Si alguien le hubiese dicho a Yuma, lo difícil que era despedirse de sus seres queridos de manera obligada y rápida, él de seguro lo hubiera pensado dos veces antes de acceder a un plan que, a pesar de ser previamente elaborado por parte de su amado y amigos, dejaría tantas secuelas en los involucrados.

Comprendía, por supuesto, que todo aquello era realmente necesario e importante para tener un camino brillante y seguro, pero... Aun había algo dentro de él que le hacia sentirse mal por dejar atrás tan fácilmente a las personas más importantes para él. Lo cual, no solo incluía a su familia, no. Eso abarcaba incluso a los Varians y amigos en la tierra, Kaito, V, Byron. Todos ellos que habían volcado al principio sus odios hacia ellos, pero que ahora les tendían la mano en los momentos llenos de necesidad y peligro.

Como ahora, justo cuando los Mundos estaban siendo atacados y privados de la tranquilidad que tanto tiempo y esfuerzo les costó alcanzar.

Una vez más, entendía que hacer lo planeado salvaría muchas mas vidas de lo que se imaginaba, pero no por eso dejaba de ser difícil. Suponía que había que hacer sacrificios para lograr la esperanza que tanto tiempo se promulgo, que se debían dejar atrás ciertas cosas para salvar a aquello que yacía sobre sus hombros... en su vientre.

Pero... quedaba ese, pero, esa simple palabra que le estaba causado tantos conflictos ahora. Cuando ya se estaban dirigiendo, Astral y él a la zona predicha anteriormente. El lugar en donde alcanzaría incluso la trascendencia. Aun cuando sus lagrimas no pararon hasta que su compañero las beso, tan dulcemente que detuvo por un segundo su andar. Consolando su alma y acallando sus ligeros hipeos que no podía detener en un principio.

Era demasiado difícil hacer aquello a su familia. Le pesaba, sin embargo, sabia que, si no realizaba aquello, las esperanzas antes platicadas y previstas por él y Astral, pasarían a ser catastróficas. Y eso, eso era inaceptable. No podía privar a sus amigos, familia, a su prometido y a su hijo de un futuro brillante. ¡Jamás! ¡sobre su cadáver si dejara que algo tan malo pasara!, pero eso nos remetía hasta el punto inicial. Donde su cuerpo temblaba levemente ante lo que se avecinaba.

Tantas cosas que sucederían para que todo siguiera fluyendo hasta la ultima de las consecuencias en un futuro. Para que todos encontraran la salvación que se les fue prometida y pintada.

Debía ser fuerte, tenia que serlo. Aunque eso no dejaba que el miedo que antes no estaba ahí, se colara en su mente y corazón, sencillamente hacer todo aquello era abrumador. Tantas cosas que podían salir mal, tantas cosas que podrían perderse si no funcionaba aquello.

Su mente era un caos. Y ya no sabia si eso era por visualizar tanto como su amado, o solo era cuestión del embarazo. Quizá al final del día eran las dos cosas, juntándose para hacerle caer en una mala pasada, en sentimientos que le estaban abrumando. Quizá solo debía dejar que todo pasara... Quizá...

-¿Yuma? -Llamo con suavidad Astral a su lado, apenas dirigiendo su vista a él. Cuidando de que no tropezara o hubiese obstáculos en el camino, el cual, parecía alargarse más y más.

O quizá simplemente tenia miedo de que les pasara algo malo. Tanto que su peliblanco lo noto. Siempre lo hacía.

-E-Estoy bien...- Respondió, más su voz débil le delato, logrando hacerlo enojar rápidamente, provocando que limpiara con brusquedad el resto de las lagrimas que quedaban sobre su rostro. Siendo observado entonces detenidamente por Astral, quien suspiro, ablandando su mirada, agilizando su toque.

Por supuesto que Astral comprendía lo que Yuma estaba pasando. Yuma siempre fue el más emocional de los dos, por ende, el que más sufría a lo más mínimo malo que les pasaba a los seres que amaba. Siempre iba a ser así, y siempre iba a mantenerse así. Y no lo culpaba, eso jamás. Al contrario, era una de las cualidades que más le gustaban de él. Ese corazón de oro que nunca dejaba de velar por los demás. Ese corazón que le fue entregado aun a pesar de todo, y del cual se enamoró, y seguía enamorado, y del cual anhelaba amar por toda la eternidad.

Un sueño ambicioso, egoísta quizá, pero suyo, a fin de cuentas.

Y debía ser sincero, no estaba orgulloso de ver como piezas de ajedrez a sus amigos o familia ganada, pero si era para entregarles la mas dulce de las tranquilidades... Suponía que era razón suficiente para hacerlo. Se disculparía con todos, una vez todo terminara... Se merecían una explicación mas detallada al final. Pero por ahora, su deber y su ser solo se enfocarían en el ser a lado de él.

En consolar su dolor y empujarlo un poco más para seguir. A tomar su mano para lo que enfrentaría y que sabia de antemano, le atemorizaba en gran medida. Pues esa era la primera vez que ambos se separarían en una batalla. Era la primera vez en la que tenían que confiar en que el otro estaría espiritualmente a su lado, y solo eso. Había demasiadas cosas implicadas como para tomarse mas libertades de las que ya lo hacían. Y ambos lo sabían, aunque eso no dejaba de ser complicado.

-Lamento si esto es difícil Yuma... -Hablo en voz baja Astral, acariciando con sus manos los dedos de su amado, posando sutilmente sus pulgares en ellos- Tratare de que todo termine de manera rápida y...-

-No...-Interrumpió Yuma una vez su vista se posó en el rostro del mayor, admirando la tristeza oculta en los ojos heterocromos. Consiguiendo calmar su enojo y descontento. -No es necesario que apresures nada por mí, no es necesario, comprendo lo que ocurre y por qué lo estamos haciendo...

-Yuma... -Volvió a llamar Astral, alzando una de sus manos para posar uno de sus dedos en la barbilla de su prometido, guiándole para que le mirara con atención- No es necesario entonces que finjas que no te afecta como lo haces ver...

-Astral...-Susurro Yuma, dejando salir el miedo y lo demás, una vez más. Lagrimas nuevas remplazando las viejas, deteniéndose casi al final del camino, al frente de las escaleras en caracol que los llevarían hasta lo mas alto del Mundo Astral. Las partículas de energía, así como la luz natural del Palacio rodeándoles en un ambiente consolador, amable. Como si supiera que estaban a punto de dirigirse a una gran batalla. Acariciando sus rostros y ropas, revoloteando a su alrededor ante la mirada contemplativa de Kile y Elifas, ambos mirándose antes de dirigir su vista a otro lado.

Era difícil. Muy difícil incluso para ellos. Pero esto era solo un pequeño precio a pagar por los años venideros. Años en los que Elifas, estaría seguro que todos vivieran de la manera mas llevadera como pudieran. Sin más enemigos ocultos, o secretos de antaño.

Solo ellos, siendo felices por la eternidad. Como lo merecían, como lo planearon.

Así debió ser, desde un inicio.

Y por lo que ahora peleaban. Solo debían aguantar un poco más.

Un poco más...

Yuma paso sus brazos por la espalda de su amado, apretándole tanto como su cuerpo lo permitía, aplastando un poco a su hijo, quien se quejó moviéndose repetidamente hasta que al final se rindió. Sintiendo entonces a sus padres que no dejaban de profesar palabras de consuelo y aliento que le acurrucaron a dormir. Su energía siendo liberada entonces, cubriendo a su madre para que nadie más le dañara, cuidándole incluso inconscientemente. Dándole ánimos para seguir con su camino. Logrando hacer sonreír a Astral, quien de inmediato pudo sentir aquello. Ayudándole para sacar muchas mas fuerzas de las que no sabía que tenía, volviendo su mirada suave a una determinada.

Él iba a velar por la seguridad de todos, especialmente de su prometido y su hijo. ¡Sobre su vida que así sería!

Yuma, por el contrario, sintió su miedo disiparse conforme pasaban los segundos, así como su mente, la cual fue aclarada poco a poco. De pronto, ya no se sentía tan abrumado como al principio.

Astral y Yuma entonces se miraron una vez se separaron, sosteniendo sus manos con cuidado de no lastimar al otro de una manera que ni siquiera lograban entender, encontrando su reflejo en los ojos contrarios, sintiéndose tan dichosos como jamás lo habían sentido. Rememorándolos hasta el punto en el que supieron sus vidas cambiarían, justo cuando supieron que ambos esperaban un trozo de su amor. Su hijo, a quien anhelaban ya tener en sus brazos. Aquello logrando darles el ultimo empujón que no sabían necesitaban. Haciéndoles agradecer infinitamente a ese ser que los acompañaba.

De repente su futuro ya no siendo tan malo como al principio.

Astral limpio con cuidado las ultimas lagrimas de su amado, dejando un par de besos después, los cuales fueron bien recibidos. Sellando con eso, aquello que no sabían era la promesa de volver al otro. Cada uno susurrando palabras que ayudaron al momento, confesándose como la primera vez y como si fuese la última. Alentándose a mover una vez cada uno asintió, acercándose al principio de las escaleras que seguían a la espera. Mostrándose tan intimidantes como la primera vez que ambos subieron y bajaron por ellas. Logrando traer una sonrisa que les termino de animar, llenándolos de confianza para continuar.

Aquello siendo bien recibido por los dos espectadores silenciosos que les siguieron en el mismo modo. Custodiándolos una vez Yuma coloco un pie sobre las escaleras brillantes de cristal tan blanco y puro como su mirada. Comenzando entonces con la travesía que era necesaria para lo que les esperaba al final, cada uno subiendo en una ceremonia que no tenia mas testigos que ellos. Siguiendo con el plan tan elaborado que Yuma y Astral ya mantenían desde hace meses, apenas siendo complementado por las ideas de Shark y Vector.

Esto sin el conocimiento de los últimos. Pues el verdadero plan era mucho mas aparte que lo fue en un inicio. Apenas siendo marcado ya por las decisiones de ambos, redireccionándolos al futuro que deseaban y querían, armándolos de valor una vez sus pasos los llevaron hasta lo mas alto de la torre.

Cada uno encontrándose con el salón de ceremonias que tantos recuerdos le traían a Yuma, quien no dudo en comentarlo abiertamente.

-Estamos aquí... ¿No te recuerda algo Astral? -Cuestiono con voz levemente ronca, comenzando a caminar en dirección hacia el lugar indicado. Escuchando la suave voz que Astral usaba para dirigirse a él.

-Recuerdo haber despertado con la mejor sorpresa de todas aun cuando llegue a pensar que jamás volvería a verte- Respondió, ayudando a su amado una vez se coloco en frente de aquel cristal que lo sellaría hasta nuevo aviso. Las ligeras escaleras siendo el último obstáculo para seguir con lo planeado.

-Me tomo mucho llegar hasta aquí... Elifas de verdad que puede ser un hueso duro de roer... -Se quejo, sintiendo una leve punzada en su vientre, suponiendo que era su bebé volviendo a quejarse. Ignorándolo deliberadamente. Siguiendo con la conversación, escuchando de fondo un "Lo siento" que simplemente descarto- De haber sabido que sería mi suegro, lo hubiese hecho con mas animo y más escandalo...

-Yuma... -Advirtió con voz divertida Astral. Terminando de ayudar a su amado a subir a la plataforma que ayudaría en el evento. Las piedras flotantes de alrededor de pronto comenzando a brillar ante la energía que Yuma desprendía. Partículas de luz comenzando a revolotear alrededor en un baile hipnótico y fantástico que solo anunciaba lo inevitable, arremolinándose poco a poco a los pies de Yuma. Mientras sellos de extrañas letras y demás símbolos comenzaban a aparecer alrededor del lugar, haciendo brillar todo de una manera tenue pero brillante. El oro que adornaba la plataforma siendo lo mas destacable de aquello, dándole el toque mágico que llego a fascinar al menor.

-Es increíble... -Susurro, recibiendo un asentimiento de Astral, quien se acerco a depositar un ultimo beso antes de separarse. Estirando su mano derecha que aún se mantenía aferrada a la ajena. Notando entonces como es que Yuma pasaba a flotar levemente, mientras un cristal comenzaba a nacer desde la plataforma. El ritual llevándose a cabo como era debido.

-Lo es...-Correspondió el mayor, dejando ir la mano de su amado en el último momento, mientras palabras susurrantes en su idioma pasaban a escucharse de fondo, muy tenuemente.

Apreciando entonces como es que el cristal puro y blanco subía hasta el pecho de Yuma, cubriéndolo en su totalidad, acunando su vientre con delicadeza. Dejándole claro que faltaban segundos para terminar. Esto siendo suficiente motivación para que pudiera decir las ultimas palabras antes de que Yuma ya no le escuchara más. Su voz siendo levemente rota, por las traicioneras lagrimas que bajaron por sus mejillas, pero sin opacar su tono amoroso y determinado. Así como la sonrisa en sus labios. Su exclamación llegando hasta lo más profundo del corazón del menor. Quien asintió complacido. Cerrando sus ojos una vez vio como es que el cristal lo cubría por completo. Calando profundamente en los espectadores.

-¡Lo lograre! ¡Lo lograre y te traeré la victoria a casa! ¡Ya lo veras! ¡Volveré a ti! ¡Volveré a ustedes! ¡Lo prometo!

Aquellas palabras quedando flotando en el aire, una vez el ritual se vio concluido y los sellos volvieron a calmarse. Dejando en un silencio total el lugar, apenas escuchando el leve sollozo que dio Astral ante lo hecho. Su coraje viniendo después, limpiando sus lagrimas con brusquedad, alzando su mirada ante el bello cristal blanco y puro que cubría a su amado. Grabando sus palabras a fuego en su corazón, en su mente y en su alma. Haciéndolo sonreír al final, pues comprendía que, ahora ya no estaba solo.

De hecho, jamás lo estuvo. Y ahora, jamás lo estaría. Solo necesitaba esforzarse un poco más...

Un poco más... Y todo iría como se visualizó. De eso él se aseguraría, eso, o él mismo usaba una vez más la carta Númeron sin importar las consecuencias.

Elifas una vez todo termino, fue entonces que se acerco a su hijo, apenas dejándole su espacio para acomodarse mejor de lo que se mostraba. Un par de pociones descansando en sus manos, resaltando naturalmente gracias al oro que las botellas contenían, el enorme diamante como tapa siendo lo que llamó la atención de Astral, quien volteo a verle con un semblante serio. Su postura volviendo a exhibir su fuerza y poder.

-¿Esas son...?

-Así es, las he preparado esta mañana como lo has pedido, no hay margen de error de ahora en adelante...- Respondió Elifas en tono serio, recibiendo un asentimiento por parte de Astral, quien se acerco para tomar una. Analizándola antes de dirigir su mirada a Kile, una orden viniendo después.

-Adelántate con nuestros invitados, encárgate que todo este yendo como se ha planeado...

-¡Sí! ¡Como lo ordene mi Señor! -Respondió Kile en tono alto, contundente. Antes de desaparecer tan rápido como había surgido una vez fue en busca de sus Señores. Dejando así aquel recinto que paso a ser el mas seguro del Mundo Astral gracias al cristal y la magia que contenía. Sin saber realmente lo que pasaría después.

Astral una vez noto que solo era él y su padre en el recinto, fue que destapo la poción antes de agregar una gota de su sangre, combinándola libremente con el liquido de la misma, cambiando sus propiedades para, por consiguiente, tenderla a su padre, quien de inmediato hizo lo propio con la suya, extendiéndola de igual modo, otorgándola a su hijo, el cual no dudo en beberla de un solo sorbo. Terminándola en tiempo récord, su seño frunciéndose levemente ante el sabor.

Aquello sabia horrible. Era como si hubiese bebido directamente del lodo en una fosa llena de podredumbre y toxicidad. Como deseaba no volver a probarla jamás, pero sabia que aquello debía ser necesario mas adelante.

-B-Bien, ya se han cumplido con los requisitos, ¿Ahora qué? -Cuestiono Astral antes de que su padre sonriera muy tenuemente, haciendo desaparecer de un chasquido las botellas ahora vacías. Su voz sonando tan solemne como siempre.

-Ahora solo basta que sigas con lo que me contaste... Ya no debe haber ningún impedimento...

-Más vale así sea... -Respondió de mala gana el peliblanco aun afectado por el sabor de aquella poción. Dejando de lado su enojo una vez un par de sellos aparecieron debajo de ellos. -En ese caso sigamos, ¿Te molesta que diga el conjuro? -Elifas negó. -Bien, en ese caso... Comenzare...

El recinto comenzó a brillar una vez más antes de que símbolos y demás caracteres aparecieran por todo el lugar, haciendo retumbar las paredes y el suelo en una melodía que anunciaba un poder increíble y poderoso. Mientras una extraña energía se cumulaba a los pies de los dos presentes, acariciando sus ropas y balanceándolas en un vaivén que solo le hizo saber al mayor que aquello estaba por iniciar. Aquello llenándolo de una emoción que jamás había sentido hasta ahora, precipitándose ante lo incierto. Comprendiendo el futuro que tenia al frente, alzando su mirada un poco mas para observar como es que su hijo terminaba de recitar, antes de que un enorme viento les envolviera poco a poco. Subiendo por sus cuerpos sin detenerse. Anunciando grandes cosas.

-Lo has hecho bien...-Elogio, recibiendo una muy tenue sonrisa de Astral poco antes de que le revelara algo que le hizo reír de manera suave y orgullosa. Un par de lágrimas asomándose en la orilla de sus ojos siendo prueba de la felicidad al saber aquello.

-¡Hoshiyomi! -Exclamo Astral en voz fuerte y emocionada. -¡El heredero del Mundo Astral se llamará así! ¡Es el nombre que Yuma y yo hemos escogido para nuestro hijo!

-...Ah, es un nombre maravilloso... Gracias por decírmelo... Me asegurare de recordarlo... Siempre...-Menciono lentamente Elifas, dejándose envolver por aquel viento que le segó.

Si indagaba en aquel nombre que iba a llevar su nieto, bien podía visualizar a lo lejos la silueta del ser que alguna vez amo con locura y pasión. El nombre de "Aren" resonando fuertemente en su pecho fue lo último que sintió antes de que todo pasara a ser obscuro. Su voz susurrante siendo algo que quedo atrás. Con un anhelo y deseo que incluso llego hasta el cristal que contenía a Yuma. Sin embargo, perdiéndose para siempre entre el viento y la magia, sin dejar rastro.

-Hoshiyomi... Su significado es, contemplar las estrellas... Me hubiese encantado contemplarlas con él...

El eco siguiente fue la pauta para seguir y dejar morir los sueños imposibles. Ya no había nada que se pudiese hacer.


Sus pasos se escuchaban en todo el pasillo, resonando en las paredes contiguas y los cristales que parecían brillar ante su andar. Detrás de él, como fieles guardianes, había dos Doncellas de porte elegante y deslumbrante. Tan fuertes como si su apariencia fuese solo la misma belleza de las musas descritas en los libros o poemas. Ambas cargando como lo mas preciado, un par de cajas descansadas en almohadas grandes y voluminosas, la ceda siendo tan blanca como jamás sería el cielo. Resaltando las ornamentas de las mismas ante cada leve movimiento y balanceo que daban. Abriéndose paso de esa manera junto al mayor, hasta el lugar indicado y en donde pudieron sentir la presencia de Kile, la cual se mantuvo en las sombras hasta su llegada.

La pequeña comitiva llegando de improvisto al ala científica, anunciando con ello lo siguiente a realizar, postrándose como jamás lo habían hecho anteriormente, abriendo un sinfín de posibilidades que, los Tsukumo mayores, no dejaron pasar una vez fue entregada tan bella carga de las Doncellas. Las Coronas Reales ahora siendo portadas majestuosamente en las cabezas de los nuevos gobernantes, haciéndoles imponerse ante cada paso que daban. Alejándose rápidamente hasta un destino realmente incierto, pues nadie sabía con precisión donde es que se encontraba Astral. Dejando al final, a un pobre pelirosa que dudo con solo verle. Sus movimientos y actitudes resonando en alerta innata en él. Siendo bendecido al final cuando le hablo con un tono de voz neutro, susurrante en el oído. Provocando que le mirara con asombro y desconcierto, comprendiendo al menos al instante la mitad de lo que pasaba. Casi saliendo corriendo del lugar una vez comprobó lo que quería, sonriéndole con confianza al final, dando un asentimiento en reconocimiento de lo descubierto. Anunciando después a los cuatro vientos a los más allegados y principales lideres la verdad.

Logrando hacer girar lo que se debía, poco a poco acomodando las cosas que necesitaba. Dejando entonces la fase dos por iniciar y completar. Sus pasos resonantes una vez más, siendo la pauta que necesitaban el par de Doncellas para volver a su lugar de origen. Lo cual se les fue concedido con un asentimiento leve, ambas logrando desaparecer tan rápido como algún Guerrero, volviendo al lado de cada una de sus hermanas en un deber tan importante como lo era para ellas dar la vida por lograrlo.

Dándole la libertad que necesitaba para despistar y dar las ultimas ordenes como líder de las Fuerzas Guerreras Astralianas, a sus lacayos y subordinados. Dejando todo preparado para su inminente salida y nulo regreso. Caminando entonces hasta el lugar acordado, en donde Astral ya le esperaba. Su pose solemne y melancólica siendo algo que resaltaba en él. Siendo concedido y asumido por quienes le acompañaban, que era por dejar a su amado y su hijo en una situación tan crítica, al final no errando del todo, pues de ahora en adelante, dependería de ellos dar un futuro brillante a quienes dejaban atrás.

Todo ello convirtiéndose en una apuesta tan arriesgada que solo alguien como Astral podía hacer sin temer. Al final, dejando el camino abierto para que su hijo tomara el bando y poder que le pertenecía. Subiendo a los caballos ya preparados de antemano, junto a los demás Guardias de elite que los acompañarían en esa importante misión. El jardín siendo el lugar de encuentro que ya se había acordado, Hayato siendo el Guerrero elegido para llevar libremente a Astral. Sus alas blancas, así como su forma de corcel, siendo ideal para personificar la presencia del peliblanco, como para hacer resaltar la armadura ligera que ahora era portador. Su espada de bella ornamenta siendo lo más llamativo del conjunto. Consiguiendo inspirar a los espectadores y sus acompañantes, pues susurros se podían escuchar a lo lejos, a lo menos hasta que la voz de Mira y Kazuma resonaron en los pasillos aledaños. Rogando que Astral diera la vuelta y pensara mejor las cosas.

Esto simplemente siendo ignorado por el peliblanco con desdén, pareciendo importarle poco que aquellas personas eran valiosas para él. Su postura recta siendo mas intimidante que de costumbre, dándole un aire que más de Rey, era de Guerrero. Y que con un simple ademan, fue que dio la orden para avanzar a lo inevitable.

Hayato inmediatamente recibiendo aquello para abrir sus alas en vuelo, siendo seguido inmediatamente por los Guardias, quienes se mostraron reacios a voltear una vez notaron las coronas en los recién llegados. Apenas comprendiendo lo delicado de la situación vivida. Alzando en sus corazones una oración por lo que fuera que fuese a suceder en la batalla que, sabían, librarían tan solo llegar al territorio conquistado. Guardando sus comentarios o quejas al respecto, haciendo vivir en sus corazones como único Rey, al ser que iba al frente. Enfrentado todo con un rostro serio y calmado. Tan fríamente calculador que era imposible no contagiarse de esa seguridad.

Elifas fue el ultimo en partir, y el ultimo en mirar a los recién llegados, los cuales se mostraban agitados y sin fuerza, pues al parecer habían corrido por todos lados tratando de dar con el peliblanco. Fallando por poco. Sus rostros siendo todo un poema al dolor y sufrimiento que cada acción había acarreado. Enojándose mas con si mismos, que con los autores de cada movimiento del plan ya explicado. Logrando solo verlo a él, antes de que Mira diera una orden directa por segunda vez, su tono siendo tan alto como lo permitía su voz. La fuerza impregnándose en su postura, dando la imagen de una digna Reina. Como su hubiese nacido para ello. Logrando traer recuerdos a Elifas que, por ahora, deseaba dejar para concentrarse debidamente. Apenas dejándole escuchar lo que Mira demando.

-¡Protege a Astral como si tu vida dependiera de ello! ¡Tráelo de regreso a casa! ¡No importa lo que suceda, solo tráelo!

-¡Tráelo para que pueda golpearlo como es debido! -Interrumpió Akari apenas llegando junto a Haru, notándose mucho mas determinada que como se había mostrado en un inicio. Logrando una sonrisa suave en Elifas, quien solo asintió. Posando una mano sobre su pecho como muestra digna de una promesa hecha. Entendiendo los sentimientos que la familia cargaba con la actual situación. Logrando dirigir su propio caballo después hacia adelante antes de que se alzara en vuelo. Logrando escuchar como es que la familia le daba ánimos para continuar, aquello quedando grabado en su mente y en su corazón.

Incitándole entonces a continuar, alcanzando poco después a sus hombres que le dieron una mirada rápida antes de seguir en lo suyo, dejando brillar al final, como es que, en la punta mas alta de la torre del Mundo Astral, Kile se asomaba con ligeras lagrimas en su rostro. Sus manos posándose en su pecho como muestra de que ahora algo le faltaba.

Una conexión que fue rota para ser remplazada por otra que ya conocía, pero que al mismo tiempo se le hacía demasiado nueva. Confundiéndola de sobremanera una vez quiso armar los puntos sueltos por su cuenta, encontrando solo pedazos que la hacían desesperar más y más. Distrayéndola de cómo, es que al menos diez Doncellas, se posaban como fieles estatuas en cuidado al cristal que contenía a su Reina. Sus posturas y sus miradas siendo tan devotas que daban la apariencia de ser sacerdotisas en lugar de ser humildes servidoras de Yuma. La vida mostrada siendo entregada en promesa como se lo dijeron a Astral una vez salió junto a su padre del lugar, apenas siendo llamadas una vez notaron termino un ritual.

Discutiendo poco y obedeciendo más. Justo como su deber marcaba. Sus papeles siendo apenas jugados, reverenciados. Cada una enorgulleciéndose de ello. Ignorando deliberadamente la luz que comenzó a nacer del cristal antes de salir lentamente de él. Mostrando después energía rojiza revolotear alrededor. Anunciando lo incomprensible.

Todo estaba cayendo en su lugar como se había predicho.


El caos fuera del Palacio seguía, aunque lo gritos habían cesado gracias al Embajador que se mantenía al cuidado de los civiles, expandiendo las zonas seguras hasta nuevo aviso, ganando poco a poco lugar que era ocupado por los heridos y demás ayudantes que inmediatamente se los llevaban dentro del campo de fuerza que el Palacio había erguido como estrategia. Esto siendo fructífero cada que se alargaba el plazo de la pelea. Cada uno de los involucrados apenas notando como es que la comitiva de Astral salía de los muros protectores para ir de frente a la amenaza. Logrando hacer sonreír sádicamente a Vector, quien no dudo en gritar a su rival.

-¡Mas vale que nadie más que yo te mate! -Su exclamación llegando hasta Elifas, quien le miro antes de alzar una ceja de manera despectiva, sonriendo apenas levemente después. Siguiendo con su labor, juntándose a un lado de Astral, quien solo siguió mirando la frente. Decidido y valiente.

Mientras tanto, decir que el campo no estaba siendo asediado, eso era ser optimista. Pues justo ahora, bien podían apreciarse las peleas entre monstruos y soldados, junto a los guardias y Guerreros de la Esperanza que les abrían el paso tajantemente a la fuerza. Aplicando sus mejores movimientos para ello. Dirigiendo una rápida mirada a la comitiva que pasaba volando y esquivando con maestría. Deseándoles lo mejor de las suertes para seguir adelante. Cada uno haciéndose de más tierra para seguir rescatando a los rezagados o seguir matando a los invasores, dejando toda su esperanza depositada en quienes ellos protegían y adulaban. Confiando plenamente en lo que el peliblanco les había contado, elevando sus posiciones para que nada fuese interrumpido o saliera mal. Abalanzándose con todo lo que tenían a sus enemigos que no paraban de aparecer a cada nueva oleada de oscuridad, gestando nuevas peleas y conflictos que lograban detener a la fuerza una vez más. Levantando barreras para mantenerlos a raya, esperando que todo terminara como había iniciado, tan rápido antes de que se siguieran perdiendo vidas inocentes e infraestructura que ya se había vuelto a levantar hace poco después de la ultima Guerra.

Dañando mas de lo que sus manos podían lidiar.

Deseando en lo profundo de sus corazones que todo aquello hubiese sido diferente.

-¡Erí! -Llamo Ema antes de seguir con la pelea, recibiendo un asentimiento de su hermano mayor, quien entendió a que se refería sin necesidad de una palabra- ¿Ellos de verdad...?

-Sí... -La corta respuesta de Erí siendo suficiente para que Ema mirara el destello de la comitiva, quitándose las lagrimas con brusquedad de sus ojos antes de seguir.

-¡Bien! ¡Sigamos abriendo el camino para Astral-sama!

-¡Sí!

Aquel grito de Guerra siendo lo esencial para animar a las tropas que seguían peleando. Dejando asombrados a los más jóvenes y nuevos reclutas, sintiendo el orgullo de ser un Guerrero poco después. Aquello aun no terminaba.


Don Milenario se seguía paseando por el lugar elegido anteriormente, pasando sus dedos delicadamente sobre la arena o sobre la piedra cada cierto tiempo, pudriéndola antes de que desapareciera en partículas de luz oscuras, las cuales revoloteaban antes de ser absorbidas por él, alimentándose entonces de la energía de vida desprendida.

Su sonrisa siendo tan tranquila que parecía que no pasaba absolutamente nada malo. Mientras que su armadura oscura se balanceaba de un lado a otro en un compás altanero y burlesco, apenas prestando verdadera atención a lo que hacía.

En tanto, energía oscura era desprendida de él en mayores magnitudes. Tanta y tan poderosa que hacía opacar a la usada hace una vez en un pasado. Su sola aura contaminando en cada paso que daba, borrando la vida y la luz ante ellos. Otorgándole entonces una gran satisfacción que le hizo suspirar un poco antes de posar su mirada a lo lejos, en dirección del Palacio Real, percibiendo después, al Guerrero cubierto de negro que le seguía como una fiel sombra, quien se acercó a una distancia prudente antes de anunciar lo que tanto había estaba esperando.

La voz neutra siendo motivo para sonreír mas ampliamente. Su rostro degradándose en una mueca siniestra y oscura. Disonando ante las palabras que vinieron luego, su propia voz sonando tan dulce que incluso el Guerrero dio un paso atrás ante ella. El miedo siendo el principal promotor de su acción, importándole poco realmente.

- Así que ya están aquí... ¡Ah! Sabía que vendrían a recibirme, Astral jamás me fallaría... -Su mirada se dirigió entonces al Guerrero detrás de él, como si aquello hubiese sido la mejor charla que haya tenido en años- ¿No es así Lein?

-Es justo como su Majestad lo dice...

La sonrisa de Don Milenario se ensancho aun mas ante lo escuchado. Tan perversamente que solo marco aquel momento.

El pasado ya venia a saldar sus cuentas. Y el reloj de arena solo pasaba a romperse en pedazos. Quizá ese era el destino...

Un horrible destino...