El día que terminaba en tormenta lloró. El cielo, mar y tierra se sacudieron ante tal perdida de uno de los hijos más importantes del Mundo Gea. La brisa se convirtió en un terrible viento abrazador, obligando a los transeúntes, comerciantes y demás habitantes de las ciudades y pueblos a regresar a sus hogares. Todo, mientras los Guerreros por alguna razón pasaban a tener un dolor insoportable en el pecho. Mirándose unos a otros en busca de una respuesta.

Astral sostuvo aquella espada en sus manos, marchándose con la sangre dorada de aún caía de ella. Extrañándose de ver aquel arma caer de la nada ante él. Sirvientes y demás encargados del Palacio parecían haberse quedado estáticos ante el terrible clima que de pronto surgió. Mirando a través de las ventanas o alguna puerta, invitando a los mar cercanos a buscar refugio en el mismo. La lluvia siendo un verdadero torrente de repente. Astral entonces supo, muy dentro de él que algo terrible había pasado. Tanto que incluso el Mundo de Gea parecía lamentarlo.

Sus pasos pasaron a dirigirse entonces en busca de sus padres, llevando aquella espada en sus manos, apresurándose ante lo que el presentía. Al menos hasta que en una de las paredes, lejos de la vista de los curiosos, se removió poco a poco, mostrando un pasadizo. Mientras una esfera de energía roja se alzaba de repente en el lugar. Impidiendo el paso del peliblanco. El cual paso a detenerse abruptamente ante lo visto. Apretando un poco la espada contra su pecho.

-¿Qué? ¿Por qué?-Preguntó casi de manera automática. Recibiendo una respuesta que solo el podía escuchar.

-No vayas...

-...-Astral estaba confundido. Su presentimiento aumentando alarmantemente en su pecho. Su mirada dejando ver un poco la preocupación y el miedo que le aquejaba- ¿A qué te refieres?

- La tragedia ha decidido tocar a la puerta... Es mejor que esperes hasta que sea el momento para atacar-Dijo de nuevo aquella voz que se le hacía tan familiar. Sonando dulce, preocupada, alarmada. Confundiéndolo aún más.

-No entiendo lo que tratas de decirme...-Sus pequeñas manos se aferraron a la espada. Cortándose un poco sus dedos. Sangrando casi de inmediato. Soltando un leve quejido. Sin dejar de mirar como aquella esfera volaba a su alrededor.

- Escóndete... Esto aún no parece terminar... Eres el único que queda...-

-¿Qué? ¿Por qué?-Cuestiono una vez más. Al menos hasta que sintió un leve tirón en una de sus manos, para después sentir como es que le arrojaban bruscamente dentro de aquel pasadizo. Cayendo de rodillas. El cual volvió a sellarse una vez más. Dejándolo en la penumbra. -¿Qué esta pasando?-Menciono en voz baja. Siendo segado de pronto por la esfera de energía rojiza.

- Shh... Es mejor no hacer ruido... Sígueme...

-Pero...

- Tranquilo... Todo estará bien... Lo prometo... Confía en mí... Somos amigos después de todo ¿No es así Astral?- Cuestiono la dulce voz. Calmando con su tono al niño que le miraba con cierto desconcierto. Recordando de la nada que él ya la conocía. Abriendo un poco más sus ojos.

-Sí... Somos amigos... Sin embargo, no iré contigo sino me dices que esta pasando-Dijo en ligera amenaza. Aferrándose una vez más a la espada en sus manos, levantándose poco después. Dando un paso más cerca de la esfera, la cual pareció como si le mirara. El silencio prolongándose por un par de minutos.

- Entiendo... Sí quieres saber que está pasando, entonces sígueme... No podemos exponernos más...-

Astral frunció un poco su seño ante la respuesta que recibió. Más, siendo consiente de que no se le diría nada hasta que siguiera a aquella extraña amiga. Fue que dio un suspiro antes de asentir. Apretando un poco sus labios después. La esfera comenzando a volar una vez más. Esperando de vez en vez al niño que intentaba seguirla sin caer o tropezarse. Llevándolo aún más profundo dentro del pasadizo. Salvándolo de la tormenta de afuera, así como de varios disturbios que surgieron después. Cumpliendo parte del último deseo de su padre sin saber.


El tiempo fuera de aquel seguro pasadizo fue realmente caótico. Lo cual fue aprovechado por el Reina. Quien miraba a su alrededor de manera calculadora. Su rostro mostrándose serio y hasta cierto punto aterrador. La amable sonrisa y la mirada brillante desapareciendo sin más. Dio un par de pasos cerca de su esposo, el cual aún seguía debatiéndose entre la vida y la muerte. Inconsciente. El olor de la sangre extendiéndose por el lugar, así como el olor a quemado y de algunas pociones que cayeron durante el enfrentamiento. El ambiente siendo tétrico. Oscuro.

-Así que... Has sobrevivido... No esperaba menos de ti... -Menciono con voz lenta, casi pausada. Elogiando al hombre en el suelo. Causando un escalofrío en los espectadores.

Aquella voz era la de Don Milenario.

-Sin duda es como lo dicen " El Rey de Gea puede soportar encima incluso el mar entero", aunque me temo que esto no debe continuar más... ¿Me ayudarás a mi venganza?- Cuestiono de pronto. Sonriendo con malicia. Haciendo aparecer debajo de Elifas un círculo con varios símbolos en su contorno. Los cuales brillaron en una luz blanca antes de hacerlo desaparecer. Ocasionando una carcajada en el Reina- ¡Por fin! El mayor obstáculo de mis planes ha desaparecido... Jajaja, ahora solo falta moldear lo demás. ¿No es así querido Astral?- Pregunto, mirando a la puerta. Su sonrisa ensanchándose de repente.

El reloj aún dejando caer su arena. Siguiendo adelante sin detenerse.


El tiempo paso. Así como la manera de manejar el Reino. Aren había dicho a los Guerreros que Elifas no pudo concretar la tarea de salvarlo. Pues los materiales no eran los que se necesitaba. Provocando una profunda tristeza en los Guerreros gemelos que acompañaron al Rey hasta conseguirlo. Mintiéndoles con descaro sobre una nueva búsqueda que su esposo decidió iniciar solo, dejándole a salvo en el Palacio junto a su hijo. Con las personas que más confiaba. Pasando el control total del Reino a él. Quien con humildad (a los ojos de los sirvientes y demás súbditos) lo tomo. Pasando a ser el primer Reina a cargo. Fue alabado, elogiado y adorado. Nadie sospechaba nada, ni siquiera con el aura que salia de a momentos de él. Esa energía oscura acumulándose en su interior. Mientras sus ojos a veces dejaban salir lágrimas mudas.

Los Guerreros le creyeron y le apoyaron en lo que pudieron después. A excepción del Octavo. Quien se quedo callado ante lo que escuchaba y lo que veía. No sabiendo que hacer al respecto. Pues su conexión con su Rey había desaparecido. Esto haciéndolo dudar de las palabras de su Señor Aren. El cual pasaba a comportarse de manera extraña. Su corazón advirtiéndole de algo que él no lograba entender. Siendo el único que custodiaba al príncipe. Cuidándolo a lo lejos. Desde las sombras. Guiándole en lo que podía ante la misteriosa ausencia de su Rey. Forjándole en el campo de la espada principalmente. Investigando en secreto lo que su presentimiento dictaba. Saliendo de vez en vez en misiones para buscarlo o hallar una pista sobre la "misión" auto asignada. Encontrando lamentablemente la misma pared hasta la fecha.

El Mundo de Gea entonces paso a una nueva transformación, en donde, lo que Elifas en algún momento se esforzó tanto en construir. Fue rápidamente demolido por Aren, quien forjo en nuevo Mundo en donde los Neran estaban claramente en desventaja. Argumentando en sus discursos que era para su propio bien, para que lograran alcanzar el entendimiento de los seres Astral en cuanto a un nivel más alto de consciencia. Al principio esto causo enojo, descontento y muchas quejas, sin embargo estas fueron callándose a cada discurso dado hasta ser un simple murmullo. Uno que en realidad no le importaba al pelinegro, pues ahora era la minoría que clamaba igualdad, justicia e integridad a su persona. Su venganza cumpliéndose poco a poco. Deseando cada vez más terminar con la vida de los Neran. Sus planes siendo fríamente calculados y bien pensados. Sonriendo falsamente cada vez que lo necesitara. Cayendo implacablemente en una dictadura disfrazada de amor y cariño a un futuro que realmente no existía.

Astral por otro lado, lo que resto para su edad para ser independiente en energía fue bastante estresante. En un principio cuando la esfera de energía roja le salvo de algo que no entendía, él guardando aquella espada, fue en busca de sus padres, esperando recibir la calidez de todos los días, descubriendo en poco tiempo el nuevo temperamento de su progenitor, a la vez que, las cosas dentro del Palacio y el Reino se volvieron todo un caos. Su madre logrando controlarlo con astucia, pasando poco a poco a usar un puño de hierro en cada orden o nueva exclamación dada. Las reformas saliendo después. Sus estudios de vieron intensificados, así como su entrenamiento, el cual paso a ser sádico y casi mortal. Si no fuese por la intervención temprana de su guardián. El cual bajaba la intensidad y la brutalidad de los mismos sin que Aren se diese cuenta. Enseñando a Astral a sobrevivir en cada nueva situación para cuando él se quedara solo a merced de su madre.

El peliblanco entonces paso a guardar muchas cosas que vinieron después. Todo ello por miedo a que alguien más resultara herido o en el calabozo como cuando el jugó con un niño, hijo de los sirvientes de Palacio. El cual termino siendo castigado poco después, terminado en los calabozos por acercarse a la realeza. Mientras él terminaba encerrado en su habitación. Triste y realmente frustrado ante el comportamiento tan... Agresivo de su madre. Comenzando su separación poco a poco de él, sintiéndose liberado una vez llego a los 15 años. Extrañando a su padre, pues hace tres años que no le veía, recibiendo solo su energía que estaba impregnada en los pendientes de su progenitor.

Desde entonces su actitud paso a ser más reservada, hablando solo cuando era necesario y callando la mayoría del tiempo. Siguiendo la etiqueta al pie de la letra. Encarnando al sucesor perfecto. Ordenando solo cuando debía, sin involucrarse con los sirvientes. Los cuales a perspectiva de Aren pasaban a ser solo estorbos para él. Astral cuidándoles de esa manera. Asilándose de los demás. Al menos hasta que era llamado por su madre para entrenar, aprovechando la ausencia del primer Guerrero. Su vida pasando a ser un infierno constante.


Astral daba un nuevo salto ante las flechas que venían en su dirección. Las cuales se encajaron en el suelo, levantando un poco de polvo. Mientras más de ellas venían en su dirección. Un nuevo salto a la derecha pudo hacerle mover a una gran distancia del lugar, el cual era un campo abierto. El cielo siendo oscurecido por las nubes grises que anunciaban una tormenta. El aire siendo perfecto para los arqueros que, mantenían su posición. Atacando sin piedad al peliblanco, quien pasaba a acercarse cada vez a su posición. Sin llevar más que una simple daga en la mano izquierda. Su traje siendo ajustado para proporcionar una mejor velocidad y movimiento a su cuerpo con cada acrobacia dada. Su cabello largo siendo atado a una trenza. Dándole un toque suave y mortal al mismo tiempo. Su belleza realzándose sin querer.

Corrió en dirección del primer arquero que le disparaba casi con desesperación. El cual estaba en la cima de la copa de un árbol. Moviéndose de manera casi errática al ver a Astral acercarse a una velocidad aterradora. Recargando un par de flechas antes de que sus muñecas fuesen cortadas sin previo aviso. Incapacitándolo de inmediato. Siendo derribado del árbol con rapidez. Su vida siendo arrebatada después, no por el peliblanco que pasaba a atacar al siguiente arquero. Sino más bien por el Reina que miraba todo en la lejanía, sonriendo con malicia al "entrenamiento especial" de su hijo. Queriendo verdaderamente implantar una nula simpatía por los Neran. Pues aquellos pobres arqueros tuvieron la mala suerte de ser capturados antes solo por ser Nerans, siendo llevados al Palacio para este propósito. Prometiendo que si derribaban al príncipe, podían irse sin pena. Olvidando su error. Esto siendo un obvio engaño. El cual era oculto de la sociedad.

Astral dio un salto más ante su última víctima. Arrojándose encima del Neran. El cual dio un grito de horror al ver a sus compañeros caídos. Llorando sin querer realmente hacerlo. Bajando de pronto su arco y flechas para pedir clemencia al peliblanco. Quien se detuvo un poco antes de que su daga cortara las muñecas contrarias. Respirando con rapidez ante el entrenamiento que ya llevaba más de cuatro horas. Experimentando de repente las emociones que su madre le decía que negara en el campo de batalla. Al final, bajando su daga ante el pobre hombre que solo deseaba regresar a casa. Molestando de sobremanera al Reina. Quien detuvo el entrenamiento.

-Es suficiente... Astral regresa-Ordeno. A lo que el nombrado solo asintió. Dejando de lado al Neran, quien suspiro de alivio. Sin notar como momentos después su alma era arrancada a la fuerza. Matándolo al instante. Esto haciendo enfadar también al peliblanco. Quien al llegar con rapidez al lado de su madre no dudo en alzar su voz.

-¿De verdad era necesario hacer eso? Él solo era un delincuente...

-Exactamente Astral... Por eso mismo no podemos dejarlo vivir. Él fue capturado por nuestros valientes soldados por sus fechorías. ¿Acaso estas menospreciando a tu propia raza?-Era verdad. Los soldados dejaron de admitir a los Neran, quitándoles un poder realmente grande. Dejándoles aún más débiles.

-Eso no es lo que quise decir... Madre, estas personas solo necesitaban reformarse como los demás prisioneros. Una vez ellos pagaran su deuda podían regresar a casa. ¿Por qué insistes en meterlos y meterme en estas situaciones? He dicho mil veces que odio hacer esto-Menciono Astral. Dejando caer su daga al suelo. Sintiéndose culpable de ser responsable de la muerte de esas personas inocentes.

-¿Estas dudando una vez más de mí? ¿Es que acaso no has entendido? Astral eres débil. Cualquiera allá afuera no dudará en hacerte pedazos al verte. Especialmente los Neran. ¿Es que acaso ya no recuerdas lo que nos paso en tu infancia?-Dijo de manera afligida el pelinegro. Ocultando un poco su boca con la manga de su túnica. Mirando de manera expectante a su hijo. El cual solo negó.

-No. No lo he olvidado. Pero eso no justifica tus acciones. Es verdad que esas personas eran malas. Pero no merecen que hagas esto. ¡Mucho menos a espaldas de los Guerreros que nos protegen!

-Oh... En ese caso eres tan culpable como yo. Digo, si de verdad quisieras salvarlos solo debes decirles ¿No?

-...-Astral le miro. Aparentando sus labios así como sus manos. Mirando de manera molesta a su progenitor- Sí pudiese hacerlo lo haría... Pero... En esto se juega la poca estabilidad de nuestro Reino... Personas inocentes podrían verse involucradas al saberse esto... Además... Aún mantienes mi núcleo en tus manos.

-¿Ves? Eres tan culpable como yo... Tu núcleo lo mantengo solo para darte seguridad. Así que tus argumentos son inválidos querido, el egoísmo es lo que permea en ti. Tu solo luchas por el. Además, no entiendo por que insistes en salvarlos. Ellos ya tenían una pena de muerte antes de prometerles su salvación. Que ellos sean débiles no es mi problema-Menciono Aren de manera despectiva. Dando la espalda a su hijo. Entrando una vez más al Palacio. Deteniéndose en el umbral de la entrada- Astral... En este entrenamiento estuviste fantástico. Sin embargo si no eliminas esa piedad a los Neran, me temo no podrás avanzar realmente a lo que te espera en el futuro... Me decepcionas... Esperaba mucho más de ti. Sobretodo siendo mi hijo... En fin. Puedes volver a tu habitación. El entrenamiento acabo-Termino, encaminándose una vez más al Palacio. Dejando solo al peliblanco, quien miro al cielo, sintiendo la primera gota de agua caer antes de ser seguida de las demás. Empapándolo en el proceso. Su mirada siendo una realmente fría, molesta e impotente.

-Tener el núcleo de un ser Astral es como si robaras su vida y futuro... Es una de las más grandes amenazas a nuestra especie... Y aún así... Lo usaste en mi contra... En el momento que me atreví a confiar en ti...-Susurro al aire. Pasando su mirada al campo abierto a sus espaldas. Notando los cuerpos de los pobres seres envueltos en la locura de su madre- Pero... Supongo sus palabras tienen algo de razón. Soy egoísta... Un cobarde... Estoy harto de esto...

La lluvia pareció entonces acompañarlo en su dolor, al igual que el viento. Su cabello pegándose un poco más a su cuerpo y a su frente. Dándole un toque de melancólico, triste. Decaído.

Sus pasos se dirigieron de nueva cuenta al campo abierto. Mientras soldados con la mirada perdida salían del Palacio para recoger los cuerpos que quedaron. Astral dando indicaciones para un funeral digno. De esa manera disculpándose por sus acciones. Bajando la mirada. La lluvia cayendo sin piedad en él.

Su vida realmente era un infierno.


Frío. Solo. Y con una pesadez en el cuerpo. Así se sentía desde que su padre desapareció en un viaje realmente extraño, y desde que descubrió un lado de su madre que, en realidad le mantenía confundido. Pues jamás pensó que un ser bondadoso fuese a convertirse en un total dictador. Barriendo con las enseñanzas que en un momento le enseño.

Sonrió con amargura al recordar tan solo su infancia, pues sus recuerdos más bellos pasaron a ser el mayor dolor en su mente y corazón. Convirtiéndose en una constante lucha contra sí mismo y sus actuales contextos. Manteniéndolo en un límite entre el hacer y el no hacerlo. Dudando hasta de su propia sombra. Empujándolo hasta una paranoia en la que comenzaba a sospechar de su madre en muchísimos aspectos. Sus sentimientos siendo contradictorios la mayor parte del tiempo.

Después de observar como es que sus instrucciones se seguían al pie de la letra, fue entonces que pudo dirigirse una vez más hasta su habitación. En donde al llegar y cerrar la puerta, una incontrolable furia nació en él. Provocando entonces todo un caos en el lugar. Bellos diseños de un precioso cristal rompiéndose contra el suelo de manera seca. Muebles y demás adornos también sufrieron un destino parecido. La madera quejándose ante los golpes certeros que daba a las cosas casi sin parar. El dosel de la cama siendo desgarrado en pedazos. Al final, dando un horrible aspecto al lugar. Pues bien pareciera que una tormenta paso por ahí, destruyendo todo a su paso.

Su respiración irregular y su constante temblor solo le hicieron caer de rodillas al centro de la habitación, cortándose con los pequeños fragmentos de los materiales rotos. Importándole poco. Mientras sus manos se dirigían a su rostro. Tapándolo. Sus dientes rechinando aún ante la ira y la tristeza contenida.

-Ya no puedo seguir así...-Susurro. Dejando caer un par de lágrimas mudas. Sintiéndose en su límite.

Pues era verdad. Aquella práctica que le mantenía de esa manera comenzó cuando menos lo espero. Aún lo recuerda. Fue en su cumpleaños número 13, exactamente en a un año de no ver a su padre. La tarde y parte de la mañana estuvieron en completa calma. Una sonrisa aun adornaba su rostro. Al menos hasta que su madre le llamó a su oficina. Recibiéndole con un abrazo y un pequeño beso en la mejilla. Acariciando su cabeza.

Le felicitó, y dio un discurso sobre la importancia que él representaba para Gea y para un futuro "prospero". Su discurso logrando engañarlo para hacerle caer en una trampa bastante deshonesta. Arrancando su núcleo a la fuerza. De esta manera manteniéndolo a su merced durante el tiempo que siguió. El entrenamiento (como le gustaba llamarlo Aren) fue lo siguiente. Primero fue solo muñecos que mantenían la forma de los Neran. Esto en un principio importándole poco, asumiendo que su madre mantenía algo por ahí escondido aún en contra de esa raza en específico. No le tomo importancia. Al menos hasta que los muñecos pasaron a ser verdaderos Neran. Los cuales le atacaban con ferocidad, el miedo inundando sus ojos. En ese momento fue donde se percató de lo inusual y lo cruel que representaba aquel entrenamiento. Recibiendo golpes contundentes a su núcleo cada vez que gritaba en contra, dejándolo incapacitado hasta por varios días. Haciendo nacer un miedo inevitable. Obligándole a callar. Llevándolo a la situación que vivía ahora. En donde se veía envuelto en injusticias y maldades que le querían hacer gritar. Guardándoselo indulgentemente cada vez más. Explotando de vez en cuando como ahora.

Sus manos bajaron al suelo. Tocándolo sin importar si se lastimaba o no. De pronto sintiéndose sofocado ante lo que percibía. Levantándose rápidamente para salir una vez más de su habitación. Dando grandes zancadas sin un rumbo fijo. Los sirvientes solo inclinándose al verle pasar, sin querer entrometerse en lo que le sucedía. No queriendo hacerlo enojar a él o al Reina. Mostrándose temerosos ante su propia seguridad.

Astral siguió su rumbo. Escuchando la lluvia de afuera. Mirando de vez en vez los grandes ventanales en los pasillos. Al final, deteniéndose en una de las salidas del Palacio. Más precisamente en el pasillo que daba a ella. Notando a lo lejos uno par de soldados que custodiaban la misma. Volviendo a sentirse atrapado. Dio un suspiro, y antes de dar la vuelta fue que lo escucho. No era la voz dulce que le encantaba escuchar y alabar. Sino más bien, era la voz de un hombre joven. Uno molesto. Uno que exigía algo. Esto llamando poderosamente su atención. Sacándole de su infierno personal. Acercándose de manera lenta al tumulto que ahora se mostraba en la salida.

Encontrándose con el par de soldados impidiendo el paso de un ser Astral de piel oscura y joyas en la misma. Su cabello largo y despeinado ante el forcejeo. Sus ropas siendo las de un humilde habitante. Marcas cubriendo con suavidad partes de su cuerpo. De alguna manera pareciéndose poderosamente a él. ¿Quién era ese sujeto? ¿De dónde había salido? ¿Que hacía a esa hora tan tarde en el Palacio aún con el toque de queda? Esas y muchas preguntas parecidas iban y venían en su mente. Mientras el forcejeo continuaba. Así que invadido en la curiosidad fue que decidió acercarse más, logrando escuchar lo que el otro gritaba.

-¡Suéltenme! ¡Suéltenme! ¡¿Es que no escuchan?! ¡Necesito hablar con el Reina Aren! ¡Es importante! ¡Suéltenme maldición!

-No podemos dejarle pasar sin una orden directa. Mucho menos sí es para ver al Reina Aren-sama, no tienes un asunto importante que tratar-Explico una vez más uno de los Guardias. Empujando con fuerza al pobre joven. El cual cayo abruptamente al piso. Ensuciándose inevitablemente a causa de la lluvia.

-¡Eso es injusto! ¡Mi padre muere de hambre por su causa! ¡¿Cómo es que eso no puede ser importante para ver al Reina Aren?! ¡Mi pueblo esta en crisis! ¡Los Neran están más débiles cada día más! ¡¿Y aún me dicen que eso no es razón suficiente?! ¡Tonterías! ¡Estupideces! ¡Necesito ver al Reina Aren!-Grito una vez más completamente enojado e indignado a los Guardias. Quienes volvieron a sus posiciones, impidiendo el paso al Palacio una vez más.

-Eso no es asunto nuestro. Váyase por favor-Pidió el otro Guardia. Mirando de manera fría al ser Astral que apenas se levantaba del suelo. Ambos retándose con la mirada hasta que escucharon una voz a sus espaldas. Interrumpiéndoles.

-¡Esperen!-Los Guardias voltearon casi de inmediato. Arrodillándose poco después al ver de quién se trataba, mientras un ligero temor se instalaba en sus corazones.

-¡Príncipe Astral-sama! ¡Bienvenido a la entrada este del Palacio!-Menciono con prisa aquel que empujo con crueldad al pelinegro. El cual al ver la figura del recién llegado no dudo en ir ante él. Siendo detenido a tiempo por los vigilantes. Sometiéndolo una vez más.

-No puede acercarse al Príncipe. Son órdenes directas del Reina Aren-sama-Informo el otro Guardia. Bajando su cabeza al ver acercarse a su Joven Amo. El cual solo rodo los ojos a manera de fastidio. Su madre de verdad que le había aislado del Mundo que me rodeaba.

-¡Suéltenme! ¡Astral-sama! ¡Por favor escuche mis peticiones! ¡Se lo ruego!-Exclamo el ser Astral de piel oscura. Mientras dejaba caer sus rodillas así como dejando que su cabeza tocara el suelo, dando una extraña pose de respeto y ruego, muy parecida a la forma japonesa de hacerlo.

Astral solo le miro por unos segundos. No tan seguro acerca de que hacer. Pues él realmente no tenía ningún poder para intervenir realmente en la situación tan precaria de aquel ser. Sin embargo al observarle en aquella pose, humillándose así mismo para pedir aunque sea un momento de su tiempo fue entonces que suspiro. Tomando una decisión. Sin saber que aquello cambiaría muchas cosas para él.

-Entiendo, suéltenlo. Lo atenderé yo mismo-Ordeno al par de Guardias que le miraron en duda. No sabiendo que orden seguir. Si la de él o la de Aren. La inseguridad llenándoles de pronto. Cosa que noto Astral. Al final decidiendo hechizarlos leventemente para que olvidaran que estaban haciendo. Solo haciendo un ligero ademán con su mano derecha. Liberando aquel ser que se mantenía aun en el suelo- Levántate y sígueme en silencio-Instruyo. A lo que el otro asintió. Realizando lo pedido. Ambos yéndose de ahí, dejando a unos confundidos Guardias que apenas despertaban del encantamiento antes dejado. Volviendo a sus posiciones originales. Mirándose el uno al otro de manera extraña. Preguntándose con la mirada que había pasado.


Para aquel ser era la primera vez dentro del Palacio. Así que mirar las grandes paredes y bellos adornos que constituían la infraestructura del recinto fue realmente una buena distracción para calmarse. Mirando de vez en cuando al peliblanco que le guiaba hasta una puerta de hermoso acabado. Invitándole poco después a pasar. Encontrándose con una de las mas grandes bibliotecas que alguna vez imaginó. Una emoción creciente apoderándose de él al ver cuanto conocimiento había ahí acumulado. Sus ganas de leer incrementándose cada vez más, muy a pesar de su lenta lectura y su dificultad cognitiva para entender por completo el texto escrito.

Sus ojos paseándose así como su cuerpo. Llamando la atención del peliblanco, quien cerro la puerta con seguro, sabiendo de antemano que solo él y quizá ocasionalmente algunos sirvientes entraban a limpiar. Este siendo un lugar seguro para interrogar a su rescatado. Pensando en como sacarlo después sin levantar sospechas o romper alguno de sus estúpidos protocolos a seguir. Así que una vez se calmo así mismo ante su situación actual. Fue que se dirigió al pelinegro. Alzando su voz.

-¿Ya terminaste de mirar?-Esta cuestión logrando asustar momentáneamente al pelinegro. Consiguiendo llamar su atención.

-¿Eh? Ah... Sí. Sí. Mis disculpas Joven Astral-sama-Saludo cortésmente, mientras se arrodillaba ante él. Manteniendo la mejor apariencia que podía. Aun cuando su ropa y cabello era un desastre. Provocando que el mencionado solo levantara una ceja levemente- Déjeme presentarme, soy Daik. Provengo del pueblo Neik en la frontera sur de Gea. Y solicito que escuche mis peticiones. Se lo ruego...-Pidió de manera amable. Destapándose por completo su rostro, sorprendiendo a los espectadores de manera insuperada. Reconociéndolo al instante.

¡¿Qué hacía Dark Mist ahí?!

Astral solo le miro de manera pensativa antes de asentir. Sacando un pañuelo para que el otro se limpiara la cara. Llevándolo después a la sala de estar del lugar. Sentándose de frente.

-¿Qué es lo que necesitas?-Fue la pregunta directa hacía el recién llegado. El cual le miro de manera melancólica.

-Príncipe Astral-sama yo...-

-Por favor ahórrate los honoríficos y dime a que has venido a estas horas y desde un lugar tan lejos al Palacio-Interrumpió el peliblanco. Levantando su mano levemente. Un poco molesto.

-Sí. Mis disculpas, Astral-sama... -El mencionado solo rodo los ojos- Vera, en mi pueblo ha llegado una crisis de la que no hemos podido salir desde hace un año y medio. La comida escasea así como suministros médicos y servicios básicos que nos ayudaban a vivir de manera tranquila. Se vive una situación bastante difícil. Mi padre que antes vendía sus productos para ganarse la vida honestamente, desde que todo comenzó, los campos y demás terrenos fértiles que ayudaban en su labor, no han prosperado. Así que el trato de hacer de todo para ayudarnos a mi y a mi hermana. Sin embargo se vio envuelto en una situación difícil... Recibiendo de manera injusta un castigo del cual sé que era inocente. Lo que provocó que ahora este en cama, bastante enfermo... Al principio pensamos que seríamos los únicos afectados. Pero... Por alguna razón la situación se repitió en casi todo el pueblo. Así que los niños más grandes ayudan a los mías pequeños. Cuidándoles mientras cuidan a los grandes. Pero como ya he dicho, al no tener si quiera los servicios básicos se ha vuelto muy difícil nuestra situación actual... ¡Por eso he venido hasta aquí! ¡Para pedir su ayuda Astral-sama! ¡Así como la ayuda del Reina Aren-sama! ¡Por eso, por favor! ¡Ayúdenos!-Rogo al final el pelinegro. Bajando su cabeza en señal de sumisión. Causando una gran incomodidad al peliblanco. Quien pareció pensativo por unos minutos antes de responder.

-Ya veo... ¿Qué fue esa "situación difícil" que hizo extenderse en todo el pueblo? Mencionaste a tu padre, el cual al parecer la esta pasando mal... ¿Puedes decirme qué es lo que pasó?-Cuestiono. Inclinándose un poco a Daik. El cual paso saliva duramente.

-Bueno... Es...-Dudo. A lo que Astral intervino. Suavizando su mirada y su voz.

-Tranquilo. Puedes decirme sin ningún problema... Nada de lo que me digas saldrá de aquí... Lo prometo-

-...-Daik solo le miro antes de asentir. Creyendo en sus palabras- Mi padre así como los adultos de mi pueblo defendieron a algunos Neran que estaban antes ahí. Algunos lograron huir. Otros no tuvieron tanta suerte. Así que mi padre junto a otros seres Astrales detuvieron a los soldados que llegaron de la nada argumentando algo sobre un criminal... Y bueno. No termino tampoco nada bien para él y sus compañeros...-Informo. A lo que Astral solo cerro sus ojos. Bastante decepcionado de escuchar como es que las absurdas leyes de su madre comenzaban a destruir vidas de inocentes. Enojándose con él y consigo mismo.

Esto ya estaba rayando en lo sádico. Lo cruel y lo monstruoso. Ese odio que su madre sostenía solo estaba arrastrando a los inocentes a un Vórtice que para ser sincero, no sabría si de verdad iban a salir ilesos de ahí. Ambas razas chocando de manera injusta y sin sentido. Su mente comenzó a dar vueltas una y otra vez por el dolor en sus sienes. Provocando un mareo. Llevándolo una vez más a sus límites. Su seño frunciendo ante lo que escucho. El tumulto de emociones volviendo a acumularse en su pecho.

Estaba harto. Realmente que lo estaba. Pero, ¿qué podía hacer solo con el veinte por ciento de su magia? Nada. Era técnicamente como sí un pequeño barco navegara contra corriente. En algún momento iba a ser arrastrado si solo se colocaba en posición para seguir. Así que sus manos estaban atadas. Por más que deseara seguir las primeras enseñanzas de su madre y de su padre lo único que conseguiría era que terminaran matando a los que quería proteger. Y eso no podía pasar bajo ninguna circunstancia. Una vez más estaba mirando de lejos, y eso realmente le molestaba. Él no era un cobarde. Pero parecía serlo ante esto. ¿Qué es lo que podía hacer? ¿Cómo es que se podía mover así? ¿Qué debería hacer?

Daik le miró antes de pensar que le había ofendido. Entrando en pánico al solo imaginarse ser tratado de la misma manera que su padre y los demás adultos de su pueblo. Sin llegar realmente ayudarlos. Así que volviendo a posar sus rodillas en el suelo, sus manos y su cabeza. Fue que suplicó clemencia. Sacando a Astral de su ensoñación.

-¡Perdóneme si le he ofendido! Pero por favor. Ayude a mi pueblo. ¡Se lo ruego, Astral-sama!

Astral le miro. Asqueándose de sí mismo. De orillar a un alma gentil a hacer aquello. Pero al final. Llegando a una resolución al verle de tal manera. Pues, sí Daik llegó hasta ahí solo para pedir ayuda, con el anhelo de ser escuchado. ¿Cómo es que él podría fallarle? ¿Cómo es que podía seguir en su caparazón? No. Era inaudito. Ya no podía solo apartar la mirada fingiendo no ver nada. Así que dando un suspiro. Miro con nueva determinación al ser arrodillado. Posando una de sus manos en su hombro. Preparándose para lo que planeaba hacer teniendo la oportunidad y la ayuda necesaria. Llamando la atención de Daik. Quien le miro temeroso. Sus ojos heterocromos como los suyos. Cambiando solo el blanco a un color oscuro.

-Te ayudaré... Pero solo si me ayudas a mí-Dijo al otro. Sonriendo de manera amable- Me ayudaras a morir... Y yo te devolveré la tranquilidad que necesita tu pueblo...

-¡¿Qué?!-Exclamo Daik. Sin dar crédito a lo que escuchaba.

El destino comenzó a moverse una vez más...