Shingeki no kyojin no me pertenece, si fuera así, no habría matado a Hannes y a muchos personajes. Okey no. (Bueno sí…)
Para las amantes de Zeke les recomiendo leer mi one shot llamado Fratello. Y por si las dudas les comento que tendrá más participación de lo que pensé en un inicio.
Un saludo especial a Odette Vilandra que aunque no comenta este fic, sí me hizo favor de betearme una escena.
HAY MAS PECES EN EL MAR
Zeke odia el hospital. Lo odia y que no quede duda, lo odia y lo aborrece, pero hay un lugar de este en el que puede estar horas sin tener deseos de marcharse: Los cuneros.
Disfruta estar fuera de los cuneros, a veces dice que los bebés son unas larvas lloronas, y aunque a Graciela no le gusta que se exprese así, sabe que Zeke no odia a los infantes, sino que solo lo dice por bromear.
La mujer recuerda con nostalgia que su fallecida hija también adoraba ver a los bebés, aunque Faye era más expresiva, parecía extasiada pegando su naricita al cristal, y por lo mismo no profundiza del porqué Zeke se relaja viendo a los infantes.
«Quizás mira a los bebés por simple curiosidad» Es lo que ella dedujo.
Pero detrás de algo tan simple, había un poderoso motivo oculto.
—Quiero un hermano —Dice Zeke en una tarde en la que está al lado del mejor amigo de su padre. Este se le queda viendo, como queriendo confirmar que hubiera escuchado bien.
—¿Un hermano?
—Sí —Dice— Para que sea mi compañero —Grice sabe que Zeke no tiene amigos en el sentido estricto de la palabra, le hartan los niños que viven presumiendo la riqueza de sus padres, y por desgracia la mayoría son así en la escuela a la que asiste.
—Pero no creo que sea lo mejor que tengas un hermano —Dice el mayor— Si tu madre se embarazara ahora, tu hermano nacería al año siguiente, lo que les daría ocho años de diferencia, y créeme que cuando eres adolescente no disfrutas la compañía de un niño, ni lo ves como un compañero —Quiere hacerlo desistir. No porque quiera meterse en la vida íntima de su amigo, tampoco es que Dina se hubiera sincerado con él, pero no necesita eso para saber que ella está muy entregada a su profesión, y por lo tanto no planea volver a ser madre— Tan solo en este momento podrás darte cuenta de que los bebés necesitan mucha atención —Declara señalando los cuneros para enfatizar su punto.
El niño parece meditar sus palabras, sin embargo no tarda mucho en dar su respuesta.
—No importa, de todos modos quiero un hermano, será mi compañero cuando crezca —Porque sí lo quería, sus padres trabajaban y no estaban presentes en su vida; sus abuelos fungían como figuras paternas, pero ellos tenían sus propias actividades y no siempre estaban allí; en cambio su hermano sería su compañero, su amigo y su igual. Alguien con quien siempre podría contar.
O al menos eso esperaba.
Zeke despertó agitado y sudando frío. Se había hartado de estar encerrado en el cuarto. Desde el día anterior había leído libros pendientes, había visto películas y jugado con sus videojuegos. Sin embargo se hartó y le pidió a Graciela que le dejara salir al menos a sentarse en la sala, pero su abuela no se lo permitió alegándole que debía quedarse en reposo. El adolescente quiso despotricar, quiso insistir, pero por el tono que había empleado la mujer le había quedado claro que no valía la pena rechistarle. Había momentos donde podía persuadirle, y momentos donde un "no" era un "no".
Y decidió dormir para olvidarse de su hartazgo, pero ahora despertaba, luego de un sueño que a la vez era un recuerdo.
Aun entonces deseaba haber tenido un hermano, aun cuando Klaus le ha dicho que no era la gran cosa, puesto que él tiene a los suyos y no tiene relación de compañerismo con ninguno. Aun así Zeke lo habría querido, y seguía deseando haberlo tenido. Aun cuando para entonces todavía sería un niño pequeño, aun cuando en la actualidad ya tenía amigos de verdad: a Klaus le había conocido en su primer día en la segundaria, Flagon y Sayram se habían agregado después. Quería a sus amigos, de verdad les tenía aprecio, pero todavía deseaba haber tenido un hermanito, uno que supuso le habría haciendo compañía en ese momento, quizás dibujando, quizás saltándole en la cama, o quizás estarían viendo los programas que son del gusto de los niños pequeños: Como Dory la exploradora.
De momento había despertado sintiendo una enorme desesperación sin motivo aparente. El sueño no había sido para tanto, sin embargo sus ojos viajaron al mueble que tenía hasta la pared contraria, donde había un portarretratos con muchas fotografías de él, algunas con Grise y otras con su abuela. Las miró, pero en realidad sus ojos se detuvieron hasta encontrar su viejo simio de juguete, como queriendo contagiarse de la paz que anteriormente le daba.
Su abuela entró en ese instante, Graciela había ido con la intención de preguntarle si necesitaba algo, pero en seguida se acercó con cara nerviosa.
—Estás demasiado pálido, ¿te sientes bien? —Inquirió tocándole la frente como para ver si no tenía fiebre.
El adolescente dedujo que se veía demasiado mal para poner a su abuela así de asustada.
—Sí… solo tuve un sueño… en un hospital… —Declaró de forma entre-cortada por estar adormilado, notando como su abuela se sobresaltó más con lo último dicho.
¿Acaso era tan evidente que se sentía angustiado?
Aun así no quería asustarla. Estuvo a punto de decirle que no se preocupara pero su abuela le ganó la palabra.
—Tal vez el encierro te hace sentir que estás en un hospital y por eso quieres salir del cuarto —Declaró Graciela, y Zeke tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para reprimir un bufido. Claro que el encierro le hacía sentir asfixiado, pero sabía que esa no era la causa de la ansiedad que sentía— Ven a sentarte en la sala.
No quiso desaprovechar la oportunidad de salir, sin pensarlo se levantó de la cama. Tomó su simio de juguete sin que de momento se diera cuenta, de haberlo hecho se habría obligado a regresarlo porque ya estaba grande para esas cosas. Graciela lo notó pero no hizo ningún comentario al respecto.
—Te pondré la película del niño mago y la piedra filosofal.
Tampoco rechazaría los mimos de su abuela. Los necesitaba. Sentía el alma en el suelo, y lo que más le irritaba era no saber por qué.
Poco antes transcurrió otra escena en Shiganshina.
Cuando Grisha se levantó y se fue, Keith Shadis tardó un par de segundos en reaccionar. Luego comenzó a seguirle.
Medio atrancó la puerta del sótano como para simular que estaba cerrada, aunque de todos modos no pasaba nada, nadie acostumbraba a robar en ese Distrito.
Le alcanzó a las afueras de la casa, quiso decirle algo pero el médico lo ignoró olímpicamente cuando se escuchó el llanto de Eren. Grisha se metió a toda prisa.
Los lloriqueos del bebé sonaban muy fuertes, no eran de dolor, pero definitivamente enchinaban la piel de quienes los escuchaban.
—¿Qué pasó? —Inquirió el médico alarmado, Carla también estaba alterada.
—No lo sé, querido. Despertó llorando y no he podido calmarlo —Dijo mientras lo sostenía como queriendo arrullarlo— Revísalo. Eren nunca se pone así.
Grisha iba a decirle que no era conveniente que lo revisara él mismo porque era su padre, iba a proponerle irse a la clínica, pero antes de que pudiera darse cuenta, Carla le había colocado al niño en brazos, y el llanto de Eren comenzó a calmarse.
Keith vio desde la entrada de la casa la escena: Carla mirando a su hijo en brazos de su esposo, y Grisha extrañado mirando cómo su bebé se terminaba de calmarse y se acurrucaba en su pecho.
—¿Así que solo querías ver a tu padre? —Preguntó la mujer dulcemente, como si el bebé pudiera entenderle— Querido, Eren acaba de despertar de su siesta vespertina, ya no le dejes dormir o estará despierto toda la noche.
—Yo me encargo —Dijo el médico, alejándose a la ventana. Sosteniendo a su hijo para que viera hacia el exterior, como queriendo cargarlo por última vez, antes de que Carla se lo arrebatara de los brazos cuando Keith dijera lo que había ido a decir.
—Nos acompañarás a cenar, ¿verdad? —Le preguntó Carla al visitante. Keith asintió, para seguirle a la cocina.
El nombre le vio comenzar a buscar los ingredientes, para comenzar a lavar y a cortar lo necesario.
—Me has seguido a la cocina por algo en especial, Keith… No fue solo por casualidad.
El hombre se asombró de la capacidad de deducción de la mujer. Luego se dio cuenta de que quizás sí había sido demasiado obvio.
—Bueno… Quería preguntarte algo… —Quería saber qué pasaría de decir la verdad. Si Carla dejaría a Grisha, o simplemente lo perdonaría mientras él quedaría como el peor de los chismosos. La mujer levantó la vista como para invitarlo a hablar, aunque le pondría atención mientras seguía en su labor. De pronto se le ocurrió una forma de preguntarle sin tener que decirlo todavía— Estoy comenzando a salir con alguien —Su interlocutora levantó la cara con expresión de asombro, al tiempo que dejó de cortar las verduras.
—No sabes qué gusto me da saberlo —Respondió ella, sonriendo genuinamente. Una puñalada para él, que en el fondo deseaba que sintiera envidia o se pusiera celosa— ¿Y de dónde le conoces?
—Es una cirujana de Stohess —Respondió con la seguridad de quien dice la verdad, aunque no era así— Le conocí por casualidad y nos estamos tratando.
—Ajá —Carla estaba denotando toda su curiosidad.
—Es solo que hay un detalle.
—¿Cuál?
—Tiene un hijo adolescente.
—Ah… ¿Y el chico tiene padre?
—No. Murió hace algunos años.
Ella pareció meditarlo un momento.
—Bueno, no sé si esto es lo que querías consultarme, pero es tu obligación moral ser la figura paterna para el chico si realmente quieres estar con su madre.
«¿Y tú habrías estado dispuesta a criar a Zeke si hubiera sido necesario?» Se preguntó Keith, aunque no iba a decirlo. Supuso que sí, porque las mujeres en Shiganshina se hacían cargo de los hijos de su esposo si a estos no les vivía la ex esposa. En Stohess en cambio, las nuevas esposas –que por lo general eran ex amantes- pretendían que su pareja contaran lazos con su vida anterior, cosa que no se podría con hijos de por medio, puesto que estos reflejaban una responsabilidad independientemente del divorcio, y eso no parecían entenderlo muchas arpías.
—La realidad es que quiero tu opinión de otra cosa… —Dijo obteniendo toda la atención de su interlocutora— Ella dejó a su hijo al cuidado de sus padres para cultivarse profesionalmente. La medicina es una carrera muy demandante en el hospital privado donde trabaja, casi nunca se ocupó de su hijo, y tiempo atrás fue el muchacho quien le dijo que no quería volver a verla.
»Me pregunto sí, en mi lugar tú habrías estado con alguien así.
—No —Respondió sin dudar— No podría porque si no logra obtener el perdón de su hijo, te está demostrando que no es alguien digna de confiar.
Al menos Keith Shadis pudo confirmar lo que tanto quería: Iba a dejarlo, iba a tener el camino libre, o quizás no tanto, porque el que Carla tuviese un hijo se lo complicaría todo, porque por mucho que ella se divorciara, seguiría en contacto con Grisha por Eren. Casi podía jurar que el médico no haría lo mismo que con Zeke, no iba a desentenderse, iba a querer estar al pendiente del hijo con el que se había prometido a no cometer los mismos errores que con el otro.
Tendría que fungir como padre sustituto cuando Grisha no estuviera, tendría que soportar los primeros días en los que Eren estuviera llorón por su padre, mientras se acostumbraba al hecho de que Grisha ya no estaría tan presente en su vida como antes, pero todo valdría a la pena porque Carla estaría a SU lado.
Carla le miró en silencio, notó que él no decía nada, le pareció que estaría reflexionando lo que le dijo y decidió no indagar. Bajo la vista para seguir cocinando.
Keith por su lado, se encontraba pensando en algo que no había considerado antes: si realmente quería servir de pañuelo de lágrimas para la mujer, no podía hacerlo de tan lejos, viniendo cada semana. Tampoco podría ofrecerle irse, ella no querría marcharse del lugar donde había vivido toda su vida, mucho menos con él, que a sus ojos solo era un conocido. Tampoco había pensado lo engorroso que sería cambiar de residencia, vender o mover su fábrica, el cambio de sitio de trabajo como docente, que lo más cercano era en Trost y aunque se lo cambiaran todavía estaría lejos de Shiganshina.
Que si bien no era como si no pudiera subsistir sin dar clases, tampoco le gustaba la idea de dejar el trabajo botado así nomás, él no era así de irresponsable.
Rápidamente decidió que regresando a Stohess renunciaría a la docencia, ofreciendo un tiempo para que la preparatoria pudiera encontrarle un sustituto, vendería la fábrica y regresaría a Shiganshina, donde no le faltaría trabajo, porque su padre le recibiría en la fábrica con los brazos abiertos, porque él siempre le había dicho: ¿Para qué sigues allá si ya te he dicho que acá tendrás trabajo?
Entonces ya estaba decidido a revelar el secreto por el que había realizado el viaje, le quitaría la venda de los ojos a Carla, y con el tiempo podría ganársela.
Keith levantó la mirada, notando como Carla parecía mirar hacia la sala, sonriendo delicadamente. El hombre no necesitó girar la vista para saber que estaba viendo a Grisha.
—Mi madre dice que soy afortunada —Comenzó a decir la mujer— La mayoría de hombres no ayudan a cuidar a los hijos, no los pueden sostener ni cinco minutos, mucho menos si están llorando, pero mira a Grisha, sabe cómo lidiar a nuestro hijo cuando está llorando, ha bañado a Eren sin mi ayuda, juega con él, sabe arrullarlo, sabe cambiarle el pañal y demás cosas que ni soñar que otro hombre haría…. Es un buen padre —La sangre le hirvió de estar escuchando eso, detestó que ella lo amara, que lo tuviera en un pedestal. Y sobre todo, detestó que tuviera la maldita razón.
Después de los errores del pasado, Grisha había aprendido cómo ser un buen padre.
Era algo notable en ese momento, notable por la dulce voz del médico que se escuchaba desde la sala, mezclándose con los balbuceos y las risas del bebé.
Fue entonces cuando lo entendió: No podía hacerlo.
Quizás era deprimente pensar que Carla no conocía del todo a Grisha, pero ella no había sido la motivación por el que hizo tan largo viaje, sino el rencor. ¡Si apenas tenía más de veinticuatro horas de haberse enterado de la existencia de Zeke! Pero sincerándose consigo mismo, no había pensado en revelar lo que sabía como un favor hacia la mujer, ni había querido arrebatarla de ese hombre por lo mismo, sino como venganza a quien consideraba su rival, pero realmente, ¿era justo revelar una verdad que dañaría a tantas personas?
Una que destrozaría a la mujer amada, algo de lo que tal vez jamás se recuperaría del todo,
Una que alejaría a un niño inocente de un buen padre, que quizás lo haría llenarse de rencores que no tendría que estar cargando.
Una que haría que un hombre pagara dos veces por el mismo error. Ya había perdido un hijo, ¿era justo que le alejaran al segundo por los errores que había cometido con el primero? ¿Por errores por los que ya se había arrepentido y había aprendido de ellos?
No.
Simplemente no podía.
No podía revelar esa verdad sin sentir que estaba destruyendo a esa familia.
No iba a hablar.
Carla siguió contando maravillas de su esposo, haciendo que Keith reiterara su decisión de silenciarse. Cuando llegó la hora de servir la cena, el docente se ofreció a avisarle al médico que ya fuera a sentarse a la mesa.
En el momento en el que Keith se acercó a Grisha, este no se dio cuenta de su presencia de manera inmediata. Era visible que el médico se obligaba a sonreírle a su hijo, estaba esforzándose por no llorar, intentando que fuera amena la que creía la última vez que le sostendría en mucho tiempo.
—No voy a decir nada, así que puedes venir a cenar en paz —Susurró Keith sobresaltándolo porque no había notado que era el único adulto en la habitación, y se sorprendió más cuando alcanzó a comprender sus palabras.
Ya era muy noche en Shiganshina.
La cena había transcurrido tranquila, Eren ya estaba en su cuna, Carla ya se había recostado.
Los hombres no recordaban con exactitud de quien había sido la idea, pero al final Keith y Grisha se sentaron en la acera a las afueras de la casa para tomarse unas cervezas.
No habrían podido ponerse a beber en la calle en el Muro Rose, mucho menos en el Muro Sina, la Policía Militar los habría detenido por beber en la vía pública. En Shiganshina había tabernas y demás sitios para eso, hombres de todas las edades en edad adulta asistían, no había lugares de dudosa reputación, por lo que no era común sentarse afuera de la casa para tomarse una cerveza, pero tampoco era mal visto.
—Ya ni recuerdo cuando fue la última vez que bebí más de una cerveza —Dijo Grisha, al tiempo que tomaba la segunda de la pequeña hielera que había entre ambos.
—Lo mismo digo.
Grisha dio un largo trago antes de hablar.
—¿Cómo te ha tratado la vida en todo este tiempo que no nos hemos visto?
—Igual, sigo exactamente igual.
—¿Y acaso sales con alguien? ¿Alguna mujer…? ¿O un hombre? —Keith rio socarronamente con lo último, que si bien no lo había considerado al no ser homosexual, dudaba tener más éxito con un hombre que con una mujer.
—No, Grisha. No digo que sea tu caso pero, he visto a muchas personas que solo inician una relación para no estar solas, en lugar de esperar estar con alguien que realmente quieran.
—¿O sea que tú estás esperando a alguien? —Keith suspiró amargamente, y Grisha entendió— ¿Entonces no? —Por supuesto que fue una pregunta, pero sonó más como una dudosa afirmación.
—Ya no.
—¿Y por qué? ¿Acaso te has rendido antes de empezar?
—No tengo posibilidad —Dijo de manera tajante— Y aunque la tuviera, lo mejor es dejar las cosas como están.
—¿Por qué dices eso? —Por el tono en el que lo preguntaba, realmente esperaba una respuesta.
—Porque tiene un esposo y un hijo y no voy a destruir una familia.
Keith no supo si Grisha captó la indirecta, no hubo nada que se lo asegurara, el médico no pareció inmutarse. Aunque… Recordó que justo así actuó cuando miró la fotografía de Zeke. Por lo que el semblante sereno del médico, bien podría ser una máscara.
—Entonces si ya decidiste que no intentarás nada, ¡Ya no te amargues por ello! Sigue con tu vida.
—¿Y qué pensabas que haría? ¿Qué me derrumbaría?
—Naturalmente no.
»Un hombre como tú debe saber que hay muchísimos peces en el mar.
Keith rio con amargura luego de reflexionar lo que Grisha había querido decir.
—Hablas como si a mi edad todavía pudiera "pescar".
—¿Y por qué no?
—En primera: porque no me interesa. En segunda: Tengo 47.
»Ya no estoy en edad de estar tonteando.
—¿Y quién habla de tontear, Keith? Puedes amar y ser amado sin importar si tienes cuarenta, cincuenta, o la edad que sea.
—Ya estoy viejo para eso.
—No estás viejo. Y aunque lo fueras. Envejecer no te quita el derecho a amar.
»Quizás te habías cerrado, al amor por estar esperando a alguien, pero ahora podrías volver a enamorarte.
El docente no podía creer en esas palabras, le parecía una imposibilidad, un sueño guajiro.
—Dime, Grisha.
»¿Realmente te has olvidado de tu ex mujer? ¿Has olvidado lo feliz que fuiste a su lado?
El médico ni siquiera necesitó reflexionar sus palabras para responder.
—No, Keith. No la he olvidado —Dijo para sorpresa del docente. —O al menos no como tú esperas que olvide.
»Amar por primera vez, no es como ese amor platónico de la adolescencia del que con los años olvidas su nombre.
»Cuando amas de verdad nunca te olvidas de esa persona… No puedes desaparecer de tu mente esos recuerdos. No lo haces, con el tiempo solo los dejas de lado, a veces los recuerdos vuelven, pero sabes que son parte del pasado. Y es cuando puedes enamorarte de nuevo.
—¿Realmente se puede? —Keith lo preguntó entre la incredulidad y la esperanza.
—Lo harás cuando conozcas a la mujer que merezca todo de ti.
—¿Cómo que "todo"? —Preguntó casi en protesta— ¿Qué quieres decir con "todo"?
—A "todo", Keith. El corazón debe entregarse totalmente, porque si lo haces a medias, terminarás perdiendo a esa persona.
»Y cuando una mujer merezca todo de ti, podrás tomarla, siempre y cuando no estés pensando en otra. Porque la mujer que te ame de verdad, lo menos que merece, es que le correspondas de la misma manera.
Sinceramente Keith no creía volver a enamorarse, o más bien, quería evitarse un sufrimiento innecesario. No creía posible que una mujer se sintiera atraída hacia él. No del dinero que obtenía por su fábrica, ni del prestigio que gozaba como ex catedrático de la Universidad Tecnológica del Muro Sina, sino de él.
Pero habían sido tantas emociones para ese día que se sentía agotado como para refutárselo a Grisha, además estaba seguro de que no podría convencerlo de ninguna manera.
Cuando la hielera quedó vacía, ninguno estaba precisamente ebrio. El médico le ofreció dormir en una habitación justo al lado de la que dormiría con Carla, Keith le agradeció por cordialidad, pero le dijo que tenía una reservación en un hotel.
Era mentira, no había reservado ninguna habitación. Antes había pensado que se quedaría a dormir con Carla, no en la forma que el médico le estaba ofreciendo, sino quizás a sostener su mano mientras le consolaba. Y ahora que nada de eso era posible, prefería no acostarse pensando que en la habitación del lado estaba la mujer que amaba con la familia que ella había logrado formar. Mejor se fue a un hotel.
Al día siguiente dio una breve visita a su padre, y regresó a su monótona vida en Stohess.
Durante el camino reflexionó que al menos podría sacarse a Carla de la mente, ahora que no le consideraría una posibilidad en esta vida. Al menos en eso había servido tan pesado viaje.
Grisha no se lo pidió, Keith tampoco lo prometió, pero de regreso a su vida de docente al lunes siguiente, quiso estar al pendiente de Zeke. Quizás por el hecho de ser hijo de alguien que conocía sentía la necesidad de asegurarse de que todo estaba bien con él, aunque no fuera a darle informes al médico, ni estaba seguro de que este le preguntaría, de todos modos quiso estar atento.
Ese día en el camino a la escuela, Graciela conducía mientras le estuvo diciendo a Zeke que le llamara si se sentía mal para sacarlo antes de que terminaran las clases, que le daría dinero pero que no fuera a comprarse nada con carne de puerco porque no le iba a cicatrizar bien la herida, y que más le valía no pelearse con Levi porque ahora sí no habría Diosa que la calmara.
—Para discutir se necesitan dos, Zeke. No caigas en provocaciones, pero si de plano se pone muy insistente… —Fue interrumpida.
—No va a pasar, abuela. Ya cálmate… Aparte yo fui quien le provocó anteriormente, pero no lo volveré a hacer. Te lo prometo —Le dijo sonriendo, queriendo transmitirle seguridad.
—Bueno… ¿Seguro que te sientes bien para ir a clases?
—Sí, abuela. Sí —Dijo fastidiado, no se sentía del todo bien, pero había decidido aguantarse porque ya estaba harto de estar encerrado en la casa.
—Aún tienes moretones, te los vi cuando fui a ver si ya habías despertado.
—Se ven peor de lo que se sienten, en serio.
—Está bien, vendré por ti a la salida.
Keith Shadis vio descender al adolescente del vehículo, aun traía una gasa en la ceja, y amoratado entre la mejilla y el ojo, pero caminaba como si nada, como si no tuviera adolorido el cuerpo, con esa seguridad innata en él.
Sin ponerse de acuerdo, Levi y Zeke actuaban de la misma manera, ignorándose mutuamente, haciendo de cuenta que el otro no existía, como si nunca hubieran discutido, como dos desconocidos entre sí. Excepto en la clase de deportes, allí quizás el calor del momento era lo que ocasionaba que se hicieran de palabras, pero sus grupos de amigos intervenían rápidamente para impedir que llegaran a más.
Aunque de hecho sí volvieron a tener otra disputa que por poco y termina en golpes.
La última semana anterior a las vacaciones de pascua, en la preparatoria había diversos eventos que supuestamente propiciaban la unión estudiantil, mediante juegos y torneos. Durante una carrera, un error de Levi y Zeke casi hace que les cueste su pase a la siguiente ronda, se hicieron de palabras y casi se abalanzaban el uno contra el otro. Mike tuvo que tomar a Levi de las axilas y Zeke fue detenido por Klaus. Aun así seguían alegando, como si Zeke hubiera olvidado que ni siquiera pudo meter las manos cuando Levi le golpeó, y como si el otro olvidara el tremendo lío en el que casi terminaba.
Farlan tuvo una idea, y decidió intervenir.
—La maestra Nehru dijo que el break dance nació para que los pandilleros de Ehrmich pudieran arreglar sus diferencias sin violencia.
—¿Y qué propones, que Levi y yo nos pongamos a bailar?
—No necesariamente, solo creo que basándonos en eso, debiera haber una manera de que ustedes pelen sin necesidad de confrontarse físicamente.
Decidieron al menos pensarlo, puesto que la aglomeración ya había llamado la atención de varios maestros y seguramente no tardaban en comenzar a acercarse.
La solución llegó minutos más tarde. Se habían apuntado por duetos al concurso de Canto, y supieron que tendrían una oportunidad en la primera ronda, ya que para decidir quién continuaría, en uno de los encuentros participarían Zeke y Kaus contra Levi y Hanji. Y para hacerlo en igualdad de condiciones, lanzaron una moneda al aire, entonces Zeke tuvo la oportunidad de decidir cuál sería la canción que cantarían ambas parejas.
—La canción será "matándome suavemente", al estilo de Achala y Achir.
Levi y Hanji ya habían estado practicando otra canción el día anterior, por lo que ahora el ensayo de horas se había ido al traste. No tenía ni idea de quienes eran esos cantantes, ni siquiera sabía si había escuchado esa canción o no, pero no iba a retractarse.
Cuando Zeke y sus amigos se fueron, Hanji dijo que la versión original era de casi cuatro décadas atrás, de una cantante fallecida, y que habían hecho muchos remakes pero no recordaba haberla escuchado en dueto, ni tenía ni idea de quienes eran los cantantes.
En la casa tenían una computadora que Anka les había llevado porque iban a desecharla de la oficina ya que se había decidido renovar el equipo. Y en la página de videos que había comenzado a hacerse conocida incluso por los que no tenían computadora en casa, no encontraron la versión de esos cantantes, solo otras versiones, y otras canciones de ese dueto, que por lo que habían podido averiguar, la chica y el chico eran hermanos mellizos, originarios de Mare.
—Deberíamos decirle a Zeke que nos diga de dónde sacó la versión, o pedirle otra canción.
—Estás loca.
—Levi, el concurso es mañana, ¿cómo se supone que lo vamos a hacer si no conseguimos la versión?
—¿Y a qué hora vamos a hablar con esa escoria si lo veremos hasta mañana en la escuela?
—Llamemos a su casa, seguro en el directorio está el teléfono.
Pero antes de que Levi pudiera permitirle a Hanji realizar la llamada, golpearon la puerta.
Los cuatro amigos estaban en la sala, donde estaba la única computadora de escritorio de la casa. Isabel fue a abrir la puerta, eran Mike y Erwin.
Mike había quedado de ir para practicar con Farlan lo que cantarían al día siguiente, por eso no se les hizo raro verlo llegar, pero Erwin era otra cosa. Si bien se llevaban bien con el profesor ya que él les llevaba menos de 10 años a cada uno, jamás había ido a visitarlos, solo en ocasiones dejaba a Mike porque le quedaba de pasada cuando iba a hacer su postgrado, pero aunque sabía bien dónde estaba la casa donde vivían, nunca había hecho por querer entrar. Era evidente que algo pasaba, sobretodo porque el adulto venía con un gesto más serio del común.
—Mike me comentó lo que pasó —Inició el profesor, Levi reprimió un bufido, Mike casi nunca hablaba, ¿entonces por qué lo había echado de cabeza con su tutor? Lo último me quería era un sermón. Pero tampoco sería capaz de pedirle que no lo hiciera, ni de dejarlo hablando solo —Vine a traerles esto —Dijo extendiéndoles un DVD— Es un video de uno de los últimos conciertos de esos cantantes. Casi al final cantan "Matándome suavemente".
—No tiene ni idea de cuánto hemos estado buscándolo en internet —Le comentó Hanji.
—El concierto fue hace medio año, y me parece que solo han cantado esa canción un par de veces. El DVD también trae la versión Karaoke —Era un regalo que había recibido el profesor Erwin la navidad pasada.
—Seguro que por eso Zeke nos asignó a cantar esa canción —Bufó Levi. La realidad era que no, Zeke no había considerado que ellos no iban a conseguir fácilmente la versión. Él simplemente dio el nombre de la que había estado practicando con Klaus, y si hubieran alcanzado a llamarle antes de que Erwin llegara, él mismo les habría ido a llevar su DVD. Zeke podría estar deseando de manera inconsciente ponerles dificultades, pero no de ese tipo.
Mike sabía que a Erwin le habían regalado ese DVD, por eso decidió que se lo pediría, pero no era bueno mintiendo, así que lo más sensato era decirle la verdad para poder pedírselo, y ni siquiera tuvo que hacerlo, porque Erwin en seguida decidió llevárselo a los chicos. En un acto de agradecimiento, el cuarteto había decidido ofrecerle unos bocadillos al docente. Isabel se sentó a su lado, aprovechando para preguntarle las dudas que tenía, y Erwin, amante de la Historia como él solo, no le importó darle un resumen de lo que habían visto en días anteriores.
Hanji y Levi se pusieron a ver la versión del DVD. Ambos hermanos la mayor parte del tiempo canturreaban lo mismo a la par, pero la chica cantaba notas arriba de su mellizo. Pero llegaba un punto donde cantaba en forma solitaria, y cerraba con un falsete que se alargaba algunos segundos. Zeke había escuchado a Hanji cantar en la clase de arte, y en su opinión Hanji no cantaba mal, pero tampoco cantaba bien, y a veces le ganaba la timidez haciendo que perdiera potencia en la voz, incluso llegando a apagársele. Para empeorar las cosas, durante el concurso de canto estaría toda la escuela presente, y eso aumentaba más sus nervios.
Levi comenzó a practicar con Hanji, frustrándose en seguida. La hija de Abelardo no quería tanto protagonismo, se le apagaba la voz en el momento en el que se volvía solista, ni hablar del falsete. El sobrino de Kenny estaba irritado, las notas estaban un poco altas, pero estaba seguro de que Hanji podría alcanzarlas, ¡¿entonces a qué jugaba?!
Los nervios de Hanji aumentaban con la mirada que Levi le estaba haciendo, como si en algún momento fuera a golpearle.
—A este paso, creo que prefiero romperle la cara a esa escoria —Dijo el sobrino de Kenny ya fastidiado.
Farlan y Mike habían estado en el segundo piso ensayando, pero bajaron cuando decidieron darse un descanso, y convencieron a Levi de lo mismo. Fue algo difícil, pero Farlan lo convenció cuando argumentó que no ganaba nada forzándola a seguir cantando.
—¿Cómo les va con la práctica? —Decidió preguntar Hanji, que ya estaba demasiado incómoda con Levi.
—No vamos a pasar a la segunda ronda, pero al menos no daremos una mala interpretación —Mike era de pocas palabras, la mayoría de veces guardaba sus pensamientos para sí, pero cuando decidía compartirlos, decía lo que pensaba sin rodeos.
—Oigan— Inició Isabel— Si la interpretación en la que se basarán la canta un hombre y una mujer, de Klaus y Zeke, ¿quién creen que cantará la parte de la mujer?
—Seguro que lo hace Zeke, ha tomado clases de canto, indudablemente tomará las partes más difíciles para sí —Respondió Mike. Reflexionando esto último, Farlan no pudo evitar sonreír. Tuvo una buena idea que comunicó en seguida.
La interpretación de Zeke y Klaus no fue impecable, Klaus se olvidó del ritmo al principio y no cuadró bien con Zeke, pero pudieron coordinarse posteriormente. Zeke no logró subir el volumen al igual que la intérprete en las partes más agudas, pero tampoco perdió potencia, el falsete se le entrecortó medio segundo, pero igual estaba tranquilo, Hanji de ninguna manera podría hacerlo mejor que él, se convenció al notar sonreír de manera nerviosa, y él casi se quería reír.
La vida le daría una enorme sorpresa.
No. No es como si Hanji milagrosamente hubiera podido cantar de manera espectacular.
Fue Levi quien lo hizo. Cantó la entonación femenina del dueto luego de que a Farlan se le ocurriera, ¿si Zeke usaría esa entonación por qué no habría de hacerlo Levi?
Él sobrino de Kenny no tuvo timidez de cantar notas más altas, ni inseguridad de que lo viera toda la escuela. Pudo subir la potencia al nivel de la intérprete y el falsete le salió perfecto. Hanji pudo coincidir con Levi cuando cantaban al mismo tiempo, aunque más que un dueto, la hija de Abelardo fue como una voz de fondo, sin embargo ambos pasaron a la segunda ronda, sacando a Zeke y a Klaus del juego.
Graciela Jaeger se había colado al auditorio para ver la participación de su nieto, y fue a abrazarle cuando anunciaron que era su competencia quien había sacado mejor calificación.
—Lo hiciste bien, Zeke. No dejes que te afecte —Dijo acariciándole sus rubios cabellos.
Normalmente cualquier adolescente habría rehuido de recibir afecto en público, pero a Zeke no le importaba lo que pudieran pensar de él, quería mucho a su abuela, y su rival acababa de trapear el piso con él, así que no iba a hacerse del rogar con las palabras de aliento que esa maravillosa mujer le traía.
Mike y Farlán tampoco pasaron de la primera ronda, pero tal y como predijo Mike, no lo hicieron mal, simplemente sus contendientes lo hicieron mejor.
Hanji fue sacada del juego en la segunda ronda, Farlan le dio ánimos, haciéndole ver que su contendiente era de segundo año. Levi por su parte sacó a alguien de tercer año.
Al final Levi había sacado segundo lugar, siendo superado por una chica que cantó una pieza de ópera, que si bien no la desenvolvió perfecta, nadie pudo refutar que erizó la piel de todos.
Las semanas pasaron…
Keith visitó a su padre en las vacaciones de pascua.
En años anteriores, Bruce Shadis había estado preguntándole si ya por fin tenía planes de casarse. Cosa que no hizo en esta ocasión. Keith interpretó que su padre ya se había resignado a que sería soltero de por vida.
«Yo también me resigné, padre» Fue lo que pensó.
Aun así le visitó también en vacaciones de verano.
—Nana —Musitó una voz infantil.
—Nanaba —Dijo la adolescente, queriendo aclararle que ese era su nombre.
—Nana —Insistía el niño.
—Nanaba.
—Hasta hace tres meses Armin apenas balbuceaba —Dijo una chica pelirroja— Deja que te diga "Nana", ya es ganancia que medio pueda decir tu hombre.
—Cállate "Lifa" —Replicó la rubia, en referencia a que era así como le llamaba el niño.
Hanji ya conocía el mar del Distrito Exterior Este del muro María, y a Isabel se le metió la idea de conocer el mar, contagiándole ese deseo a Farlan, y curiosidad a Levi (solo eso admitiría).
Anka al principio estaba reacia a dejarles ir sin enviarles algún Policía Militar a manera de escolta, ella misma no podía acompañarles porque al ser la Auxiliar Inmediata de Kenny tenía mucho trabajo, y no podía desaparecerse más de un día. Al final accedió solo porque el profesor Erwin habló directamente con ella, prometiéndoles cuidarles y mantenerle informada. Por supuesto que antes de darle el sí la oficial le investigó, y no encontró ningún tipo de pasado criminal.
Como Erwin era nativo de Shiganshina, los llevó para allá. Dormirían en su casa, un tanto apretujados, pero no se quejaron porque lo que querían era ver el mar.
Los tres nativos del Distrito Subterráneo no pudieron disimular su gesto de impresión al ver el mar, ni siquiera Levi, sus ojos se abrieron más de lo normal mientras mutó su eterno gesto de indiferencia.
Nunca dejaría de darles sorpresas el mundo exterior, y eso lo tenían claro.
—Es más linda esta playa que la que está en el Este.
A los veinte minutos el sobrino de Kenny ya tenía el ceño fruncido de irritación porque le preocupaba que hubiera algo venenoso en las orillas de la playa, pero Hanji e Isabel no le hacían caso y tocaban cuanta ostra veían en la arena. Farlan había leído en los libros de la biblioteca que sí había algunos animales marítimos peligrosos, pero el profesor Erwin sonreía delicadamente mientras les aseguraba que no había nada que tener.
—Quedamos de vernos con Mike pero ya se tardó. ¿Se le habrá olvidado? —Murmuró Farlan como para sí mismo.
Y como cosa de adrede, en la lejanía vio a Mike, que venía acompañado de una rubia que cargaba un bebé.
Nanaba casi siempre tenía un gesto de seriedad si no le hacían plática, pero en ese momento iba más seria. Quería mucho a Armin, pero a los dieciséis años lo último que deseas es que cuando te dejen salir te condicionen a llevarte al hijo de tu prima de 20 meses, aumentando más su rabia el recordar que la progenitora había abandonado al niño para no hacerse cargo de él, y le estresaba pensar que pudiera ponerse a llorar porque estaba más acostumbrado a Nifa, pero no le había quedado de otra, no había querido discutir con su tío cuando Mike ya le estaba esperando afuera, además era muy estricto, sobre todo desde que se enteró que sería abuelo. Pero aun cuando tuviera que ayudar a administrar la biblioteca de su tío, y tuviera que participar en la crianza de su sobrino, era mil veces mejor que vivir con su abusivo padre.
Nanaba se dio cuenta que de entre los cuatro adolescentes, las dos chicas miraban embobadas a su sobrino mientras se acercaba.
—Muchachos, ella es mi amiga Nanaba —Dijo Mike.
Uno a uno le fueron presentados los a los adolescentes.
—¡Qué lindo bebé! —Dijo Isabel sin poder ocultar su emoción, no dudó en preguntarle si le dejaría cargarlo, y se puso feliz cuando ella se lo acercó, y Armin extendió sus brazos como aprobándolo.
—Normalmente es un poco miedoso con quienes no conoce, pero qué bueno que se dejó —Mumuró Nanaba.
—Es porque no detecta maldad en Isabel —Dijo Mike.
Hanji pidió turno para cargar a Armin, claro, después de que Isabel quisiera soltarlo. La pelirroja estaba embelecada, no había tenido hermanos menores y se sentía feliz con un niño tan pequeño en brazos, Hanji había tenido a sus hermanastros, pero ninguno había sido un bebé cuando les conoció.
—Tengan cuidado, no es un muñeco —Les advirtió Levi, con esa voz rasposa que él tenía, logrando captar la atención del bebé por encima de las dos adolescentes que le miraban emocionadas.
El niño estiró su manita, balbuceando, quería acercarse a Levi.
—Hermano, quiere que lo cargues —Dijo Isabel, acercándoselo mucho, como queriendo acurrucarlo en su pecho.
Levi se puso rígido, de ninguna manera pensaba cargarlo. Pero Armin tampoco esperaba eso, estiró su manita para los mechones de cabello que le caían por su frente.
—Ah, se me olvidaba —Dijo Nanaba— Le gusta tocar el cabello negro, entre nuestros conocidos casi nadie lo tiene así, y como que lo hace para asegurarse de que sí sea cabello.
Levi estaba estático, con los ojos más abiertos de lo normal, con una mueca de incomodidad, dando feas miradas de las que Armin no parecía prestar atención, pero tampoco hacía por apartarse, lo cual daba una cómica imagen. Nanaba, Mike y Erwin sonreían delicadamente, Farlan reía de vez en cuando, y las otras dos chicas soltaban carcajadas, pero Levi seguía sin moverse.
Keith Shadis intentó probar algo que Grisha le había recomendado: Intentar relajarse mientras admiraba el mar.
Tenía años enteros sin visitarlo, y aceptaba que la imagen era bella, pero aun así no pudo relajarse. La tormenta en su interior era enorme.
Como no pudo enfocarse de todo en el mar, al final se fijó en algo que captó su atención. Era el profesor Erwin de pie junto a la playa, acompañado de seis adolescentes y un bebé. Reconoció a los dos adolescentes nativos de Shiganshina, al que le había dado la golpiza a Zeke, y a los tres amigos que casi siempre estaban con él. El bebé era nieto del bibliotecario. Se enfocó sobretodo en la pelirroja y en la de cabello castaño que reían a carcajada abierta.
«Qué fácil es reírse a esa edad» Pensó el docente con amargura.
Hanji Zoe se carcajeaba, ignorante de que un hombre adulto le miraba, ignorando que otro chico también le miraba a lo lejos.
Moblit Berner había ido pretendiendo obtener una imagen para dibujar en su cuaderno. Había pensado en plasmar la majestuosidad del mar, pero estando allí, el océano pasó a último plano. La única forma de describir su embelecamiento, era ejemplificando a un minero que esperó encontrar cobre, y se había topado con un diamante. En su opinión, la adolescente de coleta alborotada, era más bella que la playa al atardecer.
Entre las personas que estaban cerca de ella estaban algunos conocidos: Erwin Smith, Mike y Nanaba. Pensó en acercarse, saludar a sus conocidos para admirar de más cerca a la adolescente que había captado su atención, pero los nervios se lo impidieron.
Keith Shadis ante el mundo se mostraba igual, como siempre, indiferente, pero en el fondo se sentía tan insatisfecho de su vida, tan vacío, con ese sentimiento de pérdida, de haber desperdiciado lo que podrían haber sido los mejores años de su vida, de que aunque no tuvo gloria, ya no podría tenerla, como si su tiempo ya hubiera pasado. Y era triste sentirse tan viejo cuando sabía bien que no lo era, que de hecho faltaban le faltaban décadas para llegar a lo que todo mundo consideraría como vejez, y no es que estuviera considerando suicidarse, pero le agobiaba pensar que lo que le seguía era más soledad y vacío.
Quizás fue eso lo que lo llevó a hacer cosas distintas de la rutina con tal de salir de esa monotonía.
Ese viernes por la noche no es que tuviera planeado algo, aunque iba preparado y abierto para lo que sea. Sí, compró preservativos antes de irse a sentar a la barra de un centro nocturno que era frecuentado por gente madura, pero hacía tanto que no salía de "pesca" que no tenía ni idea de cómo empezar, su bebida se balanceaba en su mano mientras pensaba cómo era posible que en la época actual hubiera tantos embarazos no deseados de chicos que tenían sexo sin casarse. Vaya, no se espantaba del sexo prematrimonial, eso siempre había existido, pero le parecía el colmo que muchos no usaran condones, en sus tiempos era algo impensable, quizás porque en aquel entonces el SIDA había sido recientemente descubierto, y contagiarte de eso era considerada la muerte ya que no se había descubierto ningún tratamiento.
Casi quiso golpear su propia frente cuando se dio cuenta de lo que estaba pensando. Si alguna fémina se acercaba buscando conversar ¿de qué iba a hablarle? Veía el noticiero nocturno y siempre le cambiaba cuando comenzaba la sección de chismes, ¿qué mierda le importaba saber que la artista juvenil del momento había sido acusada de padecer anorexia? Suficiente tenía con sus propios alumnos como para querer saber de jóvenes de los que ni escuchaba su música, y ni veía sus actuaciones en las telenovelas (de hecho ni siquiera le gustaban las telenovelas). De lo que sí conocía, además de sus temas de docente y profesión, era de la situación económica y política de Erdia, pero qué mujer estaría interesada de hablar de eso en un bar.
Se puso de pie, a punto de llamar al bartender para que le diera la cuenta, habiendo decidido volver en otra ocasión, donde al menos tuviera una noción de cómo actuar, pero el destino lo detuvo: una mujer que aparentemente quiso sentarse en la silla de un lado, tropezó, y Keith Shadis por reflejo la atrapó antes de cayera.
Y ese fue el preludio de lo que sería una breve aventura.
Maron, o Marron (no le quedó muy claro su nombre), era Nativa de la Unión del Este, así que hablaba con acento curioso aunque confuso para el hombre que tenía que concentrarse para entenderle a la primera. Comenzó a tutear a Keith casi al instante de hablar, y él se sintió un tanto ofendido, estuvo a punto de preguntarle que qué se creía, pero supuso que quizás parecería un viejo decrépito si le reclamaba por ello, después de todo, no era una muchachita, sino una mujer en medio de los treinta. Una rubia que ayudó a que el creyera más en el mito de que las rubias eran tontas, aunque esta fuera rubia por labor de las decoloraciones.
—¿Eres casado?
—No.
—¿En serio? —Preguntó con fingida sorpresa— ¿Cómo es eso posible si eres tan apuesto?
Esa mujer seguramente quería sexo, pero Keith hizo como que no se daba cuenta, ¿para qué darse prisa? No lo admitía para sí mismo, pero en el fondo no buscaba solo acostarse con una mujer, si ese hubiera sido el caso, se habría ahorrado todo el rollo de intentar verse interesante y se habría ido a un prostíbulo (no recordaba los apodos que daban a esos sitios para sonar más elegantes), pero no, allí estaba, intentando hacerse el galán, como queriendo auto-engañarse por un rato.
—¿Y qué clase de caballero conversa más de cinco minutos con una mujer y no le invita una bebida? —Preguntó la mujer en tono juguetón.
—¿Qué quieres tomar?
—Bueno… me siento nostálgica, ¿qué tal algo de mi tierra?
Keith no era precisamente conocedor de los vinos y licores, pero sabía que las bebidas importadas eran carísimas en los bares, pero bah… total, solo la vería esa noche.
Le hizo una seña al bartener, la mujer estaba feliz pensando que le invitarían una copa, mayúscula fue su sorpresa cuando el hombre pidió una botella.
Por supuesto que la velada terminó en el cuarto de un motel de paso.
Por supuesto que Keith quiso hacer lo de siempre. Salir temprano y jamás volver a ver a esa mujer, no porque la hubiera pasado mal, de hecho la había pasado bien, en el sexo se habían entendido tanto que parecieron más unos amantes frecuentes que cualquier otra cosa, pero era su costumbre, era el fin de la actuación, del auto-engaño, de todo.
Tanteaba que le llamarían a las dos de la tarde para que desocupara la habitación, le parecía tiempo suficiente para que despertara por sí misma. Siempre era así, en el pasado había frecuentado los mismos lugares y sabía bien cómo funcionaban. Pensó en hacer lo de siempre, pero tal parecía que le destino se había encaprichado, y al tomar su celular y su cartera para retirarse la mujer ya había despertado.
—¿Te vas? —Preguntó adormilada, con los cabellos desparramados en las sábanas, y tallándose los ojos. El docente inicialmente se quedó mudo, pero se recompuso casi en seguida, habiendo decidido tratarle cordialmente.
—Recién recuerdo que había quedado para salir hoy temprano con unos amigos. Nos vamos a Karanese, a pescar —Mintió.
—Uh… ¿Qué se le va a hacer? —Murmuró girándose como para dormirse otro rato. Keith reanudó la marcha, pero antes de salir escuchó sus últimas palabras— Nos vemos en el mismo lugar en la noche.
«Esa mujer está loca» Pensó Keith, pero más loco debió estar él, porque sí fue.
El docente supuso que Maron (o Marron) debía de tener alguna fuente de ingreso, omitió preguntarle a qué se dedicaba, ella hizo lo mismo. Solo se veían, solo salían, bebían y hablaban de cosas triviales. No se daban cuentas ni había planes a futuro. Igual él insistió para que no solo fueran las salidas a beber y a tener sexo en los fines de semana.
La primera vez la invitó al cine, queriendo tener tema de conversación había ojeado la cartelera del periódico, fue entonces cuando se enteró que saldría una adaptación cinematográfica de un libro que gustaba mucho. Era tanto su sentimiento de soledad que le había invitado al cine, y supuso que ella había malinterpretado la petición, porque se había arreglado como para salir a algún bar.
La siguiente vez que le invitó a salir sin intenciones de terminar en el cuarto de un motel, le quedó claro: ella era del tipo de mujeres que no salían ni a comprar la despensa sin arreglarse, porque se había llevado unos tacones altísimos a una caminata por el parque, causando que tuvieran que parar casi en seguida porque se había cansado. Pese a que se sentaron, igual fue molesto para la rubia seguir usando sus tacones, y Keith Shadis decidió, en un gesto de caballerosidad, guiarle a una zapatería cercana para comprarle un par de zapatos cómodos. Ese fue el principio del fin, aun así Keith no se arrepintió de haberle dado eso, porque le había nacido, porque eso habría hecho por cualquier mujer de la que se hubiera acompañado y no hubiera preferido irse ante el cansancio pero…
La rubia comenzó a pedirle regalitos. Inició sutilmente y aumentó de forma gradual. Un labial, un champú supuestamente especializado, unas cremas corporales, y diversas cosas que aunque tuviera la capacidad de comprarle honestamente se le hacían caras.
Y no era que le preocupara que eso terminara afectándole económicamente a largo plazo (ni siquiera cuando los regalos cada vez más subían de precio), tampoco era porque le pareciera que le compraba cosas superfluas, sino que, sentía que ella lo estaba condicionando a salir con él. Y eso le hería.
Le hería.
No era que ese hubiera enamorado de la rubia. Aun con su vacío emocional, tenía claro que ella no era del tipo de mujeres con el que tendría algo formal, y jamás habría esperado algo más, pero le hería pensar que quizás era tan mediocre, que tendría que hacerle regalos a cualquier mujer para que se obligara a estar con él.
Eso era el colmo.
Consideró tajantemente negarse a hacerle regalos. Supuso que ella lo sacaría de su vida y quiso ahorrarse una escena. Le cumplió un último capricho (un bolso de mano), y aprovechándose de su euforia le cogió como si ella fuera una estrella porno.
Al día siguiente se despidió como si nada, y ese mismo día Keith Shadis cambió su número de teléfono.
Desapareció abruptamente de su vida.
Y no había forma de que ella le buscara.
Jamás le había dicho a qué se dedicaba. También dejó de ir al bar donde casi siempre se encontraban.
Era mejor así.
Era mejor la soledad, a tener que "pagar" por su compañía.
Tampoco es que Keith quisiera hacer drama.
Lo vivido con esa mujer no lo veía ni bueno ni malo. Solo había sido una anécdota más. Y una prueba más de que él no resultaba atractivo para ninguna mujer. Ni siquiera para una aventura.
No planeaba volver a hacer algo así.
Mucho menos enamorarse. Quería evitarse un sufriente innecesario.
No sabía que sí existía una mujer que querría conocerle más allá de su dinero, más allá de su mala cara. Una mujer que realmente querría algo con él. Faltaba algo de tiempo para conocerla, pero mientras tanto, seguía adelante con su vida, aunque en el fondo se sintiera cada vez más solo y miserable.
Inició el siguiente ciclo escolar.
Toda adolescente ha tenido un sueño guajiro.
Un amor lejano e imposible.
Los miembros de la nobleza o de la realeza; un hombre joven que aparezca en la televisión al ser el empresario o el hijo de alguno; algún deportista destacado; una estrella juvenil; un actor; o aun alguien más cercano: un chico de grados avanzados; el hermano mayor de alguna amiga; algún conocido con el que nunca ha cruzado palabra pero aun así jura estar enamorada de él; incluso un maestro.
Toda adolescente tiene ese tipo de enamoramiento alguna vez.
Eso lo tiene claro la sociedad.
Pero Hanji…
Todas las clases de Física iniciaban de la misma forma.
Keith Shadis resolvía mientras explicaba en el pizarrón al menos tres de los problemas que venían en el libro. Después preguntaba si había quedado claro. Todos decían que sí. Luego pasaba a alguno de los estudiantes. Muchas veces seguía el orden en la lista de asistencia, por lo que se ponía intentar deducir quien sería el siguiente, pero a veces llamaba a alguien de manera que parecía arbitraria.
Por supuesto no lo era.
En esas ocasiones seleccionaba al estudiante del que había notado que le había puesto menos atención, solo para vengarse haciéndolo quedar como un imbécil.
Hasta ese momento, no había ningún seleccionado que hubiera hecho bien el procedimiento en su totalidad. La mayoría apenas y habían logrado la mitad, mal, para variar. Intentaban alegar que en ese momento se daban cuenta que sí tenían dudas. A casi todos los estudiantes les parecía muy dura la clase.
Todavía no sabían que las cosas se pondrían peores.
Keith Shadis se sentó detrás del escritorio. Para entonces los pocos que platicaban se quedaron callados, había llegado el momento de que dijera el nombre del desgraciado que pasaría al frente.
De entre los que se dio cuenta que no habían puesto atención durante todo el procedimiento, no pudo decidirse por ninguno. Dio un breve vistazo a la lista, la clase anterior había pasado Zacharius (Mike), ahora le tocaría a la única persona que no había pasado hasta entonces al pizarrón en su clase: Zoe.
Normalmente el siguiente en la lista se veía aterrado, y dando miradas furtivas notó que la estudiante sonreía, supuso que sonreía a causa de los nervios.
—Zoe… —La aludida pareció a punto de infartarse cuando escuchó su apellido de la boca del maestro— Pasa a resolver el siguiente ejercicio.
Sorpresivamente para el docente, la sonrisa de la adolescente no se borró como había esperado, sino que se amplió más.
—Sí, profesor Shadis.
Hanji se puso de pie, tomando su libro consigo.
Cuando pasaba un estudiante al frente, se suponía que los demás tendrían que resolver el problema en su cuaderno. Se suponía, porque siendo realistas, la mayoría se ponía a pasarse recaditos.
Todas las veces llegaba un punto donde Keith Shadis se levantaba de su escritorio, y se ponía junto al lado del estudiante que escribía en el pizarrón. Era un juego de intimidación donde la gran mayoría se ponían nerviosos ante la dura mirada del docente. Algunos comenzaban a temblar, otros pasaban saliva, otros comenzaban a equivocarse y a hacer borrones. Poquísimos habían podido mantenerse inmutables. De momento solo podía señalar que Levi Ackerman no mostró reacción. Si bien se quedó a medias del ejercicio, no pudo atribuir eso a su intimidación. Ackerman se mostró inexpresivo cuando dijo que no recordaba más allá de lo que pudo avanzar. Y era imposible que alguien pudiera esconder hasta ese grado sus nervios. Había sido sincero.
Se puso de pie junto a Zoe, y para su oculta satisfacción, también reaccionó. El docente inicialmente quiso ver el avance de la estudiante, le sorprendió que iniciara bien considerando que era mujer (era un tanto machista), mientras de reojo notó sus reacciones: Se puso nerviosa aunque intentó disimularlo. Tragó saliva. Comenzó a escribir mal las cantidades, y como se dio cuenta casi en seguida, empezó a borrar los errores con sus dedos. El profesor le extendió el borrador. Ella lo tomó, al tiempo que se ruborizaba furiosamente. El docente supuso que se apenó de haber actuado tan torpemente. Pero la realidad era otra. Hanji no lograba concentrarse, no podía hacerlo, no si ÉL estaba mirándole tan fijamente, y por la cercanía era imposible no darse cuenta.
—Pro-fesor… ¿sería tan a-mable de dar-me mi espacio?
—¿Te pongo nerviosa? —Preguntó con aparente indiferencia, pero en el fondo le divertía ser capaz de intimidarle con su presencia, o eso pensaba él.
—Es porque usted le gusta —Dijo una voz, provocando risas en la mitad de los estudiantes.
—¿Qué has dicho? —Inquirió el profesor, viendo fijamente al estudiante, había reconocido su voz.
—Lo retiro —Dijo Zeke, sin dejarse intimidar por el maestro, aunque bajando su mirada para iniciar con el trabajo en su cuaderno.
«Tienes un problema de actitud, Jaeger»
Algunos seguían riendo levemente, aunque intentando contenerse.
El profesor había escuchado bien sus palabras, pero no les dio importancia, fue a sentarse al escritorio. Gracias a esto, Hanji pudo concentrarse y acabó rápidamente el ejercicio.
—Ya terminé, profesor.
Keith Shadis se extrañó de que pudiera resolverlo en lo que consideró tiempo record en una estudiante, se acercó a ver.
¿Qué distancia habrá recorrido en metros un auto después de 4 horas a una velocidad de 60 km/h?
Ese era el problema que Hanji tuvo que resolver. Claro que mentalmente era fácil calcularlo, pero tenían que demostrar que podían usar fórmulas de la clase. La mayoría no había querido poner atención en aprender la aplicación de las formulas en problemas tan sencillos, por supuesto que al no querer aprender esto, tendrían muchos problemas para poder aplicarlas en los problemas más laboriosos.
Zeke miraba sorprendido el pizarrón, Hanji no llevaba mucho avance cuando él decidió iniciar, y sin embargo ya había terminado. ¿Cómo pudo pensar tan rápido?
Keith Shadis dio una revisión rápida. Era sorprendente. Ningún estudiante había comprendido un ejemplo a la primera, los destacables habían sido Becher (Klaus), Church (Farlan), Jaeger y Zacharius. Cada uno había podido hacer más allá de la mitad del procedimiento de manera correcta, algunos no habían completado en su totalidad y otros simplemente lo habían hecho mal después del 60%. Y le sorprendía que una mujer hubiera podido hacerlo mejor que ellos aunque, había un pero.
El resultado no estaba del todo correcto.
—¿Segura que no te falta nada por hacer?
—Sí, profesor —Dijo sonriendo con seguridad, aunque aún ruborizada, y de esto el docente no entendía por qué, pero tampoco le daría importancia de momento.
¿Qué distancia habrá recorrido en metros un auto después de 4 horas con una velocidad de 60 km/h?
Respuesta de Hanji= 240 km
—El despeje de fórmulas está bien, la sustitución, la eliminación. Todo el procedimiento está bien —Hanji escuchaba el veredicto del maestro sonriente, los demás estaban a la expectativa, parecía que por fin alguien tendría una participación perfecta. Eso era bueno para variar. El profesor había prometido un punto al que hiciera semejante proeza. Algunos habrían lanzado vítores de no ser porque Shadis imponía más miedo que el subdirector en persona— Sin embargo tu respuesta es incorrecta, porque el planteamiento te pide el resultado en metros y lo pusiste en kilómetros —Hanji volteó a ver el pizarrón, y siguió mirando unos segundos sin podérsela creer, como deseando que el resultado cambiara, pero siguió igual —Ve a sentarte, no te daré el punto.
Hanji por un segundo pareció que iba a romperse en llanto. Sin embargo, ni lloró ni dijo nada, solo regresó a sentarse cabizbaja.
El profesor comenzó a explicar cómo hacer la conversión de "kilómetros/hora" a "metros/segundo". Aunque antes dijo que era algo que tendrían que haber aprendido en matemáticas pero que por las dudas lo explicaría. La mayoría de la clase escuchaba con fastidio, indignados de que el profesor se hubiera negado a darle el punto a Hanji por algo que consideraba un error chiquito, aunque nadie dijo nada. Isabel estuvo a punto, pero Farlan le puso el brazo encima y le miró negándole con la cabeza. Luego de que Hanji regresara a sentarse en medio de los dos, el rubio le miraba por ratos. Estaba seguro de que Hanji sabía cómo hacer la conversión, sin embargo le vio anotar la explicación de Shadis, como si no quisiera olvidarlo.
—Reiniciaremos con la lista —Anunció el profesor yéndose a sentar, leyó quien era el primero del listado— Ackerman. El siguiente ejercicio.
Levi pasó al frente. Keith Shadis no hizo el intento de intimidarle ya que sabía que no funcionaba, aun así Levi cometió un error al despejar la formula y le alteró todo el resultado ganándose un feo regaño. Klaus pasó después, iba bien, pero se puso nervioso cuando el maestro se puso de pie a su lado, y no hizo bien la conversión a metros por segundo por lo que su resultado estuvo mal. Al final quien sí obtuvo un punto fue Farlan. Lo recibió con algo de culpa al ver lo triste que se veía Hanji. Fue entonces cuando la clase terminó.
Ni bien Keith Shadis salió, Hanji recostó su cabeza en la mesa, tomando su libro de física de almohada.
Daba una imagen muy lamentable ya que se veía demasiado triste. Farlan, movido por la culpa, decidió intentar confortarle.
—¿Te sientes mal porque el profesor no te dio el punto?
—No es eso. Sino que cometí un error tan simple que hace que me sienta tan imbécil.
—Todos nos equivocamos alguna vez —Dijo Mike, quien sorprendió Hanji ya que por lo general no hablaba a menos que le hicieran plática— Hoy no te ganaste el punto, pero si aprendes del error, no te hará falta para subir tu calificación del examen —Pero no era eso lo que le ponía triste, sino que se había equivocado cuando más había querido hacer bien las cosas. Y le dolía haber errado ante Él.
—No estés triste —Le pidió Isabel— Si te pones triste me pondrás triste —Hanji, no pudo evitar conmoverse con su amiga. Decidió que era momento de dejarlo atrás. Le sonrió a Farlan aun recostada. Como queriendo hacerle saber que todo estaba bien. Mike tenía razón, tenía que aprender de ello para no volverlo a hacer.
Keith Shadis no ingería nada a la hora del receso. Cada mañana desayunaba abundantemente antes de irse al trabajo, por lo que a esa hora todavía no tenía hambre, pero no rechazaba beberse un café. Casi terminaba el descanso, estuvo a punto de irse a preparar para la siguiente clase cuando algo captó su atención.
Jaeger y sus amigos estaban sentados en un pasillo cercano. Eso hasta cierto punto podría parecer normal, excepto porque traían su libro de física. ¿Qué se supone que hacían? ¿Estudiar?
¿Quién se ponía a estudiar con tanto ruido?
Además, Física era una materia muy práctica, tendrían que estar apoyados en una mesa para poder resolver los ejercicios, no de esa forma. Habría sido más creíble si llevaran el libro de Literatura, pero los brutos habían elegido el de física.
«Seguramente están haciendo algo prohibido»
Queriendo ver si podía atraparlos con las manos en la masa, comenzó a caminar, rodeando los salones, acercándoseles por detrás, de manera que ninguno notara su presencia. Así fue como escuchó su plática.
—Zeke, ¿por qué dijiste en la clase de física que a Hanji le gusta el profesor Shadis? —Inquirió Klaus.
—Porque es cierto —Respondió con simpleza— No me digas que no has visto cómo lo mira durante toda la clase —El docente parpadeó extrañado, ¿Zoe lo miraba durante toda la clase?
—No inventes, Zeke. Es un viejo, ¿qué va a andar Hanji fijándose en él? —Insistió Klaus, mirando a Flagon y a Sayram, como queriendo que alguno de ellos desmintiera a Zeke pero ninguno lo hizo.
—No me creas… Pero la próxima vez pon atención en la forma como ella le mira… —Dijo Zeke, justo antes de que sonara el timbre que anunciaba el fin del receso.
¿De verdad era cierto lo que había dicho Zeke?
El docente estaba tan aturdido que no notó aquello que los estudiantes traían entre sus libros: unas revistas para adultos que Klaus le había tomado "prestadas" a su hermano.
Al día siguiente Hanji ya había recuperado su semblante alegre.
Ese día habían tenido la clase de química, y no habían visto solo teoría en el salón de clases, sino que por primera vez les habían hecho entrar al laboratorio.
—No vamos a hacer ningún experimento, solo voy a mostrárselos. De cualquier forma, no entrará ningún estudiante que no use su bata de laboratorio, así que no la vayan a olvidar —Había dicho el maestro.
El cosquilleó que Hanji sintió al ponerse su bata por primera vez, fue igual al de una mujer poniéndose el vestido con el que va a casarse.
Era como ver realidad el sueño que había parecido imposible toda su vida: Entrar al laboratorio.
Farlan supuso que Hanji se pondría triste al salir de este, pero no, su sonrisa no se borró ni cuando el maestro les indicó salir. Era como una niña que sonreía satisfecha luego de haber pasado el día entero en el parque de diversiones.
Hanji no se quiso quitar la bata durante el resto del día, de hecho decidió usarla todo el día cuando le tocara clase de química. La bata pasó a convertirse en parte de su esencia, como un accesorio.
Más tarde tuvieron clase de física.
Keith Shadis ya había seleccionado al desgraciado que tuvo la desgracia de pasar. Había comenzado a resolver el ejercicio y el docente ya casi se ponía de pie para intimidarle. Pero antes quiso dar un vistazo a Zeke. Todavía seguía con ese compromiso autoimpuesto de estar atento al chico, a saber de él: Amante del baseball, con promedio sobresaliente, pero un problema de actitud.
Viendo como Zeke parecía escribir en su cuaderno, pudo notar perfectamente que Becher no estaba trabajando, ni estaba viendo el pizarrón, sino que miraba algún punto a su izquierda.
Disimuladamente paseó sus ojos por todo el salón, para luego posarlos en el punto donde Klaus debía estar mirando: A Zoe, quien por cierto, estaba mirándolo fijamente.
Para Hanji, ver a Keith Shadis era como rezar, como nacer y morir en el mismo instante, como si el tiempo corriera rápido y lento a la vez, como si necesitara respirar y no pudiera hacerlo. Así se sentía.
Y la mirada expresaba tanto, que el docente, pese a ser de corazón viejo (e inexperto), le pareció que podía entender lo que transmitía: Estaba embelecada por él.
¡Por él!
¡¿En serio?!
Era una locura.
Durante su carrera de maestro había escuchado que cosas así pasaban cuando se enseñaba a adolescentes, había sido algo tan común al grado de que ya nadie se espantaba, pero le parecía de locos que una niña se estuviera fijando en él a esas alturas de su vida.
Esas cosas les pasan a los profesores en sus veintes como Erwin Smith, o en sus treintas, no en los cuarentas cuando ya casi se llega a los cincuentas.
Llegó a la conclusión de que quizás se confundía, y si no se confundía, simplemente eso era algo que debía fingir ignorar.
Continuará…
Gracias por leer, intenté hacer las notas más pequeñas que en otras ocasiones. Cualquier cosa no duden en preguntarme en el review o por mensaje privado.
Por si alguien no entendió, la razón por la que bebé Eren lloraba casi al principio, era porque presentía que su papi se iría. Y Zeke se sentía con el alma en el suelo, por Eren, que aunque no sabe de su existencia pues, se siente mal.
Bueno, me tardé mucho escribiendo la parte donde Keith Shadis está a punto de decirle a Carla, seguro que pensaron "tanto pedo para terminar cagando aguado", en referencia a que fue mucho drama para que terminara guardando el secreto, pero ya lo había decidido, pero si no actualizaba era porque no me convencía como quedaba el diálogo, porque quería que fuera fluido, y cuando por fin terminé ese pedazo se me secó el cerebro y tardaron en fluir las demás escenas.
La escena de Keith y Grisha platicando, es una con la que más soñaba con poner, y me gustó como quedo.
Ya había hecho la escena de canto pero consultando con Odette Vilandra quien ha estudiado música, me hizo ver que estaban incorrectas mis escenas. Está bien que sea ficción, pero no quiero de plano poner algo tan perdido. En fin que en base a lo que me explicó, hice las escenas de canto y luego me las beteó.
No sé si se acuerden pero la página de youtube apenas tiene doce años jejeje, pues es la página donde intentaban encontrar los videos, pero recuerden que al principio no subían muchos.
Una lectora me dijo que le parecía raro ver a Mike de alumno, bueno pues esto fue porque no sabía que según el canon era más grande que Erwin. Pero no fui la única perdida, porque encontré fanars de Erwin maestro y Mike alumno junto a Hanji, Levi y Nanaba. He subido esa imagen a mi álbum "fan arts de SNK" en mi página "Diosa de la Muerte".
Lo que me imagino que Mike y Farlan cantan es algo de rock, de Levi y Hanji me imagino que cantan "Killing me softly".
La parte donde Graciela abraza a Zeke, fue un guiño al capítulo 94 del manga, donde Zeke, siendo un jefe de guerra, y un hombre de treinta años, abraza a su abuela en público. Y según alguien comentó que la forma en la que se dirige a sus abuelos se traduce como "abuelito" y "abuelita".
En un fic Nanaba fue usada como tía de Armin, así que ¿por qué no habría de usar a Nifa? Nifa es tía y Nanaba es tía segunda (prima de la madre de Armin).
Me dio mucha risa en el cap 90 del manga cuando Levi andaba detrás de Hanji diciéndole que no tocara nada porque podría ser venenoso, aquí también metí otro guiño al respecto.
Por el capítulo donde Nanaba muerte en el anime, debido a lo que gritó en su agonía, muchas personas teorizaron que ella sufrió por su padre algún tipo de abuso (físico o sexual), en mi caso lo dejaré en este AU como abuso físico, y por eso ella prefiere vivir con su tío pese a todo.
Moblit Berner en un futuro jugará un papel en este fic, pero por recomendación de una lectora, decidí mostrarlo de una vez, aunque solo fuera en una breve aparición.
Tarde me di cuenta de que el nombre de la breve "novia" de Keith Shadis quizás no sonaba como muy extranjero en este AU, pero ya me dio flojera cambiar el nombre.
Tuve que buscar un problema básico de física para intentar recordar cómo eran las clases con un profesor culerísimo que tuve, algo así como estoy retratando a Keith Shadis aquí. De hecho ese maestro era ingeniero químico, y el más brillante de la escuela (por inteligente y por calvo), aunque cabe señalar que Keith Shadis todavía no es calvo.
En el manga del Ova de Levi, hubo un capítulo donde él y sus amigos reciben el ritual de iniciación. Keith Shadis le da un cabezazo pero Levi no reacciona, ni se queja. Por eso mismo puse aquí que no se intimida con el maestro.
En el Anime y en el manga, Keith Shadis se dirige a sus estudiantes por su apellido, por eso mismo así lo pongo aquí.
Reiterándoles que estoy poniendo a Keith Shadis como mi profesor, pues los puntos que nos daba eran décimas que podríamos agregar si las necesitábamos para subir calificación por nuestros exámenes. Por eso Mike dice que si Hanji saca bien su examen no necesitará el punto que ni ganó.
Lo de las revistas para adultos, recordemos que el fic estaría ubicado cronológicamente en el pasado, por lo que era más común que alguien las comprara, en lugar de buscar relatos eróticos y demás cosas en el internet como pasa hoy en día.
Lo de la bata de Hanji lo quise dejar porque en SNK Chuugakkou a Hanji se le ve la mayoría del tiempo con su bata.
Publicado el 28 de junio de 2017.
