Por la tarde, después de comer Bellatrix se dispuso a ordenar su botín. Le sugirió a Sirius que echase una siesta pero el mago no obedeció. Tras el ataque de los erklings había relegado sus traumas a un segundo plano y no quería separarse de Bellatrix, iba tras ella como un perro guardián. Él apenas había entrado en la habitación-laboratorio donde trabajaba su prima, así que se sorprendió al ver todo lo que contenía ya. Vio que a la colección se unían las ramas de los erklings que guardó en una caja transparente. Después sacó un frasco en el que Sirius no distinguía lo que había.
-¿Qué es? –preguntó.
-Pelo de demiguise –respondió ella sorprendida de verlo ahí-. He acompañado a su nido al que he ayudado esta mañana y me ha permitido recoger los pelos caídos que había. Ya sabes que como los demiguises pueden volverse invisibles son muy valiosos para fabricar capas y todo eso. Ahora que confía en mí lo visitaré más a menudo y así recogeré todos los que pueda. Aunque yo no lo vea, Raspy podrá esnifarlo.
-Sois un gran equipo -murmuró Sirius mientras analizaba las estanterías-. ¿Qué guardas aquí?
Bellatrix le explicó su sistema de almacenaje de pociones e ingredientes y los encantamientos con los que lo protegía todo, pues había sustancias muy peligrosas. Sirius escuchó con atención. Contempló un frasco con una sustancia negra que estaba en el aparador de máxima seguridad y le preguntó qué era.
-Veneno de Nagini, me llevaba bien con ella y me permitió recogerlo. Después del veneno de basilisco, el de su especie es el más letal.
-¿Serviría para destruir el horrocrux?
-Por desgracia no –suspiró Bellatrix-. Podría erosionarlo, pero no dejarlo por completo inservible. Ya encontraremos la manera… ¿Querías algo? Si quieres que me acueste contigo para que duermas mejor, dejo esto para otro rato.
-No, no –se apresuró a responder él-. Puedes… ¿Puedes explicarme cómo funciona, cómo lo estás haciendo?
-¡Claro! –respondió Bellatrix con ojos brillantes.
Terminó de guardar los pelos y desplegó varios documentos sobre la mesa.
-Lo primero es delimitar la extensión del bosque; es muy grande, unas cuatro veces el Bosque Prohibido. Los magos no suelen visitarlo porque desde que quedaron libres las criaturas del santuario que había antes, nadie sabe qué habita ahí... No sé si en el Ministerio Belga tendrán algún mapa de la zona, pero no me atrevo a ir a un edificio oficial estando como estamos y sin saber siquiera dónde buscar… Así que he conseguido un mapa muggle de esta región y así me hago una idea, mira.
Sirius contempló el mapa muggle que mostraba los pueblos de esa zona. En un lateral se veía una amplia extensión boscosa delimitada por un río y una cadena montañosa. Seguidamente Bellatrix le mostró un ojo de cristal con aspecto siniestro. Era un ojo embrujado que consiguió en Borgin y Burkes. Como el dependiente creía que era una mortífaga, ni siquiera se lo cobró.
-Sirve para explorar y recabar información. Lo lanzas al aire y él solo estudia la zona; es como una snitch espía. Recorre una extensión máxima de diez kilómetros, construye una imagen panorámica de lo que ha visto y te la transmite. Mira.
Bellatrix cogió el ojo y lo acercó a la frente de Sirius. En cuanto entró en contacto con su piel, sintió como una extraña legilimancia: en su mente surgieron imágenes del bosque con sus caminos y vegetación a vista de pájaro. Los magos tenebrosos lo utilizaban para enloquecer a sus víctimas con imágenes traumáticas. Sin embargo Bellatrix le había encontrado una aplicación útil.
-A los animales no los ve, a no ser que sea algo muy grande… Pero de eso se ocupa Raspy: esnifa en busca de madrigueras, cuevas o refugios y voy anotando las criaturas que habitan en cada zona. De momento he establecido contacto solo con las más dóciles y que les gusta interactuar con magos: como el demiguise, un par de runespoor…
-No creo que la serpiente runespoor de tres cabezas, favorita de los magos tenebrosos, se considere dócil y sociable -apuntó Sirius.
-Bueno, es de las serpientes menos agresivas y conmigo se llevan bien porque…
Se interrumpió ahí y apartó la vista avergonzada. Su primo por supuesto insistió en que terminara la frase.
-Entiendo el pársel.
-¿Hablas la lengua de las serpientes? –preguntó Sirius sintiendo un escalofrío.
-No la hablo, ese es un don con el que no nací. Lo que sé es entender lo que dicen e imitar algunas palabras. Me enseñó…
"Voldemort" completó él la frase que ella no era capaz. Su prima asintió temiendo que se enfadara. No sucedió. Sirius sabía que le encantaban los reptiles y sus ansias de conocimiento eran inmensas, así que no podía culparla por querer entender a las serpientes. Sin embargo le resultaba muy siniestro, así que cambió de tema y le preguntó qué era la especie de calendario que tenía sobre la pared.
-Las épocas en las que cada criatura produce ingredientes para pociones. Me indica cuándo mudan las distintas razas de serpiente para recoger su piel, en qué época se descaman más los dragones, cuando comienza la época de celo de los uros…
-¿Para qué necesitas conocer el celo de los bueyes gigantes esos?
-Porque luchan entre ellos para aparearse. Y se hacen sangre. La sangre de uro es tan valiosa como la de unicornio porque es muy poderosa y muy difícil de conseguir. Si logro recogerla se venderá muy bien.
-De acuerdo, pero avísame porque estar en el lugar en que esas bestias pelean parece una idea nefasta… ¿Notan que estás trabajando en el bosque?
-Sí, espero que vean que no soy una amenaza y vayan acostumbrándose a mi presencia. Quiero poder ayudarles si tienen accidentes o peleas, llevarles comida y ganarme así su confianza. Respecto a las plantas, con ayuda del ojo y de lo que yo misma investigo, voy también apuntando qué hongos, frutos y hierbas hay en cada zona.
-Muy bien, así puedes consultar tus notas y sabrás donde buscar cada cosa.
-En realidad estoy haciendo algo más… -murmuró ella desplegando un pergamino con un gesto de su mano- Esta es una reproducción del bosque que he copiado del mapa muggle. Aquí voy volcando toda la información. Cuando esté completo podrá utilizarse para localizar las plantas y criaturas. Saqué la idea del mapa de Hogwarts que hiciste con tus amigos…
Aún faltaba mucho por completar, pero aún así algunas zonas del bosque estaban señalizadas con letreros como "Cultivos de hongo saltarín", "Matorrales de belladona", "Jardines de acónito". En varias zonas se veían huellas que se movían por el mapa con letreros como "Demiguise " o "Uro ". Para las criaturas no servían los mismos hechizos que para detectar a las personas: lo que Bellatrix hacía era lanzar un conjuro localizador cada vez que veía una y así podía rastrearla permanentemente.
-Es un método muy lento, tengo que encontrarlos de uno en uno… Pero de momento no se me ocurre nada mejor –comentó Bellatrix-. Con las plantas me cuesta menos, como no se mueven ni se esconden las registro y ya está.
Sirius no dijo nada, estaba absorto examinando el documento con ojo crítico. Eso puso nerviosa a su prima.
-Sé que aún está muy vacío, no soy tan buena como tú con estas cosas… -se justificó- La cartografía no es lo mío y requiere hechizos muy específicos que nunca he usado. Pero espero avanzar poco a poco…
Tras unos minutos más de observación silenciosa, Sirius declaró finalmente:
-Bella, eres la persona más increíble que he conocido.
Estaba profundamente admirado de todo el trabajo que había desarrollado en apenas un par de semanas. Se estaba dedicando a ello a fondo, intentado que todo resultase sencillo y atractivo. Era verdad que de momento el mapa no era gran cosa, pero lo bien que lo estaba documentado todo y que se hubiera inspirado en su preciado mapa del merodeador le hacía sentir tremendamente orgulloso. A él sí se le daba bien elaborar mapas y además le encantaba hacerlo.
-¿En serio? –exclamó ella emocionada- ¿No te parece una pérdida de tiempo? Porque a ratos me pregunto si no sería más fácil ir al bosque sin más e ir cogiendo cada día lo que encuentre…
-Sí, y un día te cruzas con un erumpent, le estalla el cuerno y mueres en la explosión. No, Bella, la forma de hacerlo es esta. En un trabajo en el que la mitad de las criaturas te pueden matar no puedes ir a lo loco.
Bellatrix asintió feliz de que pensasen igual. En muchos aspectos de la vida eran salvajes y temerarios, pero también eran inteligentes y sabían cuándo la situación requería tiempo y respeto.
-Entonces seguiré con él aunque me cueste –continuó la bruja- y…
-Olvídate del mapa –sentenció él-. Céntrate en conocer a las criaturas y llévate el ojo siniestro ese para que registre las zonas que faltan. Esto déjamelo a mí. Hice una obra de arte con quince años, espera a ver lo que puedo lograr ahora…
A su prima le pareció un gran avance que Sirius se obligase a trabajar en algo, era el primer paso. Así que aceptó emocionada. Desplegó sobre la mesa sus notas, los mapas muggles y todos los documentos que podría necesitar. Le indicó que la llamase si necesitaba algo más y Sirius se sentó a la mesa con su varita preparada. Bellatrix se marchó al salón para que pudiera trabajar sin distracciones. Se centró en sus estudios de magia ancestral mientras Raspy dormitaba junto a ella. Creyó que quizá su primo se cansaría pronto, que le vencerían el desánimo o la rabia y abandonaría su labor. Pero no sucedió.
Sirius trabajó en el mapa durante una semana. Ni siquiera salía de casa (solo alguna noche para trotar y desahogarse), dedicaba todo el tiempo a probar hechizos, dibujar a mano los caminos y arboledas, estudiar los libros sobre fauna y flora mágica que le había dejado Bellatrix… Solo paraba para hacer las comidas y alguna tarde para contemplar a su prima estudiar. Pero nada más. No tuvo muchas dudas, las notas de Bellatrix eran muy claras, pero sí que le surgió una cuestión:
-Peque –la llamó una noche.
La bruja acudió al cuarto con curiosidad.
-Tengo una duda con los animales que has registrado.
-Dime –murmuró acercándose a él y abrazándole por la espalda.
Sirius cerró los ojos durante unos segundos recreándose en la sensación del cuerpo de Bellatrix junto al suyo. Después sacudió la cabeza y le preguntó:
-Has denominado a todos por su raza y sexo (en caso de saberlo), sin embargo en la zona de las montañas hay un cártel que se mueve muy rápido en el que solo pone "Byron". ¿Qué especie es esa?
-¡Ah, sí, Byron! No es ninguna especie, fue el regalo de bodas de mis padres: un ironbelly ucraniano. El único regalo bueno que me han hecho…
-¿Te regalaron un dragón? –inquirió Sirius con incredulidad.
-Sí, me lo dieron de cachorro hace un par de meses. Era para proteger mi cámara de Gringotts. No iba a tenerla hasta después de la boda, pero había que entrenar al animal antes.
-¿Entrenarlo cómo?
-Los duendes los entrenan en una cámara subterránea para que teman ciertos sonidos y así poder controlarlos. Ya sabes, hacen que asocien ese sonido con el dolor y… El caso es que me regalaron a Byron y me dijeron que debía llevarlo con los duendes al día siguiente. Respondí que por supuesto y ya todo el mundo se olvidó de él. No lo hice. Le traje aquí para ver si le gustaba el bosque y resulta que le encantó. Ahora está bastante grande y se ha adaptado muy bien, aunque no le he visto estos días…
-Pero… ¿Tienes buena relación con un dragón? Hacen falta muchos dragonologistas para controlar a uno…
-Bueno, Byron nació en Gringotts así que vio la vida de la que le salvé. Obviamente no es dulce y cariñoso como Raspy, pero sí que me respeta e incluso me deja entrar a su cueva y recoger las escamas que se le caen.
-Muy bien… -respondió Sirius a quien pocas cosas de su prima le sorprendían ya- Así que un ironbelly –murmuró abriendo un libro sobre bestias peligrosas para localizar esa especie.
Viendo que retomaba su labor, Bellatrix regresó al salón. Realmente no sabía qué tal le iba a Sirius con el mapa, él no le contaba nada y ella no quería presionarlo. Pero confiaba ciegamente y parecía que tener una ocupación le sentaba bien. Así que no le preocupaba. Cada día le llevaba el ojo embrujado para que recopilara la nueva información que iba recogiendo y en ocasiones se transformaba en cuervo para sobrevolar el bosque y hacerse mejor idea. Era el primer día de diciembre cuando volvió de su exploración matutina y Sirius salió a recibirla.
-¡Ya está! Ven, ya lo tengo –dijo ansioso y visiblemente emocionado.
Bellatrix se quitó el abrigo y le siguió al despacho. Sobre la mesa estaba el mapa que ella empezó a elaborar.
-Te presento el Mapa del Rastreador –declaró con orgullo.
Lucía irreconocible. Todos los caminos, montañas, las distintas zonas arbóreas, los ríos y lagos estaban perfectamente trazados. El color era más intenso en las zonas de más vegetación y lo mismo en las aguas más profundas y en los lugares con más riesgo de bestias peligrosas. La cantidad de criaturas localizadas se había multiplicado por cinco. Las huellas que marcaban la posición tenían la forma de la huella real de cada animal: una gruesa pata representaba a los uros, unas garras al dragón, una cola a las sirenas, un par de alas a las hadas… y así con todos. La vegetación también tenía la forma de las plantas y flores que crecían en cada lugar.
Bellatrix lo contempló boquiabierta sin saber a dónde mirar.
-¿Cómo has…? ¿Por qué hay tantas criaturas, cómo las has localizado?
-Probé muchos conjuros, pero al final encontré la forma: si aplicas un hechizo de reconocimiento mágico a los ejemplares que ya tienes localizados, te marca también la posición de cualquier otro que tenga su misma capacidad mágica en un radio de cincuenta kilómetros. Es decir, identifica a todos los de su especie puesto que solo las criaturas de la misma especie poseen el mismo tipo de magia. No es igual nuestra magia que la de los duendes o los elfos domésticos y con todas las criaturas sucede igual.
-Vaya… -murmuró la bruja fascinada- ¿Y por qué algunas plantas brillan y otras no?
-Brillan cuando van a florecer o a producir frutos, así sabes cuándo ir a buscar cada una. He utilizado tus notas y he buscado en ese libro de Herbología las características de cada especie para que sea lo más preciso posible.
Su prima asintió y él continuó:
-Si hay alguna persona, también lo marcará. No sabrá quién es, pero saldrá un cartelito localizador en el que ponga "Muggle" o "Mago/Bruja". También marcara nuestra posición para que no nos perdamos. Y si alguna criatura peligrosa se acerca a ti con rapidez, el mapa se calentará para alertarte.
-Joder, Sirius… Es precioso –susurró la bruja emocionada.
-¡No digas palabrotas! Queda raro en alguien pequeñito y adorable como tú.
Bellatrix le dio un codazo en protesta y él sonrió. Después ella sonrió también y le miró a los ojos.
-Muchísimas gracias, Sirius, esto me hace muy feliz.
-No me las tienes que dar, estamos juntos en esto. Es nuestra vida ahora y quiero que así sea. ¿Podré acompañaros mañana al bosque?
-¡Claro! –exclamó ella dando un salto y colgándose de su cuello- Bueno, si a Raspy le parece bien, por supuesto.
Ambos se giraron en busca del escarbato. Lo localizaron en el salón. En concreto colgando de la lámpara del techo en la que se había enganchado su pelotita. Dedujeron que había llegado de un salto desde el respaldo del sofá pero ahora no se atrevía a bajar. Sirius recuperó la pelota con un gesto de varita, Bellatrix alzó los brazos y el animal se dejó caer sobre sus manos.
-¿Qué te parece, Raspy? –le preguntó frotando la nariz contra su hocico- ¿Quieres que mañana Siri venga con nosotros a explorar? ¡Le podrás presentar a tu pandilla!
-¿Has formado tu propia pandilla? –inquirió Sirius rascándole la tripa.
El escarbato profirió un sonido adorable y Bellatrix lo estrechó junto a sí. Después de comer hicieron nuevos ajustes en el mapa y se acostaron porque al día siguiente irían a explorar juntos por fin.
