Hace tiempo, antes de subir el capítulo anterior, me di cuenta de que el capítulo habría contenido más acción de parte de Klaus y de Zeke por lo que decidí suprimir esas escenas, pero dado los acontecimientos que tendrán a lugar más adelante en el fic, me parece que es importante que entiendan el contexto, por lo que decidí agregarlas como un capítulo intermedio, recordemos que el último terminó en que era miércoles, y Hanji acababa de recibir su calificación del examen de física, y estaba decidida a entrar a un torneo de esta misma materia, pues este cap cronológicamente se ubica en los días sábado, domingo y lunes anteriores.

Me dejaron un comentario sin cuenta justo al día siguiente que había decidido acomodar este cap intermedio y por desgracia no le puedo contestar que sí continué, espero pueda ver la actualización.

Sin más que decir espero hubieran pasado feliz navidad.


ZEKE Y KLAUS, CAPÍTULO INTERMEDIO.


El sábado anterior.

En uno de los parques de Stohess, Marlene salió a correr con Henning y Lynne como cada sábado –para mantenerse en forma-. Se detuvieron a descansar donde acostumbraban, en una sección donde había toda clase de puestos, aunque estaban un tanto apartados de las demás personas.

De pronto se acercó un hombre, de esos que visten una túnica y llevan una caja de papelitos consigo, pidiendo una moneda a cambio de tomar un papel para conocer su suerte.

—¿Esas son estupideces? —Murmuró Henning. Normalmente Lynne se habría mostrado interesada, pero fingió apatía por no quedar mal ante el chico.

—Yo creo que sí tomaré un papel —Dijo Marlene.

—Deberías —Respondió el hombre— Tal vez te enteres de cómo te fue en tu examen de física.

Los tres chicos se sorprendieron, Marlene ya no lo dudó, le entregó una moneda, y en seguida tomó un papel y lo abrió.

Lo que leyó la dejó estupefacta.

«Zeke quiere saber si quieres ser su novia»

La chica escuchó una risa estridente justo detrás del hombre que le había dado el papel, era Zeke, que había estado medio oculto.

Apareció sosteniendo una cámara digital con la mano derecha, mientras que en la muñeca izquierda tenía atados unos globos en forma de corazón, y con su codo sostenía contra su cuerpo una caja con papelitos.

—Deberías ver tu cara —Le dijo Zeke— Es como de revista.

Guardó la cámara para devolverte su caja con papeles al hombre, además de que le dio algo de dinero.

—Aquí tiene el resto de lo que acordamos —Le dijo el adolescente— Muchas gracias, desde aquí ya es por mi cuenta.

—Buena suerte —Se despidió el hombre.

—Bueno —Dijo Lynne— Henning y yo seguiremos ejercitándonos —Aunque desconocía qué decía el papel, supuso que era mejor dejarlos hablar.

La chica se quedó allí aun sin reaccionar. Zeke vestía ropa deportiva, como si hubiera ido a correr, pero era obvio que no había hecho tal cosa, lucía tan fresco que seguro no hacía mucho se había duchado, y darse cuenta de eso hizo que Marlene se sintiera repugnante, porque estaba un poco sudada por la actividad física.

—¿Qué significa esto? —Fue lo primero que soltó cuando recuperó el habla.

Zeke por un segundo lució confundido, pero recuperó la sonrisa calmada y ligeramente engreída que tenía anteriormente.

—Vine a preguntarte por tercera vez si querías ser mi novia.

—¿Todavía quieres? —Inquirió ofendida— ¿Y por qué no me lo pediste hace una semana en vez de hacerme quedar como que solo era una idea mía…? ¿O acaso te divirtió humillarme?

—No te voy a negar que la venganza fue un plus, pero tampoco quise pedirte que fueras mi novia de una manera tan simple, mucho menos en la fiesta de Hanji… No creí que te sería plácido recordar que nos volvimos novios en el cumpleaños de alguien tan irrelevante para ti.

—¿Y no esperas que te acepte después de humillarme así, verdad?

—Me vas a decir que sí —Replicó con engreimiento.

—No deberías estar tan seguro, ¿qué tal si te digo que no o que aún tengo que pensarlo? —Zeke, pese a que mantuvo la sonrisa, enserió su mirada.

—Estarás en tu derecho… —Dijo sin variación en la voz.

»No te puedo obligar a que me digas que sí.

»Solo te recuerdo que ya te lo he pedido en dos ocasiones, y considero que si realmente quisieras, no te negarías ni tendrías porqué seguirlo pensando.

»Aparte de que hace una semana insinuaste que si te lo volvía a pedir me dirías que sí, y por eso me he declarado, no porque no me importe mi dignidad.

»Así que, si me vuelves a decirme que no, o que aún tienes que pensarlo, voy a creer que lo único que querías hacer era humillarme, y no te lo voy a perdonar —Marlene palideció con esa última frase.

»No significa que te voy a tratar mal —Agregó como si quisiera aclararle— Solo que no te lo voy a pedir de nuevo… ni te aceptaré si luego te das cuenta de que en realidad sí querías ser mi novia.

»Así que si fuera tú, lo pensaría muy bien, porque soy un hombre de palabra, y la cumpliría sin importar que todavía me siguieras gustando.

Marlene quedó se pasmada, Zeke sonreía, pero se dio cuenta de que hablaba en serio.

—Piénsalo bien —Le reiteró ampliando un poco más la sonrisa, luciendo encantador pese a la firmeza en su mirada.

—Sí quiero.


Klaus había tenido una mala mañana.

Era el día asignado para pasarla con su padre, pero él no había llegado a la hora acordada, ni había contestado el celular hasta mucho rato después, y solo lo hizo para decirle que había tenido una situación de trabajo que le había impedido llegar a tiempo.

—Pero si tú no trabajas en sábado —Reclamó el adolescente.

—Hubo una emergencia. Te llamo en cuanto me desocupe —Klaus iba a recordarle que era el dueño del despacho y que podía haber mandado a otro, pero antes de poder decírselo, su padre le había colgado.

Así que se había quedado enojado.

Había reservado ese sábado para pasarla con él. Desde que el dolor del divorcio se había disipado, habían pactado que cada cuatro sábados saldrían como padre e hijo. Daba igual si pescaban, si nadaban, si veían películas o solo daban un paseo por el parque. Era un día reservado para los dos, y su padre nunca había incumplido con el trato.

Hasta hoy.

—Tu padre nunca había dejado de venir, lo que sea que pasó debió ser grave —Intentaba animarlo su madre, pero ni así se le quitó lo molesto.

Klaus juraría que ese sería un día de perros cuando al llamarle a Zeke para ver si podían verse, él le dijo que no, que estaba ocupado, y no le quiso decir en qué.

—Después te cuento —Le decía el Jaeger, con Marlene sentada frente a sí, que le daba miradas molestas porque le parecía que ya se había alargado la plática.

Klaus le colgó, no sin antes decirle un par de insultos. El Jaeger no le dio importancia, consideró que su amigo estaba muy malacostumbrado a que siempre acudiera o lo recibiera en su casa cuando se lo pidiera, por eso no se estaba tomando a bien un no por respuesta.

—¿Qué quería? —Preguntó Marlene.

—Nada. Quería que nos viéramos, pero estoy ocupado contigo.

La chica le sonrió de forma ufana.

—No creí que te importara tanto como para que mandaras a volar a tu mejor amigo por mí.

—No es que te esté dando preferencia sobre mi amigo —Le dijo directo, aunque cortés— Pero me parece muy tonto que se enoje solo porque es la primera vez que su padre no acude a su salida mensual… Entiendo que esté frustrado, pero está haciendo una rabieta como si siempre le hiciera lo mismo… Además, es nuestro primer día de novios, y Klaus debería ser capaz de aguantarse la frustración sin mí.

Klaus se había puesto tan irritado que juraba que no le volvería a hablar a Zeke hasta el mes entrante, y a su padre en lo que le quedara de vida, pero tuvo que tragarse sus palabras, porque rato después su padre le llamaba para decirle que ya se había desocupado y que iría por él, y como no tenía otros planes, no pudo mantenerse firme en su plan de indignado.

Al final accedió a salir, aunque de mala gana.

Stohess era una ciudad mediana. A Klaus no le pareció raro que su padre tardara poco más de treinta minutos en llegar. Iba vestido demasiado casual para haber estado dizque trabajando –siempre vestía ropa formal en el despacho o cuando andaba en asuntos laborales-, pero igual no quiso pelear ni pedir explicaciones. Con el rato ya se había calmado, aunque estuvo a punto de perder la serenidad cuando su padre le indicó que subiera al asiento trasero.

—Pero si siempre voy de copiloto.

—Sí pero tu madre vendrá con nosotros.

—¿O sea que el día padre e hijo se ha ido al cuerno?

—Claro que no, tu madre no se quedará con nosotros, solo le daré un aventón porque se verá con una amiga.

—Ajá, con una amiga —Contestó mordazmente mientras se iba al asiento trasero mientras su padre captó el sarcasmo en sus palabras.

—Ronald me dijo que tiene la impresión de que tu madre está saliendo con alguien.

—Zeke comentó lo mismo… Me dijo que me lo advertía para que no me cayera de sorpresa cuando mi mamá nos lo presentara.

—¿Y cómo se dio cuenta?

—Pues notó que se está arreglando más, que está más sonriente, que ya se toma las cosas con calma, y sobre todo el que hay ciertas llamadas que no contesta delante de nosotros, y antes no era así...

—Ah —Balbuceó el hombre, con una indiferencia que no sentía.

No era que quisiera que ella siguiera siendo tan infeliz como había sido en el pasado, pero no quería que nadie estuviera al lado de su ex mujer.

Pero no por celos de ella, claro que no, sino porque no quería que consiguiera un hombre que suplantara su lugar como padre de sus hijos.

Eso era.

Eso tenía que ser.

Tenía que repetírselo hasta terminar convenciéndose de ello.

—¿Y cómo te va en la escuela? —Le preguntó intentando sonar casual, como queriendo cambiar de tema.

—Supongo que saqué algo decente en los exámenes de literatura y arte, ya sabes que no me gustan… pero en química saqué un 88/100, y ayer hicimos el examen de física, estoy seguro de que me fue bien, así que con eso compensaré.

—Eso espero, porque ya te compré un regalo, y me daría mucha pena tener que recogértelo —Comentó antes de sacar algo de la guantera.

Klaus casi rio de la euforia. Era una consola de videojuegos portátil. La misma que tanto le había envidiado a Zeke porque la había recibido de regalo de su abuela al cumplir los dieciséis.

—¡No inventes…! ¡Esto es más de lo que hubiera esperado! —Exactamente, no habría esperado que le diera eso hasta navidad o hasta su cumpleaños para el que faltaba poco más de un mes… Claro que esto lo puso a pensar y a querer enunciar sus dudas— Oye, papá… ¿pasa algo…?

—¿A qué te refieres?

—A que la última vez que me diste algo caro sin ser una fecha especial, fue antes de que me dijeras que tú y mamá sí se iban a divorciar.

—No te preocupes, hijo... No pasa nada… Simplemente me nació dártelo —El hombre vio claramente las dudas en el rostro de su hijo— Pero si quieres me lo llevo de regreso.

—¡No…! Está bien —Dijo comenzando a sacar la consola de la caja. De pronto se dio cuenta que el único casete que tenía era el que venía de regalo en compra de la consola, un videojuego clásico de casi treinta años atrás. Se sentía incómodo de externarlo, no quería parecer un malagradecido, pero al final no pudo evitarlo— Eh, papá… No me lo tomes a mal pero, solo tengo un juego —Se lo enunció mientras le enseñaba el casete.

—Ah, es que no quise comprarte otro porque no estaba seguro de cuál era el juego de carreras del que me habías hablado… le pregunté a la vendedora, pero no me supo decir cuál era el juego donde el protagonista era un zorro naranja —El adolescente comenzó a reírse antes de explicarle.

—Papá, Dash es un marsupial, no un zorro.

—Ah, con razón… a parte la vendedora me confesó que aunque trabajaba allí, tenía muy poco tiempo y no sabía nada de videojuegos, pero al rato podríamos ir al centro comercial para que elijas ese, y otros dos que quieras.

—Gracias papá —Se lo dijo tan emocionado como estaba, incapaz de disimularlo.

En el pasado le habría molestado que su papá no supiera cuál era el videojuego que quería, Zeke seguro le habría señalado que al menos su padre sabía que le gustaba un juego de carreras en las que el protagonista era un animal naranja -aunque no sabía exactamente cual animal era-.

—Mínimo te pone atención la suficiente atención como para saber algunos detalles —Fue lo que dijo Zeke luego de que su padre le diera una camisa de un equipo de futbol, solo que no le había dado la camisa de su equipo favorito, sino la de otro equipo más comercial.

Fue un momento súper tenso, no solo porque se había equivocado en uno de sus cumpleaños luego de que con regalo envuelto en mano hubiera anunciado que le había comprado la camisa de su equipo favorito, sino que fue justo el siguiente cumpleaños luego del divorcio, y de por sí los sentimientos estaban a flor de piel.

—Mira sapo —Le dijo Zeke— Yo sé que sigues enojado con tu papá por la canallada que le hizo a tu mamá, como marido yo no lo voy a defender, pero como padre, si bien tiene sus fallas al menos lo intenta… Fue un error feo, pero también tú reflexiona: tu papá no es afín a ver deportes, si no es por acompañarte a ti o a tus hermanos, él nunca verá ningún partido ni de beisbol, ni de futbol, ni de nada… y con todo y que no le gustan los deportes, mínimo sabe que te gusta el futbol, y aunque no sabe el nombre del equipo al que le vas, conoce los colores de la camiseta, y yo estoy seguro a Grisha jamás supo ni le interesó ver los colores de mi equipo favorito… es más, casi te aseguro que si le hubieran preguntado, ni habría sabido que me gusta el beisbol, y tienes que reconocer que los colores de tu equipo y de la camiseta que tu papá te dio son muy parecidos.

Klaus, muy a su pesar, tuvo que reconocer que su amigo tenía razón.

Si no fuera porque el tono del azul era distinto, o por ciertos detalles en el cuello y en la manga, casi podrían ser la misma camiseta.

—Tienes dos opciones —Le dijo Zeke— O le tomas la palabra a tu papá y le aclaras cuál era la camiseta que querías, o tomas esto como señal divina de que debes cambiarte de equipo porque al que le vas nunca gana ni un partido —Agregó riéndose con lo segundo mientras esquivaba un almohadazo.

El adolescente pese a la rabia que había tenido en ese momento, sonrió con el recuerdo.

Mientras tanto el adulto estaba metido en sus propios pensamientos.

Cuando su ex mujer salió de casa, Walter inmediatamente notó todo lo que el segundo de sus hijos le había dicho: Keila se había teñido de rubia, se estaba arreglando más, y se notaban perfectamente sus extensiones de cabello.

Normalmente no la veía cuando pasaba por el menor de sus hijos, pero tres meses atrás tuvieron una salida familiar para celebrar el cumpleaños del primogénito, y era evidente que se había puesto extensiones porque era imposible que el cabello le hubiera crecido tanto en tan poco tiempo.

—Ah. No va tan arreglada —Murmuró Klaus cuando la vio y notó que solo se había quitado la ropa que usaba de entrecasa y se había puesto algo casual— Quizás por esta vez sí va a verse con una amiga.

—¿Acaso se arregla más? —Preguntó el hombre, porque le parecía que ya estaba lo suficientemente embellecida en comparación a cuando todavía eran pareja.

—Sí… Por ahora parece que solo se pintó los labios, pero a veces sale pintarrajeada como payaso —Cuando su madre se maquillaba jamás rallaba en lo ridículo, pero para el adolescente era algo excesivo porque estaba desacostumbrado a verla así, además de que no le gustaba la idea de que se estuviera viendo con otro hombre.

—Espero no haber tardado —Dijo la mujer sentándose en el copiloto— ¿Nos vamos?

—Sí —Dijo el adulto, cuando salió de su ensimismamiento.


Zeke estaba en una de las bancas con su ahora novia apoyada en su regazo, así que cuando el celular le sonó, y él se asomó en la pantalla para ver quién era, la chica pudo leer perfectamente el nombre: Gracielita.

—¿Quién es esa? —Inquirió de forma despectiva.

—Es mi abuela —Dijo riéndose, divertido por los celos de su ahora novia— La tengo guardada así.

—¿Pero quién registra a su abuela por su nombre y en diminutivo? —Preguntó suspicaz y molesta con la idea de que le estuviera tomando el pelo.

—Yo lo hago… Luego te explico, pero ahora deja contestarle— Diciendo esto contestó la llamada— ¿Qué pasa, abuela? —Inquirió en tono amable— ¡¿Qué?! —Preguntó con estupefacción, Marlene se le quedó viendo confundida— ¿Dónde está…? —Su respiración se agitó— Voy para allá —Colgó la llamada— Tengo que irme —Dijo tomándola de los hombros con suavidad, para quitársela de encima.

—¿Qué sucede?

—Luego te explico.

—¿Entonces te marchas así como así? —Le dijo en tono de reproche.

—Marlene, por favor —Espetó frustrado— Te juro no me estaría yendo sino fuera importante... —Lo dijo pausadamente, evidentemente moderando su voz para que no saliera como gritos enardecidos— No me preguntes que ya me tengo que ir... —Se obligó a hablar con suavidad— Más tarde te llamo, ¿sí? —Lo último ya lo dijo con forzada dulzura.

—Está bien —Cedió porque jamás lo había visto tambalearse, y ahora lo hacía. Era obvio que pasaba algo grave.

Zeke se desamarró los globos de su muñeca y los entrego a la chica, al final le dio un beso rápido en los labios a modo de despedida, posteriormente se fue a buscar un taxi.


Durante el trayecto, Klaus se puso a jugar en su consola portátil, con sonido bajito para que su papá no lo regañara por el ruido. Cuando sintió que el carro se detuvo, supuso que su madre ya se bajaría, pausó el juego, levantó la vista para despedirse rápidamente de ella antes de pasarse para el copiloto, pero para su sorpresa, su madre no parecía dispuesta a bajarse, además de que estaban afuera del "Santa Elena", el hospital del abuelo de Zeke.

—¿Qué hacemos aquí? —Preguntó sorprendido, guardándose el juego mientras comenzaba a tener un mal presentimiento.

—Necesito que te calmes —Inició su padre— Pero debo comentarte algo delicado —Y muy contrariamente a lo que su padre le había pedido, se tensó más— Frederick fue golpeado por un tráiler mientras paseaba en su motocicleta — Fue todo lo que necesito escuchar antes de bajarse a toda prisa y correr a la puerta principal, como si supiera exactamente a dónde dirigirse, como si no necesitara que le autorizaran verlo donde sea que estuviera.

Fue detenido abruptamente por Zeke que justo acababa de bajarse del taxi en el que había llegado, lo detuvo pese a que para hacerlo requirió de toda su fuerza física.

—¡Quítate de mi camino! —Le bramó Klaus mientras intentó soltarse de su agarre.

—¡Oye, cálmate! —Klaus no tenía ni idea de que en ese momento estaba llorando, pero simplemente no lo soportaba. Frederick no se podía morir, no lo podía dejar, no podía, no podía.

Keila internamente agradeció que Zeke estuviera allí, porque sabía que Klaus se alteraría desde que escuchara que Frederick había sufrido un accidente, y ella no estaba segura de que su ex pareja y ella podrían calmarlo.

—Klaus… —Llamó Walter, elevando un poco la voz para hacerse escuchar por su hijo que parecía ido— Ni siquiera escuchaste todo lo que te iba a decir.

Para entonces Graciela ya se había acercado.

—Quiero ver a Frederick —Dijo Klaus a la esposa de Serguei.

—Y lo verás —Le dijo la abuela de Zeke con dulce firmeza— Pero debes calmarte un poco… Sé que suena imposible y odioso lo que te pido, pero no puedes entrar así de alterado a la habitación de un paciente —Al adolescente no le quedó más remedio que aceptar que la mujer tenía razón— Será mejor que vayamos a donde puedas calmarte y podamos hablar en privado.

Ya estando dentro de una oficina a la que Graciela pudo obtener acceso al ser la mujer del dueño del hospital, le explicaron a Klaus que todo había sido un desafortunado accidente del que no se podía culpar a nadie, el trailero no había podido verlo porque Frederick accidentalmente se puso en un punto ciego para él.

Le comentaron que su vida no peligraba, que no se había roto nada –la motocicleta era tan pesada que le habría destrozado una pierna si se la hubiera aplastado con ella-, pero que se había golpeado en la cabeza, por lo que al despertar desorientado, intentó escapar, pero no pudo hacerlo porque tenía un chaleco que lo sujetaba a la camilla. Que ya estaba más calmado, que ya le habían quitado el chaleco y lo habían llevado "a piso".


Minutos antes…

—Graciela —Llamó Serguei— ¿Ya llegaron Zeke o los Becher?

—No, pero de hecho no deben tardar… ¿pasa algo? —Agregó lo último notando cierta inquietud en la mirada de su marido.

—Hay algo raro.

—¿Con Frederick?

—Sí… Iba a comentarle algunas cosas, pero me di cuenta de que me veía raro… No me reconoció.

—Tal vez es porque Frederick sigue aturdido con el golpe, además solo te ha visto un par de veces, quizás no se ha grabado tu cara.

—Bueno, honestamente yo no sabría que es él si no es por el nombre, pero aun así, percibí algo raro en su manera de hablar.

—¿Tiene problemas de lenguaje?

—No, no… Es algo en su comportamiento.

—¿Quieres que hable con él? A mí me mira con cierta frecuencia desde hace dos años, si no me reconoce entonces sí podremos pensar que pasa algo.

—Me parece bien…


El presente…

—Serguei tiene la esperanza de que sea temporal, pero ha perdido gran parte de su memoria —Explicó Graciela.

—¿Cómo que perdió la memoria? —Preguntó Klaus, incapaz de poder asimilar todo de golpe.

—Entré a verlo y no me reconoció. Cuando le pregunté su edad, dijo que tenía diecisiete años.

Klaus rio con amargura de pensar que un hombre creyera tener treinta años menos de los que tenía. Cuando terminó de reírse insistió con que le dejaran verlo.

—Sé que te prometí que podrías verlo —Le dijo Graciela— Pero independientemente de su pérdida de memoria, sus pensamientos deben estar revueltos… Además Serguei dijo que lo mejor es que no se le perturbara —Aunque viendo a Klaus, tan insistente y angustiado, no pudo ponerse firme y decirle que no— Solo no te tenses si no te reconoce.

Walter anunció que iría a checar el pronóstico de la motocicleta que había sido llevaba a reparación. Keila insistió con esperar a su hijo, pero Klaus dijo que quería quedarse con Zeke, y Walter le dijo a la mujer que con el susto era entendible que quisiera estar con su mejor amigo, Graciela y Zeke aseguraron que no sería ninguna molestia, y Keila cedió.

—Si quieres te dejo en la casa —Ofreció Walter.

—No, gracias. Tomaré un taxi.

—Yo insisto —En circunstancias normales, Klaus habría rezado para que no pasara nada ya que durante mucho tiempo no pudieron estar juntos sin que su madre empezara a reprocharle los errores del pasado, pero de momento, no tenía cabeza para pensar en nada que no fuera Frederick.

Finalmente le permitieron entrar a verlo, y Zeke le acompañó.

Al Jaeger, personalmente no alegró para nada entrar a la habitación: ver al hombre en un mal momento, rodeado de todo tipo de cables, además de que los hospitales –y especialmente ese- siempre le causaban repelús.

Pero se aguantó, porque quería acompañar a su amigo.

A Frederick se le veían golpes y rasguños en la parte visible de los brazos y en la cara. Estaba como aturdido. Zeke notó perfectamente su torpeza en el movimiento ocular, y para cuando sus ojos se enfocaron en él y su amigo, el adulto no mostró emoción.

«No nos reconoce… será mejor que salgamos» Pensó el Jaeger, suponiendo que sería deprimente para Klaus. Pero antes de que siquiera intentara tomarle el brazo a su amigo, notó que la cara del adulto comenzó a cambiar. Dada la hinchazón de su rostro, le tomó algunos segundos darse cuenta de que Frederick estaba sonriendo mientras miraba a Klaus.

—No sabes cuánto me alegra ver tu cara de culo por aquí —Tales palabras sorprendieron a ambos adolescentes, Frederick no era precisamente un adulto que tuviera un comportamiento intachable delante de ellos, pero jamás le habían escuchado expresarse de esa manera— Ya, Walter… Quita esa cara… Ni que fuera la primera vez que me escucharas hablar así.

—¿Cómo me llam…? —Klaus fue interrumpido por Zeke quien le jaló del brazo.

—No seas tonto, te llamó como tu padre... Debe creer que eres él —Lo regañó el Jaeger en un susurro.

—Tal vez debería decirle la verdad —Respondió el adolescente, igualmente en voz baja.

—¿En serio…? ¿Quieres decirle que no recuerda treinta años de su vida y que en realidad eres hijo de quien pensó que eras?

Klaus se quedó pensativo. No por mucho. Fue interrumpido por Frederick.

—Oye Walter, si te vas a poner a secretearte con tu amigo mejor ni hubieras entrado —Dijo con tono molesto, aunque sonriente… Evidentemente fingía su molestia.

—Lo siento —Se disculpó Klaus, visiblemente apenado—… ¿cómo estás?

—Pero qué pregunta tan pendeja —Bramó Frederick, de nuevo con fingido enojo— Me derribaron de una motocicleta, ¿cómo se supone que debería de estar?

—Lo siento —Reiteró el adolescente.

—Ya, deja de disculparte tanto —Frederick lo notó tan afligido que dejó de fingir dureza y le sonrió como queriendo darle ánimos— Oye, ¿cómo está eso de que yo iba arriba de una motocicleta si con trabajos manejo mi bici?

—Am… No lo sé —Balbuceó Klaus temiendo ser descubierto — Yo solo supe que te derribaron de una motocicleta y vine a verte —Improvisó el adolescente.

—¿Oye, sabes si mis papás ya se enteraron?

¿Frederick tenía padres?

Bueno, sí…

Todos debieron haber tenido padres, pero Klaus no sabía si era por el susto reciente, pero no podía recordar qué le respondió el adulto en su niñez, cuando decidió preguntarle que dónde estaban sus padres porque nunca los había visto.

—No lo sé —Respondió cuando cayó en cuenta que ya se había tardado en responder.

—¿Y Henry lo sabe?

¿Henry?

No conocía a nadie con ese nombre.

—¿Por qué pones cara de no tener idea de quién hablo? —Inquirió Frederick.

Zeke entendió que efectivamente eso pasaba con su amigo e intervino.

—No seas tan duro. Quedó en shock desde que supo del accidente.

—Sí —Concordó Frederick— Parece que el que se hubiera caído de una moto hubiera sido él y no yo.

—Te prometo que le preguntaré a mi abuelo si ya le avisaron a alguien más —Replicó el adolescente— Soy nieto del doctor que vino a hablar contigo hace un rato. También conociste a mi abuela, fue la mujer que vino después.

—¿Entonces ellos son tus abuelos…? —Preguntó con evidente sorpresa.

—Sí —Respondió Zeke, acostumbrado a que la gente dudara de la relación familiar— Se conservan bien para su edad, aparte mis padres me tuvieron demasiado jóvenes.

—Se nota… —Sonrió con diablura— Entonces tus abuelos todavía han de tener sexo, ¿no?

—¡No inventes! —Bramó entre la risa y el asco— ¡No me preguntes eso!

Si sus abuelos todavía tenían sexo, era algo que no quería preguntarse, aunque le pareció gracioso ver al adulto comportándose como un adolescente.

Ahora que lo recordaba, dos años atrás mientras iba por un bocadillo nocturno, le pareció escuchar que sus abuelos jugaban "luchitas".

Menos mal que su abuela días después había accedido a dejarle tener un frigobar en su cuarto.

Como sea.

Ya no quería ni acordarse.

—¿Oye? —Le volvió a llamar Frederick— ¿Y por qué tu abuela me hablaba como si me conociera? —Zeke se vio obligado a improvisar.

—Ya sabes cómo son las señoras de su edad… Creen que ya te conocen solo porque te miran seguido…

—¿Y de dónde me conoce si yo no recuerdo haberla visto antes? —El adolescente casi quiso patearse por haberse metido en una dificultad.

—Hace tiempo vivíamos en la misma calle donde vives… —Inventó— Yo personalmente no me acuerdo haberte visto, pero mi abuela jura que sí… es la típica mujer que tiene muy buena memoria para las caras, y cuando supo que uno de nuestros ex vecinos había tenido un accidente, quiso venir a lo que se pudiera ofrecer —El adolescente habló, intentando sonar convincente, se quedó a la espera de ver si el adulto le creyó, se relajó cuando el hombre sonrió.

—Entonces tú debes de ser uno de los que se mudó a la casona amarilla, la de muros altos.

—Sí —Respondió alegre de poder mantenerse en la mentira.

—¿Y de dónde conoces a Walter? —Preguntó Frederick a Zeke.

—Somos compañeros de escuela.

—Ah mira, qué suertudo. Ya tiene quien lo invite a una fiesta de piscina —Zeke se rio.

Su abuelo no había querido poner piscina en la residencia donde vivían, porque con los gastos de mantenimiento, se le hacía que era como tirar el dinero… pero el adolescente, de momento quiso actuar como que sí tenían.

En parte para mantenerse en la mentira.

Y en parte porque le gustaba la idea.

—Cuando quieras nos podemos reunir los tres —Le dijo el Jaeger.

—Querrás decir los cuatro —Dijo Frederick— Porque no podemos dejar a Henry afuera —Klaus siguió preguntándose quien sería ese Henry y qué tenía de especial, pero Zeke decidió seguir en la mentira.

—Los cuatro, entonces.

—Tan solo imagínate: una piscina, botanas, y cerveza hasta vomitar.

—Oye, pero somos menores de edad —Protestó Klaus casi horrorizado.

—¿Acaso eres una gallina? —Lo retó, y fue un tanto curioso ver a un hombre casi cincuentón ufanándose cual bravucón adolescente.

—Claro que no es gallina —Respondió Zeke, fanfarroneándose con ganas, siguiéndole el juego— Supongo que más bien tiene dudas de cómo vamos a poder conseguir alcohol.

—De eso se va a encargar Henry, ni que Walter no supiera —Dijo lo último mirando a Klaus, pero en seguida volteó su vista de nuevo a Zeke— Mira —Dijo señalando al otro adolescente— Quizás todavía no has de conocer bien y por eso quiere finjir demencia, pero la verdad seremos una mala influencia para ti…—Se rio un poco— Henry al principio le insistía a Walter de trago en trago para que se tomara una-sola-cerveza… Ahora solito se toma seis como si fueran agua... ¡Le tenemos que alejar las demás si no nos deja sin nada el cabrón!

Zeke se rio enérgicamente.

Él y Klaus, en la noche luego de la fiesta de Hanji, se habían tomado dos cervezas cada uno.

Se animaron solo porque como Frederick llegó a beber de las cervezas que tenía en su refrigerador, podría terminar pensando que él se las había tomado.

Les supo horrible al estar desacostumbrados, pero igual se las tomaron porque quisieron sentirse grandes –aparte de que luego de la primera se habían puesto risueños-.

Por un segundo, al Jaeger no le pareció tan malo que Frederick no pudiera recuperar la memoria.

Así podrían tenerlo comportándose tan desenfadado como ahora.

Antes había pensado que Frederick los veía como a un igual.

Ahora se daba cuenta de que no.

De que evidentemente sí había una barrera.

Que aunque no siempre se portara como el más serio de los adultos, ahora estaba haciendo y diciendo cosas que normalmente no haría.

Su manera de hablar era distinta.

Además había terminado ofreciéndoles alcohol, siendo que Frederick jamás les había dejado tomarse ni un trago –se lo pidieron una vez "de broma", y el hombre puso la cara más seria que le hubieran visto al tiempo que se los negó-.

Si por eso fumaban a escondidas, porque querían evitarse que quizás el adulto les regañara.

Zeke se rio viéndolo bromear, aunque le sorprendió ver que su gesto alegre de pronto se desvaneció y se mostró pensativo.

—¿Sabes algo? —Dijo Frederick— Tu abuelo parecía que quería decirme algo antes de alejarse sin darme ninguna explicación… Desde entonces he tenido el presentimiento de que algo malo ocurre.

Zeke estaba decidido a calmarlo, así que rápidamente ideó algo.

—Supongo que debió darse cuenta de que eras menor de edad. Y por eso se fue, porque necesita que llegue algún adulto para que puedan hablar —El hombre lo miró con confusión— No significa que esté pasando algo grave, simplemente es el protocolo.

—Ah… pues dejó una carpeta con lo que parece ser una especie de radiografía, aunque yo no le entiendo —Dijo señalando el buró a su lado.

Zeke la tomó para examinarla por curiosidad.

—No es una radiografía. Es una resonancia magnética de tu cerebro —Respondió sin pensar, cayó en cuenta en ello cuando sus dos interlocutores lo vieron con confusión— Son las consecuencias de haber crecido en medio de una familia de médicos —Se justificó un tanto avergonzado.

En realidad había sido Dina la que le había enseñado las resonancias magnéticas de su cerebro. Le mostraba los estudios de diversas personas, y también los de ella misma, para mostrarle que ella sí tenía un tumor, y las otras personas estaban sanas, o tenían tumores más pequeños u otra serie de malestares.

La falta de práctica no le permitía distinguir entre quistes, ni tumores, ni derrames. Pero por desgracia: la resonancia magnética de Frederick no estaba "limpia".

Se apreciaba una enorme mancha en la línea media del cerebro.

Sintió que se tambaleaba por dentro, pero no lo demostró.

Klaus no se había repuesto del susto, y él no quería preocuparlo si no estaba seguro de nada.

—Tampoco le entiendo —Dijo sonando convincentemente— Pero no pensemos en esto, sino en la borrachera que tendremos —Comentó a modo de distracción.

Pero no pudieron seguir hablando.

La puerta fue golpeada dando paso a Serguei.

—Ya déjenlo descansar, muchachos.

Zeke no se alegró por alejarse porque se la estaba pasando muy bien, pero tampoco alegó.

Su abuelo tenía razón.

—Nos vemos, caras de culo —Fue así como Fréderick se despidió.

—Me pregunto si cada que se despiden tu padre y Frederick siguen diciéndose así —Bromeó Zeke, esperaba una respuesta, pero se dio cuenta que su amigo iba pensativo— Estaba pensando que sería maravilloso que Frederick no recuperara la memoria.

—¡¿Qué dijiste imbécil?! —El Jaeger, no había visto TAN molesto a su amigo desde que se supo que su padre tenía una amante — ¡¿Qué mierda tienes en la cabeza para pensar que es mejor que un hombre olvide treinta años de su vida…?! ¿Crees que me gustaría? ¿Crees que quiero perder al mejor padrino del mundo solo para tener a otro estúpido descerebrado como tú?

—¡Cálmate! —Le dijo levantando las manos en forma conciliadora— Lo siento, tienes razón.

Klaus habría querido quedarse fuera de la habitación. Aunque no lo dejaban entrar, quería quedarse. Pero Zeke lo convenció de que no podía hacer más. Si Frederick estuviera en sus cabales sería el primero en decirle que fuera a distraerse en lugar de quedarse de amargado en el hospital. Y se fueron juntos al centro comercial luego de ponerse de acuerdo con Walter que allá se verían.

—¿Cómo supiste lo de Frederick? —Preguntó Klaus.

—Me llamó mi abuela y en seguida tomé un taxi para venir.

—¿Dónde estabas? —Inquirió al recordar que le había dicho que estaba ocupado aunque no le había dicho en qué.

Zeke le contó que estaba en el parque con Marlene, que ya eran novios.

—No me habías dicho que te gustaba.

—Supongo que te habrías dado cuenta si no hubieras estado tan ocupado mirando a Hanji.

—Para lo que me sirve verla —Resopló enojado.

Walter llegó poco después, justo a tiempo para irse a un puesto de comida rápida. Mientras esperaban su pedido le contaron al adulto que Frederick les había ofrecido emborracharse creyendo que estaba ante su amigo adolescente.

—¿En serio les dijo eso? —Preguntó casi horrorizado, aunque tanto Zeke como Klaus supusieron que el hombre simplemente quería fingir demencia.

—Sí… —Reiteró Klaus— Aunque supongo que eso es porque solías emborracharte cuando eras joven, ¿verdad?

Walter se dio cuenta de que negarlo no serviría de nada, así que respondió la verdad.

—Tenía quince años y era un imbécil.

—Yo también tengo quince, y te pusiste furioso cuando Orson me ofreció un trago en su cumpleaños… A mamá tampoco le hizo gracia, pero tú de plano lucías dispuesto a quitarte el cinturón.

—Eran otros tiempos… Aparte me crié en Karanesse… En ese entonces, no era raro ni mal visto que uno anduviera borracho en las calles, incluso uno podía entrar con sus hijos pequeños a las tabernas… Pero no quiero que seas como yo, sino mejor —Klaus dio un resoplido.

»Cuando tenía tu edad mi padre me dio una plática parecida… Yo en mi inmadurez pensé que me sermoneaba para que no me divirtiera tanto como él… —Le habló, y no en tono de sermón, sino cariñoso y paternal.

»No lo entendí hasta que fui padre… Uno no quiere que sus hijos cometan sus mismos errores, y no porque queramos que sean santos, sino que no queremos que enfrenten las consecuencias de esos errores.

—Bájale, papá —Dijo Klaus en tono bromista— Lo dices como que si fueras el peor padre del mundo.

—Seguro que hace dos años que destruí la familia no pensabas eso —Comentó, en referencia a que en ese entonces se le había descubierto que tenía una amante.

—Pero no la destruiste, papá… Seguimos bien, mis hermanos y yo te hablamos, hasta mi mamá accedió a que nos reuniéramos para el cumpleaños de Orson —El adolescente se lo dijo queriendo que ya no se castigara por algo que ya todos habían superado.

—Supongo —Dijo con una calma que no sentía, mientras veía las papas y la hamburguesa que la mesera acababa de traerle.

Cuando se descubrió lo de su amante, sus hijos inicialmente se habían distanciado de él.

Sobre todo cuando Keila decidió que no podría continuar y era mejor que sí se divorciaran.

El primogénito dejó de trabajar con él y se fue a otro despacho, sus dos hijos menores tampoco le dirigían la palabra.

Pero hacía tiempo que la tensión y los rencores habían quedado atrás.

Los tres hijos le hablaban como si nada.

Su segundo hijo entró a trabajar con él a su despacho, y aunque el primogénito no volvió, siempre decía que era porque había encontrado su camino donde estaba –ahora era la mano derecha de su nuevo jefe-.

Y con Klaus desde hacía tiempo ya podía hablar y salir como había sido desde antes de que incluso se supiera lo de su amante.

Seguramente sus hijos ya lo habían perdonado.

Keila también.

A ella había sido la primera en llamarle y avisarle lo que había pasado con Frederick.

Le dijo que acudiría al sitio del accidente para supervisar el traslado, y estuvieron de acuerdo en postergar el avisarle a Klaus para no alterarlo antes de tiempo.

Hacía tiempo que lograba sentirse que era padre y no solo proveedor de sus hijos –sobre todo de Klaus que era el único menor de edad-.

Tal vez no podría decir que era amigo de su ex esposa, pero sí había un trato cordial entre ellos.

El problema era que, ¿cómo podría obtener el perdón de sí mismo luego de todo lo que había perdido?

Cada noche, se hacía esa misma pregunta, al estar acostado en la cama de su departamento.

La cama del que por la resignación y el tiempo debería volverse "su hogar", pero estaba seguro de que nunca lograría sentirlo suyo…

No.

Porque su verdadero "hogar" estaría en la casa dentro de la que no había puesto ni un solo pie luego de que Keila lo echara.

Al lado de sus hijos, pero sobre todo con esa mujer con la que se suponía tendría que haber pasado el resto de su vida.

«Espero nunca cometas un error como el mío» Pensó viendo a Klaus mientras daba la primera mordida a su hamburguesa.


Volvieron al hospital más tarde.

Serguei informó que Frederick seguía pensando que tenía 17 años, y acababa de preguntar si ya les habían avisado a sus padres.

—Hace años que no se hablan… tal vez ya hasta se murieron —Murmuró Walter— Fingiré ser mi padre y le diré que por si no se acuerda sus padres están de segunda luna de miel —Dijo al recordar que cuando era adolescente, Frederick se había quedado unos días con ellos cuando eso pasó.

Zeke no entró con ellos con el pretexto de usar el sanitario.

La verdad tenía otro asunto en mente.

—Abuelo… —Llamó el adolescente a Serguei.

—¿Pasa algo?

—Vi la resonancia magnética que le hicieron al cerebro de Fréderick…

»No sé qué es lo que tiene pero definitivamente no está limpia.

—Vaya, espero que así estés de interesado cuando seas médico —Zeke algún día iba a tener que decirle que no pensaba estudiar medicina, algún día iba a ser necesario que tuvieran esa incómoda conversación, pero ese no era el día.

—¿Qué es lo que tiene?

—No es tu asunto.

—Sí lo es.

—No, no eres su familiar, y ni siquiera eres mayor de edad.

—Entonces si tiene algo —Dedujo, Serguei no intentó negarlo puesto que conocía a su nieto y sabía que no le creería— ¿Por qué no se lo has dicho?

—Porque cree que es un adolescente y sigue preguntando por sus padres. Esperaré a ver si recupera la memoria, si en una semana no la recupera, no me quedará otra opción más que decirle la verdad: que es un hombre de 47 años y necesita tomar una decisión.

—¿Sobre qué?

—Que te vaya bien —Fue su burda manera de despacharlo.

Y aunque no fue brusco, su tono reflejaba algo definitivo: no iba a decirle nada.


Cuando Zeke volvió a reencontrarse con Klaus y su padre luego del fallido intento de hablar con su abuelo, su amigo lucía demasiado serio, pero no parecía dispuesto a hablar, y supuso que tenía que ver con que Walter estaba presente, así que se limitó a preguntarle una hora en concreto en la que se conectaría para hablar, y se conectó luego de llegar a su casa y llamarle a su ahora novia para explicarle porqué se había ido tan abruptamente, y de hacer ciertos quehaceres asignados por su abuela.

Cuando inició sesión en el programa de mensajería instantánea en la computadora, su amigo ya tenía la sesión iniciada, así que le envió la solicitud de video-llamada, pero para su sorpresa, su amigo la rechazó.

El Jaeger, inicialmente supuso que su amigo la había rechazado por accidente, así que le envió nuevamente la invitación, pero para su sorpresa, su amigo volvió a rechazarla.

Definitivamente no le había rechazado dos veces la invitación por accidente.

—¿Por qué me rechazas las video-llamadas, sapo? —Le escribió Zeke después de unos segundos.

—No quiero hablar por video-llamada… —Respondió el Becher.

»Temo que alguien pueda escuchar.

Los dedos de Zeke rascaron su oreja mientras intentaba encontrarle sentido a las palabras de su amigo.

—Bien… —Escribió al fin— Te leo entonces.

»¿Sucede algo?

—Te acuerdas que Fréderick mencionaba a un tal Henry?

—Sí.

—Pues... cuando volvimos al hospital… y tú te fuiste al baño.

»Papá tuvo que apartarse para hacer no sé qué trámite con la enfermera, y yo me quedé con Fréderick.

»No voy a repetir lo que me dijo, pero me contó que se acostó con ese tal Henry.

La mandíbula de Zeke cayó mientras su amigo agregó un emoticón con una carita vomitando.

—¡NO INVENTES! —Escribió el Jaeger.

Zeke no era homofóbico, pero estaba en shock.

Jamás se había planteado la idea de que algunos de sus conocidos tuviera esa clase de "gustos".

Ni mucho menos lo hubiera esperado de Frederick.

Es que sí, Wolfman ante sus ojos no era un hombre mujeriego.

Ahora caía en cuenta de que nunca le había sabido ni un romance o un acostón con una mujer –cuando estaba borracho le preguntaba anécdotas porque quería saber cómo se sentía, el hombre negaba haber estado con una mujer en los últimos tiempos-, y ahora suponía el porqué.

Aunque no le parecía que tuviera la imagen que uno esperaría de un homosexual.

Y a todo esto, ¿exactamente cómo debía lucir un homosexual?

No tuvo tiempo de pensar en ello, puesto que Klaus mandó otro mensaje.

—No pienso volver a hablarle.

—¿A quién?! —Le escribió confundido.

—A Frederick por raro.

Zeke no podía creer lo que estaba leyendo.

—ES EN SERIO CABRÓN?

»LE VAS A DEJAR DE HABLAR POR ALGO QUE HIZO HACE TREINTA AÑOS?

—y si lo sigue haciendo?

—¿QUÉ SI LO SIGUE HACIENDO?

»¿QUÉ TE IMPORTA A QUIEN LE DA O LE RECIBE LA VERGA?

—No es que me importe, pero ahora me preocupa, y si él ha pensado en mí de esa manera?

Zeke no cabía de incredulidad.

—No porque se acostara con un hombre signifique que quiera acostarse con todos —Es decir, a él le gustaban las mujeres, pero no necesariamente fantaseaba con todas.

Y aun si fantaseara con todas, en realidad no iba a acostarse con todas las que fantaseara.

»A parte, cuando era niño, mi padrino me dijo que si uno siente que es mirado de forma inapropiada por un adulto, uno debe confiar en sus instintos, y si antes jamás habías sentido que Frederick hiciera eso, es obvio que no pasó.

»Y con lo feo que estás, hasta deberías agradecer si alguien alguna vez te miró así…

Discutieron de manera legendaria.

No hubo manera de que cualquiera cambiara el punto de vista del otro, al final resultaron peleados. Zeke terminó tan molesto que apagó su computadora y luego se apartó para sentarse en la cama.

—Qué imbécil —Gruñó el Jaeger pensando en su amigo. No aplaudiría si la homosexualidad del adulto resultara cierta, pero no pensaba alejarse de él por eso.

«Que no diera yo por tener un padrino como él» Se lamentó pensando en Grice.

Zeke quería mucho a su abuelo, pero si bien Grice no llegaba al épico nivel de Frederick, siempre pudo contar con él más de lo que contaba con Grisha, además de que carecía de la severidad de su abuelo.

Si hubiera tenido un padrino como Fréderick, lo que hiciera en su vida privada no le habría podido importar menos.

Pero a todo eso, ¿si era cierto, o podría ser que lo estaban juzgando mal…?

Es decir, no le importaría cualquiera que fuera la verdad pero, ¿podría uno tener sexo con alguien de su mismo sexo sin necesariamente ser gay? Es decir, ¿Por curiosidad sexual?

Es decir, él sigue siendo virgen, pero si por él fuera, no solo dejaría de serlo, sino que ya estaría cogiendo como en las películas que ha visto con Klaus de madrugada en la casa de Frederick, aunque la oportunidad no se le ha presentado, pues muy pocas chicas buscan algo más allá de recibir de besos de lengua y ser tomadas por la cintura…

¿O acaso solo ha sido mala suerte?

Recordó la fiesta del fin del año escolar, estuvo bailando con una chica que por lo que recordaba había ido con una amiga porque en realidad ella estudiaba en un colegio de señoritas… logró convencerla de irse a un lugar del salón para estar a solas, inicialmente hablaban, y luego de algunos minutos, poco a poco se acercó para besarla, y ella parecía tan inexperta que le terminó creyendo cuando le dijo que eran sus primeros besos… Zeke no supo cómo lo logró, pero casi al final estaban besándose de lengua.

Para entonces él ya tenía las hormonas tan alborotadas, que tan pronto pudo rodearle la cintura con un brazo, tuvo el impulso estúpido de agarrarle un seno.

Terminó viendo estrellitas del tremendo bofetadón que le dio antes de irse corriendo.

Y por mucho que le dolió, no iba a negar que lo había merecido.

Había querido encontrarla tan pronto como pudo sobrellevar el mareo, pero fue en vano.

Esa noche se masturbó mientras imaginaba que ella no le había detenido, que se habían recostado sobre un lecho improvisado con sus ropas, para dejarse coger sin importarle que no trajera condón.

En pleno delirio musitó una y otra vez su nombre: Frieda.

Cuánto lamentaba no haberle preguntado el apellido.

A veces, durante sus paseos durante el receso, trataba de reconocer a la amiga con la que le había visto… pero en honor a la verdad, no le mirado bien.

¿Cómo prestarle atención a una figura de yeso teniendo tremenda escultura de mármol en frente?

Él había pretendido a Marlene desde el semestre pasado, pero para ser sincero, si supiera que tendría otra oportunidad de volver a toparse con Frieda, la esperaría.

Pero como no había nada seguro, debía continuar con su vida, y Marlene había sido parte de sus planes durante tanto tiempo como para simplemente dejarla de lado por una chica que quizás no volvería a ver.

Como sea, volviendo a lo de Frederick, ¿si se acostaba con un hombre treinta años atrás, era seguro que lo siguiera haciendo?

O tal vez ni siquiera era gay, y él y su amigo solamente saciaron su curiosidad y su lujuria de manera temporal.

Es decir... ¿Puede ser temporal?

¿Puede alguien experimentar con alguien de su mismo sexo y luego seguir con su vida, o ya de plano debes considerarte gay?

Es decir: Frederick no lucía como pensaba que debería lucir un gay, ¿entonces si lo había sido o no?

Suspiró sonoramente al darse cuenta de que todo era confuso.

Le habían surgido demasiadas dudas, y por desgracia no podía preguntarle a sus abuelos.

Cada uno, a su manera, le había dado "la charla" por separado –su abuela fue más enfocada a los sentimientos y su abuelo a lo gráfico-, ¿pero qué iban a pensar si de pronto les preguntaba esa clase de cosas?

Su abuelo era homofóbico, y difícilmente iba a creerle si le decía "no soy gay, abuelo. Solo tengo dudas", y su abuela seguro querría presionarle para que le dijera por qué tenía esas dudas, y no podía decirle que Frederick quizás era gay, no solo porque no le correspondía revelar los secretos íntimos del adulto, sino porque por mucho que no fuera homofóbica, quizás se pondría como Klaus a pensar estupideces… O inclusive no, pero si le decía a su abuelo, este sería capaz de hacerle malas caras la próxima vez que lo viera.

¿Pero por qué ser tan mierda con alguien solo por sus gustos?

¿Qué tal si él también era gay y su propio abuelo lo hacía mierda?

¿Y a todo esto… lo era?

En realidad nunca se lo había planteado.

Porque a él solo le gustaban las chicas, ¿verdad?

Decidió ponerse a prueba.

Fue a buscar la foto grupal del último año.

Todos sus compañeros estaban allí, incluido Erwin Smith, quien fue escogido como "asesor" del grupo.

Estaban sentados en las gradas, en la típica pose que se esperaba de una fotografía grupal.

Miró a cada uno de los presentes, aunque primero quiso fijarse en los hombres, y para empezar, vio a Klaus.

El Becher, era su mejor amigo. Con quien se había saltado su primera clase durante la secundaria, a quien había apoyado con todo el escándalo de la infidelidad de su padre, el primero de sus tres amigos a quien le reveló que no pensaba estudiar medicina, con quien se había fumado su primer cigarro, con quien había bebido su primera cerveza, a quien había instado a tomarle "prestadas" una revistas para adultos a su hermano Ronald, y con quien veía películas pornográficas mientras discutía acerca de las cosas sexuales que quería experimentar.

Zeke veía en Klaus al sustituto del hermano que no sabía que tenía, pero en honor a la verdad, el Jaeger consideraba que su amigo era poco agraciado.

«Keith Shadis seguirá siendo un viejo, pero hasta él es más atractivo que tú»

Siguiendo con su prueba volteó a ver al asesor del grupo.

Erwin Smith era la causa de que muchas de sus compañeras sonrieran de manera tonta, y entendía por qué… Era atractivo, casi un semidiós, y una figura de liderazgo y respeto.

Su amigo Flagón era otro de los que había sido nombrado –según algunas de sus compañeras- como uno de los más guapos del salón, al igual que Farlan… Tampoco omitió a Mike, que como un plus tenía complexión grande y fuerte.

Zeke reconoció el atractivo que tenían algunos de sus compañeros, hasta cuando vio a Levi –pese a que lo seguía odiando- pensó que el Ackerman no estaba mal. Lástima que siempre tenía esa expresión de asesinato en la cara, como si estuviera oliendo mierda a cada instante.

Reconoció el atractivo de sus compañeros, pero definitivamente no era gay, porque si bien reconocía la belleza masculina, sus hormonas no se alborotaban viendo un hombre como si le sucedía al ver una mujer hermosa, o con unos senos grandes, voluminosos, pesados.

Como los que Frieda parecía tener debajo de su recatado vestido.

Al acordarse, Zeke sintió el cosquilleo propio de la excitación sexual, aunque se obligó a dejarlo de lado.

En la noche, por una de esas coincidencias de la vida, mientras cambiaba de un canal a otro por si encontraba algo bueno, leyó la preview de una película que estaba a punto de iniciar.

«Steven es un adolescente que solo sabe una cosa: es gay desde hace muchos años».

En algún otro momento de su vida, sin dudarlo habría cambiado de canal, pero ahora, sabiendo que posiblemente uno de sus conocidos era gay, decidió verla.

El protagonista resultó ser el típico chico nerd con el que todo el mundo se metía… tenía una gran amistad con una chica que era igual de ñoña que él, y solo ella sabía su más inconfesable secreto.

Un secreto que pesaba demasiado, porque su vida ya era muy mierda como para que además le molestaran por ser gay, así que no, no iba a decirlo, tenía que llevar una doble vida.

Y de pronto comienza una relación en el anonimato.

Siendo sinceros, a Zeke le resultó incómodo de ver el contacto homosexual, pues eran más comunes los besos intensos entre heterosexuales –más él que incluso había visto penetraciones y lengüetazos a detalle en la pornografía-, pero no había resultado fácil ver a dos chicos besándose apasionadamente.

Y de pronto estaba totalmente metido en la película, en el momento donde no queda más que avanzar o retroceder, porque ciertos compañeros comenzaban a tener sospechas a tener sospechas de lo que hay entre Steven y su "amigo".

Y aunque le tuvo lástima al chico que contrario al protagonista decidió quedarse en el closet, entendió por qué lo hizo.

Le tuvo lástima porque, qué horrible debía ser pasar el resto de su vida reprimiendo su más profundo anhelo, pero entendió el por qué.

Era un deportista, con una "reputación" que mantener, y aunque a Zeke no le afectaría lo que la colectividad estudiantil pensara de él, tenía suficiente empatía para ponerse en el lugar de alguien a quien sí le importaría.

Tal vez era insultante comparar su situación, pero en su caso, vivía postergando decirle a su abuelo que no pensaba estudiar medicina, porque sabía que ocasionaría la disputa de su vida –eso si no es que su relación se dañaba de forma irreparable-.

¿Pero qué podría hacer?

¿Resignarse y estudiar medicina...? De ninguna manera.

Ni siquiera podía estar en un hospital sin comenzar a sentir que le faltaba el aire.

No, no, no, no.

Lo sentía por su abuelo, pero no iba a estudiar algo que no toleraba ni pensar.

Como sea, pensó en Frederick, y si antes no le habría importado que fuera gay, después de ver en una película lo duro que debía ser, ahora menos le iba a dar la espalda, fuera lo que fuera.


Al día siguiente, Zeke se levantó muy temprano y se fue al hospital –de nueva cuenta haciendo un esfuerzo legendario por mantener la mente en blanco al respecto de donde estaba-.

Cuando llegó, todavía no era el horario de visitas, pero siendo el nieto del dueño del hospital le dieron el pase sin preguntarle.

Rápidamente se dirigió a la habitación de Frederick.

De camino se encontró a su abuelo.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó el médico.

—Vine a ver si Frederick ya recuperó la memoria.

El hombre suspiró con clara molestia, pero no quiso discutir.

—Entonces vamos.

Cuando cruzaron la puerta, Frederick ya estaba despierto mientras la enfermera anotaba sus signos vitales en el expediente.

—Buenos días —Saludó el doctor Jaeger— ¿Recuerda haberse caído de una moto?

—En realidad no, pero… dígame la verdad… ¿usted sabe cómo quedó la moto?

Zeke se rio enérgicamente.

—Es posible que no recuerde el accidente por la contusión… —Comentó el médico— ¿Me reconoce?

—Es el abuelo de Zeke.

Confirmaron que su memoria ya estaba bien, pero Zeke lo supo desde que recuperó su preocupación por la motocicleta.

De pronto su abuelo le habló.

—Cómo puedes ver ya recuperó la memoria, así que déjame a solas con él.

Zeke no quería irse, pero tampoco alegó.

Respetaba tanto a su abuelo que ni siquiera hizo el intento de escuchar detrás de la puerta.

Lo único que pudo hacer, fue desear que no estuviera pasando nada grave.

Y usó todas sus fuerzas de voluntad para mostrarse como si nada ante Walter que estaba afuera, y esperaron unos minutos afuera mientras se hacía la hora de visita.

—¿Y Klaus? —Preguntó Zeke.

—Dijo que tenía mucha tarea —Comentó el hombre, como si no estuviera muy convencido de lo que su hijo le había dicho, y quisiera ver si Zeke le aclaraba que en realidad no tenía tanta tarea como para dejar de lado a su padrino internado en un hospital.

El Jaeger no quiso aclararle que tal vez era por lo que sin querer le había confesado.

Tuvieron que esperar unos minutos.

Entraron cuando inició la hora de visita, para entonces Serguei ya no estaba en la habitación.

Luego de los saludos, llegó la pregunta obligada.

—¿Cómo quedó mi moto?

—Tiene ralladuras grandes, pero me aseguran que quedará como nueva —Comentó Walter.

—Qué bueno… tú sabes cuánto quiero esa moto.

»Si me das a elegir entre Klaus y la moto, sin dudar elegiría a Klaus, pero todavía me dolería la moto.

Tanto el adulto como el adolescente se rieron.

Zeke esperaba que Frederick dijera lo que había ido a decirle su abuelo, pero como no decía nada, decidió intervenir.

—¿Y cómo estás…?

—Como nuevo… en un rato me dan de alta… Solo se hará el papeleo y me voy.

Al adolescente le pareció rara la respuesta, considerando lo que había visto ayer dentro de la carpeta, pero se obligó a estar como si nada, aunque fue demasiado duro.

Tuvo que permanecer allí sin poder decir que él había visto que la resonancia magnética no estaba limpia.

Y que no entendía como por qué lo estaban dando de alta.

Se dijo que fuera lo que fuera, tal vez no era algo serio y por eso lo enviaban a casa.

¿Y entonces… por qué presentía que no?

—Pero, ¿ya estás bien? —Insistió.

—Si no fuera así, no me estarían dando de alta… ¿O acaso desconfías de tu abuelo? —Agregó algo tan obvio como si quisiera que sus interlocutores se relajaran.

—No. Es solo que, me preocupé por ti ayer —Respondió Zeke— Aunque a Klaus nadie le ganaba —Walter no lo negó, sino que le aclaro a su amigo que su hijo había llorado.

Para Zeke fue duro tener que actuar como si ignorara todo.

Aunque de hecho sí… Ignoraba.

No sabía lo que su abuelo le había dicho.

Pero le preocupaba que pudiera realmente ser grave y no poder tender la mano a un hombre que estimaba.

Aunque Frederick actuaba como si nada.

¿Acaso se había preocupado de más?

No lo sabía.

Pero presentía que no.

Al final, cuando lo dieron de alta, Zeke presenció cómo Frederick subía de copiloto en el carro de Walter que se había ofrecido a llevarlo a su casa.

En la noche intentó hablar con su abuelo. Preguntándole si inicialmente le habían pasado la resonancia magnética equivocada, o cualquier otra explicación.

Pero Serguei actuó como si justo en ese momento lo hubiera atacado una extraña sordera.

—Bueno —Dijo Zeke, resignado a que su abuelo no le respondería —Me iré a dormir.

—Qué descanses —Contestó Serguei, como si hubiera recuperado su audición.

Al día siguiente, en el receso, el Jaeger le preguntó a su mejor amigo si sabía algo de Frederick.

—No me preguntes por eso.

"Eso".

El mejor padrino del mundo no era un "eso".

Pero no quiso discutir.

Como sea.

El resto del día estuvo medio zombi.

Intentaba convencerse de que quizás Fréderick no tenía nada.

Que quizás había malinterpretado la resonancia -aunque no podía sacarse la espina-.

Tenía otras actividades, cosas en las que pensar.

Cosas vitales e importantes para su edad.

En las clases, en hacer entrar en razón al idiota de su amigo, en su novia de la que le había costado sacarle el sí, en cualquier otra cosa, pero de pronto volvía a esa resonancia magnética, y a la seriedad de su abuelo ante el asunto.

No solo temía que Frederick tuviera algo, sino que aparte, lo estuviese ocultando.

¿Pero qué podía hacer?

Al día siguiente, luego de clases, acudió a visitarlo a su casa solo para no encontrarlo.

Decidió llamarlo por celular –menos mal tenía el número de una vez que Klaus estaba sin carga y quiso marcarle-, pero la respuesta del adulto solo terminó de confundirlo más.

—Ya les avisaré a ti y a mi ahijado cuando puedan visitarme, por ahora estaré unos días fuera de Stohess.

No era raro que Frederick saliera por trabajo, pero, el que no mencionara que había sido contratado en algún lado le daba la pauta de que no había salido por eso.

¿Pero entonces, qué motivo lo había hecho salir de la ciudad?


Continuará…


Publicado el 27 de diciembre de 2021.


Gracias por leer. Cualquier duda pueden preguntarme por mensaje privado.

Dejaré las notas para quiera leerlas.

En el capítulo de los Simpsons donde Lisa se la pasa jugando un videojuego en lugar de estudiar, ella juega un videojuego llamado Dingo Dash, lo cual es una referencia al juego Crash Bandicoot de PS1, por lo cual decidí que Klaus jugaría Dingo Dash, y como dato curioso hasta hace menos de una semana, yo pensaba que Crash era un zorro cuando en realidad es un bandicuts, un tipo de marsupial que en la vida real se parece mas a una rata que a un zorro, por lo que yo misma puse que su papá pensaba que era un zorro.

Del por qué Zeke tiene guardado a su abuela como "Gracielita"… Hace años, se me hizo curioso que una compañera de trabajo tenía guardados a todos sus familiares con el nombre de pila, es decir, en lugar de ponerle "Tía Rocío" decía "Rocío", en lugar de ponerle "papá" decía el nombre de él que no recuerdo cual era, y así con cada pariente, e incluso no tenía guardado el número de su casa, según me dijo que era por si alguien le robaba el teléfono, no pudiera hacer mal uso y llamar directo a sus papás para decirles que la tenían secuestrada o algo. Yo todavía le dije que qué pasaría si tuviera un accidente o algo que la tuviera inconsciente y ocuparan llamarle a su familia, me dijo que en todo caso los paramédicos o policías tratarían de contactar entre las últimas llamadas entrantes y salientes, porque normalmente entre esas están familiares, parejas o compañeros de trabajo. Así seguramente fue como contactaron a Walter, ya que entre sus contactos no están sus padres, solo sus amigos, conocidos, teléfonos de clientes y por supuesto su ahijado. Me imagino que Zeke hace eso por consejo de su abuelo, así como mi amiga lo hacía por consejo de su papá.

Fue muy divertido escribir las escenas de Frederick pensando que tenía 17 y comportándose como un adolescente rebelde.

Hace tiempo leí en un artículo que en los años 80s, no era raro que los padres llevaran a sus hijos pequeños a los bares, tabernas, etc, por eso puse que Walter decía eso.

No sé qué tan jóvenes sean, pero antes, había un programa llamando Messenger en el que "iniciabas sesión" y te conectabas a chatear con tus contactos, y si no tenías una compu propia y querías hablar con un amigo, por lo general uno se tenía que poner de acuerdo en una hora, y rezar porque donde ibas a rentar una computadora hubiera equipo disponible en ese horario, me llegó a pasar que tenía que hacer fila, y que justo cuando me conectaba la otra persona ya iba a salirse, porque también estaba la cuestión de que si en la casa de tu amigo había computadora, solo lo dejaban conectarse en cierto horario –ya que había otros hermanos que iban a usarla-, y en ese rato tenía que hacer todo lo que ocupara porque ya lo iban a quitar.

Sobre esas dudas que tenía Zeke al respecto de la homosexualidad, y de la "apariencia" que debía tener un homosexual, son los prejuicios que antes existían. Recordemos que este fic está ubicado entre el 2003-2005, y antes era todo un suceso declararte homosexual, tal solo pensemos en la gran cantidad de gente famosa de la que anteriormente se hizo un gran escándalo porque salieron del closet, en comparación con ahora que ya lo vemos con más naturalidad aunque no falten los detractores que digan que casi pareciera que se declaran homosexuales "por moda".

De hecho mi hermano que estudió psicología me dijo que antes del 94, la homosexualidad estaba catalogada como una enfermedad mental, y había "terapia" para eso.

En la secundaria en el grupo tuvimos un asesor que elegíamos cada año escolar, y este nos orientaba en cuanto a presupuestos y proveedores si queríamos hacer una fiesta grupal, aunque seguro Erwin habría estado dispuesto a hacer más cosas.

A Zeke me lo imagino así, de la clase de hombres que prefiere a las mujeres voluptuosas.

Hace años mi jefe tuvo un accidente en moto que casi le cuesta la vida, y estuvo depresivo, pero supe que había superado todo cuando mandó un meme donde se veía un hombre totalmente vendado del cuerpo y preguntando por su moto en lugar de por su cuerpo, por eso agregué el chiste.