El periódico que Carper acababa de entregarles era el Profeta del día anterior. La portada respondía a varias preguntas que Bellatrix y Sirius tenían sobre lo acontecido durante los últimos días y a otras que ni siquiera se habían formulado. El enorme titular parpadeante rezaba: "Alice y Frank Lonbottom torturados hasta la locura". La entradilla especificaba que había sido obra de Barty Crouch Junior y los Lestrange y que su objetivo era obtener información sobre el paradero de Voldemort.
-Creen que está muerto… -murmuró Bellatrix- Quizá su cuerpo sí, pero su alma seguirá vagando por ahí.
Pero eso el mundo mágico lo desconocía, por lo que decía la noticia, estaban seguros de que Voldemort murió al intentar matar a Harry. Llevaban varios días de celebraciones por todo el país.
-Alice y Frank eran muy buenos aurores –murmuró Sirius pálido y tembloroso-, ¿cómo es posible que…?
-Por Morgana… -susurró Bellatrix horrorizada sin ni siquiera escucharle-. "Crouch junto con Rabastan Lestrange, su hermano Rodolphus y la mujer de este, Bellatrix de soltera Black, irrumpieron en la casa del matrimonio y cometieron el que ya se ha calificado como el crimen más horrendo de la historia del mundo mágico moderno. Por el momento se ignora si el prófugo Sirius Black, primo de Bellatrix, está implicado también en este crimen. Recordemos que hace tres días…".
Ahí describían con todo lujo de detalles la muerte de los Potter y lo sucedido los días siguientes. Volvían luego al crimen principal: había detalles sobre la maldición utilizada para la tortura, el ingreso de los Longbottom en San Mungo, el hijo al que dejaban huérfano… Pero Bellatrix no fue capaz de leerlo. No le sorprendía que sus antiguos amigos (y su exprometido) hubiesen obrado así, pese a lo que ahí decían, ella había presenciado crímenes peores. Pero sí que la hubiesen involucrado.
-Supongo que es su forma de vengarse por abandonarlo –susurró con un hilo de voz-. Con el revuelo de la muerte de Voldemort lograron ocultar la noticia de que huí de la boda...
Incapaz de apartar la vista de la publicación, Sirius le pasó un brazo por la espalda para intentar tranquilizarla.
-Somos los dos delincuentes más buscados del mundo mágico –sentenció él contemplando sus fotografías.
Estaban impresas a página entera con los carteles de "Se busca, extremadamente peligroso". La foto de Sirius era la de su graduación en Hogwarts, con su sonrisa arrogante, su pelo cayendo elegantemente sobre su rostro y sus ojos brillantes ante un futuro que parecía postrarse ante él. La de Bellatrix ya era otra historia… Fue tomada durante la fiesta en la que anunciaron su compromiso con Rodolphus. Llevaba un vestido decimonónico cubierto de joyas de sus bisabuelas, con un recogido que también le sumaba varios años y una expresión en su rostro de profundo desagrado. Se parecía muy poco a ella misma, pero era la fotografía más actual que el Ministerio había conseguido.
-Anda, que no han podido encontrar otra en la que salga peor… -masculló Bellatrix.
-Mejor así. Es imposible que nadie te reconozca, ahí pareces la tía abuela Cassiopeia.
Su prima no supo si era un insulto o un cumplido, pero era cierto. Sirius también estaba cambiado, la fotografía era de cinco años atrás y ahora se veía más adulto. Además, con la angustia de la guerra dejó de prestar atención a su aspecto: su pelo había crecido hasta alcanzarle los hombros y la barba de tres días ya era habitual. Sin embargo no parecía descuidado, sino que le dotaba de un atractivo salvaje y casi peligroso. A Bellatrix le resultaba aún más guapo que cuando lucía como un adolescente rebelde.
-Al menos eso es bueno… -comentó ella- Todo lo que sirva para despistar a quienes nos buscan…
Su primo asintió. Pasó el resto de la mañana leyendo y releyendo el periódico. Según el reportaje, sospechaban que ambos seguían en Gran Bretaña, pues tras el asesinato de los muggles restringieron la aparición por traslador y pusieron controles en las fronteras mágicas y muggles. También habían multiplicado la seguridad en Gringotts para impedirles conseguir dinero. Respecto a Bellatrix, creían que había escapado tras torturar a los Lestrange: capturaron a sus tres compinches, pero a ella no.
-"Si bien Black pudo tenerlo todo planeado y escapar con un traslador preparado de antemano, resultaría imposible que su prima lo hiciese varios días después con todos los controles en máxima alerta" –leyó Sirius en voz alta-. Sí, es lo que tiene que no estuvieras ahí… Por lo menos no han confirmado que fueses tú la persona encapuchada que me salvó de los magos golpeadores. Aunque sospechan yo también participé en la tortura…
-No puedo con más noticias deprimentes –setenció Bellatrix.
Se vistió y salió a hacer su primera vuelta de reconocimiento por el bosque para establecer el método del trabajo. Sabía que iba a ser largo y laborioso, pero le emocionaba mucho poder trabajar con las criaturas. Las horas se le pasaron volando mientras tomaba notas sobre las diferentes zonas del bosque y las especies que lo poblaban. Cuando volvió, Sirius había preparado la comida.
-¿Volverás esta tarde al bosque? –le preguntó él.
-No. Ahora en invierno anochece muy pronto y no conozco el lugar. Podría perderme o ser atacada por algo… Hasta que me familiarice con él iré solo por las mañanas.
Después de comer pasó a limpio sus notas. Cuando terminó, se sentó en el sofá con uno de los libros sobre magia ancestral que estaba estudiando. Eran manuales muy avanzados con conceptos realmente complejos de entender y practicar; lo leía muy despacio, tomando apuntes y repasándolo todo varias veces. Consultaba varios a la vez para cotejar la información.
A Sirius le gustaba contemplarla mientras lo hacía. Se sentaba en el asiento de la ventana mientras ella esparcía libros y pergaminos sobre la mesita junto al sofá. Su cara de concentración, su forma de fruncir el ceño cuando no comprendía algo, los suaves murmullos para sí misma… le resultaba hipnótico. Era lo único que lograba abstraerlo de la realidad. Esa tarde estaba ensayando hechizos muy básicos, pero a él le parecía igual de interesante.
-Wingardium leviosa –murmuraba la bruja una y otra vez.
El libro que descansaba sobre la mesa se elevaba una vez tras otra, pero Bellatrix parecía frustrada. Sirius estuvo a punto de preguntar dónde estaba la complicación, pero no quiso molestarla. Hasta que se dio cuenta de que no estaba usando su varita. Unos meses atrás hubiese ansiado aprender aquello, pero ahora ni siquiera eso le interesaba. Se contentaba con observar la forma en que su prima disfrutaba con la magia.
Dos horas después Bellatrix ejecutó el conjuro por centésima vez y el libro se elevó exactamente igual, pero ella por fin profirió un grito victorioso. Volvió a repetir el proceso con objetos más pesados y tras unos minutos más de práctica guardó todo con una sonrisa satisfecha. Se la veía cansada, pero también satisfecha con sus progresos. Viendo que ya había terminado, Sirius se atrevió a preguntar:
-¿Qué practicabas? ¿Magia sin varita?
-Sí –contestó ella acercándose y acomodándose en su regazo.
-¿Cómo lo haces? Solo los magos más poderosos saben usar unos pocos hechizos sin la varita…
-Es un proceso muy complicado… -murmuró ella buscando la forma de explicarlo- Como sabes, la magia que utilizamos es exógena: se produce de forma externa a nosotros, en la naturaleza. Por eso necesitamos objetos para canalizarla: una varita, una escoba, polvos flu… Sin embargo, también poseemos cierta magia endógena mezclada con nuestra sangre. Es mucho más compleja de dominar y por eso no suele usarse, normalmente permanece en letargo y solo sirve como refuerzo a esa otra magia exógena.
-¿Como transformarse en animago? ¿O la aparición? Si eres buen mago puedes hacerlo sin varita.
-Eso es. Yo no realicé el ritual de animago hasta estar segura de comprender la forma en que actúa la magia en cada parte del proceso. Y respecto a la aparición es un caso muy particular: aplicas la magia a tu propio ser para moverte (no es como crear un fuego o mover un objeto ajeno a ti), por eso es más sencillo que aflore la magia endógena. También es la que usan los niños cuando aún no tienen varita pero hacen que sucedan "cosas raras".
-¿Y cómo aprendes a usarla entonces?
-No es algo que se pueda enseñar, no podría explicarte cómo hacerlo igual que Voldemort no pudo explicármelo a mí. Pero me mostró el camino. Debes profundizar en tu magia, conectar con lo más profundo de tu ser donde esta extiende sus raíces para ser capaz de avivarla. Hay libros que ayudan a hacerlo, a controlarla y a interiorizar el poder que nos rodea y trascender. Pero no a todos les funcionan y tienes que encontrar el que más se adapte a ti. Se trata de hacerte uno con la magia, ¿sabes? Que no sea una herramienta más, ni siquiera una parte de ti, sino que seas todo tú a través de ella.
-Suena como un proceso muy largo… Y tú eres muy joven y ya la manejas… Has repetido el hechizo durante toda la tarde y ha funcionado todas las veces.
-En primer lugar, en mi sangre hay más magia de la habitual porque nuestro linaje mágico se remonta muchos siglos atrás. Y en segundo, yo apenas estoy empezando. Puedo conectar con mi magia endógena y utilizarla en algunos conjuros (particularmente en los que incluyen aire, es mi mayor fortaleza) pero como mi técnica es aún muy simple, me supone un desgaste enorme.
-¿En sentido físico?
-Sí. A la vez que aplico mi magia, empleo sin pretenderlo mi fuerza y mi energía vital, así que termino agotada física y mentalmente. Por eso practico conjuros muy sencillos que requieren poco esfuerzo. Si probara con uno poderoso, los daños serían visibles y muy semejantes a la despartición. Aunque el conjuro saliese bien, podría morir desangrada porque la magia requeriría toda mi energía.
-Suena muy peligroso… -murmuró él acariciándole el pelo.
-Por eso no lo explican en el colegio, por eso nadie te lo puede enseñar, solo tú puedes conocer y controlar tu cuerpo y tu magia. Pero voy progresando. Las últimas veces he logrado hacerlo de forma pura, sin ningún coste, así que voy avanzando y eso me anima mucho.
-¿Y el día que te marchaste de Hogwarts volando? ¿Eso no fue un esfuerzo descomunal?
-La verdad, quería hacer una salida épica… pero me salió caro. Solo volé unos metros hasta que os perdí de vista y entonces me aparecí. Aún así me dolió la cabeza durante una semana y tomé una poción para solucionar una pequeña hemorragia interna.
-¡Pero aun así! ¡Volaste sin escoba, Bellatrix! –recordó Sirius- Es brutal.
-Tengo facilidad, como te he dicho, para la magia aérea. Supongo que tiene que ver con ser un cuervo. Eso ayuda, pero no volveré a intentarlo hasta estar segura de que puedo controlarlo.
Sirius se sintió aliviado al ver la sensatez con la que Bellatrix trataba ese tema. Llevaba toda su vida estudiándolo y soportando las clases de Voldemort y no pensaba cometer un error precipitándose. Notó que estaba muy cansada tras las prácticas, así que le sugirió que se diera una ducha mientras él preparaba la cena.
-¿Te importa si salgo a dar una vuelta? –le preguntó Sirius cuando terminaron de cenar.
Bellatrix vio tal agobio y dolor en sus ojos que asintió sin dudar. La noticia de los Longbottom sumada al resto de muertes había agravado su duelo todavía más. Adivinó que no iba a dar un paseo calmado, sino que pretendía transformarse y correr hasta quedar exhausto. Ella estaba demasiado agotada para acompañarlo y probablemente fuese otro ritual de expiación que requería soledad. Así que le aconsejó que no fuese al bosque para no alterar a las criaturas con las que pretendían trabajar.
-En lugar de cruzar al bosque, sigue por este camino en dirección contraria a Durbuy. Cuando pases la granja, gira a la izquierda y verás una carretera secundaria –le indicó-. Da una zona de montes en la que no encontrarás a nadie y puedes correr y aullar todo lo que quieras.
-Perfecto –respondió Sirius al ver que Bellatrix entendía justo lo que necesitaba.
Le dio un beso en la mejilla y se marchó. La bruja se sentó en el sofá a jugar con Raspy, pero pronto se quedó dormida abrazada a su escarbato. Ni siquiera despertó cuando llegó Sirius de madrugada y los trasladó a la cama en brazos.
Aquello se convirtió en una rutina: Bellatrix se levantaba cuando salía el sol y marchaba al bosque con su cuaderno de campo. Raspy la acompañaba: era un gran rastreador, su ayuda resultaba muy valiosa. Mientras, Sirius dedicaba unas horas a culparse por lo de los Potter, a odiar a Colagusano y finalmente se levantaba para hacer la comida (únicamente por Bellatrix). Por la tarde la bruja practicaba magia y su primo la observaba con envidia al ver la pasión y la emoción que experimentaba. Después cenaban y él salía a correr en forma de perro hasta que casi le sangraban las patas. Ella intentaba esperarle despierta y se acostaban juntos.
A Bellatrix le gustaba su rutina. No obstante, esperaba que no durase mucho: estaba deseando que Sirius formarse parte de sus actividades, pero sabía que no debía presionarlo. Aunque delante de ella intentaba mostrarse fuerte, no lo estaba en absoluto. Todas las noches tenía pesadillas en las que revivía el peor día de su vida. Bellatrix le despertaba con suavidad y eso le calmaba hasta que volvía a dormirse. Una mañana la bruja se levantó antes del amanecer. Estaba preparando su mochila para ir al bosque cuando escuchó a Sirius gritar desesperado:
-¡Bella! ¡Bellatrix! ¡Bella, dónde…!
-¡Sirius, tranquilo! –gritó ella corriendo hacia la habitación- Estoy aquí. Estoy aquí, Siriusín, no te preocupes, todo va bien.
Ni siquiera supo si estaba dormido o despierto, solo vio que estaba llorando y temblando. Lo abrazó con fuerza y se acostó con él. Ese día lo pasaron sin salir de la cama y a partir de entonces no marchó al bosque hasta estar segura de que Sirius estaba despierto. Cuando se quedaron sin alimentos volvió a la granja a comprar. Aunque el mercado del pueblo tenía más variedad ella no se veía con ánimo para rodearse de tantos muggles. Y menos ahora que el único humano con el que convivía era Sirius. Además estableció buena relación con los dos granjeros que siempre le regalaban alguna empanada o bizcocho porque les inspiraba ternura.
-Tiene gracia: Nora y Jack consideran que soy adorable e inocente, pero estoy aquí porque soy una asesina perseguida en ambos mundos.
-Ya les regalaremos tu cartel de "Se busca" –comentó Sirius con sorna-. ¿Qué tal llevas la exploración del bosque?
-Bastante bien.
En el cuarto pequeño había establecido su oficina: en la mesa estaban sus notas, fotografías y libros de consulta sobre criaturas y flora mágica. En un armarito con hechizos de preservación guardaba las pociones e ingredientes que había traído de casa. Tenía también una estantería con puertas de cristal en la que almacenaba lo que iba recogiendo por el bosque -pelos, escamas, fluidos- y otra con plantas. De la pared colgaba un calendario en el que iba anotando los periodos de muda, desprendimiento de escamas y reproducción de los animales. No estaba completo, cada día añadía nuevos datos y corregía otros, pero estaba satisfecha con el proceso. Durante las comidas le contaba a Sirius sus progresos y él se esforzaba por prestar atención, pero era evidente que su cabeza no lograba centrarse.
Habían transcurrido dos semanas desde que llegaron a Durbuy, aunque Sirius sentía que todos los días eran iguales. Deseaba salir de aquel pozo de miseria, ansiaba estudiar a las criaturas con Bellatrix, visitar el pueblo y llevar por un tiempo una vida normal sin sobresaltos. Pero no lo conseguía. Había días en que sentía unas enormes ansias de largarse de ahí e ir en busca de Colagusano. Ni aún repitiéndose que había desaparecido y estaría ya muy lejos lograba reprimir las ganas. También deseaba visitar a Harry, pero sabía que lo más seguro para él era estar con sus tíos. Incluso volvía el impulso de aceptar la condena en Azkaban: lo merecía por fallarles a James y Lily. El único motivo porque el que desterraba esas ideas era por Bellatrix. La quería, no sería justo para ella y además sentía que su lugar en el mundo estaba a su lado.
Le alegraba que a ella la veía feliz: con sus criaturas mágicas y sus estudios de magia disfrutaba mucho. Creyó que echaría de menos el duelo, pero llevaba años inmersa en duelos jugándose la vida, así que se estaba dando un merecido descanso.
-Ya hemos vuelto –saludó la bruja cuando volvió con Raspy tras su jornada matutina.
No era necesario que lo anunciara porque la casa era pequeña: se oía la puerta perfectamente.
-¿Qué tal ha ido? –preguntó Sirius desde la cocina mientras servía la comida.
-Bien… Me he topado con una pareja de erklings, pero todo bien.
El animago asintió distraído. No le gustaban los erklings, eran como gnomos salvajes de los bosques. Les crecían ramas en espalda y extremidades y podían matar con un solo toque. En los últimos años se habían reproducido y como se comían a los niños que se perdían en los bosques, la Sociedad Mágica Internacional solicitaba a los magos que los matasen si se encontraban con uno. Lo cual no era sencillo porque eran sigilosos y astutos. Pensar en eso puso nervioso a Sirius. Salió de la cocina y se dirigió a la habitación en busca de Bellatrix.
-Oye, ¿has tenido que…? –empezó a preguntar- ¿¡Qué ha pasado!?
Bellatrix se había quitado la camiseta y contemplaba su espalda en un espejo. En su omoplato derecho había un pequeño orificio del que brotaba una sustancia verdusca.
-Nada, nada, estoy bien, no te preocupes –murmuró quitándole importancia.
-¿¡Pero qué dices, qué es eso!? –preguntó acercándose y examinándole la espalda.
-Tranquilo, no es tóxico, es pus de bubotubérculo. Solo hay que sacar la semilla envenenada, me la ha lanzado uno de los erklings con una cerbatana de juncos. Puedo yo, no te preocupes –aseguró pasándose el brazo por la espalda y reconociendo los bordes de la herida.
"Déjame a mí" ordenó él apartando su brazo. Sabía que no podía hacerlo con magia, o la semilla se reproduciría, así que lo hizo manualmente. En cuanto logró retirar la semilla, la sustancia verde dejó de brotar. Limpió la zona con un scourgify, cerró la herida y comprobó que no había sangre ni rastro alguno.
-Muchas gracias –murmuró ella sonriente.
-Bella, si en el boque viven ese tipo de criaturas me da miedo que…
-No, tranquilo. Estos estaban atacando a un demiguise, era joven y estaba tan asustado que no conseguía volverse transparente como hace esa especie. He tenido que distraer a los erklings para que se pusiera a salvo. Después los he matado y he recogido sus ramas, son muy buenas para crear fuegos eternos –explicó mostrándole una bolsa transparente en su mochila-. Raspy ha rastreado el bosque y no parece haber más. Me voy a duchar y comemos, ¿vale?
Sin esperar respuesta le dio un beso en la mejilla y se dirigió hacia el baño. Sirius la interceptó y murmuró:
-Lo siento mucho, peque.
-¿El qué?
-No estar contigo, no ser capaz de ayudarte. Planeaste todo esto para salvarme y yo ni siquiera soy capaz de…
-Eh, Siri, es normal, tranquilo. Perder a un ser querido es muy duro y tú has perdido a muchos. Yo me moriría si le pasase algo a mi mejor amigo –comentó mirando a Raspy que jugaba en el salón con su pelotita-, tómate el tiempo que necesites.
El mago, emocionado por sus palabras y por la forma en que le estaba cuidando, murmuró nervioso: "Mira… Hice algo…". Su prima le miró con curiosidad. Él se subió la manga del jersey para mostrar la prueba irrefutable de que, ni en los años oscuros, dejó de tenerla presente. La mandíbula de Bellatrix se descolgó varios centímetros al ver el tatuaje hiperrealista de su retrato. Solo fue capaz de balbucear mientras acariciaba su imagen en la piel de Sirius. Se sentía tan abrumada que lo único que se le ocurrió fue constatar:
-Estoy preciosa ahí…
Sirius rio y contestó:
-Claro que lo estás. Siempre.
Bellatrix asintió con una sonrisa tímida sin dejar de contemplar el tatuaje. Sirius le acarició la mejilla y ella le miró todavía emocionada.
-Te quiero. Lo sabes, ¿verdad? –susurró él con cariño.
-Por supuesto que sí, perrito –respondió ella con genuina felicidad.
