El sonido del silencio era abrumador. Además del suave tintineo del metal de las armaduras de los presentes, y la esfera roja que les mostraba el camino, lo único que podían ver al bajar las escaleras solo era polvo o restos de huesos que pertenecían a algunos animales de la zona, claramente ya algunos rotos y roídos por los pocos que quedaban en el lugar. De alguna manera haciendo el ambiente tétrico.
Han y Lian pasaban su mirada de un lado otro, mirando atrás de vez en vez para asegurarse de que nadie más los seguía, aunque dentro de ellos sabían que aquel lugar estaba más desolado que nada. Siguiendo solo con su labor como una forma de calmarse así mismos ante lo que venían a buscar. La Guerrera mantenía sus labios ligeramente apretados ante la situación, temblando ligeramente, tratando de pensar en números u otras cosas que podían distraerla. Esto siendo notado por su hermano gemelo, el cual sonrió en leve burla a su hermana. Susurrándole.
-¿Le temes a los monstruos Han?-Cuestiono. Mirando como la contraria se tensaba antes de mirarle de manera molesta. Contestando en el mismo tono de voz.
-¿Qué tonterías dices? Por supuesto que no. Solo estoy nerviosa por la seguridad de nuestro Señor...
-Ajá... Entonces no te espantes pero, justo acabas de pisar el hueso de un terrible monstruo de la zona...-El mayor señalo al suelo, mostrando que efectivamente Han había apodado un cráneo con un par de cuernos, haciéndola sorprenderse, un sudor frío recorriendo su frente- Yo que tu me llevaría eso, dicen que si pisas los restos de un monstruo va a seguirte hasta cobrar venganza, sea el lugar que te encuentres...-Han no pudo evitar ver aquel hueso con un terrible miedo. Levantando su pie cuidadosamente. Casi a punto de soltar un grito. Al menos hasta que Elifas se detuvo para mirarles, logrando escuchar su conversación.
-Lian deja de asustar a Han con cosas que no existen... Ese hueso pertenece a la raza de los Buish. Es obvio que un animal noble no regresaría de la muerte...-Menciono con cansancio el Rey. Sacando un poco su lado paternal sin querer. Regañando al Guerrero, quien se avergonzó al ser descubierto.
-L-Lo siento... -Se disculpo, mirando a su hermana. Quien suspiraba al estar libre de las maquinaciones de su tonto hermano. Dándole un severo golpe en la cabeza después.
-Continuemos... Lo que buscamos debe estar adelante-Ordeno Elifas. Volviendo a avanzar, aquella esfera esperando hasta que le vio bajar nuevamente. Volviendo a servir como guía.
El lugar una vez más estuvo en silencio. Los pasos resonando con un poco de eco al ir bajando, dejando atrás el ambiente tenebroso para después de unos minutos encontrarse con los siguientes escalones hechos de un bello cristal blanco. El polvo apenas cubriéndoles de manera sencilla. Elifas se detuvo un momento antes de dar un paso al escalón, descubriendo la natural luminiscencia en ellos. Su paso siendo marcado por una suave luz blanca, pequeños destellos naciendo así como suaves partículas que revoloteaban alrededor. Iluminando un poco más el camino. Emocionándolo un poco al saberse quizá en el lugar correcto.
Los Guerreros al ver avanzar a su Señor, fue entonces que le siguieron, sus expresiones yendo desde la sorpresa hasta una leve alegría al notar aquel mágico pero sencillo espectáculo de los escalones. Quienes los condujeron aun más adentro, mucho mas bajo tierra. Las paredes cambiando poco a poco hasta ser cristales del mismo material que los escalones. Entrando entonces en lo que parecía ser un lugar sagrado. Pues poco a poco iba expandiéndose hasta que, tiempo después pudieron llegar al final del lugar, un bello templo recibiéndolos. Sus puertas abriéndose a la par para que entraran, a lo que la esfera de energía roja les guio. Agua de pronto mojando sus pies, así como diversos cristales que nacían en todas direcciones, al final mostrando en lo profundo del sitio un hermoso pero sencillo altar, en el cual descansaba un material extraño en una copa de plata.
Aquella esfera de energía roja voló hasta posarse arriba de aquel material, haciéndolo brillar con intensidad, ahora cambiando su apariencia a lo que parecía ser un pedazo del cielo de la mañana. Tan brillante y azul, que recordaba incluso a los riachuelos o más bellos ríos y mares. Esto hipnotizando a los Guerreros, quienes sintieron crecer la esperanza en sus corazones. Pues como decía la leyenda, solo aquellos con un objetivo noble podían acceder al lugar para tomar un poco de la Copa del Destino. Aquella que incluso podía regresar a alguien de la muerte. O hacer nacer una nueva vida a cambio.
Elifas sonrió con triunfo, agradeciendo internamente a su arduo trabajo, a su esfuerzo y a su infinito amor por su esposo y su hijo, quienes sabía, le esperaban en casa. Así que suspirando para calmar sus nervios, fue que se acerco al altar. Siendo detenido bruscamente ante una voz joven.
- Viajero que has cruzado los mares, la tierra y el cielo por encontrar la Copa del Destino, y que has luchado incansablemente por obtenerla para salvar a otro. ¿Qué es lo que ofreces a cambio?
-¿Ofrecer a cambio?-Fue la interrogante más valida para Elifas, el cual se notaba visiblemente confundido.
- Sí, todo pacto debe haber siempre un sacrificio... ¿A quién es que ofrecerás a cambio del contenido de la copa?
Los Guerreros así como su Rey se tensaron al escuchar la pregunta. Mirándose antes de mirar aquella copa a lo lejos. La cual brillaba intensamente ante su llegada. Invitándolos a tomarla. Elifas dio un par de respiraciones antes de apretar sus puños. Había llegado tan lejos como para ser detenido ahora. Sin embargo, aún así. Su corazón no estaba dispuesto a entregar a nadie. Él llego ahí para salvar a su esposo y a su familia. No para entregar a nadie. Su alma se lo reprocharía siempre si lo hacía. Así que viendo como aquella copa se alzaba como su esperanza, se vio forzado a apartar la mirada con dolor.
-No entregare a nadie. Me niego al hacerlo...-Menciono con ligera fuerza. Apenas notando como aquella esfera roja se movía levemente.
- Sí no entregas a nadie, la Copa del Destino desparecerá... No hay salvación sin un sacrificio... ¿Entonces qué es lo que harás viajero? Tus riquezas y tu poder no son equivalentes, no como lo es un ser. Así que, ¿Qué ofrecerás a cambio?
Elifas miro de nueva cuenta a la copa. Así como a la esfera de luz. Han y Lian dando un paso al frente por si su Rey decidía sacrificarlos a ellos. Mostrando una fiereza incomparable en su mirada.
-Yo... Yo...-Vacilo por unos momentos antes de cerrar sus ojos, recordando los bellos momentos con su hijo y su esposo. Escuchando sus voces. Sintiendo en su pecho el calor de las caricias y los sentimientos otorgados. Reviviendo cada buen rato que tuvo la oportunidad de vivir. Al final aquello ayudándole para dar una conclusión a lo pedido por un ser que no podía ver. Sonriendo con amabilidad- Yo, Elifas, Rey del Mundo de Gea. Me entrego a mí mismo como sacrificio. A cambio, pido que la Copa del Destino sea entregada a Han y Lian. Miembros de los Guerreros de la Esperanza, protectores de la familia Real y el pueblo de Gea...
El silencio se extendió por el lugar, mientras los Guerreros mencionados abrían sus ojos con horror al escuchar aquello. Acercándose a su Señor. Tocando sus hombros para atraer su atención.
-¡Elifas-sama no puede hacer eso!-Exclamo Han, la angustia posándose en su mirada.
-¡Han tiene razón!- Apoyo Lian- ¡No tiene porqué sacrificarse, usted ha luchado incansablemente para encontrar el lugar y el milagro que tanto rogaba al cielo! ¡Aren-sama y Astral-sama aún le esperan en el Palacio! ¡No puede hacer esto! ¡No estando tan cerca de que su objetivo se cumpla! ¡Me entregare yo en su lugar! ¡Mi trabajo es protegerlo, así como a la familia Real! ¡No voy a dejar que usted desaparezca por la desesperación! ¡Aún tiene muchísimo que hacer!
-Lian... Han...-Susurro el Rey. A lo que negó después con suavidad. Sonriendo paternalmente. Dando media vuelta solo para acariciar las cabezas de sus Guerreros de manera un poco tosca. El cariño notándose en esa acción- La decisión ha sido tomada. Así que por favor, no insistan en ello. Deseo que ustedes regresen a la Capital con la Copa y puedan hacer algún remedio o alguna herramienta que pueda ayudar a su Reina... También. Les pido que se despidan en mi nombre con mi familia... Díganles que siento no poder acompañarlos más, pero, que siempre estaré junto a ellos. En sus recuerdos... En sus acciones... ¿Pueden hacer eso?
-Elifas-sama-Susurro Han. Sintiendo una enorme impotencia de pronto. Las lágrimas recorriendo sus mejillas, siendo imitada por Lian. Quien solo negó ante su fracaso en proteger a su Rey. Cubriendo su rostro. No queriendo obedecer aquella orden que se le daba. El ambiente tornándose difícil de repente. el silencio volviéndose aun más pesado que antes. El tintineo de las armaduras sonando ante los leves movimientos de sus portadores. El sonido del agua sonando al fondo. Todo ello siendo interrumpidos hasta que aquella extraña voz volvió a hablar.
- Felicidades Elifas, Rey del Mundo de Gea. Esposo de Aren, Reina del Mundo de Gea y Padre de Astral, Príncipe del Mundo de Gea. Has pasado la prueba. La Copa del Destino es tuya, puedes llevarte su contenido o la copa si gustas... Tu corazón es puro, y tus acciones también. Eres merecedor de cambiar el Destino. Adelante y hazlo. Lo has logrado...
Aquella voz y palabras siendo ahora un dulce bálsamo para los presentes, quienes suspiraron de alivio. Sonriendo al final con un leve triunfo.
-¡Maldición nadie dijo nada de una prueba! ¡No estaría mal que se nos avisara!-Exclamo Lian. Mirando como aquella esfera que les guio desaparecía sin más. Dejando el sitio.
-¡Sí! ¿Qué estupidez es esa? ¡Dios! ¡Pensé... Pensé... Demasiadas cosas malas!-Se quejo Han. Pasando una de sus manos en su cabello. Haciendo reír a Elifas. Siendo esta la primera carcajada en años.
-Entiendo. Entiendo... Sin duda no esperaba menos de este lugar... No puedo objetar ante lo dicho...-Menciono en un tono dulce. Alegre. La esperanza regresando a su mirada. Encaminándose después al altar. Tomando la copa, mirándose triunfante, girando poco después a sus Guerreros. Observándolos como lo hacía hace no mucho tiempo- ¿Nos vamos?
-¡Sí!-Fue la exclamación de ambos hermanos. Sintiendo la alegría de ver con bien a su Señor. Dejando de lado aquella parte en la que se implicaba su sacrificio.
Por fin después de tanta búsqueda. De tanta lucha incansable por encontrar lo que le mantenía angustiado, fue que pudo regresar a casa custodiado de sus Guerreros. Los cuales mostraban una feroz mirada y aura. Apartando a cualquiera que quisiese atravesarse en su camino. Deteniéndolos bruscamente antes de que los Caballos pasaran galopando hasta el Palacio. En donde una vez llegaron a los establos para dejar a los animales. Con rapidez de dirigieron hasta donde se encontraba Aren y Astral. Hallándolos en la habitación principal. Ambos ya bañados y listos para seguir con su triste rutina.
Elifas entrando de repente a la habitación. Abriendo las puertas a la par. Yendo a abrazar a sus mayores tesoros. Dando caricias toscas y suaves besos como solo el podía hacerlo. Confundiendo a madre e hijo. Quienes veían esto de manera un poco preocupada. Aren iba a preguntar qué es lo que pasaba, hasta que fue besado de repente. La dulzura y la dureza combinándose como su esposo solía hacer. Ambos separándose poco después.
-¿Q-Qué es lo que pasa cariño?-Cuestiono Aren. Mientras recibía una bella sonrisa del contrario. Su mirada llenándose de luz.
-¡Lo encontré! ¡Lo encontré Aren! ¡Lo logré!-Exclamo el mayor. Abrazando a su familia una vez más, besando de nueva cuenta a su amado. Aplastando sin querer a su hijo, quien al removerse pudo zafarse del abrazo, cayendo de sopetón a la cama.
-¿Qué es lo que encontraste?
-¡Lo encontré! ¡Encontré la forma de salvarte amor! ¡Uno de los pasos para hacerlo!-Volvió a exclamar el mayor. Cargando a su esposo. Girando con el ante la alegría que le invadió. Haciendo sonreír al infante, quien miraba de manera un pico confundida aquel intercambio.
-...Lo has... Elifas por favor no juegues conmigo... No ahora-Rogo el menor. Sintiendo escocer sus ojos.
-¿Por qué lo haría? ¡Para nada Aren mío! Lo único que debo decir es que... Lo lograremos. Vamos a lograrlo amor. Tu, yo, Astral, nuestro pueblo. Juntos... Juntos vamos a lograrlo. ¡Voy a salvarte Aren! ¡Voy a hacerlo! Lo lograremos... Vamos a hacerlo... Los dos...-Menciono el mayor. Juntando sus labios una vez más con su esposo, quien recupero un poco más de brillo en su mirada. Dejando caer las lágrimas que luchaban por salir. Permitiéndose contagiar de la alegría de su amado.
-Sí...-Fue lo que susurro una vez se separo de Elifas. Siendo depositado en el suelo con suavidad. La esperanza volviendo a llenar su corazón y mente. Sonriendo poco después a su hijo. El cual miro a sus padres antes de reír como hace años no lo hacía. Conmoviendo a sus padres. Los cuales le tomaron antes de salir al laboratorio del pelinegro. Abriendo las puertas antes cerradas. El sol saliendo a lo lejos. Sus rayos acompañándolos antes de entrar al lugar.
Elifas entonces saco una bella copa, la cual brillaba tenuemente. Dejándola en la mesa principal del lugar. Mostrándosela a Aren. Quien contuvo una vez más su llanto emocionado. Cubriendo su boca con una mano, mientras con la otra sostenía a Astral. El cual aún miraba esto de manera confusa.
-Esta es la Copa del Destino... Es... Es nuestra mejor carta de triunfo... Podemos hacerlo Aren... Podemos lograrlo...-Hablo con una gran sonrisa el mayor. Contagiando a su familia. Aren asintiendo a las palabras de su esposo. La alegría perdida siendo recuperada poco a poco.
-En ese caso... Avancemos en ello-Declaro el pelinegro. Dando a su hijo a su amado. Acariciando la copa poco después.
El escenario cambio una vez más para los espectadores, quienes notaban como es que las cosas avanzaron para los Monarcas y su hijo. Quien ahora poseía la edad de 12 años. Su cabello a como lo conocían, mostrándose largo y atado a una coleta baja. La cual descansaba en uno de sus hombros. Sus ropas así como su altura siendo las más convenientes para su estatus. Sus estudios y demás entrenamientos siendo más fructíferos que antes. Mostrando el potencial escondido en él. Sus hechizos alcanzando la magnificencia a corta edad. Siendo alabado por muchos. Su actitud siendo una combinación que vacilaba en la madurez y el infantilismo. Permitiéndose sonreír un poco más seguido. Entablando una fuerte amistad con la hija del Curandero Real. Ana. La cual era un año menor que él. Siendo toda una erudito en su área de labor. Siguiendo los pasos de su padre, que dulcemente le dejaba estar con el príncipe.
Elifas por otro lado, pudo poner en orden una vez mas el Reino de Gea. Mostrándose personalmente en público. Clamando la paz entre ambas razas, que en un principio se negaron a participar. Hasta que fueron cediendo ante la nueva faceta de su Rey, el cual mostraba un bello semblante. Uno con esperanza. Dejando un poco de lado las riñas antes vividas. Aún habiendo un odio mutuo ante los otros. Pero mostrándose mas tolerantes al respecto.
Las cartas de ayuda cesaron en gran medida. La justicia llegando hasta los últimos rincones del Reino. Arrasando con lo malo que antes permeaba en él. Dando una nueva perspectiva a los más jóvenes y a los que apoyaron a la causa. Las voces de paz fueron de nuevo escuchadas. Mientras los Guerreros hacían lo suyo. Dejando de ignorar a los débiles. Realizando su verdadero labor con nueva esperanza. Disculpándose cuando se debía, castigando cuando era necesario.
El semblante de los sirvientes mejoró, así como la libertad que fue recuperada. La esperanza volviendo a relucir, así como el buen animo en el ambiente. El Palacio y las ciudades recobrado una vez mas su brillo original. Siendo cegados por la felicidad.
Aren por otro lado. Con ayuda de su esposo fue que pudo hacer algo al respecto para su maldición. Intentaron por todos los medios algún hechizo o algún brebaje. Sin embargo bien pareciera que el líquido de la copa no cooperaba. Años de esfuerzo viéndose negados ante la negativa de la milagrosa sustancia. Al menos hasta que por accidente, este cayo en uno de los metales que se usaba para tomar los instrumentos y demás pociones peligrosas. Impregnándose en el. Esto dando una idea al pelinegro. Para preocupación del mayor.
Pues ahora él hacia desde hace un año una bella espada, metal que fue forjado por Elifas mismo. Este siendo la base para lo que siguió después. Hechizos fueron imbuidos, así como protecciones realmente poderosas. La luz siendo la elegida para la tarea. Mientras su funda fue dejada en oscuridad. Esto para cubrir su poder.
Aren iba y venia haciendo todo con esfuerzo. Aguantando tanto como podía las voces que le gritaban con maldad. Susurrándole cosas a las que, lamentablemente estaba cediendo. Recuperando su lucidez poco después. El tiempo sintiéndose en su espalda. Acabando poco a poco. Elifas iba y venía para ayudar en la medida de lo posible. Sintiendo un nudo en la garganta el ver la espada que tendría que ser usada en contra de su amado. Ocupándose de los deberes de ambos. Manteniendo la vista curiosa de los demás lejos de Aren. El cual se movía a conveniencia. Luchando por mantenerse cuerdo.
El líquido fue vertido a la espada. La cual tomo un bello color blanco. Joyas apareciendo de la nada en ella, mientras los hechizos se activaban. La plata cambiando a oro blanco. Esto dando una sorpresa a ambos Monarcas del Mundo Astral. Pues aquella espada era la misma que ahora el mayor portaba como suya. Siendo reconocida poco después por Emperadores y Elifas. Mostrándose levemente estupefactos.
Aren daba casi por terminado su trabajo. Así como su misma salvación. Dando una bella sonrisa antes de que sus ojos perdieran su luz. Su rostro mostrándose serio por unos minutos hasta que negó con fuerza. Recuperando su antiguo semblante.
-Aun no... Falta poco... Aguanta Aren. Aguanta un poco más...-Susurro para sí mismo. Apartándose de la espada que estaba por quedar lista al igual que la funda. Saliendo de su laboratorio sin un rumbo. Llegando sin notarlo a una sala en especial- Esto es...-Dijo, antes de abrir la puerta, adentrándose en el lugar, admirando la belleza del mismo. Instrumentos mostrándose en distintos lugares, algunos siendo conocidos por los espectadores, otros solo por los Astralianos. Candelabros adornando el sitio de gran tamaño. Mientras un bello mármol blanco era lo que más resaltaba. El suelo y paredes brillando ante el visitante. Quien camino con lentitud al centro de la misma. Mirando a detalle cada cosa que se topaba- Es la sala de música... El... El lugar en donde Elifas y yo nos comprometimos... Que recuerdos...
Su rostro cambio a una mueca melancólica. Siendo reemplazada rápidamente por una bella sonrisa al sentir la energía de su amado buscándolo. Dejando salir la suya para que fuese hallado. Era verdad. Él no estaba solo. Ni mucho menos apartado en un rincón. Su esposo y su hijo siempre iban a estar con él. Fuese donde fuese. Sin importar lo que pasara. Así que escuchando la puerta abriese, fue que dio media vuelta antes de correr a los brazos de su amado. Quien le recibió de la misma manera. Las puestas cerrándose detrás de él.
-Te encontré... Volví a encontrarte... Aren...-Menciono Elifas. Abrazando con un poco mas de fuerza a su esposo. Dando un dulce beso en la frente del mismo.
-Sí... Lo has logrado...
-Aren... La espada esta lista...-Aviso el mayor. Dando a entender que él termino lo que el otro no termino. Causando una leve sonrisa en el mencionado.
-Ya veo... Es... Es todo un milagro... De verdad. Que puedes hacer cosas maravillosas...
-¿Qué dices? Eso ha sido trabajo de los dos... No me des todo el crédito..
-Jajaja es verdad... Elifas- Llamo el menor. Mirando a su esposo- Te Amo...- El mayor no pudo evitar sonrojarse ante la declaración tan repentina. Lo cual hizo reír al otro- Jajaja, reaccionaste como aquel día...
-¿Aquél día?
-Sí... Cuándo nos comprometimos. ¿Lo recuerdas? Aquí mismo fue el lugar en dónde hicimos algo cuyo resultado fue "nuestro hijo"...
-Ah... Sí...-Fue la corta respuesta del mayor. Mientras sonreía de manera apenada. Desviando momentáneamente la mirada antes de volver a posarla en su amado- Es verdad... Este lugar es realmente maravilloso...
-Ni que lo digas... Tiene tantos buenos recuerdos... Elifas-Volvió a llamar el menor. Consiguiendo la total atención del mayor- Sé que estas preocupado, mucho por el hecho de usar la espada. Sin embargo... Es necesario. Muy necesario hacerlo... Así que, ¿Puedo confiar en ti para realizar el ritual?-El mencionado le miro unos minutos antes de asentir. Bajando un poco su cabeza. Apretando sus labios en señal de muda protesta.
-Sí...
-Gracias cariño... Gracias, Te Amo... Pase lo que pase... Voy a seguir amándote hasta donde mi existencia me deje hacerlo...-Susurro Aren. Antes de acercarse a su esposo. Depositando un suave beso, el ambiente cambiando a uno melancólico y un poco cálido a la vez. Un momento íntimo revelándose antes de que el escenario cambiara súbitamente al ver como es que Elifas inclinaba a su amado un poco más, profundizando aquel tierno beso. Dando por sentado que la pareja repetiría lo que paso antes en el lugar. Despidiéndose sin saberlo.
Un día más paso antes de que la pareja decidiera moverse al laboratorio del menor. Cerrando la puerta detrás de ellos. Colocando seguro a la misma. Asegurándose de esta manera que no serían interrumpidos por nadie. Ni si quiera por Astral. Quien les buscaba ante una duda surgida a causa de un libro en sus brazos.
La arena del reloj cayendo en silencio.
Los sirvientes fueron removidos incluso del lugar para que no vieran de más o especularan de algo que no les convenía saber. Así como los soldados y los Guerreros que tan amablemente ayudaron a ello. Preocupándose por el cambio tan brusco que daba su Reina, antes de tomar su cabeza para volver a su semblante cotidiano. Sin llegar a percatarse de la pérdida del brillo en su mirada y su sonrisa ladina.
El clima cambiando a uno lluvioso. El aire siendo frio, así como la brisa que circulaba en los alrededores. Dando un preludio melancólico. Uno que era ignorado por Gea, a excepción de Astral. Quien insistió en buscar a sus padres. Siendo persuadido por los Guerreros que se lo topaban, alejándolo a propósito del verdadero paradero de los Monarcas. Quienes ya habían preparado todo, un círculo brillando debajo de ellos. Mientras la espada era sostenida momentáneamente por Aren. El cual solo miraba de manera extraña a la labor de su esposo. El cual trabajaba con su magia para realizar aquel importante ritual que permitiría al pelinegro ser libre de aquella horrible maldición.
- Al cielo, la tierra, y los mares, hago un llamado a la madre magia para que ayude a su hijo a conseguir sus objetivos. El norte, sur, este y oeste que queden en posición ante su llegada, que el viento anuncie su regreso y que los Dioses antiguos bendigan el....- Aquel Hechizo fue interrumpido.
Elifas abrió sus ojos lentamente. Enfocando a su amado. El cual le miraba de manera vacía, un semblante serio recibiéndole. Mientas un hilo de sangre bajaba por la comisura de sus boca. Un quejido viniendo después, uno en donde la sangre dorada boto de su boca y pecho, manchando el suelo, deshaciendo el circulo blanco debajo de ellos. La espada que salvaría a Aren ahora enterrada en su pecho, justo en donde estaba su corazón.
-¿Por que?-Preguntó de manera suave. Estirando su mano para tocar el rostro de su amado. El cual paso a debatirse entre la lucidez y la inconsciencia. Cayendo victima de su maldición.
-Yo...Yo... Elifas... Elifas... Ayúdame... ¡ Ayúdame !-Exclamo Aren. Soltando la espada. Tomando con fuerza su cabeza mientras un aura oscura le cubría. Alarmando al mayor. Quien con esfuerzo saco aquella espada de su pecho. Tosiendo poco después.
-Es-Espera... A-Aren...-Llamo. Levantando aquella espada. Dirigiéndose a su amado. Dispuesto a salvarlo. Notando como es que una sonrisa maligna se posaba en los labios de su esposo. Riendo macabramente.
La batalla entonces comenzó. Una realmente triste. Desventajosa para el Rey. Pues su herida sangraba demasiado. La sangre perdida siendo un impedimento para usar todo su potencial.
Aren convocó un sin fin de hechizos, quienes se materializaron en sellos. Los cuales condensaron magia a manera de electricidad. Chocando con el cuerpo del mayor, quien dio un grito sonoro al recibir el impacto. Cayendo de rodillas en el suelo, levantándose poco después. Abalanzándose una vez más en contra de su amado. Notando como es que se perdía entre la oscuridad.
- No creas que lo conseguirás con esa facilidad...-Fue la fría frase de Aren. Mientras esquivaba un nuevo ataque del mayor. Quien baldío su espada con fuerza, dando estocadas a diestra y siniestra. Entorpeciendo sus pasos mientras la sangre continuaba cayendo de su herida.
Aren sonrió de manera tétrica antes de usar los hechizos oscuros. Logrando dañar aún más al mayor. Quien apenas y podía resistir todo aquello. Al menos hasta que pudo divisar el mejor hechizo destructor de su amado. Comprendiendo en ese momento que, todo lo que lucho y busco.
Fue en vano.
Recuerdos bellos de pronto llegando a su psique. Anunciando el final de su vida. El final de su lucha. Muriendo irónicamente por el amor de si vida. El cual lanzo aquella energía en forma de lanzas oscuras al otro. Esperando hacer el mayor daño. Atravesando el cuerpo contrario. Logrando su cometido. Sin ver en realidad como es que Elifas alcanzaba a transportar la espada al único ser que podía utilizarla correctamente. Cayendo de repente delante de Astral. El cual la tomo antes de mirar a sus lados. Notando la sangre dorada que caía de ella.
- Papá... -Fue el susurro nacido de la nada. Mientras un rayo golpeaba el suelo con fuerza.
Aren sonrió una vez vio a su esposo en el suelo. Inconsciente, habitando poco a poco el mundo de los muertos. Mientras un aura oscura pasaba a rodearlo por completo. La maldición ganando ante su corazón. Una lágrima muda rodando por su mejilla.
- Entonces, ¿Solo deberé atravesarte muy levemente en tu núcleo para purificarlo cierto?
-Sí, así es Elifas.. Solo tendrás que hacer eso y yo seré libre de la maldición que me aqueja...
-Entiendo. No me gusta la idea de hacerlo. Pero... Si es la única manera. Entonces lo hare... Por ti... Por Astral... Por nosotros...
-Sí... Confío en ti... Y en que pronto estaremos los tres, riendo como hace años...
-Por supuesto... Así será Aren... Así será...
Esto marcando el nuevo declive de Gea. Quien en su ignorancia, jamás noto el asesinato de su Rey. La esperanza siendo arrebatada una vez más.
