Daik siempre fue un muchacho responsable. Cada acción hecha o realizada por él siempre tenía el propósito de ayudar a otros. Sus ropas sencillas, así como su comportamiento y temperamento hablaban muy bien de él. Al igual que sus decisiones tomadas y la manera en la que impartía equidad y justicia en cada una de ellas, aún si solo era servir un simple plato de sopa. Él procuraba que a todos les tocara la misma cantidad. Así era Daik. Y así le gustaba ser. No había maldad. Tampoco había ambiciones malas, pues lo único que deseaba para él mismo, era superarse cada día mas.

Cuando su hermana le propuso ir al Palacio en nombre de los demás. Él no retrocedió de miedo, al contrario. Con la cabeza en alto acepto lo propuesto. Llevando en su mente lo que él significaba que llegará a su destino. Muy a pesar de su falta de energía, algo que viviría para siempre con él. Fue valiente y atravesó dificultades y obstáculos para llegar a salvo hasta donde se encontraba ahora, incluso se había enfrentado a los dos soldados en la puerta de entrada. Y haciendo mejor su suerte, quién le atendió no fue otro que el mismo príncipe. Sin embargo. Lo que escucho fue algo que le hizo desubicarse.

¿Matar? ¿En qué momento el había pedido algo como eso? ¿En que momento había iniciado su prueba? ¿Acaso esto era algo que debía contestar en realidad? Miro al serio rostro azulino que le pedía confirmación. Sus ojos portando un fuego que jamás había visto además de su padre. Sin ningún atisbo de duda. ¿Acaso era cierto lo que le pedía? ¿Morir? ¿Por qué el príncipe le pedía algo como eso a cambio de ayudar a su pueblo? ¿Estaba loco? Sinceramente no lo sabía, y deseaba no descubrirlo. Sin embargo, había mencionado a su pueblo. Así que, en realidad no sabía que hacer al respecto. ¿El príncipe consideraba su vida no tan valiosa? ¿Qué opinaría el Reina de eso? Estaba tan confundido.

-P-Príncipe... Yo...-Vacilo. Desviando la mirada al suelo. Pasando saliva duramente.

Astral suspiro. Sabía que lo que había pedido era en si mismo, una locura. Pero ahora que por fin había entablado una conversación con alguien fuera del Palacio que, además de necesitar ayuda, defendía lo poco que quedaba de Gea. Estaba dispuesto a tomar aquella oportunidad en sus manos. A pesar de aún no saber como iniciar con lo prometido. Pues necesitaba recuperar su núcleo para ello. Sus palabras no solo fueron algo a la ligera, sino que estaba apostándose por algo que no sabía como terminaría.

Quizá era por el día que tuvo. Quizá era por la lluvia de afuera que azotaba con fuerza a Gea. O quizá fue su límite mental que ya estaba a punto de volverlo loco ante la constante soledad y acoso sufrido por su propio madre. Pero al ver a ese ser tan parecido a si mismo. Por primera vez, pudo experimentar la verdadera determinación a terminar con lo que le agobiaba. Surgiendo en su corazón como un fuego abrazador que le envolvía por completo, mientras su mente parecía fluir con la claridad de los ríos o mares. De alguna manera saliendo de esa neblina que antes impedía su vista y sus movimientos.

-Sé que lo que pido es un poco fuera de lo convencional. Pero, Daik-Llamo al pelinegro. Sin apartar la vista de él- Dime, ¿No acaso quieres salvar a tu pueblo? ¿A tu padre? ¿A tu hermana?-Preguntó, tratando de incentivar al otro. Añadiendo un poco de manipulación.

-Pero... -Dudo, de una manera un poco miedosa, al menos hasta que recordó a su padre, y a su pueblo- Sí, si quiero...-Murmuro. Alzando su mirada una vez más. Encontrándose con la otra.

-Entonces ayúdame en lo que te pido... Por favor...-Astral rogo lo último. Colocando sus manos en los hombros ajenos. Acercándolo un poco más a él. Marcando el inicio de lo que no sabía era una bomba del tiempo. Mientras Daik entonces, supo que, la familia Real estaba loca.

¿En qué se había metido? Algo parecía haberse desviado de su camino original.


El tiempo paso. Daik fue aceptado para ser el nuevo sirviente personal de Astral, levantando apenas leves sospechas del Reina. El cual, después de varias visitas y varias pruebas sencillas, determinó que el pelinegro no era una amenaza para él o para su hijo. Apenas amenazándolo con palabras envueltas en cariño. Causándole un escalofrío tan solo al escucharle. Mientras Astral se mantenía en un estado pasivo, sin levantar siquiera la mirada. Como un buen hijo. Muy a pesar de que Daik sabía que eso solo era una fachada.

¿Príncipe Astral? Por favor, contésteme. ¿Por qué necesita la ayuda de alguien como yo para... Bueno. Morir.

Oh... Eso es un poco difícil de explicar. Y de hecho. No es algo que me guste decir a los demás... Lamento involucrarte en esto Daik... Pero no tengo a quién acudir... ¿No es patético?

Los movimientos de Daik por los pasillos eran suaves. Lentos de cierta manera, como si disfrutara de la vista que el precioso Palacio ofrecía. Sin embargo, si alguien se detuviera para ver su rostro, podía afirmar que era lo contrario, pues sus manos temblaban ligeramente ante la pequeña charola que tenía el pedido de su Joven Amo. Mientras su rostro se contraía en diversas muecas ansiosas. Delatando su nerviosismo ante lo que él sabía acontecería en pocas horas. Apenas saludando a sus compañeros de trabajo, recibiendo solo un asentimiento de cortesía. El ambiente siendo gris por las constantes lluvias. Algo muy parecido a años atrás.

¿Patético? Joven Astral-sama, pienso que pedir ayuda no es patético. Al contrario. Puede liberarse de muchas cargas que lleva arrastrando por mucho tiempo. Eso es lo que me dijo mi padre...

¿En serio? Ja. No lo sé. Suena bastante contradictorio para lo que te pido... ¿Acaso no te da miedo?

Llegó a la habitación correspondiente. Y tocando con leve fuerza, fue que recibió un "Adelante". Con lo cual él se abrió paso a la habitación del peliblanco, quien le esperaba con un libro en la mano. Sentado cerca de su escritorio, haciendo pequeñas anotaciones de quien sabe que sobre el. Mientras una ligera sonrisa adornaba su usual serio rostro. Mostrándose tan tranquilo ante lo que estaba agobiando al pelinegro.

-Aquí está lo que ha pedido Joven Amo-Menciono Daik. Acercándose al mencionado, dejando la bandeja de plata en el escritorio. Posando su mirada en el contrario.

-Daik. Estamos solos. No tienes por qué usar títulos tan poco valiosos...-Regaño gentilmente Astral. Dejando el libro de lado, tomando después la caja que estaba sobre la bandeja, abriéndola para ver con satisfacción su contenido.

-Sí, Discúlpame, pero, ¿Esta seguro de esto Astral-sama?-El peliblanco rodo los ojos a manera de fastidio. Pareciera que nadie quería tratarle con familiaridad.

-Completamente seguro. ¿No acaso ya lo he expresado muchas veces antes? ¿Acaso no confías en mí?-Acuso, incomodando inmediatamente al pelinegro. Quien alzando sus manos, negó con rapidez.

-No es eso Astral-sama... Es, bueno. Me preocupo enormemente del resultado final... -Admitió. Bajando un poco la mirada. Dirigiéndola a la daga de metal precioso, Oirucrem. El único metal conocido capaz de infligir un verdadero daño a los seres Astrales como ellos.

Debo confesar que sí. Me da miedo de lo que deseas continuar. ¿Acaso Astral-sama no valora su vida? ¿Por qué tan de repente desea su muerte? Y, ¿Qué puede hacer este humilde pueblerino para detenerlo?

...Me sorprende que quieras detenerme... ¿No te importa tu pueblo entonces?

-Sé que estas nervioso. Y sinceramente yo también lo estoy, no voy a ocultarlo, pero si este plan da resultado. Entonces en un futuro... No habrá nadie que pueda detenerme más, así que dime, ¿Dejaste aquella carta sobre el escritorio de mi madre?

-Sí, justo como usted lo ordeno, el Señor Aren-sama ya debe haber concluido su visita a la ciudad, calculo que ya esta de regreso-Informo Daik. Notando como es que Astral miraba la daga en sus manos antes de pararse de su asiento. Cerrando el libro que antes parecía entrenarlo. Entregándoselo a él- ¿Astral-sama? ¿Por qué me...?

-Tómalo... Es, solo un regalo que te entrego por tu arduo esfuerzo. Has trabajado diligentemente, y personalizaste el papel de sirviente de Palacio. E incluso me ayudaste en conseguir lo que para muchos les parecía tabú... Gracias...

-Astral...-El mencionado sonrió al ya no escuchar el odioso título por obligación que los demás decían sin parar. Dejando el libro en las manos del otro, posando una de sus manos en el hombro contrario.

-Si fracaso. Por favor ayuda a que toda esta información llegue a las personas correctas. Confío en tu buen juicio... Se que pueden lograr mucho si solo se pone en marcha...

-...Sí-Fue la corta respuesta de Daik. Quien parecía querer desbordar en lágrimas. Entendiendo las consecuencias de los actos del peliblanco. Sintiéndose de repente realmente triste por no poder hacer más por su nuevo amigo- Lo haré...

-Te lo agradezco Daik. ¿Vamos?-Llamo al otro. Dando ligeras palmadas en el hombro. Dirigiéndose después a la puerta. Escondiendo la daga entre sus ropas.

Por favor Astral-sama no piense eso. Valoro mucho a mi pueblo. Tanto que he decidido cooperar con usted. Pero... Una vida es una vida. No solo puedo ignorarlo e irme. ¿De verdad necesita hacer esto?

...Eres sin duda alguien valioso Daik. Puedo ver las enseñanzas de tus padres y amigos floreciendo en ti... Hn. Por favor nunca cambies eso. Y respecto a tus preguntas... Me temo que he llegado a un punto en donde ya no importa realmente mi vida, sino lo que representa. Ya no soy solo Astral para mi madre. Sino que me he vuelto una herramienta a la cual utilizar una vez me cedan el trono. Solo estoy siendo manipulado... Sé que solo causare el mal si esto continúa... Por ello me estoy arriesgando a esto, necesitó volver a obtener un poco de libertad. Necesito detener esta locura que recorre al pueblo de Gea por culpa de mi madre... ¿Entiendes?

Los pasos de ambos a través del pasillo fueron bastante silenciosos. Apenas provocando un ligero sonido al darlos. La lluvia de fuera siendo un constante pesar en el pelinegro. Quien, no pudo evitar admirar al peliblanco. Sintiendo un poco de pena al verle orillado de tal manera para obtener apenas un poco de sus derechos. ¿Cuántos años es que tenía? ¿18, 19? No parecía ser diferente en su edad a él.

Dio un largo suspiró una vez ambos llegaron al lugar indicado. Posándose frente a un par de puertas de hermoso acabado. Alas y artefactos antiguos, así como espadas y demás armas con símbolos extraños, adornándola, dando un aspecto místico tan solo al acercarse. El aire imponente cayendo de repente en su frágil cuerpo. Casi asfixiándolo.

-Entremos... Es hora-Ordeno Astral. Abriendo las puertas con su propia magia. Esperando al otro para que le siguiera, el cual llevaba una bata color blanca en sus brazos, junto a un par de sandalias de la más alta calidad. Apenas temblando ante el lugar. La Sala de Ritual. El lugar perfecto sí fallaba y cometer suicidio.

-Sí...

Lo entiendo...Pero Astral-sama, ¿Por qué...?

Daik. Sé lo que estoy pidiendo, sobre todo lo que estoy haciendo... Esta bien, no debes preocuparte de más, sí fallo, sé que algo de mí quedará para ustedes... No renuncies a tus ideales solo por mi petición... Así que hagamos esto... Por favor, Daik...

...Sí, Astral-sama...

Aquel sitio era sin duda enorme. Magnífico. Fabuloso. Algo Realmente hermoso, algo que de verdad disfrutaría. Si tan solo el peliblanco desistiera de su objetivo. Un bello pasillo adornado de pilares de precioso cristal les recibió, así como la energía distinta que aparecía y desaparecía en el aire. Bailando lo que parecía ser un vals silencioso antes de morir, dejando atrás haces de luz que iluminaban el camino. Sus pasos resonaron en el silencio, alzándose hasta llegar al lugar indicado.

Un enorme santuario se mostro glorioso ante ellos. Pilares como en el pasillo lo adornaban también de manera exquisita. Mientras una escalera les hacía bajar hasta lo que parecía ser una piscina. El agua cristalina camuflándose ante el lugar, mientras un pequeño altar se alzaba en medio de esta. Mostrando un contenido vacío.

Daik no pudo evitar dar un sonido de asombro, mirando a su alrededor. Queriendo tocar aquello que estaba a su alcance. Emocionándose momentáneamente, al menos hasta girar su rostro al peliblanco, el cual para su vergüenza, comenzaba a desnudarse. Dejando caer sus finas ropas al suelo sin más. Manteniendo la daga en su mano derecha todo el tiempo. Apretándola con ligera fuerza, a la vez que su rostro se mostraba serio. Su mirada decidida siendo algo que pudo quitar esa emoción de su pecho.

-¿Astral-sama? ¿Qué es lo que va a hacer ahora?-Cuestiono. Queriendo saber que es lo que pasaba por la mente del peliblanco, pues solo se le había mencionado una cierta parte del plan. En donde él solo se escondería mientras el otro trataba de hacer ceder a su madre.

-No te preocupes... Confía en mí-Fue la corta respuesta. Dejando caer sus últimas ropas al suelo. Mostrando su desnudez, su cuerpo definido y fuerte. Acorde al de un bello adolescente, mientras su largo cabello cubría parte de su pecho y rostro. Sonrojando a más de uno de los espectadores en el aire. (Emocionando a un embarazado). Al menos hasta que se sumergió por completo en el agua frente a él. Llegando a la altura de su pecho, otorgándole privacidad sin saber.

-¿Astral-sama?

-...-El mencionado le miro. Apenas dando una sutil sonrisa- Es hora de que te escondas Daik. Recuerda tapar tu boca...-Menciono antes de que un sello brillara debajo del pelinegro. Haciéndolo desaparecer de la vista de los observadores. Dejando aparentemente solo al peliblanco. El cual con tranquilidad, camino hasta toparse con el pequeño altar en medio del agua- Supongo que... Es ahora o nunca ¿Cierto?

Sin notarlo. Una esfera de color rojo se asomó por detrás de un pilar. A una distancia prudente. Mirándolo una figura trasparente debajo de ella. Daik tapando su boca ante lo que vio después.

La sangre azul oscuro comenzó a caer en el agua cristalina. Manchándola en más de un sentido, corrompiendo su pureza ante el acto que se estaba llevando a cabo por desesperación. La bella daga atravesaba la tersa piel de Astral. Dejando salir hilos de sangre que recorrían sus brazos antes de caer. Sus muñecas y antebrazos convirtiéndose en un lío ante la mirada sorprendida de los espectadores.

¿¡Qué diablos estaba haciendo!? ¿¡A caso a eso se refirió con "ayúdame a morir"!? Yuma se tenso tan solo al contemplar la escena. Mientras los demás trataban de no descontrolarse ante lo que sucedía frente a ellos. Era algo realmente difícil de digerir. Su preocupación llegando incluso a límites insospechados en ese momento.

Los minutos pasaron, el color azul extendiéndose lentamente en el agua. Mientras el peliblanco se recargaba en el pequeño altar de espalda. Dejando caer la daga al suelo frio de la piscina. Haciendo apenas un ligero Click ante el metal. Escuchando como es que las puertas del lugar se abrían a la lejanía. Seguido de unos pasos acelerados y fuertes.

Una sonrisa se extendió en su rostro antes de volver a su semblante serio, su color natural viéndose opacado rápidamente ante la perdida de sangre. Sorprendiendo a Aren. El cual con enojo e impotencia se detuvo al borde de las escaleras, apenas alejándose del agua manchada. Mirando con ira contenida a su hijo.

-¡¿ Qué diablos crees que estas haciendo ?!-Exclamo, exigiendo saber la razón de tal acto del peliblanco. Quien le ignoro, ladeando su cabeza como si no supiera lo que escuchaba- ¡Astral! ¡¿Qué significa esto?! ¡Responde!

-...-El mencionado solo le miro. Su cara sin emociones así como su voz- ¿A caso no lo deje claro en la carta?... Estoy arrancando mi propia vida...

¡¿ Qué!? Fue la pregunta general de los presentes.

-¡¿Qué estupidez estas diciendo?! ¿¡Qué tan idiota debes ser para llegar a esto!? ¡Astral sal de ahí ahora mismo! ¡Es una orden!-Grito una vez más el Reina. Dando un ligero paso dentro del agua. Manchando sus túnicas. Sus uñas enterrándose en sus palmas. Mientras su rostro daba diversas muecas llenas de enojo y confusión.

-...-Astral dio una ligera risa burlona antes de volver a mirar a su madre, aumentando la ira en él- Oh~, ¿A caso el Reina teme por la vida de su hijo? ¿No acaso eso es contradictorio a sus acciones?

-¿Qué?

-Solo Piénsalo un momento madre... Me llevas a hurtadillas a "entrenamientos" bestiales, en donde me obligas a matar a mis propios ciudadanos. Escondes las pruebas antes de que llegue el primer Guerreo de la Esperanza. Engañas a sus hermanos con falsas promesas y palabras. Llevas mi influencia más allá de lo insano ante el Reino. Me has convertido en una mísera carta de cambio y criado como un jodido comodín en caso de que tus siniestros planes fracasen. ¡Tomaste mi núcleo en un momento de debilidad! ¡Envenenas mi cuerpo con tus tontas pociones! ¡Me has tratado como un objeto desde hace años! ¡¿Qué derecho tienes al venir y decir que detenga mi miseria?! ¡¿Ah?! ¡Sí me has llevado a esto tu mismo! ¡ CONTESTA MADRE !-Reclamo, su respiración siendo un poco más agitada. Sumado a su esfuerzo para gritar ante la perdida de sangre. Su cuerpo sintiéndose más pesado a cada segundo.

Aren apretó sus labios hasta parecer una línea recta, a la vez que su mirada se volvía sombría y tan penetrante como dos frías dagas. Su postura se corrigió casi de inmediato, dando un aire aterrador. Algo que hizo temblar inconscientemente a Daik. Su boca siendo apretada con fuerza con tal de no dejar salir su voz. Astral por otro lado solo miro a su madre sin miedo. Importándole poco de hecho lo que pasará ahora. Apostando todo a su reacción. Obligándolo a actuar.

-...Me he estado rompiendo la cabeza con tal de dejarte un Reino brillante y armonioso. Sin enemigos que puedan lastimarte, haciendo pociones para curar tus heridas, para hacerte más fuerte. ¡¿Y así es como me pagas?! ¡Maldito niño ingrato! ¿¡Crees que yo no sufro!? ¡¿Crees que solo eres tu el qué se ve agobiado?! ¡Déjame decirte que no Astral! ¡Solo eres un niño inútil que súplica por algo de atención! ¡Un niño mimado que no sabe lo que dice y lo que hace! ¡ERES SOLO UN BASTARDO DESCONSIDERADO! ¡UN MOCOSO QUE JUEGA A SER ADULTO! ¡NO ERES NADIE!. .. Y si no fuera por mí... Jajaja, apuesto a que ya estarías muerto...-Susurro lo último. Mirando fijamente al peliblanco. El cual solo sonrió de manera amarga. Sabiendo que sus preguntas iniciales no fueron contestadas. Sino más bien, ignoradas.

-...Si, tienes razón... Y por eso, por que soy un bastardo sin consideración... Entonces debes dejarme morir... ¿No eso es lo mejor? Deshacerte de un estorbo más... -Alzo sus brazos, mostrando como la sangre seguía fluyendo fuera de su cuerpo. Logrando exaltar por un momento a Aren. El cual solo por un segundo pudo recuperar el brillo en sus ojos antes de volver a apagarse. Mostrando una furia sin igual.

Energía oscura salió de su cuerpo, la cual se condensaba en electricidad. Botando a su alrededor, dañando los pilares, las paredes y el suelo. Logrando hacer un desastre en el lugar. Importándole poco al peliblanco. Quien seguía manteniendo su postura. Al igual que su mirada.

- ¡Cállate! ¡Cállate! ¡No tienes opinión! ¡No eres nadie! ¡No puedes..! ¡No puedes...!

-No puedo ¿Qué? Madre... Vamos. Solo basta uno de tus golpes para matarme... ¿No es eso lo mismo que quitarme mi núcleo?... Vamos hazlo... Hazlo... ¡Hazlo! -Exigió, dando un paso al frente. Haciendo que Aren diera un par de pasos atrás. Saliendo del agua. Empuñando sus manos. Mirando a su hijo.

-...Eres un maldito niño sin consideración-Susurro, sus palabras siendo venenosas, calmándose de pronto- No eres diferente a los Neran. Tan traicionero. Tan idiota... Bien. Tu ganas, pero de mi parte, no esperes misericordia... Tu vida sigue siendo mía, recuérdalo Astral. No dejaré que tantos años de trabajo se desperdicien por un capricho... -Menciono, estirando una de sus manos. Dejando salir una pequeña luz blanca, la cual se encamino directamente al pecho del peliblanco. Entrando en él, atravesando su piel- Tu castigo será severo...-Aviso. Antes de salir con rapidez del lugar, sus pasos resonando a cada zancada, dejando solo a su hijo. El cual sonrió con alivió, siendo curado al recibir su núcleo. Ganando la apuesta de vida o muerte. Mientras el hechizo puesto en Daik pasaba a desaparecer. Mostrándolo con lágrimas pesadas en sus mejillas, y sus manos apretando su boca hasta el cansancio.

-...Gracias por no hablar-Agradeció a su sirviente, el cual solo negó. Acercandose a la piscina.

-Astral-sama...-Susurro. Dejando salir un sollozo, alcanzando a comprender el dolor ajeno. Mientras el mencionado comenzaba a acercarse a él, tomando la bata que caía en la orilla, cubriendo su desnudez antes de salir por completo. Para después posar una de sus manos en el hombro del otro.

-Tranquilo... Ya ha pasado-Consoló. Notando como es que su regeneración estaba completa. Volviendo a sentir la sangre fluir en su cuerpo- Has cumplido tu promesa... Ahora solo me toca cumplir la mía...

Daik alzo su vista para ver al peliblanco. Sus lágrimas aun bajando por sus mejillas. Terminado por asentir. Tomando suavemente la mano sobre su hombro.

-... Gracias... -Astral sonrió. Por primera vez en mucho tiempo, con tristeza y amabilidad. Aún debía disculpase por hacerle pasar a Daik una experiencia horrorosa. Preguntándose internamente el qué hubiese pasado sí tan solo su madre se hubiera negado.

Tal vez. Solo un caos. Solo un verdadero caos.

Los espectadores suspiraron al ver bien al peliblanco. Exhalando con dificultad. Percatándose de algo que les hizo sentir un escalofrío bajar por sus espaldas.

Astral era capaz de muchas cosas... Demasiadas con tal de lograr sus objetivos. Y si tan solo eso hizo para lograr obtener su núcleo, no quisieron imaginar si algo realmente malo le pasara a Yuma y a su hijo. Estaban seguros que los tres mundos temblarían. No habría piedad de su parte. Y eso era... Realmente aterrador.


La escena volvió a cambiar, así como el tiempo. Dejando ver a un Astral más maduro. Al igual que a un Daik que se mantuvo a su lado servilmente sirviéndole en todo su castigo. El cual fue solo mantenerlo recluido en su habitación por cinco años, un par de cadenas atándolo todo el tiempo en una posición. Negándole incluso el moverse dentro del lugar, absorbiendo su energía sin posibilidad de recuperarla, púas enterrándose en sus muñecas y tobillos. Sin embargo el tiempo, de hecho, fue aprovechado por él y por el pelinegro. Logrando cumplir su promesa de salvar al pueblo del pelinegro, enviando verdadera ayuda para sus ciudadanos con ayuda del primer Guerrero, de manera discreta ante la mirada cruel del Reina. El cual pareció volverse aún mas oscuro que antes. Borrando poco a poco su falsa imagen de salvador y buena persona. Mostrando sus verdaderas intenciones. Siguiendo envenenando a los seres Astrales con sus palabras y sus mandatos.

Sin saber que todo estaba sumiéndose en el caos mismo. Esperando el momento idóneo para explotar.

Astral entonces fue que pudo moverse realmente. Con su núcleo brindándole confianza así como la nueva amistad que logro entablar con Daik y con su mentor. El único Guerreo que quería protegerlo. Quedando en un acuerdo mutuo. Expandiendo un mensaje oculto a las personas que deseaban la paz. Animándolas a levantar la voz. Animándolas a realizar un golpe al Reino. Un golpe al poder del Reina. Un derrocamiento total.

La idea anotada en el libro antes regalado a Daik saliendo a la luz. Exigiendo justicia. Exigiendo un nuevo cambio.

Exigiendo la libertad.

Sí él ya había apostado con su vida. ¿Por qué no ayudar de verdad al agonizante pueblo de Gea?


Un caballo de verde esmeralda llevaba a su jinete a lo largo del camino, la pradera mostrándose un poco más desolada que antes. La maleza comenzando a morir ante la triste mirada del cielo, el cual dejaba caer sus lágrimas al lugar. Dificultando la vista al ser que cabalgaba sin parar. Una capa y una máscara extraña cubriendo su rostro. Ocultando su verdadera apariencia. Llamando la atención de los pueblos antes pasados. Sus habitantes solo callando ante algo que no les interesaba, volviendo a sus rutinas. Huyendo de la tormenta.

Los cascos del caballo sonaron aun más alto gracias al agua en el suelo. Haciendo sonreír al jinete, el cual, después de tanto tiempo, volvía a disfrutar de la libertad.

Sus acrobacias eran dignas de ser elogiadas. El animal relinchando ante cada paso dado. Al menos hasta llegar a su destino. Uno de los pueblos cercanos a la frontera.

El jinete descendió. Mirando su panorama antes de dirigirse a una casa en concreto. Una realmente humilde. Dejando fuera a su caballo, cubriéndole gracias a un árbol cerca. Tocando la puerta con algo de fuerza antes de ser atendido por una bella mujer Astraliana. Una que Yuma alcanzo a reconocer.

-... ¿Quién eres? ¿Qué necesitas?-Cuestiono. Mirando al extraño en su puerta. El cual solo retiro un poco su mascara antes de que una sonrisa se extendiera en su rostro. Avisando de esa manera quién era- Oh, has llegado, pasa, pasa. Mi padre debe estar esperándole joven viajero...

-Gracias... Disculpe por importunarla...-Respondió el otro. Cerrando la puerta detrás de sí. Topándose una curiosa escena. Pues dentro del lugar yacía el mayor de los Guerreros de la Esperanza junto a Daik, y el padre de la joven que antes le atendió. El antiguo curandero del Palacio.

-Es todo un honor que por fin haya llegado Astral-sama-Saludo el hombre de mayoría de edad. Dando una reverencia al recién llegado. El cual solo destapó su rostro, dejando ver una sonrisa que hizo sonrojar a la fémina. Quien le miraba con algo más que admiración.

-Gracias a ustedes por estar aquí... Así que, ¿Comenzamos?-Cuestiono. Acercandose a los demás.

-Sí... Derroquemos al Reina...-Anuncio el antiguo curandero. Mientras los presentes asentían en acuerdo.

La cuerda del destino comenzó a tensarse...