-Es aquí –murmuró Bellatrix cuando soltaron el traslador.
Era evidente que era ahí, los trasladores nunca erraban. Pero estaba nerviosa, llevaba mucho tiempo planeando aquello y ahora temía que algo fallase o a Sirius no le pareciese bien.
Era de madrugada y el cielo estaba encapotado, todo estaba oscuro y Sirius no pudo apreciar mucho el paisaje. Estaban en medio de un camino empedrado muy ancho. A un lado se dibujaba un paisaje boscoso, con árboles altos y todo tipo de vegetación tupida con una cadena montañosa al fondo. Y al otro se desplegaba una hilera de casas, bastante separadas entre sí, que parecían ser las últimas de algún pueblo. Como hacía bastante frío, Bellatrix no perdió el tiempo. Se dirigió a la última casita de la hilera y buscó la llave en su bolso. Aunque la edificación era de piedra con un tejado de pizarra similar al del resto, parecía la más nueva y robusta.
-¿Dónde estamos? –preguntó Sirius una vez dentro mientras contemplaba un acogedor salón con chimenea, un mullido sofá y un par de sillones.
-A las afueras de Durbuy. Es una ciudad medieval muy pequeña, casi un pueblo, ubicada en la zona rural del centro de Bélgica –explicó ella liberando a Raspy.
-¿Nos vamos a quedar aquí?
-Sí. Lo pensé mucho y es el sitio perfecto ahora que ambos estaremos en busca y captura… El idioma oficial es el francés, lo hablamos desde pequeños, así que podemos hacernos pasar por franceses. Además en esta zona la población mágica es muy escasa, así que minimizamos el riesgo -murmuró Bellatrix encendiendo la chimenea-. El clima es bastante frío, pero el paisaje es muy bonito…
-Pero aunque minimicemos el riesgo… Saldremos en la prensa internacional, probablemente tú ya hayas salido como mortífaga.
-¿Recuerdas lo que nos contó el profesor Binns sobre las revueltas de los duendes?
Sirius la miró enarcando una ceja. No, no lo recordaba y no estaba para adivinanzas. Así que su prima se lo explicó:
-Que los conflictos diplomáticos que hubo durante esas revueltas ocasionaron la ruptura absoluta de las relaciones mágicas entre…
-… entre Bélgica y Gran Bretaña –recordó entonces Sirius con repentina esperanza-. ¡Desde hace cuatro siglos en ambos países no se sabe nada del otro! ¡No hay noticias en prensa ni mucho menos relación entre sus Ministerios! Binns nos pilló discutiendo durante esa clase y le respondí que no se solucionaría hasta que viniera yo… Eres un genio, Bella, este es el único lugar del mundo donde no nos reconocerá nadie.
Su prima asintió con una sonrisa y a él le entraron muchas ganas de besarla. Pero se contuvo: llevaban casi cuatro años separados, no sería tan sencillo retomar la relación. Ninguno de los dos deseaba que su reconciliación fuese fruto de un arrebato de euforia y querían tener claro su futuro. Como se creó un silencio incómodo, Bellatrix le ofreció enseñarle la casa.
-Aunque no hay mucho que ver… -murmuró.
Tanto las paredes como la chimenea eran de piedra y hacían juego con tonos beige, castaños y grises que predominaban en sofá, sillones y alfombras. El salón era la estancia más grande. Una pared estaba ocupada del suelo al techo por una biblioteca en cuyos estantes moraban docenas de libros. La sala contaba un ventanal en un lateral con un asiento para poder sentarse o tumbarse y contemplar el paisaje exterior.
La siguiente estancia era una pequeña cocina con todo el menaje necesario. El dormitorio tampoco era muy grande, pero sí acogedor: una cama doble cubierta de mantas con sendas mesillas, un par de armarios de madera y una cómoda. En un rincón había una especie de cunita para Raspy. El baño contaba con una ducha y un coqueto tocador. El cuarto que restaba era una habitación pequeña, con una mesa alta y diversas estanterías en las que ya reposaban algunas pociones. Pese a ser nuevos, no había ningún mueble caro ni llamativo, todo era bonito y armonioso, pero sencillo.
-Bueno, no es gran cosa, ya lo sé –murmuró Bellatrix cuando se lo terminó de enseñar-, pero no me podía permitir más…
-¿De quién es esta casa?
-Mía, se la encargué a una arquitecta que trabajaba para los Lestrange. El contrato que firmamos tiene cláusula sellada con encantamiento de silencio, así que no contará nada. La construyó desde cero, preservando la estética del resto de casas, pero protegiéndola mejor del frío: estas casas no están pensadas para vivir todo el año, sino como segundas residencias –explicó la bruja que se había convertido en una experta-. Así que las paredes y el techo tienen un aislamiento muy grueso y las alfombras tienen hechizos para que resulten cálidas al pisarlas.
Sirius asintió sin decir nada.
-Yo me encargué de la seguridad. Cualquier mago que la vea creerá que es una vivienda muggle; he empleado los hechizos que usan los magos para engañar a los muggles, pero en sentido contrario. Y los muggles sentirán que lleva aquí toda la vida, no les llamará la atención. Solo nosotros podemos entrar en el perímetro, suena una alarma si algún mago o bruja se acerca demasiado y solo nosotros podemos usar magia aquí. El perímetro incluye unos cuantos metros del césped y la vegetación que rodea la casa para que Raspy pueda salir a comer y jugar. Qué por cierto, ¿dónde…?
Un golpe seco en el salón respondió a su pregunta. El escarbato había derribado una lámpara y la pisoteaba furioso.
-¡Pero Raspy, qué haces! –exclamó la bruja reparando el objeto y atrapando al animal- ¡No puedes romper las cosas, ahora no tenemos dinero, tienes que estar tranquilo!
El animal se agitaba entre sus manos con rabia, intentando atacarla para liberarse. Bellatrix le miraba con ojos llorosos. Nunca había actuado así y le preocupaba más que nada en el mundo.
-No entiendo qué te pasa, Raspy… ¿Estás enfermo? ¿Quieres salir a escarbar un rato?
-Creo que le molesta algo –murmuró Sirius acercándose-, igual se le ha atascado algo en su bolsillo.
-¿Es eso, Raspy? –preguntó ella.
Intentó meter la mano en su bolsa pero el escarbato estaba tremendamente enfurecido. Cuando al final lo consiguió, encontró el único objeto que portaba aparte de los habituales: la copa de Helga Hufflepuff. En cuanto quedó libre de ella, Raspy dejó de sacudirse y empezó a gimotear agradecido frotando su cabeza contra el cuello de Bellatrix. Sirius le preguntó qué era aquello y ella le confesó la verdad.
-Apóyala en la mesa –le ordenó el mago tras escuchar la historia.
Bellatrix obedeció y se separaron del objeto. Sirius apuntó a la copa y murmuró: "Revelio". Se trataba de un hechizo de transformación muy complicado que muestra la verdadera apariencia de las cosas. No esperaban que sucediera nada, pero una especie de espectro oscuro, una suerte de cadáver grotesco se abalanzó sobre ellos. Ambos gritaron y retrocedieron con horror. Sirius utilizó varios hechizos ofensivos sin lograr nada. A Bellatrix le recordó terriblemente a un dementor y ejecutó el encantamiento patronus. Un cuervo plateado emergió de su varita, se enfrentó al espectro y logró que se esfumara. La sala recuperó la calma aunque sus corazones latían alocadamente.
-¿Qué demonios ha sido eso? –preguntó Sirius.
-No lo sé… -reconoció la bruja- Pero tengo un par de ideas, pienso averiguarlo. Mandé construir una caja fuerte oculta bajo tierra, voy a guardarlo ahí hasta que descubra lo que es.
-Vale, pero no lo toques – respondió Sirius que sentía que no podían deshacerse del objeto sin más.
Bellatrix utilizó varios hechizos para levitarla, pero la copa no se movía. Parecía que repelía cualquier tipo de magia. Al final se rindió. La cogió con la mano y la ocultó en la caja subterránea. Después miró a su primo. Como se llevase un sobresalto más esa noche, moría ahí mismo. Así que con voz autoritaria le ordenó:
-Dúchate, aún llevas la cara negra y tienes que quemar esa ropa. Después acuéstate, necesitas dormir o te pondrás enfermo.
Su primo asintió, demasiado agotado ya incluso para hablar. Disfrutó del agua caliente y cerró los ojos para no ver cómo la sangre de los muggles asesinados por Colagusano resbalaba por el desagüe. Después, se puso uno de los dos albornoces que colgaban de una percha.
-Te he dejado un pijama sobre la cama –le explicó la bruja que estaba deshaciendo el equipaje-. También un par de barritas energéticas, es lo único que tengo de momento. No metí más comida porque no sabía cuándo llegaría el momento de huir…
Sirius entró en la habitación y se puso el confortable pijama azul oscuro que Bellatrix había preparado. Devoró las barritas en un par de bocados y bebió casi un litro de agua mientras miraba la cama con profundo deseo. Antes de sucumbir a ella, volvió al salón:
-¿Tú qué vas a hacer?
-Ordenar un poco esto –murmuró señalando su bolso de viaje- y revisar un par de manuales para comprobar qué es esa cosa.
-Tú también necesitas dormir.
-Bah, el sofá es muy cómodo, ya echaré una cabezada si eso –comentó sin prestar atención-. Tú vete a dormir.
Sirius asintió sin ganas de discutir y le dio las buenas noches. Bellatrix respondió sin apenas mirarlo, acaba de encontrar un libro de tapas negras y letras moradas: "Los secretos de las artes más oscuras". Lo había leído decenas de veces, así que sabía dónde buscar. Por su parte, su primo comprobó que la cama era realmente cómoda. El colchón era mullido y parecía que escondido bajo las mantas ninguna desgracia podría alcanzarle… El problema era que ya las llevaba dentro. Sabía que en cuanto cerrase los ojos, se dormiría, pero le daba mucho miedo el momento de volver a abrirlos. Era imposible que todo lo que había sucedido fuese real.
Esa mañana se había despertado tarde y había comido los restos de una lasaña congelada que le dio Lily tras la última comida con ellos. Después había pasado horas bebiendo en el sofá, lamentándose de su suerte sin saber cuánto podía todavía empeorar. Seguidamente comprobó que Peter había desaparecido, visitó el valle de Godric y halló muertos a sus dos mejores amigos. Perdió a su ahijado en favor de unos muggles. Buscó a Peter y su examigo mató a una docena de muggles, lo acusó falsamente y escapó. Entonces un montón de Magos Golpeadores intentaron detenerlo mientras el sufría un ataque de histeria sin precedentes. Bellatrix lo secuestró y le llevó a la mansión que compartía con el hombre de cuya boda acababa de huir. Y por último habían viajado a Bélgica –que Sirius no sabía ni situar en un mapa- y habían empezado una vida de prófugos en una casa que al parecer Bellatrix mandó construir para la ocasión.
Su verdadero temor era pensar que las desgracias no hubiesen terminado. Quizá aquello no era real. Tal vez los Magos Golpeadores le habían aturdido y llevado a Azkaban, y él se había vuelto loco nada más llegar. Por eso ahora soñaba con Bellatrix, como tan a menudo le sucedía. Media hora después, cuando ya no podía más, se levantó y volvió al salón.
-Hay que ser cobarde… -murmuraba Bellatrix enfrascada en el libro- Con lo larga que se me está haciendo la vida como para…
Se había puesto un pijama abrigado también. Estaba sentada sobre una alfombra de pelo, estudiando el manual de magia oscura mientras acariciaba a Raspy que dormitaba en su regazo.
-Bella –la llamó Sirius.
La bruja dio un respingo, levantó la vista y le regañó por no estar durmiendo.
-Duerme conmigo, por favor –pidió sin dar rodeos.
Ella pareció dudosa de volver a compartir algo tan íntimo. Así que él se lo explico:
-Mañana cuando me despierte y me dé cuenta de que este día no ha sido una pesadilla querré matarme con mi propia varita y…
-Es materialmente imposible –le interrumpió ella-. La varita te elige y se convierte en una parte de tu ser, es como asfixiarte con tu propia mano: imposible.
-Vale, era una metáfora. Me refiero a que lo único que evitará que me suicide será que tú estés conmigo.
Bellatrix abrió la boca para replicar, pero lo pensó mejor y simplemente asintió. "Vamos a la cama, pequeñín" le susurró a Raspy. Lo cogió en brazos y se acostaron los tres. Sirius dudó al principio, pero enseguida la atrajo hacia sí y Bellatrix se acurrucó en sus brazos. Y así, ocupando los tres un espacio muy pequeño, se quedaron dormidos.
Sirius despertó casi doce horas después. No hubo ni siquiera unos segundos de duda y desconcierto: desde el primer momento recordó todo lo que había pasado. Sintió que le fallaban las fuerzas y regresaban las ganas de llorar. Pero Bellatrix seguía junto a su pecho. Se había despertado hacía rato y con una luz suave que emanaba de su varita estaba leyendo un libro. Lo cerró cuando se dio cuenta de que Sirius había despertado. Le miró sin saber qué decir; preguntarle cómo estaba parecía demasiado ridículo.
-¿Ya has descubierto qué es? –preguntó el animago refiriéndose a la copa.
-Un horrocrux.
-¿Un qué? –murmuró él frotándose los ojos mientras Bellatrix descorría las cortinas con un gesto de su mano y permitía entrar la luz fría de un día nublado.
-El más siniestro de los rituales mágicos: divides tu alma y ocultas una parte en un objeto para garantizar la resurrección en caso de que tu cuerpo sea destruido. El proceso para hacerlo es asqueroso, tienes que matar a una persona para que tu alma se desgarre y luego…
-Prefiero no saberlo –la cortó Sirius que no necesitaba más pesadillas-. Entonces, ¿es un trozo del alma de Voldemort?
-Sí. Su mayor temor siempre ha sido la muerte, pero no creí que llegase hasta tal punto… Hay que ser muy cobarde para temerla tanto como para aferrarte a eso. Así aunque muriese, podría reencarnarse.
-¿Hay alguna forma de destruirlo?
-Que yo haya encontrado, dos: veneno de basilisco, que es muy complejo de conseguir… O fuego maligno: un conjuro de fuego descomunal profanado con magia oscura que resulta altamente complicado de controlar.
-¿Pero tú lo podrías controlar?
-Por supuesto –se jactó ella, que no tenía amigos ni fue nunca popular pero sí una gran bruja-. Pero haría falta un lugar donde hacerlo, no puedo crear un fuego endemoniado dentro de casa… Ni en medio del bosque, podría matar a algún animal…
-O a algún muggle –recordó su primo.
-Sí, sí, eso también –comentó ella quitándole importancia-. Quizá existen más métodos, pero serán igual de complejos: el horrocrux ha de quedar completamente destruido sin que de ninguna forma pueda ser reparado.
Sirius lo meditó en silencio y al final asintió. Le inquietaba convivir con un pedazo del alma de Voldemort, pero ahora que sabía lo que era debían destruirlo. Buscarían la forma. De momento tenía más preguntas:
-¿Y lo has tenido durante un año sin saber lo que era?
-Sí… -reconoció ella- En algún momento, al sujetarlo, me pareció que tenía como un latido, pero creí que era el latido de la sangre en mi mano. No se me pasó por la cabeza que estuviese vivo…
-No entiendo por qué Voldemort te confiaría algo tan importante. No digo que fueses a perderlo ni nada, pero…
-Por los efectos que tiene sobre el portador. Los horrocruxes pueden influir en quien establece un vínculo con ellos, no tanto de forma física sino emocional. Yo adoraba ese objeto, creé una dependencia emocional porque me lo dio mi maestro y yo… Bueno, yo le admiraba mucho…
Le daba vergüenza recordar ahora su admiración hacia Voldemort, delante de Sirius que había perdido a sus amigos a manos de él. Pero él se tragó la rabia, asintió indicando que estaba bien y le pidió que siguiera.
-Pueden manipular e incluso poseer a una persona. Yo soy demasiado fuerte para que me poseyera, pero sí que afectó a mi carácter. Digamos que tenía la capacidad de inspirarme sentimientos y manipular mi estado emocional: me hacía sentir más fuerte, más invencible, menos cauta, más independiente… Hacía que la gente a la que quería se difuminase en mi mente mientras el aprecio hacia Voldemort crecía. Me lo confió estando seguro de que así finalmente aceptaría tomar la marca. Y estuve muy cerca de hacerlo: algo dentro de mí necesitaba hacerlo, pero otra pequeña parte intentaba recordarme que no era lo que verdaderamente deseaba.
-Pocas personas hubiesen podido resistir algo así –comentó él como cumplido, pues sabía que le estaba costando confesar algo tan íntimo.
-Supongo… El caso es que ayer, cuando me separé de él porque no lo podía llevar en el vestido de novia (mira, al final hasta lo de la boda ha tenido utilidad), por fin quedé libre de su influencia. Fue como ver la realidad por primera vez en meses: lo cruel de los actos de Voldemort, lo cobarde de su actitud, lo ridículo de dejar que alguien así me diera órdenes… Por desgracia fue Raspy quien lo guardó y por eso se volvió agresivo. Notó que era peligroso, pero como yo se lo había confiado y sabía que era importante, tampoco quería tirarlo por ahí.
-La magia de las criaturas mágicas es totalmente misteriosa para los magos –comentó Sirius-. Fíjate lo poco que le costó a Raspy descubrir que la copa era mala.
-¡Mi pequeñín es un héroe, a que sí! –exclamó cogiendo en brazos a su escarbato que hacía ruiditos de felicidad- De no ser por ti… Todo habría ido mucho peor.
-Lo es –confirmó Sirius-. Gracias a él destruiremos la copa y así podremos matar a Voldemort y todo terminará.
Bellatrix desvió la mirada con nerviosismo.
-Todo terminará, ¿verdad? –repitió su primo.
-Puede que sí, pero…
-¿Pero?
-En el libro pone que crear un horrocrux puede generar deformidades físicas en su creador.
-Vi a ese cobarde en uno de los ataques del último mes, huyó en cuanto vio a Dumbledore. Está deforme, muy deforme.
-Demasiado deforme –remarcó la bruja-. Era un hombre muy atractivo, conquistaba a la gente con su aspecto y su encanto… Al crear un horrocrux habría empalidecido, quizá se le habrían enrojecido ligeramente los ojos o su piel se hubiese vuelto más fina… Pero no tanto.
-¿Qué quieres decir? –preguntó con horror- ¿Qué dividió su alma más veces?
-Calculo que al menos tres más. Y sospecho que no ha terminado. Según este libro, se pueden crear en objetos vivos y él siempre me dijo que tenía planes especiales para Nagini, para que no le abandonara nunca. Creo que la hará inmortal convirtiéndola en un horrocrux. También pienso que… -titubeó la bruja.
-¿Qué? –inquirió Sirius al ver que la bruja se frenaba en seco- Puedo soportarlo, Bella.
-Creo que quería usar la muerte del hijo de los Potter…
-Harry –la interrumpió él.
-La muerte de Harry para crear otro. Pero supongo que como ha sobrevivido no lo ha conseguido.
Sirius cerró los ojos. Era demasiado duro. A todas sus demás angustias se le sumaba la desalentadora noticia de que Voldemort disponía de varios objetos que lo hacían inmortal. Respiró profundamente y se centró en lo único que ahora importaba: Harry estaba a salvo con sus tíos y Bellatrix estaba junto a él. No deseaba nada más.
