Gracias a Aredhiel y a Izuspp por sus reviews, también a las lectoras fantasmas por seguir aquí, me he dado cuenta que el conteo de lecturas ha bajado. Quiero pensar que no se reflejan todas por leer desde una aplicación en el celular, je je je.
Y ya saben, no soy dueña de Shingeki no Kyojin, porque me pondría muy cursi shipeando a Hanji con…. (?)
REINICIA
—Mi señora —Llamó Anka— Espere, por favor… —Y la mujer se giró.
—Ah, cierto. No nos hemos presentado —Extendió su mano— Graciela Jaeger, para servirle.
Fue entonces cuando Keith Shadis enfocó su vista en la que era abuela del muchacho al que el otro había golpeado.
Jaeger no era un apellido común. Más de veinte años en la docencia se lo confirmaban. Además Grisha se parecía mucho a la mujer.
No supo exactamente por qué, pero algo le gritó que debía averiguar más. Si por eso se ofreció a hacerle compañía a la señora en lugar del subdirector que era su colega.
Le quedó más claro cuando se fijó en el muchacho, pero no pensó que fuera hijo de Grisha, se negaba a creerlo, no quería confirmar que el hombre que le había robado a la mujer que amaba ni siquiera tenía derecho.
Cuando reconoció al médico en una fotografía enmarcada, todavía quiso negarlo pensando que quizás él solo era un familiar cercano. Ya no pudo hacerlo luego de que Graciela le contara la verdad.
Keith Shadis había soñado con tantas cosas: con hacer grandes descubrimientos, por ser reconocido por sus colegas, pero sobre todo, por la única mujer que había amado; pero no, no pudo ir más allá de lo ordinario.
No podía reclamarle a Grisha todas sus frustraciones, el médico no era el culpable de que él no hubiera encontrado un trabajo de lo que con tanto esmero estudió, ni de no haber recibido los reconocimientos que consideró merecer, ni de haber vivido en el aburrimiento ni en la mediocridad durante tanto tiempo. Pero de algún modo quería devolverle el sufrimiento que le causó cuando le ganó a Carla.
Sentía que él se lo debía, porque en un instante le dio el valor de acercarse a la mujer que amaba, y al siguiente se la estaba quitando.
La conquistó en tiempo record. Se la ganó. Estaba usurpando su lugar al lado de esa mujer, ¡e incluso habían tenido un hijo!
¡Y NO LO MERECÍA!
No importaba si Carla no terminaba fijándose en él, Grisha no merecía NADA.
Ni la mujer, ni la vida a su lado, ni a ese hijo porque había abandonado a otro que seguro le había necesitado cuando perdió a su madre.
Curiosamente era el segundo hijo el motivo de silenciarse por un rato.
Pero ya no podía callarlo, no más.
—Oye…
»¿Podemos hablar a solas…?
—Sí —Dijo Grisha como si cualquier cosa— Carla… —Elevó la voz para hacerse escuchar por su esposa que estaba en la cocina— Iré a mostrarle algo a Keith al sótano —Agregó cuando ella se asomó.
—Está bien, querido.
Quería humillarlo, quería verlo rogarle que no le soltara la verdad a Carla antes de soltarla de todos modos.
Salieron de la casa para dirigirse al sótano, un cuarto subterráneo a las afueras de la vivienda. Carla jamás iba puesto que respetaba ese sitio personal de su esposo.
Entraron al cobertizo. Aun entonces, mientras descendían la escalera, aun entonces Keith Shadis se preguntaba si habría cambiado algo el no haber llevado a Grisha a la taberna donde Carla trabajaba esa noche. No dejaba de preguntarse si hubiera tenido alguna oportunidad.
Se sentaron frente a frente de cada lado de un escritorio que había, y Grisha no lo hizo esperar.
—Me di cuenta que querías decir algo desde que te vi, puedes ir con toda confianza al grano —Keith tampoco lo hizo esperar, solo se limitó a sacar del maletín la fotografía de cierto adolescente rubio.
—Será mi estudiante en el siguiente ciclo escolar… —Grisha miró la fotografía como si estuviera viendo cualquier cosa —Me parece que te ves muy joven para tener un hijo de quince años…—Agregó, su interlocutor no pareció inmutarse, aunque en seguida sacó una llave que colgaba de su cuello, procediendo a meterla por un costado del escritorio. Keith dedujo que era un cajón oculto. El médico sacó lo que parecía ser una libreta, un álbum de fotografías, y una agenda personal vieja pero bien cuidada. Tomó el álbum, lo abrió y le mostró una fotografía.
Keith observó, en la foto se apreciaba a un Grisha mucho más joven, vestía un esmoquin, a su lado estaba la mujer que reconoció como la madre de Zeke, igual de joven también, traía un vestido de noche; al otro lado de Grisha estaba un muchacho rubio, más o menos de la misma edad; y al fondo había un letrero que decía "Baile de graduación".
—Fui el típico adolescente que embarazó a su novia luego de la preparatoria —Musitó, recordando el grito en el cielo que dio su padre cuando se lo confesó.
Serguei Jeager sí, se molestó ante la noticia de que su único hijo vivo había embarazado a su novia estando cursando el primer semestre de medicina, pero no iba a dejarlo en la calle, le organizó una boda rápida para tratar de minimizar las habladurías, y le apoyó para que continuara estudiando. Había sido pendejo para embarazar a la novia pero tenía buen promedio, y no iba a permitir que truncara sus estudios por un error.
Dina, su novia, prácticamente se dedicó a cuidar al bebé durante su primer año de vida, pero retomó sus estudios de medicina para poder graduarse un año después de Grisha. Inicialmente pensó en enviar a Zeke a una guardería, pero Graciela no lo permitió, se ofreció a cuidar de su nieto y a traerlo consigo por si salía, un niño no le resultaba problema para sus actividades, y no quería que lo cuidara otra gente cuando ella misma podría hacerlo.
Y mientras ambos estudiaban la universidad fue más fácil tener cercanía con Zeke, el problema es que él apenas y recordaría esta época, sus siguientes recuerdos serían de cuando ambos ya ejercían la medicina, de cuando ya no pasaban casi tiempo con él, y el niño creció sintiéndose poco querido por sus padres, y por eso sentiría mucho apego a su abuela, quien trató de hacer lo posible porque el niño creciera sin rencores, sobre todo hacia su madre, aunque ella misma no entendiera las acciones de Dina. No podía entenderlo porque ella había dejado su labor de enfermera para dedicarse a su hijo, mientras su nuera trabajaba en algo que reclamaba muchísimo más tiempo de su vida. Reflexionó que Dina quizás no había planeado ser una madre tan joven, aun así no lo entendía. Dejó de darle vueltas, no le importaba cuestionar o juzgar las acciones de su nuera, sino que su nieto estuviera bien, y qué mejor si ella misma se dedicaba a cuidarlo y se aseguraba de ello.
Pero Graciela no era un ser omnipotente que pudiera controlarlo todo, si bien si pudo evitar que Zeke creciera sin rencores hacia Dina, no pudo hacer lo mismo para con Grisha. El problema era que Serguei soltaba comentarios un tanto machistas delante del niño, comentarios como: Grisha no debería permitir que Dina trabaje. No la controla y por eso hace lo que quiere. Ella debería dedicarse a cuidar a su hijo, blablablá, blablablá.
Y el niño comenzó a sentir rencor a Grisha, porque en su mente inocente pensaba que su padre le apartaba de su madre al no «forzarla a dejar el trabajo».
Serguei soltaba esos comentarios, esa opinión propia de haber crecido en una época muy distinta. No es que quisiera que Zeke se llenara de rencor, ni siquiera creía que le escuchaba al creerlo entretenido con su simio y sus soldaditos de juguete, no creía que si era tan pequeño como para estar disfrutando esos juegos pudiera ponerle atención a sus palabras.
Desde su más tierna infancia, Zeke odiaría el hospital que dirigía su abuelo, lo veía como el lugar que le apartaba de sus padres que eternamente se entregaban al trabajo, la razón por la que ellos no estuvieron presentes ni en cumpleaños ni en festivales de la escuela. Al final le tendría más repelús por haber sido la última morada de su progenitora, luego de una larga agonía.
Cuando se le detectó el cáncer, Dina no estaba acostumbrada a pasar el tiempo en su casa, le parecía una tortura no poder trabajar, había crecido en la cuna de la nobleza de los Fritz, familia de la que solo le quedaban parientes lejanos y había decidido alejarse ante las miradas desdeñosas que siempre le hacían por haberse embarazado antes de casarse, y por haberse involucrado con alguien que no tenía "sangre azul", pero habiendo crecido en una familia adinerada, nunca había tenido que hacer labores domésticas porque para eso tuvieron servidumbre, aunque sonaba tentador hacer el quehacer para no estar solo sentada. Se extrañó cuando Zeke le preguntó si podría ir a una obra de teatro en la que participaría en la escuela, su hijo tenía años sin informarle de esas cosas, y ella jamás había asistido, pero aceptó. Lo vio como el pretexto perfecto para salir del encierro del hogar.
Quedó maravillada de ver a su hijo haciendo el papel de "el simio traidor", Zeke tenía carisma, seguro se volvería un muchacho muy apuesto, ¡y ella se lo había estado perdiendo…! Pero ya no más, decidió buscar estar cerca de su hijo, lo llevaba al cine, y a lugares donde no requiriera mucha actividad física porque los tratamientos la tenían débil, pero ahora que lo había recuperado un poquito, había entendido que lo necesitaba.
Si hubiera tenido la oportunidad de cambiar algo de su vida, no habría sido el cáncer, sino que regresaría el tiempo para entregarse totalmente al papel de madre. No porque creyera que él le había necesitado, claro que no, él tuvo en Graciela a una gran madre sustituta, pero no podía evitar lamentarse haberse perdido momentos que no volverían jamás.
—Mi abuela me hace sacudir los libreros —Se quejó una tarde el niño.
—Debes obedecerla —Dijo Dina— Ella es quien te ha criado y le debes respeto —No le quitaría autoridad a su suegra, Graciela hacía lo que consideraba conveniente y no tenía por qué meterse. Esa mujer tenía más potestad sobre cómo educaba al niño, y no haría ningún comentario porque no tenía idea de cómo ser una madre, ahora se daba cuenta que jamás había hecho ese papel.
Dina ya no tenía cabello, usaba gorros tipo turbantes, el maquillaje apenas y disimulaba su aspecto demacrado, los tratamientos cada vez era más difícil de soportar, se tiraba en la cama tan pronto regresaban del hospital.
Graciela se puso a preparar palomitas de maíz y demás botanas para pasar una tarde de películas con su nieto, escuchaba música de su época de juventud, de cuando recién comenzaba a ejercer la labor de enfermera, labor que había dejado al casarse, pero no pensaba en eso, se inundaba de nostalgia, de recuerdos bellos, de cuando Serguei la había llevado al baile por primera vez, y seguían yendo, cada año, a aquellos "bailes del recuerdo", en los que los viejos artistas tocaban las canciones del ayer.
Justo estaba pensando que su nieto quizás habría terminado de ordenar lo que le había pedido cuando se giró y lo vio, de pie a unos cuantos metros, moviendo las manos y la boca como si estuviera dando un concierto, haciendo la mímica de estar cantando la voz que se escuchaba, lo hacía perfecto, porque conocía de memoria la canción, porque había crecido escuchándola con ella. Graciela ardió de ternura una y mil veces, hasta que la canción terminó.
Lo vio subirse a un banquito para pausar la grabadora.
—¿Qué haces? —Inquirió Graciela.
—Ya verás —Dijo el niño, viendo la caja del casete, aparentemente leyendo, luego comenzó a adelantar la cinta— Espero atinarle a esa canción que hace suspires una y otra vez— Dijo antes de presionar el botón para reproducir la música.
Se escucharon los primeros acordes, y el niño vio que sí, que le había atinado porque su abuela se puso roja hasta las orejas. De nuevo inició el juego, de mover la boca como si de su garganta saliera la voz del cantante. Y Graciela se conmovió hasta las lágrimas, aunque quedó TERRIBLEMENTE avergonzada, porque esa canción se la había cantado Serguei al oído mientras le abrazaba por detrás, cubriendo su desnudez únicamente con una bata, luego del primer "momento íntimo" que tuvieron, cuando todavía no se casaban, cuando solo eran dos veinteañeros enamorados, y él todavía no era uno de los médicos más reconocidos de Stohess.
Naturalmente esa era una historia que no podía contarle a su nieto, menos cuando todavía era un niño.
A Graciela le brillaban los ojos de la acuosidad y de nostalgia, Zeke se movía con una galanura que no correspondía a un niño de su edad, la escena era bellísima y había solo una espectadora: Dina.
Sentía envidia de la facilidad con la que su suegra podía llegarle a su hijo, pero le alegraba que fuera así, porque Graciela sería el soporte principal de Zeke si ella no lograba sobrevivir al cáncer.
Se quedó tan embobada mirando a su hijo, que quizás fue por el peso de su mirada que le hizo voltear en su dirección cuando casi terminaba "su interpretación", Zeke le vio y bajó los brazos, se detuvo. Graciela inicialmente pensó que era porque Zeke se avergonzó de haber sido visto por su madre, pero Dina sospechó que en realidad su hijo no quiso hacerla partícipe de ese momento.
Al ir a la sala para ver la película, Graciela se había sentado en un sillón de una plaza, Dina se sentó junto a Zeke, en el sillón de dos plazas, pero el niño se levantó para sentarse en las piernas de su abuela, fue evidente que no quería estar con su progenitora, y eso derrumbó a la joven madre más que la quimioterapia que había tenido en ese día.
Graciela bajó la mirada confundida, pero cuando vio a su nieto rascándose la oreja fue claro, comenzó a masajearle los hombros mientras le hablaba con dulzura.
—Tranquilo… He hablado con tu madre, no volverá a tocar el tema que te ha molestado —Dijo mientras veía a Dina como pidiéndole que le siguiera el juego.
Zeke tardaría días en destensarse del todo, pero de momento a Dina le dolió recibir el rechazo de su hijo, nunca lo había recibido, al menos no tan directamente. Graciela le había criado sin inculcarle el rencor porque ella hubiera decidido entregarse más a su profesión que a la maternidad, desconocía qué había dicho para haberlo molestado así, y temiendo volver a hacerlo, se quedó callada el resto de la tarde, mientras apretaba los ojos por ratos para no llorar.
—¿Qué fue lo que molestó a Zeke? —Inquirió Dina cuando quedó a solas con su suegra, sintiéndose impotente de no ser capaz de poder descifrar lo que le pasaba de la misma forma que había hecho Graciela.
—Durante la quimioterapia le dijiste que tenía que acercarse a Grisha… sé que no lo hiciste con mala intención, pero Zeke no es quien tendría que buscar la cercanía con su padre, sino al revés.
—¿Qué debería hacer?
—Si quieres hacer algo al respecto, no intentes que Zeke sea quien se acerque. Habla con Grisha.
Dina hizo lo que Graciela le había sugerido, intentar razonar con Grisha para que él se acercara a Zeke, al menos de la misma forma en la que Grice estaba presente en su vida, porque presentía que si no se acercaban ahora, luego de su muerte sería más difícil. Por desgracia Grisha no escuchó.
De pronto llegó al punto de que abandonar el hospital se volvió imposible. Curiosamente fue esto último lo que más lo unió a Zeke, porque su hijo le visitaba para ver películas o para simplemente conversar, y ella le recibía gustosa y decidida a aprovechar el tiempo que le quedaba, para disfrutarlo, y para dejarle buenos recuerdos a su hijo.
Dina reflexionaba que su hijo no le había necesitado directamente, porque Graciela se había encargado de criarle, y lamentaba muchas cosas, pero dejaba esos dolores emocionales para sí, al igual que los dolores físicos que representaban las quimioterapias y radioterapias que no le hicieron efecto. No podía cambiar el pasado, solo quedaba aprovechar el presente y eso hizo.
La última tarde de la vida de Dina, Zeke había ido a visitarla como normalmente hacía, se había sentado a su lado, y activó la alarma cuando las máquinas comenzaron a emitir ruidos y su madre había cerrado los ojos súbitamente.
—Le baja la presión.
—Hay muchas arritmias.
—¡Traigan el carro de reanimación, rápido!
—Carga a trescientos.
—La perdemos.
—Vamos, Dina. No te puedes ir todavía.
—Despejen.
—Vamos, Dina... Siempre fuiste una cabrona… Lucha, carajo. Lucha.
—Grice, tiene doce minutos sin pulso…. Tienes que certificar su muerte.
El rubio suspiró profundo antes de resignarse y mirar el reloj de la habitación.
—Hora de muerte: 17:35 horas.
Era difícil certificar la muerte, sobretodo el deceso de una colega, amiga y esposa de su mejor amigo.
Grice se limpió el sudor de la frente, al tiempo que notaba la presencia de alguien que no debió estar allí.
—Zeke —Musitó al ver al niño de pie en el rincón, absolutamente pálido, fue entonces que supo que él debió ser quién activase el código rojo.
—Tío Grice —Respondió el niño en un hilo de voz.
—Ven… Llamaremos a tu abuela.
Grice no se había casado ni había tenido hijos, no era afecto a rodearse de niños, el único que le agradaba era Zeke, por lo que era como una figura de respeto y estima para el hijo de su mejor amigo.
Grisha fue informado del deceso de Dina en cuanto salió de la cirugía que atendía, pero encerrándose en su propio dolor, no se acercó a su único hijo.
—Lamentamos tu pérdida —Zeke se sentía asqueado de escuchar esa frase una y otra vez durante el funeral.
«No es verdad» Se decía el niño mientras se rascaba la oreja con brusquedad, «Todos son unos hipócritas… Incluso mi padre»
No creía que el abatimiento de Grisha fuera genuino, y le dedicaba miradas de una ira que no concordaban con un niño de su edad.
Graciela hizo que Zeke recibiera terapia psicológica, para que pudiera recuperarse del trauma de haber presenciado el deceso de su madre. Aunque de momento no se curaría del todo, mucho menos del resentimiento que le tomó a Grisha.
—Tío Grice…Quiero pedirte algo.
—¿Qué sucede, Zeke?
—¿Irías conmigo al partido de baseball que será para el mes entrante? —El niño se dio cuenta de que el adulto iba a negarse, pero se le adelantó— Por favor, tío…. Sé que no te gusta el baseball, pero no quiero ser el único chico que sea llevado al partido por su abuela —Bufó.
No es que el baseball no le gustara, más bien no le entendía, y por eso no quería ir, pero comprendió que Zeke se sentiría humillado de ser llevado por Graciela, así que aceptó llevarlo.
Por desgracia, Grice no pudo cumplir esa promesa.
Murió días después, de forma instantánea, cuando lo arrollaron en su motocicleta de camino al trabajo.
Y el niño, obtuvo otro motivo para seguir asistiendo a la terapia.
—Prometió llevarme al juego de baseball —Dijo Zeke luego del funeral.
—Yo puedo llevarte —Se ofreció Grisha.
—¡No quiero que me lleves tú! —Gruñó el niño, molesto— No entiendes nada.
—Tranquilo, Zeke. Claro entiendo el baseball.
—¡No estoy hablando del baseball! —Bramó molesto, porque su padre realmente no entendía nada… Lo que lamentaba era el gesto que su amado "tío" habría querido hacer por él, llevarlo a ver su deporte favorito pese a que no era de su agrado… Lamentaba la promesa que no podría cumplir una persona por la que tenía mucha estima, alguien que le hizo sentir realmente apreciado. Por saber que Grice no estaría nunca más. Y haberlo perdido de una forma tan inesperada como dolorosa.
—Está bien, Zeke —Dijo Grisha, anonadado, aunque levantando las manos de forma conciliadora— Solo cálmate, ¿quieres?
—¡NO ME HABLES! —Gritó, alejándose de su padre.
—¿Qué pasa con mi hijo? —Se preguntó Grisha en voz alta.
—Está dolido por la muerte del hombre que se ha portado más como un padre que tú —Dijo Graciela.
—¿De qué hablas? —Inquirió, un tanto ofendido.
—De que tu hijo te necesita —Dijo con firmeza— Jamás te has acercado a él, ni siquiera con la muerte de Dina… —Él solo suspiró profundo— Reacciona, hijo. No esperes a que sea demasiado tarde.
Pero él, de momento no sabría que quizás aún estuvo a tiempo, no lo sabría, como casi nunca nadie sabe, hasta que ya es demasiado tarde.
—He intentado acercarme a Zeke —Contaba Grisha, meses después— He intentado lograr tener la misma cercanía que Grice tenía con él, pero no lo consigo —Se quejó con uno de sus pacientes, con uno que tenía tantos años de conocerle, quien se había vuelto su confidente luego de la muerte de Grice.
—¿Por qué no te tomas unos días de descanso para relajarte? Ya luego podrás pensar con más claridad —Sugirió el hombre.
—¿y dónde crees que podría relajarme? —Inquirió, más a forma de reproche que realmente considerando su idea.
—Al mar —Respondió con simpleza, iluminando la mirada de su interlocutor.
Grisha pensó en el mar como el lugar al que debía invitar a su hijo para poder acercarse a él, estuvo a punto de idear un viaje, pero antes quiso consultarlo con Zeke.
—¿Por qué quieres llevarme a mí? —Inquirió el niño, fastidiado.
—Para que pasemos tiempo juntos —Dijo Grisha.
Zeke pareció visiblemente contrariado antes de contestarle.
—¿Y por qué crees que quiero pasar tiempo contigo? —Esa pregunta descolocó totalmente al mayor, pero intentó no desanimarse, respondiéndole lo más sereno que pudo.
—Porque somos padre e hijo, y debemos estar juntos, en las buenas y en las malas, Zeke. Siempre podrás contar conmigo, tanto como padre, como futuro colega médico.
—¿Y quién te dijo que quiero estudiar medicina? —Preguntó con hastío. Grisha se extrañó, realmente no se había planteado la posibilidad de que su hijo no quisiera seguir sus pasos— No sabes nada de mí —Afirmó— ¿Dónde estabas cuando mamá murió? ¿O en mi último cumpleaños…? Jamás te había importado acercarte, siempre te la habías pasado trabajando, mientras yo te esperaba, mientras necesité que estuvieras allí. No para que me regañaras, para eso ya tengo al abuelo, sino que yo…
»Esperaba un consejo de amigo —Esto último lo dijo evidentemente dolido. El niño frunció el ceño enseguida, molesto consigo mismo por haberse mostrado tan vulnerable ante él— Pero no, me cansé de esperar a que te dignaras a aparecerte, me cansé y además ya maduré, ya no te necesito, ya puedo decidir por mí mismo, no me interesa saber tu opinión, ni me interesa obtener tu aprobación…
»Ahora soy yo quien te quiere lejos… ¿Por qué no haces lo que Grice y mi madre, y desapareces de mi vida? —Espetó saliendo de la habitación.
—Zeke solo tiene diez años —Se quejó Grisha días después— Próximamente cumplirá once, y sin embargo me ha exigido que desaparezca de su vida.
—No quisiera echar sal a la herida, pero Grice y yo te dijimos muchas veces que esto pasaría —Respondió su paciente, el que era su confidente, y al que no le temblaba la voz para decirle sus verdades.
—Dina también me decía lo mismo semanas antes de morir… Lo peor es que no parece solo un berrinche, sino que… realmente no quiere volver a verme.
—No sé qué más decirte… —Declaró, no queriendo ahondar más en el asunto, pero Grisha lo sabía bien, sabía que quizás las cosas estaban demasiado resquebrajadas para restaurarse— Te apuesto cinco mil kyojins a que el cáncer regresó —Dijo, en un intento de cambiar de tema, y porque sospechaba cuál era su malestar.
—No voy a apostar.
—Tienes miedo de perder —Dijo burlón.
—No voy a apostar sobre la salud de un paciente como si fuera cualquier cosa —Dijo con un implícito regaño en su mirada, su interlocutor solo sonrió como quitándole importancia al asunto. Hubo varios minutos de silencio, hasta que alguien del laboratorio entró a la habitación— ¿Son los resultados de la biopsia? —Inquirió, solo para estar seguro. La persona asintió mientras le entregaba el sobre y se marchó en seguida. Grisha lo abrió y leyó el resultado, hubo silencio hasta que su paciente habló.
—Si no tuviera cáncer, ya lo hubieras confirmado —Afirmó con ironía— Cinco mil kyojins no me hacían ni más rico ni más pobre, pero no es tan satisfactorio ganar una apuesta que no te aceptaron.
—Lo siento —Dijo el médico, con sinceridad.
—¿De qué, Grisha…? Tal vez a mí me ha vuelto el cáncer por quinta vez, tal vez renuncié al amor con tal de que nadie sufriera por mí, y sacando cuentas estoy muy cerca de haber vivido trece años con la enfermedad…. Aun con todo eso, yo soy el que te tiene lástima. Pareces un muerto en vida, y eso que no estás tan demacrado como yo.
—Me sentía perdido, Keith… Me sentía perdido… En ese entonces ya había hecho mi especialidad en epidemiología y en oncología. Pero me sentía perdido, a los treinta años, viudo, y con un hijo de casi once años que no quería verme.
»Me sentía tan perdido.
»Que incluso se lo hice saber.
—¿Alguna vez te has sentido perdido? —Preguntó Grisha a su paciente.
—Sí… Lo importante es que no pierdas la esperanza.
»Perderse una vez no significa que debas perderte para siempre.
»A veces vivimos tan en automático que es necesario que nos perdamos para volver a reencontrarnos.
—Sus palabras me llenaron de esperanza.
»Pero aún faltaba un poco más para reiniciar el camino que me llevaría a reencontrarme.
—Eren —Dijo Grisha— No es conveniente retrasar la quimioterapia.
—Es mi decisión… —Dijo el paciente con firmeza— No me puedes obligar a que la inicie, además solo serán dos semanas…
—¿Pero por qué quieres retrasar tu tratamiento? —Inquirió con algo de impotencia, harto de su situación personal, preocupado por un paciente al que conocía de años, y muy irritado para ser cortés.
—Tú mejor que nadie sabe que estoy débil, esta vez el cáncer no tardó lo suficiente en regresar como para que pudiera recuperar las fuerzas, probablemente voy a morir, y yo solo quiero unos días para viajar, y ver el mar por última vez —Grisha no encontraba manera de rebatirle porque cada maldita palabra era verdad— Es un tanto irónico que yo tenga más ganas de viajar que tú que estás sano.
—No supe cómo, pero no solo ya no le rebatí su idea, sino que, al final acepté acompañarle en ese viaje… No seríamos doctor y paciente, sino un par de amigos que viajarían juntos.
—¿Por qué a Shiganshina? —Preguntó Grisha— Nos queda más cerca ir a la playa del Oeste que del Sur.
—Sí pero el sur es más hermoso, el Oeste está tan lleno de puertos que apenas y dejan algo de playa para los turistas, por eso siempre están atiborradas de gente. En el sur sí hay un puerto, pero no tiene capacidad para barcos grandes, además está lejos de la zona turística. Aparte de que en Shiganshina habrá una feria en estos días, con una fiesta a la que siempre quise ir, de esas fiestas que abarcan casi medio Distrito, de esas en las que no puedes caminar entre tanta gente, pero te da gusto perderte entre la multitud.
Viajaron ligero, con una sola maleta para los dos, una maleta que Grisha se ofrecía a llevar por amistad y por caballerosidad, Eren aún estaba un poco débil.
Para salir de las murallas al mar, se necesitaba solicitar un pase de salida que se entregaba a los miembros de la guarnición que estuvieran en la puerta exterior… Un trámite engorroso, pero que valió la pena. Eren sonrió desde que la pesadísima puerta comenzó a abrirse.
—¡El último en llegar paga la cerveza! —Gritó el mayor echándose a correr, ganando ventaja de unos cuantos segundos antes de que Grisha captara.
—¡Espera! —Corrió, no precisamente a su máxima capacidad, sino para correr a su lado— Me tomaste desprevenido.
—No seas llorón.
Trotaron unos cuatrocientos metros juntos, de pronto Eren habló.
—Oye Grisha… Espero que tengas hambre… porque te vas a comer tu DERROTA —Exclamó, antes de correr con más velocidad, dejando al médico atrás, declarándose ganador al ser el primero en pisar la arena humedecida por las suaves olas de la mañana.
Estuvieron allí en el mar, siendo revolcados por las olas, de ratos sentándose mientras veían a los pescadores, más tarde entraron por la puerta para buscar qué comer.
—¿Qué es eso? —Preguntó el médico, viendo lo que parecían unos pescados encajados en unas brochetas asándose a las brasas.
—Ay, qué vergüenza contigo, Grisha. Ni que nunca hubieras salido de Stohess. Son mojarras.
—¡Claro que no! Las mojarras no llegan a sobrepasar el tamaño de una palma.
—Eso es en la playa del Oeste, pero el mar de acá si da pescados grandes.
Comieron mojarras y demás mariscos, sin alcohol porque ambos consideraron que era muy temprano para embriagarse. Regresaron al mar después de un buen rato.
Luego de otra ronda de ser revolcados por las olas, ya se sentían cansados y un poco hartos de los leves golpes que se daban cuando eran derribados por el agua. Decidieron descansar mientras veían a un grupo de pescadores comenzando a adentrarse al mar en una lancha.
—No creo que sea conveniente seguir pescando —Dijo Grisha— El oleaje está muy brusco.
—Son pescadores. Seguro conocen el mar mejor que nosotros —Replicó Eren, pero como cosa de adrede, apenas iban prendiendo el motor cuando una ola que se avecinaba se volvió grandísima y volteó la lancha, sumergiendo a sus tripulantes— ¡MIERDA!
Sin durarlo corrieron, adentrándose en el mar, intentando voltear la lancha con todas sus fuerzas. Habría sido imposible para los dos, afortunadamente estaban cerca unos miembros de la Legión de Reconocimiento que también vieron la escena y acudieron para auxiliar.
Los seis pescadores estaban adoloridos, aturdidos y vomitando agua, el preocupante era uno: se había fracturado el brazo, aparte de que tenía dos enormes anzuelos encajados en una de sus piernas.
—¡No retire los anzuelos! —Bramó Grisha, cuando otro de los pescadores había querido jalarlos— Si penetraron una artería se desangrará… Es mejor que lo lleven al hospital.
Le explicaron que el hospital más cercano estaba en otro distrito. Grisha se quedó perplejo, había crecido en un hospital y no podía imaginar una vida así, donde no hubiera ni siquiera una clínica cerca.
Serguei Jaeger lo habría regañado por andar atendiendo fuera del hospital, «¡Podrías recibir demandas de gente que ni siquiera eran tus pacientes!», habría dicho su padre. Pero no pudo simplemente darse vuelta.
Los soldados de la legión le proporcionaron un botiquín de primeros auxilios que tenían en su poder, Grisha agregó antiséptico en las heridas continuas a los anzuelos, reacomodó los huesos del antebrazo y los entablilló, también hizo un cabestrillo con algunas vendas. Fue lo único que pudo hacer, solo improvisó para prevenir una infección, y para hacer lo menos doloroso posible el viaje al hospital más cercano, claro que tales atenciones de todos modos le dolieron al joven pescador, pero no quiso ser ruidoso y reprimió lo más que puso sus quejidos.
Quisieron pagarle y él negó, «Tal vez recibas una demanda de gente a la que ni le quisiste cobrar», casi podía escuchar a su padre diciéndole eso, pero no le importó. Vio a los pescadores retirándose en una camioneta. El buen ambiente se había apagado, Eren y Grisha decidieron regresar adentro de las murallas. Se quitaron la arena y se cambiaron de ropa en las regaderas que estaban destinadas para eso, cerca de la puerta exterior.
Grisha se ofreció a pagar la apuesta de la carrera matutina cuando pasaban por un bar, Eren no lo pensó dos veces, aceptó y entraron, yéndose a una de las mesas del fondo.
—Creo que la última vez que vine a esta playa fue durante un viaje universitario —Comentó el mayor antes de que llegara la primera ronda de cervezas.
—¿Qué se supone que estudiaste? —Preguntó el médico en tono burlón.
—No se supone, estudié… Me gradué de Arte de una universidad de la Capital.
Contó que durante ese viaje, había terminado acostándose con la chica "inocente" de la clase.
—Un par de años antes había salido una película basada en hechos reales, la del barco que zarpó de Mare pero que chocó con un iceberg hace un siglo, y la noticia fue muy sonada porque se supone que el barco supuestamente estaba diseñado para no hundirse.
—¿Hablas de "el acorazado?" —Su interlocutor asintió— Pero si de ese barco han sacado como cincuenta películas.
—Sí pero la mejor versión es una película Maryleana que salió en los años que estudiaba en la universidad… Más o menos cuando tú naciste —Explicó en tono burlón— No me digas que no la has visto —Le dijo, casi ofendido.
—No, no la he visto.
—Tienes que verla en cuanto puedas. No te arrepentirás.
»El punto es que estábamos hablando de esa película, y mi compañera imitó una escena: Me pidió que la dibujara usando un collar… Solo el collar —Agregó lo último en tono picarón.
»Al final se desnudó ante mí… Le hice de todo, menos dibujarla.
—¿Pero no te dio pena aprovecharte así de una pobre chica?
Eren le sonrió, asegurándole que de "inocente" no tenía nada, aunque notó que Grisha todavía mantenía una mirada de desaprobación.
—No me mires así, ni que tú nunca hubieras tenido aventuras de una noche.
—De hecho no. No hice esas cosas durante la universidad. Te recuerdo que me casé entre las vacaciones del primer y el segundo semestre de la carrera.
Para entonces ya ninguno llevaba la cuenta de cuantos jarrones enormes habían pedido. De pronto el médico notó, como Eren parecía contener la sonrisa.
—Oye —Inició apuntando con su mirada muy detrás de sí— Una de las meseras no te quita los ojos de encima —Grisha no podía creerlo, ¿de verdad Eren le estaba diciendo eso?— Si yo fuera tú, le invitaría a salir cuando terminara su turno, y le demostraría porque las capitalinas dicen que los hombres de Stohess somos los más peligrosos —Agregó con picardía. El médico rio, aunque con amargura.
—Ya no estoy para esas cosas.
—Eso crees. Te sientes viejo porque tu vida inició demasiado temprano. Temprano te casaste, temprano tuviste un hijo, temprano enviudaste. Pero la vida tiene que seguir, Grisha. Aun eres joven. ¡Por dios! ¡Solo tienes treinta años...!
»De haber muerto tú, ¿habrías querido que Dina se quedara sola el resto de su vida? —Grisha no tardó ni un segundo en responder.
—No, pero… —No concebía que pudiera volver a enamorarse— Aun extraño a Dina —Admitió con sinceridad, su interlocutor lo meditó un momento.
—No afectaría que pienses en Dina mientras tienes una aventura de una sola noche, solo no se te ocurra tocar a una mujer a la que le gustes si no has superado a tu esposa.
—¿Cómo crees que voy a andar buscando gustarle a una mujer?
—Bueno, podrías no buscarlo, pero puede pasar.
—Ojalá y no, porque no podría corresponderle —Declaro, convencido de ello.
—Dices eso porque solo has amado una vez. Yo también estaba como tú. Cuando perdí a mi primer amor, estaba seguro de que no volvería a amar. Luego conocí a alguien, y me volví a enamorar.
Grisha le pidió cambiar el tema, no creía poder superar a Dina, ni tampoco tenía ganas de discutir sobre eso.
En los siguientes días volvieron a ir al mar, y a la fiesta del Distrito, probando antojos y paseando por allí, subiendo incluso a los juegos mecánicos. Únicamente yendo al hotel para dormir.
Finalmente llegó el momento de tomar la maleta y partir de regreso a su Distrito natal.
El cáncer fue más agresivo esta vez, en pocos meses se había vuelto terminal. Eren verificó de nuevo los puntos de su testamento y del funeral que ya había planeado con antelación, mientras tanto Grisha era el médico de cabecera para los cuidados paliativos.
Eren no recibía visitas, sus familiares cercanos estaban muertos o simplemente no tenía relación con ellos, tampoco es que tuviera otro amigo aparte del médico que le atendía, incluso había terminado con su novia la primera vez que enfermó de cáncer, todo por no "hacerla sufrir", se había hecho otras dos que había dejado en la segunda y tercera ocasión en la que había enfermado de cáncer, y para los siguientes años se cerró totalmente al amor, convencido de que tarde o temprano sería derrotado por la enfermedad, y no quiso dejar a nadie llorando por él.
Y allí estaba, a principios de noviembre, con un caballete que se había mandado a hacer especialmente para poder apoyar su libreta mientras permanecía en la cama que estaba inclinada a su gusto. Su otra compañía era Grisha. El médico se recostaba en el sofá que estaría destinado a los visitantes, si tuviera… aunque Grisha era un visitante que pasaba el mayor tiempo posible en esa habitación, incluso en sus días de descanso.
—Ya dejé todo arreglado —Decía Eren— La funeraria te entregará mis cenizas, únicamente tú estarás autorizado para recogerlas, no vaya a ser que aparezca uno de los familiares que tengo años sin ver… Quiero que visites algunos lugares con mis cenizas, al final las esparcirás en el mar de Shiganshina, te he dejado suficiente dinero para que no tengas que desembolsar.
—Eso no era necesario, Eren... Yo podría —Fue interrumpido.
—No me alegues porque no voy a modificar el testamento.
Hubo unos segundos de silencio mientras el médico reflexionó que ya no tenía caso argumentar nada.
—Gracias, Eren.
—¿Por qué me lo agradeces?
—Por tu amistad, y por confiar en que cumpliré tu voluntad.
—Sí, bueno. No creo que te moleste llevar unas cenizas en tu maleta. Además, te hace falta calle. Viajar, relajarte, ver caras nuevas y quizás conocer a alguien con quien rehacer tu vida.
—¡Sigues con eso! —No levantó la voz, pero sí habló con evidente molestia— ¡El que seas mi amigo no te da ningún derecho a meterte así en mis asuntos! —Se fue sin darle oportunidad a réplica.
Ese día Grisha no volvió a aparecer en habitación.
Al día siguiente envió a un médico de menor rango, y cuando su presencia fue indispensable, habló únicamente lo necesario, como si solo fueran médico-paciente, como recordándole que eso eran y debieron ser desde el principio.
Tampoco apareció en sus días de descanso, ni al quinto día de la discusión… Desayunando al sexto día, Eren comenzó a pensar que Grisha no volvería a aparecerse, pero cuando despertó de la siesta a mediodía, se encontró con que el médico dormía en el sillón.
Feliz con ello, decidió no molestarle. Grisha se veía demasiado ojeroso, como si no hubiera estado durmiendo bien.
Justo a su lado tenía un mueble con cosas encima, tomó su reproductor portátil de CD's para escuchar uno de los discos nuevos que tenía, uno que en un momento de distracción había creído música clásica. Resultó que cuando ojeó el listado el día anterior, la enfermera le había explicado que eran sountracks de series animadas dedicadas al público adolescente. Pensó en obsequiarlo, pero decidió ver si no tenía algo bueno, y lo tuvo.
Una de las canciones sonaba precioso, la mitad de la sonata era instrumental, algo tan bello que le erizó la piel, y eso que no se consideraba gran amante de la música, más bien admirador de las artes plásticas, pero se sintió extasiado, sobre todo cuando los canturreos de las sopranos comenzaron a escucharse, en perfecta armonía con los instrumentos.
No sabía si era el hecho de estar en el ocaso de su vida que le hacía gran admirador de las cosas a las que antes no les daba tanta importancia, o si la canción era tan magistral que se metía en la piel incluso de aquellos que no gustaran de la música, el punto es que se conmocionó hasta llegar a derramar gruesas lágrimas.
—¿Estás bien? —Escuchó, ni bien había terminado la canción.
Se quitó los audífonos mientras abría los ojos y giraba la vista al sillón. Grisha le miraba con genuina preocupación.
Al médico se le había pasado el enojo desde el día anterior, no pudo ir porque tuvo una larga cirugía de emergencia, acudió a la habitación en cuando se desocupó, pero al encontrarlo dormido decidió aprovechar para dormir él también.
—Estoy bien… Es solo que hacen buena música para las series animadas de los chavales —Musitó secándose las mejillas.
Grisha asintió, aunque se plantó un silencio incómodo en el lugar. El médico estaba pensando en cómo dejarle claro que ya no estaba molesto, pero nunca se había considerado bueno en las palabras.
—Hace un año una mocosa me enseñó a usar esta cosa —Dijo Eren, señalando su reproductor— Lo acababa de comprar antes de hacer un viaje al Distrito Karanesse.
»Tenía unos asuntos que arreglar, pero antes de que pudiera hacer algo, me puse mal y terminé internando en un hospital público… Compartí habitación con una mujer y su hija de diez años. La chiquilla se me quedaba mirando y no dejaba de preguntarme que qué era eso. Su madre estaba encamada, muy débil, pero aun así le llamaba de regreso y le pedía no molestarme. Pero supongo que su curiosidad era demasiado grande como para ignorarla.
»Yo nunca he sido paciente con los niños, así que con tal de quitármela de encima, le presté el reproductor junto al instructivo. Le dije que si me decía cómo usarlo le daría un regalo… A los diez minutos se me acercó. Resulta que nunca había visto los CD's, ni ningún tipo de reproductor portátil, sin embargo le bastaron diez minutos para aprender a usarlos.
»Tuve que cumplir mi palabra, le di mi reproductor portátil de casetes, con unas cintas incluidas para que se quedara entretenida. Se puso tan feliz con eso, que creo que no se habría alegrado más si le hubiera dado dinero.
Grisha le escuchó con atención, aunque de momento no entendió a qué quería llegar con esa anécdota. Luego Eren contó otra y fue cuando entendió: Su amigo quería empezar de cero, como si no hubieran estado distanciados, como si la escena de varios días atrás hubiera quedado en el olvido, y no discutió, creyó que era mejor así.
En la televisión anunciaban el fallecimiento de una cantante de "Mar del Este", un país un tanto aliado con Erdia, mostraban fotografías variadas de la cantante, dando sus conciertos en teatros o simplemente posando junto a bellísimas edificaciones.
—Mar del Este parece un país precioso —Comentó Grisha.
—Lo es —Aseguró Eren— Tiene las mejores rameras del mundo —El médico no pudo evitar reír ante su comentario, le daba risa la desfachatez que su paciente demostraba la mayor parte del tiempo— Hace muchos años tuve un viaje de placer para aquel país… Siempre quise volver a ir, pero no pude.
—¿Por qué no?
—El cáncer no me dejó… Pensé que podría hacerlo después, pero nunca me sentí lo suficiente recuperado para ir, y ya no tenía fuerzas desde antes de que entrara en fase terminal… —Explicó con naturalidad, sin atisbo de tristeza ni reproche en la voz, aun así Grisha no pudo evitar sentirse mal por él.
«Ganas de vivir no le faltaron, solo salud» Pensó el médico.
—Es por eso que he decidido que cuando muera, tú llevarás mis cenizas de paseo para aquel país.
—¡¿Eh…?! —Fue tomado totalmente por sorpresa.
—Lo que oíste. Te irás de viaje con todos los gastos pagados con mis cenizas —Y el médico se quedó anonadado. Cuando Eren le había dicho que quería que visitara algunos lugares con sus cenizas, había pensado que era una broma, un chiste. O que en todo caso le pediría visitar lugares locales, no que precisamente le enviaría al extranjero.
—¿Y a qué se supone que iré a Mar del este? —Preguntó sorprendido, aun sin podérsela creer.
—¿Y a qué crees? —Bromeó como si fuera obvio lo que tenía en mente— ¡Quiero que vivas, Grisha…! Que revivas y reinicies, que conozcas otros lugares mientras te reencuentras a ti mismo.
»Este viaje no lo realizarás por mí, sino por ti, Grisha… Yo no creo en fantasmas ni en nada parecido, pero solo por si acaso, quisiera estar presente cuando comiences a disfrutar tu vida de nuevo.
»Quiero que vayas a Mar del Este, consigas una prostituta, y me dejes ser el voyeur del momento.
Grisha dedujo a lo que Eren se estaba refiriendo, creyó que era una broma, no quiso indagar, solo aclararle.
—Los "voyeristas" son los que se excitaban mirando a personas en medio del acto sexual de manera subrepticia, es decir, que quienes son observados no lo saben porque el espectador permanece escondido. Pero si dices que haré el viaje con tus cenizas, yo sabría que estás allí, y por lo tanto ya no serías un voyerista.
—No sabrás si soy capaz de verte por la urna —Dijo en tono juguetón.
Grisha solo negó con la cabeza mientras contenía la risa.
Días después Eren dormitaba en su cama, bastante cómodo, pero de pronto una sensación extraña le hizo sobresaltarse.
Lo sabía.
El final se avecinaba.
A punto de presionar el botón para llamar a la enfermera, y pedirle que trajera al hijo de Serguei, la puerta se abrió.
El médico entró sonriéndole.
—Mixoscopía—Dijo Grisha.
—¿Qué? —Inquirió el paciente, olvidando momentáneamente de lo que quería hablar con Grisha.
—La mixoscopía es el nombre de la excitación producida al observar a otras personas teniendo relaciones sexuales. Se diferencia del voyerismo, en que los participantes saben que tienen un espectador… No imaginas lo tardado que fue encontrarlo en mis apuntes de psiquiatría.
—Voyerismo, mixoco-quien-sabe-qué. Da igual, yo quiero que te cojas a una ramera de Mar del Este y que me dejes mirar.
Grisha sonrió mientras negaba con la cabeza.
—Eres muy bromista, tan bromista que a veces hasta parece que hablas en serio.
—Pero si he estado hablando en serio —Dijo Eren, aunque su interlocutor no quedó convencido de sus palabras porque le vio sonreír mientras las dijo— Hasta hice algunos apuntes —Dijo estirando su mano, para alcanzar una libreta que estaba en un mueble junto a su cama. Grisha se puso de pie para tomarla por él, para que no se cansara, la tomó y la empezó a ojear.
Era una libreta sin rayas, de hojas totalmente blancas, especial para el dibujo.
En las primeras hojas encontró algunos dibujos.
Más adelante encontró una hoja fechada con el día de la quinta confirmación de cáncer. Debajo de la fecha decía: Cosas que quisiera hacer antes de partir.
El corazón de Grisha se encogió mirando el listado, donde la mayoría de cosas estaban palomeadas:
1. Ir a Shiganshina.
2. Nadar en el mar.
3. Comer mariscos.
4. Emborracharme.
5. Emborrachar a Grisha.
6. Tener un revolcón.
7. Convencer a Grisha de que tenga un revolcón (Estaba sin palomear)
8. Asistir a la feria del Distrito.
9. Montar a caballo (Aquí había una leyenda con una pluma de otro color que decía «más o menos», Grisha recordó que en Shiganshina solo se subió al caballo para tomarse una foto)
La parte donde decía «Tener un revolcón», si bien estaba palomeado, notó que el tono del bolígrafo era distinto, incluso el grosor, por lo que daba el indicio de que eso no había sido palomeado al mismo tiempo que las demás cosas, como si lo hubiera hecho posteriormente, con un bolígrafo distinto.
—¿Cuándo tuviste el revolcón? —Se atrevió a preguntar Grisha. Eren sonrió antes de responder.
—Cuando regresamos de Shiganshina… Antes de internarme me encontré con la que te conté que le hice todo menos dibujarla… pues bien… volví a hacerle de todo, pero ahora sí la dibujé— El médico se rio— Pero sigue ojeando que ese no es el único listado.
Grisha obedeció, encontrándose de hecho con la evidencia de que sí se había reencontrado con su antigua amante: El dibujo de una mujer desnuda, recostada en un sillón, portando únicamente un collar.
No hizo ningún comentario, siguió avanzando encontrándose con unos bosquejos de dibujos a lápiz, que si bien no estaban pulidos, pudo reconocerse a sí mismo recostado en distintas poses en el sillón, como si Eren le hubiera dibujado mientras dormía.
De pronto encontró lo que supuso quería mostrarle. Algo titulado «Segundo listado», que contemplaba las cosas que haría, y los lugares que visitaría, si tuviera oportunidad de ir a tres países vecinos: Mar del Este, Mare, y Unión del Este medio.
Era doloroso.
Ver la lista de cosas que un hombre no podría cumplir, era doloroso.
—Eren —Su voz se tambaleó— ¿Por qué me muestras estas cosas?
Sonrió levemente antes de volver a hablar.
—Aun no has terminado —Le informó.
El medico había pensado que Eren usaba su caballete únicamente para dibujar, pero en ese momento entendió que lo había estado usando para escribir los listados.
Y Grisha entero tembló antes de decidirse a avanzar.
Había un tercer listado: «Las cosas que quiero que Grisha haga con mis cenizas»
En una de las hojas se enteró que lo de la ramera de Mar de Este no había sido una broma recurrente, sino una petición real que le dejaba en esa libreta, con instrucciones específicas de cómo quería que fuera colocada la urna de sus cenizas, explicándoselo incluso con dibujitos hechos por él mismo.
Había peticiones con mayor y menor grado de excentricidad que la anterior, pero Grisha estaba demasiado anonadado para comprender del todo lo que estaba leyendo. Su mente se había quedado en blanco.
Volteó a verlo mientras abría la boca, pero fue incapaz de emitir algún sonido.
—Mi testamento está en ese cajón —Le señaló el sitio— También encontrarás los papeles de la funeraria; y los datos del agente de viajes que contraté. Podrás realizarlo a más tardar un año después de mi muerte.
Grisha había sido su médico por seis años. Había tenido que lidiar con la negación de Eren cuando enfermó de cáncer por tercera vez, con la posterior ira, y finalmente con su depresión. Lo mismo había sido cuando enfermó de cáncer por cuarta vez. Y en este quinto diagnóstico, desde el principio él se había mostrado resignado, como aceptando que ya era el final. Pero aun entonces no se había expresado como ahora hacía. Era como si…
Como sí él…
—¿Por qué parece que te estás despidiendo? —Inquirió Grisha.
—Porque eso estoy haciendo.
»No tengo forma de pagar todo lo que has hecho por mí.
»Así que, solo me queda pedirte que reflexiones de tu vida, para aprender de tus errores, no para que vivas reprochándotelos.
»Y por favor, quiero que luches por tu felicidad, quiero que vivas, y que tengas una familia.
El médico le miró contrariado antes de poder hablar.
—¿De qué hablas…? Ya tuve una familia y sabes bien que lo eché a perder —Le respondió un tanto molesto.
—Pero estoy seguro de que esta vez harás las cosas bien —El médico resopló, enojado con las cosas que su paciente le proponía, molesto porque no creía merecer otra oportunidad, y dolido con el hecho de que su amigo se estuviera despidiendo— Grisha… La vida es como un papel… Tú decides qué instrumentos usas para dibujar. Y si en algún momento no te gusta lo que hiciste, no siempre puedes borrar, pero sí puedes redibujar tu vida, agregar más colores para que el negro no sea lo único que resalte… Puedes y debes hacerlo, mientras todavía tengas aliento.
Los ojos del médico derramaron gruesas lágrimas sin que pudiera evitarlo. Su mente no daba para más, y aunque hubiera pensado algo que decir, no habría tenido voz para hacerlo. El nudo en su garganta era tan grande que dolía.
—Reinicia, Grisha. Sigue con tu vida. No eres una mala persona. Eres una buena persona que ha cometido errores.
»No mereces estar solo.
»No elijas estar solo.
—Lo siguiente que supe era que Eren cerraba sus ojos.
»Los cerró como quien va a dormitar un rato. Solo que nunca más volvió a abrirlos.
Tuvo que pedir unos días para sobreponerse de la pérdida de Eren.
Sabía que había muchos cuchicheos a su alrededor. Que con eso de ser el hijo del dueño del hospital podía darse el lujo de pedir tantos permisos. Permisos que nunca había pedido. Así que ignoraría las habladurías.
Cuando la gente muere, los allegados tienen que hacer una serie de trámites para los que normalmente no se tiene cabeza, pero son necesarios. Grisha siempre había sospechado que Eren debía ser alguien adinerado como para no preocuparse de lo grande que debía ponerse la cuenta del hospital. Pero fue hasta esos días que se enteró que era descendiente de una familia noble: Los Kruger. Y al no tener hijos, decidió que el médico heredara más dinero del que podía gastar en toda su vida.
«Como si el dinero pudiera comprar la felicidad» Pensó con amargura.
—Eren había sido mi guía. Y sin él se sentía perdido. Incapaz de reencontrarme. Sin deseos de hacerlo.
—¿Y qué fue lo que te hizo cambiar de opinión?
Grisha sonrió con nostalgia.
—El destino.
De compras por el súper mercado, sin querer tiró algunas cosas de un estante. Al agacharse a ordenar el desastre, vio que había tirado varias películas. Una de ellas era más grande, como si contuviera dos VHS, y al colocarla en el aparador, leyó «El acorazado». La quitó del estante para verla, y se dio cuenta de que era una edición especial de la versión que tanto le recomendó Eren. Decidió comprarla.
—Disculpe —Le preguntó a la cajera— ¿De casualidad sabe por qué son dos VHS?
—La película dura tres horas.
Grisha asintió, dando gracias y comprendiendo que una cinta debía contener la primera parte, y la otra la segunda parte.
—He visto esa película, Grisha. Justo esa versión…. Aun así no entiendo por qué lo estás mencionando con tanto énfasis… ¿A qué quieres llegar?
Ver esa versión, se sintió como si nunca hubiera visto ninguna otra película de "El acorazado", porque las otras habían sido aburridas y planas, mostrando que cuando se hundía el barco las mujeres ricas eran la prioridad en los botes, mientras los demás morían, pero esta había mostrado al principio el enfoque en dos tripulantes del barco, dos personas que venían de mundos distintos: Una jovencita y su madre, y su círculo social de personas finas y adineradas; y por el otro lado estaban un muchacho y su amigo, ambos sin educación, ni "clase".
Y Grisha comenzaba a preguntarse como por qué estaban mostrando las historias de dos personas tan distintas, y la respuesta fue que sus vidas en algún punto se cruzaron, pero antes se nos mostró su mundo: Ella venía de una familia que anteriormente tuvo dinero, ahora su padre estaba muerto y les había dejado prácticamente en la bancarrota. Pero su madre vivía aparentando, y le había hecho comprometerse con un hombre mayor y adinerado; mientras tanto el muchacho no tenía trabajo fijo, solo el oficio de dibujar a las personas por diez centavos. Y él y su amigo viajaban, así tuvieran que ir con los bolsillos vacíos.
La magia del amor (o del cine) hizo que cuando ambos se cruzaran parecieran el uno para el otro, aun con sus diferencias, aun con el hecho de que se tratarían por pocos días. Pero parecen conocerse lo suficiente para que los espectadores deseen que la joven tome el riesgo, que deje a su madre y a su prometido, y se fugue con el muchacho pobre y su amigo, que se fugue y comience a vivir, dejando atrás los modales y la buena "educación" que recibió; que se fugue con el muchacho, y cumplan todas esas cosas que él le decía que harían, y que ella nunca había hecho al ser una señorita "de clase".
Le hizo recordar sus tiempos de juventud, que su padre había sido tan estricto que no le soltaba el carro para las salidas, que jamás supo lo que era ser el chico popular que llegaba al colegio en el carro, ni mucho menos salir con él. Pero eso a Dina no le importaba, salía con él y con Grise, queriendo alejarse de su círculo social donde se juzgaba a la gente por el dinero y la forma de vestirse y comportarse.
Casi al final de la película Grisha lloraba, todo se había ido al carajo. Habían sobrevivido al hundimiento del barco, habían encontrado una puerta donde la joven se quedó flotando sola, y en el frío del momento había pensado que moriría allí, el muchacho le había regañado, y le había hecho prometerle que no se iba a morir allí, sino que permanecería con vida hasta que fueran a rescatarlos, que sobrevivía, y sobre todo que viviría, viviría de verdad. Luego de eso uno de los botes regresa para buscar sobrevivientes, pero la joven le llama una y otra vez, diciéndole que había regresado uno de los botes para buscar sobrevivientes, pero él no reacciona, y se deduce que murió de hipotermia.
La joven llora, y mira al bote alejándose. El médico supuso que la muchacha iba a dejarse morir. Pero recuerda la promesa y se despide de su amado, luego se arroja a la heladísima agua, para nadar y tomar el silbato de uno de los cadáveres. Los rescatistas le escuchan y giran la vista, apuntándole con una lámpara.
Al final se sabe que la joven, quien ya es anciana, está contándole esa historia a una de sus nietas, queriendo demostrarle que cuando se pierde el primer amor, uno puede volver a enamorarse, y que siempre se puede volver a empezar.
Escuchando esto último, Grisha recordó el mensaje que Eren le dio en su lecho de muerte: Reinicia.
Y vio a la película como un mensaje póstumo, sobretodo porque en la última escena, se ve a la anciana dormir con una expresión de paz, luego la cámara se gira y enfoca los portarretratos que están en el buró, se ven fotos de la joven montando a caballo como un verdadero jinete: con una pierna de cada lado; con sus ropas de piloto de avión, y demás cosas que su primer amor le había prometido que harían juntos.
Y lo tiene claro.
Clarísimo.
Tiene que hacer las cosas que Eren le pidió: Reiniciar, tomar el viaje. El viaje que haría por él, no precisamente por Eren, no precisamente para pasear la urna de cenizas que estaba junto a su cama porque Eren no había querido que las esparciera hasta después de hacer el viaje; tiene que hacerlo, no por la voluntad de un muerto, sino por él mismo.
Y todo es frenético: La llamada al agente de viajes, el ver el recorrido que Eren pensó para él, avisar a su padre que se tomaría algún tiempo, alistar maletas y demás trámites para poder salir del país. Y de pronto emprendió el viaje.
Mar del Este.
Grisha suspiró por décima vez en el día mientras ojeaba la libreta que Eren Kruger le había dejado. Las cosas que tenía que hacer.
Y no es que creyera en los fantasmas, ni en la vida después de la muerte, pero quería cumplirlo por si acaso, para no sentir que no cumplió algo que un amigo le pidió, aunque no estuviera seguro de que Eren podría verlo se sentía obligado moralmente.
Puso la silla dentro del closet como los dibujos indicaban, luego colocó la urna de las cenizas encima, y entrecerró las puertas, dejando una rendija por la que se habría podido mirar desde adentro.
La idea era que Eren sería un espectador.
—Voyerismo, mixoco-quien-sabe-qué. Da igual, yo quiero que te cojas a una ramera de Mar del Este y que me dejes mirar.
Y eso hizo.
No con la lujuria que Eren habría esperado, mucho menos con salvajismo, porque su necesidad no radicaba en sexo, su necesidad radicaba en recuerdos, caricias, pero sobre todo amor.
Extrañaba a Dina.
Le extrañaba más de lo que cualquiera creería.
Regresó del viaje, y si bien ya no estaba tan perdido como cuando se fue, aun no se había encontrado del todo.
Eren le había dejado tanto dinero que no sabía ni qué hacer con él, ¿en qué estaría pensando?
«Hazle lo que quieras» Eso le había dicho en una carta que había dejado junto a su testamento.
De pronto se le ocurrió algo. Decidió compartirlo con un colega de su padre.
—¿Un hospital…? Muchacho, Stohess no es lo suficientemente grande como para poner otro hospital.
—De hecho planeaba ponerlo en un Distrito del Muro María —El otro le miró sorprendido.
—Muro María tiene Distritos humildes, no será redituable poner un hospital privado allí.
—Eso lo sé, el 80% de las personas no podrían pagarlo, así que estoy pensando en un hospital público.
—Necesitarás mucha inversión inicial, y quizás tardes años antes de que te genere algo de ganancia.
—No me interesa el dinero, además tengo suficiente —Le dijo extendiéndole un estado de cuenta bancario.
El otro médico silbó al ver la enorme cantidad.
—Ya veo… Saliste igual de altruista que tu madre.
Era de tarde, estaba corrigiendo los detalles que le había dicho el amigo de su padre. Pronto tendría que exponer el proyecto del hospital público.
Ya tenía varias horas en eso. Decidió que ya era justo tomarse un descanso, y sus ojos sin querer se posaron en la urna de cenizas.
Suspiró.
—Espera un poco. Pronto iremos a Shiganshina —Murmuró como disculpándose con su fallecido amigo— Solo necesito dejar un par de cosas arregladas.
Llegó el momento de partir.
—Me iré a poner un hospital… No estoy seguro de volver.
Serguei solo le deseó suerte. Fue hasta ese entonces que se dio cuenta de que no tenía buena relación con su padre, tampoco era mala, simplemente inexistente... Sin pena ni gloria le había dicho "adiós", como si fuera cualquier empleado que se despedía, sin molestarse en preguntar más allá de la superficial explicación que Grisha le había dado, ni siquiera le había reclamado por el hecho de que habría esperado que justo él quedase al mando del hospital cuando quisiera retirarse.
«Quizás piense que podrá dejárselo a Zeke» Pensó… Aunque hasta donde tenía entendido, Zeke no estaba interesado en estudiar medicina, pero no iba a ser él quien sacara del error a Serguei.
Despedirse de su madre fue otra cosa.
—¡No puedes irte así! ¡Tienes un hijo que criar!
—Pero si tú misma siempre ha dicho que nadie cuidará a Zeke mejor que tú… Te has hecho perfectamente cargo de él todo este tiempo. Y nunca me has necesitado.
—¿Y eso te da derecho a vivir la vida de soltero? ¿A decidir largarte así como así…? Primero te marchas dos semanas, luego mes y medio, ¿y ahora me dices que no estás seguro de volver?
—Tú misma lo has visto, Zeke no quiere verme.
—Pero claro. Te es más cómodo decir que él no quiere verte, en lugar de buscar su perdón.
—No puedo contigo —Dijo comenzando a marcharse.
—Ni creas que me vas a dejar hablando sola, Grisha… ¡GRISHA!
Pero no es como si fuera un muchacho al que pudiera jalarlo de la oreja. Finalmente ya era un hombre. Y si había decidido algo, no iba a retractarse.
—Tú y yo nos conocimos apenas unos días luego de eso… Dejé ciertas cosas a nombre de Zeke. Supongo que mi madre es quien lo administra. No lo sé…
»Vine acá con días de ventaja, otros días de vacaciones antes de verme con ciertos doctores, para presentarles el proyecto, para ir conociendo el lugar donde se construiría el hospital.
»El primer día aquí conocí a Carla, al día siguiente ella me acompañó a esparcir las cenizas de Eren… Conoces el resto. Comenzamos a tratarnos y nos casamos al año siguiente.
—Y tuvieron un hijo al cual le pusiste el mismo nombre de tu paciente y amigo... Debiste quererle mucho para hacer algo así —Comentó, su interlocutor asintió— ¿No has pensado que Carla debió ser la mesera que te miraba cuando visitaste el bar aquella primera vez? —Grisha comenzó a meditarlo.
—No lo había pensado, pero tiene sentido… Fue capaz de reconocerme seis meses después.
Eso era lo que Keith había deducido desde que le contó esa parte de la historia, solo que apenas se atrevía a comentarlo.
—¿Has pensado en decirle a tu madre que formaste una familia acá?
—Sí lo he pensado. Pero ella querría venir, conocer a su otro nieto, y no lo veo conveniente… Carla sabe que estuve casado, sabe que enviudé, pero nunca le dije que tuve un hijo antes que Eren… Sé que ella no lo tomaría nada bien, por eso decidí cortar todo el contacto con el pasado.
—¿Acaso Carla nunca te ha preguntado por tus padres?
—Sí… Le dije que no tenía buena relación con ellos… Después de todo al menos no le mentí en eso, a mi padre le di igual, y mi madre debe odiarme porque me fui.
Dos años después de que su hijo se fuera, Graciela le pidió al oficial Sanes averiguar dónde estaba. Tan pronto abrió la carpeta con la investigación, se enteró que su hijo se había vuelto a casar. Decidió fingir demencia. Zeke ya le tenía el suficiente rencor como para agregarle otro motivo. Puso por encima la estabilidad y tranquilidad de su nieto por sobre sus ganas de volver a ver a su hijo.
Quemó todos los documentos que contenían el paradero de Grisha, ignorando que allí venía un dato que le habría hecho retractarse: La nueva esposa de su hijo estaba embarazada en ese entonces.
El presente…
—Cuando cargas a tu hijo por primera vez, te juras que serás el mejor padre. Haces lo que te dicta el corazón, pero a veces, te equivocas, y terminas dándote cuenta mucho tiempo después —Dijo Grisha. Y su interlocutor sabía que esas palabras estaban cargadas de sinceridad, porque las escuchó mientras miraba la foto del médico cargando a Zeke recién nacido. Y se notaba, por los ojos vidriosos, y la torpeza de su agarre, que aunque joven e inmaduro, era un padre enamorado de su hijo.
»Yo no quise que él me odiara, Keith. No lo quise… Mi padre fue muy estricto. De esos padres que se la viven en el trabajo, y solo los ves cuando vienen a regañarte, o a decir qué cosa podías hacer y qué cosa no. También fue un padre ausente. No le odio por eso, tampoco es que al final tuviésemos una relación más allá de empleado y colega médico, pero por lo menos no le tengo el rencor que Zeke me tenía a mí… Sé que falle, sé que debí estar allí cuando Dina murió, pero me encerré tanto en mi propio dolor que no vi cuánto estaba lastimando a mi hijo hasta que ya era demasiado tarde.
»Tiene sus motivos para odiarme, después de todo ya era demasiado tarde cuando intenté acercarme a él. Era un chico inteligente que sabía lo que quería. Mira que con solo diez años me dijo que no quería estudiar medicina. Fue hasta entonces que me di cuenta que jamás me había preguntado si realmente quería eso para mí. Si realmente lo habría elegido de haber tenido oportunidad. Pero no. Desde siempre se me dijo que eso estudiaría, y así lo asumí… Por eso te admiro, Keith.
—¿Qué? —De nueva cuenta, le escuchó tono de convicción en sus palabras, aunque no entendía por qué le admiraba.
¿Exactamente qué "admiraba" Grisha de él, un prestigioso Médico de un Químico mediocre?
—Te admiro porque cuando me hablaste de tu vida, me dijiste que tu padre no estaba de acuerdo en que estudiaras química, y aunque durante un tiempo te dio la espalda, luchaste por ello, y te graduaste de lo que querías.
—¿Qué más da? Jamás logré crecer en ello. Incluso terminé poniendo una fábrica, justo como mi padre quería.
—Al menos siempre supiste lo que querías, y luchaste por ello, en lugar de quedarte pensando en "el quizás", ni en el "si hubiera estudiado química".
»Tal vez no te resultó, pero al menos lo intentaste.
Keith se le quedó viendo, como dudando si preguntar o no. Al final se decidió.
—Dime algo… ¿Por qué no querías que Carla supiera lo de Zeke?
—Porque me avergüenzo de mis propios errores, y porque Carla no sería capaz de perdonar mi pasado... ¿Crees que ella hubiera tenido un hijo conmigo si supiera que fui un mal padre?
Keith ni siquiera tuvo responder para que el médico supiera lo que pensaba.
Un momento de silencio llegó, donde ambos miraban sin ojear la agenda, el álbum de fotografías y la libreta.
De pronto Grisha levantó su mirada, viendo fijamente hacia los ojos de Keith, como reflexionando, como si pudiera leer la mente de su interlocutor.
—Has venido a decirle a Carla lo de Zeke —No, no fue pregunta, fue afirmación. Grisha lo dedujo. Keith simplemente se limitó a mirarle por un segundo, como si no pudiera creer que le hubiera descubierto, pero al final asintió. Esperaba que él le rogara, que le suplicara que no hablara, pero para su sorpresa el médico se puso de pie como si nada pasara, invitándole a levantarse— Gracias por decirme. Voy a despedirme de Eren —Dijo antes de girar y comenzar a subir la escalera para salir del sótano.
Continuará…
¡Perdón! ¡Perdón! ¡Perdón!
Lamento haberle cortado allí, pero el capítulo ya está grandísimo como para agregar algo más además de las notas.
De nueva cuenta no quería dejarlos a medias (sé que como lector se sufre mucho), pero tuve que cortar porque el capítulo ya está grandísimo. En el siguiente capítulo se cierra esta parte y haré lo que Isayama: un time skip (salto de tiempo).
En fin… Les dejo las notas por si quieren leerlas (léanlas, no se arrepentirán).
Supongo que para este entonces quedó claro que Keith era quien acompañaba al subdirector cuando Levi y Zeke pelearon.
Al menos en este AU me imagino que Keith sí se habría puesto así de saber que Grisha ya tenía un hijo por otro lado, más porque siente que este le robó a la mujer.
En el manga Grisha ya era médico a los 18, pero adaptándolo a esta época uno a esa edad apenas está iniciando o por iniciar la universidad, así que lo acomodé así.
Quise reflejar lo que muchas veces pasa, que los adultos dan por sentado que los niños no escuchan o no entienden las conversaciones de los mayores, bien, quizás no las entienden del todo, y ese es el problema, que sus interpretaciones dejan heridas psicológicas.
En el manga como tal no se ha mostrado si Zeke tiene predilección hacia alguno de sus abuelos, pero me gustó ponerlo más apegado a su abuela porque yo tenía buena relación con mi abuelo, aunque él falleció cuando yo tenía ocho años.
Como les dije anteriormente, ando queriendo ubicar el fic lo más cronológicamente posible a ciertas épocas, y por eso en algún momento se están usando casetes y VHS.
Puse que Dina había estudiado medicina porque me pareció acorde a ella una mujer de "acción", no un ama de casa, muy distinta a Carla, y no es que ninguna sea mejor que la otra, sino que tienen estilos de vida muy distintos. Dina estuvo planeando la revolución de Erdia, y entre tantas cosas se deduce que no cuidaba de Zeke, y al final este prefirió la seguridad de sus abuelos, fue por eso que puse aquí que él era cuidado por su abuela mientras Dina trabajaba y estudiaba.
Originalmente la aparición de Dina sería muchísimo más breve y deprimente, porque había pensado que ella se dejaba derrumbar por el cáncer, y se la pasaba depresiva (como Frieda en sus ataques de aparente arrepentimiento), y sin embargo Zeke pasaba tiempo con ella con tal de conservar ciertos recuerdos, al menos eso, aunque estuviera agonizando y depresiva. Luego releí el capítulo 87 de manga, luego de que se mostrara la tortura a Grisha, y cuando estaban a punto de ser transformados: Dina se veía golpeada, había sido denunciada por su propio hijo, y era de su conocimiento que sería transformada en titán. Aun así ella no lloraba ni dada por el estilo, incluso dijo cosas bonitas a su marido poco antes de transformarse. Y por eso al final decidí mostrarle de forma distinta, a cómo creí que se comportaría realmente en este universo, fuerte, y tratando de ocultar el dolor emocional y físico que los tratamientos de su enfermedad le ocasionaban.
También hace poco me di cuenta de que además de Dina, no se vio a ninguna otra mujer entre los reavivadores de Erdia, y no se amedrentaba de estar entre puros hombres, por eso Grice le dice aquí: Siempre fuiste una cabrona.
Zeke dijo haber visto a su madre morir, lo mostré aquí, y ese es el recuerdo más negro de su niñez, evocado por estar en los hospitales.
Los lectores del manga recordará las expresiones del baseball que Zeke decía lanzando rocas a los soldados en Shiganshina, incluso en un video se comentó que quizás a él le gustaba, por eso aquí también puse que le gusta y que quería ir a un partido de baseball.
Pobre Zeke, hasta parece que lo odio, porque mato a su madre, a su "tío", y pues… no es que vaya a matar a medio mundo, estoy tratando de enfocarme en gente que en el manga original está muerta.
No creo que Grice hubiera tenido apego a Grisha o a Dina más allá de ser los reavivadores, pero igual lo puse apegado a Zeke, porque a veces pasa que cuando tus amigos tienen hijos, estos te ven como tíos.
Puse como lugar de relajación el mar, porque el mar durante mucho tiempo fue un ícono del sueño de los habitantes de las murallas.
Puse que Grisha había hecho una especialidad en epidemiología por la enfermedad de la que encontró una cura en el manga original, y la oncología es la especialidad enfocada a los tumores malignos: cáncer.
Espero que sí sepan qué es una feria, originalmente pensé poner que asistían a una fiesta patronal, luego pensé que quizás quien no fuera de México no iba a entender jajaja.
Recordarán que este fic existen murallas, por las guerras con los países vecinos, y porque anteriormente había tsunamis… La guarnición aquí tienen más o menos la misma función que en el manga: vigilar las puertas y darle mantenimiento a los muros.
La mojarra es un pescado que a mí me gusta mucho, me pareció algo parecido a Grisha pero a la inversa, porque cuando pregunté y me dijeron que eran mojarras, yo decía que no, que las mojarras eran más grandes, y en seguida supieron que no era de allí, porque en ningún lado de cerca salían mojarras grandes porque el mar era pobre…. En aquel viaje vi cómo una lancha era volteada por una ola grandísima.
En algunos fics he visto que ponen a la legión de reconocimiento como investigadores, en este caso son digamos como lo que en México serían soldados de la Marina, explorando por fuera. A parte de que en el manga original los soldados de la legión no precisamente andan trabajando muy en el interior de las murallas, sino que si van a la Capital es porque van a juicio o al consejo de Guerra.
En la vida real hay zonas donde no hay hospitales ni clínicas, y la gente tiene que desplazarse al más cercano, que por desgracia muchas veces no es tan cercano.
En la vida real no cualquier médico se mete a auxiliar a quien sea fuera de un hospital, porque si por falta de equipo no hacen un procedimiento bien, se arriesgan a ser demandados por una negligencia médica.
El suceso en el que me basé para poner lo de "el acorazado", fue el hundimiento del Titanic, que si bien muchos barcos se hundían, ese caso se hizo famoso porque se supone que el barco estaba diseñado para no hundirse, y no fue muy bueno que se hundiera en su primer viaje. La película en la que originalmente me baso para hablar de la película que es "la mejor" aquí, es la versión de James Cameron, que ahora me doy cuenta que no coincide con la cronología que estoy manejando en el fic, pero ya mejor lo dejo así.
En el manga original, dudo mucho que Eren Kruger hubiera tenido familiares cercanos con los que tuviera relación, o sea, simplemente se sacrificó, y de haber tenido familia, no podía irse así como así. No creo que hubiera tenido oportunidad de despedirse. Y por eso lo mostré así aquí, solitario.
Según supe, Frida Khalo, una pintora mexicana que desde adolescente sabía pintar, durante su convalecencia por un accidente que tuvo en un tranvía, le adaptaron un caballete para que pudiera pintar recostada, y por eso mismo puse aquí que Eren se había mandado a hacer un caballete para apoyarse mientras permanecía en la cama inclinada a su gusto, ya ven que las camas de hospital se pueden inclinar al gusto.
Pocas veces en la vida he entrado a hospitales privados, pero tengo entendido que son de habitaciones individuales (a diferencia de los hospitales públicos donde puedes estar incluso con tres pacientes en una misma habitación), y al lado de la cama está un sofá para los visitantes. Según estuve viendo en internet, hay habitaciones que parecen casi una casa al tener comedor y demás cosas, pero me imagino que eso ya se torna carí$imo.
Hace meses acá en México se hizo viral la fotografía de una doctora que se había quedado dormida en un escritorio, obviamente le ganó el sueño porque quedó en una posición incómoda, pero a la pobre le llovieron insultos por "dormirse en el trabajo". O sea, con turnos de 24, 48, 76 o incluso más horas; parece una locura que la gente común pretenda que se mantengan despiertos todo el tiempo, pero seguramente eso espera la gente común, ser atendidos por unos doctores que ya ni siquiera saben cómo se llaman por la falta de sueño. Viéndolo así, preferirán ser atendidos por alguien que se tomó una siesta en el trabajo. La situación fue tan viral que incluso los propios médicos, en defensa a su colega, hacían que les tomaran fotos mientras dormían, y las subían a las redes sociales con la etiqueta #Tambienmedormi. Y en las fotos se ven a médicos dormidos en el suelo, en camillas, en las escaleras, etc. Será que soy hija de una enfermera, pero me enervaban los insultos a los médicos y enfermeras por dormirse, y porque siempre supe que se tomaban siestas cuando había oportunidad, obviamente no se toman sus siestas si hay alguna emergencia. Por lo mismo puse a Grisha que se dormía junto a su amigo.
Hay animes que tienen música muy bella, Shingeki no kyojin por ejemplo.
No sé si recuerden que las escenas que quería incluir en el capítulo anterior, no me convencían del todo. Pues bien, ya les comenté una modificación respecto a Dina, y la escena de despedida entre Eren y Grisha fue la que más me costó hacer, porque inicialmente solo eran como cincuenta palabras, una despedida breve, pero se veía planísima, sin retratar todos los sentimientos que realmente quería expresar. Casi me hace llorar esta despedida cuando la leí en el manga, cómo lo marcó un hombre que solo vio tres veces, pero le dejó un gran legado. La primera vez que se miran, eran un adulto y un niño, y este le invitó a sentarse a mirar el zepelín para que no volviera a casa pronto, y tardar en darse cuenta de la desaparición de su hermanita; la segunda vez que se miran es al día siguiente; y la última vez es para cuando le heredó el poder del titán atacante. Acá quise adaptar todo eso, como Eren estaba resignado a que era su final, y le dejó el mensaje de que debía tener una familia, etc… Como escritor a veces nos sentimos insatisfechos por cómo ponemos una escena, pero por ahora siento que ya no podría dar más en esta escena, en el mensaje que le da Eren, de reiniciar, y de redibujar su vida (el mayor mensaje que quiero dar en este fic).
La película del titanic de James Cameron, fue de las primeras que mi hermano mayor compró en VHS con sus propios ahorros, y en ese entonces se distribuía en dos VHS.
En la escena de los preparativos para la ramera de Mar del este, quise hacer un pequeño guiño al manga, un guiño más alegre, puesto que Eren mira a sus padres ser quemados oculto dentro de un mueble.
En el capítulo 86, en dos ocasiones se ve a un hombre mayor junto a Grisha, en una escena donde siendo niño le dice que se fije y lo llama por su nombre, y donde estaban trabajando aparentemente en una construcción y lo jala para protegerlo. No se sabe su nombre, pero parece conocer a Grisha y tenerle cierta estima, y es ese hombre el que funge aquí como amigo de su padre, pero como no sé su nombre no lo pongo jeje.
En el manga el mismo Grisha admite que fue un mal padre, quise reflejar eso también aquí, incluso la fotografía, donde lo está cargando con ojos vidriosos.
