Advertencia: El siguiente capítulo puede contener escenas sensibles para algunas personas. Se recomienda discreción.


La tranquilidad brillaba en ausencia. El ambiente seco y frío solo hacía calar los huesos y temblar la piel. La luna ausente y un sin fin de movimiento dentro del bello Palacio de Gea hacía imaginar mil y un cosas a los pobladores que alcanzaban a despertar para salir de sus casas a toda prisa, algunos Astralianos que ya estaban en horas de descanso solo ayudaban a todo aquel que lo necesitara. La prioridad siendo mujeres y niños. Así como embarazados y civiles indefensos.

Los Guardias por tanto, trataban de alzar el muro de Emergencia del Palacio. No con el fin de evitar que alguien entrará, sino más bien, con el único propósito de que ninguno de los habitantes de tal bella obra que representaba el Palacio de Gea saliera. El caos escuchándose de fondo.

Los más capaces ordenaban a aquellos rezagados que fueran a refugiarse a lo más profundo de la construcción, otros se redirigían al bosque interno, entrando con luces y fuego en mano. Herramientas así como algunos cuchillos podían verse asomarse en algunos cocineros.

El viento y la brisa arremolinándose en todo el lugar solo mandaba escalofríos a los presentes, quienes rogaban por algo de paz, alguna información de su Reina, o alguna autoridad que pudiera otorgarles calma. El pánico envolviendo sus corazones conforme se escuchaban explosiones y derrumbes cerca de ellos. Cada uno siempre mirando a su alrededor esperando no quedarse en medio del fuego de la batalla que, ninguno sabía a ciencia cierta su origen.

La magia oscura y la magia pura solo se presentaban de vez en vez. Preocupando de sobremanera a los habitantes atrapados, queriendo salir fuera del escudo que no permitía liberarlos. Rogando pronto por la salvación. Esperando con impaciencia el sol de la mañana.

El desastre pintaba para una noche larga y cansada. Nadie estaba de humor para pensar.


Lian junto a Ema, apoyándose mutuamente para caminar lejos de los tumultos de sirvientes que buscaban un refugio con ellos, vergonzosamente dejándolos atrás, trataban de sacar el veneno antes usado en ellos. Heridas sangrantes podían notarse en cada uno de sus brazos, ambos luchando para que aquella sustancia saliera junto con la sangre que ya estaba contaminada. Recitando hechizos en voz baja. Tragando hierbas que sabían podían tratar con el problema, o retenerlo en todo caso, potenciándolo con la habilidad de Ema, quien sufría el doble al tratar de neutralizar a ella y a su hermano al mismo tiempo. Jalando los efectos negativos a su cuerpo, limpiando todo con ayuda de la magia contraria de su compañero.

Sus miradas conectándose en cada vuelta de pasillo solo les hacía sentirse como dos prófugos después de hacer algo realmente malo. Cosa irónica, pues solo salvaron al único que alcanzo a comprender de verdad la situación del Reino y sus regentes, y que, en ningún momento se aventuraron a ver si todo lo que decía era verdadero o solo una falacia inventada.

El arrepentimiento colándose en sus mentes, cuerpos y corazones.

Oh. Cuando no hubieran dado para rogar una falacia de Lein.

Ema dio un suspiro justo al sentir aun mas efectos negativos. Sonriendo una vez que pudo controlarlos a su voluntad, pasando a neutralizar el veneno. Agradeciendo parte a su sangre dorada y su habilidad. Inmediatamente ayudando a su hermano mientras él los conducía por pasillos vacíos y desolados. Escondiéndose cada que veían a Guardias buscándolos por orden Real. Un pergamino así como supresores mostrándose en sus cinturones o manos.

Cada uno ahogándose en sus propios pensamientos y planes que podían seguir justo ahora que pasaban a ser enemigos del Palacio que custodiaron por más de cientos de décadas. Curándose un poco más a cada descanso de minutos por las habitaciones ahora vacías. Disculpándose internamente al invadirlas sin consentimiento de sus dueños originales. Esperando que, en cierto momento puedan verles con bien. Después de todo, los únicos en conflicto eran ellos, no los inquilinos que con tanto esmero (y miedo) cuidaban y mantenían en pie la gran estructura que tenían por Palacio y hogar.

Era curioso como es que justo ahora comenzaban a notar esos pequeños detalles. Justo cuando todo estaba cayendo más y más al abismo que no sabían que se había abierto justo cuando su primer hermano fue atado, arrojándolo a la inconsciencia por sus propias manos.

Aún había demasiados pecados que pagar. Especialmente al que realizaron en contra de su propia sangre. Nadie era inocente de todas formas aquí.

Lian paro cuando escucho como es que tintineantes sonidos de armaduras se dirigían en su dirección. Reaccionando a tiempo, empujó a Ema dentro de una habitación antes de que alguien más los descubriera poco después de recuperarse casi por completo, pues el veneno ya había alcanzado su máximo efecto. Haciéndolos maldecir por unos minutos al percatarse como su poder menguaba o fallaba, en el caso de Ema.

La situación por su descuido de por si podía considerarse mala.

Sus respiraciones erráticas y apenas silenciosas solo les hacía saber en que papel jugaban ahora. Justo ahora podían entender el dolor de Lein y del Príncipe Astral. Justo antes de que... No. Lo pasado, pasado quedaba. No había nada más qué hacer que solo lamentarse en luto eterno. Pues lo que necesitaban ahora era moverse, y sobre todo, pelear una vez más. Y esta vez, en el bando que les correspondía realmente.

Derrocado a sus propios regentes.

Ema sonrió muy levemente cuando noto como es que su hermano no la había soltado de su brazo incluso después de entrar a la habitación. Manteniendo un firme agarre como cuando era niño. Trayéndole recuerdos dulces y maravillosos. Distrayéndola de lo malo que se avecinaba.

-¿Lian...?- Llamo Ema en voz baja. Consiguiendo la atención deseada.

-¿Pasa algo? ¿Es el veneno? ¿Necesitas más hierbas medicinales?-Cuestiono apenas despegando su vista de la puerta, imitando a un eterno vigilante, esperando el momento idóneo para salir una vez mas.

-No... Nada de eso-Ema negó- Creo que al menos ahora podemos alcanzar a nuestros demás hermanos...- Susurró apenas en un hilo de voz, recargándose en contra de su hermano- Debemos ocuparnos de nuestro descuido de todas formas... Dark Mist escapo con éxito antes de-

-No tienes que repetirlo- Interrumpió Lian- Fue bastante escurridizo, ninguno de nosotros noto como es que tenía un arma bastante peligrosa... Solo...-Dudo -Espero que Erí este bien. Nos dejo aparte otro camino cuando Dark Mist nos hirió...

-Sí... Fue valiente de su parte distraerlo para que pudiésemos alertar a todos... Irónicamente incluyendo a quienes nos buscan...

-No teníamos opción. Inocentes se verían en vuelto si no hubiésemos actuado antes-

-Pero, se que no todos pudieron escapar- Ema se asomo un poco por la rendija de la puerta junto a su hermano. Asintiendo cuando su hermano la jalo sin cuidado, sacándola de la habitación, llevándola pasillo tras pasillo. Apenas parando cuando el pedazo de una loza se desprendió casi por donde pasaban- Ahora todo esta comenzando a caer en ruinas... Temo por quienes quedaron atrapados...

Lian miro de soslayo a su hermana antes de negar con ligera fuerza, ocultando parte de sus ojos. Haciendo rechinar un poco sus dientes.

-Quienes lleguen a perecer hoy... Será totalmente nuestra culpa...

Ema iba a replicar la decisión tan extremista, sin embargo, al sentir una vez más un dolor agudo atacar su cuerpo fue que mordió su lengua. Aceptando la nueva situación.

Habían sido demasiado confiados. Muy confiados. Rasgo que, sabían de sobra ocuparon Astral-sama y Aren-sama para lo que fuese que estuvieran planeando. Nada bueno ahora venía de ellos. Necesitaban ahora estar más preparados.

-Entiendo -Ema siguió, cambiando de tema- ¿Ya casi hemos llegado a donde dijo Han?

Lian asintió cuando de un momento a otro termino por derribar a un par de Guardias en turno. Dejándolos inconscientes en el suelo, limpiando la sangre que salia de su nariz ante aquella rápida acción que le hizo mal a su cuerpo y herida. Apenas haciendo sonar las armaduras pesadas de los otros dos.

-Si mal no me equivoco por aquí debería estar la sala oculta que dijo el oráculo de Rem...

Ema asintió una vez más. Comenzando a tentar casi con desesperación la pared, en espera de que se abriera o mostrara algún camino o en su defecto alguna bóveda. Siendo seguida mas de cerca por Lein, quien se adelanto al otro pasillo par hacer exactamente lo mismo.

Cada uno extendiendo el alcance de sus sentidos. Alertas como jamás lo hubiesen estado.

Rem, justo antes de que todo hubiese salido a la luz, uso parte de la magia antigua y prohibida para saber si toda la información era verídica y útil. Siendo el segundo en alzar la voz una vez que se convenció de que Han decía la más pura sinceridad sobre los hechos ocultos sobre el Príncipe Astral y el Reina Aren. Apenas siendo precedido por Erí. Uno de los planeadores de aquel movimiento improvisado. Comenzando a arrastrar a sus demás hermanos a su verdadero propósito. Pero también dejándolos caer en una culpa irremediable que atacaba como la más fiera de las bestias a sus mentes y corazones. Haciéndolos maldecir por ser tan confiados e ignorantes. Apenas impulsándolos en ira y traición para querer arreglar lo mal que habían hecho su trabajo. Sintiendo por primera vez el peso de los siglos y las vidas perdidas.

Jamás habían estado tan conscientes como ahora.

Justo el día que quizá todo caería o se levantaría.

Era un todo o nada.

Las sudorosas y manchadas manos de Ema siguieron tentando hasta que, en un ataque de ansiedad e impotencia, jalo con insistencia un solo pedazo de piedra escondida en la pared, dando vuelta al siguiente pasillo. Descubriendo entonces lo que tanto buscaban, el mango de una espada brillante mostrándose después de años. El aura blanquizca siendo lo más bello que había visto esa noche.

Y sintiendo como es que parte de su vida volvía a ella, fue que grito con todas sus fuerzas para atraer la atención de su hermano, quien no tardo en llegar junto a ella.

-¡La encontré! ¡Lian la encontré! ¡La espada encantada de Astral-sama! ¡La espada que puede ayudarnos según la visión de Rem!

Ambos hermanos sonrieron por primera vez en días. Siendo ajenos al nombre que adornaba discretamente la hoja metálica. Siendo oculta a propósito por las joyas incrustadas.

El nombre "Elifas" podía leerse claro y fuerte.

Piezas del rompecabezas comenzaban a calzar. Una a una.


Los escombros comenzaban a ser un estorbo una vez que la verdadera pelea comenzó. Rem junto con Kile, trataban de mantener a un límite a Astral, quien con bastante fuerza y habilidad lograba perpetrar uno a uno los muros que con desesperación los otros alzaban.

El sonido del cristal siendo roto resonando por lo que quedaba de la sala del trono, de donde Aren ya había salido. Siendo escoltado por muchos mas Guardias que de costumbre, llevándolo a un lugar seguro, su rostro siendo adornado por una sonrisa casi sincera.

Burlona era lo indicado para él.

Parecía estar completamente seguro de sus propios planes. Y eso despertaba una ira y fura profunda en ambos Guerreros que intentaron detenerlo, siendo retenidos de manera bruta y dolorosa por parte de un sádico Astral, quien se interpuso una y otra vez con espada en mano, luciéndose como no antes pudo hacerlo.

El filo de las armas chocaba en un son casi incomprensible. Sonando a cada movimiento, mientras el metal se balanceaba en un ritmo alerta y llamativo, digno de cualquier Guerrero experimentado que estaba dando todo de sí. Haciendo una coreografía hermosamente peligrosa.

Los espectadores podían dar fe de ello. Incluso Kotori y demás amigos que no estaban labrados en el tema.

Sí esto fuese una competencia de poder y habilidad, sin ninguna duda ya se estaría disputando los primeros lugares con ellos al mando. Pudiendo haber sido divertido y entretenido para los participantes. Aunque, ahora en la situación actual. El hubiera estaba siendo remarcado muy constantemente.

Tantas cosas que pudieron salir bien si tan solo ellos hubiesen escuchado y los otros hubieran hablado. Algo tan simple como eso pudo haberlos salvado de muchas maneras.

Pero ya era tarde. Y ahora debían enfrentar lo que venía con valentía y orgullo. Representando su papel.

Rem y Kile se turnaban cada cierto tanto para pelear uno a uno con Astral para poder ver alguna brecha en sus técnicas o algún punto débil con el cual pudieran someterlo, sin embargo, por más que se esforzaban, no daban con alguno de ellos, pues, cuando pensaban que podían idear una buena estrategia, esta simplemente se descartaba o se cortaba a mitad de camino al observar como Astral usaba esto a su favor, trayéndolos a una pelea aun más reñida y sádica. La sed de sangre siendo el único sentimiento proveniente de él.

La Guerrera entonces tomo un relevo con Rem, quien se quedo atrás. Repasando información de su contrincante tanto como podía. Preguntándose a la vez, ¿Cómo demonios es que Astral estaba mostrando una fuerza incomparable justo ahora? ¿Por qué entonces no lo mostro hace dos meses que fue capturado? ¡¿Por qué?! ¿Había sucedido algo en el medio? ¿El Reina hizo o experimento en él? ¿Por qué parecía tener una fuerza tan formidable ahora?

Deslizo un poco sus pies para esquivar los restos de los golpes dados por parte de los peleadores, Astral ganando solo por segundos. Logrando sacar apenas unas gotas de sangre a Kile. Quien no se amedrento, luciendo después un poco más de su energía para comenzar a controlar la transmutación de los materiales cercanos. Símbolos brillantes comenzando a brillar por distintas partes de su cuerpo, haciéndola ver feroz y determinada. Sus ojos así como sus movimientos dejando mostrar su propia valentía. Esto de alguna manera emocionando a su contrincante, quien comenzó a pelear aun más rigurosamente, dando estocada tras estocada. Comenzando a reír como un niño quien hace una travesura. Haciendo enfadar a propósito a la Guerrera, quien no dudo en dejarlo ver.

-¡Te arrancare esa sonrisa del rostro!

Astral sonrió más ampliamente, mandando escalofríos a quienes le veían.

-¡Adelante!

Las provocaciones comenzaron a escalar desde ahí.

Rem usaba su magia como apoyo para su hermana, la cual estaba centrada cien por ciento en la pelea, ignorando los destrozos o demás estragos que ello estaba causando. Apenas y dirigiendo un solo segundo a Rem para dar las gracias y continuar con el choque de armas.

Pareciera que todo ello se alargaría si no hacían algo al respecto.

Atacar juntos era una opción, por supuesto que sí, e iban a hacerlo. Pero primero necesitaban saber más de Astral. Pues sus movimientos impredecibles y demás habilidades solo estaban confundiéndolos más y más. Ni que decir de su magia. Apenas la usaba, lo cual era alarmante. ¿Acaso estaba jugando con ellos? Eso sería imposible. No es que en verdad los conociera a todos ellos en ese ámbito, ¿O sí?

Espera... ¿Por qué sería capaz de predecirlos si no fuese así? ¿Acaso...?

Rem giro su vista una vez más al campo de batalla a unos metros de él. Notando entonces la mirada de diversión por parte del peliblanco. Anunciando con ello lo que más temían. La expresión horrorizada que hizo Rem pareció solo divertir más a Astral, quien le dedico una sonrisa falsamente inocente.

¡Imposible! ¿Por qué lo sabía? ¡¿Quién le había dado aquella información?! ¡¿Quién?!

Metales así como pedazos de piedra levantándose a petición de Kile solo le hizo darse cuenta de algo más.

No es de quién se lo haya dicho. Si no más bien, cómo es que iba a utilizarlo. Era como si estuviesen desde un principio en un juego maquiavélico de mayor complejidad. Uno que esperaba deshacerse de ellos. Uno a uno.

¡La Familia Real que tanto habían protegido ahora solo los estaba desechando! ¡Como si solo fueran viles objetos sin ningún valor!

Y entonces, Rem entendió muchas otras cosas más.

La razón por la que Astral no había tenido éxito en el derrocamiento del Reina, así como la extraña desaparición del Rey Elifas. Todo ello estaba cayendo en lugares exactos que ahora formaban piezas de algo más grande, mortífero.

Todo esto ya había sido predestinado por el único que brillaba por su ausencia, de alguna manera increíblemente inteligente, astuto y... Maravilloso a su manera.

Una gota de sudor bajo por su cuello, mientras su garganta trataba de pasar la mayor saliva que podía. De pronto sintiendo una sed increíble de beber agua y marcharse de ahí.

Todos ellos habían sido los tontos en un juego de poder y ahora todo quedaba claro.

Aren no quería solo matar a los Neran. No. Él quería destruir todo de raíz, queriendo levantar solo su propia ideología. Sus propios principios. Era todo un plan genocida. Y aquello era solo el principio. Porque, ¿De que otra forma es que habían llegado tan lejos? Astral incluso se vio envuelto en ello. Aunque eso suponía era de esperarse. Estaba cerca de su conspirador, no había manera de saber que pasaría después.

Rem entonces sonrió con clara desesperación.

Habían sido todos unos tontos. ¡Siempre estuvieron bailando en las manos del Reina! ¡Y justo ahora quería sacarlos del juego! Siendo solos viles marionetas. ¿Es que acaso no significaron en algún momento para Aren?

Rem miro entonces a Astral, el cual dio un salto alto, redireccionando parte de la magia de Kile. Quien apenas alcanzo a cubrirse con uno de los muchos pilares aún en pie. Su respiración agitada y su mente alerta haciéndole saber que tan mala era su situación.

No. Al parecer nadie significo algo para él... Pero. Sin duda era una lastima que pensara que no iban a hacer nada.

Hn. Ahora que lo pensaba más detenidamente, fue que al fin comprendió parte de la estrategia del Reina al capturar a Astral: Atraparlo con sus propios colaboradores para causar un estado mental en shock, no sin antes haberle dado una inducción constante de menosprecios y autosabotaje a su propia magia y poder. Consiguiendo de esa manera que no actuara como se supone debió haber hecho en su momento. La manipulación siendo el constante de aquel plan que estaba desde hace años dando frutos al momento de la verdad.

Ahora más se arrepentía de no haber formado parte mas íntimamente de la enseñanza de Astral. Quizá así, las cosas hubiesen resultado diferentes... Pero eso ya no importaba.

El Plan maestro de Aren había resultado. Y estas eran solo los frutos a cosechar. Maliciosa y Egoísta ganancia. ¿Cuántas vidas serían sacrificadas en el proceso?

Rem corrió una vez noto como es que Astral estuvo a unos metros de Kile, levantando un muro de cristal para evitar un daño severo a su hermana. Causando un choque de metal que resonó hasta los distintos pasillos del Palacio. El viento resultante del golpe, así como del impacto agito sus ropas sin cuidado, dejando ver entonces una armadura compacta color oscura por debajo de las ropas de Astral. Dándoles una muy mala impresión a ambos Guerreros.

Astral no iba a detenerse hasta que alguno del bando contrario desapareciera.

La situación era bastante desesperante.


Han no daba alguna tregua para que Dark Mist se acercara mas de la cuenta. Usando su propia habilidad para marcar un limite seguro para que tanto Erí como Lein pudieran recuperarse debidamente. El último por supuesto ayudando al primero con su magia apenas activada, repasando en su mente una y otra vez como es que podía controlar el veneno sin la ayuda quirúrgica o mágica que se requería. Abriendo solo una herida profunda para que la sangre misma se limpiara por su cuenta, subyugando entonces el veneno oscuro de esa manera. Esperando que las habilidades de su hermano no menguaran o se perdieran gracias a eso.

Erí se mantenía alerta acerca de cualquier otro movimiento alrededor de ellos y en su hermana que luchaba a la par con su contrincante, el hielo y agua que podía usar, moviéndolos para tener un perímetro. Ella por ahora se mostraba bien, pero debían moverse si querían ayudar a que todo saliera bien.

-¿Cómo te sientes?-Cuestiono Lein terminando de aplicar su magia sanadora, su cabello verde agua agitándose con el movimiento estridente de la batalla.

-He estado en peores condiciones. Muchas gracias hermano...-Agradeció sinceramente Erí, apenas observando de soslayo a su hermana.

-El veneno se ha neutralizado, pero no se que tanto podamos hacer al respecto, la Daga ha estado haciendo bastante bien su trabajo... Me temo... -Informo Lein levantándose del suelo, ayudando a su hermano. Ambos observando rápidamente su situación. -No creo que podamos pelear justamente si Dark Mist no deja esa cosa...

-Opino lo mismo. Me imagino que deberemos separarlo del arma para entonces atacarlo...

-¿Lo capturaremos?-Cuestiono Lein de manera preocupada. Aun un poco ajeno a lo que pasaba, su mirada dolida dirigida a quien considero un buen amigo o incluso un hermano menor.

-...-Erí dudo, mirando entonces el dolor de su hermano mayor. Culpándose así mismo por no seguir su ejemplo y dejar que todo llegara a peores consecuencias- No... Me temo que tendremos que eliminarlo. La magia oscura ya ha contaminado su mente y cuerpo a limites irreversibles...

Lein siguió mirando a Daik, apenas susurrando un "Ya veo". Palabra que lastimo mucho más a Erí que un golpe físico.

-Lo siento...- Dijo Erí en apenas un susurro- Debimos creerles a tiempo-

-Eso ya no importa- Interrumpió Lein de pronto. Negando con su cabeza, posando una de sus manos en el hombro de su hermano afligido- Debemos salvarlos... -Hizo un gesto levemente con su barbilla. Señalando entonces con eso el furor de la batalla.

-Entiendo...

Daek Mist blandía como si fuese un juguete aquella arma mortífera en contra de Han, la cual esquivaba golpe tras golpe con maestría, saltando justo cuando se requería o agachándose cuando el filo del arma llegaba a rozar alguna parte de su cuerpo. Sus respiraciones irregulares y miradas fijas en uno y otro solo daba la sensación de que todo aquello estaba siendo ejecutado según algún extraño baile. Ambos completamente sumergidos en el fuego y la burbujeante ira dentro de ellos.

Paso a paso acercandose cada vez mas. Han mientras tanto trataba de levantar muros tras muros de hielo, congelando el agua restante que podía controlar para lanzarla después como estacas al pelinegro, quien con una enorme sonrisa esquivaba de vuelta, haciendo aparecer con un gesto de su mano círculos y símbolos de un solo hechizo en común, multiplicándolo después. De ellos saliendo un sin fin de cuchillas que lograban detener a cada estaca lanzada con anterioridad, las cuales pasaban a volver a derretirse, cayendo al suelo para ser usada una vez más con otras órdenes rápidas de la Guerrera, quien ahora con sus habilidades siendo usadas, secaba toda vida cerca, tomando el agua en su interior a la fuerza. Usándola como proyectil en grandes golpes que lanzaba sin piedad a su contrincante, el cual, para su ira y desesperación no dejaba de reír en ningún momento. Provocándole aun más a cada segundo.

Han no lo entendía. ¿Por qué estaba tan tranquilo? Ella era una Guerrera de la Esperanza, su poder no era poco. Mucho menos simple. Pero entonces, ¿¡Por qué la estaba subestimando tanto?!

Una vez más el agua que ella controlaba era lanzada sin tregua a su contrincante. El cual solo volaba o pasaba a esquivarlo con movimientos precisos y bien calculados, no perdiendo el tiempo en contraatacar con más sellos que se unían unos con otros para sacar aún más armas que volaban en contra de Han. La cual volvía a alzar su muro de hielo para protegerse, escuchando el impacto del metal contra el cristal, apenas salvándose por segundos de que un hacha le alcanzara, quedando a tan solo a unos milímetros de su rostro.

-¡Ese maldito! -Soltó en un gruñido bajo. Volviendo a descongelar su muro para una vez más, lanzarse al ataque. Encontrándose entonces casi cara a cara con Dark Mist, quien solo le saludo con su mano antes de que ella pudiera reaccionar a tiempo.

Cientos de cadenas salidas de mas sellos oscuros fue que la tomaron sin piedad, lanzándola lejos del lugar, haciéndola estrellar contra el muro del Palacio, el cual casi de inmediato cedió ante el impacto, cubriendo de escombros a la Guerrera, la cual solo movió sus manos para protegerse un poco ante lo que venía. Un muro de polvo alzándose poco después, mientras Dark Mist solo sonreía con altanería.

-¡Wow! ¡Pero si que son buenos como proyectiles! ¡Mira el daño provocado! -Menciono, alzando su mano para posarla en su frente casi por sus ojos, imitando el querer ver más de esa manera. Burlándose abiertamente en algo que solo el comprendía- ¡Ja! ¿Y se dicen ser los seres más poderosos? ¡Tonterías!

-¿Tonterías? -Una voz varonil le interrumpió en su perorata, llamando a tiempo su atención antes de recibir un golpe directo en su rostro, mandándolo con brutalidad al suelo- ¿Entonces por qué no miras primero a tu alrededor?

Un grito sonoro fue la recompensa obtenida para Erí, quien sonrió levemente ante la pequeña venganza. Sosteniendo en alto su propia espada, esperando entonces el momento justo para bloquear el ataque que llego después, notando a un Dark Mist bastante enojado por lo sucedido. El metal así como el filo de las hojas escuchándose casi hasta el final del Palacio. Un viento resultante ante el movimiento rápido sacudiendo sus ropas, haciendo de la escena algo casi para admirar.

-¡Imbécil! -Gruño y amenazó el pelinegro. Cambiando su combate de largo alcance a cercano, fue entonces que una nueva lucha nació de pronto. Los metales de las armas escuchándose poco después. El filo logrando cortar algunas cosas de alrededor, distrayendo a Dark Mist de como Lein ayudaba a Han. Curándola un poco más en el proceso. Usando su habilidad para copiar la habilidad de su hermana. Usando entonces con maestría el agua como medio sanador para Han. Quien le agradeció poco después.

-¿Estas bien?- Cuestiono Lein, dejando su tarea una vez evaluó el estado de su hermana. La cual se miro a si misma antes de asentir.

-He estado en condiciones peores...

-Es lo mismo dijo Erí...

Han entonces observo a su hermano mayor. Bajando un poco la cabeza de manera avergonzada. Esa actitud era la que no ayudaba a nadie

- L-Lo siento...

-Olvídate de eso -Lein suspiró- Ahora debemos trabajar juntos para detenerlo... -Dijo, mirando a sus espaldas como es que el combate seguía en casi en las mismas condiciones, evaluándolo a rapidez- Dark Mist deja varias aberturas que podemos usar, aunque el que este alerta solo nos deja con unos segundos para usarlas. ¿Crees poder moverte bien?

-Sí, déjame a mi la distracción. Ustedes dos ataquen cuando antes... -Acepto de buena gana Han. Limpiando la comisura de su boca sin cuidado, su mirada volviéndose determinada.

-En ese caso, ¡Vamos!-Ordeno Lein. Alzando en vuelo, tragando un poco la sangre a causa de aquel movimiento, dejando salir apenas un ligero hilo dorado de su boca. Sonriendo ante la falta de poder. Siendo discreto para no distraer a Han. Quien ya había llegado una vez más junto a su contrincante, dándole un golpe certero que lo alejo de Erí lo suficiente para darle un descanso. El cual agradeció una vez vio la formación que sus hermanos tenían, asintiendo ante la orden silenciosa.

Era de verdad una suerte de que llevaran años, décadas entrenando juntos, justo para evadir y enfrentar problemas de estos.

- Oye, Oye... Son tres en contra de uno, ¡No es justo!-Se quejo Dark Mist una vez se levanto del suelo, sacudiendo sus ropas, volviendo a verse como antes en segundos. Un aura oscura rodeándolo de pronto, mientras sus labios volvían a curvarse en una sonrisa siniestra. Su voz distorsionando su apariencia, sonando casi ofendido, como un niño inocente.

-Para lo que me importa...- Susurro Han, lanzándose en una nueva refriega. Haciendo carcajear a su contrincante.

- Bueno, bueno, supongo que tienen razón. Yo tengo la Daga Impura de todas formas, su enemigo por naturaleza ¿No?-Menciono el pelinegro antes de usar la alabarda con maestría para bloquear cientos de estacas heladas.

- Tsk... ¡Erí! -Gritó Lein. Haciendo asentir a su hermano, ambos uniéndose a la pelea a la vez. Lanzando cada uno bastantes hechizos que fueron repelidos casi de inmediato por los convocados por Dark Mist.

Los Guerreros se posicionaron estratégicamente en triángulo, dejando en el medio a su rival, quien solo volteo a verlos uno a uno, mirándolos con desdén antes de solo suspirar. Alzando su alabarda para dar un golpe al suelo, provocando un terrible movimiento que hundió lo cercano a ellos. Haciendo nacer un gran cráter en el suelo. Deshaciendo su formación de antes. Siendo lanzados entonces pedazos de roca que salieron volando por la acción.

-¡No se alejen! -Volvió a gritar el mayor, yendo con todo de sí ante su rival, chocando armas en un sonido estridente. El viento provocando por el choque casi congelándolos por un segundo al verse.

- Nos volvemos a ver, Lein-san... -Saludo Dark Mist en clara burla. Provocando un seño fruncido en el mencionado. Quien solo asintió después, sonriendo ante lo que sucedía.

-Sí. Solo es una pena que seas un idiota ahora...

-¿Idiota? Mira quien lo dice, el único que no dio su palabra para ayudar a los demás... -Dark Mist giro rápidamente sobre su eje, usando la alabarda como apoyo para el golpe siguiente. Lanzando a su antiguo amigo al suelo.

Maldición. Fue lo que Lein pensó antes de caer en cuenta de su error.

Aun seguía viendo a Daik ahí.

Su seño se frunció en una mueca disgustada. Sintiéndose terriblemente culpable por no haber actuado a tiempo. Acordándose entonces de su deber, fue que volvió a la pelea que se suscitaba justo por encima de su cabeza. Respaldando entonces a Erí y Han, los cuales volvían a tomar la formación que había sido tomada antes. Esta vez logrando su cometido.

-¡Vamos!-Grito Erí al lanzarse a la refriega junto a sus hermanos, los cuales acordaron con un asentimiento. Moviéndose de manera casi errática para acercarse a su contrincante, el cual solo les veía sinceramente confundido.

-¿Qué demonios...?

Lein entonces vio la abertura que antes había notado, lanzándose antes para obtenerla, dejando atrás a Han, quien ya actuaba con el control del agua sobrante, alzándola en una gran ola tras de ella. Apuntando de esa manera a su enemigo, volando un poco más lento por el peso a cuestas.

Erí, junto a su espada, fue que llego hasta su contrincante, llamando su atención para hacer chocar ambas armas al unísono. El filo resaltando ante el ligero forcejeo que siguió después. Haciendo sonreír al Guerrero después de que todo comenzara.

-¿De qué te ríes?-Cuestiono con gran enojo el pelinegro. Siseando bajo, arrojando sus palabras con veneno- No son más que una constante piedra en mi zapato. ¡No son más que eso!

-¿De verdad? Puedo decir lo mismo de ti- Se burlo Erí, al mismo tiempo que una espada corta, de metal precioso y joyas extrañas incrustadas, apuñalara a su contrincante. Sorprendiéndole de sobremanera.

El suelo comenzando a mancharse de un color oscuro gracias a la sangre de Dark Mist. Quien, apretando su mandíbula fue que de un movimiento rápido alejo a los dos Guerreros que habían logrado asestarle un golpe en uno de sus costados. Lein siendo el autor de esto.

-¡¿Cómo se atreven?!

-¡Hazlo ahora Han!- Ordeno Lein. Alejándose rápidamente de su contrincante junto a Erí, el cual se unió a su lado al ver como es que Han hacia lo pedido.

Aquella ola de agua ahora alzándose como un muro imponente ante Dark Mist. Quien blandió tarde su alabarda, pues el agua ahora pasaba a ser usada para atraparlo en un enorme pedazo de hielo que cayo al suelo una vez cumplió su trabajo. Dando un respiro a los Guerreros que apenas y podían creer su suerte.

-Debemos hacerlo rápido -Menciono Erí, sacando a relucir su espada. Haciendo alusión a lo que seguía. Provocando que Lein apretara los puños en resignación. Sus labios pasando a ser una línea recta ante el pedido.

--Déjame hacerlo...- Pidió a su hermano menor, quien después de verlo por un segundo, asintió, retrocediendo apenas un poco para dejarle el pase libre a Lein. Quien se encamino hasta el contenedor que tenía a Dark Mist. Volviendo sobre sus pasos una vez que vio el interior vacío. Gritando para avisar a los otros dos. Fallando miserablemente.

Por supuesto. No todo podía ser así de fácil.

Cientos de cadenas surgieron del suelo a través de sellos oscuros salidos de la nada. Atrapando entonces a cada hermano casi de inmediato. Alzándolos al aire, quitándoles sus armas cuando una cadena les perforó sus manos y brazos. Enfocándose como si fuese una serpiente en ellos. Dejándolos de un momento a otro a merced del pelinegro. Quien solo sonrió con burla ante lo sucedido.

-¡Jajajaja! ¿De verdad creyeron que me habían derrotado con tan poco? - Señalo Dark Mist sin cuidado. Volando limpiamente en el aire, sosteniendo su estomago como quien recibe el mejor chiste del mundo- No me mal entiendan, fueron feroces, pero... Yo no los considero rivales... Jajajaja, pensar que el Reina me dijo que tuviese cuidado... Creo que exagero, digo, ¡Mírense!- Señalo entonces a Erí, después a Han y por último a Lein- Un tipo moribundo, una niña tonta que puede mover apenas un charco y un tipo imbécil que cree que puede salvar a todos. ¿No entienden? Eso es patético.

Dark Mist se acerco peligrosamente a Han. Tomándola de la barbilla para apreciarla.

-Sobre todo de ti, tu eres la más patética de todas. Traicionando a tu Príncipe solo por ideales falsos... ¿No te da vergüenza seguir existiendo sabiendo eso? ¿Mmm?

Han movió su rostro para alejar la mano del pelinegro, quien de un momento a otro cambio su actitud. Siendo mucho más sádica. Alzando entonces su alabarda, cortando el brazo derecho de Han ante tal falta de respeto a él.

-¡Escucha cuando te hablo!

Un grito sonoro provino de Han al sentir aquel dolor agudo y fuerte de perder una extremidad. Exaltando a sus hermanos, los cuales comenzaron a moverse para zafarse. El suelo comenzando a teñirse de dorado.

-Maldito- Seseo Han. Apenas levantando la mirada para observar como es que la alabarda volvía a ser usada en su contra. Esta vez cortando parte de su pierna izquierda. Haciéndola gritar una vez más en agonía.

-¡Sí! ¡Sí! ¡Exactamente! ¡Esos son los únicos sonidos que debe soltar una mujer como tu! Vamos~ Déjame escuchar un poco más, jajajaja

La tercera vez que la alabarda se alzo, fue que Han volvió a perder la otra pierna. Manchando de manera terrible su traje y el suelo debajo de ella. Salpicando apenas a su torturador. Quien solo sonrió más y más, sin notar entonces como es que las cadenas que controlaba se volvían de un bello color blanco brillante. Mientras los sellos pasaban a ser dorados y azules.

-¡Sí! ¡Sí! ¡Esto es emocionante!- Celebro Dark Mist. Deteniéndose en seco en el último golpe a dar. Sus entrañas sintiéndose extrañamente cálidas, y mojadas. El sonido de algo líquido cayendo al suelo fue lo que atrajo su vista. Notando entonces como es que su estomago era perforado por la mayoría de las cadenas antes convocadas, la sangre brotando de sus labios siendo testigo de la brutalidad que su cuerpo sentía.

-¿Cóm-mo...? ¿Cómo e-es posi-ible?-Cuestiono, dejando caer su arma al suelo, volteando con dificultad para ver a un costado de él. Encontrando a un Lein bastante serio. Apenas distinguible en su mirada el dolor y el arrepentimiento- ¿Tú?

La habilidad espejo de Lein activándose de nueva cuenta. Quien no respondió. Solo haciendo un leve movimiento con su mano para sacar de una vez todas las cadenas del cuerpo de Dark Mist, dejándolo caer bruscamente al suelo. En donde envío una vez más muchas otras cadenas que se clavaron sin piedad en el cuerpo del pelinegro. Haciéndolo soltar apenas un grito de dolor. Llamando sin querer los recuerdos de Lein.

-Lein-san, ya has trabajado mucho. Deberías tener un descanso... -Menciono Daik llevando consigo una taza de porcelana. Llena de un líquido parecido al café, solo que este era de un color morado. Su sonrisa siendo lo más deslumbrante de la habitación.

Cadena tras cadena fue enterrándose en el cuerpo de Dark Mist mientras trataba de usar cualquier hechizo para salvarse, fallando de manera miserable. Manchando de gran manera el suelo. Un charco de sangre formándose debajo de él a gran velocidad.

-Oye, Lein-san, ¿Crees que tendré un buen futuro? Astral-sama dijo que él lo leyó en las estrellas. ¿Es verdad?- Cuestiono de manera tímida Daik, mientras miraba por la ventana, parando sus deberes solo por un momento antes de dirigirse una vez más al Guerrero- Ojalá sea cierto... Jajaja- Dijo, soltando la risa mas sincera y bella que Lein había escuchado.

Los gritos agónicos de Dark Mist comenzaron a ser poco a poco silenciados ante el sin fin de cadenas que ahora se arremolinaban a su alrededor. Capturándolo sin ninguna tregua. Lastimándolo con la fuerza del agarre y la energía pura que llegaba a filtrarse a su cuerpo. Haciendo que su mirada maliciosa cambiara poco a poco a ser la que Lein conoció antes.

-He escuchado que si repites un deseo al menos tres veces ante la persona que más quieres puede que se cumpla... ¿Quieres intentarlo Lein-san?- Cuestiono de manera avergonzada el pelinegro. Parando en un pasillo a su acompañante, sonriéndole de manera cálida y hermosa.

-L-Lein-san... -Susurro Dark Mist. Deteniendo todo intento de escapar. Soltando borbotones de sangre a través de su boca. Mientras algunas lágrimas surcaban su rostro manchado- L-Lein-san...

-¡Daik!- Grito Lein, saliendo de su trance. Bajando rápidamente junto a Dark Mist. Quien ahora, había dejado de serlo. Pues su mirada pasaba a ser aquella que él conoció. Llena de amor y amabilidad.

Quitando las cadenas sin cuidado fue entonces que revelo el cuerpo del pelinegro. Un hoyo grande adornando su estomago inexistente, mientras mas heridas graves eran vistas en cada esquina de él. Su rostro apenas siendo reconocible entre lagrimas gruesas que bajaban sin parar.

-¡Daik!- Llamo Lein. Tomando el ahora cuerpo delicado en brazos. Acunándolo ante la mirada perpleja de Erí y Han. El primero ayudando a su hermana a curar aquellas heridas. Fallando de manera total. La sangre siguiendo manchando el suelo. Llevándolo a actuar de manera impulsiva para detener la hemorragia.

-L-Lein-san...

-Shh... No hables...

-L-Lein-san... Perdóname...-Rogo en voz débil Daik. Apenas alzando la mirada para ver a su amigo- N-No... Quería...

-Lo sé, Lo sé. No digas más. No eras tu, no eras tu...-Lagrimas comenzaron a bajar por las mejillas de Lein. Cayendo en el rostro de Daik. Quien sonrió como antes. Siseando un poco por el dolor.

-L-Lein-san, Dime adiós... Por favor... ¿Hn? Dime adiós...

-No... No quiero... No quiero perderte, no quiero perderlos. Quédate conmigo. Aun podemos-

-N-No, me t-temo que e-es impo-osible...

-¡No! ¡Podemos hacerlo! ¡Podemos lograrlo! Aún...- Lein lloró con mas fuerza- ¡Aún no te he leído las estrellas! ¡Dijiste que estarías para mí! ¡Dijiste que serias como mi hermano menor!

-¿Hermano me-enor?- Cuestiono Daik. Sonriendo poco después- Sí... Podía hab-ber sido bueno, aunque yo... No podía verte como tal... Lo siento... -Las estrellas parecían brillar solo por un momento más ante la mirada triste de Daik- Sí... Pudo haber sido bueno...

Y así, la luz que había siempre caracterizado la mirada de Daik. Con una sonrisa triste, llena de sangre, acompañado de un lamento poco después, fue que dejo de brillar para la eternidad. Derramando lo último de su cuerpo. El último vestigio de que alguna vez Daik, existió. Un suspiro quedando atrás.

Todo ello mientras su cuerpo comenzaba a desaparecer en haces de luz brillantemente oscuras. Dejando atrás solo a un Guerrero que tomo lo último de Daik. La alabarda pasando a transformarse en una bella lanza platinada. Bañada en una luz brillante y cegadora. Sus sollozos siendo apenas ahogados por sus labios fuertemente mordidos. La brisa acompañándolo en un suave susurro de tristeza.

Yo... Yo también quería verte más que un hermano... Daik...

Han y Erí que veían todo a lo lejos fue entonces que supieron lo que en verdad debían hacer. Un par de lágrimas bajando en pena por lo perdido.

Mataron la última esperanza de ver bien a Lein.

Todo ello, mientras que a lo lejos. Deteniendo un poco la pelea. Astral se alejo de sus contrincantes de un solo salto hacia atrás. Aterrizando limpiamente sobre escombros y demás escaparates antes colgados, derramando un par de lágrimas sin su consentimiento. Extrañándolo a él y al par de Guerreros. Apenas notando como es que lo que parecía ser una sombra oscura entraba con libertad al cuerpo del peliblanco, el número 96 marcándose solo por segundos antes de desaparecer. Seguido poco después de que una sombra maravillosamente brillante, regalara un cálido abrazo como despedida a Astral antes de desvanecerse. Dejándolo aturdido por un momento.

-Daik... -Susurro, muy suavemente antes de dar un grito enfurecido. Abalanzándose sobre sus contrincantes una vez más. Esta vez sumido en un profundo dolor que no podía entender. Ni mucho menos recordar el por qué.

Los espectadores solo miraron en direcciones distantes. Tratando de calmar sus corazones y mentes. Astral junto a Yuma siendo los que parecían mas fuertes ante lo visto. Aunque sus labios rectos y manos apretadas daban a entender lo contrario. Quizá comenzaban a entender muchas cosas.


Han y Erí, asegurándose de que su hermano estaba mejor, fue entonces que se acercaron. El segundo ayudando a su hermana. Cargándola casi sin ningún problema, haciendo un camino de sangre dorada. Apenas importándoles en realidad.

Los hombros pesados de Lein así como su postura solo les daba a entender una fracción de su dolor. Provocándoles aun más ganas de arreglar las cosas. Sintiéndose temblorosos con lo que planeaban hacer ahora. Pero más seguros que nunca.

-Lein...-Llamo suavemente Han. Pidiendo a su hermano Erí acercarse a él. Quien le deposito cerca. Lo suficiente para que pudiera posar su única mano sobre el hombro izquierdo de Lein, llamando su atención de esa manera.

-H-Han...-Llamo en voz baja. Apenas reaccionando a lo que vino después. Pues Erí también se acerco a él, posando su mano en el hombro libre.

-Perdónanos, Lein...-Se disculparon Han y Erí a la vez- No pensamos que te quitaríamos tanto...

-... Ya no importa-Fue la simple contestación de Lein. Desviando su mirada ante un punto incierto. Dejando salir un par de lágrimas más. Siendo ajeno a como es que sus hermanos estaban pasando lo que quedaba de sus energías y habilidades a él.

Sus cuerpos comenzando a brillar una vez que un ritual silencioso dio comienzo. Asustando brevemente a Lein, quien no dudo en tomar las manos sobre sus hombros, queriendo alejarlas al momento que un símbolo relució en el suelo manchado con la sangre de Daik. Siendo calmado apenas con las sonrisas que ofrecieron sus hermanos menores.

- Nosotros, pagaremos nuestros errores el día de hoy... -Susurro Erí. Mientras su cuerpo comenzaba a desaparecer también, ante la impotencia de Lein.

-No. No. ¡No! ¡Deténganse! ¡Aún podemos ganar! ¡No necesitan...!

-Ya no podemos más Lein-Corto de pronto Han. Mostrando las partes faltantes de su cuerpo. Comenzando a desvanecerse en haces de luz plateadas. Mientras una ligera llovizna caía de pronto sobre el lugar. Mojando todo a su paso- Por ello, te dejamos lo único que en verdad pueda ayudarte a terminar con esto...

-¡No! ¡No! ¡Erí, Han! ¡No me dejen también!... No se vayan... -Rogo Lein. Notando entonces como es que los cuerpos de sus queridos hermanos menores desaparecían ante el sello que surgió después bajo su cuerpo. Sanándolo completamente, cambiando un poco sus ropas a unas más brillantes y largas. Clamando la Unión y el sacrificio de sus hermanos.

Haciéndolo perder aún más.

Ninguna Guerra siendo justa. Siguiendo arrebatándole todo lo que el quería, y sobre todo, una sonrisa de un lindo pelinegro surcando en sus recuerdos, lo que más amaba.

Siempre siendo así. Siempre lo mismo. Estaba comenzando a hartarse de eso. Si tan solo pudiese acabar con todo. Si tan solo...

El rugir de una batalla resonó en sus oídos, llamando su atención en dirección contraria a la que se encontraba. Siendo el Palacio el que gritaba en agonía.

Si tan solo pudiera acabar con todo.

Él podría morir en paz también. Acompañando a Daik. Quizá estaba perdido en donde fuese que estuviera, debía ir rápido.

Alzando entonces su nueva arma, siendo la mayor amenaza para el como Guerrero, se encamino hacia el furor de la batalla más próxima. Sus pasos resonando ante el camino tomado, mientras sus huellas eran dejadas atrás con un rastro de sangre.

Dorado y negro uniéndose como símbolo eterno. Marcando el andar y el deber de un hombre que camina a la Guerra.

Un Guerrero en toda regla.

El viento silbante siendo un compañero silencioso y calmo. Único testigo de un encuentro perdido y de las estrellas moribundas.

La historia de un amor que no pudo comenzar.