Dolía.

Todo aquello dolía mucho.

En distintas formas y maneras.

Físicamente y mentalmente Dolía. Dolía tanto que era casi inenarrable describirlo. Su cabeza dando vueltas punzaba tanto que sentía como si su propio cerebro quisiera salir fuera de su cráneo. Todo era confuso. Todo era simplemente... Extraño.

¿Cuánto tiempo ya había pasado desde que se despertó? Que realmente se despertó... ¿Cuánto?

El siseo ante el dolor a cada movimiento le daba una idea. Así como las estrellas a lo lejos en el firmamento, reflejándose naturalmente en el mar. El sonido del agua chocando contra su cuerpo siendo lo único que pasaba a tranquilizarlo en aquélla odisea.

¿Qué había estado haciendo antes de estar aquí?

Recuerda fragmentos. Recuerda la sensación de cortar piel y el olor predominante de la sangre. Recuerda haber estado en una lucha sin parar y gritos demandantes. Puede recordar eso, pero no más de ahí.

La sensación de perdida y la horrible culpa que se cernía sobre él le hacían sospechar más. Sin embargo, su cansada mente no quería seguir cooperando para recordar todavía los hechos. La falta de su ojo izquierdo siendo un impedimento importante para poder concentrarse totalmente. Haciéndolo maldecir en su mente por aquella perdida que sabe, fue el daño colateral de algo.

¿Pero de qué? ¿Qué fue aquello por lo que lo perdió?

Una de sus manos temblorosas, con lentitud se acerco hasta aquella zona dañada. Quitando el cabello que la cubría, dejando salir un poco más de sangre, como si estuviese llorando en agonía. Un horrible hueco mostrándose después, haciendo jadear a la mayoría de los espectadores. Provocando que más de uno se llevara sus manos hasta sus ojos en señal de empatía. Apenas creyendo lo que veían desde los aires.

¿Acaso todo aquello fue siempre tan devastador?

La mano de Astral entonces paso a delinear la cuenca ahora dejada. Rozando sus pestañas bañadas en sangre. Deteniéndose cuando un recuerdo más llego de imprevisto. Mostrándole a un Lein con sonrisa resignada y dañada.

¿Acaso él...?

Su mano se alejo de su rostro para después ayudarse a si mismo a sentarse. Tocando la arena húmeda a su alrededor, provocando un ligero jadeo desde lo más profundo de su garganta. Ahora mismo siendo consciente de todo lo que le faltaba o estaba roto dentro de él.

¿Cómo había sobrevivido siquiera?

Movió sus piernas ligeramente, probando que más podía hacer ahora. Frustrándolo cuando no pudo colocar ni un peso sobre ellas. Seguía demasiado débil. Exageradamente. Los pedazos de piel faltantes resaltando ante la mirada dolida de Astral.

Todo estaba mal. Demasiado mal.

Sus brazos comenzaron a moverse de manera temblorosa, buscando a tientas sobre su ropa con toda la delicadeza que podía conseguir ahora. Encontrando una profunda cicatriz sobre su pecho. Su magia concentrándose en el lugar haciéndole saber algo que ignoraba: Aquello había sido una herida mortal.

Su rostro se contrajo en una mueca dudosa. ¿Qué había pasado exactamente? ¿Por qué de pronto estaba en ese lugar alejado de todo?

¿Por qué...?

Espera.

Espera un segundo.

¿Por qué siquiera estaba fuera del confinamiento que su madre le había impuesto? Lo último que recuerda es como su madre se acerco a él y después... Y después...

Nada.

Solo dolor. Mucho dolor.

¿Qué es lo que había pasado?

Dio un largo suspiro una vez que comprobó completamente su lamentable estado. Encarando de frente al mar que ahora le acompañaba esa noche. Encontrándose de frente una espada clavada en la arena a tan solo unos metros mar adentro. El agua cubriendo gran parte de su fina hoja, haciendo resaltar el mago de la misma, lugar que mantenía una dulce esfera de color rojiza. La cual, sirvió como un enorme bálsamo para él. Consiguiendo encontrar algo a lo que aferrarse en aquel estado. Sonriendo por primera vez de alivio en mucho, mucho tiempo.

-Hola...- Saludo en voz profunda y lastimada a aquella esfera que, en menos de lo que esperaba se acerco para verle. Rodeándole una y otra vez antes de posarse frente a él. Haciendo resaltar su color natural a contra luz de las lunas de Gea. Pareciendo lo más hermoso que alguna vez Astral vio en algún momento bueno de su vida. Esto dándole fuerzas una vez más para preguntar cortésmente sobre todo en general. Iniciando desde la localización.

Aquella esfera resonando con tristeza en su mente accedió a sus peticiones, acercandose a su rostro cuando pregunto aún mas sobre su estado. Sobre que es lo que había ocurrido, y que es lo que se había perdido. Horrorizándose cuando obtuvo sus respuestas a los huecos que su mente ahora le traía por pura voluntad.

Recuerdos siendo nítidos y claros. Ayudando a rememorar aquello que en algún punto se sintió como un espectador más que como protagonista. Lamentándose tanto y tan profundamente que no pudo evitar llorar una vez más.

No en silencio como siempre lo hacía, sino más bien como un hombre destrozado lo haría. Aguantando sus ganas de levantarse y poner fin a su propia vida a cambio. Sus sollozos sonando cansados y angustiados, mientras las lagrimas combinándose con su sangre bajaban por sus mejillas perdiéndose en el mar.

Era toda su culpa. Y él más que nadie lo sabía.

¿Cómo era posible que permitiera aquello? ¡¿Cómo Maldición?! ¿¡Cómo?!

Sus recuerdos volviendo a ser frescos aún podían hacerle retroceder al último momento. En donde, antes de la muerte de Lein, el ya había despertado justo cuando la espada se clavo en su pecho. A un lado de su corazón. Mientras su querido maestro y amigo le sonreía como jamás lo había hecho. Despidiéndose en silencio, pero hablando mucho con sus ojos. Aquella fuerza siendo drenada por su propia mano. Por su propio poder. Paralizándose una vez vio como es que Lein hacía lo último por él, lanzándolo en un portal lejos de ahí. Susurrando las palabras más hermosas antes de autodestruirse en el último minuto. Aquella espada siendo lanzada junto a una esfera llena de energía rojiza antes de que el portal se cerrara. Alcanzando a vislumbrar una bella luz antes de caer en inconsciencia.

Aquello siendo muestra de un sacrificio.

Sacrificio que él no se sentía valer. Preguntándose una y otra vez por qué le salvaron, cuando precisamente ellos pudieron haber puesto fin a todo desde un principio. Derrocar al Reino y tomando el poder antes de hacerle saber al pueblo los nuevos cambios. Cortando lazos con la familia Astraliana. ¡Pudo haber sido fácil! ¡Sí tan solo hubiesen acabado con el Reina a su tiempo...! ¡Todo pudo haber terminado diferente! Pero, ¿Por qué? ¿Por qué esforzarse en salvarlo aún cuando eso significaba la muerte? ¡¿Por qué?!

... No entendía.

Simplemente, no lo entendía.

¿Por qué esforzarse en dejarle solo con toda aquella carga? Incluso Daik los había dejado. Lo sintió. Justo cuando murió. Él pudo sentirlo. Un pecado por agregar a la lista. Aumentando sus sollozos ahora furiosos. Clavando sus dedos en la arena.

Justo ahora se sentía terriblemente solo y angustiado. Además del cansancio en su cuerpo, este parecía reflejarse en él. Como si hubiese vivido más tiempo del que lo hubiese hecho. Aunque no fuese así.

Todo yendo en picada hasta el último momento.

Haciéndose preguntar, si todo había valido la pena. Si cada acción y rumbo tomado había sido bueno. Perdiendo mas de lo que tenía. Más de lo que debería. Comprendiendo al final que...

No. No lo había sido.

Dejándose caer una vez más a la arena. Habiéndose esforzándose tanto en llorar su perdida, en su error. Cayendo sin querer a la inconsciencia una vez más. Dejando que su magia y cuerpo se encargara de todo lo demás. Queriendo escapar de aquella horrible realidad que me agobiaba.

Sin saber, dejando pasar el tiempo.

Los espectadores notando como es que al menos cuatro días pasaban desde aquello. La luz del sol mostrándose antes de que la luz de las lunas lo hicieran. Moviéndose en un ciclo interminable. Mientras Astral apenas se movía de un lado a otro, recuperándose de a poco hasta llegar a estar como justo antes, agregando cicatrices y apenas la vaga reconstrucción de su ojo izquierdo. Perdiéndose en si mismo muchas veces. Murmurando cosas que solo aquella esfera rojiza quizá entendía, pues jamás se alejo de él. Ni un solo momento. Escuchando sus delirios y demás cosas.

Llegados hasta un momento en el que la luz perdida en la mirada de Astral volvió. Tan fuerte y tan ferozmente que le hizo levantarse de la arena. Alejando sin querer a aquella energía que revoloteo a su alrededor, quedando asentada en uno de sus hombros. Mientras su ojo izquierdo paso a ser de un puro blanco. Otorgándole una visión diferente a lo que miraba. Notando entonces la energía de las cosas. La magia que emanaba de manera natural.

De alguna manera siendo diferente. Viéndose diferente que antes.

-¿Es verdad lo que me dices?-Cuestiono a lo que parecía ser la nada, volteando a ver después a la dulce esfera que estaba en su hombro. La cual pareció moverse en afirmación- Entonces... Solo debo destruirlo todo...

Aquellas palabras siendo alarmantes para aquellos polizones. Los cuales solo se limitaron a observar más de cerca.

Astral dio un par de pasos antes de acercarse de nueva cuenta a aquella espada que aún yacía en el agua. Tomándola con fuerza una vez pudo sentir su poder. Combinándose con el de maneras que no pudo entender hasta que una ráfaga de magia le envolvió en lo que parecía ser un fuego puro. La luz irradiada cegando los alrededores al menos hasta que se apago justo como surgió. Mostrando entonces la nueva imagen de su portador. Su nombre resaltando en donde antes moraba otro, cambiando de forma para mejor adaptación de su dueño. Su metal blanco resaltando las diversas joyas que pasaban a ser acomodadas de distintas maneras, al igual que la hoja, un diseño muy distinto que la que mantenía en un principio.

Astral movió un poco aquella espada antes de verse así mismo. Sus ropas habían sido cambiadas por unas mucho más finas y elegantes. Mientras una muy sutil y elegante armadura le cubría en zonas que podían ser dañadas fácilmente, enmarcando su cintura y hombros.

Dándole un nuevo porte. Uno realmente poderoso. Sus joyas naturales incrustadas en su cuerpo cambiando ligeramente de color a uno mucho más conocido por todos, mientras su cabello que aun se mantenía largo, yacía en una coleta alta, abriéndose después como un abanico, terminado en ligeros picos por su espalda. Haciéndole recordar a su padre.

Su padre...

Tomo con más fuerza aquella nueva espada, y dando un corte a la nada que pudo abrir ligeramente las olas del mar, fue entonces que su mirada termino por determinarse.

El tomaría venganza a favor de aquellos que habían dado su vida por el en su momento. Aún si terminaba destruyendo a Gea desde los cimientos. Sin importar el costo. Sin importar el esfuerzo.

El recrearía todo de nuevo. Pero esta vez. Desde cero.

Aquella esfera rojiza revoloteo de nueva cuenta hasta seguirle momentos después. Ambos alejándose de la costa a su nuevo destino. Encontrándose de causalidad a un padre Astraliano junto a su hija. Los cuales parecían recoger leña para pasar el invierno que se supone ya estaba cerca. Asustándolos brevemente con su apariencia al menos hasta que le reconocieron.

-¡P-Príncipe Astral! ¡Esta vivo!-Exclamo el mayor antes de postrarse ante él, seguido de su hija, quien solo le imito. Escondiéndose detrás de sus ropas. Esto incomodándole de alguna manera. No necesitaba que le alabaran así. O siquiera que le saludaran. Además, ¿A que se referían con "Esta vivo"?

-Levántate...-Ordeno sin querer. Acercandose al hombre para tomarlo de sus manos, ayudándolo a pararse una vez más. Sintiendo un leve temblor provenir de él- ¿Estas bien? -Fue la cuestión rápida y que por reflejo salió de su boca. Asustando al hombre que le miraba ahora con sorpresa.

-S-Sí. Disculpe mi rudeza...-

-No te preocupes-Interrumpió Astral la disculpa ajena -Pero... ¿Crees que puedas ayudarme? Al parecer estoy un poco perdido-

-¿Eh?

Astral estaba teniendo una idea justo ahora. E iba a aprovecharla al máximo. Quizá ya estaba siendo consciente de lo que necesitaba para llevar sus palabras a una absoluta verdad.


Los planes comenzaron, así como una nueva perspectiva de lo sucedido. Astral alcanzando a comprender el poder de sus acciones fue que, una vez pudo andar libremente por el bosque y sus alrededores, dejo atrás a la pequeña familia que tanto le ayudo y le cuido en sus momentos mas débiles a causa de un estrés postraumático.

Despidiéndose con promesas de una mejor vida que la que tenían, ambos escondiéndose del Reino actual para vivir en paz y no ser arrastrados como en algún momento le paso a todos los sirvientes de Palacio que habían escapado con él al defender lo último que quedaban de los Guerreros de la Esperanza. Dejando también un poco más de dinero que consiguió de su dimensión de bolsillo.

El oro y la plata asegurando una estabilidad por a lo menos los siguientes diez años. Sellando con esto el inicio de su largo camino hasta el Palacio. Su objetivo final y definitivo.

Siendo acompañado secretamente por aquella esfera de energía rojiza que ahora no se despegaba de él ni a sol ni a sombra. Apañándoselas después a cada obstáculo cotidiano que se encontraba. Ayudando a algunos viajeros perdidos a conseguir algo de comer si eran Nerans o ayudándolos a instalarse en un campamento si eran seres Astrales, ganándose rápidamente su empatía y estima, además de dar consejos a los cultivadores y demás pobladores humildes que tanto anhelaban hacer con sus pequeñas tierras. Proporcionándoles un mejor trato y futuro. Todo bajo un nuevo nombre, mascara y ropa. Haciéndose de un renombre, una canción y una historia exagerada sobre él como un "Héroe" forajido.

Nada más lejos de la verdad.

Su camino continuó así. Ayudando a todos los que podía, interviniendo en momentos justos cuando iban a hacer alguna ejecución publica en lugares pequeños, consiguiendo la aprobación de los habitantes del lugar. Poco a poco ganando seguidores y admiradores que seguían sus pasos para hacer de su hogar, un hogar mejor. A veces desobedeciendo directamente los nuevos mandatos del Reina. Sintiéndose liberados de una presión que no sabían estaba sobre ellos. Conociendo una vez más la libertad que habían perdido hasta que llego aquel ser de capa negra y mascara blanca.

El nombre Aris comenzando a resonar en cada una de las fronteras del Reino de Gea.

Todo comenzando a girar a favor de Astral, quién con confianza comenzaba a caminar por las ciudades contiguas a las fronteras, día tras día, noche tras noche salvando a personas inocentes que se veían inmiscuidas a causa del nuevo régimen que Aren intentaba instaurar casi a la fuerza. Provocando un oleaje de esperanza y un nuevo por venir. Haciendo caer a distintos grupos formidables que reprimían al pueblo constantemente. Comenzando a ser la cabecilla ante una liberación que prometía paz y tranquilidad.

Rodeando a propósito la capital que tenía al Palacio para seguir causando estos nuevos ataques a la moral del Reino. Dando voz a los habitantes que ya estaban llegando a hartarse de todo lo relacionado a la familia Real. Colocándolos en contra de todo lo que representaba. Dándoles poder para que causaran estragos aún mas y más grandes, consiguiendo llamar la atención del Reina. Quién, después de al menos esperar todo un año para que esto cesara por su cuenta, hizo lo que mejor sabía hacer.

Comenzar a matar a aquellos que se le oponían. Comenzando con los Neran. Dando una muestra pública como método de dominio. Fallando en la mitad de todo cuando los seres Astrales fueron los que se levantaron primero en defensa de sus hermanos Neran.

Iniciando entonces los primeros alborotos del Reino. Involucrando a tantas personas como podían, Astral apoyándolos desde las sombras para que todos comenzarán a hablar. A gritar sus opiniones. Dando fuerza al pueblo que alguna vez había temido desde hace tiempo. Obligándolos a salir de su caparazón para salvar a quienes más querían. Catapultándolos para lo que seguía.


Meses más pasaron en donde la violencia subió a limites insospechados. Armándose bandos que defendían al Reino y otro que buscaba su liberación. Siendo más grande el segundo, quienes con su discurso conseguían más y mas adeptos que estaban de acuerdo con esa idea. Colocando entonces a Aris como el líder principal de tal movimiento, alcanzando la victoria de varios enfrentamientos y algunas retiradas hechas estratégicamente para desestabilizar la economía del Reina y sus allegados.

Obteniendo en ese transcurso del tiempo una revolución total.

Una en donde al final del día. Después de dos años en luchas constantes, se decidieron por derrocar por completo a la Familia Real que gobernaba sobre ellos en temor y miedo. Atacando sin más el Palacio. En donde se esperaba una lucha como ninguna otra entre los dos bandos. Cada uno defendiendo lo que creían y sus propios ideales. Abriéndose a la fuerza el paso por las murallas bien protegidas del lugar gracias a Aris. Quien una vez todo comenzó, jamás se le volvió a ver una vez que grito a viva voz la liberación del Reino. Perdiéndose entre la batalla que se daba en las murallas. Infiltrándose entre los enemigos.

Haciendo creer a los mas ingenuos que aquel hombre solo era la encarnación de la sabiduría y la luz. Viniendo solo por el propósito de enseñarles el camino a seguir. El camino que se supone debían haber caminado desde un principio. Al final consiguiendo aumentar su moral ante tan suceso. El cual se extendió hasta el último adepto a tal revolución. Emocionándolos ante algo realmente inexistente.

Ignorando el verdadero y oscuro propósito detrás de ello. Donde la sangre derramada ya no importaría más. Mucho menos una liberación que no tenía sentido.

Contribuyendo a los planes de Astral. Quien, una vez se quito su capa y mascara, destruyéndolas en el camino, tirando las cenizas sin cuidado en los pasillos desiertos y ya saqueados por los mismos sirvientes. Se abrió paso por el lugar que en algún momento llamo hogar. Adentrándose sigilosamente con tranquilidad, encaminándose en donde sabía su madre esperaría. Sacando a relucir su nueva apariencia en todo momento, matando a cualquiera que osara atravesarse en su camino, mientras una esfera rojiza le seguía sin decir más. Escondiéndose en su espalda hasta que dieron con el lugar indicado.

El lugar que guardo mucho durante esos años. El lugar que sabía, fue donde inicio y termino todo. Dejando salir los secretos mejor guardados en un susurro aullante.

- Hoy hace un poco de frío... -Susurro de manera como quien comenta algo banal. Apenas sintiéndolo realmente. Posando sus manos en las grandes puertas antes de abrirlas en un solo toque.

Estaba tan cerca de lograrlo... De acabar con todo.


Aren lo había presentido. Justo cuando los rumores de que un enmascarado y encapuchado hombre se hizo revuelo en las fronteras por haber salvado a unos cuantos. Justo cuando un reporte entregado a él fue que le revelo el nombre de este ser tan problemático.

"Aris" apareciendo de pronto escrito en el papel blanco del pergamino. Grande y en letras ligeramente remarcadas, como asegurándole que esa era la verdad y nada más que la verdad. Haciéndolo reír a los pocos segundos después de terminar de leer aquel nombre.

Saboreo las letras, una a una mientras lo pronuncio. Como si fuese un chiste bastante bueno que a alguien se le ocurrió contar. "Aris" traducido directamente como "El mejor" o "El más radiante", una de sus variantes traduciéndose deliberadamente como "Guerrero". Le daba una idea sobre quien podía estar justo detrás de tan patético nombre.

No paso mucho después para conformarlo por medio de unos cuantos sacrificios después. Provocándole a sonreír aun más. Como si todo aquello fuese un buen juego a disfrutar.

Y quizá no estaba lejos de aquello. Pues ambos estaban haciendo lo mismo pero con diferentes medios para cumplirlo. Él siendo el villano, mientras se alzaba un "Héroe" para derribarlo.

Y que mejor que manipulando la mente de los inocentes que eran gobernados con miedo y desespero.

Sí. Ese plan era sin duda brillante. Infalible. Algo que, en su momento el mismo temió por parte de alguien más o por simple casualidad. Sin embargo, esta vez resultando algo irónico.

Pues él sabía más que nadie como es que su hijo ahora sabiendo no muerto, se levantaba en armas contra él. Reclamando lo que quizá era suyo. O derrocando lo que él mismo representaba. Escudándose debajo de una ropa distinta y mascara sencilla. Alentando a todos a matarse entre ellos solo para abrirse camino hasta donde él se encontraba. Usándolos como simple carne de cañón como lo haría él.

Y debía ser sincero.

Estaba orgulloso de que Astral fuese aunque sea algo parecido a su madre. Pues eso hablaba que había calado profundo de una manera a otra para que fuese útil en algo tan grande. Tanto entrenamiento sádico para llegados a este punto sirviera de algo. Al final dándole una satisfacción que no alcanzaba a reconocer muy bien el porqué.

A sabiendas de que su cabeza rondaría ese día, ya qué, estaba plenamente seguro su hijo no le permitiría escapar. Lo sentía incluso en sus huesos. En su piel.

Y por esta razón. Una vez que termino de guardar todo lo importante, dejo que los sirvientes saquearan todo a último momento. A cambio, siendo resguardado en solitario en una de las salas que solía frecuentar bastante tiempo. Esperando la muerte tranquilamente, disfrutando de primera mano lo que vendría.

Dejando que su querido hijo se adelantara para que pudiese tener un momento alegre con su padre. Esperando que aquello menguara aunque sea un poco su cabeza. Alegrándose internamente por el reencuentro.

Sus pasos resonando a través de los pasillos vacíos. Terminando en al final en aquel lugar, ahora con sus puertas abiertas de par en par. Esperando en silencio su llegada. Emocionándose más cuando escucho el filo de un arma ser desfundada, haciéndolo convocar su magia para detener en poco tiempo la espada que se dirigió directamente a su rostro en tiempo record. Encarando aquella cara distorsionada por el enojo que ya había estado extrañando. Saludándolo alegremente mientras respondía con un golpe bajo para alejarlo.

Todo el ambiente tornándose tenso en menos de lo que espero. Sacándole una sonrisa divertida, casi risueña.

- Hola~ Astral. ¿Extrañaste a Mamá?

Un golpe más con aquella espada fue lo suficiente para que Astral le mirara de manera furiosa. Sus ojos delatándole sobre las lágrimas derramadas al toparse con su padre una vez entro en aquella sala. Derrumbando parte de su moral en camino, haciéndole aferrarse aún más a aquella idea de hacer perecer todo y a todos. Sus pasos y movimientos siendo potenciados con hechizos que uso para si mismo. Volviéndole algo mortal para que se acercara tan causalmente a Aren, quien se enfocaba más a un área de ataque lejano.

Obligándole a usar hechizos que le alejaron con extrema rapidez. Impresionando a Aren una vez que se levanto casualmente del suelo ileso. Cayendo justo a un lado en donde la capsula contenedora que encontró Bai, se mostrara. Haciendo lucir a Elifas como solo un espectador silencioso en aquella batalla tan esperada y tan... Trágica.

-¿Fue una buena reunión Astral?-Cuestiono Aren, acercandose sin realmente temerle a su propio hijo. Quien retrocedió los mismos pasos que él daba. -¿Hn? ¿Por qué te vas hacia allá? Tu padre esta aquí cariño...-Señalo al que fue una vez el amor de su vida- Él te estuvo esperando durante mucho tiempo Astral... Esperando día a día por ti, a que le descubrieras... ¿Por qué huyes?

Astral trago con dificultad al escuchar aquellas palabras tan crueles de su madre. Apretando su agarre a la espada que se mantenía en alto ante cualquier reacción. Molestándole de sobre manera. ¿Cómo era posible que hablará así de su propio esposo? ¡¿Cómo?!

-¿Te comió la lengua el ratón? ¿O acaso la perdiste como perdiste tu ojo?-Aquellas preguntas descolocando por un momento a Astral. Haciéndolo mirar a la misma dirección que miraba su madre, encontrando en alto un matraz hermosamente tallado en cristal, con un líquido extraño envolviendo un objeto que volteo a verle por sorpresa. Encontrándose con su propia mirada. Asustándole por un momento.

-E-Estas loco... ¿Por qué demonios tienes mi...?-

-Te extrañaba-Interrumpió sin mas Aren. Acariciando la capsula que contenía a su esposo. Mientras una mirada dolida se posaba en sus ojos, haciéndolos parecer ligeramente brillantes por quizá alguna lágrima que quería bajar- Pensé que realmente estabas muerto...

-¿Qué...?

-...-Aren suspiro. Dejando salir la frustración acumulada por tantos días- Busque tu energía y tu cuerpo, pero... No encontré nada de ti-Admitió. -Así que asumí que llegue demasiado tarde como para darte un entierro digno...

-Eso no explica que mi ojo este en este sitio-La voz de Astral sonando profunda y dolida. Casi llegando a rozar el desespero, colocándolo en un límite difícil de explicar.

-Supongo que no. Es verdad. Tu ojo lo encontré deshaciéndose en el suelo junto a los escombros... Eso... Era lo último que me quedaba de ti... ¡Hasta ahora!-Exclamo de pronto Aren. Levantándose del suelo para encarar a su hijo. Notándose emocionado- Cuando recibí un reporte de una personita destrozando mi mandato, ¡Supe de inmediato que eras tú! ¡No había duda de ello! ¡Y mira! ¡Aquí estamos! ¡Estas de vuelta en casa! ¡Junto a mi, junto a Papá! ¡Astral!

El mencionado solo dio un paso hacia atrás cuando noto la enferma felicidad de su madre dirigiéndose a él. Causándole una incomodidad y dolor que creía había enterrado en lo más profundo de su corazón tiempo atrás. Justo cuando todo comenzó a ir viento en popa.

- ¡Aléjate!

-¿Eh?...-Aren dudo- ¿Acaso esta algo mal? ¿No acaso solo querías ver a papá?

-¡No! ¡No quería que esto pasara! ¿Quién en su sano juicio espera ver a su padre muerto en una jodida cápsula como si fuese un experimento de prueba? ¡No te entiendo! Por más que quiera hacerlo... No puedo comprenderte Reina Aren... No puedo...

-Astral... -Llamo de manera dolida Aren. Confundiendo a Astral, quien solo desvió la mirada.

-¡No! ¡Cállate! ¡No quiero oírte!

-Astral...

-¡CÁLLATE!

-...-Aren suspiro una vez más. Deteniendo sus pasos con lentitud. Mirando detenidamente a su hijo antes de sonreír de manera culpable y tímida. Su voz sonando como antes, llena de cariño y amabilidad, causando más estragos mentales en Astral- No quería que esto pasará... Solo quería que ustedes estuviesen a salvo de todos y de todo... Solo eso...

-Hn... ¿Obligándome a matar a otros? ¿Matando a mi padre?-Cuestiono duramente Astral. Apenas volviendo a controlar su errática respiración. Mirando de frente a su madre, quien bajo la mirada como si de verdad estuviese apenado.

-Lo lamento... No creí que tu padre estuviera en contra-Aquellas palabras siendo el interruptor que despertó una furia ardiente en Astral, quien se abalanzo a su oponente. Haciendo sonar el filo de su espada cuando corto el aire ante la velocidad de su ataque. Haciendo solo reír a Aren, quien activó un escudo que hizo chocar el metal con la magia, causando un estruendo que alcanzo a escucharse fuera de aquellas paredes.

-¡Eres un ser despreciable y sádico! ¡Un estorbo que solo debería eliminar! ¡Tu no eres mi madre! ¡Tu solo eres un monstruo egoísta que mata a placer! -Exclamo con voz rota Astral. Aplicando un poco mas de fuerza en su arma para abrirse paso ante el escudo. Alertando a Aren, quien se movió un poco antes de que aquella espada le dañara.

-¿Por qué le dices todas esas palabras a tu madre? ¿Acaso no recuerdas todas las aventuras que vivimos juntos?-Aren activo varios conjuros que consiguieron atrapar a Astral en medio de ellos. Paralizándolo por completo- ¿Tan poco siempre signifique para ti?

-... Cállate -Siseo Astral forzando su magia para hacer una fisura en la magia de su madre. Lográndolo justo a tiempo para evitar un nuevo golpe de electricidad en su contra- ¡TÚ NO ERES MI MADRE!

-...-Aren pareció dolido por un segundo antes de reírse como quien hace una travesura- ¡Mocoso insolente! ¡Ojalá no te hubiera dejado nacer! Así solo estaría junto a tu padre, sin soportar tus quejas y llantos que solo lastiman mis oídos... Ojalá te hubiese dejado morir...

Aquellas palabras siendo un golpe severo al peliblanco. Quien enfureció más. Logrando coordinar su magia y cuerpo a limites increíbles. Comenzando con la verdadera batalla en contra de su madre.

Haciendo resonar el lugar ante la nueva fuerza de su magia siendo usada sin restricciones. Llegando a compararse fácilmente con Aren, quien rio sádicamente antes de responderle de la misma manera. Convocando mas sellos que rápidamente se unieron en uno solo para asestar un golpe severo a Astral. Quien fácilmente contraataco con el filo de su arma, asestando en un costado de Aren. Provocando que el suelo volviera a mancharse de dorado después de tantos años, siendo Elifas uno de los primeros en hacerlo. El cual parecía presentir lo que pasaba. Dejando salir un par de lágrimas que se confundieron con el agua que le mantenía con una vida prestada. Alargando su muerte.

Aren siseo de dolor ante el golpe, rápidamente cambiando su mirada a una más mortífera. Esta vez dando todo de sí para acabar con aquella pelea que solo le causaba dolor de cabeza. Usando la experiencia ganada con valor ante su hijo. Tomándolo desprevenido un par de veces antes de mandarlo lejos, haciendo varios cráteres en las paredes. Manchándolas con un azul profundo que casi le conmueve. Provocando deliberadamente a Astral, quien le respondió con incluso más energía que antes.

Levantando en alto su arma que en un cierto momento juro defenderle. Abriéndose paso ante la piel poco a poco. Llegando a rozar la carne y tejidos de vez en cuando. Provocando un severo dolor de cabeza a Aren. Quien poco a poco pasaba a tambalearse ante aquello.

-¡Aún no!-Exclamo antes de convocar muchos más hechizos que hicieron herir aún mas grave a Astral, quien con determinación no parecía querer dejar que se alejara, aguantándolo lo más que podía, volviendo a blandir aquella espada en su contra. Convocando después cientos de agujas oscuras que perforaron gran parte del cuerpo del peliblanco. Haciendo que gritara de dolor. Obligándolo a caer de rodillas para soportarlo, sosteniéndose de su espada que ahora era su más grande soporte.

Los sentimientos confusos arremolinándose en sus ojos haciendo dudar a Aren. Quien solo movió su cabeza a manera de negación antes de acercarse para asestar un nuevo golpe, tomando a su hijo del cabello de manera brusca. Acercándolo a su rostro. Burlándose poco después.

- ¿Ves? ¡No eres nadie Astral! ¡NADIE! No puedes defender a nadie, no puedes ayudar a nadie. Mucho menos eres digno de ser amado por alguien, ¿Por qué no te rindes? Eres solo una piedra en mis zapatos. ¿Por qué te levantas? ¿Por que insistes en arruinar mi vida? ¿A caso no te da vergüenza?

Astral siseo antes de mirarle detenidamente, sonriendo poco después de manera vacía y seca.

- Es lo mismo que puedo decir de ti...-Respondió llamando su arma antes de girar sobre sí mismo, cortando su cabello para escapar. Dejando apenas unos mechones cayendo al suelo. Sorprendiendo momentáneamente a Aren. Quien solo se alejo ante el nuevo golpe dirigido a él. Siendo apenas afectado brevemente, lo suficiente como para que su vista se mostrara nublosa.

-¿Qué...?

Astral uso aquel descuido para arremeter contra su rival. Moviéndose de manera errática para lograr esquivar los hechizos defensivos de Aren. Usándolos a su favor para acercarse y enterrar su espada en su hombro derecho, fragmentando el hueso. Dañando tejidos y aumentando el correr de la sangre dorada. Dejando sin ventaja a Aren. Quien pareció cobrar su mirada viva antes de ser apagada de nuevo a la fuerza. Obligándose a usar uno de sus hechizos para alejar a Astral.

-¡Adiv Elbaraper! -Grito en dolor, antes de que un sello escuro apareciera debajo de Astral. Cortando su piel en miles de espadas que parecían caer en contra de él. Provocando un grito agónico y mucha más sangre que logro llegar a salpicar la capsula de Elifas. Pareciendo marcar un capítulo nuevo en la historia.

Uno en donde la misma Familia Astral acababa consigo misma.

Bañando de lágrimas y tragedias el Reino de Gea. Quien seguía luchando sin parar en sus habitantes. Agonizando ante las incontables perdidas.

Astral reacciono, moviéndose de manera rápida de aquel sello, rompiéndolo con la punta de su espada. Antes de él mismo convocar otro hechizo que inhibía momentáneamente la magia a ambos contrincantes. Dejándolos en desventaja.

-¡Adiviv Etreum!

Un fuego resultante bañando a ambos peleadores antes de desaparecer, dejo en claro que la batalla llegaría en un todo o nada. Haciendo maldecir a Aren. Quien tomo una espada corta escondida en sus túnicas ahora cortadas y manchadas en dorado. Abalanzándose hacía su hijo, el cual, después de usar una habilidad aprendida de Ema. Fue que se encamino de igual manera. Postrándose de frente a su oponente antes de reír ligeramente. Bloqueando la primer estocada de su madre.

-¿Acaso esto es para lo que me entrenaste? ¿Para eso usaste a Gea? ¿Simplemente para tus planes? ¡Contesta Maldición! -Aren le miro antes de asentir. Compartiendo la sonrisa, comenzando a atacar sin más. Haciendo resonar el metal chocando una y otra vez. Pareciendo hacer nacer una melodía que alcanzaba los corazones dolidos.

Resaltando el metal blanco en contra del negro de su espada. Comenzando una vez más a arremeter en contra del otro. Alcanzando a cortar la carne y los tejidos una y otra vez hasta que se vieron involucrados más golpes directos que les alejaban de sorpresa antes de volver a la refriega.

Llevándolos a un extremo inimaginable para no dejarse caer. Manchándose continuamente en la sangre del otro, rompiendo todos los huesos que se les cruzaban, rasgando la piel y los músculos, hasta que en un momento predeterminado, Astral pateo con fuerza la mano dañada de su madre. Haciéndole soltar la espada como reacción, logrando asestar otro golpe en una de sus piernas antes de alejarse por reflejo. Dejando que Aren se derrumbara casi por completo. Comenzando a manchar de dorado el suelo. Bañando las baldosas blancas, combinándose con la sangre azul antes esparcida.

-¡Basta! -Exclamo Astral antes de acercarse a su madre. Quien solo le miro antes de reírse de manera estruendosa. Provocándose más dolor.

-¿D-De que diablos hablas A-Astral? Todo ya esta por acabar. Tu objetivo es el mismo que él mío... ¿No es así? ¿De que otra manera explicarías el derrumbe de Gea? ¡Ahhh! ¡Sí te importaba tanto el pueblo lo hubieses salvado!- Grito en agonía. Antes de hacer uso de la limitada magia reunida a su alrededor para convocar un hechizo que hizo salir varias estacas del suelo en dirección a Astral. Tomándolo desprevenido. Logrando herirlo mucho mas que antes. Perforando todo su cuerpo, haciéndole maldecir antes de escupir aún más aquel líquido azul que no paraba de salir.

-¿C-Cómo? -Cuestiono Astral apenas en un balbuceo. Notando como es que su madre se levantaba con dificultad, encaminándose a él con su espada oscura. Riendo de manera codiciosa.

-Experiencia Astral... -Respondió Aren antes de levantar la espada en alto. Encaminado la hoja hasta el pecho de su hijo. Parando una vez el filo le atravesó unos milímetros- Deberías recordarlo si sobrevives esta vez...

Todo pareció entonces ir en cámara lenta.

¿De verdad iba a terminar así?

Astral noto como es que su sangre comenzó a manchar una vez más aquella zona que antes había sido curada. Haciéndole desesperar ante el constante avance. Sintiendo el dolor ardiente de ser atravesado. Al menos hasta que volvió a sentir su magia fluir. Magia que uso a su favor para llamar su propia espada, la cual, se dirigió directamente a su mano izquierda, arrebatando de paso el arma que ya estaba a punto de perforar ese músculo sensible que le hacia vivir. Escuchando su zumbido a través de sus oídos antes de dar un grito de batalla a último minuto.

Usando la distracción de su madre al perder su arma para zafarse de las estacas salidas del suelo, evaporándolas de un solo corte. Antes de abalanzarse una vez más en contra de Aren, quien detuvo su avance con su mano sangrante. Aferrándose a la hoja de manera agresiva y decidida.

Sin notar como es que la magia imbuida comenzaba a carcomer la energía oscura en su cuerpo. Haciéndole vacilar de un momento a otro. Balanceándose entre la conciencia y la inconsciencia. Confundiendo al peliblanco, el cual siguió atacando aún mas ferozmente. Arrinconándolo hasta que alcanzo a tocar una de las paredes del laboratorio.

Astral no podía dejar ir esta oportunidad. No podía. ¡No debía!

Así, que esperando un solo respiro para acomodar su ataque, fue que levanto su espada al cielo antes de dejarla caer en un golpe certero. Golpe que, no dio en el blanco marcado a causa del brazo interpuesto de Aren. Deteniendo el avance de aquella arma de esa manera. Llegando a rozar el hueso, astillándolo ante la presión ejercida. Confundiendo momentáneamente a Astral. El cual se alejo de un salto. Esperando alguna reacción o algún hechizo en contra.

Solo cayendo en la absoluta desesperación cuando la mirada de Aren se encontró con la suya. Dejándole ver cientos de emociones en su madre que antes no podía percibir. Recibiendo una mirada dolida y culpable. Esta vez, muy sinceramente. Demasiado para ser una broma. Llegándole a calar tan profundamente que hizo reunir las lágrimas en la esquina de sus ojos. Emocionándole ante algo que jamás había esperado que sucediera. Preguntando con voz temblorosa antes de dar un paso al frente. Sorprendiéndose de si mismo ante los sentimientos que le abrumaron de pronto.

-¿Mamá?

Aren le miro por un segundo antes de asentir. Bajando la cabeza hasta su cuerpo. Notando después el panorama que le recibía. Un dolor punzante en sus sienes siendo el causante del regreso. Regreso que, la energía oscura estaba evitando una vez más. Alertándolo.

- Astral...-Llamo en voz baja Aren. Su tono siendo cariñoso y amable. Sonando como quién no ve a su ser amado después de mucho tiempo. El anhelo siendo palpable de un momento a otro.

-¡Madre!-Llamo Astral acercandose sin pensar a él. Ayudándole entonces a caer al suelo con delicadeza. Dejando su arma en el suelo antes de encarar a su progenitor. El cual solo le sonrió como antaño antes de pedirle lo más honesto hasta la fecha. Rompiendo el corazón del peliblanco justo cuando acababa de recuperar una parte de él.

-D-Debes hacerlo Astral...

-¿Eh?

-...-Aren sonrió con pena- Debes matarme cariño.

El mundo era injusto. Muy injusto.

Los ojos de Astral dejaron salir por fin las lágrimas que tanto se esforzó en retener, regresando a la realidad cuando su madre recogió su espada negra con su magia antes de dársela a su primogénito. Empujándola hacía él. En clara señal de lo que deseaba. Antes de que un aura oscura le rodeara por completo. Haciéndole escuchar cientos de voces que le gritaban furiosas y demandantes. Una vez más alejándolo de lo que quería.

-¡Astral! ¡Hazlo ya!-Exigió Aren mientras su rostro pasaba a deformarse en una mueca cruel y vacía. Aunque su voz seguía sonando dulce y desesperada- ¡Estoy orgulloso de ti Astral! ¡Así que mátame ya! ¡Rápido!

Astral vacilo. Más, justo como lo pedía su madre. Levanto la espada oscura para después, en un movimiento certero, atravesar el corazón de su progenitor. Confundiéndole de sobremanera. Sintiendo una vez más la perdida inminente.

¿Por qué su madre parecía reaccionar diferente de un momento a otro?

Aren dio un suspiro antes de mirar por última vez a su hijo. Sonriendo dulcemente como tiempo atrás. Regalando una caricia que alcanzo la mano de Astral. Dando un ligero apretón para después caer en brazos ajenos. Carente de vida. Carente de luz. Y carente de un amor que Astral percibió momentos atrás. Provocando que más lágrimas cayeran de sus ojos. Abrazando el cuerpo antes latente.

Sintiéndose abrumado ante el regreso de emociones que él creía dormidas. Muertas. Dejando al final, salir un sollozo que encaminó el tiempo que pasaba de manera lenta.

Mostrando una escena que fue de más, desesperanzadora y trágica. Llamando a la desgracia una vez que todo quedo en un silencio asfixiante. Sin mostrar compasión por el ser de cabello blanco como la nieve, ahora levantándose en contra de la gravedad. Dándole un aspecto diferente. Más maduro. Más valiente. Pero más roto.

Astral después de esperar un poco más. Fue entonces que tomo el cuerpo entre sus brazos, guiándolo hasta la capsula que mantenía a su padre en agonía. Abriéndola con magia antes de colocar a su madre a un lado, dejando que las baldosas se mancharan más. Sacando después el cuerpo de su padre, el cual. Dejo justo a un lado del de su madre. Entrelazando sus dedos a propósito, antes de dejarse caer de rodillas ante ellos.

Dando una profunda reverencia antes de levantarse de manera tambaleante. Encaminándose a la salida. Recogiendo su espada del suelo. Dejando sus huellas marcadas a cada paso que daba.

Su respiración errática así como su mente. Solo ayudándole cuando decidió voltear por última vez, despidiéndose de sus padres como lo hacía de niño. Su voz estando rota en todo momento.

- Buenas noches... Descansen ...

Pronuncio. Saliendo del laboratorio en el momento en el que los cuerpos de sus padres por fin dejaban de existir. Dejando solo estelas de luces atrás. Abandonándolo por completo.

Dejando el último rastro de la Familia Astraliana Real atrás.

El cual, vacío. Caminaba apenas en un rumbo especifico. Recargándose de vez en cuando en alguna pared cercana antes de seguir impulsándose a avanzar. Más y más... Y más.

Sangre azul oscuro manchando el lugar por el que pasaba. Escuchando gritos agónicos alejándose de él. La pelea de bandos quedando muy atrás. Lejos de él. Ajeno a él.

Estaba cansado.

Tan cansado.

Astral solo deseaba dormir. Dormir y jamás despertar. Eso era lo que deseaba realmente, desde hace años.

Egoístamente. Solo deseaba eso. Nada más ni nada menos.

Sus pasos tambaleantes le llevaron hasta un lugar alejado del Palacio. El único que de hecho seguía en pie. Grandes puertas recibiéndole sin más, dejándole entrar con un ligero golpe a las puertas. Encontrándose con una maravillosa biblioteca. Lugar que, solo le evoco recuerdos.

-¡Mamá! ¡Papá! Miren ya se leer-Presumió un lindo Astral de al menos tres años. Mostrando una hilera de dientes blancos a sus padres, quienes le miraban con asombro y amor. Al final alzándole como recompensa. Besando sus mejillas para hacerlo reír.

Su camino siguió. Alejándose de aquella zona que lo único que hacía era hacerle desear más la muerte. Metiéndose entonces entre los pasillos, en donde un pasadizo se materializo para él. Invitándole a entrar. Evocando un recuerdo más.

-¡Astral no vuelvas a asustarnos! Mamá estaba demasiado preocupado por ti-Reclamo Aren, mientras miraba a Astral en los brazos amorosos de su esposo. Quien le asintió en acuerdo. Haciéndolo sentir avergonzado- B-Bueno. Mientras no lo vuelvas a hacer esta bien, ¿Lo prometes?

Astral, después de caminar casi en línea recta, llego hasta una zona que conocía bien. En donde se encontró de frente a una dulce esfera rojiza que en su niñez le había causado más de un problema por jugar con él. Provocándole una sonrisa triste. Mientras las lágrimas silenciosas no paraban de bajar. Mostrándole con movimientos torpes una carta a lo alto de un pilar, la cual pasaba a reconstruirse y romperse en un ciclo interminable.

Su única salida ahora. Haciéndole recordar la tosca pero dulce sonrisa de su padre.

-Astral. Debes ser valiente cuando crezcas. De esa manera podas proteger a mamá y a tu esposa cuando lo requieras. Esa es la mejor forma de demostrar a alguien que te preocupas por ella. ¡Recuérdalo!

La sangre bajando por su cuerpo solo le hacía tambalearse más. Provocando su caída cerca de aquella carta que parecía se burlaba de él. Sumergiéndose en el agua que mantenía aquellas ruinas que estaban ocultas a simple vista. Su cabeza recargada en un pilar derrumbado, solo le hizo sonreír de medio lado.

Ya estaba demasiado cansado. Tanto que, en un cierto momento. Apenas pudo visualizar como es que aquella esfera se acercaba a él antes de cerrar sus ojos. Sintiéndose culpable por no haber cumplido con su objetivo. Con sus promesas. Con sus metas. Un pensamiento quedando arraigado en su mente hasta el final.

"No mereces ser amado por alguien"

Ah. Es una lastima que sea verdad.

Dejando de respirar en algún momento. Fue que su cuerpo paso a desaparecer. Poco a poco, envolviéndolo entonces a la esfera rojiza que, de un momento a otro. Comenzó a tomar una forma distinta. Mostrando después de unos minutos a alguien que los espectadores pudieron reconocer a simple vista.

-¡Yuma!- Exclamo Kotori plenamente sorprendida entre lagrimas. Simulando el estado de aquel Yuma con cabello largo recién llegado.

Borrando entonces las túnicas del actual Yuma. Vistiéndole con sus ropas habituales, adornadas con mas joyas de las que portaba. Anunciando su nacimiento en aquella época.

Confundiendo a todos. A excepción de Astral. Quien le miro como si comprendiera al mismo universo. Menguando su dolor. Enfocándole en lo que realmente importaba ahora.

-¿Cómo...? -Quiso preguntar el embarazado, siendo interrumpido por un grito agónico de su otra versión. La cual se mantenía aferrado a la espada que antes pertenecía a Astral. Llorando de manera amarga tan trágico final. Sollozando de vez en vez.

Negando con su cabeza varias veces antes de mostrar un poco de su desnudez. El agua y cabello alcanzando a tapar zonas importantes. Encaminándose con desicion hasta el pilar que contenía la carta que ahora mantenía una luz azul bailando a su alrededor.

-N-No lo permitiré... N-No dejaré... N-No dejaré... Astral... M-Mi Astral-Menciono en voz quebrada y apenas entendible a la carta Númeron, la cual solo se mantenía en su posición. Ignorando su alrededor- Yo, t-terminare lo que dejo... ¡Lo prometo! - Anuncio. Saltando de repente, dejando caer la espada al agua. Alcanzando a rozar aquella carta cambiante. Haciéndola reaccionar ante él. Otorgándole una mejor manera de hablar.

-¡Todo volverá a empezar! ¡Todo será reescrito! ¡Y Astral tendrá una segunda oportunidad! ¡Carta Númeron! ¡Te lo ruego! ¡Has desaparecer todo! ¡Por favor! Hazlo desaparecer... Déjame verle una vez más...

Y entonces, de un momento a otro. Un aura blanca surgió de aquella carta, envolviendo todo a su alrededor. Tomando el Palacio de Gea. Sus ciudadanos, sus lugares. Sus vidas. La naturaleza y demás ríos y mares. El cielo y las estrellas. Una explosión oyéndose al final. Seguido de un sonido estridente que surge cuando un monstruo de duelo es destruido.

Anunciando el fin de una Era.

El panorama cambiando de pronto a un lugar distinto.

Uno donde mostro a Astral de manera serena y dormida. Junto a un ser nuevo y desnudo. El cual, se aferraba a él en un abrazo posesivo. No queriendo dejarlo ir. Mientras el agua que se extendía como un mar, acompañaba a las estrellas en el firmamento. Sin nada más al rededor. El sonido del agua chocando con ellos en una dulce melodía, a la vez que, a lo lejos, un pedazo de la carta Númeron se movía en su ciclo sin fin.

Esperando el reinicio completo de la historia.

Una nueva etapa.

Un nuevo futuro.