grabamos el video para Adrien en el aniversario de la desaparición de su madre? El se hizo pasar por Adrien y casi nadie lo notó. De no haber sido…por su actitud tan agria.
—Entiendo la idea de que Félix se haya hecho pasar por Adrien —explicó Couffaine, levemente intranquilo— ¿Pero no has pensado en que también podría ser al rev-…?
—¿Pasa algo? —interrumpió de sopetón el rubio. Gesticulando un mohín, se cruzó de brazos— No es de buena educación hablar a espaldas del resto. Sigo aquí.
—¡Ah! Félix…—se disculpó la chica, rascándose la cabeza— Perdónanos. Luka y yo solo estábamos aclarando un mal entendido.
—Pero ni si quiera me dejó terminar…—musitó Luka con locución firme en la voz. No. Algo muy extraño sucedía con "Félix". Marinette se mostraba exorbitantemente deslumbrada con el chaval. No había forma de que notara lo que el sí. Conocía muy bien a Adrien. Lo suficiente como para reconocerlo incluso en traje de Chat Noir. Y según sus cálculos…ese no es Félix.
Como una excusa para romper el hielo, los tres jóvenes se sentaron a tomar un café y charlaron durante un par de horas. Marinette era un disco rayado contándole las maravillas de su nuevo empleo a Luka. Mientras este no dejaba de fisgonear los gestos del supuesto primo de Adrien. Le asaltaban un montón de dudas. Pero la principal y más controversial era el: ¿Por qué? ¿Por qué haría algo como eso? ¿Qué pretendía realmente? ¿Qué buscaba conseguir? ¿Acaso estaba jugándole una broma?
—¿Te has enterado ya, Luka? —Dupain-Cheng sedujo la atención de Couffaine, haciéndole la pregunta un tanto melancólica— Adrien no estaba de acuerdo con que me viniera a trabajar a Londres con Félix. Discutimos feo…y rompió conmigo.
—¿Qué? ¿Adrien terminando con Marinette? Eso no me lo creo…—Luka observó al rubio, quien no se inmutaba para nada con la conversación. ¿Qué demonios? — ¿Por qué no querría que trabajaras con su primo? Se ve que es una persona decente.
—Digamos que ciertas personas han inventado una fama que no me precede —se amparó Graham de Vanily.
—Ya veo. Creo que comienzo a captar la onda…—el artista elevó las cejas a modo de sorpresa. Jugaría un poco en terreno enemigo a ver que tal salía su plan— ¿Eres un libertino o algo así?
—La verdad es que si lo soy —Félix se encogió de hombros, admitiéndolo con total descaro— Pero no estaba de acuerdo en que Adrien tuviera esa mala visión de mí. No me agrada llevarme mal con él. Es como mi hermano…aunque a veces diga que me vale madres —aceptó sin remordimientos— Haría cualquier cosa…con tal de recuperar su amistad.
—Félix es un buen chico, Luka —sonrió Marinette— Debes aprender a conocerle y verás que todo solo era una vil fama.
—¿Y dices que Adrien te dejó solo por eso? —a Luka le costaba trabajo entenderlo. Mas bien, se rehusaba.
—No…realmente —la fémina se tocó la mejilla con vergüenza— En realidad nuestra relación venia algo quebrada desde hace un tiempo. Mis celos lo tenían abrumado…
—¿Y dónde está Adrien ahora mismo? —cuestionó Couffaine— Me extraña que aún no lo hayas buscado para volver con él.
—Según las fuentes de Alya —confesó la ojiazul— Adrien está de gira por Emiratos Árabes y aún no regresa…
—¿Alya…? ¿Tú también? —el peliazul soltó un suspiro sonoro, antes de reincorporarse a la plática. Algo muy turbio se estaba tramando aquí— ¿Marinette…no has pensado en que quizás todo sea mentira?
—¿Cómo? —parpadeó atónita.
—Quizás Adrien está más cerca de lo que piensas…—Luka fulminó a Félix, pegándole una mirada penetrante; como un cuchillo clavado en su pecho. Instintivamente, el rubio se levantó de la silla y alzó la mano para pedir la cuenta.
—Hora de irnos, Marinette —Félix le estrechó la mano a Luka— Tenemos trabajo que hacer. Hasta pronto.
—Hasta pronto, Félix —pero lejos de dejarle ir tan fácilmente, Couffaine retuvo su mano unos instantes, antes de sentenciar su amenaza— Mas te vale que sepas lo que estás haciendo.
—No sé…de que hablas…—musitó con desagrado el ojiverde, soltándole la mano forzosamente.
—Marinette —el musico le regaló un abrazo intenso y apretado, seguido de un beso en su mejilla— Si necesitas algo, lo que sea…por favor no dudes en llamarme ¿Sí? Tienes mi número.
—Siempre lo conservo. Muchas gracias por todo, Luka. Nos volveremos a ver.
Se despidieron. ¿Pero a que costo? La certeza de estar frente a un posible engaño de muy mal gusto le dejó un sabor amargo en el paladar. Luka adoraba a Marinette. Y lo que menos quería era que alguien le lastimara. ¿Por qué se prestarían para algo así? Aunque en el fondo comenzara a sospechar los motivos del por qué estarían tramando algo tan turbio como eso.
[…]
Esa tarde, Félix condujo en dirección al estudio de cine con inflexión de desconfianza en su semblante. Yo iba como si me hubiese a cagar en los pantalones de la angustia. ¿Qué había querido decirme Luka con todo eso? De pronto, me sentí sofocada con el aire al interior del auto. Mi compañero captó mi angustia y me bajó el vidrio sin que tuviera que pedírselo. De un momento a otro, posó su izquierda sobre mi muslo derecho acariciándolo sobre la tela del pantalón. ¿Estaba intentando relajarme? Tal vez solo estaba nerviosa por el estreno de mi nueva línea de zapatos para chicas. Si. Debe de haber sido eso.
Al cabo de unos minutos, arribamos al complejo de filmación. Íbamos a grabar un nuevo comercial para los canales de televisión locales. Pero yo continuaba compungida. Y mi jefe lo notaba en demasía. Mas que nada…me vi a mí misma en la cúspide de una montaña sin retorno a saber que sucedería conmigo luego de esta presentación. Algunas de las ventas del mes pasado habían bajado y aunque mi jefe no se manifestaba inoportuno o indeciso con los resultados, me costaba trabajo concentrarme en las modelos que ahora desfilaban mis creaciones. Félix se arrimó a mi dándome ánimos, con un toque sincero en mi espalda. Y tras un par de horas, desapareció del set. ¿A dónde había ido?
Cuando volvió, traía una vestimenta más elegante y menos coloquial. ¿Se había cambiado de ropa tan rápido para la grabación?
—Muy bien, todos a sus posiciones —ordenó Graham de Vanily, con tono autoritario.
Otra vez esa actitud…
—¿Te sientes bien, Marinette? —consultó Marc Anciel.
—Si…es solo que…estoy algo nerviosa por los resultados de esto —expresó Marinette, desviando la mirada un tanto ruborizada.
—¡Vamos, pedazos de tontos! ¡A grabar! —bramó Félix.
Ya basta…esto me supera. ¿Acaso Félix se muestra distinto dependiendo del atuendo que viste para la ocasión? Me senté detrás de todos, observando con detenimiento como se filmaba el comercial. Pero algo dentro de mí, me gritaba con fuerza que algo no estaba bien. De pronto, mi teléfono vibró con fuerzas dentro del bolsillo de mi chaqueta. Instintivamente me alcé en mi asiento y me encerré en el baño, tratando de ver de que se trataban esas notificaciones.
Adrien había re abierto todas sus redes sociales de golpe. ¿Era una broma? Publicó una foto de el mismo, en una playa muy llamativa con un texto debajo: "Terminando en Dubái. Me vuelvo a Francia". ¿Mi ex ahora volvía finalmente a Paris? Alya me llamó por videollamada. A lo cual contesté sin dudar.
—Imagino que ya lo viste —expresó Césaire detrás de la pantalla— Adrien vuelve a Paris.
—Alya…tengo muchas ganas de volver —le confesó Dupain-Cheng— Necesito hablar con el…debo…contarle un par de cosas.
—No te apresures, chica. Ya tendrás tiempo —explicó la morena, mostrándole un pantallazo de una publicación hecha por Lila Rossi— Mira esto.
—Es mentira —sentenció la ojiazul, frunciendo el ceño— Si lo publicó Lila, no le creo.
—Pero…ni si quiera lo has visto.
—Me vale —refunfuñó de vuelta— No me importa.
—Esta vez es distinto…—explicó Alya, insistiendo en que observara la publicación— Hazme caso por una vez en tu vida y léelo…
Recelosa de la información y de muy mala gana, la muchacha de cabello oscuro pinchó el link que la llevaba directo a una publicación de Lila Rossi, un rostro llamativo de la marca Gabriel Agreste, absorbida anteriormente por Félix Graham de Vanily. En dicho video, la fémina declaraba que rompía contrato con la agencia de los Agreste. Entre llantos muy humillantes, informaba a sus seguidores que Adrien Agreste era un maldito canalla mentiroso y poco confiable. ¡¿Qué dijo, que?!
Marinette quedó boquiabierta con la noticia. ¿Qué demonios?
—¿Qué significa esto…? —siseó Marinette, atónita con la reseña.
—Adrien despidió a Lila de la marca —declaró Césaire, con mirada perpetua a una verdadera noticia— Al parecer, Lila vendió parte del producto a unos chicos de Gran Bretaña.
—¿Gran Bretaña…? —solo podía pensar en una sola persona. Félix— ¿Crees que Lila se vendió a Félix?
—Todo tiene sentido. Pero según veo…Adrien y su primo ahora trabajan juntos.
—¡¿Cómo dices?! —ok. Eso la dejó anclada a la tapa del W.C. Agradecía no estar expulsando nada— ¿Eso quiere decir que Félix supo todo este tiempo donde estaba Adrien? — No…imposible.
—Marinette. ¿Para qué mentiría? —se encogió de hombros— Te digo que es verdad. Félix y Adrien ahora trabajan juntos.
—Pe-Pero…Félix me dijo que…
—No te pongas a imaginar desenlaces de los cuales luego te lamentes, amiga —sentenció la chica de anteojos— Necesito que tú, que trabajas para la familia Graham averigües que pasa. No estoy del todo segura…pero creo que ahora Félix es tu carta de oro para salvar tu relación.
A la mierda. Todo se venía abajo. Yo le había sido infiel a Adrien con su primo hermano. ¿Cómo podía si quiera acercarme a el? Estaba contra la espada y la pared. Y mi única salvación, era mi placer culposo: Félix.
Tragué saliva un par de veces para asimilar la noticia y le corté a Alya. ¿Conque los primitos ahora se habían aliado y nadie me contaba nada? Esto no se iba a quedar así.
—Marinette —comentó Tikki, intentando retenerla— Tranquila…debe de haber una explicación para esto.
—No la hay, Tikki —gruñó Marinette entre dientes— Creo que alguien me ha estado mintiendo. Y voy a averiguarlo de inmediato.
—¡Es-espera! —le atajó la Kwami. Pero era demasiado tarde. Marinette se quitó los aretes para evitarle un bochorno innecesario y salió hecha una maraña de furia hacia el set.
El comercial estaba por finalizar, dando las ultimas escenas sobre los zapatos. Pero Dupain-Cheng se lanzó contra el director, envuelta en una furia inexplicable.
—Buen trabajo, chicos —halagó el inglés, alzando las manos— Llamen al doble de los Agreste…
—¡Félix! —le llamó por su nombre, interceptando la última escena. Los integrantes del fructuoso evento se paralizaron al ver la expresión frenética de la diseñadora, callando de golpe— ¡Tenemos que hablar!
—Marinette. Ahora no —le detuvo el rubio, agarrándole del brazo— Ahora mismo va a entrar-…
—¡Cállate, maldito! —esa bofetada se oyó hasta la china. Mas de algún productor huyó de del acto, aterrado por la respuesta del director a quien temían con su vida. Graham de Vanily se tomó la mejilla, frunciendo el ceño en respuesta. Que suceso más irrespetuoso— ¡¿Hasta cuando vas a mentirme?!
—¿De qué demonios hablas? —protestó el ojiverde, sujetándole de la cintura— Guarda silencio. Tu no-…
—¡Basta! —Marinette le interceptó.
Les prometo que no vi esa soga bajo mis zapatos. Lamentablemente tengo dos pies izquierdos y acabé enredando uno de ellos contra los cables del camarógrafo. Me vi obligada plantarme contra el suelo y golpearme la cabeza.
—¡Marinette! —ladró Félix.
Una voz que dio eco en toda la habitación, retumbó en sus oídos como un sonido 3D, estremeciéndole de sopetón. El porrazo fue potente. Tanto, que le dejó aturdida al punto de hacerle ver doble por todos lados. Todo le daba vueltas. Se había dado en la nuca con mucha violencia, como si estuviese ebria. Todo se vino a negro…
[…]
Marinette…
Esa voz es tan reconocible.
¿Marinette…?
Y esta también. Esperen. Es la misma persona.
Adrien me llama en la distancia. ¿O era Félix? ¿O era Adrien y Félix juntos? ¿Me morí? ¿Estoy en el infierno? Espero no encontrarme con Audrey aquí. Ahora mismo hay dos jodidos Félixs frente a mí. Seguro me dañé algunas neuronas. Déjenme dormir un poco estoy cansada de sus tonterías. Los oigo hablar…pero no puedo moverme. ¿Es una parálisis del sueño? Dios…ya se me subió el…
—Llévala a enfermería —murmuró Félix.
—No. Será mejor que la lleves tu —contestó el otro Félix.
—Ayúdame a levantarla entonces —le agarró Félix.
—Cállense, Félixs —siseó Marinette, mareada y compungida en los brazos de…Félix, claro— ¿Adrien…? ¿Dónde está mi Adrien…? Ya quiero irme a casa…—balbuceó, anonadada con el golpazo— ¿Estás aquí…?
[…]
No podría asegurarlo a ciencia cierta, pero creo que estoy en la oficina de mi jefe. Reconocí los cuadros y además el suave material de cuero de su sofá. Todo me daba vueltas aún, por lo que me tomé la cabeza para intentar concentrarme. A un costado yacía un vaso de agua y una píldora verde. Eran las que solía tomar para las migrañas. No titubeé al momento de tragarla. Por unos momentos había olvidado el como sucedieron las cosas. Pero conforme fui rehaciendo los hechos y juntando las piezas, una vaga idea de la situación me flageló la imaginación. Había ido a enfrentar a Félix y enredé mi pie en uno de los cables. Finalmente caí de cabeza, golpeándome contra la pata de fierro de un trípode.
Tenía que salir de ahí y volver al set. Alguien llamó a la puerta.
Sorpresivamente era el director que, con catadura furtiva me dio alcance a irrisorios centímetros de la salida. Sin justificación alguna, la cerró tras de sí. Yo ya estaba bastante fastidiada con la situación. Se acomodó muy estereotipado sobre el escritorio, cruzando los brazos en forma reflexiva y me echó un vistazo ceñudo. Suspiró.
—Si querías hablar conmigo —murmuró con mesura— no era necesario montar el escandalo que hiciste allá abajo en el set.
—¿Dónde está Adrien? —espetó Marinette.
—¿Y por qué tendría yo, que saber eso? —acotó de manera sensata.
—Félix, por favor. No se te ocurra mentirme. No a estas alturas —enunció la chica con acento agraviado— Adrien y tu han retomado el trato. Eso significa que tu debes de tener su número. O conocer alguna forma para poder contactarlo.
—¿Y para que quieres verlo? —el ojiverde curvó una ceja con vanidad— Si después de todo, estás bien saliendo solo conmigo.
—Tu sabes que estoy enamorada de él, Félix —exhaló rendida la menor— Independientemente de todo lo que ha pasado, yo aún lo amo. Y quiero solucionar las cosas con él. Necesito confesarle un par de cosas…—desvió la mirada.
—Que —bufó Graham de Vanily— ¿Vs a contarle que te acuestas conmigo?
—Si es necesario, claro que lo haré. No puedo mentirle a Adrien —sentenció Dupain-Cheng, a lo que el ingles manifestó con un mohín brusco en los labios— Le diré toda la verdad. Es la única forma.
—A modo personal, no te recomendaría para nada confesarle algo así a un chico —reveló el director de la compañía— A los hombres no nos gusta que nos sean infieles.
—No tengo opción. Si quiero que Adrien vuelva conmigo, yo debo-…
—No. No debes —le interceptó Félix, alzando la mano para callarla de golpe— Y no lo harás. Porque no será necesario —aguardó unos momentos, antes de reincorporarse a la conversación. La pobre diseñadora estaba confundida. No comprendía las intenciones de su camarada, que ahora daba vueltas por la oficina como un león enjaulado— Abriré una sucursal en París, el mes siguiente. Y necesito que alguien se encargue de ello.
—¿En…París? —parpadeó atónita.
—Si. Francia. No conozco otro París —rodó los ojos con ironía— Quiero que tu te encargues de todo.
—¿Eso quiere decir que…volveré a Paris? —sus ojitos se iluminaron como dos platos enormes.
—Básicamente, si —demandó— Firmaremos un nuevo contrato —de entre uno de los cajones de su mesa, extrajo un documento timbrado por el abogado de la empresa— Cuando absorbí la marca Gabriel Agreste, me quedé sin un rostro publicitario. Como bien ya sabes, Adrien no le hace al modelaje ahora mismo. Le gusta dibujar casas, pff…cosas de niños —se encogió de hombros— Quiero que tu seas el nuevo rostro de la marca. Se supone que Lila iba a serlo…pero al parecer, Adrien y ella discutieron.
—Hey, Adrien no solo dibuja casas —farfulló Marinette, defendiéndole— Es un estupendo arquitecto.
—Adrien no sabe ni donde está parado —se mofó Félix, insistiendo en el documento— Mejor dile que se dibuje un bosque y se pierda en él. Ahora quiero que me firmes esto.
—Lo haré solo si me dices donde está Adrien —decretó.
—Bien. No me quejo —balbuceó Graham, con una sonrisa sagaz zurcida en los labios— Me parece una estupenda idea.
—Bien —la ojiazul caminó hacia el muchacho, cogiendo un lápiz para dejar unas cuantas rayas a modo de firma— Ya está. ¿Me dirás ahora?
—Por supuesto que te lo diré —carcajeó Félix— Pero no le dirás a Adrien que le fuiste infiel.
—¿Y por qué no, si se puede saber? —gruñó la fémina.
—Porque tu y yo nunca nos acostamos.
—¿Qué…?
¿Cómo? Ah. Claro. Muy lindo. Ahora resulta que todo lo imaginé o fue producto de una fructífera historia esquizofrénica. ¡¿Cómo que nunca nos acostamos?! ¡Pero si hasta fuimos de vacaciones juntos! Ok. Ahora si me estaba poniendo de malas. Mi compañero había tomado su móvil para textearle a alguien, en lo que yo luchaba por no dejarme tentar otra vez en sus juegos de mocoso.
—Ya basta, Félix. No importa si me niegas o lo niegas. Yo no pienso ayudarte a encubrir esto ¿Ok? —chantó Marinette. Alguien llamó a la puerta— No es mi estilo. Y además yo no-…
La puerta se abrió detrás de mí, con el aura de un fantasma espectral reapareciendo para destruirme los nervios. Quizás fue producto del golpe que me di en la cabeza…porque definitivamente estaba con la vista dañada. Juraría que hay dos Félix en este momento. Si. No es chiste. ¿Enloquecí o ya me llegó la menopausia? Hay uno parado en la puerta y el otro…maldito…pedazo…de engendro…animal…está en el escritorio. ¡POR LA MIERDA!
—¡Stop! —detuvo la escena tan solo por unos segundos— ¡Vale! ¡Paren todo! Nah…es una broma de mal gusto. No me da risa, Félix —le habló al que tomaba el contrato entre sus dedos.
—Marinette, tu querías hablar con mi primo. Ahí lo tienes —chistó Félix— Cumplí mi promesa. Está justo delante de ti.
—Pe-pero…eso no es posible —volteó a ver al rubio que yacía parado en el marco de la entrada con expresión hipocondríaca— No entiendo. Les juro que no entiendo. ¿Félix es Adrien? ¿Cómo demonios? —Dupain-Cheng se estremeció por completo, de una manera muy enfermiza. El pulso de su ritmo cardiaco salía desbordante por sus orejas. Le costaba respirar. Como quien muere lentamente en la asfixia de la incertidumbre— ¿Se puede saber que mierda está pasando aquí?
Un efímero flashback de Luka, vino a mi mente:
—Félix se hizo pasar por Adrien una vez. ¿Pero no has pensado en que también podría ser al…REVÉS?
Su cabeza había completado automáticamente la frase. Se cubrió la boca indiscutiblemente estupefacta. La conmoción era grande, pero no iba a dejar que un desmayo incomodo le afectara. Se mantuvo estoica de pie frente al par de primos, empuñando sus manos con desazón. Ya no había nada que ocultarle a Adrien.
Porque ahora…ya todo tenía sentido.
