Creo que está de más disculparme por no haber podido actualizar, pero en mi defensa, no hacía mucho que juraba que no había escrito suficiente, y de hecho, tenía muchas cosas escritas, pero no las puse todas porque no me parece ahondar demasiado en la vida de otros personajes, digo, los otros personajes tienen su papel, pero no es justo que lo que sea que le pase a los otros personajes abarque más de medio capítulo, así que tuve que recortar y resumir algo, igual en privado les puedo enviar las escenas si las quieren leer.
Como sea.
Adoré el nombre del capítulo, y eso que se me ocurrió casi al querer publicarlo.
En fin…
Ya saben que SNK no me pertenece, si me perteneciera, yo no habría matado a Sasha, Uri habría sido Rubio, y el reencuentro Aruani habría tenido más diálogo entre ellos –y habría mostrado cómo el chico la convenció de unirse a la alianza, siendo que lo único que ella quería era ir a buscar a Daddy.
Y hablando del manga me emocioné mucho cuando Isayama nos muestra como Grisha fue un padre maravilloso con Eren, al punto de haber dejado –al menos momentáneamente- su misión de restaurador de Erdia, y que de cierto modo reconocía y se lamentaba por cómo habían resultado las cosas con Zeke, cosa que de cierto modo reflejé en este fic en los capítulos quinto y sexto, sin imaginarme que Isayama lo mostraría con tanto detalle.
MUERTE Y RESURRECCIÓN.
Hanji era inocente.
Es cierto que estaba enamorada de un maestro que le triplicaba la edad, y que fantaseaba salir con él. Pero sus fantasías reflejaban una idea romántica casi infantil: leían libros, veían películas, hablaban de vivir juntos, se casaban, tenían hijos que posteriormente se iban a forjar su propia vida, y al final envejecían juntos.
Su mente omitía ciertas cosas, como por ejemplo: La diferencia de edad era tan grande que cuando Hanji fuera una mujer madura, Keith ya estaría en la tercera edad, así que no podrían envejecer juntos como en su fantasía.
También omitía el sexo, aun no tenía esa clase de deseos.
Es cierto que Hanji sabía cosas, que su madre había estado muy enferma, que no había sentido miedo de morir sino de saber que no podría estar allí cuando su hija necesitase orientación, y que sabiendo que su pudorosa tía no le hablaría de esas cosas, tuvo que explicarle a pesar de que la niña recién había cumplido los diez años.
Tuvo que hablarle de la menstruación, decirle que la abertura por la que sangraría jugaría un gran papel en su vida de mujer.
Pero vaya, su madre había sido criada bajo una educación muy opresora, lo que sabía de esos temas era de manera empírica, y su explicación fue un tanto burda:
»Los hombres son distintos a las mujeres debajo de la ropa interior. Sus pechos son distintos a los de una mujer, y a parte tienen una cosa que durante el sexo es la que le meten a las mujeres en su entrepierna. Las primeras veces duele hasta que una se acostumbra y ya luego viene el placer. Pero esto no lo vas a hacer hasta que estés casada, Hanji. Porque es así como se hacen los bebés… Te lo estoy contando porque no quiero que llegues a tu noche de bodas sin tener ni idea… Es muy traumático… Yo lo pasé… Mi tía no me explicó… Siempre me dijo que por ningún motivo debía dejar que un hombre tocara mis pechos, piernas o cualquier otra parte privada, y yo alejé a tu padre cuando quiso hacerlo… Incluso le pegué… Tuvo que llevar a su madre para explicarme que eso era lo que hacían los esposos.
»El único hombre que puede ver y tocar tus partes, debe ser tu marido. Si acaso algún médico en alguna revisión, pero a otro hombre lo detienes y lo acusas con tu padre o con tu esposo.
También le había explicado lo que era un embarazo y un parto.
Le dijo que luego de cierto tiempo, el bebé nacía saliendo por esa "abertura", y que dolía mucho.
La adolescente entendía por qué en las películas y en las telenovelas las mujeres representaban estar sintiendo mucho dolor: por el hecho de que un bebé tuviera que pasar por un orificio tan pequeño.
Sí, Hanji había visto su propia "abertura" con ayuda de un espejo.
Fue una tarde antes de bañarse, poco antes de cumplir quince años. Farlan y Levi recién se habían ido a surtir la despensa al supermercado, Isabel veía la televisión, y ella podía tardarse en el baño sin miedo a que el Ackerman le regañara por pensar que había estado desperdiciando el agua.
También había querido saber cómo lucía un hombre desnudo. Por desgracia, fue algo que tuvo que averiguar sola. Levi la tomaba de pervertida cada que decía querer saber algo de sobre sexo y todo lo que implicara la desnudez.
Tampoco consideró que fuera buena idea preguntarle a Farlan… No era como si él se fuera a quitar la ropa para mostrarle sus partes.
Ni tuvo suficiente confianza en preguntarle ni a Mike ni a Erwin… Ni siquiera se atrevió a preguntarle a Anka si ella sabía –aparte de que no la veía tan seguido-.
Al final hizo lo que acostumbraba a hacer cuando quería investigar algo: Ir a la biblioteca.
Eso pasó en el segundo mes desde que había entrado a la preparatoria, cuando ya entendía la forma básica en la que estaban clasificados los libros en la biblioteca de la escuela.
No sabía exactamente cómo buscar, no podía ir diciendo que quería ver hombres desnudos, así que se metió entre los estantes donde tanteó que encontraría algo, y estuvo ojeando libros hasta que encontró la imagen de un hombre desnudo. Sus mejillas se enrojecieron, y todo empeoró cuando en la siguiente hoja había una imagen con un gran acercamiento a "las partes privadas".
Una parte de ella se decía que no debía reaccionar así, aunque no sabía porque le dio un ataque de risa.
Inevitablemente se carcajeó con diablura llamando la atención del encargado de la biblioteca. Y cuando vio que el hombre se acercaba, por instinto cerró el libro y lo regresó a su lugar.
—Está prohibido hacer ruido, ¿no ves que estás en una biblioteca?
—Lo siento —Dijo alejándose. Fue entonces cuando Hanji cayó en cuenta de que no había visto el nombre del libro que había tomado, pero decidió ya no indagar más, al cabo ya había visto lo que tanto quería.
Su curiosidad no tenía nada que ver con deseo sexual.
No.
Su motivación era la sed de conocimiento. Además, el acto sexual no le parecía la gran cosa.
Es cierto que su madre había dicho que era placentero, pero a Hanji no se le ocurría cómo podía ser más placentero que leer, estudiar, comer algún dulce, acertar al cuestionamiento de algún maestro, o recostarse junto a su amiga luego de un largo día.
No.
Su vida ya era muy placentera sin el sexo.
Aparte de que Hanji desconocía totalmente que existiera la masturbación, los juegos previos, los días fértiles, o los métodos anticonceptivos.
De los besos lo único que sabía era lo que veía en la calle, o en las telenovelas.
Era demasiado ignorante.
Es cierto que cuando su maestra de arte le dijo que el libro "El maestro" contenía escenas eróticas, hubo algo que le decía que no debía leer algo así, aunque se preguntaba qué de especial tendría leer el acto en sí. Su madre le había explicado ciertas cosas, y no le parecía que pudiera ser emocionante de leer alguna "secuencia".
Aun así, quería leer el libro por la trama, quería saber si le daba pautas de cómo acercarse a su maestro, no para tener sexo.
NO.
Sino para tener cercanía, aunque sea eso, aunque fuera un poquito.
"Lo que sea", estaría bien.
"Lo que sea", sería mejor a ser solo una alumna más del montón.
—Profesor Erwin —Había preguntado Hanji poco antes de buscar a Shadis para irse juntos al salón — ¿De verdad sabe de qué trata este libro? —Dijo mostrándole "El maestro".
—Trata de un profesor particular que tiene un amorío con una estudiante —Es cuando la adolescente comprobó que el hombre sí sabía de qué trataba la historia.
—¿Usted cree que yo debería leerlo?
—Si te digo que no, ¿vas a guardarlo hasta que considere que ya tienes la suficiente madurez para leerlo? —Inquirió con ironía, sospechando que Hanji no le haría caso.
—¿Tan fuertes son las escenas subidas de tono?
—No es solo por el sexo, Hanji —La adolescente se rio divertida al escuchar esa palabra de manera tan directa viniendo de un hombre mayor— Dejándolo de lado, creo que hay cosas que no vas a poner entender.
—¿Cree que soy tonta?
—No quise decir que fueras tonta, sino inocente e inexperta en ciertas cosas de la vida.
»Personalmente creo que todavía no lo deberías leer, pero algo me dice que no me harás caso.
»Así que solo te diré, que no esperes leer un cuento de hadas.
Erwin tenía razón.
La historia había comenzado de forma común: con una chica de una familia acomodada, viviendo en el extranjero. Una en la que el jefe de familia se daba el lujo de pagarle un maestro particular de literatura a su hija porque quería ser escritora. El maestro le nota mucho potencial pese a su juventud, como un diamante en bruto al que le resulta placentero pulir, además de que disfrutaba mucho de las conversaciones en las que ambos dominaban bien el sarcasmo –A Hanji también le resulta placentero leer sus pláticas-… Todo era normal hasta que en un lunes ya nadie atendía la puerta, y los vecinos explicaban que los inquilinos se habían mudado –que quizás habían regresado a su país-. Pero el maestro no quedó satisfecho, después de haber llamado a muchísimas personas, pudo enterarse: La familia había entrado en crisis económica, el padre los había abandonado para irse a su país natal –Unión del este-, regresando con su ex esposa y los hijos de un matrimonio anterior, mientras los familiares abandonados se habían mudado con una amiga de la madre. Y el hombre había buscado a la madre para convencerle de seguir dándole clases particulares aunque no le cobrara nada. La mujer al principio estaba reacia, le parecía un abuso, luego arguyó que donde vivían era pequeño como para disponer de un lugar para darle clases, y accedió hasta que el profesor le convenció de que podría darle clases en un departamento que juraba tener cerca… Un departamento que usaba para llevar a sus amantes de una noche… Y llevaría a su alumna al departamento, aunque aún entonces, todavía ni tenía planes de acostarse con ella.
Habiendo llegado a este punto del libro, el reloj despertador que Hanji tenía cerca comenzó a sonar. La adolescente lo silenció para programar otra alarma y posteriormente tomar "Maten al colosal".
Era así como se organizaba en la lectura, queriendo avanzar en todos los libros a la vez, aunque sabía que no los terminaría de leer al mismo tiempo, porque algunos tenían más hojas que otros, y no leía todos al día, sino que luego de cumplir con sus obligaciones -ayudar a la limpieza, las tareas de la escuela, repasar para los exámenes y bañarse-, fijaba horarios en lo que le quedaba de tiempo antes de la cena.
Se había compenetrado con el libro de "el maestro", el hombre era originario de Mar del este, Hanji sentía pena de haber desconocido mucho de la cultura en la que había crecido su madre. Su maestra de literatura también tenía rasgos orientales, pero no tenía la suficiente confianza como para preguntarle al respeto.
Por suerte el libro explicaba algunas de las costumbres y normas sociales del país oriental, o al menos las suficientes para entender la forma de ver la vida que tenía el adulto: era el único hijo de un hombre extraordinariamente rico, un veinteañero que era excesivamente mimado… Su padre no le había obligado a contribuir económicamente, sino que en realidad le había dado todo lo que había querido… Le había permitido estudiar literatura. Lo de ser maestro inició como un pasatiempo, un pasatiempo por el que podía darse el lujo de no cobrar porque no le hacía falta el dinero, sino el placer de enseñar… Pero había llegado el momento donde su padre le tomó un poco las riendas: Le obligó a comenzar a asistir a las juntas de negocios, y le había hecho prometer que se casaría con la hija de uno de sus colegas.
Y de pronto Hanji llega al punto donde el docente comienza a desear de forma sexual a su estudiante: Al principio tiene sueños de ese tipo con su alumna y piensa que son jugarretas de su mente, pero luego le llegan toda clase de ideas a cada momento en el que la tiene cerca. Al final es tan fuerte su deseo, que incluso su inexperta alumna, termina dándose cuenta, y en lugar de incomodarse, se muestra dispuesta…
Margarite se puso de pie junto a la cama. Esperando pacientemente a que él avanzara.
Pero Hajime, con todo y el deseo matándole, se mostró dubitativo.
—¿Qué pasa, profesor?
—Tengo miedo… Miedo de pasar el resto de mi vida sin poder olvidar cualquier cosa que pase en estas cuatro paredes.
—¿Y por qué habría de pasarle eso?
—Porque esto no tendría futuro, ni aunque me enamorara de ti… Sabes que pronto tendré que casarme…
Y él tenía miedo de que su deseo no fuera solo deseo, y que al hacerla suya quedaría prendado de una forma en la que solo lo volvería aún más doloroso.
—No se enamore —Respondió con simpleza— Tráteme como a cualquiera de las otras mujeres que trajo aquí antes de mí —Al hombre le sorprendió la decisión que ella mostraba— Por favor, profesor… Hágame suya.
Hanji cerró el libro un tanto disgustada.
Es cierto que Erwin le advirtió que no era un cuento de hadas, pero… ¿realmente sería así?
Su primera vez, ¿sería así…? ¿Cómo un acuerdo o un simple trato?
Tal vez había sido absurdo esperar velas, flores o cualquier cosa para embellecer el escenario, pero ni siquiera se habían tomado la mano y ahora irían directamente al sexo.
No, no.
No le estaba gustando.
¡Tampoco lo estaba entendiendo!
—Por eso te dije que no tenías la edad suficiente para leerlo —Dijo Erwin en el receso del día siguiente— Hay muchas cosas que desconoces por inexperiencia.
—Entonces explíqueme.
Erwin luego pensaría que había actuado con cobardía, pero evadió decirle cosas que supuso serían muy incómodas de explicar.
—No me parece adecuado que conversemos de estas cosas —Dijo con un talante con el que quedaba claro que no hablarían más del tema.
Pero ella, no se iba a quedar sin respuestas.
—Chicos… los veo más tarde… —Dijo Hanji a la salida de la escuela— Acabo de recordar que aún me falta investigar un poco para la clase de arte.
Por supuesto que no se dirigió a la biblioteca, sino que fue al casting para el recital de Halloweeen. Su maestra de arte había convocado a estudiantes que supieran tocar instrumentos de cuerda frotada (violín, viola, violonchelo y contrabajo).
Ante el escenario, Rohana Nehru estaba sentada viendo cada presentación acompañada de una cámara de video.
—Profesora… Necesito hablar con usted.
—No creo que sea buen momento —Pero cuando en la siguiente presentación no vio nada interesante, le dijo que la única condición era que hablaran de manera discreta, simulando comentar acerca de lo que estaban viendo.
—Usted me dijo que era una gran historia de amor, y yo todavía sigo sin verlo —Le reprochó en referencia al libro que le había obsequiado.
—No te dije que era una historia de amor, sino de pasión.
—¿Qué no es lo mismo? —Preguntó, evidentemente confundida.
—No… El amor engloba afecto y apego. La pasión abarca entrega y deseo.
»Aunque entiendo que te confundieras… A tu edad, los arrebatos son más por pasión que por amor.
—No le estoy entendiendo. ¿Cómo puede haber pasión sin amor?
—No lo entenderás hasta que lo veas con tus propios ojos.
Cuando la presentación terminó, la maestra le pidió al estudiante acercarse, para decirle que lo tendría en cuenta para el próximo año.
Esa era su forma educada de decir que no le había impresionado, pero que sin embargo no lo había hecho mal y que siguiera practicando porque veía potencial.
—Siguiente —Llamó la maestra.
Al escenario subieron Klaus y Zeke. Cada uno sosteniendo un violín.
—Haremos un cover a dueto de uno de los sountracks de la película "corazón salvaje" —Explicó el hijo de Grisha.
—Conozco la película —Respondió la maestra— Así que podré escudriñarlos a fondo.
Zeke si se puso nervioso, no lo demostró, aunque no se pudo decir lo mismo de Klaus.
La docente era facialmente difícil de leer… Como toda una crítica de arte, comenzó a ver la presentación de ambos chicos sin demostrar ninguna emoción.
Hanji estaba pensando que ya no tenían nada de qué hablar, hasta que la maestra le indicó algo.
—Mira a Zeke —Su cara seguía siendo inexpresiva, pero Hanji, por la cercanía, podía ver cierto brillo en sus ojos
»Mira la forma en la que toca el violín.
Hanji volteó al escenario, intentando ver lo que su maestra quería mostrarle.
—Su canción no habla de amor, sino que, de hecho, es usada en la escena de un levantamiento. De una insurrección.
»Pero si miras su porte y su cara… Notarás que la pasión le está quemando.
La adolescente pudo ver lo que su maestra le señalaba.
—Te has confundido porque crees que no hay romance sin pasión, pero la pasión no siempre va de la mano con el amor romántico.
Y Hanji no pudo tener mejor ejemplo.
Cuando la presentación terminó, la maestra les pidió acercarse.
—Zeke, aún me falta considerar muchos más candidatos, pero tú sin duda estás dentro. Practicaremos después de clases durante las dos semanas antes del recital… Klaus, sigue practicando, quizás el siguiente año tengas suerte —La maestra fue sin duda brutal, y lo que más le dolió a Klaus no era precisamente eso, sino que lo hubiera dicho delante de Hanji.
—Gracias por su aclaración, profesora —Dijo la adolescente de cabello castaño, un poco incómoda con la escena anterior— Ya me tengo que ir a estudiar para los exámenes de mañana.
—Hasta luego —Dijo a la adolescente, aunque indirectamente también se lo estaba diciendo al par de muchachos que seguían allí— Siguiente —Llamó para que la indirecta quedara más clara.
Zeke se sentía mal por su amigo, dedujo perfectamente que lo peor de todo fue que Hanji lo presenciara. Entendía su molestia, pero tampoco creyó que fuera bueno quedarse a reclamar.
—Le llamé a mi abuela justo antes de que nos tocara pasar y no ha de tardar en llegar —Dijo el Jaeger, intentando sonar como si nada— ¿Quieres que te demos un aventón a tu casa?
La siguiente presentación ya había iniciado, con una pieza que no se estaba tocando perfectamente por un chico de tercer año, que de hecho participaba activamente en los recitales, incluso Klaus lo reconoció.
—Profesora —Inició el amigo de Zeke, notándose su miserable esfuerzo por "sonar amable"— Yo desempeñé mi parte perfectamente a diferencia del chico que está allí, sería un tanto incongruente que él sí entrara y yo no.
—La pieza que él desempeña es más difícil incluso que la pieza que ustedes me presentaron —Respondió la maestra sin emoción— Sobre todo porque tú tocaste la parte fácil y repetitiva.
»Además, no necesariamente busco perfección, claro que quisiera tenerla, pero sobre todo busco fuego, busco pasión, y eso es lo que me está dando el chico con su interpretación —Dijo señalándolo.
»Quiero que lo veas, quiero que admires su forma de tocar. Sus gestos, su entrega. Quiero que te admires que toca como si le estuviera haciendo el amor al instrumento.
Klaus estaba un tanto ofuscado para verlo, pero Zeke entendió perfectamente su punto: además de que su amigo no era muy apasionado instrumentalmente, por lo menos deberían haber intercalado para demostrar que Klaus también era capaz de tocar otra parte.
—Si crees poder hacer algo así, te sugiero tomar turno y volver a hacer audición —Agregó la docente— En todo caso necesito que te retires para seguir reclutando.
—Maldita perra —Bufó molesto el Becher cuando ya se había alejado varios metros del auditorio— Con lo difícil que es tocar el violín, y todavía espera que además le muestre pasión.
—Ya cálmate —Le dijo Zeke— Tendrás otra oportunidad, solo que no vuelvas a fallar porque ahora sí será la última.
—Nah… Que se vaya al carajo.
Graciela pasó por ellos, y como siempre Klaus se sentó en la parte trasera, mientras Zeke iba de copiloto.
En el pasado Klaus le había reclamado por irse de copiloto en lugar de ir con él, pero Zeke le había regresado el reclamo al decirle que su abuela no era un chofer.
Pero ese día, algunas cuadras después vieron a Hanji, en una calle de bajo tránsito vehicular.
—Esa chica está en su salón, ¿verdad? —Preguntó Graciela al reconocerla, aunque de momento no recordaba que justo era amiga del muchacho que había golpeado a su nieto.
—Sí —Respondió Zeke.
—¿Acaso se quedó a las audiciones? —Preguntó confundida al no verle llevar ningún instrumento.
—No en realidad, solo habló con la maestra un poco.
—Está muy soleado. Deberías ofrecerle que suba para llevarla a donde vaya —Dijo antes de disminuir la velocidad para quedar justo al lado de la chica.
—Hanji —Llamó Zeke, haciéndola voltear— ¿Quieres un aventón? —Un año atrás, con la tensión latente entre el rubio y Levi, seguro habría dicho que no. Pero en ese momento, con el sol a todo lo que daba, y con el hecho de que a pesar de que todavía había cierta tensión entre el Ackerman y el Jaeger, las cosas entre ellos se habían calmado, decidió aceptar.
Terminó sentada a un lado de Klaus.
Graciela le preguntó a donde iba, y se dirigió al parque que Hanji le indicó que estaba cerca de su casa. Ese parque a donde Farlan y Levi salían a correr.
Zeke observó por el retrovisor como Hanji se había sentado como si nada, enorme contraste con Klaus que se veía tenso, mirando sin ver hacia afuera.
«Imbécil» Pensó el Jaeger, creyéndolo un cobarde por no aprovechar el momento.
Pero simplemente era demasiado para el chico.
¡Jamás había podido sentarse tan cerquitas de ella!
—Oye, Hanji… —Llamó Zeke— ¿Sabes tocar algún instrumento? —Preguntó a modo de iniciar una conversación casual.
—La guitarra acústica… De hecho me dieron una en mi último cumpleaños.
—Entonces te sería fácil aprender a tocar guitarra eléctrica, ya que prácticamente se tocan de la misma forma.
—Supongo que sí.
Zeke volteó a ver directamente a su amigo, como queriendo decirle con la mirada que tuviera valor e intentara algo, pero Klaus seguía con la vista hacia afuera, así que decidió ir al grano.
—Y… ¿Tienes novio?
—No.
—¿Y no te gustaría tener? —Preguntó, como preguntando cualquier cosa. Klaus volteó de reojo para ver a Hanji mientras esperaba su respuesta.
—No puedo, tengo que concentrarme en mis estudios —Zeke no dijo nada, pero le pareció una excusa barata.
«¿Tendrá que ver con que le guste el maestro Shadis…?» Se preguntó Zeke, y de hecho llegó a una conclusión.
«¿Y si en realidad dice que no quiere tener novio precisamente porque ya le gusta el viejo?» Le parecía insólito, pero hasta cierto punto tenía sentido.
Cuando estuvieron cerca del parque, Hanji fue guiando a la mujer para que se adentrara por las calles hasta la casa, y justo afuera encontraron a Levi, quien al parecer iba regresando de las compras.
Ya entonces Graciela reconoció quien era Hanji al reconocer a Levi, pero actuó como si nada, al igual que Hanji, que se bajó como cualquier cosa del vehículo, y aunque la mirada de Levi se veía tan imperturbable como siempre, no le quitó los ojos de encima a la camioneta hasta que salió de su rango de visión, como si quisiera asegurarse de que se fuera.
Esa tarde, Hanji ya no leyó ninguna de sus novelas porque al día siguiente tendría el examen de física a la segunda hora, y el examen de arte a la tercera hora. Solamente se dedicó a dar un repaso, y a generar el formulario…
Cuando llegó la hora de hacer el examen de física, luchaba para no ponerse nerviosa de más y arruinarlo todo.
—Bien —Dijo Shadis— Ya pueden comenzar a reprobar su examen —Esa fue su sarcástica forma de decirles que podían comenzar a responderlo.
Zeke fue el primero el entregar. El maestro le indicó salirse llevándose su formulario. Hanji pudo haber entregado antes, pero quiso volver a hacer los cálculos de su examen por si le salía un resultado distinto.
Todo estuvo igual, y de hecho, mientras volvía a calcular, de reojo notó que Isabel tenía su examen prácticamente vacío, y le parecía ya bastante tiempo para no haber hecho ninguno de los ejercicios, además de que su amiga se veía evidentemente estresada.
De reojo también notó que su formulario apenas y debía tener unas tres o cuatro fórmulas pequeñas. Hanji al ser capaz de despejar hasta las formulaciones más laboriosas, no había tenido que poner variaciones de una misma fórmula, pero aun así había escrito mucho más que Isabel, y sabía que la pelirroja no era buena con el despeje.
Hanji se preocupó por su amiga. De momento sintió remordimiento por no haberse asegurado de que su formulario tuviera al menos lo básico. Pensó en ayudar a Isabel, por un segundo consideró que podrían intercambiar exámenes, al menos resolver los ejercicios que le aseguraran una calificación decente. Desechó la idea en seguida: Shadis notaría la diferencia de caligrafía.
También consideró ponerle más variaciones en su formulario y dejárselo, pero a estas alturas se vería raro que estuviera escribiendo justo allí, así que solo se lo dejaría a la mano esperando que le sirviera de algo a Isabel.
Discretamente lo dejó junto a su codo, poniéndose de pie para entregar su examen.
—Llévate tu formulario —Indicó el maestro, quien de hecho la siguió con la mirada, viendo que Hanji le daba la espalda mientras tomaba un papel del escritorio y lo echaba en el bolsillo derecho de su bata.
Hanji soltó el aire que contenía hasta que salió del salón. Ya no había retorno, había hecho trampa: el formulario tomado era el que había pertenecido a su amiga, y le había dejado el suyo.
—¿Hanji, estás bien? —Preguntó Farlan cuando salió y la vio— Te ves algo pálida.
—Estoy bien —Respondió, deduciendo que su amigo no se dio cuenta de su "trampa", y pensó que era lo mejor que no supiera, que no se viera involucrado, aun cuando pensara que ya no había forma de que Keith Shadis la descubriera.
Mientras tanto en el salón hubo silencio, pasaron varios minutos hasta que casi terminó la hora.
—Chicos, falta un minuto para que termine la clase —Dijo Keith Shadis al resto de estudiantes— Así que más les vale irme entregando —El único que se puso de pie fue Levi, aceptando que no había forma de que terminara el examen. El maestro giró las hojas y notó perfectamente la sección que estaba en blanco. Por los demás nadie se movió— Si no han podido resolver un problema en varios minutos, deberían rendirse a la idea de que lo harán en menos de cuarenta segundos —Pese al argumento, nadie se levantó durante varios segundos— Ni crean que los voy a esperar —Dijo poniéndose de pie— Si no han dejado su examen antes de que suene el timbre, ya no se los recibo —Con semejante amenaza todos los restantes hicieron sonar su silla al levantarse bruscamente. Corriendo despavoridos a colocar el examen en el escritorio.
La prueba consistía en dos hojas engrapadas, y al ver hojas sueltas metidas entre los exámenes, el adulto dedujo que los últimos habían estado tan asustados que incluso habían anexado su formulario.
«Mocosos imbéciles»
Justo el último estudiante había entregado cuando el timbre sonó. Y Keith Shadis se asomó entre los exámenes.
—Duges —Llamó el docente a Marlene— Me entregaste el formulario —Dijo extendiéndolo para que lo tomara— Tú también, Goshal —Le dio su hoja a Sayram cuando se acercó— Magnolia —Isabel tenía demasiada tensión como para querer volver a acercársele, habiendo decidido que no se acercaría a menos que le diera un motivo, se quedó esperando mientras él mantenía la vista fija entre las hojas que tenía entre sus manos— Solo quise recordarte que te bajaré un punto de la calificación por no haber pasado durante el repaso.
—Como quiera —Isabel estaba demasiado tensa como para querer ser cordial por el maestro. Pero Shadis ni siquiera fue consciente de esto, él tenía otra cosa en mente.
En la tercera hora del día, Hanji rindió su examen de arte, su grupo terminó antes del receso, por lo que tuvieron minutos libres desde antes de que sonara el timbre.
—Voy al baño —Dijo la adolescente, y aunque Isabel le acompañaba en ocasiones, esta fue una de las veces que no.
Como por cosa del destino, los sanitarios que estaban cerca de su salón estaban siendo aseados, así que lo qué le quedaba era irse a los baños del tercer año. Al salir, Keith Shadis que justo iba saliendo de un salón cercano la reconoció, por lo que apresuró sus movimientos para salir disparado hacia la estudiante.
Hanji siempre se le acercaba cada que tenía oportunidad, o lo saludaba cuando se lo topaba en el colegio. Tal "acoso" irritaba un poco a Keith, pero de momento lo agradeció: No había tenido que buscar ningún pretexto para acercarse porque el destino sin querer le había ayudado.
—Zoe —Llamó.
—¿Sí? —Preguntó ilusionada.
Una parte de Hanji, veía cada clase como un encuentro, una "cita", y le alegró que él le estuviera hablando, siendo que ya habían tenido su "cita" del día.
—Ven un momento —No, no fue una invitación, tampoco se pudo considerar consulta porque ni siquiera le preguntó si no tenía que volver a clases.
Fue una orden directa que ella acató inmediatamente.
La guio a un pasillo solitario, donde no quedaron precisamente escondidos, pero tampoco tan a la vista.
El corazón de Hanji latía violentamente, parecía que podría detenerse en cualquier momento, y no sabía que, de hecho, pronto se detendría –metafóricamente hablando por supuesto-.
—Vacía los bolsillos de tu bata.
Hanji no se preguntó para qué el maestro querría que lo hiciera. No lo meditó. Simplemente le obedeció extendiendo el contenido en sus manos.
Por un lado tenía un reproductor de casetes con unos audífonos enrollados. Por el otro tenía una hoja perezosamente doblada, como si no tuviera importancia. Los reproductores portátiles de discos ya tenían cinco años de haber salido al mercado, pero aún eran un tanto caros para la mayoría, y la mayoría de los adolescentes habrían preferido no traer nada que traer un reproductor de casetes, pero Hanji no era alguien que se dejara guiar por las "normas" juveniles.
Keith Shadis no le dio importancia a la casetera, sí notó por la ventanilla el logotipo de una cantante femenina que no coincidía con la época de su estudiante -dedujo rápidamente que eran canciones que le gustaban a la madre de Hanji-, pero eso no era lo que estaba buscando, sino la hoja arrugada que también había sacado.
—Guarda tu reproductor y extiende la hoja.
De nueva cuenta, Hanji no se preguntó por qué su maestro le pedía lo que le estaba pidiendo. Solo obedeció.
—Este no es el formulario con el que hiciste el examen —Dijo Keith Shadis, haciendo que la respiración y el corazón de su estudiante se detuvieran— Es el que tenía Magnolia antes de que hicieras el intercambio.
No, no.
Esto no podía estarle pasando.
—Este es el formulario que hizo tu compañera —Agregó el docente, queriendo su interlocutora aceptara su culpa— Pero tú le dejaste el tuyo.
—Yo no… —Hanji intentó mentirle, pero fue interrumpida.
—No, por favor —Escupió con sarcasmo— ¡No te atrevas a intentar negarlo! —Le exigió, subiendo un poco la voz, visiblemente molesto, indignado con el hecho de que intentara mentirle luego de ya haberla descubierto.
»Tu imbécil amiga me entregó tu formulario junto a su examen y por eso me di cuenta que la letra de una y otra cosa no coincidía, luego recordé que tienes bolígrafos de tinta verde que te prohibí usar en los trabajos que me entregaras porque me lastimabas la vista. Y esa es justo la tinta del formulario que tengo aquí entre los exámenes, así que ya no intentes negarlo —Le espetó molesto.
»Quise creer que serías incapaz de hacer trampa, que todo tenía una explicación.
»Creí que tú solo habías hecho su formulario, cosa que tampoco habría estado bien porque solicité que lo hicieran de manera individual, pero habría sido menos grave que descubrir que intercambiaste las hojas justo bajo mis narices.
Hanji había enmudecido.
Esto no podía estarle pasando.
—¿No vas a decir nada?
Ya la había descubierto, sin embargo, su maestro parecía querer que le respondiera.
—Es que yo… ¡solo quería ayudar a mi amiga!
Cuando Hanji vio la mueca que hizo su interlocutor al escuchar esa respuesta, supo que no le había caído en gracia.
Pero claro… ¿Qué había esperado…? ¿Justificarse y que él comprendiera sus motivos?
Claro que no, eso no iba a pasarle.
—Si según tú querías ayudarle, esa no era la manera —Sentenció el maestro. Hanji no pudo refutárselo, de cualquier forma tenía razón. Debió haberle ayudado a estudiar, debió asegurarse de que su formulario tuviera lo básico, debió haber hecho cualquier cosa, menos hacer trampa— No he calificado su examen, pero estoy casi seguro de que reprobó de todos modos, así que no le hiciste ningún favor, sino que has terminado perjudicada en vano… —Remató al decir eso.
»¿Recuerdas lo que dije que pasaría con el que atrapara haciendo trampa?
Tal cuestionamiento la hizo sentirse mucho peor.
Estaba segura de que había hecho bien el examen como para perder la calificación así, pero creyó que llorar o suplicar solo lo empeoraría.
—Dijo que anularía el examen de quien pescara infraganti —Respondió de manera ahogada, luchando por contener el llanto que quería derramar.
—Exactamente —Espetó, logrando que su estudiante frunciera su ceño con tristeza. Hanji bajó la mirada para no verle la cara, como si ni a eso tuviera derecho— Por desgracia no te pesqué en ese momento. Sino qué gusto me hubiera dado anular el examen de ambas delante de todos sus compañeros.
Semejante idea no la hizo sentir mejor. De todos modos anularía su examen, ¿exactamente por qué era una mejora el que no lo hiciera delante de sus compañeros?
De hecho, consideraba que había sido peor pensar que el maestro no se daría cuenta para al final sí haber sido descubierta.
—Entonces… ¿Anulará mi examen? —Preguntó con evidente sufrimiento, suplicando internamente que su profesor lo negara, porque la sola idea le parecía insoportable.
—Dije que anularía el examen de quien pescara infraganti —Escupió, haciendo que Hanji apretara los ojos. Le tomó toda su fuerza de voluntad no tirarse a llorar —Por desgracia, no te pesqué en ese momento —La adolescente levantó la vista sin disimular su estupefacción, ¿acaso no iba a anular su examen?— Me va a dar más vergüenza admitir públicamente que por poco y no me doy cuenta de la trampa.
»Voy a hacer como si no me di cuenta de nada, y espero no volver a hablar de este tema contigo…— La adolescente no cabía en sí.
»Pero te lo advierto… si vuelves a hacer algo como esto… te reprobaré todo el semestre.
»Por ahora te quiero fuera de mi vista.
Hanji no pudo decir nada.
No pudo disculparse.
Tampoco pudo "agradecerle" por no anular su examen.
Lo único que atinó fue a alejarse.
No a su salón de clases. Ni siquiera a cualquier otro lugar donde pudiera aprovechar el receso que estaba a punto de comenzar.
Corrió a los sanitarios más cercanos –los del tercer año-, donde se encerró en uno de los cubículos a derramar el llanto que había estado luchando por contener.
—¿Dónde estará Hanji? —Se preguntaba Isabel en voz alta— Dijo que iba al sanitario, pero ya me metí y no estuvo en ninguno.
«No lo sé» Fue lo que sus interlocutores pensaron, pero ninguno dijo en voz alta.
Ya había pasado la mitad del receso.
Hanji no siempre estaba junto a ellos en los descansos, pero cuando se iba, al menos avisaba, y el que no lo hubiera hecho, les daba mala espina.
Era obvio que no podría salir de la preparatoria: Los muros eran altos como para tomarse a la ligera, y ella no era de la clase de chicas que simplemente decidía fugarse del colegio.
Tenía que seguir en las instalaciones, pero por algún motivo, querían asegurarse de que estaba bien. Porque presentían que no.
Levi se había quedado afuera mientras Isabel se metía a los sanitarios de chicas –a los de segundo año que eran a los que normalmente acudían-.
Farlan había dado una segunda vuelta a la cafetería.
Mike de plano había acudido al punto de reunión donde los maestros solían socializar. Pensando que estaría con Erwin, o con la maestra de Arte. El primero dijo que no la había visto en ese día, y la segunda dijo que no la había visto desde que entregó el examen.
Al final los cuatro terminaron reunidos cerca de la entrada a su salón, pensando que, de cualquier modo, Hanji tendría que volver justo allí.
Farlan estaba recordando que luego del examen de física, Hanji había lucido nerviosa y pálida. No había querido comentarlo con nadie, pero sospechaba que algo tendría que ver con su actual desaparición.
Hasta a Zeke y a Klaus les pareció raro no ver a Hanji entre su grupito de amigos. Más porque estos estaban dando vistazos hacia todos lados. Como si la estuvieran buscando con la mirada.
Justo cinco minutos antes de que terminara el receso, Hanji apareció. Se metió directo a querer sentarse en su lugar. Cuando sus amigos se acercaron, ella dio una explicación antes de que se la pidieran.
—Me ha estado doliendo la cabeza —Dijo con los ojos enrojecidos y expresión adolorida.
Mike no quiso comentar que sí, que por lo que captaba con su olfato, era obvio que tenía algún malestar físico, y además de todo, estaba seguro de que estaba sintiendo un torbellino de emociones.
Hanji estaba triste. Dolida. Se había enojado con Isabel. La había culpado de lo que había pasado. Y aunque al final reconoció que no todo había sido la culpa de la pelirroja, y se había prometido no estar distante con ella, no era así de simple. No bastaba solo con querer pretender convencerse, sino que le tomaría tiempo.
Y toda esa gama de sentires era lo que la nariz de Mike percibía, tantas que apenas y podía distinguirlas un poco, aunque no podía darles sentido. Hanji olía a que estaba molesta, ¿pero por qué estaría molesta? Y si estaba molesta ¿por qué no decía nada?
Y además de enojo, Mike percibía culpabilidad. Culpabilidad que Hanji sentía por no haberle ayudado a estudiar a su amiga, porque incluso ella sospechaba que Isabel sí había reprobado. También culpabilidad de estar molesta con ella. Y Mike percibía todos los sentires sin poder darles ningún sentido. Todo era demasiado complejo.
Isabel le había guardado un sándwich para cuando regresara. Hanji lo aceptó totalmente sin ganas, estaba enojada con ella, se sentía culpable de su enojo, y no tenía hambre, pero igual lo tomó porque no quería que le insistiera –cosa que estaba segura que pasaría si se negaba a comer-.
Cinco minutos después, entró la maestra de literatura para iniciar su clase.
Kiyomi, aunque aparentara lo contrario, era varios años mayor que Keith Shadis.
Creía que su clase, teóricamente podría ser aprendida, pero lo que no podía aprenderse sin ganas, era la pasión de leer, la admiración, y la genuina apreciación de las artes escritas. Así que, en sus exámenes, incluía "oportunidades extras", en la que los estudiantes ponían desde su punto de vista, el análisis de un libro que hubieran leído o iniciado.
—Aún no les daré calificaciones de sus exámenes —Comentó la docente— No he terminado de leer todos los análisis, pero me complace decirles que en ninguno de ustedes reprobó el examen.
»Sobre sus análisis, la mayoría habló de libros infantiles y juveniles, así que quiero destacar a Hanji Zoe, quien me habló no de una, sino de tres obras de Jorge Ibáñez, no es una lectura común en alguien de su edad, así que, Zoe… ¿Qué te hizo leer a Jorge Ibáñez?
La maestra dejó sus ojos posados en la aludida, Farlan supuso que su amiga respondería inmediatamente -demasiado feliz de tener la oportunidad de hablar del autor que siempre había mencionado como uno de sus favoritos-, pero cuando vio que no lo hacía, la miró y cayó en cuenta de que su amiga ni siquiera estaba poniendo atención en clase.
—¿Hanji?
Farlan le dio un codazo cuando vio que otra vez no le contestaba a la profesora.
La adolescente se quejó levemente.
—La maestra quiere saber cómo empezaste a leer a Jorge Ibáñez —Le dijo el rubio a su amiga.
Hanji se sintió avergonzada, fue cuando cayó en cuenta de que no había estado poniendo atención en clases, y ella no era así.
—Lo siento, profesora —Dijo apenada, ante la evidente molestia de la mujer— Empecé a leer a ese autor gracias a mi padre, él me lo recomendaba mucho, solo que siempre decía que aún no tenía edad para leerlo.
—Conocí en persona a ese autor antes de que falleciera —Comentó la docente a toda la clase— Era bastante sátiro y le gustaba mucho el humor negro… Justo así escribía. Por eso sus obras no pueden ser apreciadas por cualquiera —Luego dirigió su vista a Hanji— Sin duda le habría gustado leer tu análisis.
»Seguramente el primer libro que te recomendó leer tu padre fue el de "Las nieves de enero"… Fue su primer libro, y es el más apto para las mentes jóvenes.
Hanji asintió recordando que, de hecho, así fue.
Su padre le regaló ese libro justo en su cumpleaños número catorce. Narraba las memorias de un hombre que contaba los atropellos de la revolución Erdiana, con el plus del humor picante del autor.
Recordó que de hecho le fue muy útil tener a la mano una enciclopedia que contenía imágenes y la descripción de la utilidad del armamento y los transportes militares, dado que en la historia a veces se narraban cosas o escenas referentes a la obtención de estos recursos. Tal libro lo obtuvo "prestado" de su tío Hiroshi, "prestado", porque con su repentina muerte, ya no había dueño a quien devolvérselo.
En un segundo recordó que comenzó a leer el libro que su padre le había obsequiado, y luego de que su padre le abandonara, había asumido que el libro debió quedar olvidado en la casa o en algún otro lugar, estaba tan dolida por el abandono que no pensó que lo que realmente paso: Lo había tenido en su regazo junto a la enciclopedia militar poco antes de que su padre le dejara. No los había querido echar en la maleta por miedo a que se maltrataran entre tantas cosas, así que los había llevado consigo todo el tiempo, pero cuando su padre le pidió que se bajara "a pedir indicaciones", los dejó en su asiento, y ya no pudo recuperarlos.
Le atacó un profundo sentimiento de pérdida, es cierto que por sus dieciséis años Erwin le había regalado "las nieves de enero", había decidido retomar el libro desde cero por los detalles que hubiera olvidado, y Anka le había conseguido otra edición del mismo libro que había tenido su tío. Pero eso apenas y representaba un consuelo, porque le dolía era que dos libros con valor sentimental se hubieran perdido. No había forma de que supiera que los iba a perder, pero si tan solo… si tan solo no los hubiera dejado allí cuando se bajó del vehículo…
¿Qué habría sido de esos libros? Seguro Levi le diría que no valía la pena preguntárselo, Farlan también opinaría que solo se estaba echando gasolina en la herida, pero le parecía injusto pensar que dos libros con un enorme valor sentimental terminaron en la basura.
Además, ¡eran valiosos! Aun cuando cualquier libro tuviera información que ya fuera obsoleta, ¡seguían siendo valiosos porque eran parte de la historia, de un legado! O al menos eso le había enseñado su padre. Ese hombre inteligente. Ese hombre que aún no entendía por qué le había dejado. Y eso era algo que todavía le dolía. Le dolía porque le quería a pesar de todo. A pesar de que él no le protegió como se supone tendría que haberlo hecho. Pero no… Le había dejado a su suerte. Y no entendía por qué. No lo entendía porque le parecía injusto. Injusto porque ella ya había perdido a su mamá. Y él había sabido bien cuánto le había dolido. Cuán perdida se había sentido. Cuán enojada con la vida había estado. Porque no se supone que uno tenga que simplemente aceptar los límites de la medicina. Que uno tenga que tragarse que se hizo todo lo posible por curar a su mamá. Pero que sin embargo todo había sido en vano.
Era como si la estrella más brillante del cielo se hubiera apagado para siempre, y durante mucho tiempo estuvo convencida de que jamás se recuperaría.
Y a veces se sentía así, como si una parte de ella se hubiera muerto junto a su madre.
Aun así… aun con el dolor a cuestas había tenido que sobreponerse.
Había tenido que seguir adelante aun cuando una parte de ella lo único que quería era llorar hasta morir. Morir para volver a ver a su mamá. Aunque seguro ella estaría triste y decepcionada, porque le había hecho prometerle que saldría adelante. Y eso fue lo único que la forzó a levantarse. La promesa y enfocarse en los estudios. Y su padre bien había sabido eso. Bien lo había sabido. Y sin embargo…
Su tren de pensamientos fue detenido por otro codazo.
Hanji se dio cuenta con vergüenza de que la clase debió haber continuado desde que su maestra le preguntó si el primer libro leído había sido "las nieves de enero", lo supuso, por el codazo de Farlan, y porque la maestra de nueva cuenta le daba una mirada severa.
—Les estuve hablando del suceso relacionado con "Las muertas de Utopia" —Comentó la maestra— De esa parte negra de la historia de la que casi nadie quiere recordar, y de como Jorge Ibáñez indagó con las prostitutas supervivientes y entre los archivos policiales para contar "su versión" de lo que sucedió.
»Quería que nos hablaras de tu reseña de ese libro, de "Dos criminales en Shiganshina", pero sobre todo de "Maten al colosal", que no fue basada en ningún suceso real sino que salió totalmente de su imaginación y en lo que a mí respecta, fue su mejor obra.
—Bueno… —Tardó en responder buscando que decir, pero antes de decidirse fue interrumpida.
—Mejor habla directamente de "Maten al colosal".
—Sí, profesora —Hanji dio su explicación en voz alta, luego de eso, tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no volverse a distraer en la clase. Le costó algo de trabajo, pero lo logró.
Durante la siguiente clase, Hanji ni reaccionó pese a haber obtenido 97/100 en examen parcial de química. Veía sin ver su examen calificado. Seguía ausente. Así que ni enterada de que el maestro les estaba hablando del torneo que sería el siguiente semestre. En el que alumnos de segundo año competían a la par de los de tercer año. Eran torneos formados por cuartetos.
—Sé que un torneo de estos parece mucha presión —Comentaba el maestro— Pero considero que es una excelente práctica para cualquiera que quiera estudiar alguna carrera biológica, o alguna relacionada directamente con la química.
Mike y Farlan, casi con la mirada se pusieron de acuerdo en participar ya que ambos deseaban estudiar medicina. Farlan se dio cuenta de que Hanji estaba ausente, pero seguro que estaría emocionada de participar en el torneo.
Decidió levantar la mano pidiendo la palabra.
—¿Qué sucede, Church? —Inquirió el maestro dándole permiso de hablar.
—Profesor. Zoe, Zacharius y yo deseamos estar juntos en un equipo —Hanji ni siquiera se enteró que su amigo la estaba nombrando— Y queríamos aprovechar para conseguir el otro integrante que necesitamos.
El maestro en seguida se fue a asomar a la lista de calificaciones, un tanto emocionado de que tres de los mejores puntajes de esa clase estaban dispuestos a conformar un equipo. Consideró que el cuarto integrante debía de estar al mismo nivel, así que, viendo en la lista, encontró a alguien acorde.
—¿Jaeger? —Llamó el docente mirando a Zeke— ¿Te molestaría agregarte al equipo?
—Claro que no, profesor.
—¿Por qué te metiste al torneo? —Le preguntó Klaus en una ida al sanitario que hicieron luego de que acabara la clase— No vas a estudiar nada relacionado con la química.
—Será divertido —Respondió Zeke con simpleza mientras lavaba sus manos justo en el lavabo de al lado— Ver de cerca como la mayoría de los participantes se estresan, mientras que a mí todo me sale a la perfección —Respondió en actitud engreída, sabiendo que tenía una inteligencia superior al promedio.
—¿Y ya le dijiste a tu abuelo que no piensas estudiar medicina? —La sonrisa del Jaeger se disipó dando paso a una expresión de amargura— ¿En serio no se lo has dicho? —Le preguntó sorprendido.
—No puedo —Dijo con el desconsuelo de un niño abandonado.
—Pero si se lo dijiste a Grisha.
—No es lo mismo.
Y realmente no.
Cuando se lo dijo a su padre, fue para demostrarle que ya no necesitaba sentirse apoyado por él, en realidad le daba igual si Grisha lo aprobaba o no. Además de que consideraba que no haría ninguna diferencia, él ya no era trascendental en su vida.
Pero Serguei era un caso distinto, era la figura masculina a la que más quería, a la que más veneraba. Él había estado más presente en su vida que Grisha, le debía obediencia y respeto. Por eso le frustraba pensar que él no entendiera que no quería estudiar medicina –cosa que estaba casi seguro que iba a pasar-.
Realmente quería su aprobación.
La necesitaba.
No realmente, vamos. No era como si se fuera a resignar a estudiar medicina solo por temor a que su abuelo le despreciara, pero quería su apoyo con el anhelo de un niño.
Deseaba que Serguei lo apoyara y estuviera orgulloso de él.
Klaus debió notar que estaba tocando un punto sensible, porque en seguida desvió la conversación al tráiler que había salido de la nueva película del niño mago, incluso acordaron ir juntos al cine cuando se estrenara.
La siguiente clase era la de deportes. El profesor les había indicado que jugarían quemados, los distribuyó en rondas de juego para que todos participaran. Hanji le pidió permiso de ir al sanitario, sin una necesidad real de usarlos, solo para evadir a sus cuatro mejores amigos que les pareció que era buen momento para intentar hablar. Por desgracia para ella, dado que el profesor estaba más atento a los estudiantes dentro de la cancha que a los que estaban afuera, los cuatro amigos más cercanos a Hanji, acordaron fugarse y esperarla justo en un pasillo solitario donde sabían que pasaría.
Cuando Hanji los vio, lamentó no haber podido evadirlos. Estuvo a punto de reiterarles la mentira del dolor de cabeza.
—Antes de que digas algo, escúchame primero —Le dijo Farlan, ganándole la palabra— Sé que algo te pasa —Hanji iba intentar negarlo, pero el rubio no se lo permitió— Lo supe sin necesidad del olfato de Mike, y sin ponerte mucha atención. Lo supe porque lo traes pintado en la cara. Y antes de que quieras alegar que cambiaste el formulario en el examen de física, eso ya nos lo dijo Isabel —La adolescente se quedó sin opción de poner eso de pretexto— Ahora entiendo por qué te veías tan pálida luego del examen, pero eso no justifica cómo te has estado comportando luego del receso.
La hija de Abelardo quedó demasiado sorprendida como para intentar inventar algo convincente. ¿Qué podría decir ante semejantes pruebas?
—Hanji —Habló Mike— Sea lo que sea, creo que no deberías estar cargándolo sola… Si decidieras no decírmelo, lo aceptaría.
—Claro que no, Mike —Dijo Farlan— También viniste a intervenir, así que mereces una respuesta.
—Me conformo con escuchar que Hanji decidió hablarlo con alguien.
—Chicos —Llamó Hanji— Está bien… Les explicaré— Sus amigos le miraron como para hacerle saber que tenían toda su atención— El profesor Shadis se dio cuenta de que cambié los formularios.
—¡¿Cómo que se dio cuenta?! —Preguntó Isabel escandalizada, Levi le hizo una seña para que se callara y le dejara hablar.
—Le entregaste el formulario junto al examen, notó que la letra no era la misma, así que rápidamente entendió —La pelirroja se quedó ida, intentando recordar si hizo eso o no— Me encaró antes del receso, y aunque tenía sus motivos, fue bastante hiriente.
—¿Entonces anulará sus exámenes? —Preguntó Farlan, suponiendo que eso la tenía mal, Isabel puso cara de indignación ante ese la idea, como si supiera que tenía mucho que perder si le anularan su examen.
—Dijo que no lo haría porque no me pescó en ese momento, sino después. Así que haría de cuenta que no se dio cuenta de nada, pero me advirtió que si volvía a hacerlo, me reprobaría todo el semestre.
La pelirroja puso cara de estar pensando que el profesor era injusto.
—Pues más te vale no volver a hacer lo mismo —Declaró Levi, Isabel pareció querer despotricar, pero el Ackerman no se lo permitió— ¿Qué…? ¿Vas a permitir que Hanji vuelva a arriesgar su calificación por ti?
—Claro que no —Replicó ofendida.
—¿Eso era lo que te tenía mal? —Preguntó Farlan, y Hanji asintió.
—Bueno —Inició Levi— El viejo se dio cuenta de la trampa y te hizo pasar un mal rato, pero vaya, no anulará sus exámenes, y estamos de acuerdo en que lo que hiciste, no debe volver a repetirse… También has logrado desahogarte, así que espero que quites ese comportamiento de culpabilidad. Porque lo hecho, hecho está.
—¿Entonces intentas decir que deje de comportarme así?
—Precisamente. Si no habrá consecuencias y él hará de cuenta como que no pasó nada, tú también debes actuar igual.
La adolescente se quedó reflexionando antes de hablar.
—Tienes razón —Respondió Hanji. Claro que, de momento, sonaba fácil actuar como si nada. Aunque no sería lo mismo a tener al docente frente a frente… Pero todavía no tendría que preocuparse por eso.
—Será mejor volver a clases antes de que el maestro se dé cuenta que no hemos fugado —Dijo Farlan.
Regresaron a la clase antes de que el maestro notara su ausencia, de hecho Mike y Hanji formaban parte de los estudiantes que jugarían en la última sección, así que se integraron como si nada.
El lunes, Klaus traía una seriedad que no era suya, y Zeke, pese a que estaba molesto con él, olvidaba su enojo a cada tanto por la felicidad de que Marlene había aceptado ser su novia el sábado.
En el receso, el Jaeger contó a sus amigos de la casa hogar con lujo de detalles su declaración, y la pequeña discusión que había tenido con Marlene, antes de que aceptara ser su novia.
—Le dije que ella me había insinuado en la fiesta de Hanji que me aceptaría si me declaraba de nuevo —Contaba el Jaeger— Y que si no me aceptaba, más le valía no arrepentirse.
—Oye, pero… —Inició Sayram— Hace rato escuché a Marlene pedirle a Mike que si se quedaba después de clases.
—Sí —Replicó Zeke como si nada— Me dijo que necesitaba que le explicara cómo convertir de grados Celsius a grados Farenheit.
—Pero si ni que no pudieras explicárselo tú— Le señaló Flagon.
—Marlene dijo que conmigo no se concentra. … —Declaró con una sonrisa tonta.
A parte de que se había ufanado con el comentario, no quiso iniciar una pelea por algo que quizás no valía la pena: No quería ser el típico imbécil que pretendía prohibirle a su novia que conviviera con otros chicos. Además Marlene era muy bonita, si quisiera andar con Mike, seguro que andaría con Mike, pero lo había elegido a él, así que iba a confiar en ella.
Y en todo caso, que se echara un taco de ojo con Mike si quería, ni que él no hiciera lo mismo con las revistas que celosamente guardaba en la parte alta de su closet, o incluso cuando caminaba por los pasillos de la escuela.
Él no iba a pelear por eso.
Poco antes de que finalizara el receso, su novia y su amiga Lynne volvieron con expresiones burlonas.
—Oigan, bonitas —Llamó Zeke— Cuéntenme el chiste para reírme yo también.
—De regreso hacia el salón —Explicaba Lynne— Varios compañeros coincidimos con el maestro de física… Y Hanji puso una cara que parecía que había visto un fantasma.
»Te lo juro que si se hubiera hecho pipi, no me hubiera sorprendido.
—¿Y eso les dio risa?
—Si lo hubieras visto también te hubieras reído —Dijo Marlene.
Pero no, no le pareció gracioso, mucho menos porque la siguiente clase fue justo la de Keith Shadis.
El Jaeger la notó apagada, cabizbaja, ausente.
Como si estuviera avergonzada.
Como si quisiera no darse a notar.
Cosa extremadamente rara en Hanji, SOBRE TODO, tratándose de esa clase.
Pero es que ella estaba sufriendo sus propios dilemas mentales.
Estaba enamorada con todo su ser.
A pesar de sus fantasías, nunca esperó gran cosa.
Se había esmerado con la idea de al menos, lograría no ser una alumna más del montón.
Quizás su amiga.
Algo.
Lo que sea.
Lo que fuera.
Pero con la trampa sentía que lo había echado a perder.
Le había mostrado un lado que a él no le había caído en gracia, y sentía que había perdido toda oportunidad y derecho.
No podía verlo a los ojos.
No lo soportaba.
Keith Shadis, luego de explicar y preguntar si había dudas, y de haber recibido una respuesta negativa de sus estudiantes, tenía que elegir quien pasaría a resolver el ejercicio.
Lo normal habría sido que llamara a Levi por ser el primero de la lista.
Pero para absoluta sorpresa de todos…
—Zoe, pasa al frente.
Hanji, había estado ausente, así que no supo que el maestro la estaba llamando al frente hasta que Farlan le dio un codazo y posteriormente le informó.
La adolescente no pudo evitar sentir pánico.
Aunque ella había ojeado el tema días anteriores, y era casi autodidacta, sabía que le iría mal, porque además de que no tenía cabeza, había partes que no había comprendido, y se suponía que pondría atención para quitarse las dudas.
Sabía que le iría mal, pero supuso que sería peor si se negaba a pasar como días atrás Isabel había hecho.
Así que se levantó, con la resignación de un condenado a muerte que camina a su ejecución.
Se quedó a medio ejercicio, y recibió una reprimenda de la que de milagro no había terminado llorando a todo pulmón. Y aunque sí se le salieron las lágrimas, reprimió el llanto lo más que pudo mientras seguía las indicaciones de Keith Shadis entre sollozos y con las mejillas empapadas.
Para cuando el maestro le indicó volver a su asiento, sentía que la garganta le quemaba, pero solo se permitía sollozar y lagrimear lo más silenciosamente posible –cosa que hizo que el dolor en su garganta aumentara-.
Levi todavía alcanzó a extenderle unos pañuelos antes de ser llamado al frente.
Para cuando terminó la clase, Hanji lloró a lágrima viva mientras agarraba su mochila de almohada.
—Llévale esto, sapo —Dijo Zeke a Klaus, extendiéndole un caramelo que posteriormente entregó a Hanji.
A la adolescente le temblaban las manos, tanto, que su amigo Farlan le hizo el favor de abrirle la envoltura para que pudiera tomarlo.
—Fue muy cruel contigo —Dijo Isabel a su amiga— Mi hermano también se quedó a medio ejercicio, pero contigo se excedió… Estabas llorando y ni por eso se calmó.
Pero Hanji, no quiso decirle que quizás había sido una forma más de desquitarse por su trampa del viernes.
En la clase de física del martes, la adolescente estaba aún más apagada y silenciosa, aunque Keith Shadis no volvió a pasarla.
Para el miércoles, era el día que el maestro entregaría los exámenes calificados.
En la primera media hora, el docente les estuvo dando algo de teoría del nuevo tema, pero justo cuando iniciaba la segunda mitad de la clase, los hizo salir del salón, indicando que entrarían de uno a uno como los fueran llamando.
Así que todos estaban en el pasillo, advertidos por Shadis de que no hicieran ruido de más, ni hicieran nada que ocasionara que le llamaran la atención o los haría pagar.
—Zoe —Llamó el docente— Entra al salón.
Hanji entró, igual de cabizbaja que como había estado durante todo el tiempo que tuvo a Shadis en frente, y cerró la puerta tal como el profesor se lo pidió.
—Me dijeron los del otro grupo que los va pasando de la calificación más alta a la más baja —Dijo Zeke, y supuso que así era, porque Hanji salió tan feliz que brincaba y daba chillidos de alegría.
Había entrado luz tambaleante a punto de extinguirse, pero lo que salió, fue una llamarada que parecía querer competir con el mismo sol.
—Church —Llamó Shadis a Farlan— Entra.
El rubio ya iba alegre de que su amiga por fin volvía a sonreír.
Irónicamente el hombre que había ocasionado su tristeza, ahora ocasionaba su alegría.
Le indicó sentarse frente al escritorio –incluso el docente había movido una silla para quedar cara a cara-.
Keith Shadis le entregó su examen: 95/100, más los tres puntos extras que tenía le sumaban 98/100.
Supuso que únicamente le entregaría el examen y le diría que se fuera, pero ahora que lo pensaba, le pareció que Hanji duró mucho más tiempo.
—Chuch… ¿tienes planes de estudiar algo después de la preparatoria?
—Claro, profesor.
—¿Puedo saber qué?
—Medicina —Por algún motivo, esto no pareció agradar al profesor.
—Tengo que decirte algo de tu compañera Zoe.
Por un segundo, Farlan pensó que el maestro le hablaría del evidente enamoramiento que Hanji tenía hacia su persona.
Pero Keith Shadis le aclararía, que la buena calificación, no era el único motivo por el que su amiga salió radiante del salón.
Minutos antes…
Hanji entró, silenciosa y cabizbaja.
El docente pensó que eso se erradicaría cuando le enseñara su calificación: 96/100, más dos puntos extras que le sumaban a 98/100.
Y si bien si se le vio que le brillaron los ojos por la calificación, no se mostró tan alegre como pensó.
—¿Qué carajos te pasa? —El docente normalmente no usaba ese vocabulario delante de una estudiante, y mucho menos en las instalaciones de la escuela, pero no pudo contenerse.
—¿Eh?
—¿No te hace feliz la calificación?
Ella tardó segundos en responder.
—Sí, profesor. Es solo que no me hace tan feliz —Respondió de manera sincera.
En el fondo, se reprochaba una y otra vez su actitud ya que su prioridad debían ser sus estudios, pero no podía evitar entristecerse ante la oportunidad que sentía perdida.
—Tengo la impresión de que estás intimidada por ese tema del que te dije que esperaba no volver a hablar contigo —Dijo el maestro.
Hanji se quedó analizando sus palabras.
Pensó que a estas alturas ya no importaba si se permitía ser sincera.
Ya no había forma de salvar "la oportunidad".
—No niego que estoy intimidada, pero usted dijo que haría de cuenta que no había pasado nada, aunque el lunes se estuvo desquitando conmigo por eso.
—No me estaba desquitando por la trampa —Dijo evidentemente ofendido, aunque Hanji lo vio de una forma en la que expresaba claramente su incredulidad— Te di una lección porque no me estabas poniendo atención.
Hanji entonces lució estupefacta.
¿Había sido eso?
Entre más lo pensaba más tenía sentido.
No habría sido la primera vez que el docente se desquitaba así con un estudiante que estuviera tonteando en su clase.
Además tenía que reconocer que ni siquiera supo el momento en el que el maestro le llamó por no ponerle atención.
—Lo siento —Dijo apenada, avergonzada de haberse confundido.
—No importa… —Dijo como queriendo quitarle importancia al asunto— Lo importante, es que veas ese error como un tropiezo que no volverá a perjudicarte.
»Acéptalo y continúa... No hagas que me arrepienta de haberte dado otra oportunidad —Dijo serio.
Hubo unos segundos de silencio antes de que el docente volviera a hablar.
—He estado consultando con otros maestros tu desempeño…
»Me han confirmado que eres igual de dedicada en cada clase…
Hanji no quería ilusionarse.
No quería.
¿Pero qué otra cosa podía hacer si él abiertamente admitía haber tenido interés?
—¿Por qué ha estado preguntando por mí? —Preguntó casi sin voz.
—Tengo curiosidad —El corazón de la adolescente se aceleró— Me imagino que alguien con tu dedicación, tiene planes más allá de la preparatoria.
—Sí, profesor.
—¿Puedes decirme qué planeas hacer?
—Quiero… quiero estudiar ingeniería química.
El hombre no pudo disimular su sorpresa.
Lo primero que pensó es que no era posible que una mujer quisiera estudiar eso.
Pero no podía negar que era brillante.
Brillante.
Como un diamante en bruto que podría pulir para hacerle sacar su máximo explendor.
Aunque siendo mujer, era un problema.
Pero…
¿Realmente debía de verlo como un problema?
Seguramente sí.
El sexo le pondría muchas trabas laborales, pero, ¿no era eso parte de la aventura?
¿De la satisfacción del triunfo haber superado todos los obstáculos?
No tenía nada seguro. No sabía si Hanji sería capaz de superar todas sus dificultades. Y era patético querer sentir gozo por los triunfos de alguien más, pero cuando ya no se tiene nada, cualquier cosa parece demasiado.
Cualquier esfuerzo, aun si era en vano, era mejor a seguir sumido en el aburrimiento.
A seguir estancado en la cotidianidad.
A ser un mero espectador que no lograba hacer que ALGO pasara en su vida.
—Para eso, necesitarás aprender a aplicar la química, la física, la biología y las matemáticas.
—Ya lo sé, profesor… Si por eso estudio mucho.
—No, Zoe... No hablo de cosas comunes, ni de exámenes que podría aprobar cualquier estudiante con dos dedos de frente. Hablo de tener capacidades y actitudes para hacer cosas extraordinarias…
»La gente común no hace cosas extraordinarias, solo los extraordinarios, los elegidos.
»¿Entiendes? —Y Hanji asintió.
Aunque no había pensado realmente en todo lo que su maestro exigía.
No solo espera que fuera capaz de triunfar en su carrera –cosa que Hanji de todos modos quería-, sino que incluso, esperaba usarla para llenar su vacío.
Aunque Hanji, de haber sido consiente, también habría aceptado dedicarse a tratar de aliviar todos los sentimientos negativos ese hombre.
—Tendrás que estudiar mucho —Seguía diciendo Keith Shadis— Y de ser posible, entrar al torneo de física.
—¿Eh?
Keith Shadis le explicó del torneo, donde, al igual que en el de química, alumnos de segundo participaban a la par de los de tercer año.
Hanji se había emocionado cuando Farlan le contó que la había considerado para un equipo, y el hecho de saber que habría un torneo similar en física, parecía un sueño.
—Yo seré quien los asesore —Hanji no se habría negado a entrar, pero eso terminó siendo una motivación más.
—¡Por supuesto que entraré! —Casi gritó, con las energías y la alegría renovada— ¡Daré todo lo que tengo!
—Te recuerdo que los torneos son en cuartetos conformados por estudiantes del mismo salón.
—No importa —Dijo determinada— Conseguiré a otros tres compañeros.
Keith Shadis iba a decirle algo más, pero se dio cuenta de que ni siquiera le haría caso, así que la despachó indicándole que le dijera a Farlan que entrara.
—No quise desanimar a tu compañera, pero creo que será algo difícil conseguirle compañeros… No solo un equipo decente, sino incluso quien quiera entrar al torneo.
—¿Y es tan necesario que entre?
—La mayoría de los chicos de tercer año que están en el área de físico matemático entran al torneo, así que si Zoe entra desde este año, le servirá de entrenamiento para el siguiente… Espero que para entonces sea capaz de sobresalir. Pero incluso si no sobresale en ninguno de los torneos, le serviría de práctica para lo que le espera en la universidad, pero si sobresale, demostraría desde el inicio que merece estar allí, pese a ser mujer.
—Pese a ser mujer —Farlan repitió la última oración con cierto tinte de indignación— Usted es machista.
Shadis ni siquiera hizo el intento de negarlo.
—Y cómo crees que serán los maestros en la universidad, ¿eh…?
»¿Crees que Zoe tendrá la suerte de encontrar a puros Erwin Smith?
»La verán feo durante el examen de admisión.
»La lucha para ser aceptada será encarnizada.
»Y será mejor que ni hablemos del campo laboral.
»Pero le facilitaría las cosas si desde el inicio demuestra que MERECE estar allí.
Church se quedó reflexionando sus palabras.
—Usted, lo que quiere decirme, es que entre al torneo con ella.
—En realidad esperaba que naciera de ti, pero ya que estamos hablando tan directamente: SI… Quiero que entres junto a ella.
Farlan pareció reflexionarlo, aunque no por mucho.
—Lo haré… no porque usted me lo pide, sino por ella.
—Esa es mi idea.
»Veré qué puedo hacer para conseguirle un buen equipo.
»Ahora retírate, y haz entrar a Jaeger.
La calificación de Zeke fueron 94/100, más tres puntos extras que le sumaban a 97/100.
—Jaeger… ¿Qué carrera planeas estudiar?
El adolescente se alteró con el cuestionamiento.
Por un segundo, hasta se imaginó que su abuelo le había encargado que le hiciera esa pregunta.
Dentro de poco el adolescente comprobaría que por supuesto Serguei no le había encargado eso, y que incluso pensarlo había sido bobo, pero su primer impulso fue reaccionar a la ofensiva.
—No es su asunto —Dijo tan cortante que inicialmente sorprendió al profesor, aunque luego no le dio importancia.
—En eso tienes razón, solo quise preguntarte para ver si podría interesarte entrar al torneo de física.
Zeke ni siquiera tuvo que pensarlo.
—No me interesa —Dijo tajante, sin el tono de respeto que un maestro debía recibir.
Keith tuvo que reprimir su molestia.
El Jaeger tenía un problema de actitud, pero aun con eso hubiera querido tenerlo en el equipo de Hanji gracias a su inteligencia.
—En ese caso: no tengo nada más que hablar contigo.
»Dile a Becher que pase.
Klaus entró, nada más verlo, Keith recordó que lo había visto dedicarle profundas miradas a Zoe.
Incluso el lunes, mientras la reprendía delante de todos en el pintarrón, se dio cuenta de que lo estaba viendo con odio, cuando ni siquiera cuando lo regañaba a él lo veía así.
Keith entonces, se preguntó, si podía usar eso a su favor.
—¿Qué carrera planeas estudiar? —Le preguntó luego de entregarle su examen calificado.
—Derecho, como mi padre —Keith no dejó que eso lo desanimara.
—Lástima... —Dijo con aparente indiferencia— Creí que podrías ser de ayuda para Zoe —Klaus no pudo disimular su interés.
—¿Ayudarla en qué?
—A completar un equipo para entrar al torneo de física así como Church —Comentó como si nada— Pero si quieres estudiar derecho, supongo que no te interesa participar con tu compañera —El adolescente, por un segundo, tuvo que tomar aire para contener un grito de la emoción de imaginarse al lado de Zoe.
—En ese caso, por supuesto que entro.
»Todo sea con tal de ayudar a Hanji
«Lo mismo pienso, Becher: todo sea con tal de ayudar a Hanji» Pensó el docente con apenas una insinuación de sonrisa.
—Bien… Ya puedes salir y decirle a Fisher que pase.
Klaus salió con el corazón desbocado. Rápidamente buscó a su amigo.
—Entraré al torneo de física—Dijo emocionado, cosa que descolocó a Zeke.
—¿Y eso porqué te emociona?
—Porque Hanji estará en el equipo, y aunque también esté Farlan seguro podré acercarme a ella.
Zeke entonces entendió porque Keith le había preguntado si le interesaba entrar al torneo.
—Voy a ver si aún hay espacio en el mismo equipo para que entre yo —Comentó el Jaeger— Quiero estar cerca para que no la vayas a cagar.
Se acercó justo a tiempo para ver que Fisher ya estaba fuera del salón de clases mientras Weber entraba.
—Alex… —Zeke llamó a Fisher— ¿Entrarás al torneo?
—Sí —Le dijo él.
Zeke pensó que no había más que desear que su amigo pudiera acercarse por sí mismo a Hanji y alegrarse por Fisher y Zoe.
—Me da gusto —Le dijo fingiendo una alegría que no sentía—Hanji y tú son dedicados en sus estudios.
»Seguro que harán un gran equipo.
—No será así —Le replicó inicialmente— Weber y yo nos uniremos a dos chicos de otro salón.
—¿Pero que no tendrían que hacer equipo con compañeros del mismo grupo? —Le preguntó Zeke confundido.
—Lo mismo me dijo Shadis, pero le aclaré que esa siempre ha sido tradición, pero que las reglas del torneo no lo indican explícitamente.
Weber salió, pero antes de que pudiera nombrar al siguiente en entrar, el Jaeger le ganó la palabra.
—Profesor —Llamó Zeke en voz alta antes de colarse en el salón— ¿Por qué no me dijo que entraría con Hanji…? En ese caso sí entro.
Shadis se había amargado cuando Fisher le había dicho que haría equipo con estudiantes ajenos a Zoe, pero al ver que Zeke volvía al juego, le quitó un peso de encima.
—Me alegro, Jaeger —Dijo sincero, aunque la indiferencia de su talante ocultaba su satisfacción.
Zeke, engreído como el mismo, fue ante Alex y le contó que sería parte del equipo de Hanji.
—Que gane el mejor —Comentó casi con burla ante de irse ante y contarle a Klaus que también sería parte del equipo.
—Me alegro que estés conmigo —Dijo el Becher.
—Qué bueno… Deberías ir a darle la noticia a Hanji.
—¿Me acompañas?
—No seas gallina —Dijo entre burla y regaño.
Zeke, de lejos vio como Klaus se acercaba a Hanji, como al parecer había agarrado valor para pedirle apartarse, y como después, a cierta distancia, ella dio un grito emocionado, antes de saltar hacia sus brazos, evidentemente emocionada con la idea de que serían parte de un equipo.
Seguramente Hanji se habría emocionado con cualquiera por el simple hecho de ser parte del mismo equipo, pero Zeke confió en que el torneo le sería de ayuda a su amigo para acercarse a su amor platónico.
Continuará…
Publicado el 17 de noviembre de 2020.
Gracias por leer. Cualquier duda pueden preguntarme por mensaje privado.
Dejaré las notas para quiera leerlas.
Algo que se me olvidó mencionar cuando publiqué el capítulo pasado era que acababa de comprarme los libros de "el señor de los anillos", y sí, leí el primer capítulo, y si bien he avanzado con la lectura, no he terminado ni medio libro. No me atrapa, no sé por qué porque las pelis las amo –aunque reconozco que la primera es bastante aburrida-.
En fin.
Sé que quizás les parezca chiste que una mujer en este tiempo no sepa lo que es el sexo, pero una que otra conocida treinta años atrás no tenía ni idea de eso, así que la anécdota de la madre de Hanji, fue inspirada en un hecho real.
Sobre los que van actualizados al manga, habrán visto que Historia lloraba durante el parto, y en un grupo un hombre tuvo la torpeza de preguntar si acaso Historia lloraba de dolor –sino te enteraste de hecho es porque no estás tan metido en el fandom-, así que releer que Hanji entendía por qué en las películas las mujeres siempre actuaban como si sintieran mucho dolor, me arrancó una carcajada.
Sobre Hanji, reflejé lo que pienso de ella: el sexo como cualquier cosa, trata de verlo desde el lado intelectual.
Sobre Zeke, al menos en este AU, me lo imagino como el típico niño rico que ha tomado clases de música y canto, y cuando digo música, es que sabe tocar varios instrumentos: Violín, guitarra acústica, guitarra eléctrica, batería y piano –aunque este último fue más porque su abuela casi casi lo obligó-. Curiosamente, tiempo después me emocioné al ver que el sountrack del titán bestia, incluye muchos de los instrumentos mencionados.
El violín es considerado por muchas listas de dificultad como el instrumento más difícil de tocar, y lo avalo: sostenerlo de manera correcta resulta agotador ya que debes sostenerlo con el brazo estirado, al tocar o cambiar notas necesitas colocar los dedos perfectamente, y la precisión sobre las cuerdas con el arco debe ser perfecta, sino no solo no saldrá la nota exacta, sino que puede que no saques ninguna.
Con la película corazón salvaje hacia referencia a la película corazón valiente de Mel Gibson, y como la cancoin nada que ver jejeje, me imaginé un concierto que encuentran en youtube como: MUSE – UPRISING (Violin Duet) –donde se ve a una chica tocando en pantalla doble, y Zeke evidentemente tocó el lado izquierdo que es el más movido-.
Lo que comenté de las guitarras es cierto: eléctricas o acústicas se tocan de la misma manera: tocar acordes o notas individuales con la mano izquierda, mientras mantiene el ritmo de rasgueo con la mano derecha.
«Tengo que concentrarme en mis estudios» La vieja confiable.
La dinámica del examen en física fue parte mi vida real: de pronto te dabas cuenta de que no podías despejar la fórmula para el planteamiento, o de que te había faltado anotar una. Incluso cuando el maestro decía: me entregan ya o no recibo nada.
No sé qué maestro solía decirnos que era de mala educación entregar los trabajos con tintas diferentes a las azules y a las negras, así que me imaginé que Shadis pensaría así, en parte porque otras tintas son más difíciles de leer.
El por qué Klaus estaba serio, y la escena de la pedida de noviazgo de Zeke, fue gran parte de lo que tuve que dejar de lado en función a que avanzara la historia de Hanji.
El capítulo se llamó resurrección y muerte, en honor a lo que pasó en el capítulo 133 del manga, por como Hanji "cayó" y "se levantó", y como de cierto modo lo hizo aquí, al morir inicialmente ante el reproche de su maestro, y al resucitar con la noticia del torneo.
Fisher y Weber son OCs, por eso los apellidos alemanes.
