En el campo de entrenamiento a las afueras del Palacio. En la antigua Gea. Se podía escuchar con claridad los golpes de los metales chocar entre sí. Soldados recién inscriptos eran los que provocaban tan alboroto. Ese era el inicio de su entrenamiento, cosa que lograba entusiasmarlos. Había distintas caras y ambas razas ahí. Neran y seres Astrales pasaban a ser compañeros en poco tiempo. Apoyándose mutuamente en el camino a recorrer. El polvo levantándose apenas por los movimientos que surgen al dar una estocada o un golpe para derribar, al contrario. Esto siendo su distracción de lo que ocurría ahí mismo. Pues en la esquina del lugar se encontraba un tierno Elifas. Su edad apenas alcanzando los 8 años.
Un instructor y entrenador era lo que tenía en frente. Quien, sin contemplaciones o demás cuidados, atacó al pobre niño con fuerza, mandándolo a volar varios metros lejos de él, chocando contra el suelo, haciendo que heridas antiguas se abrieran, mientras su pequeña boca comenzaba a derramar sangre. Esto valiéndole poco a aquel ser Astral.
-¡Levántate! ¡No debes dejar que nadie te haga de esa manera! ¡Defiéndete! -Exclamo a aquel niño tirado en el suelo. El cual poco a poco se levantaba de aquel lugar. Tomando una espada un poco más grande que él. Alzándola con esfuerzo para defenderse. Tratando de esquivar un nuevo golpe en su contra- ¡Muévete! ¡Si solo me miras no tendrás tiempo si quiera de despedirte! -Un nuevo golpe llego a sus costados. Uno que volvió a lanzarlo lejos. Ocasionando que su espada saliese volando también.
Elifas estaba realmente cansado de aquello. Sus manitas siendo apenas lo suficientemente fuertes para aguantar todo aquello. El odiaba esto. Odiaba el uso de las armas. Odiaba tener que ser entrenado a la fuerza. Más callaba. Eran ordenes de sus padres después de todo. Sus rodillas tocaron el suelo, al igual que sus manos. Su respiración agitada solo era símbolo de los límites que ya estaba alcanzando. Aquel instructor le miro. Y dando una mueca molesta, fue que se acercó a él.
-No has avanzado mucho desde que comenzamos... ¿Puedo saber por qué? -Cuestiono con dureza. Provocando que el niño bajara la cabeza. Dudoso por hablar. El ser Astral suspiro. Bajando sus armas. Ayudando a levantar aquel niño- Esta bien. Dejaremos el entrenamiento aquí. Pero quiero que sepa, que esto será reportado a sus padres. ¿Lo ha entendido?
Elifas solo asintió. Tomando su brazo con la mano contraria. Apretando un poco la tela con fuerza. Iba a ser castigado otra vez.
-En ese caso. Comenzaremos de nuevo mañana. Espero verlo puntualmente aquí una vez más-Termino aquel instructor. Yéndose a quien sabe dónde. Dejando atrás al pobre niño que no paraba de sangrar.
Elifas odiaba esa vida. Odiaba todo lo que pasaba. Y odiaba verse envuelto en eso. Sin posibilidad de escapar. Dio una sonrisa triste. Melancólica. Y tomando aquella arma que le pertenecía, fue que se ha dentro al Palacio. Dirigiéndose a su habitación. Encontrándose apenas con un par de sirvientes, quienes solo daban una reverencia en silencio antes de seguir su camino. Ignorando el dolor del infante.
Sus pasos una vez más sonando con ligera fuerza. Algo torpes. Pues seguía realmente herido. Así, con esfuerzo llegando a su habitación. Fue donde pudo respirar. Encontrándose con uno de sus sirvientes. Uno recién egresado. Un ser Astral de piel oscura y joyas en su cuerpo. Al fin de cuentas. Su amigo. Aren era el encargado de curarle esta vez.
Sonrió. Realmente aliviado. Así que cerrando la puerta detrás de él. Fue que paso a sentarse en la cama. Pasando a ser atendido con rapidez.
-Hola Elifas...-Saludo con suavidad Aren. Mientras pasaba a despoja r a su amigo de las ropas dañadas. Encontrando severas heridas debajo. Esto sacándole una mueca preocupada-No entiendo como permiten que te hagan esto.
Un paño húmedo paso por el cuerpo del mayor. Quien solo apretó sus dientes ante el ardor. Derramando una silenciosa lagrima de dolor.
-No lo sé... Yo tampoco lo entiendo...-Admitió para el menor. Quien solo negó. Su mueca cambiando a una molesta. ¿Qué podía hacer él para ayudar a su amigo? La respuesta era sencilla. Nada. Esto causando una enorme impotencia. Él solo era un sirviente. No debía siquiera estar hablando con el príncipe. Pero aquí estaba. Desobedeciendo las normas. Jugándose la vida por su amistad.
Vaya que era difícil.
Minutos después cada herida de Elifas ya había sido tratada y curada. Vendajes se habían puesto con todo el cariño y cuidado que pudo el menor. Al final quedando satisfecho al ver a su amigo mejor. Al menos. Podía ayudarle de esa manera.
-Gracias Aren...-Agradeció el mayor. Tomando levemente las manos contrarias. Dando una leve sonrisa.
-No. No. Está bien... Solo quiero ayudarte en esto...-Murmuro el más bajo. Sonrojándose levemente.
Ambos se miraban con inocencia. Manteniendo sus manos unidas hasta que la puerta fue abierta de golpe. Ocasionando que se separaran con rapidez. Dejando ver a un ser Astral. Uno bastante enojado. Ese era el padre de Elifas.
-¡Vete!-Ordeno sin miramientos al menor. Quien asintió. Mirando a su amigo, antes de salir atendiendo esas órdenes. Encontrándose con un par de guardias más. Quienes le miraron de manera despectiva. Temía por su amigo.
Un nuevo castigo inicio dentro de la habitación del mayor. Un par de golpes sonaron antes de escuchar un grito agónico del infante. ¿Por qué un padre lastimaría así a su hijo? Era lo que Aren se preguntaba a la lejanía. Apretando con fuerza sus ropas. Temblando levemente ante la impotencia.
Un par de días paso desde aquello. Más para el actual Elifas. Solo fue como un parpadeo antes de cambiar de escenario. Mostrándole ahora un bello jardín. El lugar en donde se supone comenzó a recordar. Sin. Embargo no era el mismo, pues podías verse así mismo en su otra versión junto a Aren. Ambos escondidos en una parte alta de la maleza. Ajenos a un mundo que le rodeaba. La noche acompañándolos en ese momento.
-¿Estás seguro que te encuentras bien?-Pregunto con preocupación el menor. Atrayendo la mirada contraria. Quien estaba acostado a su lado. Mirando las estrellas.
-Sí... Estoy bien. No te preocupes. No es que fuese la primera vez que pasa...
-Pero...
-Déjalo por favor Aren... No hay manera de cambiarlo...-Menciono antes de cambiar su posición. A una de lado. Encarando al menor. Mientras regalaba una tierna caricia, al contrario.
-...-Aren paso a derramar un par de lágrimas de enojo. ¿Por qué aún era tan débil? Bien podía ayudar a su amigo a salir de aquello. Pero. No podía. Por más que quería- No es justo...
-...-Elifas solo sonrió. De manera melancólica. Culpable por hacer que su amigo se preocupara por él- Aren... Por favor no sigas lastimándote así...-Pido de manera suave. Tenue. Acercándose a su amigo- Por favor... Yo... He tomado una decisión al respecto...
-¿De verdad?
-Así es...-Asintió al menor- Desde hoy. Seré mucho más fuerte. Mucho más duro ante estos retos. Yo... Quiero hacerlo para que no te sientas así nunca más... Eres mi primer y único amigo... No quiero que me dejes solo por esto que... No puedo controlar... Yo-
-Elifas...-Interrumpió Aren. Abrazando al mayor-No voy a dejarte solo en esto... No es tu culpa...-Sonrió- Seré tu amigo hasta donde me dejes hacerlo. Estaré para ti en todo lo que pueda... Aun sí soy azotado por darme esas libertades. No te dejare solo... Eres un amigo importante para mí... No voy a dejarte...
El mayor no pudo evitar derramar un par de lágrimas. Y es que era cierto. Su único apoyo era su amigo. Aren. El ser que nunca se apartó de su lado aun cuando le insistía en que le dejara. Ese ser que en incontables veces le recibió con los brazos abiertos a pesar de ser él, la mayoría del tiempo, culpable de los sucesos que marcaban al otro. Así que a pesar del dolor en su cuerpo. Correspondió aquel abrazo del menor. Pasando sus brazos por debajo de él. Acercándose aún más. Las estrellas brillando un poco más intensamente. Una promesa muda surgiendo entre las rosas alrededor de ambos.
Ellos jamás iban a dejarse. Al menos, no por su voluntad.
El antiguo Rey del Mundo Astral observaba esto de manera melancólica. Sintiendo lo que su contraparte sentía. Su tristeza. Su enojo. Su impotencia. Todo eso era de él. Todo era parte de su pasado. Uno que estaba recuperando. Uno que dolía. ¿Pero por qué dolía como el infierno? Miro entonces al par de niños. Ambos escondidos en su inocencia. En un cariño puro e infinito. ¿Por qué había olvidado todo esto?
Una de sus manos se estiro un poco, como si quisiera tonar algo entre ellas. Mientras un susurro salía de sus labios.
-Aren... ¿Qué es lo que nos ha pasado?...
La tristeza comenzó a inundarlo.
Astral observaba a lo lejos todo lo que su padre observaba. Juzgando en silencio todo lo que veía. ¿De verdad ese ser era su madre? ¿Ese era el verdadero Don Milenario? ¿Ese ser que llamaban Aren? Parecía más un muy mal chiste. ¿Cómo un ser tan puro podía haberse convertido en lo que ahora representaba? Frunció un poco su seño. Sus ideas volvían a chocar.
Desvió su mirada lejos de la escena que estaban protagonizando ambos niños. Posando sus ojos ahora en su padre. Su semblante triste. Su postura pasando a ser cabizbaja. Estaba siendo afectado visiblemente. Hizo una mueca de disgusto. No ante el hombre frente a él. Sino más bien para sí mismo. Estaba pasando a sentirse piadoso con él. Y no es de que no lo hubiese sentido antes, pero ahora era distinto. Era más una sensación que no le dejaba estar. Era algo distinto incluso cuando estaba o hacia enojar a Yuma.
Poso una de sus manos en su pecho. Tocando por donde estaba su corazón. Su núcleo. ¿Qué era aquello? ¿Qué era esa sensación tan abrumadora que surgía al ver a su padre de esa manera? Porque para bien o para mal. Ese hecho no cambiaría. Elifas era su padre. Al igual que el ser debajo de ellos. Ese dulce niño de piel oscura y mirada amorosa.
Todo seguía siendo tan confuso. Tan... Jodidamente familiar y extraño. Y esa sensación parecía no querer desaparecer. ¿Qué pasaba con él?
Un nuevo escenario se mostró. El pequeño Elifas ya había crecido un poco más. Su tierna edad ya estaba a punto de terminar. Pues a sus 12 años ya estaba mostrando una ligera madurez. Ahora estando sentado frente a un escritorio. Justo en su habitación, mientras un tutor caminaba a sus espaldas. Dándole instrucciones y explicando una lección. Una extraña vara podía verse entre sus manos.
-...Espero haya aprendido esta vez Joven Amo. Porque sus últimas notas han sido algo... Deplorables...-Expreso son dureza aquel ser Neran. Mientras se detenía para observar aquel niño. Quien le devolvió la mirada.
-Mis últimas notas fueron de un promedio de nueve hasta alcanzar algunas décimas. ¿Cómo es eso deplorable? -Ataco pasivamente a su instructor. El cual le miro con desprecio.
-¿Y todavía lo pregunta? ¿Hasta dónde llegara su mediocridad? ¡Usted es un príncipe! No debe tomar nada a la ligera. ¡Usted debe ser perfecto! Deje esos pensamientos que no le hacen llegar a nada... Espero que comprenda Joven Amo que esto se hace por su bien y por el bien de Gea. Nadie quiere a un Rey mediocre ¿verdad? Deberá esforzarse el triple de lo que ya lo hace si de verdad quiere gobernar en un futuro-Aquellas palabras saliendo con veneno. Provocando un ligero seño en el menor. Él no iba a ceder ante los caprichos de su padre.
-Ajá...
-Joven Amo-Llamo de inmediato el instructor. Haciendo uso de su instrumento. Golpeando el escritorio con fuerza. Cerca de las magulladas manos de Elifas. Las cuales mostraban ya distintas marcas de golpes- ¡Debe comportarse a la altura de su posición! No puede seguir así. De lo contrario deberé hablar seriamente con su padre...-El menor se tensó ante esto. Ocasionando una ligera satisfacción en el tutor.
-Lo siento... Haré lo que me dices...-Hablo en derrota aquel infante. Sacando una sonrisa al Neran.
-Exactamente. Sí sigue mis consejos usted será todo un gran Rey en un futuro... Bien. Entonces terminaremos la lección aquí- Menciono el instructor antes de tomar un par de materiales. Para después salir de la habitación. Dejando al pobre niño con las palabras en la boca. Un enojo creciente en su pecho.
Elifas paso su mirada al escritorio. Y en un intento de desahogarse, tiro todo lo que estaba sobre el mismo. Sin importar si el frasco de tinta se rompía. ¡Estaba tan enojado! Tantas expectativas estúpidas estaban sobre sus hombros. Cada una de ellas esperando a que pudiese ser un ser perfecto. Uno que jamás se equivocara. Pero él no era así. Él no era perfecto. Él era solo un niño que deseaba estar jugando ahora mismo. Un niño que deseaba que sus padres le abrazaran o le aconsejaran. Uno que deseaba ser... Feliz. Sin tantas obligaciones encima. ¡Por supuesto que entendía que él era para la servidumbre del pueblo! Lo sabía. Estaba grabado a fuego en su mente. Pero... De verdad que deseaba justo ahora olvidarse de eso. Odiaba su vida.
Un ligero golpe a la puerta le hizo detenerse de pisar aquellos papeles. Y apenas acomodándose su cabello y ropas, fue que dio libre paso a quien sea que estuviese llamando. Su cara se iluminó cuando vio quien era ese ser. Nada más y nada menos que su mejor amigo. Aren. El cual venía a verle con la excusa de servirle.
Elifas paso entonces a acercarse a él. Cerrando la puerta detrás del menor. De esta manera buscando un poco de privacidad para ambos.
-¡Aren! No sabes la alegría que me da al verte, llegaste justo a tiempo a salvarme- El mencionado solo le miro con una sonrisa. Mientras pasaba a abrazarlo. De esta manera saludando.
-Jajaja ¿Por qué lo dices Elifas? -Cuestiono, mirando al contrario.
-Por... Por nada realmente...-Contesto el mayor. Apenas dejando ver su mirada o sus manos. Aren al ver estas señales inmediatamente supo lo que había pasado.
-Tu instructor ¿Cierto?
-...-Elifas entonces devolvió su mirada al menor. Quien le observaba con preocupación. Y algo más que no supo entender. Un suspiro escapando de sus labios antes de mostrarse derrotado- Sí...
Aren frunció un poco su seño. Antes de tomar con cuidado al mayor. Jalándolo para que se sentara en la cama. Procediendo a curarle una vez más.
-Ese tonto... Me molesta el tan solo verlo... -Comenzó el menor a refunfuñar, en un gesto que le pareció adorable, al contrario. Esos momentos de verdad que los adornaba. Al menos así sentía que el mundo valía un poco más la pena.
-Gracias Aren... Siempre llegas a buen tiempo... Pero no quiero escuchar más sobre ese idiota... ¿Por qué no me platicas de tu día? De seguro ha sido mejor que él mío...
-...-Aren se detuvo un momento antes de mirar al mayor. Riendo ante eso- Ja. Eso es lo que tú crees. La señora Byn ha sido estricta últimamente. Ya sabes. Quiere todo en perfecto estado. Dios. Incluso puedo escucharla aquí mismo... "Aren has esto, Aren ¿Ya has lavado las sábanas?, Aren pule la losa, Aren abastece el almacén, Aren. Aren. Aren" Si me lo preguntas pare ser lo único que sabe decir...
El mayor soltó una carcajada ante esto. Sintiéndose un poco más vivo. Definitivamente Aren era con quien deseaba estar. Los problemas parecían ser más pequeños a su lado. El ambiente paso a ser más ameno. Más... Relajado. Así que cuando ambos se dieron cuenta. Ahora estaban acurrucados uno contra el otro en la cama. Contándose mil y una anécdotas que hacían reír, al contrario. Sin percatarse que la puerta se abría.
El desastre vino después.
El padre de Elifas paso a ser más un ente invadido por la ira que un verdadero padre. Pues cuando vio a su hijo charlando como si nada con un sirviente fue que todo pareció ser peor. El instructor le había advertido sobre esto. Pero el ver a su hijo realmente desperdiciando su tiempo con alguien que no valía la pena. Eso sí que le descoloco. Le enfureció.
Todo pareció entonces ir en cámara lenta. Aren y Elifas miraron con miedo aquel hombre. Mientras el mayor se levantaba con rapidez, colocándose frente a su amigo. Tratando de protegerlo. Sin embargo, ya un par de guardias se encontraban sometiéndolo. Haciéndole chocar contra el piso. Dañándole severamente su cabeza. Dejándolo en un limbo de la consciencia y la inconsciencia. Mientras podía vislumbrar como Aren era sacado a la fuerza de la habitación. El miedo posándose en su mirada.
Su padre gritaba algo que no lograba entender, pues sus oídos solo escuchaban zumbidos. Y lo que paso después. Solo fue una condena de lo que vivía. Un sello apareció debajo de él. Este era un sello de uso prohibido. Este era un sello de esclavitud. Uno con el que su padre ahora lo mantendría a su merced. Limpia y decisivamente. Pues esta magia obligaba al portador a obedecer sin ninguna queja. Obligándolo a lo que el contrario deseaba que hiciese. Y eso fue lo peor que pudo haberle pasado. Pues aquel padre en su furia. Tuvo una de las ideas más dañinas para su hijo. Esto era una lección que debía aprender.
Cuando menos pensó. Elifas fue curado con rapidez. Siendo llevado después junto a su padre a uno de los calabozos dentro del Palacio. Justo donde estaba Aren atado a la pared. Las cadenas sonando a cada movimiento que quería dar. La escena venidera solo sirvió para marcar la culpa dentro de su pobre corazón.
Pues su padre, gracias al sello que ahora portaba. Le obligo a castigar a su amigo. Un látigo siendo usado para esto. Uno que paso a empaparse de la sangre de Aren. Quien lloraba. No por el dolor ante los golpes dados. Sino más bien. Por las acciones del mayor. Las cuales se notaban le costaba mucho hacer o detenerse. Un aura morada le cubría, mientras lagrimas pesadas pasaban a cubrir sus ojos. Estos llenos de dolor y angustia. Esto era injusto. Un odio comenzó a nacer dentro de Elifas. Uno contra aquel que se hacía llamar padre.
Aquello desgarrando su corazón. Su mente. Esto no era lo que el deseaba hacer. Esto no era lo que prometió al otro. ¡Qué alguien le detuviera! ¡Qué alguien parara esta locura! ¡Que alguien se apiadara de él!
El castigo paso a ser eterno. Al menos para ambos jóvenes. Hasta que Aren cayo en la inconsciencia. Esto siendo pauta para que aquel padre detuviera a su hijo. Frías palabras saliendo de sus labios. Marcando para siempre a Elifas.
-No vuelvas a estar con él. No seas un idiota para desechar tu futuro. Él no es nadie. Contrario de ti. Eres el príncipe de Gea. Recuerda eso...
Oh. Como odio esas palabras. Su inocencia murió ese día.
Aquel sello fue retirado de su cuerpo. Mientras era llevado a rastras a su habitación. Encerrándole. Dejándole en el suelo. Donde el frio calo en su piel. En su corazón. Recordándole donde es que se encontraba.
Los días siguientes pasaron lentos. Muy lentos. Aren fue trasladado a su propio hogar, donde fue recibido por su madre. Quien lloro al verle. Esto pasando a ser una de las peores anécdotas que contar. Mientras Elifas se mantenía mirando el techo de su habitación. Una mirada dura era reflejaban sus ojos. Él debía hacer algo al respecto. A este paso... Aren moriría si no hacia algo.
Paso a levantarse. Y con cuidado. Fue que llamo a su padre. Dispuesto a negociar.
La platica que tuvieron después fue acalorada. Llena de insultos y demás palabras que herían al contrario. Hasta que ambos llegaron a un acuerdo. El padre de Elifas no movería nada en cuanto al niño sirviente, solo si él pasaba a irse a entrenar a las fronteras de su mundo. Sin queja. Sin opinar nada. Al principio quiso negarse. Más la imagen que mantenía de Aren siendo azotado, fue que le hizo reconsiderarlo. Un asentimiento de su parte fue lo que hizo sonreír a su padre. Ese era el trato.
Un par de días más pasaron, y cuando pudo percatarse. Él había pasado a disculparse con Aren antes de irse. Rogando de rodillas su perdón. Mientras la madre del menor veía esto de manera triste. ¿Por qué un pobre niño de doce años era obligado a pedir perdón a otro? Esto no era bello. Esto no era bueno. ¿Qué clase de monstruo le había hecho esto a ambos niños?
Aren paso a abrazar aquel pobre ser. Mientras lloraba junto a él. Era tan difícil para ambos.
El antiguo Rey del Mundo Astral paso a derramar un par de lágrimas. Esto siendo observado por Astral. Quien desviaba la mirada ante esto. ¿Acaso toda la historia de su familia era así? Los villanos parecían ser más ellos que los Varians. Vaya ironías del destino.
El escenario cambio. Ahora se mostraba como un ser Astral de piel oscura realizaba sus tareas con una mirada triste. Su edad siendo la de 17 años. El Palacio siendo el mismo de siempre. Mientras el Rey pasaba a su lado. Dedicándole una mirada despreciativa, con asco en ella.
Hn. Era cierto que el reflejo del pueblo era solo el reflejo de su Rey. Uno realmente malo. Uno con un corazón oscuro. Aren ignoro esto. Concentrándose en sus tareas. Tratando de no llamar la atención de aquel tipo que solo le odiaba sin razón aparente. El día siendo lo más monótono posible. Al menos hasta que se le fue ordenado ir a limpiar la habitación del príncipe. Lugar al que ahora temía entrar. Pues los recuerdos de su niñes seguían tan frescos como si hubiese sucedido ayer.
Sus pasos pasaron a ser lentos. Pesados, a la vez que llevaba los instrumentos para limpiar el lugar. Ignorando el bullicio a su alrededor. Ignorando las miradas soñadoras de las doncellas y sirvientas. ¿Acaso no tenían trabajo que hacer? Se detuvo al llegar al lugar indicado. Y tocando la puerta de manera temerosa, solo por pura cortesía. Fue entonces que le escucho. Era una voz fuerte. Varonil. Poderosa en cierto sentido.
-Adelante...
¿Acaso ese era...? Estaba tan abrumado en ese momento que ahora no sabía qué hacer. Así que dejando aquellos instrumentos con rapidez en el suelo. Dio media vuelta, listo para pasar sus tareas a alguien más. Hasta que la puerta se abrió. Mostrando a un ser más alto que él. Su piel azul y joyas en ella solo pasaban a acentuar su atractivo. Su cabello siendo el mismo que de hace años atrás. Al igual que esas facciones duras, siendo curtidas en la Guerra.
-Elifas...-Susurro el menor. Dejando salir por fin aquellas lágrimas que no sabía si era por el encuentro o por el miedo. Esto llamando rápidamente la atención del nombrado. Quien apenas pudo reconocerle.
Pues ahora no veía a un tierno niño de piel oscura y mirada soñadora. Sino más bien a un joven delicado, delgado, con ropas de servidumbre. Su mirada siendo mayormente triste y de cierta manera temerosa. Sus facciones pasando a ser finas al igual que sus manos, las cuales se mostraban lastimadas y maltratadas ante las labores diarias a realizar. Elifas supo que ese ser que era bello a sus ojos pasaba a ser Aren. Su amigo. Su único mejor amigo.
Así que ignorando su alrededor. Jalo aquel joven dentro de la habitación con él. Cerrando la puerta con seguro. De esta manera quedándose más tranquilo. Pasando a abrazar a Aren. Quién le recibió con los brazos abiertos. Llorando ante él. Ante sus recuerdos. Ante el rencuentro.
Una vez más volvían a verse. Una vez más podían estar en los brazos del otro. Alejando el miedo y el terror en sus corazones de esta manera. Esto era lo mejor que podía haberles pasado. Por qué ahora se encontraban juntos. Alejados del Mundo. Alejados de la tristeza que les invadió por años al no verse ni hablarse. Solo con el deseo y anhelo de volverse a ver.
-Aren...-Llamo con suavidad el mayor. Limpiando las lágrimas derramadas. Mientras el otro solo se dejaba hacer- Me alegra que estes bien...
-...-El mencionado solo le miro de regreso. Sonriendo ante aquellas palabras- Sí... Yo... También me alegro que estes bien... Te extrañe demasiado Elifas... Te extrañe muchísimo... ¡Elifas!-Exclamo a la vez que volvía a abrazar al mayor. Aferrándose a él. Al único hombre que amaba. Porque sí. El mayor una vez que se fue. Él pudo descubrir que era lo que albergaba su corazón. Esto siendo explicado por su madre, quien le veía de manera melancólica. Como si supiera algo que él no. Mientras Elifas pasaba a abrazarlo aún más fuerte. Apegándolo a él. No queriendo dejarlo ir. No queriendo volver a su realidad. Una realidad oscura y triste.
El anhelo creciendo una vez más en sus jóvenes corazones. Ajenos a lo que vivirían después. El poder del amor, lo puede todo... ¿Cierto?
Un sutil sonrojo se posaba en las mejillas de Elifas actual. Mientras Astral veía esto de manera expectante. Curioso. Un ligero presentimiento creciendo ante la escena.
El tiempo paso. El escenario cambio. Aren ahora era el líder de los sirvientes, mientras Elifas ya pasaba a entrenar para sustituir a su padre. Ambos prometiéndose mutuamente el verse cada noche para hablar de lo que más querían y de lo que estaban planeando a espaldas de los actuales Reyes. Pues ambos soñaban con la libertad. Con salir lejos de ese Mundo. Encontrando uno ajeno. Uno llamado Tierra. Donde apenas una civilización comenzaba. El lugar ideal para esconderse para siempre.
Aren atendía todas sus tareas con eficiencia. Su edad ya siendo la de 22 años. Mientras Elifas pasaba a ser todo un Guerrero. Entrenado en el arte de la Guerra y las armas. Estando casi preparado para su próximo puesto.
La noche caía, y eso era suficiente para hacerles saber a los jóvenes lo que harían. Aren paso a recoger cada una de sus cosas. Estas siendo ligeras para poder cargarlas con facilidad. Mientras el Príncipe tomaba lo que él creía era necesario. Incluyendo un par de armas para defenderse en caso de ser necesario. Ocultándolas debajo de sus ropas. Las cuales cambiaron a ser unas normales. Sin ningún distintivo.
La puerta de su habitación sonó. Y sabiendo quien es el que llegaba. La abrió. Dejando pasar sin dudas a aquel ser. Quien le envolvió con sus brazos, atrayendo a un dulce beso. El cual correspondió en seguida. Cerrando con seguro aquella puerta que parecía siempre se había en el peor momento.
Separándose unos minutos después de aquel ser de bella mirada.
-Hola Aren...-Saludo con ligero nerviosismo. Feliz y emocionado de lo que estaban a punto de hacer- ¿Están listos? -Cuestionó. Esto alertando a Astral. Quien veía esto a lo lejos. ¿Acaso había dicho... Listos? ¿Qué no se supone que solo ellos dos escaparían?
-Sí... Ambos estamos listos-Menciono el menor, mientras tocaba con ligera vergüenza su vientre. Dando a entender muchas cosas. Acariciándolo con amor y cariño.
-En ese caso... Es hora. No te separes de mí en ningún momento, ¿Entendido?-Cuestiono el mayor. Cargando las cosas que ambos llevarían. Guardándolo en su dimensión de bolsillo.
-Sí. Entendido. Confiamos en ti cariño...-Menciono el menor. Depositando un casto beso en los labios ajenos. Cubriéndose mejor para lo que se venía.
-En ese caso. ¡Vamos! -Exclamo Elifas. Mientras abría la puerta una vez más. Mirando a los lados, asegurándose de que nadie los vería por los pasillos.
Al notar que todo estaba despejado, en un rápido movimiento Aren entendió que debía comenzar a flotar. De esta manera tomando a su amado por el cuello. Dejándose llevar por el camino que no sabía que tomarían. Dejando la guía al mayor. Quien atino a tomar una de las manos del contrario para darse fuerza.
Sus pasos resonaban con ligera fuerza. Más no la suficiente para ser escuchado. Un par de lunas blancas iluminando el camino. Iluminando aquellos amantes que deseaban la libertad. Sus ojos mostrando una determinación inigualable.
El mayor dio un par de respiros más al comenzar a moverse un poco más rápido. No queriendo dejar que el otro se esforzara ante su delicada situación. Mientras doblaba por las esquinas del Palacio. Escondiéndose cuando debía o veía a un sirviente acercarse a su posición. Sus manos comenzando a sudar ante el constante estrés y ansiedad al verse envuelto en aquella situación. Aren apretaba un poco más sus manos sobre la tela de su amado. Contendiendo sus emociones. Tratando de no estresarse para no alertar a su bebé.
El tiempo paso a ser lento. El reloj escuchándose detrás de sus pasos. Los cuales ya se dirigían a un pasadizo. El cual conectaba hasta la salida de la ciudad. Un par de sonrisas comenzaban a posarse en sus rostros. Estaban a punto de lograr su sueño. Solo un poco más. Un poco más. Sus respiraciones se volvieron un poco desiguales. Mostrando la adrenalina que les envolvía. Una vuelta más por el pasillo fue lo que dieron. La pared a lo lejos ya se vislumbraba.
La libertad ya podía ser fácilmente colada en sus corazones. Sus pasos pasaron a ser arcadas. Su corazón palpitando a mil. Las manos de Elifas estaban por tocar la pared para abrir aquel pasadizo. Hasta que una flecha le atravesó. Seguida de otras más.
¿Qué estaba pasando?
La sangre comenzó a derramarse en el suelo. Combinándose de otra. Mientras una voz a sus espaldas le hizo voltear su cuerpo, tratando de cubrir al otro.
-No creerás que de verdad podrías escapar con esa facilidad ¿O sí hijo? -Cuestiono con burla aquel hombre que se hacía llamar padre. Mientras guardias se posaban detrás de él. Arcos mostrándose en sus manos. Algunos preparándose para volver a disparar.
-Padre...-Susurro Elifas. Odiándolo con todo su ser.
-Es una pena que hayas elegido a un misero sirviente que a la hija de un importante gobernante al sur de nuestra capital... Es... Realmente una decepción. Una grande y terrible decepción. Sobre todo, para mí. Yo que te di lo mejor para que pudieses crecer para tu próximo cargo... ¿Y qué recibo a cambio? Una maldita apuñalada por la espalda...
-Ja. ¿Lo mejor para mí? No me hagas reír...-Exclamo Elifas mientras Aren pasaba a sentarse en el suelo detrás de él. Sacando las flechas que lograron darle. A la vez que tomaba su vientre con discreción. Debía estar calmado. Sumamente calmado. No podía dejar que el pánico le controlara. No ahora que estaban en una situación realmente peligrosa. La vida de su bebé estaba en juego, al igual que la suya y la de su amado. Debía pensar. Debía hacerlo. Por ellos. Poso su mirada en las flechas que lograron darle. Quizá no todo estaba en peligro.
-¿Y aún sigues negándolo? Se nota que eres estúpido. Tu y ese asqueroso sirviente detrás de ti... ¿Creen que no me di cuenta? ¿Creen que no sé lo que paso entre ustedes? ¿Creen que soy tan tonto para no saber que la sangre real está siendo cargada por un simple plebeyo?-Estas cuestiones tensando a ambos amantes.
-¿Qué?...-Fue lo único que pudo decir Elifas. Tomando una posición de defensa. Cubriendo con su cuerpo al contrario.
-Lo que escuchas... Hijo... ¡No dejaré que ese niño nazca! ¡No dejare que la sangre Real Astraliana corra por las venas de un don nadie! ¡Sobre mi cadáver que ocurra eso! -Exclamo. Mientras los Guardias tensaban las cuerdas de sus armas. Listos para disparar una vez más- ¡Desaparece! ¡Tú y tu maldito error! -Aquello siendo la señal para que comenzará la lluvia de flechas en contra de la pareja.
Elifas saco sus armas debajo de su ropa. Alcanzando a hacer una barrera rápida ante aquellas flechas. Apenas lográndolo con esfuerzo pues, algunas alcanzaron a herirlo a él. Haciendo que más sangre fuese derramada al piso. Y entonces. Todo pareció ir en cámara lenta.
Los guardias se lanzaron en contra de su príncipe, mientras tomaban armas de corto alcance. Comenzando de esta manera un choque de armas realmente rápido. Elifas se movía con destreza, aguantando el dolor infligido con anterioridad. Logrando repeler con astucia a sus atacantes. Mientras Aren pasaba a cargar aquellas flechas con su energía. Haciéndolas flotar para alcanzar a sus agresores. Los cuales fueron cayendo ante las fechas que lograban incrustarse en sus ojos o boca. Matándolos al instante. Manchando las manos de alguien que era inocente. Que solo pasaba a defenderse para ayudar a su amado y a su hijo en vientre. Esto provocando una mayor ira en el Rey. Quien no dudo en utilizar trucos sucios para ganar ventaja. Acercándose de esa manera al pelinegro. Tomándolo como rehén a la vez que clavaba una daga en el vientre del contrario. Haciéndole gritar de manera agónica. Dolida.
Esto despertando la furia de Elifas. Quien no dudo en arrojarse en contra de sus enemigos. Sin contenerse, matándolos en el proceso. Lágrimas cayendo al ver a su amado ser tirado al suelo de manera cruel. Formando un charco de sangre debajo suyo.
-¡Maldito! ¡Voy a matarte! -Grito el mayor. Arrojándose en contra de su padre. El cual trato de defenderse, más ahora su energía y magia no funcionaba. Y al ser arrojado a la pared cercana, pudo ver como aun con esfuerzo Aren recitaba un par de hechizos que aprendió justo para el momento. Dejándolo inmóvil. A la merced de Elifas. Quien no dudo en quitarle la vida, arrancando su núcleo. Rompiéndolo en el proceso. Ese era el final de su legado. Ese era el final que estaba destinado a recibir. Su cuerpo pasando a ser borrado.
Aren una vez que vio a su amado acercarse a él. Fue que se dejó vencer ante el cansancio. Rogando al cielo que su bebé siguiera bien. Que siguiera con él. Que siguiera vivo. Elifas le tomo en brazos, corriendo al ala médica. Mientras la sangre manchaba el camino. Delatando lo que había pasado en aquel pasillo. Dejando atrás los cadáveres de quiénes se atrevieron a posarse en su camino. Las lunas iluminando su camino. Haciendo brillar más aquel líquido que no se detenía. Al igual que las lágrimas que no dejaban de caer de ambos padres dolidos. Uno en el limbo de la inconsciencia. Otro en un limbo de desesperación y angustia terribles.
Elifas se paseaba cerca del ala médica. Ignorando las miradas de quiénes se lo cruzaban. Esperando con angustia el resultado de la operación de emergencia a Aren. Quien seguía luchando ahora no solo por la vida de su bebe. Sino también por la de suya. Había perdido demasiada sangre. Demasiada energía. Y esto ya estaba dando un pésimo panorama. Si los curanderos no hacían algo. Se perderían una u otra vida. O en el peor de los casos. Se cobrarían ambas vidas. Logrando el objetivo del ahora muerto Rey.
Las horas siguieron pasando. Lenta y tortuosamente. La sangre seca aún seguía en el cuerpo de Elifas. El cual ya esperaba noticias prontas de su amado. El cual rogaba estuviese bien junto a su hijo. La angustia consumiéndolo lentamente. Hasta que las puertas se abrieron. Dejándolo pasar.
-¡¿Cómo esta?!-Fue lo primero que exclamó al entrar. Esto haciendo sonreír a los curanderos. Quienes por fin le dieron luz ante tanta oscuridad.
-El señor Aren se encuentra fuera de peligro. Al igual que el bebé en su vientre. Ambos fueron fuertes. No se rindieron nunca...
Elifas sonrió. Contento de aquello, mientras pasaba al área en donde un inconsciente Aren se encontraba. Habían ganado. Habían de alguna manera logrado liberarse del control de un horrendo ser.
El tiempo paso para ambos jóvenes. Los cuales pasaron a tomar el control de Gea. Encerrando a la antigua Reina del anterior reinado. La cual intento arrojarse en su agonía a la pareja. Siendo detenida por los Guerreros de la Esperanza. Quienes volvían de una muy larga misión. Regresando victoriosos a su hogar. Dispuestos a ayudar a sus nuevos soberanos.
La esperanza creció. Y eso ayudo a los demás. Aren fue coronado junto a Elifas. Ambos ahora se mostraban como los nuevos Reyes de aquel Mundo. La antigua Gea volvía a brillar. Ajena a su futuro.
Elifas abrió sus ojos de nueva cuenta. Estaba acostado en la habitación de antes. Un techo de un dosel recibiéndole con armonía. Mientras un Aren y un pequeño Astral se mantenía a su lado. Ambos profundamente dormidos. Ajenos a las lágrimas de aquel hombre al verlos.
Ahora les recordaba a ambos. A detalle. Y sabía... No podía estar a su lado. Porque ellos solo eran la representación de su mente. La cual se mantenía antes en blanco. Ellos eran recuerdos. Recuerdos tan bellos y valiosos.
Paso una de sus manos de nuevo en aquel bello rostro de su amado. Acariciándole con devoción. Llorando aún más. Logrando despertarle.
-¿Elifas?-Llamo con cuidado el menor. Mientras se acercaba, al contrario. Aplastando un poco a su hijo. El cual solo se removió. Ajeno a lo que ocurría- ¿Estas bien?
-...-Elifas asintió. Mientras trataba de sonreírle. Dolido de todo aquello. Recordando batallas absurdas entre los dos mundos actuales. Recordando todos y cada uno de sus pecados- Sí... Estoy bien... Solo... Ya les he recordado...
Aquellas palabras siendo un dulce bálsamo para el menor. Quien con insistencia había hecho de todo para hacerle recordar. Encontrándolo desmayado en el jardín. Al mismo tiempo que se sorprendía de la habilidad de su amado. Pues el curandero le había dicho que faltarían días para hacerle recordar. Y justo ahora. Apenas pasando veinticuatro horas. Él ya le recordaba. Su amado Elifas les recordaba.
-Que felicidad...- Fue lo primero que Aren dijo. Antes de besar con dulzura al mayor. Quien con cuidado les abrazo. Colocando a su hijo en medio de ellos.
-Aren...-Hablo en susurro el mayor. Atrayendo la atención del mencionado, quien le miro expectante. Con ilusión y con amor. Tan diferente a como era en la actualidad- Aren... Te Amo Aren... A ti y a Astral... Los amo mucho. Muchísimo... Tanto que me duele...
-¿Que dices cariño? Ambos siempre estaremos para ti... ¿Por qué te duele? -Cuestiono el menor. Tocando con suavidad el rostro de Elifas. Secando sus lágrimas. Las cuales no paraban de salir.
-Me duele Aren... Por qué tu ya no estás conmigo... Y Astral tampoco...
-¿Mmm? ¿De qué hablas? Yo estoy aquí. Al igual que nuestro niño... Elifas-Llamo al mayor- Mírame por favor...-Pidió amablemente. A lo que el mencionado no pudo decir que no, encontrándose con esa mirada que ya había recuperado y perdido al mismo tiempo- Aún si no estamos aquí físicamente... Siempre estaremos aquí-Aren señalo al pecho del contrario. Apuntando a su corazón- ¿Entendido?
-...-Elifas le miro. Dolido. Melancólico. Más, aun así. Pudo sonreírle con ligera felicidad, asintiendo lentamente- Sí... Entendido... Aren...
-¿Sí cariño?
-...¿Sabes? Había algo que yo creía perdido. Algo que no sabía lo que era. Y ahora... Lo volví a encontrar... Gracias.... Gracias por todo Aren... Me... Haces el hombre más feliz de Gea...
-...-Aren sonrió ante esto. Regalando sin saber el último beso. Antes de que la habitación pasara a desintegrarse. En un oscuro y vacío espacio- Te Amo Elifas.... Siempre voy a hacerlo...
-Sí... Y yo a ti Aren... A ustedes los amo... Muchísimo...-Elifas les abrazo al ver como lo único que faltaba a desaparecer era la cama- Te extraño... Aren...- Cerro sus ojos. Mientras sentía como sus brazos dejaban se sentir la suavidad del contrario. Volviendo a estar sentado en la oscuridad del vacío. Llorando a libre llanto. Culpándose por su perdida. Culpándose por todo. Más recuerdas le atacaron. Y esta vez el los tomo. Ante la mirada triste de Astral. Quien le veía a lo lejos. Apenas sabiendo que decir.
El Mundo era cruel... Muy cruel...
