Llegó marzo y con él la primavera. El frío intenso de los meses invernales fue remitiendo, pero las lluvias siguieron y el viento jamás los abandonaba. Con el clima que hacía en Durbuy, el plan favorito de los Black era quedase en casa abrazados fingiendo (y cada vez más seguros) que no existía nada más que ellos. Estaban así, adormilados en el sofá bajo una manta y con Raspy jugando en la alfombra, cuando Sirius le recordó que al día siguiente habían quedado con sus amigos.

-Es el cumpleaños de Theo. La verdad es que me cae bien ese chico, aunque le gusta demasiado beber…

-A ti también te gustaba hasta que te salvé del alcoholismo –le recordó su prima.

Sirius la besó en la mejilla sabiendo que era verdad.

-Está bien, iremos… -concedió Bellatrix- ¡Pero antes tenemos la gran liberación!

A la mañana siguiente se levantaron muy temprano y tuvo lugar el gran evento: la mudanza de los escarbatos al bosque. Las seis crías eran ya casi del tamaño de Raspy (sin duda llegarían a duplicar su altura), estaban muy ágiles y perfectamente fuertes y desarrollados para vivir en su hábitat natural. Así pues, al amanecer, Sirius abrió la puerta de casa y Raspy salió el primero. De inmediato, los seis escarbatos se pusieron en fila para seguir a su padrino -no habían perdido esa costumbre- y tras ellos cerraron filas la madre y el padre. Bellatrix y Sirius los contemplaban emocionados.

-Qué bien los hemos criado –susurró Sirius.

Su prima asintió.

-Casi me da pena que se marchen… -reconoció ella- Aunque tengo ganas de recuperar el espacio y de no tener que pasar media hora asegurándonos de que no hay ningún escarbato mientras tenemos sexo…

-Coitos sin espectadores… -suspiró Sirius risueño- ¡Ya ni recuerdo cómo eran!

-De todas formas saben donde vivimos… pueden venir cuando quieran.

-Claro, lo saben. Y vamos al bosque todos los días, ahí los encontraremos también, adoran a su padrino y también a nosotros. Es imposible no amarnos.

Bellatrix asintió completamente convencida. Fue muy emocionante ver como los pequeños correteaban ilusionados por el bosque, olisqueando la tierra, los árboles, las flores… Pronto empezaron a escarbar como posesos, disfrutando y jugando unos con otros. El resto de escarbatos adultos que moraban en el bosque salieron a observarlos y a darles la bienvenida. Pronto ahí había más de una veintena de escarbatos en una especie de fiesta con tierra y túneles. Raspy se unió a ellos y repartió unas cuantas golosinas que había almacenado en su bolsa.

Sirius y Bellatrix se retiraron lentamente, mirándose sin decir nada, pero sabiendo que aquello era verdaderamente mágico. Les habían salvado la vida y estaban muy orgullosos.

-Ve tú con las sirenas, estoy harto de que Venus me pregunte por ti –le dijo Sirius-. Yo me ocupo de los hipogrifos y miro a ver si las serpientes han mudado.

-Bueno… -respondió Bellatrix de mala gana.

No era como su primo, ella no disfrutaba de que la sirena estuviese perdidamente enamorada de ella. Sin embargo, le entregaba piedras y plantas del fondo marino y eso sí que lo estimaba profundamente. Ella no hablaba sirenio (Sirius ya casi podía pasar por nativo), pero no era necesario: a Venus le valía con contemplarla en silencio mientras recogía algas en la orilla o cualquier otra cosa. Ese día, en cuanto Bellatrix llegó, la sirena de pelo esmeralda emergió a la superficie: distinguía su aura mágica mejor que ella misma. La bruja la saludó en sirenio, era de lo poco que había aprendido de Sirius.

-¡Hola! Me alegra verte –respondió la sirena en inglés.

Sirius les estaba enseñando inglés y francés y la verdad es que era muy buen profesor. "Tengo algo" murmuró la sirena. En la palma de su mano le mostró unas piedrecitas pequeñas de colores brillantes. Bellatrix no las había visto nunca, supuso que eran meramente decorativas. Dedujo por la explicación de Venus que se las colocaban en el pelo en las fiestas que celebraba la gente del agua.

-¿Puedo? –le preguntó con ojos brillantes.

Bellatrix no entendió bien su propósito, pero asintió. La criatura se acercó al borde propulsándose sobre su cola y en esa posición, se entretuvo colocándole a Bellatrix las piedrecitas en el pelo.

-Este sería el sueño de mi hermana Narcissa –murmuró-, una sirena poniéndole joyas en el pelo…

Venus sonrió, probablemente sin entender una palabra, pero estaba disfrutando mucho con su labor. Bellatrix se distrajo pensando en su hermana. Había visto en El Profeta que su compromiso con Malfoy iba viento en popa y que era la reina de los eventos de sociedad. Solían salir fotos suyas en las fiestas más destacadas y columnas de opinión de lo educada, hermosa y elegante que era. Narcissa siempre sonreía y estaba encantada con su posición.

-Me alegro por ella, la verdad… -continuó Bellatrix, pues al igual que Sirius también pensaba que a todo el mundo le agradaba escuchar su voz- Creí que la echaría de menos, pero… Bueno, no: ni lo creí ni la echo de menos, para que te voy a engañar. Es tan superficial y sobre todo estúpida… Seguro que no sabe ejecutar ni un expelliarmus. Es culpa de mis padres, obviamente, pero a ellos los odio tanto que el hecho de que se parezca y los haga estar orgullosos me da mucha rabia.

-Rabia –repitió Venus sonriendo y asintiendo.

-Y la otra… De la otra no sé nada, obviamente en la prensa no la van a sacar. Ya ves tú, qué mérito casarte con un sangre sucia… -ironizó Bellatrix- Seguro que vive en la indigencia y tiene una docena de críos…

Lo último la llevó a reflexionar sobre su propia situación: a Sirius y a ella les costaba sangre –literalmente- llegar a fin de mes y habían criado a media docena de escarbatos. Pronto decidió que no era lo mismo:

-Yo me puedo ganar la vida porque soy muy buena bruja y he criado a unos bichitos adorables que ya son libres. Ella tendrá algún bebé baboso al que mantener durante diecisiete años después de que le salga de entre las piernas.

La bruja sintió un escalofrío de horror ante la mera idea de esa vida.

-¿Gustar? –le preguntó Venus con la voz rasposa que tenía fuera del agua.

Bellatrix volvió a la realidad sorprendida, casi se había olvidado de la sirena. Su reflejo en el agua le mostró una docena de piedrecitas verdes, moradas y escarlatas que refulgían repartidas por su melena. La verdad es que le quedaban muy bien.

-Muchas gracias, son muy bonitas –respondió Bellatrix hablando lentamente, a ver si así la entendía mejor.

-¡Hola, Venus! –saludó Sirius que llegaba en ese momento- Eh, ¡qué guapa estás, peque!

En cuanto escucharon su voz grave y profunda, una docena de sirenas y otros tantos sirenos emergieron para saludar a su mago favorito. Sirius le dio el relevo a Bellatrix y se quedó conversando con ellos mientras su prima partía hacia el nido del demiguise. Fue una mañana muy entretenida para ambos. También para Raspy, que les enseñó a sus ahijados las mejores técnicas para cavar madrigueras sin cansarse.

Por la tarde, los Black se prepararon para ir a Durbuy a la fiesta de cumpleaños de Theo.

-¿Te quedas o vas a salir? –le preguntó Bellatrix a Raspy.

Estuvo claro que el escarbato se quedaba en casa durmiendo: ser maestro y líder de su propia tropa le requería mucha energía. Bellatrix le dio su beso de despedida y le dejó un par de golosinas.

-Vamos, ya veo a Eleanor en el camino –murmuró Sirius junto a la ventana.

La muggle solía acudir a buscarlos, pues le caía de paso.

-¡Hola, Belle! ¡Hola, Thierry! –los saludó con alegría- ¡Eh! ¿Qué llevas en el pelo? ¡Yo también quiero!

Bellatrix sintió un escalofrío cuando la muggle invasiva empezó a acariciarle el pelo. No supo explicarle el origen de las piedrecitas de colores, pero le aseguró que le conseguiría algunas. Eso calmó a Eleanor.

-Mirad que bien ha quedado el regalo para Theo –comentó.

Como en el grupo de amigos ninguno tenía mucho dinero, habían hecho una labor conjunta: Rose aprovechó los retales de su sastrería para diseñarle una chaqueta oscura que le quedaría muy bien. Eleanor consiguió en un mercadillo unos parches de tela de películas y personajes que le gustaban a Theo y los colocó para decorarla. Bellatrix y Sirius le prepararon un cinturón a juego: transfiguraron magistralmente uno de Sirius y problema solucionado. Y Lucy y Benjamin se encargaron de pintarle a mano una felicitación para que la firmaran todos. A los dos últimos, Eleanor no estaba nada ilusionada por verlos…

-No sé por qué tienen que venir, apenas conocen a Theo, solo venían porque yo invitaba a Ben –refunfuñó-. Seguro que lo único que hacen es estropearnos la fiesta…

-Bueno, pero estará Rose, con ella lo pasas bien, ¿no? –aventuró Bellatrix.

-Sí, es maravillosa –sonrió Eleanor al momento-. Siempre hemos sido amigas, pero desde que vino a animarme la tarde de San Valentín quedamos mucho más. Y menos mal que venís vosotros también, así no tengo que aguantar a ese gusano traidor…

Bellatrix asintió. Rose siguió su consejo de visitar a Eleanor, pero desde luego no había dado ningún paso en la dirección del coito. Y Eleanor estaba demasiado ciega con Benjamin como para ver otras posibilidades…

-¿Qué te traes con estas dos? –susurró Sirius cuando Eleanor se rezagó hablando con un conocido (en esa ciudad tan pequeña todos se conocían).

-¿Qué? –se hizo la loca Bellatrix.

-Rose y Eleanor, llevas bastante tiempo insistiendo en juntarlas… -reflexionó Sirius- ¡Oh, por Godric! ¡Tú objetivo es liarlas!

Su prima lo iba a negar, pero sabía que jamás lograría engañarle y menos en un tema afectivo que ella no dominaba. Así que se encogió de hombros y lo reconoció altiva:

-Sí. Mi objetivo es convertir al lesbianismo a todas las chicas del mundo porque los hombres son un asco.

Sirius se echó a reír y comentó que estaba de acuerdo. Bellatrix frunció el ceño, había creído que se lo tomaría como una ofensa a su género… pero en absoluto.

-Yo no soy un hombre –le aclaró Sirius-, ¡soy un dios, un titán, una fuerza de la naturaleza!

-Por Circe, qué tonto eres… -suspiró Bellatrix.

-¿Sabéis quién es tonto también? Ben –intervino Eleanor regresando junto a ellos.

Así, criticando a su amigo (cosa que a la bruja le encantaba) continuaron el camino. En el pub Theo y Rose ya los esperaban. Los saludaron uno con alegría y la otra con timidez y pronto llegó la pareja que faltaba. Entraron al pub, en el que solo había un par de clientes y por tanto era casi para ellos. Se sentaron en una de las mesas de piedra y le entregaron sus regalos a Theo. Le encantaron y le emocionó mucho el tiempo que habían invertido, así que los invitó a barra libre para celebrarlo. Además, había llevado media docena de pizzas de su pizzería y eso hizo muy feliz a Bellatrix (se empezaba a aficionar peligrosamente a la comida muggle). Estaba atacando su tercera porción mientras observaba a Eleanor bailando en la pista vacía y a Rose moviéndose tímidamente junto a ella.

-No lo vas a conseguir jamás –murmuró Sirius con un vino en la mano.

-¿Por qué? –inquirió Bellatrix sabiendo a qué se refería.

-Porque a Eleanor ni se le ha ocurrido pensar en Rose como algo más que una amiga, Rose no le ha dado ni una señal. Y es tan tímida que no se la va a dar jamás. Así que no vas a tener éxito.

-Yo siempre tengo éxito –replicó Bellatrix indignada-. De esta noche no pasa, ya lo verás.

-¡Ja! Apuesto lo que quieras a que no.

-¿Qué vamos a apostar? Somos pobres, Siri.

-Oh, se nos ocurrirá algo… -murmuró el mago con una mirada sucia.

-De acuerdo –respondió Bellatrix estrechándole la mano para sellar el pacto.

Poco después Theo llamó a Thierry para una competición de chupitos y Bellatrix se centró en su romance con la pizza. Cuando Rose volvió junto a ella, intentó animarla para que le confesara sus sentimientos a Eleanor (no utilizó esas palabras, fue más breve y concisa porque seguía incomodándola hablar con muggles). Pero la pobre chica no iba a reunir el valor en años, Sirius tenía razón.

Mientras Theo y Sirius bebían y Bellatrix y Rose comían pizza de chocolate, Lucy y Benjamin se adentraron en la pista de baile. Eso molestó a Eleanor, que hasta ese momento estaba muy contenta bailando sola. Intentó fingir que no le importaba, pero los miraba de reojo y se fue alejando hasta renunciar. Se sentó en la barra con cara de frustración.

-¡Ahora! –le apremió Bellatrix- Ve y baila con… Nah, nos quedamos sin tiempo, no bailes: ve y bésala. Así seguro que lo entiende.

-¡No puedo hacer eso! –exclamó Rose con horror.

-¡Tienes que hacerlo! ¡Hazlo, hazlo, hazlo, muggle temerosa!

Bellatrix ya había empezado a beber y la serenidad se le escurría a cada copa. Rose la miró desconcertada:

-¿Qué me has llam…?

-¡Qué más da! ¡Obedece!

No hubo forma. Bellatrix vio como Sirius le sonreía burlón desde la barra. Pero ella no pensaba perder una apuesta. Así que en cuanto su primo se giró, metió la mano en su bolsillo y murmuró:

-Imperio. Ve ahora mismo y besa a la muggle invasiva. ¡Ya!

Completamente hechizada, Rose se dirigió hacia la pista. Bellatrix guardó de nuevo su varita para que Sirius no la pillara. Observó conteniendo la respiración como la muggle temerosa recorría el pub hasta llegar junto a la muggle invasiva. Cuando Eleanor abrió la boca para preguntarle si lo estaba pasando bien, Rose la besó.

El problema fue que Bellatrix era muy buena con las maldiciones imperdonables y les imprimía una fuerza inmensa, incluso sin proponérselo. Aquello no fue un beso en los labios sin más. Rose la inclinó sobre su brazo y la agarró por la cintura en una posición que hubiese podido ocupar la portada de cualquier película romántica. El beso duró casi medio minuto y terminó con ambas chicas completamente desconcertadas; Rose casi más que Eleanor, pues no comprendía lo que acababa de suceder.

-¿Qué…? Vaya… -murmuró Eleanor.

Rose era incapaz de hablar, había empalidecido mucho y temblaba más que el sauce boxeador. Intentó disculparse por aquel arrebato que no sabía de dónde había salido, pero no hallaba las palabras. Su amiga intentaba comprender lo sucedido, estaba claro que ni se había planteado que su tímida compañera pudiese sentir eso por ella ni mucho menos demostrarlo con tanta pasión. El resto del pub también las contemplaba sorprendido. Sirius miraba de ellas a Bellatrix (que lucía una sonrisa entre triunfal e inocente) sin dar crédito. El resto de sus amigos igual, nadie hubiese imaginado un gesto así de Rose.

-¿Te… te gusto? –inquirió Eleanor al fin.

Hubiese sido ridículo negarlo, así que Rose asintió sin atreverse a mirarla y casi llorando del agobio y la vergüenza.

-Ah… Yo…

Bellatrix casi nunca veía a la muggle invasiva sin palabras y disfrutaba mucho cuando sucedía. Estuvo a punto de pedir que apagaran la música para gozar del silencio.

-Yo no sabía… -balbuceó Eleanor- Nunca pensé que… Somos dos chicas y…

-Lo siento mucho, me marcho ya –susurró Rose alejándose a toda velocidad.

Se refería a marcharse del país, a nadie le cupo duda. Pero Eleanor la siguió, la agarró del brazo y exclamó:

-¡Eh, no te vayas! ¡Ahora eres mi novia!

Rose se giró incrédula intentando secar las lágrimas que habían escapado:

-¿Q-qué? –sollozó.

-Que eres mi novia –repitió Eleanor con seguridad-. ¡No sé cómo no se me ocurrió antes, es perfecto! Llevo varios meses preocupada porque solo se puede tener una más mejor amiga del mundo y no sabía si elegirte a ti o a Belle, sé que os partiría el corazón a ambas…

Bellatrix estuvo a punto de intervenir para acotar que ella le cedía el puesto sin dudar.

-¡Pero si tú eres mi novia, Belle puede ser mi mejor amiga porque es lo que más feliz la hace! –exclamó mientras la bruja maldecía entre dientes.

Rose pareció más que de acuerdo con el cambio de estatus. Para sellar el pacto, Eleanor la besó, con menos pasión pero con más cariño y dedicación.

-¿Qué les has hecho? ¿La has amenazado? –masculló Sirius.

-¡Pero qué tontería! Qué mal perdedor eres…

-No, Bella, has hecho trampas y…

-No he hecho nada que puedas demostrar –le atajó Bellatrix-. Además no estipulamos las condiciones, solo debía suceder esta noche y ha sucedido. Hablando de cosas que van a suceder esta noche, querido perdedor de apuestas… ¡vamos a hacer todas las cosas que no hacemos durante el coito porque dices que son raras!

-¡Me niego a meter una serpiente en casa para que nos observe hacer el coito como si fuese Nagini mientras gimes "Jódete, Voldy"!

No pudieron seguir discutiendo porque Eleanor y Rose se acercaron (pero Bellatrix tuvo claro que su fantasioso coito iba a suceder). La bruja estaba muy satisfecha consigo misma: ahora que la muggle molesta tenía novia, le quedaría menos tiempo para molestarlos a ellos.

-Enhorabuena, hacéis muy buena pareja –las felicitó Sirius.

-Mucho mejor que esos dos –comentó Bellatrix-, Benjamin no ha parado de mirarte desde que…

-¿Quién? –replicó Eleanor con desinterés- Yo solo quiero a Rose. ¿Y sabéis que es lo mejor? ¡Ahora podemos hacer citas dobles!

Sirius aceptó y se echó a reír mientras Bellatrix se maldecía con todas las fuerzas de su ser. Sin embargo, al ver lo genuinamente feliz y emocionada que estaba la muggle temerosa decidió que había valido la pena. Y que era la mejor persona del mundo y se merecía todos los coitos raros que deseara.