La noche en el Palacio era fría. Tan fría que calaba en los huesos. Sirvientes se movían de un lado a otro en un estado automático, incrédulos de lo que había acontecido hace tan solo unas horas atrás, en un simple paseo familiar. Sintiéndose realmente afectados por el Reina y el lindo niño que ahora se debatían entre la vida y la muerte. Sus cuerpos parpadeando, anunciando la caída a un paro cardíaco. Preocupando en demasía al curandero y a sus asistentes. Quienes tuvieron que sacar a Ema y a Elifas a la fuerza de la sala en donde mantenían a los recién llegados.

Miles de pócimas así como distintos aparatos fueron los necesarios para estabilizar de nueva cuenta a los dos seres dañados. Curando sus heridas tanto como podían, reemplazando la energía contaminada con suministros antes dejados por Elifas ante su paranoia. El cual veía con horror como es que su mundo caía a pedazos. Sus manos machadas aún en sangre seca, así como su armadura solo demostraba lo grave de la situación. Así como su estado de animo. El cual era de enojo, impotencia y una culpa que estaba carcomiendo su cabeza.

Ema se disculpo, y dio todo detalle de cómo fue que paso todo el altercado. Arrodillándose después en busca de perdón o un castigo. Cosa que fue ignorada por Elifas. Pues imaginaba el infierno en vida que tuvieron que pasar su adorado esposo y su bello hijo. Logrando quebrarlo al final. Un llanto desgarrador escuchándose por los pasillos. Afectando a quien lo escuchase, pudiendo sentir su pena, su culpa, su miedo, su dolor. Los sirvientes así como los soldados solo bajando su cabeza, habiendo fallado en su tarea. Así como los Guerreros que apenas llegaba a escena, siendo liderados por el Octavo, pues su armadura en blanco con adornos de plata, así como su largo cabello verde agua atado en una coleta alta, y sus ojos naturalmente sin pupila color verde esmeralda, le hacían resaltar naturalmente de sus hermanos. Los cuales descendían de sus caballos antes de adentrarse en el Palacio. Dirigiéndose directamente al ala médica, dando grandes zancadas, la preocupación notándose en sus rostros.

Los soldados, así como los demás que se toparan en su camino se detenían para darles el paso libre, su semblante siendo cabizbajo. El ambiente claramente notándose tenso. El Octavo dio un ligero ademan con su mano, deteniendo el paso de sus hermanos, topándose con la puerta que daba al ala médica, logrando escuchar un tenue sollozo. Así como la presencia de Ema. Notando gotas de sangre en el suelo. Dorado y azul oscuro mezclándose de una manera amarga. Recordando a los Guerreros lo que había acontecido, enterándose por medio de reportes hace tan solo un par de horas. Consiguiéndolos sacar de sus estaciones y vigilancias.

-Estén preparados... Cualquier cosa que se nos ordene será valido mientras no se atente contra la familia a quien protegemos... ¿Ha quedado claro?-Cuestiono con firmeza a sus hermanos, quienes asintieron en acuerdo. Dándose a conocer por primera vez ante los espectadores.

Aquellos Guerreros entonces abrieron las puertas. Sus únicos obstáculos para pasar a la sala. Encontrándose con el Rey, recargado en la entrada del área designada para las operaciones y situaciones de emergencia. Lágrimas aun bajando por sus mejillas, esta vez en silencio. Uno realmente cruel. Pues pudieron notar el estado de su Señor en apariencia, así como la ángel que estaba de rodillas ante él. Cubriendo su rostro. Dejando salir ligeros sollozos. Aún sin curarse así misma.

-Elifas-sama-Llamo el Octavo. Acercándose al mencionado. Quien le miro de manera vacía, decepcionada. Angustiada- Yo...

-No digas nada por favor... No ahora-Corto de pronto el Rey. Negando con su cabeza. Retomando su postura recta. Su semblante aún notándose decaído.

-Entendido...-Fue la respuesta del Octavo, mientras se acercaba a su hermana en el suelo, curándola al instante gracias a un chasquido. Abrazándola al poco tiempo. Sintiendo parte de su ropa mojarse por las lágrimas de la fémina.

El ambiente volviéndose casi intolerable con el paso de los minutos. En donde aquellos Guerreros se colocaron en posición, en espera de alguna orden. Provocando una ligera molestia en Elifas. Quien se sentía juzgado y observado de más, cuando esperaba justo lo contrario. Al menos hasta que la puerta fue abierta, dejando ver al curandero real envuelto en una bata blanca manchada en sangre dorada y azul oscuro. Su rostro mostrando un profundo cansancio así como un gran alivio. Algo que llamo la atención de aquel padre y esposo preocupado. Los Guerreros acercándose para ver en que podían ayudar.

-Elifas-sama, lo he logrado. Ellos están a salvo... Han sido salvados...-Anuncio con una tenue sonrisa. Logrando un alivio en los presentes. Al menos hasta que dio los detalles de las heridas y hechos horribles que madre e hijo tuvieron que soportar. Causando un gran enojo en el Rey, quien volteo a ver a sus Guerreros. Los cuales se arrodillaron en espera de las ordenes ocasionadas por el odio y el rencor de su Señor.

-¡Busquen a los rezagados faltantes! ¡Búsquenlos y mátenlos! ¡No dejen a nadie vivo! ¡Así mismo, castiguen a los que se vieron involucrados en todo esto! ¡No muestren piedad! ¡Que el suelo quede manchado de su sangre y lágrimas! ¡Que sientan la misma desesperación que su Reina! ¿He quedado claro?

!-Fue la respuesta unánime de los Guerreros. Quienes asumieron el papel de verdugos. Yéndose casi enseguida. Segados por la ira y el enojo tan solo el escuchar el diagnóstico del Curandero Real. Quien dio una expresión de dolor y angustia ante lo visto.

- El joven príncipe tiene varios golpes en su cuerpo. Tantos que es un milagro que no hayan destrozado sus pulmones o algún otro órgano vital. Sus costillas están rotas. Al igual que sus brazos y algunos dedos, sus piernas tuvieron la misma suerte. Solo la pierna izquierda a quedado casi intacta. Se rompieron varios vasos importantes que llevan sangre al cuerpo. Había una hemorragia interna, de no haber sido por Ema estoy seguro que esa hubiese sido la causa principal de su muerte. Su núcleo esta gravemente agrietado, se ha trabajado con medicinas y pociones bastante agresivas, así que el príncipe ahora solo tendrá moretones y quizá su cuerpo muy débil, sus daños han desaparecido, sin embargo. Considero también trabajar con su mente... Se despertó en medio de la cirugía, gritando y temblando ante nosotros. Apenas conociéndonos. Tuvimos que dormirlo para que pudiésemos proceder... Por otro lado, Aren-sama es todo un milagro que siga vivo. Encontramos laceraciones en todo el cuerpo. Hay costillas y dedos rotos. Así como marcas de ataduras y demás cortes, parecieran hechos con algún cuchillo y un metal oxidado. Tuvimos que remplazar pedazos de su piel. Pues debajo de lo que restaban de sus túnicas ya había sido retirada partes de la misma... Es claro que hubo tortura al Reina... Quisieron infringir el daño más profundo que pudiesen... Además... Su vientre fue el más afectado... Me temo que ya no podrá concebir más... Esto es solo lo que puedo decir sin realmente caer en llanto mi Señor... Se ha procedido con él como se ha hecho con el príncipe. Sus heridas ahora son leves. Pero las secuelas que han quedado... No son nada fáciles de digerir. Ahora ambos descansan en salas separadas. Ya puede pasar a verlos...

Elifas dio un profundo gracias al Curandero, el cual le acompaño hasta la habitación en donde estaba su hijo. Dejándole solo segundos después, excusándose de analizar algunas muestras que se extrajeron de los núcleos de ambos pacientes. Dando una profunda reverencia antes de irse.

Aquel padre dio un par de respiraciones antes de girar el picaporte. Siendo recibido por la escena que jamás se imagino que viviría su hijo, pues Astral estaba aún conectado a una extraña máquina que regulaba su energía y latidos. Encaminando su sangre a donde debería ir. Su respiración siendo ayudada por la magia del curandero, mostrando solo un leve símbolo en la frente del menor. El cual se mantenía en profundo sueño. Ajeno a la realidad que vivía. Sin soñar realmente algo. Manteniendo una neutralidad bastante dolorosa para Elifas, quien se acostumbro a verle moverse o hacer travesuras. A verlo sonreír sin temor. Su inocencia y su mirada siendo brillantes.

Aquel padre se acerco hasta su hijo, tomando con suavidad una de sus manos, otorgando su energía sin querer realmente. Pero comprendiendo que aún era importante para Astral. Sentándose en la orilla de la cama, pidiendo tantos perdones como le era posible, mientras lágrimas silenciosas bajaban de sus ojos. Realmente afectado con lo que veía, sentía, y analizaba. Sintiendo el haber fallado a su familia. A su deber.

Su mano se dirigió a la carita de su hijo, otorgando una leve caricia, con tanta suavidad que solo le hizo llorar más. Esto era toda una pesadilla. Una en la que esperaba despertar y ver a su hijo a su lado, así como a su esposo, quien desde hace una semana intentaba volver a quedar embarazado. Este pensamiento volviendo a atacarle con fuerza, llenándolo de culpa y tristeza. El dolor volviéndose insoportable.

Dio un largo respiro, tratando de acallar sus propios sollozos. Retirando su mano del contrario. Acariciándolo una vez más antes de salir del lugar, dejándolo a cargo de uno de los asistentes del Curandero. Quien asumió el papel tan solo al verle. Sintiendo su peso, sintiendo su temor. Su dolor.

Elifas pensaba que ver a su hijo primero le daría fuerzas para ir con su esposo. Sin embargo al cruzar el umbral de la puerta, supo que se equivoco. Pues el doble de máquinas mantenían a Aren estable. Un símbolo en su frente al igual que Astral le ayudaba a respirar con normalidad. Así como el intenso olor a hierbas y pociones que solo le hacían volver a quebrarse mentalmente. ¿Qué pecado había hecho en su vida pasada para pagar con creces en esta?

Se acercó a pasos rápidos al lecho, mirando el magullado estado de su amado, quien mantenía sus manos inconscientemente en su vientre. Esto volviendo a ser la gota que hizo a Elifas hundirse en el dolor y la desesperación. Lágrimas quemaban su rostro, así como lastimaban a su corazón. Que tan alegre, ahora lloraba junto a él. Tomando una de las manos ajenas, fue que dejo caer su rostro a ella. Sus lágrimas mojando sin querer la piel ajena.

Ojalá el tiempo pudiese retroceder...

Sus rodillas cedieron, así como su fortaleza. Se sentía solo. Tan solo justo en ese momento. En donde él rogaba por un abrazo de su amoroso esposo, o de su interactivo hijo. Que llegasen de la nada y que le dijeran que esto solo era un mal chiste. Una ilusión que estaba viviendo. Pero por más que esperaba. Solo se escuchaba el ruido de aquellas máquinas que le traían a una horrible realidad. Tan lejos a su vida soñada. Tan lejos de su felicidad. Tan lejos de la seguridad de su familia.

Los espectadores solo miraban con pena y angustia esto. III aferrándose a su esposo. Llorando en silencio tan solo al imaginarse en alguna situación parecida. Yuma hacía lo mismo con Astral. El cual le acariciaba, tratando de consolar aquel dolor. Mientras notaba de soslayo como es que Elifas lloraba en silencio. Recibiendo el momento. Durbe aguantaba sus ganas de llorar, siendo abrazado por su prometido, quien le miro de extraña manera. Comprendiendo quizá solo un poco del dolor del Elifas del recuerdo. Recordando sus vidas pasadas. Cathy y Kotori eran consoladas por Tetsuo y Tokunosuke. Así como Rio era ayudada por Kaito, el cual miraba de manera dolida todo aquello. Realmente sin saber que más esperar. Los demás solo estaban cabizbajos, o en su defecto suspirando, tratando de sacar el dolor ajeno. Sintiendo pena por lo mostrado.

Ese momento fue realmente difícil para todos...


Los días siguientes fueron bastante tensos para el Palacio y la población en general, los cuales mostraban un muy ligero rechazo a los Neran. Los cuales asumían era algo normal, pues el atentado fue perpetrado por uno de ellos. Sin notar o dar más reconocimiento a los seres Astrales que también atacaron. Formándose un mal entendido. Cayendo en falsa información. La cual no fue atendida por el Rey ni por alguna autoridad. Dejando que se esparciera en todo el Reino de Gea. En donde ya se rumoreaba muchas más cosas mal intencionadas ante los Neran y viceversa.

Aren despertó mucho antes que Astral. (Para sorpresa de los presentes). Trasladándolo a sus aposentos. Notificando primero su situación. Logrando que su mirada cambiara a una realmente triste y gris. Sin llegar a perder su brillo totalmente. El dolor reflejándose en sus iris. Mientras tomaba su vientre en desesperación, cayendo inevitablemente en una profunda depresión. En donde Elifas le consoló como pudo, sin querer dejarle solo en ningún momento, trayendo su trabajo hasta su habitación para mirar que su esposo no entrara en nuevas crisis nerviosas o en pesadillas al dormir gracias a que a pesar de lo que vivía. Aún daba su energía a su querido hijo. Esto siendo el único momento del día en el que se le veía en tranquilidad, antes de seguir llorando después. Lamentando su perdida. Su sueño. Las secuelas dejadas por los perpetradores calando profundamente en su mente.

Astral despertó hasta pasado un mes. En donde de inmediato busco a su madre. Quien al verle le recibió sin más. Abrazándole y acurrucándolo junto a él, ante la mirada de Elifas. El cual notaba un ligero cambio positivo en su esposo. Consiguiendo sonreír después de tanto tiempo. Considerándolo un verdadero logro. Esto siendo entregado en un reporte al curandero. Quien estaba al tanto de la salud del Reina y el príncipe. Dejando que ambos se quedaran juntos, esto ayudando al otro, superando de a poco la situación traumática que vivieron. Siendo acompañados muy de cerca por el pilar de la familia. El cual se tambaleaba en donde nadie pudiese verlo.

Los rezagados fueron eliminados después. Sin importar la edad que tuviesen. Siendo esto una de las primeras masacres en la historia de Gea. En donde extrañamente se recibió apoyo de la sociedad y demás pensadores contaminados con el odio que crecía sin darse cuenta. Marcando el principio para el decaimiento del Reino. En donde el Rey al estar tan ocupado cuidando a sus tesoros, jamás leyó los reportes constantes de quejas de los pocos ciudadanos que aún pedían paz. Entre ellos una carta escrita por un ser de piel oscura, su edad siendo la de nueve años. Sus joyas así como marcas en su cuerpo resaltando naturalmente en él. Quien vivía en los pueblos más alejados de la cuidad. Su cabello un poco largo, siendo atado a una coleta baja, dejándola descansar en uno de sus hombros. Exigiendo justicia ante tanta injusticia que se desataba en el Reino.


Los meses pasaron de esta manera, relajando un poco las cosas antes de volver a hacerlas estallar en un constante ciclo de odio y demás sentimientos negativos. Haciendo grietas en la sociedad poco a poco. Dividiéndola por primera vez en milenios. Lo cual, apenas y era notado por el Rey y sus súbditos más cercanos. Quienes se llenaban de trabajo mucho más que antes. Siendo este otro factor que contribuyo a un hundimiento mucho más rápido.

Aren por otro lado, apenas salía de una depresión grave para ir a una depresión constante. Al menos un par de sonrisas se le podían ver aunque sea por un momento al ver a su hijo o a su esposo, el cual aún pedía disculpas. Sus estudios y avances cesando abruptamente, así como las enseñanzas de Astral, que, pese a estar bien físicamente a esas alturas, su mente aún tenía bastantes retos que debía ir superando. Siendo ayudado por todos quienes tenían contacto con él. Atendiendo sus pesadillas o sus crisis nerviosas llenas de miedo. Justo como su madre. Plegarias se levantaron al cielo, principalmente de Elifas, quien con dolor aún pedía por su familia, porqué su mente se restableciera, y sobre todo, que pudiesen recuperar la felicidad que se les fue arrebatada con toda la mala intención que pudieron juntar los perpetradores.

Hubo muchas más noticias. Especialmente en los Guerreros, quienes volvieron el Palacio una fortaleza impenetrable, nadie salia o entraba sin antes decir el motivo o sus intenciones. Privando de la libertad a los trabajadores, los cuales aún se mantenían en un semblante apagado. Decaído. Las riñas entre razas apenas surgiendo de a poco. Palabras eran las más utilizadas. Había pocos que clamaban a la paz, sin embargo eran ignorados ante la situación tan delicada que se vivía en el Palacio y los alrededores, infectando muchas más mentes de lo que alguna vez se imaginaron. Quejas y más quejas llegaban, más el Rey prefería seguir en un tiempo pausado, dejando sus deberes en manos menos aptas. Prefiriendo cuidar aún de su familia. Los cuales apenas mostraban una mejoría. Hasta que una noticia volvió a afectarles. Una que les hizo sentir un hueco en el estomago. Una que, sin saber, perduraría en los milenios venideros. Una que, les arrebataría lo poco que consiguieron rescatar.


Aren no podía si quiera imaginar el verdadero odio que debieron haber sentido aquellos quiénes le dañaron. No podía. Lo intentaba, pero aun así su imaginación no era suficiente para lo que escuchaba. Su núcleo estaba infectado, y no solo eso, si no que esta "infección" iba a ir consumiendo su energía, su mente, su cuerpo, y todo lo que era de él con el tiempo. Tiempo que... Sabía era demasiado poco. El curandero le aparto de su hijo, su esposo siendo el único a su lado. Ambos realmente destrozados por el diagnóstico.

- Aren-sama, me temo que ha sido maldecido... El análisis del fragmento que tomamos de su núcleo es lo que nos arroja, no importaba cuantos estudios hiciésemos. Era exactamente lo mismo. Ahora mismo es portador de la maldición mejor conocida como La Oscuridad del Alma... Es... Realmente una pena...

-¿Cuánto?

-¿Disculpe?

-¿Cuanto tiempo me queda de lucidez?

-Eso dependerá de su fortaleza Aren-sama... Pero si lo pregunta de manera directa... Sería al menos unos diez años... No más... ¿Sabe lo que es esta maldición y lo qué implica?

-Sí, sí lo sé. Fue lo primero que estudie... Esta maldición es producto del sacrificio de los únicos seres que pueden dejarla... Los seres Astrales que me torturaron... Ellos son el motor para lo que... Me pasa ahora...-Menciono, abrazando a su amado. Su cuerpo temblando levemente ante la impotencia de saber que, aquella maldición era prácticamente imposible de remover...

-Veo que esta bien informado... Lo siento mucho mi Reina... Me retirare ahora...-Anuncio el Curandero, haciendo lo dicho. Dejando solos a la pareja en una de las habitaciones del ala médica.

Elifas, así como Aren solo se abrazaron con fuerza. Tratando de calmar al otro de un inevitable llanto que surgió después. La noticia calando en lo más profundo de su ser. Llenando al mayor de desesperación y angustia. Maldiciendo al cielo por tan injusto destino. Haciendo sentir incomodos a los espectadores, quienes desviaron su vista. Sintiendo interrumpir aquel momento tan delicado de la pareja. Los cuales después de un rato más, calmándose mutuamente, salieron del lugar, yendo en busca de su hijo. Abalanzándose a él para llenarlo de caricias y más cariños que, ahora sabían eran contados. Al menos de parte de Aren.

Las estrellas a lo lejos apagándose de pronto. Cayendo la noche mas oscura que alguna vez el Reino de Gea observo y fue testigo. Mientras a lo lejos, un joven de ya diez años, comenzaba a ayudar a los más débiles. Formando sin saber las bases que pronto ayudarían al futuro propósito de Gea.


El tiempo siguió. Los días pasando a ser semanas, las cuales se convirtieron en meses, y por consiguiente en un par de años. Astral ahora tenía una dulce edad de siete años cumplidos. Su personalidad natural cambiando a una sería y demasiado reservada, ahora ya no causando problemas a sus padres, los cuales intentaron de todo para que hiciese lo de antes, fallando de una manera triste. Sus estudios habían sido reanudados, así como se había iniciado un entrenamiento exhaustivo en donde Elifas mismo le enseñó lo básico para tomar una espada, esta siendo apenas de madera, y en donde el Octavo paso a ser el instructor oficial al ver las constantes desapariciones del Rey. Atendiendo el entrenamiento del príncipe. Su mente apenas reestableciendo su tranquilidad. Enfocado mucho mejor sus emociones. Comportándose como un adulto a esa temprana edad. Causando un gran dolor sin saber en su madre. El cual, comenzaba aquella pelea que el Curandero advirtió.

Pues en las noches, o en algunos momentos inesperados, los efectos secundarios de la maldición iban apareciendo. Su pecho, en donde se ubica su núcleo, ardiendo horrores. Causando varios arañazos para calmar el mismo, lastimado su piel. Otras veces se presentaba un fuerte dolor en su vientre y estómago, un aura oscura invadiéndole de repente, así como miles de pensamientos oscuros que sabía no eran de él, y mucho menos le pertenecían. Voces molestándolo de manera constante. Causando un enorme cansancio en su mente y cuerpo, el cual en respuesta, luchaba para sacar aquella maldición que sabía de sobra, no podía ser removida. Su tos llenándose de sangre, al igual que su boca, nariz y ojos. Dándole pocas esperanzas de vencer aquélla pesadilla. Motivándose solo al ver a su esposo e hijo, el primero realmente preocupándose por él. Buscando de manera incansable alguna solución que pudiese ayudarles. Que pudiese salvarlo. Yendo de una frontera a otra, recorriendo el Reino entero en busca de algún milagro. Topándose como siempre, una pared alta que no le mostraba nada. Esto llenándolo de aún más desesperación. Participando en una carrera contra reloj. Mientras aparentaba estar bien para su esposo e hijo. El último apenas notando la ausencia de su padre. Afectándole de diversas maneras. Su madre siendo el único apoyo que le calmaba. Y quien, sin saber, el estar siempre acosado por aquella maldición. Ya había intentado hacerle daño de diversas maneras. Deteniéndose justo a tiempo antes de hacer algo de lo que se arrepentiría con todo el corazón después.

La sociedad no era una historia diferente, pues a pesar de que seguía o parecía mantener una buena armonía. Solo era cuestión de tiempo para que comenzara a estallar el verdadero problema que había entre las razas a raíz de aquel mal entendido que surgió hace tan solo dos años. En donde el futuro y presente de Gea fueron arrebatados sin saber. Causando una enorme brecha que ya era casi imposible de unir.

Los que clamaban la paz eran ignorados deliberadamente, tachándolos de que en aquel conflicto solo eran partes neutrales que no querían ayudar realmente. Personas que se mantenían de esa manera para no ver la "realidad" vivida. Y en donde los altercados a ambas razas ya comenzaban, esto siendo atendidos rápidamente por los Guerreros, quienes parecían hacer oídos sordos ante lo que muchos sufrían, confiando en sus monarcas. Llevando simples reportes al Rey, quien apenas ojeaba alguno antes de volver a salir en busca de aquello que tan angustiado le tenía. Sin notar como es que su esposo ya comenzaba ciertos preparativos para lo que sabía era inevitable hacer en algún momento.


Aquella maldición era la más dañina de todas, pues nacía de la muerte de un ser de odio. Impregnándose en el ser a dañar hasta que le volvía loco, así como un alguien sin sentimientos, a quien no le importaría lastimar a otros para conseguir sus propios objetivos egoístas. Convirtiéndolo al final en una marioneta que seguiria los deseos de quien dejase la maldición en un principio. Encadenando los verdaderos deseos del dueño del cuerpo en lo más profundo de su ser. Su consciencia siendo trasladada a su corazón, el cual se convertirá en un cristal oscuro. Apartándolo de la realidad y vida que poseía.

Aren sabía esto. Él lo aprendió de memoria en uno de sus estudios, así como para algunas investigaciones que se relacionaban a las maldiciones. Así que, al cumplir los dos años con ella, fue entonces que él mismo limitó sus movimientos. Cerrando sus estudios, sus avances siendo cedidos a los científicos y hechiceros mas capaces. Su papel solo siendo el de Reina. Alejándose de los sirvientes y soldados. Aislándose en un pequeño estudio en donde se la pasaba con su hijo, enseñándole todo lo que pensaba podía ayudarle a un futuro, o en algún momento de dificultad. Los duelos siendo lo primero en ser dominado. Sin notar como es que una carta con un dragón se convertía en la insignia del menor. El cual apenas reía o festejaba como antes. Limitando mucho sus movimientos. Los hechizos viniendo después. Preparándolo para algunos que eran realmente difíciles de hacer o decir. La magia blanca y oscura mezclándose en aquella pequeña habitación. Desatando el verdadero potencial que incluso el Rey actual del Mundo Astral no sabía que tenía.

-¿De esta manera esta bien mamá?-Cuestiono en infante, mostrando un sello de contención en sus manos. Este irradiando energía neutral.

-Sí, lo estas haciendo bien amor...-Alago Aren. Tomando su cabeza con una de sus manos, tosiendo poco después. Preocupando al infante, quien se acerco a su madre.

-¿Estas bien? ¿Necesitas que llame a papá?

-N-No... Estoy bien. Estoy bien... No hace falta... Sigamos con la lección...-Pidió el mayor. Ocultando su mano y su boca con su túnica, manchándola de sangre dorada.

-S-Sí... Seguiré entonces...-Anuncio el menor. Volviendo a concentrarse en el hechizo siguiente. Sintiéndose aún preocupado por su progenitor.

-Por favor, lee cuidadosamente antes de realizarlo... ¿Esta bien?

-Sí...

Aren limpio con rapidez aquella sangre que le delataba en su situación. Ocultándolo de Astral. Manteniéndolo en una burbuja en donde ambos padres querían que estuviese a salvo al menos hasta que aquella situación terminara. Siguiendo con la lección del peliblanco hasta que el mayor vio el momento idóneo para interrumpirlo.

-Astral...-Llamo con suavidad. Su rostro notándose cansado- ¿No te gustaría ir al mar?-Preguntó de la nada. Extrañando al mencionado. El cual le miro sin saber realmente que decir.

-¿Por qué?-Fue la cuestión natural del menor. Haciendo sonreír a Aren. Pues esa actitud solo le recordaba a su esposo.

-Has trabajado arduamente últimamente, no has jugado ni siquiera con otros niños. ¿No te gustaría ir?

-...-El niño pareció pensarlo, hasta que miro a su madre una vez mas- ¿A mamá le gustaría ir?

-Sí... Por supuesto...

-Entonces sí... Pero... ¿Qué hay de papá? ¿No le gustaría ir también?

-Papá esta ocupado... Pero podemos divertirnos tu y yo juntos... ¿Qué dices?

-Esta bien...-Accedió el peliblanco. Su semblante manteniéndose sereno. Sin llegar a sonreír como le hubiese gustado a Aren. Quien solo se limito a sonreírle antes de tomarlo de la mano, saliendo de aquel lugar. Dando Ordenes a algunos sirvientes. Preparando su pequeña salida a una de las fronteras. Dos Guerreros presentándose después. Siendo los escoltas de madre e hijo.


El viaje en carruaje fue veloz, mucho mas como normalmente era, siendo encantado con la magia de los Guerreros que le acompañaban. Los cuales eran Rem y Erí. Quienes se mantuvieron alertas en todo el camino. Buscando posibles amenazas a las cuales eliminar para que Reina y príncipe no se alarmaran o tuvieran una crisis nerviosa en el transporte. Procurando siempre su seguridad y tranquilidad hasta llegar al destino indicado. Los caballos de hermoso color esmeralda descansando ante la constante magia utilizada en ellos para un movimiento más rápido. Esta salida siendo a espaldas de Elifas, quien ignoraba el hecho gracias a su visita a una de las fronteras, lejos de donde llegaron Aren y Astral.

El mar extendiéndose hasta donde el horizonte se perdía. Las estrellas saliendo ante la hora en la que se encontraban. La arena brillando de manera natural y hermosa. El lugar siendo reconocido por al menos cuatro espectadores. El agua llegando con suavidad a la orilla. Relajando por primera vez a ambas víctimas que temblaban un poco al volver a salir de la seguridad del Palacio. Una brisa acariciándolos con cariño, moviendo sus túnicas a manera rítmica. La soledad acompañándolos muy sutilmente. Así como el aire fresco que transmitía la naturaleza. Los Guerreros manteniéndose a una distancia prudente. Ocupándose de los caballos y el carruaje.

Aren después de tanto. Por fin se permito sonreír. Sintiendo la libertad y la seguridad que se le había arrebatado con anterioridad. Saboreando lo que no pudo en dos años. Contagiando sin saber a su hijo. El cual se quito sus botas, acercándose al agua. Mojando sus pies, sintiendo cosquillas por la arena fina que se metía entre sus dedos. Alzando su túnica para no mojarla, al menos hasta que sus pasos se dirigieron aún mas adentro de la playa. Deteniéndose cuando se vio sumergido al menos hasta su pecho. El frio calando de pronto en su cuerpo, el cual lucho para adaptarse a la temperatura del agua. El olor a sal llegando a su nariz. Ocasionando una bella sonrisa en él, así como el despertar de una emoción que yacía dormida desde hace dos años.

-¡Mamá!-Llamo el menor- ¡El agua es realmente buena! ¡Ven!-Menciono, girando a ver a su madre. Quien le sonrió, asintiendo antes de sumergirse también en el agua. Llegando al lado de su hijo. El cual, dejando salir su lado infantil, con sus manos, lanzó un poco de agua a su madre. Mojándole aun más- Jajajaja, eres lento en reaccionar...

-¿A si?-Reto el mayor. Empujando a su hijo, tirándolo en el agua. Empapándolo por completo.

-¡Mamá!-Reclamo, a lo que Aren solo rio en voz baja. Disfrutando ese momento.

-Tu iniciaste...-

-Oh ya verás...

Un bello juego inicio entre madre e hijo. Quienes recuperaban un poco su brillo en la mirada al hacer aquello. Divirtiéndose una hora en esa actividad, las estrellas brillando un poco más contrario a otras noches, las olas del mar siendo un apenas una molestia, el ambiente volviéndose armonioso. Ambos dando un paso a la sanación sin saber. Al menos hasta que la tos repentina volvió a atacar al mayor. Esto siendo el paro definitivo a aquel momento.

-¡Mamá! ¿Estas bien?-Preguntó el infante. Ayudando al mayor a salir del agua. Sentándolo en la orilla.

-Sí... Estoy bien. Sólo es mi gripe... No te preocupes...-Susurro, a lo que Astral solo le miro con duda. Al final decidiendo confiar en las palabras de su madre.

-Entiendo... ¿Crees que debemos regresar?

-No... Aún no... ¿Por qué no juegas un poco más con la arena? Una vez me dijiste que eras capaz de hacer un bello castillo... ¿Oh acaso eso era mentira?-Cuestiono el mayor en reto. Desviando la atención de su hijo. Quien negó antes de mirarle con decisión.

-¡Yo puedo hacerlo! ¡Te lo demostrare!-Exclamo, antes de dirigirse un metro lejos de su madre. Comenzando a trabajar con la arena. Aquello conmoviendo a Aren. Quien poso su mirada en el cielo. Acostándose en la arena.

¿Por qué justo cuando su vida era perfecta alguien tenía que llegar y arruinarla? ¿Qué fue lo que hizo mal para que una maldición tan horrible cayera en su persona? ¿Qué Dios es quién le odiaba para dejar que aquello pasara? Estaba tan enojado con quienes le atacaron, así como consigo mismo. Si tan solo hubiese sido un poco más fuerte... Un poquito aunque sea para esperar por su amado o por algún Guerrero o soldado. Pero lamentablemente el pasado era algo inamovible. Y ahora las consecuencias estaban siendo pagadas.

Su familia separándose de a poco, sin poder realmente hacer algo. Pues su propio tormento le mantenía agotado de tal manera que apenas y podía dar su energía a su hijo. Quien continuaba creciendo con una perspectiva a medias. Ajeno a la realidad que se vivía actualmente. Siendo entrenado de manera casi abusiva. Ambos padres preparándolo para un futuro sin luz.

Se sentía de manera horrible al mentirle y al hacerlo crecer de esa manera, sin embargo. El miedo era lo que le obligaba a callar y actuar, eso y la promesa que él y Elifas hicieron al enterarse de la noticia. Sí aquella promesa se tuviera que dar, entonces necesitaban que su hijo fuese fuerte. Que viviera lo que viviera, el continuaría adelante. Sin mirar atrás. Dando un futuro dorado a Gea. Recordando a sus padres que con cobardía, le abandonarían si todo fallara en su momento.

Sus ojos se llenaron de lágrimas al solo pensar más en su actual situación. Sintiéndose entre la espada y la pared. Viéndose amenazado con la maldición avanzando a pasos lentos pero constantes. La soledad abrazándolo como lo hizo cuando Elifas en su juventud partió a la Guerra en la frontera. Ocasionando que sus mejillas se empaparan una vez más. Apenas prestando atención a su hijo que ya avanzaba en su castillo de arena. Derrumbándose a mitad de su labor. Enojándolo un poco antes de volver a comenzar.

Aren sonrió entre las lágrimas silenciosas. Era curioso como es que podía comparar su situación con aquel castillo. Era de cierta manera poético.

Extrañaba a Elifas. Extrañaba su vida anterior. Extrañaba la calidez de las mañanas. Extrañaba los intentos por concebir una vez más. Extrañaba todo de hecho. La honradez y la bondad de su gente. De su pueblo. La tranquilidad de sus días. La alegría de sus logros, de sus estudios. De verdad...

- Los extraño...

Su voz lastimera llamando la atención de su hijo. Quien le miro con duda, la cual se transformo en preocupación al verle en ese estado. Dejando su tarea de lado. Acercándose a su madre.

-Mami, Mami. ¿Estas bien? ¿Por qué lloras?

-...-Aren le miro antes de posar una de sus manos en la mejilla contraria, sonriendo con tristeza- Tu castillo. Tu castillo se cayo... Se derrumbo... Siento pena por el... Es todo...

-¿De verdad? No llores mamá... Yo, Astral construiré más castillos para que vuelvas a sonreír... Así que no llores. Ven, vamos, ayúdame para que aquello no vuelva a pasar... No quiero que estés triste...- Menciono el infante. Usando sus mangas para limpiar las lágrimas del mayor, sonriéndole para hacerlo sentir mejor, tomándolo de su mano para llevarlo hasta el lugar indicado.

Aquellas palabras calando profundamente en aquel madre. Así como en el Rey actual del Mundo Astral, quien limpio rápidamente un par de lágrimas que salían sin su permiso. Ganándose un abrazo de su prometido. El cual también lloraba en silencio. Esto siendo imitado por los más débiles del grupo. Las féminas siendo las más afectadas.

Los minutos pasaron, así como las estrellas en el cielo. Las cuales fueron observadas por madre e hijo antes de irse. El mayor despidiéndose de su hijo sin que el otro se diese cuenta. Acunándolo en sus brazos. Sentándolo en su regazo. Escuchando el dulce sonido del mar.

-Astral... Eres un niño fuerte, valiente e inteligente, tu sonrisa es una de tus mejores cualidades, así como tu memoria... Se que podrás hacer maravillas en un futuro... Estoy Seguro de eso...

-¿De verdad?

-Sí... Astral... Sé que serás un hombre hecho y derecho, se que escucharas a nuestro pueblo, e implementaras aun más reformas que ayuden a que podamos dirigirnos a un futuro brillante. Incluso se que tu compañero o compañera de vida será tan especial para ti y para este mundo que, te ayudará sin pedir nada a cambio... Serás alguien brillante y hermoso. Un futuro te espera, así como lo vivimos papá y yo... ¿Sabes? Aún recuerdo cuanto anhelaba tenerte entre mis brazos, la sonrisa nerviosa de tu padre aún pareciera que la viera aquí... Ja, estaba tan nervioso al cargarte la primera vez... Creí que te dejaría caer... Pero no fue así, te sujeto con tanto amor que, quedaste encantado con aquello... Astral... Tú alguna vez cargaras a tus hijos, y entenderás algunas de nuestras acciones hasta entonces... No me justifico. Pues pude haber hecho más... Sin embargo. Puedo decirte que Mamá y Papá estuvieron para ti en algún momento... Y no quiero que lo olvides. Pase lo que pase... Te Amo Astral... Así como tú papá Elifas te ama... Y estamos plenamente orgullosos de ti cariño, falla cuando tengas que hacerlo, triunfa cuando lo desees... Pero jamás olvides los buenos valores y enseñanzas que te dejamos... Es la herramienta más valiosa que tu padre y yo te dejaremos, así que utilízala al máximo... No dudes y ve adelante... No mires atrás, a menos que sea para tomar impulsó... Mi más grande amor por ti es que vivas, tanto y como puedas... Así que, Astral...-Llamo Aren. Mientras derramaba mas lágrimas en silencio. Abrazando con más fuerza a su hijo- Vive... Vive hasta donde puedas... Y se feliz... En donde sea que estés... Mamá y Papá rezaran para que tu camino sea claro y alegre... ¿Esta bien? ¿Puedes prometer a Mamá eso?

-...Sí mami...-Susurro el menor. Sintiéndose reconfortado. Amado. Las estrellas siendo testigo de aquella promesa. La cual apenas era recordada por el Rey actual del Mundo Astral. Quien lloro en silencio. Ocultando su mirada. Dejándose abrazar por su amado. El cual trataba de que aquello no fuese un punto de quiebre para el mayor. Los espectadores llenándose de tristeza. Vector identificándose sin notarlo con su rival.

Ambos perdieron a su madre a una temprana edad.

Los Guerreros viendo a lo lejos la espalda de su Reina. Sintiendo su dolor. Acompañándolo en la medida de lo posible. Notando como una estrella fugaz pasaba de improvisto. Sellando aquella escena y promesa.


Elifas busco y busco por la zona desierta que era aquella frontera. Al final encontrando solo arena a lo lejos y a sus pies. El par de Guerreros que le acompañaban sintiéndose tan desesperados como él. Mirando en todas direcciones sí en algún momento encontraban lo señalado antes. Pues vestigios de magia blanca poderosa era lo que un rumor señalaba. Lo cual los llevaría a esa fuente inagotable de poder y conocimiento, quizá lo que estaban buscando para salvar a Aren. Hasta ahora solo fallando de manera miserable, lamentable.

Aquel Rey dio un par de pasos más. Levantando su vista al lugar, su fiereza notándose de repente. Mostrando a un hombre capaz de todo. Avanzando en línea recta, mirando de vez en cuando las estrellas. Guiándose con ellas. Sus pensamientos comenzando a divagar de un tema a otro para no caer de nuevo en la angustia. Recordando la bella sonrisa de Aren y de Astral. Motivándose aún más con ello, luchando para volver a tener a su familia a su lado, felices y a salvo. El cansancio también notándose en su postura y en su cuerpo. El cual apenas le afectaba realmente. Pues su voluntad le obligaba a caminar más. Siendo seguido de sus Guerreros. Los cuales admiraban aun más a su Rey. Que, muy a pesar de lo que pasaba en el Reino, él no se había rendido ante la situación. Confiando en sus asistentes y demás líderes. Siguiendo con su incansable busqueda. La cual, sin saber. Estaba llegando a si fin.

Han y Lian señalando al unísono a lo lejos, mostrando una construcción de piedra. La cual comenzó a brillar en un tenue color rojo. Abriendo sus puertas para aquellos viajeros que miraban todo ello con esperanza. Avanzando de pronto a zancadas hasta el lugar, en donde una esfera del color antes brillante, les indicaba un camino a seguir. Escaleras extendiéndose en lo profundo del suelo. Bajando hasta donde solo se notaba oscuridad.

-Vamos...-Ordeno Elifas. Armándose de valor, la emoción llenándolo después de años de ausencia. Ambos Guerreros acatando la orden una vez dejaron a los caballos descansar a la salida. Siguiendo a su Señor. Quien seguía aquella esfera que le iluminaba su camino, haciendo brillar la arena amarilla, el sonido del metal siendo el único que se escuchaba.

Quizá... Solo quizá. La esperanza aún se mantenía... Si lograban encontrar la respuesta en el lugar...