Sirius y Bellatrix no se movieron de la cama en todo el día. Raspy sí, en la puerta principal había una pequeña gatera subterránea por la que podía salir y pronto partió a investigar los alrededores. Los Black optaron por olvidar el tema de Voldemort, por ahora no podían hacer nada, ni siquiera sabían qué había pasado con él tras el enfrentamiento contra los Potter. Que se encargara Dumbledore, ellos ya tenían suficientes problemas. Así que apartaron ese tema que les daba escalofríos.

-Háblame de esta casa. ¿Cuánto hace que la tienes? No te imaginaba como el tipo de persona que se compra una casita de piedra… -comentó Sirius esforzándose por prestar interés a algo que no fuesen sus amigos muertos.

-No te gusta, ¿verdad? –preguntó Bellatrix alicaída- Es que es lo único que…

-Me encanta, Bella. La casa y el sitio son perfectos, en plena naturaleza, apartados del mundo, pero a la vez cerca de una ciudad por si necesitamos algo. Además en la zona muggle, estoy muy harto de la magia. Solo que… me va a costar un poco, ¿vale? James era mi hermano tanto como Regulus y ha muerto por mi culpa y también una docena de muggles y…

No le hizo falta seguir. Bellatrix asintió y sonrió aliviada de que le gustara. También comprendió que en ese momento ella era feliz: había evitado la boda, era mucho más libre de lo que lo había sido nunca y estaba junto al amor de su vida. Sin embargo Sirius, por mucho que la quisiera, empezaba un luto que arrastraría toda su vida. Así que para distraerlo le confesó aquel plan que se remontaba a mucho antes de lo que él imaginaba.

-Desde pequeña mi mayor temor fue tener que vivir la vida que mis padres me habían diseñado. Por eso ahorré todo el dinero que me dieron por cumpleaños y fiestas, nunca gasté nada. Me acuerdo que cuando nos llevaban al mercadillo mágico había unos pasadores de pelo con figuritas de dragones que me encantaban… Siempre quise comprarme uno, pero pensé que igual algún día necesitaba el dinero y no lo hice.

Sirius la estrechó contra sí sintiendo ternura.

-Sé que es raro… -continuó la bruja meditativa-, pero siempre sentí que en algún momento mi vida se estropearía y necesitaría tener mi propio refugio. Nunca creí mucho en la Adivinación, pero la bola de cristal, los posos del té, las cartas… todo me advertía que algún día las cosas se torcerían.

-Yo huí a los dieciséis, podrías haber venido conmigo.

-Mis hermanas aún eran pequeñas, mi destino hubiese recaído sobre ellas… Y no te voy a mentir: deseaba aprender de Voldemort todo lo que pudiese. Jamás hubiese sido capaz de deshacerme de los Magos Golpeadores que te intentaron apresar sin su entrenamiento. Ni tampoco hubiese tenido forma rápida de ganar dinero…

-¿Cómo lo hiciste? –preguntó él temiendo la respuesta.

-Publiqué artículos en revistas sobre artes oscuras, escribí capítulos para algunos libros… También vendí en Borgin y Burkes objetos que mis padres no usaban… Pero sobre todo en el club de duelo –confesó ella-. Empecé a apostar a los dieciséis, como te dije solo cuando estaba segura del ganador. Cuando nos separamos empecé a combatir, sentía que tenía menos que perder y mucha rabia que liberar. Nunca me derrotaron. Por supuesto sufrí heridas, algunas serias, pero nada que no pudiese curar. Y gane mucho dinero, me hice muy popular.

-¿Te llamabas Medea?

-¿Cómo lo sabes?

-Estuve una noche en el bar, oí a dos magos alabar tus virtudes –comentó él con amargura-. Pero jamás creí que usarías el nombre de una tragedia muggle…

-Desde el primer año en Hogwarts cada Navidad recibí un libro muggle. No ponía de quién era, pero siempre resultaban interesantes y me encantaban… Me hacían valorar la habilidad, el arte y la imaginación de los muggles. Medea me gustó especialmente, el final es maravilloso...

-¿No descubriste quién te los envió?

-No.

Sirius asintió, a él tampoco se le ocurrió nadie. Bellatrix continuó su historia:

-Lo que más me obsesionaba era tener un techo, ¿sabes? Un lugar en el que refugiarme y lamerme las heridas cuando todo ardiera… Una casa que fuese mía, solamente mía y nadie más supiese de su existencia. Claro que mis padres tienen desde cabañas hasta castillos que jamás visitan, pero te aseguro que habrán revisado todos esta noche. Además necesitaba que aunque no fuese grande ni muy elegante, lo hubiese conseguido yo por mis propios méritos.

Sirius asintió, lo comprendía. Él también sintió la zozobra de no tener un lugar al que huir y sintió una emoción inmensa cuando adquirió su apartamento. Y eso que fue gracias a la herencia de Alphard, en el caso de Bellatrix que lo había ganado jugándose la vida aún tenía más valor.

-En cuanto empezó la guerra sospeché que si por alguna trampa de Voldemort, de la Orden o incluso de mis padres tenía que esconderme, no bastaría con salir de la ciudad. Tenía que buscar un país extranjero. Como te conté, Bélgica es perfecto por idioma y por la nula relación mágica. Aproveché los veranos para visitar pueblos muggles y conocer los bosques y su fauna, eso era vital para poder… Bueno, luego te explico eso, que me pierdo si no.

Su primo asintió mientras le acariciaba el pelo. Le relajaba el tono suave que empleaba y sentir su calor y su olor junto a él.

-Tras meses de comprobaciones decidí que este era el lugar ideal, en concreto este camino que es el más alejado de la ciudad porque ya empieza el bosque. Las casas que hay pertenecen a muggles que pasan aquí algunas temporadas, pero yo quería la mía propia. No quería que mis padres, los Lestrange, Voldemort ni nadie sospechase lo que estaba haciendo. Además me hacía ilusión que mi casa fuese solo mía, hecha para mí. Ya que gastaba mi dinero por primera vez…

-Joder, Bella, me siento mal con esto… Yo heredé a Alphard, soy rico. No hubieras tenido que luchar ni habrías tenido ninguna preocupación. Podríamos haber comprado cualquier…

-Ya lo sé. Varias veces pensé en pedírtelo, pero la verdad es que no me fiaba. Si te lo decía a ti se enterarían tus amigos… Además, creías que era una mortífaga y me odiabas. Y sinceramente, no quería pedirte ningún favor, ni a ti ni a nadie. Si yo hubiese recibido la herencia, maravilloso; pero como no fue así, no iba a mendigar nada. Además gracias al duelo mejoré mucho, no me arrepiento. Y ten en cuenta que ahora es como si volvieses a ser pobre: Fudge habrá puesto aurores y dragones vigilando tu cámara por si vas a por dinero. Eso también me preocupaba: quería que el dinero fuese mío para poder gestionarlo yo y que nadie me lo pudiese confiscar.

Sirius asintió lentamente. A su prima le costaba demasiado pedir ayuda y era muy obstinada… Pero de todas formas tenía razón: de no ser por ella, él estaría viviendo en cuevas solo con lo puesto.

-¿Y llevabas el dinero encima todo el tiempo por si tenías que huir? –pregunto extrañado.

-Claro, ya lo sabes, siempre llevo encima todo mi dinero. Bueno, ahora no, ahora mi dinero ha salido a cavar madrigueras, pero volverá cuando quiera echar la siesta o jugar con su pelotita.

Sirius recordó entonces que Bellatrix y Raspy eran un gran equipo financiero. Habían demostrado que su sistema era mucho mejor que cualquier banco. Aparcó el asunto económico, no tenía ganas de dialogar, solo de escuchar su voz. Así que la animó a proseguir:

-Dijiste que se la encargaste a la arquitecta de los Lestrange, ¿no?

-Sí, a Eileen. Vi la oportunidad porque estaba tan harta de esa familia como yo. Así que le pregunté. Me angustiaba mucho que no me llegase el dinero. Aunque tenía mucho ahorrado, era un proyecto caro: construir de cero una casa bien aislada del frío, amueblarla y que me quedara algo para imprevistos…

Sirius comprendió que su prima siempre fue mucho más madura que él. Quizá fue su entrenamiento con Voldemort, su falta de amistades sanas con las que charlar sobre asuntos propios de su edad o sus ansias de conocimiento… Pero creció demasiado rápido: había planeado con veinte años lo que muchos magos no lograban hasta la cuarentena. Ella continuó ajena a sus cuitas:

-Efectivamente eran demasiados gastos, pero nos entendimos bien y se nos ocurrió un plan: como a la vez estaba construyendo la mansión para Rodolphus, elevamos un poco el presupuesto de esa obra y compramos con eso los materiales.

-¿Los Lestrange no lo notaron?

-¡Qué va! Cuanto más cara sea la casa, más pueden presumir. Les resultaría patético y degradante reconocer que algo les parece demasiado caro… Además no tienen ni idea de arquitectura: si les dices que hay que recubrir el mármol con moco de trol para protegerlo, asegurarán que ya lo sabían para no quedar en ridículo.

Sirius dibujó una pequeña sonrisa, no era mal plan.

-La diseñó, construyó y amuebló en un par de meses, es realmente hábil con la magia arquitectónica, no me extraña que sea de las mejores. Lo hizo en secreto, para no registrar el proyecto y que no quede ninguna constancia ni aparezca en mi listado de propiedades. Así que salvo ella (que por el contrato de silencio le es literalmente imposible revelar nada), nadie más sabe que esta casa existe.

-Joder, Bella, si dirigieras tú la Orden ya habrías conquistado el mundo…

-Nah, se me da mal tratar con la gente –comentó ella-. Sentí que me quitaba un dementor tremendo cuando por fin tuve un lugar propio… Pero coincidió con el momento en que la prensa y toda Inglaterra empezó a decir que era una mortífaga. Vi evidente que me quedaba poco tiempo para planear esto. Soy una guerrera, pero también una slytherin: sé hasta qué punto luchar y cuándo lo más sabio es retirarse. Llevo en guerras desde que tengo uso de razón, no quería que la siguiente fuese Azkaban (aunque pudiese salir en forma de cuervo, ya me entiendes, no quiero esa vida). Además, con lo que he vivido estos últimos años he tenido guerras para décadas…

El tono de Bellatrix fue tan sombrío que Sirius sospechó que los actos más terribles de Voldemort y sus seguidores ni siquiera se hacían públicos. Cuando su prima recuperó el ánimo, continuó:

-Mientras pude escabullirme con el traslador, empecé a traer aquí libros, pociones, mantas... Cuando Voldemort decidió vigilarme más estrechamente y no pude desaparecer del país, almacené en el bolso de viaje lo que iba comprando para cuando llegase el momento de huir. Sobre todo ropa muggle…

-Pero… ¿compraste también para mí? –preguntó Sirius casi avergonzado recordando el albornoz y el pijama de su talla.

-Sí… Me daba miedo pensar en que tendría que irme sola del lugar donde siempre he vivido, ganarme el odio de mi familia, no disponer de ninguna ayuda ni visos de que la situación mejorase… Así que quise creer que si llegaba el momento, cuando todo ardiera tú vendrías conmigo. Sé que fue una fantasía ridícula, pero comprar cosas para dos en lugar de para una me tranquilizaba un poco…

-No fue ridículo, aquí estoy –murmuró él depositando un beso en su frente.

Ella sonrió y le explicó su método:

-Cuando Voldemort me mandaba a matar muggles, yo me iba a de compras a la zona muggle. Para cubrirme la espalda, mantuve bajo imperio al editor jefe del periódico muggle y le mandaba notas con las noticias que tenía que publicar: "Familia asesinada sin marcas visibles en medio de Hyde Park", "Misterioso incendio acaba con la vida de un centenar de personas"… Se los mostraba a Voldemort como si estuviese muy orgullosa y a él le servían de prueba. Estaba demasiado ocupado como para comprobarlo él mismo y jamás pensó que mis ideales pudiesen flaquear.

Sirius pensó entonces en el miedo que tuvo que pasar Bellatrix. Pese a su valor y determinación, mentirle así a semejante monstruo tuvo que ser aterrador. Pero ella lo hizo día tras día durante años, después volvía a casa y se acostaba sola sin saber si todo aquello serviría para algo. Deseó haber estado a su lado, al menos para abrazarla por las noches y susurrarle que todo iría bien.

-Y bueno, creo que eso es todo… Cuando hoy tu madre me ha contado lo de los Potter, he sabido que te dejarías matar o detener. No ha sido por ti, ha sido por mí: te necesito a mi lado para mantener mi cabeza, temo que sola podría sufrir trastornos mentales…

-No te pasará nada, lo juro. Eres lo último que tengo y lo único que me importa ya. Cuando llegue el momento (porque no voy a cometer el error de precipitarme otra vez ni de subestimar a nadie) nos vengaremos de la rata, de Voldemort y de quien sea necesario. Hasta entonces buscaremos juntos la forma de salir adelante.

Bellatrix asintió. Experimentó un profundo alivio al darse cuenta de que Sirius había racionalizado la situación pese a sus ansias de venganza: Colagusano sería una rata oculta en cualquier parte del mundo imposible de rastrear. Y para el pequeño Harry lo más seguro era que se estuviese quieto o aún lograría que se reuniese con sus padres… Pese a su sed de venganza, su ira y su dolor, Sirius había decidido que no podía actuar otra vez por su propia cuenta. Y Bellatrix sospechó que el motivo era ella, estaba anteponiendo su bienestar a sus instintos vengativos. Así que comentó con timidez:

-Si te refieres a que necesitaremos dinero, ya tengo un plan.

-¿Sí? –inquirió él- ¿Lo que has dicho antes que luego me contabas?

-Sí, eso. Primero, tengo unos mil galeones ahorrados que no tocaremos. Son por si hubiera que huir de aquí; es improbable, este sitio es muy seguro, pero quiero tener todo cubierto. Después tengo unos pocos ahorros más con los que podemos ir tirando unas semanas… Y por último, como te decía, elegí este lugar por su ubicación, trabajaremos ahí –comentó señalando la ventana.

-¿En el bosque? –inquirió el confundido.

-Sí. Es un bosque con una inusual densidad de criaturas mágicas. Nadie trabaja con ellas porque en estos pueblos apenas hay magos. Ni siquiera los muggles suelen visitar este bosque: sienten que hay algo siniestro que les repele…

-Dime que en realidad no lo hay, porque no puedo con más cosas siniestras.

-Es la magia protectora que emiten las criaturas para proteger su hábitat y evitar ser vistas por los muggles. Además algunas se saben camuflar, otras son pequeñas o muy rápidas, algunas se parecen mucho a animales normales…

-¿Y cuáles hay?

-Bueno, no pude explorar mucho, pero vi doxys, uros, demiguises y una pareja de erupment. También he visto huellas de unicornio, escamas y la piel de una serpiente runespoor. Y seguramente habrá más, pero llevará meses localizarlos… ¡Ah y hay un lago con salida al mar! Vivirán sirenas, gente del agua y esas criaturas…

-Vaya, son muchas especies juntas –comentó asombrado.

-Es que hace unos cinco siglos había aquí un Santuario de Criaturas Mágicas –explicó la bruja-. Trabajaban decenas de magizoologos estudiando a criaturas que traían de todo el mundo… Pero la durante las dichosas revueltas de los duendes, el santuario quedó destruido porque los magos británicos liberaron varios obscurial. Ese fue el principal motivo de la ruptura de la relación entre los países… Las criaturas que sobrevivieron se quedaron aquí, se adaptaron y se reprodujeron. Por eso hay tanta riqueza de especies.

-Es mucho más interesante cuando lo cuentas tú, con el profesor Binns me dormía siempre –comentó Sirius-. ¿Y qué haremos con ellos? No se gana dinero estudiándolos…

-No, mira –murmuró Bellatrix.

Extrajo del cajón de su mesilla el folleto sobre magizoología que McGonagall le dio durante la tutoría de orientación en quinto curso y ella siempre conservó. Lo alisó y le mostró su idea:

-Los trataremos con respeto y recolectaremos pelos, escamas, veneno… Lo que sirva como ingrediente para pociones o para fabricar objetos mágicos. Y también plantas, la flora también es muy diversa en este bosque. Traje calderos y todo lo necesario para elaborar nosotros las pociones. Aunque solo algunas, en otros casos sale más rentable vender los ingredientes sueltos… eso tendremos que mirarlo.

-¿Dónde los venderemos? –preguntó Sirius que por primera vez empezaba a sentir una chispa de emoción respecto a su futuro.

-En Lieja, es una ciudad de gran importancia comercial y cultural, tanto la parte muggle como la mágica. Tienen tiendas de compra-venta de ingredientes y pociones. Además los domingos montan un mercado mágico en el que esos productos son uno de los mayores atractivos.

-Sí, conozco la ciudad, tienen equipo de quidditch. ¿Está cerca de aquí?

-Sí, podemos aparecernos sin problemas. Para que te hagas idea en coche está a menos de una hora.

-Ya eres capaz de medir las distancias en coche, ¡qué orgulloso estoy de ti! –exclamó.

Bellatrix sonrió. Intentaba mostrarle que había evolucionado y ya no odiaba a los muggles. A los sangre sucia, sí, desde luego eran peores que los sangre pura, Sirius y ella eran la prueba; pero eso su primo no necesitaba saberlo. Se quedaron abrazados en silencio durante unos minutos hasta que algo nerviosa Bellatrix resumió:

-Esa es mi idea… Ir tirando con mis ahorros estas primeras semanas mientras estudiamos el bosque y nos familiarizamos con las criaturas y luego poder ganar con ellas lo necesario para vivir. Sin lujos, claro, pero tampoco necesitamos mucho, creo yo… ¿Qué te parece?

-Me parece que ya no eres mi peque –respondió él tras unos segundos de reflexión.

-¿Por qué no? –preguntó ella con tristeza.

-Porque has crecido mucho. Has montado tú sola un plan increíble que no solo nos permite sobrevivir dignamente sino que además es divertido y emocionante. Ni siquiera sé cómo has tenido tiempo, cuándo has pensado en esto.

-Oh, pensaba en esto todo el tiempo desde pequeña, era mi lugar feliz, el lugar de mi imaginación donde escapaba de la realidad. Sobre todo por las noches, cuando me iba a dormir, fantaseaba con vivir juntos y tener muchos amigos animales…

-¿Por qué nunca me lo contaste?

-Porque tú querías ser auror con… James. No quería imponerte una profesión en la que se gana mucho menos y no estaba tu amigo… Además me daba vergüenza, era algo muy íntimo.

Sirius lo pensó un rato cabizbajo al recodar sus planes ya hechos añicos.

-Es cierto, eso me hubiese gustado, más por estar con James que por ser auror… De esa profesión solo me gusta la emoción, el peligro y la adrenalina, pero ser magizoológo contigo también me parece buena opción, seguro que también hay emociones que…

-¡Ja! –rió la bruja- ¿Qué peligros hay en ser auror? ¿Qué te hiera un mago tenebroso o te maten de un avada?

-¿Te parece poco? –inquirió él frunciendo el ceño.

-Si una serpiente runespoor te muerde con sus tres cabezas, te desangras durante horas por todos tus orificios; si un vipertooth peruano te lanza una llamarada envenenada (porque esa raza de dragón puede hacerlo) te derrite la piel de forma irreversible pero conservas la "vida"; si en un río te topas con un kappa, la única forma de que no te succione la sangre es que le lances un pepino. Por eso, Sirius, primo mío, ser magizoologo es más emocionante que ser auror.

-Estás de coña con lo del pepino.

-No, les encantan los pepinos, los niños y la sangre humana.

Sirius entrecerró los ojos meditando todos los datos y al final exclamó sonriente: "¡Qué ganas tengo de trabajar en esto!". Bellatrix sonrió de nuevo –era consciente de que había sonreído más ese día que en los últimos tres meses- y hundió la cara en su cuello. Le encantaba su olor, era su hogar más que ninguna otra parte. Al poco se separó y murmuró:

-Quiero seguir siendo tu peque.

-¡Claro que eres mi peque, qué tontería! Eres pequeñita, suave y adorable –murmuró él volviéndola a atraer junto a su cuerpo-. Igual que Raspy.

Ella rio ante lo absurdo de su conversación y volvió a ovillarse junto a él. Era feliz, era tan feliz que se sentía culpable por no ser capaz de lamentar las circunstancias que los habían llevado ahí.