Los días siguientes fueron muy entretenidos en la casita de los Black. Apenas pudieron ir al bosque porque tenían medio bosque en casa, al menos en lo referente a escarbatos. La madre y el padre pasaban el día con sus crías, no tenían necesidad de moverse porque Raspy traía hierba jugosa para ambos. Además, cada poco los visitaba algún otro escarbato y les llevaba también alimentos del bosque. Se comportaban bastante bien dentro de casa; de vez en cuando alguno sentía deseos de robar algún objeto brillante, pero Raspy lo frenaba de inmediato.

Bellatrix y Sirius los observaban fascinados. Ocasionalmente les daban alguna golosina, los limpiaban con un paño húmedo y les aplicaban hechizos de calor; pero en general dejaban que la naturaleza siguiera su curso y ellos hicieran su vida.

-Quién iba a decir que al final seríamos familia numerosa –bromeó Sirius mientras desayunaban-. ¿Vas a ir al bosque hoy?

-Sí, ahora, es época de apareamiento para los uros, si pudiéramos conseguir sangre nos salvarían el mes…

-De acuerdo, voy contigo.

-No hace falta, puedes quedarte aquí con…

-Bella, no te vas a acercar a esas bestias tú sola. Raspy, te puedes quedar tú al cargo, ¿verdad?

El pequeño escarbato hizo un ruidito que ambos tomaron por un "¡Claro!". Así pues, Bellatrix y Sirius partieron al bosque. Fue una mañana muy productiva porque efectivamente consiguieron la valiosa sangre de uro, además de plantas para pociones y unas flores salvajes que habían descubierto que se vendían bastante bien como decoración. Cuando volvían a casa, por la carretera, como les sucedía a veces, se cruzaron a Eleanor.

-¡Hola! –los saludó la chica efusiva- ¿Vendréis al final mañana a la fiesta de Nochevieja?

-Eh… Vale… -respondió Bellatrix que presa de los nervios como siempre que aparecía la muggle no logró pensar una excusa.

-¡Qué bien, ahí nos vemos! ¡Hasta mañana!

Y así, satisfecha, continuó el camino hasta la granja. "Maldita sea…" masculló Bellatrix por haber caído en el mismo error otra vez. Sirius aguanto las ganas de reírse por su ansiedad social con esa muggle. Los salvó la euforia de haber obtenido buenos ingredientes para subsistir, se agarraron a eso y obviaron lo de la fiesta de Año Nuevo.

Pero al día siguiente ya no pudieron obviarlo. Cenaron los dos en casa (junto a la decena de escarbatos que tenían acogidos) y después se pusieron un vestido y un traje muggle para acudir a la fiesta.

-Estamos cinco minutos y nos vamos –estableció Bellatrix.

-Como tú quieras, peque.

-Adiós, Raspito, que paséis muy buena noche –se despidió dándole a su compañero un beso en la cabecita-. Os he dejado ahí un bol con golosinas por si queréis, volveremos pronto.

El escarbato partió de inmediato hacia el bol, se tomaba muy en serio su trabajo de anfitrión de sus congéneres. Los Black se reunieron con Eleanor que ya los esperaba en el camino.

-¡Mirad qué guapa estoy! –exclamó emocionada girando sobre sí misma.

Llevaba el vestido que le regaló Bellatrix y realmente le quedaba muy bien. Ambos le dijeron que tenía razón (Sirius con efusividad y Bellatrix con miedo a ser abrazada). Partieron juntos hacia Durbuy y por el camino recogieron a Rose y a Theo, los amigos de Eleanor. Todos agradecieron entrar al pub porque fuera hacía bastante frío. Era un local amplio, con paredes y columnas de piedra, una barra ocupando una de las paredes, un par de mesas altas y el resto pista de baile. Eleanor tenía razón: apenas había media docena de personas, el local era casi para ellos. A Sirius le gustó, su prima protestó porque los muggles eran muy horteras, pero no detalló más su opinión.

-¡Mirad, ahí está Ben! –exclamó Eleanor ilusionada cuando llegó su amigo.

-Viene con Lucy –comentó Theo.

Eso hizo que la sonrisa de la muggle se diluyera. Pero aún así, cuando la chica rubia y delicada que acompañaba a Benjamin la saludó, respondió con fingido entusiasmo. A Bellatrix tampoco le cayó bien, parecía la típica chica dulce, encantadora y perfecta en sus modales: odiaba a la gente así.

-¡Ya van a dar las doce! –les avisó uno de los camareros.

Todos cogieron sus copas de champán, hicieron la cuenta atrás y gritaron entusiasmados "¡Feliz Año Nuevo!". Sirius y Bellatrix se besaron emocionados por estar compartiendo juntos un comienzo de año, una nueva oportunidad de dejar todo atrás. Y pese a que era una frase muy manida y quizá atraía la desgracia, Sirius no pudo evitar decirla porque necesitaba que fuese cierto:

-Este va a ser nuestro año –le susurró a su prima-, va a ser mucho mejor.

-Nos lo tendríamos que proponer muy en serio para lograr que fuese peor que el anterior –se burló Bellatrix.

Sirius se rio porque pese a la crudeza del comentario, amaba el humor Black. Volvió a besar a su prima hasta que apareció Eleanor para abrazarlos y compartir su alegría con ellos. "Es como Raspy y yo soy su pelotita" masculló Bellatrix cuando consiguió liberarse. Sirius disfrutaba muchísimo con esos momentos, intentaba no reírse delante de Bellatrix porque sus miradas eran crucios, pero le costaba soberano esfuerzo. Theo, que pese a llevar ahí menos de media hora ya estaba bastante ebrio, les felicitó el año también con efusividad. Lucy y Benjamin parecían más centrados en celebrarlo entre ellos, aunque con modales más que correctos. Rose, que por su timidez solo lo había celebrado con Eleanor, reunió valor para acercarse a Bellatrix.

-Feliz año, Isabelle –susurró con una sonrisa nerviosa.

-Feliz año, Rose –respondió la bruja.

Ambas se miraron y asintieron satisfechas, como diciendo: "Suficiente. Somos unas heroínas por semejante hazaña de conversación". Después de eso, se dedicaron a observar a sus compañeros divertirse. Ben y Lucy habían salido a la pista a bailar y Eleanor había arrastrado a Sirius. Theo, que conocía a uno de los camareros, les conseguía tragos gratis a todos. Bellatrix y Rose se sentaron en una de las mesitas con sus respectivos cócteles y esa era toda la actividad que estaban dispuestas a ejecutar. La bruja observaba a los muggles de la misma forma en que estudiaba a los animales en el bosque.

-¿Lucy y Ben son pareja? –le preguntó a Rose tras varios minutos.

-No oficialmente… -respondió la chica que con el alcohol se había animado un poco- A Nellie le gusta Ben…

-Nellie es mejor que Lucy –opinó Bellatrix observándolas a ambas.

Lucy y Ben bailaban juntos de forma comedida, casi anacrónica, como si habitaran en su propio universo. Eleanor y Sirius sin embargo eran los reyes del lugar, con su energía, sus risas y una desenvoltura y elegancia innatas. Theo se acercó y les ofreció bailar a Bellatrix y Rose, pero se negaron con fruición. Eleanor lo intentó poco después:

-¡Vamos, Belle, baila conmigo!

La bruja negó con la cabeza con todas sus fuerzas. "He matado una hidra, esta muggle invasiva no va a poder conmigo" pensó Bellatrix orgullosa.

-¿Y tú, Rose?

Bellatrix descubrió que Eleanor lograba poner la misma cara de cachorrito inocente que ponía Raspy cuando quería una golosina. Por eso Rose trataba de no mirarla, pero al final se rindió y tuvo que aceptar y bailar con su amiga. Entonces apareció Sirius:

-Bella, yo también odio bailar, pero aquí es divertido –declaró con solemnidad-. Nuestros padres se revolverían en sus tumbas si nos vieran bailando en un local muggle.

-¿Cómo que en sus tumbas? ¡No están muertos!

-Para mí como si lo estuvieran. Además, nuestras casas son más antiguas que cualquier cementerio: viven en nichos muy caros.

-Hala, ya estás borracho –suspiró la bruja.

-Como quieras, pero baila conmigo. ¿No eres consciente de la suerte que tienes? ¡Me está deseando todo el local y tú eres la única con el privilegio de poder meterme mano! ¡Sé un poco más agradecida, Isabelle! –exclamó Sirius con dramatismo.

Bellatrix quería replicar y pedirle que dejara de decir tonterías. Pero era cierto que Sirius era el más guapo del lugar y tenía un encanto que seducía a cualquiera, aunque no lo conocieran. Su prima rechazó su oferta un par de veces más, pero al final se rindió. No se le daba bien bailar y no lo disfrutaba porque se sentía muy torpe, pero era feliz cada vez que veía los ojos brillantes de Sirius clavados en los suyos.

-¿Ves cómo no ha estado tan mal?

-¿Recuerdas cuando la semana pasada descubrimos en el bosque esa orgía de serpientes? –inquirió Bellatrix.

-¡Arg, sí! ¡Fue asqueroso! –recordó Sirius.

-Fue más agradable que bailar –sentenció su prima.

Sirius sacudió la cabeza dándola por perdida. "Ven, Thierry, ¡competición de chupitos, el perdedor paga!" le llamó Theo. "¡Alcohol gratis!" exclamó Sirius acudiendo de inmediato. Llevaba mucho tiempo sin beber así, desde la tragedia de los Potter, así que estaba disfrutando. Bellatrix no puso objeciones: se merecía una noche de alcohol liberador. Ella volvió a la mesa junto a Rose.

-¿Qué tal ha ido? –le preguntó la bruja.

-Mal, no se me da bien bailar, pero Nellie lo hace muy bien. ¿Tú?

-Seh… Mismo problema –convino Bellatrix.

Ambas asintieron. "¡Tú!" llamó Bellatrix a un muggle aleatorio que por ahí pasaba, "Invítanos a un cóctel de esos con sombrillita". El hombre obedeció de inmediato y Rose miró a Bellatrix fascinada por su poder de convicción. La bruja decidió que merecía su admiración: usaba imperio con tal sutileza que ni Sirius lo detectaría. Tuvieron barra libre el resto de la noche. A Bellatrix le gustaron bastante los licores muggles y sus mezclas, así que probó todos los que pudo. Rose la acompañaba sin dejar de contemplar la pista de baile. Eleanor por fin había conseguido bailar con Ben y ahí estaban los dos.

-¡Uy, mira, este tiene un mono en una palmera! –comentó Bellatrix examinando la decoración de su coctel.

Rose apenas la escuchó, seguía contemplando la pista. La bruja frunció el ceño, no estaba acostumbrada a que la ignoraran… Entonces distinguió en Rose la misma mirada que lucían las sirenas cuando observaban a su primo. Y lo comprendió:

-¿También te gusta Ben?

-No, no, ¡claro que no! –exclamó Rose sonrojándose.

Eso extrañó a Bellatrix. Era buena detectando cuándo deseaban aparearse los animales… y los muggles eran un animal más (menos adorable y más tonto que cualquier otro). La expresión de Rose se asimilaba a la de un unicornio cuando observaba a su pareja ideal. Le costó un poco, pero corrigió sus cálculos:

-¡Te gusta la muggle invasiva!

-¿Qué? –inqurió Rose del todo desconcertada.

-Uy… Estoy borracha… -murmuró Bellatrix observando la media docena de copas vacías- Al parecer estos pequeñines llevan bastante alcohol…

-Ah… -murmuró Rose.

-¡Nellie! –exclamó la bruja recobrando el hilo repentinamente- ¡Te gusta Nellie, es ella con quien quieres aparearte!

-¿Perdón? ¡Yo no quiero aparearme con nadie! –exclamó la muggle completamente abochornada.

-Bueno, aparearte, enamorarte, hacer el coito, criar escarbatos juntas… lo que sea –comentó Bellatrix quitándole importancia con un gesto de la mano.

Rose estaba tan avergonzada porque hubiese descubierto su secreto que ni siquiera escuchó lo de los escarbatos. Bellatrix se regañó mentalmente y pidió al camarero un vaso de agua para rebajar el alcohol antes de revelarle la magia a la muggle hembra que tenía a su lado.

-No se lo digas, por favor… -susurró Rose.

-Descuida, procuro evitar hablarle siempre. Es ella la que me habla y me estruja como si fuera su peluchín… -refunfuñó Bellatrix.

-Nellie es muy cariñosa –sonrió la muggle.

-¿Y no sabes si le gustan las chicas? Estoy segura de que yo le gusto…

-No… No, no. Solo sé que le gusta Ben, desde siempre, llevan siendo amigos desde pequeños, desde antes de que Lucy se mudara a Durbuy.

-Mm… Tú me caes mejor que Ben… -reflexionó Bellatrix- ¿Qué me das si lo mato para que tú que quedes con Nellie?

-Es broma, ¿verdad? –murmuró Rose.

-Si tú quieres que lo sea… -respondió la bruja encogiéndose de hombros.

Se quedaron unos minutos en silencio, mientras Bellatrix disfrutaba imaginando asesinatos y Rose trataba de analizar lo sucedido. Al final murmuró:

-Eres rara, pero me caes bien –sonrió.

Bellatrix dedujo que para la muggle eso era un gran cumplido. Lo cierto era que a ella también le caía bien: era tímida, nerviosa y no le gustaba la gente ni que la molestaran. Se identificaba con eso. Sintió algo parecido a la lástima cuando vio cómo observaba con tristeza a Nellie bailando con Ben. Sirius, Lucy y Theo bailaban por otro lado (tras varias victorias del mago en el campo de la ingesta de alcohol). Y como estaba borracha y Sirius tenía razón, Bellatrix decidió mandarlo todo al cuerno:

-¿Sabes qué? ¡Vamos a bailar nosotras! Aunque no se nos dé bien, somos las más guapas e inteligentes.

Rose no entendió su argumentación, pero le tenía cierto miedo a su nueva amiga… Así que cuando la cogió con firmeza de la muñeca, no le quedó otro remedio que levantarse. Sonaba una música electrónica bastante fuerte y lo que hicieron ellas no fue exactamente bailar: saltaron, giraron, gritaron y rieron juntas. Para Bellatrix era el culmen del absurdo. Nunca quiso bailar en las fiestas de los Sagrados Veintiocho con magos de sangre pura y ahí estaba, con una muggle haciendo el loco en un pub de una ciudad perdida de Bélgica. Y, lo que le resultaba más extraño, completamente feliz. Era liberador poder hacer el loco a su manera, gritar sin que nadie la escuchase y saltar para sofocar la euforia y la energía que le sobraba. Rose la imitaba cual escarbato obediente y eso también la alegraba.

-¡Eeeh! ¡Una fiesta ilegal sin mí! –protestó Eleanor cuando las descubrió.

Al momento se unió a ellas y se adaptó a su estilo de baile. Lo mismo sucedió con Sirius y Theo y poco después con toda la sala, que abandonó los modales en pro de la locura y el absurdo. "Hasta aquí soy el animal alfa" pensó Bellatrix satisfecha. Terminaron todos agotados y sudorosos, pero habiendo empezado el año de la mejor forma posible. El único problema fue que Bellatrix tuvo que volver a casa con un Sirius borracho; ella tampoco estaba muy sobria, pero por lo menos no adoptaba una actitud sobona y cariñosa como hacía su primo…

-¡Para ya! ¡Estamos a cero grados, deja de intentar meterme mano!

-¡No! ¡Debemos hacer el primer coito del año! –protestó Sirius.

-Espera al menos a que lleguemos a casa… y a que no tengamos público –masculló Bellatrix al ver a Eleanor a su lado partiéndose de risa.

-Ojalá tener a alguien para hacer el coito… -murmuró la muggle- Aparte de mi manita, claro, que es la mejor, pero por cambiar…

Bellatrix la miró ligeramente preocupada por la confianza que estaban cogiendo… Aún así estuvo de acuerdo en su valoración, pero no comentó nada sobre su posible pareja. Eleanor siguió murmurando (no callaba nunca):

-Al menos Ben no se ha ido con Lucy. Son tan parados los dos que eso es lo que me salva: nunca estarán juntos porque ninguno es capaz de hacer ningún movimiento.

-¿Y no puede ser otra persona? –inquirió Bellatrix.

Eleanor la miró como si fuese una idea que jamás se le hubiese ocurrido. Pero al final hizo una mueca de indiferencia:

-No sé, no lo había pensado. Me gusta Ben y es una mina que llevo muchos años escavando, no puedo rendirme ahora que estoy cerca del diamante…

-Igual es una mina de aluminio, que no sirve para nada –apuntó Bellatrix.

Ese comentario en lugar de molestarla hizo reír a Eleanor, que la abrazó y murmuró que era la persona más divertida que había conocido. La bruja se sentía muy acosada, ¡por qué todo el mundo la consideraba adorable y estrujable! Su primo y su amiga no supieron lo cerca que estuvieron de empezar el año con Mr. Crucio.