Escucho su bendita voz en mi cabeza una y otra vez…en cada momento que pasamos juntos.

Bichito…

Se mi lady esta noche. ¡Vamos a bailar!

¡Es un Lucky Charm para los tristes!

Soy un estúpido inseguro a veces…

Porque creo que me gustas, Marinette.

Quisiera ser suficiente para ti. Y transmitirte siempre todo mi amor.

Lamento mucho no haberte demostrado antes la pasión que siento por ti.

¿Quieres que te falte el respeto?

Me encantas…

Nunca dejes de ser tu. Eres la luz de mis ojos.

¡Jaja! ¿Sabes cómo se dice pañuelo en japonés? Saka-moko.

Adrien me ha contado muchas cosas…

Marinette…

Dios…

Ya llévenme. ¿Por qué no me di cuenta antes…? ¿Frente a quien estuve todo este tiempo entonces? ¿Por qué…? ¿Qué motivos había? ¿Por qué harían algo como esto? Solo quiero ir a casa…

[…]

Cuando mi mamá tenía 9 años, sus padres le permitieron traer a casa a un gato callejero. En china generalmente son parte de la cena. Y como ella era muy protectora de los animales, se casó con mi padre.

Chucha. Perdón, así no iba el chisme. Quise decir que…amaba Animal Planet. Y tuvo este pequeño gatito al cual bautizó "leches", porque era blanquito como la leche. Siempre contaba la misma historia. Nunca lo olvidaré. Mi madre le daba un tipo de alimento seco de la marca "Xiao-Xin". Y le mantuvo esa dieta hasta viejito. Pero la empresa quebró y se tuvo que cambiar a otro alimento de una calidad un poco más baja. Si bien su composición era la misma: Pescado, Atún, pollo, verduras, etc. A los dos meses, el gato convulsionó y murió.

Estaba claro que no importaba si era de la misma constitución. Llevas tanto tiempo acostumbrado a algo, que si lo cambias de la noche a la mañana; o sea de golpe…probablemente te cague la vida. No sé si al punto de convulsionar hasta la muerte, pero algo en ti cambia. A raíz del trauma, mi mamá nunca más tuvo mascotas. Con la convicción que siempre seguiría amando a nuestros peludos hermanos menores.

En fin. Quizás esto de ser amante de los animales sea hereditario ¿No creen? ¿En qué cabeza trastocada, cabe la posibilidad de que un tipo con traje látex de gato te deje embarazada con la mirada? Se que soy morbosa en ese sentido. Yo en serio amo los gatos. Pero este en particular se acaba de pasar de lanza y creo que lo voy a tener que echar a patadas.

¿Qué tiene que ver todo lo que dije arriba con lo que diré ahora? Nada. En realidad, era para rellenar. De lo que, si estamos convencidos y claros todos, es que a mi me cambiaron mi pellet. He comido durante dos años y medio del más fino pedigree. Y los últimos seis meses me hicieron creer que estaba masticando suela de zapatos. Había dos opciones. Enojarse o deprimirse. Obvio tomé la primera ¿Les pareció gracioso, primitos Agreste Graham de Vanily? Porque ahora mismo soy como el jodido Chapo Guzmán en su escapada número cuarenta y en serio me los voy a comer vivos.

—¿Y bien? ¿Quién de los dos me va a explicar qué demonios pasa aquí?

Los dos Félix estaban sentados uno al lado del otro en el gran sofá. Marinette sacudía su pie derecho de arriba abajo, muy importunada. ¿Ahora sentía vergüenza o qué?

—¿Y bien? —Marinette arqueó una ceja, con una gruesa vena en su sien— ¿Van a hablar o no, malditos tontos? ¿Félixs?

—Yo soy Adrien —admitió el Félix de la derecha, removiéndose el cabello para desordenarlo. Acto seguido, se quitó la corbata y la chaqueta formal que vestía. Agreste no era fans de la ropa tan ceñida a menos que fuese su traje de Chat Noir— ¿Lo ves?

—Claro. ¿Crees que, porque te peinas como Adrien, debo pensar que eres Adrien? —Oye, para un poco. No todos somos genios.

—Esto es mi culpa…—admitió el rubio, cabizbajo— sé que no va a ser fácil convencerte.

—Pues no, "Félix". No te creo nada ya —gruño la chica.

—No es por fanfarronear —acotó Graham de Vanily— Pero esto se soluciona fácil. Está claro que yo la tengo más gruesa. Por lo tanto, yo soy Félix.

—¿Ahora vas a presumir de tu tamaño? —le respondió Adrien con disgusto— La tuya será más gruesa. Pero la mía es más larga.

—¿Y de que te sirve eso si no rellenas el pavo? —bufó Félix— Ni que fueras a empalar a las chicas.

—¡YA CALLANSE BOLA DE ENFERMOS! —aulló Marinette, con el rostro hirviendo en ira y vergüenza— ¡No voy a medirles el pito para saber quién es quién si es eso lo que quieren!

¡El empezó! —chistó Adrien.

—No es cierto —resguardó el primo— No es mi culpa que tengas complejo de pincho parrillero.

—¡Ni tú! —se defendió Agreste— ¡Que te creas un jodido tampón femenino!

Ok. Eso si me hizo reír —Marinette despabiló, dándoles un golpe con su zapato a cada uno en la cabeza— ¡Sigo aquí! ¡Dejen de hablar de sus pitos, por dios! ¡No me interesan!

—Tsk…—Adrien se cruzó de brazos, corriendo la cabeza hacia cualquier lado para no verle la cara a su familiar. Su bromita si le había ofendido— No me interesa. Con que Marinette esté feliz conmigo…me basta y me sobra.

—Como siempre tan infantil, primo —Félix se levantó del asiento y se dirigió hacia el mueble del bar, cogiendo tres vasos de whisky los cuales sirvió uno para cada uno— Entiende que de amor no solo se vive. Las chicas también quieren ver más de ti. Creí que ya lo habíamos hablado.

—Si…ya lo sé…—comentó cabizbajo. Luego de pasar tanto tiempo con Marinette, había descubierto ciertas cosillas que debía cambiar sobre su personalidad con la chica. Tomó el vaso y lo bebió de golpe— Gracias. Lo necesitaba.

—¿No vas a beber tú también? —Félix estiró un vaso a Marinette.

—Un segundo…paren todo —les detuvo a ambos, sintiéndose mas cómoda con al menos saber que uno si era Adrien y el otro Félix. Ahora la pregunta del millón de dólares era saber…en que momentos sucedió todo— En serio, necesito respuestas ahora mismo. Y por favor sean sinceros —tragó saliva. Tenía temor de que pudiera escuchar al que no deseaba…pero era necesario por su sanidad mental— En la fiesta del Pent-House…Chat Noir…

Adrien y Félix se miraron entre si con culpabilidad. Eran cómplices de un muy feo delito. Pero ya tendrían tiempo de explicar sus bondadosas razones.

—Era yo…—admitió Adrien, completamente ruborizado. Apenas pudo rehuir de la mirada de su chica. Le sudaban las manos de solo recordarlo— Mi lady…

—…ok. Creo que beberé eso —Dupain-Cheng se zampó el vaso de alcohol de un sopetón— Ay…no puedo creerlo. Quiero decir, si...si lo creo. Ahora entiendo el parecido en el traje, las bromas, las risas…y…y…— Oh dios…—se cubrió el rostro, con la temperatura corporal subiéndole hasta las neuronas— El chico salvaje que casi me deja en silla de ruedas…era Adrien. Me quiero morir…de la vergüenza — ¿Entonces…en la mansión Graham de Vanily…?

—Ya te dije que tú y yo no nos acostamos nunca, Marinette —Félix giró los ojos con obviedad— Eres demasiado lenta.

—¿Pe-pero…cómo es posible…? —tembló, recordando lo acontecido esa vez. Todo caía por su propio peso. Y comprendió aún más los cambios drásticos de humor del rubio. De un momento a otro era Adrien. Y al otro era…Félix.

Créeme, te cogería con gusto si pudiera. Pero no lo tengo permitido.

Claro…habían intercambiado los papeles.

—Marinette. Yo-…—Agreste quería de corazón explicarle todo a la chica. Pero ahora mismo, ella se mostraba muy perpleja como para asimilarlo— Perdoname…

—No hay mucho que perdonar —Graham de Vanily se encogió de hombros, bebiendo otro sorbo de su vaso— Hicimos lo que hicimos por una buena razón.

—¿En el cine? —preguntó Marinette.

—Era yo —sentenció Adrien.

—¿En el yate?

—Era yo.

—¿En la cafetería con Luka?

—Era yo…—admitió nuevamente, sobándose el cuello— Aunque debo admitir que Luka casi me descubre. Mas bien…lo hizo. Ese chico es un genio.

Demasiadas revelaciones en tan pocos minutos, acabaron por colapsar a la joven diseñadora de moda. Se dejó caer al suelo de rodillas, tomándose el pecho con fuerza. Pero… ¿Por qué?

—¿Por qué lo hicieron…? —consultó derrotada, con semblante sollozante— ¿Por qué? ¿Qué necesidad había? —los miró a ambos, esperando una respuesta convincente— Respondan, demonios. ¿De quién fue la idea? ¿Tuya? —divisó a Félix— ¿O tuya? —y ahora a Adrien.

—Vamos. Creo que el melodrama te está comiendo por dentro —exclamó Félix, jugueteando con los hielos de su trago— Yo te lo traté de explicar un montón de veces. Te dije que era Adrien el que te estaba cogiendo, no yo. Incluso te advertí que no era yo —exhaló finalmente— Ha decir verdad, no fue de ninguno de nosotros —reveló el director.

—¿Me dejarías explicarlo…? —el lozano arquitecto se elevó de su puesto, arrodillándose frente a la chica con mucha humildad y cuidado. Tomó sus manos suavemente, intentando de todas las formas posibles que su voz llegase a ella— Por favor. Quizás me odies…pero quiero al menos aclararlo antes de que terminemos mandándonos al carajo.

—…

[…]

Esa tarde, Adrien me lo declaró todo. Todo partió a raíz de la pelea que mantuvimos por teléfono. Desbordado de pensamientos negativos, el chico se retiró del gimnasio con la intención de acabar nuestra relación; puesto que estaba harto de mi indiferencia hacia sus sentimientos. Había destruido su móvil en un arranque de ira. Pero entonces…Nino intervino.

6 meses atrás:

—¡Adrien! ¡Detente, amigo! —Nino Lahiffe le interceptó en el estacionamiento— No puedes terminar con Marinette. No por estas cosas.

—Estoy harto —masculló el ojiverde entre dientes— Marinette siempre me ha tratado como si mi opinión no importara.

—Estás exagerando. Tú sabes que con ella siempre consultan las cosas y ella si toma en consideración tus consejos —explicó el moreno— Te ama. No seas tonto. Para ella eres todo en su vida. Como la moda…

—Si. Pero esta vez ni me escuchó. Cuando le dije claramente que no estaba de acuerdo con irse a Inglaterra.

—¿Es por Félix? —examinó el compañero— ¿Vas a terminar con la chica de tus sueños, porque no te gusta la forma libertina de ser que tiene tu familiar? —agregó— Marinette ni si quiera tiene la culpa.

—Ya lo sé, Nino…—admitió desolado.

—El problema lo tienes con tu primo. No con tu novia —farfulló.

—Ojalá fuera tan simple como se plantea…—Adrien se sentó en una banca, exhalando con fuerza ante la situación. Observó el cielo estrellado en busca de respuestas, eludiendo de lo que consideraba realmente el meollo del asunto— En realidad, desde que Marinette se fue de París, que nuestra relación ha declinado mucho de lo que en un principio era. Si bien yo la he apoyado en todo lo que he podido, pensando siempre en su bienestar y en sus sueños…algo entre nosotros se ha apagado. La confianza.

—Eso es algo normal en los adultos ¿Sabías? Suelen tener problemas como esos —le expuso Nino, sobándole la espalda en modo amistoso— Pero no por eso las parejas se van a separar. Se llama comunicación.

—¿Crees que nuestros problemas sean…por falta de comunicación?

—¡Claro! —berreó Lahiffe— ¿Sabes por qué con Alya nunca discutimos? Porque nos contamos todo. Tenemos una comunicación sumamente plena.

—Mhm…—el rubio lo repensó por unos instantes, tronando la lengua en respuesta— ¿Sabes? Creo que tienes razón. Desde que revelamos nuestras identidades, juramos contarnos todo y no escondernos nada.

—Y aun así, Marinette no te ha contado todo. Eso es porque quizás tuvo problemas en Nueva York y no quería preocuparte.

—Es una tontería…debería contarme igual.

—Lo sé. Pero las cosas se dieron así —aceptó el chico de anteojos.

—¿Y los celos, Nino? —el rubio se tomó la cabeza, abrumado— A veces llega a ser enfermiza con ellos. Desde que nos separamos que le volvieron esos ataques horribles. Aunque sabe que debe confiar en mí. Yo jamás la traicionaría. Ella es mi chica…

—Mírate. Estás tan rico que hasta yo te comería —carcajeó el moreno— ¡Es normal que sienta celos del chico millonario y guapo!

—No se ven fallas en tu lógica —bufó Adrien, siguiéndole la corriente— Mierda. No debí romper mi celular. ¿Qué debo hacer ahora?

—Ya tendrás tiempo de arreglarte con ella —indicó Nino— Lo primordial es hablar primero con tu primo. Él es el que ahora tiene al toro por las astas.

—Ese Félix…—farfulló el ojiverde con la voz áspera— El trato era vigilarla de cerca. No darle trabajo y llevársela a Inglaterra. Hablaré con él.

[…]

—¿Puedo saber por qué lo hiciste? —inquirió Adrien con el entrecejo surcado.

Adrien y Félix mantenían una video llamada bastante tensa esa mañana. Si bien en el pasado, el joven heredero de los Agreste no había reparado en nada malo, en cuanto a la fusión de la marca de su padre y la empresa de los Graham, ahora mismo la intimidad familiar pendía de un hilo. Graham de Vanily entendía la gravedad del asunto. No podía solo tomar decisiones tan a la ligera sin la venia de su compañero.

—Marinette es mi novia —esclareció— No puedes solo ofrecerle trabajo y llevártela lejos.

—¿Qué insinúas, Adrien? —curioseó receloso del otro lado— ¿Qué intento robártela?

—No lo sé, Félix —Agreste arqueó una ceja— Tus gustos varían desde chicas francesas hasta españolas. Tengo mis dudas.

—¿Dudas o estás celoso? —el primo soltó una carcajada— No te culpo. De los dos, soy el más guapo.

—De los dos, eres el más cruel —farfulló de vuelta, levemente sensitivo (por no decir sensible a punto de romper en llanto).

—Adrien, tu berrinche le está haciendo mal a la marca —Félix emitió un gruñido con desazón— No creo que sea una buena estrategia de marketing el que tu y yo discutamos por una mujer.

—No le quites el peso a la situación —reveló Adrien con mirada acuosa— Sabes muy bien que Marinette es mi talón de Aquiles. Mi punto más neurálgico. Te pido por favor, que no me la toques.

—Escucha, primo —reveló el británico, ya utilizando un tono de voz más templado tras notar que rompería en llanto como un bebé—solo lo hice para mantenerla vigilada como tu me lo pediste. Estando solo una semana en Nueva York no iba a conseguir nada. En cambio, si trabajaba conmigo, podría cuidarla mejor. ¿No deberías estar contento por eso?

—El problema es que no sé de qué "formas" cuidas a las chicas.

—Vale. Se que tuvimos nuestras diferencias en el pasado —aclaró Félix restándole categoría al dilema— Pero creí que eso ya se había solucionado.

—¿"Diferencias"? —Adrien le refrescaría la memoria— Te hiciste pasar por mi para acostarte con Chloé Bourgeois, mientras escuchaban los Backstreet Boys en mi cuarto. ¿A eso le llamas diferencias?

Ah. Cierto. Que buenos temas en todo caso…—Graham de Vanily hizo amago de una risa burlesca, que apagó con el puño de su mano derecha— Eso no va al contexto de todas formas. La chica me tenía harto. Quería dejarle en claro quién manda.

—Usando mi nombre. Y mi casa —alzó las manos con ira— ¿Sabes en el lio que me metiste luego de eso? ¡Chloé quería matarme! ¡Su padre es el puto alcalde de parís! ¡Me echó a los perros más de seis veces en una semana! —y menos mal que pudo escapar siendo Chat Noir por los tejados.

—Pero no lo hizo ¿O sí? Aquí estamos hablando —se jactó el familiar, desde el otro lado de la pantalla— Dios…está bien, Adrien. Ya entendí. ¿Qué tengo que hacer para que mi primo hermano vuelva a confiar en mí?

—Ojalá pudiera saberlo…—agachó la cabeza, desesperanzado.

—Se que soy un maldito. Pero créeme cuando te digo esto: Jamás me volvería a meter en tu relación —sentenció el inglés— Ladybug sale con Chat Noir y no hay mas ¿Ok? Ahí no hay espacio para nadie. Hasta el más retrasado inepto lo sabe.

—Mi relación con Marinette va de mal en peor…Félix —confesó Agreste, soltando un par de lagrimones escuetos— No sé qué hacer realmente. Es como si se hubiera olvidado de todo lo que éramos antes. No sé en donde quedó mi lady de siempre…

—La chica tiene un talento increíble con el diseño. Y tiene todas las herramientas ahora para ser famosa. La contraté por eso —sentenció el magnate, arrugando el entrecejo— Pero comienza a cabrearme el hecho de que desconfíes de tu propia novia. Es como si yo la apoyara más que tú. Si tanto te urge, ve a recuperarla.

—¿Cómo podría? —el rubio se observó las palmas, buscando entre la desesperación una respuesta convincente— Nuestra llama se apagó.

—Uy…por dios. Que te den un óscar —Félix rodó los ojos, asqueado con la debilidad que mostraba su camarada— "Donde hubo fuego, cenizas quedan" dicen por ahí. Ve a reconquistarla. No te va a costar nada. Seguro ella también se siente igual.

Pero por esas horas, lo que menos sentía el corazón del super héroe nocturno, era satisfacción. Se concebía muy poca cosa y miserable como para estar a su altura. Nuevamente sus dudas e inquietudes que no le dejaban en paz. Se tomó la cabeza, redundando las imágenes dolorosas de lo que significaba perder a su Ladybug. Hasta que Nino llamó a su puerta, interrumpiendo la conversación. A su lado, estaba Alya Césaire con expresión desalentada. Bendita sea la hora en que coincidieron los cuatro jóvenes en esa habitación.

—Adrien. Félix. —decretó Alya, asintiendo con decisión— Tengo un plan…

[…]

—¿Así que todo este tiempo…—Marinette se abrazó a sí misma, sintiendo la traición parte de su medula espinal— Alya supo dónde estabas?

—Si. Pero el plan no fue de Alya precisamente…—aclaró Félix— Si no de alguien mucho más cercano.

—¿Entonces de quién? —la ojiazul se tomó la cabeza.

Fue mío.

Marc Anciel se integraba a la escena, entrando por la puerta de la oficina. ¿Quién lo hubiera imaginado? Era la persona más inesperada de todas. Ni de Hawk Moth lo hubiera sospechado. ¡¿Pero Marc?!

—Estaba buscando inspiración para una comedia en donde dos gemelos se intercambiaban papeles para conquistar a una chica —admitió el pelinegro, revelándole unos bocetos hechos por el área de dibujo. El mismo había preparado el guion— En una de las reuniones virtuales que tuve con Nathaniel, Alya se sumó también. Y nos contó el cómo la estaban pasando ustedes dos. No podía dejar pasar esta oportunidad para reunirlos de nuevo —y se abalanzó para abrazar a la chica con cariño despojado— Porque ustedes dos se aman. Y son mi fuente de inspiración para todas mis creaciones. Incluso esta…

—Pe-Pero…Marc…—Dupain-Cheng seguía paralizada, al punto de no saber que responder— ¿Cuál era el plan entonces?

—Que volvieras a ser tu —reveló Adrien, observándole desde el sofá con aires de esperanza.

—La verdad es que estabas demasiado metida en tu mundo de adulta —murmuró Félix. — Creímos que te faltaba volver a confiar en tu Ladybug interna. Y en Chat Noir, como lo eran antes.

—Y que mejor que hacerlo, reconquistándote con Adrien —sonrió Anciel lleno de júbilo— Aprovechando la ocasión de que estaban algo tensas las cosas, reafirmar su confianza, el cariño, limar asperezas. Volver a conocerse como la primera vez.

—Pero no podía acercarme a ti siendo Adrien Agreste —confesó el rubio— sí que…haciéndole caso a la idea de Marc, me disfracé de Félix para volver a conquistarte.

—Y creo que funcionó —agregó Félix.

—Me alegra mucho que Félix haya aceptado —encaró Marc con una risita infantil— Es un jefe muy cruel. Pero quiere a su primo.

—Tch… ¿Por quién me toman? —Graham de Vanily chasqueó la lengua, girando la cabeza con petulancia— Yo solo quería que Adrien volviera a confiar en mí. Hice lo que tenía que hacer. En lo personal, Marinette no es mi tipo de chica. Lo que le sobra de mal carácter, le falta de chichis.

—¿Podrían dejar de hablar de mi por un momento, por favor? —interceptó Marinette, completamente devastada— Sigo aquí, tropa de idiotas.

Los muchachos cruzaron miradas furtivas, llenas de ansiedad. Al parecer el plan no había acabado del todo bien. Ahora mismo, Marinette Dupain-Cheng estaba en un mutis sepulcral peligroso. Permanecía con la cabeza agacha, los puños endurecidos y los labios apretados. Estaba furiosa, pero al mismo tiempo dolida por la estupidez que habían hecho. Consciente de que era verdad, todo el tiempo juró que era Félix. Y de alguna forma habían jugado con sus sentimientos. ¿Cómo se atrevían? Adrien había fingido terminarla, desaparecer en un viaje de negocios a Dubái. Todos lo sabían. Incluso su mejor amiga. Y nadie fue capaz de decirle nada.

Tras varios minutos en silencio, la joven diseñadora cogió el contrato que había firmado con el rubio y lo guardó dentro de su pequeña cartera. Escondiendo la mirada bajo el flequillo de su cabello, murmuró.

—Creo que mi tarea en Londres ha finalizado. Me regreso a París.

—Marinette…—le llamó Adrien, levantándose de un brinco del sillón— Yo tenía planeado volver. Compré dos boletos de tren y pensaba que-…

Sola, Adrien —le atajó en tono hosco— Jamás dije que volvería contigo.

Marc tragó saliva, estrujando los labios. En cuanto a Félix, le parecía bien que respetara el contrato. Necesitaba abrir esa sucursal si o si en Paris y que mejor que ella. Adrien se sintió desfallecer. Todo había fracasado.

—Ma-Marinette…por favor, no te vayas así —Adrien trató de detenerle— Hablemos…

—No hay nada que hablar. Ya todo fue dicho —esclareció la fémina, tomando la manija de la puerta— Además, Adrien. Tú me terminaste. ¿O lo olvidaste?

—¡Marinette! ¡Estaba fingiendo!

—¡Pues yo no estoy fingiendo ahora mismo, joder! —le rebatió colérica, dando un portazo al salir— ¡Adiós!

—…

—Creo que…no salió bien después de todo —admitió el pelinegro, notando el semblante derrotado de los primos.

—Está molesta. ¿Cuándo no? —refunfuñó el inglés— Siempre está molesta. Ya se le pasará.

—Félix, esto es serio —balbuceó Adrien entre sollozos— Estoy acabado…

—Por supuesto que es serio —el dueño de la empresa cinematográfica soltó un ruidoso aplauso y luego se arremangó la camisa— ¡Muy bien! A trabajar. ¿Marc? Tu comedía es todo un éxito. Y pensar que pensaba despedirte —le felicitó, dándole palmadas en la espalda— ¿Crees que podamos editarla y comenzar a rodar mañana?

—¿E-eh…? —Anciel parpadeó atónito con su reacción tan…repentinamente eufórica— ¿Tan rápido…señor?

—La quiero lista dentro de dos meses —el rubio se frotó las manos con avaricia— Creo que será récord de taquilla. Nos haremos ricos.

—No puedo creer que vayas a lucrar con mi desgracia, Félix —se defendió Adrien, lanzándole una mirada magullada— Eres un maldito a veces.

—Quizás tu lo veas así, primito —bufó— Pero para mí…tu historia de vida es todo un boom de Hollywood. ¡El mundo necesita saber de esto!

—¿Para qué? ¿Para que todos sepan lo ridículo que fui? —cuestionó el ojiverde, rehuyendo de sus miradas con apocamiento— ¿El cómo terminé autodestruyendo mi relación y gracias a eso perdí al amor de mi vida?

—Todo lo contrario —asintió su camarada con total optimismo— Creo que eres fuente de inspiración.

—¿Del fracaso? —masculló su familiar.

—Y de la victoria también —le cerró un ojo— ¡Manos a la obra todos! ¡Arriba las caras largas! —Félix salió de la oficina como si hubiese jalado coca— ¡Vamos chicos, tenemos una película por estrenar!

[…]

—No puedo enojarme contigo…Alya —confesó Marinette, tras una videollamada en su móvil con su mejor amiga— Pero me siento usada…

—Marinette…si tan solo pudieras verte a través de los ojos de Adrien —confesó Césaire con desazón— podrías entender la situación. Estaba desesperado…

—Lo sé, Alya. En el fondo…creo comprender un poco lo que ocurrió —exhaló rendida— En parte es mi culpa. Si no fuera tan testaruda y cerrada…quizás Adrien no hubiera recurrido a algo tan extremo como…hacerse pasar por su primo para llegar a mí.

—Volverás a parís ahora ¿No? —preguntó— ¡Me muero de ganas por abrazarte!

—Si. Ya tengo casi todo empacado y listo…

—Conversaremos las cosas más calmadas estando aquí —esbozó en una sonrisa gentil— Ya verás que todo saldrá bien.

—Porque soy Ladybug… ¿No? Todo lo soluciono…—reveló desanimada.

—Exacto —asintió.

Corté la llamada.

Tras recibir un correo con la información necesaria sobre la apertura de la marca en París por parte de Félix, tomé un tren de regreso. Estaba segura de mi futuro como diseñadora y rostro legal de los Agreste. Pero mi mente y mi corazón permanecieron en una disputa interminable durante el viaje. ¿Habría exagerado mi reacción? Quizás no debí haber sido tan dura con Adrien. ¡Es que…! ¡Arg! ¿Ustedes que hubieran hecho? No es fácil aceptarlo tampoco de la noche a la mañana.

Tikki parecía ser la única que entendía mi estado anímico, ya que estuvo a mi lado consolándome con palabras dulces lo más que pudo. Por el momento…me concentraría en mi trabajo y como siempre…dejaría de lado mis sentimientos.

Cuando arribó el tren a la estación, Alya y mis amigos estaban ahí esperándome. Incluso mis padres. Todos fueron muy cálidos conmigo. Me extrañaban muchísimo y nunca me di el lujo de darme cuenta el vació que había dejado mi partida a Nueva York. Mi jefe se comprometió a seguir financiando mi carrera en suelo francés. Por un lado, lo tenía todo y por el otro…no tenía nada. Mi existencia sin el amor de mi vida estaba incompleta. Eso todo el mundo lo percibía. Por las noches lloraba a mares, en el silencio que mi compañera Kwami lograba soportar. Por las mañanas, asistía a la Universidad para terminar mis estudios. Y en las tardes, concurría a la nueva sede de los Graham de Vanily que se emplazaba en un edificio en frente de la estación de metro: Concordia.

Esta vez los papeles se habían invertido de una forma muy irónica. Era Adrien quien me buscaba por todos lados. Pero yo también había cerrado mis redes sociales. No era una venganza. Si no más bien…un ajuste de cuentas pendientes que me ganaba. Tenía la corazonada de que no estaba jugando limpio. Pero algo maquiavélico en mi me impulsaba a seguir.

Estando en la ciudad, todo era mucho más peliagudo para mí. Al menos en los otros países no tenía que lidiar con el agrio hecho de ser novia de Adrien Agreste. En territorio nacional, todos estaban al tanto de nuestra relación. Sobre todo, la prensa calumniadora de perennemente procedencia parisina. Traté arduamente de evitar toda relación con ellos. Apagando mi celular por las tardes o simplemente evitando salir a lugares muy concurridos. Pero al transcurrir de un mes, se volvió tediosamente complejo. El rumor de ser el nuevo rostro de la marca Gabriel Agreste, pero no consolidar una analogía sentimental con el hijo del millonario; les cautivó como abejas a la miel. Me buscaban incluso en mi nuevo apartamento, llenando mi buzón de cartas para entrevistas indiscretas. Incluso una mañana me despertó la grotesca nota de Nadja Chamack sobre como los bisbiseos apuntaban que le había sido infiel a Adrien con su primo Félix estando en Inglaterra. ¡¿Cómo demonios?!

—Se han pasado de la raya esta vez —comentó Marinette, atragantada con su desayuno.

—Dímelo a mí, chica —rezongó Alya a su lado— He tratado de que el director de edición no me haga investigarte. Pero es muy insistente…sabe que somos intimas amigas.

—¿Debería demandarlos? —cuestionó la ojiazul, apuntando la pantalla con una cuchara sopera— ¡Me tienen podrida!

—Eso provocaría que el escándalo sea mayor —negó la periodista— Les estarías dando en el gusto.

—Estoy nerviosa, Alya —Dupain-Cheng se tocó el brazo izquierdo— Mañana es la inauguración de la sede Graham de Vanily en París. No sé cómo abordar a los reporteros fisgones.

—En casos como estos…lo mejor es recurrir a nuestros superpoderes —bufó.

—¿En serio crees que debería? —no se mostraba para nada convencida. Le había jurado a su Kwami que no la usaría con fines tan egoístas— No puedo hacerle esto a Tikki.

—¿Quién habló de usar a Tikki? —la morena tronó los dedos, dejando que Trixx se incorporara a la plática matutina— No creo que se den cuenta si es solo una ilusión. ¿O sí?

—Eres un genio —sus orbes titilaron con asombro. ¿Cómo no lo había pensado antes?

El método era simple. Mientras su "clon" ilusorio distraía a los mal hablados cronistas, Marinette se escurriría por la puertezuela trasera. Mas que mal, solo debía asistir a una videoconferencia con Félix y su equipo de trabajo para la apertura, dejándole el trabajo sucio a su copia. Alya era mucho mejor que la diseñadora para evadir preguntas impertinentes. En el trabajo, como parte del día a día estaba familiarizada en lidiar con ello.

A la mañana siguiente, el plan resultó ser todo un éxito. Rena Furtive hizo lo suyo, evadiendo con gran destreza las interrogaciones en la rueda de prensa; en cuanto la joven de cabello oscuro se escabullía sigilosamente por la parte posterior del edificio.

—Soy Nadja Chamack, transmitiendo desde la inauguración de la marca Graham de Agreste aquí en nuestra querida París —comentaba al micrófono la dama— Estamos aquí junto a la representante de la marca Agreste en París, Marinette Dupain-Cheng. Mejor conocida como Ladybug. ¿Marinette, podrías aclararnos que pasó entre tu y el joven Adrien?

—Eso es simple, Nadja —explicó el clon— El trabajo nos ha pasado la cuenta y nos hemos esforzado el doble. Pero seguimos más unidos que nunca.

—¿Por qué no está aquí, en un día tan importante? —cuestionó.

—Porque Adrien ahora se dedica a la Arquitectura. ¿Cómo es que todos lo saben menos tu? —touché. La periodista intentaba reformular su pregunta con una incómoda expresión en su rostro.

En el interior del edificio, Marinette brindaba con los colaboradores de la marca. Dado que tenía el puesto de gerente, Félix le había otorgado la potestad total de elegir a su staff. ¿Y qué mejor que elegir a sus camaradas más cercanos? Era una forma de resguardarse también.

—Estoy muy feliz de que hayan aceptado estar conmigo en este proyecto, muchachos —halagaba la ojiazul, alzando su copa de champaña— Bienvenidos, Nathaniel, Juleka, Mylene, Rose. Voy a trabajar muy duro para que nos vaya bien a todos.

—¡Estoy tan emocionada de estar al lado de ti, Marinette! —chilló Rose— Adoro tu trabajo. Es por eso que nos hicimos parte de tu equipo.

—Saludos desde París, Marc —congratulaba el pelirojo hacia la cámara de la gran pantalla. Del otro lado se encontraban Félix y el staff de Inglaterra.

—Es un placer colaborar con ustedes, chicos —cumplió Marc.

—Marinette, confío plenamente en que esta vez vamos a trabajar acorde a lo prometido —reveló Graham de Vanily, mostrando una sonrisa complaciente— Y que nuestras diferencias del pasado hayan quedado saldadas.

—No es momento para hablar de eso —asintió Dupain-Cheng con aires de recelo— Pero agradezco las buenas intenciones.

—Sin rencores —brindó el británico, bebiendo de su copa— Quisiera aprovechar la oportunidad para anunciarles que nuestra nueva película ya está en rodaje. Y la tendremos en cartelera para fines de noviembre.

—Que gran noticia —balbuceó Juleka— Me muero de ganas por verla.

—Por supuesto que vamos a usar los diseños de mi ilustre rostro publicitario —determinó Felix— Y no es una pregunta. Es una orden.

—Si. Lo tengo claro —expresó la diseñadora, gesticulando un mohín— Pero no te pases de listo por favor. Aquí algunos son nuevos y no todos están adaptados a tu humor.

—De igual forma, no les pago para soportarme —el rubio se encogió de hombros y volvió a brindar— Salud…por el estreno.

Propusieron sus vasos por última vez, loando así un pequeño coctel de bienvenida. A pesar de que Marinette venía evitando el tema desde hace un tiempo, ver a Félix en la pantalla le hizo recordar todas las peripecitas ocasionadas en su movediza estadía en su país. Debía preguntarle…

—¿Podemos hablar un momento a solas? —examinó la fémina, frunciendo el ceño en cuanto le vio solo frente al panel— ¿Eres Félix Graham de Vanily?

—Soy Félix Graham de Vanily.

—¿Dónde está Adrien ahora mismo? —consultó dubitativa— Se que estuvo llamándome e intentando contactarme.

—Está en Paris —rio ante su respuesta. Le parecía muy graciosa su desconfianza. Pero no la culpaba. Era natural— Imagino que en la Universidad o en su casa.

—¿Puedo saber que ocurrió luego de que me fui? —insistió.

Nathaniel Kurtzberg permaneció escondido tras la pared de una de las oficinas, escuchando la conversación de los jóvenes de manera indiscreta. En su móvil, mantenía una videollamada con Marc Anciel.

—Están hablando de Adrien —reveló el bermejo— ¿El plan sigue tal cual?

—Me encantaría poder negarlo…pero si —confesó el pelinegro— Sigue tal cual.

—Marinette no se muestra feliz —espetó Kurtzberg— ¿Crees que vaya al estreno?

—Para eso te tenemos a ti, Nath. Confiamos en tu papel en todo esto —sonrió.

—Lo sé —murmuró el dibujante— Pero Alix me contó que Marinette le visitó la semana pasada a su tienda de tatuajes y ni se mostró triste por lo ocurrido. Creo que sigue molesta…

—Es normal —musitó el ojiverde— Pero no te preocupes. Se que todo saldrá bien. Hemos hecho mucho por acá para que funcione.

—Solo espero que los chicos también apoyen…

—¿Estás comiendo, Nath? Te noto más delgado…—Marc desencajó una risa honesta.

—El que no come eres tú —chistó del otro lado, haciendo mención a su escuálida contextura— Debe de ser porque te extraño…

—Nos veremos para el estreno —aclaró Anciel, regalándole un beso a la cámara— Te tengo una sorpresa.

—Me muero por verla —esbozó Nathaniel, ruborizado por el gesto.

¿Nathaniel y Marc estaban urdiendo un nuevo plan para reunirlos? Era ver para creer.

[…]

El siguiente mes se pasó volando entre telones. Mientras Marinette tecleaba navegando por su ordenador, un correo clandestino arribó a su bandeja de entrada. El asunto citaba: Promoción de película.

Félix le enviaba la información con copia a todos los miembros, que el filme estaba completado y la fecha de estreno era el 24 de noviembre de ese año. Si bien la joven estaba al tanto de que el vestuario creado era para dicho proyecto, el costo monetario invertido le parecía exagerado. El director de cine había incluido un Yate, un Pent-House. Una mansión y mucho presupuesto en música de fondo. ¿Siempre era así de extravagante para sus creaciones?

Decidió rebatir el email, ya que le asaltaba la duda sobre que trataba realmente la trama. Félix no contestó nunca; argumentando que sería una sorpresa para los fans y revelar dicha información obligaba a un posible spoiler filtrado por parte de algunas almas inescrupulosas. Nuevamente recordó que el verdadero Félix si era un bipolar de mierda y que rara vez se le pillaba de buen humor. En cuanto procedió a apagar el pc, se puso la chaqueta y salió de la oficina. Por esas horas nevaba en la ciudad. E increíblemente su vehículo estaba atorado en dos centímetros de nieve. Genial. ¿No podía ser peor? A regañadientes se armó de paciencia y caminó hasta la estación de metro más cercana.

En el proceso, texteó a Alya relatándole su inconveniente. Una brisa tibia le removió los cabellos, divisando a lo lejos la luz del tren. Arriba del vagón, tomó asiento en un taburete que daba en dirección hacia el andén y partió rumbo a casa con los ánimos por el suelo. Se preguntaba que habría sido de Adrien…y lo mucho que le extrañaba.

Últimamente suspiraba más de la cuenta. Quizás fruto de sus desamores. Luego de pasar cuatro estaciones hacia el norte, Marinette apoyó su cabeza contra el vidrio. Comenzaba a quedarse dormida por el vaivén del aparato…cuando un singular cartel promocional en una de las paradas, llamó su atención. Rauda como un rayo, se lanzó fuera del coche a pocos segundos de que la puerta se cerrara. Debía apreciarlo con sus propios ojos…mucho más de cerca.

Era el poster de una película a estrenar. Titulada: "El amor en los tiempos de Ladybug". ¿La protagonista era Ladybug? ¿O sea…ella?

—¡¿Qué significa esto?! —chilló al aire, delante de todos los transeúntes.

La productora era Graham Films y para más remate, era una comedia romántica con la participación del mismísimo Félix, en el papel de un chico rubio de ojos verdes, multimillonario al borde del colapso; porque se enamoró de Ladybug y ella lo rechaza. Estaba flipando en colores.

—¿Qué te sorprende, Marinette? —curioseó con inocencia Tikki, escondida en su bolsito— No es la primera vez que hacen una película sobre ti.

—Ya lo sé, Tikki. Pero al menos antes me pedían permiso…—farfulló incomoda— ¡El maldito de mi jefe hace lo que quiere!

—Bueno, es el director. Es natural.

—Hace mucho tiempo ya que dejé de confiar en el juicio de Félix —se defendió indiscutiblemente enfurruñada— ¡Encima están usando el vestuario que confeccioné!

—Quizás por eso no te quiso contar lo del proyecto —indagó la Kwami— Sabía que te negarías.

—¡Por supuesto que me negaría! —zapateó el suelo— ¡Están usando mi imagen! ¡Argg! ¡Lo voy a matar!

—Yo no le veo lo malo. Además, es una comedia —rio la pequeña— De seguro es divertida.

—No pienso asistir —se cruzó de brazos— Me rehúso.

—¡Anda, Marinette! ¡Yo quiero ir! —insistió con un puchero en su boca— Porfis…

En verdad lo sentía mucho por Tikki, pero pretender pasar por algo dicho agravio no era una opción. Estaba frenéticamente incomoda. No era la primera vez que el rubio jugaba con sus intenciones. De hecho, consideró que sacarle partido a su imagen era un golpe bajo sin su aprobación. Si era una clase de venganza por lo ocurrido en Inglaterra, ella se restaría a todas luces.

Por supuesto que se lo hizo saber a la mañana siguiente en una video conferencia. El ojiverde borboteaba cómodamente una taza de café con toques de Whisky. No le pareció extraño que bebiera tan temprano por lo que pasó de alto la escena.

—Félix. No puedes estrenar esta película.

—¿No puedo?

—¡No! —vociferó colérica la diseñadora. Se había pasado de la raya— No puedes porque es una película de Ladybug. Y yo soy Ladybug.

—No —siseó Félix, abriendo los parpados de par en par— ¿En serio? ¿Eres Ladybug? —bufó sarcástico— ¡¿Por qué nunca me enteré?! Seguro no lo vi venir.

—¡Félix esto es serio! ¡Yo no te he dado permiso para usar mi imagen en tus películas! —justificó Marinette, defendiendo su integridad como figura pública por ser una heroína— ¡Yo podría demandarte!

—¡Jajaja! —carcajeó de forma sonora el director, echando una ojeada entre lágrimas a la chica de tanto reír— Claro que no puedes demandarme.

—¡¿Y por qué estás tan seguro?

—Porque tu misma me diste el permiso —carraspeó el rubio, exponiendo la letra chica del contrato frente a su pantalla— ¿Lo ves? Ahí está tu firma. Y dice que me das permiso para usar tu imagen como Ladybug a mi antojo. Ladybug es embajadora de Graham Films. Soy tu dueño~

Dupain-Cheng estaba boquiabierta con la noticia. ¡Pero que sucio bribón! Le hizo firmar un contrato, sin si quiera revelarle que contenía. ¿De quién era la culpa? ¿Del aprovechado de Félix o de su inocente torpeza?

—Marinette —resopló lamentándose con la cabeza— Te recomiendo siempre leer antes de firmar las cosas. Podrías incluso estar sentenciándote a muerte.

—Eres…—amedrentó la ojiazul— un maldito canalla, Félix.

—Nah. Realmente no —contrajo los hombros en su posición, ingiriendo de un sorbo el líquido de la taza— Solo soy un pobre hombre de negocios tratando de ganarse la vida de forma honesta.

—¡No eres para nada honesto si engañas a la gente! —refutó la modista— ¡¿Qué pretendías con esto?!

—Marinette, por favor. No exageremos mas ¿Quieres? —desmintió Graham de Vanily, oscilando su dedo índice de derecha a izquierda— Somos adultos ahora. Ni si quiera te afecta. Es ficción.

—¡Ja! ¿Sabes? —Marinette acabó entrelazando sus brazos frente a su pecho— No voy a inmiscuirme en el asunto. Por supuesto que no asistiré a ese estreno. En cuanto más rápido llegue y se vaya, mejor para mí.

—Es una lástima —tarareó Félix, con un sonsonete pueril— Es-una-muy-buena-película. Además, vas a decepcionar a mi madre. ¿Te conté lo ansiosa que está por ir al estreno? Sobre todo, porque será en Paris. La ciudad del amor~

—Jm. ¿De que amor hablas? —desvío la mirada— Eso no existe para mi…

—Que seas una amargada no quiere decir que Ladybug también —el ojiverde braceó un guiño— Asegúrate de ir con tu mejor traje. Nos vemos el 24 de noviembre.

—¡Es-espera! ¡Ya te dije que no ir-…! —cortó— ¡Aish! Este chico es un caso perdido. Ya le dije que no iré. Y es mi última decisión.

No alcanzaron a pasar ni diez segundos, que mi teléfono móvil vibró dentro de mi bolsillo. Era un mensaje de Luka Couffaine quien comentaba emocionado sobre lo del estreno de la película. ¡¿Luka también vendrá?! El pobre no estaba enterado de lo que sucedió en suelo inglés. Me moría de ganas por contarle que sus aprensiones eran asideras. Que efectivamente en la cafetería, ese no era Félix. Pero estaba segura de que, si comenzaba a tocar el tema nuevamente, seguro rompía en llanto. Prefería que se enterara de la parte feliz. La más alegre. Un momento. ¿Qué parte buena tiene todo esto? Si encima estaba sola y abandonada. Sin un gato que le maúlle por las noches.

Esto es culpa de Adrien. Siempre tiene la culpa de todo —refunfuñó en voz baja.

—Sabes que eso no es cierto, Marinette —reprendió Tikki sin ánimos de confrontarla— En gran parte tú también deberías endosarte responsabilidad. La diferencia está, en que Adrien quizás si quiere solucionar las cosas y tu no.

—Yo si quiero solucionar las cosas, Tikki —le explicó a su Kwami, aunque no del todo convencida de sus propias palabras— Pero no sé cómo.

—Hablando se entiende la gente.

—No tengo ganas de hablar…eso es lo que pasa —respiró fatigada.

—Quizás no necesitas usar un lenguaje escrito para ello entonces —sonrió la pequeña, volando hacia su mejilla para plantarse sobre ella— Tal vez solo necesitan demostrarse las cosas y ya. Los gestos valen más que mil palabras.

—Extraño cuando Adrien me demostraba las cosas…—reveló Dupain-Cheng torciendo la mirada.

—Quizás Adrien también extraña eso de ti, Marinette —esbozó su camarada.

—Tikki…—esclareció Ladybug, notando como sus redes sociales se agolpaban de carteles y anuncios de la película— creo que vamos a tener que ir a ese bendito estreno. Audrey va a asistir y quisiera ver su cara de mierda cuando vea que he triunfado.

—¿En serio solo iras por ella y no por tus fans?

—No, no. Por supuesto que mis fans también me importan —balbuceó en tono burlesco— Pero…en estos momentos mi honor está en juego.

—Mh…a mí no me engañas —Tikki acabó arrugando el entrecejo, en lo que le miraba con ojos inquisidores.

—Por supuesto que asistiré —se rascó la nuca un tanto nerviosa— Pero no como Marinette Dupain-Cheng, claro.

—No pienso ayudarte esta vez —se cruzó de brazos.

—Tampoco pensaba ir como Ladybug, descuida —le agasajó la cabecita— Prometí nunca más usarte y es lo que cumpliré.

[…]

El día de la gran premier, conté con la ayuda de Alya para infiltrarme de incognito a la sala del cine. Claro, todo esto ignorando por completo que mi mejor amiga nuevamente jugaría un papel en mi contra. Ella ya estaba aliada con mis amigos más cercanos…y mi ex, Adrien Agreste. Desconociendo el hecho y haciendo uso de mi disfraz habitual, me vestí de Marino. Un mostacho sutil y un atuendo recio para disimular mi apariencia femenina. ¿Qué tan mal podía salir? Incluso logré obtener uno de los asientos más privilegiados y mejor escondidos; los últimos de atrás.

La fila era interminable. El primer día, las entradas se agotaron a tan solo segundos de haberse publicado. Personas de todas partes del mundo, Brasil, China, Japón incluso Inglaterra asistieron a la gala. Amelie Graham de Vanily vistió un conjunto dorado diseñado por mí. Me sentí muy halagada de hecho. Un momento… ¿Félix también estaba usando mi traje? Un Smoking gris con terminaciones doradas y corbata purpura. No pude resistirme a sacarle un par de fotos; escondida claro detrás de un basurero.

Posicionada ya en mi puesto, Alya se sentó a mi lado; trayendo consigo un paquete de palomitas de maíz y gaseosas. Las primeras escenas me parecieron de lo más corrientes. Agregando el hecho de que parte del elenco de protagonistas eran amigos míos ya conocidos de antaño. Pero en cuanto comenzó a avanzar la trama…de alguna manera me sentí culpablemente atraída por ella.

Una joven diseñadora de moda, queriendo ser famosa por sus creaciones. Venciendo la adversidad y a los jefes abusivos como Ladybug y Chat Noir a su lado. Fiel compañero de andanzas. De un momento a otro, todo se tornó demasiado familiar. Frente a la gran pantalla, escenas que remembraron una comedia grata ligeramente llena de mensajes subliminales. Chat Noir en el papel de "Jean" un joven francés, incursionando en el amor; en tierras inglesas. Haciéndose pasar por su hermano gemelo, separados al nacer, "Carlo". ¿Qué broma era esa?

Una fiesta en un Pent-House. Una fiesta en un Yate de lujo en las costas británicas. Un cumpleaños fallido. No. Definitivamente esta no era una comedia romántica de Ladybug y Chat Noir. ¡Era una comedia de mí vida!

Con esa astucia audaz que me diferenciaba del resto, decidí levantarme de mi asiento. A lo que Alya me detuvo sujetándome el antebrazo.

—¿Te vas a ir en serio? —bufó la morena.

Alya —musitó bajito Marinette, completamente enfurruñada— ¡Esta es una película de mí!

—Con mayor razón —esbozó una sonrisa picaresca— ¿No te quedarás para ver el final?

¿Qué estás…? —vale. Ahora comprendía mejor la situación. ¡¿Ella ya lo sabía entonces?! —No necesito quedarme para ver el final. Yo ya sé cómo terminaron las cosas.

—¿De verdad? —arqueó una ceja, divisando la pantalla— Yo creo que aún no termina…

En el último acontecimiento, el joven rubio llamado Jean se reencontraba en una romántica puesta de sol frente a la torre Eiffel, con su Ladybug. En ella imploraba su perdón y que, a pesar de todas las dificultades sus intenciones eran nobles. De pronto, Dupain-Cheng se vio inmersa en escenas. Vamos, él no iba a pedirme que volviéramos bajo la torre Eiffel. No obstante, a ello, algo comenzaba a inquietarme de aquel acto; lo que hizo que mágicamente regresara a mi asiento. Y fue el hecho de darme cuenta, que la razón de nuestros problemas todo ese tiempo había sido la falta de comunicación. Me sentí tonta. Con una vergüenza ajena a mí. Adrien era un buen chico. Yo también lo era. ¿En qué minuto nos habíamos distanciado tanto el uno del otro?

Desde el momento en que viajé a Nueva York y todo se pudrió. Ese era el meollo del asunto. Porque a pesar del amor que nos teníamos, yo seguía con mis inmadureces de quinceañera dudando de mí misma tanto como de él. Estando en la mansión Graham de Vanily el me había confesado inseguridades de las cuales, recién ahora caía en cuenta. ¿Por qué había estado tan ciega? Solo pensando en mi y en mis problemas. Cuando en el fondo el que mas sufría con esto era Adrien. Quise romper en llanto. Mas me contuve por temor a represalias ajenas. No llegar a dimensionar que tan desesperado debe de haberse sentido como para hacerse pasar por su primo, en un intento torpe por reconquistarme. Si en el fondo yo siempre estuve a sus pies. ¿De qué tenia que convencerme? ¿De que era digno de mí? ¿Qué valía la pena?

Demonios…

Ya no me sentía cómoda en ese lugar. Deseaba salir corriendo y enterrarme bajo tierra. Pero el film ya había acabado y si bien era un final feliz, el sabor amargo en la boca no me lo quitaba nadie. Sali derrotada de ese maldito cine. Encima estaba nevando…

—¿Te llevo? —consultó Alya Césaire, señándole su auto.

—No…prefiero tomar el metro —murmuró abatida la diseñadora. Sentía los hombros caídos y la mirada cansada como quien pesca un resfrío— Quiero estar a solas un momento.

Marinette tomó la línea rosa numero cuatro. Se subió en la estación Chatelet en dirección hacia Porte de Clignancourt y sollozó en silencio todo el trayecto hacia su casa. Tikki solo pudo conformarse con verle sufrir sin poder hacer mucho al respecto. Entendía que, en el fondo, la única que podía resolver el problema era ella. El alto parlante de su vagón informaba a sus pasajeros que, debido a un fuerte nevazón el tren no llegaría a destino; si no que habría que esperar el siguiente- Por lo que tuvo que bajarse en la estación Marcadet Poissoniers que existía a dos estaciones antes del final de la línea. Todos los pasajeros abandonaron el lugar, vaciando el andén en cosa de segundos.

Tanto el suyo como el de enfrente permanecieron en total silencio por varios minutos. La ojiazul no podía sentirse con mas mala suerte de la que ya tenía. Cabizbaja, cogió su móvil para escribirle a su amiga. "Estoy varada en una estación. Creo que tomaré un taxi a casa"

Absorta en su propia desdicha no consiguió a percatase que, al otro lado del andén, alguien más también estaba tan perdido como ella. Era nada más y nada menos, que Adrien Agreste.

¿A-Adrien…?

No pudo creerlo. Estaba prado justo en frente de ella con una sonrisa cálida en sus labios. ¿Qué estaba haciendo en esa estación y a esas horas? ¿Le había seguido sin darse cuenta? Cada centímetro de su anatomía se paralizó. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Por unos instantes, anheló lanzarse a las vías del tren con tal de ir y correr a sus brazos. Alcanzó a dar un paso hacia adelante, cuando una violenta ventisca le azotó el rostro. Su vagón había llegado. Negó repetidas veces con la cabeza a modo eufórico.

—¡N-no! ¡No, no, no! ¡Adrien! —redundó en su cabeza una y otra vez. Le había perdido de vista. No lograba divisarle al otro extremo. ¿Se habría subido? Su pecho dio un vuelto impetuoso del espanto— Por favor…no te vayas…

El tren inicio su marcha. Marinette tenía el corazón en la garganta de la ansiedad. Cuando todo se despejó y finalmente pudo regresar la vista hacia el lugar, Adrien ya no estaba. Se sintió desfallecer.

—Dios santo…—se lamentó para sí misma, tomándose el rostro— Soy una tonta. Debí haberme cambiado de anden… ¿Por qué no lo hice? —se cuestionó en voz alta.

—Porque no hace falta que lo hagas —le dijo una voz masculina, totalmente conocida. Claro. El ya lo había hecho por ella. Justo a sus espaldas, el rubio descansó la diestra en su hombro en un toque sincero— Mi lady…

Mi príncipe…—se aferró a él, como si no hubiese un mañana— Adrien…perdóname. ¡Perdóname! No quise dejarte de lado.

—No, tu perdóname a mí —consintió el ojiverde, correspondiendo el abrazo con los orbes humedecidos— No debí inventar todo eso. Fui un tonto. Solo quería acercarme a ti.

—No hace falta que lo expliques. Yo no-…—Marinette se detuvo de golpe. Calló unos momentos, observando su rostro con detalle. Sus labios, sus pómulos, la forma de sus ojos. Sus dedos comenzaron a palpar sus orejas, su cabello. Incluso sus manos.

—¿Q-que…sucede? —cuestionó nervioso.

—No eres Félix ¿verdad? —examinó con una ceja alzada.

—Soy yo…Adrien —resopló aliviado con su pregunta. Temía que le dijera algo peor— Mi lady…no quiero que vuelvas a desconfiar de mí. Yo…no volveré a hacer algo como eso. Te lo prometo.

—Adrien —envolvió sus brazos sobre su cuello, depositando un beso espontáneo en sus belfos— No. No vuelvas a engañarme así. Pero…también es mi culpa. Y creo que tienes derecho a explicarte.

—¿Y quieres que lo hablemos aquí o…? —Agreste soltó una risita endeble, señalando la salida con el dedo pulgar— Tengo mi auto estacionado afuera.

—¿Cómo supiste que me detendría aquí? —eso es algo que solo Félix sabría.

—¿No viste el anuncio en la entrada? —explicó apenado— La línea solo estaría operativa hasta Marcadet Poissoniers.

Es cierto. El cartel de neón dice eso…no lo vi —asintió— Así que tenías todo fríamente calculado.

—Fue idea de Alya —se sobó la nuca con humildad— Yo no…soy muy bueno inventando "planes" mi lady. Esa eres tú.

—Adrien —espetó con cierto dejo de seriedad— Puedo confiar en ti como siempre, ¿verdad?

—Puedes confiar en mi y en mis bromas, bichito~ —bufó, ofreciéndole el antebrazo— Vamos. Está algo helado aquí.

Adrien Agreste había planeado todo en compañía de Alya. El plan era dejar el vehículo estacionado afuera de la estación. Esconderse. Esperar paciente a que Marinette tomara su vagón en Chatelet y que apareciera. Era muy simple. Aunque claro, para el…esos métodos complicados no eran sencillamente su fuerte.

—Prenderé la calefacción —argumentó el ojiverde— Este nevazón no va a dar tregua según escuché en la radio.

—Adrien —la chica de cabellos oscuros no quería perderse ni un solo segundo los detalles de como ocurrieron las cosas— No pretendo presionarte o cuestionarse. Solo quiero que respondas algunas cosas.

—Si tienes dudas, con gusto las aclararé —le habló, corriendo su asiento un poco hacia atrás para poder verle mejor.

—¿En verdad te sentías solo…? —vaya pregunta. Tal vez sonaría medio tonta. Pero tenía sus razones como para querer aclararlo. Ella también carecía de ciertas habilidades sentimentales— Tu sabes que…si bien no eres el primer chico con el que salgo (Porque con Luka valió madres) si eres el único con el cual formalizo oficialmente una relación estable de años. Por lo cual, todos mis defectos y virtudes saldrán a la luz exclusivamente contigo.

—En ese sentido somos dos —Y claro que se encontraban parejos en ese tema— ¿Te cuento algo? Antes de tomar la ridícula decisión de hacerme pasar por mi primo, hablé este tema con el —reveló— Y de alguna manera, Félix fue el único que me entendió. Mucho más que Nino —continuó— Cuando pasas tanto tiempo solo…con un padre ausente y una madre desaparecida, lo natural es que sufras de ciertos patrones de conducta un tanto aversivos.

—¿Sufres…de apego emocional conmigo? —Pero que estúpida eres, Marinette. ¡Por supuesto que sí! El chico tuvo una adolescencia de la mierda. No es la primera vez que te dice que no le gusta estar solo—Dios…yo…soy tan tonta…

—No te culpes por favor. Es un tema mío —se excusó Adrien, desviando la mirada— Ha decir verdad, me dolió muchísimo tu partida a Nueva York. Si no hubiese sido porque Félix me apoyó en el proceso, no lo asimilaba —regresó la vista a su compañera— ¿Cómo podría decirte que no? Eres una chica libre con sueños por cumplir.

—No, pero…es verdad —Marinette tomó su rostro con ambas manos, pegando su frente a la suya— Fui muy descuidada contigo. Está bien que me cuentes estas cosas porque…si sufres de apego, juntos podemos solucionarlo ¿Sabes? No estás solo. Ya no…

—Gracias por entenderlo —siseó de vuelta Agreste, también sujetando su carita— No estoy justificando mis acciones. Solo quería que entendieras el por qué no quería que fueses a Londres. Fui egoísta. Pero no soportaba mas el hecho de tenerte cada vez mas y mas lejos…me vi atrapado en mi propia red —expuso— Además de que, todo el mundo cree que soy perfecto y eso no me gusta.

—No lo eres. Y tienes tu carácter —consintió Dupain-Cheng con una sonrisa afable— Y agradezco que me comuniques tus sentimientos. Por favor no te los guardes más…podemos solucionar las cosas hablando.

—Marinette —susurró de vuelta, rozando su boca contra la suya con sumo cuidado— Vuelve conmigo, por favor…

—No debiste terminarme, gatito travieso —le mordisqueó el labio inferior a tono de juego.

—No debí —admitió avergonzado— Soy impulsivo.

—Lo sé —carcajeó con ligera sensación de ternura— Pero así y todo te amo.

—Esta vez haremos las cosas mejor —proveyó Adrien, en tono esperanzador— Se que nuestra relación estaba algo rota. Y si bien me sentí solo, estando en Inglaterra descubrí que yo también necesitaba cambiar algunas cosas.

—¿A que te refieres…? —parpadeó separándose de él, unos momentos.

—Creí que si te amaba a mi manera nuestra relación andaría de lujo —formuló decidido— Pero eso no funciona en las parejas. No debes amar a tu manera. Si no amar, como tu pareja necesita que le amen.

—¿Y que es lo que yo necesito? —consultó girando el rostro, totalmente ruborizada.

—Que la hagan feliz —susurró Agreste, tomándole el mentón para que le observara de vuelta. Deseaba transmitirle su amor incluso a través de una mirada sincera— Que le hagan reír y que le dejen ser. Que te apoyen en tus decisiones.

Suena maravilloso —¿Estás seguro que no eres Félix? —bufó Marinette.

—Demonios —Adrien exhaló, chasqueando la lengua con frustración— Yo creo que me vas a molestar con eso para toda la vida ahora. Bueno —se encogió de hombros— me lo busqué. Igual no me molesta. Félix es guapo.

—Jajaja…eres un tonto —le dio un golpe en la nuca— Por supuesto que volveré contigo.

Pero claro…solo por si acaso, por si las moscas, por si la cosa no quiere…debía cerciorase por ultima vez de que si era Adrien y no Félix con quien hablaba.

Repentinamente y sin presunción de timidez, Marinette introdujo su mano dentro del pantalón de su chico; proporcionándole una caricia bajo la ropa interior. A lo que Adrien se llegó a sobresaltar.

—¿Ma-Marinette…que estás? —se estremeció, con expresión febril esculpida en el rostro— ¡Ngh!

—Nada —rio, en una mezcla de infantilismo y picardía— Solo quería corroborar de que esta vez fueras el verdadero Adrien. Y sí. Estoy completamente segura de que ese es mi Adrien — Este pito me lo conozco.

—¿No crees que eso fue una falta de respeto hacia mi persona? —jugueteó con la voz, dejando entrever que su incursión ahí abajo le había subido la libido.

—De vez en cuando…—aclaró Marinette, tomando su rostro con ambas manos para depositar un beso cariñoso en sus labios— está bien faltarlo.

—¿Eso significa que te gustó? —consultó en un jadeo. Sus pómulos se ceñían de un tono carmesí.

—¿El que?

—El como me comporté en Londres.

Mierda. Había olvidado de que ese no fue Félix. Pero vamos. ¿A quien quiero engañar? Por supuesto que me encantó— Me sorprendiste mucho…no creí que tenías un lado así.

—Pues…ahora que lo pienso —confesó, tragando algo de saliva en el intento— Y-yo tampoco sabía que tenía un lado así. ¿Crees que haya sido producto del alcohol?

—Si. Y no —admitió Marinette— Yo creo que tienes un lado así. Y el alcohol solo lo desinhibió. Fuiste brusco. Pero me gustó que me tomaras así. Me hizo comprender que…eres perfecto para mí. En todas tus facetas.

—Te amo mucho…bichito —confesó el rubio entre labios, concerniendo a gusto de su seductor ósculo— Me traes como un loco. Solo quiero tomarte entre mis brazos y besarte hasta desfallecer.

—Y yo a ti, mi gatito —respondió de vuelta. Esas últimas palabras, le prendieron fuego a su anatomía— Ven conmigo —le atrajo hacia los asientos traseros del vehículo, utilizando como señuelo la mirada tentadora y el dedo índice de su mano derecha. Adrien cayó hipnotizado por la invitación, deslizándose hacia la parte posterior también.

—¿Estás segura de que quieres hacerlo aquí? —le preguntó a modo de burla, clavándole una mirada lujuriosa— Miau. Que osada mi lady.

—¿Te prende eso? —consultó con lascivia.

—Muchísimo —bufó, impartiendo besos por todo el largo y ancho su cuello. Su respiración era cada vez más errática— Creo que estoy comenzando a ronronear. Prrr…prr.

—Eres un idiota —rio Marinette unos momentos, sintiéndose entregada por completo a los besos y caricias que recaían sobre ella— Esta vez se suave por favor —pidió en dulce susurro, mientras acariciaba sus cabellos— Como siempre lo has sido…

—Sus órdenes son un deleite para mi —respondió, estirando los brazos para que le quitara el polerón y la polera de abajo. Dupain-Cheng le ayudó a desvestirse— Solo una consulta… ¿Esto es lo que llaman una dulce reconciliación?

—¿No lo parece? —indagó la ojiazul, posicionando ambas manos sobre los pectorales desnudos de su compañero. Por unos instantes, una sensación abrumadoramente triste le hizo recordar el cómo llegó a creer que ese chico casi esculpido por los dioses griegos era Félix y no el. Seguramente Adrien había captado el mensaje e instintivamente le abrazó, robándole toda duda; deteniendo así un posible sollozo por su parte.

—Tranquila…no me iré a ningún lado —musitó en su oído, pasando ambos brazos debajo de los suyos para finalizar en un mimo, en sus oscuras y sedosas hebras— Me están empezando a gustar las reconciliaciones.

—A mí también —siseó de vuelta, regalándole una sonrisa diluida en tristeza y mucho amor— A mí también…

Si. Definitivamente este era mi Pedigree. Realmente no acabamos como la escena de Rose y Jack en el Titanic, porque justo cuando Adrien estaba listo para hacer lo suyo, un policía nos golpeó el vidrio. Menos mal que producto de las bajas temperaturas del momento, combinado con el calor corporal de nuestros cuerpos, lograron que los cristales del auto se empañaran o si no…que papelón. En realidad, estábamos mal estacionados. Dah. ¿Cómo nadie lo vio venir? Tampoco es como que puedas ir por las calles de parís parándote donde quieras para hacer el amor.

Eso no nos detuvo. Mi novio condujo dos cuadras más abajo, logrando encontrar un callejón sin salida muy común en la urbe. Entre la penumbra de la noche y la escasa visibilidad, concretamos el acto. Y por primera vez en muchos años, lo disfruté con todas las de la ley. Sin infidelidades de por medio, ni dudas, ni desconfianza, ni mucho menos ataques de celos tontos que no venían al caso. Nuestros cuerpos estaban hechos anatómicamente el uno para el otro; encajando como dos piezas de rompecabezas. Sin contar el hecho del como fundía mi mente. Adrien no solo se contentaba con lo terrenal, también era un experto en inflamar tus pensamientos.

A partir de ese momento, nada volvió a ser igual entre nosotros. Por el contrario, todo sería mucho mejor…e infinitamente más complaciente. Porque la comunicación entre ambos mejoró. Y sin duda…nuestra vida con ello también. Adrien se dejó caer sobre mi cuerpo, empapado en sudor. Jadeaba exhausto. Pero infinitamente complacido. De vez en cuando, soltando risas varoniles. Yo me encontraba igual de afiebrada que él, pero a diferencia de mi pareja, estaba temblando de la sola emoción de tenerle entre mis brazos.

—Eso fue muy intenso —jadeó exhausto el rubio, con el rostro escondido en su hombro— Oh dios…creo que me acalambré algo. Ouch…—estiró el pie.

—Siento las piernas entumecidas —se quejó Marinette debajo de él, limpiando el sudor de su frente— Siéntate.

El pobre se estaba ahogando. Tuvo que bajar el vidrio del vehículo para poder respirar y dejar entrar algo de aire gélido desde el exterior. La fémina se sentó a su lado, copiando su gesto. Los dos chicos, con la cabeza hacia atrás y el cuerpo desnudo, exhalaron hacia la calle. Casi mueren asfixiados. Sin duda una escena cómica. Se miraron entre si y se echaron a reír.

—Creo que esta vez fue mucho mejor que lo de Londres —carcajeó la muchacha, dándole un beso en la mejilla en agradecimiento— Me encantas.

—Yo creo que todas son geniales contigo —llevó ambos brazos atrás de su nuca, con aires de grandeza. Sacó pecho— Pero yo también soy genial. ¿A que sí?

—Lo eres —admitió divertida, acomodándose la ropa interior para comenzar a vestirse como si nada hubiese pasado— Sobre todo porque nunca acabas dentro.

—Sabes que no lo hago si no tengo un preservativo, bichito —alardeó con vanidad.

—Ni si quiera en Londres —lo daba por hecho— ¿Verdad?

El rostro de Adrien se desfiguró al instante. Silencio sepulcral entre ambos. Marinette giró la cabeza en un movimiento homicida.

—Porque no lo hiciste…—sentenció, con el rostro empalidecido. El rubio tragó saliva, volteándose a verle casi como un robot—¿Cierto?

—Mi…lady

¿Adrien Agreste? —cuestionó cargando la voz una vez más, fulminándole con la mirada— ¿Te corriste dentro de mi si o no?

—Y-yo…yo no-…no recuerdo —se rascó la mejilla, espantado con su reacción. Automáticamente pescó sus prendas de vestir y se cubrió el cuerpo, del pánico— P-perdón…estaba ebrio.

—¡¿Que?! —aulló en furia— ¡¿Cómo que no lo recuerdas?! ¡¿Cuántas?!

—¡No lo sé, mi lady! —se excusó— ¡No es como que pueda contar esas cosas! Mi cabeza se desconecta cuando pasa eso —tembló en estado terror— Supongo que fueron…un par de veces. ¿Unas…dos veces?

¡¿COMO?! —se lo quería comer con la mirada— ¡Dime la verdad!

—¡Está bien! ¡Está bien! —se tomó la cabeza, casi rompiendo en llanto— Fueron como ocho veces…la noche del Pent-House…

¡¿SOLO LA NOCHE DEL PENT-…?! —Ok. Es su fin. Solo con esa vez mas que suficiente.

—¡No te enojes conmigo, por favor! —suplicó— ¡Acabamos de volver y de seguro ya quieres terminarme! ¡Perdóname! ¡Yo no controlo eso!

Vale. No era momento para enojarse con él. Mas que mal, ella también pudo cuidarse ¿No? Ambos muchachos quedaron pasmados por unos segundos, como si hubiesen detenido el tiempo en esa escena. Y tras irse a la mierda un rato, Marinette clavó la cabeza en su chaqueta, ahogando un grito violento en él. Era la única forma de desahogarse. No quería seguir gritándole. ¿Qué culpa tenía también? Joder…

Luego de tranquilizar sus pensamientos, la ojiazul le observó de vuelta, gesticulando una risita nerviosa. ¿Qué diablos?

—¿Adrien?

—¿Ma-Marinette? —preguntó el rubio.

—¿Qué sabes sobre bebés…?


Muuuuchas gracias por la paciencia que me tuvieron al haber esperado tanto por el final xDD. La verdad es que me enfermé. Pero ya todo sigue en su marcha. ¡Ojalá les haya gustado a mis lindos lectores! 3 kisses