Los espectadores vieron como es que el tiempo volvió a pasar sin más. Cambiando el paisaje a la velocidad de la luz, dejándoles en un nuevo día. Uno que recién comenzaba. Pues los sirvientes como siempre en su rutina, iban y venían en todas direcciones, atendiendo sus deberes y labores. Una sonrisa adornando sus rostros. El ambiente siendo ameno. Nerans y Astrales juntándose en un ritmo de vida bastante placentero y confortable. Ayudándose mutuamente en lo que fuese. El Reino encaminándose a un futuro realmente bueno y sin duda brillante. Chicos y grandes notando al ver como es que el Rey y el Reina se movían para lograrlo. Los cuales justo ahora se encontraban en una junta bastante importante, dejando a su hijo Astral dormido en la habitación de ambos, aprovechando el consumo de energía más demandante que pedía el crecimiento del mismo. Cerrando la puerta con seguro en caso de que despertará y no fuese a lugares peligrosos.

Por ello, dentro de la gran habitación. En la cama matrimonial, se podía ver a un niño de al menos cuatro años de edad. Sus ropas siendo acorde a su crecimiento. Una pequeña túnica cubriéndole casi en su totalidad. Así como la sabana que dulcemente acomodo su madre para que no pasara frio o alguna molestia. Un peluche de un extraño caballo siendo el complemento perfecto para la bella escena. Sacando suspiros de las espectadoras y el embarazado.

Su respiración regular y lenta ayudaba a saber el estado de sueño. El cual parecía ser profundo. Al menos hasta que removió un poco su nariz, señal de que un estornudo se aproximaba. Saliendo a los pocos segundos. Esto siendo el motivo para que mostrara de nueva cuenta sus lindos ojos heterocromos. El sueño aún ganándole por segundos hasta que se sentó en la cama, cayendo de nueva cuenta en ella, removiéndose una vez más. Buscando alguna otra posición para dormir. Molestándose cuando el dulce sueño fue interrumpido. Volviendo a abrir sus ojos. Frunciendo su seño en un adorable puchero.

-Quiero dormir...-Susurro en modo de queja. Mirando a su alrededor en busca de sus padres, asustándose un poco cuando no los vio. Consiguiendo despertar de esta manera- ¿Papi? ¿Mami?-Llamo. Quitándose la sabana, bajando de la cama. Dando un par de pasos alejándose del lecho- No están...

El pequeño niño pareció entristecerse ante lo que pasaba, donde sus amorosos padres no estaban junto a él. Llenando sus ojos de lágrimas, hasta que negó con fuerza, limpiando sus ojos con el dorso de su mano, mirando con decisión la puerta que estaba justo a unos metros de él. Armándose de valor, asintiendo un par de veces antes de caminar hasta la misma. Topándose después con la madera, mirando el picaporte a una altura considerable.

Alzo una de sus manos, consiguiendo de puntitas agarrar la manija, tirando de ella para poder abrir la puerta. Fallando en varios intentos. Logrando hacerlo enojar al no conseguir su objetivo. Su seño volviendo a fruncirse, posando una de sus manos en su mentón después. Imitando a su padre, pensando en como salir de ese lugar. Encontrando la mejor opción en segundos. Logrando hacerlo sonreír de manera triunfante. Sus manos una vez más dirigiéndose a la manija, esta vez sin querer tocarla, brillando tenuemente en una bella luz blanca. Escuchando un click, poco después. La puerta abriéndose a los segundos. Esto siendo un logro para el infante.

-¡Lo logre!-Exclamo saliendo del lugar, mirando a los lados antes de dirigirse a uno de los pasillos con felicidad, corriendo con ligera prisa, al menos hasta que recordó que había dejado su peluche en la cama, regresando por el con rapidez antes de volver a tomar su camino. El cual sabía lo llevaría a donde quizá estaban sus padres. Sin notar que al dar la vuelta en una esquina, era el camino contrario a tomar. Yéndose a otra dirección sin querer. Adentrándose sin saber aún más al Palacio.

Sirvientes le veían y le saludaban. Sin percatarse la situación del infante, quien solo saludaba de regreso. Siguiendo su camino, al menos hasta llegar a pasillos más vacíos, en donde muchas mas vueltas tenían que darse. Encontrándose con un verdadero laberinto. Astral se puso ligeramente nervioso al no reconocer el lugar, más apretando a su amigo contra su pecho fue que asintió con fuerza. Avanzando una vez más antes de toparse con un camino sin salida. Una pared estorbando en su camino.

-¿Dónde? ¿Por qué hay una pared aquí?-Cuestiono. Mirando a su alrededor. Dando media vuelta sobre su eje. Encontrándose con un pasillo vacío. El silencio espantándolo de repente. Al menos hasta que escucho su nombre.

-Astral...

Era una voz suave. Realmente bella a sus oídos. La cual bien parecía que le ayudo a controlar su miedo y terror al verse solo. Suspirando una vez antes de volver a mirar a sus lados en busca de el origen de aquella voz. Haciendo sentir extraños a los espectadores que, realmente no escuchaban nada.

-¿Quién eres?...

- Ven Astral...

Aquel niño entonces miro a sus espaldas, topándose de nueva cuenta con la pared. La cual ahora dejaba salir por una de las rendijas que tenía una bella luz roja. Llamando la atención del infante, quien pareció estar hipnotizado por la misma. Estirando una de sus manos para tocarla. Siendo detenido de la nada por la voz preocupada de sus padres, quienes venían corriendo a lo lejos.

-¡Astral!/¡Cariño!

Aquellas exclamaciones despertándolo de su ensoñación. Notando que no había alguna luz roja saliendo de la rendija de la pared. Sintiendo pocos segundos los brazos amorosos de su madre, quien le examino a detalle antes de besar sus mejillas.

-Cariño, ¿Dónde estabas? Estuvimos buscándote en todos lados. Si no fuese por los sirvientes que te vieron antes no hubiésemos dado contigo tan rápido. ¿Qué estabas haciendo aquí?-Preguntó, acercandose a su esposo. Quien le quito al infante para abrazarlo también, otorgando caricias toscas pero cariñosas.

-Es verdad Astral, estábamos preocupados. ¿Cómo llegaste hasta aquí?-Cuestiono también Elifas. Mirando a su hijo.

-Yo... No lo sé... Perdón-Se disculpo el niño. Abrazando a su peluche. Bajando su cabeza en señal de culpabilidad. Logrando que sus padres solo suspiraran antes de sonreír, alejándose del lugar.

-Esta bien... Solo, para la otra pide ayuda a un sirviente o algún Guardia, ¿Esta bien cariño?-Menciono aquel madre, tomando del brazo a su esposo. Recargándose en él. Antes de recordar un detalle- Aunque... Espera, ¿Cómo es que saliste de la habitación en primer lugar?-Cuestiono de nueva cuenta a su hijo, el cual sonrió de manera nerviosa antes de ocultarse detrás de su peluche- ¡Astral!

Elifas dio una sonora carcajada antes de negar levemente. Sintiendo una bella calidez en el pecho. Sintiéndose bendecido por su pequeña familia y su constante felicidad. Si ese era un sueño, no quería despertar jamás. Ambos padres volviendo a dirigirse fuera de aquel lugar, en donde una neblina paso a cubrirlo. Aquel laberinto volviendo a estar de pie. Dejando un atisbo de curiosidad en el menor. Quien solo miro hacia atrás cuando su padre le recargo un poco más en su brazo. Escuchando una vez más aquella voz llamándole.

- Astral...


El tiempo pareció volver a avanzar. Esta vez mostrando a los polizones un nuevo escenario. Uno en donde se hallaba la biblioteca Real de Palacio. Cientos de estantes de gran tamaño dejando relucir libros y tomos de distintos colores y saberes. Cada sección ordenada como era debido, así como la luz regulada y distribuida en todo el lugar, dando un hermoso aspecto a primera vista. Un toque mágico viniendo después al ver a los sirvientes acomodar cada libro antes usado ocupando su magia. Ganándose viarias expresiones de los espectadores. Y justo en medio del sitio, debajo de un bello candelabro, en una hermosa sala de estar, se podía distinguir a el Reina y a su hijo. Quien parecía leer entusiasmadamente un tomo de pasta gruesa. Para orgullo de su madre. El cual parecía imitarle, solo que su libro mostraba varios símbolos de hechizos. El ambiente siendo ameno. Al menos hasta que una de las Guerreras se acerco a su Señor. Dando una reverencia.

-Aren-sama, los preparativos han quedado listos...-Aviso. Una sonrisa emocionada adornando su rostro.

-Oh, Han. ¿Cómo has estado? ¿Todo a quedado listo entonces?-Cuestiono, dejando por un momento de lado aquel libro, el cual fue tomado de inmediato por el infante, lleno de curiosidad.

-Así es su Majestad. Todo ha quedado como lo han ordenado. Sé que incluso con su planificación quedará listo para...-Han desvió su mirada al menor, quien paso a entretenerse con el libro de su madre- Ese día, jajaja- Rio de manera nerviosa. Casi por dejar salir aquella pequeña sorpresa para el infante. Ganando una mirada aliviada del Reina. Quien solo suspiro. Asintiendo.

-Entiendo, iré en unos minutos... Puedes retirarte Han-

-Como ordene mi Señor-Aquella Guerrera se retiro. No sin antes dar una nueva reverencia y una dulce caricia a su Joven Amo. El cual solo agito su manita a manera de despedida.

-Bueno, ya lo has escuchado Cariño... Necesitan a mamá en otro lado. ¿Puedes quedarte aquí sólo unos minutos? Prometo no tardarme. Algunas sirvientas estarán a tu cuidado-Aviso Aren a su hijo, el cual asintió sin despegar la mirada del libro grueso.

-Sí Mami...-Fue la corta respuesta. A lo que Aren solo suspiro. Confiado en que su hijo era un ratón de biblioteca como él. Así que asumiendo que todo estaría bien, fue que se levanto de su lugar, dirigiéndose a la salida. No sin antes dejar un montón de instrucciones a las sirvientas asignadas al cuidado del Príncipe. Recalcando el no dejar ni apartar la vista del infante.

Las sirvientas solo asintieron, mirando como es que Aren salía del lugar, siendo escoltado por Rem, quién ayudo en la sorpresa para el más pequeño, cerrando la puerta pasado un minuto. Las féminas dando una reverencia unánime, antes de regresar su vista al sillón, percatándose rápidamente de la falta de aquel a quién tenían que cuidar. Causando un gran alboroto en menos de un segundo.

-¡A-Astral-sama!

-¡Príncipe!

-¡Joven Amo!

-¡Que alguien nos ayude!

Fueron los gritos principales de las sirvientas, las cuales miraron a su alrededor con insistencia, buscando al mencionado. Quien sin saber, estaba caminando entre los estantes más profundos de la biblioteca, buscando algún libro como el de su madre. Queriendo imitarlo. Dejando atrás a las damas que comenzaban a correr en su búsqueda. Cayendo en cuenta de la primer orden desobedecida sin querer.

Era cierto. No podían dejarlo solo. Mucho menos quitarle la vista de encima.


Los minutos pasaron para el infante, quién siguió con tranquilidad su camino. Llevando aquel libro que pertenecía a su madre, abrazándolo al verse rodeado de pronto por el silencio. Notando como es que volvía a perderse como hace una semana atrás. Sin llegar a encontrar lo que realmente quería. Ocasionando que sus ojos se llenaran de lágrimas por la frustración. Sobresaltándose de pronto al escuchar una vez más aquella voz melodiosa.

- No llores Astral...

-¿Eh? ¿Quién es?-Cuestiono. Limpiando sus ojos con brusquedad. Mirando a su alrededor. Topándose de pronto con una bella esfera de energía color roja. La cual le recorrió con rapidez, agitando sus ropas, haciéndole cosquillas- Jajaja, basta... -Aquella esfera solo se detuvo, pareciendo mirar de alguna forma al infante, antes de acercarse una vez más a él, muy cerca de su oído.

- Ven Astral... Juguemos juntos...

-¿Jugar? ¿Por qué?

- No estés triste... Vayamos a jugar... Vamos... Sígueme...

-Pero...-El peliblanco quiso negarse. Al menos hasta que aquella esfera pareció querer enséñale un camino, abriéndose paso entre los estantes. Mostrando en uno de ellos el libro que tanto buscaba- ¡Ah! ¡Lo encontraste! ¡Gracias!-Agradeció, levitando hasta el lugar indicado, tomando aquel libro de pasta oscura- Mi mami dice que no vaya con personas que parezcan malas, o con extraños. Pero... No pareces ser mala...

Aquella luz solo revoloteo a su alrededor, como si estuviese feliz de escuchar aquellas palabras. Volviendo a hablar mientras Astral bajaba una vez más al suelo.

-Vamos Astral... Ven conmigo...

-...Entiendo... Esta bien. Pero promete que no tardaremos mucho... Mi mami y mi papi pueden asustarse si no me ven...-Menciono el infante. Dejándose guiar con entusiasmo por aquella esfera que le mostraba un camino lleno de pasajes ocultos. Alejándolo de la vista de los curiosos. Lejos de las sirvientas que recorrían una vez más el lugar, buscándolo, gritando su nombre con preocupación y miedo al no verle.

Los pasadizos que el niño cruzó estaba oscuros, llenos de polvo que parecía ser del mismo universo, esto siendo aprovechado por la esfera, que, al brillar naturalmente pasaba cerca del suelo, levantando un poco del mismo. Dando al ambiente tenebroso otro enfoque, uno realmente bello y mágico. Alegrando al peliblanco, quien aun cargaba con ambos libros. Apretándolos fuertemente contra su pecho, sintiéndose emocionado al descubrir cosas nuevas.

Escaleras y demás pasillos y vueltas fue lo que se encontró el menor, antes de llegar a lo que parecía un bello Edén en cristal de distintos colores y texturas. Siendo recibido en una habitación en donde pareciera que los cristales nacían naturalmente hacía arriba o abajo, o en extrañas posiciones, señalando sutilmente un camino a seguir. Uno en donde había un poco de agua, la cual tenía una luminiscencia innata. Esta llegándole a sus talones. Provocando que diera varios saltos para jugar un momento en ella antes de que la esfera volviese a llamarlo. Continuando guiándole, dirigiéndolo aún más profundo en aquel lugar.

-¿Dónde es que estamos? Este lugar es bonito. Aunque no tanto como mi mami... O mi papi... ¿Por qué vinimos hasta acá?-Cuestiono Astral. Aún caminando con tranquilidad, mojándose sus túnicas y zapatos.

- Es mi hogar...

-¿Tu hogar es aquí? Me parece un poco incómodo... ¿Tienes papás?

- No los necesito...

-¿En serio? ¿Eres un adulto?

- No puedo entrar en esa categoría realmente...

-¿Qué es una categoría?

- Es una serie de agrupaciones en donde puedes diferenciarlos por sus características...

-Oh... ¿Qué es una...?-El infante quiso seguir preguntando, más fue detenido al llegar al lugar en donde aquella esfera quería llevarlo. Encontrándose entrando en una extraña habitación, una donde pareciera que fue arrancada del universo, pues miles de estrellas adornaban las paredes y el techo. El agua volviéndose un poco más profunda, reflejando el lugar, llegando a su pecho, mojándose aun más. Provocando un deja vu en los actuales monarcas del Mundo Astral. Ellos habían visto un lugar así antes... ¿Pero dónde?

Aquel infante dio una linda expresión de asombro ante lo que veía,sintiendo una enorme felicidad al ver un lugar así de bello, caminando hasta el centro del mismo, siendo esperado por la esfera de energía rojiza, la cual dio indicaciones un tanto extrañas al menor, provocando unas muecas de desconcierto, asintiendo al final.

-E-Entiendo... ¿Entonces solo debo de sumergirme verdad?-Aquella pregunta alarmando a los polizones-Pero... Yo no puedo respirar bajo el agua... Ya lo intente... Pero no pude... -Aquella esfera se removió, antes de acercarse a él. Pareciendo decirle algo que no entendían ni escuchaban los espectadores- Ya veo... En ese caso puedo hacerlo... Bien. ¡Aquí voy!-Anuncio el infante. Sumergiéndose tomando su nariz, cerrando sus ojos, siendo seguido por la esfera de energía rojiza.

El agua brillando en esa zona de pronto, levantando de la nada un pequeño pilar de cristal, el cual mostraba su bello contenido, sorprendiendo a quienes veían esto. Pues dentro del pilar estaba la misma Carta Numeron. Moviéndose de manera cíclica. Rompiéndose y volviéndose a armar en un ciclo sin fin. Y en donde aquella energía se unió a ella. Girando incesantemente a su alrededor. Astral saliendo de pronto del agua, respirando de manera desesperada al aguantar tanto tiempo la respiración. Mirando aquel pilar que estaba escondido en el agua.

Wow! ¡Es realmente bonito! ¡Tenías razón!-Exclamo una vez se recupero. Acercándose al pilar, recargándose en él. Sonriendo al escuchar reír aquella energía roja- ¡Es un hogar increíble! ¡Tiene muchas sorpresas!...

- Puede que sea así... ¿Quieres jugar?

-Sí. Sí. Vamos, ¿Qué jugaremos primero?-Preguntó el peliblanco. Mirando al pilar. Observando como la esfera rojiza salía del mismo antes de revolotear a su lado. Diciéndole algo que solo él entendió- Oh, eso suena divertido... ¿Aprender duelos es divertido?

- ...

-Ya veo, pero, yo no tengo cartas... Mucho menos una baraja...

- Mas adelante puedo darte una... Es tuya de todas formas... Vas a necesitarla...

-¿De verdad? ¿Tengo una?

-Sí... Vamos, iniciemos con lo básico...

-¡Sí!-Grito de pronto Astral. Sintiéndose emocionado, mientras la esfera le mostraba una mesa improvisada en la habitación, la cual solo era un pedazo de un pilar que había caído hace años. Esto sirviendo de apoyo para lo que siguió.


Aren, así como Elifas y los demás Guerreros cerca, fue que dieron aviso a los demás sirvientes al ser notificados de la desaparición de Astral. Los cuales se movieron con rapidez a los alrededores, desplegando también a los soldados que pertenecían a Palacio. Buscando incansablemente al menor. Apenas y obteniendo algunas hipótesis sobre el lugar en el cual podía estar.

-Se ha perdido en la biblioteca, los demás reportes de último minuto no han arrojado nada sobre otros lugares... Quizá debe estar en algún pasadizo... Aunque veo algo imposible esto...-Menciono Elifas. Dejando de mirar las notas rápidas de los soldados y sirvientes, mirando a su amado. Quien mordía sus labios, tratando de calmar su creciente ansiedad.

-Puede ser, vamos, quizá si este por ahí. Astral suele siempre aparecer en los lugares menos esperados...-

-Eso es verdad. En ese caso, vamos a separarnos. Así cubriremos más terreno fácilmente...-Anuncio el Rey. Recibiendo un asentimiento unánime de Erí, Rem, Han y Lian. Los cuales esperaron indicaciones finales antes de partir. Dejando a los Monarcas solos.

-Oh mi Astral... Debe estar asustado...-Murmuro el pelinegro. Moviendo sus manos con insistencia, apretando sus túnicas- Pensar que hace minutos estábamos planeando dar el Observatorio por su quinto cumpleaños... Y ahora...-Dijo, cubriendo su rostro. Realmente angustiado. Recibiendo un abrazo por parte de su esposo. Quien le acarició, tratando de calmarlo.

-Tranquilo. Lo encontraremos...

-Pero... Nuestro niño... Elifas...

- Shh. Calma. Calma. Debe estar cerca de aquí, quizá incluso lo encontremos en el lugar menos pensado-Intento ser positivo. A lo que Aren le miro, un par de lágrimas amenazando con salir de sus ojos.

-¿Lo prometes?

-Por supuesto...-Menciono Elifas, dando in beso suave a su amado. Calmando sus crecientes nervios también, mirándolo con devoción, antes de tomarlo de la mano, guiándolo de nueva cuenta a la biblioteca- Vamos... Quizá este por ahí...

-Sí...

Las horas pasaron realmente lentas desde entonces para ambos padres, quiénes se desesperaban cada vez más, buscando en cada pasadizo y rincón habido y por haber. Encontrándose con lo mismo. La nada absoluta. Esto alterando aún más a Aren, quien rogaba por que su lindo bebé estuviese bien y sin ningún rasguño. Mientras Elifas trataba de parecer fuerte, convirtiéndose en el pilar de su esposo. Quien parecía querer colapsar en cualquier momento.

Los soldados, las sirvientas, así como demás voluntarios y Guerreros buscaron de manera incansable. Dando los mismos resultados. Esto realmente preocupando a ambos monarcas. En donde Aren no pudo evitar soltar en llanto al no saber nada de si hijo. Un terrible miedo invadiéndole de pronto. Contagiando un poco a su marido, el cual tomo la decisión de llevarlo a la habitación. La cual se mantenía a oscuras.

-Elifas... Nuestro niño...-Se lamento aquel madre. Sacando a relucir su lado materno. Rompiendo el corazón del mencionado al ver se esa manera a su amado.

-Tranquilo. Él esta bien. Estoy seguro de eso, es un niño fuerte...

-Tengo miedo Cariño... ¿Qué tal si es alguna venganza de los rezagados? Sé que aun quedan varios-Murmuro entre sollozos. Imaginando el peor escenario.

-No. Definitivamente no es eso... Nuestro Palacio es una fortaleza impenetrable. Es imposible... Por favor no digas esas cosas. Astral esta bien. Astral esta bien-Rogo Elifas. Abrazando a su compañero. Dando caricias suaves.

El llanto de aquella madre pareció aumentar. Al menos hasta que una dulce voz le detuvo, proveniente del lecho, llamando la atención de ambos padres a la vez.

-¿Por qué estas llorando Mami? ¿Paso algo malo?-Cuestiono de pronto el niño perdido. Ahora encontrado. Sorprendiendo a los presentes. Siendo un bello y dulce bálsamo a sus corazones. Las luces prendiéndose de repente. Revelando al infante, envuelto en la sabana, claramente desnudo.

-¡Astral!-Exclamaron los Monarcas, yendo a abrazar de inmediato a su hijo. Diciéndole mil y un cosas. Expresando su preocupación y alivio por verlo con bien. Y de cierta manera intacto. Ignorando el hecho de que no tenía ropa.

-¡No vuelvas a desaparecer ni a alejarte de mi lado! ¿A quedado claro?-Regaño con preocupación Aren. Mirando con lágrimas en los ojos a su hijo. Esto marcándole de muchas maneras. Sintiéndose culpable.

-Perdón... Solo quería encontrar un libro como el tuyo... Perdón...-Se disculpo el menor. Soltando en llanto sin realmente saber por qué. Contagiando una vez más a su madre. Quien le abrazo. Llorando el silencio. Dejando ir poco a poco la preocupación. Siendo abrazados después por Elifas, quien sonreía ante la imagen de su pequeña familia, que, de alguna manera, sabia, siempre terminarían por encontrarse. Pasara lo que pasara.

Esto convirtiéndose en una anécdota agridulce, pues los Guardias y demás sirvientes se sorprendieron de aquello. Ya que jamás se vio al príncipe dirigirse en ningún momento a la habitación. Ni mucho menos en los pasillos circundantes. Atribuyéndose poco después a las habilidades del menor. Quizá era hora de ir ayudándolo a controlar sus poderes, ignorando el hecho de que una esfera de luz rojiza se ocultaba entre los pasillos. Una bruma cubriendo su paso.


El escenario volvió a cambiar para los espectadores. Esta vez encontrándose con los estudios del infante. El cual tenía apenas una semana de cumplir los cinco años de edad. Sintiéndose realmente orgulloso de ello, así como de su gran memoria que ayudaba a que lo aprendido se retuviera con facilidad, logrando dominar lo que a muchos les tomaba años. Esto haciéndolo resaltar fácilmente no solo en lo que era su escuela, sino también con sus tutores particulares, varios Nerans y Astrales que mostraban una gran amabilidad ante los esfuerzos del infante. Convirtiéndolo en un niño prodigio. Dando excelentes noticias a sus padres. Quienes se emocionaban de más al ver como progresaba su hijo.

-Sin duda es un niño excelente. ¡Mucho más de lo que una madre esperaría de sus crías!-Exclamo Aren. El cual visitaba a su marido en su oficina. Quien apenas volvía de la frontera, preparando algunos documentos que tendría que usar para hablar con unos mercaderes en fechas próximas. Sonriendo ante la felicidad de su amado.

-Puedo notarlo. Apuesto que será un gran erudito en su momento. Sin duda se parece a ti Aren-Elogio. Avergonzando un poco a su esposo. El cual solo se acerco para dar un dulce beso en su mejilla.

-¿Tú lo crees?

-No lo dudo ni por un segundo... A pesar de que no tuviste una educación formal, has llegado a realizar tantos avances que son dignos de elogios y aplausos... Soy el primero de tus miles de fans y seguidores, ¿Sabes?

-Jajaja, basta. Pareciera que solo me elogias para conseguir algo de este Reina querido Rey...

-Puede ser. Puede ser... ¿Qué es lo que este Rey quisiera de su Reina?-Jugueteo el mayor. Dejando de lado un momento aquellos documentos tomando a su amado por la cintura. Acercándolo de manera incómoda a él, sin llegar realmente a molestar al otro.

-No lo sé, no lo sé... Quizá... ¿Un segundo heredero?-Preguntó Aren. Logrando sobresaltar al mayor. Quien se sonrojo ante la propuesta indirecta.

-Ah... Yo...-

-No tienes que responderme ahora, piénsalo. Mi cuerpo esta listo. Así como mi energía. El curandero me lo ha dicho...-Admitió. Como un niño haciendo una travesura- Así que solo falta tu "Sí" querido... Piénsalo-Susurro lo último. Robando un beso profundo de Elifas. Quien sonrió una vez se separaron. Asintiendo.

-Entiendo... En ese caso, este Rey tratará no hacer esperar tanto a su Reina...-Siguió una vez más en su juego. Alegrando a Aren. El cual recordó uno de sus planes a las fechas próximas.

-Hecho... Pero, cambiando de tema. Pienso que sería buena idea llevar a Astral en unos días más al Observatorio como recompensa de su gran esfuerzo. ¿Qué dices?-Cuestiono. Dando una caricia al rostro de su amado.

-Que suena una buena idea. Incentivos así solo lo motivaran más..

-¿Verdad? En ese caso ya esta dicho... Llevaré a Astral al Observatorio...

Esas palabras calando profundo en al menos tres de los espectadores. Siendo el embarazado más afectado. Dejando salir un par de lágrimas al recordar lo que se venía. Llamando la atención de sus invitados. Los cuales solo miraron esto de manera confusa.

-Perfecto. Espero poder acompañarlos ese día, o sino puedo, lleva a algún Guerrero contigo. ¿Esta bien?-Cuestiono Elifas. Mirando con amor a su esposo. Guardando la bella sonrisa dada en su corazón.

-Sí. Dalo por hecho. Apuesto a que Será un gran día-Respondió el pelinegro. Abrazándolo después.


El panorama cambió para los polizones. Quienes con horror, notaron como es que sucedía el Día trágico. Llenándose de rabia e impotencia al ver aquello. Mirando con desaprobación a ambas razas que cooperaron solo para hacer daño a un par de seres que realmente no tenían la culpa de nada. Esto siendo el peor día de sus vidas para los implicados. En donde se ubicaron en un momento y tiempo equivocado. Donde la ilusión de un niño fue la caída de ambos. Madre e hijo conocieron el infierno, siendo salvados tarde por los demás. El padre bajando poco a poco a ese tormento al ver a su familia lastimada, al borde de la muerte.

Los espectadores comprendiendo por primera vez el dolor de aquel ser caído en la oscuridad. Ahora llamado Don Milenario. Los Emperadores viéndose afectados tanto como las féminas del grupo. Astral y Yuma cerrando sus ojos ante las escenas. Reviviendo el sentimiento vivido antes. Recordándose así mismos y a los demás que aquello ya había pasado, por tanto. No podían hacer realmente algo. Por más que lo desearan.

La arena del reloj comenzando a bajar poco a poco... Iniciando el conteo final...