Un zumbido era lo que se escuchaba para los espectadores. Uno tenue. Después vino el silencio. Uno realmente inquietante. Y por último se presentó una luz. Una segadora. Por consiguiente, un Mundo ya conocido por los tres se mostraba ante ellos. Los colores azules, blancos y lilas siendo los predominantes. Una suave brisa los acompañaba. Acariciándolos tenuemente. Moviendo sus ropas a su ritmo.

Elifas paso su mirada hacia abajo. Indicando a la pareja que hiciese lo mismo. Encontrándose con algo extraño. Algo que les hacía formular tantas preguntas como un sin fin de respuestas vagas. Sin embargo, ninguna realmente los llegaba a satisfacer por completo. Especialmente a Astral, pues él se estaba viendo justo ahora así mismo en el suelo a la orilla de un acantilado. Las olas del mar chocando con suavidad contra las rocas. Produciendo un sonido tranquilo, bello. Pequeñas luces de colores blancos y lilas aparecían y desaparecían ante ellos. ¿Qué estaba pasando? El mayor comenzó a relatar.

-Hace mucho tiempo atrás... No recuerdo bien el milenio, un día en una cierta costa. Se dio el aviso de un ente que yacía desmayado a la orilla de un acantilado. Este ser era extraño, único. Pues su apariencia incluso era distinta a los seres Astrales comunes. Su piel parecía más sus propias prendas, sus joyas le hacían resaltar naturalmente al rededor. Y ese brillo que le acompañaba era algo que dejo en un principio temerosos algunos... Era normal... Pues uno teme lo que no conoce... Ese día... Yo mismo fui a investigarlo por mi cuenta...

A lo lejos, podía verse como una tropa de soldados se dirigían a la posición del peliblanco, encabezados por el mismo Elifas. El cual portaba aun su armadura completa. Los cascos de los Caballos de un hermoso verde esmeralda resonaban acompañando a las olas del mar. Haciendo el ambiente místico de cierta manera. Logrando despertar al ente en el suelo. Quien se sentó en el mismo. Observando a su alrededor. Observándose así mismo. La confusión pura y total podía verse en sus ojos. En su rostro. El cual mantenía un semblante decaído. Lágrimas secas adornándolo.

Elifas detuvo a sus soldados con un ademán. Alzando su mano y cerrándola en un puño. Deteniéndolos a pocos metros de aquel ser que ahora podía ver con claridad. Parecía más ser un adolescente ahora que lo analizaba. Sus ojos heterocromos chocando se pronto con los suyos. Dándole un escalofrío. ¿Acaso ya lo conocía? Negó con su cabeza un momento, alejando aquella pregunta. Mientras bajaba del caballo. Acercándose con cuidado aquel ser. El cual pareció retroceder un poco ante la imponente apariencia del mayor. El cual al percatarse paso a retirarse su casco y algunos adornos. Alzando las manos a manera de rendición. Mostrándole que no quería hacerle daño.

El peliblanco entonces pareció mirarlo antes de levantarse del suelo. Cruzando sus brazos. Mirando detenidamente al otro. Analizando una posible amenaza. ¿Amenaza de qué? Su mente realmente estaba confusa. Muy confusa.

-¿Quién eres?-Preguntó de manera seca al mayor. Quien dio una sonrisa de cortesía. Tratando de no alarmar al otro.

-Mi nombre es Elifas. Soy el Rey del Mundo Astral... ¿Puedes decirme quién eres tú? ¿Qué haces en este lugar? ¿Estas bien?

El peliblanco pareció pensarlo. Tomando su cabeza con una de sus manos. Sintiendo un terrible mareo. El cual le hizo caer una vez más. Preocupando al mayor. Quien se acercó a él para tomarlo en brazos.

-¡Oye! ¡Oye! ¿Estas bien? ¡Oye!-Exclamaba ante ya un inconsciente Astral.

Elifas entonces tomo con cuidado al menor. Alzándolo para llevarlo con él al Palacio. Subiendo torpemente el Caballo que le ayudaría a la tarea. Mientras los soldados veían esto de manera confusa. El misterio rondando al peliblanco. El cual parecía no querer despertar pronto.

En las alturas los tres invasores solo observaban esto de manera extraña. Atenta. Astral comenzando a recordar aquello. Pues era cierto, el solo recuerda un día despertar en un lugar extraño rodeado de cosas extrañas y desconocidas para él. Hasta que Elifas llego a él. Llevándolo por un camino realmente duro.


El escenario volvió a cambiar. Pues ahora mostraba como Astral era atendido por Ana. Siendo supervisada de cerca por Elifas y la segunda al mando, Ena. Cada uno con sus propios pensamientos acerca de aquel extraño chico de cabello blanco. El ala medica se había cerrado hasta que esa revisión terminara.

-¿Quién es él?-Cuestiono suavemente Ena al Rey. El cual solo negó.

-No lo sé. Lo encontré a la orilla de un acantilado cerca del mar... En la frontera Tyle... Los pobladores nos dieron aviso aprovechando que estábamos cerca...

-Entiendo... ¿Qué harás con él?- Volvió a preguntar al mayor. El cual solo suspiró, pasando una de sus manos por su cabello. Tratando de disminuir el creciente estrés que se estaba acumulando en sus hombros. Mientras observaba como Ana terminaba de atender al menor. Dejándole tapado dulcemente con una sábana a la altura de su pecho.

-Sigue siendo la misma respuesta... No lo sé... Supongo puedo pensarlo cuando despierte y nos diga algo...

-Comprendo... En ese caso-Anuncio Ena. Encaminándose a la salida. Dando las gracias a la curandera- Debo irme. Deje algunos asuntos pendientes... Cuando sepas algo, por favor no dudes en avisarme...

-Sí...-Fue la corta respuesta de Elifas. Mientras se acercaba al menor. Mirándole con detenimiento.

Su piel de un bello color azul. Tan parecido al suyo. Sus joyas que le daban esa apariencia mística. Un rasgo más que compartían. Sus marcas verdes en su cuerpo, al igual que sus manos maltratadas. Eso le daba una pista. Pues solo un Guerrero podía distinguirlas. Ese maltrato en las manos solo la podía hacer una espada o algún arma similar. Así que ese ya era un paso más cerca a descubrir quién era. Paso de nuevo su mirada al rostro durmiente. Sus facciones que no coincidían con sus manos. Pues estas eran finas. Delgadas. Sus pestañas siendo largas, mientras sus labios eran delgados.

Un escalofrío le volvió a recorrer. De pronto sentía una familiaridad ante aquellos rasgos. Pero... ¿De dónde? El no conocía a nadie parecido a él. ¿O sí? No. No. Negó con su cabeza. Debía concentrarse. Encontrar más pistas. Poso de nuevo su mirada en el contrario. Examinando más a detalle. Encontrando marcas... No, más bien. Eran cicatrices. Muy pequeñas. Pero demasiado largas. Era como sí... Un objeto filoso le hubiese atacado antes. Como si hubiese sido enviado a una batalla. Pero... Que el recordara no había nadie parecido a él en sus tropas. O en algún lado. ¿Quién era él?

Ena termino de anotar algunas cosas en su bitácora. Antes de dirigirse a su soberano. Entregando un informe detallado sobre aquel muchacho.

-Su Majestad... Aquí esta...-Extendió aquel papel al otro. Despertándolo de su ensoñación- Me temo que su condición es sana, sin embargo, su mente... Mmm no sé cómo decirlo... Es como si se hubiese fragmentado así misma. Recordará ciertas cosas... Pero no lograra recordar lo demás a menos que alguien complete el rompecabezas que carga...

-¿Rompecabezas? ¿A qué te refieres?-Cuestiono Elifas. Mirando de soslayo a la curandera. La cual paso a tensarse un poco. Pues para ella Elifas daba miedo.

-S-Sí... Es... Algo realmente nuevo hasta para mí. Pero... Déjeme mostrarle...

Ana volvió a acercarse al peliblanco. Tocando con suavidad su pecho. Trazando un símbolo que no tardo en aparecer. El cual brillo al poco tiempo. Dejándolo salir del pecho del contrario un montón de cartas. Las cuales pasaron a flotar en la habitación. Mostrando fragmentos de algunas memorias antes de convertirse en monstruos de duelo. Sellándose así mismas. Dejando a Elifas estupefacto.

-¿Esto es...?

-No lo sé a decir verdad... Pero son sus memorias. Están separadas de él por alguna razón... Por eso es que no recordara demasiado... En mi opinión-Menciono Ana. Acercándose a Elifas. Mientras las cartas pasaban a moverse de lugar, flotando a su alrededor- Considero que lo mantengamos aquí al menos hasta saber qué es y quién es él.

Aquel Rey solo observo a su alrededor, tocando una que otra carta con la yema de sus dedos. Acariciándolas. Notando los distintos números y nombres en ellas. Esas cartas eran ajenas a todo lo que conocía. Trato incluso de buscar alguna semejanza con las que ellos como seres Astrales usaban. Pero nunca llego a sus recuerdos algo así... Esto era algo... Nuevo... Misterioso y desconocido a partes iguales. Su mirada se posó una vez más en el peliblanco. El cual lucía aparentemente tranquilo. Ajeno a su alrededor.

-...Supongo tienes razón... Debemos estar al tanto de lo que puede hacer... No sabemos quién es él. Así que deberemos seguir la acción más conveniente...-Menciono con seriedad el mayor. Mientras veía como aquellas cartas volvían a su origen. El pecho del menor. Sellándose una vez más en el mismo.

-Entiendo... Estaré al pendiente de esto mi Señor-Aviso aquella curandera, mientras se acercaba al peliblanco. Sentándose en la silla a un lado de la cama de reposo.

-Sí. Te lo encargo... Deberé atender algunas cosas antes de volver aquí...-Dijo Elifas antes de encaminarse a la puerta. Sosteniendo su cabeza. Pues un leve dolor le había atacado. ¿Por qué? Mmm. Era mejor no pensar en ello.

Ana le vio salir con lentitud. Antes de mirar a su paciente. Todo era tan extraño.


Esta vez los tres invasores pudieron observar cómo es que el otro Astral apenas despertaba. Dejando ver una vez más sus ojos heterocromos. Los cuales miraron el techo, antes de voltear a ver a la Dama sentada a su lado. La cual escribía al parecer notas en algo que él no entendía.

-¿Quien...?-Pregunto. Aguantando el dolor de su cabeza. Llamando la atención de la fémina.

-Oh. Veo que despertaste... Buenos días has dormido bastante. ¿Sabes dónde te encuentras? ¿Logras reconocer algo?-El peliblanco negó, suavemente-Entiendo. Está bien, déjeme presentarme. Soy Ana, la curadera Real del Mundo Astral... Estas en el ala médica del Palacio. El mismo Rey te trajo hasta aquí. Ya deberías haberlo visto...

-...Yo... No lo recuerdo...

-Está bien. Está bien. No te esfuerces. No quiero que colapses otra vez... Pero antes de eso. ¿Recuerdas algo? Por ejemplo, Dónde vives, con quién estabas antes de estar en esta situación, la cuidad de tu procedencia... Algo así...

-...-El menor pareció pensarlo. Mucho. Antes de volver a negar- No... No puedo recordarlo... Pero...

-¿Pero?...

-Mi nombre... Mi nombre es Astral... Yo... Es todo lo que recuerdo...

-Ya veo...-Ana paso a sentirse en un laberinto. Eso no los llevaba a nada. Bueno quizá a saber cómo llamarlo, pero hasta ahí- Avisaré que estas despierto. Quizá si ves a quién te salvo puedas recordar algo...

-...-Astral paso a mirarla antes de asentir con ligera duda. ¿Qué estaba pasando? ¿Quién era y por qué estaba ahí? ¿Paso algo más antes de...? ¿De qué? Su mente comenzaba a dar vueltas una vez más. Así que negando con suavidad fue que se detuvo. No iba a llegar a nada si terminaba por forzarse. Ana salió de la habitación. Dejando solo a su paciente. Quién solo miraba de manera vacía al techo.

¿Por qué le era familiar todo aquello?

Unos minutos más pasaron antes de escuchar como la puerta se abría. Dejando entrar al Rey del lugar, así como a la curandera. Seguidos de un par de soldados. Dándole un aligera desconfianza al menor. El cual paso a estar sentado en la cama. Mirando fríamente a los recién llegados.

-Un gusto volver a verte... ¿Me recuerdas?-Saludo Elifas. Acercándose al peliblanco. Quien le miraba de manera extraña.

-...Eres el Rey... Eso me dijeron...

-Sí... Si lo soy... ¿Recuerdas algo más? ¿La manera en la que te encontré? En dónde te encontré... ¿Recuerdas nuestro encuentro?-Volvió a interrogar al menor. Quien termino de nueva cuenta por negar. Hartándose un poco de tantas preguntas cuando él no podía recordar absolutamente nada. Elifas lo noto. Así que cambiando su estrategia fue que volvió a cambiar sus interrogantes- Esta bien. Está bien. No te esfuerces... Entonces ¿Puedes decirme cómo te llamas?

-...Astral... Mi nombre es Astral...-Un ligero escalofrío recorrió de nueva cuenta aquel Rey. ¿Por qué le sonaba tan familiar?

-Y-Ya veo... Bueno. Bienvenido al Mundo Astral, Astral... ¿Tienes dónde quedarte? -El menor negó. Rodando sus ojos discretamente ante una pregunta tan... Tonta a su parecer- En ese caso. ¿Por qué no pasas tu tiempo en el Palacio? Quizá recuerdes algo...

-...-El mencionado dudo. Más al ver la media sonrisa que trataba de regalarle el mayor fue que termino por aceptar aquella oferta. Después de todo. Ni si quiera recordaba si tenía o no un hogar... Así que por ahora estaba bien...- Esta bien... ¿Qué deberé hacer a cambio? -Cuestionó queriendo saber cómo pagara su nueva deuda. Impresionando momentáneamente al Rey. Quien solo negó.

-No. No te preocupes por eso ahora... Concéntrate en recuperarte... Ya veremos después que sucede...

-...Como diga...-Fue la respuesta corta de Astral.

Mientras los tres espectadores solo observaban en silencio. Yuma pasando a abrazar a Astral. Quien le tomo con suavidad. Pasando sus manos por su cintura. Deteniéndose por un momento en el vientre del mismo. Acariciándolo. Tomando fuerza para lo que presentía que venía. Mientras Elifas pasaba a cambiar su semblante poco a poco. La tristeza y la culpa inundando sus ojos.


El peliblanco que apenas sabía su nombre. Con el paso del tiempo, aprendió todo lo que podía de aquel nuevo Mundo que le abría las puertas. Se le fue asignada una habitación. Al igual que un pequeño espacio para sus estudios. Lo cual le agrado. Ayudándole a asentarse en el lugar. Libros iban y venían. Tantos tomos que desaparecían y volvían a la biblioteca días después. Notas eran esparcidas por la habitación del menor, así como en su pequeño despacho. La tinta era derramada en el escritorio y en lugares que parecían insospechados. Conocimiento nuevo fue lo que ocupo su cabeza y tiempo. Comenzaba a desenvolverse con las personas de a su alrededor. Las cuales amablemente le explicaban o atendían en cosas que él no entendía. De esta manera empapándose de la cultura y las ideologías de la sociedad en la que se veía envuelto.

Las tradiciones siguieron después. Elifas le permitió ir a los festivales o a las distintas celebraciones. Entusiasmándolo. Pues ahora él era un ser muy conocido. Querido y amado a partes iguales. Pues sus conocimientos ayudaban a los demás a resolver problemas que les mortificaban desde hace mucho tiempo.

Así, una vez pudo adaptarse a su alrededor. Fue que otras áreas comenzaron a llamar su atención. Entre ellas el uso de las armas y los duelos. Lo último motivándolo a más no poder. Esto atrayendo la atención del Rey. Quien veía esto con buenos ojos. Quizá era una buena oportunidad para hacerle recordar algo con la ayuda de una buena espada.

La cita surgió después. Una en el campo de entrenamiento al aire libre. Ambos hombres portando una espada y armadura ligera que pudiese ayudarles a la primera lección del más bajo.

-Veo que te sientes cómodo Astral...-Menciono Elifas, en un tono amable. Atrayendo la atención del menor. Quien paso a verle, dejando de mover su espada a los lados.

-Sí... Lo estoy... Por alguna razón...

-En ese caso... ¿Comenzamos?-Cuestiono colocándose en una posición de ataque. Notando como el cuerpo del otro reaccionaba a esto. Tomando una posición similar. Aun cuando el apenas le hablo de lo básico. ¿Astral ya había recibido un entrenamiento? Sí era así. ¿De quién?

-Adelante... -Fue lo único que mencionó el menor antes de que el filo de las espadas sonara por toda la zona. El choque viniendo después.

Ambos hombres forzaron las espadas. Empujándose mutuamente antes de despedir al otro. Alejándose con brusquedad. Levantando el polvo por la fuerza puesta en sus pies al detenerse.

-Nada mal...-Felicito el mayor. A lo que Astral solo asintió.

Ambas espadas volvieron a bailar en un vals que solo ellos parecían comprender, lanzándose una vez más en contra del otro. Haciendo nacer un nuevo choque entre los metales. Atrayendo la atención de los Soldados de alrededor. Los cuales parecían formar un círculo al ver tal entrenamiento del Rey con el chico sin memoria. El origen de las cartas número. Como decidieron llamarle. Pues era lo que el peliblanco usaba al momento de aprender a tener un duelo.

Miradas heterocromas se encontraron una vez más. Una retando a la otra. Una nueva estocada del mayor hizo retroceder al otro. Quien de inmediato contraataco, saltando hacia atrás en una acrobacia, mientras su espada se dirigía a encontrarse con la otra. Ocasionando un nuevo choque entre los metales. Haciendo sonar el filo de las armas. Esto emocionado por alguna razón a los soldados que veían esto.

Astral retrocedió un par de pasos. Alejando su arma, atrayéndola hacía él. La cual volvió a lanzarse momentos después a su contrincante. Provocando un leve corte en la mejilla contraria. Esto ocasionando gritos de apoyo por los soldados. Elifas paso a separarse un poco más antes de dar un contraataque. Esta vez logrando golpear al peliblanco en su estómago con el mango de su espada. Haciéndolo retroceder por el dolor. Mientras un pequeño hilo de sangre salía por la comisura de sus labios.

Esto ya era un reto entre ambos. Astral escupió parte de su sangre antes de lanzarse de nueva cuenta a su rival. Quien le recibió con una sonrisa. La parte Guerrera reluciendo en ambos. Mientras los soldados comenzaban a apostar por un ganador. Pues no todos tenían la fuerza para lograr hacer sangrar al Rey. Y que un chico de corta edad lo lograra solo era muestra de su poder.

El metal volvió a sonar. Un choque tras otro. Ambos danzando en un baile de espadas. Las cuales comenzaban a agregarse sin que se dieran cuenta. Astral dio un salto. Alzándose por encima de su contrincante. Acomodando su espada para dar un nuevo ataque. A lo que Elifas hizo lo propio moviéndose en sincronía con su arma. Apuntándola en dirección del menor. Quien ya se dirigía a él en un movimiento rápido y preciso.

Ambas espadas al final chocando con fuerza. Rompiéndose al poco tiempo. Lastimando a ambos hombres que las empuñaban. Terminando de esta manera el encuentro amistoso. Un empate hizo que a solo un soldado se le pagara lo que se acordó.

-Nada mal niño... ¿Acaso recibiste entrenamiento antes?-Cuestiono Elifas. Acercándose al peliblanco. Estirando su mano para saludarlo a son de respeto.

-...-Astral le miro antes de imitarle. Sonriendo tenuemente- No lo sé Señor... Pero... Me alegraría si así fuese...

-Supongo no puede hacerse nada ante tu falta de memoria... Pero eso no deja que esto sea una buena batalla... Felicidades muchacho... ¿No has pensado en unirte a las fuerzas Astralianas?-Cuestiono una vez dejo de tomar su mano. Caminando en dirección a la armería. Siendo seguido del menor. Quien solo negaba ante la pregunta. Los soldados yendo a seguir con su entrenamiento.

-No Señor... No lo he considerado...

-Bueno deberías, no es tan-Menciono Elifas antes de ser abruptamente interrumpido por uno de los comandantes a cargo de las fuerzas Astralianas. El cual llegaba corriendo ante él con su rostro lleno de angustia y temor.

-¡Mi señor el Mundo Varian nos acata!-Esto siendo algo que fue escuchado por los presentes. Quienes pasaron a alarmarse.

-¡¿Qué dices?!-Exclamo con sorpresa y angustia el mayor. Mirando de manera nada amable a su comandante. Quien no se intimido. Siguiendo con su explicación.

-¡El Mundo Varian nos Ataca! ¡La frontera Min y sus defensas ya han caído! Nos he llegado un reporte del líder del ataque, es alguien conocido como Don Milenario. ¡Es todo lo que tenemos al momento! Debemos movernos mi Señor.

-Entiendo...-Fue la respuesta corta que dio antes de dirigirse al menor- Tendremos que hablar después... Piensa bien lo que harás... Nos vemos...-Se despidió, siguiendo a su comandante. El cual ya llamaba a los soldados reunidos. Dejando atrás al peliblanco. Quien miro su espada rota antes de volver a mirar al Rey.

-Yo... ¿Qué es lo que debería hacer?... ¿Estará bien si yo...?-Sus palabras cortándose antes de sentir un leve dolor en su cabeza- Será mejor pensarlo con calma... Antes de que esto empeore...-Menciono, antes de adentrarse al Palacio. Encaminándose a su habitación. Sin importar si llevaba aun la armadura y aquella espada. ¿Por qué se sentía tan mal? ¿Por qué sentía que esto no debería pasar? Y mucho menos que él no debería siquiera tener una espada en sus manos.... ¿Qué estará pasando? ¿Qué habrá pasado?

Los tres espectadores solo observaban en silencio. Notando como el escenario volvía a cambiar. Una nueva perspectiva era obtenida.


Astral estaba en su habitación. Recostado con sus ojos cerrados. Mientras trataba de que el dolor de cabeza pasara rápidamente. Sus sienes punzando con fuerza al igual que un eco en sus oídos. Uno realmente confuso. Pues podía distinguir gritos entre otras cosas. Como si estuviese en medio de un campo de batalla. Rugidos de monstruos era lo que más predominaba. ¿Qué significaba aquello? Trato de moverse a una nueva posición. Sin embargo, por más que quería aquel martirio no paraba.

Sus manos pasaron a estar en sus oídos. Tapándolos con desesperación. ¿Por qué no podía acallar esas voces? Esos gritos desgarradores. ¿Acaso era algo de su pasado? ¿Un recuerdo latente que quería salir? ¿Para qué? Sus dedos apretaron su cabeza en un intento vano de parar todo. Hasta que en un cierto punto aquello se volvió insoportable. Su duda siguiendo ahí. ¿Qué es lo que debería hacer?

Comenzó a pararse de aquella cama. Aún con sus ojos cerrados. Comenzando a dar ligeros pasos hacia la salida. Necesitaba ayuda. Sino hacía algo, bien podría explotarle la cabeza. Uno, dos, tres, fue lo que conto antes de caer al suelo. Inconsciente. Sangrando levemente de sus oídos. Una carta saliendo de pronto de su pecho. Una que conocían bien al menos dos espectadores. El número 96 reflejándose en la imagen. La cual comenzó a brillar. Cambiando el escenario.


El tiempo pareció avanzar. Mientras los espectadores ahora observaban como Elifas regresaba triunfante de la primera batalla. Cerrando la frontera para que no se causara más daño.

Los damnificados habían sido movidos de ese lugar, mientras que los soldados heridos volvían ayudados por los demás. Sus semblantes siendo cabizbajos. Cansados. Aún alertas por tan repentino ataque. Pues ahora todos sabían lo que aquello significaba. Un ataque a una nación o un Reino siempre a carreaba la Guerra. Y eso era algo que estaba por comenzar. Ese fue un llamado a la lucha. Uno realmente contundente.

Elifas dio un suspiro ante el nuevo panorama ante él. ¿Qué es lo que debería hacer? ¿De verdad debe mandar a sus hombres al frente? Sabía que debía defender a su Reino. Pero... Eso significaba demasiadas cosas. ¿De verdad tenía que mancharse las manos con la sangre de inocentes? Cerro sus ojos por un momento. Quizá debía decirle a Astral que se mantuviese lejos de aquello. Al menos hasta que el conflicto pasara... Él era muy joven aún para presenciar tanto caos y crueldad.

El camino de regreso al Palacio fue largo. Muy largo. Sin embargo, no fue eterno como algunos de sus hombres pensaban. Al llegar fueron recibidos con los mayores honores por parte de los sirvientes y ciudadanos. Admirándolos y compadeciéndolos en su deber. El mayor paso entonces a Ena todo lo que se debía hacer. Desde el conteo de sus hombres hasta los preparativos siguientes ante una Guerra sin aviso. Permitiéndose descansar ante algo que no sabía cómo terminaría por afectar a su Mundo. Ana le atendió personalmente. Yendo hasta su habitación. Curándole en todo lo que podía, dejándole recostado. Con varias vendas en su cuerpo.

Elifas paso su mirada al techo de su habitación. Tratando de relajarse al menos hasta que la puerta fue tocada con suavidad. Extrañándolo por un momento, pues aquel toque no podía distinguirlo. Era nuevo. Muy educado a su parecer. Así que dando una señal para que, quien fuera que quiera verlo, entrara. Topándose entonces con un chico de cabello blanco. El cual le miraba de manera seria.

-Astral...-Menciono sorprendiéndose de ver al menor ahí- Es... Todo un honor tenerte en mis aposentos... ¿En qué puedo ayudarte?-Cuestiono una vez vio como el mencionado cerraba la puerta detrás de sí. Acercándose a él. Tomando asiento en la orilla de la cama.

-...¿Te duele?-Fue lo primero que pregunto el peliblanco el ver los vendajes en el cuerpo del mayor. Quien le miro antes de sonreír levemente. Negando con su cabeza.

-No... Bueno, ya no duele tanto... Gracias por tu preocupación. ¿Pasa algo? ¿Qué te ha traído hasta aquí?

-...-El menor paso su mirada al techo de la habitación. Mostrándose un poco ajeno a su alrededor. Manteniéndose así al menos unos minutos. Provocando que Elifas se preocupara. Más antes de volver a preguntarle si estaba bien. Fue que el peliblanco volvió a hablar- Yo... Por alguna razón he recordado algo...

-¿Recordar?...

-Sí...-Asintió, mirando de regreso al mayor. Quien le miraba expectante. Esperando a que hablara- No se los detalles. Mucho menos si el lugar mostrado ante mi existió. Pero... Siento que ya estuve antes envuelto en muchas peleas... Bastantes...-Menciono mientras acariciaba su pecho. Recorriendo sus cicatrices, las cuales no eran visibles a simple vista. Pues su piel ayudaba a ocultarlas. Aún más con su brillo innato en él. Asombrado al mayor. El cual paso a sentarse más cómodamente. Recargándose en la cabecera de la cama.

-¿Qué tanto recuerdas?-Fue lo siguiente que cuestiono Elifas. Atrayendo la atención de Astral. Quien suspiro. ¿Cómo es que iba a contarle aquello que ni siquiera él sabía que era?

-No mucho realmente...

-Bueno... Por algo deberá iniciarse ¿No lo crees? Además, son los primeros recuerdos que recibes de tu mente... Así que, ¿Qué tan malo puede ser?

El menor vio, al contrario. Quien le sonreía tenuemente ante sus palabras. Así que confiando en él fue que le correspondió. Pues era cierto. ¿Qué tan malo podía ser?


Lo siguiente que pudieron ver los espectadores fue la preparación de Astral para ser todo un Guerrero en batalla. Aun cuando su altura ni siquiera llegaba a ser la adecuada para entrar a las fuerzas del Mundo Astral. Mientras Elifas se mantenía detrás de él. Señalándole todo lo que debía hacer y recorrer. Entrenándolo para ser el arma perfecta que podría salvar al Reino.

Pues aquella noche en donde el menor le abordó, fue que sus esperanzas crecieron al igual que su desesperación. Pues el peliblanco revelo un arma que podía salvarlos y poner fin al conflicto que apenas iniciaba.

Astral reveló la existencia del Código Numeron. La carta definitiva. La carta que los salvaría de la destrucción.

Así que tomando en contra de su voluntad al menor. Fue que comenzó con su adiestramiento para hacerlo mucho más fuerte. Mucho más sabio. Mucho más que solo un adolescente con la mirada perdida. Ese fue su primer pecado. Ese fue el momento en que había decidido que el peliblanco mancharía sus manos. Por el bien del Reino.

Astral daba golpes sin parar ante el nuevo campo de batalla. Uno realmente insano. Tan caótico que cualquier persona sin el entrenamiento adecuado podía caer con facilidad. El polvo alzándose ante los movimientos que daba al mover su espada y disco de duelo al compás, derribando sin más a los soldados enemigos. Mientras salvaba a uno de los suyos. La sangre manchándolo de a poco. A la vez que su mirada perdía el brillo característico de la inocencia. Asustando a partes iguales a quienes le veían.

El universo. El cielo. La tierra. Y los mares llorando ante su perdida. Ante el nacimiento de Astral como Guerrero. Uno que fue escalando hasta llegar a ser el líder de las fuerzas que hoy conforman el ejército más poderoso de los Mundos gracias a él. Y un muy riguroso entrenamiento.

Elifas veía esto desde las sombras. Atormentándose por ser un ser cruel. Por sacrificar a un joven por el bien de todo un Mundo. Esto empeorando cuando aquel llamado Don Milenario se atrevió a atacar el Palacio sin más. Llevando con sigo a supuestos Emperadores que devastaron el sitio. Los cuales arrebataron cientos de vidas Astralianas. Donde se perdieron un sin fin de vidas Varians. La Guerra estando a su máxima capacidad. Los daños colaterales siendo lo más duro para enfrentar.

Elifas entonces solo tuvo que hacerse a un lado. Dejando que aquella arma se enfrentara a ese ser. Pues él no tenía el poder suficiente para detenerlo. Odiándose por ello. El duelo fue elegido por ambos. La carta triunfo se puso en juego. El destino de los Mundos comenzó a tambalear. El universo pareció rugir ante lo que estaba por acontecer.

Monstruos de duelo eran llamados casi sin parar. La luz luchando en contra de la oscuridad. Mientras él solo podía limitarse a observar. Rezando que todo aquello saliera bien. Rezando para que todo terminara. Rezando por el perdón de aquellas manos que ahora portaban una espada. Aquellas manos ahora manchadas en sangre.

Un empate. Eso fue el resultado final del encuentro. Dejando mal parados a ambos participantes. Los cuales salieron despedidos lejos del otro. Uno cayendo duramente en el suelo de las calles cerca del Palacio. Mientras el otro cayo a través de un portal a su propio Mundo. El cual de inmediato fue cerrado con la ayuda de los sobrevivientes. Dando pausa por ahora a la interminable Guerra. La cual ya estaba dejando secuelas duras en ambos Mundos.

Los heridos fueron atendidos. Los caídos fueron llorados y dejados partir en estelas de luces al mismo universo. Mientras el mayor se lamentaba. La Guerra estaba tomando demasiado de ellos. Y Astral mismo era la prueba viviente de ello. Ojalá alguien parara este infierno.


Un nuevo panorama se abrió ante los espectadores. Los cuales no decían palabra, sin embargo, Yuma abrazaba cada vez más fuerte a su amado. Temblando ante lo que veía. Dolido por ver lo que Astral paso. Pero también admirando ese temple que siempre le caracterizaba. Ahora entendía por qué a veces podía ser tan frío como un témpano de hielo ante las situaciones peligrosas. El mayor por otro lado solo se limitaba a apretar sus labios. Aferrándose a su prometido. Conteniendo la tristeza dentro suyo. Pues ahora lo recordaba. Había perdido tanto sin darse cuenta. Elifas cerro sus ojos. Claramente decepcionado de sí mismo.

El ambiente paso a ser tranquilo. Las batallas disminuyeron, pues el Mundo Astral había cerrado sus puertas a las demás dimensiones. Así que ahora los habitantes podían vivir más o menos en paz. Callando ante lo que su ahora estricto Rey decía. Pues era quien les cuidaba ante lo que era esa horrible Guerra. Mientras Astral pasaba a tener un tiempo libre. Uno realmente necesario.

Paseaba cerca de aquel acantilado que tantas veces visito antes con el fin de recordar algo. Sin realmente tener éxito en ello. Cuidando a sus mascotas que se asemejaban a los perros o a los lobos. Su piel siendo de color azul oscuro. Mientras sus ojos solo mostraban un hermoso color verde esmeralda. Marcas cubrían sus cuerpos. Como si imitaran a su dueño.

Astral pasaba de un lado a otro. Observando la naturaleza muerta del lugar. Entristeciéndose por las consecuencias de aquella Guerra. Hasta que fue sacado de su ensoñación gracias a un rugido de una de sus mascotas. Alertándolo de algo.

-¿Pasa algo?-Cuestiono al animal. El cual le señalaba algo con su cabeza.

Astral entendió estas señales. Así que, atendiendo al pedido de su mascota, fue que se acercó con disco de duelo preparado para lo que fuese a surgir. Encontrándose con lo más bello que alguna vez pudo imaginarse.

Pues a lo lejos, cerca del acantilado. La flora y la fauna volvían a crecer. Mientras en el centro del lugar se encontraba una criatura jamás vista. Una que se asemejaba a un niño Astraliano. Discrepando en el color de su piel, pues esta era de un color no antes visto. Mientras sus ropas eran realmente extrañas. Al igual que su cabello. Uno en punta hacía arriba. El color negro y rosa siendo el tono.

-¿Que es...?-Fue lo primero que quiso saber. Acercándose lentamente a la criatura. Siendo detenido en seco por el movimiento del mismo. El cual paso a abrir sus ojos. Un hermoso color rubí llamando poderosamente su atención.

Blanco y dorado chocando de pronto con el rubí.

Un escalofrío recorrido a la pareja espectadora. ¿Acaso ellos... Ya se conocían?

¿Qué estaba pasando?