Advertencia: El siguiente capítulo puede contener escenas que pueden ser sensibles para algunas personas. Se recomienda discreción.
La pelea en la sala del trono seguía sin siquiera tomar un descanso. Golpe tras golpe podía escucharse claramente a lo lejos, resonando en los pasillos, mientras las ráfagas de aire ocasionadas por los mismos chocaban sin parar en los duros muros que conformaban el Palacio. Algunos ya derrumbados después de recibir tales daños de energía y poco cuidado. Astillando el fino suelo de mármol blanco que ahora no era más que un chiste de lo que era hermoso.
Los pilares resistiendo tanto como las protecciones mágicas podían. Mientras los responsables de ello aún seguían inmiscuidos en aquella batalla que parecía no tener fin. Lanzándose hechizo tras hechizo, usando cada uno sus habilidades tanto como estaban entrenados. Reluciéndose de vez en vez cuando lograban asestarle un golpe al contrario. Sanándose después sin previo aviso, retomando el ritmo de la batalla.
Volviendo a blandir sus armas con maestría y alabanza. El filo escuchándose cuando volvían a encontrarse, imbuyendo la magia de cada uno de sus portadores. Conteniendo la respiración en los momentos de dura presión. Dañando aún mas aquella fina infraestructura.
Apostando sus vidas en un todo o nada. Tragándose sus emociones y demás sentimientos ocasionados por tal disputa que, para Rem y Kile, no era más que una absurda y tonta locura venida de un ser que era despreciable y cruel.
Todo mientras escombros y escombros eran amontonados a cada minuto, el cristal y los adornos que antes hacían la sala del trono, ahora quedando esparcidos sobre el suelo. El oro siendo uno de los más llamativos y tristemente olvidados. Degollando así las generaciones anteriores de un solo momento. Destrozando décadas de historia en menos de lo que pensaron. Empujándolos más allá de sus propios limites mentales que en algún momento pudieron alcanzar en batalla. Maldiciéndose una y otra vez. Mirando de frente y con premura a su contrincante, quien sonreía de manera burlona e irónica. Recordándoles el gran pecado comedido apenas meses atrás.
El karma llegando de pronto.
El pecado bajando por sus espaldas bañadas en un sudor frío. Balanceando sus ropas en movimientos precisos y certeros. Sus armaduras brillando ante la oscuridad que estaba cerniéndose aun más en el sitio. Salpicando de vez en cuando un poco de su sangre dorada en el suelo o donde la espada de Astral alcanzara a tocarlos. Ambos siseando de dolor ante lo impredecible.
El olor a metal tan característico de la sangre llenando sus fosas nasales y bocas. Saboreándolo junto al sabor salado, el polvo dando un sabor amargo. Mientras la batalla se prolongaba más y más. Un par de horas ya pasando desde que todo comenzó, una hora desde que los hermanos sintieron perder la conexión con Han y Erí. Su desvanecimiento siendo motivo de preocupación y desesperación al no saber que era o que había sido de ellos. Apenas consolándose con saber que Lein seguía ahí. Brillando como un farol en la costa más densa y turbulenta. Llamándolos como a dos polillas a la luz. Sintiendo una agonía a través de sus lazos.
Ahogándose en algo que no lograban entender del todo. Entregándose inconscientemente a la perdida. Al fracaso.
Rem hizo aparecer en su mano izquierda un sello dorado de extrañas simbologías, cargándolo de energía sagrada proveniente de su propio karma y potenciándolo con gotas de su sangre, antes de apuntar con el a su contrincante. Una llama saliendo de pronto de él, el color naranja así como la luz irradiada iluminando la sala del trono. Quemando lo que estuviese cerca y que fuese flamable. La mayoría de las cosas convirtiéndose en cenizas en menos tiempo del esperado, su fulgor alcanzando un punto casi divino.
Aquel fuego sagrado guiado por su convocador, fue que siguió la trayectoria de Astral, quien trato de esquivarlo en dos ocasiones, siendo algo inútil, ya que al final, en un mal paso, pudo alcanzarle sin prisa. Quemándole sin misericordia poco después. Provocando un grito sonoro y agónico. Mandando un escalofrío a los dos Guerreros que tanto estaban esforzándose en hacer las cosas bien y en cierto orden.
Evitando el matar a la primera a su Príncipe. Pensando que, quizá aun podían hablar si lo dejaban incapacitado.
Algo que era realmente imposible si le vieran con detenimiento.
Astral se sacudió en agonía al menos por un momento, antes de sanarse a la fuerza una vez más. Copiando con descaro la habilidad aprendida de Ema. Un sello formándose en el suelo, para después subir envolviendo su cuerpo, curándolo en su totalidad. Gastando un poco de su energía vital para lograrlo, dejándolo listo para la batalla que tanto se estaba esforzando en terminar. Pues estaba comenzando a hartarse de todo lo que sucedía.
Los gritos en su cabeza sonando aún más cerca, aun mas fuerte, aún mas demandantes.
Negó levemente antes de volver a encarar a sus contrincantes, quienes ya se abalanzaban en un momento de descuido y de una manera suicida. Ambos sosteniendo la lanza de Kile, la cual estaba cargada de energía sagrada y pura. Contrastando mucho con la energía oscura que ahora portaba. El tiempo apenas siendo suficiente para retener aquel ataque con su propia espada, aumentando su poder para poder hacerles frente. Consiguiéndolo al poco tiempo, absorbiendo sin permiso la energía emanada por ambos Guerreros. Los cuales, al notarlo, volvieron a alejarse no sin antes blandir la propia espada corta de Rem. Asestándole un severo golpe en una de sus costillas, rompiéndola en el acto.
La cuchilla mordiendo la piel, desgarrando la carne, llegando al hueso solo para producir un sonido estridente y poderosamente doloroso. Haciendo sisear de dolor a Astral. El cual con la fuerza reunida, volvió a alejarlos un segundo tarde. Enfureciéndose cada vez más, mientras las voces comenzaban a resonar en sus oídos. Apenas dejándole prestar atención a sus contrincantes. Quienes evaluaban una vez más la situación, mientras Rem sacudía la espada para limpiarla, arrojando la sangre al suelo en un movimiento rápido.
-No podemos seguir... -Menciono Kile. Habiendo hecho ya uso de su habilidad, la cual era una mejora en sus propias habilidades y las de sus cercanos que ella deseara. Siendo Rem el elegido esta vez, quien estaba aprovechándose de ella para trasmitir también parte de su magia. Potenciando los hechizos que ella podía lanzar. Haciéndolos más certeros, más mortíferos. Letales.
-Tienes razón, pero... No encuentro la manera de detenerlo... Esta empujándose así mismo a esta pelea...-Respondió Rem. Tomando de la cintura a su hermana para esquivar el hechizo de Astral. El cual apenas alcanzo a rozarle el rostro. La electricidad resonando en todo el Palacio, iluminando un poco el cielo nocturno, carente de estrellas.
-¡Lo sé! ¡Lo sé! ¡Y no puedo creer que siga teniendo energía para más! ¡Ni uno de sus hechizos fluctúa!
Kile tomo a su hermano esta vez. Moviéndolo una vez más ante la lluvia de flechas oscuras que les seguían hasta que les alcanzaron. Clavándose en distintas partes de sus cuerpos, manchando el suelo de dorado una vez más.
-¡Tenemos que terminarlo antes de que sigamos así! ¡Nos mataremos antes de siquiera hacerle entrar en razón!- Exclamo Rem antes de forzar la recuperación en ellos. Sacando las flechas a la vez para ello. Ambos aguantando el dolor de ser atravesado por metal corrompido.
-¡¿Pero cómo?! -Cuestiono Kile. Usando su habilidad por quinta vez. Esquivando los nuevos golpes que Astral se animo a dar. Separándola de su hermano una vez más, dejando la pelea de armas a ella. Mientras Rem le lanzaba hechizo tras hechizo para que aguantará las diversas apuñaladas que el peliblanco se esforzaba en dar. Uno y otro sin darse tregua para descansar.
"¿Cómo?" Rem pensó. Esforzándose en captar alguna debilidad. Algún fallo. Algo que les ayudara a debilitarlo y detenerlo sin necesidad de recurrir al asesinato. Desesperándose cuando no vio nada parecido.
- Maldita sea- Siseo en furia. Volviendo a la batalla que continuaba. Sirviendo de apoyo para que Kile volviera a tener ventaja en la lucha, mientras el metal contra el metal no dejaba de sonar y producirse. La situación estaba pasando a ser muy desesperante.
Pareciera que las cosas continuarían tal cual, sin ningún bando ganador, al menos hasta que Kile dio un golpe certero en el estomago de Astral. Apuñalándolo sin cuidado y con claro salvajismo. Dañando aquella zona sensible rápidamente. Manchando el suelo debajo de ella con sangre azul oscuro.
Kile entonces sonrió. Al menos hasta que vio como es que Astral le observaba.
Aquella sonrisa aterradora no vacilando siquiera con todo el dolor o daño infligido. Algo estaba mal. Muy, muy mal.
-¡Kile!-Grito Rem en pánico, apenas haciendo reaccionar a su hermana. Quien se alejó bastante tarde de su adversario con un gran hueco en su pecho, justo a la altura de su corazón. Mientras la mano derecha de Astral terminaba de conjurar un hechizo oscuro, pequeño. Una espada de energía siendo la culpable del acto sádico. La cual desapareció una vez cumplió su propósito.
-R-Rem...-Llamo Kile, notando como es que Astral se alejaba de ellos para atender sus propias heridas. Sacando sin cuidado la lanza de Kile de su cuerpo. Apenas haciendo una mueca ante el acto. Volviendo a manchar el suelo. El cual poco a poco pasaba de ser blanco a ser de solo dos colores.
El azul oscuro siendo acompañado del dorado predominante en la sala.
-¡KILE!- Grito una vez más Rem. Acercándose a su hermana. Ahora agonizante en el suelo, apenas sonriente ante la llegada de él.
-L-Lo siento... -Dijo con esfuerzo Kile, mientras pasaba a ser sostenida por Rem. Quien solo negó levemente con su cabeza.
-No, No, No digas eso...
-Hermano...-Llamo casi ahogándose Kile con su propia sangre- N-No p-puedo c-continuar... ¡H-Hermano! ¡Haz l-lo que d-debas hacer!- La sangre manchando su rostro y parte de la ropa de Rem, quien solo le miro en suplica silenciosa. Admirando el valor de su hermana aún al borde de la muerte.
-Kile...-Susurro Rem, antes de tomar la mano de su hermana. Acercándola a su pecho. Regalando un dulce beso antes de asentir, despidiéndose de ella de esa manera. Haciendo sonreír a Kile.
-S-Sálvalo... Astral... As... -Siendo sus últimas palabras, Rem tomo el valor desesperante y la tomo aun más fuerte en sus brazos. Asintiendo ante lo pedido, sintiendo como es que su hermana iba desvaneciéndose poco a poco. Pasando a entregar su energía a él. Su mano antes sostenida por Rem cayendo fríamente al suelo antes de desaparecer por completo. Dejando atrás a solo un Guerrero que, con pena y dolor, tomo con fuerza su espada. Parándose para encarar a su contrincante, mientras lágrimas silenciosas bajaban por sus mejillas. Las cuales terminaron en el suelo una vez que él volvió abalanzarse para dar un nuevo golpe a Astral, quien ya le esperaba con su espada en alto.
-¡Despierta!-Demando Rem. Golpeando una y otra vez- ¡DESPIERTA ASTRAL!
Aquel rugido llegando a oídos de Lein. Quien ya se asomaba por los pasillos cerca de la sala del trono. Apurando entonces su paso. Aferrándose a su propia arma.
-¡Rem! ¡Kile!-Llamo. Obteniendo solo el sonido del metal.
Debía apresurarse.
En el otro lado del Palacio yacían Ema y Lian. Aguantando como podían el veneno que aún recorría sus cuerpos, dañando su sangre y su sistema nervioso. Dejándoles sin algunos sentidos al no tener algo con lo que tratarlo debidamente. Haciéndolos caer lentamente en la desesperación. Pues Ema ya había perdido la vista, mientras que Lian pasaba a perder su audición. Esto resultando ser un contratiempo a lo que estaban forzándose a llevar.
Sintiéndose estúpidos por pensarse en seres invencibles antes. La sangre de Ema fallando conforme más tomaba del veneno de ambos. Acelerando el proceso en ella. Nublando su mente en algunos momentos. Haciéndola sostener la espada de Astral mucho más cerca de ella mientras Lian la guiaba a través de los pasillos vacíos.
Matando de ser necesario. Dejando un rastro de sangre que, ambos estaban seguros alguno seguiría por venganza o curiosidad, incluso por orden del Reina.
Esperando solo no causar tanto revuelo hasta que la situación ya se haya controlado una vez más. Confiando ciegamente en su hermano más fuerte: Lein, de quien por ahora no tenían noticias.
Convirtiéndose en su carta bajo la manga. Siendo su habilidad espejo tan útil como preciosa. Aún debían salvar a Astral de todas formas.
Sus respiraciones irregulares y pasos tambaleantes los hicieron llegar hasta la mitad del Palacio, en donde se encontraron de frente a un grupo de sirvientes y demás seres Astrales que mantenían el lugar en buenas condiciones. Hasta ahora.
El miedo siendo algo palpable en los dos grupos, uno y otro mirándose con cautela antes de sacar discretamente diversas armas que gente común podía tener a la mano. Cuchillos y dagas siendo lo primordial.
Ema dudo, más también hizo aparición de su látigo, mientras Lian hacía uso de su habilidad para controlar el fuego. Mostrándolo mas mortífero a propósito, esperando no usarlo realmente.
-¡Solo deseamos llegar a la sala del Trono! ¡Por favor déjenos pasar y no les haremos daño!- Pidió Lian con voz profunda. Ligeramente demandante y un poco apresurada.
-¡¿Cómo sabremos que es verdad?!-Fue lo que grito uno de los tantos sirvientes. Apenas sosteniendo a una bella niña de ojos verdes. Apuntándoles con un cuchillo grueso de al menos treinta centímetros.
Lein no contesto por obvias razones. Más Ema que escuchaba todo, fue entonces que alzo la voz. Imbuyendo sus palabras de tranquilidad y suplica.
-¡No les haremos daño! ¡Lo prometemos por nuestro honor y por nuestra palabra! ¡Pero deben dejarnos pasar para lograrlo! ¡Nosotros seremos el cebo para que ustedes puedan escapar lejos de aquí! ¡No hay necesidad de pelar si no es necesario! ¡Por favor! ¡Los niños, mujeres y demás inocentes pueden pasar a través de nosotros!
El grupo dudo. Viéndose unos a otros, preguntándose si debían confiar o no en lo que el Reina había llamado demonios en su último discurso antes de esta traición. No estando realmente convencidos de aquellas palabras bonitas que podían significar la muerte para ellos si no tenían cuidado.
-¡No le creo!
-¡Yo tampoco! ¡Debe estar mintiendo! ¡Si de verdad no quiere hacernos daño, ¿Por que tiene su látigo afuera?!
-¡Sí! ¡¿Por que tienen sus armas apuntándonos?!
Los gritos siguieron conforme más esperaban, aumentando la tensión en el ambiente. La desconfianza creciendo como la espuma en el mar. Desgarrando corazones nobles y temerosos. Llevándolos por un camino gris y lleno de obstáculos.
-¡No es verdad! ¡No queremos hacerles daño!- Grito en defensa Ema. Guardando su arma y obligando a Lian a apagar su fuego en mano. Alzando sus brazos a manera de rendición. Siendo imitada por su hermano, quien apenas entendía como leer los labios ajenos.
-¡Mi hermana tiene razón! ¡Nosotros no deseamos el mal!
Los rezagados vieron aquello como un engaño. Uno muy sutil, sin embargo fue lo suficiente para hacerlos confiar un poco para mínimo bajar sus armas también, mirándolos expectantes ante lo que seguiría.
-¡En ese caso demuéstrenlo! -Demando aquel padre con su hija. Pasando a ser el cabecilla del grupo. Acercándose a la Guerrera poco a poco -¡Arrodíllate!
-¡Sí! -Ema respondió de inmediato haciendo lo pedido, posando sus manos a su cabeza, tomándola suavemente en señal de sumisión, esperando aplacar la furia de los inocentes que ya no podían distinguir lo bueno ni lo malo. Mientras Lein le seguía detrás, tapando sus oídos a propósito. Ambos dando una apariencia dócil.
Cosa que hizo confiar a aquéllos pobres sirvientes. Quienes no tardaron en seguir su camino hasta una zona segura lejos del Palacio. Pasándolos de largo, lento y sigilosamente. Aún apuntando ligeramente con sus armas a los Guerreros, mientras el filo resaltaba ante cada paso dado. Alejándose entonces de aquel tumulto lleno de dudas y demás cosas que lograban confundir a los pobres civiles que iban ya en camino a quizá una de las murallas. Sin percatarse entonces como es que un pedazo del techo se desprendía de la nada.
Los pilares tambaleantes apenas deteniendo gran parte mientras lo demás caía sin piedad y sin aviso, alcanzando a los sirvientes que solo cubrieron su cabeza ante el impacto. Quedando arrodillados y abrazados unos con otros, los más fuertes protegiendo a los débiles. Esperando solo el momento para actuar dependiendo quienes sobrevivieran y quienes no.
Su mala fortuna sonriéndoles sin ninguna piedad.
¿Acaso eso era solo ser un peón en algún otro juego de poder? Que destino tan desdichado. Que mala suerte de haber nacido en esa época tan oscura.
El concreto azotándose solo les hizo cerrar sus ojos aún más fuerte, esperando el dolor que vendría después. Algo que, realmente no sucedió ni por asomo. Pues jadeos fuertes y pesados llamando su atención, les obligo a voltear hacia arriba. Justo sobre sus cabezas. Notando entonces como es que Lian y Ema, aquellos Guerreros en los que desconfiaron se alzaban orgullosos para ayudarles en aquel momento crítico. Despejando toda duda que en algún momento parecieron confirmar antes. Sus bocas secándose como cuando ves algún manantial en algún desierto. Haciéndolos desear más de eso, más de esa seguridad y esa entrega que ya habían perdido desde hace años. Anhelando el Reino en el que antes vivieron.
Que mal momento para notar lo perdido.
Ema jadeo una vez más antes de hacer entender a su hermano lo que quería, apretando sus dientes ante el esfuerzo, ambos empujaron la losa sobre ellos a un costado. Provocando que se rompiera en pedazos al chocar con el muro de mármol. Haciendo tambalear unos pedazos más de concreto que cayeron lejos de su posición, ocasionando ligeros saltos asustados de los sirvientes. Quienes se sintieron aliviados por un segundo al verse libre de peligros momentáneos. Cada uno planeando irse lejos una vez que confirmaran que todos estaban bien.
Lian suspiro al ver que todo estaba bien. Ayudando a parar a algunos sirvientes mientras Ema trataba de imitarlo, fallando por su nueva condición. Levantando inconscientemente la moral de aquellos rezagados, quienes una vez levantados, fue su turno de bajar su cabeza en sumisión y a manera de respeto.
-No podremos pagarles jamás esta deuda con ustedes-Agradeció aquel padre que llevaba a su hija, apretándola un poco más en un abrazo protector- Sí no hubiesen estado aquí quizá todos hubiéramos perecido... Así que de ahora en adelante defenderemos sus nombres aún si nos cuesta la vida.
-¿Eh? N-No es necesario, será mejor si comienzan a marcharse de aquí- Señalo Ema detrás de ella, apuntando sin querer a una pared. Haciendo sonreír a la pequeña en brazos. Calando profundo en los corazones de los presentes.
La risa inocente de aquella linda criatura siendo un bello bálsamo para la situación actual. Arrojando un poco de luz ante tanta oscuridad. Haciendo rememorar a los Guerreros que habían estado en el crecimiento y enseñanza de Astral.
Una sombra melancólica ciñéndose sobre ellos.
Más no había tiempo para lamentaciones.
Ema negó suavemente con su cabeza, y solo atino a darles el pase libre a aquellos sirvientes que, más confiados y quizá un poco renuentes, siguieron con su camino. Perdiéndose en la lejanía de los pasillos y rutas a tomar. Salvándose irremediablemente de que algo peor les sucediera, ignorando la espada colgada fuera de sus cabezas.
Lian sonrió levemente ante aquello, y queriendo continuar, fue que notaron como es que de pronto el espacio pasaba a distorsionarse en ondas y demás energías oscuras que se levantaban del suelo y salían de las paredes. Encapsulándolos en un extraño laberinto tétrico que parecían conformar los distintos pasillos del Palacio. Como si fuese una copia de los mismos. Pues había ahora pedazos del techo como escaleras sin terminar y un oscuro infinito como losa. El silencio siendo algo casi mortal, haciéndolos escuchar el latir errático de sus propios corazones.
-¿Ema?-Preguntó Lian cerciorándose de que estaba viendo aquello. Recibiendo una caricia en su mano por parte de su hermana, quien, a pesar de no ver nada, su audición le alerto del peligro que aquello representaba-¿Dónde es que estamos?
-No lo sé. No puedo sentir nada, más que un profundo vacío... Incluso hace frío-Señalo Ema. Sobando ligeramente sus brazos, dejando sin saber salir un poco de vaho de su boca. Haciendo ver a Lian que lo mencionado era cierto.
Podía sentirse un frío que calaba los huesos y arañaba la piel de manera dolorosa, haciendo aparecer rápidamente la irritación que ello en los Guerreros. Provocando un color verdoso en sus mejillas y manos.
-Debemos salir de aquí...-Menciono Ema, separándose momentáneamente de su hermano para tocar la pared más cercana. Sus dedos congelándose rápidamente ante aquello. Haciéndola soltar un gritó adolorido y medianamente sorprendido.
-¡Ema!-Llamo de inmediato Lian al ver la reacción de su hermana. Maldiciendo su falta de audición- No te preocupes, déjame...-Se acerco rápidamente para tomar las manos ajenas entre las suyas, ocupando su habilidad para descongelarlas. Dando un leve masaje para hacer fluir de nuevo la sangre sin inconveniente. Al menos hasta que a Ema se le ocurrió una idea de aquello.
-¡Espera! ¡Se lo que debemos hacer!
-¿De que hablas? ¿Alguna idea sobre como salir?
-Sí y no al mismo tiempo. ¡Rápido! ¡Congelémonos!-Menciono Ema con ligera emoción. Sin dar una explicación a su hermano, quien solo atino a detenerla segundos antes de que logrará su cometido. Sosteniéndola fuertemente de sus hombros.
-¿¡Qué estas haciendo?! ¡¿Por que quieres hacer eso?! ¡Morirás!
Ema se detuvo bruscamente al escucharlo. Buscando su respiración errática antes de voltear ligeramente con ojos opacos.
-L-Lo siento. Discúlpame si te asuste... -Lian solo negó levemente ante ello. Suspirando en un ligero vaho. Más queriendo saber lo que ocurría dentro de la cabeza de su hermana, se obligo a preguntar en ligera curiosidad.
-¿Para que quieres congelarte de todas formas?
Ema casi de inmediato contestó.
-Podemos utilizar el frío para calmar el veneno que esta corriendo aún por nuestra sangre. Sería una ventaja el poder usar nuestras habilidades en un ochenta por ciento si llega a congelarse... -Muy bien. La explicación y el razonamiento detrás de ella era convincente. Y nada más quería Lian que sacar el veneno de su cuerpo para que le dejara pelear en paz. Así que pensándolo por unos segundos más fie entonces que apoyo aquella idea surrealista de su hermana.
-Esta bien, hagámoslo juntos-Dijo tomando la mano de su hermana para acercarla una vez más a la pared, la cual parecía irradiar aún mas frío que al mismo ambiente.
-Sí...
Ambos hermanos no necesitaron más que aquello para seguir con la idea, ambos colocando sus palmas en aquella misteriosa pared, dejándose envolver de aquel frio que les hizo soltar un ligero grito de dolor ante la sensación de quemadura que estaban obteniendo. La piel de sus manos quedando pegadas en el mármol blanco, junto a trozos de su carne, con ligeros coágulos dorados. Mientras que quemaduras aparecían por diversas zonas de su cuerpo y rostro. Impidiéndoles mover más de la cuenta, casi dejándolos hechos unas estatuas. Logrando al final el objetivo que se propusieron, congelar el veneno momentáneamente.
-L-Lo l-logramos...-Anuncio Ema, tratando de moverse para no dañar más sus tejidos y músculos. Siendo imitada por Lian, quien de inmediato pudo acceder a su habilidad.
-Y-Ya me e-estoy cansando d-de esto. ¡S-Salgamos de aquí!-Dijo de manera emocionada, su voz apenas tambaleándose ante el frio infernal que lastimaba su núcleo al ser él un ser de magia de fuego. Juntando sus dos manos antes de hacer aparecer un sello que se multiplicó a diversos puntos de aquel sitio, haciendo estallar poco después la ilusión. Rompiéndola en pedazos blancos y vacíos.
Ambos aterrizando brutamente en el suelo del pasillo en donde antes habían salvado a aquellos sirvientes rezagados. Alegrándose cuando sintieron la temperatura aún más cálida. Escuchando las batallas a lo lejos.
-B-Bien hecho-Elogio Ema antes de pararse del suelo. Siseando de dolor ante sus rígidos músculos y falta de piel en sus manos, alcanzando a percibir un poco de hueso blanco en ellas. Dándole un toque bastante malo y deplorable a su estado. Su habilidad solo sanándola de a poco. La carne y tejidos apenas siendo reconstruidos.
Sus límites estando siendo alcanzados en menos tiempo del esperado.
-Debemos movernos-Pidió Lian, jalando a su hermana hacia delante, mostrándole el camino a seguir, apenas haciéndola tropezar con los escombros y demás obstáculos. Escuchando el tintineo de la espada que ella custodiaba con su vida.
Era verdad, aún faltaba llegar hasta su Príncipe Astral.
Sus pensamientos yéndose en esa dirección mientras seguían sin prestar atención a las sombras arremolinándose en el lugar antes dejado. Un sello oscuro brillando de pronto, ocultándose en los escombros. Esperando a algún incautó que osara posarse en él una vez más.
Sus pasos y armaduras resonando cada vez más ante la cercanía del furor de la batalla. Angustiándolos a partes iguales, rogando a los cielos que todo estuviese y fluyese de la mejor manera. Apenas percatándose de la ausencia de otra de sus hermanas. El más afectado siendo Lian, quien solo negó con fuerza. No podían confirmar nada hasta verlo con sus propios ojos. Era lo mínimo que podían hacer.
Desde que se comenzaron a escuchar las explosiones y los metales, Hayato que se había separado de sus hermanos cambiando de forma, fue que ayudo a cada sirviente que pudo en el camino, protegiéndolos de cualquier mal que les pudiera pasar por quedar en medio del fuego cruzado. Alentándolos a seguir sin él en caminos seguros y medianamente establecidos en medio del caos. Señalando una ruta que podían seguir al bosque o en su defecto hasta las murallas, en donde antes ya se había hecho un agujero para que los demás pudieran salir arrastrándose por ahí.
La poca comunicación con algunos Guardias de confianza cortándose de pronto, dejándolo varado ante la situación. Pero no menos confiado, pues aun levantaba más civiles que se encontraba, logrando salvar en un momento a un padre y su hija de varios escombros caídos de algún muro. Quienes, al verle, sin dicha ni gloria, corrieron lejos de él. Al igual que los demás que le veían con miedo y temor.
Sospechando de alguna mala información o mal intencionado rumor.
Porque, ¿Por qué de pronto ahora nadie confiaba en ellos? ¿No ya habían defendido las ciudades antes?
Un suspiro sonoro fue lo que dejo atrás. Tragándose la culpa y ciertos resentimientos en contra del Reina y algunos de sus hermanos que no escucharon antes la explicación de Lein.
Quizá si todos hubiesen sido más amables, quizá... No todo hubiese terminado como lo estaba haciendo justo ahora.
Negó levemente con su cabeza, alejando los pensamientos que le distraían de su misión, esperando llegar pronto para ayudar a Rem y Kile que seguían luchando en el frente con valentía. Confiando en estar a tiempo antes de que sucediera alguna tragedia más que lamentar, apenas notando el angustioso sentimiento de perdida que le invadía sin razón. Arraigándose en su mente y corazón. Luchando consigo mismo para creer lo contrario.
Ellos aún estaban de pie. Y mientras estuvieran de pie, aun podían hacer una diferencia. Solo era cuestión de tiempo. Y si el destino lo quería, podían lograr tener una vez más su vida pacífica y tranquila. Esta vez cuidando a los herederos que el Príncipe Astral decidiera tener.
Aunque para ello debían salvarlo primero.
Sus pasos resonando a cada segundo solo parecía aumentar su desesperación por llegar al sitio indicado, pasando sala tras sala, dejando a atrás pasillos complicados y arremolinados que terminaban en distintas intersecciones y direcciones. Pasando de largo algunos Guardias que le buscaban con motivos hostiles, ocultándose solo cuando debía hacerlo. Entrando sin querer realmente al laboratorio que pertenecía al Reina. Topándose con un intenso olor a metal, algo que él de inmediato reconoció.
Ese era el olor de la sangre.
Su espalda choco de pronto con la puerta al voltear de manera brusca, encarando entonces aquel infernal lugar, encontrándose con frascos y demás herramientas esterilizadas, además de vasos de precipitado y tubos grandes y pequeños siendo ocupados por algo que realmente él no quería reconocer. Logrando percibir un ojo que parecía mirarle a cada paso que daba. Todo ello mandando un escalofrío a su espalda. Obligándole a analizar que más materiales estaban ahí.
El cristal siendo lo más llamativo como herramientas en el laboratorio. Un microscopio siendo de metal blanco, mostrando pedazos de carne que no planeaba revisar más.
Todo ello pareciendo salir de una horrible pesadilla. Provocando que cualquier sonido llegara a exaltarle mientras el sudor frio bajaba por su cuerpo, empapando su ropa ligeramente. Tratando de ocultar un ligero temblor que comenzó a invadirle una vez que alcanzo a divisar al final de la sala una palanca blanca, la cual mantenía un anuncio de estar en desuso. Algo realmente extraño, pues estaba prácticamente en el laboratorio del Reina.
En donde cualquier cosa defectuosa era cambiada por orden del mismo. Y que estuviese algo como esa índole ahí...
Parecía hacer volar la imaginación de Hayato, quien al recordar que no debía estar el aquel laboratorio, procedió a dar media vuelta para retirarse, al menos hasta que algo realmente poderoso se apodero de él. Obligándole a regresar, y bajar aquella palanca que parecía demasiado solitaria en el lugar. Revelando entonces como, en medio de aquel lugar se abría las baldosas del suelo, mostrando entonces algo sin precedentes. Hechizo tras hechizo oscuro siendo liberados de pronto, dejándonos escapar por la rendija de la puerta, haciendo aparecer pronto una luz verdaderamente gentil y bastante... Familiar.
¡Algo inaudito!
El agua luminiscente de aquel compartimiento dejándole ver como es que yacía suspendido aquel Rey que se supone había ido en alguna misión de incógnito. Sus ropas siendo las mismas con las que se había visto la última vez, mientras una enorme herida era visible en su pecho. La cual soltaba ligeros coágulos dorados a su alrededor. Haciendo lucir a Elifas como si solo estuviese dormido. Ajeno a todo lo que pasaba al rededor.
Resguardado de aquel mundo hostil que amenazaba con toda vida posible.
Haciendo entonces entender a Hayato muchísimas cosas más. Provocando que aquel miedo que le invadía se menguara ante la amarga tristeza que le invadió al verle.
Ahora entendía un poco más el dolor de Astral-sama.
Sus mejillas pasaron a sentirse húmedas por las lágrimas, mientras que sus rodillas tocaban el suelo en ligero shock al encontrarlo. Como si de pronto hubiese dado con algo que esperaba hace tiempo. Como si aquello le confirmara lo mal que habían estado desde un principio.
Lo mal que estuvo él al no defender a nadie hasta que fue demasiado tarde.
Parecía una mala jugada del destino. Un pésimo chiste sin gracia.
Que manera de apagar su esperanza de encontrarlo en algún pueblo o ciudad, sonriendo a la gente y liderando con amabilidad y honestidad.
¡Maldita sea!
Sus manos golpearon el suelo en agonía silenciosa, logrando hacer sangrar alguno de sus dedos.
Ojalá no hubiese estado tan ciego. Ojalá...
Ojalá...
Ahora sabía por qué de pronto debió entrar ahí. Debía hacerles saber a los demás sobre aquello. Debía decirles quien era el verdadero enemigo a derrotar. Sus ojos mostrando una inigualable furia y determinación que solo aquel que ve la muerte puede hacer. Ignorando como es que una esfera de energía color rojiza se escapaba del lugar. Revoloteando hasta desaparecer de nueva cuenta en los pasillos. Habiendo cumplido su papel como mapa del tesoro. Guiando a otro a aquello que yacía perdido. Abandonado. Oculto.
Astral daba un golpe más, lanzando un hechizo imbuido junto al arma que portaba, logrando hacer un daño irreversible en Rem, quien no dudo en devolverle aquel favor. Moviéndose con maestría antes de asestar un nuevo hechizo que alejo a su rival, escupiendo un poco de sangre ante el esfuerzo desmedido. Quedando ambos en una esquina diferente de la sala del trono, ahora hecha pedazos.
El polvo levantándose continuamente ante aquella disputa. Mientras la magia revoloteaba al rededor.
Ambos mirándose sin rendirse al otro. Cada uno con razones diferentes, Astral siendo el único hostil que deseaba ver la sangre correr. Mientras Rem aún seguía en su tarea de hacer volver a su Príncipe en sí. Envolviéndolos en un ciclo sin fin que estaba durando más de la cuenta. Dejando atrás solo las chispas de la magia usada en contra del otro. Electricidad siendo la favorita del peliblanco. Quien sonreía cada que lograba asestar a su objetivo.
-Ya deberías rendirte Rem... No duraras mucho sí sigues así-Dijo de pronto Astral, su voz sonando preocupada e incluso ligeramente culpable. Ocasionando un tambaleo en Rem, quien no noto como es que aquella frase no era más que una distracción.
Un hechizo de demasiados símbolos apareciendo debajo de él, le hizo saber que tan tarde era para moverse. Su cuerpo comenzando a brillar en un ligero blanco mientras escuchaba el nombre de tal magia, solo provocándole maldecir internamente al haber caído en algo demasiado irritante. ¡No debía interponer el Astral de antes al de ahora!
-¡ Etnazilarap!
Los movimientos de Rem se detuvieron por completo en una pose que relataba como estaba por tomar de nueva cuenta la lucha, su espada luciendo en alto, quedando a total disposición de Astral. Quien no perdió el tiempo acercandose a su rival con rapidez, levantando su propia espada en dirección al pecho contrario. Haciéndole casi salivar con satisfacción al tener una victoria segura después de una intensa pelea. Sabiéndose mejor incluso que el mismo maestro de la magia arcana y antigua.
Lloraría de alegría si no tuviese que matarlo primero para eso.
-...D-Detente-Rogo Rem, forzando su propia magia para defenderse. Siendo totalmente inútil en gran medida al sentir como es que la magia de Astral lo mantenía fuertemente sujeto en su lugar. Magullando su piel, su núcleo y su cabeza.
- No puedo escucharte~ Rem-Respondió de manera burlona Astral. Obviamente contestando al Guerrero, quien solo atino a esperar el dolor que era ser atravesado por un objeto punzo cortante. Sin apartar la mirada de su contrincante, quien no parecía querer retroceder.
Todo yendo entonces en cámara lenta para Rem, cayendo en agonía inmediata una vez que aquella espada blanca atravesó su piel, comenzando a desgarrar su tejido y carne, abriéndose paso hasta su músculo más sensible. Aquel palpitante ser que le hacía estar vivo aun después de décadas. Siglos, sintiendo el más terrible dolor cuando una descarga eléctrica nació justo ahí. Desgarrando los demás órganos por dentro, recibiendo un daño severo mientras que la espada seguía atravesando hasta traspasarlo, la punta brillando en dorado, haciendo resaltar algunas de sus joyas en el metal blanco.
Anunciando un final bastante trágico, aunque uno realmente merecido.
Rem dejo escapar sangre por su boca, y oídos. Los cuales zumbaron sin piedad, emitiendo un molesto sonido que atenuaron su atención a su cuerpo y a su propia agonía. Fallando deliberadamente al vengar a su hermana y salvar a su Príncipe. Mientras que Astral seguía en su propia tarea de dejarle en mal estado. Sacando la espada de aquel cuerpo para seguir apuñalándolo una y otra vez en zonas que sabía eran elementales para un hechicero como Rem. Mandando oleadas de dolor al Guerrero, el cual forzó su boca para dejar salir un gritó agónico una vez Astral se vio satisfecho con su trabajo, bañándose en aquel dorado que había sido tan preciado por él antes. Mancillando el honor de un hombre con aquel acto. Sintiéndose extrañamente reconfortado al hacerlo.
Una sonrisa escalofriante saliendo del peliblanco siendo lo único que se escuchó a lo lejos, avisando a quienes ya estaban cerca de ellos.
Anticipándoles lo que estaba pasando en realidad. Provocando que apuraran sus pasos hasta llegar a él. Encontrando la escena tal cual. Una horrible visión recibiéndoles de pronto.
El cuerpo de Rem cayendo sin gracia al suelo, dando un sonido seco, el metal de la armadura murmurando en un tintineo trágico. Mientras la sangre se extendía por debajo de él, quien aun jadeante no apartaba en ningún momento la mirada del responsable, su vida escapándose a cada minuto. Haciéndole lamentar muchas mas cosas que antes ignoraba, añorando con fuerza la morada compasiva y amable del ser que él cuido junto a sus hermanos. Sintiendo la gravedad de sus acciones como dos pesadas montañas en su cuerpo, dejándose caer en su totalidad. Cerrando sus ojos ahora, sabía, llenos de lágrimas arrepentidas.
Lein, Ema y Lian ahogando un gritó antes de lanzarse hacía delante en contra de su rival. Asestando al menos un par de golpes superficiales para alejarlo de su moribundo hermano. Siendo el mayor quien le tomo en brazos, acunándolo como lo hizo con aquel ser bello de pelo negro. Sintiendo una vez más la perdida en lo más profundo de su corazón. Su mundo cayendo en pedazos mas grandes y duros. De pronto sintiendo su cuerpo tan pesado que apenas podía con su propia existencia. Su propia vida.
¿Es qué acaso ese fue su destino desde el principio? ¿Así es como todo terminaría? ¿Con ellos muertos?
Rem, quien ya estaba sintiéndose cada vez mas débil, con esfuerzo tomo la mano de su hermano. Llamando su atención, negando levemente ante lo que sabía era el sufrimiento de su querido hermano mayor. Sintiéndose culpable por dejarlo antes que él. Sonriendo por ultima vez antes de donar voluntariamente su vida a él, junto con la de Kile. Pasando recuerdos a la vez. Haciéndole saber a Lein lo que planearon hacer. Gritando en silencio que al final, hicieran las cosas bien. Que salvaran a lo último que quedaba de la verdadera Gea. Que salvaran un futuro para todos. Incluso para su asesino.
Su inocente Príncipe que ahora ya estaba cayendo más en la locura al percibir inconscientemente la muerte de sus aliados. Su cabeza comenzando a torturarle ante los ideales auto-impuestos a los forzados. Haciendo a la vez, frente a dos Guerreros más que eran consumidos por una ira y culpa tan grande como sus ataques. Los cuales apenas fluctuaban por sus nuevas condiciones, fallando por milímetros. Dando todo de sí. Llenando la sala del trono de un bello fuego y fulgor como jamás lo habían hecho antes. Llorando internamente la perdida de sus demás hermanos. Sintiendo la nueva caída de Rem. El cual desapareció en haces de luz y moléculas que volaron a un cielo sin estrellas. Dejando atrás la esperanza de dos personas más. La súplica de salvación para todos y el lamento de sus deberes.
La pelea pareció intensificarse, dañando aun más el lugar. Haciendo caer escombros por doquier, llenando todo de nueva energía y magia que era lanzada unos a otros. Aumentando la ferocidad de los golpes dados. La determinación de las miradas. Llamando entonces a Lein, quien tomo el relevo una vez Ema fue golpeada severamente con los hechizos de Astral. Los cuales se juntaban en uno solo para potenciar su poder. Disparando la magia condensada en algún arma o algún elemento que sirviera para dañar a los otros. Haciéndolos enfrentarse a sus propias debilidades. Esta vez afectando a Ema, quien ya no podía seguir gracias al veneno en su cuerpo.
Sus manos estando tan dañadas que ya no podía siquiera tomar su látigo como era debido. El metal del mismo mango dañando el hueso que ya era visible a plena vista, mientras sus rígidos músculos se desgarraban aun más por el esfuerzo, terminando por romper huesos y algunos órganos que ya no podían soportar la carga. Cayendo en brazos de Lein. Quien entendió por fin el verdadero propósito de sus hermanos al salvarlo.
Ellos iban a morir de todas formas. Ellos iban a sacrificarse para que él pudiese llegar a Astral. Así de simple era aquel plan. Así de desesperados estaban por terminar con todo. Después de descubrir lo malo detrás de la actual corona.
Una lágrima muda saliendo de Lein le hizo saber a Ema que ya todo había caído en su lugar, haciéndola sonreír antes de dar aquella espada que ella resguardaba con su vida a su hermano mayor. Empujándola con fuerza a su hermano para que la tomara. Obligándolo a pelear más. A tomar más. A llevarlo más allá de sus propios límites. Llegando a tomar el poder de casi un Dios.
Al final culpándose por ser tan problemática. Tan... Mala con él. Pero esto era algo que era necesario para borrar sus pecados. Justo como Kile se arrepintió en su momento por haber corrido a Aren con el dato de la conspiración en su contra. O como Han al someter al príncipe cuando lo que necesitaba era su ayuda.
Tantas cosas terminado reduciéndose a esto.
Ojalá las cosas hubiesen sido diferentes. Ojalá... Ojalá hubieran atendido al verdadero llamado de ayuda de Astral. Así tal vez, solo tal vez. Ella y sus hermanos aún podían haber tomado juntos el té de la noche.
Con tanto esfuerzo que le dio conseguirlo. Era una pena que se quedara guardado en su alacena. Sí, era una jodida pena.
Ema cerro sus ojos una vez dono su vida a su hermano, pasando a convertirse en moléculas de luz. Acompañando quizá mas tarde a Rem, subiendo al firmamento sin esperanza en un silencio triste. Enojando aún más a Lein, quien solo desvió la mirada a Lian, quien detenía con valentía los ataques constantes y fuera de control de Astral. Apenas dejándose arrastrar a ellos por descuido. Dañándose aun más, manchando el suelo de dorado a cada vuelo o nuevo paso.
Cortes siendo agregados a su piel. Mientras su mirada no cambiaba. Enfrentando su destino hasta el cansancio. El veneno de pronto despertando en él gracias al constante uso de su habilidad. Haciéndolo recibir de lleno la estocada de magia que Astral lanzó en distracción, su estomago desapareciendo en un hueco profundo y mortal. Su brazo izquierdo siendo desprendido poco después en una nueva estocada de la espada enemiga, arrojándolo sin más hacia atrás, haciéndolo estrellar en un pilar cerca, mientras un hechizo era lanzado sin más. La electricidad resonando en alto ante la mirada horrorizada de Lein, quien se lanzo a la refriega antes de alejar a Astral de su hermano. Dañándolo lo suficiente para mantenerlo ocupado por unos segundos, entendiendo la urgencia en la mirada de su hermano menor.
Negándose casi inmediatamente antes de aceptar a regañadientes.
-D-Detenlo... S-Sálvalo de sí mismo-Rogo al final Lian, sonriendo al saberse más cerca de su gemela. Muriendo como los demás. Entregando lo último a Lein. Quien grito en agonía y furia al quedarse en completa soledad. Maldiciendo la corona y su poder. Maldiciendo muchas cosas en realidad.
La tensión siguiendo en aumento una vez que Lein se poso de frente a Astral. Quien parecía tener una conversación consigo mismo que con el Guerrero, el cual, sin consideración, queriendo desquitar toda su frustración, arremetió en contra del peliblanco, asestando golpe tras golpe, usando aquella espada que con tanto esmero Ema había traído consigo. Notándose su maestría y habilidad al compararse con Astral, ahora fuera de sí al rezumbar del metal.
La magia pura y sagrada en la espada ajena siendo doloroso de escuchar. Haciéndolo tambalear entre la consciencia y la inconsciencia. De pronto recibiendo el dolor de varias horas de pelea y daño. Así como recuerdos que eran suyos y otros que fueron simplemente implantados con anterioridad. Provocando una crisis en su núcleo, expulsando sin más en ondas de energía todo lo que su poder conformaba. Empujándolo a caer en la locura. Forzándose así mismo a seguir peleando aun cuando ya no podía distinguir más, sus ataques siendo mucho mas mortíferos que desde un principio. Quedando a la par de la energía combinada de siete Guerreros luchando en una sola persona.
Sus ojos pasando a ser totalmente blancos y sin pupila. Expulsando pedazos de sí mismo ante los constantes ataques recibidos, sus movimientos siendo erráticos cada vez más. Anunciando la desgracia si no lograsen detenerlo a tiempo.
Lein después de tanto dudar, fue entonces que activo su habilidad y su habilidad innata. Parando en seco toda posibilidad de Astral. Copiando libremente sus poderes y hechizos, incluso subiendo la intensidad de los mismos. Haciendo aparecer una cantidad infinita de sellos por toda la sala, convocando cadenas que no tardaron en llegar a su objetivo. Algunas siendo rotas en el frenesí de Astral, quien hacia de todo para liberarse, incluso si algunos de sus dientes pagaban el precio. Empapándose de sangre ante el continuo forcejeo, dañando piel y tejido.
Al final siendo víctima de aquel hechizo que uso para matar a Rem. Siendo detenido por completo en su momento más débil y más mortal. Pasando a manchar el suelo de un oscuro azul. Acompañando las demás salpicaduras doradas que en un momento pertenecieron a sus aliados. Amigos y compañeros.
A quienes le cuidaron de niño, cumpliendo sus caprichos y demás deseos. Cada uno de ellos riendo ante lo adorable que era estar en paz y en armonía.
El ambiente llorando ante el trágico desenlace. Mientras apenas una de las lunas de Gea parecía asomarse por primera vez en lo que iba de la noche. Su luz siendo la más fría hasta ahora. Calando profundo en los espectadores, quienes solo contenían el aliento al presenciar tal escena.
La brisa acariciando las ropas manchadas de los protagonistas. Inundando el ambiente con el olor a metal, y con una desesperanza bastante palpable.
Mientras la espada brillante que en un momento Ema llevó, fue alzada sin más como muestra de poder antes de ser apuntada a Astral. Quien aun no paraba de hacer su esfuerzo para liberarse. La magia comenzando a salirse de control ante su dueño que la llamaba en desesperación y ligero temor. Su visión siendo nublada ante la perdida significativa de sangre y poder.
De pronto abriendo una puerta que antes había sido cerrada a la fuerza. Apenas alcanzando a percibir a quien tenia al frente, notando la silueta y el poder emanado.
¿Por qué...? ¿Por qué Lein...? ¿Qué estoy haciendo?
La mente de Astral cayendo en un espiral de recuerdos y emociones que pasaban factura. Haciéndolo mucho mas consiente que antes. Luchando con la magia forzada en él. Apenas despertando después de dos meses en plena pelea. Aferrándose a un hilo de desesperación.
Esto siendo ignorado por Lein, quien se preparo para el siguiente ataque, haciendo lucir aquella espada pura y brillante. Blandiéndola antes de lanzarse sin mas.
Su objetivo siendo claro. Apenas siendo detenido por un grito a la lejanía, rozando el pecho ajeno, apenas liberando un hilo de sangre que corrió en la hoja de la espada. Manchando sus manos que se aferraban como ninguno a aquella arma, sus nudillos siendo más blancos que el papel. Mientras su piel era lastimada por la fuerza infligida. Apenas sintiéndose inconscientemente reconfortado por ser detenido. Por ser encontrado.
Lanzando entonces una mirada al nuevo intruso. Encontrándose con el último de sus hermanos.
Hayato saliendo de pronto de la oscuridad para volar hasta llegar a él. Sus manos posándose en aquella espada que ahora se tambaleaba en las manos de Lein. Quien no pudo contener sus lágrimas al verle medianamente bien. Dejando salir el aire que no sabía que estaba reteniendo desde que todo comenzó. Alegrándose al ver a un ser tan querido con vida. De pronto dejando que la esperanza revoloteara en él después de tan forzada pelea.
-¡Bai! ¿C-Cómo? Creí que... Creí que tu-Tartamudeo Lein. Alejándose cuidadosamente de Astral, encarando a su hermano, notando entonces la angustia que cargaba consigo. Haciéndole preocupar mucho más. Aquel bálsamo desapareciendo antes de que su hermano revelara lo descubierto.
-¡El Rey Elifas fue asesinado! ¡Su cuerpo esta en el laboratorio del Reina! ¡Hermano, Aren-sama lo asesino! -Aquella noticia siendo lo suficientemente fuerte para lograr una reacción en Astral. Sus ojos mostrándose momentáneamente claros antes de volver a caer en locura. Una que, esta vez ni el poder de los siete Guerreros reunida pudo someter. Explotando sin más en furia y dolor, todo ello siendo acumulado por mucho más tiempo del que pensaban. Haciendo brillar su cuerpo en pura magia.
Liberándose de sus ataduras. Siendo inconsciente del daño que estaba causando. Haciendo caer una cuarta parte del Palacio de un solo grito. Empujando brutalmente a los dos Guerreros que quedaban. Uno siendo más lastimado que otro.
-¡Bai! ¡Bai!-Llamo en clara desesperación Lein. Encontrando a su hermano menor entre escombros. Siendo lastimado por los metales que salieron volando. Alterando aún mas al mayor. Quien quiso sanarle usando la habilidad de Ema, siendo detenido poco antes de hacerlo.
-¡No! ¡Debes luchar! ¡Debes recuperar a Astral! ¡Dile que su padre murió! ¡Dile la verdad! ¡Dile que lo lamentamos! ¡Debes salvar a Astral! Yo no durare en esta pelea con él- Rogo Hayato mientras hacía lo que sus demás hermanos hicieron en su momento. Dejando la última pizca de poder a Lein, quien solo pudo mirar como es que lo último que le quedaba era consumido por él mismo. Empujándose así mismo una vez más.
Perdiendo una vez más.
Lein estaba harto. Así como Astral también lo estaba, ambos lanzándose entonces en una lucha encarnizada por el control. Mientras recuerdos asaltaban sus mentes, empapando sus rostros de lágrimas a cada golpe asestado. A cada hueso roto. A cada maldición dicha al contrario.
Al final llegando a un colapso total de sus cuerpos.
Astral logrando sacar el corazón de Lein, mientras Lein enterraba aquella espada que libero del control total a Astral. Ambos entonces cayendo en un oscuro vacío antes de que una columna de luz se alzara hacia el cielo, iluminando la eterna noche. Despejando las nubes oscuras y maliciosas. Así como liberando el sello que mantenía encerrados a los inocentes dentro del Palacio.
Dejando al final salir los primeros rayos del sol de la mañana. Los cuales acompañaron a las lunas que pasaban a ocultarse. Como si lloraran una enorme perdida. Como si supieran algo que los demás no. Como si no hubieran visto una lucha injusta por causas justas. Llevando el pecado antes cometido.
Mientras a lo lejos, Aren miraba de manera satisfecha lo sucedido. Riendo en voz baja para su deleite, derramando una sola lágrima muda al escuchar el silencio de la mañana.
Desgarrando el corazón del verdadero Reina.
La Esperanza cayendo al abismo sin más.
Los malos pasando a escribir la historia. Asentando un nuevo régimen. Sin notar como es que, a lo lejos. En una de las fronteras, un joven peliblanco despertaba después de algunas horas. Su cuerpo sanándose así mismo ante la perdida grave de piel, huesos y uno de sus ojos. Mientras la arena se manchaba de un hermoso azul oscuro.
El color siendo lavado por las relajantes olas del mar. Así como las lágrimas de aquel ser. Quien lamentaba su existencia. Su poder, y su destino.
Una esfera de luz rojiza acompañándolo en todo momento. Como un fiel seguidor que seguía a su señor. Como un confidente que lloraba con él. Mientras la brisa les abrazaba en pena y angustia.
La larga noche por fin terminando.
Y la amargura comenzado.
