Se dice que creer ciegamente a alguien por toda la vida sin siquiera conocerle realmente, es lo más terrible que puedas hacer, ya que, al no conocer su mente, jamás sabrás sus intenciones y propósitos.
Y ciertamente es lo mismo que le ocurrió a cada Guerrero de la Esperanza generación tras generación de la Familia Real Astraliana. Pues, cada Rey y Reina pedían algo distinto, algo relevante o irrelevante. Bien podían ayudar a su pueblo o solo podían hundirlo en la ignorancia. Así era la política y así había sido. Ellos no cuestionaron, solo protegieron en el momento preciso. Salvaban a tantos inocentes como podían hacerlo.
Sin embargo, por primera vez en siglos. Ese propósito personal de cada uno había sido mancillado y manipulado por quién se supone debían ayudar aun a costa de su vida. Esa era la primera traición directa de su protegido a ellos por no decirles la terrible verdad que escondía. Esto siendo un hecho que ya les estaba marcando para siempre, pues. Aun escuchando los discursos que creían era para un buen futuro de Gea, ahora podían permitirse caer en cuenta de la gravedad de la situación. La cual, era realmente terrible.
El odio tan arraigado que tenía el Reina Aren hacía los Neran era tan grande que ahora sus derechos habían sido cortados por todos lados, reducidos a no más que solo viles civiles que pasaban casi a ser esclavos, mientras los seres Astrales ahora bien podían ser pintados como los verdaderos villanos en la historia. Incluso si no sabían que lo eran, ya que se la pasaban en felices en su ignorancia.
Aunque bien, tampoco podían culparlos realmente. Pues los verdaderos opositores, la mayoría de ellos ya habían sido ejecutados cuando el plan de Astral había sido descubierto, los restantes ya habían escapado a tierras lejanas. Quién sabe si seguían en el mismo mundo.
Y con ese apoyo escondido ahora cortado. No había mucho que hacer realmente. Casi nada de hecho. Ni hablar de cómo es que Astral paso a ser un chico bondadoso a un ser realmente cruel con sus semejantes.
Una verdadera tragedia.
Ese era el panorama completo.
Un terrible panorama.
Pero como siempre, había un "pero" que hacía saltar una vez más a la luz a los pocos pobladores que temían levantarse, así como a los Guerreros. Por qué, bueno. Ese era su nombre. Cuando la oscuridad total caía, ellos tenían que levantarse para combatirla. Aún si esa oscuridad estaba en sus creencias y en su vida. Ese era el verdadero propósito de los Guerreros de la Esperanza. Para ello es que fueron creados por la primer Familia Real Astraliana.
Las anteriores generaciones habían previsto que algo así pasaría, por ello dejaron la salvación en Guerreros externos que serían capaces de oponerse de ser necesario. Equilibrado el poder y dejando un seguro en caso de total emergencia.
Aunque por supuesto, no todo era fácil. Aren mismo lo previó también, así que tapo a sus Guerreros con una venda y les cubrió sus oídos. Sin contar que solo uno de ellos no caería así de fácil. Y que otro sus vendas no habían sido bien colocadas. Ocasionando que todo pasara a desequilibrarse rápidamente.
La situación era así de delicada. Y no faltaba mucho para que aquello terminara en un fatal resultado.
El ambiente mismo les daba una premonición de lo que seguía. De lo que habían estado ciegos. De lo que habían hecho.
Aunque, ¿Realmente se les podía culpar? ¿Se les podía arrojar la responsabilidad de la situación actual? La mayoría diría que sí, sin embargo, ellos son igualmente seres sencillos y bondadosos. Confían fácilmente. Y si tan solo Astral hubiese hablado con ellos seriamente, quizá pudo haber una diferencia.
Quizá...
No obstante, eso ya era tarde. Muy, muy tarde. Y las consecuencias mismas ya se estaban viendo.
Así que cada Guerrero acordó hacer lo que sus corazones dictaban, apoyándose solo entre sí. Pasando a ser la única esperanza que tenía Gea, Reino que, sin saberlo, estaba por colapsar.
Así de delgados eran los hilos que lo sostenían.
Han. Una de las principales Guerreras, la primera en oponerse a todo el mandato del nuevo Reina, fue la que comenzó con todo el movimiento. Yendo deliberadamente contra marea, dando avisos a sus otros hermanos para aquel propósito. Salvar a Gea. Salvar a Astral.
Ella estaba en el foco público y sobre todo en la mirada de Astral. Ahora principal servidor de las Fuerzas Armadas de Gea. Así que era difícil moverse sin despertar alguna sospecha.
Una espada colgaba desde el techo hasta donde ella estaba. Esperando el momento idóneo para caer, y aun así con todo ello. Jamás se detuvo.
La promesa de salvar al futuro fue lo que la impulsaba. Fue lo que impulso a todos y cada uno de ellos.
Incluso hasta el fatal día en el que todo cayó como una casa hecha de cartas.
Han corría en la oscuridad de la noche, a tropezones y ligeros sonidos provenientes de su armadura consiguió llegar hasta donde era una zona prohibida en el Palacio. El verde oscuro del césped amortiguaba lo que quedaba de sus pasos, mientras que el viento silbante junto a la brisa de la noche desacomodaba el largo de su cabello.
El silencio, aunque algo tan típico de la noche y ciertamente una bendición, solo por esa ocasión, parecía traer un augurio maligno. El sonido tranquilo de los animales tan únicos del Reino de Gea, parecían no haberse presentado. Como si de alguna forma supieran que algo se avecinaba, que algo no andaba bien. Y eso ponía inquieta a Han. A quien la culpa la consumía.
Después de todo ella fue la primera en atacar. La primera en hacer que todo fuese a peor. Y la primera en traicionar abiertamente al único miembro Real que aún tenía bondad en su corazón. Esa era una deuda que jamás iba a poder pagar. Era un pecado tan grande que, incluso en otras vidas, con otras generaciones aún lo seguiría pagando. Y ciertamente, lo merecía. Ella lo aceptaría, así como viniese. Pero antes, ella debía acabar con lo mismo que ella propició.
Y para ello, necesitaba a alguien a su vista. Al único Guerrero que en verdad podía con tanto. El único verdaderamente fuerte como para mover miles de montañas si él gustaba. El único que... Jamás los ataco y que se negó a atacar cuando la conspiración contra el Reina fue descubierta.
Necesitaba a su hermano mayor junto a ella para lograrlo. No, lo correcto sería decir: Junto a ellos.
Asintiendo fue entonces que se acercó con increíble cautela hasta donde reposaba su hermano, quitando hechizo tras hechizo, trazando aberturas con su propia sangre, drenándose a la vez para no levantar ni una sola alarma. Consiguiéndolo hasta llegar al lugar indicado, junto a un gran árbol en esa zona protegida del Palacio. En lo más profundo del bosque.
La tierra apenas con un césped creciente le hizo saber el lugar exacto en donde se encontraba su hermano. Así que, con solo sus manos y uñas, comenzó a remover una vez más la tierra que mantenía oprimido a Lein.
Movimiento tras movimiento. Trazo tras trazo. Aún si sus uñas se rompían Han no dejaba de remover las raíces y la tierra. Su resistencia se encargó de no hacerla menguar en ningún instante y lo agradecía por ello. La sangre que comenzó a regarse de sus dedos poco importo para cuando llego a tocar la superficie dura de lo que parecía ser un cristal.
Su rostro mostro una sonrisa una vez supo que había alcanzado una vez más a su hermano.
Con más fuerza con la que había iniciado siguió rascando la tierra, removiendo hasta que aquel cristal salió casi por completo a la luz. Cadenas visibles era lo que parecía mantener unido varios cristales más. Selladores y superiores supuso Han. Ella podía deshacerlos.
Sus manos trabajaron más rápido que su mente, en donde ella recitaba una y otra vez una disculpa y un perdón. Tanto por levantar su espada contra su hermano, como por haber manchado el futuro del Príncipe Astral.
Los sellos, con sangre fueron quitados. Desactivados. Y el sufrimiento silencioso de Han pareció haber dado frutos cuando el cristal se rompió en miles de pedazos, liberando entonces a su prisionero.
El plan de los Guerreros había tenido éxito.
Su hermano. Mal herido y débil cayo en sus brazos. Quienes lo recibieron de buena gana, como si no lo hubiesen visto en años, cuando en realidad solo habían pasado al menos dos meses desde que todo termino e inició.
Habían pasado tantas cosas, Han quería gritar, decirle lo que sentía, cuanto lo lamentaba. Pero sabía de sobra que eso no era posible. El tiempo era limitado y sus hermanos sabia, estaban distrayendo a sus mayores enemigos. Debía apresurarse cuanto antes.
Levantando en brazos su preciosa carga, fue entonces que con un poco más de magia, la tierra removida volvió a su posición original. Apenas dejando fragmentos del cristal que forzaba a la inconsciencia, corrió de nueva cuenta con su hermano hasta lo que ella consideraba seguro. Esquivando a cada Guardia con el que se cruzaba, consiguió llegar hasta su propia habitación en donde dio el aviso a sus demás hermanos.
Todo había salido bien. Dentro de lo que cabía. Ahora lo que faltaba era conseguir tiempo para que su hermano se curara al menos en un cincuenta por ciento.
El tiempo era limitado. Y todo podía salir mal, pues un plan improvisado era eso. Improvisación, no había la garantía de que triunfara más de lo debió.
Como pudo. Cerrando el dosel de su cama, fue entonces que corrió alrededor de su habitación buscando los materiales necesarios, pociones antes colocadas estratégicamente hicieron aparición en la mesa de noche. Vendas y magia fueron usadas después.
No había tiempo para sutilezas.
El escozor de las heridas comenzando a ser tratadas fue lo que ayudo a despertar a Lein, quien comenzó a removerse de manera inquieta, buscando alejar el dolor. La confusión notándose en su mirada. Haciéndolo actuar por instinto. Arrojando levemente a Han.
—¿Qué...? ¿Dónde...? —
—¡Soy yo! Estas a salvo hermano. Lian soy yo... —Dijo de manera apresurada la fémina. Alzando sus brazos, dejando ver una venda en su mano izquierda. Su mirada preocupada y cohibida, no pasaron desapercibidas para el mayor, quien la conocía bien.
Esa mirada era de arrepentimiento y vergüenza.
Quiso investigar más, pero, se sentía tan confundido ahora que no sabía si quiera a donde dirigirse primero. Ya que, sinceramente él esperaba estar muerto. Era una sorpresa estar y seguir vivo. Aun con todas las dificultades que sentía en su cuerpo.
¿Algo había cambiado?
—Han...-Llamó- ¿Por qué...? ¿Cómo es que llegué aquí? —
Sacudió su cabeza para alejar el mareo, más esa acción solo lo incrementó. Lo que ocasionó que cayera de nueva cuenta en la cama, percibiendo como es que su hermana volvía a lo suyo. Envolviendo vendas en sus brazos y parte de su torso.
—¿Cómo es que...? —
—Perdón... —Interrumpió Han, bajando su tono de voz a casi ser un susurro. —Perdón por no haberte creído. Perdón por ser tan crédula... —Un ligero sollozo se escuchó. —Yo... No, todos lo sentimos. Lo lamentamos... Nosotros ni siquiera merecemos ser los Guerreros de la Esperanza, no como tú... Hermano tu—
Lein solo sintió incrementar su preocupación y desesperación. Su mirada revelando aquellos sentimientos conforme Han hablaba.
—¿Paso algo? ¿Qué hay de Astral? Daik. ¿Qué paso con Daik? —
Han detuvo por un momento su tarea solo para mirarlo, lágrimas silenciosas cayendo como cascadas. Sus labios temblantes y sus ojos arrepentidos le hicieron un hueco en el estómago. Un mal presentimiento creció en su pecho. —Han... —Llamo de nuevo, muy suavemente. — ¿Qué fue lo que paso? —
El viento en sonando en la ventana fue lo único que se escuchó después, todo mientras el mundo de Lein caía una vez más.
Rem y Kile fueron los primeros que se ofrecieron para la tarea de distraer a sus superiores con reportes falsos y demás temas irrelevantes, mientras sus hermanos restantes seguían con los otros preparativos según el plan trazado. Apenas aguantando la presión que ahora ejercía tanto el nuevo Astral como el Reina, quienes le miraban con desdén desde el trono. Cada uno sumergido en sus pensamientos indistinguibles para ellos.
El sudor bajando discretamente por sus cuellos solo aumentaba más el apuro y la ansiedad. Mientras el aire tenso hacia su trabajo en su tarea.
—E-Eso sería todo por ahora mis Señores —Anuncio Rem, cayendo al mismo tiempo que su hermana en una de sus rodillas en señal de respeto. Bajando la cabeza pareciendo lo más sumisos posibles. Pasando saliva ante la dura mirada del Príncipe. Quien hablo con voz ronca y profunda, mandando un escalofrió a los espectadores, exceptuando a su versión más reciente.
—Oh~ ¿Se dan cuenta que atrasaron nuestro descanso hasta ser algo de esto irrelevante? —
—¿Eh? E-Entiendo su Majestad Príncipe Astral, pero teníamos hacer algo que le disgustara al respecto— Hablo de manera veloz Kile. Sintiendo tanta culpa y arrepentimiento por lo causado que incluso la esquina de sus ojos mostraba una ligera lágrima, la cual amenazaba con caer.
—¿Es eso así? —Preguntó Aren de manera divertida. Posando su rostro en una de sus manos. Riendo internamente ante el conflicto interno de sus Guerreros.
—¡Sí! Es tal y como dice Kile —Respaldo Rem. Sin atreverse a levantar la mirada, temiendo ser expuesto.
Astral miro de soslayo a su madre para solo después sonreír de manera maliciosa.
—Su castigo hubiese sido menos si solo hubieran dicho la verdad. —
—¿A qué se refiere...? —Quiso preguntar Kile, sin embargo, fue brutalmente detenida de un golpe certero en su estómago, la magia oscura arremolinándose en sus entrañas solo la mando volando hasta la pared más próxima en la sala del trono. Alertando a Rem, quien apenas pudo esquivar el filo de una espada que él conocía bien. Pues el metal brillante y el aura blanca azulada gritaba el nombre Astral por todos lados.
Así que, de un movimiento rápido, se levantó del suelo. Esquivando como podía sin dejar de mirar a su contrincante, el cual solo sonreía con un deje de diversión y locura.
Una copia exacta de su madre.
Aren, quien observaba todo desde lo alto de su trono solo sonrió, estirando una de sus manos mostrando un hechizo de alarma. Dando a entender que ya él y Astral sabían de lo que ellos habían realizado. Dejando horrorizado a Rem. Sus ojos en dos puntos finos y su cuerpo tensándose, solo dejaron salir el miedo momentáneo de ser atrapado. Desviando por un segundo sus pensamientos llenos de culpa hacia su adversario.
¿Acaso eso es lo que había sentido Astral antes de que su conspiración fuese descubierta?
Joder. Ahora entendía muchas cosas.
Lein estaba estupefacto. Su rostro antes sereno y frío ahora mostraba emociones mucho más complejas. Lamentaciones siendo la mayoría de ellas, su color aún más pálido, a un punto realmente enfermo y su creciente enojo e impotencia solo hicieron peor la situación.
Su respiración errática y la manera en la que sus nudillos se volvían blancos y sangrantes por la presión aplicada, asusto a Han, la cual seguía disculpándose para calmar a su hermano. Apenas lográndolo después del tercer intento.
—...N-No es tu culpa —Dejo salir Lein a regañadientes. Aun sabiendo que eso era una descarada mentira.
Ellos eran culpables, y en esa culpabilidad, el también entraba ahí. Habiendo podido defenderse desde un principio para llevarse a Daik y Astral, evitando todo aquello, pudo haber sido la mejor solución a la conspiración, en vez de, solo dejarse atrapar para salvarlos.
Él también era responsable.
¡¿De dónde demonios saco de que quedándose iba a salvar a Astral y Daik?! ¡¿De dónde?! ¡Esa manera estúpida y compasiva de actuar fue lo que termino de hundir a dos seres inocentes! Y él... Él era el único idiota por no haber hecho más.
¿Tanto conocimiento para qué? ¿Para qué vivir tanto tiempo si al final nada había podido hacer?
¡Que chiste de Guerrero!
¿Para qué tanto poder si solo...? Si solo lo terminarían arruinando todo. ¿Cuál era el verdadero propósito para ellos entonces si no podían proteger? ¿Cuál exactamente?
Han, observo en silencio. Conteniendo sus lágrimas al ver el estado precario de su hermano. Consumiéndose más en la culpa por no creerle. Debía pagar su pecado.
—Hermano... —
—¿Para qué lo hicieron? —Interrumpió de manera abrupta Lein.
—¿Eh? Creo que no logro...—
—¡¿Para qué me liberaron?! ¡¿Para ver cómo es que Astral y Daik son controlados?! ¡¿Para ver que mi mala elección causo un conflicto más grande?! ¡RESPONDE HAN! ¡¿Para qué me liberaron?! —
—...Yo... Nosotros... Nosotros...—Ante la negativa de Lein. Han solo dejo salir lo que había guardado hasta ahora. Llorando lo que no podía expresar con palabras. —¡Por qué queremos detenerlos! ¡Quiero a nuestro Astral de vuelta! ¡Quiero que me sonría y me aliente a ser mejor! ¡Quiero protegerlo! ¡Quiero saber que hacer en caso de ser necesario! ¡Quiero que todo esté bien! ¡Quiero a mi pueblo de vuelta! ¡QUIERO SER FELIZ JUNTO A USTEDES UNA VEZ MÁS! ¡QUIERO SALVAR A GEA! ¡Quiero salvar a Astral! Y... Y quiero disculparme por no ser lo suficientemente fuerte para Aren y Astral... Yo—
Los brazos que la envolvieron en un abrazo la hicieron callar. Ahogando sus sollozos contra el pecho del mayor. Quien solo asintió. Llorando también su propia perdida. Comprendiendo el alcance de su dolor. Deteniendo el mundo solo por un segundo.
Había muchas cosas que arreglar.
Demasiadas.
Sin embargo, el mundo no tenía planes para dejarlos ser.
La piedra cayendo junto con los escombros y el estridente sonido de la magia siendo usada para matar, fue lo que la alarmo. Sus sentidos se agudizaron y su cuerpo reaccionó a tiempo para arrojarse al suelo, junto a Han, quien sorprendida solo se dejó hacer. Esquivando entonces el desastre causado por el furor de lo que sabía era una batalla.
—¡¿Qué esta...?! —Exclamo Lein, deteniéndose al ver a uno de sus hermanos menores salir de los escombros. Alzándose fieramente para esquivar un golpe letal proveniente de una alabarda llena con magia oscura. Mientras una risa sonora y burlona se extendió en cada rincón del lugar. Helando su sangre momentáneamente.
Esa voz podía reconocerla.
Alzo su mirada en dirección a donde miraba su hermano, encontrándose con una desgarradora escena.
Diak sonreía aún con sangre bajando de la comisura de sus labios. Mientras volvía a alzar aquella arma que se supone jamás él realmente uso. Preparándose para dar un nuevo golpe, sus ropas negras balanceándose por el aire solo dándole un aspecto imponente.
Lein podía estar seguro que podría sentirse orgulloso por Daik al verle. Sin embargo, ese no era el momento ni mucho menos el lugar.
La sed de sangre que desprendía el pelinegro se lo hizo saber casi de inmediato.
Han, al sentir aquello, tomo entonces a su hermano mayor. Alejándolo de un solo salto de aquel lugar, cayendo con gracia al suelo del patio interior, siendo seguidos de cerca por Erí. Quien siguió arrojando hechizo tras hechizo para protegerse a él y a sus encontrados hermanos.
—¡¿Qué está pasando Erí?! —Exigió saber Han, usando su demás fuerza y magia para curar aún más rápido a Lein. Su única carta de triunfo.
—¡Él fue quién nos descubrió! ¡Te alcanzo a ver cuándo rescataste a Lein! ¡Dio aviso a Aren-sama y Astral-sama! —Informo, esquivando a tiempo una ráfaga de energía oscura. —¡No hay tiempo! ¡Han llévate a Lein! ¡Yo lo detendré todo lo que pueda! —
—¡¿Qué estás diciendo?! —
—¡NO HAY TIEMPO! —Grito de nueva cuenta Erí. —¡Dark Mist juega sucio! ¡Lein, Ema y yo hemos sido envenenados con su magia oscura! ¡Nos queda poco para detenerlo! —
—¿Q-Qué estas...? I-Imposible. ¡No puede solo lograrlo con la magia oscura! ¡Necesitaría de la Daga Impura! ¡¿Cómo es que...!? Espera... —Menciono Lein percatándose de lo obvio. Mirando entonces como es que descendía Daik con una calma bastante envidiable. Sonriendo con clara burla y malicia. La evidencia aún en sus manos.
Una de las propiedades de la Daga Impura es que podía transformarse dependiendo de su portador. Tomando la forma más estable de su dueño.
Y una bella alabarda yacía en las manos de Daik.
—¡¿Cómo es qué la obtuvo?! —
— Ah... —Daik miro a un muy despierto Lein. A quien le sonrió aún más felizmente. Moviendo sin ningún cuidado su arma, haciendo resaltar el brillo y el filo a propósito. — ¡Hola de nuevo Lein! ¿Te gusta mi nuevo yo? El Reina, Su Majestad Aren-sama en su sabiduría infinita y amabilidad, me otorgo este nuevo poder para protegerme y protegerlo. ¿No es fantástico? ¡Soy el nuevo segundo al Mando de las Fuerzas Astralianas! —
Lein, como pudo, levanto discretamente a su hermana. Deteniendo la curación a un treinta por ciento. Lo suficiente como para moverse sin problemas, trazando en su mente algún plan para salir junto a sus hermanos de ahí.
Necesitaba reagruparlos. Necesitaba salvarlos.
El sudor frio recorrió su frente una vez noto como es que Daik tomaba una nueva pose de ataque.
—¿Dark Mist? —Cuestiono Lein. Comprándose tiempo en lo que sus hermanos tomaban la indicación silenciosa.
—¡Por supuesto! ¡Es mi nuevo y flamante nombre! ¿Te gusta? ¡Mi Amo, el Señor Aren lo pensó solo para mí! Es un ser tan bondadoso... —Menciono carcajeándose al notar como es que Erí y Han se acercaban poco a poco, anunciando su huida. — ¡También por consiguiente la Daga Impura termino en mis manos gracias a ustedes! ¡Debo agradecerles profundamente! ¡De otra forma Aren-sama no me la hubiese dado! —
¿Así que eso era? ¿Un plan dentro de otro defectuoso? Debieron saber desde antes que Astral y Aren eran las mejores mentes de incluso generaciones anteriores. Igualándose solo a la primera generación de Astralianos. ¡Era obvio que tendrían un contraataque ya listo!
—¡Oye! ¿Erí dónde está Bai? —Preguntó Lein preocupado. Era el único hermano que aún no se había visto. O escuchado. (Ahora Hayato).
—¿Bai? ¡Debe estar yendo junto a Rem y Kile como apoyo! —
—Ya veo... —Lein entonces lo supo- Así que no nos queda más opción que pelear con todo ¿No? —Dijo, dirigiéndose a Daik. No. A Dark Mist. Sonriendo en claro reto.
—¡Por supuesto que no les queda opción! ¡Deberán pelear aquí y ahora! ¡El espectáculo apenas comienza! Kufufu~ será un todo o nada... ¿Me pregunto quién ganará? ¿Un grupo de idiotas o...? Kufufu~. —
La brisa nocturna fue el único testigo de aquel encuentro que estaba a punto de volverse un campo de batalla. Mientras las nubes cubrían lo que quedaba de las lunas de Gea.
Ojalá que Dios se apiadara de los Guerreros. La última Esperanza de Gea.
