—¿Sabes dónde está Voldemort? –repitió Bellatrix perpleja— ¿¡Y no podías haber empezado por ahí!?
No había mandado a Sirius al bosque para distraerlo o tenerlo entretenido. Ambos estaban tan familiarizados con el lugar que sabían leer en sus moradores cuál era el estado de toda la zona mágica del país. Cualquier cosa podía ser una señal: el nerviosismo de las criaturas, los susurros del viento, los árboles muertos… La naturaleza anticipaba sucesos que ni el mejor adivino podría vislumbrar.
—¡Lo hubiese hecho si hubieses parado a respirar un segundo, pero no me has dejado espacio! –protestó Sirius— Además, tampoco es urgente, no vamos a ir con palos y piedras a matarlo porque…
Para aumentar la exasperación, Bellatrix se tuvo que callar porque en ese momento entró en casa Raspy. El escarbato corrió hacia ella y extrajo de su bolsa dos grandes puñados de pelo de unicornio que le tendió orgulloso.
—¡Oh, mi Raspito! –exclamó la bruja emocionada agachándose junto a él— ¡Has recolectado un montón!
—Su tropa se ha multiplicado, son un montón ahora. Y, en concreto, los de la camada de Bato son unos ladrones excepcionales.
—¡Cuánto me alegro de que tengas más amigos, pequeñín! Y esto nos será muy útil. Eres el mejor.
Sirius no había recolectado nada ese día, no era en absoluto el propósito del viaje… pero Raspy no lo sabía y había intentado contribuir al trabajo familiar. Recordaba que durante siete años fue necesario para sobrevivir y a él le divertía y le encantaba ayudar. Por supuesto a los Black los emocionó mucho, le felicitaron y le dieron sendas golosinas. El animal se fue muy contento a comérselas junto a la ventana.
—Estamos casi sin golosinas vegetales, no sé cómo, pero tenemos que conseguir más… —murmuró Sirius.
—¿Qué? Es imposible, las comprábamos a granel para toda la tropa del bosque. Y estos meses en la Mansión Lestrange solo ha comido Raspy.
—Solo comía Raspy… hasta que un día cometí el error de darle un par a Bato –suspiró Sirius—. Le encantaron y Rodolphus recorrió todas las tiendas de mascotas mágicas en busca de la misma marca. Como debe ser exclusiva de Bélgica, no la encontró y se dedicó a darle de las nuestras.
—¡Pero cuántas le dio! ¡Lo va poner obeso! –exclamó Bellatrix.
—Bah, será un obeso feliz –resumió Sirius.
—Sí, es verdad, en esta vida no se puede aspirar a más… —murmuró la bruja mientras guardaba los pelos de unicornio— ¿De qué estábamos hablando?
Sirius frunció el ceño y al poco lo recordó: "De lo de Voldemort". "Ah, cierto" respondió su mujer. A ninguno de los dos le extrañó haber aparcado ese tema para centrarse en la obesidad de los escarbatos; sus cabezas funcionaban así y se comprendían perfectamente. Sirius se dirigió a la cocina para empezar a preparar la comida y mientras le relató a Bellatrix su jornada.
—El ambiente en el bosque está como siempre, no hay ningún peligro palpable. Siguen habitando las criaturas de siempre e incluso algunas nuevas. Lo que sí han aumentado son los males acechadores, desde que su presencia nos alertó de la hidra, me dan mala espina…
—Sí, no son bonitos –convino Bellatrix—. ¿Las sirenas estaban?
—Me ha costado encontrarlas, no salían a verme. Estaban enfadadas porque me fui sin despedirme… Les he explicado que tuvimos un grave problema familiar y he transfigurado los collares de algas que fabrican en unos de perlas. Eso las ha vuelto locas… Me han perdonado al instante, como si nada hubiera pasado.
—Qué ridículamente materialistas son esas criaturas.
—Igualitas a mi madre –sonrió Sirius—. Les he preguntado por el aumento de criaturas. Había especies que no son autóctonas y me han confirmado que están llegando de países del sur, sobre todo aves y criaturas marinas. Lleva sucediendo ya durante el último año, pero cada vez lo notan más.
—¿Algún tipo de migración por el clima?
—No lo creo. Sirenas nuevas no había, pero sí tritones y, por lo que ellas han averiguado con los que han podido comunicarse, han llegado desde Albania.
—¿Albania? –inquirió Bellatrix frunciendo el ceño— Eso está muy lejos.
—Por eso dedujeron que no se trata de una migración natural, sino más bien de una huida, de poner de por medio cuanta más tierra… o agua posible. Imagino que estará sucediendo lo mismo en otros bosques de Europa.
—Pero ¿por qué huyen de Albania?
—Porque hay algo en sus bosques, Bella, algo que está poseyendo y matando a las criaturas. Incluso la vegetación se mustia y se pudre. Tiene tanta magia oscura que logra ensombrecer con su mera presencia todas las hectáreas que ocupa el paraje. Sin embargo, no posee la fuerza suficiente para vivir de forma exenta, debe hacerlo como un parásito.
Bellatrix sintió un escalofrío de horror.
—Únicamente las serpientes permanecen allá, a ellas no les molesta y parece que se comunican con ello –terminó Sirius.
—¿Han nombrado a…? ¿Le han nombrado? –preguntó la bruja casi en un susurro.
—No, ni siquiera saben quién es. Solo en Inglaterra se le conoce, pero no es necesario hacerlo para temerlo, basta con sentirlo.
Se quedaron en silencio. Sirius continuó preparando la comida con los ingredientes que les dio el elfo de Rodolphus mientras Bellatrix meditaba cada detalle. Al final, dio su conclusión:
—Eso confirma que está vivo… y débil. Si ni siquiera tiene cuerpo propio y anda poseyendo animales, no tendrá fuerza para casi nada…
—¿Podría poseer a alguna persona? –inquirió Sirius.
—Como la pille paseando por la zona… posiblemente. Y si no se adapta bien al cuerpo, la matará; por error o sin error.
—Qué repelús –resumió Sirius los sentimientos de ambos—. Al menos sabemos que está lejos, tenemos tiempo para reunir fuerzas antes de que se recupere. Nosotros solos no podríamos contra él, necesitamos a Dumbledore… o a mucha más gente.
—Sí… Por desgracia tienes razón –convino Bellatrix— ¿Y crees que, igual que te has enterado tú, se puede haber enterado Colagusano? Porque si él va a ayudarle, el problema se vuelve más serio…
—No lo sé… No sé de cuánto se puede enterar esa estúpida rata... O sea, yo me he enterado porque, tras muchos años, sé distinguir cuándo un hipogrifo es belga y cuando es de fuera; e igualmente indispensable ha sido hablar sirenio…. Dudo mucho que Colagusano haya vivido ese nivel de inmersión. Y en cualquier caso, no saldrá de su escondite para ayudar a nadie a no ser que su vida peligre.
Bellatrix asintió mientras ponía la mesa con su varita. Aparcaron ese debate para más adelante, no podían distraerse ahora que tenían el momento crucial con McGonagall. Y la clave para ello era Rose.
—¡Eleanor! ¡Qué alegría verte, estás aún más guapa de lo que recordaba!
Con esa presentación unida a su sonrisa encantadora, Sirius logró que Eleanor no le hiciese reproches por su desaparición los meses previos. Se lanzó a abrazarlo con una gran sonrisa y respondió:
—¡Tú también estás muy guapo, Thierry! Pasad, Rose todavía no ha llegado, ¡ya veréis que ilusión le hace!
Pasaron al salón de la casa que compartían las dos muggles y se sentaron en el sofá.
—He preparado un bizcocho y limonada de merienda, podemos hacer un picnic fuera, para aprovechar los últimos días de verano.
Los Black se miraron. Por la zona de la granja, como estaba alejada de la ciudad, no solía pasar nadie, pero la gente en agosto salía a hacer caminatas y se multiplicaban los turistas… No podían permitir que alguien los viera; cuanto menos estuviesen al aire libre, mejor.
—¿Te importa si nos quedamos aquí? –pidió Sirius— Tengo un poco de alergia estos días y la casa os quedó tan agradable que…
—¡Claro! –respondió Eleanor que siempre se alegraba de que alabaran su hogar.
Estuvieron charlando hasta que unos minutos después se escuchó la puerta. Sirius y Bellatrix se llevaron instintivamente la mano al bolsillo donde ocultaban la varita. Estaban tan acostumbrados a vivir solos, escondiéndose, que cualquier ruido los perturbaba. Su amiga no se dio cuenta, se había levantado de un salto para salir a recibir a su novia.
—¡Rosie, cielo! –la escucharon saludar con alegría.
—Hola, Nell, ¿por qué estás tan contenta?
Eleanor siempre solía estar contenta, era muy positiva, pero Rose la conocía lo suficiente para distinguir cuándo la euforia era excesiva. "¡Mira! ¡Tengo una sorpresa!" respondió su novia. La arrastró de la mano al salón y, señalando a los Black de pie junto al sofá, exclamó:
—¡Mira quiénes han vuelto!
A Rose se le cayó el bolso del susto. Lo que los Black vieron inequívocamente en su rostro fue miedo. Y automáticamente, ellos lo sintieron también (sobre todo Sirius, Bellatrix se centró en la rabia). Que les tuviera miedo solo podía significar una cosa: los había delatado. No importaba mucho lo que hubiese contado, McGonagall tenía ya claro quiénes eran… pero aún así, necesitaban averiguar cuánto sabía el enemigo. Sirius rompió el silencio cuando vio que Eleanor empezaba a preocuparse por la parálisis grupal:
—¿Qué tal, Rose? ¿Cómo va la vida?
La joven, con mucha dificultad, empezó a balbucear palabras inconexas. Eleanor intentó hacerla sentar en el sillón, pero Rose no parecía querer acercarse a los Black. Lo achacó a la timidez de ambas partes y les permitió ir a su ritmo:
—Voy a por la limonada y el bizcocho mientras os ponéis al día –informó saliendo hacia la cocina.
Su novia intentó pedirle que no la dejara sola u ofrecerse a acompañarla, pero ni su garganta ni sus piernas respondieron. El matrimonio la miraba con los brazos cruzados y mirada ligeramente amenazante.
—No… no dije nada… —susurró Rose— Yo no… no…
—¿No le contaste a Minerva nada de nosotros? –preguntó Sirius.
La chica negó con la cabeza con rapidez.
—Respondí con evasivas, no quise contar nada…
—Pero insistieron, ¿verdad? –preguntó Bellatrix con mordacidad.
Rose asintió.
—¡Pero no dije nada! ¡Mi abuela y ella me contaron…! Me dijo que vosotros… Yo no… No dije nada, ¡por favor, no me hagáis nada!
Los Black cayeron en la cuenta a la vez: comprendieron por qué Rose los temía hasta tal punto que casi lloraba de los nervios.
—Lo sabes –sentenció Bellatrix intentando mirarla a los ojos (cosa imposible, porque la muggle miraba todo menos a ellos).
—¿El qué sabes, cielo? –inquirió Eleanor volviendo con una bandeja con la merienda.
Fue una pregunta casual, en su tono alegre habitual, pero el silencio frío que había en la sala la caló por completo. Era muy buena comprendiendo las emociones humanas y ahí sucedía algo. Sirius le cogió la bandeja y la colocó en la mesa mientras Eleanor los miraba de uno a otro. Tuvo claro cuál era el testigo más fácil:
—¿Rose? ¿Qué está pasando? ¿Por qué estás tan rara?
Se acercó a su novia, levantándole la barbilla para obligarla a mirarla. Empezó a asustarse al ver sus ojos húmedos. Se giró hacia la pareja y comprendió que ellos sí sabían de qué iba el asunto; sin embargo, Rose tampoco parecía una víctima inocente…
—¿Tiene algo que ver con tu actitud de los últimos meses?
Su novia no respondió, solo se echó a llorar.
—¡Qué pasa, quiero saberlo! –exigió Eleanor cada vez más nerviosa.
Rose no gestionaba nada bien la ansiedad, pero Bellatrix tampoco. Le exasperaba la inactividad en esas situaciones. Iba a abrir la boca cuando Sirius, con gran caballerosidad, la interrumpió:
—Yo me encargo. Revelar el secreto ante muggles es uno de los múltiples delitos que ya se me imputan así que… Eleanor, ¡la magia existe!
—¿Qué? ¡Dejaos de tonterías! –protestó la muggle muy alterada— No me gusta que me tomen el pelo y me estoy empezando a cabrear con…
Con un gesto de la mano de Bellatrix, la pared del fondo comenzó a arder. Eleanor y Rose chillaron horrorizadas. En cuanto la bruja bajó el brazo, el fuego desapareció sin dejar rastro. Sirius transformó una silla en un jabalí e hizo levitar la mitad del mobiliario. Las dos muggles lo miraban todo entre el terror y la fascinación. Costó largos minutos convencerlas de que no estaban alucinando.
—¡Ah! ¡Y por fin puedo presentarte a mi hijo! –exclamó Bellatrix con genuina ilusión.
Ante el estupor de su amiga, introdujo la mano en su mochila y al volver a sacarla había una extraña criatura sentada sobre su palma.
—Raspy, esta es Nellie, mi amiga muggle. Mira, Nellie, este es Raspy, el mejor escarbato del mundo.
—Una criatura mágica que se siente atraída por objetos brillantes –explicó Sirius—, aunque Raspito es muy bueno, nos ayuda en todo.
Bellatrix se acercó a la muggle que nunca había estado tanto rato sin ser capaz de hablar. Miró al animal sin comprender lo que era, pero visiblemente atemorizada. Cuando este extendió la patita hacia ella y viendo la expresión ilusionada de Bellatrix, con mano temblorosa se la estrechó. Raspy introdujo la pata en su bolsa y extrajo una piedrecita roja brillante que le ofreció a la muggle.
—¡Mira, te está haciendo un regalo! –exclamó Bellatrix casi babeando por lo adorable que era su hijo— Sí que le has caído bien… los humanos suelen darle miedo.
—La ha recogido esa mañana junto al lago –comentó Sirius—, tiene propiedades sanadoras, si te la pones en la frente cuando tienes dolor de cabeza, se suaviza.
Tuvo que pasar bastante rato hasta que Eleanor acertó a vocalizar:
—Gra… gracias, Ra…
—Raspy –le recordó Bellatrix.
—Gracias, Raspy –susurró la muggle.
El animal respondió con un ruidito adorable y rápidamente se ovilló junto al pecho de Bellatrix: demasiada vida social por ese día. Los Black se sentaron en el sofá y las dos chicas se acomodaron juntas en uno de los sillones.
—Tú lo sabías, ¿verdad? –le preguntó Sirius a Rose— Te enteraste de que existe la magia.
La joven asintió, seguía siendo la más nerviosa y asustada de los cuatro.
—Cuando os fuisteis… no conté nada, pero me preguntaron mucho. Me hice la tonta, pero me preocupó el interés de Minerva en vosotros… Varios días fingí irme del taller y cerré la puerta desde dentro sin salir. La escuché hablar de cosas raras con mi abuela y hace un par de semanas la descubrí con—convir…
La idea le sonaba tan absurda que parecía incapaz de verbalizarla.
—Convirtiéndose en un gato –la ayudó Sirius.
Rose asintió y Eleanor al momento preguntó si eso podía hacerse. "Solo algunas personas muy poderosas" respondió Bellatrix. Era más sabio no revelar a nadie su mejor baza.
—Mi abuela no quiso ocultármelo más y tuvieron que explicármelo. Minerva dijo que… que sois asesinos en vuestro mundo de magos y que huisteis por eso y…
—No es verdad –la atajó Sirius—. Nos culparon de ello siendo inocentes.
—Yo no me lo creí –aseguró Rose con más firmeza—. Creo que ni ella misma se lo creía cuando le decía que erais muy amigos nuestros y hacíamos planes juntos. Empezó a pensar que igual no eráis vosotros, sino unos impostores. No quise saber más, todo eso de la magia me da mucho miedo… Y a mi abuela también, se enfadó mucho con Minerva por meternos en esto y por molestar a mis amigos… Aunque me prohibieron contárselo a Nellie… Lo… lo siento mucho, Nellie… Creí que así te protegía, no quería que tú también estuvieras en eso tan raro y te molestaran…
A Eleanor le fastidiaba ser la última en enterarse, pero comprendió el terror absoluto que pasó su novia.
—No te preocupes, Rose. Pero no me vuelvas a ocultar nada.
—¡No, no! ¡Te lo prometo! –exclamó al momento con gran alivio.
—Vale… Entonces contadnos de qué va todo esto –exigió Eleanor—. ¿Qué hacéis en Durbuy si aquí no hay magos? ¿Qué tontería es esa de que sois unos asesinos?
Estuvieron más de cuatro horas hablando. Los Black expusieron la situación con paciencia, sinceridad y respondiendo a sus dudas. Anocheció y las estrellas cubrieron el cielo, pero ellos seguían en la casa de las muggles explicando y mostrándoles la magia. Hubo un dato que descolocó a Eleanor mucho más que la existencia de lo sobrenatural…
—¿¡Pero cómo que no te llamas Isabelle!? –exclamó levantándose de un salto— ¿¡Qué clase de mentira he vivido!? ¡Ni siquiera sé el verdadero nombre de mi más mejor amiga! A no ser que eso sea mentira también…
—¡No, no! Sí que eres mi más mejor amiga –se apresuró a responder la bruja— Es solo que por seguridad alteramos nuestros nombres… Yo soy Bellatrix y él Sirius. ¡Pero puedes seguir llamándome Belle!
—Mmm… Sirius suena mucho más a titán sexy que Thierry –decidió Eleanor.
—¡Oye! –protestó Bellatrix— ¿¡Por qué con él no te enfadas!?
—¡Porque él no es mi más mejor amigo del universo!
—Vale… Creo que eso me ofende –murmuró Sirius.
Cuando tras media hora Eleanor asimiló sus verdaderos nombres, le relataron el resto de la historia sobre su falsa inculpación en asesinatos múltiples.
—Yo creo que Minerva os ayudará –decidió Eleanor al final—. Está claro que sois los buenos: tenéis esa mascota tan adorable y todos saben que los magos y brujas malas tienen serpientes, cuervos y sapos.
Raspy era lo que más les había gustado a las muggles. "Eh…" balbuceó Bellatrix incapaz de rebatir tal conclusión.
—¿Cómo os vais a reunir con ella? –preguntó Rose— ¿Vais a venir al taller? No creo que haya ninguna trampa, mi abuela no le dejaría montar nada…
—Aún así es demasiado arriesgado, nos jugamos mucho –respondió Sirius—. Tenemos que encontrar un terreno neutral…
Se quedaron en silencio cavilándolo, hasta que Eleanor decidió:
—Hacedlo aquí, decidle que venga a nuestra casa. Es más, Rose, le puedes decir que como se va pasado mañana y no empezamos con buen pie, queremos despedirnos de ella. Minerva y tu abuela creerán que vienen a tomar el té y así vosotros no perdéis el factor sorpresa.
—Eleanor, es un gesto muy noble por tu parte, pero no te podemos poner en peligro –le explicó Sirius—. Si aparecieran magos golpeadores para detenernos, no…
Se interrumpió porque Eleanor se había levantado y abandonado la habitación. Volvió un par de minutos después.
—El allanamiento de morada es ilegal. Que se atrevan a venir a mi casa.
No fueron sus palabras lo que les impresionó, sino la escopeta que llevaba entre los brazos. Sirius le explicó a Bellatrix en qué consistía aquella arma y la bruja tuvo que disimular su interés en esa nueva forma de asesinar. El mago le preguntó de dónde la había sacado.
—Es mía. Mis padres y yo tenemos licencia y cada uno tenemos una, por protección. Criamos a los animales en libertad, solo los guardamos en los establos por la noche para que estén seguros. Alguna vez se han acercado osos y lobos y tenemos que poder defenderlos. No los matamos, por supuesto, en cuanto oyen los disparos se asustan y dejan a nuestros animales en paz. Pero eso no quita que sepa disparar perfectamente desde los catorce años.
Bellatrix miró a su mejor amiga con renovada admiración. Estuvieron una hora más detallando el plan, pero al final lo cerraron así. Al día siguiente, si todo salía bien, se reencontrarían con la única bruja que había descubierto su secreto.
